¿Para qué querer que renuncie Peña Nieto?

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+ Proclama vacía; no hay sentido en exigencia

 

Ya renunció el gobernador Ángel Heladio Aguirre Rivero; ya detuvieron al ex Edil de Iguala y su esposa; la presión nacional e internacional ya hizo que todo el Estado mexicano se volcara a la búsqueda de los normalistas. Pero aún así hay quienes insisten en la proclama ruidosa, pero sin sentido, de que ahora quien debe renunciar es el presidente Enrique Peña Nieto, o de que la culpa la tiene Andrés Manuel López Obrador. ¿Para qué querer que se vaya el Presidente, o que AMLO acepte su supuesta complicidad en el asunto, si eso ni contribuiría a resolver el problema jurídico y político que enfrenta el Estado por las desapariciones, ni eso permitiría, necesariamente, dar con los normalistas o conocer lo que realmente ocurrió la noche del 26 de septiembre en Iguala?

En efecto, quizá una semana después de que ocurrió la detención-desaparición de los 43 normalistas en Iguala —cuando todos salieron del pasmo, y vieron que el asunto tenía también una arista político-electoral que era necesario explotar— comenzaron también los señalamientos, primero exhibiendo la fotografía que en algún acto multitudinario se había tomado José Luis Abarca con el presidente Peña Nieto; y después utilizando una imagen similar, pero ahora de Abarca con López Obrador, para tratar de probar una supuesta responsabilidad o complicidad del tabasqueño con los implicados en las desapariciones.

La finalidad, en ambos casos, era exhibir al político sin siquiera ofrecer algún elemento que reforzara la idea de que, en efecto, existía una complicidad por parte de alguno de los políticos exhibidos con José Luis Abarca, o que éstos sabían que el entonces Edil de Iguala era un pillo que, además, comandaba una banda de criminales. Nunca lo hicieron. Pero sí lograron que mucha gente coreara las consignas que ellos habían construido con una finalidad política que, sin embargo, no apuntaba a la localización de los normalistas. ¿Qué buscaban?

Evidentemente, lo que buscaban era exhibir al adversario. Eso fue lo que intentaron quienes primero esgrimieron la imagen del Edil de Iguala abrazando al Presidente de la República. Era, es cierto, una imagen elocuente que demostraba la simpatía del encuentro, pero que también dejaba ver que esa alegría derivaba del acto multitudinario, y no del gusto mutuo entre los personajes retratados por encontrarse en ese preciso momento para capturar la imagen.

Ciertamente, en cada acto al que asiste, el Presidente puede pasar una o dos horas saludando de mano a cada uno de los asistentes y tomándose fotos con ellos. Y existe, de hecho, un apartado en la página web de la Presidencia que se llama “tu foto con el Presidente”, que sirve justamente para que las personas que asisten a los eventos con el Presidente, busquen si existe alguna imagen tomada por algún fotógrafo oficial con el Mandatario, para descargarla e imprimirla como un recuerdo. Y eso, en realidad, no es prueba ni de amistad, ni de complicidad, ni de reconocimiento, ni nada, entre el Presidente y nadie.

Ocurre exactamente lo mismo con AMLO. Pues al margen de si sabía o no de los malos pasos de Abarca, las fotos que han publicado los priistas para tratar de desacreditarlo, son exactamente iguales a las que antes se exhibieron con el Presidente: capturadas en actos políticos, multitudinarios, en los que el tabasqueño lo mismo se pudo haber retratado con Abarca que con cualquier otra persona que asistiera al evento y tuviera oportunidad de acercársele.

¿Qué demuestra todo eso? Nada. Y sin embargo hoy en día esas imágenes pasan entre mucha gente como prueba plena de las complicidades. Y en base a ellas se pretende exigir explicaciones a AMLO o la renuncia del Presidente. Con eso queda claro que se obsesionan con los centavos, pero por eso mismo dejan ir los pesos. ¿De qué hablamos?

 

HALLAR A LOS DESAPARECIDOS

Se exige, por ejemplo, la renuncia del Presidente pero nadie sabe para qué. Sí, nadie sabe para qué tendría que renunciar Peña Nieto, o cual sería el beneficio para el país, y concretamente para la solución del asunto de los normalistas, si él se fuera. Más bien, lo que en medio de eso queda claro es que quienes construyeron esa consigna, son los mismos que han sido sus adversarios de siempre y ahora encontraron este pretexto para pedir su renuncia. Lo alarmante es que con esto, implícitamente demuestran también que en el fondo los normalistas desaparecidos no les importan, pero que sí están dispuestos a utilizarlos mientras con eso puedan cumplir el objetivo político que se trazaron desde el inicio.

¿Qué dejan de lado, que debiera ser fundamental? Primero, la exigencia fuerte, sonora, y apremiante, de que se sepa la verdad completa sobre el destino de los normalistas; y segundo, que una vez que esto se sepa, existan juicios apegados a derecho en contra de los responsables y, sobre todo, disposición del Estado mexicano para reparar el daño causado a todos aquellos que fueron víctimas directas o indirectas de las desapariciones forzadas y todos los demás delitos comunes y de lesa humanidad que pudieron haberse cometido en los hechos del 26 de septiembre en Iguala.

En el primero de los temas hay éxito relativo. Hoy el Estado mexicano está volcado a la búsqueda de los normalistas, y esto sólo ocurrió después de que la inconformidad nacional e internacional alcanzó niveles nunca antes vistos. Pues ni el gobierno federal, ni el local de Guerrero, ni los partidos políticos, ni nadie dentro de las instituciones, había reparado que este era un tema que trascendía la comisión de delitos del orden común, y era un asunto de trascendencia internacional. Por eso la búsqueda de los normalistas es una prioridad, y por eso todos los aparatos de inteligencia del Estado se encuentran apremiados a brindar respuestas oportunas, como la que ayer se dio con la detención del ex Edil de Iguala, y su esposa, en una casa de Iztapalapa, en la capital del país.

 

REPARACIONES

Pueden ir y venir 10 presidentes y 20 gobernadores, pero si no hay una reparación efectiva de los derechos violados, entonces todo va a seguir igual. Luego de aclarar los hechos y deslindar responsabilidades, el Estado mexicano debe comenzar por pedir disculpas a quienes fueron agraviados por esos hechos, y después hacer una reparación integral de los daños causados. A eso se debía también volcar la exigencia. Pero con sus arengas sobre la renuncia evaden temas como esos y sólo se van a la parte ruidosa, pero vacía, de la lucha entre partidos por el poder presidencial.

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