Toma de estaciones de radio: cuatro años

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+ 21 de agosto: determinante para la APPO

Quizá esta sea ya una jornada para muchos intrascendente. Pero el 21 de agosto de 2006, resulta ser una fecha trascendental porque ésta fue la que marcó el antes y el después de las jornadas de lucha de la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca, y los profesores de la Sección 22 del SNTE en aquel año aciago de la revuelta magisterial y popular.

Hace exactamente cuatro años, un grupo de profesores que se encontraba resguardando las antenas de transmisión de la Corporación Oaxaqueña de Radio y Televisión, fueron atacados por sujetos desconocidos. En respuesta, cuadrillas bien organizadas de profesores e integrantes de la APPO, ocuparon prácticamente todas las estaciones de radio de la capital oaxaqueña, primero en protesta por la agresión sufrida esa madrugada, pero sobre todo para poner en marcha una fase superior de su plan de acción, tendiente a masificar el conflicto, que entonces ya se encontraba en un relativo estado de estancamiento.

Hagamos memoria de qué pasaba en los últimos días del mes de agosto en Oaxaca. Los profesores e integrantes de la APPO, habían resistido estoicamente el paso de todo el periodo vacacional de verano, pero se encontraban en un dilema importante frente al inicio del nuevo ciclo escolar: tenían la opción de sostener su lucha, pero volver a las aulas, y así evitar que el gobierno estatal decretara la retención de sus salarios; la segunda opción, era la de sostener su lucha en términos de radicalización, y paro indefinido de labores, hasta lograr que los ámbitos de gobierno cedieran a sus demandas y les dieran respuestas satisfactorias. Una, pues, era la postura moderada, y la otra, la tradicional que ocupa el magisterio de poner contra la pared a sus adversarios, para iniciar desde ese punto las fases de negociación.

Si bien se recuerda, una asamblea estatal de la Sección 22 ocurriría apenas unos días después de aquel aciago 21 de agosto de 2006. En ella, había un claro encaminamiento a lograr destrabar el paro indefinido, y conseguir que por lo menos grupos representativos de profesores inauguraran el ciclo escolar 2006-2007, sin que esto significara que las escuelas reanudarían sus labores por completo, ni tampoco que todos los profesores abandonarían sus tareas sindicales para regresar a las aulas. Era, o parecía, un movimiento táctico para dar un aire a la intensa lucha política que libraban en contra del gobierno de Ulises Ruiz Ortiz.

Sin embargo, a la par de esa postura moderada, se encontraba la de los sectores radicales del magisterio y la APPO, que llamaban a continuar el paro indefinido de labores, y llevarlo hasta sus últimas consecuencias. Eran quienes decían que no podía existir ningún margen de negociación, ni ninguna demostración de flaqueza por parte de los profesores democráticos frente al mal gobierno, y que por tanto había que sostenerse en sus posiciones hasta conseguir los objetivos planteados.

El caso es que, ante esas dos posturas, había una clara tendencia por privilegiar la primera. Sólo que, sospechosamente, ante el inminente inicio del ciclo escolar, comenzaron a ocurrir ciertos hechos que orillaron a los profesores democráticos a abandonar sus intenciones iniciales, y optar por el recrudecimiento de la lucha política.

Eso fue exactamente lo que ocurrió el 21 de agosto de aquel año. Independientemente de que tal ataque hubiese o no ocurrido, o que se hubiere perpetrado en la forma en que los democráticos dijeron que había sido, lo cierto es que eso marcó una tendencia irreversible en el magisterio a continuar en bloque frente a la lucha.

Ante el ataque, ellos no se podían permitir concesiones. Por eso, ese fue el día en que se canceló cualquier posibilidad de arreglo civilizado con los profesores, y se inició, con ayuda involuntaria de la radio, el periodo más violento y plagado de incertidumbre que ocurriera en Oaxaca durante el conflicto magisterial de 2006.

ARENGA NOCIVA

Desde la mañana de aquel 21 de agosto, los profesores de la Sección 22 tomaron todas las estaciones comerciales de radio, en protesta por el ataque sufrido. Junto con la agresión a balazos, ellos aprovecharon para protestar en contra de un cerco informativo del que se decían objeto.

Tomaron, en razón de ello, todas las frecuencias radiofónicas existentes en la capital oaxaqueña —sólo dejaron libre a la del empresario Humberto Lópezlena Cruz—, bajo el argumento de poder difundir su mensaje y su versión del conflicto magisterial. Hubo la expectativa de que las estaciones serían devueltas a la brevedad posible, o que, en su caso, intervendrían las instancias federales encargadas de las telecomunicaciones, para impedir que el uso indiscriminado de las señales se convirtiera en una tarea cotidiana.

El gobierno estatal se encontraba totalmente paralizado. No ejercía autoridad alguna sobre nadie en la entidad; y el gobierno federal hizo como que ese problema no existía, y que por tanto no tenía nada que hacer en la entidad. El problema es que mientras unos se decían incapaces, y los otros desinteresados, los grupos inconformes que se apoderaron de las frecuencias de varias estaciones, por más de tres meses, vertían mensajes poco mesurados sobre la necesidad de la participación del pueblo en la lucha del magisterio y la APPO, instrucciones sobre la colocación de barricadas y la autodefensa, e incluso la información, en tiempo real, de qué era lo que estaba ocurriendo en ciertos lugares álgidos, cómo tomar providencias, o cómo tendría que contrarrestarse algún intento policiaco de reacción frente a los grupos inconformes.

No hubo autoridad alguna que, en todo ese tiempo, se pronuncia por lo menos con preocupación por lo que ocurría en Oaxaca capital. Pero esas arengas constantes y accesibles hasta para el público menos pudiente, fueron determinantes para redimensionar el conflicto magisterial, y proporcionarle esas bases que fueron quienes le dieron fuerza a una lucha del magisterio que, por sí solo, no habría podido librar del todo.

ILEGALIDAD IMPUNE

Por esas usurpaciones en las estaciones de radio, debieron haber investigaciones ministeriales, y quizá detenidos. Se violaron, nada menos que estrictas leyes federales sobre radiodifusión, y sobre telecomunicaciones. Esta fue una demostración genuina de lo poco que le interesaba Oaxaca al gobierno del entonces presidente Vicente Fox Quesada, y de la ignominia que fuimos capaces de cometer los ciudadanos, contra nosotros mismos.

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