13 razones y ni una sola para disfrutarla


Ismael Ortiz Romero Cuevas

Hay que ser honestos. La primer temporada del drama de Netflix, “13 Reasons Why” que se estrenó en 2017 fue algo sin precedentes. Los capítulos estaban plagados de pistas y de un ritmo tan bestial que era prácticamente imposible dejar de verla. Cada episodio correspondía a una de las cintas que había dejado Hannah Baker (Katherine Langford) y cómo cada uno de los personajes tenía cierta responsabilidad en su suicidio. La primer temporada tampoco fue tersa y fácil de asimilar; todo lo contrario. El misterio y la atmósfera solitaria y fría daban a cada suceso un toque de belleza combinado con desesperanza. Incluso, aquél tan polémico, cuando Hannah decide quitarse la vida y que nos llenaba de advertencias por si lo veía un adolescente a solas, o bien, para poder orientar si es que conocíamos a alguien en una situación tan desesperada. Hay que decirlo, la primera temporada nos sorprendió de manera cómo, al menos a mí, hacía mucho tiempo no me pasaba; hay que aceptarlo también, la primer temporada fue tremendamente buena. 

A decir verdad, pienso que Netflix debió haber dejado hasta ahí la emisión, puesto que el libro escrito por Jay Asher culmina más o menos similar a cómo concluyeron el drama televisivo. Pero fue tal el impacto, que por ello se aventuraron a realizar una segunda temporada que resultó terriblemente aburrida pese a que prácticamente todo el elenco estaba de vuelta, incluyendo a Hannah. Así, vimos que la polémica nuevamente acompañó a historia, pero porque ahora parecía que estábamos viendo una serie sin rumbo, con personajes enmarcados en el cliché y aportando quizá nuevas características a los personajes, reivindicando incluso a algunos a quienes Clay (Dylan Minnette) había dejado al descubierto como responsables directos de la decisión de Hannah y la decepcionante exoneración del gran villano de la historia: Bryce Walker (Justin Prentince). Aún con eso, la segunda temporada en realidad poco tuvo qué ver con esos capítulos perfectamente realizados en la primera. En pocas palabras: fue decepcionante. 

La tercera temporada entonces no era un producto tan necesario. Vamos, ni siquiera era como de las más esperadas en la plataforma, hasta que Netflix decidió que sí y se atrevieron a lanzar la “esperadísima” tercera parte. Nuevamente centrados en un asesinato, pero ahora del personaje de Bryce Walker, la historia que desarrollan es una completamente ajena a la planteada originalmente. Y mientras en la primera entrega, la serie nos generaba pensamientos de que acontecimientos así podrían estar sucediendo en realidad, ésta vez parece que estamos siendo testigos de uno de los más acalorados dramas juveniles que producía Emilio Larrosa en Televisa en la década de los noventas. Así es, a eso ha decaído, a una telenovela juvenil espeluznantemente macabra. 

Todos los personajes estaban ahí. Vemos nuevamente a Clay al lado de sus amigos: Jessica (Alisha Boe); Tony (Christian Navarro); Justin (Brandon Flynn); Zach (Ross Butler); Alex (Miles Heizer); Tyler (Devin Druid) y esta vez Ani (Grace Saif), quien se convierte en la protagonista femenina; eso sí, todos los actores rebasando de forma gloriosa a los personajes ahora escritos de manera desordenada y con ocurrencias; el elenco juvenil y su trabajo es de lo poco que ahora vale la pena. No falta ningún personaje, el problema es que la historia no tiene relación con la primera hasta los últimos episodios, eso sí, siempre y cuando no te aburra antes y dejes de seguir la emisión ahí por el capítulo cinco o seis. 

