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Transparencia: gobierno de Oaxaca no cumple

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+ Fallas hasta en información esencial

 

Alguien debe ser el responsable de la página web del Gobierno del Estado de Oaxaca. Del mismo modo, alguien debe tener encomendada la tarea de velar porque se cumplan todas las normas vigentes que también obligan al gobierno estatal. El problema es que, hoy mismo, nadie parece asumir cabalmente ninguna de esas obligaciones. Y por eso, en materia de transparencia, el portal de internet del gobierno estatal es un desastre.

En efecto, la Ley Estatal de Transparencia y Acceso a la Información Pública para el Estado de Oaxaca impone obligaciones que son ineludibles para el Gobierno del Estado de Oaxaca. Y es que dicha norma, establece en su artículo 6 que el Poder Ejecutivo del Estado es sujeto obligado para los efectos de esa ley; que el artículo siguiente, dispone que todos los sujetos obligados tienen el deber de tener disponible la información pública de oficio a que se refiere el artículo 9, así como garantizar el acceso a la información siguiendo los principios y reglas establecidas en dicha norma.

Y, finalmente, el artículo 9 dispone que, Con excepción de la información reservada y confidencial, los sujetos obligados deberán poner a disposición del público, sin que medie solicitud alguna, así como difundir y actualizar dentro de los sesenta días naturales a que surja o sufra alguna modificación (…) la siguiente información: Su estructura orgánica, el marco normativo aplicable a cada sujeto obligado; las facultades y atribuciones de cada sujeto obligado; el directorio de servidores públicos por área; y la remuneración mensual por puesto, incluyendo el sistema de compensación… entre otras cuestiones que, por disposición de la misma norma, deben estar permanentemente disponibles para el público, y respecto de las cuales debe haber cuidado y actualización constante.

Todo eso no se cumple en el caso de quienes tienen el deber de mantener actualizada la información pública de oficio del Poder Ejecutivo del Estado. Y es que basta con entrar a la página web del Gobierno del Estado (www.oaxaca.gob.mx) para corroborar que en su portal de transparencia no sólo hay descuido, sino también una falta de actualización grave, y un conjunto de faltas graves que constituyen violaciones a la Ley de Acceso a la Información, y que deberían ser motivo de atención, advertencias y sanciones por parte del Instituto Estatal de Acceso a la Información Pública de Oaxaca.

Curiosamente, las instancias gubernamentales encargadas de mantener actualizada la información pública que marca la ley, incumplen impunemente. Y, al mismo tiempo, el Instituto, que debiera estar preocupado fundamentalmente por una cuestión tan básica como esa, prefieren estar distraídos en asuntos menos importantes y no llamar la atención a un gobierno que no sólo no cumple con la ley, sino que promovió la reforma de ese órgano autónomo (por considerar que no cumplía con las expectativas de la ciudadanía) y la sustitución de sus titulares. Con omisiones como esta, no hacen sino darle la razón a quienes tachan de inoperante al actual Instituto.

Y es que no hace falta hurgar mucho para descubrir las omisiones. Por ejemplo, al entrar al portal de Transparencia del sitio web www.oaxaca.gob.mx y dar clic en el rubro de “Directorio de Servidores Públicos”, uno puede encontrar ahí información de dependencias que ya no existen, de personas que ya no ostentan el cargo de servidores públicos y, en algunos casos, simplemente encontrar en blanco los directorios que debían estar integrados y publicados en los términos que señala la ley.

Vayamos a algunos ejemplos. Según el Portal de Transparencia referido, aún existe la Coordinación de Planeación para el Desarrollo, y de ésta continúa siendo titular Bulmaro Rito Salinas. Del mismo modo, no sólo da por existente la Coordinación de Transporte, sino que según lo publicado, el titular sigue siendo el procesado penalmente, Gonzalo Ruiz Cerón; en el caso de la Coordinación de Comunicación Social del Poder Ejecutivo, el portal de transparencia dice que el titular sigue siendo Ernesto Reyes Martínez, cuando éste fue removido desde diciembre pasado.

Del mismo modo, el Portal de Transparencia indica que el senador electo por las izquierdas, Ángel Benjamín Robles Montoya, continúa siendo titular de la Coordinación de los Módulos de Desarrollo Sustentable. Incluso, en los casos de la Coordinación de de Financiamiento y Vinculación Internacional y de la Oficina de la Gubernatura, todos los espacios (sí, todos, no vaya usted a creer) se encuentran vacíos.

Para reforzar lo aquí dicho, esta columna hizo las respectivas capturas de pantalla el pasado 7 de agosto alrededor de las 20 horas. Y hasta la tarde de ayer, todo permanecía en las mismas condiciones. Todas las imágenes pueden ser consultadas en nuestro blog http://almargenoaxaca.wordpress.com

 

¿QUIÉN ES EL RESPONSABLE?

En primer término, la responsabilidad de un asunto aparentemente tan intrascendente como éste, pero que a la vez deja ver el tamaño del descuido y del desdén por sus obligaciones básicas relacionadas con la transparencia, recae justamente en la Secretaría de la Contraloría y Transparencia Gubernamental. Por pura lógica, la contralora Perla Woolrich debía ser la primera preocupada por velar por la no existencia de huecos tan visibles como éste, y por conminar a los directamente responsables a que cumplan con las funciones que les impone la ley.

Sin embargo, hay más. Y es que la fracción XXIX del artículo 49 de la recién reformada Ley Orgánica del Poder Ejecutivo, establece que la Consejería Jurídica corresponde el deber de “fungir como Unidad de Enlace en materia de Transparencia de la Gubernatura y de la propia Consejería Jurídica; asimismo, ser el Secretario Técnico del Comité de Transparencia y Acceso a la Información Pública del Poder Ejecutivo del Estado, actuando como Sujeto Obligado, por lo que deberá emitir y supervisar, con apoyo de los integrantes de dicho Comité, la aplicación de criterios y lineamientos para las Dependencias y Entidades,  en cumplimiento a las disposiciones aplicables en la materia.”

 

CUMPLIR LA LEY

Por pura imagen, el gobierno no debiera permitir huecos como éstos. Errores y omisiones como éste, revelan además el tamaño de la distracción que tienen, de sus funciones más básicas, servidores públicos como la contralora Woolrich Fernández y el consejero jurídico Víctor Hugo Alejo Torres. ¿De qué sirve que éste último casi viva en su oficina, si de todos modos va de yerro en yerro? Ahí está la prueba.

Ingobernabilidad en Oaxaca, un problema estructural

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+ Sitio Oficial, transparencia no es su fuerte

 

Es cada vez más evidente que la fragmentación de funciones y temas entre las distintas facciones que conforman el grupo gobernante, está a punto del fracaso. Hoy, a pesar de algunos esfuerzos genuinos, los más importantes problemas de gobernabilidad y orden en la entidad continúan latentes debido no a que éstos sean irresolubles, sino a que parece imposible homogenizar y ordenar al equipo de trabajo que acompaña al Gobernador del Estado. Mientras eso continúe, seguiremos viendo tumbos y conflictos que bien podrían evitarse.

En efecto, la actual administración lleva alrededor de 20 meses de gestión, que hoy alcanzan a rebasar la curva natural de aprendizaje de todo gobierno, y que incluso debiera constituir ya un punto importante de perfeccionamiento de las tareas públicas que les fueron encomendadas. Sin embargo, lejos de eso, lo que se ha visto es a un gobierno que no alcanza a tener la eficacia esperada, debido a que el Gobernante no cuenta con todo el apoyo de sus funcionarios —como debiera ser natural—, debido a que, en general, éstos se han dedicado más a cuidar sus parcelas de poder, y a tratar de incrementarlas, que a verdaderamente estar dispuestos a pagar el costo de hacer gobierno. El problema es que todos quieren ganar, pero al mismo tiempo nadie está dispuesto a sacrificar algo de sus capitales en aras de un mejor gobierno.

