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Arnaud: los costos de ser un arrebatado

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+ PAN: su contienda tendría más sustancia

 

Si alguien pretende saber cuán costoso puede resultar un arrebato, debía voltear a ver el ejemplo que ofrecen el PAN en Oaxaca y su ex militante, Pablo Arnaud Carreño. Ambos, hoy, saben que hacer las cosas sin pensar, puede tener costos insospechados para todos en el mediano y largo plazo.

En efecto, hoy casi nadie se acuerda que Pablo Arnaud Carreño fue el primer gran activo que tuvo Acción Nacional en Oaxaca dentro de la época de la alternancia partidista. Arnaud fue capaz de derrotar no sólo a la maquinaria tradicional de clientelismo priista, sino que con su empuje también derrotó al entonces gobernador Diódoro Carrasco Altamirano, que trataba de imponer como munícipe de la capital oaxaqueña a su tío, David Palacios García, quien fue vencido de modo avasallante por el panista.

Qué paradoja: hoy Carrasco Altamirano es candidato a Senador por ese Partido. Y éste, el blanquiazul, enfrenta una crisis de identidad y cuadros de tal magnitud, que éstas se reflejan claramente en la postulación del ex adversario priista, que fue justamente el primer gran damnificado de las victorias panistas en Oaxaca.

Qué poderosa es la falta de memoria entre los ciudadanos. Porque Arnaud fue el primer gran icono panista en la entidad, que avivó entre los oaxaqueños el aliento por el cambio. Éste hizo un gobierno municipal de aciertos importantes. Y eso le valió ser luego postulado como candidato a diputado federal, en donde su alto grado de aceptación por la ciudadanía lo llevó a aplastar al hoy secretario de Salud, Germán Tenorio Vasconcelos, que —ironías de este pragmatismo ideológico aberrante— entonces era abanderado del PRI para el distrito electoral federal que abarca la capital oaxaqueña.

Arnaud continuó acumulando activos en su paso por la diputación federal. Eso le valió ser luego aspirante a Gobernador por su partido. Dejó pasar en 2004 a Gabino Cué Monteagudo, a cambio de obtener mejores posiciones dentro de su partido, y que éste le permitiera años después a su esposa, Laura Bustamante Underowood, postularse también por una curul federal. Arnaud, pues, abrió brecha en la senda de la alternancia partidista en Oaxaca. Y mostró también un importante grado de disciplina al aceptar la primera postulación del hoy gobernador Cué, que desde entonces ya prometía derrotar al priismo en la búsqueda de la gubernatura del Estado.

El problema es que, tanto en el panismo como en Arnaud ganaron los arrebatos. Y finalmente, éstos vinieron a demostrar lo riesgosos que pueden ser éstos, cuando se dan en medio de un ambiente árido, en el que resulta que los puros se hacen conversos. Y todos terminan abonando al desprestigio del partidismo, de la ideología y de las supuestas convicciones que debieran tener los institutos políticos y sus militantes frente a las decisiones más trascendentales.

 

ARREBATOS COSTOSOS

El 27 de mayo de 2010, Pablo Arnaud Carreño anunció su renuncia al Partido Acción Nacional. En ese mismo acto, se pronunció a favor del candidato a Gobernador por el Partido Revolucionario Institucional, Eviel Pérez Magaña. Arnaud era entonces cónsul general de México en Caléxico, California, en los Estados Unidos. Tenía una posición privilegiada, en buena medida por su militancia panista y como una forma de retribución por lo hecho como primer gobernante de oposición en un municipio de Oaxaca.

Antes, en octubre de 2009, Arnaud había aceptado que tenía aspiraciones de convertirse en candidato a Gobernador por su partido, si es que se lograba la conformación de “una gran alianza” que impulsara la alternancia en la entidad. Dos meses después, en diciembre de ese año, las fuerzas de oposición presentaron a los que serían sus seis precandidatos. Fueron tres del PAN (Pablo Arnaud, Huberto Aldaz y Gerardo García Henestroza). Uno por el entonces Partido Convergencia: el senador Gabino Cué Monteagudo. Por el Partido Nueva Alianza fue presentada la ex secretaria de Gobierno, Irma Piñeyro Arias. Y por el PRD se presentó Carlos Altamirano Toledo.

El primer arrebato fue del PAN. Pues éste partido había prometido a sus abanderados, una contienda interna limpia con los otros partidos, en los que se respetaría el triunfo de quien resultara ser el mejor posicionado en las encuestas. Esa fue la finta con la que todos se fueron. Porque finalmente, en un arrebato de triunfalismo, el PAN dio por ganador a Gabino Cué Monteagudo, sin si quiera tomar en consideración a sus propios militantes, y sin tener tampoco el decoro para darles a conocer la decisión que cupularmente se había tomado a favor de Cué.

Los precandidatos panistas quedaron como una comparsa no sólo de quien finalmente fue designado como candidato a Gobernador, sino también de su partido. El PAN, al parecer, vio seguras las posibilidades de triunfo, y no reparó en las fracturas. Pero el enojo provocado en un arrebatado igual que su partido, como lo es Arnaud, lo llevó unos meses después, a declararse fuera del PAN y manifestarse a favor del PRI.

Los cálculos, entonces, eran inciertos. También lo es que los arrebatos de unos, no justifican las decisiones de otros. Pero hoy, a la distancia, qué falta de sustancia se ve el panismo de Oaxaca, que finalmente terminó postulando como candidato a Senador, a quien finalmente fue el blanco de las primeras derrotas panistas. Qué pocos cuadros tiene el panismo, que finalmente parece estar volviendo de la peor forma a su pasado no sólo para revivirlo, sino también para reconocerlo, e incluso hasta para postularlo.

Arnaud habría sido un excelente candidato a algún cargo público por el PAN. Por lo menos, él hubiera sido el referente que hoy les falta a todas las fuerzas coaligadas, respecto a la congruencia y la verdadera lucha por los cambios dentro de las estructuras gubernamentales y políticas. El problema es que el mismo PAN, y Arnaud, se encargaron de minar todas sus posibilidades, y de dejarse ver como poco preparados para algo más que la simple bandera del cambio.

 

VOLVER AL PASADO

Hoy, por ello, Arnaud está, sin posibilidad de retorno, fuera del PAN —y de la vida política de Oaxaca—. Pero por eso mismo, dicho partido tiene como sus mejores cartas no sólo a enigmáticos productos del reciclaje, sino que corona a sus enemigos postulando a personajes sin militancia ni compromiso, o a quienes trataron de hacer morder el polvo a los verdaderos panistas en el pasado.

¿Qué lecciones deja del paro de burócratas?

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+ Gobierno debe aprender: no reincidir ni ceder

 

Como en cualquier proceso de aprendizaje, el Gobierno del Estado se encuentra muy a tiempo de tomar en consideración, algunas de las lecciones que deja este episodio de confrontación con sus trabajadores sindicalizados. Si son inteligentes, sensibles y verdaderamente comprometidos con su trabajo, más de un funcionario debiera tomar algunos de estos puntos en consideración, para no caer en errores futuros.