Los episodios de esta tercera entrega si bien, nuevamente están perfectamente cuidados estéticamente hablando, lo cierto es que se vuelven innecesariamente largos, lo que hace que la historia se prolongue demasiado con tal de que vuelva a tener los emblemáticos 13 capítulos. Pudieron hacer algo épico y hacernos pensar que en efecto, era necesaria una temporada tres. Al contrario de eso, las razones para verla cada vez se agotan más y aunque dejaron algunos cabos sueltos para continuar la historia, hay que saber retirarse a tiempo y respetando su propio producto, sería mejor que la dejasen hasta ahí; antes de que termine siendo algo tan ridículo, que no sea recordada ni por sus mejores tiempos, sino por más bien, poetizar ya de últimas de una forma vergonzosa, el más puro amarillismo en una historia que ya no tiene razón de ser. 

“Stranger Things” y su evolución


Ismael Ortiz Romero Cuevas

No es nuevo decir que “Stranger Things” se ha convertido en una de las producciones emblema de la plataforma Netflix. Desde que se estrenó en 2016, nos dejó a todos con un recorrido de emociones como hacía mucho no se hacía en algún otro drama, ya sea de cine o de televisión. Es cierto, la temporada uno tuvo sus detalles, pero aún así, tuvo los elementos y ‘timing’ necesario para que en pocos meses, fuera catalogada ya como una serie de culto. 

Y es que a quienes conforman esta generación millennial, les encantó la trama llena de misterio y fantasía que combinada con el ritmo de la serie más el carisma de los niños protagonistas, hizo una historia al mismo tiempo vertiginosa y emotiva. A los que somos un poco más grandes, a quienes conformamos la generación X, a parte de todo lo anterior, nos dieron justo en la nostalgia, pues notamos referencias a cintas simbólicas ochenteras, desde “Cuenta conmigo”, “Cujo”, “Eso”, “E. T. El extraterrestre” y casi a todas las basadas en novelas de Stephen King y de Steven Spielberg; además de su fantástica banda sonora que incluía temas que iban desde Michael Jackson, Madonna hasta The Clash y que no solo nos hizo seguirla, sino amarla. De la primer temporada a la segunda, hubo una evolución importante, pues aunque en la primera entrega vimos la historia centrarse en la desaparición de Will Byer (Noah Schnapp) y las aventuras de sus amigos para resolver el misterio más el drama de Joyce (Winona Ryder) por la pérdida de su hijo, en la segunda nos llenaron la serie de sub tramas que dejaron la puerta abierta a más posibilidades de alargar la historia. 

Así, el pasado 04 de julio se estrenó la esperadísima temporada número tres, que como ya sabemos, se ubica en 1985, es decir, un año después de donde se ubica la temporada anterior y eso, quizá para justificar de forma más real el crecimiento de los niños protagonistas. Conformada por ocho capítulos, nuevamente atestiguamos una evolución si bien lógica, en muchas ocasiones resulta en circunstancias un tanto predecibles. La crítica ha catalogado a esta entrega como la mejor de las tres, y quizá sí lo sea para quienes la han seguido desde el principio, aunque es justamente ese público cautivo que ha notado ciertos detalles que no los han convencido del todo. 

Uno de esos pormenores es lo que a leguas se nota: los acuerdos comerciales a los que Netflix llegó para tener la producción de la calidad que nos han entregado; vemos marcas de ropa, de tenis, de juegos de video, etc., pero el colmo fue el gran comercial de Coca-Cola del que sin tapujos presentan; pues incluso hay un capitulo en el que los chicos se la pasan hablando quizá más de un minuto de lo “deliciosa que es la nueva New Coke”, una gaseosa que justamente el emporio refresquero presentaba en 1985, año en que se desarrollan los acontecimientos.   

La tercera temporada como cualquier serie de televisión cuenta con algunos detalles que nos podrán gustar o no; pero en realidad se vuelven mínimos al descubrir que las tramas alternativas se vuelven más maduras e interesantes, que los chicos pasan a la adolescencia de una forma divertida y tierna; no importan también si ponemos atención en la producción, en los efectos, en la fotografía, en la edición, en la iluminación y obviamente en las estupendas actuaciones (otra vez Winona Ryder se roba toda la serie). Sin temor a equivocarme, nuevamente estamos ante un espectáculo televisivo que nos vuelve a sorprender, presentándonos giros de trama sorprendentes, de esos que nos encantan a todos; además de un episodio final delirante, vamos, todo un espectáculo televisivo. 

