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Principio del fin: PRI

Carlos R. Aguilar Jiménez.

 


Más allá del mínimo interés de los gobernantes y preocupación legítima de partidos políticos por defender el voto y en democracia cada ciudadano elija libremente autoridades, incluyendo fundar un INE independiente del gobierno, lo cierto es que ha sido gracias a la ciencia y tecnología, las telecomunicaciones, el internet y redes sociales, que se hizo casi imposible el fraude electoral, porque antes, al no haber comunicación instantánea, fotos, videos, facebook, twitter, instagram y demás medios de comunicación personal, se podían esconder, cambiar, alterar o manipular las boletas, urnas electorales y sus resultados, beneficiando así a quien convenía, principalmente a quienes ostentaban el poder político, como hizo el PRI durante décadas manejando las elecciones a su gusto, incluso hackeando software o haciendo se “cayera” el sistema, hasta estas elecciones donde la participación de científicos, matemáticos, informáticos, estadísticos y ciudadanos con sus teléfonos móviles evitaron el fraude o cualquier manipulación electoral desde las casillas electorales y oficinas del INE donde se concentraban digitalmente todos los datos y sufragios.

Hartos de tanta corrupción, impunidad, abusos y arbitrariedades de décadas de control del PRI, finalmente en estas elecciones la mayoría de ciudadanos votaron por AMLO presagiando así el principio del fin del PRI, porque de ser el partido mayoritario, el que ganaba siempre las elecciones, no obstante al principio haya sido respetable y calificado, lo cierto es que poco a poco se desprestigió hasta que finalmente se pudrió yéndose al tercer lugar en las preferencias electorales, alcanzando pocos votos en la mayoría de casillas, incluido Oaxaca donde perdió casi todo, hasta la presidencia municipal de la capital, porque al darse cuenta la gente que no se puede vivir más en corrupción, inseguridad, impunidad y violencia, la opción no era el PAN y PRD con su alianza facciosa de conservadores de derecha y comunistoides dizque de izquierda, como sucedió en Oaxaca con la alianza de Gabi Babá y sus 40 ladrones, como dice Juan Diego, sino alguien que, ya sea mentía en campaña para ser popular, o dijo la verdad, pero alguien que nos dejara contentos y no tuviera en sí la marca, el logo maligno de los partidos políticos, especialmente del PRI que en estas elecciones inició el principio del fin, si para mal todavía no de su desaparición, si de convertirse pronto en un partido intrascendente y minoritario, obviamente si AMLO cumple lo prometido y demuestra a la gente que sí se puede, que el PRI como mafia del poder tuvo hundido a México, interesado más por correligionarios, familiares y amigos que enriqueció obscenamente, que por los ciudadanos, quienes a partir de estas elecciones nunca más votaran por el PRI, alejándose a partir de estas elecciones de ese partido como se aleja cualquiera de una plaga perniciosa y maligna.

Las circunstancias están dadas para que el PRI desaparezca finalmente de la faz de la Tierra y se le recuerde únicamente como una pesadilla, como en los libros de historia se señala la existencia pretérita de Franco, Mussolini, Mao o Fidel Castro.

La elección del 1-J deja enseñanzas que partidos y candidatos deberán comprender en el largo plazo

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Toda elección deja ganadores y perdedores y, generalmente, también deja a partidos y candidatos aturdidos por los resultados electorales. Ese aturdimiento ocurre casi siempre entre los partidos y candidatos que, o teniendo el poder lo pierden por la reprobación ciudadana, o porque habiendo tenido una victoria cómoda terminan siendo derrotados por quien no pensaban que podría ganarle. Todos esos escenarios han ocurrido en México, pero seguramente ninguno de tanta profundidad y trascendencia como el que arrojó la elección del 1 de julio pasado.

En efecto, la elección del domingo pasado fue histórica, entre otras razones, porque permitió el arribo de las fuerzas políticas más cercanas a la izquierda en México y, sobre todo, porque fue una de las más copiosas de las últimas décadas, y la que dio luz a un ganador con la más amplia legitimidad de que se tenga memoria.

El enojo social combinado con el hartazgo por ciertos hechos en concreto, y frente a la circunstancia de un candidato presidencial que hizo campaña durante 12 años continuos y supo capitalizar cada una de las situaciones en las que se vio envuelto, llevó a Andrés Manuel López Obrador a arrasar en las elecciones, y a darle a su partido y sus aliados —Morena, y el Partido Encuentro Social, y el Partido del Trabajo—, la más amplia posibilidad de gobernar con una mayoría legislativa relativamente cómoda, que no se había visto en todos los años que han pasado desde que ocurrió la gran apertura democrática de mediados de los noventas.

De hecho, si hasta ahora hubo un signo distintivo de nuestra democracia, eso fue el hecho de que ningún partido lograba concretar una mayoría dominante frente a sus adversarios. Desde que en 1997 el PRI perdió la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, ningún presidente y ningún partido logró traspasar ese umbral en las tres siguientes administraciones federales.

No lo logró Vicente Fox, que ganó indiscutiblemente los comicios del año 2000, pero en los que la ciudadanía —y el PRI, con su maquinaria electoral y sus gobernadores— impidieron que éste tuviera la mayoría legislativa que le habría permitido hacer cambios de fondo —y sobre los cuales tampoco tuvo convicción, ya que rápidamente se resignó a gobernar bajo las reglas del antiguo régimen claudicando a impulsar la transición democrática que había prometido.

