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Cambios en gabinete: ¿qué criterio prevalecerá?

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+ Ajustes de funcionalidad, no para compromisos

Luego del primer año de gobierno, es natural que los gobernantes hagan los primeros ajustes importantes a su equipo de trabajo. Esa ha sido una constante en los últimos Gobernadores de Oaxaca. Aunque ninguno de ellos se había enfrentado a un conjunto tan complejo de intereses y compromisos que, en un momento dado, podrían limitar esa libre capacidad de decisión que debiera tener el Titular del Ejecutivo. Por eso, hoy que los ajustes son inminentes, debiera también quedar claro cuál será el criterio prevaleciente para realizarlos, y si éste rondará en la funcionalidad o en el pago de cuotas pendientes.
Al entregar su Primer Informe de Gobierno, el gobernador Gabino Cué, reconoció que más allá de los avances conseguidos, su administración ha tenido fallos que deben ser corregidos a la brevedad posible. Aunque no particularizó los yerros cometidos, sí quedó claro que muchos de ellos tienen que ver con los problemas de funcionalidad, eficacia y compromiso común, que tiene la administración que encabeza.
El asunto es muy claro: la actual administración, en las condiciones en las que se encuentra, fue conformada con un criterio de inclusión y pluralidad respecto a todas las fuerzas que participaron en la coalición de partidos que impulsaron a Cué para llegar a la gubernatura. Éste, en recompensa, trató de incluir a representante de todos los grupos, aunque desde el primer momento quedó claro que el gran problema de esa conformación sería, primero, que no existía un proyecto y compromisos claros y exigibles directamente por la ciudadanía, para cada uno de los integrantes del gabinete; y segundo, que éstos provenían de fuerzas políticas potencialmente contrarias, y que por tanto el proyecto de trabajo gubernamental siempre estaría supeditado a los intereses partidistas o políticos que se vivieran en cada momento de la vida pública.
Todo eso trajo una consecuencia visible: que, tal y como lo señala el constitucionalista Diego Valadés, ésta pretendida coalición de gobierno en realidad trató de ser cooptación. Esto porque se creyó que incluyendo a todos los participantes partidistas de la coalición, éstos evitarían el choque con el gobierno estatal. Y no fue así. Hoy vemos que independientemente de su pertenencia a partidos gobernantes, gremios, grupos de lucha social, organizaciones campesinas o de trabajadores, y agrupaciones indígenas, de todos modos protestan en contra de un gobierno con el que, se supone, ellos contribuyeron para conformar.
Muchas de esas protestas, sin embargo, son algo que podríamos denominar como “fuego amigo”. Más de un funcionario estatal de “primer nivel” en activo, ha hecho costumbre enviar a sus grupos a protestar en contra de acciones públicas.
Y si el mayor riesgo de esta pluralidad privilegiada en el Gobierno del Estado, radicaba en la posible falta de compromiso por parte de los integrantes del gabinete, muchos de ellos han mostrado también su voracidad, su deslealtad con el supuesto proyecto de gobierno y sus postulados democráticos, y su afán de seguir comportándose —por conveniencia— como si fueran oposición, cuando hoy son parte de los grupos que conforman el gobierno.
Por eso, es no sólo necesario, sino urgente, que se tomen medidas para ajustar ese equipo de trabajo que, si bien no cumple las expectativas de la ciudadanía por su falta de resultados tangibles y comprobables, parece ser que tampoco responde a las necesidades mínimas del Gobernador del Estado, que como primer requisito requiere gobernabilidad y orden dentro de su equipo de trabajo..

AJUSTE URGENTE
Es natural que los gobernantes asuman el cargo sujetos a compromisos con los grupos con los que tuvieron que pactar, para poder alcanzar el poder. Si no es una constante de todos los gobiernos en todos los escenarios, al menos sí es una tradición en nuestro ambiente político.
Por eso, siempre en el primer periodo anual, hasta la misma sociedad manifiesta cierta tolerancia a una pluralidad de fuerzas en el gabinete, que casi nunca viene acompañada ni resultados, ni de eficacia, ni de compromiso por parte de esos funcionarios que desempeñan funciones como premio, y no como débito de trabajo y de responsabilidad con la ciudadanía.
No obstante, al cruzar el umbral del primer año viene también la primera gran sacudida. Generalmente, ese ajuste va liquidando los compromisos y va dando pauta a los verdaderos equipos de trabajo. Y frente a ello, uno de los grandes problemas a los que se ha enfrentado el gobierno al estar en ese escenario, es que los gobernantes han privilegiado la engañosa decisión de tratar de hacer buenos funcionarios a sus buenos amigos, por encima de la posibilidad de allegarse de personas de capacidad, preparación y experiencia probada en las responsabilidades más urgentes a las que debe enfrentarse el gobierno.
El resultado de eso ha sido desastroso. Producto de esas decisiones, los gobernantes han tolerado ineptitud, irresponsabilidad, falta de resultados y, sobre todo, corrupción. Son abundantes los casos de funcionarios corruptos que fueron tolerados por la amistad, por el compromiso o hasta por la complicidad, y que hoy gozan de cabal impunidad a la vista de todos los ciudadanos. Porque nada garantiza que los más allegados al gobernante, sean también los más idóneos para las tareas de administración y gobierno.
Por todo eso, ante la necesidad de los ajustes, el gobierno de Cué se encuentra en la disyuntiva de elegir el criterio de la cercanía para replantear el gabinete; puede también continuar atrapado en una supuesta pluralidad que viene acompañada de todos los problemas, y de ningún viso de compromiso con la sociedad; o, en el mejor de los casos, podría allegarse, ahora sí, de los mejores hombres y mujeres, para seguir eficazmente con el curso de su administración.
Los dos primeros escenarios son poco halagüeños, e incluso hasta algo nocivos. Sin embargo, la posibilidad de que triunfe la funcionalidad por encima de los compromisos y los afectos, es verdaderamente escasa. Y contrario a lo que piensan, esa es una de las razones, sensibles pero trascendentales, por las que nuestros gobernantes nunca pueden alcanzar el estatus de estadistas.

ALIADOS TRAIDORES
Y hablando de eso, hoy habremos de prepararnos para un nuevo día de caos. ¿La razón? Que la Sección 22 del SNTE hará una más de sus movilizaciones. ¿Exigiendo qué? Eso es lo de menos. Lo importante es hacer presencia. Ésta será una semana corta, pero difícil.

Revolución Mexicana, conmemoración desdeñada

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+ ¿Es una celebración desfasada o sólo demeritada?


 

