¿Se debe esperar una reacción violenta de los radicales de la 22?

Geurrilla

+ TIEMPO, catorce años de ser referencia en la prensa oaxaqueña


En uno de los momentos más álgidos del conflicto magisterial y popular de 2006, apareció una efímera organización armada que afirmaba ser uno de los brazos de la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca, y que se decía dispuesta a defender al magisterio y el pueblo en la represión que se avecinaba. En el contexto actual, ¿habría posibilidades de una acción violenta que el Estado debiera prever, por parte de algún sector radical del magisterio, o de alguna de las organizaciones que pululan a su alrededor?

En efecto, dicho grupo se dio a conocer como Organización Revolucionaria Armada del Pueblo de Oaxaca, y emitió un único comunicado el lunes dos de octubre de 2006, junto con un par de acciones de hostigamiento a dos sucursales bancarias (una del banco Santander, y otra de Banamex) en la zona norte de la capital oaxaqueña. Junto con las acciones de hostigamiento dejaron dispersas hojas con un comunicado en el que hacían un posicionamiento relacionado con el conflicto magisterial y con las acciones que, se decía, estaban dispuestos a realizar.

Dicho comunicado establecía cuestiones que hoy parecieran propias de nuestro contexto actual y no del de hace nueve años: “Ante la inminente represión que se está orquestando en contra de nuestro pueblo de Oaxaca y del magisterio democrático con el doble discurso de los gobernantes traidores que por un lado te llaman a negociar y por otra te asesinan como aconteció el 14 de junio cuando la bota represiva arremetió en contra de mujeres, niños y personas de la tercera edad que se encantaban en el campamento del magisterio democráticos los asesinatos de los dos manifestantes simpatizantes de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), hoy nos damos a conocer como Organización revolucionaria armada del pueblo de Oaxaca (ORAPO). A nuestros compañeros que hoy luchan en diferentes trincheras y que tienen una experiencia Histórica de lucha armada revolucionaria les hacemos el llamado a la unidad y a serrar filas contra los opresores de nuestro pueblo. Consideramos que la lucha armada es legìtima (sic) cuando se sierran los causes de negociación pacífica y no se debe satanizar como una real alternativa para nuestro pueblo que hoy sufre en carne propia la explotación y la miseria ancestral.”

Luego de estos señalamientos, la llamada ORAPO señalaba: “Por medio de este nuestro primer comunicado y nuestras primeras acciones de hostigamiento al enemigo le declaramos la guerra al gobierno federal y estatal adjudicándonos las detonaciones de petardos en sucursales bancarias como una forma propagandística de darnos a conocer advirtiéndole al gobierno que estamos preparados y dispuestos a luchar con las (sic) armas en la mano para defender a nuestro pueblo y seguiremos implementando acciones de mayor envergadura a instalaciones de la oligarquía burguesa. Estamos alertas  y (sic) vigilantes y convocamos al pueblo de Oaxaca a sumarse a nuestra lucha y a buscar el contacto con los revolucionarios para derrocar al tirano.”

En aquellos momentos, no resultaban extrañas tales aseveraciones, porque el conflicto magisterial se encontraba en una fase de profunda descomposición y también de un claro “manoseo” por parte de diversas organizaciones que se habían montado en el movimiento y en la circunstancia política para tratar de conseguir intereses paralelos o diversos aprovechando el contexto de la revuelta.

Incluso, en aquella circunstancia no pareció extraña la aparición de un grupo como ese dado que el propio Ejército Popular Revolucionario había manifestado amplia simpatía por el movimiento, y en algunos momentos hasta parecía que le daba algún tipo de “coordenada” al movimiento popular sobre las acciones que debía emprender para continuar la lucha. No obstante todos esos antecedentes, siempre hubo un sector magisterial identificado con formas más duras de lucha, que también fueron los que en esa y otras circunstancias trataron de prender en el gobierno la idea de que la “seguridad” del Estado se encontraba en sus manos y por eso era necesaria la “cercanía” entre el gobierno y los sectores magisteriales más duros.

¿VENDIERON SEGURIDAD?

Hay una versión, que como tal es sólo una idea difundida de boca en boca, que apunta a que en los últimos años hubo una especie de “venta de protección” por parte del sindicato magisterial hacia el gobierno estatal. Según esa versión hubo una especie de acuerdo tácito entre ambos bloques para mantener la gobernabilidad a flote a partir de que el gobierno cediera espacios y prebendas al magisterio para mantener a raya a sus sectores radicales, y también para despresurizarlos frente a una situación en la que no habría grandes transformaciones pero tampoco grandes despojos.

Ese contexto habría cambiado el martes 21 de julio, cuando de la mano el gobierno estatal y federal decidieron extinguir la conformación magisterial del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca, básicamente despojando a la Sección 22 del poder e influencia que tenía en el instituto educativo y la capacidad de control que, a través de eso, ejercía sobre las bases magisteriales.

Evidentemente, el magisterio de la Sección 22 quedó resentido a todos los niveles con la decisión de la reconstitución del IEEPO, pero hasta el momento no todos los sectores se han manifestado. Los menos radicales han comenzado el proceso de acomodo frente a la nueva circunstancia. Algunos, que pudieran ser sectores intermedios, han salido a manifestarse en contra de la decisión institucional y a prometer no iniciar el próximo ciclo escolar. Pero el sector radical continúa en silencio. Esa pasividad no tendría que ser casual ni accidental. Por esa razón, uno de los escenarios que debía estar hoy sopesando el gobierno estatal es si debe esperarse esa respuesta y, en la medida de lo posible, preverlas.

CATORCE AÑOS

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