  1. Hoy más que nunca, el Gobierno del Estado debe asumir que aquí no existen ni los aliados incondicionales, ni los enemigos pequeños. En términos generales, pareciera que la administración estatal tiene una clara proclividad a tasar a los grupos y protestas sociales, para atenderlos o ignorarlos según su propia valoración. Contrario a lo que ocurría en el régimen anterior, en el que se dejaba protestar a todos sin ninguna preocupación (pero también sin ninguna atención real), hoy los funcionarios estatales “tasan” la importancia de los grupos y sólo atienden a los que consideran “peligrosos”. Con este episodio ante los burócratas, queda claro que su tasación ha sido, y fue en este caso, claramente precipitada e incorrecta.
  2. En esa misma lógica, el Gobierno del Estado debe también asumir un modo distinto de tasación de sobre quiénes utiliza la fuerza pública. Porque es cierto: la ciudadanía ha exigido largamente acciones contundentes en contra de quienes bloquean arterias viales u oficinas públicas, e incluso ha validado que, en casos concretos, se utilice a la fuerza para restituir el orden. El problema es que el Gobierno del Estado sólo asumió un criterio: el distinguir entre los “peligrosos” y los “inofensivos”. A los primeros, así estén manifestándose por un abierto chantaje, o estén alterando el orden público, se les deja protestar. A los segundos, así estén luchando por la causa más legítima (que no era en este caso la que defendían los burócratas) se les retira a palos sin ningún tipo de consideración.
  3. El gobierno debe asumir que las decisiones que implican la fuerza, siempre deben ser tomadas con perspectiva de gobierno, y no sólo como meros temas de seguridad. Es obvia la distinción que deben tener tanto los encargados de la política como de los asuntos de seguridad pública, entre delincuencia y contención de manifestaciones u alborotos populares. pero el entendimiento de esa diferencia debe traducirse en el momento de la toma de las decisiones.
  4. ¿Qué hacer en otros casos? Porque no se trata de que el Gobierno del Estado, a partir de ahora, actúe con miedo, como tampoco se trata de que éste homogenice sus decisiones a favor del uso total de la fuerza, y mucho menos que se rinda ante cualquier tipo de alboroto o inconformidad de grupos sociales. No. Se trata de que entienda y diferencie bien cada momento, cada circunstancia y cada actor, y que tenga la posibilidad de tomar decisiones luego de una valoración integral. Debieran comenzar a dejar atrás aquella idea de las organizaciones “grandes y pequeñas”, “radicales y orgánicas”, “aliadas o priistas”, y comenzar a considerar la importancia de los temas y los efectos que puede tener el desdeñar a la persona, a la causa en un momento determinado.
  5. El Gobierno debe aprender a valorar el costo real de cada conflicto, y asumir, a partir de eso, si es conveniente la intervención de fuerza o la facilitación del diálogo. En 2006, por ejemplo, el gobierno entendió tarde que habría sido más fácil, y menos costoso, negociar en paz con la Sección 22 del SNTE, que permitir el crecimiento del movimiento magisterial. Del mismo modo, hoy cualquier solución que tenga el conflicto entre los trabajadores sindicalizados y el Gobierno del Estado, será mucho más costosa (en recursos, en imagen para el gobierno, e incluso en aliados), que si se hubiera tenido la sensibilidad para darle cauce a las exigencias de los trabajadores, y evitar que esto terminara en una acción de fuerza.
  6. Ni el sindicato más orgánico está dispuesto a no defender su dignidad como gremio. Quizá alguien consideró que como el sindicato de burócratas ha sido tradicionalmente “cercano” y “colaboracionista” con el Gobierno del Estado, entonces no habría problemas si se hacía una “pequeña” demostración de fuerza, ante una manifestación derivada de unas exigencias que son a todas luces ilegítimas. Si alguien en el Gobierno del Estado supuso lo anterior, es claro que estaba equivocado: los sindicatos verticales o corporativos se acabaron hace años. Y por eso hoy, orillado por sus agremiados —que, efectivamente, sienten herido el orgullo y el respeto, independientemente de que puedan ser corresponsables por los hechos—, el secretario General del Sindicato de Burócratas, Juan Rosas, está encabezando las acciones de inconformidad, seguramente más por compromiso que por convicción de que ese debiera ser el camino.

 

LECCIONES CLARAS

Esas, y algunas otras lecciones, están ahí a la vista a partir de este episodio. Es buen momento para que el Gobierno del Estado comience a considerar esos y otros puntos, porque si bien no se trata de que, por este trago amargo, ahora el gobierno deje libremente protestar a todos, por todo, sin ninguna consideración (como era en el pasado), tampoco se trata de que vaya por la vida tropezándose recurrentemente con las mismas piedras.

Se trata de entender en específico lo que ocurre, y tomar lo que sirve para no volver a incurrir en las mismas prácticas. Se trata, además, de que la sensibilidad pueda más que la inmediatez, y que a partir de ello puedan haber mejores elementos para tomar decisiones en casos equiparables. No es algo del otro mundo. Es simplemente que estos deben ser episodios únicos, y no el punto de partida para situaciones recurrentes. El problema es que, según lo visto, no hay garantía de que los funcionarios estatales puedan o quieran aprender de sus propios errores.

 

SILENCIO TOTAL

Qué raro que hasta el momento, la diputada Margarita García García, que proviene de las bases sindicales del Gobierno del Estado, que fue víctima directa de hechos como el del pasado lunes, que hasta fue encarcelada por sus decisiones e ideas sobre la forma en que debiera llevarse a cabo la lucha sindical, que dijo defender las causas de los trabajadores, y que hasta trató de incidir en las decisiones sobre el sindicato de burócratas, ahora simplemente no diga nada. ¿Apoco los toletazos entienden de partidos o de grupos gobernantes?

Gobierno, por conflictos internos, entra en crisis

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+ Marco Tulio no debe irse; sindicato no debe ceder

 

Es inexplicable la forma en cómo las dependencias encargadas de ver un tema como el de la inconformidad del Sindicato de Trabajadores al Servicio de los Poderes del Estado, dejaron crecer este problema hasta sus proporciones actuales. El único referente que se tiene de una situación similar ocurrió hace dos sexenios, cuando por unas exigencias más o menos similares a las actuales, los burócratas se sublevaron y llegaron al punto de cerrar las oficinas estatales para tratar de ganar las calles en protestas. Hace diez años que esto no ocurría. Y por eso es inexplicable que por un asunto relativamente menor, hoy todas las dependencias estatales estén tomadas por sus propios trabajadores.

El esquema de la legalidad sostiene que todos están obligados a acatar la ley, o que de lo contrario la autoridad debe actuar para preservar el orden y el funcionamiento de las instituciones. Esta fue la lógica que siguió la Policía Estatal, ante la inconformidad de un grupo de sus mismos trabajadores sindicalizados del gobierno estatal, al hacer una toma pacífica de instalaciones de la misma dependencia. Sólo que los mandos de la corporación, no tomaron en cuenta que Oaxaca presenta ciertas particularidades que, les guste o no, deben ser consideradas, para evitar que conflictos de otra índole se conviertan en temas de riesgo para la gobernabilidad. Y, sobre todo, los mandos de la SSPE debieron tomar en consideración que lo ilegítimo de las exigencias de los burócratas no era justificante, ni atenuante, frente al uso de la fuerza pública.

Y es que queda claro que si algo es rechazado casi de forma unánime por la sociedad oaxaqueña, es el uso de la fuerza en contra de asociaciones gremiales. Eso quedó claro hace seis años, cuando frente a la acción policiaca en contra de los trabajadores de la Sección 22 del SNTE, auténticas masas de población no adherida ni identificada con fuerza política o gremio alguno, salió a las calles a protestar y a exigir la renuncia de los funcionarios directamente involucrados con la decisión, y posteriormente la salida del mismo Titular del Poder Ejecutivo.

Eso también quedó claro cuando, hace diez años, el Gobierno del Estado decidió utilizar la fuerza pública en contra de los mismos trabajadores del Gobierno del Estado, y entonces sembraron una de las primeras semillas de quienes luego se convirtieron en sus más feroces adversarios políticos, y que finalmente terminaron tomando el poder estatal en las elecciones de julio de 2010, a través del gobernador Gabino Cué.

¿Qué pasó entonces? Que la dirigencia del sindicato de burócratas planteó al gobierno una serie de exigencias, que éste se negó a cumplir. Ante la resistencia oficial, los trabajadores decretaron paro de labores y toma de oficinas. La efervescencia lógica entre los trabajadores inconformes, llevó el movimiento a escalas superiores, que finalmente terminaron con irrupciones violentas de la entonces Policía Preventiva para recuperar las instalaciones gubernamentales, y para aprehender a varios dirigentes del movimiento sindical y encarcelarlos por varios años. Entre ellos estaba nada menos que la hoy diputada local por Movimiento Ciudadano, Margarita García García.

