Home Blog Page 379

Transparencia: que Congreso no se equivoque…

0

+ Si no hay experiencia, entonces que no concursen

 

El proceso para elegir a los integrantes de la nueva Comisión de Transparencia, parece ir para ningún lado. El proceso de elección va más allá de la mitad, y resulta que los diputados de la LXI Legislatura siguen sin confiar en los procedimientos y responsabilidades que ellos mismos establecieron, y ahora se dicen preocupados por la falta de preparación, experiencia y/o independencia por parte de quienes aspiran a esos cargos. Lo que queda claro, de nuevo, es que los diputados no saben qué están eligiendo.

En efecto, fueron los mismos diputados quienes, por un consenso, emitieron una convocatoria a través de la cual establecían los pasos a seguir para el registro y la elección de los integrantes de la Comisión de Acceso a la Información. Esa convocatoria, en resumen, invitaba a inscribirse a todas las personas interesadas en el cargo, que cumplieran con los requisitos establecidos en la Constitución del Estado.

Después, establecieron, se llevaría a cabo la revisión documental de los expedientes relativos a cada uno de los aspirantes, para luego determinar quiénes sí cumplían con lo establecido por la convocatoria, y ser llamados a comparecer ante la Comisión Instructora para que los entrevistara y ahí expusieran sus respectivos proyectos de trabajo como aspirantes al cargo de Comisionados. Finalmente, se estableció que la elección de cada uno de los tres Consejeros se realizaría mediante ternas elaboradas por la Comisión Instructora, que serán sometidas a la consideración del pleno, quien deberá elegir a cada uno de ellos por mayoría calificada.

La respuesta a esta convocatoria fue nutrida. Sólo para competir por los cargos de Comisionado se inscribieron al proceso más de cuarenta personas. Había de todo: servidores públicos, académicos, periodistas, “investigadores” y hasta personas sin mayor mérito, que simplemente decidieron poner a prueba a las instituciones y participar en un proceso que, según se decía, estaba abierto a toda la sociedad por implicar nada menos que la integración de un órgano autónomo.

De esas cuarenta personas, la Comisión Instructora estableció que unas 28 sí cumplían con los requisitos establecidos por la Constitución y la convocatoria, y la semana pasada se llevaron a cabo las entrevistas respectivas a cada uno de los aspirantes. Según lo establecido, lo único que quedaría pendiente es que la Comisión Instructora determine quiénes serán los integrantes de cada una de las ternas, y se lleve a cabo la sesión en la cual se someterá a votación el dictamen respectivo.

¿Cuál es el problema? Que a estas alturas comienzan a brotar dudas sobre la viabilidad del proceso, y no precisamente por parte de los participantes sino, paradójicamente, de quienes se supone que tienen la responsabilidad permanente de velar por su correcto cumplimiento y por la preservación de los principios constitucionales relativos al derecho de acceso a la información.

Y es que según hemos visto en los últimos días, diputados como Margarita García García y Alejandro López Jarquín, han manifestado cuestiones que sí revelan preocupación, pero que lo hacen respecto a temas con los que ellos mismos deberían estar comprometidos y vigilantes como diputados que son de la Legislatura que ha sido la encargada de renovar a todos los órganos autónomos que establece la Constitución del Estado.

 

PREOCUPACIÓN PATÉTICA

Por ejemplo, en una entrevista publicada ayer en el periódico Noticias (Pág. 13-A), el coordinador de la fracción perredista, Alejandro López Jarquín, decía lo siguiente: “aunque por ley se pide experiencia probada en materia de transparencia, la mayoría de los registrados no cubre ese requisito, lo que constituye un punto muy preocupante. Hay candidatos con mucha capacidad, por ser maestros o doctores en Derecho, pero no tienen experiencia probada en materia de transparencia.”

Luego, rompiendo con el equilibrio mínimo que se supone que debe tener alguien que va a formar parte de un cuerpo electoral, el diputado López señalaba lo siguiente: “En cuanto a los ocho recomendados de Genaro Vásquez, son personas que trabajan en la Comisión de Transparencia, y traen la recomendación de Vásquez Colmenares para mantener el estado de cosas al interior. Ellos representan favores de la pasada administración estatal.” Por eso, remataba, “es muy difícil que reciban el respaldo de la LXI Legislatura”.

¿No es ridículo lo señalado por el diputado? Y es que, en primer término, si no es con méritos académicos, profesionales y de experiencia en el servicio público, ¿cómo quiere que alguien dé certeza de su “experiencia probada en materia de transparencia”? Porque si, según el diputado, se atiende sólo a los antecedentes académicos, son insuficientes los méritos por ostentar el grado de maestro o doctor en derecho. Si se atiende al servicio público, tampoco hay quien cubra el requisito.

Y, bueno, si nos ponemos estrictos, los únicos que podrían cubrir ese aspecto serían justamente los empleados del IEAIP, quienes sí tienen experiencia probada en materia de transparencia, pero que según López Jarquín —y en eso no se equivoca— fueron enviados por Vásquez Colmenares, aunque quién sabe si para preservar los intereses del anterior régimen… o para algo menos elevado, como la conservación de la chamba.

Ahora bien, veamos a la diputada García, que ayer también en las páginas de Noticias (Página 6-A) señalaba que “ya el Congreso carga con la duda publica sobre la designación de los órganos autónomos anteriores y esta ocasión, sociedad en general, diputados y diputadas queremos participar de un proceso transparente que cumpla a cabalidad los designios de la ley y los requerimientos éticos que puedan darle verdadera legitimidad a un órgano autónomo.”

 

¿SON O NO SON?

Ese “proceso transparente” del que habla la Diputada sólo puede ser vigilado… ¡por ellos mismos! ¿O a poco ella fue ajena a la “elección” de Arturo Peimbert, de Carlos Altamirano o de Alberto Alonso Criollo? Si la diputada García está tan preocupada por la responsabilidad de los diputados, ella y los otros 41 diputados son los únicos que pueden hacer algo para modificar eso, antes que darse golpes de pecho, falsos, ante la ciudadanía. Y qué decir del diputado López: está gravemente extraviado en sus propias concepciones sobre la experiencia probada y los méritos profesionales de los aspirantes. Ojalá y éste no sea el preámbulo para la derrota anticipada de la democracia y, en este caso, de la transparencia.

Webster-Mancera: los amigos sí cuestan…

0

 

+ Oaxaqueño revela tensión Mancera-AMLO

 

Más allá de lo profesional, hay una razón de peso que llevó a Andrés Webster Henestrosa al equipo de transición de Miguel Ángel Mancera Espinosa como jefe de Gobierno Electo del Distrito Federal: la estrecha relación de amistad que ambos guardan desde sus tiempos como universitarios. Si desde ahí desdoblamos la otra parte de esta historia, podremos ver, además, cómo el intento de un gobernante por beneficiar a un amigo puede desencadenar las tensiones que se generan entre los caciques perredistas de la capital de la República.

En efecto, Webster Henestrosa hoy es beneficiario de un conjunto de circunstancias que no sólo él construyó, sino que también son casuísticas. Por un lado, se encuentra todo el conglomerado de intereses que ha venido construyendo desde que llegó, hace ocho años, a la Secretaría de Cultura del Gobierno de Oaxaca (cuestión de la que ya dimos cuenta con cierta amplitud en nuestra entrega de ayer lunes), pero también el hecho casual de haber trabado estrecha amistad con un abogado prestigiado de la capital del país que, también sin ser parte de un proyecto partidista definido, es hoy gobernante electo de la Capital de la República.

Mancera, como bien ha quedado claro, no era parte del proyecto transexenal perredista para la capital del país. De hecho, el mismo Marcelo Ebrard, que fue quien lo incluyó en el gabinete luego de la crisis política generada por los hechos en la discoteca News Divine, no tenía a Mancera entre sus posibles candidatos. El Jefe de Gobierno saliente impulsó hasta el cansancio al hoy senador Mario Delgado como su posible sucesor.