Tampoco lo logró Felipe Calderón. Él, de hecho, gobernó siempre con una bancada panista minoritaria. Su falta de legitimidad de origen nunca pudo ser superada por ninguna de sus acciones de gobierno. En las dos legislaturas que vivió en su periodo presidencial, tuvo importantes problemas para mantener una relación civilizada con las fuerzas de oposición. El PRI, principalmente, fue el partido que se le opuso y le atajó todas las reformas que impulsó. Por eso fue un Presidente que casi abusó del decreto presidencial para gobernar y que en realidad tuvo muy pocos resultados tangibles durante su gestión. Hubo, es cierto, disciplina financiera y relativo crecimiento en el entorno de la crisis económica mundial de 2009. Pero se mantuvo el proceso de suspenso legislativo en todos los temas importantes.

Incluso el gobierno de Enrique Peña Nieto, que tuvo como sello inicial las reformas estructurales y el Pacto por México, tuvo coordenadas poco claras respecto a la mayoría que le dio la ciudadanía a través de las urnas. Esa mayoría, más bien, fue artificial y se la dio el consenso que generó con las principales fuerzas políticas del país, que se sintieron orilladas a generar un pacto gubernamental dada la ideal de la reinstauración del régimen de partido hegemónico. Peña Nieto no pudo ir más allá dados sus propios cuestionamientos como gobernante. Y finalmente los visos de corrupción y la incapacidad natural de su gobierno de generar un consenso social, combinado con la ruptura de los tejidos con las capas sociales más numerosas del país, generaron la debacle que vimos el 1 de julio.

Aún en ello, hay algunos elementos que vale la pena considerar porque son parte del aturdimiento que es visible entre todas las fuerzas derrotadas, por un partido disfrazado de movimiento.

CONTRADICCIONES

Apunta, entre muchas otras, Javier Tejado en un texto (https://bit.ly/2IWvnGn) publicado esta semana en El Universal, algunas que son fundamentales. Las coaliciones traicionaron a sus candidatos presidenciales: analizando el voto que los partidos Nueva Alianza (NA), de la Revolución Democrática (PRD), Movimiento Ciudadano (MC) y Verde Ecologista de México (PVEM) obtuvieron de manera individual para el Congreso de la Unión, y comparando esto con lo que cada uno de ellos aportó a su respectiva coalición presidencial, es claro que hubo un voto diferenciado y hasta operado a favor de Andrés Manuel López Obrador y no para su respectivo candidato, fuera este José Antonio Meade o Ricardo Anaya. Así, los “votantes” de los partidos chicos de las coaliciones perdedoras votaron por su rival (AMLO).

Otro elemento importante: No se explica de otra manera la votación —tan consistentemente diferenciada— entre cada una de las elecciones. Esto también refleja que con las encuestas de los días previos a la jornada electoral hubo un intenso cabildeo político para beneficiar a López Obrador. Digamos que ningún partido chico quiso pelearse con él, al contrario, decidieron ayudarlo en la elección de este primero de julio. (* cifras con corte del PREP a las 18:30 horas de ayer). Incluso, ya podemos decir que la estrategia del “voto útil” únicamente favoreció al candidato de Morena.

Esto da como resultado que José Antonio Meade y Ricardo Anaya hayan sido, electoralmente, los peores candidatos en la historia de sus respectivos partidos y coaliciones. Ambos fueron “abandonados” por su respectiva coalición.

Este hecho hace poco probable que las coaliciones tengan viabilidad, tal como funcionan ahora, para elecciones futuras. Está claro que la alianza con partidos pequeños fue perjudicial tanto para el Partido Revolucionario Institucional (PRI) como para Acción Nacional (PAN), pues el costo electoral de ceder candidatos a diputados y senadores a costa de sus propios militantes fue muy alto, en comparación con el exiguo apoyo que recibieron de sus coaligados sus candidatos presidenciales. De igual forma, a Morena poco ayudó su coalición, pues por sobre-representación perderá legisladores frente al Partido del Trabajo (PT) y al Partido Encuentro Social (PES).

DESCANSO

Esta columna tomará dos semanas de descanso, a partir del próximo lunes. Volveremos a leernos en este mismo espacio, el próximo 23 de julio. ¡Hasta entonces!

Gremios desprestigiados

Carlos R. Aguilar Jiménez.


Probable o seguramente uno de los contextos de vida que más nos interesa tener e incrementar es el prestigio, buena reputación, renombre o celebridad porque de ello depende el reconocimiento, aprecio y consideración distinguida que nos tengan los demás, y lo mismo aplica para las instituciones, negocios, firmas, franquicias o el mismo gobierno, siendo este último el que menos se interesa por tener o conservar, dado que todos sabemos que políticos y gobernantes no tienen escrúpulos, renombre ni buena reputación, sino todo lo contrario.

Si bien muchas instituciones y gremios nacieron o se fundaron con las mejores intenciones y buena voluntad y, su desempeño o función al principio de sus actividades fue meritoria, honesta y respetable, finalmente se pudrieron y alcanzaron el desprestigio como gremio, aunque entre sus integrantes existan uno o dos que sean excepción, tal como sucedió con los sindicatos, la CTM  por ejemplo, que de organización, confederación, noble de trabajadores que buscaban la defensa de sus derechos como empleados al servicio de patrones o empleadores, se transformó en mafia siniestra de dueños y patrones que venden protección, agreden y asaltan a constructores y a todo aquel que no los contrata o paga derecho de piso. Y lo mismo aplica a todos los líderes de sindicatos

Otro gremio que se pudrió es el del magisterio y normalistas a través de su Secta sindical, la 22, que hasta mediados del siglo pasado estaba conformada por profesores respetables en su desempeño docente y dignos como personas, convirtiéndose en un grupo maligno de secuestradores de negocios y oficinas, asaltantes de casetas de peaje, indolentes y analfabetos funcionales despreciados por la sociedad, igual que los carteros del servicio postal que se robaban envíos de dólares de migrantes y hacen perdedizas muchas cosas de paquetería, de la misma forma que los policías viales a quienes antes la gente en su día hasta les daba regalos, siendo hoy una banda delictiva dedicada a infraccionar y despojar a la gente de sus vehículos, aplicando lo mismo para policías, agentes del ministerio público y en especial taxistas, camioneros y mototaxistas, quienes alguna vez en un tiempo no lejano eran distinguidos servidores públicos, siendo hoy una banda de póngidos cuya brutalidad es proporcional al tamaño de su camión o al peluche del tablero de su vehículo.