El movimiento de aquel entonces no era más legítimo que el de hoy; del mismo modo, las exigencias que entonces hacían los burócratas al gobierno estatal, tampoco eran más elevadas ni más propias que las que hicieron los empleados de la SSPE. De hecho, queda perfectamente claro que desde hace mucho tiempo los trabajadores al servicio del Estado no luchan por causas verdaderamente legítimas, sino simplemente por conseguir mayores prebendas a cambio de trabajar menos. Es lo que, en el terreno estrictamente laboral, ocurría entonces y también pasa ahora.

Sin embargo, nada de eso era justificante para la acción dura de entonces, como tampoco es motivo suficiente para pensar que era disculpable la acción de la fuerza pública en las protestas del pasado lunes. Aunque en 2002 la acción de fuerza del Estado no pasó a mayores, sí contribuyó a gestar la oposición que hoy gobierna. Y quienes creyeron que a los burócratas se les podía echar a la policía sin ninguna consecuencia política, no tomaron en consideración que han pasado 10 años desde entonces, que en medio de ello estuvo la revuelta magisterial de 2006. Y que por esa razón es fundamental actuar con cierto grado de sensibilidad, antes de optar por el uso de la fuerza.

 

¿QUIÉN SE VA?

Queda claro que Marco Tulio López Escamilla tiene algunos adversarios dentro del gobierno estatal, que deliberadamente están dejando crecer el problema para orillar su salida. Él, como lo dijimos en nuestra entrega de ayer, ante esas intenciones, simplemente no se ayuda. Pero el problema de fondo es que si todos finalmente conspiran, o toman medidas que por casualidad abonan a la salida del Secretario de Seguridad Pública, el finalmente derrotado no será nadie más que el Gobierno del Estado.

Hoy, por esa razón, las labores de negociación política de las Secretarías de Gobierno y Administración deben ser con visión de gobierno, y no con visión de grupo. Deben pensar que más allá de los rencores internos de ciertos funcionarios en contra de López Escamilla, lo que en este momento debe prevalecer es el sentido de no permitir el abaratamiento de sus posiciones para la negociación.

El problema es que eso los mete en un auténtico callejón sin salida. Los burócratas han anunciado que no cederán sino hasta que vean la renuncia tanto de López Escamilla como del comisionado de la Policía Estatal, César Alfaro Cruz. El gobierno, hoy, no puede ceder bajo ninguna circunstancia a esa pretensión. Pero en la misma posición están los sindicalizados, que buscan también demostrar fuerza y conseguir el respeto que no tuvieron quienes decidieron el uso de la fuerza.

 

NO HAY PUNTOS MEDIOS

El problema es precisamente ese: que no parece haber, en medio de esas posiciones aparentemente irreductibles, vasos comunicantes que permitan un entendimiento que no lleve a esas posiciones extremas en las que necesariamente uno sea el ganador, y el otro resulte derrotado. ¿De verdad se privilegiará esa visión de gobierno que se necesita en un caso como éste? ¿O podrán más las “flacas ayudas” que le están dando desde dentro a López Escamilla ante sus errores? Por eso el crecimiento de este asunto parece inexplicable. Por eso, quizá también, puede ser llevado hasta niveles insospechados.

SSPE: ¿Mejor un buen pleito, que mal arreglo?

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+ Marco Tulio confirma su vocación como policía

 

Marco Tulio López Escamilla, secretario de Seguridad Pública del Estado, nunca ha mentido: públicamente ha dicho que él es un policía, y que todos lo consideren como tal, y no como un político. Como no ha engañado nunca a nadie, y menos a su jefe, el Gobernador del Estado, entonces tampoco debieran dejar en sus manos asuntos que deben resolver no policías, sino personas con capacidad y conocimiento político de las particularidades del entorno oaxaqueño. Sólo así podría haberse evitado un problema, tan innecesario y riesgoso, como el que ocurrió ayer con los nada pudorosos empleados sindicalizados del Gobierno del Estado.

En efecto, este asunto no podría entenderse sin tomar en cuenta sus particularidades. Porque si bien lo que ocurrió ayer fue una pequeña trifulca entre trabajadores que bloqueaban instalaciones estratégicas para la seguridad pública, lo cierto es que ni la protesta debió llegar hasta el punto del bloqueo a oficinas públicas, como tampoco debió actuar la fuerza pública como si no hubieran otros cauces a través de los cuales poder solucionar este asunto tan poco trascendente (ahora magnificado) tanto para el gobierno estatal como para el sindicato de burócratas.

¿Por qué calificar este asunto como “poco trascendente”? Porque, en realidad, las demandas que hacían a la dependencia los trabajadores sindicalizados de la Policía Estatal, no son nuevas ni imposibles de cumplir, pero además son tan frívolas y cínicas como siempre han sido.

De acuerdo con su propio pliego petitorio, éstos pedían cosas tan inverosímiles como “la autorización de 15 plazas, para los compañeros de Base que tengan la necesidad de ingresar a trabajar a un familiar a las Oficinas Administrativas como (Policía Comisionado). A propuesta de la Delegación Sindical.”.

Exigían, además, sendas ayudas económicas y en especie para los días de: La Samaritana, del Niño, de la Madre, del Padre, de la Secretaria, de Fin de Año y del Empleado. Asimismo reconocimiento para los trabajadores caídos y jubilados, Ayuda de Transporte, Estacionamientos, Insumos de Oficina, Semáforos y una serie de cuestiones que siempre se escuchan, en todas las oficinas estatales, pero que difícilmente son cumplidas.

En ese sentido, queda claro que la voracidad para exigir, que siempre demuestran los trabajadores de base es explicable —mas no justificable— a partir de las mismas prácticas de connivencia que se fomentaron entre trabajadores y autoridades para evitar cualquier tipo de perturbación al estado de cosas que prevalecían.

Los privilegios desmedidos otorgados y tolerados recurrentemente a los empleados públicos menos productivos, sólo tiene su explicación en intentos por controlar relaciones políticas pero no en el marco aceptable, sino en una especie de mutuo “pacto de no agresión”, en el que todos se daban todo, a cambio de que nadie desatara la perturbación. Para variar, siempre se privilegió la estrategia de dar todo a los trabajadores para que éstos no hicieran bronca al jefe en turno, y éste cedía en una especie de “hipoteca” a largo plazo, que hoy, cuando se pretende que ciertas reglas cambien, está a punto de estallar.

 

ERRORES OFICIALES

Comenzábamos esta entrega recordando la vocación de policía del secretario López Escamilla. Esa vocación, y formación, hace a quienes son entrenados para ello, personas con capacidad de asumir y obedecer el mandato legal, y a sus superiores, con prestancia y disciplina, e incluso más allá de las posibles objeciones morales o de conciencia (y no sabemos si también las éticas).

Eso es muy benéfico para resolver problemas de seguridad o para mantener disciplina entre las fuerzas policiacas, pero evidentemente no tanto para abordar temas plagados de matices políticos, y menos en una entidad con tantos antecedentes de la mala relación entre cualquier tipo de protesta social, con la acción de la fuerza pública para disuadirlas.

Esto, explicado de otro modo, sería más o menos así: mientras el funcionario encargado de temas políticos busca resolver un asunto como este a través de la concertación urgente con los grupos inconformes, el policía pretende disuadir la manifestación para restituir el orden, y una vez logrado esto tratar de que los inconformes hagan valer sus pretensiones a través de los cauces institucionales.

La segunda de las vías no es incorrecta, pero simplemente no funciona en un entorno político como el nuestro. Toda la población, y no sólo los maestros, tienen aún fresco el recuerdo del 2006, y los efectos de una imprudente acción policiaca cuando lo que era verdaderamente necesario era continuar por la vía política.

