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UABJO: las crisis sucesorias no deben continuar

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+ Proceso electoral, de nuevo entre tres grupos

La Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca, de nuevo, se enfrenta a la encrucijada de decidir no entre lo deseable, sino entre lo posible. A escasos 90 días de elegir a su nuevo Rector, la Máxima Casa de Estudios de los oaxaqueños debiera entrar no sólo en un periodo electoral, sino en un proceso mucho más profundo y amplio de replanteamiento, para reasumir su importancia como una de las balanzas más representativas de la vida pública de la entidad.
Queda claro que la UABJO es mucho más que la sola “grilla” interna que, por cierto, ya está a todo lo que da. Hoy, es indispensable que la Universidad sea reconocida en su importancia real, pero no sólo en el ámbito académico de la entidad, sino también como uno de los más importantes generadores de contrapesos y equilibrios en la vida pública de la entidad. Y es evidente que para lograr eso, deben participar muchos más actores que los solos aspirantes a la rectoría, y que los factores internos de poder en la Máxima Casa de Estudios.
La pugna, hoy, por la rectoría, está casi desatada por completo. En los días siguientes iniciará el proceso de integración del Consejo Universitario, que una vez reunido emitirá las bases para la realización del proceso para elegir al sucesor del rector Rafael Torres Valdez, lo cual ocurrirá en el mes de abril próximo. Los grupos que ya comienzan a mostrar algunas de sus cartas, son los mismos de siempre. ¿Quiénes?
Por un lado, se encuentra el propio rector Torres, tratando de impulsar a la maestra Josefina Aranda Bezauri, como su proyecto sucesorio personal para la rectoría. Para poder enfilar a la ex directora del Instituto de Investigaciones Sociológicas de la UABJO, el Rector debió romper las dos principales alianzas que le permitieron llegar a su cargo actual:
Y es que, por un lado, relegó al grupo que encabezan Enrique Martínez Martínez y Silviano Cabrera Gómez, a la sazón secretario General, y secretario Administrativo de la Universidad, respectivamente. Estos personajes, que integran el ala más poderosa del ya desmantelado Sindicato de Trabajadores Académicos de la UABJO, de hecho fueron los que inclinaron la balanza a favor de Torres, una vez que éste ya contaba con el respaldo del líder moral del Sindicato Universitario de Maestros, Abraham Martínez Alavez, y que Martínez y Cabrera se inconformaron por considerar que su grupo había impuesto al entonces candidato oficialista, el médico pediatra Víctor Manuel Navarro Martínez.
Pero también, por impulsar a la maestra Aranda, Torres Valdez también rompió su alianza con Martínez Alavez. Éste, que tiene el control del SUMA, de algunos resquicios del STAUO, y de no pocas Escuelas y Facultades de la Universidad, ha sido como una especie de “gran elector” en las más importantes definiciones de la gobernabilidad y las autoridades universitarias. Torres gozaba de ciertas garantías de estabilidad a través de las redes de Martínez, pero decidió “quemar las naves” en su intento por impulsar él un proyecto universitario propio para trascender a su rectorado.
El problema, en todo esto, es que estos son los que integran hoy la agenda de lo posible, aunque quién sabe si de lo deseable para la UABJO. Aunque todos ellos agrupan porciones importantes de poder e influencia dentro de la Universidad, lo cierto es que unos y otros representan lo mismo que siempre ha tenido la universidad, y que finalmente no sabemos si le ha traído los beneficios y avances que la sociedad esperaría de su máximo centro universitario.
Por un lado, tanto Enrique Martínez como Silviano Cabrera, ya dejaron ver abiertamente sus intenciones de participar en el proceso para que su grupo político elija a un candidato (han dicho que, finalmente, todos apoyarán al candidato mejor posicionado); y éstos ya buscan abrir competencia con la maestra Aranda, que no consigue tener mejores escenarios de los que hasta ahora ha construido.
Y el poderoso grupo de los Martínez Alavez está esperando el momento idóneo para abrir se a la competencia y develar el nombre de su candidato, que bien podría ser el de su hijo Eduardo Martínez, a quien, sin embargo, algunos factores internos de la Universidad lo ven aún como un prospecto que puede esperar a otro momento de mayor madurez y experiencia, para buscar la responsabilidad de la conducción de la Universidad.
Queda claro que todos los demás contendientes buscan ubicarse como factores de negociación y no de potencial triunfo. Se habla, incluso, de la posibilidad de un candidato oficialista (Pedro Celestino Guzmán o Heriberto Antonio) impulsado por el grupo del ex secretario de Gobierno, Evencio Martínez. Aunque para la situación de algidez en que ya de por sí se encuentra hoy la UABJO, ven como poco importante la injerencia oficial en sus definiciones, y menos de un grupo tan meramente testimonial, como el que encabeza el último Secretario General de Gobierno de la administración del gobernador Ulises Ruiz Ortiz.

UNA MEJOR UNIVERSIDAD
El Gobierno del Estado debiera acordarse ya de la Universidad, y tomar cartas en el asunto. Urge la voluntad política, por ejemplo, para impulsar una nueva Ley Orgánica de la UABJO, que le permita mejores procesos internos, una mayor fiscalización, una vida democrática más ordenada, y nuevos planteamientos académicos y sociales que le permitan recobrar su importancia como elemento determinante de la vida pública de nuestro Estado.
Si el Gobierno del Estado hoy se deshace en fustigar al Sistema de Universidades Estatales por su alto costo, entonces la reacción natural de contrapeso debiera ser la del rescate de la que se considera como la Máxima Casa de Estudios. Queda claro que sin una mejor UABJO, lo bueno o malo que se proyecte para las demás universidades y centros de estudios en Oaxaca, será demagogia y, en resumen, actos intrascendentes para la auténtica academia universitaria oaxaqueña.

TERMÓMETRO DE OAXACA
Se acepte o no, guste o no la definición, lo cierto es que la UABJO es ese termómetro de la vida social, que necesita ser valorado en su importancia real. En este primer año de gestión, el gobierno estatal ha tenido una interacción mini básica con la Universidad, y es necesario que ésta se incremente. Hacerlo no necesariamente significa trastocar o cuestionar su autonomía, ni el deber de respeto que le debe a esa calidad, el gobierno estatal. Si les importa de verdad la UABJO, necesitan demostrarlo. Ya quedó claro que, en el olvido, es muy fácil que se convierta en un polvorín.

Eviel, el camino (roto), de vuelta a la gubernatura

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+ Victoria y escaño en Senado no le será suficiente