Este asunto genera una disyuntiva. Todo aquel que sabe cómo funciona la tarea de gobierno, sabe que para tener resultados hay primero que arriesgar la legitimidad y el radio de acción que se tiene al alcanzar el poder. En ese sentido, el bono democrático que tiene el actual grupo gobernante, es un cheque político inmejorable que, sin embargo, para pasar de la sola rentabilidad electoral a la eficacia ejecutiva, necesita ser puesto a funcionar a través de decisiones firmes y coordinadas, y de la toma de riesgos en conjunto.

Eso es lo que, hasta ahora, casi nadie ha querido asumir dentro del Gobierno del Estado. ¿Por qué? Porque hoy, contra toda lógica, todos dicen estar dispuestos a ser parte de este “histórico momento” político por el que atraviesa la entidad —y por ende todos pretenden subirse al “carro” de la alternancia de partidos en el poder, y de las supuestas respuestas que ese cambio debe traerle a la gente—; pero al mismo tiempo, todos se dedican a cuidar solamente el espacio que tienen, y a torpedear a sus compañeros de gobierno para tratar de desbancarlos no por ineficientes, sino para tomar ellos los lugares que queden vacíos.

Esa ha sido, en gran medida, la lógica del sinsentido que ha prevalecido entre los integrantes del gabinete de gobierno. Todos, sin excepción, han buscado la oportunidad de encabezar a los tres grupos que, por decir lo menos, existen dentro de la administración estatal. Todos, sin excepción, han buscado entorpecer el trabajo de quienes no son parte de sus respectivas facciones. Y más de uno ha tratado de provocar un ánimo de “purga” en el Gobernante, para que éste tome decisiones y homogenice el gabinete de gobierno, pero sólo a favor de uno de los grupos.

Es evidente que algo así difícilmente ocurrirá en estos momentos. Aunque administrativa y ejecutivamente es claramente inoperante, hoy no existe una alternativa clara a la necesidad que tiene el gobernador Gabino Cué Monteagudo de mantener los equilibrios no sólo en sus funcionarios (que de hecho son lo de menos), sino en los grupos, facciones y hasta partidos que cada uno representa.

Esto porque, si en las condiciones actuales (en los que existe una coalición que tiene mayoría en el Congreso, y que facilita la toma de muchas de las decisiones relacionadas con el proyecto político de la administración estatal) la gobernabilidad y la relación del Gobernante con sus aliados es compleja y a veces hasta tirante, esa convivencia sería mucho más compleja (quizá hasta imposible) si se pulverizara la coalición de partidos en el Congreso y en el gobierno, y entonces el Gobernador tuviese que acordar y consensar no sólo con sus opositores “reales” del PRI, sino que debiera entablar sendas negociaciones con cada uno de los partidos políticos para conseguir su anuencia para ciertas decisiones.

 

TODOS CONTRA TODOS

El problema es que, como todos los integrantes del gabinete pertenecen a alguna de esas facciones, y que el Gobernador tiene muy pocos aliados incondicionales —y que de esos, sólo unos cuantos se encuentran en alguna posición oficial importante—, entonces el resultado es que, finalmente, cada quien cuida el espacio en el que se encuentra (y el poder que acumula), dejando en segundo plano la visión global de gobierno que debía haber para estar dispuestos en sacrificar algo de lo propio (legitimidad, capital político, espacios de poder y hasta prebendas y manejo de recursos) en aras de que a todo el régimen le fuera mejor.

A partir de eso puede entenderse con toda claridad el fracaso de “llamados a la rectificación” como los que ha intentado hacer el secretario General de Gobierno, Jesús Martínez Álvarez. Éste no se equivoca cuando dice que el gobierno tiene fallas y que debe ser ajustado cuanto antes por el Gobernador del Estado. No miente, y sin embargo lo único que han provocado sus llamados es incrementar el nivel de encono que todos tienen en su contra.

Y eso sería intrascendente si todos fueran sólo miembros de una familia o integrantes de una empresa. El problema es que todos son parte de un gobierno, y que, de entrada, todos los adversarios que ha acumulado el Secretario General de Gobierno, lo hacen pagar dejando sueltos los problemas de la gobernabilidad que, finalmente, terminan no sólo afectándolo a él, sino provocando daños incalculables (y en algunos casos, irreparables) a todos los oaxaqueños.

Lo más grave es que no está cerca un cambio sustancial. En el fondo, Martínez Álvarez quisiera esa limpia en el gabinete, pero sólo para que esas posiciones fueran entregadas a su grupo. Eso mismo quieren todos. Por tanto, la limpia no ocurrirá. El problema es que Oaxaca paga las consecuencias de la manutención de ese caro equilibrio que permite el atropellado tránsito del gobierno actual.

 

¿Y LA TRANSPARENCIA?

¿Alguien se ha tomado la tarea de revisar el portal de transparencia del Gobierno del Estado de Oaxaca? Ese, que debiera ser uno de los rostros más presentables de un gobierno democrático, es en realidad un pequeño gran desastre. ¿Quién es el responsable? Abundaremos.

Informe y glosa en Oaxaca: sólo actos de lucimiento

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+ Reformas… pero no para interpelaciones

 

No es la primera vez que se discute en el Congreso del Estado, la necesidad de reformar en la Constitución local la parte relativa al Informe que rinde el Ejecutivo del Estado de la situación que prevalece en la Administración Pública estatal, y la llamada Glosa del Informe, en la que los diputados llaman a comparecer a los Funcionarios del Gabinete de Gobierno para que expliquen el trabajo realizado.

Las discusiones han sido varias. Aunque ciertamente, ninguna ha dado en el punto exacto de proponer que tanto el Informe, como la Glosa, sean algo más que sendos circos en los que, en el primer caso, sólo hay lucimientos; y el que, en el segundo, se atacan y se acusan para finalmente irse todos felices a su casa, sin ningún avance sustancial para los asuntos públicos del Estado.

En efecto, el gobierno de Oaxaca está ya entrando en la ruta de preparación del Segundo Informe de Gobierno. Teniendo ya como antecedente la realización de ese acto constitucional en 2011, claramente podemos prever que, en este segundo caso, de nuevo se buscará una negociación previa para que el Gobernador del Estado pueda acudir personalmente a entregar al Congreso el documento en el que se contiene el Informe, pero también para que pueda demostrar que tiene todos los hilos del poder, y que por eso puede acudir al Recinto Legislativo a presentarse libre y seguro ante los diputados.

De hecho, en 2011 quedó claro que la razón más importante por la que se realizó el Informe de Gobierno como un acto solemne y de franco lucimiento del Gobernante, fue justamente para demostrar que, contrario a su antecesor, él sí era bien recibido en la Cámara de Diputados; que él sí tenía la capacidad y la disposición para presentarse ante ellos; y que, incluso, era capaz de montar luces y cámaras en el Recinto Legislativo, para llevar invitados y hacer testigo al pueblo de Oaxaca —a través del canal oficial de televisión— de ese acto que fue hecho no para informar sobre la administración pública, sino para que él tuviera un escenario en el cuál demostrar su vocación de líder, de negociador y de demócrata que, según el canon político del momento, no tenía su antecesor.

Y es que, de hecho, tal y como está concebido el acto constitucional del Informe de Gobierno, ya no corresponde a las necesidades actuales, porque éste es sólo un acto de lucimiento que sí era acorde a los tiempos del partido hegemónico, en el que el Gobernante era también el Jefe Político, en el que la oposición era testimonial, y en el que, por tanto, el Día del Informe era también el Día del Gobernante, porque ese era el escenario en el que éste podía mostrar su “eficiencia” (de ahí el discurso lleno de números y cifras que, bien a bien, muy pocos entienden); su liderazgo (con un monólogo lleno de aplausos y ovaciones); y su control sobre los demás factores de poder (por la ausencia de detractores o cuestionamientos).