Pero por razones de apatía natural y de falta de arraigo entre los capitalinos, Delgado simplemente nunca figuró como un candidato competitivo. Al final, en el momento de las decisiones, ni las tribus radicales de la capital del país que responden fielmente a los intereses de Andrés Manuel López Obrador, ni quienes respondían a los dictados de Ebrard, pudieron presentar a candidatos con garantía de triunfo. Mancera quedó en medio de todos ellos, y resultó candidato por alguna suerte de exclusión, y sin ningún otro respaldo más que las simpatías que despertaba y los buenos números que entregaba en las encuestas.

No obstante todo eso, Mancera arrasó la capital del país. No se equivocaban los analistas políticos de la capital de la República, cuando aseguraban que con ese triunfo obtenido por más de cuarenta puntos porcentuales por encima de su más cercano competidor, Mancera no iba enfilado a ser Jefe de Gobierno, sino a convertirse en una suerte de “Miguel Ángel I”, como dando a entender que con ese enorme grado de aceptación podría aglutinar a las grandes masas perredistas que aún se encuentran en manos de López Obrador.

Ese hecho, de entrada, generó tensiones entre los grupos perredistas que han gobernado la Ciudad de México. A nadie le gusta perder el poder. Y ese es el supuesto se encuentran AMLO y Ebrard, que ahora ven cómo el poder que han tenido se les comienza a diluir, para ubicarse a favor de un personaje que no saben si va a responder a sus intereses. Y, en todo esto, el primer botón de muestra de esas tensiones, y de la independencia que está demostrando Mancera frente a quienes aún pretenden asumirse como sus jefes políticos, o por lo menos pretenden presionar para que siga respondiendo a sus intereses.

 

AMISTAD COSTOSA

Quizá la circunstancia más determinante para la invitación que Mancera le hizo a Webster Henestrosa para incorporarse a su equipo de campaña, fue la amistad entre ambos. Sin embargo, pronto se dieron cuenta que una decisión aparentemente intrascendente, para un tema asimismo poco relevante para la vida política de la capital del país, encendió los ánimos de todos aquellos que sólo estaban esperando el momento y el pretexto para demostrar su inconformidad con el Jefe de Gobierno Electo de la capital de la República. ¿Por qué?

Porque ante el nombramiento de Webster, fueron varios de los más acendrados lopezobradoristas del ámbito cultural, quienes protestaron por su nombramiento. Dos de ellos, la escritora Elena Poniatowska, y el historiador Paco Ignacio Taibo II —que incluso fueron parte del “gobierno legítimo” de AMLO desde 2006, y que además de ser obradoristas declarados, tenían altas expectativas de aparecer en el gabinete federal de haber ganado AMLO las elecciones presidenciales—, firmaron la carta que hace unos días se publicó en un diario de la Ciudad de México, en donde se decían agraviados por la invitación que el equipo de transición de Mancera le había formulado a Webster, y exigían que no apareciera en el próximo gabinete del Gobierno del Distrito Federal.

Como en política no existen las casualidades, lo único cierto es que la protesta vino no sólo por la poca talla que los intelectuales de la capital del país le ven a Webster como encargado de la política cultural de la capital del país, sino sobre todo porque para definir esa invitación, y el inminente nombramiento, no tomaron en cuenta al lopezobradorismo, que pretende seguir presionando para gobernar y tener posiciones de distinta índole en el gobierno capitalino.

Al final, para efectos de los rejuegos de la política de la capital del país, Webster fue sólo el pretexto. Su presencia sólo demostró que su relación personal con Mancera, pudo tanto o más que los intereses que representa (los del respaldo, hoy en entredicho, del maestro Francisco Toledo, y del filántropo Alfredo Harp Helú); pero también que ahí, en donde se supone que la política es de más altura, también los cacicazgos como el de López Obrador, intentan imponerse aún frente a un poder que apenas está en vías de tomar el control político de la capital de la República, y que por naturaleza tiende a fortalecerse y consolidarse.

 

ACOMODATICIO

Al final, Andrés Webster logró un acomodo más, de los varios que ya ha hecho a lo largo de su relativamente corta carrera en la vida pública. Primero se incluyó en un gobierno, el de Ulises Ruiz, del que no era cercano. Luego sacó ventaja de las intrigas que sumieron a Patricia Zárate como titular de Cultura. Después se afianzó gracias al acomodo que logró con Francisco Toledo y Alfredo Harp, para finalmente trascender, en un nuevo acomodo, en el gobierno de la alternancia en la entidad. Hoy, sin embargo, su salto maestro corre riesgo de ser fallido ante las disputas por el poder en la Ciudad de México. Él es el pretexto. Pero puede ser el primer gran perjudicado de ese forcejeo.

Webster: Todo se explica en sus alianzas

2

+ Participación en 2006: el argumento fácil

 

A muchos causó sorpresa la renuncia de Andrés Webster Henestrosa a la Secretaría de las Culturas y Artes de Oaxaca. Más asombro provocó la causa de su dimisión: había sido invitado a formar parte del equipo de transición del jefe de Gobierno electo del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera. No tardaron en aparecer las descalificaciones y las incredulidades. Curiosamente, nadie pareció alegrarse por la aparente buena suerte del oaxaqueño, que ahora estaría en vías de integrarse al segundo gobierno más influyente del país. ¿Cuál es la razón de ello?

El paso de Andrés Webster por la Secretaría de las Culturas no puede explicarse sin su origen y, sobre todo, sin sus alianzas. Antes de incorporarse al gobierno de Oaxaca, el nieto del escritor Andrés Henestrosa no tenía experiencia en el ámbito público y, a ras de suelo, tampoco en el sector cultural. Llegó, de hecho, impulsado por la necesidad de legitimación y de inclusión que tuvo en ese sector el gobierno de Oaxaca cuando, en 2004 y con el arranque de la administración del gobernador Ulises Ruiz, elevó el Instituto Oaxaqueño de las Culturas al rango de Secretaría, y anunció que a través de ésta habría un impulso sin precedentes a la actividad cultural de nuestra entidad.

La primera secretaria de Cultura, quizá algunos lo recuerdan, fue Patricia Zárate de Lara. A ella, sin embargo, no la dejaron nunca concretar sus objetivos razones personales, de salud, pero también la lucha por el poder que se dio dentro de la propia Secretaría que a ella le había tocado iniciar. Pronto se le enquistaron todo tipo de “gestores” y “promotores” que no hacían sino responder a intereses de pequeños grupos de artistas, que no alcanzaban a generar los consensos ni la homogeneidad y aceptación del sector, que según parece, era fundamental para el trabajo de cualquier titular de esa Secretaría.

Patricia Zárate se fue de esa Secretaría, por motivos que nada tenían que ver con el conflicto magisterial o las intrigas por las que ahora algunos pretenden descalificar a Webster. Zárate no era parte del sector público, no entendió su compleja dinámica, y por eso nunca pudo enrolarse en él. Por eso se fue. Y Andrés Webster se quedó como subsecretario encargado del despacho de la Secretaría. Y así duró meses, hasta que finalmente fue ratificado, no tanto por ser una figura determinante para el proyecto cultural del gobierno, sino simplemente para terminar con las ambiciones de más de uno, que ya se veía despachando en el espacio que meses antes había dejado la maestra Zárate.

Según se vio, Webster pudo no haber sabido mucho de cultura, pero sí entendió bien el escenario en el que se desenvolvía. Por eso, desde el inicio de su gestión selló su permanencia a través del establecimiento de dos alianzas que, a la vista de todos, son las que hacen realmente funcionar a la cultura en Oaxaca. Por un lado, Webster trabó alianza con el maestro Francisco Toledo, y con él se adhirió todo el conglomerado de instituciones, personajes, gestores, corredores de arte, exposiciones, y grupos que encabeza el connotado pintor juchiteco.