La ventaja sensible que tiene la carrera por una senaduría de mayoría relativa, radica en que aún perdiendo, existen posibilidades de tener un “premio de consolación”. Hoy, como nunca, los aspirantes a un escaño en la Cámara alta por Oaxaca, ven no sólo las posibilidades de ganar la elección, sino también de conseguir ese privilegiado sitio de “la primera minoría”, en el que aún en la derrota, no se pierde del todo, porque se tiene la calidad de Senador, con los mismos espacios, reconocimientos y privilegios de los demás, y desde ahí se puede seguir haciendo política para abonar a los proyectos de futuro.
Esa premisa, que podría ser válida para todos, en realidad tiene una salvedad sensible: que al menos en el priismo, sí existe una diferencia sustancial entre quien llega al Senado ganando, y quien llega por el comodín de la primera minoría. Eso determina los proyectos de mediano plazo. Y al menos en el último proceso interno del tricolor para elegir a su candidato a gobernador, ese factor fue determinante para quien parecía el candidato natural a la gubernatura, pero que finalmente fue desplazado “legítimamente” por la imposición de Eviel Pérez Magaña.
¿Por qué es necesario tomar en consideración dicho factor? Primero, porque es claro que la posibilidad de que el ahora diputado federal Pérez Magaña se convierta en el candidato que encabece la fórmula priista al Senado de la República, tiene como motivación de fondo la intención de que, en 2016, éste construya una nueva candidatura al Gobierno del Estado. Pero, segundo, porque hoy menos que nunca un partido tiene asegurada una victoria arrasadora en Oaxaca en los comicios federales. Y tercero, porque de ese resultado habrá de depender el “proyecto” de una segunda candidatura a Gobernador, a partir del cual están terminando de destazar las fibras internas del tricolor.
El asunto no es menor. Como ha quedado claro, la presencia de Eviel Pérez Magaña es la condición sine qua non de la desunión. Todos los grupos tricolores, sin excepción, han establecido como condición indispensable para retomar el diálogo y el trabajo conjunto, el hecho de que éste no encabece la dirigencia priista, y que tampoco siga siendo el candidato impuesto para todo, por la cúpula del antiguo grupo gobernante.
El problema es que estos factores de descomposición se están repitiendo ante el inicio del trabajo proselitista. Nadie quiere negociar con nadie; también, nadie tiene ánimo para entablar diálogo con sus pares. Y la dirigencia nacional ha tardado demasiado en iniciar un verdadero proceso de replanteamiento de las estructuras tricolores, iniciando por lo que coloquialmente se conoce como la “operación cicatriz”.
Ante ese panorama, queda claro que una posible victoria de Pérez Magaña en el Senado (independientemente de quién pueda ser su compañero de fórmula) se torna harto complicada; y es evidente que, en esas condiciones, quedan también gravemente lesionadas sus aspiraciones —o las de sus padrinos— de convertirse de nueva cuenta en candidato a Gobernador para los comicios estatales de 2016.

VER LA HISTORIA
Con todo y su trato un poco hosco y cierta inexpresividad, lo cierto es que Adolfo Toledo Infanzón no es un mal político, ni fue un mal servidor público, y tampoco habría sido un mal candidato a gobernador. Construyó una carrera política que pudo trascender a varios gobernadores —con los cuales, según los hechos, tuvo casi siempre un balance positivo— y estuvo a punto de convertirse en el sucesor del gobernador Ulises Ruiz Ortiz.
¿Por qué no lo logró? Porque aún con esa inmejorable sumatoria de afectos y proyecto político, él fue uno de los mayores damnificados del conflicto magisterial y popular ocurrido en 2006 en Oaxaca. Hasta antes de la crisis política, y la determinación que ésta tuvo para el resultado de aquellas elecciones federales en la entidad, era por naturaleza el enfilado a llegar al Senado encabezando la fórmula de senadores por el PRI, y era el llamado a construir desde ahí su candidatura a Gobernador del Estado.
Toledo Infanzón no lo logró por varias circunstancias. Pero independientemente de lo que él construyó política y electoralmente desde su cargo como Senador, lo cierto es que siempre se enfrentó a la circunstancia insuperable de llegado al Senado por la vía de la primera minoría, y no de la mayoría relativa, como era necesario para poder ser ungido como el sucesor del gobernador Ruiz.
Quienes lo conocen, saben que esa fue una de las razones determinantes con las que su entonces Jefe Político justificó su decisión de —literalmente— bajarlo de la candidatura a Gobernador, y abrir un proceso interno, simulado, en el que participarían seis personajes (de los cuales, al menos cuatro tenían mayor aceptación que quien finalmente fue su abanderado) para “legitimar” la unción de Pérez Magaña como candidato.
Pérez Magaña hoy se enfrenta a esa historia. Y lo hace a sabiendas de que ya perdió una elección (la de Gobernador, la más importante de la historia priista de la entidad, la más competida, y también la más icónica por sus características de guerra interna permanente), y de que nada le garantiza que habrá de ganar la Senaduría. Los números que trae no son fidedignos ni confiables (pues la “maquinaria” electoral priista lleva un año parada y sin combustible).
Son poquísimas las posibilidades que existen de que, al final, todos los priistas que se quedaron en el camino, se sumen a su proyecto. E incluso, al Comité Nacional priista no termina de quedarle claro si la “cruza” de las imágenes del Candidato Presidencial y de los Candidatos a Senadores en Oaxaca, pueda realmente mejorar la aceptación de todos ante los electores.
Y si no conjunta todo eso, entonces, en el mejor de los casos, podría llegar a la Senaduría sólo por la vía de la primera minoría. Y eso, según la tradición del priismo, más las circunstancias que se acumulen en estos años siguientes, podrían más fácil consolidarlo como un “cartucho quemado”, que como el abanderado competitivo que quiso tener el PRI con él, pero que según los hechos, no ha llegado a ser lo que la mayoría esperaba de él.

NEGOCIAR, ¿CÓMO?
Por cierto, ¿tendrá el PRI algún “plan alterno” para negociar con todos los actores y grupos que pretenden candidaturas a diputaciones federales? El problema es que todos quieren, y que la unidad la piden, todos, a cambio de nada… ¿Se entiende la magnitud de ese problema?

Eviel: lo persiguen los ciclos de su historia

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+ Dilema, entre grupos político y económico

La de Eviel Pérez Magaña es una historia de disyuntivas de su padrino político, en la que él ha sido el beneficiario pero también el sacrificado, y de la que ha salido todo menos bien librado. Como en 2010, su grupo político entró hoy en una disyuntiva por la definición de su principal abanderado político. Y como en 2010, la discordancia tiene como punto central la perpetuación de un proyecto político, en contraposición de los socios económicos. Eso es lo que, en el fondo, tiene al priismo oaxaqueño al borde de una nueva crisis de unidad y de credibilidad.
Eviel Pérez Magaña es todo, menos un mal hombre. De hecho, quienes lo conocen en su trato personal, saben que es un individuo afable y bonachón, que incluso tiene esa extraña cualidad de “prendar” a las personas con las que trata. No obstante, es claro que más allá de sus cualidades personales, lo que lo limita como abanderado es tanto su procedencia, como las lealtades, e incluso los intereses que representa. Si en algo le ayuda ser un buen hombre, todo eso sufre una merma mayor por su sola pertenencia política, y por su actitud luego de la derrota electoral de julio de 2010.
Y es que hace dos años salió lo mejor y lo peor del grupo ulisista que abanderó a Pérez Magaña. Lo mejor, porque independientemente de su pasado y trayectoria como funcionario y como político, Pérez pudo remontar tanto la ventaja interna de sus compañeros precandidatos priistas a la gubernatura, como también se pudo convertir en un abanderado competitivo frente al ahora gobernador Gabino Cué. Quedó claro, con eso, que sin tener proyecto de gobierno, y sin tener una trayectoria que lo avalara realmente como aspirante a la gubernatura, de todos modos pudo hacer un papel decoroso como abanderado.
Pero también sacó lo peor de ese priismo. Esto porque para poder imponer a Pérez Magaña en la candidatura a Gobernador, el entonces mandatario Ulises Ruiz pasó por encima de toda lógica política, prácticamente ninguneando, ofendiendo y avasallando a todos los factores internos del priismo, y a todos los demás aspirantes a esa candidatura.
Antes incluso de salir a contender con sus adversarios, el entonces gobernador Ruiz destruyó casi la totalidad del tejido interno del priismo con el que, se supone, pretendían ir en unidad por la gubernatura.
Habiendo eso hecho para imponer a Pérez Magaña, luego su mentor político trató de hacer una forzada y aparente “operación cicatriz”, en la que se supone que se unificaron todos los factores internos, pero en la que, en realidad, lo único que se logró fue generar una percepción de aparente unidad, pero cargada por todos lados de enconos y traiciones que finalmente llevaron todos —por obvias razones—a la derrota electoral.
El priismo, de todo ese proceso, terminó profundamente fracturado. Y terminó así no sólo por la ruptura entre los factores internos que aspiraban a tener una candidatura, sino que también involucraron en esa cadena de traiciones a todos los niveles de la militancia y la estructura priista. Entre ellos se jugaron chueco, entre ellos se traicionaron, entre ellos se engañaron, y entre ellos mismos se quedaron a deber. El resultado es que los 621 mil votos que obtuvieron, fueron apenas una parte de los que pudieron haber conseguido con una unidad no tan ficticia como la que generaron.
Al final, el pagano de todo ese proceso fue Pérez Magaña. Él mismo, en la derrota, ya no tenía las herramientas mínimas para generar unidad dentro del partido. Y es que no había otro factor interno de desunión y encono, más grande que él. Por eso desde el primer momento se exigió su renuncia como factor indispensable para una recomposición interna del priismo, ya fuera del gobierno. Pero por los mismos intereses que él representa, su grupo decidió lucha contra viento y marea para sostenerlo artificialmente como líder priista en Oaxaca.

