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Toma de estaciones de radio: cuatro años

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+ 21 de agosto: determinante para la APPO

Quizá esta sea ya una jornada para muchos intrascendente. Pero el 21 de agosto de 2006, resulta ser una fecha trascendental porque ésta fue la que marcó el antes y el después de las jornadas de lucha de la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca, y los profesores de la Sección 22 del SNTE en aquel año aciago de la revuelta magisterial y popular.

Hace exactamente cuatro años, un grupo de profesores que se encontraba resguardando las antenas de transmisión de la Corporación Oaxaqueña de Radio y Televisión, fueron atacados por sujetos desconocidos. En respuesta, cuadrillas bien organizadas de profesores e integrantes de la APPO, ocuparon prácticamente todas las estaciones de radio de la capital oaxaqueña, primero en protesta por la agresión sufrida esa madrugada, pero sobre todo para poner en marcha una fase superior de su plan de acción, tendiente a masificar el conflicto, que entonces ya se encontraba en un relativo estado de estancamiento.

Hagamos memoria de qué pasaba en los últimos días del mes de agosto en Oaxaca. Los profesores e integrantes de la APPO, habían resistido estoicamente el paso de todo el periodo vacacional de verano, pero se encontraban en un dilema importante frente al inicio del nuevo ciclo escolar: tenían la opción de sostener su lucha, pero volver a las aulas, y así evitar que el gobierno estatal decretara la retención de sus salarios; la segunda opción, era la de sostener su lucha en términos de radicalización, y paro indefinido de labores, hasta lograr que los ámbitos de gobierno cedieran a sus demandas y les dieran respuestas satisfactorias. Una, pues, era la postura moderada, y la otra, la tradicional que ocupa el magisterio de poner contra la pared a sus adversarios, para iniciar desde ese punto las fases de negociación.

Si bien se recuerda, una asamblea estatal de la Sección 22 ocurriría apenas unos días después de aquel aciago 21 de agosto de 2006. En ella, había un claro encaminamiento a lograr destrabar el paro indefinido, y conseguir que por lo menos grupos representativos de profesores inauguraran el ciclo escolar 2006-2007, sin que esto significara que las escuelas reanudarían sus labores por completo, ni tampoco que todos los profesores abandonarían sus tareas sindicales para regresar a las aulas. Era, o parecía, un movimiento táctico para dar un aire a la intensa lucha política que libraban en contra del gobierno de Ulises Ruiz Ortiz.

Sin embargo, a la par de esa postura moderada, se encontraba la de los sectores radicales del magisterio y la APPO, que llamaban a continuar el paro indefinido de labores, y llevarlo hasta sus últimas consecuencias. Eran quienes decían que no podía existir ningún margen de negociación, ni ninguna demostración de flaqueza por parte de los profesores democráticos frente al mal gobierno, y que por tanto había que sostenerse en sus posiciones hasta conseguir los objetivos planteados.

El caso es que, ante esas dos posturas, había una clara tendencia por privilegiar la primera. Sólo que, sospechosamente, ante el inminente inicio del ciclo escolar, comenzaron a ocurrir ciertos hechos que orillaron a los profesores democráticos a abandonar sus intenciones iniciales, y optar por el recrudecimiento de la lucha política.

Eso fue exactamente lo que ocurrió el 21 de agosto de aquel año. Independientemente de que tal ataque hubiese o no ocurrido, o que se hubiere perpetrado en la forma en que los democráticos dijeron que había sido, lo cierto es que eso marcó una tendencia irreversible en el magisterio a continuar en bloque frente a la lucha.

Ante el ataque, ellos no se podían permitir concesiones. Por eso, ese fue el día en que se canceló cualquier posibilidad de arreglo civilizado con los profesores, y se inició, con ayuda involuntaria de la radio, el periodo más violento y plagado de incertidumbre que ocurriera en Oaxaca durante el conflicto magisterial de 2006.

ARENGA NOCIVA

Desde la mañana de aquel 21 de agosto, los profesores de la Sección 22 tomaron todas las estaciones comerciales de radio, en protesta por el ataque sufrido. Junto con la agresión a balazos, ellos aprovecharon para protestar en contra de un cerco informativo del que se decían objeto.

Tomaron, en razón de ello, todas las frecuencias radiofónicas existentes en la capital oaxaqueña —sólo dejaron libre a la del empresario Humberto Lópezlena Cruz—, bajo el argumento de poder difundir su mensaje y su versión del conflicto magisterial. Hubo la expectativa de que las estaciones serían devueltas a la brevedad posible, o que, en su caso, intervendrían las instancias federales encargadas de las telecomunicaciones, para impedir que el uso indiscriminado de las señales se convirtiera en una tarea cotidiana.

El gobierno estatal se encontraba totalmente paralizado. No ejercía autoridad alguna sobre nadie en la entidad; y el gobierno federal hizo como que ese problema no existía, y que por tanto no tenía nada que hacer en la entidad. El problema es que mientras unos se decían incapaces, y los otros desinteresados, los grupos inconformes que se apoderaron de las frecuencias de varias estaciones, por más de tres meses, vertían mensajes poco mesurados sobre la necesidad de la participación del pueblo en la lucha del magisterio y la APPO, instrucciones sobre la colocación de barricadas y la autodefensa, e incluso la información, en tiempo real, de qué era lo que estaba ocurriendo en ciertos lugares álgidos, cómo tomar providencias, o cómo tendría que contrarrestarse algún intento policiaco de reacción frente a los grupos inconformes.

No hubo autoridad alguna que, en todo ese tiempo, se pronuncia por lo menos con preocupación por lo que ocurría en Oaxaca capital. Pero esas arengas constantes y accesibles hasta para el público menos pudiente, fueron determinantes para redimensionar el conflicto magisterial, y proporcionarle esas bases que fueron quienes le dieron fuerza a una lucha del magisterio que, por sí solo, no habría podido librar del todo.

ILEGALIDAD IMPUNE

Por esas usurpaciones en las estaciones de radio, debieron haber investigaciones ministeriales, y quizá detenidos. Se violaron, nada menos que estrictas leyes federales sobre radiodifusión, y sobre telecomunicaciones. Esta fue una demostración genuina de lo poco que le interesaba Oaxaca al gobierno del entonces presidente Vicente Fox Quesada, y de la ignominia que fuimos capaces de cometer los ciudadanos, contra nosotros mismos.

“Pulpo” camionero y gobierno se arreglan. ¿Y la sociedad?

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+ Resistencias internas… rasgo de priismo cambiante

Un aspecto que no debería quedar fuera de la discusión sobre el transporte público, es el de la opinión y postura que tiene el usuario. Al menos en Oaxaca, es imposible que las personas que todos los días utilizan los autobuses urbanos, puedan hacer una queja efectiva, y una recriminación real al pésimo y peligroso servicio que reciben. No pueden porque el sector está sujetado hegemónicamente a un duopolio, en el que el común denominador se localiza en las arbitrariedades y el mal servicio; porque el gobierno es totalmente omiso e insensible al sentir ciudadano; pero también porque nosotros mismos, los ciudadanos, hemos construido poca conciencia, poca cultura, y pocos caminos para poder quejarnos adecuadamente.

El asunto no es menor, si se observa desde las trincheras ciudadanas. En esta ocasión, como en casi todas, el tema de la discusión sobre el transporte público, se centró en las necesidades económicas que argumentaron los concesionarios que controlan las líneas camioneras, y las “resistencias” que débilmente puso el gobierno estatal, para tratar de ejercer sendas presiones, y lograr un acuerdo respecto al establecimiento de una nueva tarifa. Nadie tomó en cuenta, cualquier cosa que tuviera que decir quienes finalmente son quienes utilizan, quienes pagan, y quienes padecen el servicio de transporte urbano que reciben. Es decir, el sentir de los usuarios.

