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PRI Oaxaca: el ulisismo sigue su “tradición” de avasallar, no de ganar

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+ Imposición en CDE, con el sello de la casa

 

El PRI renovó su dirigencia en Oaxaca de la peor forma posible. Si el acto de relevo fue realizado a hurtadillas, en medio de inconformidades, paleros y hasta rechiflas, esto no fue sino consecuencia de que políticamente los nuevos dirigentes llegaron a Oaxaca por la puerta de atrás. De nuevo, el ulisismo hizo gala de sus mejores formas de hacer política, y así se impuso contra todos. Sólo que la historia de esos avasallamientos siempre ha sido de consecuencias funestas. Y según los hechos —y los antecedentes del recurrente fracaso de ese grupo político—, esta no será la excepción.

En efecto, todo aquel que se jacte de conocer a detalle las formas de hacer política del ulisismo, así como de sus ascendentes políticos, sabe que ante la falta de capacidad de competir en igualdad, ellos siempre han buscado la forma de imponerse por la fuerza. Esa fue la historia de Roberto Madrazo, primero como dirigente nacional del PRI, y luego como candidato presidencial derrotado. Y esa fue la forma en que Ulises Ruiz, también por sus “cualidades políticas” de avezado ingeniero electoral, siempre terminó avasallando a sus oponentes, aunque eso significara obtener posiciones y poder, siempre con el acceso por la puerta de servicio.

Esa ha sido, pues, la forma de hacer política del ulisismo, aunque los resultados siempre han sido funestos. Cuando su maestro y líder moral, Madrazo, sufrió su primera derrota como precandidato presidencial, aprovechó la derrota de Francisco Labastida en la elección presidencial del año 2000 para apoderarse del PRI.

Al año siguiente, Madrazo llegó a la dirigencia nacional gracias a la fuerza que hizo con la maestra Elba Esther Gordillo, y a la presión que generó entre todos los demás factores de poder dentro del PRI, con el argumento de que a falta de Presidente, y teniendo un abanderado presidencial derrotado de la peor forma, el único liderazgo fuerte que quedaba en el PRI era él. Una vez que se ubicó como Presidente Nacional del PRI intentó doblegar a todos para ser él el candidato presidencial.

Y una vez que más o menos lo logró, trató de nuevo de presionar a todos los gobernadores priistas para que le dieran su apoyo político y económico. Al final, toda esa presión generó su debacle: lejos de creer en él, y quererlo como Presidente, todos los liderazgos del PRI le dieron la espalda y pactaron su apoyo al PAN. Los gobernadores priistas, entonces, enviaron un mensaje claro: si ya se habían librado del régimen en el que el Presidente era el Todopoderoso, no querían regresar al pasado con Madrazo. Y así fue.

 

CASO OAXACA

Ulises Ruiz no se puede explicar sin Roberto Madrazo. Él hizo un gobierno similar, en el que la única práctica política conocida era la de la presión, la imposición y la amenaza. Así consiguió el poder en Oaxaca. Así lo ejerció durante toda su administración. Y así intentó generar su proyecto sucesorio. Sólo que, de nuevo, y con la misma lógica descrita en líneas anteriores, al final todos los factores priistas le dieron la espalda a su delfín, Eviel Pérez Magaña, y a la posibilidad de que continuaran muchas prácticas sucias que ahora son la base de la inconformidad de la militancia priista.

Y esas fracturas de las fibras políticas priistas, se combinaron con las deficiencias propias y los pésimos antecedentes del candidato tricolor y de su equipo de campaña, para dar por resultado la derrota histórica del priismo oaxaqueño en los comicios estatales de 2010. Y aunque muchos han intentado hallar nuevas formas de hacer política dentro de ese partido, lo cierto es que la práctica ulisista se sigue imponiendo. ¿Por qué?

Porque en Oaxaca la situación del priismo es deplorable, y aun así nadie parece aprender de las lecciones de la derrota. En los comicios de 2010 el PRI ya no contó con la militancia obediente e incondicional, y con el voto duro, de siempre. Muchos oaxaqueños no votaron a favor de Gabino Cué, sino en contra de Ruiz y de su forma de gobernar y hacer política. Sólo que eso, al parecer, no ha sido entendido por el CEN del PRI, que luego de dos años de abandono, y de dos derrotas consecutivas, sigue permitiendo que el ulisismo prevalezca aún frente a la inconformidad de todos.

Eso quedó claro el viernes pasado, cuando intempestivamente, se anunció que la dirigencia nacional del PRI había decidido renovar el Comité Estatal de Oaxaca, y dar salida a un Jorge Esteban Sandoval que estaba claramente desesperado por irse. El nombramiento recayó en un madracista y en un ulisista —que para el caso son lo mismo—, que juntos dan pauta del alto grado de distorsión que existe en el PRI nacional respecto a lo que necesita el priismo de la entidad, así como de los riesgos que corre ese partido en su intento por recuperar algunas de las posiciones que perdió en 2010.

¿Por qué la distorsión? Porque el CEN de nuevo decidió entregarse al ulisismo por completo, a pesar de que prácticamente todas las corrientes políticas se han manifestado en contra no del grupo del ex Gobernador, sino de la manutención de las prácticas que han demostrado ser nocivas para las posibilidades de triunfo del partido.

¿Y por qué el riesgo? Porque en las condiciones actuales, habrá más disensos que acuerdos en el trabajo partidista. Y en medio de eso, quedarán huecos en los que libremente podrán reproducirse las más oscuras mañas de personajes que, encabezados por el propio Avilés, que son ampliamente conocidos dentro del PRI por vender las candidaturas y por timar y aprovecharse de quienes pretenden espacios de participación dentro de ese partido.

Por eso la nueva dirigencia, que llegó por la puerta de atrás, arranca con la premonición de las mismas consecuencias funestas que ha tenido cada una de las imposiciones de su grupo. Ellos son la muestra viva de un ex Gobernador que, aun en el repudio general, se resiste a soltar su ínsula de poder, y que prefiere que su coto de poder se le pudra en las manos, antes que dejar que otros, fuera de su dominio, hagan algo para rescatarlo.

 

EXPRESIONES

Ayer el ex diputado Jorge González Ilescas salió al paso para denunciar este nuevo acto de avasallamiento que, dijo, busca seguir alimentando intereses particulares, sin importar que por su insistencia y ambiciones, el PRI vaya en caída libre en el ánimo de los electores. Hoy lunes habrá más expresiones de inconformidad. Por eso, en el contexto del rechazo y la falta de legitimidad, no hay duda que la nueva dirigencia del PRI nació muerta.

Pactos partidistas: somos el país de la farsa

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+ Alianzas con los enemigos, un asunto común

 

En México, hemos tomado decisiones respecto a nuestra historia que más que buscar reivindicar ciertos valores nacionales, lo que buscan es tratar de engañarnos. Eso pasa, por ejemplo, con personajes como el general Antonio López de Santa Anna, que fue once veces Presidente de México, que militó lo mismo en el conservadurismo más acendrado que en el liberalismo más radical, que en diversos momentos llegó al poder apoyado por unos u otros, y que fue quien entregó a Estados Unidos más de la mitad del territorio nacional. Aunque la historia nacional esconde su “legado”, y para eso disimula todo un periodo de México como nación independientemente —como tratando de que con el silencio todo quede en el olvido—, lo cierto es que no hay en México personaje más actual que el general Santa Anna.

En efecto, el general Santa Anna representa en la historia de México una historia de pragmatismo, y de ambición de poder y gloria, llevada al extremo. Todo aquel que conoce la historia de ese personaje, sabe que llegó al poder por la victoria circunstancial que obtuvo ante el intento de reconquista de México por parte de la Corona Española a través de Isidro Barradas en Tamaulipas; que llegó al poder presidencial por primera vez apoyado por los liberales que defendían la causa federal.

