Home Blog Page 410

Partidización de la democracia: una mala opción

0

+ Congreso: deben mejorar, no copiar a Federación

Una de las premisas fundamentales de la democratización del poder, se encuentra en la inclusión y la participación de los ciudadanos en los procesos relacionados con la vida pública del estado o país, para que a través de ellos esos procesos y decisiones tengan legitimidad, credibilidad y aceptación general. Aunque en Oaxaca vivimos supuestos “nuevos tiempos”, y la democracia y la transición llegaron con la alternancia partidista en los poderes Ejecutivo y Legislativo, aún nos encontramos lejos de una verdadera ciudadanización y, al contrario, existe hoy el riesgo real de una potencial regresión o estancamiento democrático. Veamos por qué.

Como ya lo hemos dicho en otros momentos, el poder se ejercía tradicionalmente en Oaxaca en base a viejas reglas delineadas por los verticalismos propios de un régimen de partido y gobierno hegemónicos y, en buena medida, autoritarios. Desde mediados del siglo XX hasta hace apenas unos meses, gobernó la entidad un ente que, aunque era una unidad, estaba dividido entre un partido y un equipo de gobierno.

En efecto, la dualidad de gobierno-partido que aquí ejerció el priismo, fue característico de un régimen no de partido de Estado, sino más bien de partido hegemónico. Esto porque aún cuando se cumplía con todos los imperativos democráticos respecto al voto y la participación “democrática” (había elecciones, los votos se contaban, y todo se ajustaba a las reglas constitucionales de la renovación de los poderes), en realidad existía una inequidad visible entre las posibilidades de triunfo, y los medios —económicos, políticos, de coacción, etcétera— con los que contaba el llamado “partido oficial” para realizar su trabajo electorales, respecto a sus adversarios de la oposición.

Todo esto permitió que, en los hechos, el Gobernador del Estado tuviera un poder omnímodo, preponderante y avasallante respecto a los poderes Legislativo y Judicial. Unos y otros, en prácticamente toda la extensión de la palabra, asumían que el dictado del Gobernador era orden, que ellos eran empleados o subordinados suyos, y que por tanto nada valía más que una decisión tomada y anunciada por el Mandatario. Ese era, pues, el ejercicio vertical del poder, que luego se convirtió —y así fue señalado— en una práctica autoritaria.

Frente a ello surgieron dos grandes batallas. Una de ellas fue la de los partidos de oposición, y la otra la de los ciudadanos. Los primeros generaron, no sin innumerables fallas, las alianzas y los puentes necesarios para poder unirse y enfrentar civilizada y democráticamente a quienes ejercían el poder plenamente y no estaban dispuestos a cederlo sin antes oponer resistencia. A nivel federal, hubo alternancia y comenzó un proceso largo —e inconcluso, y ahora más bien inmóvil— de desincorporación de los verticalismos y autoritarismos.

La otra batalla, fue la que poco a poco fueron ganando los ciudadanos a través de los procesos y las tareas en las que fueron ganando terreno. La llamada “ciudadanización” particularmente permeó en todas aquellas tareas que tenían que ver con la fiscalización y control del poder a través de medios e instituciones distintas a las tradicionales.

En los órganos autónomos, particularmente, hubo necesidad de reforzar el paso hasta lograr que ciertos procesos como el de la rendición de cuentas, la fiscalización superior, la defensa de los derechos humanos, y la organización de los procesos electorales, quedaran en manos eminentemente de ciudadanos, para que a través de ellos, este tipo de procesos (que entrañaban en sí mismos la duda por el resultado de las votaciones, por el saqueo a las arcas públicas, la corrupción y los abusos cometidos desde el poder) tuvieran por primera vez la credibilidad y certeza que siempre les había hecho falta.

 

CAMINO EN REVERSA

Instituciones como el Instituto Federal Electoral, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, el Instituto Federal de Acceso a la Información, o la Auditoría Superior de la Federación, constituyen hoy nuevos equilibrios al poder en el ámbito federal. En su esencia, se entiende que éstos órganos debían estar encabezados por ciudadanos que no tuvieran compromisos con el poder, para poder materializar los fines propios de esas instancias que van precisamente encaminados a vigilar, revisar y acotar al poder.