Podemos quejarnos de los comerciales o de las vueltas que le dan a las situaciones para llegar a lo que nos habíamos imaginado (sí, en ocasiones es muy, pero muy predecible), sin embargo, eso no le quita mérito a esta producción que nos vuelve a dejar asombrados y queriendo más. Los hermanos Duffer, creadores de la serie, dijeron en el momento de post-producción de esta T3, que “Stranger Things” estaba planeada para cuatro temporadas, sin embargo, muchos medios de comunicación y algunos youtubers que se dedican a esto de la farándula, han asegurado que Netflix se encuentra ya en negociaciones para producir dos temporadas más; eso, no sé si me alegra o no, pues para que una historia se vuelva épica, siempre hay que saber terminarla en el punto más alto. Y a todo esto, sí, hay que ver la T3 de “Stranger Things”, de a poco, pero sí verla.  

Mauricio Clark: de pena ajena


Ismael Ortiz Romero Cuevas

No había tocado el tema, no porque no lo considerara importante, sino porque se me hace que en este tiempo, es algo que ya deberíamos haber superado. Sin embargo, he visto en redes sociales la forma en cómo se pronuncia el antiguo reportero Mauricio Clark con respecto a quienes son homosexuales y se me hace algo vergonzoso y sobre todo, una falta de respeto no solo a quienes tienen esa preferencia sexual, sino a todo el público en general. 

Pero, ¿por qué se me hace relevante? De entrada porque todos sus comentarios los ha vertido en canales de televisión abierta, dando según él, testimonio de lo que sufrió por ser gay, de que estuvo por el mal camino, que si es un mundo de excesos, de que si ofrecen drogas, de que si hay sexo desenfrenado y demás comentarios. Pero no termina ahí, los comentarios anteriores quizá serían los menos graves. El pasado sábado 29 de junio se llevó a cabo en la Ciudad de México, la marcha del orgullo LGBTTTIQ y anexas, en víspera a ella, el otrora conductor de TV lanzó en su cuenta de Twitter un listado de lo que según él ofrece el mundo gay y mencionaba algo así como orgías, sexo sin protección, apps de ligue, cuartos oscuros y demás actividades, rematando su mensaje con algo así como: “eso padre de familia es lo que ofrece el orgullo gay”. Aunado a esto, se le invitó al programa de revista “Hoy” de la cadena Televisa, donde no solo ratificó lo que escribió en su cuenta, sino que además dijo que se está trabajando para que haya medidas de salubridad en ese mundo. O sea, ¿qué quiso decir? Los métodos insalubres también los ofrecen las prácticas heterosexuales. 

Lo lamentable en este asunto no es “lo que ofrece el mundo homosexual” como se refirió el ex reportero, sino el discurso de odio y de intolerancia que promueve en nombre de la religión y de las buenas costumbres, como si una persona que tenga gustos no heterosexuales, no fuera ni educado, ni culto, ni respetable y mucho menos, tuviera buenas costumbres. Hay que ser honestos, la homosexualidad existe desde que la humanidad es humanidad, la diferencia es que ahora es más visible justamente por la lucha encabezada por los colectivos de esa comunidad para obtener los mismos derechos y libertades que todos: a la seguridad social, a la salud, al matrimonio, al trabajo, a no ser discriminados y demás. Porque pareciera mentira que aún en estos tiempos haya espacios que no les permiten ni siquiera ingresar; sigue habiendo discriminación por preferencias sexuales en un sinfín de establecimientos que consideran esas conductas lascivas y ofensivas; porque en estos tiempos sigue habiendo asesinatos por homofobia. El discurso del reportero promueve entre líneas (o no tanto) justamente eso, el odio a una comunidad que no eligió tener las preferencias que tiene y que sí, ha visto vulnerados sus derechos incluso con comentarios como los que justamente él hace ahora que ya no es gay. 