Y por el otro, Webster recibió la venia del filántropo Alfredo Harp Helú, quien, desde sus propias trincheras culturales (que, sin duda, son las más importantes de Oaxaca, por las razones que señalaremos en líneas posteriores) decidió abrir el paso a la gestión de Webster, pero sólo como coadyuvante subsidiaria de su propia agenda cultural para la entidad, y no como un colaborador privado del gobierno… como en la lógica normal se supone que debería ser.

Por eso Andrés Webster fue un secretario inamovible hasta que quiso irse del gobierno de Oaxaca. El hecho de que por un lado el maestro Toledo no lo cuestionara ni lo descalificara, implicaba tener uno de los mayores consensos (¡qué paradoja!) del mundo cultural local. Y con el respaldo de Alfredo Harp, y su abrumadora capacidad económica, tenía garantizados una serie de elementos, espacios, festivales, actividades, recursos económicos, relaciones, y demás, que habrían podido sostener por sí solo a cualquier individuo que, con esas alianzas, ostentara el cargo aludido.

 

MUNDO SIN MATICES

Cada sociedad tiene su propia dinámica, y sólo entendiéndola uno puede comprender lo que es necesario para poder subsistir en ella. Webster entendió claramente eso y por eso pudo sobrevivir incluso a lo inimaginable: la alternancia de partidos en el poder en Oaxaca. Aunque no era bien visto, tuvo que ser soportado por los “agentes del cambio” que veían en él una reminiscencia del pasado que querían borrar. Y seguramente, esas alianzas pudieron haber sido determinantes para la invitación que le formuló Mancera para incorporarse a su equipo de trabajo.

Sin embargo, aunque Oaxaca tiene una de las más intensas vidas culturales de todo el país, y aquí conviven varios de los personajes más influyentes del país en ese ambiente, lo cierto es que la dinámica oaxaqueña no es la misma que la de la capital del país. Por eso, los sectores influyentes de la Ciudad de México respingaron de entrada ante su nombramiento, y ante la imposibilidad de pelearse con los aliados de Webster, todos optaron por sacar a relucir su participación el gobierno de Ulises Ruiz.

Y es que, según parece, nadie estaría dispuesto a pelearse con alguien como Francisco Toledo, que hoy por hoy encabeza el sector de los artistas plásticos en el país, o con Alfredo Harp, que es uno de los principales financiadores del ambiente cultural de Oaxaca y de toda la República Mexicana. Por eso, aunque todos se molestaron porque esos dos factores fueron los que triunfaron en el ánimo de Mancera, unos y otros cuestionaron otros temas relacionados con Webster, que ni siquiera tienen que ver con la eficacia de su actuación como titular de Cultura del Gobierno de Oaxaca.

 

SUS ALIANZAS

Ahí tendrían que hacer blanco todos los cuestionamientos que se hacen en su contra. No fue un Secretario de Cultura excepcional, y tampoco fue un gran administrador, como quizá también tendría que ser necesario para cualquier dependencia gubernamental. Su gestión no estableció agenda o parámetro cultural alguno en Oaxaca. Y tampoco tuvo los alcances por los que alguien, con su solo talento y trabajo, podría pasar de un gobierno a otro. El tema son sus alianzas. Por eso tiene ahora tantos malquerientes. Pero por eso mismo, a pesar de que en Oaxaca el gobierno es coadyuvante de la cultura en manos de privados, a Webster lo premiaron con una propuesta de trabajo de ese tamaño.

Poder y Ley: ¿Qué cambio queremos en México?

0

 

+ Hoy, imposible dar “tormento” a la Constitución

 

El general de División Gonzalo Natividad Santos, era un potosino que llevaba el apodo de “El Alazán Tostado”. Fue un cacique de su región, que emergió a la vida pública mexicana cuando en 1910 se sumó a las fuerzas que llevaron a don Francisco I. Madero a la Presidencia de la República, y luego, cuando años después se sumó al Ejército Constitucionalista de don Venustiano Carranza.

Fue, literalmente, uno de los hijos predilectos de la Revolución, y fue uno de los primeros en sumarse al Partido Nacional Revolucionario. Y de ahí partió hacia una larguísima vida política en la que ocupó diputaciones, senadurías y, con singular mano dura, la gubernatura de San Luis Potosí. A él se le deben algunas de las más célebres frases de la vida política de nuestro país. Una de ellas es la que dice que, en México, “la moral es un árbol que da moras”; otra es la relativa a los “ierros” que aplicaba a sus enemigos (encierro, destierro y entierro). Y otra que hoy cobra particular relevancia, es aquella de “dar tormento” a la Constitución.

Centrémonos en esta última idea y veámosla a la luz no sólo de la historia, sino sobre todo de la realidad actual en nuestro país. ¿A qué se refería con aquello de “dar tormento a la Constitución”? con esa frase, El Alazán Tostado se refería, fundamentalmente, a la posibilidad que halló la práctica política mexicana de “adaptar” la Norma Suprema (es decir, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos) a las necesidades tanto del gobierno como del grupo que en ese momento tuviera el control del poder político de nuestro país.

Dar “tormento”, pues, significaba la salida pragmática idónea a la rigidez de nuestra Constitución, y a la supuesta dificultad natural impresa en ella para evitar que fuera reformada o modificada a capricho del grupo gobernante. Todos aquellos que conocen la Teoría Constitucional, saben que una Constitución rígida es aquella que contempla un procedimiento especial para su modificación, que exige la participación de más voluntades que las involucradas en la emisión, modificación o abrogación de una ley ordinaria.

Y es que a diferencia de la aprobación de una Ley Ordinaria (en la que sólo se necesita el voto favorable de la mitad más uno de los miembros presentes en las cámaras legislativas al momento de la votación) en el caso de la Constitución Federal de nuestro país, ésta señala que para su modificación o adición, deben votar favorablemente dos terceras partes de los integrantes presentes de las cámaras federales, y que además la reforma debe ser aprobada por la mitad más uno de las Legislaturas de las entidades federativas.

Ese procedimiento existe desde la emisión misma de nuestra Constitución, en el año de 1917. ¿Cómo podrían entonces “darle tormento”, si existía un procedimiento rígido de modificación? La respuesta se encontraba, desde entonces, en el régimen de partido hegemónico que contribuyeron a crear en México Santos y otros personajes que fueron los auténticos beneficiarios de la Revolución. A través de ese régimen, llevaron a cabo una homogenización del poder, lo alinearon todo (en todo el territorio nacional, en los tres poderes, y en los tres ámbitos de gobierno) en torno a un solo proyecto, y luego, cuando el proyecto quedó relegado, lo único que les quedó fue la hegemonía del grupo que tenía el poder.

Por eso, como ese grupo —alineado en un solo partido— tenía todo el poder, era fácil “darle tormento” a la Constitución cada vez que quisieran y en el tema que quisieran: diputados federales, senadores, gobernadores, legislaturas locales y demás, todos, eran subordinados del Jefe Político de la Nación, que hacía las veces de Presidente de la República, y que con sus potestades metaconstitucionales podía suplir todas las demás voluntades de la nación. Por eso fue relevante, por décadas, aquella frase acuñada quizá accidentalmente por El Alazán Tostado, de darle tormento a la Constitución, cada que fuera necesario.

 

ELFIN DEL TORMENTO

Ese tormento a la Constitución se tradujo, por ejemplo, en la eliminación de la posibilidad de relección continua de diputados y senadores al Congreso de la Unión. La razón de la derogación de esa disposición radicó en una necesidad política del grupo gobernante, y no en una supuesta previsión democrática para evitar que los legisladores federales se eternizaran en el poder. ¿De qué hablamos?

De que la posibilidad de la relección continua obligaba a los diputados y senadores a regresar continuamente a sus zonas de representación, y eso permitía la construcción no sólo de legisladores de carrera obligados a entregar periódicamente cuentas por sus actos, sino también de potenciales líderes naturales en las regiones, hechos por la fuerza del contacto con los ciudadanos.