Y que luego ejerció el poder a través de todos los vaivenes ideológicos posibles, aprovechando también la circunstancia de que en ese tiempo los mexicanos no concebían otro líder —lo llamaban “el Salvador de la Patria”, “el Napoleón de Occidente”, o el “Benemérito de la Patria”— más que a él, y por eso, aún con todas sus contradicciones, traiciones, bribonadas e ineptitudes, siempre terminaban regresándole el poder.

¿Por qué asegurar, en ese contexto, que no existe en México personaje más actual y vivo que Santa Anna? Porque, si vemos su actuación como Presidente de la República y como Líder Nacional, podremos darnos cuenta que ejerció esas potestades siempre sin importar si sus decisiones, acciones, alianzas y traiciones, cumplían con los requisitos mínimos de congruencia ideológica, política o partidista que se supone que, como requisito esencial, deben tener todas aquellas personas que ejercen el poder público.

Y es que, aunque hoy México es una nación que comienza a ser madura, que tiene un sistema de partidos, que está sostenido por una democracia constitucional, que tiene instituciones y que desterró a los caudillos, lo cierto es que en los hechos seguimos viendo esos mismos rasgos de incongruencia, de oportunismo, de ambición y de voracidad por el poder por parte de la gran mayoría de los actores que participan de la vida pública.

Si nosotros consideramos como algo abominable que el general Santa Anna pactara sucesivamente con puros y conversos con tal de mantenerse en el poder; si nos parece reprobable que un día fuera liberal y al siguiente conservador; si nos parece indecible el hecho de que llegara a pactar con los enemigos de la nación con tal de no salir él perjudicado de las decisiones y circunstancias nacionales; y si nos parece insostenible el hecho de que no tuviera empacho en traicionar públicamente su palabra, sus convicciones y sus alianzas con tal de no perder… entonces lo único que estaríamos haciendo es engañarnos.

Esto porque eso es exactamente lo mismo que ocurre hoy, con hechos y decisiones que están a la vista de todos, y que aun cuando a todos debían causarnos alarma y vergüenza, lo cierto es que las aceptamos con el mismo grado de desdén que los partidos y las fuerzas que luchan por el poder, tienen por las convicciones políticas, ideológicas y hasta morales que dicen defender. Por eso, en nuestro sistema político existen docenas, quizá cientos, de modernas representaciones de ese general Santa Anna, a quien no le importaba aliarse con el diablo, con tal de no perder el poder.

 

BOTÓN DE MUESTRA

Veamos si exageramos o si, por el contrario, estamos ante hechos vergonzantes que son tomados por todos —por todos— con una tranquilidad alarmante y preocupante. Y es que hace dos días, las dirigencias nacionales, y los diputados y senadores del PAN, el PRD y Movimiento Ciudadano, pactaron integrar un “frente” para caminar aliados durante los seis años del Gobierno de Enrique Peña Nieto.

Según información difundida sobre ese tema, los líderes nacionales de esos partidos anunciaron que su alianza será legislativa y política, con la intención de evitar que regrese el autoritarismo, la corrupción y las prácticas clientelares que prevalecieron en el pasado. Los representantes de las tres fuerzas informaron que cerrarán filas, para caminar juntos y organizados durante el próximo sexenio. Adelantaron que el primer paso será repetir en la Cámara de Diputados el bloque que construyeron en el Senado con la finalidad de aprobar una reforma laboral que acote el poder discrecional de las dirigencias sindicales en el manejo de recursos millonarios.

Aunque el tema de la transparencia sindical parece loable (pues habría que revisar con detalle hasta qué punto esa es en realidad una bandera democrática, y no simple demagogia para quedar bien con los votantes), lo cierto es que esta decisión es inescrupulosa de extremo a extremo, y lo único que revela es que, en la derrota, cualquier partido está dispuesto a perdonar a sus agraviantes, e incluso también está dispuesto a aliarse con ellos. Sólo así puede explicarse este “frente” anunciado por el PAN y las fuerzas de izquierda a través de sus representaciones nacionales.

La incongruencia es total. Pues si vamos al solo ámbito federal, podremos darnos cuenta que si Andrés Manuel López Obrador perdió la Presidencia fue en gran medida por la intervención presidencial a favor de sus adversarios comunes; que el PAN y el PRD han sido los enemigos históricos en estos doce años de primera alternancia; y que en entidades como Oaxaca unos y otros han demostrado que las alianzas por el poder sirven sólo para repartir posiciones pero no para abanderar causas genuinas de la población, o de sus partidos, que tengan o representen cierto origen ideológico y de congruencia.

 

¿LA DERROTA PERDONA?

Esa tendría que ser una pregunta fundamental: ¿el solo hecho de la derrota común a manos del PRI, hace que PAN y PRD depongan sus convicciones ideológicas y se alíen lisa y llanamente entre sí para encarar al gobierno? Qué incongruencia. Lo único que faltó es que enmarcaran ese anuncio con un retrato del general Santa Anna.

El “cumplimiento” de FCH a Oaxaca es una burla

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+ Sólo unos kms carreteros; grandes temas, varados

 

Si existe una forma negativa en cómo el presidente Felipe Calderón Hinojosa podría haber terminado su gestión, respecto a Oaxaca, ésta tendría que ser con una burla manifiesta. Aunque ese parece ser el peor escenario, en realidad eso es lo que el Mandatario Federal vino a hacer en su última gira presidencial por la entidad. Calderón aseguró haber “cumplido” a Oaxaca, cuando en realidad no hizo más que entregar sólo migajas, y dejar pendientes todos los grandes temas que eran prioritarios para la entidad.

En efecto, el presidente Calderón cerró su administración en relación a Oaxaca, en la misma forma en cómo la inició: visitando zonas alejadas, en proyectos que sí hacen lucir a la entidad pero que no le reportan grandes beneficios de largo plazo, y haciendo una especie de intercambio de oro por espejos a los habitantes de las zonas supuestamente beneficiadas por los grandes proyectos de su administración.

Y es que según quedó claro en toda su administración, lo único que al presidente Calderón siempre le interesó de Oaxaca fue su potencial en la generación de energía eólica, y por eso fue a lo único que le puso atención. Si alguien puede aún recordarlo —porque lamentablemente aquí pecamos de desmemoria—, la primera ocasión que el Presidente de la República vino a la entidad con esa calidad, fue justamente para inaugurar el segundo parque eólico que había sido instalado en la zona de La Ventosa, en la región del Istmo de Tehuantepec. Y en esta última ocasión, vino exactamente a lo mismo… pero además, a tratar de engañarnos a todos con un cumplimiento que, quizá, sólo haya sido con los grandes intereses que hoy se benefician del inmenso complejo de aerogeneradores instalado en la entidad.

¿Por qué el engaño? Porque en realidad —y éste no es un argumento nuevo o hasta ahora desconocido— todo el complejo de aerogeneradores reporta grandes beneficios para diversos sectores económicos del país, que no tienen comparación con la pingüe retribución que han tenido por ello los propietarios originarios de las tierras en las que fueron instalados, y que tampoco tienen relación con la casi inexistente captación de recursos que por esos generadores tiene el gobierno de Oaxaca, o los municipios directamente involucrados. Si lo vemos fríamente, en este caso nuestra entidad puso lo más a cambio de ganar lo menos.

Esto porque esos generadores fueron instalados por capitales y con tecnologías extranjeras; porque esas empresas son las que están teniendo las mayores ganancias por la generación de energía limpia; y porque muchos otros generadores fueron instalados gracias a la inversión de empresas privadas mexicanas, que lo hicieron para producir el equivalente de la energía eléctrica que utilizan y así ponerse, en el corto o mediano plazo, en mejores condiciones de costos de energía que aquellas empresas que sólo la consumen sin producirla.