Ese es, en realidad, uno de los aspectos más graves de la deslegitimación que hoy pesa sobre el incremento a la tarifa del transporte público. En un momento dado, pudiera considerarse como válido aquel argumento que señala que los costos del combustible, de las refacciones, y de los insumos de las unidades, se ha elevado tanto como para hacer necesario un incremento al precio del pasaje, que rebasa el 20 por ciento respecto a su importe anterior.

Podría también comprenderse que, como lo dice la autoridad, estos incrementos fueran sólo una recatada correspondencia al aumento anual de la inflación, y a la contención de las tarifas —para no incrementarse anualmente en relación al aumento del costo de la vida— decretadas por disposición oficial. La autoridad dice, como argumento de defensa, que de todos modos las tarifas tienen que ajustarse a la realidad económica, y que por eso era necesario este incremento.

Sí. Esa y cualquier otra razón podría asumirse totalmente como válida, siempre que unos y otros —es decir, el gobierno y los concesionarios— honraran medianamente su palabra y sus promesas. Si a partir de diciembre de 2007, hubiera ocurrido un mejoramiento visible en la calidad del servicio que prestan, en la renovación de unidades, en la contratación del seguro del usuario, y en la disminución en las estadísticas de accidentes, lesionados y muertos en los que estuvieran relacionados autobuses de servicio urbano, entonces, de entrada, no habría problema alguno para legitimar este incremento al costo del pasaje.

Pero si esto —que son las meras razones objetivas— no ocurrió, mucho menos hubo sensibilidad para comprender que como no son ellos —camioneros y gobierno— quienes pagan los costos de sus decisiones, entonces cuando menos tendría que ser necesario escuchar al usuario, y que éste legitimara los incrementos base a su propia experiencia en la utilización del servicio.

Nadie voltea a ver al ciudadano que todos los días utiliza el transporte urbano, porque esto equivaldría a tener un choque artero con la realidad. A diferencia de otras ciudades, en las que el transporte público se usa como opción y no como una necesidad irremediable, nadie en Oaxaca utiliza el transporte público como una alternativa: todo aquel que puede, se compra un automóvil, para dejar de padecer al “pulpo”. Esto, de entrada, tendría que ser al revés, y así se evitarían congestionamientos, contaminación y cientos de percances viales cada año.

Sin embargo, lo que queda claro es que en la entidad, el grueso de los usuarios no tiene ni la idea de exigir un transporte público más eficiente, y mucho menos la de poder castigar enérgicamente a quien no cumple con las expectativas. Por una parte no puede hacerlo, porque no existen opciones. Pero por el otro, y también queda claro, es un asunto que no le provoca mayor interés.

OPOSICIÓN PRIISTA

Sin embargo, frente a toda esta aparente estela de desencuentros, habría que comenzar a considerar algunos destellos importantes, nada menos que entre las fuerzas partidistas involucradas en el asunto. Uno de esos destellos, fue la propia oposición que presentó al Cabildo, el bloque de concejales priistas en el Ayuntamiento de Oaxaca de Juárez.

Fueron éstos, a través del regidor Rodrigo González Illescas, y no los partidos de oposición, quienes presentaron un punto de acuerdo en el que solicitaban al Gobierno del Estado, y al Congreso local, que no autorizara incrementos a la tarifa del transporte público, por la difícil situación económica por la que atraviesa el país, y por el incumplimiento de los acuerdos por parte del llamado “pulpo camionero”.

Aunque se ha soslayado dicha acción por quienes desearían una oposición ruidosa pero poco efectiva, es evidente que esta resulta ser una primera demostración de oposición interna, planteada con responsabilidad y mesura, al seno de un priismo que está acostumbrado a actuar siempre en bloque, convalidando las decisiones que se toman desde los órganos superiores del partido o del gobierno, sin siquiera considerar si la medida tiene o no impacto negativo para sus propios intereses, para su imagen como fuerza política cercana a la ciudadanía, o para la misma población que es quien enfrenta las consecuencias.

¿Ese sería uno de los posibles caminos que podría seguir el priismo de ahora en adelante? No sabemos si eso se encuentre entre sus planes, o entre sus márgenes de tolerancia. Pero, sin duda, tendría que ser una primera demostración de algo que ellos prácticamente no conocen, y que se llama autocrítica tolerante.

VER FANTASMAS

Ha sido común, en los días recientes, que la reacción virulenta de los concesionarios, y la respuesta condescendiente del gobierno estatal, haya sido tratada de explicar por un choque entre grupos políticos. Es decir, entre opositores y priistas. Si eso hubiera sido, entonces los camioneros no se habrían conformado con el incremento de un peso a la tarifa. Es más, se habrían empecinado con los 7 pesos. No. Este no es un asunto partidista. Es un tema de fuertes intereses económicos.

Nueva tarifa: todo estaba previamente pactado

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+ Gobierno demuestra burdo nivel de negociación

Desde la noche del martes, quedó claro que todo era consecuencia de un pacto previamente construido. A pesar de que anteayer los concesionarios del transporte público decretaron un sitio completo de la capital oaxaqueña, y sus zonas conurbadas, y que la autoridad hizo como que aplicó la ley, e hizo como que negoció, para luego hacer como que entendió, y luego como que cedió, todo pareció ser un plan perfectamente elaborado para legitimar un incremento a la tarifa del pasaje que, en realidad, no tiene justificación económica, legal o política alguna.

No es nueva la queja de los concesionarios del transporte público, respecto al alto costo que, según, para ellos significa el mantenimiento y costeo de las unidades. Aunque ellos se dicen consecuencia de la cultura del esfuerzo, es evidente que por lo menos en el transporte urbano, la gran mayoría de las unidades —que circulan a través de las dos grandes líneas camioneras, y sus subdivisiones— es propiedad de no más de 20 personas, que han amasado fortunas inmensas al amparo no sólo de su trabajo, sino de los privilegios que le ha dado la autoridad a lo largo de los años a cambio de colaboración política y partidista, y del incumplimiento a las contraprestaciones que reiteradamente le ofrece al usuario a cambio de los incrementos a la tarifa.

Vayamos a lo objetivo. En lo que va del año, ha habido ocho incrementos de alrededor de ocho centavos, cada uno, al precio del litro de diesel. Es, exactamente, la misma proporción en que ha subido la gasolina Magna, que es la que ocupa la gran mayoría de la población en sus vehículos de motor. En el caso de un autobús de pasajeros, que consume diariamente entre 100 y 150 litros de diesel, el incremento del gasto —que no pagan los concesionarios— resulta ser de menos de cien pesos diarios. Cualquiera puede hacer una operación aritmética simple, para corroborar lo anterior.

Ahora bien, otro de los argumentos que sistemáticamente utilizan los concesionarios para justificar su voracidad, se encuentra en el, dicen, constante incremento a los precios de las refacciones e insumos de las unidades. Esto resulta paradójico, en un primer momento, porque si la renovación de la flota camionera fue uno de los compromisos iniciales a cambio de los cuales se les autorizó el incremento anterior, y se presupone que una unidad nueva tiene menos fallas y necesidades técnicas que una unidad con una década de uso diario, entonces significa que los camioneros se quejan por un incumplimiento, u omisión, propio. Es decir, que se quejan por los altos costos de reparación y refacciones de unidades viejas, que ellos mismos se habían comprometido a sustituir por vehículos nuevos.

Lo peor de todo, que además resulta ser lo más vergonzante para los concesionarios, y que revela de cuerpo entero su voracidad, es que en la mayoría de los casos no son ellos quienes pagan todos los costos que hemos enumerado, sino directamente los usuarios, e indirectamente los conductores de las unidades que, para efectos prácticos, no son sus empleados sino simples comisionistas.