Sólo que esa esencia no ha sido respetada y, al contrario, en la actualidad ha sido seriamente puesta en duda. Al decantarse el otrora omnímodo poder presidencial, éste quedó en buena medida en manos de los partidos políticos. La lógica del poder los llevó a entender que una cosa es oponerse, y otra muy distinta detentar cierta cantidad de poder. En el primero de los casos, se exige el apego a las reglas democráticas. Pero en el segundo de los casos, se está dispuesto a hacer todo lo que esté al alcance —legal o no, confesable o no, ético o no— para mantenerlo, y para no perder ninguna porción del mismo.

Eso fue lo que pasó con los partidos, que si primero lucharon codo a codo con los ciudadanos para lograr la democratización, luego decidieron arrebatarles por completo esa bandera y ondearla solos para aprovechar todos los beneficios y los espacios de poder que habían logrado. Así, por ejemplo, desde antes del 2006 el IFE dejó de ser, en el ámbito federal, la institución ciudadana icónica, para pasar a ser un ente conformado por cuotas de partido, para responder primero a los intereses de éstos, y luego a los de la democracia y los ciudadanos.

Esos mismos intentos por “colonizar” a los órganos que debían estar conformados por ciudadanos y no por cuotas de partido, se han reproducido en prácticamente todos los entes autónomos. Y esa misma historia, es la que está ocurriendo en Oaxaca, ahora que los partidos representados en el Congreso, ya se dieron cuenta que tienen parcelas de poder, y que pueden utilizarlas como les venga en gana, independientemente de que eso sea o no benéfico o constructivo para la verdadera democracia.

 

DEMOCRACIA EN ENTREDICHO

¿Las fuerzas políticas intentarán, en estos supuestos “nuevos tiempos”, atender a cuotas y no al interés democrático, para integrar los órganos que eventualmente serán renovados? Ya dieron una primera pauta con la integración del Tribunal Electoral. ¿Harán lo mismo con el Instituto Estatal Electoral, la Auditoría Superior y el Órgano de Transparencia? Si lo hacen, como parece, estarían contribuyendo a forjar una democracia con malformaciones congénitas.

TEE, repartido por cuotas: una regresión democrática

0

+ ¿El mismo camino seguirán IEE, ASE y el IEAIP?

Como si fuera un simple asunto de reparto de cuotas de poder, y no una prioridad en el reforzamiento de la credibilidad y la legitimidad de las instituciones del Estado, las fracciones parlamentarias del PRI, PAN y PRD decidieron, en base a sus intereses, la nueva integración del Tribunal Estatal Electoral de Oaxaca. Para conformarlo no importaron los conocimientos, la preparación o la experiencia de los aspirantes: únicamente contó la venia, las bendiciones y los intereses de los tres grupos mayoritarios de poder que existen en el Poder Legislativo del Estado. Ello constituye, desde todos los flancos, una clara regresión al sistema democrático que supuestamente nos rige, y que en estos “nuevos tiempos” los partidos prometieron apuntalar en Oaxaca.

Prácticamente desde el día siguiente a la jornada comicial, se tuvo la certeza de que todos los órganos relacionados con los procesos electorales serían renovados por completo, apenas asumieran sus cargos el Gobernador del Estado y los nuevos diputados. El triunfo de Gabino Cué Monteagudo claramente ocurrió no gracias a las garantías de imparcialidad y equilibrio, sino más bien a pesar de la conformación de las instancias respectivas, que siempre habían sido cuestionadas por su proclividad al poder, y por las supuestas relaciones indebidas que tenían con servidores públicos emanados del Partido Revolucionario Institucional.

En ese sentido, temas como el del “pendientito” entre el consejero Presidente del Instituto Estatal Electoral y el entonces gobernador Ulises Ruiz —dado a conocer a través de una reveladora grabación telefónica que, sin embargo, fue obtenida ilegalmente—, o la decisión del Tribunal Estatal especializado en la materia, de forzar la entrega de una diputación local al Partido Verde Ecologista de México —a pesar de la resolución en contrario del IEE, e incluso tratando de convencer de sus dichos a la Sala Regional de Xalapa del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación—, marcaron sendos puntos sin retorno para sus integrantes. Llegado el momento serían separados de sus cargos amparados en esos cuestionamientos. Pero lo que prometieron los integrantes de la LXI Legislatura del Estado, es que ahora sí se apegarían a los criterios democráticos que marca la Constitución para elegir a sus sucesores.

