El Oscar de Kobe Bryant


Ismael Ortiz Romero Cuevas

El domingo 26 de enero transcurría como cualquier otro domingo. Sin sobresaltos y la mayoría de nosotros, estábamos disfrutando del día como sea la forma en que la pasemos. Y déjenme contarles, queridos lectores, que en mi caso particular, nos encontrábamos en la comida familiar cuando alguien, de entre las risas y la comida, sacó su celular para revisar cualquier dato para enriquecer la conversación y pronunció una noticia que dejó a todos en silencio en la mesa: “Murió Kobe Brayant”, dijo. 

La afirmación lógica ante tal aseveración en la mesa fue la de otro de mis primos que dijo: “¿no será una ‘fake news’?… ¿No dice cómo murió?” a lo que quien había dado la noticia, contestó de manera negativa. Al paso de los minutos, la información fue fluyendo y corroboramos todos los datos que hoy, ya sabemos de sobra. 

Y aunque todos nos sentimos conmovidos ante la pérdida de una leyenda, no solo del baloncesto, sino de la filantropía y de las causas humanitarias, hoy quiero que recordemos el paso por el cine del gran Bryant, con un corto animado que obtuvo el Oscar en esa categoría en 2018 y que además, muestra quizá una de las perspectivas más humanas y humildes de la estrella de la NBA. El origen de este corto, llamado “Dear Basketball” (Querido baloncesto), es una carta que en 2015 Kobe envió a The Player’s Tribune donde anunciaba su retiro de no solo su deporte favorito, sino de la actividad que se había convertido en su forma de vida. 

“Dear Basketball” entonces, se lanzó en el día en la ceremonia de retiro del astro, en 2017, cuando además, los Lakers retiraron los números 8 y 24 que habían sido utilizados por Kobe de sus camisetas. En esa ceremonia se hizo público también que el corto, estaba pre seleccionado para competir por el Oscar en su categoría. Los aplausos no se hicieron esperar. Dirigido por Glen Keane, un grande de la animación además, al estar al frente anteriormente de grandes proyectos de la casa Disney como “La sirenita”, “La bella y la bestia” y “Aladdin”, le daba toda la experiencia para dirigir este corto que además, podemos catalogarlo como una joya emotiva en blanco y negro, no solo sobre la historia de un personaje en específico, sino como una lección de superación y resiliencia en el que el mensaje es que de alguna u otra forma, los sueños se pueden lograr trabajando por ellos y enfocándonos en la meta. La guinda de este grandioso cortometraje es la música del gran John Williams, quien puso las notas justo en el lugar en donde nuestras emociones vibrarían y hace que nos sintamos no solo conmovidos, sino valerosos de poder repetir una historia como la de Bryant. 

Y para prueba, recordemos el discurso de aceptación del Oscar, cuando el elenco de “La guerra de las galaxias” con todo y BB8, le entregaron a Keane y a Bryant  el trofeo y donde el director de reconocía el talento para forjar su sueño desde las adversidades y por encontrar en su interior la pasión y la perseverancia de hacer posible lo imposible. Un discurso realmente vibrante. 

Como todo grande, como toda leyenda; el paso de Kobe Bryant en el séptimo arte tenía qué dejar huella y la mejor forma de representar su legado, es el corto de menos de cuatro minutos y que puede representar una lección de vida profunda, certera, conmovedora y hasta inclemente. Así, la pérdida de uno de los seres humanos más carismáticos y queridos del planeta, nos recuerda cuán frágil puede ser la vida y que depende de nosotros, dejar un legado de buenos recuerdos y de una carrera impecable en todos los rubros en los que estuvo, así, tal como Cobe. Así, el ganador de cinco anillos de Campeón de la NBA, dos medallas olímpicas, con el título de Líder Anotador de todos los tiempos de los Lakers, también se alzó con el máximo trofeo de la industria del cine por su conmovedora carta. Así, el legado del “Black Mamba”, nos sigue sorprendiendo, aunque el domingo no hayamos podido con el gran nudo en la garganta que dejó su partida. 