LUCHA DE INTERESES
Dentro del priismo, siempre se supo que la lucha interna entre los dos grupos del entonces gobernador Ruiz siempre tuvo como centro la candidatura a Gobernador, y ésta siempre se libró entre quienes defendían el interés político del grupo, y quienes representaban el grupo económico que respaldaba al Mandatario.
El grupo político tenía varios representantes. Algunos de los más aventajados eran el senador Adolfo Toledo Infanzón, su secretario de Administración, José Antonio Estefan Garfias, y el entonces edil de la capital oaxaqueña, José Antonio Hernández Fraguas. Pero el grupo económico era representado por otros personajes, con quienes compartía una serie de acciones poco claras relacionadas con la obra pública. Le guste o no, lo reconozca o no, uno de los personajes más representativos de ese otro grupo —que era el que podría haber generado el sustento económico de los principales integrantes del grupo gobernante— era precisamente Pérez Magaña.
La lucha interna fue a muerte, y finalmente se impuso la ambición del ex Gobernante de preservar sus intereses económicos, por encima de las posibilidades de seguir perpetuando a su partido político en el poder estatal. Por eso las definiciones fueron al mismo tiempo tan tajantes y tan claras. Y por eso mismo éstas se sostuvieron, como única opción, independientemente de que se tuviera claro si, aún en esas condiciones, se podía o no ganar la gubernatura del Estado.
Hoy toda esa historia se repite. De nuevo, la necesidad de perpetuar al grupo que garantiza ciertas condiciones, es la condición imprescindible para impulsar al candidato al Senado. No saben si los 600 mil votos del pasado, o cuando menos la mitad, aún existen; tampoco saben si sobre algún sector del priismo prevalecerá la institucionalidad y apoyará de nuevo al candidato, independientemente de las ofensas y avasallamientos del pasado; nadie sabe si éste tendrá aún algo del brío y la frescura del pasado, para convencer a los votantes de un proyecto político y de unas convicciones personales que hoy, de antemano lo sabemos, ha demostrado que no tiene.

MAGISTERIO, ARRANCA
Las manifestaciones de ayer no fueron producto de la casualidad. Temprano, a buena hora, el magisterio inicia su calendario político, teniendo una demanda tan concreta, y al mismo tiempo tan abstracta, como la del rechazo a la Alianza por la Calidad de la Educación. ¿Estará ya preparado el gobierno para las jornadas de lucha del próximo mes de mayo? Por el bien de todos, ojalá que sí.

PRI: imposición vence, de nuevo, a la democracia

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+ Tricolor Oaxaca, queda claro, no importa al CEN

No es raro que ante cada definición mayor, el Partido Revolucionario Institucional, se enfrente a riesgos importantes de ruptura. Hoy, como hace seis años, el partido tricolor se encuentra frente a la posibilidad de llevar a cabo un proceso que combine la democratización con la inclusión de sus mejores cuadros para ser postulados como candidatos a cargos de elección popular, pero también batalla con sus prácticas y fantasmas del pasado, que buscan la reiteración de algunas prácticas propias de su pasado —y quizá también presente— vertical y autoritario. En todo eso, lamentablemente, Oaxaca está siendo de nuevo ejemplo para todo el país.
Hoy al interior del priismo existen señales claras de inconformidad, que lo mismo pueden ser tomadas como signos de la pluralidad política, que como efectos del pragmatismo que, de nuevo, puede tener altos costos negativos para ese partido. Porque según el periódico Reforma, al menos en 16 entidades federativas —entre ellas la nuestra— existen fenómenos claros de inconformidad entre sectores de la militancia tricolor, que se duelen porque su partido se ha entregado a distintas fuerzas políticas que carecen de la importancia que hasta ahora les da el equipo de campaña del candidato presidencial, y el Comité Ejecutivo Nacional del partido.
Específicamente, en algunas entidades federativas existe una inconformidad importante por la forma en cómo el tricolor ha cedido espacios de primera importancia a los partidos minoritarios con los que hizo alianza (el Partido Verde Ecologista de México, y el Partido Nueva Alianza), pero también por la forma en cómo la dirigencia nacional ha decidido mantener los equilibrios de poder privilegiando las posiciones e intereses de los gobernadores de los estados… o como en el caso de Oaxaca, de los ex gobernadores priistas.
El primero de los casos plantea una disyuntiva importante para el priismo nacional. Esto porque además de que el Verde Ecologista ha sido su aliado desde 2003, hoy el Partido Nueva Alianza pretende convertirse en una especie de “número 2” en cuanto a las rémoras de la aceptación que tiene la ciudadanía del priismo. Por esa razón, ambos partidos —que nunca han podido demostrar fehacientemente que ellos son más un activo para el priismo, que éste para ellos— buscaron desde el inicio la coalición partidista con el PRI, no porque tuviesen convicción alguna o por compartir una agenda democrática o un esquema de gobierno.
No. Más bien, cada uno de ellos utilizó sus capitales emblemáticos (el Verde con esa supuesta aceptación mayoritaria que tiene entre los votantes jóvenes, identificados con causas actuales, como la de la ecología; y Nueva Alianza, el supuesto respaldo de las fuerzas magisteriales en la mayoría de las entidades federativas del país), para tratar de sacar un provecho específico:
El Partido Verde, para garantizar la continuidad de sus cuadros distinguidos (el grupo del Niño Verde) en las cámaras federales y la preservación de su registro como partido político nacional; y Nueva Alianza, para colocar nada menos que a la familia de la profesora Elba Esther Gordillo —su hija Mónica Arriola Gordillo, y su yerno Fernando González Sánchez, esposo de su otra hija, Maricruz Montelongo Gordillo, y ex subsecretario de Educación Básica de la SEP— en posiciones inminentes en al menos dos gobiernos estatales (Chiapas y Coahuila).
Ese, según queda claro, es un problema mayor para el priismo. Pues si bien esos dos son casos emblemáticos, lo cierto es que no son los únicos. En otras entidades federativas, existen pugnas más o menos similares por las alianzas cupulares trabadas entre el priismo y otras fuerzas. Y lo peor es que ese no es el único conflicto de definiciones que enfrenta el priismo, de cara a la elección que seguramente será la más importante de su historia, porque sería la que le abriría las puertas de regreso al poder presidencial.

MALAS DEFINICIONES
Si en algo fallaron las definiciones del entonces candidato presidencial, Roberto Madrazo Pintado, en la búsqueda de los equilibrios del priismo nacional para tratar de construir su victoria electoral, fue que trató siempre de aplastar a los intereses que no eran los propios, y trató de ser él quien definiera los equilibrios, pasando por encima de los poderes estatales, los gobernadores, los grupos fácticos del tricolor y los sectores.
El gran fallo radicó en el hecho de que sus “equilibrios” más bien fueron convertidos en afrentas para sus supuestos aliados. Y por eso ellos, la gran mayoría de los gobernadores priistas, fueron los primeros que pactaron en su contra, cuando se trató de ver si le daban el triunfo al panismo o al lopezobradorismo, frente a un candidato propio que, según los hechos, los haría volver a todos los verticalismos del pasado.
Hoy pareciera que no quieren cometer el mismo error. Y por eso, pareciera que el Comité Ejecutivo Nacional está tratando de evitar a toda costa que la ruptura de esos equilibrios con los factores de poder, pudieran poner en riesgo el triunfo. El problema es que esa no es una receta infalible, porque los problemas del PRI no son homogéneos en todas las entidades federativas. Por eso, en casos como el de Oaxaca el supuesto remedio está saliendo más dañino que la enfermedad.
Ya quedó claro que el CEN decidió no meterse con las definiciones de los ex gobernadores, pues supone que éstos son los tenedores de los hilos del poder, y que la selección que ellos hagan garantizará competitividad, triunfos y, sobre todo, unidad partidista. Por esa razón, el CEN parece haber olvidado todas aquellas promesas de venir a poner orden entre el priismo oaxaqueño, y por eso parece estar desoyendo todas las voces que claman por la inclusión, la democratización y el desmantelamiento de los poderes avasallantes.

