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Gripe aviar revela avaricia de comercializadores

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+ El primer gasolinazo fue también de ambiciosos

Un brote de gripe aviar contagió más de dos millones y medio de aves en la región occidental de nuestro país. De todas las aves infectadas, alrededor de un millón murieron o fueron sacrificadas, y esto obligó a declarar la emergencia sanitaria en uno de los principales asientos de la industria avícola del país. Aunque esto se preveía como una contingencia de consecuencias catastróficas, lo único realmente grave y lamentable que ha dejado toda esta historia es la comprobación de la codicia y la avaricia de quienes, especulando con la comercialización y valiéndose de verdades tergiversadas, han tratado de aprovechar la ocasión de obtener ganancias arteras e injustificadas.
En los últimos días se informó que el gobierno mexicano había decretado, desde el lunes pasado, un dispositivo de emergencia de salud animal en todo el país, a raíz del brote provocado por el virus de la influenza aviar tipo A, subtipo H7N3, que no afecta a los seres humanos, según las autoridades.
Según la información publicada por diversos medios informativos de la capital del país, el brote fue detectado el 20 de junio en una zona de granjas que comprende los municipios de Acatic y Tepatitlán, que concentran la principal zona avícola del estado de Jalisco, el estado mexicano que lidera la producción de huevos. En la zona del brote se concentra una parvada de 14.4 millones de aves de los 90 millones que se estiman viven en Jalisco.
Una vez que se supo lo anterior, comenzó la especulación no de quienes producen, sino de quienes se dedican a la distribución y comercialización sobre todo del huevo de gallina. De inmediato, por todo el país comenzaron a brotar denuncias de personas y comunidades enteras, que aseguraban que argumentando la gripe aviar, en sus localidades se había dado un alza importante a los productos avícolas como el huevo.
En varias zonas del país se detectaron incrementos de casi el 100 por ciento respecto al precio que tenían antes del brote. Esto, también generó la idea de que se podía importar huevo para evitar el alza generalizada. Todo iba en una carrera desenfrenada, en la que los únicos que pagaban las consecuencias eran los consumidores que ya pagaban altísimos sobreprecios por los productos avícolas, hasta que el mismo gobierno federal debió aclarar que no había tal escasez de productos, y que por tanto cualquier alza de precios sería producto de la especulación y no de un encarecimiento justificado del precio del huevo y del pollo.
De hecho, el secretario de Economía del gobierno federal, Bruno Ferrari, afirmó tajante que no hay justificación para los elevados precios que registra el huevo y que si su cotización, es alta responde a especuladores y personas que buscan beneficiarse del actual contexto de la influenza aviar. El funcionario dijo que ya se hizo una solicitud para revertir la escalada de precios de ese alimento y que en caso de que el problema persista, entonces se consideran algunas medidas como la eliminación de aranceles del huevo.
Criticó algunas prácticas como la especulación o el abuso que han tomado algunos productores o comerciantes sobre este asunto e incluso destacó que en Sinaloa se bloqueó la entrada del huevo a esa entidad, medida que afecta a la población, pues hoy es Culiacán donde se reporta el precio más alto en el país con 85 por ciento. Entre las sanciones que se aplicarán a quienes incurran en estas prácticas están una multa que puede ir desde 10 por ciento de sus ingresos hasta la cárcel.
Lo peor de todo esto, es que esta no es una historia nueva en México. De hecho, cada que existe una contingencia relacionada con productos de consumo general, de inmediato surgen los especuladores que están dispuestos a manipular los hechos para sacar algún beneficio de él.
En este caso, manipularon la existencia de una contingencia que afectó a una parte mínima de la población avícola del país, para sostener que derivado de eso había escasez de huevo y pollo para el consumo humano, y que por esa razón los productos tendrían un incremento de precio. Lo más lamentable, es que seguramente ese sobreprecio comenzó a aplicarse sobre productos que estaban almacenados desde antes de que se diera la contingencia, y que su aparente escasez fue producto del tradicional ocultamiento del producto para influir en su precio.

GASOLINAZOS Y ESPECULACIÓN
Eso mismo ocurrió hace unos años, cuando el Congreso de la Unión comenzó a discutir, como parte de las negociaciones del presupuesto de egresos, un posible incremento al precio de las gasolinas. Los grupos políticos de inmediato bautizaron la medida como “gasolinazos”. Pero casi al mismo tiempo, otras personas, con mero ánimo de especular y sacar ganancias del momento y del rechazo popular a la medida, decidieron ocupar la impopularidad de los gasolinazos para dar un golpe a la economía de los mexicanos. Sólo que, a diferencia de lo ocurrido con el precio del huevo y el pollo, entonces los especuladores sí consiguieron su objetivo.
¿Por qué? Porque, en efecto, aquellos gasolinazos comenzaron a discutirse a mediados de septiembre de 2009 mientras también se analizaba la propuesta de Presupuesto de Egresos de la Federación que había enviado el Presidente de la República. Los diputados se inconformaron de inmediato y tomaron la decisión de hacer pública la propuesta de incremento gradual al precio de los combustibles. Sólo que no calcularon que su denuncia tendrían un efecto inusitado en la economía. ¿Qué pasó?
Que casi de inmediato los transportistas, comercializadores y demás comenzaron a incrementar los costos de sus productos y servicios, argumentando un incremento a la gasolina que aún no se daba. Dijeron que como todos los productos debían transportarse, y el combustible es indispensable, entonces se veían en la necesidad de incrementar sus costos para poder cubrir sus gastos. Esto generó una escalada de precios que el gobierno ya no pudo evitar. Lo único que habían hecho los especuladores era incrementar sus ganancias, porque el precio real de los combustibles se incrementó hasta el mes de enero del año siguiente.

TRAICIÓN
Con esas prácticas nos traicionamos a nosotros mismos. Es cierto que nunca faltarán los codiciosos. Pero es inadmisible que el gobierno permita que prácticas como éstas se concreten y prevalezcan. Atentan contra millones de personas que no tienen opción. O pagan o pagan. Porque nadie las protege.

PRI y la vergüenza del “voto de los pobres”

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+ Menospreciar al electorado, del viejo PRI

 

México es una nación compuesta de una sociedad tan plural, que reducir el triunfo de un candidato presidencial a la influencia de la televisión, es tan nocivo o inexacto como afirmar que quienes votaron por los partidos de izquierda fueron únicamente “los pobres”. Si eso consideran en los mismos partidos políticos, entonces queda claro que su perspectiva del país es equivocada y preocupante.

En efecto, en su edición de ayer TIEMPO daba cuenta de una serie de declaraciones lamentables del delegado especial del Comité Ejecutivo Nacional del PRI en Oaxaca, Arturo Osornio Sánchez. Según lo publicado, éste dijo que “fue ‘un voto de la pobreza’ el que provocó el ascenso de la izquierda en la entidad” y que “a pesar de que los niveles de  marginación se han elevado de manera significativa, en Oaxaca decidieron continuar con la pobreza, pero se respeta esta decisión”.

Incluso, no conforme con lo anterior, señaló que “en el caso del Distrito Federal, la izquierda obtuvo también el triunfo que no representa más que el privilegio, porque el ingreso per cápita que tiene la gente es cuatro veces más que el de Oaxaca, el voto del privilegio y de la pobreza es de quienes se identifican con la izquierda”. Qué equivocado está el delegado del CEN del PRI al confundir a su adversario. Pues pareciera que, ante la derrota de su partido, la crítica es contra los ciudadanos a los que ellos mismos no pudieron convencer.

Y es que es cierto que Oaxaca es una entidad federativa llena de problemas, y que dos cuestiones fundamentales que resaltan de entre todas las adversidades que enfrenta nuestra entidad, son justamente la pobreza y la marginación en que viven millones de oaxaqueños. Sin embargo, es evidente que su derrota electoral no parte de esas condiciones, sino de la persistencia de un conjunto de prácticas y antecedentes que también los incriminan a ellos como partido. Veamos si no.