¿A qué se refiere ese espíritu democrático? En términos sencillos, éste se refiere al hecho de que la Constitución del Estado establece que los integrantes de los órganos autónomos en general (como el Instituto y el Tribunal Electoral, la Auditoría Superior, el Instituto de Acceso a la Información, y demás entidades plena o parcialmente autónomas) deben ser individuos que gocen no sólo de independencia y una reputación intachable, sino también experiencia y conocimientos técnicos especializados en los asuntos que conoce el órgano respectivo. Por si fuera poco, en general la Ley Fundamental establece que debe ser estrictamente en base a esos criterios, que la Legislatura del Estado es como debe elegir a los servidores públicos respectivos.

Se supone, pues, que los legisladores debían ponderar todos esos requisitos objetivos por encima de cualquier otro, e incluso privilegiar a aquellos aspirantes que manifestaran y demostraran de mejor modo su trayectoria y también su independencia al poder. Es decir, que fueran ciudadanos comprometidos con la sociedad, y no con facciones o fuerzas políticas determinadas. Todo esto, se supone, garantizaría que las decisiones que se tomaran en esos órganos (que nacieron específicamente para controlar al poder) fueran lo más imparciales, autónomas y legítimas posibles.

Todo eso, sin embargo, les importó un comino a las tres principales fuerzas políticas representadas en el Congreso del Estado, que hicieron ésta elección de los integrantes del Tribunal Electoral, no como un auténtico ejercicio democrático acorde a los supuestos “nuevos tiempos” y “equilibrios” que ellos tanto presumen, sino como un grosero reparto de cuotas de poder.

 

CIUDADANIZACIÓN,

AL CESTO DE BASURA

Seguramente los diputados locales oaxaqueños lo ignoran —porque ese es el común denominador en el poco civilizado ámbito político estatal—, pero hace apenas hace muy pocas décadas otros hombres y mujeres lucharon fuerte en el país porque las instancias electorales gozaran de credibilidad y legitimidad, y dejaran de estar en manos de quienes ejercían en el poder, para pasar al ámbito de los ciudadanos. Esa fue una auténtica visión democrática, que a nivel federal se ha tergiversado, y que lejos de ser enmendada desde las entidades federativas, aquí comienza a reproducirse.

¿De qué hablamos? De que hace muy poco tiempo, cuando el ejercicio del poder era unipersonal y vertical, todas las decisiones “democráticas” las tomaba un solo individuo denominado Gobernador del Estado, y todos los demás entes obedecían el mandato y dotaban a esas determinaciones de las formas legales y democráticas que pudieran esconder ese ejercicio plagado de autoritarismo.

Ahora, cuando el Titular del Poder Ejecutivo emanó de un conjunto de fuerzas que ondearon como principal bandera la del cambio democrático, y cuando la capacidad de decisión quedó dividida en tres fuerzas en el Congreso del Estado, podría suponerse que las cosas podrían cambiar. Pero no. Lejos de democratizar el poder, unos y otros se están repartiendo, de la forma más vil, se están repartiendo su ejercicio y las parcelas que el autoritarismo dejó vacantes.

Sólo de ahí se explica que aún antes de que se conocieran formalmente las ternas para integrar el Tribunal Electoral, ya se sabía que los electos serían Ana Mireya Santos López, Luis Enrique Cordero Aguilar y, eventualmente, Roberto López Sánchez. La primera, independientemente de sus conocimientos o experiencia, era quien tenía a favor la línea y la bendición del gobernador Gabino Cué; el segundo, la venia del PAN; y el tercero, el respaldo priista, que ayer mismo decidía si lo impulsaba a él o a otro personaje.

¿DEMOCRACIA?

¿Eso es democracia? Para cualquiera con más de tres dedos de frente, eso es un simple arreglo político que luego se dota de formas democráticas. ¿Se decidió por los mejores aspirantes? No. Todo esto fue según las conveniencias de los grupos, y fue una decisión tomada desde la simple lógica del poder. Y lo peor, es que ese rumbo seguirá la integración de los demás órganos autónomos de Oaxaca.