Este planteamiento, que es inadmisible para quien tiene un tajante sentido de la legalidad, sí lo es para quien entiende que muchas veces la gobernabilidad y la estabilidad pasan por una tolerancia mayor a la debida, o por la búsqueda de alternativas que no siempre tienen un respaldo legal pleno, pero que son necesarias para no hacer contraproducente la solución que se le da a un problema en específico.

El problema es que el secretario López Escamilla tiene una visión estrictamente de policía, que no sirve para abordar problemas que rebasan la simple esfera policiaca. Es cierto que no se puede tolerar todo; pero también lo es, que no se puede andar por la vida echando a la fuerza pública a quienes, por intransigentes que sean, representan un potencial riesgo para la estabilidad de la misma institución.

Todo eso deja un saldo altamente negativo. Un problema sindical simple (sí, cargado con ciertas “jiribillas” de detractores internos del secretario López Escamilla), fue magnificado por el poco tacto con el que fue tratado por el Comisionado de la Policía Estatal, que también demostró ser un policía sin disposición ni visión para resolver, o al menos encausar, este tipo de problemas por otras vías que no sean las del uso de la fuerza pública. Y, al final, ese tema simple trascendió en un conflicto de gobernabilidad para la propia administración estatal que, mientras tanto, ya tiene cerradas todas las oficinas públicas estatales, por tiempo indefinido.

 

UN BUEN PLEITO…

Dice el refranero que muchas veces es preferible un mal arreglo que un buen pleito. ¿Tendrán esto claro, todos los que llevaron este problema a su situación actual? ¿Si el secretario López intuye que este conflicto laboral es una especie de “fuego amigo”, para qué les dio más motivos? Son preguntas.

PRI: ¿Qué de real, le ofrecerán a los electores?

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+ Oposición oculta; colaboracionismo disimulado

Esta primera etapa como principal fuerza de oposición, debiera ser la de mayores dividendos políticos y electorales para un partido supuestamente sólido como el PRI, en un escenario como el de Oaxaca. Pero no. Esta historia tiene un panorama distinto y desolador, que debiera tener en honda preocupación a los tricolores que hoy pretenden engañarse con aquello del “partido del triunfo”, y a los que verdaderamente desean recuperar la fuerza que tuvieron como fuerza política en otros tiempos.
Habiendo gobernado la entidad por varias décadas de manera continua, y conociendo a fondo los problemas más importantes de la entidad —muchos de ellos, creados directa o indirectamente por ellos mismos—, pudiera creerse que, con la mano en la cintura, los priistas podrían hacer añicos al recién asumido oficialismo, para luego capitalizar esas ganancias en votos y preferencias electorales.
Sólo que la realidad apunta en una ruta distinta: el papel de oposición que han asumido es prácticamente invisible. Y junto con ello, han profesado un abierto colaboracionismo con sus supuestos adversarios, que hoy deja dudas respecto a si verdaderamente es esta una actitud democrática, o una especie de “trueque” para no profundizar la persecución judicial a ciertos personajes.
En la jerga de los políticos, los legisladores y los abogados, es popular el refrán que dice que “quien hace la ley, hace la trampa”. Esto, llevado al ejemplo específico de Oaxaca en estos tiempos de alternancia, podría operar perfectamente para un priismo que, habiendo generado, o manejado, la gran mayoría de los conflictos y problemas públicos que subsisten en la entidad, también podría tener al alcance la posibilidad de allegarse de las soluciones posibles, o cuando menos de las vías correctas para dar el cauce adecuado a esos asuntos cuando, se supone, el gobierno es incapaz de manejarlos.
Es decir, que bajo esa lógica de que “quien hay la ley, hace la trampa”, podría creerse que si de algún modo ellos habrían conocido los problemas como gobernantes, también habrían de tener a la mano ciertas nociones específicas sobre cómo alcanzar soluciones viables. Y, obviamente, siguiendo con el supuesto, esta posibilidad de de tener la solución, debiera reportarles las ganancias políticas que necesitan frente a los electores, para el reposicionamiento de su partido.
¿Hacia dónde apunta la realidad? Hacia un partido que, cuando menos, no tiene claro cuál debe ser su esquema de oposición, que tampoco tiene un rumbo definido en cuanto a sus estrategias de trabajo para conseguir resultados; y que, por si fuera poco, tampoco ha aprovechad el papel que debiera estar desempeñando, y que mucho menos tiene la noción de cuál será su nueva oferta al electorado. Es decir, están en algo así como un callejón sin salida.
La razón es evidente. En estos 15 meses como partido de oposición, la dirigencia priista no entendió el papel que le tocaba jugar tanto al interior de su partido, como frente a las demás fuerzas políticas y, sobre todo, frente al gobierno. El no tener idea de lo que debiera hacer, debilitó su presencia e importancia, y de hecho la anuló como articulador e interlocutor con todos los grupos. ¿De qué hablamos?
De que el o la dirigente priista debía ser el líder de la oposición en Oaxaca. Debiera ser, idealmente, el hombre o la mujer que marcara los posicionamientos de su partido frente a los asuntos públicos de la entidad; debiera ser también quien estableciera las líneas estratégicas del trabajo de los representantes populares (locales y federales) en las distintas cámaras legislativas con presencia de priistas oaxaqueños; debió ser el interlocutor institucional con el Gobierno del Estado. Y, sobre todo, debía ser quien generara los equilibrios internos suficientes como para tener una vida democrática más o menos sana y llevadera frente a las acciones y embates de sus adversarios.
El problema es que Eviel Pérez Magaña nunca asumió el papel que le tocaba jugar. Fue exactamente lo que no necesitaba un partido como el suyo, en el momento en el que a él le tocó encabezarlo. Y es que el PRI necesitaba a un Presidente fuerte y tuvo a uno que no tenía ánimos de oponerse a nada. Necesitaba ser un vaso comunicante con todos los grupos internos, y sólo se encargó de dividirlos. Necesitaba ser un líder y apenas si sostenía su cargo gracias a las reglas estatutarias. El PRI necesitaba un estratega, y Pérez Magaña sólo fue un Presidente que se dedicó a vegetar en su cargo.
Y por eso, hoy, el desastroso resultado de su periodo como dirigente priista, está a la vista de todos.

¿OPOSICIÓN LEGISLATIVA?
Esas omisiones de la dirigencia priista, dejaron “sueltos” a todos los factores internos. ¿Y qué pasó? Que cada uno asumió su propia fuerza, creó su agenda, y comenzó a negociar aisladamente con sus adversarios. El resultado quizá sea provechoso para los personajes. Pero es repugnante para un partido que, se supone, intenta replantearse para recuperar el agrado de los electores.
En el Congreso del Estado, por ejemplo, la oposición presentada por el PRI no fue digna de presumir. Porque salvo algunos destellos, en realidad sus resultados objetivos hablan de sumisión al Ejecutivo, de total colaboracionismo con las decisiones oficiales, e incluso de acuerdos oscuros o de prestancia a prácticas deleznables de “negociación” política (algo así como decidir el sentido de su voto a cambio de dinero) que ellos mismos llevaban a cabo cuando formaban parte del grupo gobernante.
Además, el PRI en el Congreso tampoco tuvo una agenda definida, y mucho menos esquemas claros de trabajo que luego les permitieran capitalizarlos en votos. Y es que sus supuestas “grandes aportaciones a Oaxaca”, son exactamente las mismas que presumen el gobierno y los partidos coaligados, y, por si esto fuera poco, tampoco son muchas ni verdaderamente importantes.

ESCENARIO SOMBRÍO
¿Qué pueden esperar ante todo eso? Que ellos construyeron este escenario sombrío que hoy tienen enfrente. Su falta de idea y de determinación como fuerza de oposición. El miedo de sus dirigentes a asumirse como tales, y la sospechosa disposición de sus representantes populares para contribuir a las causas oficiales, además de sus propios errores y reyertas internas, hoy los tienen en un estado de incertidumbre. No supieron aprovechar este momento. Y ahora no tienen algo objetivo, y real, con qué convencer al electorado de que son eficaces como instituto político.