En primer término, es claro que si Oaxaca es una entidad plagada de pobreza y marginación, éstas condiciones no fueron generadas hace un año o dos: son condiciones que casi parecen intrínsecas a la entidad, y que durante décadas fueron aprovechadas por su mismo partido para alimentar sus clientelas electorales. Si la pobreza es un problema recurrente, la manipulación y la compra del voto a partir de esa condición fue una característica esencial de la operación electoral priista durante los años que tuvo el control político de la entidad.

Ahora bien, suponiendo que, en efecto, el voto a favor de los partidos de izquierda es una convalidación de la pobreza, entonces el delegado Osornio debe también suponer que todos aquellos que se encuentran en esa condición carecen de capacidad de raciocinio y que por esa razón votan en automático por los amarillos.

Esto, sin embargo, es tan ilógico como suponer que por el PRI sólo votan los manipulados por la televisión o las mujeres que quieren tener como presidente a un político “guapo”; o que los electores de zonas urbanas, o de sectores no “pobres” no tienen una sola razón para votar por la izquierda. Es decir, que desde su esencia, el delegado Osornio niega cualquier posibilidad de que ciertos sectores de la población sí razonen su voto, de que sí tengan cierto convencimiento o empatía por un partido o candidato, o de que cualquier persona simplemente decida con convicción que desea votar por cierta ideología o representación política.

 

POBREZA DE VISIÓN

En Oaxaca es un problema grave la falta de voto diferenciado. Eso, en efecto, representa a un electorado con poca disposición a discernir su voto en función del candidato, del grupo o del proyecto que representa, y habla de una práctica de votación a favor únicamente de un partido sin diferenciar entre sus abanderados y los antecedentes específicos que cada uno de ellos representa.

Sin embargo, lo que en este caso más debiera preocupar al delegado Osornio, es que al único partido que los electores oaxaqueños sí le dieron un voto diferenciado en estas elecciones, fue precisamente al PRI.

El asunto no es menor. Porque si de por sí el voto diferenciado es casi un sinónimo de razonamiento del sentido del sufragio, en este caso bien pudo haber sido consecuencia no sólo de ello, sino también de una desastrosa operación electoral por parte de su propio partido. Es evidente que los resultados de su partido en esta votación, no cuadran cuando se comparan lo obtenido por el abanderado presidencial, y por los candidatos a diputados federales y senadores.

Alguien les jugó chueco en esa operación. Y no hay por qué no pensar —y lo saben— que fueron ellos mismos quienes se pusieron el pie y llamaron a diferenciar el voto, y que al mismo tiempo hubo muchos electores que, en el caso oaxaqueño, votaron no a favor de los amarillos, sino en contra de los desaseados acuerdos cupulares que llevaron a las candidaturas a muchos de los representantes del peor priismo que recuerdan los oaxaqueños de los lustros recientes.

En todo esto, es claro que hoy es imposible achacar a una sola causa el sentido del voto mayoritario. Es cierto que en alguna medida el sufragio en México sigue siendo de clientelas y de pobreza, aunque es también evidente que de esa situación y práctica se benefician todos los partidos, incluyendo fundamentalmente al PRI.

Por eso, decir que el voto a favor de los amarillos es de la pobreza, parece tan ofensivo e irreflexivo como suponer que la mayoría electoral que eligió como presidente a Enrique Peña Nieto, lo hizo embobado por la televisión, o que lo hizo para tener a su presidente “de telenovela”. Osornio debería tener más respeto por la decisión de todos los electores —incluyendo los que vendieron su voto, o los que son clientela de algún grupo de poder—, porque los ciudadanos no son los responsables de la derrota de su partido, en una entidad federativa a la que mandaron justo a él a componer las cosas. Que voltee a su alrededor. Ahí, y no en el juicio contra los electores, encontrará la respuesta a sus enconos.

 

REPARTO

El senador Ericel Gómez, con la anuencia del edil citadino Luis Ugartechea, está repartiendo entre sus empleados, los principales puntos de venta del periódico que edita. A cambio de desalojar a los voceadores de cruceros, intersecciones y puntos estratégicos de la vía pública, les ofrece convertirse en comisionistas de Noticias, y recibir el 25% de ganancia sobre el precio de portada. Es decir, que prefiere jugar rudo, antes que ceder a una petición justa de los voceadores.

PAN Oaxaca: dejar sectarismos, indispensable

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+ Refundar panismo local, lo lógico ante debacle

 

Si algo deben considerar seriamente los damnificados de esta elección del pasado domingo, es que no pueden continuar en la ruta hasta ahora trazada. Si ese es un imperativo mayúsculo para el PRI local, lo es casi en la misma proporción para la dirigencia estatal del Partido Acción Nacional. Aunque su catástrofe es silenciosa, y sus efectos reprimidos, lo cierto es que ahí prevalece una situación insostenible que debe pasar por la ruta de la rectificación y no del ocultamiento.

En efecto, en Oaxaca la derrota del PRI es catastrófica no sólo por los números, sino también por el efecto anímico que tiene —a favor y en contra— por haber sido un partido aparentemente invencible que, sin embargo, hoy está pulverizado. Esa catástrofe electoral, sin embargo, también alcanza a Acción Nacional. Sólo que, aunque ésta no es ruidosa, eso no le atempera la gravedad ni la necesidad de un replanteamiento profundo a partir de la crisis.

Y es que si alguien ha apostado a la apariencia de triunfos, pero ha conseguido únicamente pobreza en resultados y en posiciones reales de poder, ese es el PAN oaxaqueño. Si históricamente era un mero membrete como representación partidaria, a partir del triunfo en los comicios presidenciales en el año 2000, el panismo local buscó capitalizar su presencia e influencia, y además explotar a las pocas figuras locales rentables con que en ese tiempo contaba, como Pablo Arnaud Carreño.

Eso les permitió cierta presencia y hasta triunfos, aunque lo cierto es que el partido —junto con sus sectarios “militantes históricos”— nunca consiguió ser más fuerte ni más aceptado que los candidatos que “cachaba” de la ciudadanía para presentarlos como suyos en los procesos electorales. Acaso su momento cúspide se dio a partir del año 2004, cuando pudo tener una presencia más importante en el Congreso del Estado, y ganó importancia a través del impulso a la primera candidatura opositora de Gabino Cué Monteagudo como abanderado a la gubernatura del Estado.

En ese momento se montó en la aceptación del Candidato a Gobernador, y ganó tantas posiciones como nunca antes había conseguido. Pero en las elecciones intermedias volvió a su realidad. Una realidad que se replicaba en Oaxaca (en elecciones locales y federales, en las que solo no ganaba nada) mientras eran parte de la oposición, e iba sin coalición a la competencia electoral.

Tuvo que venir de nuevo el proceso electoral de 2010, y la coalición de partidos, para ganar posiciones. Una vez más se montó en la popularidad de otros (nuevamente del ahora gobernador Cué) para ganar espacios legislativos. Y una vez que se ganó la gubernatura, también reclamaron posiciones. La Coalición defendió sin mucho denuedo una posición legislativa que finalmente le fue respetada al ahora diputado presidente de la Junta de Coordinación Política, Juan Mendoza Reyes. Y en el Gobierno del Estado les dieron algunas posiciones, de las que hoy sólo sobrevive la de la secretaria de la Contraloría y Transparencia Gubernamental, Perla Woolrich Fernández.

Lo evidente, en todo esto, es que el panismo local ha preferido mantener las posiciones cómodas que verdaderamente entrar en un proceso de replanteamiento de cara no sólo a sus militantes, sino al poder gubernamental, y a la misma sociedad.