Con la extrema corrupción que se convive en México y la impunidad con la que se actúa, cada quien, cada gremio hace lo que quiere perversamente porque no se aplica la ley, porque los gobernantes no quieren ser clasificados como represores o tiranos, así que en esta dinámica los únicos gremios que se salvan del desprestigio, descrédito e impopularidad, que aún se mantienen dignos y respetables, son la Cruz Roja y los Bomberos, porque todos los demás gremios o son corruptos por tradición o sus integrantes jamás nunca en casa, en familia y menos en escuelas públicas de la Gestapo 22, les enseñaron ética o civismo para convivir en sociedad con prestigio y la frente en alto.    

La educación será un tema fundamental, por la gobernabilidad, para el gobierno de AMLO

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Mi solidaridad con Director de Marca, José Manuel Ángel Villarreal, y su

familia, ante el deceso de su señor padre, don Francisco Ángel Maldonado.

 

Existen muchos elementos que serán determinantes para el éxito o fracaso de la administración federal, que encabezará Andrés Manuel López Obrador a partir del 1 de diciembre próximo. De entre todos ellos, uno que será determinante es el tema educativo, que en Oaxaca hace ecos particulares. De la forma en cómo se aborde desde el inicio esta problemática, estarán determinados no sólo los aspectos puramente educativos y administrativos de la educación, sino también lo que tiene que ver con la gobernabilidad tanto en la entidad, como en la región sureste del país, e incluso en el plano nacional.

En efecto, como candidato presidencial López Obrador planteó propuestas que retumban, todas, en Oaxaca. Por un lado, AMLO prometió que de llegar a la presidencia en 2018, buscaría eliminar los exámenes de admisión para las universidades públicas, de manera que todos los jóvenes del país tuvieran garantizado su ingreso a la educación superior.

Desde 2016, cuando era dirigente del partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), AMLO estableció coordenadas sobre esta propuesta que quién sabe cómo lograría hacer realidad, a partir de las fallas del sistema de educación en México y afirmó que lucharía porque la educación superior dejara de ser un privilegio de pocos el acudir a las aulas.

“Cuando triunfe nuestro movimiento vamos a cancelar los exámenes de admisión, eso se va a suprimir, todos van a poder estudiar (…) Nosotros vamos a terminar con eso, nos engañaron los organismos internacionales con lo de la calidad de la educación, diciendo que lo importante es la calidad y no la cobertura, que estudien los más sabios nada más y que se cuide la calidad, rechacemos a todos los demás, condenemos a los jóvenes a no tener educación, que sea un privilegio, no un derecho”, dijo en aquella ocasión.

Según aquella visión, muchos de los jóvenes rechazados han pasado el examen de admisión pero no los admiten por falta de cupo y presupuesto. “¿De dónde va a sacar el hijo de un campesino, obrero, transportista o comerciante para pagar una colegiatura de 4, 5 ó 6 mil pesos mensuales?”, señalaba, al tiempo de sostener que el Gobierno está obligado a garantizar la educación gratuita de calidad en todos los niveles escolares.

Esa propuesta, que fue reiterada y que todavía hace poco tiempo refrendó, choca con la realidad de universidades como la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca, que no sólo no debería eliminar sus exámenes de admisión, sino que tampoco podría recibir a todos los jóvenes que intentan ingresar a ella, si se eliminara el requisito relacionado con el ingreso, que sirve de filtro —en esa, y en muchísimas otras universidades públicas del país— para depurar a los aspirantes simplemente porque su presupuesto es insuficiente para cubrir la inversión mínima que se requiere por alumno para poder ofrecerle una educación digna y de calidad en estándares mínimos.

De hecho, a finales del año pasado el rector de la UABJO, Eduardo Bautista Martínez, presentó ante diputados federales de la LXIII Legislatura, una propuesta para estandarizar el presupuesto universitario a los requerimientos mínimos. En su situación actual, dijo en aquella ocasión el rector Bautista ante diputados federales, la inversión anual es de 37 mil pesos por alumno, cuando la media nacional dice que la inversión mínima tendrá que ser de 47 mil pesos. También, el rector Bautista argumentó que las universidades estatales deben tener el mismo piso para todo el estudiantado del país, que permita asegurar educación de calidad y capacidad de atención, entre los rubros más importantes, y refrendó el compromiso de la UABJO en términos de disciplina financiera, transparencia, rendición de cuentas, atención oportuna, auditorías federales y estatales, así como una política de austeridad que ha permitido a la presente administración tener ahorros por más de 100 millones de pesos.

Así, si en la situación actual hay un déficit que de inicio debería abatirse, ¿cuánto más tendría que invertirse, presupuestalmente hablando, para que en la UABJO dejara de haber rechazados y, como lo prometió Andrés Manuel, todos los aspirantes a un espacio universitario tuvieran acceso y, sobre todo, una educación de calidad? La UABJO es una caja de resonancia fundamental de la gobernabilidad y la vida pública de Oaxaca. Y una decisión de esa naturaleza tendría un impacto profundo en diversos rubros que hasta ahora parecen poco considerados, todos relacionados no sólo con la educación sino sobre todo con la gobernabilidad.

