Alza al pasaje en Oaxaca: un callej贸n sin salida

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AM Hist贸rico

+ No ordenamiento ni control鈥 ni nada

Si hay un ejemplo de descaro en Oaxaca, ese es el de los empresarios del transporte urbano, que recurrentemente exigen sin dar nada a cambio. En la entidad, todos los beneficios han sido promesas pendientes de cumplir pero, al mismo tiempo, todas las cargas que los concesionarios imponen al Estado y a los usuarios, han sido onerosas y puntuales. El problema es que nadie ha querido entrar de veras a un proceso de reordenamiento del transporte, que permita que 茅ste sea el negocio que los transportistas quieren, pero que tambi茅n d茅 el servicio que la ciudadan铆a merece.

El sector parece hoy un callej贸n sin salida para cualquier tipo de regulaci贸n. A lo largo de varias administraciones estatales, los funcionarios encargados del sector han fungido m谩s como empleados al servicio de los concesionarios, y no como una aut茅ntica autoridad reguladora. Del mismo modo, los incrementos a las tarifas, el establecimiento de nuevas rutas y el orden que se supone que debiera haber en todo el sector, han respondido al pago de favores y cuotas de poder, o a decisiones pol铆ticas, pero no a la soluci贸n de necesidades reales de los usuarios o del servicio en general.

Veamos si no. Los empresarios del transporte urbano nunca pierden tiempo en decir que ellos han costeado los incrementos constantes del precio del combustible, de las refacciones y de los insumos de sus unidades. Dicen tambi茅n que para ellos ha dejado de ser negocio la manutenci贸n de unidades y la permanencia en ciertas rutas. Claman por incrementos a la tarifa del transporte p煤blico porque dicen, siempre, que con las actuales es imposible prestar un servicio decoroso y mantener una flota camionera de cumpla con los requerimientos a los que ellos mismos se han comprometido.

Todos esos argumentos pueden contener cierta parte de verdad. Sin embargo, es tambi茅n cierto que existe una contraparte que ellos no aceptan. Por ejemplo, 驴por qu茅 si es tan alto el costo de mantenimiento del combustible e insumos de las unidades, no son los mismos concesionarios los que promuevan estudios que les indiquen exactamente cu谩ntas unidades puede haber en cada ruta, y en qu茅 horarios y tipos debe prestarse un servicio para ser competitivo y redituable?

驴Por qu茅 si dicen que con las tarifas actuales no pueden mantener un servicio m铆nimamente decoroso, no son ellos mismos los que prediquen con el ejemplo incrementando la calidad y el nivel de su servicio, para luego exigir el correspondiente incremento a la cuota del pasaje? 驴Por qu茅 si dicen que esto no es negocio, no regresan las concesiones a quien se las otorg贸, y dedican sus unidades a otro tipo de servicio?

Lo cierto, en todo esto, es que si algo ha convenido a los concesionarios, esto es la anarqu铆a que ha prevalecido. Hoy se quejan de que sus unidades no pueden sostenerse solas, pero no reconocen que en el transporte p煤blico hay un parque vehicular oneroso y sobrepoblado, que no tiene capacidad de cumplir con las expectativas econ贸micas de sus propietarios, debido a que es mayor el n煤mero y la capacidad de las unidades, a la cantidad de usuarios que existen por ruta.

En el caso de las rutas, 茅stas contin煤an divididas a trav茅s de acuerdos viej铆simos y tomados con criterios pol铆ticos, que generan sinsentidos como el relativo a que hay rutas con un n煤mero inmenso de usuarios potenciales, que son atendidas por un n煤mero de unidades menor al requerido. Eso provoca aglutinamientos y accidentes por el excesivo n煤mero de pasajeros que viaja en cada unidad.

Y en otras rutas pasa lo contrario: hay una cantidad enorme de autobuses, de gran capacidad, que prestan el servicio a un n煤mero de usuarios que no es el suficiente para cubrir las expectativas econ贸micas de los concesionarios. Ante la falta de ganancias suficientes, los due帽os de las unidades exigen a sus conductores que cubran la cuenta diaria al costo que sea. A partir de eso inicia la competencia por el pasaje, las 鈥渃arreritas鈥, la conducci贸n agresiva de las unidades, las disputas entre choferes, y las fatales consecuencias (de muertos, lesionados y da帽os materiales en poblaci贸n inocente) que traen aparejada la irresponsabilidad y la imprudencia de quienes hacen todo por completar la cuenta que piden los concesionarios.

CAMINO SIN SALIDA

Si el sector es un mal negocio, los primeros interesados en reordenarlo y reencauzarlo debieran ser los concesionarios. Sin embargo, 茅stos exigen el incremento a la tarifa como una especie de cheque en blanco: quieren ganar m谩s, o sostener su nivel tradicional de ganancias, a cambio de ofrecimientos que de antemano saben que no ser谩n cumplidos, y que a煤n as铆 ellos no cargar谩n con ninguna consecuencia.

El mejor ejemplo de ello es el 煤ltimo incremento que les autoriz贸 el gobierno: los concesionarios prometieron la renovaci贸n de la flota camionera, la capacitaci贸n de los conductores de las unidades, el establecimiento del seguro del usuario como prestaci贸n obligatoria y un servicio encaminado a que a partir de entonces no hubiera un solo accidente m谩s en el que apareciera la responsabilidad deliberada de uno de los choferes de sus unidades.

Aunque s铆 recibieron el incremento, y lo hicieron parte de sus ganancias, los concesionarios nunca cumplieron con ninguna de sus ofertas. Hoy las unidades del transporte urbano contin煤an enlutando recurrentemente a familias oaxaque帽as por causa de accidentes de tr谩nsito; el servicio que se presta es p茅simo; no hay orden en ninguna de las rutas, servicios y formas en que se presta el servicio; y todo el funcionamiento del trasporte est谩 determinado por los intereses econ贸micos, por la voracidad y por el inter茅s de acaparar espacios de los concesionarios, y por la incapacidad de la autoridad para hacerse valer como tal, y no para seguir siendo una comparsa al servicio de los concesionarios.

NO M脕S ANARQU脥A

Mientras no haya voluntad de los concesionarios para ce帽irse al reordenamiento, y la autoridad en materia de transporte siga siendo cuestionada 鈥攃on aut茅nticos intentos de veto鈥 cada que intenta hacer valer el orden y la legalidad en la materia, esto seguir谩 siendo un caos. El problema es que el costo y las consecuencias las pagamos los usuarios, que nos transportamos en aut茅nticos ata煤des rodantes, que no tienen ning煤n tipo de seguridad y que tampoco ofrecen las garant铆as m铆nimas de un servicio competitivo y seguro, pero que s铆 cobran tarifas de primer mundo.

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