Gobiernos de Coalición: una farsa democrática

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+ Alianzas no significan un régimen de consensos

 

El México de hoy, está lleno de ejemplos de autoengaños que, por nuestro propio bien, debiéramos comenzar a asumir, y sobre todo no continuar replicando. Uno de ellos radica en la supuesta efectividad de las alianzas electorales, y otro de ellos radica en los supuestos beneficios que tiene el reniego de las siglas e ideologías en quienes, militando en un partido político, terminan buscando cargos de elección popular por las siglas de otro. Oaxaca tiene amplios ejemplos al respecto.

Nuestro Estado vive un momento particularmente atípico. Queda claro que el régimen gobernante no tiene todas las prácticas de sus antecesores. Pero también está perfectamente visto que tampoco tiene una visión específica del Estado que desea, y también del que puede conseguir. En esas condiciones, pareciera que el régimen busca la supervivencia y no la trascendencia. ¿Por qué busca sólo la supervivencia?

La respuesta se encuentra en los compromisos creados, y en la imposibilidad de satisfacer todos los intereses para combinarlos con un genuino anhelo democrático. Lo que fue exitoso, como coalición electoral, no lo es tanto en el intento —lejano— de ser una coalición gobernante. Es evidente que nadie en el gobierno pretende gobernar con partidarios de otras siglas. En similares circunstancias se encuentra el hecho de que, aún siendo parte de la misma coalición, nadie se ve como aliado ni como par del otro. Y es también evidente que, en esas condiciones, la mejor táctica es hoy, la de nadie meterse con nadie. Pero con ello tampoco procurar que las cosas cambien.

El resultado de ello es el gobierno del inmovilismo. El régimen parece estar asumiendo ya la posición de “respetar” las parcelas de poder de cada uno de sus supuestos aliados, a cambio de que éstos le permitan tener las condiciones mínimas para gobernar. Esto, traducido a los partidos, podría decirse más o menos del modo siguiente: el Gobernador, militante del antiguo Partido Convergencia, permite que Acción Nacional, PRD y Partido del Trabajo hagan lo que deseen con sus cuotas de poder, a cambio de que éstos continúen alimentando el discurso del gobierno del cambio y coalición que sostiene su administración.

Esto, en buen español significa una mutua y total entrega: hoy, esos partidos que en otro momento fueron garantes de una feroz oposición al régimen priista, tienen un tufo orgánico que los lleva a quedarse callados en los temas verdaderamente importantes de la vida pública de Oaxaca. Más allá de los destellos de autocrítica y hasta oposición, queda claro que nadie le discute al Gobernador del Estado temas torales como el manejo del presupuesto, como las decisiones controversiales sobre la obra pública, o como la testarudez de algunos de sus colaboradores por llevar a cabo proyectos que son a todas luces inviables y contrarios a una ciudad como la nuestra, en aras de sostener un negocio del que se beneficiarían apenas un puñado de funcionarios y empresarios.

El pago que tienen esos poderes fácticos es también claro: en todas las integraciones hechas hasta el momento de los poderes públicos, el único criterio que ha prevalecido es el de las cuotas, el cuatismo y los compromisos políticos.

De nada han valido el interés y el entusiasmo ciudadano por darle una nueva perspectiva a la función pública. De nada han servido los reclamos airados que hace también la sociedad frente a los actos inopinados del gobierno. De nada ha valido la simple, pero contundente exigencia, de que se respeten la ley y las reglas establecidas, para los procesos en los que finalmente los partidos, y no la ciudadanía, han sido los grandes ganadores.

 

ESQUEMAS NOCIVOS

Estando en periodo electoral, los ciudadanos debiéramos exigir escuchar mejores cosas que las que apenas si alcanzamos a ver. Nuestros potenciales representantes populares, son personas que no demuestran su calidad política, partidaria, ideológica y de compromiso social. Y nuestros partidos parecen más camarillas preocupadas por conservar, o arrebatar el poder, que por generar mejores condiciones de diálogo y concertación para los múltiples problemas que existen en nuestro estado.

El resultado de eso, lamentablemente, también está a la vista. ¿Cuál de los problemas torales de Oaxaca fue ya resuelto a partir de una conformación distinta del Congreso del Estado? Ninguno. Del mismo modo: ¿Cuál de esos problemas fue ya resuelto a partir de que otra persona, proveniente de un partido político distinto al que gobernara, llegara al poder? Ninguno. Y es porque finalmente queda claro que mientras no exista verdadera voluntad de cambio, más allá del discurso, las cosas seguirán estando exactamente igual que como estaban hace dos, tres, cinco o veinte años en Oaxaca.

El problema en todo esto, es que no existen consensos reales a favor de Oaxaca. Es decir, que los partidos gobernantes no están más preocupados por el interés general, que por los suyos particulares. Es decir que los candidatos y aspirantes a cargos de todos los niveles, ven esta posibilidad de cambio y transición, como una mera modificación en los esquemas de reparto y manutención del poder. Es decir que este supuesto esquema de “alianza legislativa” y “alianza de gobierno”, no es más que lo mismo de antes, pero al revés.

Eso debiera preocuparnos sobremanera. Más porque Oaxaca está tratando de ser vista como ejemplo por las supuestas fuerzas progresistas del país. Porque al mismo tiempo está tratando de ser recolonizada por quienes tuvieron todo y lo perdieron. Y porque, de nuevo, Oaxaca puede ser verdadera punta de lanza de los cambios democráticos, aunque también puede serlo de las regresiones que hoy ya vemos en nuestro ambiente político, y que cualquier día de estos podría replicarse a escalas mayores. Qué lamentable que no aprendemos de la experiencia. Qué mal que la mayoría opta por hacerse como que no vio nada, para convertirse en corresponsable de que los vicios democráticos se sigan reproduciendo.

 

MUCHOS CONFLICTOS

Tiene razón Andrés Manuel López Obrador: en Oaxaca es preocupante el número de conflictos que existen, por distintas razones, en los pueblos y comunidades indígenas. Pero, el Candidato Presidencial de “las izquierdas” se ha preguntado cuántos de ellos son azuzados por aliados suyos. En eso tendría muchas respuestas… para no estar viendo la paja en el ojo ajeno, y negarse a ver la viga en el propio.

IEEPC: Direcciones Ejecutivas, una cena de negros

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+ Partidos deslegitiman participación democrática

 

Alberto Alonso Criollo perdió en la voluntad manifestada por verdaderamente ciudadanizar y profesionalizar al Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana de Oaxaca. Perdió no sólo porque el órgano que él preside no consiguió el objetivo trazado por ninguna de las vías posibles, sino también porque los partidos políticos con representación en el IEEPC no tuvieron la capacidad para hacer de la integración, algo más que un grosero reparto de posiciones sin ningún criterio claro, y mucho menos pensando en las verdaderas necesidades democráticas de largo plazo.

En efecto, el pasado lunes, con ocho votos a favor y uno en contra, los consejeros del IEEPC y los representantes con voz y voto del Congreso del Estado, eligieron a los Titulares de las Direcciones de Capacitación Electoral, de Organización Electoral, de Prerrogativas y Partidos Políticos, y la de Usos y Costumbres, los cuales integran la Junta General Ejecutiva del órgano electoral.

De acuerdo con un comunicado emitido por el propio Instituto, en sesión extraordinaria, se aprobó que César Enrique Silva ocupe el cargo de director Ejecutivo de Capacitación Electoral; Eginardo Hernández, como director Ejecutivo de Organización Electoral; Gelacio Morga Cruz, al frente de la dirección de Prerrogativas y Partidos Políticos; Dolores Prado, como responsable de la Unidad de Fiscalización a Partidos Políticos. Y la maestra Gloria Zafra, como directora Ejecutiva de Usos y Costumbres.