En efecto, cualquier conductor de una unidad de transporte público puede dar cuenta de lo siguiente: que, todos los días, el dueño de la unidad, le exige que al final de la jornada, éste entregue una “cuenta” —consistente entre 5 y 7 mil pesos—, en la que no se incluya el diesel de la unidad. Y todas las reparaciones y refacciones de la unidad, normalmente, son pagadas tanto por el dueño como por el conductor, en partes iguales (50 por ciento del costo, cada uno).

Así, lo que puede verse es que el conductor debe trabajar para sacar una cuenta que, íntegramente, ingresa en los bolsillos del concesionario; que es él quien paga el combustible, sin importar que éste se incremente cada semana; y que además es quien carga con el costo de las reparaciones. Por eso, a los concesionarios no les interesa ni prestar un buen servicio, ni renovar las unidades, ni proteger al usuario: pase lo que pase, ellos tienen su ingreso asegurado, a través de trabajadores a los que tratan como esclavos, y de usuarios que no tienen otra alternativa, más que utilizar ese servicio, así sea en pésimas condiciones, porque es el único.

PACTOS INMORALES

Todas esas, sin embargo, son razones intrascendentes tanto para el gobierno como para los concesionarios. Las razones que para ellos valen, son las que sistemáticamente utilizan para justificar sus pactos inconfesables. ¿Por qué hablar de pactos?

Porque, según parece, toda esta fue una acción concertada. Es decir, algo así como una farsa en la que, al final, todos saldrían ganando. A pesar de que el gobierno estatal había dicho que no autorizaría un incremento desproporcionado al costo del pasaje, la tarde de ayer se anunció que éste se incrementaría en un peso, para fijarse en $5.50; su incremento “moderado”, fue de nada menos que de un 22 por ciento. A cambio de nada.

El problema, según parece, es que nadie quiso cargar con el costo político completo de la decisión. Por eso, en una aparente actitud de fuerza, los concesionarios se rebelaron en contra de la autoridad que, curiosamente, se mostró tímida ante una de las afrentas más importantes que se hayan visto en los últimos años en la entidad. La imposición unilateral de nuevas tarifas, un día de sitio, y otro de amenazas, fueron suficientes para que el gobierno tomara la decisión de apartarse de sus posiciones iniciales, y ceder en el incremento al costo del pasaje en transporte público.

En el fondo, esa es una muestra del decadente nivel de diálogo y concertación que existe hoy entre el gobierno estatal y los poderes fácticos. La simulación y la “colaboración” mafiosa entre unos y otros, para tratar de engañar a la población —que recibe un pésimo servicio, que de todos modos no va a mejorar… y eso es lo más grave de todo esto— e imponerle, o asestarle, un nuevo precio a un servicio básico, que también representa un golpe certero para la economía familiar.

¿EFICIENCIA?

Seguramente, luego de “pactar” formalmente el incremento que previamente había sido acordado, y luego de la “legitimación” de fuerza habido en los días previos, los concesionarios “reconocerán” a la autoridad, y éstas se felicitarán por haber conducido exitosamente una negociación. El pueblo se va a acordar, de unos y de otros, cada vez que utilice esas unidades que son, como dice Juan Diego, auténticos “ataúdes rodantes”.

Concesionarios: espejo de este gobierno

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+ Autoridad, desacreditada y deslegitimada

Lo que ocurre en Oaxaca es digno del Ripley: una autoridad estatal, autoriza infundadamente un incremento a las tarifas del transporte público, para resarcir a los concesionarios de las mismas, por las pérdidas económicas sufridas durante un conflicto social que, en buena medida, fue ocasionado por la ineptitud y la soberbia de los funcionarios que integran ese gobierno. Es decir, que los quebrantos de unos, y las insuficiencias de los otros, fueron cargados a los bolsillos del pueblo, a través de una serie de argumentos y justificaciones que, ingenuamente, los particulares creímos. Y si eso era digno de la más vodevilesca Galería de Horrores, lo que ocurre ahora no tiene nombre.

¿Qué ocurre hoy? Que, seguramente, la autoridad gubernamental estatal, afiliada y estrechamente ligada —como debe de ser— a un partido político, buscó todos los apoyos políticos posibles para el impulso a su candidato a Gobernador, y a su proyecto político. Dentro de los apoyos que consiguieron, fue el del sector del transporte público. ¿En qué consistía ese apoyo? En servir de instrumento para la movilización; en ser un elemento más para la propaganda política, y en servir como una demostración del más anquilosado corporativismo político que, en otras épocas, representaba carretadas de votos a favor de un partido determinado.

Hubo, en esa comedia ligera y frívola, una serie de pactos recíprocos a cambio de ese apoyo, que fue sólo de una parte del sector. Aquella autoridad estatal, propuso que a todos aquellos que se vieron dispuestos, u orillados, a prestar ese apoyo político, que una vez ganada la elección, se podría negociar un incremento a las tarifas del transporte urbano. Con la otra parte del sector, hubo un rompimiento estruendoso, cuando una de las principales concesionarias de una de las líneas camioneras —y en otros tiempos amplia beneficiaria del sistema— rompió políticamente con ese partido, para anunciar su apoyo total e incondicional, a la causa política contraria a la de quienes buscaban repetir en el poder gubernamental.

El resultado fue ampliamente abrumador, a favor de la causa opositora al régimen gobernante. Aún con todos los apoyos conseguidos, y su apoyo firme, no fue suficiente como para repetir en las más importantes responsabilidades públicas. Ante la derrota, todos los pactos se rompieron, o cuando menos dejó de importarles si éstos se cumplían o no.

Entonces, uno de esos tantos agraviados, los concesionarios, intensificaron los llamados a cumplir esos pactos. Primero utilizaron aquel viejo argumento de que la crisis económica, y la inflación, hacían imposible seguir costeando una actividad económica lucrativa, en la que los servicios, el combustible y las refacciones incrementan sus precios todos los días. Nadie les creyó.

Luego se valieron de otro. Dijeron que la flota camionera necesitaba ser renovada, para adquirir unidades menos contaminantes; y que del mismo modo, era apremiante dar capacitación a todos aquellos conductores que no tenían nociones claras del servicio que prestaban; y que, incluso, el incremento era necesario para garantizar la adquisición de seguros de viajero, que dieran certeza al usuario de que sería resarcido ante cualquier eventualidad que ocurriese mientras viajaba en una unidad del transporte público. Pero como en diciembre de 2007 dijeron y prometieron lo mismo, sin cumplir, tampoco nadie les creyó.

Así, como ninguna de sus estrategias anteriores funcionó, ahora decidieron lograr sus objetivos “a la brava”. Esta no parece ser una cuestión de golpeteo mediático, sino una acción concreta, que no es más que consecuencia de lo que este gobierno se dedicó a sembrar durante toda su gestión: el descrédito a su propia autoridad, y el incumplimiento de los pactos que ellos mismos proponen.

TODOS, MUY MAL…

Sólo los concesionarios saben si, de verdad, el problema de fondo en sus exigencias, radica en los incrementos constantes a los insumos y servicios que requieren las unidades. Si es así, entonces no parece. Esto porque en una declaración de ingenuidad o franqueza, hace unos días uno de los concesionarios (Erasmo Medina Ángeles) exigió que ahora el gobierno estatal cumpliera con la palabra empeñada a los transportistas, porque el incremento a la tarifa había sido un pacto a través del cual, ellos aceptaron impulsar la candidatura a Gobernador del diputado federal del PRI, Eviel Pérez Magaña.

El gobierno estatal negó cualquier tipo de pactos (era obvio que no podría aceptarlo), y anunció que la tarifa no se incrementaría. Los transportistas —que, con empresas distintas, apoyaron a ambos candidatos— continuaron insistiendo en que era urgente el incremento, ante la imposibilidad de continuar costeando sus operaciones. Ante la presión ciudadana, de nuevo la autoridad dijo que no. Y entonces el golpe que dieron los concesionarios a la economía familiar, fue directamente proporcional a la burla pública a la que sometieron a la autoridad.