EDUCACIÓN BÁSICA

En lo tocante a la educación básica, la cuestión es mucho más compleja. La Sección 22 del SNTE espera, junto con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, que el nuevo Presidente elimine la reforma educativa, tal y como lo vino a prometer recientemente a la entidad, aún como aspirante presidencial. En el rubro estrictamente partidista, López Obrador tendrá que lidiar también con una representación magisterial tanto en el congreso oaxaqueño como en el Congreso federal y, por si esto no fuera suficiente, tendrá también que enfrentar la posibilidad de una escisión del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, y la posible creación de un nuevo sindicato a partir de la unión de las disidencias magisteriales.

En esa lógica, la verdadera dirección magisterial oaxaqueña —la Asamblea Estatal— obligó a la Sección 22 a mantenerse marginada de cualquier forma de participación electoral, aún cuando varios dirigentes —activos y del pasado— sí participaron como candidatos y que todos resultaron electos al haber arrasado Morena en casi todas las posiciones en juego independientemente de los nombres contenidos en esas candidaturas. En ello están, entre otros, Azael Santiago Chepi, Ezequiel Rosales Carreño, Irán Santiago Manuel, e incluso una hermana del actual dirigente, Eloy López Hernández. Todos, con ligas políticas de fondo no con la Asamblea Estatal sino con el Comité Ejecutivo Seccional en Oaxaca.

Ahora bien, López Obrador prometió —y ratificó mediante la firma de un documento— su promesa de dar “marcha atrás” a la Reforma Educativa a través de un proyecto de reforma a la Ley del Servicio Profesional docente, que “elimine la evaluación punitiva”. Con esto, el tabasqueño logró que un sector del magisterio manifestara su “total adhesión” al abanderado de Morena, según quedó establecido en el Acuerdo para la transformación de la educación en México, celebrado el pasado 10 de febrero.

En respuesta al planteamiento de López Obrador, de establecer una ruta para la eliminación de las disposiciones constitucionales relativas a la reforma educativa y la evaluación docente, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación criticó que el Candidato Presidencial de Morena plantee dar marcha atrás a la reforma educativa por medio de un proyecto de ley o iniciativa, en lugar de proponer su eliminación por decreto.

EPICENTRO

Un decreto, evidentemente, no podría derogar una reforma constitucional, e incluso tampoco la mayoría legislativa que tendrá Morena en las dos cámaras federales. Por eso, habrá también un problema de gobernabilidad casi de forma inminente que, para variar, volverá a tener su centro de atención en Oaxaca.

Esperanza de Oaxaca

Carlos R. Aguilar Jiménez.


Como he escrito y opinado en diversas ocasiones, nadie en su sano juicio puede sentirse orgulloso de México y menos de Oaxaca, porque aunque quiero bien a nuestro país y a mi ciudad, lo cierto es que no hay motivo para sentirse orgulloso, a no ser que crea uno que el río más grande del mundo es el de Jalatlaco y el templo más emblemático del planeta es Santo Domingo, porque si tiene uno la oportunidad de leer e informarse respecto de lo que hay en otros países y cómo viven los ciudadanos de Europa, EU o de los países árabes, nos daría vergüenza y por eso mismo, que bueno que como México no hay dos, sino únicamente un país con extrema corrupción, impunidad, asesinatos masivos, desapariciones, inseguro y paupérrimo, además carente de conocimientos científicos y plagado de analfabetos funcionales, entre otras muchas lacras, donde si para bien hay algunas cosas cosas que nos pueden enorgullecer, son proporcionales a un país de quinto patio o tercer mundo, no obstante, siempre hay esperanza y, parece que esta ilusión tiene ahora sustento en Oaxaca.

Ganó la elección para presidente MORENA el partido político del ahora presidente electo, quien durante su campaña afirmó ser la Esperanza de México y, como la esperanza muere al último, antes que México colapse dentro de su putrefacción y hediondez, surge la figura de alguien que promete reivindicar todo, acabando con la corrupción a la que considera causa principal de todos nuestros males, así que a partir de hoy todos los corruptos, abusivos, tramposos y déspotas con cargos públicos, deberán comportarse a la altura de las nuevas circunstancias porque AMLO dijo que no habrá impunidad y se castigará a todos los que cometan delitos porque ya no podrán ampararse en las influencias de amigos y en el estilo del refrán: “chinto tapa chinto y este a su compañero” como ocurre cada que termina un sexenio o trienio.

La esperanza muchas veces es una ilusión, fantasía o quimera, porque en la desesperación se piensa que pueden ocurrir milagros o prodigios aunque sean imposibles, pero en México sucedió y aunque poco o mucho nos interese lo que suceda en el resto del país, si AMLO cumple sus promesas de campaña, concluirán las nuevas carreteras a la costa e istmo y eso beneficiará a Oaxaca, se instalará en la ciudad SEDESOL y con ello habrá derrama económica, no obstante, la Gestapo del magisterio volvería a tener el control de la educación en Oaxaca y eso es lo peor que le puede suceder al estado, porque de la educación, la ciencia y matemáticas depende el bienestar y futuro de los niños pobres, así que la esperanza existe, la ilusión puede volverse realidad, pero lo cierto es que hay que esperar porque los políticos siempre mienten para ser populares, así que si todo fueron ardides para ganar Oaxaca se hundirá más en la pobreza y atraso, pero si es verdad todo lo que dijo, entonces Oaxaca podría ser un nuevo polo de desarrollo del país, claro está, si la gente de los pueblos y aldeas no se opone a todo, como acostumbran para chantajear al gobierno y empresarios, porque mientras haya vida hay esperanza para Oaxaca.

