¿El caso Bronco obligará a partidos a replantear sus estrategias?

El Bronco

+ La siguiente batalla será en 2016, con Oaxaca, Puebla y Sinaloa


El inusitado crecimiento electoral de Jaime Rodríguez Calderón, en Nuevo León, irremediablemente obligará a los partidos políticos a replantear sus estrategias de cara a los procesos electorales que se avecinan. El llamado Bronco, es hoy un inminente gancho al hígado para el priismo nacional, en un estado clave para el régimen priista como Nuevo León. Ésta fue una entidad recientemente recuperada por el PRI y el gobernador saliente, Rodrigo Medina. Pero si pierde el tricolor la gubernatura entonces tendrá que replantear qué sigue en su estrategia para 2016, en donde hay estados tan particularmente llamativos —también por sus respectivas alternancias— como Puebla, Sinaloa y Oaxaca.

En efecto, la candidatura independiente a Gobernador de Rodríguez Calderón, es un hecho relevante que rebasa por mucho la calidad o los antecedentes de la persona. En realidad, ese fenómeno es llamativo por ser el primer candidato independiente que se ubica entre las posibilidades de triunfo en las urnas. Si eso ya es relevante, lo es mucho más que esto ocurra en el centro político del norte del país, y que esté pasando en el contexto del llamado “regreso priista” con el presidente Enrique Peña Nieto a la cabeza.

Así, si esto está ocurriendo en las narices del Presidente, que según llegó para reimplantar el viejo régimen sobre las nuevas bases democráticas de México, y que hasta hace poco había demostrado absoluta eficacia electoral, entonces el problema es más grave de lo que inicialmente hubiera parecido una simple reedición del llamado “fenómeno Fox” hace quince años.

Es interesante ver cómo el panorama nacional ha variado tanto, que mientras se juega la supervivencia del régimen para los tres años que le restan al sexenio federal —proceso en el que se supone que tendría que estar echando toda la carne al asador—, ocurre que un candidato sin partido le disputa palmo a palmo el triunfo electoral a la fuerza política que inicialmente parecía dominante. Ello es muestra de madurez democrática, pero sobre todo del crítico momento por el que pasa el régimen priista, que se supone que iría a afianzarse en las entidades donde ya gobierna, para ir a tratar de recuperar los espacios perdidos.

Rodrigo Medina fue un gobernador de claroscuros en Nuevo León, al que hace cuatro años le explotó en las manos la crisis generada por la inseguridad y la disputa del territorio entre bandas rivales, y contra todos los pronósticos no sólo soportó la situación sino que salió avante presumiendo hoy a una de las mejores policías del país. Nuevo León no dejó de ser la entidad pujante de la economía nacional.

Pero aún así —con las aparentes buenas cuentas— resultó que el Gobernador, y el Presidente, no pudieron conseguir que el proceso electoral fuera un día de campo para su candidata. Lejos de eso, la campaña ha sido una tormenta que pareciera no tener para cuándo tocar fondo, y en la que ninguno de los capitales políticos federales ha tenido la posibilidad de permear. El activo que era hasta hace poco tiempo Enrique Peña Nieto hoy parece intrascendente en la batalla por la gubernatura, y por momentos hasta pareciera ser un lastre. El partido gobernante —es el mismo (el PRI) a nivel local y federal— no consigue afianzar ninguna posibilidad de ventaja. Y mientras eso pasa, el Bronco continúa creciendo en términos electorales.

Esto, independientemente del resultado, tendrá que dejarle diversas lecciones al partido gobernante, para las elecciones futuras. Una de ellas, fundamental, es que como partidos no podrán continuar tomando decisiones indefinidamente sin tomar en cuenta a la ciudadanía. Otra, que no podrán seguir engañando eternamente a los electores con demagogia. Y quizá la tercera gran lección radicaría en que las elecciones anteriores habrían dejado de ser antecedente para las posteriores. A partir de eso tendrían que construir sus escenarios electorales, en tres de las entidades que cambian de Gobernador en 2016, y que presentan escenarios tanto o más interesantes que el actual de Nuevo León en este proceso electoral.

COMICIOS 2016

Veamos el asunto en perspectiva. Oaxaca, Puebla y Sinaloa cambiaron de Gobernador en 2010. Las tres eran entidades gobernadas por el PRI, y en las tres ocurrieron sendas alianzas de partidos para ganarle la gubernatura al partido tricolor. Esto ocurrió a manos de tres ex priistas. Hoy, el escenario particular radica ya no únicamente en cómo cada uno de éstos gobernadores buscará retener las gubernaturas para sus propios grupos o los partidos con los que hoy se identifican, o en cómo el PRI intentará recuperar para sí estas entidades. En el fondo todos tendrán que buscar la forma de no abrir espacios inexplorados a través de las candidaturas independientes.

Esto, de alguna forma, pareciera un escenario de sobrevivencia de la partidocracia. Pues es evidente que no existe ninguna garantía de que no pudiera llegar a existir una candidatura independiente, como tampoco de que cualquiera de esos tres gobernadores —o el gobierno federal priista, en su propia trinchera— tenga el siguiente triunfo electoral en las manos. Si ese ya es un problema grande entre oficialismo y oposición, lo siguiente que tendrían que comenzar a pensar es en candidatos legitimados, en plataformas políticas reales y posibles, y en la necesidad de refundar la alianza que dicen que tienen con la ciudadanía, pero que nadie ha visto en los hechos en las últimas décadas.

Hoy ya no sólo se enfrentan a las calamidades propias de un proceso electoral. El PRI, en una de las trincheras, se enfrenta a sus adversarios naturales de las otras fuerzas políticas, pero ahora también tendrá que enfrentar a los que no tienen partido. Esta cuestión es particularmente llamativa porque en términos de estados gobernados, había una expectativa inicial de que el PRI podría retener los estados que gobierna, y comenzar a recuperar los perdidos. Hoy vemos que está pasando lo contrario. Y entonces comienza a verse que las fisuras que presenta el régimen de partidos son mucho más profundas de lo que hasta hoy todos han querido aceptar.

EL PARTIDO CRISTIANO

Quienes conocen la operación del Partido Encuentro Social, dicen que tienen genuina confianza en ganar por lo menos una diputación federal a través de la estructura que dicen tener en los feligreses de los templos cristianos que hay en la entidad. Es un contrasentido pensar en un partido político cristiano. La separación Iglesia-Estado vive tiempos aciagos.