La Coordinación de Transporte, ayer, quedó reducida a su tamaño natural. Si durante los últimos años, sus funcionarios actuaron como agentes de los concesionarios, y como legitimadores y justificadores de sus necesidades y decisiones (nunca las de los usuarios), ahora los dueños de las unidades de transporte los hicieron ver como unos auténticos buenos para nada, que tienen la misma autoridad que una estampita con imágenes de súper héroes o luchadores:

Sin siquiera ofrecer alguna contraprestación al usuario, ayer decretaron unilateralmente un incremento a la tarifa del transporte. No les importó no contar con el aval de la autoridad. A la hora que Tránsito del Estado, y la Cotran, iniciaron la detención de las unidades que cobraban ya 7 pesos al usuario, ¡Fueron los mismos transportistas quienes iniciaron sendos bloqueos en prácticamente todas las vialidades importantes de la capital oaxaqueña y municipios conurbados!

UN MUNDO RARO

¿Qué no eran antes los estudiantes quienes tomaban los camiones, para protestar por los incrementos? ¿Qué no el transporte público era también parte eso que algunos llaman “pueblo de Oaxaca”? ¿Y será que nos gobierna una autoridad, o el payaso de las hamburguesas? Caramba. Este bien puede ser el mundo al revés. Quizá luego resulte que Gonzalo Ruiz Cerón llame a colocar barricadas, e iniciar una insurrección popular, para impedir el paso de los tiranos autobuses que cobran más de lo que deben. Qué desgracia.

Cajas de ahorro: Carmelina “atiza” la insolvencia masiva

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+ Atender y denunciar: un binomio poco útil

A estas alturas, ya nadie sabe bien a bien si la diputada Carmelina Cruz Silva ayuda o perjudica a los no pocos defraudados de las cajas de ahorro populares de Oaxaca. Desde que tomó las riendas de ese asunto, y durante los meses que se ha dedicado casi exclusivamente al tema, ha sido lo mismo un signo de interlocución entre los quebrantados y el poder público, pero también un símbolo de imprudencia, desatinos y protagonismos con los que ha terminado haciéndole el favor a los defraudadores, pero con los que también ha provocado más incertidumbre que acciones positivas para quienes perdieron su patrimonio económico.

En efecto, desde hace alrededor de un año, existe una comisión especial de diputados locales, dedicados casi exclusivamente a atender un problema que ha crecido como la espuma, a partir de que en 2008 hizo crisis un primer problema de defraudación de ahorradores, con la tristemente célebre Caja Sacriputla, pero que luego fue haciendo caer en insolvencia a docenas más de cajas de ahorro populares, que por malos manejos, por manipulaciones políticas, o por un “efecto dominó”.

Las cajas de ahorro, como bien se sabe, pueden crearse al margen de las regulaciones del sistema bancario nacional. Es decir, que a diferencia de la banca comercial —que está sometida a rigurosos procedimientos de vigilancia y garantía por parte de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, y la Secretaría de Hacienda y Crédito Público—, las cajas de ahorro pueden constituirse como meras asociaciones entre particulares, que establecen ciertos fines en los que, aparentemente, nada tiene que ver el interés público o la regulación del Estado.

Ese ha sido, en realidad, sólo una parte del problema. Porque una laguna legal que impide la regulación a nivel federal, y la ausencia de una norma estatal —que sigue congelada por la falta de capacidades y voluntad política por parte del Congreso, y por los reiterados intentos comunes de manipulación del conflicto por parte de diversos grupos políticos—, no serían límite para que de todos modos esas organizaciones funcionaran correctamente y, como se dice coloquialmente, tuviera sus finanzas “en números negros”.

El problema es que esa falta de regulación y vigilancia, en buena medida fue aprovechada por vivales que buscaban beneficios económicos por la vía de la defraudación y la estafa, y que para lograrlo se valieron de la necesidad y el poco conocimiento del tema, por parte de miles de personas que ingenuamente confiaron en ellos.

La consecuencia de todo esto, es que, en los últimos años, cientos de miles de personas —aunque se habla de un millón de ahorradores potencialmente convertidos en defraudados, sólo en Oaxaca— invirtieron sus recursos en esas organizaciones populares, bajo la promesa de obtener rendimientos superiores a los que podrían obtener a través de la banca comercial. A través de ese gancho, la masa de dinero manejada por las cajas de ahorro se volvió inmensa. Éstas crecieron sin control y, ante el éxito inicial, se masificaron por todo el territorio estatal.

Sólo que del tamaño del “boom” y de los estratosféricos rendimientos iniciales, fue la caída y el fraude consiguiente para decenas de miles de personas. Solamente en la quiebra de una decena de cajas de ahorro importantes, resultaron más de diez mil defraudados. El problema fue que cuando esta quiebra comenzó a reproducirse, otras cajas de ahorro cayeron no por sus malos manejos ni por los potenciales fraudes cometidos por sus manejadores, sino por la incertidumbre que ciertas declaraciones de la diputada Cruz Silva, y de otros personajes involucrados, sembraron entre los ahorradores que aún tenían garantizados sus recursos en cajas de ahorro relativamente sanas.

IMPRUDENCIAS

Al analizar objetivamente este problema, se puede ver que no todas las cajas de ahorro que se han declarado insolventes, quebraron por malos manejos o por los fraudes cometidos por sus accionistas o propietarios. Más de las que se puede uno imaginar, cayeron en una masiva falta de recursos como consecuencia del efecto dominó que se creó a partir del interés de algunos grupos políticos, y de las menudas ayudas que les proporcionaron desde el propio Congreso del Estado.

En ese sentido, desde el pasado 30 de noviembre de 2009, en este espacio apuntamos que “existen denuncias serias, en el sentido de que muchas de las cajas de ahorro han quebrado por la manipulación de ciertos datos y la especulación de que las han hecho objeto. Señalan, por ejemplo, que ante el quiebre de algunas cajas, algunos personajes cercanos al Partido Convergencia o al ex candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador, tienen la tarea permanente de acudir a docenas de comunidades del interior del Estado, a “poner en alerta” a los pobladores para que retiren sus inversiones de las cajas de ahorro. Les dicen que éstas se encuentran en vías de quebrar, o que su dinero será utilizado para campañas políticas del PRI. En muchos de los casos, ese es motivo suficiente para que los ahorradores retiren sus inversiones en masa. Ante la descapitalización, las instituciones se quedan sin la posibilidad de garantizar las inversiones de quienes sí confían en ellas. Al final, esto se les vuelve un problema mayor que los lleva a la inestabilidad y a la quiebra.”

Esa ha sido una práctica común de ciertos grupos políticos opositores al PRI, que vieron a los defraudados como un arma política, y que no se sabe si voluntaria o involuntariamente, o por un protagonismo poco entendible, han sido ayudados por personas afines al sistema como la diputada Cruz Silva. ¿Cuántas veces, quizá para captar la atención de la prensa, ésta ha “alertado” a los ahorradores a que saquen su dinero de las cajas que gozan de salud financiera? Hasta la institución bancaria más sólida, o las finanzas de un país —y qué decir de una caja de ahorro, independientemente de sus condiciones—, colapsan ante una fuga masiva de dinero. Por eso, hoy ya no se sabe si la diputada Cruz está a favor o en contra de los defraudados.

POR LA TOLERANCIA

Ayer, la Corte dio un paso fundamental en cuanto a la preservación de los derechos y la tolerancia entre los mexicanos. Al validar constitucionalmente los matrimonios entre personas del mismo sexo, y el derecho de éstas a la adopción, convalida la idea de un Estado laico regido por leyes, y no por atavismos, dogmas o moralidades. Abundaremos.