Política local: la praxis se resiste a nuevos tiempos

0

+ Gobernador no es el Rey; deberían entenderlo ahora

En Oaxaca tanto el oficialismo, como las fuerzas de oposición, deberían comenzar a entender que la llamada “transición a la democracia” no se encuentra sólo en el fondo, sino también, y esencialmente, en las formas.

Aunque desde las trincheras opositoras se exigen la transparencia y los cambios prometidos, y desde las fuerzas partidistas que ganaron los comicios se promete a la ciudadanía llevar a cabo todas las reformas al poder que plantearon, es claro que a unos y a otros les gana esa especie de propensión innata de asumir al Gobernador como un Emperador, y sus pretensiones como órdenes. Digan lo que digan, en descargo, lo cierto es que ese es el modo en que han actuado prácticamente todos los que ya se dicen instalados en “los nuevos tiempos”.

La resistencia al cambio de forma y práctica política en Oaxaca, quedó clara desde el primer día de la presente administración, que fue también el momento en el que el nuevo Gobernador del Estado comenzó a interactuar con el Congreso local —que formalmente no tiene una mayoría definida—. Aunque hubo una primera muestra de aparente resistencia, cuando un diputado de la fracción del PRI detectó irregularidades en la integración del expediente de la Secretaria General de Gobierno, que solicitaba su ratificación, al final todo fue resuelto al modo tradicional del pasado: es decir, a través de los arreglos políticos, que luego fueran legitimados a través de alguna forma jurídica moldeable.

¿Qué ocurrió entonces? Que la recién nombrada secretaria de Gobierno, Irma Piñeyro Arias, no cumplía el ahora famoso requisito de contar con título o cédula profesional, que exige la Ley Orgánica del Poder Ejecutivo. Para ejercer plenamente su cargo, la Constitución del Estado establece la necesidad de que dicho funcionario sea ratificado por el pleno del Poder Legislativo.

Independientemente de que unos y otros lograran el objetivo de que la secretaria Piñeyro fuera ratificada, lo verdaderamente cuestionable fue el modo en que lo hicieron. ¿Por qué? Porque tanto oficialistas como opositores evocaron las formas del pasado. ¿Cuáles? Aquellas en las que, luego del dictado de la oficina del Gobernador, buscaron enmendar el error a través de la interpretación legislativa, los acuerdos entre fracciones, e incluso la voluntad oficiosa de algunos que trataron, a pesar de su posición opositora, de atemperar los ánimos y conseguir que finalmente el acuerdo fuera alcanzado a través de los llamados a la moderación o disciplina a sus compañeros de bancada.

En ese sentido, Irma Piñeyro alcanzó la ratificación gracias a la figura de la dispensa, que fue impulsada desde las fuerzas coaligadas para tratar de apagar los señalamientos en su contra, que afectaban de manera importante la imagen del Gobernador del Estado. Era parte de su posición hacerlo. No obstante, lo que no deja de ser cuestionable es el modo en cómo unos y otros omitieron por completo la posibilidad de entablar una verdadera discusión de altura, que permitiera la formación de un criterio, antes que el apabullamiento de las órdenes terminantemente dictadas, o asumidas como terminantemente obligatorias.

Y aún cuando eso pareciera un tema ya de sí grave para un Estado democrático, plural y con fuerzas equilibradas, tal parece que ese ejemplo ha sido el menos revelador de la permanencia de esas supuestas viejas prácticas, en estos supuestos nuevos tiempos.

VIEJOS TIEMPOS

Todo quedó perfectamente claro cuando hace apenas unos días ocurrió la elección del Magistrado Presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado. Aunque se supone que la designación de quien funge como Titular del Poder Judicial del Estado es un acto colegiado, independiente y autónomo de cualquier otro factor real o formal de poder, en Oaxaca se convirtió en una práctica tradicional que éste fuera nombrado según la conveniencia del Gobernador del Estado. En estos “nuevos tiempos”, aquella práctica del pasado se hizo fielmente presente.