Todo esto, ciertamente, debe cambiar. Pero debe hacerlo de tal modo que el Informe no pierda su naturaleza de acto republicano entre Poderes; pero que tampoco siga siendo el acto de lucimiento con el que fue concebido y mantenido tanto en la Constitución, como en la práctica política del Estado. La posibilidad de una reforma “moderna” al formato del Informe, para que el Gobernante esté presente mientras se le interpela, es equivocada y, en el mismo sentido, claramente con ánimo de lucimiento y de revancha por parte de quienes buscan favores o posiciones a partir del amague o la ejecución de cuestionamientos, y hasta insultos (cobijados los diputados, en la plena libertad constitucional que tienen para manifestar sus ideas en el ejercicio de su encargo), a quien gobierna.

Si una reforma de tal magnitud se hace con esa sola intención, entonces los diputados estarían equivocándose y perdiendo una gran oportunidad de hacer una verdadera reforma de avanzada al formato del Informe.

 

LA GLOSA, OTRO CIRCO

La llamada Glosa del Informe es un auténtico circo. En éstos últimos años, hemos visto que el gran avance democrático que se ha conseguido en Oaxaca, ha sido únicamente el relativo a que hoy los diputados sí tienen la capacidad y la fuerza suficiente como para mandar a llamar a los funcionarios del Gabinete estatal, y conseguir que éstos asistan a la convocatoria. En otros tiempos, había funcionarios que a base de prebendas económicas, o francos desafíos avalados por el Gobernante-Jefe Político en turno, simplemente desoían el llamado —y optaban por negociar su no asistencia, ofreciendo dinero o beneficios oficiales a los diputados, a cambio de su “anuencia”—, o de plano decidían no ir al Congreso.

Hoy eso ya no ocurre. Sin embargo, no por eso el resultado deja de ser desalentador. De hecho, en los últimos años hemos visto cómo toda la glosa se convierte en otro “estira y afloja”, en donde todos los puntos a discusión —y a negociación— son irrelevantes para los asuntos públicos que debieran discutirse, y en el que se entablan sendas negociaciones previas (llenas de oscuridad y de intercambios) para pactar apoyos, silencios e interpelaciones por parte de los diputados.

Esto porque los diputados ocupan la ocasión para hacer gala de sus problemas y débitos personales con los integrantes del gabinete. La glosa sirve para que los interpelen, es cierto, pero también para que los señalen, ofendan y les reprochen asuntos que según ellos son producto de su deficiencia. Los funcionarios por su parte, ocupan el momento para también saldar sus cuentas con los diputados. Se defienden como pueden. Y, de hecho, al final dan gala de contestar lo que quieren y como quieren, y de evadir todos los asuntos que, aunque se los machaquen, simplemente no tengan interés o ganas de abordar.

En eso último, los secretarios Salomón Jara Cruz y Jesús Martínez Álvarez han dado cátedra en sus comparecencias ante los diputados, pues ambos han demostrado ser todo lo demagogos posibles pues dicen lo que quieren, prometen mucho y cumplen poco, y hacen de los diputados blanco de burlas al demostrar que aún frente a sus cuestionamientos, no son removidos de sus cargos, ni son atendidos los puntos que se les exigen.

 

SOLUCIÓN LEJANA

Ese formato no cambiará en el corto plazo, porque así como está les conviene a todos. Le conviene al Gobernante porque así tiene su acto de lucimiento, y sus funcionarios pasan por una glosa que no implica consecuencias ni compromisos. Y los diputados tienen las negociaciones que tanto les gustan, y reditúan. Ojalá hubiera seriedad. No es así.

PRI: relevo en CDE debiera ser en 2013

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+ ¿Qué nadie frena los intentos futuristas?

 

Aunque parece indispensable el relevo en el Comité Directivo Estatal del Partido Revolucionario Institucional, el mejor síntoma de interés y preocupación por parte de la cúpula nacional priista respecto a Oaxaca, debiera ser a través de un enérgico llamado a la contención de todos aquellos que tienen aspiraciones por la dirigencia estatal, para dar paso, primero, a un auténtico reordenamiento de fuerzas y equilibrios respecto a las definiciones de candidaturas y posiciones rumbo a la elección estatal del próximo año.

En efecto, aunque aún parece haber muchos que no lo calculan, en menos de un año ocurrirá ya la llamada “elección intermedia” en Oaxaca. Con esto se habrá llegado ya a la primera mitad del gobierno de Gabino Cué Monteagudo, y ya sin los efectos externos habidos en los últimos comicios (locales y federales) habrá posibilidad de que los partidos midan fuerzas en una competencia llana, que de verdad demostrará qué nivel de ascendencia tiene cada uno de ellos sobre el electorado.

De hecho, desde hace mucho tiempo se han esperado los comicios intermedios en Oaxaca, porque ellos serán una primera posibilidad real de medir, sin interferencias, el nivel de penetración que han tenido las otrora fuerzas opositoras frente a los electores, ahora como gobierno; y, del mismo modo, en qué magnitud real se han sostenido las preferencias de votación hacia el PRI oaxaqueño, ahora que ya no son gobierno, y que tampoco tienen recursos para aceitar la maquinaria electoral —de alto cilindraje— con la que obtenían votos en tiempos anteriores.

Por eso estos comicios son importantes, y por esa misma razón el PRI oaxaqueño no puede seguir sujeto ni a los cuestionamientos que lo han empañado hasta ahora, y mucho menos a la inestabilidad y los intereses particulares con los que se han intentado definir sus candidaturas. En primera instancia, es evidente que el PRI no puede repetir el (casi) blanqueo del que fueron objeto en estos comicios federales —a pesar del efecto Peña Nieto—; y tampoco pueden llegar, de nuevo, a los tiempos electorales afectados por la crisis interna, por los intentos de sus dirigentes de definir las postulaciones de acuerdo a sus propios intereses, y por el divisionismo que los llevó a los últimos resultados electorales, en los que todos resultaron reprobados.

Y es que todo eso ha ocurrido por falta de atención y orden. Ya en otras entregas, hemos analizado largamente la forma en cómo el Comité Ejecutivo Nacional del PRI ensayó en Oaxaca remedios a su crisis interna que resultaron desastrosos; de cómo fallaron estrepitosamente los intentos de acuerdos cupulares con los ex Gobernadores priistas; y de cómo, mientras, los priistas locales hicieron de su convivencia una auténtica cena de negros en la que todos resultaron perdedores.

Les guste o no, lo acepten o no, hoy por eso el Comité Directivo Estatal es no sólo un mero membrete, sino también —y sobre todo— una entelequia que no tiene ascendencia sobre ningún priista, que no controla nada, que no tiene capacidad de dictar líneas respecto a las posturas institucionales, partidistas o legislativas de su partido; y que es blanco de interés de varios que, de nuevo, sólo quieren llegar a esa posición para construir desde ahí alguna candidatura, pero no para verdaderamente dirigir al partido y conducirlo a una posición real de organización, orden y competitividad.

 

FUTURISMOS ACELERADOS

El CEN del PRI debe renovar al Comité Directivo Estatal después de trabajar en la definición de candidaturas y posiciones para la elección intermedia de Oaxaca, porque sólo así podrá garantizar que quien llegue a la dirigencia, no lo haga con intención de “agandallarse” o influir en candidaturas a diputaciones locales, ni en la colocación de personajes afines en los más de 100 municipios oaxaqueños que se definen por el sistema de partidos. Esa es una verdad que, aunque no les gusta a muchos priistas, es simplemente irrefutable.

Mientras, lo que el CEN del PRI debiera hacer es sujetar a todos los que ansían ya vivir en el futuro, a no moverse más de lo debido. El hecho de que aún no está definida la situación de la elección presidencial, hace obvia la necesidad de que primero se cierre este ciclo electoral, para que después puedan abrirse otros frentes locales que ocupen la atención del CEN. Lo único que provocan hoy esos futurismos, es enrarecimiento de la ya de por sí mala convivencia partidista, y una demostración de desorden que no debiera ser benéfica para nadie.