El problema es que de esos grandes beneficios que la generación de energía eólica reporta al país, prácticamente nada es lo que se queda en Oaxaca, a pesar de que en la entidad se encuentran los vientos y los territorios idóneos para la generación de ese tipo de energía. Las empresas que perciben millonarias ganancias por los aerogeneradores no pagan sus impuestos en la entidad; la gran mayoría de los recursos humanos, materiales y económicos utilizados en ellos tampoco benefician a la entidad. Y, de hecho, las obras de infraestructura carretera que se han construido en la zona fundamentalmente se hicieron para facilitar la existencia del complejo eólico, y sólo marginalmente para dotar de beneficios a la población istmeña de la entidad.

 

GRANDES TEMAS, PENDIENTES

A pesar de que el presidente Calderón en diversos momentos aceptó algunos compromisos con la entidad, lo cierto es todos quedaron en promesas, excepto lo relativo al parque eólico. Si nos vamos a los asuntos reales, el presidente Calderón manifestó estar comprometido con la culminación de una carretera que conectara a la capital oaxaqueña con la costa y el istmo de Tehuantepec; se comprometió también con el llamado “relanzamiento” de Bahías de Huatulco como destino turístico de primer nivel; y también dijo en algún momento que su gobierno haría lo necesario para que la economía de la entidad superara la crisis magisterial de hace seis años.

En todo eso el presidente Calderón falló a Oaxaca. La autopista que conectará a Oaxaca con el Istmo de Tehuantepec y la región de la Costa, continúa varada en medio de problemas aparentemente insuperables de burocratismos, problemas técnicos de las empresas constructoras, y trabas presupuestales por parte del gobierno federal que han impedido que lleguen todos los recursos que son necesarios para la culminación de esa obra que lleva más de una década en aparente, pero interminable, ejecución.

Lo relativo a Bahías de Huatulco, no es menos trágico. De hecho, desde el primer tercio de su gestión, el presidente Calderón fue a ese destino de playa a comprometerse con el relanzamiento de Huatulco a nivel nacional e internacional, no sólo para que llegara más turismo, sino también para que se asentaran ahí las grandes inversiones en desarrollos turísticos, que permitieran el mejor aprovechamiento del espacio que aún está disponible para ser construido.

A pesar de sus promesas, lo único cierto es que Calderón se olvidó de todo. Y Huatulco continúa siendo un auténtico paraíso… en su mayoría virgen, y también prácticamente inaccesible para todos aquellos que, proviniendo de más allá de la capital oaxaqueña, pretenden visitarlo y no tienen posibilidad de hacerlo por vía aérea. Incluso, aquellos que sí tienen posibilidad de pagar un boleto de avión para llegar a ese destino, deben hacerlo casi siempre desde la capital del país (desde Oaxaca las formas de llegar a Huatulco por vía aérea son tan limitadas e intrincadas como las de vía terrestre) y sólo con una conectividad limitada, que no corresponde a un destino de gran turismo, como el que todos esperaríamos que fuera aquel destino, que alberga algunas de las más hermosas playas del mundo.

 

PRESIDENTE BURLÓN

El presidente Calderón también se olvidó que su gobierno se comprometió con la reactivación de la economía local, que quedó devastada luego del conflicto magisterial. Todos esos son signos claros de la indolencia que siempre le profirió a nuestra entidad. Y también lo son de la burla manifiesta, con la que ahora vino a decir que sí le cumplió a Oaxaca.

Transparencia: que Congreso no se equivoque…

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+ Si no hay experiencia, entonces que no concursen

 

El proceso para elegir a los integrantes de la nueva Comisión de Transparencia, parece ir para ningún lado. El proceso de elección va más allá de la mitad, y resulta que los diputados de la LXI Legislatura siguen sin confiar en los procedimientos y responsabilidades que ellos mismos establecieron, y ahora se dicen preocupados por la falta de preparación, experiencia y/o independencia por parte de quienes aspiran a esos cargos. Lo que queda claro, de nuevo, es que los diputados no saben qué están eligiendo.

En efecto, fueron los mismos diputados quienes, por un consenso, emitieron una convocatoria a través de la cual establecían los pasos a seguir para el registro y la elección de los integrantes de la Comisión de Acceso a la Información. Esa convocatoria, en resumen, invitaba a inscribirse a todas las personas interesadas en el cargo, que cumplieran con los requisitos establecidos en la Constitución del Estado.

Después, establecieron, se llevaría a cabo la revisión documental de los expedientes relativos a cada uno de los aspirantes, para luego determinar quiénes sí cumplían con lo establecido por la convocatoria, y ser llamados a comparecer ante la Comisión Instructora para que los entrevistara y ahí expusieran sus respectivos proyectos de trabajo como aspirantes al cargo de Comisionados. Finalmente, se estableció que la elección de cada uno de los tres Consejeros se realizaría mediante ternas elaboradas por la Comisión Instructora, que serán sometidas a la consideración del pleno, quien deberá elegir a cada uno de ellos por mayoría calificada.

La respuesta a esta convocatoria fue nutrida. Sólo para competir por los cargos de Comisionado se inscribieron al proceso más de cuarenta personas. Había de todo: servidores públicos, académicos, periodistas, “investigadores” y hasta personas sin mayor mérito, que simplemente decidieron poner a prueba a las instituciones y participar en un proceso que, según se decía, estaba abierto a toda la sociedad por implicar nada menos que la integración de un órgano autónomo.

De esas cuarenta personas, la Comisión Instructora estableció que unas 28 sí cumplían con los requisitos establecidos por la Constitución y la convocatoria, y la semana pasada se llevaron a cabo las entrevistas respectivas a cada uno de los aspirantes. Según lo establecido, lo único que quedaría pendiente es que la Comisión Instructora determine quiénes serán los integrantes de cada una de las ternas, y se lleve a cabo la sesión en la cual se someterá a votación el dictamen respectivo.

¿Cuál es el problema? Que a estas alturas comienzan a brotar dudas sobre la viabilidad del proceso, y no precisamente por parte de los participantes sino, paradójicamente, de quienes se supone que tienen la responsabilidad permanente de velar por su correcto cumplimiento y por la preservación de los principios constitucionales relativos al derecho de acceso a la información.

Y es que según hemos visto en los últimos días, diputados como Margarita García García y Alejandro López Jarquín, han manifestado cuestiones que sí revelan preocupación, pero que lo hacen respecto a temas con los que ellos mismos deberían estar comprometidos y vigilantes como diputados que son de la Legislatura que ha sido la encargada de renovar a todos los órganos autónomos que establece la Constitución del Estado.

 

PREOCUPACIÓN PATÉTICA

Por ejemplo, en una entrevista publicada ayer en el periódico Noticias (Pág. 13-A), el coordinador de la fracción perredista, Alejandro López Jarquín, decía lo siguiente: “aunque por ley se pide experiencia probada en materia de transparencia, la mayoría de los registrados no cubre ese requisito, lo que constituye un punto muy preocupante. Hay candidatos con mucha capacidad, por ser maestros o doctores en Derecho, pero no tienen experiencia probada en materia de transparencia.”

Luego, rompiendo con el equilibrio mínimo que se supone que debe tener alguien que va a formar parte de un cuerpo electoral, el diputado López señalaba lo siguiente: “En cuanto a los ocho recomendados de Genaro Vásquez, son personas que trabajan en la Comisión de Transparencia, y traen la recomendación de Vásquez Colmenares para mantener el estado de cosas al interior. Ellos representan favores de la pasada administración estatal.” Por eso, remataba, “es muy difícil que reciban el respaldo de la LXI Legislatura”.

¿No es ridículo lo señalado por el diputado? Y es que, en primer término, si no es con méritos académicos, profesionales y de experiencia en el servicio público, ¿cómo quiere que alguien dé certeza de su “experiencia probada en materia de transparencia”? Porque si, según el diputado, se atiende sólo a los antecedentes académicos, son insuficientes los méritos por ostentar el grado de maestro o doctor en derecho. Si se atiende al servicio público, tampoco hay quien cubra el requisito.

