Fraguas debe ahora sí hacer un gobierno de compromisos

Fraguas

+ Oaxaca no debe seguir padeciendo por ser epicentro político


La noche del sábado se oficializó la candidatura de José Antonio Hernández Fraguas a la alcaldía de la capital, por el PRI. Va a buscar concretar la hazaña de convertirse por segunda ocasión en Presidente Municipal electo por el voto popular, en un contexto que coyunturalmente parece favorable. En este panorama, Hernández Fraguas debe asumir ahora sí con seriedad el compromiso político que adquirió y debe procurarle a la capital el cambio de inercia que le urge, para dejar de seguir pagando el costo de ser el epicentro político de la entidad.

En efecto, Hernández Fraguas dio la sorpresa al convertirse en candidato a la alcaldía citadina, fuera de la competencia interna en la que varios personajes buscaban hacerse con la candidatura. Su postulación, quedó entendido, respondía a un acuerdo político tomado en el CEN del PRI, pero también como parte de la atípica “operación cicatriz” que se está llevando a cabo entre el priismo oaxaqueño para poder ganar la gubernatura.

En ese sentido, es evidente que más allá del chantaje y de la incongruencia de personal de Hernández Fraguas, al primero fustigar al candidato a la gubernatura del PRI, para después arreglarse con él (y apartarse silenciosamente de sus argumentos iniciales), a la capital oaxaqueña y sus habitantes, les vendría muy bien que refrendara algunos compromisos políticos, primero para asumir un compromiso integral de gobierno no sujeto a los vaivenes políticos; y segundo, para darle a Oaxaca la garantía de gobernabilidad estable que merece y que le han negado sus gobernantes en las últimas décadas.

¿De qué hablamos? Que los tiempos políticos ya no dan para una segunda alcaldía de Oaxaca para Hernández Fraguas, en las mismas condiciones en que ocurrió su primer mandato. De entrada, por salud de nuestro escuálido sistema democrático, nadie debería volver a darse los lujos que Fraguas se dio al ser, dentro del periodo 2007-2010, al mismo tiempo suplente del entonces senador Adolfo Toledo, presidente Municipal de la capital oaxaqueña, y diputado local de representación proporcional, al haberse separado anticipadamente de su gestión municipal para asumir una diputación que, además, no le trajo ningún beneficio a la ciudad que dejó de gobernar sin concluir el mandato para el que había sido electo.

Antecedentes como esos reflejan poca seriedad del sistema democrático. Y por esa razón, Hernández Fraguas ahora debería comenzar por establecer integralmente el compromiso de dedicarse, de tiempo completo, a fungir como alcalde citadino al margen de cualquier otra tentación, ambición u ofrecimiento político, por la circunstancia de que, además, de ganar las elecciones, él sería el primer Alcalde de la capital que tendría como incentivo político la posibilidad de buscar la reelección una vez que concluya el periodo de dos años (2017-2018) para el que habría sido electo en esta ocasión.

COMPROMISO CON OAXACA

Incluso, al margen de la situación particular de Hernández Fraguas, lo que es apremiante para la capital, es que cada una de sus autoridades asuma el compromiso de no terminar envuelto en la vorágine político-electoral que recurrentemente lleva a la capital a quedarse materialmente sin gobierno.

En ese sentido, no ha sido raro el hecho de que la capital, como epicentro político del Estado, sea un elemento involuntariamente necesario para las definiciones políticas. Hasta el gobierno de Luis Ugartechea, la capital llevaba más de veinte años de presidencias municipales intermitentes, y de autoridades municipales decididas o arrastradas por los tiempos políticos a nuevas responsabilidades. El caso de Ugartechea, además, es paradigmático porque si bien él fue el primero en muchos años en no dejar su cargo municipal en los tiempos electorales, lo cierto es que eso ocurrió gracias a la circunstancia de que, durante su gestión, el propio Ugartechea se había encargado de hacerse la imagen de un apestado en la política estatal, e incluso hasta dentro del partido (el PAN) que lo impulsó a la alcaldía.

Frente a eso, es claro que Oaxaca necesita un gobierno municipal estable, que le ofrezca a la ciudadanía garantías de certeza y continuidad en la atención de las necesidades de la población. Esto último, puede parecer un lugar común, hasta que se confronta con la intermitencia de las gestiones, y de la trágica situación de la capital de ser permanentemente un espacio de presiones y tentaciones que ha terminado alcanzando a todos los que han estado frente a ellas.

En el fondo, el compromiso no debe ser tan rebuscado: se deben ofrecer gobiernos estables a partir de gobernantes confiables en la palabra que empeñan. La ciudadanía, a partir de ahora, tendrá la posibilidad de evaluar la gestión del alcalde que pretenda reelegirse. Ese incentivo debe impactar en que ciudades como Oaxaca de Juárez tengan gobiernos más equilibrados y sí, con tentaciones políticas, pero no para las intermitencias, sino para las continuidades, cuando éstas sean favorables para la capital y para la ciudadanía.

TRANSPARENCIA

En Oaxaca es urgente la transparencia en los partidos: sí, esa transparencia que se cree imposible, pero que debe existir, para que los institutos políticos expliquen a la ciudadanía el sentido de sus decisiones y postulaciones. ¿A poco no sería bueno saber cómo y qué se negoció —en todos los partidos— para otorgar candidaturas a alcaldías, a personajes que, por decir lo menos, son impresentables?