Sin duda, la conmemoración de la Revolución Mexicana, es una de las menos afortunadas en los últimos años. Luego de que el Partido Revolucionario Institucional abandonó la presidencia de la República, los gobiernos panistas han tenido una actitud de cierto desprecio hacia ese trascendental momento histórico de nuestro país. En más de un sentido consideran esa evocación como un acto “priista”; y en otros casos, simplemente parecen no tomarle la importancia que tiene para nuestro sistema de gobierno actual.
Lo primero que debemos preguntarnos es ¿qué es una revolución? Pues bien, ésta se diferencia de cualquier otro movimiento social armado, porque a diferencia de éstos, una revolución trae como consecuencia el replanteamiento del orden jurídico dominante. Por eso, para entender a cabalidad el episodio revolucionario de México, primero debemos conocer los distintos momentos en que se da esta lucha armada, y después distinguir las causas y los actores que dieron pie al sistema institucional que hoy nos rige.
En efecto, de forma general se entiende que la lucha revolucionaria inició el 20 de noviembre de 1910, por Francisco Madero. Sin embargo, lo primero que debemos hacer es precisar los distintos momentos que tiene este episodio. Porque si bien, es indudable que todo el movimiento fue iniciado a partir del Plan de San Luis, que emitió Madero desde Estados Unidos en los primeros días de octubre de ese año, es claro que dicho plan no tenía por objeto modificar los fundamentos constitucionales de nuestro país. Veamos, en repaso rápido, por qué.
El Plan de San Luis tenía por objeto llamar a las armas a los mexicanos para derrocar al gobierno del general Porfirio Díaz, e instaurar un régimen conforme a los principios institucionales que establecía la Constitución Política federal de 1857. De hecho, al leer el Plan, uno puede darse cuenta que ahí le da toda la importancia a los fundamentos democráticos que establecía la Constitución vigente.
Y que, además, al asumir la presidencia, en noviembre de 1911, Madero asumió el cargo bajo una Norma Constitucional a la cual no cuestionaba, ni desconocía, y mucho menos trataba de modificar. Es decir, que hasta entonces, a esa gesta armada aún no se le podía dar la calidad de Revolución, pues no había entre sus planteamientos políticos, el de la modificación del marco constitucional vigente.
Madero fue asesinado, junto con el vicepresidente José María Pino Suárez, en febrero de 1913, por órdenes del usurpador general Victoriano Huerta. Al asumir éste el poder presidencial, a través de maniobras legaloides, entonces surgió el llamado movimiento constitucionalista, encabezado por el entonces gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza Garza, que se negó a reconocer la presidencia de Huerta.
¿Qué quería ese movimiento constitucionalista? Buscaba, precisamente, que prevalecieran los principios constitucionales por encima de la lucha armada por el poder, y de los actos de usurpación del “chacal” Huerta; y una vez que derrocó al huertismo, buscó darle forma institucional a los principios de la Revolución, a través de su establecimiento en la Constitución. Esto último, ocurrió con la Constitución Federal de 1917, que recogió esos principios, los plasmó en ley, y les vio viabilidad para fueran ejes rectores de la vida institucional en México.

¿FIESTA PRIISTA?

Tradicionalmente se asumió que el PRI —y sus antecedentes directos, el PNR y el PRM— aglutinaba a los herederos de la Revolución. Y en buena medida era cierto. No obstante, las largas décadas de la hegemonía priista en el poder presidencial, hicieron parecer como que el PRI era el gran depositario de la institucionalidad plasmada en la Constitución hecha por el constituyente revolucionario, y no que esa institucionalidad era el marco democrático en el que podía confluir una lucha nacional por el poder, en la que no sólo cabía el priismo y los herederos de la Revolución, sino todas las expresiones, corrientes y partidos dispuestos a luchar por el poder dentro de los cauces constitucionales.
Esa falsa idea llevó al priismo a hacer particularmente suya la conmemoración revolucionaria. Pero también, esa falsa percepción llevó sus adversarios a ver esa celebración casi como un acto partidista del tricolor, y no como un hecho de relevancia fundamental para la historia de nuestro país.
Por eso, quizá, en la última década en que ha gobernado el panismo en el país, la conmemoración revolucionaria se ha visto en gran medida disminuida, y hasta pareciera que los gobernantes la han mantenido únicamente como una forma más de decoro histórico, pero sin darle la relevancia que debiera merecer.
Sin embargo, queda claro que más allá de los dogmas partidistas y de las tendencias políticas, la Revolución Mexicana fue la que nos legó este marco democrático, en el que es cada vez más posible hacer efectiva la participación de todos en los asuntos públicos.
Aunque son muchas las fallas que aún tiene nuestro sistema político, y muchos los aspectos de la vida institucional que deben ser fortalecidos a través de modificaciones constitucionales para que el poder funcione de mejor modo y responda con más eficacia a las necesidades del país, queda claro que ese marco jurídico delineado desde el constituyente revolucionario, fue el que permitió que muchas de las causas más importantes del país estuvieran plasmadas en ley.
No sólo se trata de lo relativo al poder presidencial, a la no reelección, o a la constatación del federalismo. Además de todo eso, la Revolución permitió el establecimiento de principios fundamentales relativos al agrarismo, de los derechos inherentes a los trabajadores, y de todas aquellas aspiraciones que tuvieron quienes desearon el fin de los abusos del poder presidencial.

CONMEMORACIÓN DESDEÑADA

Por eso es grave el desdén que hoy muchos le profieren a esta celebración. No debiera verse como la reiteración de una fiesta partidista de un sector que ya no gobierna. Más bien, debiera apreciarse como el punto de partida de nuestra democracia y de los principios que hoy aún nos siguen dando viabilidad como nación. Aunque la Revolución fue una lucha llena de claroscuros —como toda nuestra historia nacional— queda claro que desdeñarla es tanto como negar nuestra propia realidad. Y conocerla, y darle la importancia debida, equivale a garantizar que, como país, no daremos pasos en reversa, y que no pondremos en riesgo la importancia fundamental de nuestra institucionalidad.

Inundan unanimidades y mayorías absolutas

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+ ¿Son rasgos positivos para esta democracia?

Al inicio de la semana se dio una definición sorprendente para nuestra cultura democrática: sin ninguna disputa, ni pelea, ni confrontación, ni rompimiento, los dos aspirantes presidenciales de las fuerzas de izquierda más posicionados, llegaron a un acuerdo sobre cuál será el destino de la candidatura presidencial, cómo se repartirán los espacios de poder; y sobre todo, cómo tratarán, aparentemente juntos, de ganar juntos un poder que tradicionalmente ha sido codiciado como un objeto personalísimo, e intransferible mientras dura el mandato del gobernante en turno.
En contraposición de ello, vemos que el Congreso de la Unión parece un ente casi ingobernable. Los diputados tienen una capacidad casi nula para ponerse de acuerdo, y sólo logran sacar adelante los acuerdos más apremiantes o indispensables para el sostenimiento de la funcionalidad y la vida democrática del país. Quizá por eso, hoy los partidos y candidatos presidenciales potenciales, buscan a toda costa conseguir mayorías absolutas que les permitan un control del Legislativo independientemente de la capacidad de concertación y acuerdo que puedan tener ahí los representantes del gobierno federal, de los partidos y de las facciones políticas.
Debiéramos preguntarnos si esos rasgos, que aparentemente facilitan la vida política y las decisiones trascendentales de nuestro país, en realidad son benéficos del todo para la vida democrática y para el verdadero mejoramiento de la forma en cómo funcionan los partidos políticos y los poderes federales.
Comenzamos en México a ver escenarios inéditos. Los partidos integrantes de las llamadas fuerzas de izquierda, se han caracterizado, prácticamente desde su creación, por ser entes plurales y deliberativos, en los que muchas veces las decisiones no son compartidas por todos, y en los que tampoco es raro que haya arreglos poco ortodoxos cuando dos personas o grupos se disputan, se supone que civilizadamente y en el terreno político, una misma aspiración, candidatura o espacio dentro del sector público.
Por eso extraña tanto que haya un acuerdo desprovisto de violencia —física o política— entre Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard Casaubón, por la candidatura presidencial. Nadie sabe bien a bien cuál fue el arreglo real entre ellos. Pero lo que sí queda claro es que ninguno de los dos salió perdiendo todo ni ganando todo. Empero, desde el primer momento se zanjó la posibilidad de la trifulca, que era la que más se preveía entre quienes se disputarían todas las candidaturas presidenciales, de todos los partidos políticos representados.
Hoy, incluso, vemos que en el Partido Revolucionario Institucional podría ocurrir algo más o menos similar. Ya comienza a manejarse la posibilidad de que el senador Manlio Fabio Beltrones Rivera pueda declinar en su aspiración de ser candidato presidencial. Quizá el hecho de ver tan posicionado al ex gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, y de corroborar que ya existe a su alrededor una fuerte cohesión de los factores de poder que confluyen en el priismo nacional, lo ha llevado a suponer que no tendría mayor posibilidad de obtener resultados positivos en la lucha que pretende emprender por hacer contrapesos en esa carrera por la candidatura presidencial.
Frente a todo esto, hay un factor más. Todos los partidos han manifestado su voluntad de obtener mayorías absolutas que les permitan gobernar de la mano del Congreso. Esto es, en términos sencillos, ganar de tal modo que no tuvieran que realizar un trabajo tan intenso de consenso entre las diversas fuerzas políticas, e inhibir en éstas la posibilidad de no llegar a ningún consenso cuando interactúan como pares en las cámaras federales.