“La academia” y sus recursos para combatir la baja audiencia


Ismael Ortiz Romero Cuevas

Créanme queridos lectores que no sabía que en este momento se encuentra al aire, en las pantallas de Televisión Azteca, una emisión más de “La academia” que creo, va como por su generación 150. Y es que hace mucho que ese reality show dejó de ser del interés no solo de un servidor, sino que creo, ya de la mayoría de la gente. 

Y esta vez me enteré porque hace unos días, revisando mi Twitter (@iorcuevas), vi una publicación que se había hecho viral y hasta hilos compartían de algo que había sucedido. Resulta que para esta generación, contrataron como críticos a la cantante y actriz Danna Paola, a Horacio Villalobos, a Alexander Acha y nuevamente a Arturo López Gavito, quien hace unas tantas generaciones, hacía una mancuerna de lo más insolente con Lola Cortés. Y resulta que se hizo viral un acontecimiento que, a mi juicio, son más patadas de ahogado para conseguir audiencia que lo que en realidad fue. 

Resulta que en el momento de dar la crítica a un alumno llamado Gibrán, Danna Paola le recriminó el haberle llamado “culera” en una de las tantas conversaciones que los alumnos tienen en casa, con el que sea de sus compañeros. Como sabemos, en los reality shows hay material grabado de las 24 horas y de los siete días de los chicos que viven ahí para que tomen clases y según se hagan artistas; entonces, no es tan difícil tomar alguna actitud o comentario de cualquiera de ellos para convertirla en un escándalo, y que dicho sea de paso, los participantes también se prestan a todo ese tipo de humillaciones por estar bajo las cláusulas de un contrato, que es firmado por ellos antes de que ingresen; entonces, dentro del concierto y sin una sola actitud de mesura, respeto y valores (que tanto los defiende Azteca), hacen una humillación pública a nivel nacional al participante que con solo verle la cara de que no sabía ni qué pasaba, era de pena ajena y de una incomodidad indescriptible incluso, para quienes vimos el video en Youtube y no en vivo. Y no es que defienda al alumno ni a Danna Paola, lo que considero una actitud ventajosa, es que una profesional del medio del entretenimiento se haya prestado a una falta de respeto gigantesca hacia un alumno que se supone no lo es, y menos con habilidades para el manejo de medios de comunicación. Así, mostrándonos unos 10 segundos de video como evidencia, donde el chico Gibrán comenta con su novia que conoció a Danna Paola y que le había dicho algo así como “gracias por ser tan culera conmigo”, le sirvió perfecto a la producción para, no sabría decirles si en complicidad o manipulando a la actriz, que ella se pusiera en la posición de víctima por un video que, a decir verdad, nos presentó un contexto a medias y un comentario más coloquial que ofensivo.

Pero este tipo de manipulaciones y engaños no son estrategias nuevas en este reality, que se ha distinguido por realizar todo tipo de embelecos para conseguir audiencia. Recordemos que “La academia” solo fue un fenómeno televisivo con su primera generación, aquella donde estaban Myriam, Nadia, Yahir, Víctor, Raúl y demás compañía; su segunda generación fue un éxito gracias al arrastre de la primera. Pero a partir de la tercera generación, el formato comenzó a desgastarse y el rating ya nunca fue el mismo; y desde esa tercera generación entraron a formar parte de la mesa de críticos Óscar Sarquiz, Mimí (ex Flans), Lola Cortés y Arturo López Gavito ya como colaboradores de planta; y fue justo en esa generación también donde se encontraba un chico llamado Ricardo, al que Lola Cortés no dejaba de “lanzarle los perros” cada que podía; fue también en esa generación donde comenzó aquella polémica agresiva entre críticos y donde el blanco fue Mimí, burlándose de ella al descalificarle todos sus comentarios y diciéndole que vivía en el “planeta Mimí”. Durante la cuarta generación la manipulación fue más allá. La audiencia iba cada vez más a la baja y en esa emisión, donde estaban Yuridia y Erasmo Catarino, también estaba una alumna llamada Jolette; una participante tan bella como mediocre y que al menos a mí, me puso a pensar seriamente en que fue contratada por la producción para prestarse a un juego malévolo y perfectamente montado con el fin de generar polémica y obvio, atraer audiencia. En esa generación, Mimí deja la mesa de críticos y contratan a Ilse Olivo, otra ex Flans y con quien Lola tuvo discusiones y enfrentamientos acalorados, impertinentes y que hasta rayaban en lo ridículo. Años más tarde, la misma Lola Cortés aceptó en una entrevista en Monterrey que esa situación, fue un completo montaje. 