No es poner en tela de juicio si él decidió ya no ser homosexual o se volvió a meter al clóset; eso es algo que al menos a mí ni siquiera me importa. Sí me importa la forma en como un tipo carente de autoestima, de cariño, de valores, de seguridad y de empatía le falta al respeto al público de quien sigue viviendo, porque se dedica a dar conferencias hablando de su experiencia cobrándolas en un ojo de la cara. Y su discurso no solo insulta a la comunidad LGBTTTIQ, sino a todos, pues el camino construido para lograr el respeto hacia las preferencias de cualquier persona es un tema por el cual se sigue luchando y eso, es de lo que trata la ideología de género, no de imponer cosas de manera arbitraria, como trata de convencer a la gente. Habla de enfermedades de transmisión sexual, de depresión, de suicidio, de SIDA y demás, pero eso, también se da en el mundo heterosexual, no es exclusivo de comunidad alguna. Mauricio Clark promueve el odio aún cuando salga con un crucifijo en la mano; promueve que en las familias se sigan señalando a quienes deciden compartir sus preferencias sexuales; promueve la división, el señalamiento y el odio a las personas; su discurso para nada es de cariño, respeto, tolerancia y amor, porque estoy seguro, eso es lo que justamente le faltó y le sigue faltando. 

La cura a todo eso que él promueve no es que los homosexuales dejen de serlo, sino que en realidad exista respeto hacia cualquier persona, simplemente por el hecho de serlo. Porque en estos tiempos, ya no deberíamos estar a favor o en contra de la homosexualidad, simplemente es algo que ya no debería importarnos. Y con eso les comento amigos que tengo amigos y amigas homosexuales en varios ámbitos y son personas exitosas, coherentes, consideradas, amigables, cordiales y solidarias; y eso es lo que importa, sus preferencias no son ni de mi incumbencia ni de la de nadie. 

Y para muestra, aquí algunos artistas muy exitosos que han declarado abiertamente su homosexualidad: Juan Gabriel; Elton John; Michelle Rodríguez; Freddie Mercury; Ricky Martin; George Michael; Sam Smith; Adam Lambert; Ellen Page; Lupita Nyong’o; Neil Patrick Harris; Judy Foster; Helen Degeneres; Luke Evans y Matt Bomer, entre otros. 

Y para que terminemos de forma agradable hoy, les invito a que escuchemos este tema del maestro Elton John: 

“Dark” y sus alucinantes elementos


Ismael Ortiz Romero Cuevas

Mañana, viernes 21 de junio estará disponible la segunda temporada de “Dark”, la serie alemana de Netflix creada y dirigida por el cineasta suizo Baran Bo Odar. Una historia que se presentó sin mayores expectativas y que poco a poco se convirtió en un bombazo, pues el público del planeta entero cayeron (o más bien caímos) rendidos ante la tenebrosa historia, pero además en la belleza que la enmarca y las hábiles actuaciones que nos permiten observar que para el drama y el suspenso, el ‘timing’ también es de vital importancia; sin olvidar la bella selección de canciones que se hizo para la banda sonora que entre otras canciones, incluye la rolota llamada “Familiar” de la cantautora danesa Agnes Obel.

Los ejecutivos de Netflix han mencionado que es una especie de “Stranger Things” con un contexto más serio, comentario que no agradó a sus creadores y al público en general. Definitivamente, el ‘thriller’ alemán tiene algunas similitudes con la creada por los hermanos Duffer, sin embargo, uno de los elementos más cautivadores de la emisión europea es que contiene más abecés de ciencia que de fantasía. Ambas series inician con la desaparición de un niño habitante de un poblado sumido entre el bosque y donde acontecen situaciones paranormales, en este caso Winden, un lugar ficticio enmarcado con una planta nuclear que provee energía y que se vuelve una pieza medular para la trama. Uno de los grandes dramas vividos en “Dark” es precisamente el constante peligro que representa la mencionada edificación; incluso se mencionan el incendio de Schweizerhalle y el accidente nuclear de Chernóbil; sin equivocarme, eso da una especie de testimonio sólido a la ficción.