Su falta de arraigo, su lejanía con las causas sociales, e incluso su indolencia frente los asuntos de interés público, han hecho de la dirigencia estatal una mera posición decorativa, en la que presumen de tener mucha ascendencia en el gobierno estatal, y una fuerza electoral decisiva para el Estado, pero que el domingo fueron arrasados por quienes prefieren al trabajo por encima de la pose, y por otras fuerzas que salen a buscar los triunfos sin sentirse herederos o merecedores de nada. Si la crisis del PRI es mayúscula por sus conflictos internos, la del PAN es tanto o más grave por su conformismo e inmovilidad frente a los retos importantes.

 

REALIDAD APLASTANTE

El PAN local no ganó nada por varias razones. Una de ellas, es que —como siempre— dejó solos a sus candidatos, en escenarios electorales en los que la competencia interna y externa es feroz en cada distrito. Otra, es porque hizo gala de un rarísimo pragmatismo, que hasta parecía pactado, en el que marginó a sus figuras tradicionales —que de por sí no eran muy competitivas electoralmente hablando, pero que al menos son algo conocidas entre los electores—, pero sólo para imponer como candidatos a una serie de personajes desconocidos.

Una tercera implica el hecho de que, en todo este proceso, la dirigencia estatal ha actuado siempre como una mera observadora y legitimadora de una serie de decisiones que han tenido siempre procedencias ocultas. El dirigente estatal Carlos Alberto Moreno Alcántara ha mantenido su liderazgo por acuerdos, pero no porque de verdad goce de un reconocimiento expreso por parte de su militancia, y de quienes dicen ser parte de la fuerza panista en el Estado.

¿En qué deriva todo eso? En que el panismo está en una situación catastrófica, que no porque no sea ruidosa o expresamente aceptada, no deja de ser grave. La derrota de Diódoro Carrasco Altamirano debe verse no como un acto de justicia, ni de solo daño colateral frente a la derrota de la candidata presidencial. Reducir los motivos de su derrota en Oaxaca —en todos los distritos, y en las Senadurías—, al solo efecto negativo de Josefina Vázquez Mota, es tanto como negar la existencia misma de una estructura estatal, de un partido que dice ser fuerte pero que demostró no existir.

Por eso, si son inteligentes deben plantear una reestructuración determinada por la congruencia y la honestidad en su autocrítica. Es indispensable que dejen a un lado la idea equivocada de que son un partido de élites, o de que su supervivencia depende del poder estatal, o del poder presidencial. Si lo ven así, seguirán derrotados. Si rectifican, pueden ganar mucho más, antes que sólo pensar en seguir montándose en coaliciones contradictorias.

 

UN LIDERAZGO

Ante la debacle, el único liderazgo panista en Oaxaca que puede asumirse válidamente como aspirante a dirigir ese partido, es el diputado Juan Mendoza Reyes. Fuera de él, los panistas de cepa están ninguneados por su propio presente y pasado. Y los advenedizos fueron derrotados en buena medida por los fantasmas que determinaron la elección del pasado domingo.

Voto amarrillo: PRD postula a lo peor en Oaxaca

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+ Triunfo de relleno: no esperemos mucho

 

A pesar de su aparente fortaleza electoral, el PRD en Oaxaca no tiene mucho que presumir. Es cierto que hoy ese partido tiene una posición privilegiada dentro de las estructuras gubernamentales oaxaqueñas, y que tiene un arrastre excepcional con la figura de Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, eso los ha inhibido para fortalecer a los personajes que presentan como candidatos. Por eso, a pesar de todo, y hasta de su triunfo del pasado domingo, la suya es una victoria de lo peor de la política local.

En efecto, salvo honrosas excepciones, con sus postulaciones el PRD repitió la vergonzante historia del 2006. Y es que pareciera que su victoria actual es apenas una repetición de la victoria arrolladora que tuvieron aquel año en las diputaciones federales y el Senado de la República. Entonces y ahora, su bancada era y es impresentable. Y por eso mismo, queda claro que su aparente fortaleza es sólo producto del efecto López Obrador, pero que ésta no podría ser sostenida en una elección local o intermedia, como la del próximo año o la federal de 2015. Es sólo cuestión de tiempo comprobarlo.

Quizá haya quien no lo recuerde, pero en 2006 el PRD en Oaxaca conformó sus candidaturas más en un intento de cumplir las formas, que por tener de verdad ganas de participar en la contienda electoral. En aquellos tiempos, el régimen ulisista vivía sus mejores tiempos en la entidad; y al mismo tiempo, el PRI parecía tener una fortaleza importante con Roberto Madrazo como abanderado presidencial. Ante la aparente figura testimonial de la oposición en Oaxaca, ésta decidió participar, aunque sin calcular el crecimiento que tendría su candidato. ¿Qué pasó entonces?

Sucedió que en menos de seis meses (entre febrero y julio de 2006), la candidatura presidencial de López Obrador creció como la espuma, y que al mismo tiempo la campaña priista tuvo una debacle histórica. Y todo se combinó con la revuelta magisterial y popular de aquel año en Oaxaca. Sólo que cuando AMLO despegó, y cuando se agudizó el conflicto en Oaxaca, las candidaturas a las diputaciones federales y al Senado de la República ya estaban repartidas.

Fue hasta entonces que se dieron cuenta que la campaña presidencial arrastraría a los candidatos a diputados y senadores. Pero para entonces la asignación de candidaturas ya se había hecho. Y, salvo excepciones, los partidos de izquierda habían postulado a una serie de personajes impresentables, sólo por cumplir y por obtener los recursos para esas campañas.

De hecho, en aquel año toda la planilla de candidatos a diputados y senadores buscaba arropar la postulación del ahora gobernador Gabino Cué Monteagudo. En el ámbito local, él era el único que tenía una ascendencia y un capital político propio y consolidado. Era, pues, el único candidato natural de la oposición, que había en Oaxaca para aquella elección.

Pero ni siquiera su suplente (el hoy senador Ericel Gómez Nucamendi), y mucho menos el otro candidato senador integrante de la fórmula (Salomón Jara Cruz) eran líderes reales, representaciones del perredismo, de la izquierda, y ni siquiera de la lucha social. Salvo Cué, todos eran unos oportunistas advenedizos, que recibieron la candidatura como mero requisito, o como premio a una “heroica militancia opositora”, en los tiempos en que el priismo parecía ser uno de los principales bastiones priistas del país.

¿Qué pasó con ellos? Que su actuación como legisladores fue desastrosa. Personajes como  Selene Hernández Gaytán, Carlos Altamirano, Othón Cuevas, Daniel Dehesa, Joaquín de los Santos, y una serie de personas que llegaron al Congreso como una mera casualidad de ese aluvión electoral provocado por AMLO en Oaxaca, fueron a vegetar al Congreso, con una representación popular con la que no estaban comprometidos, y en la que nunca sacaron la cara por la entidad en los asuntos de interés general.

Todos ellos llegaron como una mera casualidad. Y su paso por la Cámara de Diputados fue intrascendente. Por eso en 2009, con un escenario distinto y con un PRI que ya no traía el lastre de Madrazo y que ya había superado el tema del 2006, no sólo remontó aquella histórica derrota, sino que se llevó de nuevo el tradicional “carro completo” ganando las 11 diputaciones de mayoría.

 

PRD, CONFORMADO

Si revisamos hoy la lista de candidatos a diputados electos, nos daremos cuenta que de nuevo el PRD postuló, y llevará al Congreso, a una fauna indeseable de oaxaqueños que ni siquiera alcanzan a representar los intereses del perredismo, y mucho menos los de todos los oaxaqueños.

¿Qué hará el PRD, por ejemplo, para justificar ante la nación la postulación y el triunfo de un personaje, acaso el más impresentable de todos, como Hugo Jarquín? Sobre todo, ¿cómo lo hará no sólo por sus negros antecedentes como un abierto promotor de la desventaja, la transa y la ilegalidad del comercio en la vía pública de la capital, sino sobre todo, por el hecho de que él emanó de un proceso interno supuestamente democrático, en el que sin embargo fue impuesto de la forma más antidemocrática y retrógrada posible?