La gran mayoría de esos nombramientos, en sí mismos, provocaron un fuerte choque entre los representantes legislativos y de los partidos políticos, dentro del Consejo General del IEEPC. La razón principal: que, salvo la maestra Zafra (que es una reconocida socióloga, especialista en temas de género, y de participación comunitaria en sistemas normativos internos), sobre todos los demás nombrados existen fuertes —y probados— cuestionamientos lo mismo por su falta de preparación académica, como por su falta de experiencia en los temas para los que fueron nombrados, pero sobre todo por su inocultable cercanía y débitos con los partidos políticos que los impulsaron.

En la sesión del pasado lunes por la noche, quedó claro el tamaño del conflicto que enfrentan los partidos. Porque era a todas luces visible que el reparto de posiciones fue producto de un claro acuerdo entre PAN y PRD; que éstos, usando su mayoría, diseccionaron la Junta General Ejecutiva para quedarse con las mejores posiciones. Y que, incluso, en sus intentos de acaparamiento, los partidos acotaron los intereses del Consejero Presidente, quien también se quedó en medio de la disputa, y sólo pudo tener un reducido margen de maniobra para sostener la Dirección de Usos y Costumbres.

El problema, de todo esto, es que el avance real, objetivo del Instituto, con todo y la reforma, es nulo. Nulo porque no se logró el objetivo de la independencia (buena parte de los Consejeros, y ahora la Junta Ejecutiva responden a los partidos), ni el de la profesionalización (por las evidentes carencias académicas y de experiencia de los recién nombrados), ni el de la certeza en la organización de los procesos democráticos (por la combinación de las dos razones anteriores). Y de todo esto, al final, habrán de ser responsables no sólo los integrantes del Instituto, sino también quienes desde el Congreso del Estado fomentan este burdo proceso de partidización, que sólo ha demostrado lo peor de estos tiempos de “coalición hegemónica” en Oaxaca.

 

AVASALLAMIENTO CANTADO

Hace siete meses, el Consejero Presidente del IEEPC manifestó su deseo de integrar una Junta Ejecutiva verdaderamente independiente, profesional, competente y ajena a los intereses de los partidos políticos. Aunque en ese momento nos manifestamos a favor de tales pretensiones, también hicimos algunas advertencias que, lamentablemente, parecen estar hoy cumplidas.

En ese momento apuntamos que “independientemente de la forma en cómo fue integrado el Consejo General del IEEPC, lo que debe quedar claro —y esto rebasa la esfera de competencia del consejero Alonso Criollo, aunque no por ello deja de ser de su incumbencia—, es si los partidos políticos, y el Gobierno del Estado (que fue parte material, aunque indebida en la integración) tienen verdaderamente voluntad política para permitir que el IEEPC tenga cierto grado de independencia (¡Cierto grado de independencia!), le sea permitido nombrar a los funcionarios electorales sin la participación de quienes decidieron la conformación del Consejo General.

“Si el consejero Presidente Alonso Criollo de verdad tiene el respaldo de los grupos políticos que decidieron su arribo al IEEPC, éste tiene entonces una gran oportunidad de dar pasos hacia delante en la conformación de un órgano electoral fuerte, legítimo e independiente del poder público. Si no —y más sabiendo de la visceralidad e irresponsabilidad de las fuerzas políticas, que no saben anteponer el interés general, al suyo en particular—, de lo que seremos testigos será de un proceso lento y tortuoso a través del cual todos comenzarán, desde el Legislativo y desde las oficinas del gobierno estatal, a socavar al IEEPC para tratar de conseguir, en última instancia, su deslegitimación y la urgencia de su renovación, para erigir un nuevo órgano que sí sirva a sus intereses.”

Hoy, aquellas advertencias parecen estarse cumpliendo. Antes del nombramiento de los titulares de las direcciones que integran la Junta General Ejecutiva, hubo un amago claro en el Congreso para hacer una contrarreforma que quitara del poder del Consejo General esos nombramientos.

No lo hicieron, pero sí optaron por la vía del avasallamiento a cualquier pretensión medianamente legítima, y el grosero reparto de lo que quedaba del IEEPC a través de cuotas, en los que nada valió el saber y la experiencia. Para los nombrados, lo único determinante fue la suerte que les dio Dios —haciendo alusión al refranero— y los partidos políticos que los nombraron. Mal por ellos. Mal por los partidos. Mal por el IEEPC. Pero, sobre todo, mal por la democracia en Oaxaca.

 

PARTIDOS, POR TODO

Otra cosa que demostró este proceso, es la falta de cuadros sólidos que tienen los partidos políticos protagonistas de esta historia. Es vergonzante que tanto el PAN como el PRD presentaran propuestas de tan bajo perfil. Esto constituye un acto de regresión que debiera ser combatido, y no estimulado, en nuestro sistema democrático.

El gobierno cambia el SUNEO… por nada

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+ Visión errónea; no fortalecen universidades

 

Con las recientes reformas a la Ley Orgánica del Poder Ejecutivo, se dispuso expresamente que el control del Sistema de Universidades Estatales de Oaxaca lo tendrá la Coordinación General de Educación Media Superior, Superior, Ciencia y Tecnología. La administración estatal, en reiteradas ocasiones ha fustigado el alto costo que tiene dicho sistema para las arcas estatales. Sin embargo, el riesgo que se corre con ese cambio de autoridad, es alto si se observa a la luz de la poca claridad en el proyecto actual sobre la educación superior estatal, y sobre todo del olvido que el propio gobierno continúa profesando a los demás sistemas de educación superior en el Estado.

En efecto, el Suneo es un sistema oneroso y elitista. Solamente en el estricto sentido económico, el secretario de Finanzas, Gerardo Cajiga Estrada ha manifestado en diversas ocasiones que “…es necesario revisar el Suneo, porque por cada peso que aporta la Federación al mismo el estado pone cinco, lo que no sucede en ninguna otra institución educativa en el país…”; que “…además presentan otras características poco favorables, como, por ejemplo, la relación alumno-maestro es inverosímil. ‘En algunas instituciones del Suneo por cada maestro de tiempo completo hay cinco alumnos’”; o que “en el caso del Suneo heredaron una estructura en donde por cada peso que está dando la Federación, ‘el estado pone cinco y desde luego nos interesa mucho la calidad educativa y queremos que esta se fortalezca’”. Es decir, que en la visión del gobierno estatal, el Suneo tiene un costo demasiado elevado para los resultados que ofrece.

Posiblemente no están equivocados. De hecho, además del alto costo de dicho sistema de universidades, sobre éste han pesado otros cuestionamientos, como el relativo a la verticalidad, y la absoluta discrecionalidad, con la que su rector, el doctor Modesto Seara Vásquez, ha manejado, por más de dos décadas, a la institución.

Sobre el Suneo, además, pesan otros puntos oscuros, como el relativo a la poca sensibilidad y tolerancia que existe en éste respecto a las costumbres y cultura de su población estudiantil más abundante, que es la indígena. Se dice, incluso, que los métodos utilizados por el Suneo son, en algún modo, etnocidas y aculturizadores de quienes tienen raíces indígenas.

El problema es que nada de esto es por lo que el gobierno estatal está preocupado. Éste, al parecer, lo que busca es generar condiciones para disminuir el gasto que se genera en ese sistema de universidades, y quizá hasta cobrar una afrenta al doctor Seara por sus excesos, por su cercanía a los regímenes anteriores, y por la imagen que construyó de “dueño” y de rector vitalicio de ese sistema de universidades.