Y así, podemos repasar un montón de las más vulgares artimañas de las que se ha valido esa emisión para conseguir audiencia. Hubo una chica de nombre Tadeo en otra de las tantas generaciones, y que también discutía con Lola y Gavito de una forma muy hábil y hasta grotesca. O cuando trataron también de humillar a una concursante llamada Denisha en ya no sé qué generación y donde el conductor de esa emisión en ese entonces, el chileno y antipático Rafael Araneda, trató de exhibir uno de los trabajos de esa participante; pero como dice el dicho, esa vez “fueron por lana y salieron trasquilados” porque Denisha terminó sometiendo a él y a Bibi Gaytán que también fungía como conductora. Asimismo, inventaron un embuste diciendo que Eduardo Capetillo andaba con una alumna, que derivó en la supuesta aclaración del entonces director y armando un escándalo del cual salió despedido por no prestarse al juego no sé si de la televisora o de la producción. Otra fue cuando pusieron a Lola Cortés de directora y renunció en uno de los arrebatos más ridículos vistos en televisión o la cajita que tanto alardeó Gavito para entregarle a Lola. La acción más desesperada creo yo, fue la contratación de Adal Ramones para el regreso “triunfal” del reality, para ser el conductor estelar; la situación es que no pasó absolutamente nada. La gente no regresó a ver “La academia” y a los millennials no les pareció nada atractiva la emisión. 

Y por todo el recuento de algunas de esas sucias argucias de las que se ha valido “La academia” para obtener rating, es que el reclamo, legítimo o no, de Danna Paola pierde toda validez al ponerse en tela de juicio la autenticidad de lo que reprochaba; y no por ella, sino por el historial de la emisión, de la que ya se sabe inventa todo este tipo de jugarretas para generar morbo. En este intercambio nadie es víctima ni victimario, pues la actitud de la actriz de ponerse al “tú por tú” con un alumno que se supone, es inexperto en el manejo de imagen y medios de comunicación, demuestra que puede ser manipulada o que es poco profesional en para afrontar este tipo de situaciones, pues no olvidemos que la posición de poder, la tiene ella. El participante sabe de antemano que todo lo que diga, por estar grabado en todo momento, puede ser utilizado en su contra y con el único beneficio de la emisión y eso, lo comprobamos al día siguiente, cuando también fue prácticamente exhibido por los conductores de la revista matutina de esa empresa.  Con esto, nos debe quedar claro que este programa, apela únicamente al morbo de su audiencia y que lo último que le interesa, es generar cantantes. 

“Inesperado” y las razones que ha dado Verástegui para que no se me antoje verla


Ismael Ortiz Romero Cuevas

El tema pro vida y la legalización de la interrupción del embarazo ha sido polémico por su naturaleza. Como siempre, hay gente que argumenta sus razones a favor y en contra; aunque las opiniones que apoyan el movimiento pro vida en general se centren en creencias religiosas y moralinas más que en argumentos sólidos o incluso científicos, finalmente son opiniones y son respetables. Lo cierto es que el ejercicio de ese derecho lo que hace es garantizar una atención médica profesional y condiciones sanitarias óptimas y que lo ejerza para quien hacerlo sea la mejor opción y que no lo haga quien también así lo decida. 

Y justamente con respecto a la interrupción del embarazo, se ha estrenado una película producida por la compañía Pure Flix, que se dedica específicamente a propagar temas relacionados con el cristianismo evangélico y de donde es accionista el mexicano y ex sex symbol Eduardo Verástegui, quien ha sido la imagen de promoción para la cinta en nuestro país. A lo largo de varios días desde su estreno, la semana pasada, el ex Kairo ha visitado diferentes espacios de medios de comunicación para hablar de “Inesperado”, pero desató tanta polémica, que las cosas no fueron del todo favorables. 