AMLO logró una integración mayoritaria en las Legislaturas federal y locales; ¿cómo lo capitalizará?

Dentro de los muchos escenarios inéditos que arrojó la elección del 1 de julio, está uno que resulta particularmente importante: con su victoria electoral, y con su enorme aceptación ante la ciudadanía, Andrés Manuel López Obrador logró una integración mayoritaria de su partido tanto de las dos cámaras legislativas federales, como de más de una docena de legislaturas locales que también se renovaron en los comicios del domingo pasado. Es cierto que con esa ventaja tiene un camino relativamente fácil rumbo a posibles reformas importantes. Pero también habrá que ver de qué forma controla y hace valer su liderazgo frente a los diputados locales y federales, y senadores, que llegaron gracias a él y no a liderazgos ni respaldo ciudadano genuinos.

En efecto, de acuerdo con una nota del periódico El Informador, el empuje que dieron los electores al virtual ganador de la elección por la Presidencia, Andrés Manuel López Obrador, reconfigurará los colores en la próxima Legislatura del Congreso de la Unión, pues ésta quedará conformada con una mayoría del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), Partido del Trabajo (PT) y Encuentro Social (PES). El llamado al “voto parejo” tuvo eco y la coalición Juntos Haremos Historia alcanza hasta el momento 218 diputados y 55 senadores.

El Partido Revolucionario Institucional (PRI) fue arrasado. Según el conteo preliminar, con 79% de avance, de ser la primera fuerza política en la Cámara, caería hasta la quinta. La prueba está en que, de los 300 distritos electorales en que está dividido México, apenas ganaría uno con candidatura propia y 14 coaligado con el Partido Verde y Nueva Alianza; en la elección pasada obtuvo 156 distritos. Así, de acuerdo con algunas proyecciones, una vez que se asignen los diputados plurinominales y distribuyan los escaños entre las alianzas, Morena sería la fracción mayoritaria con entre 159 y 174 legisladores, le seguiría el PAN que podría tener entre 75 y 89 curules.

El PT alcanzará entre 55 y 66 diputados; mientras que Encuentro Social rondaría entre 54 y 68 espacios. El PRI caería hasta la quinta fuerza con entre 46 y 56 legisladores. El PRD obtendría máximo de 34 y Movimiento Ciudadano entre 18 y 29. El Partido Verde aspira entre 6 y 19 y Nueva Alianza entre tres y ocho. Ningún candidato independiente llegaría a la Cámara baja. Por otra parte, para el Senado, la alianza Todos Por México (PRI, PVEM, Panal) ganaría dos escaños de mayoría y 11 como primera minoría; es decir, como candidatos perdedores con la segunda mejor votación. La alianza PAN, PRD y MC alcanzaría un máximo de 62 curules en San Lázaro y 25 espacios en el Senado.

¿Qué significa esto? Que esencialmente Morena tendrá una integración cómoda; que casi con cualquier alianza que construya en el futuro cercano —quién sabe si con fuerzas como el PAN o el PRD, o con un PRI que podría incluso tener una actitud más revisionista que las otras dos fuerzas— podría conseguir reformas constitucionales; y que no necesitaría ningún tipo de alianza, más que su unión orgánica con el Partido del Trabajo y Encuentro Social, para lograr reformas a leyes ordinarias.

Con eso quedará claro el liderazgo de Andrés Manuel López Obrador frente a la ciudadanía y en la papeleta electoral, pero también sería un elemento determinante para conseguir de manera acelerada las reformas que implicara su plan de gobierno, ya que esa integración casi mágica sólo duraría tres años.

Luego de ese periodo, se combinarían varios factores, tales como el hecho de que López Obrador ya no será un participante en la contienda electoral, sino el Presidente; que para entonces ya acumulará desgaste por el ejercicio natural del poder —sin considerar que pueda haber errores en él o en su gabinete, con costo político frente a la ciudadanía—; y que para entonces habrá la posibilidad de que se reconfiguren las fuerzas locales, regionales y nacionales, ante el hecho de que no habrá una elección presidencial de por medio.

¿CÓMO CONTROLARLOS?

Queda claro que, en gran medida, el liderazgo legislativo de Morena es de Andrés Manuel, y no de quienes llegaron gracias a él. En el aluvión electoral, él sumó a propios y extraños, y no dudó en impulsar a gente repudiada, sin liderazgos, tránsfugas, y/o carentes de trabajo político. ¿Cómo controlarlos ahora que todos se sienten empoderados gracias a que llegarán al Congreso no gracias a ellos, sino a una enorme ola —algo así como un tsunami— identificada como López Obrador?

El tema no es menor: el nuevo Presidente necesitará establecer coordenadas muy concretas respecto a que el liderazgo es de él, y que todos los legisladores que llegaron gracias a la inédita circunstancia electoral del 1 de julio, le deben los privilegios y la posición política a quien el 1 de diciembre se convertirá en Presidente. En esa lógica, Andrés Manuel puede permitir el empoderamiento de esos personajes simplemente si los deja al garete, o puede establecer controles específicos para generar simplemente las condiciones que necesitará su gobierno respecto a las reformas estratégicas.

Para nadie, y menos para Andrés Manuel, será un escenario favorable que a partir de ahora todos se sientan empoderados y todos pretendan establecer pequeños feudos a partir de un liderazgo artificial con el que se integraron las cámaras. Puede ser muy cuestionable, pero es la realidad: López Obrador llegará a la Presidencia convertido en un auténtico caudillo que logró colarse en el sistema democrático no sólo con legitimidad sino con el control casi total de casi la mitad de las legislaturas locales, y teniendo a favor a las dos cámaras legislativas federales. Algo inédito en la historia contemporánea de la democracia mexicana.

