PRI: Si ganan en Oaxaca, ¿Abordarán transición democrática?

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+ Presupuesto no debe ser más, un arma de utilidad partidista

El pasado viernes, de visita en Oaxaca, el coordinador de la fracción parlamentaria del PRI en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, Francisco Rojas Gutiérrez, prometió que, ante la victoria de su partido en los comicios locales, para los dos años siguientes el Gobierno del Estado contará con altos presupuestos, para poder cumplir con los compromisos pactados en campaña. Esta afirmación, entendida en sentido contrario, apuntaría a un grave castigo presupuestal a Oaxaca ante un posible triunfo opositor. Ante ese dilema, el PRI se encuentra en el límite entre la actuación facciosa, y el impulso a reformas profundas que le urgen no sólo a esta entidad, sino al país entero.

Reiteradamente, hemos visto cómo al menos en la última década, en México el uso y el reparto de los recursos públicos se realiza mediante un visible esquema partidista. Hasta antes de que el PRI fuera expulsado de la presidencia de la República, en el año 2000, el gasto federal se decidía fundamentalmente en el gobierno federal, y las negociaciones y pujas que existían alrededor del mismo, eran de orden estrictamente político.

En la última década de gobiernos panistas, lo más cercano a una mayoría legislativa, es la que existe justamente ahora en manos del priismo en la Cámara baja. Esta pluralidad parlamentaria permitió que la propuesta de gasto del Ejecutivo, pudiera libremente ser modificada en el Legislativo, y votada en base a alianzas generadas entre fuerzas políticas. Así, como nunca antes, los diputados y senadores pudieron disponer de grandes cantidades de recursos para reencauzarlos y destinarlos a entidades federativas con amplia representación, o peso político específico, en el Congreso federal.

Sin embargo, si los oaxaqueños tenemos memoria, bien podremos darnos cuenta que no todas las historias relativas al presupuesto público estatal, han sido felices. Al contrario. Baste regresar la mirada al resultado de los comicios federales de 2006 habido en la entidad, y la patética actuación que tuvo la mayoría de los diputados federales y algunos senadores por Oaxaca, justamente ante la disyuntiva de actuar con visión de Estado, o en base a visiones cortoplacistas y plagadas de fantasmas facciosos y partidistas.

Quizá ahora ya no se recuerda, pero producto de la convulsión política que justo entonces ocurría en la entidad, en los comicios federales de 2006 resultaron ganadores 9 de los 11 candidatos a diputados federales, y la fórmula de senadores, por los partidos de oposición. Esta turba de individuos —que llegaron circunstancialmente al Congreso de la Unión—, se dedicó únicamente a abanderar las acciones y exigencias que entonces (en los últimos meses de aquel convulsionado año) aún tenían los grupos inconformes que encabezaban la revuelta magisterial y popular en Oaxaca.

De aquel tiempo, sólo se recuerdan las peroratas lanzadas por Othón Cuevas al entonces secretario de Gobernación, Carlos María Abascal; a Carlos Altamirano Toledo alzando pancartas a favor de la no militarización en Oaxaca; o a varios de esos diputados opositores, disputando violentamente espacios durante la toma de la tribuna legislativa, con lo que querían impedir que Felipe Calderón Hinojosa tomara posesión como Presidente Constitucional de México.

Aquellos diputados federales nunca brillaron por gestión presupuestal alguna a favor de Oaxaca. Su lógica los llevó a pensar que cualquier peso que éstos llegasen a gestionar para el presupuesto estatal, quedaría en manos de sus contrincantes. Y todos, en conjunto, prefirieron mejor abocarse a gestiones directas de menor envergadura, pero nada que tuviera que ver con beneficios que también pudieran aprovechar sus adversarios. Aplicaron, pues, una extremosa política de cerrazón partidista a beneficios que pudieron ser para Oaxaca.

Y entonces, el gobierno de Oaxaca —que sólo tenía dos diputados y un senador por el PRI— tuvo que buscar la gestión presupuestal a través de la bancada priista, de algunas negociaciones, y del apoyo de las fracciones legislativas tricolores de otras entidades de la República. ¿Esta historia se repetiría, pero ahora ante los bloqueos priistas?

VISIÓN DE ESTADO

A pesar de lo lógica que parece la promesa del diputado Rojas, y la interpretación en sentido contrario que puede hacerse de la misma, tal parece que una actitud de cerrazón sería abominable. Sería tanto como trasladarle a los oaxaqueños, los costos de una derrota partidista. Y, lo peor, equivaldría a dejar en el inmovilismo a todo un gobierno, que no podría atender no sólo a los de su partido, sino a toda una población urgida de atención y servicios públicos.

Si cerrar la llave de los recursos es una salida posible a nivel partidista, pero traidora a nivel de Estado, ¿qué hacer entonces? La respuesta está en la posibilidad de comenzar a impulsar las reformas legales que tanto se han postergado, para verdaderamente obligar a los gobernantes estatales a rendir cuenta puntual de todos los recursos —estatales y federales— que utilizan.

Esa sería, sin duda, una salida no facciosa ni de corta visión partidista, que sin embargo no parece posible. La mayoría de los gobernadores priistas, son quienes controlan a sus bancadas en el Congreso federal. Eso es lo que les permite obtener grandes recursos, pero en un marco débil y sólo aparente de rendición de cuentas, que les da amplias posibilidades de utilizarlos discrecionalmente. Una reforma amplia en ese sentido, eliminaría las decisiones excluyentes o vengativas, que tanto daño le hacen al país.

Finalmente, el interés de fondo es por Oaxaca. El priismo actúa y promete con confianza, como a sabiendas que tiene en la bolsa un triunfo que, aún hoy, es una auténtica moneda en el aire. Si las predicciones les fallan, el desquite sería no con las fuerzas o gobernantes opositores, sino con Oaxaca. Y un Estado como el nuestro, independientemente de las decisiones que se tomen, no lo merece.

PRESIÓN EN AUMENTO

Paulatinamente, los profesores de la Sección 22 han ido intensificando sus acciones de presión, que no afectan al gobierno sino a la ciudadanía. Este proceso gradual, no beneficia a nadie más que al gobierno. Deberíamos no acostumbrarnos a todo lo que hoy ocurre en Oaxaca y, al contrario, exigir resultados a la Secretaría de Gobierno. Si Evencio no puede, que renuncie.

almargen@tiempoenlinea.com.mx

almargenoaxaca.wordpress.com

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