¿De qué hablamos? De que, como ocurre “tradicionalmente”, fue desde la oficina del Gobernador de donde salió la “recomendación” para que el magistrado Alfredo Rodrigo Lagunas Rivera fuera favorecido por la mayoría de votos de los demás togados. Así ocurrió. Y el problema, contrario a lo que pareciera, no es sólo respecto a lo que el Gobernador quiere, sino al modo tan obediente y disciplinado en que los Magistrados que integran el Tribunal Superior de Justicia, asumieron esa recomendación como una orden.

Es claro que en la lógica del poder no existen espacios vacíos. Es decir, que siempre un poder buscará abarcar los mayores espacios posibles, hasta que otro poder se le interponga y, por la vía de la ley o de la fuerza, lo obligue a detener su paso o a respetar los límites. Ello es lo que explica que, particularmente en este caso, el problema no sea sólo del Gobernador (que manda), sino también de los magistrados, porque son quienes indebidamente se asumen como dependientes del poder, y obedecen.

Eso fue exactamente lo que pasó en el TSJE, hace apenas unos días, y es lo que estaría a punto de ocurrir respecto a la elección de los nuevos integrantes del Tribunal Estatal Electoral de Oaxaca, que ahora se encuentra en manos del Poder Legislativo. Independientemente del modo en cómo se resuelva (o ya se haya resuelto el asunto), de todos modos ello se resolvió “democráticamente” de acuerdo a las reglas del pasado.

Desde hace ya algunos días, se sabía de manera casi confirmada, los nombres de quiénes integrarían dicho Tribunal jurisdiccional en materia electoral; también se sabía quién lo presidiría, e incluso cuál sería su conformación administrativa. Todo salió, como siempre, de los corrillos administrativos del Poder Ejecutivo, y habría sido ejecutado fielmente por el Legislativo.

 

NADA CAMBIA

¿Esos son los supuestos nuevos tiempos? La transición democrática, en realidad, no significa reformar un montón de leyes para luego presentarlas como innovaciones jurídicas que —como se dice en el argot legal— son vigentes, pero no positivas. Incluso no modificando norma alguna, sería más fácil de lograr una verdadera transformación democrática modificando sustancialmente las formas en cómo se desarrolla la política y cómo se lucha desde el poder, por el poder e incluso contra el poder. Pero esos, entre muchos otros, son signos claros de que poco será lo que verdaderamente cambie.

Ámbitos de gobierno y migración: todos se han desentendido

1

+ Preservar garantías y ley, dos premisas no peleadas

Es claro que ninguno de los tres ámbitos de gobierno quiere, ni remotamente, asumir su responsabilidad respecto a las constantes agresiones, abusos e inseguridad que viven los transmigrantes que se internan en nuestro país desde la frontera sur, en su intento por llegar al cruce con los Estados Unidos de Norteamérica. Más allá de las acusaciones mutuas, lo que los gobiernos federal, estatal y municipales deberían comenzar a hacer, con modestia y honestidad, es manifestar si tienen o no disposición para actuar a favor de los derechos humanos y la ley, y qué harán al respecto.

Aunque era por todos sabido, desde hace años, de los incontables abusos y violaciones a los derechos humanos de que son objeto —lo mismo a manos de policías municipales, elementos estatales, agentes federales o de migración, y ahora por parte de criminales— los centroamericanos que se internan a nuestro país, y que atraviesan los estados de Chiapas, Oaxaca, Veracruz, Tamaulipas y otras entidades del centro y norte de la República Mexicana, en busca de la frontera norte, no fue sino una enorme explosión de violencia, y una denuncia mediática, lo que hizo a la opinión pública —nacional e internacional— voltear la mirada a ese infierno que ha estado ahí, a la vista de todos, desde siempre.

Pareciera que, hasta agosto del año pasado, nadie nunca había visto a los cientos de miles de migrantes que cada año pasan por nuestro país, en su tránsito hacia Estados Unidos. Fue entonces, cuando un grupo de 72 migrantes fue ejecutado en el estado de Tamaulipas a manos de un grupo criminal que primero pretendió extorsionarlos, y la noticia le dio la vuelta al mundo por su incomparable grado de violencia y saña, que todas las organizaciones, grupos civiles —y disimulada y obligadamente el gobierno federal— parecieron darse cuenta que los transmigrantes padecían todo tipo de horrores lo mismo a manos de elementos del Estado que de grupos criminales que habían encontrado ellos un redituable y abierto negocio.