Y, bueno, si nos ponemos estrictos, los únicos que podrían cubrir ese aspecto serían justamente los empleados del IEAIP, quienes sí tienen experiencia probada en materia de transparencia, pero que según López Jarquín —y en eso no se equivoca— fueron enviados por Vásquez Colmenares, aunque quién sabe si para preservar los intereses del anterior régimen… o para algo menos elevado, como la conservación de la chamba.

Ahora bien, veamos a la diputada García, que ayer también en las páginas de Noticias (Página 6-A) señalaba que “ya el Congreso carga con la duda publica sobre la designación de los órganos autónomos anteriores y esta ocasión, sociedad en general, diputados y diputadas queremos participar de un proceso transparente que cumpla a cabalidad los designios de la ley y los requerimientos éticos que puedan darle verdadera legitimidad a un órgano autónomo.”

 

¿SON O NO SON?

Ese “proceso transparente” del que habla la Diputada sólo puede ser vigilado… ¡por ellos mismos! ¿O a poco ella fue ajena a la “elección” de Arturo Peimbert, de Carlos Altamirano o de Alberto Alonso Criollo? Si la diputada García está tan preocupada por la responsabilidad de los diputados, ella y los otros 41 diputados son los únicos que pueden hacer algo para modificar eso, antes que darse golpes de pecho, falsos, ante la ciudadanía. Y qué decir del diputado López: está gravemente extraviado en sus propias concepciones sobre la experiencia probada y los méritos profesionales de los aspirantes. Ojalá y éste no sea el preámbulo para la derrota anticipada de la democracia y, en este caso, de la transparencia.

Webster-Mancera: los amigos sí cuestan…

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+ Oaxaqueño revela tensión Mancera-AMLO

 

Más allá de lo profesional, hay una razón de peso que llevó a Andrés Webster Henestrosa al equipo de transición de Miguel Ángel Mancera Espinosa como jefe de Gobierno Electo del Distrito Federal: la estrecha relación de amistad que ambos guardan desde sus tiempos como universitarios. Si desde ahí desdoblamos la otra parte de esta historia, podremos ver, además, cómo el intento de un gobernante por beneficiar a un amigo puede desencadenar las tensiones que se generan entre los caciques perredistas de la capital de la República.

En efecto, Webster Henestrosa hoy es beneficiario de un conjunto de circunstancias que no sólo él construyó, sino que también son casuísticas. Por un lado, se encuentra todo el conglomerado de intereses que ha venido construyendo desde que llegó, hace ocho años, a la Secretaría de Cultura del Gobierno de Oaxaca (cuestión de la que ya dimos cuenta con cierta amplitud en nuestra entrega de ayer lunes), pero también el hecho casual de haber trabado estrecha amistad con un abogado prestigiado de la capital del país que, también sin ser parte de un proyecto partidista definido, es hoy gobernante electo de la Capital de la República.

Mancera, como bien ha quedado claro, no era parte del proyecto transexenal perredista para la capital del país. De hecho, el mismo Marcelo Ebrard, que fue quien lo incluyó en el gabinete luego de la crisis política generada por los hechos en la discoteca News Divine, no tenía a Mancera entre sus posibles candidatos. El Jefe de Gobierno saliente impulsó hasta el cansancio al hoy senador Mario Delgado como su posible sucesor.

Pero por razones de apatía natural y de falta de arraigo entre los capitalinos, Delgado simplemente nunca figuró como un candidato competitivo. Al final, en el momento de las decisiones, ni las tribus radicales de la capital del país que responden fielmente a los intereses de Andrés Manuel López Obrador, ni quienes respondían a los dictados de Ebrard, pudieron presentar a candidatos con garantía de triunfo. Mancera quedó en medio de todos ellos, y resultó candidato por alguna suerte de exclusión, y sin ningún otro respaldo más que las simpatías que despertaba y los buenos números que entregaba en las encuestas.

No obstante todo eso, Mancera arrasó la capital del país. No se equivocaban los analistas políticos de la capital de la República, cuando aseguraban que con ese triunfo obtenido por más de cuarenta puntos porcentuales por encima de su más cercano competidor, Mancera no iba enfilado a ser Jefe de Gobierno, sino a convertirse en una suerte de “Miguel Ángel I”, como dando a entender que con ese enorme grado de aceptación podría aglutinar a las grandes masas perredistas que aún se encuentran en manos de López Obrador.

Ese hecho, de entrada, generó tensiones entre los grupos perredistas que han gobernado la Ciudad de México. A nadie le gusta perder el poder. Y ese es el supuesto se encuentran AMLO y Ebrard, que ahora ven cómo el poder que han tenido se les comienza a diluir, para ubicarse a favor de un personaje que no saben si va a responder a sus intereses. Y, en todo esto, el primer botón de muestra de esas tensiones, y de la independencia que está demostrando Mancera frente a quienes aún pretenden asumirse como sus jefes políticos, o por lo menos pretenden presionar para que siga respondiendo a sus intereses.

 

AMISTAD COSTOSA

Quizá la circunstancia más determinante para la invitación que Mancera le hizo a Webster Henestrosa para incorporarse a su equipo de campaña, fue la amistad entre ambos. Sin embargo, pronto se dieron cuenta que una decisión aparentemente intrascendente, para un tema asimismo poco relevante para la vida política de la capital del país, encendió los ánimos de todos aquellos que sólo estaban esperando el momento y el pretexto para demostrar su inconformidad con el Jefe de Gobierno Electo de la capital de la República. ¿Por qué?

Porque ante el nombramiento de Webster, fueron varios de los más acendrados lopezobradoristas del ámbito cultural, quienes protestaron por su nombramiento. Dos de ellos, la escritora Elena Poniatowska, y el historiador Paco Ignacio Taibo II —que incluso fueron parte del “gobierno legítimo” de AMLO desde 2006, y que además de ser obradoristas declarados, tenían altas expectativas de aparecer en el gabinete federal de haber ganado AMLO las elecciones presidenciales—, firmaron la carta que hace unos días se publicó en un diario de la Ciudad de México, en donde se decían agraviados por la invitación que el equipo de transición de Mancera le había formulado a Webster, y exigían que no apareciera en el próximo gabinete del Gobierno del Distrito Federal.

Como en política no existen las casualidades, lo único cierto es que la protesta vino no sólo por la poca talla que los intelectuales de la capital del país le ven a Webster como encargado de la política cultural de la capital del país, sino sobre todo porque para definir esa invitación, y el inminente nombramiento, no tomaron en cuenta al lopezobradorismo, que pretende seguir presionando para gobernar y tener posiciones de distinta índole en el gobierno capitalino.

Al final, para efectos de los rejuegos de la política de la capital del país, Webster fue sólo el pretexto. Su presencia sólo demostró que su relación personal con Mancera, pudo tanto o más que los intereses que representa (los del respaldo, hoy en entredicho, del maestro Francisco Toledo, y del filántropo Alfredo Harp Helú); pero también que ahí, en donde se supone que la política es de más altura, también los cacicazgos como el de López Obrador, intentan imponerse aún frente a un poder que apenas está en vías de tomar el control político de la capital de la República, y que por naturaleza tiende a fortalecerse y consolidarse.

 

ACOMODATICIO

Al final, Andrés Webster logró un acomodo más, de los varios que ya ha hecho a lo largo de su relativamente corta carrera en la vida pública. Primero se incluyó en un gobierno, el de Ulises Ruiz, del que no era cercano. Luego sacó ventaja de las intrigas que sumieron a Patricia Zárate como titular de Cultura. Después se afianzó gracias al acomodo que logró con Francisco Toledo y Alfredo Harp, para finalmente trascender, en un nuevo acomodo, en el gobierno de la alternancia en la entidad. Hoy, sin embargo, su salto maestro corre riesgo de ser fallido ante las disputas por el poder en la Ciudad de México. Él es el pretexto. Pero puede ser el primer gran perjudicado de ese forcejeo.