Y es que hasta hoy, el CEN únicamente ha dejado ver a Oaxaca, a valores entendidos, la instrucción de evitar futurismo hasta por una cuestión de orden y respeto al momento que viven por la elección presidencial. En ese sentido, el aún diputado federal Heliodoro Díaz Escárraga es, paradójicamente, el único que ha pasado por alto esa prevención, y que ya busca abiertamente postularse, y dar el albazo respectivo, para convertirse lo antes posible en dirigente estatal del PRI. Es el único que desoye las órdenes del personaje (Peña Nieto) a quien le coordinó su campaña en Oaxaca.

Al final, debe haber claridad en todo este proceso, pues llegar al 2013 en las condiciones que lo hicieron en 2012 será desastroso. La salida salomónica sería simplemente postergar la elección de dirigente hasta el próximo año, y mientras resolver todos los temas realmente pendientes y urgentes en Oaxaca. Quién sabe si lo hagan.

 

CONTRADICCIONES…

Las de Víctor Raúl Martínez Vásquez, quien siempre se vende como garante de la calidad académica, pero que al frente del CECYTEO deja mucho qué desear. Vean si no. Desde que llegó a la Dirección de esa institución, nombró como directora de Vinculación Académica a una mujer, de nombre Alma Rosa Gómez Soto que, dicen quienes la conocen, carece de título y cédula profesional. Y no sólo eso, sino que quién sabe por qué razón, Martínez Vásquez la ha dejado disponer a placer de los recursos del Colegio. Por eso, Gómez Soto desapareció, de un plumazo, el área de Comunicación Social; también se asignó un salario extraordinario. Y, para evitar cuestionamientos, desapareció de la página web del Colegio, todo indicio relacionado con ella y su formación profesional. Ya antes había estado en la Fundación CECYTEO. Y desde entonces la conocen —¡vaya paradoja!— como “la delatora”, pues fue quien dio santo y seña para que despidieran al anterior director, Sergio Aguilar Ruiz. Entonces, ¿dónde está la congruencia? ¿Extraviada en los asuntos del corazón?

FOSCUPT vs UOTEO: malo contra peor

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+ Van por intereses; no les importa el orden

 

Sería un error creer que son buenos los lobos con piel de oveja en el sector del transporte público, que intentan engañarnos con acciones de supuesta bondad, que ni ellos se creen. El pasado lunes, unidades de servicio foráneo ligadas al Frente de Organizaciones Sociales, Campesinas, Urbanas, Pesqueras y de Transporte (FOSCUPT) ofrecieron el servicio de taxi gratuito durante las festividades de la Guelaguetza, en un intento por congraciarse con la ciudadanía, y de terminar de poner en mal a la Unión de Organizaciones de Taxistas del Estado de Oaxaca, que el miércoles de la semana pasada sitiaron la capital oaxaqueña. No podría pasar algo peor, que creyéramos en la supuesta preocupación por la ciudadanía de los integrantes de FOSCUPT.

En efecto, hoy queda claro que todo lo que existe alrededor del transporte y las organizaciones sociales, son intereses. La semana pasada, vimos cómo los integrantes de la UOTEO, protestaron de forma masiva en la capital oaxaqueña, y cómo fueron capaces de generar tal daño a la ciudadanía en su intento por presionar al gobierno. Vimos también con qué facilidad lograron doblar a la administración estatal para una negociación forzada, y cómo trataron de legitimar una serie de exigencias que a todas luces son imposibles de cumplir.

Y es que las exigencias de la UOTEO corren, cuando menos, en dos bandas paralelas. Pues por un lado, se encuentra su añeja exigencia de que el gobierno estatal retire cuanto antes a las más de seis mil 500 unidades del transporte público que, o no cuentan con placas ni concesión, o que ésta tiene alguna irregularidad o es falsificada. Y por el otro extremo, está la interminable disputa política que sostienen con los otros grupos de taxistas y concesionarios, contrarios a ellos y sus mentores, a los que apadrinan personajes cercanos al grupo gobernante. Uno de esos grupos, en donde se aglutinan la gran mayoría de los irregulares, y que está apadrinado por un grupo contrario al de la UOTEO, es justamente el FOSCUPT.

¿Qué es el FOSCUPT? Fue, a un inicio, un intento de Frente de Organizaciones —como su nombre lo indica— en el cual Karina Barón Ortiz y Jesús Romero López intentaron aglutinar a la mayor cantidad posible de organizaciones de gestión y de lucha social, bajo la promesa de que ese Frente, avalado por el gobierno de Gabino Cué, sería el canal idóneo para que todas las organizaciones sociales ahí inscritas, pudieran acceder a todos los recursos y beneficios que ofrecían las dependencias del Gobierno del Estado (para desarrollo social, temas agrícolas y de producción de alimentos, combate a la pobreza, etcétera), o para el acceso a recursos federales para lo cual era necesario el aval del gobierno local.

Aunque hay muchos que hoy no lo recuerdan, el FOSCUPT inicialmente aglutinó a varias organizaciones ligadas al Partido Revolucionario Institucional, y emergieron a la vida pública a través de una marcha por la capital oaxaqueña. Aunque las promesas eran atractivas, muchos de los apuntados en ese Frente pronto se dieron cuenta que los mayores beneficiarios de la misma habían sido justamente las organizaciones de Barón Ortiz y Romero López.

Al poco tiempo, al revisar lo obtenido, repararon en el hecho de que esa unión no sólo había sido poco productiva, sino que habían conseguido menos recursos y beneficios de los antes obtenían solos. Así, en menos de un año el FOSCUPT perdió mucha de su presencia real, y sólo se quedó con los grupos con quienes sí podían tener negociaciones a partir no de recursos sino de la aplicación de la ley.

Por eso hoy ese Frente aglutina a grupos como el de los taxistas irregulares que, a cambio de continuar trabajando sin autorización oficial, pero sin molestias de la autoridad, apoyaron al ahora senador electo, Ángel Benjamín Robles Montoya.

 

MALOS VS PEORES

Hace ocho días, exactamente, fue un día dantesco para la autoridad. Ésta se enfrentaba a los malos; y éstos eran esperados por los peores. Al final, la ley y, valga la redundancia, la autoridad que representan las autoridades del gobierno estatal, quedaron arrodilladas, sometidas y vilipendiadas. ¿Por qué? Porque, sin más, los taxistas citadinos de la UOTEO, decidieron desquiciar la ciudad para atraer la atención de la autoridad. Y al día siguiente, el jueves de la semana pasada, estaban a punto de hacer lo mismo los “buenos” del FOSCUPT.

Lo acepte o no la autoridad, los taxistas de la UOTEO los pusieron de rodillas. A través de un sitio feroz a la capital oaxaqueña, consiguieron en unas horas que el propio Gobernador del Estado se sentara a negociar, personalmente, lo que todos sus funcionarios no habían podido hacer. Al día siguiente, los ruleteros inconformes se fueron a su casa con total impunidad, sin ninguna consecuencia, y con nuevos acuerdos, construidos quién sabe por qué a puerta cerrada, y firmados por el propio Mandatario.

Sólo que mientras esos acuerdos terminaban de confeccionarse, el jueves por la mañana, de nuevo en las principales arterias viales había apostados ahora taxistas adheridos no sólo a la UOTEO, sino también al FOSCUPT. Si los primeros esperaban el resultado de su negociación, los segundos amenazaban con ser ahora ellos los protagonistas del bloqueo, para que el gobierno “se diera cuenta” que ellos también eran muchos y que también podían desquiciar la capital si no se les tomaba en cuenta.

Y es que el FOSCUPT está integrado, en buena medida, por todo eso que es contrario a la ley y que, por tanto, no debía existir en Oaxaca. En ese Frente, por ejemplo, se encuentran agremiadas las huestes del indeseable líder Juan Luis Martínez, de la Confederación Nacional de la Productividad, que en los últimos años se ha encargado de cobijar y manipular a todos aquellos que, por la razón que sea, realizan una actividad sin cubrir todos los requisitos que exige la ley, y sin tener autorización legal por parte de la autoridad competente.