Habrá que verse si dicho poder es utilizado para bien, o si ello termina alimentando las tentaciones autoritarias de unos u otros. En otros momentos, en este espacio hablamos de la ruptura de la lógica sucesoria que provocaría, en el ejemplo de Oaxaca, la postulación de Susana Harp como primera en la fórmula al Senado. En la lógica tradicional, ella y sus acompañantes se sentirán con derecho a disputar la candidatura a Gobernador cuando llegue el periodo. ¿Andrés Manuel la querrá a ella como proyecto político para una sucesión de gobierno estatal, o simplemente para que apoye a su administración federal a través de votos e iniciativas con sentido y utilidad prácticos?

Desde hoy, cambios en gobierno

Carlos R. Aguilar Jiménez.


Haya ganado quien haya triunfado en las elecciones, lo cierto es que a partir de hoy comenzarán los cambios en el gobierno federal y municipal y si bien no en sentido físico porque oficialmente se entregará el poder hasta fin de año, aunque haya permutas en el poder legislativo antes, a partir de hoy ya nada será igual en Oaxaca en ninguno de los tres niveles de gobierno, porque desde el nivel federal y estatal, no será la misma relación con el nuevo presidente y menos si, como van las tendencias no es del mismo partido y, lo mismo ocurrirá a nivel municipal si no ganó el PRI.

Habrá cambios en el gobierno, pero principalmente de actitud y conducta, porque no es lo mismo saber que que el presidente es del mismo equipo y los amigos son de la misma banda de militantes y cuates, que de otro grupo o partido político antagonista; así que quienes aún ostentan poder y lo utilizan despótica y arbitrariamente, ahora saben que ya no tienen la misma influencia y que toda acción tendrá consecuencias de paquete completo, no solo en el ámbito administrativo, sino en el personal, dado que si para bien o mal con las influencias y poder que otorga tener un cargo público todo se acaba, quedan únicamente las consecuencias, principalmente entre quienes sin haber obtenido el cargo por elección popular, sino por decisión y nombramientos de políticos, están a punto de ser desempleados, tendrán que asumir las consecuencias, porque las promesas de campaña de todos los candidatos, especialmente de quien supongo ganó las elecciones, es acabar con la corrupción, y corrupción es abusar del poder para humillar a empleados, extorsionar a la gente y robarse el dinero de los impuestos para fines personales o políticos, a partir de hoy, sabiéndose ya quienes serán los nuevos gobernantes, los que aún están ocupado puestos administrativos en direcciones, jefaturas, coordinaciones y demás, deben asumir que nada es para siempre y en breve todo acabará, tendrán que dejar lujosas oficinas, liberar a burócratas que son sus esclavos, principalmente si son empleados de confianza, quedando únicamente las consecuencias de sus acciones, que si antes no eran condenadas, ahora se supone será diferente y tendrán consecuencias, por lo que aún están a tiempo de desfacer entuertos, limar asperezas y cambiar de actitud, trabajando los meses que aún les quedan en el cargo que ostentan para trabajar en pro de país, del estado, municipio y de la gente, que si no votó por ellos, si lo hizo por su jefe esperando que sus colaboradores y funcionarios estuviera a la altura de sus compromisos, como se espera de quienes ganaron estas elecciones y a partir del año próximo asumirán el poder, portando la banda presidencial o bastón de mando y jurando que si no cumplen honestamente con sus obligaciones, que el pueblo se los demande, protocolo que antes era intrascendente, pero que desde hoy podría ser diferente, porque ya nada será igual y los funcionarios corruptos y abusivos serán castigados, supongo…

A pesar de las dudas, México sí estaba preparado para el arribo del supuesto ‘candidato antisistema’

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A partir de las 20.30 horas del domingo, México demostró que estaba preparado para lo que nadie creía: el candidato supuestamente antisistema, aquel que había cuestionado a las instituciones democráticas y que había puesto en duda la credibilidad y certeza del proceso electoral, se alzaba con una victoria aplastante sobre todos sus adversarios. Y no sólo eso: minutos después de haberse dado a conocer los primeros datos preliminares sobre el resultado de la elección, sus tres competidores en la carrera por la Presidencia de la República, salieron a reconocer el resultado y, no sólo eso, sino también a felicitarlo. Poco a poco, las voces de propios y extraños se sumaron a lo que ya habían hecho los ciudadanos: expresar pacíficamente su voluntad y reconocimiento a favor de la mayoría. México sí estaba preparado, pues, para lo que nadie creía.

En efecto, hoy podemos ver en perspectiva la larga trayectoria que ha tenido el país en la construcción de su democracia. Plagada de tropiezos y de sinsabores, queda claro que este proceso de transición inició luego de la matanza del 2 de octubre de 1968, y que tuvo sus primeros reflejos claros en la elección presidencial de 1988, cuando hubo un cuestionamiento claro al resultado electoral, y un primer señalamiento de fraude. Al margen de lo que se diga, quedaba claro que el régimen de partido hegemónico (el PRI corporativo, avasallante y unívoco de aquellos años) no permitiría una transición como la que ambicionaron quienes construyeron el Frente Democrático Nacional, pero tampoco podría ser capaz de frenar la construcción de ese proceso de transición que, al menos en el ámbito electoral, hoy vemos consolidado.