Webster: Todo se explica en sus alianzas

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+ Participación en 2006: el argumento fácil

 

A muchos causó sorpresa la renuncia de Andrés Webster Henestrosa a la Secretaría de las Culturas y Artes de Oaxaca. Más asombro provocó la causa de su dimisión: había sido invitado a formar parte del equipo de transición del jefe de Gobierno electo del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera. No tardaron en aparecer las descalificaciones y las incredulidades. Curiosamente, nadie pareció alegrarse por la aparente buena suerte del oaxaqueño, que ahora estaría en vías de integrarse al segundo gobierno más influyente del país. ¿Cuál es la razón de ello?

El paso de Andrés Webster por la Secretaría de las Culturas no puede explicarse sin su origen y, sobre todo, sin sus alianzas. Antes de incorporarse al gobierno de Oaxaca, el nieto del escritor Andrés Henestrosa no tenía experiencia en el ámbito público y, a ras de suelo, tampoco en el sector cultural. Llegó, de hecho, impulsado por la necesidad de legitimación y de inclusión que tuvo en ese sector el gobierno de Oaxaca cuando, en 2004 y con el arranque de la administración del gobernador Ulises Ruiz, elevó el Instituto Oaxaqueño de las Culturas al rango de Secretaría, y anunció que a través de ésta habría un impulso sin precedentes a la actividad cultural de nuestra entidad.

La primera secretaria de Cultura, quizá algunos lo recuerdan, fue Patricia Zárate de Lara. A ella, sin embargo, no la dejaron nunca concretar sus objetivos razones personales, de salud, pero también la lucha por el poder que se dio dentro de la propia Secretaría que a ella le había tocado iniciar. Pronto se le enquistaron todo tipo de “gestores” y “promotores” que no hacían sino responder a intereses de pequeños grupos de artistas, que no alcanzaban a generar los consensos ni la homogeneidad y aceptación del sector, que según parece, era fundamental para el trabajo de cualquier titular de esa Secretaría.

Patricia Zárate se fue de esa Secretaría, por motivos que nada tenían que ver con el conflicto magisterial o las intrigas por las que ahora algunos pretenden descalificar a Webster. Zárate no era parte del sector público, no entendió su compleja dinámica, y por eso nunca pudo enrolarse en él. Por eso se fue. Y Andrés Webster se quedó como subsecretario encargado del despacho de la Secretaría. Y así duró meses, hasta que finalmente fue ratificado, no tanto por ser una figura determinante para el proyecto cultural del gobierno, sino simplemente para terminar con las ambiciones de más de uno, que ya se veía despachando en el espacio que meses antes había dejado la maestra Zárate.

Según se vio, Webster pudo no haber sabido mucho de cultura, pero sí entendió bien el escenario en el que se desenvolvía. Por eso, desde el inicio de su gestión selló su permanencia a través del establecimiento de dos alianzas que, a la vista de todos, son las que hacen realmente funcionar a la cultura en Oaxaca. Por un lado, Webster trabó alianza con el maestro Francisco Toledo, y con él se adhirió todo el conglomerado de instituciones, personajes, gestores, corredores de arte, exposiciones, y grupos que encabeza el connotado pintor juchiteco.

Y por el otro, Webster recibió la venia del filántropo Alfredo Harp Helú, quien, desde sus propias trincheras culturales (que, sin duda, son las más importantes de Oaxaca, por las razones que señalaremos en líneas posteriores) decidió abrir el paso a la gestión de Webster, pero sólo como coadyuvante subsidiaria de su propia agenda cultural para la entidad, y no como un colaborador privado del gobierno… como en la lógica normal se supone que debería ser.

Por eso Andrés Webster fue un secretario inamovible hasta que quiso irse del gobierno de Oaxaca. El hecho de que por un lado el maestro Toledo no lo cuestionara ni lo descalificara, implicaba tener uno de los mayores consensos (¡qué paradoja!) del mundo cultural local. Y con el respaldo de Alfredo Harp, y su abrumadora capacidad económica, tenía garantizados una serie de elementos, espacios, festivales, actividades, recursos económicos, relaciones, y demás, que habrían podido sostener por sí solo a cualquier individuo que, con esas alianzas, ostentara el cargo aludido.

 

MUNDO SIN MATICES

Cada sociedad tiene su propia dinámica, y sólo entendiéndola uno puede comprender lo que es necesario para poder subsistir en ella. Webster entendió claramente eso y por eso pudo sobrevivir incluso a lo inimaginable: la alternancia de partidos en el poder en Oaxaca. Aunque no era bien visto, tuvo que ser soportado por los “agentes del cambio” que veían en él una reminiscencia del pasado que querían borrar. Y seguramente, esas alianzas pudieron haber sido determinantes para la invitación que le formuló Mancera para incorporarse a su equipo de trabajo.

Sin embargo, aunque Oaxaca tiene una de las más intensas vidas culturales de todo el país, y aquí conviven varios de los personajes más influyentes del país en ese ambiente, lo cierto es que la dinámica oaxaqueña no es la misma que la de la capital del país. Por eso, los sectores influyentes de la Ciudad de México respingaron de entrada ante su nombramiento, y ante la imposibilidad de pelearse con los aliados de Webster, todos optaron por sacar a relucir su participación el gobierno de Ulises Ruiz.

Y es que, según parece, nadie estaría dispuesto a pelearse con alguien como Francisco Toledo, que hoy por hoy encabeza el sector de los artistas plásticos en el país, o con Alfredo Harp, que es uno de los principales financiadores del ambiente cultural de Oaxaca y de toda la República Mexicana. Por eso, aunque todos se molestaron porque esos dos factores fueron los que triunfaron en el ánimo de Mancera, unos y otros cuestionaron otros temas relacionados con Webster, que ni siquiera tienen que ver con la eficacia de su actuación como titular de Cultura del Gobierno de Oaxaca.

 

SUS ALIANZAS

Ahí tendrían que hacer blanco todos los cuestionamientos que se hacen en su contra. No fue un Secretario de Cultura excepcional, y tampoco fue un gran administrador, como quizá también tendría que ser necesario para cualquier dependencia gubernamental. Su gestión no estableció agenda o parámetro cultural alguno en Oaxaca. Y tampoco tuvo los alcances por los que alguien, con su solo talento y trabajo, podría pasar de un gobierno a otro. El tema son sus alianzas. Por eso tiene ahora tantos malquerientes. Pero por eso mismo, a pesar de que en Oaxaca el gobierno es coadyuvante de la cultura en manos de privados, a Webster lo premiaron con una propuesta de trabajo de ese tamaño.

Poder y Ley: ¿Qué cambio queremos en México?

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+ Hoy, imposible dar “tormento” a la Constitución

 

El general de División Gonzalo Natividad Santos, era un potosino que llevaba el apodo de “El Alazán Tostado”. Fue un cacique de su región, que emergió a la vida pública mexicana cuando en 1910 se sumó a las fuerzas que llevaron a don Francisco I. Madero a la Presidencia de la República, y luego, cuando años después se sumó al Ejército Constitucionalista de don Venustiano Carranza.

Fue, literalmente, uno de los hijos predilectos de la Revolución, y fue uno de los primeros en sumarse al Partido Nacional Revolucionario. Y de ahí partió hacia una larguísima vida política en la que ocupó diputaciones, senadurías y, con singular mano dura, la gubernatura de San Luis Potosí. A él se le deben algunas de las más célebres frases de la vida política de nuestro país. Una de ellas es la que dice que, en México, “la moral es un árbol que da moras”; otra es la relativa a los “ierros” que aplicaba a sus enemigos (encierro, destierro y entierro). Y otra que hoy cobra particular relevancia, es aquella de “dar tormento” a la Constitución.

Centrémonos en esta última idea y veámosla a la luz no sólo de la historia, sino sobre todo de la realidad actual en nuestro país. ¿A qué se refería con aquello de “dar tormento a la Constitución”? con esa frase, El Alazán Tostado se refería, fundamentalmente, a la posibilidad que halló la práctica política mexicana de “adaptar” la Norma Suprema (es decir, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos) a las necesidades tanto del gobierno como del grupo que en ese momento tuviera el control del poder político de nuestro país.