 

LOBOS DISFRAZADOS

Por eso su imagen de “preocupados” por la mala imagen que dieron los taxistas de la UOTEO, y su supuesta “bondad” con la ciudadanía durante las pasadas fiestas del Lunes del Cerro, no son sino un engaño. FOSCUPT lleva a cabo prácticas tan cuestionables como las de sus contrapartes. Y por eso, si de verdad quisiera hacer algo benéfico por Oaxaca debería pronunciarse a favor de un reordenamiento y regularización y, valga decirlo, actuar en consecuencia. Mientras no lo hagan, todo es mera demagogia.

Guelaguetza en Oaxaca: ¿por qué no conformarnos?

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+ Fiesta debe recuperar su sentido original

 

Oaxaca es una tierra de gente tan generosa, que por eso, aún frente a los agravios y las distorsiones, difícilmente protesta o inconforma por asuntos que realmente tienen que ver con temas tan complejos, como el de sus raíces culturales. Eso es lo que ocurre con la fiesta de los Lunes del Cerro: a pesar de que ésta ha sido modificada, y lastimada, por los meros afanes comerciales, los oaxaqueños seguimos viéndola tan esplendorosa e impactante como si nada se le hubiera cambiado. Por muchas razones, eso no debiera ser así.

En efecto, en los últimos años la fiesta de los Lunes del Cerro ha sufrido modificaciones importantes. Una de ellas, quizá la más significativa, ha sido la del establecimiento de cuatro, y no dos ediciones de la Guelaguetza. Ese replanteamiento, que se hizo bajo justificaciones meramente comerciales, en realidad ha venido a distorsionar de manera importante la lógica que seguía la representación de los Lunes del Cerro, así como la presencia de las delegaciones regionales y hasta el tiempo de duración de cada una de las representaciones.

Es claramente perceptible el hecho de que, en los últimos años, los encargados de organizar esas festividades desde el Gobierno del Estado, se han aprovechado de que generalmente los turistas desconocen cuáles son los antecedentes principales y el origen y significado tanto de la presencia de las delegaciones en Oaxaca, como de las expresiones étnicas y culturales que vienen a representar en el Auditorio Guelaguetza. Piensan que como éstos no saben, y de todos modos se van maravillados por lo que ven (cultura tan rica como la oaxaqueña, es escasísima en casi todo el mundo), entonces les pueden presentar lo que sea y que de todos modos éstos lo consumirán y aplaudirán como si la fiesta estuviera realmente intacta.

Eso último, en efecto, ocurre. Aún con todos sus cuestionamientos y deficiencias, generalmente el turismo nacional e internacional —y los mismos oaxaqueños— se va maravillado por lo que pueden alcanzar a ver en el Auditorio Guelaguetza. Es innegable el hecho de que a propios y extraños impacta y estremece el majestuoso Jarabe del Valle con la presencia de las Chinas Oaxaqueñas; los bailes y sones de la región de la Costa e Istmo; la belleza de las tuxtepecanas y el colorido y alegría de sus bailes y trajes; e incluso el impacto que provoca la Canción Mixteca, entonada respetuosamente por miles de almas en el Auditorio, o la lozanía de los Mixes o representantes de la Sierra Juárez. Sin embargo, al margen de eso ocurren muchas otras cosas que no deberían pasar en los Lunes del Cerro.

Vayamos a algunos ejemplos. Por citar una cuestión específica, hoy esa representación dura casi cuatro horas, de las cuales —dicho con todo respeto—, mucho está de relleno. En cada edición anual de los Lunes del Cerro, se ve con mayor claridad el hecho de que la fiesta se alarga innecesariamente y que, a la par de ello, se invita a delegaciones regionales que, aunque ciertamente son parte de Oaxaca, pero que no por ello son expresiones realmente auténticas de sus regiones o zonas étnicas.

Del mismo modo, para alargar la Guelaguetza, hoy se recurre en exceso a las representaciones de bodas, mayordomías, tradiciones populares y demás, que si bien son parte de las tradiciones de los pueblos, no por ello tienen estar en la Guelaguetza. Haciendo un balance honesto y congruente de lo que debían ser los Lunes del Cerro, y lo que son en realidad, pueden entenderse con toda claridad los amplios cuestionamientos que hoy pesan sobre los organizadores de la fiesta, y sobre el llamado Comité de Autenticidad, que claramente han privilegiado el sentido económico, comercial y lucrativo de esa fiesta, y han desdeñado la verdadera originalidad y autenticidad que debía prevalecer en una representación tan trascendental que, además, no es propiedad de ellos, sino de todos los oaxaqueños.

 

CIUDADANÍA EXIGENTE

Lo grave, en todo esto, es que hasta la gente que sabe se deja cautivar con la fiesta, y hace de lado cualquier cuestionamiento respecto de la Guelaguetza. Se van, pues, al lugar común de que Oaxaca es más grande que cualquier insuficiencia de sus funcionarios o mecenas folclóricos o culturales, y que por esa razón la fiesta de los Lunes del Cerro vale la pena independientemente de cómo se haga, o de lo que se le agregue o se le quite deliberadamente. Dicen, por ejemplo, que la sola presencia de ciertas delegaciones regionales (algunas de ellas mencionadas en líneas anteriores) hacen que la fiesta valga la pena, y que todo lo demás es nimio. Nada más equivocado.

Uno de los principios de cualquier sociedad crítica, radica en que ésta pueda tener siempre la capacidad de autoevaluarse y verse con honestidad y sin falsos pragmatismos. Es cierto, bajo esa lógica, que los Lunes del Cerro valen excepcionalmente la pena por las expresiones culturales que ahí se manifiestan.

Sin embargo, eso no significa que propios o extraños debamos estar de acuerdo, o aplaudir, por cualquier cosa que se nos presente. Y si a los turistas eso se les disculpa por el desconocimiento de la verdadera tradición, para los oaxaqueños eso es inadmisible porque sabemos bien lo que debe tener nuestra Máxima Fiesta, y porque preferimos evadir la realidad antes que hacer algún tipo de autocrítica que involucre signos de interrogación a nuestras tradiciones.

Por eso, un asunto como este debemos verlo desde una perspectiva más amplia. Debemos ser críticos y exigentes, porque sólo así podremos verdaderamente tener una mejor fiesta. Es cierto que quienes la organizan no lo hacen tan mal. Sin embargo, es evidente que la podrían hacer mejor, y que uno de los puntos básicos para eso radica en recuperar la originalidad de la celebración, en rescatar la forma en que originalmente fue concebida, y en quitarle el aserrín y el relleno que solamente abulta pero que no aporta para lo que verdaderamente deben ser los Lunes del Cerro. No seamos evasivos. Exijamos algo mejor, por el bien de Oaxaca y de nosotros mismos.

 

DE RIPLEY…

Que en Oaxaca las más importantes escuelas de educación superior elijan a sus autoridades por el voto popular. Así ocurre en todas las escuelas de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca —y ahí está la raíz de muchos de sus problemas— y ahora sabemos que también lo hacen así en las Normales de Maestros en Oaxaca. Coincidentemente son las más problemáticas. Coincidentemente, son muy corruptas. Qué lamentable.

Transporte: ordenamiento y la ley, un caos

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+ Problema, que no hay voluntad ni reformas

 

Buena parte del problema que enfrenta hoy el Gobierno del Estado en materia de transporte, se debe a dos cuestiones mayores: en primer término, se enfrenta a un gravísimo problema de desorden y predominio de los poderes fácticos del transporte, por encima de la ley; y en segundo, todo se agrava por una discordancia en la propia legislación estatal, que no hace sino alimentar las disputas y las luchas de poder dentro del mismo gabinete estatal. Mientras no haya solución a esos temas, el problema seguirá agravándose indefinidamente. Veamos por qué.

El primero de los puntos es palpable a simple vista. A pesar de que en las dos últimas administraciones (la del gobernador Ulises Ruiz y la actual) se han mandado a hacer sendos estudios sobre la forma en que debe realizarse el reordenamiento integral del transporte público en la capital oaxaqueña y su zona conurbada, no ha habido disposición por parte de todos los actores del sector para de verdad entrarle a una reorganización integral, y eso ha impedido que la autoridad estatal pueda avanzar más allá del simple hecho de saber qué hacer, pero no cómo.