Ante los cuestionamientos lanzados por algunos presentadores y conductores de espacios de prensa escrita, radiofónicas y de televisión, Eduardo Verástegui se dedicaba más que a promocionar la cinta, en mantener una postura pro vida con un argumento punitivo que lo pronunciaba desde el enjuiciamiento, y en eso se encontraba mucho más interesado, que en invitar a la gente a acudir a las salas para ver la película y mucho menos, promoviendo el respeto hacia las ideas y posturas de cada persona. Verástegui se enunciaba a favor del encarcelamiento de las mujeres quienes han interrumpido su embarazo por la razón que fuera o de preservar la vida desde la concepción, basado en posturas religiosas más que científicas o sociales. Así, el ex cantante y actor, se enfrascó en discusiones con Joaquín López-Dóriga en su noticiario de Grupo Fórmula, con los conductores del programa de revista “Sale el sol” de la cadena Imagen Televisión o con Maca Carriedo (con quien por cierto, difiero en muchas cosas) en el noticiario de Adela Micha para Excélsior por ejemplo y que no llevaron a ninguna parte; vamos, no pudo ni siquiera tentar a los sectores que apoyan la interrupción del embarazo en que la postura pro vida es la mejor opción y mucho menos, en motivar al público para ir a las salas de cine a ver la película. 

La sentencia, fue el discurso constante del hoy promotor de la vida y la moral, argumentando además que la interrupción legal del embarazo es un asesinato y que ante todo, se está acabando con la vida de un ser “hecho a imagen y semejanza de Dios” según sus mismas palabras. Sin embargo, eso ante todo, me ha desencantado en darle a la película una oportunidad para verla y hasta para disfrutarla. Si algo como público me genera molestia es que personas ajenas a la historia de cada quien, a mi historia, se sientan con la autoridad moral para decirme el “camino correcto” y lo peor, que intenten según ellas, educarme. El cine como cualquier expresión artística, debe contener cierto contenido social para que pueda incluso ser entendido, sin embargo, siento que por lo menos a mí, me faltan al respeto cuando tratan de adoctrinarme en la postura que sea; así, Verástegui con todo y su devoción a la Virgen de Guadalupe, logró ponerme de malas con sus entrevistas plagadas de juicios hacia el público al tratarnos como si no tuviéramos criterio, al asegurar que son ellos, con su discurso extremista quienes poseen la verdad para llevarnos por “el buen camino”. Ese enclave y no el contenido de una supuesta reflexión de alguien que cambia su visión hacia el tema, me hizo ya no querer comprar un boleto para ir a ver la película. El discurso de Verástegui me quitó las ganas de ver “Inesperado” y de quitarle incluso el beneficio al menos, de mi duda, pues me hizo sentir, que promueve la división hacia una postura que debía ser respetable, tanto como la de quienes abogan por la contraria. 

La crítica especializada, tampoco ha sido benevolente con “Inesperado”; pues Rotten Tomatoes la ha calificado con una puntuación del 50%, considerándola en su escala de evaluación como “Podrida”, asimismo, Metacritic la tiene con una puntuación de 11 sobre 100, es decir “mala”, con comentarios como: “una cinta con una postura que provocará más división en el ya de por sí polémico tema” u otros que la han catalogado como “un desagrado abrumador”. Lo cierto, es que no tanto por la crítica, sino por los comentarios que he considerado como insolentes y lamentables de quien la promueve, he decidido decir que con esta película, yo paso. 

Una aterradora y gran sorpresa francesa


Ismael Ortiz Romero Cuevas

El pasado 13 de septiembre que por cierto fue viernes, me llegó la notificación de Netflix anunciándome que se estrenaba una nueva serie y que prometía, ser más aterradora que su anterior propuesta del género: “La maldición de Hill House”. Se trata de “Marianne”, una serie de manufactura francesa que según nos dijeron en ese anunció, era mucho más aterradora y mejor lograda que la de los hermanos distanciados por la casa embrujada.