Lo cierto es que a partir de 1988, México inició una carrera democratizadora llena de claroscursos pero con resultados tangibles 30 años después. A partir de ese año comenzó el proceso de separar del Ejecutivo a las instituciones encargadas del ejercicio de la democracia representativa, de dotarlas de autonomía, y de ciudadanizar los procesos relacionados con el ejercicio del sufragio. A la par de ello, las fuerzas opositoras iniciaron un proceso largo y complejo de empuje hacia la segunda fase de la apertura democrática.

La primera había ocurrido con la reforma política de 1977, cuando se reconoció la existencia, y se incluyó la representación de los partidos opositores de izquierda que habían estado en la ilegalidad. Y esa segunda fase –impulsada luego de la elección de 1988, y consolidada luego de la primera alternancia de partidos en el año 2000— consistió en el empuje del respeto y ejercicio pleno de libertades fundamentales como la de expresión, asociación en fuerzas distintas al partido oficial, de competencia democrática y de cuestionamiento libre al régimen gobernante sin el temor a ser reprimido por expresar sus ideas y disensos.

Pareciera que en esa segunda fase se luchó por algo que ya existía. Aunque en realidad lo que pasaba, es que esas libertades estaban escritas en el texto constitucional desde el inicio de su vigencia, pero no eran ejercidas por quienes tenían temor de ser censurados o reprimidos, y tampoco eran respetadas por quienes seguían ejerciendo la práctica de los “ierros” —encierro, destierro o entierro— ideada por Gonzalo N. Santos, uno de los constructores del régimen que había sido derrotado en la elección del año 2000, en contra de cualquiera que no estuviera de acuerdo con sus políticas, prácticas o proyectos.

A partir del año 2000, la censura y la intolerancia comenzaron el proceso de vencimiento por una ciudadanía exigente o pujante. Y la tercera fase consistió en generar ciertas condiciones para que hubiera una tercera opción en la Presidencia. Se intentó en 2006 con un resultado cuestionado; se volvió a ensayar en 2012, cuando la ciudadanía asumió que el fracaso de los doce años de la primera alternancia se resolvería con un aparente regreso al pasado; y finalmente llegamos a esta elección, en la que ya había señalamientos fundados de un aparente acuerdo entre cúpulas para impedir el paso de la tercera vía.

Esa tercera vía, en su momento cuestionó y repudió a las instituciones y las normas que decía que estaban hechas para proteger a quienes no permitirían su ascenso al poder; también señaló a quienes veía como los protagonistas de esa gran empresa destinada a frenarlos. Cuestionó a lo que denominó “la mafia en el poder”, y dudó de las instituciones que se habían ido construyendo a fuego lento. Incluso, hace poco tiempo advirtió lo que podría ocurrir si se repetía un fraude electoral: habría un tigre suelto en el país, y no habría forma de que algo así fuera contenido.

RESULTADO NECESARIO

“El país ya no aguanta más”, se dice y con razón. El país carga no sólo con seis años de agravios, sino con un ánimo profundo de reivindicación de los esfuerzos y sacrificios que han hecho no sólo los luchadores sociales, sino quienes han puesto su bienestar en juego en pos de un proyecto que desde hace tiempo pareció haber llegado a su clímax, y que hoy genera más dudas que certezas sobre su utilidad y viabilidad para México. Por eso, el resultado de la elección de ayer era no sólo previsible, sino necesario, porque para la mayoría era necesario seguir avanzando en este ejercicio democrático de “prueba y error” que ha dejado un saldo rojo que nadie sabe si podrá ser revertido.

La tercera vía luchó y alcanzó el poder con el respaldo de la mayoría. Lo hizo sin que hubiera visos de fraude. Lo logró a pesar de las posibles confabulaciones o acuerdos cupulares en su contra. Lo hizo con un resultado implacable e incuestionable hasta por el más fervoroso de sus adversarios. Y lo hizo con el respaldo de una ciudadanía que salió ordenada y ejemplarmente a votar, y que ejerció sus derechos políticos civilizada y pacíficamente, en una jornada en la que no hubo violencia que determinara, ni coacciones que valieran, y mucho menos movilizaciones que pudieran detener lo que la mayoría quería.

Todavía antes de las 20 horas del domingo 1 de julio, había quien se cuestionaba si en realidad la mafia en el poder permitiría el triunfo del supuesto candidato antisistema. Supuesto, porque a pesar de cuestionar y disentir, ese candidato siempre jugó dentro del marco de la ley: fue, nos guste o no, una lucha por el poder y no contra el poder, porque lo primero que hizo al saberse ganador fue reconocer a la Constitución, a las instituciones de la República, y a la mayoría civilizada que se expresó a su favor a través de las urnas. Por eso refrendó —y ojalá así lo haga— su respeto al orden democrático, a la ley, y a las reglas políticas establecidas en el devenir histórico de nuestra nación.

SUMA

Luego vino la suma. Sí, la suma de todos los factores reales y formales del poder que, igual que él, decidieron no romper el orden ni cuestionar el ejercicio democrático de los ciudadanos. Por eso, en pocos minutos, el Presidente, los ex Presidentes, líderes políticos, partidistas y sociales, empresarios —y hasta los adversarios históricos del ganador de la elección— salieron a reconocer su triunfo. Lo hicieron no como parte, sino como reflejo instintivo de la sociedad madura en la que se dieron cuenta que viven. Por eso nadie rompió ni cuestionó. Con eso, todos demostraron que las instituciones nacionales son lo suficientemente robustas como para responder a las decisiones que podrían parecen impensables hace —relativamente— muy poco tiempo.

Antes de y después de

Carlos R. Aguilar Jiménez.