¿MAYORÍAS Y UNANIMIDADES
BENEFICIAN A LA DEMOCRACIA?
Las unanimidades reiteradas nunca son buenas para una democracia. Por eso, aunque en un primer momento es positivo el hecho de que parezca haber arreglo entre los factores internos de los partidos políticos para definir sus candidaturas presidenciales, debe también alarmar el hecho de que éstas se están definiendo al margen del debate amplio que debiera haber entre candidatos, y también sin tomar en cuenta el proyecto de gobierno y los antecedentes que tiene cada uno de ellos.
Del mismo modo en el Congreso. ¿Es bueno que se construyan las mayorías? Si, por un lado, éstas permiten un mayor grado de gobernabilidad y una mejor relación entre el Ejecutivo y Legislativo, y todo esto redunda para bien de la nación, entonces sí que se construyan.
Pero si se intenta que regresen las unanimidades para que de este modo se reediten los verticalismos del pasado, y se fortalezca la influencia presidencial con rasgos de autoritarismo —como sí es un riesgo potencial cuando se dota de poder excesivo a un solo ente en nuestro país—, entonces todo esto tendría que ser repensado y revisado tantas veces como fuere necesario, antes de dar varios pasos atrás en la construcción de una mejor democracia.
El caso de los partidos políticos es paradigmático. Ello debiera revisarse para corroborar si, independientemente de que Peña Nieto sea el más aceptado como candidato presidencial  —debido a factores como su imagen, su impacto mediático o la fuerza que tiene a través de los gobernadores, senadores, diputados federales y líderes partidistas de su partido—, tiene también la sustancia suficiente como para poder conducir con liderazgo y respuestas, los problemas más importantes que enfrenta nuestra nación.
Esto debemos analizarlo porque la nuestra es una democracia en construcción, y por tanto es necesario que demos pasos hacia adelante, y no abonemos retrocesos que nos conduzcan a situaciones de las que luego nos estemos lamentando. Pensar que las mayorías absolutas, y las unanimidades nos sacarán de todos los problemas, es tanto como creer que con dejar de nuevo en manos del autoritarismo los asuntos del país, viviremos en la paz y en la tranquilidad que, según algunos, perdimos con el arribo de la democracia.

CUENTA REGRESIVA
Por cierto, ¿cuánto tiempo más aguantará Humberto Moreira al frente del Comité Ejecutivo Nacional del PRI? Queda claro que después de ser un activo potencial, por la personalidad agresiva del líder priista, hoy es un pesado lastre que dentro de poco no sólo no le será útil al partido, sino que comenzará a cobrarle facturas. ¿Será sólo cuestión de tiempo? ¿O es que correrán el riesgo de ir a la campaña cargando pasivos de ese tamaño?

AMLO hace ruido a Congreso del Estado

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+ Conveniencias e intereses, no ideologías

 

El intento de separación de varios diputados locales, de sus respectivas fracciones parlamentarias en el Congreso del Estado, es apenas un primer síntoma de los reacomodos que a partir de ahora habrán entre quienes intentan subirse al carro del futurismo. Puros y conversos, buscan perfilarse como potenciales candidatos a algo más, aún cuando lo único que están dando, es una grosera demostración de pragmatismos y conveniencias. Una vez definido el rumbo, todos quieren ir. No importa si comparten o no la ideología o los planteamientos de la corriente política a la que se desean adherir.

Desde hace algunos días, en el Congreso se habla con insistencia del potencial abandono de sus respectivas fracciones parlamentarias, de los diputados Pavel López Gómez y Aleida Serrano Rosado del PRD; del diputado Raúl Bolaños Cacho Guzmán del PAN; de Carlos Hampshire Franco de Unidad Popular; e incluso, por el incumplimiento de un acuerdo respecto a la coordinación de su bancada, del diputado Flavio Sosa del Partido del Trabajo. Esto, que pudiera creerse que tiene visos democráticos, e incluso del convencimiento de pasar a la disidencia dentro de sus propias bancadas legislativas, en realidad no resulta ser sino un mero reacomodo de fuerzas rumbo a 2012.

El planteamiento de separación de sus fracciones parlamentarias, hecho hace unos días por esos diputados, es concomitante con las definiciones que está teniendo la izquierda en el país. Y aunque ese es el hecho más trascendental, es también evidente que no fue esa la única razón para que varios de ellos decidieran transitar de una fracción a otra, e incluso también exploraran, hace unos días, la posibilidad de constituir una suerte de “fracción apartidista”, formada por ellos, luego de declararse como diputados independientes, y separarse de su respectiva bancada legislativa.

La razón de todas estas decisiones, radica no en ideologías ni en convencimientos en la plataforma política del virtual candidato presidencial de la izquierda (Andrés Manuel López Obrador), sino en el pragmatismo más puro, y en la defensa de sus intereses y ambiciones particulares. Veamos si no.

Ahí mismo en el Congreso, aseguran que días antes de que terminara el primer año de ejercicio legislativo, emisarios del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) —brazo político-electoral de López Obrador, e independiente de todas las fuerzas políticas que quisieran arroparlo como aspirante presidencial— tuvieron un acercamiento con varios diputados de diversas fracciones parlamentarias. Los enviados de Morena buscaban la consolidación de ciertos apoyos a cambio del otorgamiento de candidaturas para el próximo proceso electoral.

De ahí, dicen, puede entenderse que en unos cuantos días se hubiera conformado todo un bloque de diputados dispuestos a abandonar sus respectivas fracciones, para adherirse públicamente a Morena y a las fuerzas partidistas que desde hace años han sido las incondicionales de López Obrador.

Por eso, señalan, de manera sospechosamente coincidente, tanto el hasta ahora discreto diputado panista Bolaños Cacho Guzmán, como los perredistas López Gómez y Serrano Rosado, tuvieron la misma brillante idea de adherirse a la fracción del Partido del Trabajo, e incluso de formar una fracción independiente si es que al interior de esa fracción no se dirimían por completo las diferencias entre sus dos integrantes por la coordinación de la bancada.

 

LA IDEOLOGÍA NO IMPORTA

En efecto, en esta loca carrera por el poder lo que menos importa son los principios ideológicos, o los fines que persiguen las distintas facciones políticas. Por eso mismo, en estos últimos días, hemos visto también intentos desesperados de las fracciones parlamentarias (particularmente la del PRD) por frenar este intento de escisión dentro de la cámara. Evidentemente, nadie quiere perder nada. Y es claramente visible, que a nadie le importa sacrificar el discurso y los planteamientos ideológicos, si de lo que se trata es de evitar que el poder se siga fraccionando.

Queda claro que varios de esos diputados se adhirieron a la fracción del PT para ir en busca de candidaturas a diputaciones federales, y al senado de la República, que no podrían conseguir bajo ninguna otra circunstancia. Si ni el diputado Pavel Renato Gómez, ni Aleida Serrano, tampoco el diputado Raúl Bolaños Cacho y mucho menos el pupista Hampshire Franco, fueron capaces al menos de ganar la elección por la que son diputados —todos llegaron al Congreso del Estado por la vía de la representación proporcional—, mucho menos tendrían la confianza de sus partidos, y la fuerza como candidatos, para poder obtener, de la nada, una candidatura a diputado federal o senador.