¿DEMOCRATIZACIÓN?
Y aunque pudiera creerse que eso es “democratización”, en realidad lo único que está ocurriendo es una sensible variante de las formas tradicionales de recomposición, en un priismo que se niega a cambiar. Al menos en Oaxaca, queda claro que la decisión buscará pasar por encima de todos aquellos que se dicen inconformes, y que finalmente buscarán subirse al carro de la campaña presidencial para que cada uno de los candidatos a diputados y senadores pueda hacer su campaña. En esa lógica buscarán “amarrar” lo que no quisieron hacer por temor a los ex gobernadores, y por no tener ánimo de verdaderamente generar un mejor ambiente al interior del PRI de Oaxaca.

Impuestos vehiculares: ubiquemos el gravamen

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+ Gobierno erró estrategia apelando a la piedad

Ayer, mediante un comunicado, finalmente el Gobierno del Estado de Oaxaca rechazó cualquier intento de llevar a cabo operativos para detener vehículos que ostenten placas emitidas por otras entidades federativas. La negación de de ese tipo de actos de molestia, constituye a todas luces un triunfo de la ciudadanía, que a mediano plazo también contribuirá a que el gobierno estatal centre bien su relación con los contribuyentes y permita establecer una dimensión justa a este debate que, por distintas razones, se ha llevado innecesariamente a los extremos.
Ayer, al filo de las tres de la tarde, la Coordinación de Comunicación Social del Poder Ejecutivo, emitió un escueto comunicado de cuatro pequeños párrafos, en el que, textualmente, asentaba lo siguiente: “El Gobierno del Estado informa que no realiza ni llevará a cabo ningún operativo en contra de vehículos con placas de circulación foráneas.
“Luego que en los diferentes medios de comunicación se difundiera que la Secretaría de Seguridad Pública de Oaxaca (SSP), encabezaba este operativo, esta dependencia aclara que no se tiene previsto acciones de esta naturaleza.
“La dependencia señala que no existe ninguna ley que obligue a los ciudadanos en portar placas exclusivamente del estado, lo único que establece el reglamento es portar placas vigentes, por lo que la SSP solo ha buscado concientizar a la gente, con el fin de que los recursos que se cobren por derechos de emplacamiento sirvan para apuntalar el desarrollo de Oaxaca.
“En ese sentido, el personal que integra a la Secretaría de Seguridad Pública está comprometido a preservar la legalidad y seguir el ejemplo del Gobernador Gabino Cué Monteagudo en el sentido de conducirnos dentro el  orden institucional.”
¿Qué se desprende de todo esto? Son varios aspectos, de entre los cuales se destacan dos para estos efectos. El primero de ellos, es que como finalmente lo acepta la administración estatal, no existe fundamento jurídico alguno para sostener la ilegalidad de los emplacamientos en otras entidades federativas, pues tal y como se encuentra asentado en los reglamentos que al efecto ha emitido la Secretaría de Comunicaciones y Transportes del gobierno federal —que es la legalmente encargada de normar la emisión de estas medidas de identificación en todas las entidades del país—, lo único que se exige es que la portación sea de placas vigentes en la entidad federativa en la que fueron emitidas.
Esto significa, también, que como se veía desde el principio, la ciudadanía no estaba tan equivocada como lo trataban de hacer ver las Secretarías de Finanzas y Seguridad Pública Estatal; y que la ciudadanía tampoco estaba tratando de defender una ilegalidad, como también intentaron señalarlo ambas dependencias.
Y el segundo de los aspectos, tiene que ver con la escasa sensibilización que hasta el momento ha podido hacer el gobierno estatal de las necesidades económicas del estado, frente a la ciudadanía. ¿De qué hablamos?
De que, como lo señala en el comunicado, el gobierno de Oaxaca intenta por todas las vías recaudar más impuestos. Para ello ha aplicado una serie de medidas impopulares, justamente como el negarse a derogar la tenencia vehicular y, como en este caso en particular, ha buscado “concientizar” a los oaxaqueños sobre la importancia que tiene el pago de impuestos como detonante del desarrollo estatal.

CENTRAR LAS SOLUCIONES
El problema, es que el gobierno estatal no termina de entender que la ciudadanía no piensa, ni tiene por qué pensar, como si fuera parte del gobierno, o como si tuviera la responsabilidad en el manejo de éste; pero también queda claro que el gobierno tampoco ha estado dispuesto a ponerse en los zapatos de los oaxaqueños, porque tampoco tiene el deber de hacerlo.
¿De qué se trata todo esto? Que independientemente de las necesidades del sector público, es claro que el ciudadano siempre optará por acudir a donde pague menos. Eso es lo lógico, es justamente lo que está sucediendo; y es la razón por la que desde hace meses se ha conminado al gobierno estatal a promover incentivos reales a la ciudadanía —y no los “mejoralitos” que hasta ahora ha tratado de dar— para que ésta decida seguir emplacando sus autos en Oaxaca, y no busque ir a otros donde dicho impuesto se encuentra derogado.
Y lo que ya debiera entender el gobierno, es que apelando fallidamente a la piedad (por lo pobres que somos, y por lo benéfico que sería que todos pagaran sus impuestos), aquí se siga generando un desgaste de la relación entre el gobierno y la ciudadanía. Es evidente que ésta tiene que pagar lo justo. Pero es también claro que, en las condiciones actuales, será muy difícil que se logre obligar a pagar aquí por lo que ya no se paga, y también es legal, en otras entidades federativas.
¿Para qué creemos que servirá todo esto? Primero, para que el gobierno no intente de nuevo tomar medidas ilegales para cobrar. Pero, en segundo término, también servirá para que el gobierno ahora sí cobre con toda legitimidad los impuestos que están autorizados por la ley. Esta discusión, en el fondo, no versó sobre si se debe seguir o no pagando la tenencia —cuestión que sería muy benéfico someter a consideración colectiva, pero que de antemano se sabe que el gobierno no lo permitirá por lo previsible de su resultado—, sino los límites que debe haber en el cobro de ésta.
A partir de ahora, lo que debe ocurrir es —ahora sí— un ejercicio creativo en el planteamiento de alternativas para mejorar la recaudación, incluso a costa de los derechos vehiculares. Pues queda claro que siguiendo la ruta que lleva hasta ahora esta discusión, lo único que ocurrirá es que los extremos se acentuarán, y será más difícil encontrar soluciones efectivas y posibles para un asunto tan importante como este.

TRAGEDIA EN EL CIVIL
El pasado 13 de enero, falleció un bebé de siete días de nacido, en un accidente automovilístico ocurrido en la calle doctor Mario Pérez Ramírez, justo a unos metros de donde se realiza la obra de ampliación de la Sala de Espera para familiares de internos en el Hospital General “doctor Aurelio Valdivieso”. Esto, a decir de los vecinos, nunca había ocurrido. ¿Esto fue consecuencia indirecta de la obra, o una desafortunada casualidad? Lo cierto es que hechos como esos, sólo contribuyen a cuestionar una obra de por sí polémica. Por eso, pronto abundaremos en el tema.