Nadie ha querido acceder a esa posibilidad, porque obviamente cualquier reordenamiento pasa por el fin de innumerables vicios que hoy son cosa común en el transporte público. Y es que, aunque estamos acostumbrados a eso, es evidente que en Oaxaca pasan muchas cosas que no deberían.

Esto se refleja, por ejemplo, en el hecho de que no haya una delimitación específica de rutas y tarifas; que no haya una delimitación específica, y que se respete, en el ámbito de trabajo del transporte citadino y foráneo; que, del mismo modo, no haya certeza en la forma de operación de los automóviles de alquiler, las camionetas, los minibuses y las llamadas “suburbans” dentro y alrededor de la ciudad; y, por si fuera poco, que el servicio de transporte urbano sea asimismo anárquico, voraz e ingobernable dentro de la misma capital oaxaqueña.

Queda claro que no hay orden porque el “orden” que hoy existe es el que ha impuesto no la ley sino los grupos más fuertes. El pasado miércoles, por ejemplo, vimos una muestra clara de cómo la Unión de Organizaciones de Taxistas de Oaxaca sitió por completo de la capital oaxaqueña en aras de presionar a la autoridad estatal para ser atendidos en sus demandas.

Ayer, en respuesta a la presión de la UOTEO, los taxistas foráneos —e irregulares— agrupados en la Confederación Nacional de la Productividad, se apostaron en los principales cruceros y accesos a la capital, en una franca señal de desafío a la autoridad, y llevando con ellos el mensaje de que también están presentes, que también son fuertes (porque son muchos) y que, en base a ello, también tenían capacidad de recetar a la autoridad estatal (y a la ciudadanía) otro bloqueo como el del día anterior, si ésta no los tomaba en cuenta y no los llamaba también a negociar sus demandas.

Es evidente que, unos y otros, los que siempre buscan negociar con la autoridad son canonjías, relajamiento en la aplicación de la ley, y permisividad para la continuación de actividades y prácticas que se encuentran prohibidas por el derecho, pero que de hecho son permitidas porque sólo así, aflojando la observancia de la norma, han podido mantener la “gobernabilidad” en el sector, y un orden que les permita aparentar que cumplen con las funciones públicas que les fueron encomendadas.

Al final, el reordenamiento del transporte urbano, foráneo y colectivo ha sido imposible de realizar, porque siempre ha ganado el poder fáctico de cada uno de los grupos, y porque esos grupos —todos— siempre han hecho lo legal y lo ilegal con tal de que no les sea impuesto un auténtico reordenamiento que marque el fin de sus excesos y de las ganancias indebidas que obtienen del caos que prevalece actualmente.

 

CONFLICTO DE LEYES

Esa permisividad y relajamiento en la aplicación de la ley, se ve aderezada por otro factor que, aunque es poco atendido, sí juega un papel fundamental en la anarquía y la desorganización que existe en la atención y sanción de los temas relacionados con el transporte público. Dos dependencias del Gobierno del Estado, dicen ser autoridades en materia de tránsito. Y como no se ponen de acuerdo ni trabajan coordinadamente, entonces el sector se queda sin vigilancia y esto es aprovechado por quienes, a partir de eso, infringen la ley y obtienen ganancias indebidas. ¿De qué hablamos?

De que tanto la Ley de Tránsito Reformada, como la Ley de Seguridad Pública del Estado de Oaxaca, contemplan la existencia de una Dirección de Tránsito. El problema es, en esencia, un conflicto de leyes (que, con voluntad sería fácilmente subsanable) que, sin embargo provoca confusión, descoordinación y disputas dentro del propio gabinete; y que todo impacta en la situación del transporte, que bien a bien no es regulado por nadie.

Y es que en la Ley de Tránsito Reformada (que es la que formalmente regula todo el sector del transporte público) dispone que “la aplicación de esta Ley y sus Reglamentos, corresponde al Titular del Poder Ejecutivo del Estado por conducto de la Secretaría de Transporte y sus correspondientes Direcciones de Tránsito y de Transporte”. Enseguida establece que la Policía Preventiva está obligada a prestar auxilio a las Autoridades de Tránsito, cuando éstas, en el desempeño de sus funciones, lo soliciten. Y dicho ordenamiento, señala expresamente que son autoridades de tránsito en la entidad, entre otros, El Gobernador, el Secretario de Transporte, y el Director de Tránsito.

El problema es que la Ley de Seguridad Pública establece que son autoridades en esa materia el Gobernador, el Secretario de Seguridad Pública y, entre otros, el Comisionado de la Policía Estatal. Ahí mismo se establece que para la conducción de las operaciones policiales, la Policía Estatal contará con un área de Tránsito y Vialidad.

 

RAZÓN DE INGOBERNABILIDAD

Eso señala cada una de las normas. Aunque lo real es que sólo existe la Dirección de Tránsito y Vialidad establecida en la Ley de Seguridad Pública, que no tiene competencia en materia de transporte; y que, cuando en los hechos se involucra en estos asuntos, lo hace rebasando sus atribuciones. En buena medida, pues, el problema es jurídico. Pero también es cierto que ese problema jurídico se alimenta de un jaloneo entre la Secretaría de Seguridad Pública y la del Transporte, por Tránsito y sus funciones. Y mientras ellos, los gatos, se pelean… los ratones transportistas siguen en la fiesta.

Transporte: claves para entender esta crisis

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+ Solución integral: necesaria ¿y lejana?

 

El del transporte público, es un problema grave que debe ser abordado y resuelto cuanto antes. Para comprender momentos de crisis como el de ayer, y la compleja situación que enfrenta hoy el Gobierno del Estado, es necesario tomar en consideración algunos aspectos de su propio contexto, para después entender qué soluciones debe dar en el corto y mediano plazo para dejar de administrar este asunto, y darle una solución integral y de fondo. Aquí presentamos algunas claves indispensables sobre este tema.

  1. Atendiendo a su causa más inmediata, la crisis generada por los taxistas citadinos tiene como origen la disputa que existe entre ellos y grupos de transportistas foráneos agrupados en la Confederación Nacional de la Productividad, que encabeza el impresentable líder Juan Luis Martínez. De entrada, el conflicto es territorial y tiene que ver con la invasión de rutas y ámbitos de trabajo entre los concesionarios de taxis del centro de la capital oaxaqueña, y los grupos de foráneos que, violando la ley, instalaron en sus unidades los llamados “copetes” con la leyenda de “Taxi”, y las diademas, que sólo pueden ser portadas por los autos de alquiler de la capital oaxaqueña. Los foráneos protegidos por la CNP, portando esos objetos en sus unidades, prestan el servicio de taxi en Oaxaca de Juárez y municipios conurbados, cuando ese es territorio exclusivo de los citadinos.
  2. Este conflicto, sin embargo, no es sólo territorial, sino también es un problema  de manipulación política y de promesas incumplidas. Ya desde nuestra entrega del pasado miércoles 18 de abril, dábamos cuenta del hecho de que Juan Luis Martínez, líder de la temible CNP, es el nuevo personero, en el rubro del transporte público irregular, del ahora senador electo Benjamín Robles Montoya. Decíamos desde entonces, que ellos están manipulando a tal grado el tema del transporte público, que podrían lograr la regularización de cientos de unidades en fechas próximas. Ciertamente, no lo han logrado (aunque eso no significa que no lo hayan intentado, incluso manipulando las decisiones del Tribunal de lo Contencioso Administrativo del Poder Judicial del Estado), pero lo que sí han conseguido es completa impunidad para que sus unidades irregulares, que con concesión de transporte foráneo, presten el servicio de taxi en la capital oaxaqueña.
  3. En esa misma lógica, con toda oportunidad esta columna dio otra clave sobre este asunto el martes 24 de abril, cuando dijimos que “aquí mismo en la capital oaxaqueña los grupos adheridos a Robles Montoya, y secundados por personajes como [Juan Luis] Martínez de la CNP, están tratando de quebrar a la Unión de Taxistas del Estado de Oaxaca, para que un ala de ésta se vaya al nuevo conjunto de organizaciones identificado con Robles, y que a partir de eso puedan generar fuerza capaz de llegar a presionar a la propia autoridad estatal (en manos del grupo que ahora le tiende la mano para crecer políticamente) en cualquier momento, y por cualquier circunstancia que sea conveniente a sus intereses.”
  4. Hoy vemos que esos intentos por romper la UTEO ya provocó una primera reacción radicalizada y potencialmente violenta que, por la desatención del gobierno estatal y por la ambición desmedida de Robles y Martínez por convertirse en los nuevos mandamases del transporte en la entidad a partir de la manipulación de la irregularidad, afectó a decenas de miles de oaxaqueños y además evidenció las prácticas políticas más pedestres de la entidad, justo en los tiempos en que Oaxaca se presenta al mundo a través de la festividad de los Lunes del Cerro.
  5. El conflicto no es sólo entre la UTEO y la CNP de Martínez y Robles Montoya. De hecho, en el ámbito estricto del transporte citadino existen cuando menos tres frentes distintos que no han sido atendidos debidamente por la autoridad. El primero de esos frentes de discordia es, en efecto, entre la UTEO y los foráneos que indebidamente prestan el servicio de citadinos. El segundo, es entre la UTEO y una segregación de taxistas (fundamentalmente del sitio ADO) que formaron recientemente una coalición de sitios independientes identificada con el PRI. Y el tercero, es esencialmente con la UTEO, que en una actitud clara de doble moral, exige la aplicación del artículo 240 bis del Código Penal local para los irregulares, pero por otro lado respalda a ciertos sitios de taxis foráneos que están en esa misma condición de irregulares. Por eso, en la capital oaxaqueña, este conflicto está de entrada tan revuelto y tiene poco margen de negociación.

