El Congreso del Estado debe asumirse como un Poder, no como un botín

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+ JCP: la pluralidad sobrepasará a la gobernabilidad

Finalmente, el pasado viernes los diputados de la LX Legislatura del Congreso del Estado, decidieron reiterar la reforma a la Ley Orgánica del Poder Legislativo, que días antes le había invalidado la Corte por contener vicios de forma. Con esa modificación legal, se sustituyó la figura de la Gran Comisión por la de la Junta de Coordinación Política (JCP), como órgano de gobierno. Quien crea que con esa reforma el PRI tendrá el control absoluto de la Cámara, que podrá determinar el rumbo del trabajo legislativo, y que podrá utilizar discrecionalmente los recursos económicos, simplemente se equivoca.

Más allá de las componendas políticas particulares (es decir, de las negociaciones y acuerdos a que se llegue entre los diputados de la próxima Legislatura), es evidente que el Congreso del Estado difícilmente podrá seguir siendo como lo es ahora. ¿Por qué? Porque además de la extinción de las mayorías parlamentarias absolutas, con la creación de la JCP también se eliminaron los verticalismos en el órgano de gobierno, y se garantizó la convivencia de la pluralidad.

Esto es trascendental, y debemos entender por qué. Con la creación de la JCP, lo que se hizo fue dar certidumbre a la ausencia de una mayoría legislativa, que pudiera fungir como la conductora y rectora del trabajo legislativo. Esa figura, tal y como se legisló, permitirá que la fracción parlamentaria que cuente con el mayor número de diputados, sea quien tenga la posibilidad de asumir con preferencia la titularidad rotativa del Órgano Legislativo, y de designar a los funcionarios que deban conducir las funciones administrativas de la Cámara de Diputados.

Este beneficio, en primera instancia, habrá de ser para el PRI. Las fracciones del PAN, PRD, PT y Convergencia, juntas, apenas si logran rebasar por un número mínimo a la cantidad de legisladores del tricolor. Pero por separado, ninguno tiene un porcentaje de representación apenas cercano al del priismo. Y por eso se cree, erróneamente, que los tricolores se hicieron un traje a la medida para seguir controlando el Congreso. Se equivocan ellos mismos, y los opositores que consideran que al ser una minoría separada, serán avasallados.

¿En qué radica esa equivocación común? El error se encuentra, en un primer momento, en que el Congreso no volverá a ser igual. A partir de ahora, aunque el PRI tenga el control formal de la JCP, de las funciones administrativas, e incluso de la Mesa Directiva, ello no tiene por qué significar que será quien defina el rumbo del trabajo legislativo. Aunque ostente la titularidad política y administrativa de la Cámara, tendrá que consensar todas las decisiones importantes con las demás fracciones, porque su mayoría no le alcanzará para imponerles o aplastarlas. Eso es algo que hoy, por ejemplo, no ocurre en la Cámara de Diputados federal, aún cuando el PRI tiene una amplia mayoría.

Ahora bien, si los priistas creen que al hacerse de la JCP, y de la administración de los recursos del Congreso, seguirán teniendo discrecionalidad y libertad total de hacer lo que le venga en gana, también se equivocan. Esa posibilidad, en gran medida, será convalidada o atajada por las fracciones de oposición, en cuanto éstas establezcan candados estrictos y medidas claras y visibles de fiscalización, a través de las cuales ellos mismos corroboren que no se está haciendo un uso excesivo o incorrecto del dinero, el personal y las atribuciones del Congreso del Estado.

En todo esto, lo más importante radicará en la posibilidad de hacer política. Y mucho de eso se encontrará en manos de las fuerzas que ahora son de oposición, y sobre todo en las habilidades del hoy gobernador electo, Gabino Cué Monteagudo. Será un reto común, para todos ellos, el poder mantener la coalición legislativa que, al menos en los documentos y las aspiraciones, ya se firmó entre los partidos aliancistas. Si el PAN, PRD, PT y demás se confrontan y se disgregan, entonces sí le estarán dando todas las posibilidades a los tricolores para que retomen por completo el control del Poder Legislativo, como ahora mismo ya se está acusando.

 

¿PLURALIDAD Y

GOBERNABILIDAD?

Todos los diputados deberán cuidar que el Congreso del Estado no se convierta en una gran Babel, en la que todos hablan y todos discuten, pero nadie se entiende. Quien cree que la JCP es una forma acabada de organización, o que es el remedio a todos los males, se equivoca. Ahora mismo, en el Congreso de la Unión —que es el parámetro que se ha tomado para legislar esa figura en las entidades federativas—, existe una discusión interna sobre la viabilidad de la permanencia de las formas de organización que privilegian la pluralidad, debido a que ello ha provocado un grave estado de parálisis e “ingobernabilidad” legislativa.

Actualmente, tanto en el Congreso federal, como en los locales, la llamada “sobrerrepresentación” de las fracciones parlamentarias no rebasa, en la generalidad, el 15 por ciento de los escaños obtenidos en las urnas. Ante la ausencia de mayorías absolutas (es decir, de partidos que tengan por votación más del 50 por ciento del total de legisladores), esos márgenes de sobrerrepresentación han hecho imposible que un partido que no obtuvo la mayoría a través de la votación, la consiga por medio de la asignación de escaños de representación proporcional. Y cuando eso ocurre —como ha sido común—, no existen mayorías que respalden al Presidente, o a la oposición, y entonces la posibilidad de llegar a acuerdos que beneficien al país, disminuye drásticamente.

¿Qué se busca ahora mismo? Que haya no sólo pluralidad, sino también gobernabilidad. Y ésta última, dicen, sólo se logrará reglamentando que la sobrerrepresentación de un partido que obtiene más del 35% de los escaños por votación, la ley le permita tener la mitad más uno de los legisladores. Esto, para tener el control de la Cámara, y garantizar la toma de decisiones.

 

¿REFORMA O REGRESIÓN?

Esta propuesta, dicen, daría certidumbre a un Congreso al que hoy, en base a su pluralidad, le cuesta mucho ponerse de acuerdo. Sin embargo, hay quien afirma que es tanto como volver al presidencialismo que se ha ido menguando. Curiosamente, es el PRI del gobernador Enrique Peña Nieto quien encabeza esa propuesta. Han visto que la JCP, en el ámbito federal, no le permitiría gobernar el país con márgenes amplios de decisión. Esa propuesta es un arma de doble filo: o agiliza al país, o convierte de nuevo al Presidente en Rey. Aguas.

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