Tenencia y emplacamiento: la ciudadanía despierta

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+ Urge discusión serios, sin ataques ni enojos oficiales

Qué lamentable que el sector oficial asuma como “chismes de las redes sociales” un intento genuino de la ciudadanía, por inconformarse en contra de una potencial medida de cobro de impuestos en contra de los automovilistas. Qué lamentable, también, que la autoridad tenga una visión tan reducida de lo que significa la ciudadanía, y asuma como ataques las reacciones que ésta tiene ante ciertas disposiciones que son consideradas como ilegítimas e ilegales. Esto es lo que ocurre, hoy en Oaxaca, alrededor del cobro de la tenencia vehicular, y de la actitud frente a los automotores que ostentan placas de otra entidad federativa.
Desde mediados de la semana pasada, en algunos espacios periodísticos, y en redes sociales como Twitter, se comenzó a insistir en el hecho de que tanto la Secretaría de Finanzas, como la de Seguridad Pública Estatal, preparaban operativos para detener a todos los vehículos que circularan por calles y carreteras estatales, y que portaran placas de otras entidades federativas.
Se decía que el intento iba encaminado a confrontar el domicilio del emplacamiento, con el domicilio proporcionado por el dueño del vehículo en sus demás documentos vehiculares. Si se corroboraba que en el emplacamiento había un domicilio foráneo, y que en los documentos había otro de la misma persona pero en la entidad oaxaqueña, entonces podrían configurar un supuesto jurídico de evasión fiscal, y que a través de ello podrían inmovilizar el vehículo y llevarlo a un encierro, y obligar al propietario a pagar aquí su tenencia para recuperar la unidad de motor.
El intento no parecía del todo lógico, a la luz del derecho. Todo aquel que tiene medianos conocimientos jurídicos, sabe que si bien existe cierta irregularidad en el emplacamiento de un vehículo en una entidad federativa a sabiendas de que se habita en otra, también es cierto que los supuestos (prácticos, económicos, fiscales, o por evitar actos de molestia, etcétera) por los que una persona decide emplacar su auto en uno u otro estado de la República, son simplemente infinitos.
En ese sentido, coincidió el señalamiento, con el hecho de que la Secretaría de Seguridad Pública Estatal sí inició operativos “de concientización” a la ciudadanía sobre los supuestos beneficios del emplacamiento en el estado; pero aunque la autoridad se negó a reconocerlo públicamente, aquellos que fueron objeto de los operativos señalan que los agentes de la Policía Estatal que los detuvieron, les dijeron que la “concientización” sería sólo pasajera, y que después se tomarían otro tipo de medidas (coercitivas) para conseguir que esos ciudadanos emplacaran sus unidades en el estado de Oaxaca.
Todo eso despertó una importante reacción ciudadana en contra de la medida. Al menos en las redes sociales, la espontaneidad demostrada frente a los cuestionamientos hechos por algunas personas, fue inmediata y contundente.
Por eso, el mismo jueves por la tarde el secretario de Finanzas se dio a la tarea de desmentir los rumores, asegurando (en el caso particular, al autor de este espacio, quien así lo dejó asentado en su cuenta de Twitter) que si bien estaban en contra de los emplacamientos que él calificó como “ilegales”, también dijo que buscarían algunas otras medidas para conseguir que más oaxaqueños emplaquen sus vehículos en la entidad, y por consiguiente disminuyera el número de vehículos que circulan en la entidad con placas de otras entidades federativas.

NO SE AYUDAN
Parecía que el mismo jueves el tema había quedado agotado. Habiendo escuchado las precisiones del secretario Cajiga, muchos confiaron en que los operativos no se llevarían a cabo. Sin embargo, al día siguiente el secretario de Seguridad Pública, Marco Tulio López Escamilla, insistió en el tema, y tanto en declaraciones a la prensa, como en su cuenta personal de Twitter, confirmó la medida.
Por ejemplo, a través de su cuenta @jaimeguerrero08, el reportero Jaime Guerrero preguntó directamente al secretario López Escamilla (quien responde personalmente en la cuenta @sriosegoax), el pasado 13 de enero, si “@GobOax [haciendo referencia al Gobierno del Estado] pretende detener vehículos con placas d otros Estados x supuesta evasión fiscal…”// será así @SrioSegOax, confirmado?” A lo que Lopez Escamilla (@SrioSegOax) respondió tajante: “si”.
Con esta posición, que luego trató de ser fallidamente matizada en algunos medios locales, era el propio secretario López Escamilla quien reabría un debate, que ya no sólo versaba sobre el emplacamiento, sino también la visión que tienen de cómo la ciudadanía debe responder ante las disposiciones de la autoridad.
Quedó claro que para él, y para todo el gobierno, la ciudadanía tiene negado el derecho a inconformarse con una medida que considera injusta, y que tampoco tiene derecho a expresarlo. Así quedó claro cuando ambos funcionarios, López y Cajiga, decidieron reducir todo a un “chisme de las redes sociales” y hasta se mostraron sarcásticos frente al genuino derecho de ciudadanos de expresarse en contra de algo que, según ellos, no estaba en los planes hacer, pero que de algún modo sí estaban ejecutando.
La respuesta ciudadana a todo esto, fue excepcional. Porque aunque ésta no gustó a los funcionarios, y trataron fallidamente de llevar a cabo un “control de daños” también pésimamente planeado, lo cierto es que los oaxaqueños que se expresaron (nos expresamos) lo hicieron como debieran ser todas las protestas: inundadas de ideas y argumentos sobre el tema; porque de inmediato quedaron excluidos los ataques personales; porque en la expresión de la inconformidad nadie violó la ley (como sí lo hacen las organizaciones de lucha social, que cierran calles o toman oficinas públicas, y que lejos de ser fustigadas, son protegidas por la autoridad); y porque finalmente la ciudadanía dio muestras claras de estar despierta y pendiente para hacer frente a medidas que, con todo derecho, considera impropias y violatorias de sus derechos fundamentales.

OPORTUNISTAS
Qué mal se ven aquellos que, ante la reacción ciudadana, pretenden montarse en el asunto sólo para enrarecerlo. Ahí está, por ejemplo, el dirigente estatal de la CNOP del PRI, Jorge Toledo Luis, tratando de adherirse a este intento. Si de verdad quiere ayudar, mejor que no se meta. Él viene de un gobierno que, le guste o no, lo acepte o no, es corresponsable de esto. Y su cuchara partidista sólo abona a enrarecer las acciones que pretenden llevar a cabo ciudadanos, no priistas. También, qué lamentable.

¿Por qué son tan escasos los liderazgos en el PRI de Oaxaca?

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+ Formación política pobre: esos son los resultados

 

La trama de la elección de candidatos a cargos de elección popular en el Partido Revolucionario Institucional de Oaxaca, parece como sacada de una historieta chafa de terror. Porque en esta historia, una serie de huérfanos, mal educados y mal preparados para la vida, están intentando determinarse sin saber cómo, y en medio de un escenario hostil y adversarios ponzoñosos que sólo están esperando el momento de comérselos vivos. Quien no crea que esta historia es real, es porque en realidad no termina de ver que, según como va, la del priismo es la historia de un descuartizamiento anunciado.

El problema que hoy apenas alcanzamos a ver, en realidad está segmentado en varias capas. Porque si bien es cierto que la parte visible de todo esto radica esencialmente en la pugna entre algunos grupos (los leales al dirigente estatal, los rebeldes, y los antiguos patriarcas), lo cierto es que en el fondo esta aparente orfandad tiene otros orígenes que se remontan a más tiempo y circunstancias de las que apenas alcanzamos a ver.

Y si hoy hay determinaciones, en este momento, no es sólo porque no existan los consensos en este momento, sino porque en la tradición partidista tampoco se encuentran este tipo de ensayos. E incluso porque los antiguos jerarcas de ese partido nunca fomentaron la creación de líderes y cuadros políticos de verdad. Pero vayamos por partes.