En este sentido, ninguno de esos diputados cuenta con el respaldo suficiente de su propio trabajo legislativo, como para suponer al menos que tienen la legitimidad como para merecer una diputación federal. Aunque ninguno ha tenido un desempeño excepcional —de hecho todos rondan en la mediocridad—, el caso más paradigmático es el del diputado Hampshire, que en todo el primer año legislativo no tuvo intervenciones, ni propuestas, ni puntos de acuerdo, que pudieran avalar la representación de una minoría indígena fundamental (la triqui) para nuestro estado.

Y si no los respalda el trabajo, menos el posible planteamiento ideológico que pudiera llevarlos a pensar en que eso les justificaría el abandono de su fracción y la adhesión a una con la que seguramente no comparten ningún tipo de planteamiento. En el fondo, todos van por el poder, en la forma que sea. Todos buscan alinearse a López Obrador, para manejar desde aquí los fondos económicos de la campaña presidencial que le correspondan a la entidad; para obtener una postulación. Y para ver si la suerte —que hoy es casi como una moneda al aire— les permite llegar, casi de aventón, a alguna de las cámaras del Congreso de la Unión.

Porque como es evidente, en esto sólo valió la carrera por el poder. La ideología y todos los principios políticos, pueden esperar para cualquier otro momento.

 

AGUAS CON EL GASTO

La campaña de gasto excesivo que inicia hoy viernes, debe tomarnos prevenidos a todos. No sabemos exactamente ni por qué nos están invitando a gastar, y mucho menos nos queda claro si eso verdaderamente podrá traernos un beneficio a la economía familiar. Si de por sí en enero hay “cuesta” económica, ¿cómo arrancará el 2012, cuando ya la gente tenga más de un mes con los bolsillos gastados?

AMLO, candidato. ¿Qué le espera a Oaxaca?

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+ Aquí, falta de definiciones, generará choques

 

El hecho de que ya se haya definido que Andrés Manuel López Obrador será candidato de los partidos que integran las fuerzas de izquierda en el país, no constituye ninguna señal de que exista ya una línea definida a seguir en las fuerzas que gobiernan coaligadamente Oaxaca. Parece que lejos de haber acuerdos y homogeneidad, la pronta definición de la contienda interna por la candidatura presidencial, traerá a Oaxaca una serie de pugnas y desencuentros entre las mismas personas que hoy, desde diversas posiciones, tienen en sus manos a los Tres Poderes del Estado.

Por distintas razones, no es usual en México un anuncio como el hecho el martes por López Obrador, y el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard Casaubón. Ambos decidieron someterse a una encuesta para medir quién es el que tiene mayor aceptación ciudadana y posibilidades de triunfo en la contienda presidencial.

Luego de negociar el resultado —que luego fue avalado por las encuestas— ambos personajes llegaron a la conclusión de que el Primero debía ser Candidato Presidencial; pero que el segundo tenía mano para decidir un número importante de candidaturas y posiciones políticas no sólo en la capital del país, sino en los distintos puntos del país que constituyen centros de poder para los partidos de izquierda.

Uno de esos centros de poder, fundamental, es Oaxaca. Aquí, López Obrador invirtió, en el ahora gobernador Gabino Cué Monteagudo, su legitimidad, respaldo e impulso político para que éste se convirtiera en candidato. Pero, del mismo modo, Marcelo Ebrard le apoyó de manera sustancial a través del nada despreciable aparato político del Gobierno del Distrito Federal, durante y después de los tiempos de campaña.

Por eso, es comprensible que hasta ahora el gobernador Cué haya tratado de mantenerse lo más alejado posible de la disputa por la candidatura presidencial entre esos dos personajes. No se metió abiertamente a apoyar a ninguno de ellos. Pero de forma discreta, a cada uno de ellos les ha dado los espacios que han necesitado, y a sus representantes en la entidad los ha colocado en posiciones de primera línea, como tratando de perfilarlos para las posiciones que estarán en disputa en los comicios del próximo año.

En ese sentido, fue ejemplo de esa política de no confrontarse por parte del gobernador Cué, la de permitir la entrega del Partido Convergencia, para que el movimiento lopezobradorista pudiera transformarlo en Movimiento Ciudadano.

Quedó claro que la intención del Mandatario oaxaqueño era la de dar una posición amplia al tabasqueño, como otra de las posiciones a las que éste tenía derecho en reciprocidad por la ayuda recibida. Pero también, ese episodio dejó claro de qué tamaño serán las disputas entre los representantes de uno y otro grupo, y también de quienes, por pretender quedar bien con ellos, se metieron a una disputa en la que finalmente nadie resultó ganador, porque a todos, para ponerlos en paz, les aplicaron el recurso salomónico de que, a grandes males, grandes remedios.

Eso dejo ver el nivel de heterogeneidad que tiene el grupo que gobierna junto con el gobernador Cué. Y ese bien podría ser un parámetro de la lucha que habrá por las posiciones que ya fueron previamente repartidas entre Ebrard y López Obrador; y que aún cuando podría parecer que por eso ya no habría disputa, queda claro que al menos en Oaxaca este será el inicio de una larga y feroz guerra por ver quién, de los varios grupos que aquí rondan como satélites a la izquierda, se queda con esos nada despreciables espacios.

 

LUCHA ENTRE VARIOS

Será un verdadero problema si, a partir de ahora, el gobierno de Gabino Cué sigue sin tener definiciones claras sobre a quiénes impulsará rumbo al Senado de la República y las diputaciones federales. Hasta hoy, han quedado claras las diferencias entre el grupo que se identifica en Oaxaca con Ebrard, y los que pretenden convertirse en delegados de López Obrador.

Incluso, en la carrera por las senadurías, se ha visto desde hace meses que el coordinador de los Módulos de Desarrollo Sustentable, Benjamín Robles Montoya, pretende erigirse como el proyecto de Cué con el obradorismo; mientras que, frente a él, se ha plantado Alberto Esteva Salinas, tratando asimismo de generar la idea de que él es el proyecto del gabinismo rumbo al Senado, pero cobijado por el ebrardismo.

La primera escaramuza entre estos personajes se dio justamente con motivo del cambio de denominación del Partido Convergencia. Y todavía hoy, éstos siguen haciendo labor intensa de supuesto posicionamiento político, para tratar de dejar en claro a la opinión pública, a su partido, y al Mandatario (entendido como Jefe Político) que ellos son los más idóneos para encabezar la fórmula de candidatos de izquierda, que irán por el Senado de la República.

Hasta el momento, no se ve otro arreglo posible, que el de una intervención directa del Gobernador para establecer los límites y los equilibrios que se establecerán entre los diversos grupos políticos para el reparto de las candidaturas. E incluso esta posibilidad queda en entredicho, cuando en este primer año de gobierno se ha visto reiteradamente que la mayoría de los grupos perredistas, petistas y convergentes —aún instalados en el gobierno estatal, detentando posiciones incluso de primer nivel— no precisamente le tienen mucho respeto a la figura y autoridad del Gobernador del Estado.

Por todo eso, este mensaje de unidad que enviaron el martes Ebrard Casaubón y López Obrador, en Oaxaca no será precisamente un sinónimo de homogeneidad, o de que por virtud de ello esté “planchado” el reparto de las candidaturas. Aquí, como en otros muchos lugares del país, lopezobradoristas y ebrardistas se darán con todo por quedarse con las candidaturas que, según ellos, no les cederá nadie, sino que las merecen por el trabajo —y las grillas— que han protagonizado hasta ahora. El tiempo dará pauta de todo ello.

 

CHIMALAPAS

La tensión en la región de los Chimalapas, y la potencial creación de un municipio perteneciente al vecino Estado de Chiapas, en territorio que es considerado como oaxaqueño, no son producto de la casualidad. El olvido reiterado, y las soluciones dilatorias que desde hace años le ha dado el sector oficial a esos conflictos, convierten a esta próspera región en un blanco fácil para vivales que buscan provechos indebidos. ¿Qué no al ojo del amo, engorda el caballo? Ahí tienen el resultado.