Eso no le convenía al Presidente en turno, que más bien veía las curules y los escaños de las cámaras federales como zonas de premio y recompensa para quienes fueran leales y serviciales con el grupo gobernante en turno. Por eso, en la misma época en la que se creó el PNR se eliminó la relección continua de diputados federales y senadores.

Eso provocó que de ser cargos peleados democráticamente, pasaran a ser cargos desprovistos de compromisos, dados como premio, y asumidos como la entrega de un cheque en blanco por el que los diputados y senadores ocupaban el espacio y gozaban de los privilegios, sin tener que regresar a sus zonas de representación y sin rendir cuentas a nadie por su buen o mal desempeño.

Hoy, sin embargo, el país se encuentra frente a grandes retos que quién sabe si sigan haciendo posible la existencia de “dar tormento” nuevamente a la Constitución. Eso parece imposible, debido a que hoy el poder no es vertical, a que el país no está dominado por una sola voluntad o por un solo partido; y porque aún ante el regreso del PRI al poder presidencial, éste no tiene la fuerza suficiente como para volver a imponer un régimen en el que la necesidad norme a la ley, y no ésta a aquella, como se supone que debe de ser.

 

REFORMA LABORAL

Esto lo veremos con la reforma laboral, que está en vías de aprobarse. La discusión es intensa y trascendental, esencialmente porque lo que reviste es una reforma constitucional en la que nadie tiene mano ni preferencia, y en la que deberá participar todo un concurso de conciencias y voluntades. El único problema es que aún en la imposibilidad del tormento, el otro mal que nos aqueja es el de la parálisis. Y eso es igual o peor que lo anterior.

Amenazas de violencia social: no es el tiempo

0

 

+ Segunda alternancia: oportunidad de diálogo

 

Hoy inicia, políticamente, el proceso de abandono del poder por parte del presidente Felipe Calderón Hinojosa. Una vez que pasó la ceremonia del Grito de Independencia, lo que sigue es acelerar el proceso de entrega-recepción con el equipo de transición del gobierno electo de Enrique Peña Nieto, y prácticamente esperar a que llegue el día de la transmisión del Poder Ejecutivo. Este escenario, en fechas como las que estamos viviendo hoy, aún genera preocupación sobre posibles brotes de violencia por motivos políticos. Hay razones objetivas para suponer que nada de eso ocurrirá.

En efecto, con motivo de las fiestas patrias, en varios lugares del país —entre ellos Oaxaca— no dejaron de aparecer mantas y pintas en tono amenazante, reprochando aún la “imposición” de que será objeto el nuevo Presidente de México, y dejando ver posibles brotes de violencia relacionados con el cambio de gobierno o con la situación política que vive el país. Salvo que haya expresiones aisladas, lo cierto es que un momento político como éste implica otro tipo de desafíos, pero no necesariamente uno relacionado con el surgimiento de un movimiento armado o de expresiones de rompimiento relacionadas con la violencia.

Hace seis años, por ejemplo, un momento como éste era de tensión extrema. Entonces sí, el resultado electoral había dejado lastimadas a muchas conciencias e intereses en México, y con toda seguridad no faltaban algunos cientos de personas dispuestas a replicar un posible llamado a abandonar la vía institucional y tomar las armas. Ese fue el riesgo que se vivió en 2006 con el movimiento de Andrés Manuel López Obrador. Y aún con todo lo que puedan atacarlo y descalificarlo todos sus malquerientes juntos, lo cierto es que el tabasqueño mantuvo la prudencia, y su palabra democrática, que dirimir sus conflictos por la vía de las instituciones y la voluntad ciudadana, y no de la violencia como muchos le sugerían.

Hoy, en cuanto a los movimientos sociales y políticos que pudieran derivar en violencia, no existe un riesgo como ese. El mismo López Obrador, aún cuando de nuevo se dijo víctima de un fraude electoral, ya estableció con toda perfección la ruta política que seguirá para los próximos años. Ésta no incluye ningún tipo de rompimiento del orden establecido. Y a pesar de que en los meses recientes se han magnificado posicionamientos de grupos armados como el EPR, en el sentido de que ante la imposición habrá revolución, lo cierto es que éste y otros grupos no parecen tener definiciones claras respecto a posibles acciones de violencia o sabotaje en el corto o mediano plazo.

¿Qué queda entonces? Lo único que, al parecer, podría ocurrir, son expresiones aisladas de ciertos grupos que buscan ejercer la violencia más vandalismo o delincuencia que por tener una auténtica motivación o fundamentación política o ideológica. En los últimos meses hemos visto, por ejemplo, que en Oaxaca ciertos grupos violentos han intentado arrogarse las banderas de movimientos como el #YoSoy132, aunque claramente han dejado ver que sus posicionamientos políticos son prácticamente inexistentes, que además ejercen la violencia como meras expresiones de porrismo y vandalismo, y que, en general, carecen de cualquier forma de respaldo social o aceptación incluso en los sectores poblacionales o intelectuales a los que dicen representar.

No obstante, no debemos perder de vista el hecho de que aún cuando no haya expresiones armadas importantes o de violencia radical, esto no debe significar que el estado de cosas continúe siendo inmodificable o que todo esté caminando por la ruta correcta dentro de los asuntos que interesan al movimiento popular en nuestro país.

Esta segunda alternancia de partidos en el poder presidencial, pues, implica una enorme oportunidad que debe ser valorada y considerada por todos los involucrados en la magnitud que correctamente debe tener. Si hay alguna expresión posible de cambio, ésta debe ser aquella que traiga un momento tan específico como el que estamos a punto de vivir con el cambio de gobierno, de partido y de régimen en el poder, en nuestro país.

 

MOMENTO DE CAMBIO

Un gobierno como el que encabezará Enrique Peña Nieto como Presidente de México implica la posibilidad de abrir una nueva ruta de diálogo. Todo cambio constituye también una nueva oportunidad en política. Y, en el mejor de los casos, esa oportunidad debía ser encaminada a aprovecharla en la generación de una relación en la que los extremos comiencen a descartar sus posiciones irreflexivas o radicalizadas, y pudieran comenzar a generar puntos de coincidencia.

Esto que decimos en las líneas anteriores parece el mejor escenario. Pues es claramente previsible que los sectores más radicales del país difícilmente podrán tener, de entrada, puntos de coincidencia con un gobierno como el de Peña Nieto. Sin embargo, lo que sí puede haber son ciertos visos de distensión y de “beneficio de la duda” a lo que, aún con toda la carga de que el cambio haya sido a favor del PRI, es una expresión distinta que asumirá el poder y que necesariamente genera expectativas distintas a las actuales.

Lo deseable en este sentido, aunque quién sabe si ocurra, es que el nuevo gobierno federal pueda tener la capacidad de aprovechar ese momento del primer tramo de su gobierno, para consolidar esas condiciones de paz a través de medidas y decisiones de distensión, y no que para tratar de legitimarse entre en la ruta de golpear a los grupos tradicionalmente censurados por beligerantes o radicales, y que esto no sólo cierre cualquier posibilidad de entendimiento, sino que además genere condiciones de riesgo para la paz y la gobernabilidad en nuestro país.

Por todo eso, hoy no parece ser una preocupación mayor aquellas expresiones que apuntan a la violencia. Si lo hacen, lo harán como formas de mera manifestación pero no como esfuerzos sistemáticos por tratar de generar una ruptura en el orden constitucional o en la estabilidad del nuevo régimen. Eso queda bien claro. Porque hoy las condiciones del país no son tan complejas ni tan riesgosas como sí lo fueron en 2006, cuando la paz estuvo apenas a un tris de perderse.

 

GRUPOS SECUESTRADOS

En Oaxaca dicen que existen representaciones como la del Movimiento #YoSoy132. Sin embargo, esas expresiones son meramente porriles y nada dialogantes. ¿Existen de verdad? Qué lamentable que gente nefasta como El Alebrije, se diga 132 y sólo lo haga para sentirse algo más que un simple “chavo banda”.