Además de todo esto, lo cierto es que, independientemente de lo que diga su locuaz dirigente estatal, la potencial bancada del PRD por Oaxaca no tiene una agenda ni de izquierda ni de centro ni de derecha. Es decir, que como de nuevo no se comprometieron a nada, los candidatos perredistas no tienen compromisos establecidos con el electorado, con la entidad, e incluso con el gobierno estatal afín a su partido, al que se supone que debieran buscar arropar.

De ese tamaño es la desgracia perredista: su bancada es tan pobre que da vergüenza. Y por eso su fortaleza aparente, es tan proporcional a su debilidad real, y es tan visible como el hecho de que su aceptación es meramente artificial. Las diez curules, y los dos escaños, se los deben a AMLO. Y sin él, en 2015 estarán en grave riesgo de perder el gran capital electoral que según ellos tienen hoy asegurado. Al tiempo.

 

DE PENA AJENA…

Es Eviel Pérez Magaña celebrando su senaduría en medio de la derrota colosal de su partido en Oaxaca. Está contento, de seguro, porque por fin a alguien pudo ganarle. Ese alguien fue Diódoro Carrasco, que fue arrastrado por los negativos de su candidata presidencial. ¿Pérez pensará que puede volver a ser candidato a Gobernador? Por favor. Su partido y su grupo están tan pulverizados que hasta parece que el CEN permitió este desastre en Oaxaca para generar la limpia que viene. Pronto lo veremos.

Transición: México será el país que no cambia

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+ Peña Nieto: triunfo no es en grado que querían

 

Enrique Peña Nieto sólo podrá sacar adelante su proyecto reformador, si apuesta por seguir igual que como hasta ahora. En los últimos años, en el sistema político mexicano ha habido una connivencia crónica entre el PRI y el PAN, que ahora se refrendará con este resultado electoral. Es cierto que el PRI ganó. Aunque también lo es que el triunfo llegó, pero no con las características y la holgura que esperaban. Así, o este se convierte en el sexenio de los grandes pactos. O simplemente se buscará regresar al viejo y recurrente gatopardismo, en el que se busca modificar todo para que nada cambie. ¿Por qué?

El PRI pensaba regresar a la Presidencia, contando con el respaldo de una mayoría legislativa, que no ha existido en los últimos 15 años para ningún partido. La aparente fortaleza electoral de Peña Nieto (es decir, el llamado “efecto Peña”), haría posible remolcar al triunfo a docenas de candidatos que por sí solos no podrían ganar. Y eso, según sus cuentas, podría permitir no sólo que el ahora virtual Presidente Electo llegara con un alto grado de legitimidad a la titularidad del Ejecutivo Federal, sino que también lo hiciera arropado por un Congreso de mayoría priista.

Esto era fundamental. Porque sólo los que no conocen la estructuración y el funcionamiento del poder público en México, creen que hoy al ganar la Presidencia se gana todo. Eso era hasta hace tres lustros. Sin embargo hoy, es fundamental que el Presidente en turno pueda tener cierto control e injerencia en el Poder Legislativo, para que éste dé su anuencia, y le permita que sus proyectos de reforma y sus procesos de reestructuración, puedan materializarse, y entonces sí se pueda hablar de cambios de fondo plasmados no sólo en actitudes, sino en leyes.

Como los últimos dos Presidentes no han tenido mayoría legislativa de su partido, siempre han buscado el acuerdo con fuerzas minoritarias para sacar algunas reformas. Sin embargo, es claro que a esto le ha ganado siempre la efervescencia, el cálculo político y la superposición de las agendas partidistas, sobre las necesidades del gobierno y del Estado. Todo esto, además de que tales acuerdos han tenido altísimos costos económicos, políticos y de gobernabilidad para nuestro país.

Peña Nieto pensó que él sería el primer Presidente mexicano de este siglo que contaría con mayoría en el Congreso. Por eso se atrevió a hablar de reformas polémicas como la de la reducción del número de diputados y senadores, y se comprometió a sacar adelante reformas estructurales que en los últimos años han sido simplemente intransitables.

Hoy no estamos ante ningún escenario inédito. De hecho, lo que los mexicanos confirmamos con esta votación es que seguimos dispuestos, los electores, a no dar más poder a nuestros gobernantes, aunque eso signifique que el país continúe condenado al inmovilismo y a la falta de acuerdos. Las grandes reformas que necesita este país han sido intransitables en los últimos 15 años, justamente porque el Congreso mexicano no tiene capacidad, ni disposición, ni talento, para ponerse de acuerdo. Ese fue el gran dolor de cabeza de Vicente Fox y de Felipe Calderón como Presidentes (y, de hecho, eso fue lo que en alguna medida hizo poco eficientes los dos periodos presidenciales del panismo). Y, de no haber un gran pacto —ese sí, inédito— también será el gran lastre del primer tramo de gobierno de Enrique Peña Nieto.

 

¿PACTO O CONNIVENCIA?

Si Peña Nieto quiere contar con cierto grado de gobernabilidad y margen de maniobra como gobernante, necesariamente tendrá que pactar con el adversario. Solo, con su partido, no le alcanza. El problema, sin embargo, no radica en si pacta o no con las demás fuerzas políticas, sino más bien en la forma en cómo esté dispuesto a hacerlo.

El acuerdo puede implicar cierto grado de cesión entre todas las fuerzas políticas, a cambio del reconocimiento mutuo de espacios y de fuerzas. O, como presidente, Peña puede hacerlo como ha sido en los últimos años: trabando alianzas con una sola fuerza política para completar la mayoría que necesitan sus reformas legislativas para ser aprobadas, aunque esto implique la ejecución de una política inmoral que además traiga aparejadas concesiones inconfesables, y que convierta el acuerdo político en una connivencia de efectos nocivos para el sistema de partidos, para la fama pública de los mismos y, en el último de los casos, también para la nación.

El problema es que, en las últimas cinco legislaturas federales el PRI y el PAN han decidido cogobernar de la peor forma posible. Lo hizo el PAN con el PRI cuando éste era aún gobierno, de 1997 al 2000; y, de distintos modos, el PRI ha accedido a las pretensiones del PAN en los doce años siguientes, en los que han tenido como adversario natural al PRD y a las fuerzas de izquierda, que han impedido que los grandes proyectos del grupo gobernante (verbigracia, las llamadas “reformas estructurales”) se lleven a cabo. Y es que el problema no es en sí el pacto, sino los efectos que esto ha tenido. ¿Por qué?

Por sus alianzas siempre son tras bambalinas. Las alianzas que ha generado el gobierno con la minoría (en este caso gobierno panista con fracciones priistas) han sido siempre discrecionales y de contenido vedado para los mexicanos. Es decir, que pactan algo pero nadie, más que ellos, sabe qué. Y, en la mayoría, esos pactos han implicado perdones, impunidades, borrones y cuenta nueva, y una serie de espacios de privilegio que en no pocos momentos rayan en lo indebido.

Por todo ello, si el primer gran reto de este gobierno es el de generar las alianzas necesarias para sacar adelante las reformas y los proyectos que inicialmente creyeron que podrían consolidar sin la ayuda de nadie, el segundo de los retos tiene que ver con la forma en cómo realice su tarea. Puede hacerlo por la vía de siempre (pactando y acordando canonjías a cambio de votos, y dando la misma idea de nuevo viejo PRI), o puede inaugurar una nueva época de pactos realizados de cara a la nación, con compromisos y concesiones que tengan que ver más con la democracia que con los intereses partidistas o personales de quienes detentan el poder. Ahí se demostrará qué tan renovado estará el nuevo (¿viejo?) partido gobernante.