Priistas: nada demuestran con su “democracia interna”

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+ Políticos: “resbalan” al decir sandeces sobre juicio político

Finalmente se hizo público lo que ya se veía venir: Martín Vásquez Villanueva fue “electo” como coordinador de la fracción parlamentaria del Partido Revolucionario Institucional en la LXI Legislatura del Congreso del Estado. Más allá del ex Secretario de Salud, y del edil citadino con licencia, José Antonio Hernández Fraguas —que inicialmente sería el designado para ese encargo—, la cúpula estatal del tricolor debería reparar, con un poco menos de soberbia, en que nada bueno está demostrando con sus más recientes acciones de “imposición democrática”.

A lo largo de su carrera política, el diputado electo Vásquez Villanueva ha demostrado reiteradamente que la ineptitud no se cuenta entre sus defectos. Al contrario. El cargo de secretario de Salud —que es una posición de primer orden dentro de cualquier gobierno— la ocupó sin mayores contratiempos, con prudente discreción, y demostrando pluralidad y eficacia en su labor.

Es una referencia positiva importante, el hecho de que hasta ahora no hayan aparecido en su contra, señalamientos o cuestionamientos probados sobre su actividad al frente de los Servicios de Salud de Oaxaca., y que tampoco sea de los que cuentan entre sus adversarios, o enemigos políticos, a una lista larga de personajes de diversas calañas.  Por eso, en rigor objetivo, no extraña la decisión de designarlo como representante de los próximos diputados estatales del PRI.

En la contraparte se encontraba José Antonio Hernández Fraguas. Más allá de las poses, y de los señalamientos “políticamente correctos” con los que algunos de sus compañeros priistas trataron de sobarle el golpe de la traición a los acuerdos iniciales, es evidente que éste es cualquier otra cosa, menos un lastre para su partido, y que tampoco lo habría sido si se hubiera sostenido la decisión de dejarlo al frente de los próximos diputados locales del tricolor.

Al contrario: si por algo Hernández Fraguas fue señalado, recelado y cuestionado por sus mismos correligionarios durante su gestión, primero como secretario de Administración, y luego como presidente Municipal de Oaxaca de Juárez, fue precisamente por la estrecha relación que él había sostenido en otros momentos con el gobernador Diódoro Carrasco Altamirano, y con buena parte del grupo político que primero había servido al cuicateco y luego se identificó con Gabino Cué Monteagudo.

Sus detractores internos, nunca repararon en que los integrantes de un grupo político se diferencian entre verdaderos políticos, y los que son hijos de las circunstancias o de la suerte de otros. Los primeros son aquellos que construyen una carrera política más allá de un gobernador, un grupo o un sexenio. Es decir, que son los que tienen algún valor agregado como para trascender a una administración. Mientras que los segundos, son solamente consecuencia de una circunstancia favorable; pero que si no fuera por esa particularidad, jamás habrían figurado en cargos o responsabilidades dentro de su partido, de los cargos de elección popular, o de la administración pública, y que, generalmente, sólo son “flor” de un sexenio.

Así, lo que queda claro es que, el problema de todo esto, en realidad, no se encuentra en la persona elegida para ostentar una responsabilidad política importante, sino más bien en la forma en cómo el priismo continúa procesando sus decisiones. No es el qué; es el cómo.

SEGREGACIONISMO

Desde el primer momento fue evidente que, particularmente José Antonio Estefan Garfias y José Antonio Hernández Fraguas, fueron los dos personajes que más remaron contra la corriente del priismo, para tratar de participar en aquella vacilada que fue el proceso interno para elegir a su candidato a gobernador.

Aunque quedaba claro desde el primer momento que el senador Adolfo Toledo tampoco era parte reconocida de ese selecto grupo; que para Martín Vásquez era un acto de reconocimiento y aprecio, pero no de posibilidades reales, el incluirlo como aspirante a la gubernatura, y que Jorge Franco sería el gran desplazado, ninguno de estos tres personajes resintió tantas descalificaciones, y segregacionismo, dentro de su mismo partido como Hernández y Estefan.

Hoy es evidente que los dos más aventajados, y peor retribuidos fueron Hernández Fraguas y Toledo. Al primero le han prometido todo y le han cumplido nada, pero ha decidido sostenerse dentro de la disciplina y la institucionalidad, no sin demostrar evidente molestia por las defraudaciones de que ha sido objeto.

Y el segundo ha asumido una actitud voluntariamente indigna, al convalidar y aceptar, risueño, todas las mentiras (como su cargo de “dirigente” del PRI y ahora de la CNC) y las fantasías (como la de poder llegar a ser líder nacional del campesinado priista) que le construyeron, y que tampoco le cumplirán, a cambio de no ser el candidato a Gobernador.

Bien, pues esa lista de promesas incumplidas, que encabezan estos dos personajes, debe irla tomando en consideración, en un primer momento, el propio diputado Vásquez Villanueva, y después, todos aquellos que se encuentran involucrados y que aún creen en las promesas que realiza la dirigencia tricolor, encabezada por el diputado federal Eviel Pérez Magaña.

En ese largo camino, la cúpula tricolor no ha demostrado ni democracia, ni eficacia, ni tolerancia ni mucho menos pluralidad: lo único que ha demostrado, es que son especialistas en prometer y no cumplir. Los antecedentes, hablan por sí mismos, y seguramente serán también tomados en cuenta por sus contrapartes de la oposición. No porque no crean en la palabra del diputado coordinador Vásquez. Sino porque nada garantizará que, en la dirigencia priista y en la cúpula tricolor, respeten la palabra que él empeñe como garantía en la negociación. El problema, de nuevo, no será el qué; será el cómo. ¿Apuestan?

QUE SE PONGAN A ESTUDIAR

La semana pasada, dimos cuenta de cómo el líder panista, Carlos Moreno, cargado de ignorancia, aseguraba en una entrevista que el juicio político tenía como fin retirar el fuero a un funcionario. Existe por ahí, otra perla, en la que el diputado federal del PRI, Héctor Pablo Ramírez, asegura que él y algunos otros legisladores del tricolor “estudian” la posibilidad ¡de iniciar juicio político contra el presidente Felipe Calderón, “por los 28 mil muertos” de la lucha contra el narco! Eso es improcedente. Si no sabe, que estudie, o que pregunte. Para eso, se supone, sirven sus asesores.

Fidel, ¿loco por denunciar complot vs AMLO en México?

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+ Historia: plagada de complots y miedo a la izquierda

Corre siempre como uno de los fantasmas políticos, que hasta se ha convertido en lugar común de quienes se dicen perseguidos, que es por disposición expresa de los intereses que dominan a Estados Unidos de Norteamérica, que en todos los países de América Latina deben evitarse lo más posible los triunfos de las fuerzas de izquierda radicales, pero que particularmente esa disposición debía hacerse patente en México, para evitar que las tendencias de ese tipo de desbordaran libremente sobre todo el centro y sur de nuestro sufrido continente.

Ese era el argumento de todos los que, en otros tiempos, condenaban la permanencia y la hegemonía del Partido Revolucionario Institucional y su intolerancia hacia otras corrientes políticas, y fue el argumento del que se valieron todos aquellos que, desde 2005, y en los años siguientes, aseguraron que había existido un complot de intereses nacionales e internacionales, en contra de la causa del entonces jefe de gobierno del Distrito Federal, y aspirante por el Partido de la Revolución Democrática a la Presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador.

En un primer momento, fue hasta motivo de guasa aquello del complot. La forma de hablar, propia de los tabasqueños, llevó a López Obrador a asegurar que en su contra había un “compló”. Fue asimismo lugar común hacer broma de la forma y no del fondo, de un argumento que además no parecía del todo objetivo, y más bien parecía ser la justificación de los propios errores y la corrupción que entonces se revelaba de funcionarios del gobierno que encabezaba el aspirante presidencial.