Otro elemento seductor de “Dark” es sin lugar a dudas los viajes en el tiempo. Y aunque sabemos que tal cosa no existe, la historia nos brinda explicaciones contundentes para generarnos la duda y pensar que puede ser posible. Primero, porque nos menciona que justamente el tiempo, se conecta cada 33 años, por ello, los acontecimientos se ubican en 2019, 1986 y 1953; cada 33 años, es cuando coinciden el ciclo lunar con el solar que han comprobado los astrónomos. Segundo, porque la máquina del tiempo se encuentra inspirada en el prototipo que presenta la cinta “La máquina del tiempo” dirigida por Simon Wells y tercero, porque la teoría sobre los viajes en el tiempo en la que se basa la serie, es la que propuso el astrofísico Stephen Hawking; ¿a poco no el argumento es infalible?

El número 33 se convierte también en una especie de clave para la serie y eso enmarca a un personaje en particular. El protagonista llamado Jonas en su versión adulta (Andreas Pietschmann) se comenta a sí mismo, es decir, a Jonas en su versión adolescente (Louis Hofmann) que a la edad de 33 años, comenzará el reino del anticristo; la escena posterior es donde se encuentra un personaje vestido de sacerdote católico: Noah (Mark Waschke), parado afuera de una iglesia en una de las tomas más perturbadoras del drama. Y ya que hablamos de Noah, ese personaje está basado directamente en la descripción del anticristo que viene en el Nuevo Testamento, específicamente en la epístola de Juan. Así es, la referencia es escalofriante.

La maestría en la creación de “Dark” no nada más es lo que se basa en la ciencia, sino que también combina con esos elementos, algunos símbolos de la alquimia, por ejemplo la llamada “Tabla esmeralda” o “Tabula smaragdina” cuya imagen aparece tatuada en la espalda de Noah. Ese escrito contiene en breves líneas, parte de la clave para alcanzar algo llamado la Gran Obra, que derivaría en la perfección que al conocer la psicología del personaje, sabemos que es algo que el misterioso sacerdote busca. Cabe aclarar que al momento de que la serie avanza, nos vamos dando cuenta que también este personaje (Noah) tiene algunas similitudes con Hitler, pero la serie al ser producción alemana, nunca nos dan esa referencia de manera clara por el mismo respeto hacia su población y la vergüenza que se sabe, sienten los alemanes hacia el infame dictador.

“Dark” se vuelve una serie no solo bella en su estética, también en la forma tan detallada en que están escritos todos los personajes y ese es otro elemento que se vuelve particularmente cardinal de entender. La historia cuenta con más personajes de lo común, lo que obliga al espectador a no solo poner atención en los acontecimientos, sino en la relación que cada uno de ellos guarda con todos, pues en algún momento, cada figura se volverá una pieza clave para la ficción. Los personajes fueron un componente también muy complejo para los escritores, se sabe que de hecho, así comenzaron a escribir el guión; abordaron en un primer momento cada uno de los personajes y después la analogía que llevarían para enriquecer la trama; ya estructurados, unieron la historia y salió lo que vimos en pantalla. Fue un trabajo que sin temor a equivocarme, debió ser minucioso y apasionante.  Por ello, la serie tiene una estructura atípica con respecto al común de las emisiones, puesto que cada capítulo nos presenta por lo menos seis actos escénicos, mientras que lo habitual es que incluso las películas, contengan cuando más tres.