Dar “tormento”, pues, significaba la salida pragmática idónea a la rigidez de nuestra Constitución, y a la supuesta dificultad natural impresa en ella para evitar que fuera reformada o modificada a capricho del grupo gobernante. Todos aquellos que conocen la Teoría Constitucional, saben que una Constitución rígida es aquella que contempla un procedimiento especial para su modificación, que exige la participación de más voluntades que las involucradas en la emisión, modificación o abrogación de una ley ordinaria.

Y es que a diferencia de la aprobación de una Ley Ordinaria (en la que sólo se necesita el voto favorable de la mitad más uno de los miembros presentes en las cámaras legislativas al momento de la votación) en el caso de la Constitución Federal de nuestro país, ésta señala que para su modificación o adición, deben votar favorablemente dos terceras partes de los integrantes presentes de las cámaras federales, y que además la reforma debe ser aprobada por la mitad más uno de las Legislaturas de las entidades federativas.

Ese procedimiento existe desde la emisión misma de nuestra Constitución, en el año de 1917. ¿Cómo podrían entonces “darle tormento”, si existía un procedimiento rígido de modificación? La respuesta se encontraba, desde entonces, en el régimen de partido hegemónico que contribuyeron a crear en México Santos y otros personajes que fueron los auténticos beneficiarios de la Revolución. A través de ese régimen, llevaron a cabo una homogenización del poder, lo alinearon todo (en todo el territorio nacional, en los tres poderes, y en los tres ámbitos de gobierno) en torno a un solo proyecto, y luego, cuando el proyecto quedó relegado, lo único que les quedó fue la hegemonía del grupo que tenía el poder.

Por eso, como ese grupo —alineado en un solo partido— tenía todo el poder, era fácil “darle tormento” a la Constitución cada vez que quisieran y en el tema que quisieran: diputados federales, senadores, gobernadores, legislaturas locales y demás, todos, eran subordinados del Jefe Político de la Nación, que hacía las veces de Presidente de la República, y que con sus potestades metaconstitucionales podía suplir todas las demás voluntades de la nación. Por eso fue relevante, por décadas, aquella frase acuñada quizá accidentalmente por El Alazán Tostado, de darle tormento a la Constitución, cada que fuera necesario.

 

ELFIN DEL TORMENTO

Ese tormento a la Constitución se tradujo, por ejemplo, en la eliminación de la posibilidad de relección continua de diputados y senadores al Congreso de la Unión. La razón de la derogación de esa disposición radicó en una necesidad política del grupo gobernante, y no en una supuesta previsión democrática para evitar que los legisladores federales se eternizaran en el poder. ¿De qué hablamos?

De que la posibilidad de la relección continua obligaba a los diputados y senadores a regresar continuamente a sus zonas de representación, y eso permitía la construcción no sólo de legisladores de carrera obligados a entregar periódicamente cuentas por sus actos, sino también de potenciales líderes naturales en las regiones, hechos por la fuerza del contacto con los ciudadanos.

Eso no le convenía al Presidente en turno, que más bien veía las curules y los escaños de las cámaras federales como zonas de premio y recompensa para quienes fueran leales y serviciales con el grupo gobernante en turno. Por eso, en la misma época en la que se creó el PNR se eliminó la relección continua de diputados federales y senadores.

Eso provocó que de ser cargos peleados democráticamente, pasaran a ser cargos desprovistos de compromisos, dados como premio, y asumidos como la entrega de un cheque en blanco por el que los diputados y senadores ocupaban el espacio y gozaban de los privilegios, sin tener que regresar a sus zonas de representación y sin rendir cuentas a nadie por su buen o mal desempeño.

Hoy, sin embargo, el país se encuentra frente a grandes retos que quién sabe si sigan haciendo posible la existencia de “dar tormento” nuevamente a la Constitución. Eso parece imposible, debido a que hoy el poder no es vertical, a que el país no está dominado por una sola voluntad o por un solo partido; y porque aún ante el regreso del PRI al poder presidencial, éste no tiene la fuerza suficiente como para volver a imponer un régimen en el que la necesidad norme a la ley, y no ésta a aquella, como se supone que debe de ser.

 

REFORMA LABORAL

Esto lo veremos con la reforma laboral, que está en vías de aprobarse. La discusión es intensa y trascendental, esencialmente porque lo que reviste es una reforma constitucional en la que nadie tiene mano ni preferencia, y en la que deberá participar todo un concurso de conciencias y voluntades. El único problema es que aún en la imposibilidad del tormento, el otro mal que nos aqueja es el de la parálisis. Y eso es igual o peor que lo anterior.

Amenazas de violencia social: no es el tiempo

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+ Segunda alternancia: oportunidad de diálogo

 

Hoy inicia, políticamente, el proceso de abandono del poder por parte del presidente Felipe Calderón Hinojosa. Una vez que pasó la ceremonia del Grito de Independencia, lo que sigue es acelerar el proceso de entrega-recepción con el equipo de transición del gobierno electo de Enrique Peña Nieto, y prácticamente esperar a que llegue el día de la transmisión del Poder Ejecutivo. Este escenario, en fechas como las que estamos viviendo hoy, aún genera preocupación sobre posibles brotes de violencia por motivos políticos. Hay razones objetivas para suponer que nada de eso ocurrirá.

En efecto, con motivo de las fiestas patrias, en varios lugares del país —entre ellos Oaxaca— no dejaron de aparecer mantas y pintas en tono amenazante, reprochando aún la “imposición” de que será objeto el nuevo Presidente de México, y dejando ver posibles brotes de violencia relacionados con el cambio de gobierno o con la situación política que vive el país. Salvo que haya expresiones aisladas, lo cierto es que un momento político como éste implica otro tipo de desafíos, pero no necesariamente uno relacionado con el surgimiento de un movimiento armado o de expresiones de rompimiento relacionadas con la violencia.

Hace seis años, por ejemplo, un momento como éste era de tensión extrema. Entonces sí, el resultado electoral había dejado lastimadas a muchas conciencias e intereses en México, y con toda seguridad no faltaban algunos cientos de personas dispuestas a replicar un posible llamado a abandonar la vía institucional y tomar las armas. Ese fue el riesgo que se vivió en 2006 con el movimiento de Andrés Manuel López Obrador. Y aún con todo lo que puedan atacarlo y descalificarlo todos sus malquerientes juntos, lo cierto es que el tabasqueño mantuvo la prudencia, y su palabra democrática, que dirimir sus conflictos por la vía de las instituciones y la voluntad ciudadana, y no de la violencia como muchos le sugerían.

Hoy, en cuanto a los movimientos sociales y políticos que pudieran derivar en violencia, no existe un riesgo como ese. El mismo López Obrador, aún cuando de nuevo se dijo víctima de un fraude electoral, ya estableció con toda perfección la ruta política que seguirá para los próximos años. Ésta no incluye ningún tipo de rompimiento del orden establecido. Y a pesar de que en los meses recientes se han magnificado posicionamientos de grupos armados como el EPR, en el sentido de que ante la imposición habrá revolución, lo cierto es que éste y otros grupos no parecen tener definiciones claras respecto a posibles acciones de violencia o sabotaje en el corto o mediano plazo.

¿Qué queda entonces? Lo único que, al parecer, podría ocurrir, son expresiones aisladas de ciertos grupos que buscan ejercer la violencia más vandalismo o delincuencia que por tener una auténtica motivación o fundamentación política o ideológica. En los últimos meses hemos visto, por ejemplo, que en Oaxaca ciertos grupos violentos han intentado arrogarse las banderas de movimientos como el #YoSoy132, aunque claramente han dejado ver que sus posicionamientos políticos son prácticamente inexistentes, que además ejercen la violencia como meras expresiones de porrismo y vandalismo, y que, en general, carecen de cualquier forma de respaldo social o aceptación incluso en los sectores poblacionales o intelectuales a los que dicen representar.