Todas las civilizaciones desde que existe la escritura han registrado en su historia episodios o eras que se clasifican de manera importante al definir un tiempo que se acaba y otro que comienza, como sucedió con Roma que se ubicó temporalmente en ab urbe condita, (desde de la fundación de la ciudad) en el mundo del islam con la Hégira, o el cristianismo que se determina cronológicamente con él antes de Cristo o después, aplicando lo mismo para México con cronologías que se identifican con antes y después de la Conquista, de la Independencia o Revolución y, en estos días, si todo sucede como parece, con un antes de Andrés y después de él, porque según su discurso y promesas de campaña política, iniciará una revolución que según sus devotos creyentes hará de México un país igual a Suecia o Inglaterra ni más ni menos, con su correspondiente antes y después de Andres…

Cambiar un país en tiempos de globalización, aldea global en telecomunicaciones y libre mercado es difícil o casi imposible, a no ser que se actúe y gobierne tiránica y despóticamente como en Venezuela o Cuba, no obstante, si se puede cambiar en lo superficial, maquillando lo que ha de ocultarse sin poder afectar la economía, porque los ricos siempre serán cada vez más ricos y los pobres tendrán hijos, en esa dinámica de todos los tiempos y transformaciones en la que, si se distribuye la poca o mucha riqueza que se obtenga de los impuestos, lo único que se consigue es más pobreza, porque los gobiernos y políticos no generan riqueza, está la hacen empresarios, industriales o comerciantes, no los empleados u obreros, así, que, ¡si habrá un antes de y un después de Andrés!, porqué la residencia oficial de los Pinos será parque público, el aeropuerto de la cdmx ya no lo hará nadie, ni el gobierno ni empresarios, la relación de México con EU será hostil, pero los adultos mayores tendrán el doble de pensión y la Reforma Educativa se anulará para que los profes vuelvan a hacer lo que les gusta: destruir, amenazar, humillar a niños pobres y, si bien no habrá corrupción porque se ha prometido que viviremos en una república amorosa donde convivirán coyotes con conejos, si habrá una inercia institucional y oficial que cambiará muchas de las políticas nefastas que acostumbran los actuales gobernantes y líderes de sindicatos, que aprovechándose de la impunidad y corrupción hacen y deshacen arbitrariamente enriqueciendose en extremo y comportándose como tiranos, lejos de la gente y rodeados de aduladores que únicamente les dicen lo que quieren oír, nunca la verdad, así que habrá en México un antes de y después de, esperando todos, los que voten por él como los que no, que él después de, sea para bien de México, y si logra acabar con la corrupción que es parte de la idiosincrasia profunda de mexicanos, las condiciones cambien y en principio se terminen los bloqueos, barricadas y agresiones de malvivientes y resentidos que han hecho del terrorismo social su modus vivendi, principalmente en Oaxaca donde vivimos a diario con temor, así que esperemos si haya un antes de y después de… en todos los sentidos sociales     

Poder Judicial capacita a personal para erradicar y prevenir la tortura

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El curso se realiza durante esta semana y participa personal judicial, de la Fiscalía General y Defensoría Pública

Con el propósito de establecer ejes y acciones para que permitan al personal del Poder Judicial del Estado de Oaxaca (PJEO), de la Fiscalía General y de la Defensoría de Pública, a partir de este lunes y hasta el viernes, se realiza el curso “Capacitación en materia de investigación y persecución penal del delito de tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanas o degradantes”.

Durante la apertura del curso realizado en el auditorio de la Universidad José Vasconcelos, el Dr. Heriberto Antonio García, Director de Periciales del PJEO, señaló la participación de casi la totalidad del personal a su cargo, puesto que se requiere personal capacitado en el tema de la tortura para realizar un trabajo profesional y apegado a las demandas de la sociedad.

“Desafortunadamente, este tema de la tortura que no desaparece, nos ha generado una serie de problemas al no tener especialistas que dictaminen en esa materia, por eso celebró la entusiasta participación de los asistentes”, comentó Antonio García.

Por su parte, la Licenciada Yanis Santiago Rodríguez, Directora de la Escuela Judicial del Poder Judicial, puntualizó que la certificación  en el tema, es un parteaguas, ya que no solo implica la responsabilidad institucional, sino también el interés de los servidores públicos por seguir fortaleciendo sus conocimientos a través de la capacitación para profesionalizar sus actividades cotidianas, en lo cual coincidió el Maestro Mayolo García García, Director del Instituto de Capacitación y Formación Profesional de la Fiscalía General del Estado.

El curso es impartido por el Maestro Gerard Sastoscoy Vásquez, docente del Instituto Nacional de Ciencias Penales (INACIPE), quien ha sido director de área en la Procuraduría General de la República, cuenta con varios certificados como docente en el Proceso Oral Acusatorio, además de certificaciones por parte de los países de Reino Unido, Chile y Colombia.

Santoscoy Vásquez señaló que si bien, desde el 1991 se cuenta con una Ley de Derechos Humanos, fue hasta dos 2015 que a partir de la Reforma, se realizó un protocolo homologado que permita la investigación y sanción del delito de tortura y de principios de actuación hacia la víctima, pues anteriormente no se contaba con los recursos humanos, recursos institucionales y de capacitación para aplicar la Ley.

La actividad contempla cuatro unidades temáticas: derechos humanos, marco jurídico internacional contra la tortura, regulación mexicana contra la tortura y protocolo homologado para la investigación y persecución del deliro de la tortura.

Con estas acciones el Poder Judicial del Estado trabaja y une esfuerzos con otras instituciones para fortalecer el conocimiento y capacidades de quienes laboran en pro de una impartición de justicia confiable de cara a la ciudadanía.