Por indefinición, el PRD pone en riesgo uno de sus últimos bastiones

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+ Perder Oaxaca significaría doble derrota; crisis actual así lo augura


 

Hasta las primeras horas de la tarde de ayer, se veía como una posibilidad lejana que pudiera ocurrir un gran acuerdo en el Consejo Electivo del Partido de la Revolución Democrática, y que por ende de éste pudiera emanar un candidato a la gubernatura único, legitimado y fortalecido. Los jaloneos, las acusaciones de fraude, y las filtraciones, le dieron el ingrediente de inestabilidad que le hacía falta al proceso interno del perredismo oaxaqueño. Quizá lo que no han dimensionado, en Oaxaca y en el Comité Nacional, es que poner en riesgo esta gubernatura significa afianzar su derrota global en los comicios estatales del presente año.

En efecto, ayer se convirtió en noticia nacional la trifulca ocurrida en el hotel donde se realizaría la sesión del Consejo Estatal del PRD en el que se definiría la candidatura de ese partido, y de la coalición PAN-PRD-PT a la gubernatura del estado. La gresca era previsible ya que desde la semana pasada el equipo de campaña del senador Benjamín Robles Montoya denunció que el Comité Estatal del PRD orquestaba un fraude a través de la alteración de la lista de consejeros electores que participarían en la sesión para definir al Candidato a Gobernador.

Por eso, ayer que se instaló el Consejo, hubo jaloneos desde el momento mismo en el que se abrieron las mesas de registro, por el diferendo que ya existía entre quienes se supone que estaban legitimados para participar, y quienes pretendían no abrir el listado para que, a partir de eso, pudieran manipular los nombres y la asistencia de quienes debían participar en la asamblea. Hasta ya muy entrada la tarde, no había certeza del momento en que pudiera llevarse a cabo la elección del candidato, e incluso si habría de ocurrir la sesión. Pasado el mediodía, el dirigente nacional, Agustín Basave, había instalado el Consejo pero decretado un receso indefinido.

En todo esto, el PRD enfrenta un problema mayúsculo que en buena medida tiene que ver con la incertidumbre que generan sus propias reglas políticas. Desde hace varias semanas, los dos precandidatos a la gubernatura, José Antonio Estefan Garfias y Benjamín Robles Montoya, establecieron sus estrategias, excluyentes, para tratar de hacerse de la candidatura. ¿Qué hicieron?

El primero optó por generar todo tipo de acercamientos con los consejeros estatales que participarían en la sesión de ayer, para tratar de afianzar su voto. Por esa razón, a Estefan Garfias se le vio en los últimos días tratando de desmenuzar la integración del Consejo Electivo para poder asegurar desde ahí su triunfo. Por su parte, Benjamín Robles Montoya estableció una estrategia basada en la consolidación de sus apoyos en las esferas nacionales del PRD. Por eso, a ambos se les vio particularmente dedicados a ciertas tareas en las últimas semanas, pero fuera de las labores proselitistas “normales” que habían desplegado en los meses anteriores para congraciarse con la militancia.

¿A qué le apuestan? Estefan, le apostará todo a tener un Consejo Estatal afín que le permita, desde ahí, contar con una mayoría desahogada que lo ubique en la candidatura; Robles Montoya parece apostarle a que en el Consejo Estatal no exista un acuerdo sólido, y entonces la decisión se traslade al Comité Ejecutivo Nacional, donde tiene un respaldo soportado por varios de los “notables” perredistas.

Al final, ambas parecen estrategias prósperas aunque sin capacidad de generar el consenso necesario para evitar las rupturas. En eso se basa el riesgo que hoy corre no sólo el perredismo oaxaqueño de allanarle la victoria a sus adversarios, sino todo el perredismo del país ante la posibilidad de perder uno de sus semilleros de votos. En el fondo, si pierden Oaxaca estarán alejando aún más cualquier posibilidad de revivir electoralmente en el 2018.

RIESGO NACIONAL

La crisis que vive el PRD no se acabó con la llegada de Agustín Basave. De hecho, su arribo lo único que hizo fue modificar el esquema de conflictos con los que debía lidiar. El hecho de haber cancelado las alianzas en Puebla y Tlaxcala, tuvo como telón de fondo el acuerdo tácito de los respectivos comités nacionales PAN y PRD, de dejar perder esas dos gubernaturas en aras de atajar los intentos de asalto del gobernador poblano Rafael Moreno Valle. En la suma y resta de gubernaturas y votos, eso los conmina a redoblar sus esfuerzos en las gubernaturas por las que aún irán juntos. Destaca en ello los casos de Veracruz y Oaxaca.

En el caso de Veracruz, sorprendentemente las cosas se las ha facilitado de forma excepcional el impresentable gobernador Javier Duarte de Ochoa, que hoy se encuentra en el pináculo del repudio de su propio partido. El PRI sabe que tiene un serio riesgo de perder la gubernatura y por eso su decisión de postular a un candidato adversario interno de Duarte. Héctor Yunes Landa, sin embargo, tendrá que cargar con el peso de una candidatura que también está desacreditada por el desgaste priista en aquella entidad. Por eso, si la alianza PAN-PRD capitaliza bien el descontento de los veracruzanos sí podrá agenciarse esa victoria.

En el caso de Oaxaca, nada ha complicado más la posibilidad de mantener la gubernatura que los propios enredos de los perredistas. El punto crítico de esta situación, la da el hecho de que si las consecuencias de la decisión tomada eventualmente la noche de ayer, no es controlada con rapidez y capacidad de acuerdo, entonces se generará un cisma (de cualquiera de los dos candidatos) que lo único que provocará es la derrota estrujante para su escenario nacional.

Oaxaca fue en el pasado reciente, un semillero de votos para el PRI. Pero una vez que el PRD le arrancó la gubernatura a los tricolores, ha sido un inyector incansable de votos para las causas que han apoyado. López Obrador como candidato presidencial, lleva dos victorias arrasadoras en la entidad. Con todo, la coalición en Oaxaca no ha perdido su presencia en los espacios legislativos y hay una representación aún robusta en las cámaras federales. Todo eso, en el fondo, es consecuencia del triunfo electoral de Gabino Cué en 2010. Y si no sopesan bien su situación, este podría ser el principio del fin del reinado perredista en la entidad.

DE TRAICIÓN EN TRAICIÓN

¿Cuánto faltará para que, de nuevo, Hugo Jarquín se vaya del PRD a hacerla de esquirol en la contienda por la presidencia municipal de la capital?