 

CUENTAS RARAS

Las cuentas no salen. ¿Cómo que en Oaxaca hay candidatos a senadores que sacaron más votos que sus candidatos presidenciales? Las traiciones, pues, a todo lo que da. Cuando la los datos lo permitan, abundaremos.

Democracia: que no se gane o se pierda todo

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+ Comicios: a considerar apertura democrática

 

Hasta donde pudo verse, la de ayer fue una jornada electoral ejemplar. Millones de mexicanos salimos a las urnas a hacernos parte de la decisión política más importante de nuestro país. Al elegir al nuevo Presidente, y a quienes integrarán la Cámara de Diputados y el Senado de la República, los mexicanos debemos esperar no sólo que haya buenos ganadores y perdedores, sino también que se plante la idea de que quien gana no debe ganar todo, y que quien pierda no debe hacerlo en esas mismas condiciones. Cuando entendamos eso, nuestra democracia comenzará a ser distinta.

Ayer domingo se definió el rumbo de México no sólo para los próximos seis años, sino para décadas completas. Es tan trascendental una decisión como en la que participamos millones de mexicanos, que hace seis años (en 2006) no nos imaginábamos que la siguiente jornada electoral estaría enmarcada por una lucha contra el crimen organizado que ha enlutado al país, pero también por condiciones excepcionales —nunca vistas para México— en el terreno económico y en la perspectiva de desarrollo que tiene nuestra nación.

Los mexicanos debemos considerar que gran parte de los temas que integran la agenda pública (esos temas de interés común que nos alientan, que nos reconfortan, que nos preocupan o que hasta nos duelen) fueron incrustados en ella sólo en los últimos seis años. El buen manejo de la economía nacional, por ejemplo, será pilar por muchos años siguientes, para que México siga creciendo y alcanzando mejores condiciones frente a las demás naciones.

Del mismo modo, en sentido negativo, nos guste o no, queramos o no, la lucha contra el crimen organizado seguirá siendo motivo de preocupación y dolor para los mexicanos, independientemente de qué presidente o partido gobierne, y de qué proyecto de gobierno se plantee para los próximos años. Posiblemente, en sexenio siguiente cambie la estrategia. Pero ese asunto está tan encaminado, y es tan riesgoso para el país y para las instituciones y el Estado de Derecho, que no parece posible que algún partido o candidato, el que gane, tenga el valor para decidir terminar de tajo con esa política que involucra directamente al Estado.

Por todo ello, si entendemos la importancia de salir a votar, debemos hacerlo para tener una parte de responsabilidad en las grandes decisiones públicas del país, pero también para contribuir en la generación de un dique democrático para los proyectos políticos que consideramos nocivos o inviables para nuestro país en los próximos años. No votar, no significa evitar la “legitimación” de quien llega al poder. Más bien, con la abstención se legitima de la peor forma posible a quien intenta a llegar a través de maniobras, y no del respaldo genuino de la mayoría de los ciudadanos; o a quien lo hace teniendo un proyecto de nación equivocado o intentando privilegiar intereses cupulares por encima de lo que nuestro país verdaderamente necesita.

 

GANAR Y PERDER TODO

Una idea que los mexicanos debemos comenzar a quitarnos de la cabeza, y que debemos exigir todos los días a las nuevas autoridades (y a todos los políticos y partidos) del país, es aquella que dice que quien gana la Presidencia se convierte en una especie de “rey” de México por seis años, y que quien pierde, debe reducirse y únicamente existir en las reducidas cañerías opositoras del sistema democrático. Es claro que México debe evitar, y erradicar, aquella idea de que quien gana, gana todo; y que quien pierde, también pierde todo.

Eso nos hace daño. La lógica más natural del poder (poder, entendido en sentido político como la capacidad que tiene alguien, persona o institución, de conseguir que los demás cumplan con su voluntad) indica que éste debe estar lo suficientemente apuntalado y segmentado para evitar desbordamientos. Toda concentración de poder es nociva por definición. Y por eso mismo, nadie debe detentar todo el poder; y quien detente una porción, debe estar controlado por otros sujetos que, en condiciones similares, puedan frenar los intentos de desbordamiento, y que también sean susceptibles de ser contenidos. Así funciona, en términos generales, el conocido sistema de frenos y contrapesos.

Sin embargo, en nuestro sistema político el sistema de frenos y contrapesos está adecuado de tal modo que quien gana se convierte en todopoderoso, y quien pierde se va hasta el fondo del sistema. Ese es un problema grave de nuestra democracia, porque ello significa que desde ahí los pesos se desequilibran, y que entonces se pierde la posibilidad de que el poderoso contenga los ánimos de los opositores hasta cierto límite, y que éstos a su vez puedan liderar y representar efectivamente a una parte de la población que quedó al margen del poder.

En el fondo, ahí podría encontrarse la explicación a una serie de fenómenos muy propios del sistema político mexicano. Así podría entenderse, por ejemplo, que cada día más personas salen a las calles a manifestarse, o lo hacen incluso por la vía de la violencia o de la ruptura institucional, porque dicen haber agotado sin éxito todos los canales legales para tratar de ser escuchados, de ser atendidos en justicia, o de ser incluidos por los esquemas del gobernante.

A partir de hoy veremos nuevas expresiones de eso. El ganador del poder presidencial lo detentará a plenitud a partir de diciembre próximo. Y los perdedores se irán a su casa para, si bien les va, convertirse en meros líderes morales de sus grupos políticos; pero no para encabezar efectivamente a la oposición desde alguna trinchera institucionalmente reconocida, o para asumirse como diques democráticos al poder constituido.

Los mexicanos debemos encontrar fórmulas para hacer avanzar el sistema político hacia la democracia. No es suficiente que tengamos relativa estabilidad y tranquilidad económica; y no sería tampoco suficiente que tuviéramos un país en paz. Si bien los mexicanos hemos adolecido históricamente de ello, también lo es que nuestro mayor anhelo siempre ha sido el de tener una democracia verdaderamente plena y capaz de regirnos sin conflicto. Ese es el reto. Y por eso mismo, nadie debe sustraerse de las grandes decisiones de la República.

 

EL MAL EJEMPLO

Anoche, el sector juvenil de la campaña peñista en Oaxaca, encabezado por el orgullo del nepotismo del diputado federal Heliodoro Díaz, se preparaba para festejar el triunfo. Para eso rentaron un antro: La Mata. El “nuevo PRI”, pues, festinando “el triunfo” con alcohol, desenfreno y los excesos de siempre.

Crayones para votar: polémica, innecesaria

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+ Desacreditar al IFE es descalificarnos todos

 

Desde hace varios días, circula en redes sociales una supuesta denuncia de ciudadanos, para que estemos alertas al momento de votar y “no permitamos” que el Instituto Federal Electoral nos imponga el uso de un “lápiz” para votar, pues la marca que deje este objeto en la boleta electoral es fácilmente borrable, y por tanto, ello facilitaría la perpetuación del fraude que, según ellos, se avecina en esta jornada para elegir Presidente e integrantes del Congreso de la Unión. Quien inventó esa patraña, y quienes la creen, no sólo están en un error, sino que de un plumazo intentan ningunear las luchas ciudadanas que dieron origen al IFE.

En efecto, desde hace varios días circulan principalmente en redes sociales, imágenes de las cajas de lápices que habrán de proporcionar los funcionarios de casilla a los electores el próximo domingo, para que con ellos marquen las boletas electorales. Quienes han subido las imágenes a la red, dicen que al ser lápices con los que se marcarán las papeletas, esto será fácilmente borrable y que por tanto será sencillo que “el IFE” cambie (es decir, borre y corrija) algunos votos, con el objeto de favorecer a algún candidato en específico.