Esa parece ser la lógica que siguió la reforma a la Ley Orgánica, en la que lejos de establecer cualquier parámetro de autonomía, o de eliminación de la discrecionalidad que existe respecto a la permanencia de las autoridades de ese sistema, se estableció que el Suneo quedará en manos de la Coordinación que encabeza José Antonio Carranza Palacios. Esto, frente a algunos ejemplos dados por este mismo gobierno, entraña diversos riesgos. ¿Cuáles?

El principal de los riesgos, es que en dicha Coordinación, algunos funcionarios estatales, o ciertos personajes influyentes, vean en el Suneo la posibilidad de disponer de los cargos de primera importancia, y comiencen a sustituir a las actualidades autoridades de cada una de las universidades (nombradas, claro, según el criterio del doctor Seara; pero un criterio que, lo acepten o no, ha podido mantener la excelencia académica) con un juicio clientelar, de cuotas o para satisfacer intereses que no son los que ha buscado preservar dicho Sistema de Universidades Estatales.

 

ALTERNATIVAS NULAS

Modificar el esquema del Suneo, sólo para disminuir su costo, o para eliminar la huella y las disposiciones del doctor Seara, equivaldrá a tanto como dar la pauta para el fin de esa historia que, de nuevo, les guste o no, es de excelencia académica, así sea a un costo muy elevado. Y eso no es lo peor. Pues ante esta decisión inminente, la pregunta sería: ¿Qué alternativa tiene el Gobierno del Estado frente a su ánimo por disminuir los costos y el elitismo del Suneo?

La respuesta es clara: ninguna. Y es así porque mientras pretenden hacer todo lo que ya se ha señalado con ese sistema, por las razones que también ya fueron apuntadas —y por otras más que incluso desconocemos—, lo cierto es que en esta administración no existe un proyecto claro sobre el impulso que se debe dar, desde el Estado, a la educación superior en alguno de sus diversos frentes. Todo esto es evidente.

Y es que el Gobierno del Estado no tiene ningún gran proyecto alternativo con la UABJO, ni con ningún otro sistema federal o local. Independientemente del trabajo coordinado habitual de algunas dependencias estatales con esa y otras instituciones, es claro que no existe mayor interés por intervenir en los demás sistemas de educación superior. Y eso se convierte en un problema, ante el hecho de que se quiere minar lo único bueno que existe en la educación superior, sin tener una alternativa para compensar lo que se pretende disminuir.

Por eso, toda esa discusión debiera hacerse no sólo a la luz del costo económico que implica, sino también al impacto que cada una de las universidades tiene sobre la vida pública de los oaxaqueños, y el aporte que hace a la sociedad en que subsiste. Porque es claro que dicho sistema debe cambiar. Pero el cambio debe ser para mejorar. Y en eso la autoridad debe tener un criterio más allá de lo económico.

Debiera asumir, por ejemplo, que si el Suneo tiene pocos alumnos no es sólo porque éste sea un sistema “difícil” o elitista, sino porque el problema de la educación pública en Oaxaca es grande y grave a todos sus niveles, y que un remedio real y de fondo debiera tocar no a una, sino a todas las universidades, y no a un nivel, sino a todos los involucrados en la educación de los niños y jóvenes oaxaqueños. Ojalá que a la larga, no termine siendo más costoso el remedio que la enfermedad.

 

CANIBALISMO

En la UABJO debieran tener una visión no encaminada al canibalismo. Ellos, gustosos, quisieran ver el fin del Suneo. Sin embargo, con todas sus diferencias, lo que debieran estar defendiendo es la educación pública de calidad. Porque nadie, ni ellos ni Seara, son dueños de ésta, y porque la UABJO justamente ha sido la más golpeada por ese tipo de embates.

PAN: su vida interna debe dejar de ser secreta

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+ ¿Qué perspectivas tienen para elección 2012?

En general, el Partido Acción Nacional es uno de los pocos que procura no ventilar su vida interna, sus discusiones, sus componendas y sus arreglos cupulares. A lo largo de su vida como fuerza política, han procurado “lavar la ropa en casa”. Sólo que hoy, ante la polarización de sus procesos internos, el panismo debiera dejar de reprimir sus discusiones y hacer, de esos asuntos que irremediablemente influyen en la vida pública, temas específicos de la vida pública. Su vida interna es tan compleja como la de cualquier otro partido. Y por eso es importante conocer algunas aproximaciones a esos procesos y posturas que debieran ser menos secretos.
Pareciera que hoy, el PAN, sigue sin ser un partido conforme con los resultados que han obtenido en sus alianzas electorales. Hasta donde puede verse, los beneficios recibidos por haber impulsado la candidatura a Gobernador de Gabino Cué Monteagudo, no fueron proporcionales del todo con lo que ellos aportaron.
Una de sus inconformidades radica en los pocos espacios que obtuvieron en la administración pública estatal, y el fuerte desgaste que les ha venido provocando esas posiciones oficiales, frente al electorado. La otra inconformidad de fondo, radica en el doble hecho de que, por un lado, el Gobernador del Estado no ha asumido ningún tipo de postura a favor de aspirantes o grupos panistas locales, respecto a las elecciones federales del presente año; y que, por el otro, en un intento de colonización del blanquiazul, pretende incrustar a ciertas figuras que no corresponden a los intereses de ese partido. Pero vayamos por partes.
En la primera de las inconformidades, los panistas oaxaqueños de cepa aseguran que su apoyo al Gobernador, y lo que obtuvieron a cambio, podría resumirse en aquel refrán que dice que “después de un buen servicio, un mal pago”. Y es que, dicen, el panismo fue una de las dos fuerzas políticas —la otra fue el PRD— que aportó los elementos determinantes para la estructura que permitió el triunfo electoral, y que a cambio sólo obtuvieron algunas posiciones de las que sólo sobrevive la de la secretaria de la Contraloría y Transparencia Gubernamental, Perla Woolrich Fernández.
Esa, que pudiera pensarse que es una posición de privilegio para un partido que pretende no dejar impunes las cuentas con el pasado, para los panistas más bien es una posición que les traslada a ellos los costos electorales que generan los dividendos políticos que está obteniendo el Gobierno del Estado.
¿De qué hablan? Que el hecho de darles la facultad de perseguir a los ex funcionarios de la administración anterior, no garantiza que éstos pagarán conforme a las expectativas generadas por el Gobierno (de encarcelar a los responsables, confiscar sus bienes, recuperar el dinero robado, etcétera). Y el costo negativo, en votos, que ello genere, piensan, será trasladado a su partido como un pasivo, derivado del “premio” que les dieron por haber participado en la Coalición por la Paz y el Progreso.
Su segunda inconformidad también es clara: les molesta ampliamente que mientras el Gobernador del Estado no se ha pronunciado a favor de ningún tipo de candidato o aspirante panista a diputado federal o senador, y mucho menos les ha brindado apoyo alguno para estos menesteres, sí ha dado todas las facilidades y apoyo al ex gobernador Diódoro Carrasco Altamirano para buscar una candidatura al Senado de la República.
Los panistas ven mal esto por muchas razones. La primera es porque el ex Gobernador no es panista. La segunda, porque él, en su tiempo de gobernante, fue duro en sus estrategias para arrinconar y no tomar en cuenta a los entonces incipientes gobiernos municipales panistas, en los programas y el apoyo oficial que entonces se daban. Y la tercera, porque el intento que ven en esa relación entre el gobierno de Cué y el ex gobernador Carrasco respecto al PAN, es de colonización y no de una relación constructiva con el panismo oaxaqueño.

