El PRI va por una victoria que no le va a saber a nada

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+ Diputaciones federales traen aparejada lucha por 2016


Según las cuentas del Partido Revolucionario Institucional en Oaxaca, su objetivo real —al margen de los discursos triunfalistas— es ganar una o dos diputaciones federales en los comicios del domingo próximo. Según sus estimaciones, no podrán superar esa expectativa. Los antecedentes respaldan esa percepción. Pero según sus necesidades políticas, necesitan ir más allá de sus pobres resultados electorales para poder tener alternativas viables rumbo a la sucesión estatal de 2016.

En efecto, hoy en día el PRI tiene un discurso que está más basado en suposiciones y percepciones, que en datos reales y comprobables. En los comicios federales de 2012 —con todo y el arrastre natural que trae aparejado toda elección presidencial—, el PRI sólo fue capaz en Oaxaca de ganar una diputación federal, y perdió las dos senadurías de mayoría relativa. En medio de su derrota a nivel estatal —aquí no pudo ganar ni Enrique Peña Nieto, que era el más popular de todos los candidatos priistas en el país—, el PRI le abrió la puerta a dos diputados federales plurinominales, para completar una gris bancada que sólo tiene cuatro integrantes, tres de los cuales ni siquiera ganaron los comicios en los que salieron electos.

Esa es la primera referencia de por qué, para esta elección, los números reales sólo le imponen a la dirigencia estatal priista el reto de ganar un solo distrito electoral, para igualar sus resultados actuales. En esa lógica conformista, el PRI tiene prácticamente seguros a dos diputados federales plurinominales por el estado de Oaxaca (Mariana Benítez Tiburcio y David Aguilar Jiménez); tiene también al Senador de primera minoría (Eviel Pérez Magaña) y sólo tendría que retener el distrito electoral que ganó en 2012, para tener números similares a los actuales, y poder decirle a la dirigencia nacional que el trabajo político estuvo bien hecho.

Sin embargo, el discurso triunfalista aún hoy dice otra cosa. Según lo que ha dicho el delegado del CEN del PRI en Oaxaca, Fidel Herrera Beltrán —porque nadie sabe qué papel real juega el dirigente estatal, Héctor Anuar Mafud Mafud, que con la presencia de Herrera quedó reducido a fungir como una figura decorativa— el PRI podría ganar por lo menos cuatro o cinco distritos electorales. Cuentan, entre sus expectativas, a Oaxaca de Juárez, Tuxtepec, Miahuatlán, Huajuapan, Tehuantepec o Juchitán.

El problema es que sus expectativas tienen más una lógica de lo que según sus cálculos políticos necesitan, que lo que realmente pueden ganar. ¿De qué hablamos? De que esos distritos electorales serán algunos de los más determinantes para comenzar a configurar el escenario electoral de 2016. Los candidatos de esos distritos son posiciones directas de los grupos políticos que para el año siguiente intentarán ganar la carrera por la candidatura a Gobernador. Otros son representantes de otros grupos que intentan crecer políticamente en la entidad. Y en general, los triunfos o derrotas en esos distritos serán mensajes determinantes en el escenario doméstico del PRI para el 2016.

 

¿QUIÉNES BUSCAN POSICIONARSE?

Un distrito determinante será Oaxaca de Juárez. Beatriz Rodríguez Casasnovas es una integrante pura del grupo político que encabeza el ex gobernador Ulises Ruiz al interior del PRI, y que intenta volver a quedarse con la candidatura a la gubernatura. Dicho grupo ha apostado fuerte al olvido del electorado (y del propio PRI) porque de entrada ese fue el grupo al que directamente derrotó Gabino Cué —y la coalición del PAN, PRD y PT— en los comicios de 2010, y es quien particularmente no ha podido recuperarse de esa derrota.

¿Por qué? Porque el PRI de Ulises Ruiz intentó reposicionarse en los comicios federales de 2012, pero también fue barrido. Aquella elección era tan sensible como la actual, porque en ella participaban personajes que crecieron políticamente al amparo y por la venia del ulisismo, tales como Alejandro Avilés Álvarez, Adolfo Toledo Infanzón, o Elizabeth Acosta López, los cuales habrían sido punta de lanza en momentos como los actuales rumbo a la gubernatura. No obstante, el único que ganó una diputación federal fue Samuel Gurrión Matías, que hoy dice aspirar a la gubernatura, pero sin ningún mérito o capital político real, igual que Martín Vásquez Villanueva, a quién aún continúa persiguiendo el fantasma de los faltantes en la Secretaría de Salud durante su gestión.

En esas condiciones, el único que queda es el senador Eviel Pérez Magaña, que además del escollo que le significan sus dos derrotas consecutivas (la de 2010 como candidato a Gobernador, y la de 2012, en la que sin éxito intentó ganar la Senaduría, y accedió a ella sólo por el comodín constitucional de la primera minoría), ahora debe superar la prueba de los triunfos electorales del grupo al que pertenece.

Por eso, el senador Pérez Magaña se ha dedicado en las últimas semanas a hacer campaña activa a favor de personajes como Beatriz Rodríguez o Antonio Amaro en Tuxtepec. Sabe que ganar esas dos diputaciones federales son requisito fundamental para la supervivencia de su grupo, y para mantener a flote cierta expectativa de que pudiera repetir como candidato a Gobernador.

Sabe también que esos dos triunfos —o al menos uno de ellos— sería una bocanada para su grupo ante el priismo nacional. Pero también debiera quedarle claro que al margen de eso, enfrenta dos problemas prácticamente insuperables: primero, sus derrotas consecutivas, a pesar de ser un personaje bien aceptado por el electorado; y segundo, el padrinazgo indisoluble que ejerce sobre él el repudiado ex gobernador Ulises Ruiz.

 

EL INTERÉS TIENE PIES

A la par de esos dos, hay otros distritos que le interesan a algunos grupos al interior del PRI, aunque no tienen ninguna certeza de que los puedan ganar. Les interesa, por ejemplo, Huajuapan por la vida artificial que le está dando en política el Secretario de Hacienda a la candidata Yolanda Edith López Velasco, y por la aparente urgencia que tiene de crear un pequeño feudo en Oaxaca, aunque en los hechos no haya más posibilidad que una operación electoral muy efectiva el día de los comicios, como garantía de triunfo. Y les interesa también Tehuantepec, aunque no porque el centro del interés sea Sofía Castro, sino por la posibilidad de atajar el camino de José Antonio Estefan Garfias, rumbo a la candidatura a Gobernador por el PRD. Fuera de eso, y más allá de sus números alegres, no hay nada más que el interese al PRI, y sobre todo que pueda ganar.