Esas imágenes se reprodujeron rápidamente en la última semana, provocando incluso que desde ayer todos los consejeros electorales y funcionarios del Instituto, salieran a los medios de información a desmentir el rumor y a decir que, en efecto, los marcadores tienen forma de lápiz, pero que de ninguna manera son eso, que tampoco son “borrables” y que las medidas de seguridad establecidas en todos los elementos necesarios para emitir el sufragio son lo suficientemente fuertes como para inhibir la posibilidad de que los votos sean alterados o “corregidos”.

De hecho, en entrevistas radiofónicas, varios funcionarios y consejeros del IFE recalcaron el hecho de que las boletas electorales están elaboradas con un papel imposible —así lo dijeron, “imposible”— de falsificar, y que el material con el que están hechos los lápices electorales es cera, no grafito, y que por esa razón la posibilidad de que la marca dejada por esos lápices en las boletas electorales no podría ser alterable, ya que además el papel de las boletas deja huellas claras de manchas, tachones o borrones. Es decir, que a través de ello reiteraron la seguridad de que los comicios del domingo no tendrán puntos cuestionables como ese, y que los ciudadanos pueden acudir tranquilamente a votar, con la seguridad de que su voto contará y que nadie hará uso indebido de él.

En todo este asunto (que incluso hasta raya en lo ingenuo, para quien lo creyó), lo primero que salta a la vista es que, de haber cambiado crayones por lápices, el IFE estaría cometiendo un error de ingenuidad propio de alguien que nunca ha organizado elecciones, y que además no cuenta con los recursos económicos suficientes como para proveerse de los elementos que le son indispensables para garantizar el cumplimiento de los principios que rigen los procesos electorales.

Esto, sin embargo, podría pasarle a cualquier otro órgano electoral, pero no al IFE. De hecho, el Instituto es un referente mundial por lo avanzado de sus métodos y el perfeccionamiento de los mecanismos para garantizar que las elecciones se realizan conforme lo marca la Constitución, y que nadie puede alterar el resultado ni la voluntad de los ciudadanos.

Y si dudar de eso es grave (porque si hay un especialista reconocido en el mundo en la realización de procesos electorales, ese es el IFE), lo es todavía más que en ese intento de descalificación, seamos los mismos ciudadanos quienes nos descalifiquemos y sembremos dudas sobre lo que nosotros mismos estamos encargados de hacer en cada jornada electoral, como ciudadanos o como funcionarios de casilla.

 

IRRESPONSABILIDAD

¿Por qué es un acto de profunda irresponsabilidad, y hasta de ofensa a la ciudadanía, el creer que “el IFE” puede “borrar y corregir” ciertos votos para quitárselos a un candidato o partido y dárselos a otro? Porque, en esencia, es el IFE quien organiza las elecciones, pero somos los ciudadanos los que las materializamos. Usted, o el autor de este espacio, o quien sea. Es decir, cualquier mexicano.

Quizá algunos lo hayamos olvidado. Pero la esencia de la confiabilidad de las jornadas electorales en México, radica en gran medida en que somos los ciudadanos quienes participamos directamente en ellas. Es decir, somos nosotros —usted, yo— quienes somos susceptibles de recibir la responsabilidad de participar como funcionarios de casilla, con el deber, la responsabilidad, y hasta el privilegio de atender a los ciudadanos que acuden a sufragar, corroborar su identidad ante el padrón electoral, proporcionarles la boleta y recibir su voto, además de vigilar que las elecciones se lleven a cabo conforme deseamos todos los ciudadanos.

Es decir, que no hay manipulación, que los votos se cuenten correctamente, que no haya injerencia de los partidos o de sus representantes, que no haya compra o coacción del voto, y que en la misma casilla no haya personas con intereses ajenos al verdaderamente ciudadano, que pretenda alterar el resultado de la votación para favorecer a algún partido o candidato en específico.

Por si eso fuera poco, existen garantías de que quien cuenta los votos y entrega al IFE informe de ello son los mismos ciudadanos. Las boletas, pues, quedan guardadas en la paquetería electoral cerrada y sellada, y sólo podrían ser reabiertas y recontadas por un mandato del propio IFE o, en su caso, del Tribunal Electoral correspondiente.

Ante todo eso debemos preguntarnos de nuevo: ¿quién es “el IFE”? Somos nosotros los ciudadanos, evidentemente. ¿Y a poco nosotros mismos, los que sí estamos convencidos de la democracia y del valor de cada voto, nos haremos “chanchullo” para favorecer a algún partido o candidato?

 

PROPAGANDISMO

La verdad es que la sola duda ofende. Y ofende también el hecho de que haya ciudadanos incrédulos que aún sigan ateniendo a las llamativas teorías propagandistas (o a los candidatos populistas) que siguen alimentando la sospecha de que, de algún modo, puede ocurrir el fraude electoral, o que “algo” pasará para evitar que se cumpla lo que dicte la mayoría de los ciudadanos. La coacción electoral sólo ocurre en quien se deja. Y suponer que por los lápices ocurra el fraude es una patraña inaceptable que sólo puede ser creíble por quienes no conocen las luchas ciudadana por la legalidad de los comicios.

Voto nulo: encrucijada para la democracia

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+ Ciudadanía: ¿quiénes son sus adversarios?

 

El convencimiento sobre el voto nulo en muchos ciudadanos, representa una de las principales encrucijadas de nuestra democracia. Aunque todos llaman al voto razonado —partidos, candidatos, grupos políticos, el gobierno y hasta las instituciones garantes de la justicia y los procesos electorales—, hay muchos que se dicen convencidos de que ninguna de las opciones partidistas representa sus aspiraciones e ideología personales, y por esa razón asumen con una convicción el hecho de que sí acudirán a las urnas, pero que esto será para anular su voto. ¿De verdad el voto nulo es lo que parece?

La pregunta no es ociosa. De hecho, el convencimiento sobre el voto nulo ya no es sólo una decisión ciudadana de rebeldía y rechazo a las pobres opciones políticas existentes, sino que hoy se ha convertido también —no en todos los casos— en una especie de postura políticamente correcta de quien no quiere asumir la parte de responsabilidad que le corresponde, o de quien simplemente pretende imitar a aquel que razonadamente sí decidió que ninguna de las opciones existentes concuerda con sus aspiraciones, y que por esa razón no tiene más opción que la del voto nulo.

La primera de las posturas es respetable desde todos los ángulos. Hay miles de personas que, teniendo información y claridad sobre sus aspiraciones e ideas políticas, llegan a la conclusión de que ninguna de las opciones electorales (partidos y candidatos) cumple con las condiciones mínimas para que éste le otorgue su voto, y por consecuencia asume que el voto nulo es un derecho político implícito que ejerce, aunque esto signifique que su sufragio termine en un limbo jurídico y político, que si bien tiene cierto tufo a inconformidad, en realidad se pierde en la indeterminación y en la inseguridad de lo que se queda como simplemente inexistente.

Junto a ese grupo se quedan los imitadores. Éstos, lejos de la convicción o de cierto razonamiento, únicamente se deciden al voto nulo como una forma de adherirse a una imitación que busca colocarse en el ámbito de lo políticamente correcto, pero sin realmente estar convencido o sin verdaderamente haber llegado a conclusiones propias y coherentes sobre lo que deben hacer aquellos que dicen no estar convencidos con ninguna opción política, aunque en realidad no hayan revisado ni analizado los programas de gobierno propuestos, los discursos de los candidatos, sus antecedentes y, sobre todo, la diferencia entre lo que dice ser, y lo que es, cada uno de los candidatos propuestos por los partidos políticos.

No obstante todo lo anterior, el fondo de todo es el mismo: que hay una porción de población que llega a las urnas sin una definición política clara, y que esa indefinición se traduce en la anulación del voto. Aunque ciertamente eso expresa inconformidad, y es una forma permitida para manifestar el sentir político de un ciudadano, lo cierto es que jurídica, política y hasta moralmente el voto nulo no tiene ningún camino. Ciertamente aparece como una franja más en la agrupación de los resultados electorales. Pero al final, eso no alcanza a conminar a nadie (partidos, candidatos, gobiernos, facciones políticas y demás) a modificar las prácticas políticas que llevan a cabo, a abrir más la participación política a todos los ciudadanos, o cuando menos a modificar la forma en que se presentan ante la sociedad, en que defienden —o dicen defender— una ideología, o en que demuestran congruencia entre lo que dicen y lo que hacen.