En primer término, lo que hoy alcanzamos a ver es el mismo problema de siempre, pero magnificado por las circunstancias. Es decir, que el —ahora “autodenominado”— Jefe Político en turno pretende imponer a su delfín como candidato al mayor cargo político de elección popular, luego del de Gobernador del Estado. Es decir, como Senador.

Este intento de imposición, se está encontrando con las mismas resistencias y competencia que siempre existieron al interior del tricolor. El problema es que hoy, ese autodenominado Jefe Político (léase, el ex Gobernador inmediato anterior) ya no tiene las facultades coercitivas del Estado (o del erario) que siempre tuvo al alcance para disciplinar a sus muchachos.

La resistencia, hoy a diferencia de antes, es encabezada desde dos grupos distintos. Porque por un lado se encuentran los rebeldes que intentan una suerte de “parricidio”, pero por el otro están aquellos que gobernaron en otros tiempos y que hoy intentan regresar por sus fueros.

Unos y otros, argumentan a su favor, que el partido tricolor no puede ser sólo de unas cuantas personas, y que tampoco se vale que se intenten las mismas formas antidemocráticas que en el pasado. Y, según parece, tienen razón. El problema es que ellos intentan hacer, con sus propios métodos y formas, algo muy parecido a lo que tanto se han deshecho en criticar.

Y es que, desde todas las trincheras alcanzan a percibir los riesgos de ir en esas condiciones a una contienda electoral como la que se espera para los próximos meses. Es decir, que los detractores argumentan exigir la democratización de los procesos internos, en primer término para evitar la ruptura partidista, pero en segundo término para evitar que ello provoque afectaciones al proyecto mayor —cosa que, en general, parece importarles poco a aquellos que pretenden el juego de las imposiciones. Pues según ha quedado claro, su lógica parte de conseguir ellos caer de pie, aunque el mundo a su alrededor se esté deshaciendo por completo.

NO HAY LÍDERES

Todos batallan y temen, pero al mismo tiempo se sienten grandes y con derecho a ser todo dentro de su partido, porque en realidad la lógica de la preservación del poder del priismo de las últimas décadas fue la de erradicación de los liderazgos crecientes para no poner en riesgo el actual, por encima de la visión de largo plazo que, se supone, debiera llamar a la perpetuación de nuevos liderazgos, para que a través de ello pudiese haber continuidad en la preponderancia de la institución política que todos juntos dicen representar. De ahí parte el problema, ya en sus capas interiores.

¿Por qué, por ejemplo, el centro del conflicto actual se llama Eviel Pérez Magaña? Fácil: porque él, como la mayoría de los políticos actuales del tricolor, fueron creaciones de un gobierno y/o de un régimen. Fueron esencialmente circunstanciales. Y por esa razón les es indispensable mantener la presencia de manera permanente. Saben, pues, que sin el banquito, es muy fácil que se caigan.

Y es que, sin el banquito, es muy fácil que se caiga Eviel, pero también la mayoría de sus adversarios internos, salvo unos cuantos. Porque si lo vemos en perspectiva, Eviel es apenas el factor de negociación del grupo que lo respalda, mientras que los demás, por esa misma razón buscan otros cobijos para poder transitar en esta compleja ruta que parece tener el ánimo de depurar a los aspirantes por sus propios orígenes y circunstancias.

Hasta ahora, ha quedado claro que el ánimo de no hacer líderes fuertes está hoy teniendo un costo alto para las definiciones del priismo. Pues como no existe un factor que tenga a su favor la elegibilidad constitucional, que además ostente liderazgo, y que además haya sido formado sólidamente por su partido, para poder ser la figura sustentada que de cauce en estos momentos de difíciles definiciones, entonces todos los que medio tienen alguna de esas características se sienten con la posibilidad de competir entre sus iguales. Y eso, no sólo para un partido como el PRI, sino para la democracia —e incluso para el Estado y para el país— es gravísimo.

En el fondo, no se ve con claridad si en las otras fuerzas políticas hay algo mejor —o más estructurado, o más organizado, o más ordenado, o más disciplinado— que en el priismo. Pero si se puede apreciar el hecho de que tantos años de supuesta historia y tradición, han servido para poco ante las inclemencias del ambiente, y sus propias circunstancias.

AGUAS CON LA DEMOCRACIA

Estos juegos perversos que ya comenzamos a ver en Oaxaca, en el fondo parecen buscar llevarse a las causas democráticas entre sus fauces. Es decir, pretenden culpar a la democracia y al entramado institucional por sus insuficiencias e indefiniciones. Sólo esperemos a ver cuando la autoridad electoral, saque sus armas y comience a sancionar todos los excesos que hasta ahora se han cometido en Oaxaca por los partidos y sus candidatos. En eso, por cierto, el PRI será el menos culpable. ¿Ya lo vemos en respectiva? Ya deberíamos…

PRI Oaxaca: su tradición no entiende de democracia

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+ Concertacesiones en tiempos de crisis; van al abismo

Es poco probable que los priistas oaxaqueños piensen en una “tercera vía” para elegir a sus candidatos al Senado. Y es así, porque en la tradición tricolor, en realidad no existen las mismas prioridades que pudieran explicar la búsqueda de cuadros ganadores, independientemente de su origen o pertenencia grupal. Como su lógica es otra, entonces los procesos internos para definir sus candidaturas, están regidos por reglas distintas a las que cualquier otra persona —incluso inmersos en la vida política— pudiera concebir. El problema, al menos en Oaxaca, es que hoy, a diferencia del pasado, los priistas ya no son gobierno.
En efecto, hoy la carrera por el Senado en Oaxaca, entre los priistas, es feroz. Y esa ferocidad se ve alimentada no sólo por el hecho de que hay tantos aspirantes como un puño de arena, sino sobre todo porque hoy el priismo local carece de Jefe Político; porque los equilibrios nacionales se rompieron con la salida del dirigente nacional tricolor, Humberto Moreira Valdés; porque todos los factores internos de poder en el priismo pretenden inclinar la balanza a su favor. Y porque hay quienes, incluso frente a todo eso, pretenden hacer valer linajes, lazos políticos o débitos con la dirigencia estatal, con la nacional, con el candidato presidencial, o con su equipo de trabajo.
Todo eso, apenas si alcanza a explicar la anarquía que prevalece en el priismo oaxaqueño. Por un lado, el aún dirigente estatal, Eviel Pérez Magaña, pretende seguir haciendo creer a unos cuantos incrédulos, que la unidad del priismo oaxaqueño existe y que, además, gira en torno a él; frente a esto, se encuentran los factores internos (léase, los ex gobernadores) que pretenden influir en una decisión que finalmente tomará el CEN, aunque no sólo en base a sus recomendaciones, a sus bendiciones, o a sus imposiciones. Y finalmente se encuentran algunos que decidieron jugar “por la libre” sus aspiraciones, y que, seguros de que de todos modos serán “algo importante” ante al triunfo de Enrique Peña Nieto en la contienda presidencial, decidieron jugar el todo por el todo, para ver si finalmente pueden regresar, dentro de algunos años, como candidato a Gobernador del Estado.
Como puede verse, todo esto tiene mucha “lógica” dentro de un partido como el PRI, pero muy poca si se ve de cara a las formas tradicionales —que se supone debían imperar— para hacer política. ¿Por qué? Porque en el tricolor todo pretende hacerse valer a través de influencias que no necesariamente son ni el mejor proyecto, ni la mejor representación, ni la mayor competitividad, y tampoco las mejores condiciones para ganar unos comicios.
Y es que esa ha sido siempre su tradición. Si revisamos todos los “procesos de elección interna de candidatos” del pasado, encontraremos que siempre fueron otros factores, y no los que se supone que son democrática y políticamente determinantes, los que decidieron la imposición de candidatos a todos los cargos —desde los más encumbrados, hasta las más modestas concejalías.
El problema es que los priistas no conocen en realidad la democracia, y saben poco de competitividad real. Por eso, en un escenario limpio —como el de Oaxaca: sin Jefe Político, con un gobierno que todos los días les regala banderas electorales para explotar, y con la efervescencia de quienes quieren remontar la derrota de 2010—, en el que se supone que no debiera haber dados cargados para nadie, todos buscan destruirse en aras de salir avante a partir de patentes de corso por padrinazgos, y no de demostraciones fehacientes de que la cuota democrática —la real, que se cuenta en votos, en confianza, en causas y en aceptación— se encuentra a su favor.