Las referencias no se hacen esperar también en esta emisión que está llena de detalles. Vemos elementos de la cultura pop de la década de los ochentas como el video de la popular banda alemana Nena, el chocolate que en la actualidad de llama “Twix” y que hasta 1991 se llamó “Raider”, los autos y la tecnología; pero un detalle que muy pocos han notado es la referencia que la serie guarda con el mito de “Teseo y el Minotauro”. ¿Sorprendidos? Pues permítanme explicar: en el episodio 1×06, vemos la representación de una obra escolar donde actúa Martha (Lisa Vicari) y que es justamente esa fábula; en ella podemos observar el personaje de Martha entrega un hilo rojo a quien interpreta a Teseo para que pueda salir del laberinto. Ya en la trama de la serie, vemos como Jonas del futuro, se deja a sí mismo algunos artefactos para que penetre en la misteriosa cueva que se asemeja a un laberinto, entre ellos, una madeja de estambre rojo para no perder la salida… ¡a que esa no se la sabían!

Hace unos días, Netflix y Baran Bo Odar anunciaron que “Dark” tendrá tres temporadas y que en breve, se comenzará a filmar la tercera y última. No está por demás mencionarles queridos lectores que esta serie es una de las más grandiosas producciones que ha hecho la plataforma y que tuvo en diciembre de 2017, a todo el planeta enloquecido cuando se estrenó. El tiempo de filmación fue mucho y eso se debió a la minuciosa producción según su creador, pero asegura que los resultados valen mucho la pena. Si no te has asomado a ver “Dark”, créeme que no te vas a arrepentir. Eso nos recuerda que la manufactura alemana en cualquier ámbito no solo es funcional, sino además, algo sumamente bello. Este fin de semana, ya tenemos pretexto para “maratonear” y seguir con el planteamiento que nos taladra la cabeza: “la pregunta no es dónde, sino cuándo”…

80 años de Batman, el súper héroe que todos los súper héroes quieren ser


Ismael Ortiz Romero Cuevas

¿Qué les puedo decir de Batman que no sepan ya? Su historia ha sido retratada, copiada, llevada a diferentes universos en los comics y ha tenido versiones buenas, grandiosas y malas en el cine. Seamos honestos, Batman es más que un súper héroe, es toda una inspiración; alguien que nos enseña que podemos sacar fortaleza de la tragedia y el miedo.

Su fatídica historia ha sido uno de los acontecimientos más oscuros de las viñetas y del cine y es justamente el séptimo arte, el que ha vuelto al murciélago, alguien tan estimulante y aterrador que todas las cintas de súper héroes (aunque lo nieguen), tratan de emular sus hazañas y sus logros. Y es que ningún héroe salido de las historietas, ninguno, ha podido llegar a ser tan legendario y descomunal como Bruce Wayne en el traje del murciélago.

Fue en 1939 cuando apareció por primera vez en aquellas historietas llamadas Detective Comics (siglas de DC Comics). A lo largo de los años, el personaje sin embargo, se ha ido puliendo de una manera hasta como lo conocemos hoy en día. Por ejemplo, en un principio, Batman sí asesinaba a sus enemigos. Los escritores pensaban que al presentar un súper héroe sin poderes, debía cometer asesinatos para que la gente no pensara que era un justiciero inútil; sin embargo, esto se contraponía con su apatía de utilizar armas de fuego, pues fue una la que le arrebató a sus padres e hizo infeliz su infancia.

También, es sabido que en las ilustraciones, cada héroe tiene su antítesis. Así, en una compleja historia llevada a cabo en una realidad alterna, existe “Owlman” (hombre Búho), que es la versión maligna del encumbrado murciélago, miembro de la organización contraria a la Liga de la Justicia, el Sindicato del Crimen. De hecho, existe una teoría hecha por fanáticos que afirman que la serie “Gotham”, en realidad cuenta los orígenes de Owlman y no de Batman, pues en esa serie, Bruce Wayne (David Mazouz), crea empatía con algunos de los villanos y en algún capítulo de la tercera temporada, el chico afirma que su animal favorito es el búho. Esto, reforzó más la teoría sin embargo, no ha sido ni confirmada ni desmentida por WB Televisión ni Fox, la cadena que la emite en los Estados Unidos.