 

VOTO NULO:

CULPA DE TODOS

Es cierto que, en alguna medida, una propagación no razonada del voto nulo produce efectos negativos en la democracia. Pero también lo es que los partidos y sus candidatos, han hecho poco para generar una nueva imagen y relación de credibilidad con los votantes más preparados. Al final, parece claro que a los partidos no les conviene que continúe habiendo voto nulo, pero sólo en la misma medida que tampoco les conviene soltar o flexibilizar el monopolio del acceso al poder al que tienen sometido al sistema político, al poder público y a los ciudadanos.

Los partidos y sus candidatos son en buena medida responsables de esa falta de apego y credibilidad entre los ciudadanos. Aunque todos dicen defender ideologías y plataformas políticas claras y definidas, lo cierto es que éstas sólo se encuentran asentadas en los documentos partidarios de las fuerzas políticas que los postulan. En ninguno de los casos existe congruencia entre los discursos y las posturas reales que asumen los abanderados, con lo que está asentado en los documentos básicos de los partidos que los postulan, o en los temas en los que verdaderamente debieran generar diferencias para marcar su ideología política de derecha, centro o izquierda, y deliberadamente no lo hacen.

Esto es claro. Enrique Peña Nieto, por ejemplo, nunca tuvo claridad para demostrar que sabe lo que contiene la plataforma política de su partido, y para hacerla el eje fundamental de su campaña y de sus propuestas. Igualmente, Josefina Vázquez Mota únicamente exaltó —y explotó— el recurso de ser la única candidata presidencial mujer, y de ser la primera con posibilidades de verdaderamente acceder a la Presidencia de México, pero nunca habló de los temas fundamentales para el país; tampoco marcó diferencias y distancias con el gobierno actual. E incluso en muchos momentos se alineó a favor del gobierno en temas en los que la sociedad hubiera esperado que abordara con claridad, y propusiera soluciones prontas y efectivas.

Incluso, López Obrador tampoco tuvo interés en manifestarse como un verdadero representante de la izquierda. Más bien, asumió nuevamente el demagógico y maniqueo  discurso esperanzador, pero sin verdaderamente establecer posturas claras sobre un catálogo de temas fundamentales que debiera analizar y llevar por delante todo abanderado de la izquierda, pero que en su caso pudieron esperar para otro momento.

 

INCREDULIDAD

El voto nulo es inocuo. Sin embargo, su ejercicio debe provenir de un razonamiento personal y honesto, y no como un mero acto de imitación. Algunos ya se han manifestado públicamente a través de expresiones como el Movimiento #YoSoy132, que también busca cambiar la forma de hacer política. Pero otros, silenciosamente buscarán cambios a través de otras formas menos estruendosas. Ojalá que el voto nulo sea razonado y no sea un mero abono al limbo político en el que irremediablemente quedan depositados esos sufragios.

PAN: Fox, y su historia de colonización

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+ Panismo inexistente; externos, los fuertes

 

No es raro que en las historias de éxito político que a lo largo y ancho del país se han escrito a favor del Partido Acción Nacional, los protagonistas sean personajes que no son panistas. Esta constante se repite como en una especie de leit motiv en la que siempre el partido termina repudiado, en la que los neo panistas, agraviados y ninguneados, terminan abandonando las siglas; y en la que todos se sirven mutuamente mientras es necesario, pero sin ningún tipo de convicción o convencimiento sobre los postulados y las causas que ambos dicen estar defendiendo.

En efecto, si revisamos la historia de éxitos panistas, podremos darnos cuenta de dos cuestiones fundamentales. Primera, que el panismo tradicional nunca ha podido ser competitivo ni numeroso ni fuerte ni convincente ante el electorado. Y, segunda, que en las últimas dos décadas ese partido ha dado cabida a todo tipo de personajes que, puros y conversos, buscan el poder y cuentan para ello con algún tipo de capital político.

Esto ha traído como consecuencia una profunda crisis en ese partido (hoy visible en todos los sentidos posibles), que se refleja en el hecho de que, apenas dos sexenios después de haber alcanzado el poder presidencial está en vísperas de perderlo; y que, salvo excepciones contadísimas, en ninguno de los estados y municipios importantes del país en los que han alcanzado el poder, también lo han perdido en el corto o mediano plazo, en medio no sólo de desánimo, sino también de acusaciones recíprocas (entre el partido y sus candidatos) de traición, de falta de principios, de desapego a los estatutos partidarios, o de apartarse a los dictados de sus dirigencias.

Lo cierto, en todo esto, es que entre el panismo y sus candidatos ganadores nunca ha habido identidad. Durante décadas, el llamado “panismo tradicional” luchó largamente por el poder en los tres ámbitos de gobierno, sin obtener éxito. Y aunque antes de la década antepasada la posibilidad de la alternancia era mínima por el régimen de partido hegemónico que encabezaba el PRI, lo cierto es que fuerzas políticas como el PAN tampoco hacían mucho por ser verdaderamente competitivos, o por ser algo más que clubes de discusión o análisis político sobre temas de oposición, pero que carecían de un arraigo social o identidad ciudadana reales.

Los éxitos panistas llegaron apenas a finales de los años ochentas. De entonces a la fecha, ganaron varias gubernaturas estatales, alcaldías y finalmente en el 2000 ganaron la elección presidencial con Vicente Fox Quesada. Desde Ernesto Ruffo Appel —primer gobernador panista, que primero fue presidente municipal de Ensenada de 1986 a 1989, y luego gobernó Baja California también por las siglas del PAN de 1989 a 1995, pero que se afilió al blanquiazul apenas un año antes de ser postulado como Alcalde—, las grandes historias de hazañas electorales del panismo han sido encabezadas por personajes que no tenían una larga tradición como militantes de ese partido, y que más bien llegaron a él como una forma casi escalafonaria de acceder a los públicos.

Eso explica la crisis actual del panismo. Y si creemos que esa historia sólo se ha replicado en otros escenarios que no son el nuestro, estamos seriamente equivocados. En Oaxaca, las pocas figuras verdaderamente competitivas del panismo (es decir, que han ganado elecciones y que se han convertido en iconos de la oposición y de la toma de posiciones de la ciudadanía en la entidad) resulta que tampoco han sido militantes de ese partido, y que por ende no tienen identidad ni arraigo con sus filas. Por eso, aquí el desencanto entre el panismo, sus abanderados y la ciudadanía, también ha sido recurrente.

 

HISTORIAS PARALELAS

Diódoro Carrasco, aspirante que encabeza la fórmula de candidatos a senadores del PAN por Oaxaca, es un panista sólo por conveniencia. Huberto Aldaz tampoco es un panista que haya alcanzado las posiciones que ha ocupado, gracias a una militancia convincente y decidida.

El primero de ellos, llegó al PAN por una coyuntura particular, en la que un sector del último priismo gobernante (algo así como una parte del zedillismo) terminó refugiado en Acción Nacional por los reacomodos de fuerzas en vísperas de la elección presidencial de 2006, en las que el grupo de Roberto Madrazo acaparó el control y, literalmente, echó del partido a todos los que habían sido parte del gobierno que impulsó a Francisco Labastida Ochoa como candidato presidencial.

El segundo, es también una figura del indigenismo en México, que fue invitado a participar en política bajo las siglas de Acción Nacional (como parte de la cuota indígena de sus diputados federales), pero que a todas luces se ve que no necesariamente comparte por completo la ideología o los principios del panismo, y que incluso tampoco es bien visto por los sectores más recalcitrantes de ese partido.