Grito de Independencia: su trascendencia histórica

0

 Gabino-Gobernador-Grito-de-la-Independencia-04

+ ¿Por qué hoy en la noche? ¿Por qué no otra fecha?

 


La historia de México es casi tan compleja como lo es hoy nuestro país. A lo largo del tiempo, a todos los mexicanos nos han inculcado la veneración incuestionable por ciertas figuras patrióticas, aunque en pocas ocasiones han tenido la delicadeza de explicarnos por qué debemos honrar la memoria y el legado de esas personas.

Y es que en un día como hoy, surge cada año la polémica acerca de por qué conmemorar nuestra Guerra de Independencia por su inicio y no por su culminación; por qué venerar al Cura don Miguel Hidalgo y Costilla y no a Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero; por qué esta celebración debe hacerse hoy por la noche y no mañana al alba. En fin, los mexicanos daremos El Grito aunque la gran mayoría de nosotros no sepa ni por qué.

En este sentido, es claro que la historia de México representa un signo claro de la democratización de nuestro país. De hecho, si volteamos al pasado reciente, podremos darnos cuenta que hace apenas veinte o treinta años las opciones para conocer la historia de nuestro país eran reducidas y, la mayoría de ellas, incompletas, insuficientes o francamente deficientes.

Por eso, más allá de quienes se adentraban de manera profesional y científica (el término no es exagerado) en el estudio de la historia nacional, prácticamente no existían otras fuentes de información más que los libros de texto gratuitos de la SEP, las monografías que vendían en las papelerías (las famosas “láminas” que todos utilizamos como fuente de información en nuestra educación básica) y las pequeñas biografías (también vendidas en las papelerías) que tenían impresa, en una de sus caras, el rostro dibujado de los próceres nacionales; y en la otra, algunos de los datos más importantes de su obra y trascendencia.

Fuera de eso, no existían divulgadores de la historia, libros de reciente creación, literatura amena y estudios publicados en medios al alcance de la población. Si eso no existía, mucho menos había posibilidad de que existieran visiones distintas de la historia. Explicaciones, pues, dadas por historiadores de izquierda, de derecha o de centro; o versiones discordantes de lo que siempre habíamos aprendido en las aulas escolares. Esto, pues, significaba que la historia era casi monosílaba, que era casi absoluta, y que era fuertemente limitada por el desinterés y por la falta de tolerancia y apertura a todas las visiones.

Todo eso cambió en pocos años. De hecho, desde mediados de la década antepasada (los años noventas del siglo veinte) la divulgación de la historia nacional comenzó a tener otra perspectiva, y las investigaciones históricas se intensificaron y se masificaron. De haber pocas expresiones masivas, algunas de ellas importantes pero ciertamente aisladas, comenzaron a haber series televisivas históricas, telenovelas, series de investigación e, incluso, en los centros educativos comenzó también a haber historiadores serios, con rigor y con tremendo impulso por explicar la realidad nacional a partir de la divulgación de conocimientos históricos, y de aclarar ciertos pasajes de la historia que hasta entonces estaban mitificados, escondidos, distorsionados o simplemente relegados de la historia nacional.

Hasta aquellos tiempos la historia era mínima, era limitada y, para el grueso de la población, era solamente una. Hasta antes de eso, no había posibilidad de disentir, de polemizar o de aportar datos o despejar episodios, porque eso podría también significar de algún modo cuestionar al régimen, al partido dominante o al grupo gobernante. Y eso era algo así como un sacrilegio. Por lo que se prefería la no polemización y la abstinencia histórica que poco a poco hemos ido eliminando.

 

HECHOS RELEVANTES

Quizá por eso los mexicanos hemos evitado la fatiga de preguntarnos el por qué de algunos episodios. Uno de ellos, fundamental, es el relativo a por qué conmemoramos nuestra independencia el 16 de septiembre, por el inicio, y no el 27 del mismo mes, por la consumación. De hecho, no es raro encontrar a personas que, en su ignorancia, suponen que la guerra de independencia duró 11 días, y no los once sangrientos y turbios años (paradójicamente la guerra duró, del 16 de septiembre de 1810 al 27 de septiembre de 1821, 11 años con 11 días) que pasaron desde el inicio hasta el fin.

Para eso hay una explicación en dos sentidos. El primero de esos sentidos, tiene que ver con la disposición contenida en los Sentimientos de la Nación, documento a través del cual el generalísimo don José María Morelos y Pavón presentó el proyecto de Constitución de Apatzingán el 14 de septiembre de 1813. En el punto 23 de dicho documento se establece que: “Que igualmente se solemnice el día 16 de septiembre todos los años, como el día aniversario en que se levantó la voz de la Independencia y nuestra santa Libertad comenzó, pues en ese día fue en el que se desplegaron los labios de la Nación para reclamar sus derechos con espada en mano para ser oída; recordando siempre el mérito del grande héroe, el señor Dn. Miguel Hidalgo y su  compañero Dn. Ignacio Allende.”

El segundo tiene que ver con una circunstancia posterior, relacionada con don Porfirio Díaz. Se discute aún largamente por qué el Grito de Independencia se da el día 15 de septiembre por la noche, y no en las primeras horas del día siguiente, tal y como lo dispuso el generalísimo Morelos. La respuesta se encuentra en la fecha de cumpleaños del general Díaz y la decisión de empatar, como Presidente de México, las fechas patrias con su propio festejo. Y es que el general Díaz nació el 15 de septiembre de 1830. Por eso, en aquellos tiempos, el Grito era el preámbulo del festejo y baile en honor de su cumpleaños. Y después se nos quedó como parte de una tradición que, a pesar del repudio al Soldado de la Patria, se nos quedó y sigue siendo tal hasta nuestros días.

 

EL GRITO Y EL SILENCIO

Dice el gran Octavio Paz en El Laberinto de la Soledad que “nuestro calendario está poblado de fiestas. Ciertos días, lo mismo en los lugarejos más apartados que en las grandes ciudades, el país entero reza, grita, come, se emborracha y mata en honor de la Virgen de Guadalupe o del General Zaragoza. Cada año, el 15 de septiembre a las once de la noche, en todas las plazas de México celebramos la Fiesta del Grito; y una multitud enardecida efectivamente grita por espacio de una hora, quizá para callar mejor el resto del año.” Lo seguiremos haciendo, a pesar de asegurar que estamos cambiando.

LUB: su posición dentro del PAN es muy débil

0

 

+ Alianzas sólo de poder; no hay programa serio

 

Ayer, el edil de la capital oaxaqueña, Luis Ugartechea Begué, adelantó que si para 2013, “la coalición es una agenda de poder, no cuenten conmigo”. Esta afirmación, que pareciera ser parte de una convicción democrática, en realidad encierra un conjunto de cuestionamientos sobre la utilidad y contenido de las alianzas electorales conformadas en Oaxaca. Sólo que el Alcalde citadino no podría ser crítico legitimado de simples conjuras políticas, de las que él, resultó ser uno de los principales beneficiarios.

En efecto, ayer Ugartechea se soltó a hablar de temas políticos y electorales, y dijo cosas importantes. Según la Agencia Quadratín Oaxaca, señaló, por ejemplo, que él le apostó a la coalición en términos de la alternancia, y dijo que “se consiguió tal efecto en el 2010 así como los avances que se han tenido en la transición”, pero aseguró que la agenda da para más y que hace falta tener un proyecto más claro para lograr consumar esa transición democrática que muchos oaxaqueños anhelamos. También dijo que nunca más la ciudad debe ser un trampolín político, y por eso recalcó que él entregará el Ayuntamiento en enero de 2014, tal y como lo marca la ley. ¿Qué se desprende de estas afirmaciones?

La respuesta debemos verla, por un lado, dentro del PAN y del grupo político con el que se identifica el edil Ugartechea; y por el otro debemos verla en el contexto estatal, en el que todo apunta a la conservación de una alianza de partidos en aras de conservar la estabilidad del grupo gobernante. En esas dos bandas puede explicarse la pretendida visión democrática del Munícipe y sus críticas tardías a alianzas como la que lo llevó al gobierno municipal de la capital oaxaqueña.