ARREGLOS BAJO LA MESA
En todo esto, queda claro que el PRI oaxaqueño no ha entendido que ya no son gobierno, ni tienen las garantías que éste otorga; y que como no son gobierno, y que como sus pesadas estructuras electorales se encuentran abandonadas y carentes de combustible económico, tampoco son prioridad para el CEN de su partido. Aún en esas condiciones, sin embargo, todo pretenden resolverlo según las reglas del pasado, y no en relación a las condiciones actuales, como se supone que deberían intentarlo.
A un partido en las condiciones actuales, el que sea, lo menos que le conviene es que aún con la pena de la derrota, se le sume el dolor de la pulverización. La conjunción, pues, de la pena con la tristeza, siempre dan un mal resultado. Y eso es exactamente lo que le pasa al priismo. Y eso es, exactamente, lo que no terminan de entender. Por eso, pareciera que por el intento de jugarse chueco entre ellos mismos, van a conseguir algo distinto de lo que hasta ahora han logrado.
Y cómo no. Reza el refrán que entre gitanos no se leen la mano. Pero eso es lo que intentan hacer hoy los tricolores respecto a sus candidaturas. La estructura formal del priismo pretende leerle la mano a todos los demás, asegurando que como ellos tienen la bendición del CEN co-mo-di-ri-gen-cia-es-ta-tal, también la tienen como potenciales candidatos a cargos de elección popular. Los ex gobernadores, por su parte, han tratado de generar la idea de que, cada uno de ellos, tiene la mejor ascendencia con el dirigente Pedro Joaquín Coldwell, y que por eso serán el fiel de la balanza. E incluso, el diputado federal Héctor Pablo Ramírez, hoy se asume como seguro candidato a Senador, a partir de su clara cercanía con el equipo del Precandidato Presidencial de su Partido.
No obstante todo lo anterior, ¿qué garantías de triunfo, objetivas, ofrece cada uno de los aspirantes oaxaqueños a la Cámara alta? ¿Qué causas institucionales, de Estado, puede demostrar cada uno de ellos que tiene, y que irá a defender en el Senado? ¿Qué antecedentes y compromisos claros haría distinto a alguno de ellos de los demás? Esas son las preguntas a las que ninguno ha podido dar respuesta. Y no pueden porque siguen inmersos en sus soñados “arreglos en todo lo alto”, cuando en Oaxaca todo está a ras de suelo. En fin.

HORRORES ELECTORALES
¿Usted votaría por una candidata que, en sus espectaculares y en su cuenta de Twitter, escribe su propio nombre con faltas de ortografía? ¿Usted confiaría en alguien que descuida esas formas mínimas? Eso es que debería poner a pensar a la diputada Margarita García García, que al parecer desconoce que en su apellido (doble) la letra “i” va acentuada, y que en nombres propios la primera letra se escribe en mayúsculas. Es cierto, son formas. Pero eso, para el elector sensible, también cuenta.

Sobrerregulación electoral: un mal síntoma

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+ Peña Nieto ¿preveía que redes lo golpearían?

¿Es síntoma de buena salud de una sociedad, el hecho de que se creen normas sobre normas, sólo para tratar de contener conductas que de todos modos ocurren? Tal parece que no. Y ese es el problema esencial que tiene hoy la legislación electoral en México. Porque el Instituto Federal Electoral ya dejó de ser un árbitro para convertirse en un auténtico policía electoral, encargado vigilar que nadie traspase los límites que debían ser consecuencia de la moral y de la ética política, y de amenazar con la aplicación de sanciones a quienes quebranten ese delicado orden que, se supone, debe prevalecer en los procesos electorales.
Por ejemplo, ayer mismo circulaba en la prensa del distrito federal, una nota en la que el precandidato del Partido Revolucionario Institucional a la Presidencia de la República, Enrique Peña Nieto, que sus adversarios políticos (partidos y aspirantes presidenciales) utilizan las redes sociales para atacarlo. Sin embargo, Peña Nieto se dijo respetuoso de lo que se diga de él en esos espacios.
En ese sentido, ayer mismo El Instituto Federal Electoral anunció que investigará los casos de calumnias o difamación que se registren a través de las redes sociales o internet durante las campañas electorales, siempre que se presente la queja correspondiente, ya que la ley no prevé que las autoridades efectúen monitoreos a estas plataformas de información para detectar irregularidades, indicó el consejero presidente, Leonardo Valdés Zurita.  Respecto a las campañas en México y el uso cada vez más frecuente de las redes sociales con fines proselitistas, Valdés Zurita señaló que el IFE no puede monitorear estas plataformas. “El Legislador no estableció ningún limite a la libertad de expresión en las redes sociales, de tal suerte que el IFE no monitorea redes sociales, no tiene ninguna actividad en ese terreno”, indicó. El consejero presidente destacó sin embargo que “el único aspecto que podría ser de conocimiento del IFE es que el legislador estableció que está prohibida la calumnia y la difamación en la propaganda de los partidos políticos. Si el IFE recibiera alguna queja en el sentido de que la propaganda de algún partido político en algún medio de internet o de redes sociales es calumnioso, el IFE realizará las investigaciones correspondientes”.
¿De verdad necesitamos un IFE con esas características? Porque no se trata de tener una autoridad de adorno, como tampoco es posible tener un órgano regulador que se erija en un auténtico censor de toda la actividad que pudiera desarrollarse alrededor de unas campañas políticas fundamentales para un país, como son las presidenciales. ¿De verdad deben evitar cualquier situación de ese tipo? ¿De verdad tienen capacidad para conseguirlo?
Lo que vemos actualmente es a todas luces un exceso. En aras de mantener la equidad en la contienda presidencial, la ley impuso que el IFE fuera un megarregulador de la actividad electoral, y además le dio elementos para evitar que las campañas de difamación se llevaran a cabo a través de los medios electrónicos.
No obstante, ni es sano que todos los actores políticos estén permanentemente con la boca cerrada y los brazos atados, como tampoco es sano que en el intento de mantener la equidad y el orden en el proceso electoral, pueda llegarse a estos extremos.
Porque tan malos son los excesos en la difamación y la calumnia, como también lo es una campaña en la que los espacios discursivos se encuentren de tal modo acotados que nadie pueda plantear algo más que “propuestas” —que nadie sabe si realmente sean eso u otra cosa. ¿El IFE tendrá mecanismos para evitar la demagogia y la falsa propuesta? Eso, aunque pudieran evitar todas las calumnias, podría dañar tanto o más no sólo al proceso electoral, sino al futuro de la nación.