Informe: la oportunidad democrática, perdida

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+ Diputados: ¿cooptación o desdén por su labor?

 

Aún cuando pudiera parecer positivo el retorno de la tradición política, en la que el Gobernador del Estado visita personalmente la sede del Congreso del Estado para entregar su informe anual de gobierno, es claro que, al menos en esta ocasión, fue una inmejorable oportunidad desperdiciada por todos los involucrados. Aunque todos manifestaron voluntad por la reedición del informe presencial, queda claro que nadie quiso darle al menos las formas democráticas mínimas de un supuesto Estado en transición, como el nuestro.

Quienes conocen la historia política reciente de nuestra entidad, afirman que fue en 1994 la última ocasión en que un Gobernador del Estado (en los tiempos del gobernador Diódoro Carrasco Altamirano) visitó el Congreso para entregar personalmente el informe sobre el estado en que se encuentra la administración pública del Estado.

A partir de entonces, los Mandatarios en turno prefirieron dejar de lado esa tradición —que en algún tiempo fue considerada, al estilo presidencialista, como “el día del Gobernador”—, pero no porque consideraran a ésta como una forma política caduca o representativa de la imagen antidemocrática que intentaban eliminar.

Más bien, con el aval de la Constitución (que no obliga a la visita del Gobernador al Congreso, para entregar el Informe), decidieron terminar con este esquema por los problemas que les ocasionaba. Más que la adulación y los elogios de antaño, éste era un día de protestas, marchas multitudinarias, y hasta potenciales enfrentamientos. Dejaron atrás el protocolo, pues, por las incomodidades que éste ya generaba, y no por una vocación democrática de avanzada.

A partir de entonces, la entrega del Informe fue un mero acto protocolario (ahora protagonizado por un subordinado del Gobernador, que sí estaba obligado a sortear todo tipo de inclemencias durante el acto), que luego se complementó con el establecimiento de la obligación de todos los integrantes de la administración pública estatal, de comparecer ante las comisiones de la Legislatura, cuando éstas requirieran su presencia para abundar o aclarar cierto tema, o para abundar los datos contenidos en el Informe durante el periodo denominado como de “glosa”.

No obstante, el gobernador quedó exento de la solemnidad de ser quien rindiera cuentas sobre su gestión; y si esa situación se mantuvo así por alrededor de tres lustros, fue porque de algún modo todos estaban cómodos con esa situación. Es decir, que ni el Gobernante en turno tenía ganas de revivir aquellos momentos cargados de claroscuros y tensión, y los diputados tampoco parecían tener interés en constreñir al Mandatario para que cumpliera con una solemnidad que, nos guste o no, ha sido parte de nuestra cultura y tradición política.

Tuvo que venir el tiempo del cambio. Y con éste quedó de manifiesto que el gobernador Gabino Cué Monteagudo sí tendría la legitimidad, la disposición, y el bono democrático, como para acudir personalmente al Congreso a entregar su informe de labores, y emitir también un discurso desde la tribuna legislativa.

Hasta ahí todo parece correcto, y hasta plausible. El problema es que esa voluntad no fue honrada por un interés democrático genuino. Porque aunque revivió el informe, éste apareció a través del formato más anticuado y antidemocrático posible. El problema es que el Ejecutivo lo planteó de ese modo; y el Legislativo, cómplice y servil —como sigue siendo frente al Ejecutivo—, así lo convalidó.

Por eso, el acontecimiento político de ayer martes no alcanza a llenar los requerimientos democráticos mínimos de la actualidad. Y tampoco puede, ni debe, convertirse en un modelo para los años siguientes —si es que el Mandatario pretende seguir con la tradición de acudir personalmente al Congreso a entregar su informe.

 

CONVALIDAR LO ARCAICO

El regreso de la tradición del informe de gobierno, en un escenario ideal, debió haber venido acompañado de innovaciones y demostraciones contundentes de una verdadera vocación democrática de avanzada.

Sin tratar de de descubrir el hilo negro, tanto el Ejecutivo como el Legislativo pudieron haber revisado algunos de los innumerables esquemas posibles de intercambio de ideas entre Poderes, durante ese acto solemne, para tratar de adecuarlo al contexto local y aplicarlo.

El problema es que, de nuevo, ganó la tradición del culto a la personalidad; de la subordinación del Legislativo al Ejecutivo; y de la ponderación del cuidado de la imagen del Mandatario, por encima de lo que sí pudo haber sido un acto democrático.

Y es que el formato de Informe planteado por el Ejecutivo, y convalidado por el Legislativo, es el menos democrático de todos. Ese supuesto acto democrático, en los hechos, no fue sino un binomio de discursos en los que cada uno de los participantes dijo lo que quiso, informó a discreción, y prefirió no salir de su zona de confort frente a sus contrapartes.

Por eso, el Ejecutivo sólo reconoció discretamente sus errores —pero no abundó en los cuestionamientos que la sociedad le ha hecho—; y el Legislativo, en su respuesta, prefirió transitar en lo abstracto, evadiendo la gran mayoría de los temas de fondo que pudieron haber sido la sustancia de este acto.

Prueba de ello, es que en este informe no hubo ni siquiera la vieja tradición de los posicionamientos previos de las fuerzas políticas. El oficialismo y la oposición no tuvieron posibilidad de manifestar formalmente sus posiciones frente al gobierno. Y el Gobernador no tuvo tampoco que escuchar esos argumentos que, se supone, podrían ser no sólo una crítica, sino también un punto de utilidad para el replanteamiento de los temas que no han sido eficazmente atendidos por su gobierno.

Los posicionamientos de las fracciones parlamentarias —si es que los hay— frente a la acción de gobierno, serán por eso actos aislados, y potestativos. Y quién sabe si para los años siguientes haya verdadera voluntad de revisar el esquema, y hacerlo verdaderamente democrático, y no consolidar este acontecimiento como un acto demagógico, que lo que estaría reviviendo es nada menos que la tradición autoritaria de rendir culto al Mandatario durante ese, que sería de nuevo, su día.

 

EJEMPLO DE RESPONSABILIDAD

lamó la atención que varios integrantes del gabinete legal estuvieron ausentes en el Informe. Según dicen, tuvieron actividades más importantes fuera del Estado, que acudir a la rendición de cuentas de su Jefe ante el Congreso.

Imagen de Oaxaca: sólo autoengaños

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+ Atracción por pobreza, no por modelo

 

¿De verdad estarán convencidos en el Gobierno del Estado, de que hoy nuestra entidad es atractiva para las agencias internacionales de desarrollo, por ser un modelo de gobierno y una entidad dotada de excelentes condiciones sociales y de gobernabilidad en México? Pareciera que ese es uno de los ejes que pretenden explotar, desde el sector oficial, en el primer informe de labores del gobernador Gabino Cué Monteagudo. Pero es evidente que, en rigor, Oaxaca está lejos de ser una entidad atractiva para los organismos internacionales por los aspectos que el gobierno pretende hacernos creer.

Uno de los rubros en los que el Gobierno del Estado incursionó en esta administración, fue en el relativo a la vinculación y el financiamiento internacional. De hecho, hasta crearon una coordinación con ese nombre. Sin embargo, es claro que una cosa es el acercamiento con organismos de ese tipo, y otra la engañosa imagen —que también han tratado de generar en la administración estatal— de que Oaxaca tiene algo así como su propia “política exterior”.

Es evidente que mientras la primera de las finalidades es no sólo útil, sino también necesaria —y se aparece como un gran acierto, ante las imperiosas necesidades que tiene nuestra entidad—, la segunda es un peligroso engaño, que intenta sorprender a quienes desconocen por completo el andamiaje constitucional, y el ámbito de competencias institucionales en nuestro país.