Y me dispuse a verla queridos lectores con una especie de escepticismo, porque eso de ser seguidor, sin llegar a ser fanático, del género pues me hace tener un poco de práctica en esto de ver series y películas de horror. Y en efecto, “Marianne” cumple lo que promete: es aterradora, es vertiginosa, es misteriosa y tiene una fotografía grandiosa. Y sí, es mucho más aterradora que cuantiosas series, incluso más que algunas películas que se han presentado en estos últimos años. “Marianne”, literalmente no te suelta en ningún sentido, desde el primer capítulo, desde el primer minuto. 

Es cierto, la serie dirigida por Samuel Bodin, cineasta francés de quien podemos decir que estamos ante su debut internacional en grande, tiene algunos clichés, aunque yo preferiría llamarles homenaje, a prácticamente todo lo hecho en el género, sobre todo, a obras de Stephen King que se han llevado al cine y momentos que nos recuerdan a la cinta “La profecía” de 1976 y dirigida por Richard Donner y algunos otros que son como “El exorcista” e incluso como “Stranger Things”. Sin embargo, eso no le quita mérito a una serie que se encuentra estructurada para que la pensemos dos veces antes de apagar la luz y dormirnos. 

La serie nos cuenta la historia de Emma (Victoire Du Bois), una joven escritora que ha ganado celebridad gracias a sus novelas de horror, donde la protagonista es justamente Marianne, una espeluznante bruja que en algún momento de su infancia la atormentó en verdad. Cuando Emma, decide culminar la saga, la bruja decide poseer el cuerpo de la señora Daugeron (Mireille Herbstmeyer) y así, obligarla a que siga escribiendo sobre ella. Sí, muy al estilo “Misery”.  Y es precisamente gracias a la actuación de Herbstmeyer que “Marianne” nos aterra desde el capítulo uno de la serie; su rostro serio, su imagen frágil y su mirada desconcentrada y perdida, hace que prácticamente sintamos que el corazón se nos va a salir por la boca, de verdad su actuación es magistral. Eso, sin demeritar que el género por sí solo, es uno que la gente ama por el motivo que sea y por eso, resulta tan redituable. 

Quienes son fieles seguidores del horror en cine, plataformas o televisión, “Marianne” no solo representa un vuelco en la manera de presentar éstas historias, sino que nos envuelve con un guión apasionante y excelentemente bien logrado, además de que la dirección tanto de elenco como de fotografía, no deja de sorprendernos. Las imágenes envueltas en ese filtro de tonalidad azul, resulta en una atmósfera no solo fría, sino angustiante y hasta solitaria. 

“Marianne” cuenta con ocho episodios solamente, sin embargo eso no ha sido impedimento para que el público suscriptor de la plataforma y un sinnúmero de críticos estén hablando muy bien de la serie, pues además de todo, muestra gran calidad en los momentos más pavorosos y de mayor tensión; sin dejar de lado las grandiosas actuaciones, la belleza y ‘timing’ de Victoire Du Bois, el vibrante guión y la estupenda y bella fotografía. La propuesta francesa de horror en las series para streaming, sin duda que ha sido una verdadera y grata sorpresa, posicionando ya a “Marianne” como una de las producciones más aclamadas y comentadas de Netflix, que sin lugar a dudas, vuelve a tener una gran anotación con esta historia que llegó sin el mayor ruido. Para los amantes del sobresalto, ahora sí existe una serie que nos pondrá con los pelos de punta; una serie que ahora sí, está cumpliendo con su labor. Si ese género no es lo tuyo, mejor sigue viendo “Friends”. 

13 razones y ni una sola para disfrutarla


Ismael Ortiz Romero Cuevas

Hay que ser honestos. La primer temporada del drama de Netflix, “13 Reasons Why” que se estrenó en 2017 fue algo sin precedentes. Los capítulos estaban plagados de pistas y de un ritmo tan bestial que era prácticamente imposible dejar de verla. Cada episodio correspondía a una de las cintas que había dejado Hannah Baker (Katherine Langford) y cómo cada uno de los personajes tenía cierta responsabilidad en su suicidio. La primer temporada tampoco fue tersa y fácil de asimilar; todo lo contrario. El misterio y la atmósfera solitaria y fría daban a cada suceso un toque de belleza combinado con desesperanza. Incluso, aquél tan polémico, cuando Hannah decide quitarse la vida y que nos llenaba de advertencias por si lo veía un adolescente a solas, o bien, para poder orientar si es que conocíamos a alguien en una situación tan desesperada. Hay que decirlo, la primera temporada nos sorprendió de manera cómo, al menos a mí, hacía mucho tiempo no me pasaba; hay que aceptarlo también, la primer temporada fue tremendamente buena. 