Y es que si nos vamos a antecedentes más lejanos, podremos darnos cuenta que Pablo Arnaud Carreño tampoco era panista, y por eso, al paso de los años, no tuvo ningún empacho en irse de ese partido, en pronunciarse por otra fuerza política, y en aceptar ser repudiado por los panistas “tradicionales” que siempre le condicionaron su apoyo, pero que también siempre le pusieron trabas y, en esencia, le dieron la espalda.

Arnaud, como todos los que aquí se han mencionado, llegó al PAN impulsado por un grupo ciudadano, y buscando no militancia sino la oportunidad de participar en política. En 1995, el panismo oaxaqueño no pasaba de ser un mero membrete que no aglutinaba más que a unas cuantas docenas de personas, pero que buscaba a figuras competitivas.

Arnaud, desde su calidad de ciudadano comprometido, cumplió todos los requisitos que le puso ese partido (que no eran muchos); gracias a su propio carisma y capital político, ganó la elección municipal para convertirse en el primer Edil opositor de la capital oaxaqueña. Y lo fue para después ser diputado federal y luego precandidato a Gobernador, aunque el panismo nunca lo vio bien, y siempre trató de ser el primero en descalificarlo. Por eso, casi celebran cuando en 2010 se pronunció a favor del PRI.

 

FIGURAS DE ORNATO

Pensemos en figuras como Perla Woolrich. Ella es una panista tradicional, que sin embargo no tiene capacidad para ganar una elección. Los cargos que ha ocupado han sido gracias a la representación proporcional. Panistas así, no sirven porque no son competitivos. Por eso han tenido siempre que buscar afuera. Y siempre les ha ido mal.

Noticias: injusto, regatear ganancias a los voceadores

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+ ¿Dónde está la justicia social que dicen?

 

El periódico Noticias vive un injusto e innecesario enfrentamiento con las organizaciones de voceadores en la capital oaxaqueña. Aunque se supone que el trabajo de la prensa y el de los papeleros es concomitante de forma invariable, lo cierto es que esa relación ha sido ventajosa por parte de quienes, sintiéndose líderes en el mercado, intentan regatear no sólo una ganancia justa, sino la forma de vida en general, de quienes todos los días trabajan —y arriesgan la vida— en las calles de la ciudad, voceando la información que ofrece el sector periodístico a la población.

En efecto, desde hace unos días, el periódico Noticias anunció que a partir de este fin de semana pasado, incrementaría el precio de portada de sus ejemplares impresos. Esto, independientemente de la percepción que generó entre los consumidores de ese medio informativo, también reavivó una añeja demanda de los voceadores, quienes desde hace años han solicitado a los directivos y dueños de ese diario, que se incremente el porcentaje que se les ofrece a ellos como margen de ganancia, por ser quienes llevan el producto hacia su destino final, que son los lectores.

Y es que aseguran los propios voceadores, que desde hace tres décadas el periódico Noticias, aún bajo la dirección del fallecido don José Martínez Bastida, y en aquel tiempo en acuerdo con los voceadores, estableció que la empresa otorgaría a ellos un precio de venta de veinticinco por ciento por ciento menos a su precio de venta al público en general. Tal porcentaje, hace treinta años, representaba un margen de ganancia decoroso para los vendedores finales de sus ejemplares.

A pesar del paso del tiempo, y del cambio de condiciones de dicho rotativo, este porcentaje de ganancia para los voceadores, no ha variado. Aseguran que ante cada incremento al costo del ejemplar, los voceadores han solicitado de todos los modos posibles que la directiva de ese diario los escuche, y decida negociar un nuevo porcentaje que les permita una ganancia no sólo razonable, sino también equitativa y acorde con el precio de ese diario, que es el más alto de todo el mercado de los medios informativos impresos en la capital oaxaqueña.

El problema es que, hasta ahora, la posibilidad de diálogo no sólo no existe, sino que los directivos y dueños del periódico Noticias intentan presentarse ante la opinión pública como los afectados de esta discordancia, cuando lo cierto es que ni siquiera han intentado llegar a un nuevo acuerdo con los voceadores.

Aunque claramente lo niegan los dueños de Noticias, es tan innegable y justo el derecho que tienen los papeleros de solicitar un incremento al porcentaje de ganancia que ellos tienen por la venta de los ejemplares de ese diario, como también lo han tenido los directivos de ese diario para incrementar unilateralmente el costo de los mismos, cuando asumen que éste ya no es acorde con el costo de los insumos y el margen de ganancia que ellos mismos obtienen por realizar esa actividad que, en términos comerciales, es también un negocio de maquila.

Y si es claro que, si un consumidor habitual tiene la posibilidad de inconformarse con el nuevo costo de un producto dejando de comprarlo, un periódico también tiene la posibilidad de decidir si vende o no sus ejemplares a los voceadores al precio que decida; pero también éstos últimos tienen el derecho a decidir si venden o no ese diario ante las ganancias posibles que les ofrecen. Es decir, que todos los involucrados (lectores, editores y voceadores) están en su pleno derecho de optar por continuar o no con una relación comercial que en ninguno de sus eslabones tiene el sello de obligatorio.

 

INTRANSIGENCIA, ¿DE QUIÉN?

En una nota de portada, dirigida ayer a la opinión pública, Noticias señala que su edición del pasado domingo “intentó ser impedida de circular para no llegar a sus lectores, anunciantes y suscriptores, debido a que los voceadores se negaron a vender los ejemplares, oponiéndose también a que personal de esta casa editora los hiciera llegar a las líneas aéreas y de transporte terrestre para trasladarlos a los centros de distribución en el interior del estado. Incluso se opusieron a que otros voceadores los expendieran en cruceros y avenidas”.

En otra parte de la nota, califican de “intransigente” la demanda de los voceadores para que ahora se les otorgue el 40% de utilidad; dicen que eso lesiona su derecho constitucional al trabajo; y luego de reservarse el derecho de contratar a sus propios vendedores y comisionistas, reiteran que su ofrecimiento continúa en pie, pero reprochan que los voceadores impidan su circulación “pues no tienen ninguna relación laboral con esta empresa”.

Esa carta deja ver una realidad inexistente. Pues si bien es cierto que desde el domingo los voceadores se apersonaron en las instalaciones de ese diario, éstos en ningún momento han impedido la entrada o salida de trabajadores y/o ejemplares. Tan ha sido así, que por esa razón los mismos empleados de Noticias (en un evidente afán mediático) salieron desde el domingo a las calles a hacer lo que los voceadores se negaron; y que, por eso mismo, no ha sido necesaria la intervención de la fuerza pública para liberar sus instalaciones, porque es imposible despejar lo que no ha sido obstruido o arrebatado.

Al final, lo que es evidente es que Noticias pretende disfrazar sus intentos de incrementar sus ganancias, en una supuesta obstrucción ilegítima por parte de los voceadores; del mismo modo, es claro que con esta postura, la intransigencia es de la empresa editora, y no de quienes lo único que han hecho es pedir una nueva negociación que les pueda hacer más favorable una actividad en la que, si bien ellos no son sujetos fiscales obligados, también lo es que la empresa nunca les ha otorgado, o gestionado, los servicios de seguridad social más básicos, a los que tiene derecho todo aquel que realiza una actividad laboral en favor de un tercero.

 

CONGRUENCIA

Todos los diarios locales, excepto Noticias, ceden a los voceadores entre un 40 y un 50 por ciento de margen de utilidad. Ninguno tiene un costo de portada tan alto como ese. Y es que si Noticias dice defender la veracidad, la independencia y el apego a las causas de la sociedad, lo menos que debe hacer es refrendar su congruencia entre el decir y el hacer. Así, Noticias niega a los voceadores un derecho a decidir y ganar más, que ellos sí ejercen. Y además, sin ninguna razón, se erigen como víctimas.