Vayamos primero al contexto interno del PAN. Ugartechea es uno de esos no-panistas que llegó desde otras trincheras a ese partido, y capitalizó el momento y las fortalezas electorales que se presentaban. Éste —al igual que otras figuras icónicas del panismo oaxaqueño que, sin embargo, no son militantes del partido albiazul—, llegó al PAN desde el sector empresarial, y lo hizo impulsado ciertamente por panistas que vieron en él la representación de los sectores económicos y la llamada “vallistocracia”, que había sido relegada en la toma de decisiones en los partidos a lo largo de los últimos años.

En ese sentido, Ugartechea era altamente rentable. Era un empresario esforzado, de familia reconocida, bien visto por las élites opositoras (léase el grupo del ahora gobernador Gabino Cué) y capaz de generar un discurso de innovación, de cambio y de atención a los sectores que habían sido más lastimados y desdeñados por el gobierno estatal priista de Ulises Ruiz, y por las dos administraciones municipales emanadas de ese partido.

Ugartechea intentó primero ser diputado federal en 2009 y fracasó producto de la atomización del voto que generaba la ausencia de una alianza y el apoyo que recibía el PRI desde el poder estatal. Luego, en 2010, el reparto de posiciones en la conformación de la alianza electoral lo colocó como el más viable candidato al Ayuntamiento citadino, y todos los demás partidos coaligados, hicieron campaña por él.

De hecho, en los tiempos del proselitismo, Ugartechea se notaba apático ante la postulación, incrédulo sobre la posibilidad de ganar, y lejano del trabajo electoral que otros realizaban en su nombre. Él no hizo campaña. Y llegó al gobierno municipal empujado por el enorme efecto de aceptación que generó el gobernador Cué, como candidato, entre los votantes.

Esta suerte marcó el destino de Ugartechea dentro del PAN. Y es que él, a pesar de ser una figura electoralmente rentable, no tiene identidad con ninguno de los sectores fuertes del panismo, y su cercanía indirecta con el presidente Calderón (a través de los Esponda) hoy es más un lastre que un beneficio. Además, el PAN de Oaxaca quedó fuertemente debilitado en las elecciones del presente año. Y como pinta el panorama, será difícil que pueda recuperar posiciones en la capital oaxaqueña aún en la posibilidad de ir en una coalición. ¿Por qué?

Porque si la coalición reparte las posiciones en base a sus últimos resultados electorales, el PAN sería el partido al que menos le tocaría. Además, aún en la posibilidad de que el blanquiazul tuviera nuevas oportunidades, éstas serían entregadas a quienes estuvieran identificados con el grupo que finalmente llegue a la dirigencia estatal. Y Ugartechea, según se ha visto, en su momento no tuvo el poder para colocar a un personaje afín cuando menos en el Comité Municipal de ese partido. Por eso, sus aspiraciones son mínimas. Sabe que en el PAN hay pocas oportunidades para los años siguientes.

 

ALIANZAS SIN CONTENIDO

Lo que exige hoy Ugartechea de las alianzas electorales, es lo mismo que debió decir en 2010 cuando fue postulado por una de ellas. Si en el contexto estatal la alianza de partidos era práctica para ganar el poder y provocar la alternancia, en el ámbito municipal esto no era aplicable. Pues desde 1996 que Pablo Arnaud ganó la alcaldía bajo las siglas panistas, en la capital oaxaqueña ha habido cuando menos tres alternancias de partidos en el poder municipal.

Sólo por eso Ugartechea debió exigir entonces lo que señala ahora. Es decir, debió pedir no sólo una alianza para alcanzar el poder, sino una alianza dotada de contenido político y programático, así como de un conjunto de compromisos conjuntos de todos los partidos para generar un mejor gobierno y una mejor administración.

No lo hizo. Y por eso, la gestión que él encabeza no ha sido mejor (tampoco peor, porque las últimas priistas fueron insuperablemente desastrosas) que sus antecesores. Simplemente han continuado los mismos esquemas de trabajo. Y por eso, a pesar de que su gobierno está hecho de la alianza PAN, PRD, PT y Movimiento Ciudadano, pocas han sido las innovaciones y los avances sustantivos que puedan ser legado para el futuro.

 

PANORAMA NEGRO

A pesar de todo eso, sería un error político de grandes magnitudes el hecho de que Ugartechea simplemente evitara involucrarse en la definición, independientemente del partido, de quién será su sucesor. El perredismo llevará mano en esa definición. Y puede ser que la balanza de la candidatura negroamarilla se incline a favor de un indeseable como el diputado federal Hugo Jarquín. Eso sí sería poner a la ciudad en manos de caníbales listos para devorarla. Y con y sin coalición, Ugartechea y varios más deberían hacer algo para evitarlo.

AMLO: sólo la derrota asegura supervivencia

0

 

+ Escisión: el mejor escenario para Peña Nieto

 

Si el triunfo de Enrique Peña Nieto pone al PRI, su partido, en el predicamento entre la posibilidad de evolucionar o de regresar al pasado, algo más o menos similar ocurre con las principales fuerzas de oposición, que hoy se encuentran en la disyuntiva no sólo de generar auténticos liderazgos para los próximos seis años, sino incluso de mantenerse consistentes para dar la batalla democrática a quienes por poco ganan la mayoría legislativa que habría de permitirles el control absoluto de las decisiones más importantes del país. Este no es un asunto menor.

En efecto, si —como lo apuntábamos en nuestra entrega de ayer— el PRI hoy se encuentra ante la definición interna de volver al pasado a través de la figura del Presidente omnímodo, o de que éste asegure su supervivencia a través de asegurar las excesivas libertades de los gobernadores, e incluso de que juntos forjen principios sólidos para una gobernabilidad democrática de mediano y largo plazo; en la oposición tienen sus propios retos y éstos tienen que ver con la posibilidad de construir liderazgos que puedan competir por la renovación del poder presidencial en 2018, pero antes, tienen el desafío de llegar juntos y unidos a una competencia por el país, que no será fácil.

¿De qué hablamos? De que, al menos en la Cámara de Diputados, la posible alianza fáctica del PRI, Partido Verde Ecologista y Partido Nueva Alianza, junta los 251 diputados que son necesarios para aprobar reformas legales, e incluso para aprobar juntos el Presupuesto de Egresos de la Federación. Si con eso ya tienen ganada la mitad de la batalla, para conseguir la otra parte que les falta (que es lo relativo a los cabildeos para que sus reformas legales se aprueben en el Senado), cuentan con la ventaja del poder presidencial, que tiene amplias posibilidades de romper muchos de los candados que pudieran existir para consolidar los acuerdos.

En todo esto, las ventajas del PRI son directamente proporcionales a las dificultades que esto representa para la oposición, en la posibilidad no de obstruir las reformas (y generar el inmovilismo legislativo que ha sido característico de los últimos años en nuestro país), sino de lograr que todas las modificaciones constitucionales y legales, sean producto del consenso y de la atención al verdadero interés general, y no sólo capricho o voluntad de un solo hombre (el Presidente) o de un partido, en detrimento de toda la nación.

Esto no parece fácil. Hasta ahora, lo que puede verse es que existen más coincidencias entre el PRI, el Verde Ecologista, Nueva Alianza y el PAN, que entre éste último y el PRD. Lo lógico sería pensar que los dos principales bloques de oposición pudieran generar las coincidencias necesarias para ir a presentar una contraposición inteligente y consistente al partido en el poder, y para conseguir los equilibrios que son necesarios para una nación democrática.

El problema es que en México esa lógica ha ido siempre en sentido contrario. Y por esa razón, en todos los momentos el segundo principal opositor asume al otro opositor (el que tiene la primera minoría en las cámaras legislativas) como su principal adversario, y termina aliándose con el régimen en el poder para tratar de acabarlo, como si uno y otro opositor se disputasen un poder que en realidad no tienen.