¿Por qué hablaba López Obrador de un complot? Porque, ante el descubrimiento de los video escándalos, y el inicio del proceso judicial que se le seguía, y que terminó con su desafuero e inminente procesamiento judicial —que, además, lo tuvo a punto de la aprehensión, y por ende su “eliminación” del proceso electoral presidencial de 2006—, el tabasqueño aseguraba que eso era una maquinación sistemática de algunos grupos mafiosos que querían impedir a toda costa que su proyecto político continuara la marcha que, entonces llevaba con toda seguridad, a la Presidencia de la República.

¿Por qué aseguraba eso? Porque él nunca se hizo parte de los actos de corrupción, y más sostuvo ante todos los cuestionamientos, que desconocía las actividades indebidas que realizaban algunos funcionarios de su administración o su partido político. Y denunciaba que todas esas maniobras tenían como fin descarrilar sus aspiraciones, e impedirles llegar a la presidencia de la República con el amplio respaldo popular que entonces contaba.

¿Por qué, en contraparte, no se le creía del todo? Porque ese argumento también tenía importantes rasgos de chovinismo. Es decir, de aquella actitud en la que uno considera que todos los males que se sufren, tienen origen en factores externos, pero sin asumir ningún tipo de responsabilidad, ni siquiera parcial, en uno mismo. Las aseveraciones de López Obrador respecto al supuesto complot, tenían mucho de eso. Asumir que todo era parte de una maquinación internacional para impedirle llegar a la Presidencia, era tanto como decir que todo era responsabilidad, o mentira, de sus enemigos (el “innombrable”, por ejemplo), pero que ni él ni sus colaboradores tenían culpa alguna por los delitos y fraudes que luego se descubrieron, y en los que, lo aceptara o no el tabasqueño, sí había una cuota importante de culpabilidad de sus cercanos, o de él mismo.

¿COMPLOT REAL?

Todo este tema resurgió, quizá tardíamente, porque hace apenas unos días el comandante y ex presidente de Cuba, Fidel Castro Ruz, aseguró que, en efecto, López Obrador había sido víctima de un complot internacional que le impidió llegar a la Presidencia de la República. Para algunos, esta fue la aseveración equivocada o fantasiosa de un hombre octogenario que, quizá, no sabía lo que decía. Pero si se asume esa declaración no como un hecho aislado, sino como parte de un todo que conlleva antecedentes importantes, entonces el Líder de la Revolución cubana podría no estar tan equivocado como parece.

Existen antecedentes claros de que en Cuba, a diferencia de otros países, sí existe información importante relativa a los procesos políticos del 2006 y sus implicaciones en el resultado de la elección. Si bien se recuerda, uno de los temas que más golpeó a López Obrador, fue el de los video escándalos.

Además de los videos en los que fue captado su Secretario de Finanzas, apostando cantidades millonarias, reiteradamente, en uno de los casinos más lujosos de Las Vegas, en Estados Unidos, semanas después se dieron a conocer otros videos en los que connotados perredistas (Carlos Imaz, Ramón Sosamontes y René Bejarano, entre otros) recibían cantidades millonarias de un hombre inicialmente desconocido, que luego resultó ser el empresario constructor de origen argentino, Carlos Ahumada Kurtz.

Eso generó uno de los más brutales golpes en contra de la causa lopezobradorista. Para todos sus adversarios políticos, esa era la prueba de corrupción que todos esperaban, y que nadie de los “pejistas” aceptaba. Cuando ello ocurrió, Ahumada huyó justamente a Cuba. Pero antes, había sido ayudado por oscuros personajes que fueron quienes lo asesoraron, y le abrieron las puertas de la televisión en cadena nacional, para que presentara las pruebas de los actos de corrupción que cometían los cercanos del Jefe de Gobierno.

Se asegura que en Cuba, Ahumada fue interrogado en largas horas de conversaciones por los servicios de inteligencia de esa Isla. Ahí quedó testimonio de todos cuantos actuaron para golpear a López Obrador. Quizá por eso, mejor que nadie el ex Mandatario Cubano sepa que, en efecto, confabularon intereses de todo tipo para tratar de frenar su cómoda llegada (porque era el puntero indiscutible) a la contienda electoral por la Presidencia de la República.

FACTORES INTERNOS

Sin embargo, creer a pie juntillas esa versión, es tanto como negar todos los errores que cometió López Obrador durante el desarrollo de la campaña presidencial. Ciertamente, los video escándalos lo minaron. Pero las propias encuestas de aquellos años reflejaron que eso no era suficiente para destruirlo. AMLO no llegó a la Presidencia por un conjunto de factores y no sólo por un complot. Ese daño auto infligido, debe quedar asentado al lado de la conjura internacional que pudo haber en su contra.

Juicio Político vs URO: la exoneración estaba anunciada

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+ Artilugios legalistas, no legítimos, fueron más eficaces

Ayer jueves, en el Congreso del Estado se discutió y resolvió el polémico procedimiento de juicio político en contra del gobernador Ulises Ruiz Ortiz. El resultado final fue el esperado: tras una deliberación aparentemente acuciosa, se determinó que no existía responsabilidad alguna en el Primer Mandatario, respecto a los hechos violentos ocurridos durante el conflicto magisterial y popular de 2006 y 2007. Nada se salió del argumento legal, limitativamente legalista, e incluso ilegítimo, que desde un principio trazaron los diputados para librar al actual régimen de cuestionamientos y procedimientos futuros.

Hace un par de semanas, en nuestras entregas del pasado 1 y 2 de agosto, en este espacio establecimos que aún cuando la Constitución Política del Estado no contempla la posibilidad ni causas específicas por las que quien ostenta el cargo de Gobernador, pueda ser procesado en Juicio Político, la Constitución General de la República sí establece ciertos criterios para la procedencia de dicho procedimiento, y que incluso la jurisprudencia de la Suprema Corte refuerza la esta posibilidad, además de reprochar que algunas Constituciones locales no establezcan expresamente la procedencia del Juicio Político en contra de los titulares respectivos del Poder Ejecutivo de las entidades federativas.

Atendiendo a estos criterios, pudo establecerse que sí era posible la procedencia de dicho juicio en contra del gobernador Ruiz, pero que habría que revisar a detalle las causas y los argumentos que habrían motivado tal solicitud ante la Cámara de Diputados. En nuestra entrega del 2 de agosto, establecimos que dicho juicio se había solicitado en base a las responsabilidades que se habían señalado en la investigación sobre presuntas violaciones graves, que había realizado la Suprema Corte de Justicia de la Nación, por la revuelta magisterial de 2006 y el año siguiente.

También señalamos que en el dictamen final de esa investigación, los ministros de la Suprema Corte se limitaron a enunciar las violaciones, pero se abstuvieron de señalar responsabilidades expresas porque eso rebasaba el límite de esa atribución. Sin señalamiento no podría haber acusación sustentada, y mucho menos la posibilidad de que hubiera una sentencia condenatoria. Preverlo no era cuestión de gurús ni de dotes adivinatorias, sino del uso de la simple lógica relativa a los preceptos jurídicos.

Por eso, el 2 de agosto apuntamos, expresamente, que “si en realidad el Congreso del Estado tomó como base lo establecido en el engrose del dictamen sobre el llamado Caso Oaxaca, entonces no hay mucho qué esperar. El asunto, para el Gobernador y los demás involucrados, pareciera ser mucho menos grave y complejo de lo que parece. Y por eso mismo, el final de toda esta historia podría ser que, además de dejar cancelada toda posibilidad de reabrir otro procedimiento de esa naturaleza por los hechos del 2006, los procesados en juicio político por el Congreso del Estado tuvieran una sentencia favorable a sus intereses.”