Fue hasta entonces que se supo en todo el país, que incontables grupos de transmigrantes que provenían del sur del continente, eran objeto de extorsiones, robos, secuestro, abusos, ataques sexuales e incluso prostitución, lenocinio y trata de personas en el caso de mujeres, lo mismo por parte de agentes del Instituto Nacional de Migración, que por elementos de corporaciones policiacas municipales de las demarcaciones por las que pasaban, e incluso en ciertos casos por elementos estatales.

No era, como pretende hacerse creer, un asunto de competencias o de “legalidad” lo que abría la puerta a todo ese tipo de abusos y de “actuaciones” por parte de policías o servidores públicos que también han lucrado con ellos, sino más bien el hecho de que todos, en los tres ámbitos de gobierno, se dedicaron a ver a los migrantes como una fuente inagotable de dinero fresco e ilícito que, además, a ningún poder del Estado le interesaba proteger.

En ese sentido, es bien sabido —por las cientos de denuncias que existen al respecto y que nadie ha hecho caso— que los agentes del Instituto Nacional de Migración, más se dedican a extorsionar a los transmigrantes ilegales, que a solamente capturarlos y deportarlos a sus países de origen por su irregular situación migratoria.

Asimismo, es bien sabido que, al menos en el caso de Oaxaca, los elementos de las policías municipales de las zonas del Istmo de Tehuantepec con altos índices de afluencia migratoria, así como la Policía Estatal y la Agencia Estatal de Investigaciones —dependientes del Gobierno del Estado— llevan a cabo operativos permanentes para identificar y capturar a migrantes, cuando éste ni es un asunto que esté dentro de su competencia, y mucho menos sea un tema directamente relacionado con la seguridad pública o la ejecución de órdenes judiciales o de investigación, que debía ser la función respectiva de cada una de esas corporaciones policiacas.

Por si fuera poco, los elementos de esas corporaciones que oficiosamente se dedican a “indagar” el tema migratorio en aquella región del Estado, lo hacen porque, al igual que los agentes federales de la materia, se dedican a extorsionar y a lucrar con las personas que por necesidad salen de sus países y deciden internarse en México para tratar de llegar a la Unión Americana.

ACLARAR COLABORACIÓN

Por todo ello, ninguna esfera de gobierno debía erigirse en juez o guía moral de movimiento alguno para defender los derechos humanos de los transmigrantes, ahora que las valientes y decididas acciones del sacerdote católico Alejandro Solalinde atrajeron la atención nacional e internacional para atacar este problema que todo tiempo lesiona la dignidad humana de los centroamericanos abusados; en mayor o menor medida, todos desoyeron y minimizaron los llamados a atender este asunto, cuando el grado de violencia y saña contra los migrantes no era tan alto como ahora.

Más allá de la foto y los intentos de quedar bien ante la opinión pública nacional e internacional (es decir, más allá del oportunismo del que todos están siendo hoy objeto), lo que los tres ámbitos de gobierno, coordinadamente, ya deberían comenzar a establecer, es qué tipo de acciones tomarán, primero, para preservar la integridad de los transmigrantes; luego, qué medidas tomarán para garantizar que independientemente de su calidad migratoria, sus derechos humanos sean respetados tal y como marca la Constitución General de la República; y, paralelamente a ello, qué harán para garantizar que se cumpla lo establecido por la Ley General de Población, y con ello puedan verdaderamente garantizar que los transmigrantes detenidos en su intento por llegar a la frontera norte, sean deportados a sus países de origen en un marco de verdadera legalidad y respeto a sus garantías fundamentales.

Los gobiernos municipales y estatales deberían establecer puntualmente un marco de prioridades para los primeros puntos; y el gobierno federal, más allá de boicotear la caravana del padre Solalinde, debería comenzar a revisar a esa institución tan podrida, cuestionada y repudiada, por corrupta, como lo es el Instituto Nacional de Migración.

EL GOBIERNO SABÍA

¿No recuerdan que hasta noviembre de 2008 era delegada del INM en Oaxaca María de las Mercedes Gómez Mont, hermana del ahora ex secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont Urueta? ¿A poco ella no sabía de este infierno? ¿Y si sí, a poco no se lo dijo a su hermano en algún momento? Por favor.