No obstante, no debemos perder de vista el hecho de que aún cuando no haya expresiones armadas importantes o de violencia radical, esto no debe significar que el estado de cosas continúe siendo inmodificable o que todo esté caminando por la ruta correcta dentro de los asuntos que interesan al movimiento popular en nuestro país.

Esta segunda alternancia de partidos en el poder presidencial, pues, implica una enorme oportunidad que debe ser valorada y considerada por todos los involucrados en la magnitud que correctamente debe tener. Si hay alguna expresión posible de cambio, ésta debe ser aquella que traiga un momento tan específico como el que estamos a punto de vivir con el cambio de gobierno, de partido y de régimen en el poder, en nuestro país.

 

MOMENTO DE CAMBIO

Un gobierno como el que encabezará Enrique Peña Nieto como Presidente de México implica la posibilidad de abrir una nueva ruta de diálogo. Todo cambio constituye también una nueva oportunidad en política. Y, en el mejor de los casos, esa oportunidad debía ser encaminada a aprovecharla en la generación de una relación en la que los extremos comiencen a descartar sus posiciones irreflexivas o radicalizadas, y pudieran comenzar a generar puntos de coincidencia.

Esto que decimos en las líneas anteriores parece el mejor escenario. Pues es claramente previsible que los sectores más radicales del país difícilmente podrán tener, de entrada, puntos de coincidencia con un gobierno como el de Peña Nieto. Sin embargo, lo que sí puede haber son ciertos visos de distensión y de “beneficio de la duda” a lo que, aún con toda la carga de que el cambio haya sido a favor del PRI, es una expresión distinta que asumirá el poder y que necesariamente genera expectativas distintas a las actuales.

Lo deseable en este sentido, aunque quién sabe si ocurra, es que el nuevo gobierno federal pueda tener la capacidad de aprovechar ese momento del primer tramo de su gobierno, para consolidar esas condiciones de paz a través de medidas y decisiones de distensión, y no que para tratar de legitimarse entre en la ruta de golpear a los grupos tradicionalmente censurados por beligerantes o radicales, y que esto no sólo cierre cualquier posibilidad de entendimiento, sino que además genere condiciones de riesgo para la paz y la gobernabilidad en nuestro país.

Por todo eso, hoy no parece ser una preocupación mayor aquellas expresiones que apuntan a la violencia. Si lo hacen, lo harán como formas de mera manifestación pero no como esfuerzos sistemáticos por tratar de generar una ruptura en el orden constitucional o en la estabilidad del nuevo régimen. Eso queda bien claro. Porque hoy las condiciones del país no son tan complejas ni tan riesgosas como sí lo fueron en 2006, cuando la paz estuvo apenas a un tris de perderse.

 

GRUPOS SECUESTRADOS

En Oaxaca dicen que existen representaciones como la del Movimiento #YoSoy132. Sin embargo, esas expresiones son meramente porriles y nada dialogantes. ¿Existen de verdad? Qué lamentable que gente nefasta como El Alebrije, se diga 132 y sólo lo haga para sentirse algo más que un simple “chavo banda”.

Grito de Independencia: su trascendencia histórica

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+ ¿Por qué hoy en la noche? ¿Por qué no otra fecha?

 


La historia de México es casi tan compleja como lo es hoy nuestro país. A lo largo del tiempo, a todos los mexicanos nos han inculcado la veneración incuestionable por ciertas figuras patrióticas, aunque en pocas ocasiones han tenido la delicadeza de explicarnos por qué debemos honrar la memoria y el legado de esas personas.

Y es que en un día como hoy, surge cada año la polémica acerca de por qué conmemorar nuestra Guerra de Independencia por su inicio y no por su culminación; por qué venerar al Cura don Miguel Hidalgo y Costilla y no a Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero; por qué esta celebración debe hacerse hoy por la noche y no mañana al alba. En fin, los mexicanos daremos El Grito aunque la gran mayoría de nosotros no sepa ni por qué.

En este sentido, es claro que la historia de México representa un signo claro de la democratización de nuestro país. De hecho, si volteamos al pasado reciente, podremos darnos cuenta que hace apenas veinte o treinta años las opciones para conocer la historia de nuestro país eran reducidas y, la mayoría de ellas, incompletas, insuficientes o francamente deficientes.

Por eso, más allá de quienes se adentraban de manera profesional y científica (el término no es exagerado) en el estudio de la historia nacional, prácticamente no existían otras fuentes de información más que los libros de texto gratuitos de la SEP, las monografías que vendían en las papelerías (las famosas “láminas” que todos utilizamos como fuente de información en nuestra educación básica) y las pequeñas biografías (también vendidas en las papelerías) que tenían impresa, en una de sus caras, el rostro dibujado de los próceres nacionales; y en la otra, algunos de los datos más importantes de su obra y trascendencia.

Fuera de eso, no existían divulgadores de la historia, libros de reciente creación, literatura amena y estudios publicados en medios al alcance de la población. Si eso no existía, mucho menos había posibilidad de que existieran visiones distintas de la historia. Explicaciones, pues, dadas por historiadores de izquierda, de derecha o de centro; o versiones discordantes de lo que siempre habíamos aprendido en las aulas escolares. Esto, pues, significaba que la historia era casi monosílaba, que era casi absoluta, y que era fuertemente limitada por el desinterés y por la falta de tolerancia y apertura a todas las visiones.

Todo eso cambió en pocos años. De hecho, desde mediados de la década antepasada (los años noventas del siglo veinte) la divulgación de la historia nacional comenzó a tener otra perspectiva, y las investigaciones históricas se intensificaron y se masificaron. De haber pocas expresiones masivas, algunas de ellas importantes pero ciertamente aisladas, comenzaron a haber series televisivas históricas, telenovelas, series de investigación e, incluso, en los centros educativos comenzó también a haber historiadores serios, con rigor y con tremendo impulso por explicar la realidad nacional a partir de la divulgación de conocimientos históricos, y de aclarar ciertos pasajes de la historia que hasta entonces estaban mitificados, escondidos, distorsionados o simplemente relegados de la historia nacional.

Hasta aquellos tiempos la historia era mínima, era limitada y, para el grueso de la población, era solamente una. Hasta antes de eso, no había posibilidad de disentir, de polemizar o de aportar datos o despejar episodios, porque eso podría también significar de algún modo cuestionar al régimen, al partido dominante o al grupo gobernante. Y eso era algo así como un sacrilegio. Por lo que se prefería la no polemización y la abstinencia histórica que poco a poco hemos ido eliminando.

 

HECHOS RELEVANTES

Quizá por eso los mexicanos hemos evitado la fatiga de preguntarnos el por qué de algunos episodios. Uno de ellos, fundamental, es el relativo a por qué conmemoramos nuestra independencia el 16 de septiembre, por el inicio, y no el 27 del mismo mes, por la consumación. De hecho, no es raro encontrar a personas que, en su ignorancia, suponen que la guerra de independencia duró 11 días, y no los once sangrientos y turbios años (paradójicamente la guerra duró, del 16 de septiembre de 1810 al 27 de septiembre de 1821, 11 años con 11 días) que pasaron desde el inicio hasta el fin.

Para eso hay una explicación en dos sentidos. El primero de esos sentidos, tiene que ver con la disposición contenida en los Sentimientos de la Nación, documento a través del cual el generalísimo don José María Morelos y Pavón presentó el proyecto de Constitución de Apatzingán el 14 de septiembre de 1813. En el punto 23 de dicho documento se establece que: “Que igualmente se solemnice el día 16 de septiembre todos los años, como el día aniversario en que se levantó la voz de la Independencia y nuestra santa Libertad comenzó, pues en ese día fue en el que se desplegaron los labios de la Nación para reclamar sus derechos con espada en mano para ser oída; recordando siempre el mérito del grande héroe, el señor Dn. Miguel Hidalgo y su  compañero Dn. Ignacio Allende.”