Ahora se sabe, como también se previó desde entonces, que el fondo de este asunto era el de solventar aquel principio constitucional denominado “non bis in idem” (“no dos veces lo mismo”), que establece, en el artículo 23 de la Constitución federal, que “nadie puede ser juzgado dos veces por el mismo delito, ya sea que en el juicio se le absuelva o se le condene”.

Así, pues, había que apresurar el trámite y resolución de este juicio político relativo a los hechos violentos de 2006 y 2007 no para llegar a un acto de justicia, sino para utilizar a su favor un precepto legal que impidiera una posible reapertura de dicho procedimiento en el futuro, y que por tanto brindara certidumbre de que el actual Mandatario no fuese molestado después, al menos políticamente, por ese asunto.

EFECTO CONTRARIO

Todo esto parece demasiado pedestre como para ser un simple asunto de blindaje en términos políticos. Tiene mucho de eso, pero bien podría no ser lo único. En realidad, este “procesamiento” y exoneración por parte del Congreso del Estado al gobernador Ulises Ruiz Ortiz por los hechos violentos de 2006 y 2007, podría ser el inicio de una andanada de descalificaciones en contra de quienes, desde el bando contrario, también encabezaron los disturbios durante aquellos años.

Ayer, el diputado presidente del Congreso del Estado, Herminio Cuevas Chávez, asumiendo una posición de franca defensa del Mandatario procesado, cuando se le preguntó ayer en entrevista colectiva, si no existía responsabilidad en el Gobernador por no haber atendido las demandas presupuestales que dieron origen al conflicto magisterial, dijo textualmente lo siguiente:

“Lo que pasa es que sólo se han definido condiciones solamente para el gobernador, pero han olvidado la historia, cómo inicia el conflicto del 2006, con una demanda presupuestal que el Gobierno del estado no lo tiene, con una demanda que tenemos que acudir a la federación para resolverlo, con una participación tardía de la federación en el caso de Oaxaca; con una participación que cuando ellos llegaron a Oaxaca fueron los que comenzaron  a violentar. Eso ya se les olvidó, a las organizaciones sociales, al magisterio, a la APPO, que violaron los derechos de particulares. Vimos cómo saqueaban negocios, extorsionaban a la gente, asaltaban a la gente, eso se les ha olvidado y nada más están enjuiciando a una persona y la historia no va a juzgar a una persona, sino que los va a juzgar a ellos por los hechos del 2006, por todo lo que sucedió…”

¿Qué ahora sí el gobierno va en contra de sus antiguos adversarios? ¿Quedaron atr{as entonces los pactos oscuros a través de los cuales unos y otros se concedieron múltiples y recíprocas condiciones de impunidad, a cambio de la paz, la gobernabilidad y la permanencia del régimen en la entidad? Este podría ser el punto de inicio de una venganza. Si en el sector oficial ya son “legalmente” inocentes, entonces ahora sí podrían ir por sus contrarios. Ya nada los pone en riesgo.

¡FELICIDADES!

Hoy, TIEMPO cumple nueve años de existencia como publicación diaria. Gracias a usted lector por su amable preferencia. Gracias a los anunciantes por brindarnos su confianza. Es momento, pues, de enviar felicitaciones y un abrazo sincero a nuestro director, Wenceslao Añorve, y a todos nuestros compañeros, que con su mejor esfuerzo, todos los días hacen posible este diario. ¡Enhorabuena!

Sección 22 colaboró con impunidad, al negociar la justicia

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+ Revisión de delitos cometidos en 2006, también los implicaría

Al cumplirse cuatro años del homicidio de José Jiménez Colmenares, ocurrido durante una marcha del magisterio y la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca en agosto de 2006, la dirigencia estatal de la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, anunció que presentará una denuncia penal colectiva en contra del gobernador Ulises Ruiz y varios otros servidores públicos que tuvieron participación durante el conflicto social de ese año. Además de buscar un efecto político a través del uso de la vía judicial, los profesores democráticos debían reparar en que la justicia no puede ser selectiva. Y que si en algo llegase a variar el estado de impunidad en que se encuentran los hechos del 2006, también ellos tendrían que ser llamados a cuentas.

Por principio de cuentas, es evidente que, en teoría, a los profesores de la Sección 22 no les falta razón. De hecho, anunciar la presentación de sendas denuncias penales por los delitos cometidos durante la revuelta magisterial, parece ser un medio alternativo ante la potencial simulación de un juicio político, que estarían en vías de perpetrar la mayoría de los diputados que integran la LX Legislatura del Estado en Oaxaca.

Si puramente entendemos estas denuncias en el ánimo del “deber ser”, entonces podríamos asumir que seguramente tales acusaciones penales en sí no buscarían un fin específico, sino que más bien serían parte de los actos previos —o actos preparatorios— para acciones de índole política posteriores. Es decir, que buscando condenas de ese tipo posteriores al 1 de diciembre, ellos estarían recopilando todos los elementos que previamente pudieran dejar constancia de que, en efecto, existe la presunción, en base a las denuncias, de que se hubieren cometido delitos y que fueron denunciados en su tiempo debido.

¿Por qué buscar estos fines a través de denuncias penales? Porque establece el artículo 115 de la Constitución del Estado, que el Gobernador sólo puede ser responsable por la comisión de delitos graves del orden común, y la violación a las atribuciones, límites y prohibiciones que le señala la propia Ley Fundamental.

¿Qué significa esto? En términos sencillos, que el Gobernador del Estado no puede ser acusado de haber cometido otro tipo de faltas o delitos durante el tiempo de su encargo. Su marco de responsabilidades queda, entonces, ampliado respeto a un sinnúmero de faltas sobre las cuales no se le puede establecer acusación formal, y al mismo tiempo reducido en las cuestiones, por las que sí puede ser señalado como responsable de haber cometido durante el tiempo en que se desempeñó en ese cargo.

En esa lógica, una denuncia penal por la comisión de un delito grave del orden común (como podría ser el secuestro, el homicidio, y los demás que enumeran las normas procesales locales y federales), al menos deja un precedente de que sí pudo haberse cometido la falta o el delito que se señala. De ese modo, de haber un seguimiento puntual, entonces sí se le podría establecer responsabilidades penales cuando ya no ostentara el cargo y la inmunidad que confiere la titularidad del Poder Ejecutivo.

El problema, para la Sección 22, es que si de verdad se encuentra en la determinación de lograr un castigo ejemplar para quienes ellos consideran como responsables de la persecución, y el hostigamiento a los luchadores sociales durante el conflicto magisterial, tendrá entonces que vincular cada uno de los hechos a la responsabilidad personal última del Mandatario, y de los demás servidores a quienes denunciarán. Ahí es donde se encontrarán con algunos problemas importantes.

Aún cuando la Suprema Corte señaló responsabilidades, lo cierto es que en sus documentos probatorios ellos no pudieron vincular relación directa entre algunos de los hechos violentos y constitutivos de delitos, con la decisión inicial del titular del Ejecutivo. Seguramente, esa relación podría sí existir; pero, frente a ello, es muy distinta la posibilidad de que esa conexión causal pudiera establecerse en contra o a favor de alguien. En todo caso, sentaría precedente que los abogados de la Sección 22 sí pudieran lograrlo.

JUICIO PARA TODOS

En algunos momentos, el gobierno electo de Gabino Cué Monteagudo ha ofrecido hacer una revisión puntual de los hechos más relevantes que ocurrieron durante el conflicto magisterial y popular de 2006. En ese sentido, la creación de un ente equiparable a lo que comúnmente se conoce como “comisión de la verdad”, marcaría un hito en la historia reciente de la entidad, y abriría la posibilidad de que se revisaran prácticamente todos los hechos ocurridos durante la crisis social. Todos los involucrados —los propios de funcionarios, y los que fueron responsabilidad de los grupos inconformes— tendrían, en realidad, algún tipo de responsabilidad en ese episodio drásticamente extraordinarios.

