El gobierno de Felipe Calderón ya no tiene un rumbo cierto. El asesinato del candidato Torre Cantú dejó en claro que la lucha anticrimen, al menos moralmente, ya se encuentra en un estado irreversible de fracaso. Para efectos políticos, la posibilidad de acuerdos duraderos con las fuerzas opositoras es escasa y tirante. Sus banderas principales están agotadas, y el diálogo prácticamente roto. Así, lo único que parece quedar, es simplemente administrar esta crisis hasta que llegue el 2012. El gobierno federal parece estar en vías de “bajar las cortinas” anticipadamente, respecto a sus principales proyectos de gobierno.
El país no se detiene por las discordancias de los grupos políticos. Pero tal parece que, todos, están ya “bajando la cortina” de los procesos políticos, de la interlocución legislativa, de la administración pública consensada, y de la concordia entre grupos de poder. Esta guerra sucia electoral pareciera que está cancelando el futuro y la construcción de acuerdos en nuestro país. y si las cosas siguen como hasta ahora, lo que podremos esperar de aquí al 2012, es más inmovilismo, más trabas y menos acuerdos.
Frente al cúmulo de intereses políticos, y efectos emocionales que se crean en las campañas, las encuestas perdieron su utilidad. Pasaron de ser una herramienta esencial para la toma de decisiones, para convertirse en comparsa e instrumento de un sucio juego de afrentas y percepciones que sólo crean confusión en el electorado, que engañan a quienes las tienen en las manos, y que nublan la capacidad de los actores políticos para tomar decisiones adecuadas.