 

REORDENAMIENTO, ¿CÓMO?

Aquel martes 24 de abril rematábamos este espacio señalando que todo esto (el caos total, la impunidad infecciosa, y la corrupción galopante en el sector del transporte público), sin embargo, choca no sólo con el propósito, sino con el apremio que tiene el Gobierno del Estado, por entrar de verdad a fondo al reordenamiento del transporte urbano, colectivo y foráneo. De hecho —decíamos—, parece claro que la administración estatal ahora sí está convencida de que eludir este asunto de nueva cuenta implica no sólo el incremento del caos en el sector, sino también el pago de costos políticos directos para quien ahora es gobierno. Entienden que parte de las facturas que en 2010 el electorado cobró al PRI fue por la corrupción y el caos que promovieron en el sector del transporte. No quieren repetir el escenario. Pero flacos favores reciben del “aliado” Robles Montoya.

¿Cómo dar solución a esto? Es lo que hoy nos preguntamos. En el corto plazo, parece claro que debe agilizarse el establecimiento de orden en el otorgamiento de concesiones. Esto podría comenzar con la creación de un padrón único de concesiones y, en el caso de los taxis citadinos, la creación de un padrón de choferes, para evitar la discrecionalidad con la que se han entregado las concesiones, pero también para frenar los excesos de los sitios de taxis y las organizaciones de ruleteros, que hacen de las suyas cada seis años.

Después tendrían que venir otras medidas de reordenamiento integral del transporte, rutas y, sobre todo, la estipulación de una ley que contemple la problemática actual y delimite también las competencias de las instancias estatales. Pero de eso, hablaremos en próximas entregas.

 

¿SERÁ?

¿Que los vehículos de motor de algunos de los más altos funcionarios del gobierno estatal, son conducidos por taxistas de sitios como Reforma? ¿Será?

Normalistas: la ignominia, llevada al extremo

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+ No hay autoridad: la ciudadanía, a la deriva

 

Ayer los estudiantes de la Escuela Normal Superior Federal de Oaxaca, desquiciaron la ciudad por un asunto que, como siempre, compete sólo de forma marginal a la autoridad estatal, y que nada tiene que ver con los intereses de la inmensa mayoría de los ciudadanos. Ellos, los normalistas, representan además a uno de los grupos menos comprometidos con el interés general, y que más perjuicios provocan a la entidad con su radicalismo y proclividad a la voracidad e inconformidad sin sentido.

En efecto, ayer representantes del Consejo Estudiantil señalaban que el bloqueo de arterias viales que realizaron, y que provocaron un enorme problema a la ciudadanía y al turismo, tuvieron como origen la supuesta falta de respuesta a su demanda principal, “relacionada con un conflicto interno”. Lo que exigían los normalistas, era el reacomodo de personal e infraestructura educativa para su centro de enseñanza, y justificaron sus acciones en el hecho de que el IEEPO hace caso omiso a sus demandas.

Todas estas son excusas para hacerse presentes en este momento tan importante para la economía y el gobierno de Oaxaca. Es evidente que lo que los normalistas buscan es convertirse en un problema de gobernabilidad para el gobierno estatal, con el objetivo de encarecer la posibilidad de cualquier tipo de arreglo, y de ahí obtener mayores beneficios a los que recurrentemente coinciden.

Sólo quien no sabe la forma de actuación, los cálculos de los normalistas, y los beneficios de los que siempre son objeto, podría pensar que, en efecto, esta protesta fue casualmente coincidente con las fiestas de los Lunes del Cerro, y que verdaderamente los estudiantes normalistas buscan la satisfacción de sus exigencias, y no llamar la atención del Gobierno del Estado.

Y es que la protesta, en este preciso momento, por un problema que sólo corresponde a ellos y a su dirección (y posiblemente a la Sección 22, que es quien controla casi por completo la vida interna de las normales de la entidad), es en realidad una excusa de los normalistas para conseguir todavía más beneficios y canonjías de las que ya goza de manera permanente.

Esto porque los normalistas, a diferencia de prácticamente todos los demás estudiantes de nivel superior de la entidad (que están desprotegidos durante todo su periodo como estudiantes, y que además nunca tienen asegurada una plaza laboral o una seguridad para cuando concluyan sus estudios universitarios), sí reciben innumerables ayudas económicas por parte de la administración estatal para realizar estudios normalistas de los que, bien a bien, nadie sabe qué calidad o competitividad real tienen; y que, además, tienen asegurada una plaza de trabajo al culminar sus estudios.

Oaxaca es la única entidad de la República en la que aún prevalece la práctica nociva de la contratación automática de todos los normalistas, independientemente de su nivel de conocimientos o de su desempeño como estudiantes, y también sin tomar en consideración las necesidades que tiene el sector educativo de la entidad, de nuevos trabajadores.

Todo esto, además, contrasta sobremanera con el alto grado de conflictividad que tienen los normalistas, que hoy por hoy son más conocidos en la sociedad oaxaqueña por integrar los grupos de choque, y la carne de cañón de la Sección 22, que por verdaderamente ofrecer certidumbre sobre el futuro de la educación pública de la entidad.

Los normalistas oaxaqueños, en general, se asemejan más a grupos porriles aparentemente politizados (pues les enseñan que su único objetivo es la defensa de sus intereses al precio que sea), que a futuros educadores que podrán sostener los compromisos y los requerimientos educativos de la entidad para los próximos años.

 

GOBIERNO TOLERANTE

Ayer los normalistas cerraron importantes arterias viales durante varias horas, ante la mirada complaciente de todas las autoridades de la entidad, que no sólo no hicieron algo para destrabar lo antes posible la obstrucción a las vías de comunicación, sino que tampoco hicieron algo para auxiliar a la ciudadanía que se quedó varada —y atrapada— en los bloqueos, y en el caos que provocó la ausencia de representantes del orden.

En efecto, la obstrucción duró varias horas. Durante varias horas, no hubo representantes del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca que pudieran dar cauce al asunto, y —como siempre— los representantes de la Secretaría General de Gobierno estaban más ocupados en otros menesteres, (quién sabe en qué) que en atender un asunto que, al menos por decoro, debían estar también atendiendo.