Otro dato curioso de mi héroe favorito es que en la serie de Detective Comics número 241, el tradicional traje gris con morado o negro del murciélago cambia y se convierte en una especie de Batman Arcoíris, ya que utiliza trajes de colores provocadores pero por una razón muy humana. En esa versión de los cómics, Robin es herido en uno de sus brazos al grado de que estuvo a punto de perderlo; por ello, Batman decide llevar trajes llamativos para que los villanos centren su atención en él y no en el joven maravilla.

En 1981 y 1995, en las historietas hubo un crossover DC-Marvel, cosa que esperamos que en el cine no suceda ¡por piedad!; sin embargo, eso sí pasó en los comics. En el primero, Batman derrota a Hulk (no podía ser de otra forma), cuando el Guasón convence al verde vengador de que Batman es su enemigo, derivando en una batalla cuerpo a cuerpo donde obviamente, la estrategia y la inteligencia resultan vencedoras, pero además, Batman también persuade a Hulk que no son enemigos. En el segundo cruce de universos, Batman hace equipo con el Hombre Araña para derrotar al Guasón y a Carnage. Aunque como siempre, Batman primero patea traseros y también lo hizo con ‘Spidey’, después concluye de que tienen que unir fuerzas para derrotar al enemigo.

Uno de los eventos más conocidos y que la verdad, sí deseamos ver en el cine es la versión de “Flashpoint Paradox”, donde Flash, que también tiene la habilidad de viajar en el tiempo, regresa al pasado para evitar que su madre sea asesinada por Reverse Flash. Sin embargo, este acontecimiento provoca muchos contrasentidos que alteran la realidad como la conocemos. Una de ellas, fue que en el mítico callejón del crimen, es Bruce Wayne de niño quien fue asesinado; induciendo esto a que Thomas Wayne, se convierta en Batman, pero además, siendo un vigilante mucho muy sanguinario con los enemigos y Martha Wayne, al no soportar la muerte de su hijo, pierde la razón convirtiéndose en el Guasón. ¿A poco no suena tentadora esta historia para un giro del casi extinto DCEU?

Y en las viñetas, Batman se ha convertido en el dios de la sabiduría y ha muerto 12 veces a lo largo de los diferentes giros argumentales y universos creados a partir de los súper héroes. Eso, es algo que hace que no se nos olvide que ante todo, Batman es un humano. Y por eso, estoy seguro, que todos los súper héroes (y muchos mortales) quisieran ser Batman. Y creo queridos lectores que me han faltado más de mil datos sobre este fascinante personaje que nos ha cautivado a más de uno, así que si se saben más, no duden en compartirlos; por lo pronto no nos queda más que decir: ¡Felices 80 al súper héroe de todos los súper héroes!

“The Umbrella Academy”: Entre aprobaciones y escupitajos


Ismael Ortiz Romero Cuevas

Siempre es muy difícil adaptar un cómic a una película o a una serie de televisión. Lo es porque generalmente los fanáticos más vigorosos de las viñetas, encuentran defectos sustantivos a los arreglos que se le tienen qué hacer a las historias para que puedan ser contadas en televisión o en el cine. Vamos, siempre terminan envueltas en polémicas hasta coléricas por lo que le hacen a sus personajes que aman en las publicaciones y que a veces (y según el público fiel), son destrozados por los realizadores o cineastas.

Este año, Netflix se arriesgó a hacer su propia serie de súper héroes que lanzó casi en conjunto con “Titans”, que recordemos es de la plataforma de DC-WB, y no de Netflix aunque en los créditos aparezca que sí, solo porque compraron los derechos para América Latina.  Así, a mediados de febrero lanzó “The Umbrella Academy”, basada en los personajes de la historieta del mismo nombre, creada por Gerard Way (vocalista y líder de la extinta banda de rock y pop-punk “My Chemical Romance”) y Gabriel Bá, la cual cuenta la historia de una familia muy peculiar de niños especiales y con capacidades extraordinarias, que son criados por un excéntrico millonario para convertirse en súper héroes; sin embargo, es el conflicto familiar lo que sazona de una manera muy particular la historia. De entrada, suena bien que unos personajes con características especiales y súper poderes, sufran por cosas tan cotidianas como los simples mortales, sin embargo, si por algo “The Umbrella Academy” fue tan exitosa en los cómics, fue porque la historia era compleja y poco convencional.