PERSPECTIVAS PARA 2012
El PAN de Oaxaca tiene claras sus perspectivas sobre esta elección federal de Oaxaca. Pretenden primero resolver de la mejor manera posible sus procesos internos para elegir a sus candidatos a diputados federales por los principios de representación proporcional y mayoría relativa, y al Senado por esas mismas dos vías.
Las definiciones por el Senado por la vía de mayoría relativa serán a través de la participación, en una elección abierta, en la que podrán participar tanto los militantes activos como los adherentes. Ese será el único procedimiento en el que participan todos. Para elegir a sus diputados federales por mayoría relativa sólo participan los militantes activos. Y para elegir a sus abanderados para ambas cámaras por el principio de representación proporcional, todo deberá elegirse a través de su Consejo Estatal.
La carrera por el Senado por el principio de mayoría relativa, es auténticamente una moneda al aire. Pareciera que el ex gobernador Carrasco busca colgarse del posicionamiento como candidata presidencial de Josefina Vázquez Mota, para colocarse como candidato a Senador. Sin embargo, es claro que el panismo no asume la lógica de que la aceptación de Josefina, necesariamente debe ser proporcional a quien se aparece como su candidato al Senado por Oaxaca.
Respecto a las definiciones del Consejo Estatal por la candidatura al Senado por la vía de la representación proporcional, las posiciones también están polarizadas. Un sector local importante se pronunciaba por impulsar a la diputada local Eufrosina Cruz, sin embargo, ayer domingo fueron aplastados por quienes, siguiendo la línea josefinista, dieron su voto a la sonorense Dolores del Río.
Eso, en realidad, es visto como otra afrenta abierta, que ya había provocado algunos posicionamientos, como el del diputado Luis de Guadalupe Martínez, lamentando este intento de imposición de personas que buscan sólo la posición política, pero no la verdadera representación de las causas del panismo oaxaqueño.

DIPUTACIONES POSIBLES
El análisis frío dice que el PAN tiene posibilidades en cinco de los once distritos electorales. Por Oaxaca de Juárez, dicen, su grado de competitividad se incrementa sustancialmente a través de Rolando García Varela. En Tuxtepec, posiblemente con María Larios. En Huajuapan a través de Chiu Valladares. En Miahuatlán con Luz María Martínez y, quizá, en Santa Lucía del Camino. Ahí queda este apunte sobre la discreta pero intensa vida interna del panismo local.

Ante Controversia fallida… ¿no hay voluntad política?

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+ Senado, Gobierno y Congreso deben buscar arreglo

Un asunto como el que hoy enfrenta nuestro estado por la invasión del gobierno de Chiapas en el territorio oaxaqueño de los Chimalapas, no debe quedar como un mero asunto judicial, sino que debe ser el motivo para que todos manifiesten justo lo que no han hecho: voluntad para arreglar las cosas.
Es lamentable que mientras todos los involucrados en Oaxaca se dicen preocupados por esta situación, en realidad se estén dando pocos y descoordinados intentos por hallar nuevas rutas de solución a este conflicto, en el que ya no queda claro si es por límites o por el acto de invasión del territorio; es asimismo lamentable que el Senado de la República se lave las manos respecto a una posible intervención; y lo es tanto más, que ahora, en el Congreso del Estado, todos digan que advirtieron de las fallas que tenía la argumentación de la Controversia Constitucional, pero que nadie haya tenido la capacidad para incidir en un arreglo previo a la presentación del escrito.
Hay varios aspectos que deben ser considerados con seriedad. En primer término, porque este ya no es momento de buscar culpables. O bien, sí se deben ajustar las cuentas con los responsables de la pifia cometida, pero a la par de buscar soluciones y nuevos caminos posibles para darle cauce a este asunto. Y, fundamentalmente, se debe establecer que la siguiente ruta posible es la de la búsqueda de una solución a través de todas las vías políticas posibles. Para ello, debe haber mucho más que deslindes y acusaciones por parte de las instancias involucradas.
En ese sentido, la vía más idónea para resolver un asunto como éste, debe ser, sin duda, la política. ¿De qué hablamos? De que, en el fondo, no es del todo permisible —ni deseable— que asuntos torales de la convivencia entre estados partes integrantes de la Federación (como lo es el respeto a los límites establecidos entre ellos), quede únicamente en manos de las instancias jurisdiccionales (así sea del más alto tribunal jurisdiccional del país, como lo es la Suprema Corte de Justicia de la Nación).
Esa fue la lógica en la que, en 2005, ocurrió la reforma al artículo 46 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, para establecer justamente que los asuntos de límites entre entidades federativas fueran dirimidos por la instancia política que justamente ostenta la representación de éstas ante la Federación. Hablamos, naturalmente, del Senado de la República.
¿Por qué el Senado se hace a un lado del problema? En lo inmediato, porque parece que en la agenda política de los senadores, primero se encuentra la resolución de todo el conflicto electoral que significarán los comicios federales, antes que involucrarse en asuntos que verdaderamente les permiten tener la calidad de representantes de las entidades federativas ante el pacto federal.
En lo mediato, queda claro que también los senadores se niegan a asumir la falta de responsabilidad que implica para su legislatura, el hecho de que cuando en 2005 se realizó la reforma constitucional, también se estableció en uno de los artículos transitorios, que el Senado tenía la responsabilidad de crear una comisión ex profeso de legisladores, que se encargara de asumir todos esos asuntos, para contribuir en la búsqueda de arreglos amistosos entre los varios estados que tienen conflictos limítrofes que, por su propia naturaleza, eran imposibles de resolver por las instancias jurisdiccionales que estaban constitucionalmente encargadas de resolverlos.
Todo eso debiera ser un acicate para que el Senado se involucrara en un asunto como este. Queda claro que el Senado no tiene ninguna calidad moral, ni justificación jurídica o constitucional, e incluso material, para apartarse de una posible solución. Esa debiera ser la instancia política idónea. Qué lamentable es, además, que los más importantes representantes del federalismo en México, sean los primeros en abonar a la posibilidad de que los asuntos políticos terminaran innecesariamente en manos de tribunales jurisdiccionales.

CONGRESO PARTICIPATIVO
Ahora bien, el Congreso del Estado también debe participar, desde sus propias vías, en este asunto. Queda claro que la tarea hoy no es sólo la de echar culpas o la de buscar responsables. Sí debe hacerse eso, por la naturaleza deliberativa y plural del órgano legislativo. Pero además éste debiera ser un momento para que también el Poder Legislativo del Estado hiciera una demostración de estatura y capacidad de acción a favor de Oaxaca.
En ese sentido, los diputados oaxaqueños debieran también buscar las vías políticas idóneas, independientemente de que hubiera o no facultad expresa de las constituciones federal o local, para poder resolver este asunto. Es claro que si Chiapas no tiene voluntad de arreglo, ni de respetar los límites que históricamente están establecidos entre ambas entidades federativas, y si el Senado tiene similares actitudes de rechazo frente al problema, entonces los Poderes del estado de Oaxaca deben ser los más proactivos y deben ser quienes planteen las soluciones que nadie pretende tomar.
¿Cuál debiera ser la vía de trabajo? Que junto con los “regaños” y exhortos que pretenden hacer a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, también, o en lugar de ello, excitaran al Senado y al gobierno federal para que insistieran en la búsqueda de arreglo entre ambas entidades federativas. No debieran perder tiempo en extrañamientos que no tienen ninguna razón de ser, y que tampoco cambiarán el estado de cosas frente a una Corte que sí se puede sentir “agraviada”, y más bien debieran ocuparse en insistir en que el gobierno federal tome también cartas en el asunto, y no lo deje en las dos reuniones, prácticamente testimoniales, a las que hace unas semanas convocó el Secretario de Gobernación a los dos gobernantes, para arreglar el conflicto.
No es momento sólo de culpas y tampoco de acciones que tengan tanta fuerza como los llamados a misa. Debe haber claridad y manifestaciones claras de voluntad a favor de Oaxaca. Eso debe quedar claro.

OPORTUNIDAD EXTRAORDINARIA
Una de las vertientes que buscaba explorar la Controversia Constitucional, es la relacionada al derecho a la consulta que tienen los pueblos y comunidades indígenas frente a un asunto como éste que involucra actos de autoridad que podrían violar su derecho a la autodeterminación. Ésta, independientemente del caso, es una vertiente extraordinaria, de la que hablaremos en una próxima entrega.