A decir verdad, pienso que Netflix debió haber dejado hasta ahí la emisión, puesto que el libro escrito por Jay Asher culmina más o menos similar a cómo concluyeron el drama televisivo. Pero fue tal el impacto, que por ello se aventuraron a realizar una segunda temporada que resultó terriblemente aburrida pese a que prácticamente todo el elenco estaba de vuelta, incluyendo a Hannah. Así, vimos que la polémica nuevamente acompañó a historia, pero porque ahora parecía que estábamos viendo una serie sin rumbo, con personajes enmarcados en el cliché y aportando quizá nuevas características a los personajes, reivindicando incluso a algunos a quienes Clay (Dylan Minnette) había dejado al descubierto como responsables directos de la decisión de Hannah y la decepcionante exoneración del gran villano de la historia: Bryce Walker (Justin Prentince). Aún con eso, la segunda temporada en realidad poco tuvo qué ver con esos capítulos perfectamente realizados en la primera. En pocas palabras: fue decepcionante. 

La tercera temporada entonces no era un producto tan necesario. Vamos, ni siquiera era como de las más esperadas en la plataforma, hasta que Netflix decidió que sí y se atrevieron a lanzar la “esperadísima” tercera parte. Nuevamente centrados en un asesinato, pero ahora del personaje de Bryce Walker, la historia que desarrollan es una completamente ajena a la planteada originalmente. Y mientras en la primera entrega, la serie nos generaba pensamientos de que acontecimientos así podrían estar sucediendo en realidad, ésta vez parece que estamos siendo testigos de uno de los más acalorados dramas juveniles que producía Emilio Larrosa en Televisa en la década de los noventas. Así es, a eso ha decaído, a una telenovela juvenil espeluznantemente macabra. 

Todos los personajes estaban ahí. Vemos nuevamente a Clay al lado de sus amigos: Jessica (Alisha Boe); Tony (Christian Navarro); Justin (Brandon Flynn); Zach (Ross Butler); Alex (Miles Heizer); Tyler (Devin Druid) y esta vez Ani (Grace Saif), quien se convierte en la protagonista femenina; eso sí, todos los actores rebasando de forma gloriosa a los personajes ahora escritos de manera desordenada y con ocurrencias; el elenco juvenil y su trabajo es de lo poco que ahora vale la pena. No falta ningún personaje, el problema es que la historia no tiene relación con la primera hasta los últimos episodios, eso sí, siempre y cuando no te aburra antes y dejes de seguir la emisión ahí por el capítulo cinco o seis. 

Los episodios de esta tercera entrega si bien, nuevamente están perfectamente cuidados estéticamente hablando, lo cierto es que se vuelven innecesariamente largos, lo que hace que la historia se prolongue demasiado con tal de que vuelva a tener los emblemáticos 13 capítulos. Pudieron hacer algo épico y hacernos pensar que en efecto, era necesaria una temporada tres. Al contrario de eso, las razones para verla cada vez se agotan más y aunque dejaron algunos cabos sueltos para continuar la historia, hay que saber retirarse a tiempo y respetando su propio producto, sería mejor que la dejasen hasta ahí; antes de que termine siendo algo tan ridículo, que no sea recordada ni por sus mejores tiempos, sino por más bien, poetizar ya de últimas de una forma vergonzosa, el más puro amarillismo en una historia que ya no tiene razón de ser. 

“Stranger Things” y su evolución


Ismael Ortiz Romero Cuevas

No es nuevo decir que “Stranger Things” se ha convertido en una de las producciones emblema de la plataforma Netflix. Desde que se estrenó en 2016, nos dejó a todos con un recorrido de emociones como hacía mucho no se hacía en algún otro drama, ya sea de cine o de televisión. Es cierto, la temporada uno tuvo sus detalles, pero aún así, tuvo los elementos y ‘timing’ necesario para que en pocos meses, fuera catalogada ya como una serie de culto. 