Queda claro que, en el primero de los casos, son las condiciones sociales, dolorosísimas, las que desde siempre han atraído la atención y el trabajo de las agencias internacionales de desarrollo, tanto de la ONU como de diversos países interesados en Oaxaca.

El hecho de que hoy esas agencias vengan a la entidad a firmar convenios, y hasta a hacer conmemoraciones relativas a su propia existencia, en alguna medida sí tiene que ver con el bono democrático del nuevo gobierno. Durante toda la gestión anterior, aquellas agencias de desarrollo sí venían y realizaban trabajo social y de investigación, pero siempre de manera independiente.

Además, tenían absoluto cuidado de aparecer públicamente lo menos posible, y sobre todo evitando a toda costa, dar la idea de que trabajaban mano con mano con un gobierno local encabezado por un personaje (el gobernador Ulises Ruiz Ortiz) sobre quien, nacional e internacionalmente, pesaban una imagen de represor, corrupto, autoritario e intolerante, y sobre quien habían serias conminaciones para que abandonara el cargo por su amplia vocación antidemocrática.

Por si todo eso no fuera suficiente, también era claro que el gobierno estatal de aquel entonces, tampoco tenía mucho interés de coordinar esfuerzos con las agencias internacionales, y mucho menos tenía interés en obtener recursos extraordinarios, provenientes del exterior, para atender problemáticas sociales de comunidades indígenas con fuertes problemas de pobreza y marginación. Por lo menos no les interesaba hacerlo de manera coordinada y sistemática, como hoy intenta hacerlo la administración estatal.

No obstante todo lo anterior, es claro que hoy, y siempre, a las agencias internacionales de desarrollo les ha interesado nuestra entidad, porque ésta se encuentra plagada de todo tipo de calamidades sociales (pobreza, marginación, violencia familiar, discriminación, analfabetismo, etcétera) que son de su interés atender… para tratar de incidir en su abatimiento.

Esa es la razón de mayor peso para que hoy las agencias tengan interés en la entidad, y no el hecho de que vengan aquí a firmar convenios y a hacer celebraciones sólo porque consideren que la nuestra es una entidad con paz, con gobernabilidad, o con un gobierno modélicamente democrático y funcional. Queda claro que aún con cualquier tipo de avance que pudiera haber habido en este primer año de gestión, aún estamos lejos de poder situarnos en una posición de esas características.

 

¿POLÍTICA EXTERIOR?

Se supone que hoy, los esfuerzos de las relaciones internacionales que entabla el gobierno de Oaxaca con organismos de ese tipo, están concentrados en una sola coordinación institucionalizada. Su función y alcances, sin embargo, se encuentran circunscritos a tareas específicas, y no al posible establecimiento de una “política exterior”, como se ha tratado de aparentar, y como algunos despistados han tratado de creer.

La idea de entablar relación con organismos internacionales de desarrollo, lejos de ser cuestión negativa para un gobierno local, es una tarea útil que incluso podría aparecerse como un tipo de “as bajo la manga” frente a las limitaciones económicas. Se supone que la idea principal del establecimiento de la coordinación del gobierno local encargada de esas tareas, se encuentra en la búsqueda de recursos internacionales extraordinarios que pudieran ejercerse, para abatir ciertos índices de marginación o pobreza, que sitúan a nuestra entidad entre las más afectadas por esas condiciones.

Y, según se plantea, todo eso puede lograrse a través de la vinculación y la realización de programas conjuntos y diagnósticos, que luego podrían servir a los organismos internacionales para destinar recursos, y ejercerlos ellos mismos o a través del gobierno local, para atender los fines que se proponen.

No obstante, todo eso se encuentra a kilómetros de distancia de la posibilidad de que Oaxaca entable relaciones internacionales de otro tipo. La idea, si ha querido ser incrustada desde el mismo gobierno, es no sólo errónea, sino incluso invasiva de las atribuciones que la Constitución de la República le otorga al Titular del Poder Ejecutivo Federal.

Por todo eso, querer confundir el financiamiento internacional, con el establecimiento de algún tipo de política exterior, no es justificable desde ninguna perspectiva. Y querer asumir que es por las buenas condiciones de la entidad que los organismos se interesan en venir a Oaxaca, es tanto como querer esconder, debajo de un trapito, las abrumadoras condiciones sociales que prevalecen en nuestro estado.

 

PRIMER INFORME

Hoy rinde su primer informe el gobernador Gabino Cué. Para las generaciones actuales es novedoso que vaya al Congreso. Ojalá que, el retorno de esa “tradición”, no venga acompañada del añejo “Día del Gobernador”. Ojalá que el informe deje, pues, de ser motivo de lucimiento y magnanimidad del gobernante, ante la obediencia del Legislativo, y sea un verdadero acto democrático y republicano de informe y crítica. ¿Será?

Magisterio: la ACE disfrazada, sigue adelante

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+ Normalistas y todos, ahogados por los recursos

Aunque todos la niegan, y todos la repudian, queda claro que la Alianza por la Calidad de la Educación, en Oaxaca, sigue avanzando sin oposición. Los profesores integrantes de la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, la han rechazado sistemáticamente. Y aunque el Gobierno del Estado se ha comprometido a respetar, y hasta colaborar con esas posiciones, lo cierto es que en la puja por los recursos económicos, el gobierno federal va ganando silenciosamente —y quién sabe si no también con ciertas complicidades— esta partida.
Son motivos políticos, y no un verdadero interés por la educación, lo que desde hace años ha movido a los profesores de la Sección 22 a rechazar la ACE. En un primer momento, aseguraron que dicho esquema de la educación no tomaba en cuenta las particularidades de de pobreza y marginación de entidades como la nuestra, y que pretendía llevar a cabo un proceso de homogenización que no era correcto ni permisible frente a cuestiones como las antes descritas, además de los aspectos culturales, étnicos, lingüísticos y demás que particularizan a las comunidades indígenas.
Posiblemente, en ese primer planteamiento los profesores tenían razón. No obstante, cobijados en esa supuesta preocupación por el rumbo que pudiera tomar la educación pública de los niños y jóvenes oaxaqueños, los maestros de la Sección 22 también, y sobre todo, se cerraron a cualquier intento de evaluación por parte de la Secretaría de Educación Pública.
Y, sospechosamente, su oposición alcanzó también a la nada despreciable situación de no permitir que el gobierno federal pudiera condicionarles su estatus salarial, sus formas de escalafón y, en general, el control que ellos tenían de su situación de privilegio, de total discrecionalidad y de absoluta autodeterminación, como trabajadores dentro del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca.
Por eso, en realidad los profesores utilizaron argumentos nobles para protegerse de las evaluaciones. Y fue a través de su capacidad de movilización y de presión al gobierno estatal, como lograron que éste respaldara —así fuere de dientes para afuera— su propuesta de implementar un programa alterno a la ACE, y la exigencia de no firmar los acuerdos que permitirían que dicho plan, impulsado por el gobierno del presidente Felipe Calderón y el Comité Nacional del SNTE, que encabeza la profesora Elba Esther Gordillo Morales, comenzara a aplicarse en la entidad.
Esa postura se mantuvo firme durante algún tiempo. La mejor muestra de ello, es que en la entidad no se aplican pruebas como la Evaluación Nacional de Logro Académico en Centros Escolares (ENLACE), y tampoco se ha permitido abiertamente el establecimiento de los programas relativos a la asignación de plazas a nuevos profesores, o lo relativo a las evaluaciones de quienes eran parte del programa de Carrera Magisterial, a través del cual tenían incentivos económicos acordes a la demostración de mayores habilidades y conocimientos en el desempeño de la labor docente.
El problema, en todo esto, es que desde hace un tiempo, el gobierno federal comenzó a aplicar una estrategia de convencimiento forzoso a los trabajadores de la educación oaxaqueños: al ser federales los recursos con los se les paga a los profesores, la SEP comenzó a exigir el cumplimiento de sus esquemas y requisitos, a cambio de la liberación de los recursos para programas ya existentes en la entidad.
Al negarse la Sección 22, aquélla comenzó a retener los recursos. Y entonces, ante la imposibilidad de acción del gobierno estatal, e independientemente de ciertas complicidades y posibles traiciones, los “profesores democráticos” comenzaron a quedarse solos, y a acatar las disposiciones que, aunque disfrazadas, son parte de la ACE.