Netflix encargó a Steve Blackman la realización del teledrama, un director que ya nos ha entregado historias sumamente dignas como “Fargo”, “Altered Carbon” o el drama médico “Addison”. Y eso fue el primer dilema entre los fanáticos, ya que estas tres exitosas series son tan diferentes entre sí, que no sabían en realidad qué esperar con la de los héroes disfuncionales.  

He de confesar que tuve que indagar algunas situaciones para conocer un poco más de “The Umbrella Academy”, y debo decir también que me parece una especie de versión emo y punk de “Doom Patrol” de DC, que como breviario cultural para los millenials, es de donde Marvel copió a los “X-Men”. La serie intenta atraparnos en el primer capítulo, sin embargo, el planteamiento resulta tan largo que la atención del espectador promedio se pierde antes de la mitad del episodio, y si eso me pasó a mí que no soy fan, supongo que los seguidores fieles tuvieron ganas de azotar contra el suelo la computadora, la tableta o el dispositivo donde lo hayan visto. Con todo y Pogo (Adam Godley), el chimpancé mayordomo súper dotado, el episodio resulta un tanto aburrido aunque va tomando forma hacia el final.

La serie se centra en los volúmenes del cómic llamados “Apocalypse Suite” y “Dallas”, donde muchas locuras y situaciones increíbles suceden, cosa que en la serie obviamente no. Indiscutiblemente, también eso fue un problema para los seguidores que simplemente no engancharon con nada. Ya ni hablamos de Cha-Cha (Mary J. Blige) y Hazel (Cameron Britton), que nos quedaron debiendo muchísimo, incluso a quienes no conocíamos la historieta y que esperábamos un comportamiento mucho más violento y sangriento de estos excéntricos y cautivadores personajes.

Sin embargo también hay que mencionar las cosas increíbles que tiene, que aunque se apegue poco a las historietas, tiene elementos muy rescatables. Para comenzar, se supone que el personaje principal es Vanya (Ellen Page), la heroína número siete que no tiene ninguna habilidad especial más que tocar el violín y no de forma tan destacada en un inicio; sin duda ella es lo mejor de todo el culebrón. Sin embargo, la actuación de los personajes llamados Klaus / Número Cuatro y The Boy / Número Cinco interpretados por Robert Sheehan (que ya nos demostró sus grandiosas habilidades histriónicas en la película “Un hogar para nosotros” donde interpretó de manera magistral y muy emotiva a un adolescentes con síndrome de Tourette) y por Aidan Gallagher, el actor de 15 años de la serie “Nicky, Ricky, Dicky y Down” de Nickelodeon, respectivamente y que son realmente quienes sin querer se roban el drama con sus interpretaciones tan intensas y convincentes, haciendo de manera recurrente, que la trama principal sea la que como espectador la coloques en segundo plano para esperar el conflicto entre los menos convencionales de los ya de por sí extraños hermanos. Algo que vale mucho la pena destacar también, es la atmósfera oscura y un tanto “noir” que nos retratan, presentando gracias a eso, imágenes que nos recuerdan a los cómics impresos en color sepia, transportándonos a un viaje en el tiempo de cuando sentíamos que leíamos una historia mucho más seria que de ficción.

Como siempre, estimado lector les comento que la mejor opinión será la de ustedes pero, me atrevo a decir que si ya Netflix nos ha presentado trabajos colosales como “Dark”, “The Crown”, “Stranger Things” y más recientemente “The Bodyguard”, yo al menos, esperaba mucho más de la serie inspirada en el equipo de los más inauditos y sociópatas súper héroes. Ahora sí que verla, lo dejo a su criterio.