Ante esta disyuntiva se presenta la particular situación dada a partir de la separación de Andrés Manuel López Obrador del bloque de fuerzas de izquierda que hasta ahora ha ocupado los principales espacios opositores en el país; y el establecimiento de un raro maridaje entre el PRI y el PAN que parece tener como objetivo un cogobierno similar al que hubo en los últimos doce años, sólo que ahora con el cambio de partido en poder presidencial.

 

RUPTURA COSTOSA

Andrés Manuel López Obrador se fue del Partido de la Revolución Democrática, y aseguró que tampoco mantendrá su alianza con el Partido del Trabajo y Movimiento Ciudadano. Dijo que el Movimiento de Regeneración Nacional entrará en un proceso de reflexión para determinar si se convierte en una Asociación Civil o termina siendo un Partido Político con registro ante el Instituto Federal Electoral.

Como quiera que sea —y más si decide comenzar el trabajo para la constitución de un partido—, todo esto podría generar una pulverización aún mayor de las fuerzas de oposición que debieran estar haciendo ya el trabajo de contraposición inteligente a los intereses oficialistas. ¿Por qué?

Porque si López Obrador comienza a trazar la ruta de un nuevo partido, casi de inmediato comenzarán a oficializarse las escisiones de los tres partidos que lo acompañaron en estos últimos años. Lo acepten o no en el PRD, PT y Movimiento Ciudadano, muchos de sus nuevos diputados, senadores y hasta gobernadores, le deben la oportunidad al tabasqueño. Y posiblemente podrían comenzar a buscar la posibilidad de constituirse como una bancada independiente, sin fracción parlamentaria como tal, pero sí identificada plenamente con los intereses lopezobradoristas, y con cierta fuerza para plantear ciertos temas en una agenda legislativa propia.

Esto es muy posible. Sin embargo, es evidente que si ya de por sí las fuerzas de oposición no tienen solidez ni identidades definidas (mucho menos compromisos firmes o esquemas programáticos conjuntos para sacar adelante reformas de consenso con el oficialismo y las otras expresiones opositores), mucho menos lo tendrían si, paralelamente al PAN y al Frente que constituyen el PRD, PT y Movimiento Ciudadano, existiera otro bloque de los afines al lopezobradorismo, que tratarían de apuntalar sus propios intereses, y que posiblemente éstos no serían compatibles con los de las otras fuerzas opositoras.

 

JUEGO DE PODER

Esto, aunque podría constituir una ganancia política para Morena y López Obrador, sería una derrota para el país. Una derrota no porque la oposición sea la panacea, o porque el oficialismo tenga inopinadamente las respuestas a todos los problemas del país, sino más bien porque todo régimen político en el que no existen los contrapesos necesarios para frenar al poder y para incluir lo que no está contemplado, es tan excesivo y nocivo que no puede ser considerado propio de una democracia. Ese es el riesgo que se corre a nivel de país. Y en el ámbito de las entidades federativas, y los municipios, esta atomización podría ser mucho más acentuada, y la disputa menos civilizada. Porque es poder lo que está en juego.

EPN: manutención de statu quo se confirma

0

Martes 11 de septiembre de 2012. 

 

 + Gobernadores, ¿Querrán perder libertades?

 

Uno de los grandes cuestionamientos que han pesado desde siempre alrededor de un posible triunfo (ahora constatado y definitivo) del Partido Revolucionario Institucional en la elección presidencial, es que esto representa la conservación más pura del estado de cosas que ha prevalecido en el país, y que aunque necesita cambiar, no lo hace. Si esto aplica para los intereses económicos y monopólicos más importantes, también es así alrededor de los asuntos políticos más trascendentes, como lo es la relación de la Federación con las entidades federativas.

En efecto, con el PRI se mantiene el estado de cosas en todos los partidos y fuerzas políticas del país, y el recuento de la situación actual y futura de cada uno de ellos, así lo confirma. Y es que, comenzando por la casa política del Presidente, en el PRI las cosas no sólo no cambiarán, sino que posiblemente volverán a la misma situación de antes. Hasta hoy, no ha habido, por ejemplo, ninguna manifestación pública de los gobernadores de las entidades federativas emanados del PRI, respecto a qué posición política adoptarán ahora que de nuevo habrá Presidente de esas mismas siglas.

Eso, aunque no se vea, es fundamental. En los tiempos del PRI en el gobierno, en el que éste funcionaba como un régimen de partido hegemónico, los gobernadores priistas eran apenas apéndices del poder presidencial. Fácticamente, éste gobernaba por extensión los estados de la República en manos del priismo, y sólo excepcionalmente los gobernadores tenían potestades de mando en sus entidades, aunque sólo en los temas e intereses que no estaban dispuestos expresamente por el poder presidencial o el gobierno de la República.

En estos doce años en los que no hubo presidente priista, los gobernadores de ese partido no sólo ocuparon los espacios políticos vacíos, sino que capitalizaron la atomización del poder presidencial que había desaparecido, para convertirse en auténticos mandamases regionales de los territorios que gobernaban. La alternancia de partidos en el poder presidencial provocó, como efecto inmediato, que los gobernadores adquirieran plena independencia del otrora poder hegemónico presidencial. Y en particular, los gobernadores del PRI se convirtieron en auténticos Señores de las entidades que gobernaban.

Todo eso quedó demostrado en la elección presidencial de 2006. Aunque ya pocos lo recuerdan, en los años previos a aquella elección presidencial, Roberto Madrazo Pintado, a la sazón presidente nacional del PRI, pasó por encima de todo, y de todos, para hacerse de la candidatura presidencial de su partido. Para conseguir ese objetivo, no sólo se peleó con gente como Elba Esther Gordillo o marginó a personajes como Enrique Jackson Ramírez (que era otro fuerte aspirante a esa candidatura), sino que también presionó y obligó a varios gobernadores priistas a que lo apoyaran, lo mismo a cambio de promesas de esperanza, que de auténticas presiones en las que condicionaba el no apoyo a la persecución federal, una vez que éste llegara a la Presidencia.

Al final eso fue lo que en aquellos tiempos fue ingrediente fundamental para la derrota priista. Los gobernadores, independientes ya y sin miedo a la confronta con el poder presidencial, pactaron con el panismo y con el perredismo, en el norte y sur de la República, respectivamente, la traición a su candidato presidencial. Una razón explicada fielmente por el poder para esa aparente sorpresiva felonía, radicó en el hecho de que fueron los mismos gobernadores del PRI quienes le cerraron la puerta a Madrazo, por el temor de que éste accediera al poder presidencial para limitarlos, para someterlos y para regresar a aquella figura del poder presidencial omnímodo que ellos mismos no estaban dispuestos a aceptar nuevamente.

¿Qué pasará ahora? Lo más seguro es que Peña Nieto dejará sueltos a los gobiernos priistas. Aunque el problema de fondo es que, si la solución al problema democrático y funcional del país no tendría que ser el regreso del otrora poder hegemónico, tampoco será la perpetuación de los gobernadores como Señores Feudales que hacen lo que les pega la gana, sin que nada o nadie se les pueda poner enfrente para cuando menos fiscalizarlos u obligarlos a cumplir con ciertos cánones democráticos en sus respectivos gobiernos.

 

¿NUEVO FEDERALISMO?

El federalismo mexicano está trazado por dos rutas paralelas. Una es la del llamado federalismo disfrazado de centralismo; y el otro es el del llamado “feuderalismo”. Ninguno de los dos es parte de una democracia y un gobierno saludable como al que se supone que aspiramos los mexicanos.

El federalismo centralizado es nocivo porque éste sólo ha atendido a la concentración del poder por parte del Ejecutivo Federal, en detrimento de las entidades federativas. Esta forma fáctica fue la que predominó durante toda la época del priismo hegemónico, y sólo fue desterrada políticamente (pues en los asuntos fiscales del país, el federalismo sigue siendo tan débil, que por eso la federación continúa cobrando casi la totalidad de los impuestos que generan ingresos a las arca nacionales) luego de la alternancia de partidos del año 2000.