S-22: ¿ENEMIGO EN CASA?
La semana pasada, los normalistas oaxaqueños protagonizaron una serie de bloqueos a las principales arterias viales de la capital oaxaqueña, en rechazo a un programa de modernización curricular, a través del cual se incrementa un año de estudio (de cuatro a cinco años) para poder egresar como profesor de educación primaria, se establece como obligatoria la materia de inglés, y se replantean los criterios de ingreso y egreso de los “forjadores educativos”.
¿Qué es esto? Queda claro que independientemente del nombre y su posible ruta originaria, este es un paso más de la implementación de una ACE disfrazada. Es posible que, en esto, haya un posible acuerdo entre el Comité Ejecutivo Nacional del SNTE, y el dirigente estatal, Azael Santiago Chepi. Pero independientemente de eso, es evidente que, como en varios otros casos, de todos modos la SEP ya había dispuesto que de todos modos se lleven a cabo esos programas de modernización, pues de lo contrario simplemente no entregaría los recursos que exige el sector educativo.
Hasta hoy, mucha de esa aparente desinformación e imposiciones que le realiza el gobierno federal a la Sección 22 respecto a esquemas específicos de la ACE, en realidad ha sido estimulada por la propia dirigencia magisterial. Pareciera que frente a cada nueva decisión oficial en ese sentido, los profesores son los primeros desprevenidos y desinformados. Aunque esas condiciones son generadas no por lo intempestivo de las decisiones de aplicar los programas, sino por la negativa de la 22 a informar a sus trabajadores sobre las medidas irremediables para la modificación de los esquemas educativos.
Los mismos profesores, hoy, saben que los primeros que se resisten a informar, son sus compañeros de dirigencia. Por eso, ahora sus protestas son tardías, y sólo se realizan cuando las decisiones ya fueron tomadas, y cuando cualquier inconformidad ya resulta tardía y, por tanto, irrelevante. Por eso, pareciera que, paradójicamente, el primer aliado de la ACE en Oaxaca no es el gobierno estatal con el federal, sino la propia dirigencia sindical, que simula preocupación y compromiso, pero que está abriendo de par en par las puertas de la ACE para el magisterio oaxaqueño.

MARCHAR, PARA QUÉ
Por cierto, ¿cuál será el objeto de la marcha que realizará la 22 mañana, en el marco del Primer Informe de Gobierno del gobernador Gabino Cué? ¿Es para reiterar la alianza, para protesta en su contra, o simplemente para hacerse presentes? Hasta hoy, no queda claro qué posición tienen frente al gobierno estatal. Pero de nuevo, a quienes sacrifican son a los alumnos que tendrán, sin querer, otro fin de semana largo.

México: terrible, la “democracia surrealista”

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+ Gobierno sin credibilidad; sociedad disuelta

 

Como para no amargarnos la existencia, y como para también aplicarnos algún tipo de “sedante” frente a esta abrumadora realidad nacional, insistimos —incluido el autor de estas líneas— en asegurar que vivimos en una democracia, y que los principios constitucionales de legalidad y Estado de Derecho se cumplen, o al menos eso se pretende, al pie de la letra. Sólo que, de frente a la realidad, nosotros mismos nos damos cuenta —aunque no queramos— que estamos bien lejos de lo que afirmamos.

Dos ejemplos nos ponen en claro lo anterior. El primero tiene que ver con la elección de Gobernador en el Estado de Michoacán, en la que compite nada menos que una hermana del presidente Felipe Calderón Hinojosa. El segundo, tiene que ver con el terrible accidente aéreo ocurrido ayer viernes, en el que el secretario de Gobernación, José Francisco Blake Mora, y siete personas más, perdieron la vida. ¿Por qué hablar de estas cuestiones? Las respuestas son abrumadoras.

Vayamos al primero de los casos. El Presidente de la República, es el Titular del Poder Ejecutivo Federal, y por tanto Jefe de la Administración Pública Federal. Ésta, a su vez, es la que se encarga de aplicar los recursos que le autoriza el Congreso para cumplir con los fines del Estado, y es también la que se encarga de recaudar esos mismos recursos que se utilizarán para las mismas cuestiones.

Esto, en términos sencillos, implica que el Presidente tiene una gran capacidad de acción y de influencia. Pero, se supone, esto debe estar expresamente limitado al ámbito de sus atribuciones, y a los límites que le marca la ley. Pero ni esos recursos públicos ni su influencia política, se supone, debían servir para hacer ganar elecciones a su partido o a sus candidatos, y mucho menos para aplicar métodos de ingeniería electoral. Eso, en cualquier democracia que medianamente se jacte de serla, es simplemente inadmisible.

Sin embargo, ¿qué ocurre en México? Que aquí vemos de lo más normal que el Presidente de la República, o los Gobernadores, o los Jefes Políticos de las regiones, e incluso los caciques de las comunidades, se involucran de la manera más indebida en los asuntos políticos que no les competen, y pretenden determinar siempre sus resultados a través de la aplicación de los recursos económicos, o de los mecanismos que fueron creados para otros fines, pero no para los procesos electorales.

Aquí en México, por ejemplo, se dice con entera libertad, y hasta normalidad, que “el Presidente está operando en Michoacán la más importante de sus batallas políticas”; que él es el Jefe de Campaña de su hermana Luisa María Calderón Hinojosa, o que influye de manera determinante a través de la presencia policiaca militar y policial, o por la vía de la presión económica al gobierno estatal de aquella entidad, a través de la retención de las participaciones federales que le corresponden a ese estado.

¿No debían ser cuando menos escandalosas, afirmaciones como éstas? En cualquier otra democracia que no fuere la nuestra, esto sería por completo inadmisible. No obstante, aquí entre nosotros todo resulta ser normal: que el Presidente de la República utilice el aparato del Estado a favor de su hermana; que siga siendo el gran operador político del PAN; que haya destinado recursos infinitos para sembrar el terror o el miedo en la población; o que como lo hizo en la víspera de los comicios federales de 2009, aplique un operativo —luego conocido como el “Michoacanazo”— para aprehender a figuras políticas opositoras a él, acusadas de ser empleados del narco.

El problema no es sólo que haga todo eso —porque claro que es él quien encabeza esa y muchas más acciones—, sino que los mexicanos lo sepamos y lo asumamos con tanta naturalidad. Como si esos vicios, inadmisibles, fueran ya una condición irremediable de nuestra clase política, para la cual ya no nos queda ni siquiera la posibilidad de reclamar o de exigir conductas distintas.

 

GOBIERNO SIN CREDIBILIDAD

Ayer viernes cayó un helicóptero del Estado Mayor Presidencial, en el que viajaban el Secretario de Gobernación (el principal “presidenciable”, o potencial sustituto inmediato ante una falta repentina del Presidente de la República, según nuestra tradición política particular), algunos de sus colaboradores y elementos de la Fuerza Aérea Mexicana. El hecho de inmediato provocó no sólo la consternación generalizada de la clase política y el pueblo mexicano, sino también una serie de sospechas sobre la causa que pudo haber provocado la caída de la aeronave.