La Sección 22 no puede sustraerse a esta realidad. Una verdadera exigencia de justicia debería implicar que todos los implicados en la posible comisión de un delito, fueran castigados independientemente del grupo o corriente política a que pertenecieran. El fin último, en ese sentido, habría de ser la protección de los derechos de las mayorías, y no la satisfacción de los intereses de unos cuantos.

¿Los profesores democráticos estarán dispuestos a que se revisen también los hechos que los involucran? ¿Estarán dispuestos a legitimarse como persecutores de la justicia, con esas exigencias tan necesarias, pero también tan parciales respecto a quiénes deben ser juzgados, y quiénes no?

En realidad, no se trata de procurar impunidad completa, como tampoco de un suicidio colectivo. Pero ante la imposibilidad de que esas y otras acciones lleguen al puerto que se espera, unos y otros deberían comenzar a tomar acciones, tales como evitar que tanto el gobierno estatal, como la Sección 22, gobiernen y sigan decidiendo negociar teniendo siempre la ley y la justicia, como eficaces y únicas monedas de cambio.

ACCIÓN SOLIDARIA

La Fundación Carmen Vive, organiza una colecta para apoyar a los niños de las comunidades de Santos Reyes Yucuná y San Pedro Ixtlahuaca. Los niños necesitan ropa, zapatos, útiles escolares y juguetes en buen estado. El centro de acopio se encuentra en la tienda “Qué rico es Oaxaca”, ubicada en la calle 20 de Noviembre #212 esquina con Trujano a un lado del Hotel Francia, en el Centro Histórico. ¡Participe!

Transporte: gobierno se deslegitima con tema “legitimador”

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+ Persecución a corrupción en el sector, se volvió complicidad

Hace poco más de cinco años, la entonces recién iniciada administración en el Gobierno del Estado, pretendió dar un golpe de legitimidad, y deslinde con sus antecesores, a través de la persecución a presuntos actos de corrupción, relativos al transporte público concesionado. Hoy, queda claro que dicha persecución no sólo quedó en el olvido, sino que sobre los actuales funcionarios encargados de la regulación del transporte pesan cuestionamientos aún mayores que los de sus antecesores. Esta fue, pues, una persecución que se convirtió en complicidad.

Quizá no sea un dato que se tenga fresco. Pero en noviembre de 2005 se anunció la dimisión de la Coordinación de Transporte, de su hasta entonces titular, Aurora López Acevedo. Menos de dos meses después, comenzaron a revelarse detalles sobre un presunto fraude masivo en cuanto a la falsificación de concesiones de los llamados “taxis foráneos”.

Para los primeros días de abril del año siguiente (2006), un juez del fuero común libró sendas órdenes de aprehensión en contra de la ex Coordinadora de Transporte, y quienes fungieron como sus directores de Transporte y Jurídico, respectivamente, Horacio Sainz, y Eduardo Alberto Franco.

Primero al momento de librarse la orden de aprehensión, en abril de 2006, y luego el 27 de marzo del año 2007, estos dos últimos personajes fueron detenidos por un grupo de élite de la PGJE, bajo el cargo de falsificación de documentos. En la primera detención, Sainz y Franco obtuvieron su libertad al día siguiente de ser aprehendidos. En la segunda ocasión, ambos pasaron una temporada mayor en prisión. López Acevedo se sustrajo permanentemente de la acción de la justicia.

A partir de entonces, el Gobierno del Estado pretendió “vender” a la ciudadanía la idea de que en esta administración no habría impunidad. Hubo un permanente intento de linchamiento mediático, en contra de todos los actores administrativos y políticos que, voluntaria o involuntariamente, tenían algún grado de involucramiento con el asunto. Para el gobierno actuante, éste era el asunto que necesitaban para hallar un argumento de legitimación frente al electorado, y de deslinde respecto al grupo que lo antecedió en el poder gubernamental estatal.

Sobre el asunto de las concesiones, nunca se supo más que la nota para el anecdotario. En diversas ocasiones, los funcionarios que sucedieron a López Acevedo aseguraron que se habían descubierto hasta ocho mil concesiones falsificadas; hacían cuantificaciones del monto supuestamente obtenido por la estafa.

Y aseguraban que librarían todas las batallas legales que fueran necesarias, para dejar sin efectos todos los documentos que no cumplían con los requisitos de legalidad indispensables. Además, señalaban que se emitiría una Ley de Transporte, que regulara de mejor modo todas las actividades de los transportes concesionados, y que eliminara la total anarquía que entonces prevalecía en ese sector.

Lo cierto es que nunca ocurrió nada de todo aquello que prometieron. Hoy, a través del solo método de la observación, puede corroborarse que la masificación del transporte público continúa siendo una constante; que nunca pudieron meter en cintura a los transportistas que no contaban con sus documentos en regla; que siempre cedieron ante la presión política, ante el chantaje, o ante las acciones de presión que emprendían unos y otros, legales e ilegales, para conseguir sus fines.

Lejos de combatir la corrupción, como tanto lo prometieron, pronto salieron a relucir sospechas de que el negocio del tráfico de concesiones continuaba. Es decir, que sólo había cambiado de manos. Y eso, dejaba ver que los persecutores se habían convertido en cómplices de todo lo que antes habían condenado, al sucumbir frente a las tentaciones de la corrupción. Y, por si fuera poco, nada de eso les bastó para seguir alimentando sus intereses.

COTRÁN, AL SERVICIO

DE LOS CONCESIONARIOS

Durante el conflicto magisterial y popular de 2006, el transporte público fue uno de los sectores fuertemente agredidos por los grupos inconformes. En diversas ocasiones, sus autobuses fueron objeto de incendios, secuestro y destrucción. En total, los mismos concesionarios aseguran que unas cincuenta unidades fueron dañadas, y otras docenas más dañadas parcialmente. Ante los daños, los transportistas pactaron con el gobierno la restitución de sus pérdidas.

En efecto, tal pacto ocurrió, pero ambos grupos (concesionarios y gobierno) pactaron a costillas del usuario. Los dueños de las unidades, exigían que “alguien” les pagara los daños que ellos habían sufrido. Los funcionarios, se dijeron dispuestos a ceder ante las pretensiones de los particulares. Unos y otros no vieron, o no quisieron ver, o les importó un cacahuate, que el designado para pagar los daños, había sido un sector mucho más golpeado, agredido y menoscabado que ellos: el de los usuarios.

Así, en diciembre de 2007 se pactó un incremento que en nada correspondía ni a la inflación, ni al mejoramiento en la calidad del transporte, ni a la seguridad y garantías que éstos brindan a los usuarios. La tarifa, en aquel momento, aumentó casi un treinta por ciento, en relación al monto anterior. Pasó de tres pesos con cincuenta centavos, a 4.50 pesos por pasaje.

La Cotran, justificando sus decisiones y protegiendo los intereses de los concesionarios, aseguró que el transporte público mejoraría, que se renovaría la flota camionera, que se contratarían seguros para el usuario, que los conductores tendrían mayor capacitación y que, en general, la atención al público mejoraría.

Los hechos hablan por sí mismos: el servicio no mejoró; cualquier mejoría parcial se diluyó frente a la alta incidencia de muertes imprudenciales en las que están relacionadas unidades de transporte público. Y hoy, aún frente a esos incumplimientos, los bribones concesionarios nuevamente se dicen “quebrados” y extenuados, para solicitar un nuevo incremento que, dicen, podría llegar hasta a los 7.50 pesos.

TRANSACCIÓN POLÍTICA

El colmo: en una entrevista concedida a un portal web, el concesionario Erasmo Medina aseguró que ellos exigirán el incremento a la tarifa, a cambio del apoyo político que dieron a las campañas priistas. Están cobrando el favor. Que sostengan su palabra quienes prometieron. Pero que paguen ellos, no los usuarios. Sería lo justo.