Por su parte, el feuderalismo es lo contrario. Este tiene que ver con las libertades excesivas que consiguieron los ejecutivos de los estados luego de la alternancia de partidos del año que comentamos. A través de esa figura también fáctica, las entidades se convirtieron en territorios que sólo dependen de la federación en términos del ingreso, pero que se resisten a rendir cuentas como deberían, y en los que los gobernadores dedican gran parte del tiempo a frivolidades, a tratar de entrometerse en los asuntos políticos que no son de su incumbencia, y a traficar con los recursos económicos que debieran estar destinado al desarrollo de las entidades que gobiernan.

 

POSTURA INDEFINIDA

Hasta hoy no ha habido definición sobre si los gobernadores priistas seguirán asumiendo sus libertades como hasta ahora; tampoco ha habido definiciones de si el nuevo Presidente buscará convertirse en el hombre fuerte de su partido no sólo en el ámbito federal sino también en los estados gobernados por las siglas que él representa; o si finalmente terminarán compartiendo un poder en el que todos se respetan a partir de la dinámica de no tocarse ni cuestionarse. Esa sería la salida más fácil. Aunque equivaldría a sostener el estado de cosas actual, que abona a la gobernabilidad, pero que es nocivo para el país.

Santiago Chepi: se va, aunque no tan limpio

0

+ Connivencia con EEG y con gobierno estatal

 

Azael Santiago Chepi está a punto de dejar la dirigencia de la Sección 22 del SNTE y, ante el ocaso de su poder, ya comenzó a defenderse de todas las acusaciones que pesan en su contra. En su propia voz, dice que su gestión fue ejemplar, que cumplió los objetivos trazados por el gremio magisterial, y que todas las acusaciones de traición y connivencias con el poder estatal, no son más que ataques que intentan desacreditar un periodo en el que el magisterio dejó el camino cuesta arriba para disfrutar los dividendos de las apuestas políticas que hicieron. Todo eso parece cierto, aunque sólo superficialmente.

En efecto, en una entrevista publicada ayer domingo en la Agencia Quadratín Oaxaca, Santiago Chepi negaba que durante su gestión ante este gremio (la Sección 22 del SNTE) se haya prestado a negociaciones en lo oscurito o al entreguismo como en algunos momentos grupos al interior del sindicato acusaron. “No hubo montos millonarios, ni reuniones en lo oscurito, me voy con la frente en alto de haber cumplido con el mandato que me encomendó mi delegación y la base magisterial (…) no tenemos nada que esconder ni que ocultar. Se han dado muchos señalamientos, mucha calumnia, una política sucia que nos han tachado de gobiernistas, priistas, traidores, vendidos, gordillistas, lo cual forma parte de una política delimitada”, expresaba.

¿De verdad Azael Santiago Chepi se va tan limpio como dice? Todo eso está en duda. Pues, por principio de cuentas, pocos dirigentes sindicales como él, han tenido un desempeño tan marcado por la opulencia intempestiva y por las actitudes impropias de quien ostenta la titularidad de un poder tan importante como el del Sindicato Magisterial.

A nivel de sus actitudes personales, Santiago Chepi ha demostrado ser un tipo a quien la abundancia y el poder le llegaron de repente, y que por eso tuvo actitudes tan nocivas, como el hecho mismo de asumirse públicamente como influyente y retar a las autoridades (hasta a los policías uniformados, pues) a que le hicieran algo pasando por encima de su investidura de dirigente magisterial. Escándalos personales protagonizó muchos. Y eso, de entrada, marca su gestión por el abuso del poder que tuvo temporalmente en las manos.

Sin embargo, es claro que eso es lo menos grave. Y es que, en su calidad de dirigente de la Sección 22, a Santiago Chepi le tocó únicamente poner la cara para legitimar lo que otros negociaban. Nunca en la historia del magisterio democrático oaxaqueño, los dirigentes de la Sección 22 habían obtenido tanto del gobierno estatal en turno; del mismo modo, nunca el profesorado oaxaqueño había tenido un gobierno tan sometido a sus designios, y tan dispuesto a dar todo a cambio de evitar el conflicto. Eso, es cierto, es consecuencia de la acción política de la Sección 22, pero no de Santiago Chepi.

¿Qué hacía Santiago Chepi entonces? Él tenía la encomienda de salir a legitimar los acuerdos y las negociaciones que otros líderes sostenían. Los arreglos, pues, se hacían en otro lado y él tenía el deber de masificarlos y legitimarlos. ¿Por qué se prestaba a esa práctica de paralelismos y simulaciones? Porque él resultaba personalmente beneficiado de esos millonarios y oscuros arreglos (económicos, políticos, salariales y demás), a partir de los cuales la Sección 22 perdió gran parte de su combatividad, y la intercambió por la codicia de quien exige más para obtener más, y luego vuelve a exigir no para defender sus posiciones políticas, laborales e ideológicas, sino para tener más recursos disponibles en las manos.

Por eso, aunque lo niegue, en esta primera cuestión, no puede hablar ni de independencia ni de gestión ejemplar ni de grandes resultados. Sí, la dirigencia seccional que él encabezó obtuvo mucho dinero y prebendas para los maestros. Pero lo hizo a costa de entregarlos, y ponerlos de rodillas, para que el Gobierno del Estado no perdiera los hilos de la gobernabilidad que tanto trabajo le ha costado sostener. Sólo eso.

 

CONNIVENCIA

CON LA MAESTRA

Por otra parte, Chepi asegura no ser tampoco un “gordillista” como se le acusa. A pesar de la combatividad y del seguimiento que la Sección 22 del SNTE de Oaxaca le da a los dictados de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación —principal grupo disidente del Comité Nacional del SNTE, que encabeza la maestra Elba Esther Gordillo—, en el aire quedan algunas dudas, sustantivas, sobre la presunta poca distancia que existe entre el Dirigente de la 22 y la Lideresa nacional del magisterio.

Todo esto lo ha expresado, con puntual conocimiento de causa e importante capacidad de análisis, el investigador de temas educativos, y una de las personas que más conoce en Oaxaca sobre la relación de la Sección 22 y los ámbitos estatal y federal de gobierno, Samael Hernández Ruiz. Éste, en un artículo publicado en varios medios hace algunos días, hace puntualizaciones que objetivamente revelan la cercanía entre la dirigencia de Santiago Chepi y la profesora Gordillo.

En este sentido, Hernández Ruiz señala que: “No deja de llamar la atención que la S22, con todo y su discurso de “independencia” y “democracia” sindical siga atada a los designios de doña Elba Esther y no decidan de una buena vez ser un sindicato estatal, así podrían ahorrarse la molestia de que cada vez que necesitan su convocatoria, tengan que rogarle al SNTE que se las otorgue. Eso fue lo que sucedió este año con la convocatoria para el congreso y el consecuente pre congreso democrático. Tuvieron que solicitar la emisión de la convocatoria, negociando y apoyándose incluso en operadores de alto nivel dentro del gobierno del estado. La anuencia de Elba Esther para autorizar el congreso de la S22, debió salirle cara al gobierno del estado, ¿Qué habrán negociado a cambio?

La autorización puso en aprietos al dirigente de la S22 Azael Santiago Chepi, porque no pudo explicar cómo es que, sin más, llegó por correo la tan ansiada convocatoria. Los dirigentes de los grupos políticos que operan al interior de la S22, con un colmillo más que retorcido, seguramente no se tragaron la versión de la sorpresiva autorización del dichoso congreso; pero aceptaron las condiciones con tal de asegurar las fechas del relevo cuanto antes.

 

¿MUY MUY LIMPIO?

Estos son sólo algunos detalles que dejan ver lo que fue una dirigencia “ejemplar” como la que dice haber encabezado Santiago Chepi. Pronto vendrán de nuevo las convulsiones propias del cambio de dirigencia. Ojalá no sea en detrimento (más) de Oaxaca.