Mientras todo eso ocurría, miles de transeúntes, turistas, y automovilistas, quedaron en medio de un enorme caos vial, que se agravó por la ineptitud de las instancias municipales y estatales, que nunca llegaron a atender el enorme estacionamiento público en el que se convirtieron la mayoría de las arterias viales del norte de la capital oaxaqueña.

Esto parecía el peor escenario. Propios y extraños (porque estos son los días de más turismo en todo el año en Oaxaca) vieron cómo la autoridad estatal fue incapaz de atender un asunto claramente prefabricado con los normalistas, y también presenciaron cómo todas las instancias abandonaron a los ciudadanos, que tuvieron que arreglárselas como pudieron para dar orden al caos vial derivado del bloqueo, y que se vieron en la necesidad de organizarse solos porque no hubo representante oficial que hiciera presencia cuando menos para desahogar el tráfico.

Esta es una situación inaceptable. Pues es claro que si los oaxaqueños tenemos un gobierno, lo menos que podemos esperar de él, es que actúe con eficacia y prontitud tanto para atender los asuntos que generan perjuicios a la mayoría, como también para que auxilien a los que se convierten en víctimas colaterales de una situación como la de ayer.

Lo grave es que nadie parece tener conciencia de ello. Y por eso sólo dejan pasar los asuntos sin reparar en la gravedad que éstos representan, y en la pésima imagen que se llevan de nosotros (sociedad, gobierno y grupos de lucha social) aquellos que vienen de visita y, por casualidad, se convierten en testigos de esta ignominia.

 

INDIGNADOS

Así nos decimos los ciudadanos. El problema es que nos enojamos y nos indignamos sólo mientras dura el bloqueo, pero luego se nos olvida. Por eso no exigimos más y mejores resultados a la autoridad. Y por eso siempre terminamos siendo objeto de nuestros propios olvidos.

Guelaguetza magisterial: ¿rescate cultural, o qué?

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+ Copia de “Guelaguetza oficial” un error recurrente

 

En 2006, ante el boicot a las representaciones de los Lunes del Cerro en el Auditorio Guelaguetza, y ante el conflicto magisterial que para entonces ya se encontraba en una situación grave, los profesores de la Sección 22 del SNTE se inventaron la decisión de realizar su propia representación de la Guelaguetza. Desde entonces la realizan, cada año, el mismo día en que se lleva a cabo la que ellos denominaron como “Guelaguetza oficial”, y más o menos con la misma dinámica. El problema es que, con el paso el tiempo, la representación magisterial terminó siendo una simple copia de las desviaciones que tiene la Guelaguetza organizada por el gobierno estatal.

En efecto, la Guelaguetza magisterial nació casi como un berrinche. Hace seis años, los profesores de la Sección 22, y de la naciente Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca, tasaron a todos los oaxaqueños en dos grandes grupos, a los que simplemente denominaron como “priistas”, por un lado, y “el pueblo”, por el otro.

Los primeros eran todos aquellos que coincidían con las acciones del gobierno en turno —o que simplemente no coincidían con sus razones o prácticas—; y los segundos eran aquellos, “pobres” como se autodenominaban, que sí estaban de acuerdo con sus argumentos y formas de lucha, y que, según ellos, por no tener la capacidad económica suficiente, tenían vedada la Guelaguetza y las tradiciones “oficiales” organizadas por “los priistas” del Gobierno del Estado.

Ésta última fue la razón esencial por la que nació la llamada Guelaguetza popular. Con una acción como esa, los profesores entonces paristas de la Sección 22, reforzaron aquella idea de que ellos eran parte del pueblo, y que estaban a favor de él, y por esa razón movilizaron a sus agremiados en todas las regiones del Estado para que organizaran a sus propias delegaciones regionales. Con eso, y con un financiamiento mínimo (que en los años siguientes fue puesto por el propio gobierno estatal) iniciaron la representación de su propia Guelaguetza en los campos deportivos del Instituto Tecnológico de Oaxaca.

Esto, a pesar de todas las condiciones, tuvo buena aceptación. Desde el primer año, miles de personas han acudido cada año a esa representación, y de algún modo han convalidado aquella decisión de la Sección 22 del SNTE. Ésta última, deliberadamente ha minimizado cada vez más, el hecho de que para su organización sí recibe apoyo económico del gobierno estatal, y que para esos mismos fines también recauda aportaciones supuestamente voluntarias de sus más de 70 mil agremiados (con lo que esto se vuelve un lucrativo negocio para “alguien” a quien no es difícil de identificar dentro del propio Comité Ejecutivo Seccional).

Aunque, en el fondo, lo que más ha minimizado la Sección 22 del SNTE, es el hecho de que únicamente se ha dedicado a hacer una suerte de “fiesta espejo” de la celebración de la fiesta de los Lunes del Cerro, que organiza la Secretaría de Turismo y Desarrollo Económico del Gobierno del Estado, y no lo que todos hubiéramos esperado de aquel gremio que dice estar siempre dispuesto a defender, preservar y rescatar las mejores causas de todos los oaxaqueños.

Es decir, que la Sección 22 ha hecho todo, menos un rescate de la tradición y las costumbres relacionadas con el Lunes del Cerro, y con las expresiones folclóricas y culturales de las distintas regiones de la entidad, y únicamente se ha limitado a copiar en todos sus rasgos las celebraciones que el gobierno celebra, según su retórica, “para los ricos”.

 

GUELAGUETZA COPIADA

La Sección 22 hoy realiza su propio desfile de delegaciones regionales, quema su propio castillo con juegos pirotécnicos, lleva a cabo su propia representación del Lunes del Cerro, y hace todo lo necesario para copiar los pasos de la celebración organizada por el gobierno estatal.

Eso no tuviera nada de malo, si no fuera porque, hoy, la misma representación “oficial” de los Lunes del Cerro está llena de cuestionamientos, mutilaciones, agregados inexplicables, y sinrazones, de las que nadie puede dar una explicación racional, y que son motivo de preocupación y señalamientos por parte de aquellos que sí conocen las raíces y el significado de las representaciones, y que dicen que ni el Gobierno del Estado ni el llamado “Comité de autenticidad” de la celebración, están a la altura de las necesidades de preservación cultural que requiere la Guelaguetza.

Y es que, en el caso de la Guelaguetza magisterial, es claro que no tendría ningún problema en ser una fiesta mucho más auténtica que la organizada por el gobierno estatal, por el solo hecho de que los profesores de la 22 sí tienen presencia en todos y cada uno de los rincones del Estado, que la mayoría de ellos sí tienen arraigo en las comunidades de donde provienen y, sobre todo, que sí tienen contacto —y en muchos casos hasta cierta ascendencia y respeto— con las personas que verdaderamente conocen las tradiciones de cada región o comunidad, y pueden dar testimonio válido de la veracidad de las representaciones, o de la forma correcta en que éstas deben realizarse para no tergiversar su contenido y significado.

El problema es que esto no parece ser una preocupación de la Sección 22 del SNTE. Pareciera que su único afán radica en solamente demostrar al gobierno y a la sociedad oaxaqueña que ellos sí son capaces de organizar su propia representación de los Lunes del Cerro, y que además sus festividades también tienen convocatoria y arraigo entre las personas. Nadie está peleado, ni pone en duda, ese hecho. Pero lo importante debiera ser que, además de ello, ellos buscaran hacer aportaciones culturales importantes, y  no solamente una copia de lo oficial para que las personas de baja capacidad económica puedan tener acceso a ello.

 

LA MISMA COSA

Al final, todos pueden continuar con sus respectivas celebraciones. Pero eso no garantizará que la fiesta de la Guelaguetza pueda preservarse como se espera, o que pueda irse afinando y autenticando como también debiera ser. Sería bueno que los profesores dejaran de lado las frivolidades y se preocuparan por rescatar muchas de las tradiciones y representaciones que hoy se están perdiendo por los afanes comerciales, y el descuido, de quienes organizan los Lunes del Cerro desde el sector oficial. Eso sí honraría verdaderamente a Oaxaca. Pues es un hecho que las copias simples, de fondo, no sirven para nada.