REDES, INCONTROLABLES
¿Cómo poder controlar algo que en esencia es libre? Porque lo bueno y lo malo de las redes sociales, radica en que éstas son redes accesibles a todas las personas, en las que cada quien puede decir lo que se le pegue la gana, en la que existen públicos interesados en cada tema —desde los más inocentes, hasta los más nefastos—, y en los que esencialmente no existen límites ni muchas posibilidades de control.
En ese sentido, Twitter es paradigmático. Porque la red social de los 140 caracteres no sólo ha demostrado en México su amplio potencial como difuminador de noticias, ideas y debates, sino que también se ha aparecido como la red social en la que participan personas de mayor nivel intelectual, económico, social y cultural. Si de por sí una red es difícil de contener, al estar ésta integrada por personas de esas características el nivel de dificultad se incrementa exponencialmente.
Quizá eso es lo que han entendido algunos políticos que, como el ex gobernador Peña Nieto, ven en Twitter más una herramienta de golpeteo, que de veras un espacio en el que pueden ganar adeptos y hacer una difusión de sus ideas, plataforma, propuestas y razones por las que los ciudadanos deben preferir a ellos como opción electoral.
El problema, para ellos, es que una red como Twitter deja al descubierto todo el potencial y/o insuficiencias de cada persona. A pesar de ser cuentas personales o institucionales, casi nadie, nunca, está exento de equivocaciones o dislates, que van desde los “errores de dedo” o las faltas de ortografía o sintaxis, hasta las afirmaciones desafortunadas, discriminadoras o degradantes para ciertos sectores sociales o instituciones que son también parte de la vida pública.
El caso Peña Nieto fue particularmente llamativo. Éste cometió un error en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, pero fue objeto de un escarnio brutal en las redes sociales. Independientemente de que él asegure que las redes sociales se utilizan para atacarlo, lo cierto es que nada de todo lo que tuvo como contenido el tema “Librería Peña Nieto” —es decir, toda la serie de críticas que se llevó por confundir y no recordar nombres de autores de libros— hubiera ocurrido si no fuera él quien hubiera dado pie a toda la crítica.

TWITTER, UN PARADIGMA
Finalmente, una red como Twitter es incontrolable para efectos de una campaña política, y casi para cualquier otro, porque esa red explota al máximo el potencial crítico de la mayoría de las personas. Ni al mejor creativo se le pudieran ocurrir todos los temas, chistes, y críticas mordaces que todos los días se dejan ver en las redes sociales. Ese es el menudo reto del “control” que pretende hacer el IFE.

Toma de estaciones radiofónicas: a nadie le importa

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+ Oaxaca, mal referente para normalistas de Guerrero

La impunidad se construye, y se reitera, a partir de la negación de la autoridad para aplicar la ley, y para cumplir con las atribuciones que ella le establece. Cuando un ciudadano, o grupo de ciudadanos, ve que ante cierta conducta prohibida por la ley, no hay respuesta de la autoridad, entonces asume que, cuando sea y donde sea, puede volver a realizar el acto sin que ocurra la consecuencia coercitiva prevista por la misma ley.
Eso es lo que ocurre en el caso de la toma de radiodifusoras por parte de grupos inconformes con alguna acción oficial, que inició en Oaxaca durante el conflicto magisterial de 2006, y que se convirtió no sólo en un mal precedente, sino en el punto de referencia para que ese tipo de acciones se reiteren.
Apenas el pasado martes, estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa —que fyeron objeto de un acto de represión ante un bloqueo en la Autopista del Sol, que culminó con el asesinato a tiros de dos normalistas que protestaban— irrumpieron en varias estaciones radiofónicas de la ciudad de Chilpancingo, en Guerrero, para insistir en su demanda de juicio político contra del gobernador de aquella entidad, Ángel Heladio Aguirre Rivero, y en el esclarecimiento del crimen de dos de sus compañeros.
Según los reportes de la Agencia Proceso, alrededor de las 12:40 horas del pasado 3 de enero, los normalistas tomaron de manera simultánea las cabinas radiofónicas de las empresas ABC y Radiorama, así como las instalaciones de Radio Universidad. Para llevar a cabo esas acciones, quedó perfectamente claro que los estudiantes contaron con el apoyo de normalistas de Chihuahua, Saltillo y Oaxaca, aglutinados en la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México. Y, en su mensaje, los normalistas exigieron justicia para las tres víctimas del fatal desalojo y criticaron que el gobernador guerrerense haga uso político de la muerte de Rivas Cámara para deslindar su responsabilidad en la ejecución de los dos estudiantes.
Todo esto, en términos generales, es una casi exacta reproducción de lo que ocurrió en Oaxaca hace casi seis años, cuando profesores y normalistas de la Sección 22 del SNTE, en diversos momentos tomaron instalaciones de diversas radiodifusoras locales para difundir sus consignas. Sin embargo, el caso de Oaxaca fue aún más grave porque en la última toma de instalaciones éstos se apoderaron de la mayoría de las estaciones radiofónicas y de la televisora del gobierno estatal, durante más de tres meses, y las utilizaron de forma permanentemente no sólo para emitir sus proclamas, sino también para incitar a la población a participar en la revuelta social que entonces ocurría.
Tanto las características de estas tomas, como la consecuencia legal que esto ha tenido, es inédita no sólo para México, sino bien podría serlo para el mundo. ¿Por qué? Porque aún cuando nosotros aquí podríamos ver como algo relativamente “normal” que grupos inconformes se apoderaran de señales de telecomunicación propiedad del Estado (por eso las estaciones de radio operan a partir de concesiones o permisos) para difundir cierta información, lo cierto es que ello además de constituir un delito es una de esas acciones que difícilmente un Estado sólido podría darse el lujo de permitir a sus ciudadanos.
¿Por qué? Porque digan lo que digan, de un factor como ese puede depender una parte importantísima de la gobernabilidad y el orden social. Y la consecuencia de permitir libremente que una señal radiofónica permanezca en manos de personas que no buscan una transmisión responsable, es la que vimos en Oaxaca durante el conflicto magisterial, y es la misma que podríamos ver en cualquier otro momento, si aquí mismo, o en otra entidad, se recrudece la inconformidad social y la autoridad insiste en minimizar el problema para no enfrentarlo ni aplicar la ley.

DATOS DUROS
A propósito de este tema, rescatamos algunos datos publicados en la edición 73, del mes de noviembre de 2006, en la revista etcétera, a propósito de cómo se veía —desde entonces y desde otras sociedades en la que habían vivido álgidos conflictos armados en años recientes—, el inédito caso de la toma deliberada de instalaciones radiofónicas por grupos de manifestantes.
Para Carlos Chamorro —asentábamos en aquel reporte titulado “Oaxaca, la suma de todos los males”—, director del semanario Confidencial, con sede en Managua, Nicaragua, la situación que prevalece en Oaxaca en relación con la toma de estaciones radiofónicas es inédita. En entrevista vía telefónica aseguró que durante los más de diez años que duró la guerrilla en ese país, jamás se retuvo una estación radiofónica por más de una hora.
“‘A lo mucho eran entre 30 o 40 minutos los que los rebeldes ocupaban la señal para lanzar sus proclamas, y luego las liberaban. Además –dijo– jamás hubo enfrentamientos con los directivos, la policía o las autoridades. Lo que comentas que sucede en tu ciudad es algo que no tiene comparación en todo el mundo. Ni en el caso de El Salvador ni en mi país ocurrió algo así’.
“Francisco Valencia, director del diario Co Latino, considerado un decano de la prensa salvadoreña, se mostró sorprendido después de enterarse que dos meses después de haber sido ocupadas, al menos una radiodifusora sigue en poder de los inconformes, y sobre todo porque no se trata de un conflicto bélico, sino que sólo es un “movimiento social”. “Es increíble que las autoridades no hayan intervenido para recuperar las instalaciones de radio. Hasta donde sé, el conflicto empezó con los mentores y luego se creó la famosa APPO; pero creía que, como aquí en El Salvador, la o las estaciones se tomaban sólo para emitir mensajes y luego liberarlas.
“Sin embargo, según lo que comentas, en Oaxaca transmiten las 24 horas del día desde la estación que mantienen ocupada como instrumento de instrucción, comunicación e incitación a la revuelta, a la violencia por medio de arengas y consigas en contra de la administración pública. Es inconcebible que las autoridades no hayan hecho algo… también son culpables por complicidad u omisión”, sentencia el periodista salvadoreño.
ANTECEDENTES DE IMPUNIDAD
Aquí en Oaxaca, y en Guerrero, se transmitió libremente todo lo que se quiso, sin que ninguna autoridad hiciera algo para evitarlo. En ese escenario, es innecesaria la violencia. El problema es que el Estado se resiste a actuar como es su obligación.