Y es que a quienes conforman esta generación millennial, les encantó la trama llena de misterio y fantasía que combinada con el ritmo de la serie más el carisma de los niños protagonistas, hizo una historia al mismo tiempo vertiginosa y emotiva. A los que somos un poco más grandes, a quienes conformamos la generación X, a parte de todo lo anterior, nos dieron justo en la nostalgia, pues notamos referencias a cintas simbólicas ochenteras, desde “Cuenta conmigo”, “Cujo”, “Eso”, “E. T. El extraterrestre” y casi a todas las basadas en novelas de Stephen King y de Steven Spielberg; además de su fantástica banda sonora que incluía temas que iban desde Michael Jackson, Madonna hasta The Clash y que no solo nos hizo seguirla, sino amarla. De la primer temporada a la segunda, hubo una evolución importante, pues aunque en la primera entrega vimos la historia centrarse en la desaparición de Will Byer (Noah Schnapp) y las aventuras de sus amigos para resolver el misterio más el drama de Joyce (Winona Ryder) por la pérdida de su hijo, en la segunda nos llenaron la serie de sub tramas que dejaron la puerta abierta a más posibilidades de alargar la historia. 

Así, el pasado 04 de julio se estrenó la esperadísima temporada número tres, que como ya sabemos, se ubica en 1985, es decir, un año después de donde se ubica la temporada anterior y eso, quizá para justificar de forma más real el crecimiento de los niños protagonistas. Conformada por ocho capítulos, nuevamente atestiguamos una evolución si bien lógica, en muchas ocasiones resulta en circunstancias un tanto predecibles. La crítica ha catalogado a esta entrega como la mejor de las tres, y quizá sí lo sea para quienes la han seguido desde el principio, aunque es justamente ese público cautivo que ha notado ciertos detalles que no los han convencido del todo. 

Uno de esos pormenores es lo que a leguas se nota: los acuerdos comerciales a los que Netflix llegó para tener la producción de la calidad que nos han entregado; vemos marcas de ropa, de tenis, de juegos de video, etc., pero el colmo fue el gran comercial de Coca-Cola del que sin tapujos presentan; pues incluso hay un capitulo en el que los chicos se la pasan hablando quizá más de un minuto de lo “deliciosa que es la nueva New Coke”, una gaseosa que justamente el emporio refresquero presentaba en 1985, año en que se desarrollan los acontecimientos.   

La tercera temporada como cualquier serie de televisión cuenta con algunos detalles que nos podrán gustar o no; pero en realidad se vuelven mínimos al descubrir que las tramas alternativas se vuelven más maduras e interesantes, que los chicos pasan a la adolescencia de una forma divertida y tierna; no importan también si ponemos atención en la producción, en los efectos, en la fotografía, en la edición, en la iluminación y obviamente en las estupendas actuaciones (otra vez Winona Ryder se roba toda la serie). Sin temor a equivocarme, nuevamente estamos ante un espectáculo televisivo que nos vuelve a sorprender, presentándonos giros de trama sorprendentes, de esos que nos encantan a todos; además de un episodio final delirante, vamos, todo un espectáculo televisivo. 

Podemos quejarnos de los comerciales o de las vueltas que le dan a las situaciones para llegar a lo que nos habíamos imaginado (sí, en ocasiones es muy, pero muy predecible), sin embargo, eso no le quita mérito a esta producción que nos vuelve a dejar asombrados y queriendo más. Los hermanos Duffer, creadores de la serie, dijeron en el momento de post-producción de esta T3, que “Stranger Things” estaba planeada para cuatro temporadas, sin embargo, muchos medios de comunicación y algunos youtubers que se dedican a esto de la farándula, han asegurado que Netflix se encuentra ya en negociaciones para producir dos temporadas más; eso, no sé si me alegra o no, pues para que una historia se vuelva épica, siempre hay que saber terminarla en el punto más alto. Y a todo esto, sí, hay que ver la T3 de “Stranger Things”, de a poco, pero sí verla.