El segundo tiene que ver con una circunstancia posterior, relacionada con don Porfirio Díaz. Se discute aún largamente por qué el Grito de Independencia se da el día 15 de septiembre por la noche, y no en las primeras horas del día siguiente, tal y como lo dispuso el generalísimo Morelos. La respuesta se encuentra en la fecha de cumpleaños del general Díaz y la decisión de empatar, como Presidente de México, las fechas patrias con su propio festejo. Y es que el general Díaz nació el 15 de septiembre de 1830. Por eso, en aquellos tiempos, el Grito era el preámbulo del festejo y baile en honor de su cumpleaños. Y después se nos quedó como parte de una tradición que, a pesar del repudio al Soldado de la Patria, se nos quedó y sigue siendo tal hasta nuestros días.

 

EL GRITO Y EL SILENCIO

Dice el gran Octavio Paz en El Laberinto de la Soledad que “nuestro calendario está poblado de fiestas. Ciertos días, lo mismo en los lugarejos más apartados que en las grandes ciudades, el país entero reza, grita, come, se emborracha y mata en honor de la Virgen de Guadalupe o del General Zaragoza. Cada año, el 15 de septiembre a las once de la noche, en todas las plazas de México celebramos la Fiesta del Grito; y una multitud enardecida efectivamente grita por espacio de una hora, quizá para callar mejor el resto del año.” Lo seguiremos haciendo, a pesar de asegurar que estamos cambiando.

LUB: su posición dentro del PAN es muy débil

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+ Alianzas sólo de poder; no hay programa serio

 

Ayer, el edil de la capital oaxaqueña, Luis Ugartechea Begué, adelantó que si para 2013, “la coalición es una agenda de poder, no cuenten conmigo”. Esta afirmación, que pareciera ser parte de una convicción democrática, en realidad encierra un conjunto de cuestionamientos sobre la utilidad y contenido de las alianzas electorales conformadas en Oaxaca. Sólo que el Alcalde citadino no podría ser crítico legitimado de simples conjuras políticas, de las que él, resultó ser uno de los principales beneficiarios.

En efecto, ayer Ugartechea se soltó a hablar de temas políticos y electorales, y dijo cosas importantes. Según la Agencia Quadratín Oaxaca, señaló, por ejemplo, que él le apostó a la coalición en términos de la alternancia, y dijo que “se consiguió tal efecto en el 2010 así como los avances que se han tenido en la transición”, pero aseguró que la agenda da para más y que hace falta tener un proyecto más claro para lograr consumar esa transición democrática que muchos oaxaqueños anhelamos. También dijo que nunca más la ciudad debe ser un trampolín político, y por eso recalcó que él entregará el Ayuntamiento en enero de 2014, tal y como lo marca la ley. ¿Qué se desprende de estas afirmaciones?

La respuesta debemos verla, por un lado, dentro del PAN y del grupo político con el que se identifica el edil Ugartechea; y por el otro debemos verla en el contexto estatal, en el que todo apunta a la conservación de una alianza de partidos en aras de conservar la estabilidad del grupo gobernante. En esas dos bandas puede explicarse la pretendida visión democrática del Munícipe y sus críticas tardías a alianzas como la que lo llevó al gobierno municipal de la capital oaxaqueña.

Vayamos primero al contexto interno del PAN. Ugartechea es uno de esos no-panistas que llegó desde otras trincheras a ese partido, y capitalizó el momento y las fortalezas electorales que se presentaban. Éste —al igual que otras figuras icónicas del panismo oaxaqueño que, sin embargo, no son militantes del partido albiazul—, llegó al PAN desde el sector empresarial, y lo hizo impulsado ciertamente por panistas que vieron en él la representación de los sectores económicos y la llamada “vallistocracia”, que había sido relegada en la toma de decisiones en los partidos a lo largo de los últimos años.

En ese sentido, Ugartechea era altamente rentable. Era un empresario esforzado, de familia reconocida, bien visto por las élites opositoras (léase el grupo del ahora gobernador Gabino Cué) y capaz de generar un discurso de innovación, de cambio y de atención a los sectores que habían sido más lastimados y desdeñados por el gobierno estatal priista de Ulises Ruiz, y por las dos administraciones municipales emanadas de ese partido.

Ugartechea intentó primero ser diputado federal en 2009 y fracasó producto de la atomización del voto que generaba la ausencia de una alianza y el apoyo que recibía el PRI desde el poder estatal. Luego, en 2010, el reparto de posiciones en la conformación de la alianza electoral lo colocó como el más viable candidato al Ayuntamiento citadino, y todos los demás partidos coaligados, hicieron campaña por él.

De hecho, en los tiempos del proselitismo, Ugartechea se notaba apático ante la postulación, incrédulo sobre la posibilidad de ganar, y lejano del trabajo electoral que otros realizaban en su nombre. Él no hizo campaña. Y llegó al gobierno municipal empujado por el enorme efecto de aceptación que generó el gobernador Cué, como candidato, entre los votantes.

Esta suerte marcó el destino de Ugartechea dentro del PAN. Y es que él, a pesar de ser una figura electoralmente rentable, no tiene identidad con ninguno de los sectores fuertes del panismo, y su cercanía indirecta con el presidente Calderón (a través de los Esponda) hoy es más un lastre que un beneficio. Además, el PAN de Oaxaca quedó fuertemente debilitado en las elecciones del presente año. Y como pinta el panorama, será difícil que pueda recuperar posiciones en la capital oaxaqueña aún en la posibilidad de ir en una coalición. ¿Por qué?

Porque si la coalición reparte las posiciones en base a sus últimos resultados electorales, el PAN sería el partido al que menos le tocaría. Además, aún en la posibilidad de que el blanquiazul tuviera nuevas oportunidades, éstas serían entregadas a quienes estuvieran identificados con el grupo que finalmente llegue a la dirigencia estatal. Y Ugartechea, según se ha visto, en su momento no tuvo el poder para colocar a un personaje afín cuando menos en el Comité Municipal de ese partido. Por eso, sus aspiraciones son mínimas. Sabe que en el PAN hay pocas oportunidades para los años siguientes.

 

ALIANZAS SIN CONTENIDO

Lo que exige hoy Ugartechea de las alianzas electorales, es lo mismo que debió decir en 2010 cuando fue postulado por una de ellas. Si en el contexto estatal la alianza de partidos era práctica para ganar el poder y provocar la alternancia, en el ámbito municipal esto no era aplicable. Pues desde 1996 que Pablo Arnaud ganó la alcaldía bajo las siglas panistas, en la capital oaxaqueña ha habido cuando menos tres alternancias de partidos en el poder municipal.

Sólo por eso Ugartechea debió exigir entonces lo que señala ahora. Es decir, debió pedir no sólo una alianza para alcanzar el poder, sino una alianza dotada de contenido político y programático, así como de un conjunto de compromisos conjuntos de todos los partidos para generar un mejor gobierno y una mejor administración.

No lo hizo. Y por eso, la gestión que él encabeza no ha sido mejor (tampoco peor, porque las últimas priistas fueron insuperablemente desastrosas) que sus antecesores. Simplemente han continuado los mismos esquemas de trabajo. Y por eso, a pesar de que su gobierno está hecho de la alianza PAN, PRD, PT y Movimiento Ciudadano, pocas han sido las innovaciones y los avances sustantivos que puedan ser legado para el futuro.

 

PANORAMA NEGRO

A pesar de todo eso, sería un error político de grandes magnitudes el hecho de que Ugartechea simplemente evitara involucrarse en la definición, independientemente del partido, de quién será su sucesor. El perredismo llevará mano en esa definición. Y puede ser que la balanza de la candidatura negroamarilla se incline a favor de un indeseable como el diputado federal Hugo Jarquín. Eso sí sería poner a la ciudad en manos de caníbales listos para devorarla. Y con y sin coalición, Ugartechea y varios más deberían hacer algo para evitarlo.