La primera duda surgió por algo muy poco común. Hasta donde se sabe, a ningún Presidente mexicano, y acaso del mundo, se le han muerto dos Secretarios de Gobernación —u ocupantes del Ministerio del Interior, o de funciones equiparables a las del cargo que ocupó el fallecido secretario Blake Mora— en accidentes ocurridos en aeronaves pertenecientes al gobierno de la República. Primero fue, en noviembre de 2009, Juan Camilo Mouriño Terrazo, y ahora José Francisco Blake Mora.

Como es natural, el gobierno federal solicitó a la opinión pública evitar las especulaciones, y esperar a que fuera un peritaje el que determinara las causas por las que el helicóptero se desplomó. Fue exactamente lo mismo que hizo cuando cayó el avión que transportaba a Mouriño. El problema es que, desde hoy, y casi de antemano, se percibe un altísimo grado de incredulidad por parte de la ciudadanía. No conciben como algo creíble, el hecho de que dos Secretarios de Gobernación hayan muerto en accidentes aéreos, mientras se desarrolla la más intensa guerra contra el crimen organizado que haya librado el gobierno mexicano en toda su historia.

 

NADIE CREE

Cuando ocurrió el accidente de Mouriño, quedó siempre una estela de duda. Hoy, por ese conjunto de circunstancias, es mucho menos posible que la sociedad mexicana crea la versión que ofrezca el gobierno federal. Y es que no, no se trata de que los mexicanos a fuerza queramos escuchar que se atienda a las infaltables teorías de la conspiración, que apuntan a que el accidente fue en realidad un atentado. El problema es que, en realidad, tenemos a un gobierno tan desacreditado, que sea cual sea la respuesta final a esta interrogante, de todos modos nos costará trabajo creer. Y la falta de credibilidad, es otro ingrediente grave que resalta de lo engañoso que resulta ser para nuestra sociedad y gobierno, la idea de la democracia. Algo gravísimo.

El Congreso de Oaxaca desalienta la participación de los ciudadanos

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+ Temas públicos, dominados por la partidocracia

 

Qué grave resulta el hecho de que la LXI Legislatura del Congreso del Estado, se diga la garante de los intereses ciudadanos, pero siempre termine resolviendo sus asuntos en base a cesiones recíprocas, equiparables al reparto de un botín. Aunque se supone que éstos son los tiempos del cambio —y que ese cambio de actitud corresponde no sólo al Ejecutivo del Estado, sino a todos los actores de la vida pública—, hoy es evidente que desde ahí todos le apuestan al gatopardismo, y al desaliento simulado a la verdadera participación ciudadana en los asuntos públicos.

La mejor prueba de ello se encuentra en la conformación de los órganos autónomos estatales, en los que están tratando de transformar todo… para que nada cambie. Desde siempre, siendo representantes de las fuerzas de oposición, los partidos que hoy gobiernan no dejaron un solo momento posible para criticar la cooptación que había hecho el entonces Gobernador del Estado, de los órganos públicos que, por su naturaleza, debían estar conformados por ciudadanos especializados en las materias respectivas, y no por políticos que sirvieran a grupos e intereses políticos.

No faltaba razón para la crítica. Todos esos órganos estatales tenían la calidad de “autónomos” sólo en las disposiciones jurídicas que les daban origen, pero no en la realidad. Y aunque la declaratoria de autonomía es un imperativo que la ley establece para todos los involucrados (por la razón de que éstos representan los nuevos contrapesos para el control del poder), todos asumían esos espacios como satélites del gobierno estatal en turno, y por eso prevalecían los criterios políticos por encima del de la calidad moral, la experiencia y la preparación profesional de sus integrantes.

Desde esa perspectiva, era válida, desde todas las visiones posibles, la crítica al poder por negarse a conceder esos espacios a la ciudadanía, y por entregarlos a personas que más bien parecían agentes del régimen colonizando esos supuestos espacios, que no debían estar sometidos a los designios del Jefe Político en turno.

De hecho, fue esa la razón por la que, una vez que el ahora grupo gobernante llegó al poder por la vía de los comicios, de inmediato dispuso que una de sus primeras decisiones sería la de reformar los órganos autónomos para eliminar de ellos a los personajes que estaban ahí por decisión política, y por sumisión al Jefe Político del régimen anterior, para supuestamente dar paso a una integración verdaderamente democrática y apegada a los principios que buscaba salvaguardar la Constitución, cuando los concibió como parte de la estructura del Estado.

Y el solo repaso a los nombres de quienes integraban esos órganos durante el gobierno de Ulises Ruiz Ortiz, daba las pautas suficientes para legitimar la urgencia y la importancia de hacer esos cambios. Y como todos —los partidos ganadores, y el gran derrotado también— prometían que habría un fomento real a la democracia, entonces pocas fueron las voces que realmente se opusieron a que los órganos autónomos fueran no sólo reintegrados, sino que incluso fueran modificados en sus alcances, atribuciones y estructura orgánica.

El problema es que el resultado no pasaría, ni de lejos, cualquier prueba de verdadero avance democrático. Sólo se dio el cambio de personajes, pero no de prácticas. Y esos órganos autónomos, que debían quedar en manos independientes y especializadas —pero sobre todo lo primero—, finalmente fueron groseramente entregados en base a cuotas e intereses, y no a las promesas hechas inicialmente.

Y, lo más grave, es que con ello están demostrando que la participación de los ciudadanos es una simulación. ¿O cómo podrían explicar que la autonomía de esos órganos fue puesta, a través de negociaciones, en las manos de los partidos políticos?

 

DEMOCRACIA COOPTADA

En términos verdaderamente serios, ningún partido político en la entidad podría hoy explicar, con honestidad y certeza, cómo es que procuraron la democracia en esos órganos que hoy están como desde antes de que llegara el “cambio” a Oaxaca. En realidad es grave que eso pase hoy, porque lo que está quedando claro es que la pluralidad decidida por los ciudadanos para el Congreso, no está siendo retribuida a través de un verdadero compromiso para que éstos pudieran tener más influencia y poder real dentro de los asuntos del Estado.

¿Cómo podrán explicar los diputados, por ejemplo, que en todos los procesos de elección de integrantes de órganos, en los que se supone que se emiten convocatorias públicas y pueden participar todos los ciudadanos que cumplen con los requisitos que establecen tanto la convocatoria como la ley respectiva, se ha decidido y “consensado” desde tiempo antes de la elección, y que incluso esas decisiones pactadas son filtradas a los medios informativos desde horas o días antes de que ocurra la elección?

¿Cómo podrán explicar, en ese mismo sentido, que a los ciudadanos que por un deseo real de servir a la sociedad, y por cumplir con todos los requisitos de experiencia, conocimiento y formación profesional requerido, ni siquiera son tomados en cuenta y, aún peor, son usados como comparsa para legitimar los acuerdos que ellos ya han tomado a favor de personajes que quién sabe si cumplen con la ley, pero sí tuvieron la capacidad o la suerte de ser objeto de negociación entre los partidos?

Incluso, ¿cómo podrían explicar todas las versiones que corren respecto a la forma en cómo negocian ellos, y cómo permiten que el grupo gobernante los “convenza” de decisiones que les favorecen a ellos directamente (a través de dádivas económicas, canonjías políticas o “cemento”), pero que quién sabe qué tan benéficas o dañosas son para la sociedad?

 

SIMULACIÓN RIESGOSA

El problema es que esta democracia simulada, sólo está alejando a quienes se supone que debería estar alentando. Los ciudadanos, aún con este cambio —que más de uno nos quiere vender, ilusa y hasta groseramente, como una “transición”—, siguen estando marginados de los asuntos públicos. Así lo reiteró la forma en que fueron electos los subauditores de la ASE, hace dos días. Y se supone que la esencia de cualquier cambio democrático, radica justamente en hacer más legítimo, transparente y equilibrado al poder, y no en sólo cambiar los “equilibrios” y las formas tradicionales de la cooptación entre grupos. Algo verdaderamente riesgoso y lamentable.