 

Impuestos locales: todo seguirá siendo igual

1

+ Un engaño, eliminación de pago de tenencia

Fue en los primeros días de mayo del año pasado, cuando en un desayuno con mujeres profesionistas, el entonces candidato de la alianza PRI-PVEM a la gubernatura, Eviel Pérez Magaña, anunció que de ganar los comicios, eliminaría en Oaxaca el pago del impuesto sobre tenencia y uso de vehículos. Esa, que fue una de las pocas propuestas con verdadero impacto positivo en su campaña, en realidad estaba llena de engaños y verdades a medias. La recaudación de ese impuesto trae aparejada una serie de compromisos económicos que, lamentablemente, serán ineludibles para los oaxaqueños en corto y mediano plazo.

Sin duda, el pago del impuesto sobre tenencia y uso de vehículos, es uno de los más repudiados en el país. Si bien se recuerda, desde 2009 comenzaron los intentos en la Cámara de Diputados por derogar definitivamente, en el ámbito federal, el cobro de gravamen, al considerar que era lesivo para la mayoría de las familias mexicanas que se encontraban padeciendo los estragos de la crisis económica global que ocurrió en ese año, y que impactó fuertemente sobre nuestro país.

Los defensores de ese impuesto federal, salieron al paso argumentando fundamentalmente dos cosas: primera, que la eliminación de esa carga tributaria golpearía directamente a las arcas de las entidades federativas; y segundo, que ese era un tipo de “impuesto verde” a través del cual el gobierno federal buscaba desincentivar la puesta en circulación de más vehículos de motor que contaminaran el ambiente. Una cuestión paralela que se argumentaba, era que faltaban sólo tres años para que ese gravamen dejara de ser federal, y que entonces sería el gobierno de cada entidad federativa el encargado de decidir si lo continuaba o no cobrando.

En realidad, el Impuesto sobre Tenencia y Uso de Vehículos está derogado desde 2007, porque esa fue una propuesta de campaña del ahora presidente Felipe Calderón Hinojosa. Sólo que el cumplimiento de esa promesa tuvo, como casi siempre, su engaño: desde entonces, y de acuerdo con la Ley de Coordinación Fiscal entre la Federación y las entidades federativas, se establece que el producto de ese gravamen federal deberá ser cobrado por las oficinas de recaudación de las entidades federativas (es decir, las Secretarías de Finanzas, Tesorerías estatales o el órgano equivalente), y que aunque la naturaleza del impuesto es federal, éste ingresaría y beneficiaría a las arcas estatales de la entidad donde se recaudara. Y se estableció que la derogación del impuesto y de éste precepto de la Ley de Coordinación Fiscal (artículo 2), así como la abrogación de la Ley del Impuesto sobre Tenencia y Uso de Vehículos, tendrían vigencia hasta el 1 de enero de 2012. Es decir, que el gobierno federal se quitaría la carga de cobrar el gravamen, pero sin que éste necesariamente desapareciera.

De esta explicación, deriva todo lo relativo a que una eliminación prematura del Impuesto federal sobre la Tenencia de Vehículos no golpearía a las arcas federales, sino a las de las entidades federativas; pero lo que hasta ahora poco se ha visto y analizado, es la disposición no siempre racional que han comenzado a hacer en los estados de la República de ese impuesto, que materialmente ya cobran y del que ya se benefician, pero del que formalmente deberían estar aún impedidos para disponer. Ahí es donde se encuentra la clave del futuro hipotecado, que algunos dicen que ya nos heredó el gobierno de Ulises Ruiz Ortiz a los oaxaqueños.

COMPROMISOS DE PAGO

Desde hace algunos años, el mismo gobierno federal comenzó a incentivar la llamada bursatilización de los ingresos fiscales de las entidades federativas. Esto, con el objeto de que los gobiernos estatales tuvieran la posibilidad de hacerse de dinero fresco a través de compromisos que formalmente no constituían deuda pública para las arcas estatales. Así fue como éstos comenzaron a explorar ese tipo de esquemas, a través de los cuales comprometieron ingresos futuros a cambio de dinero con posibilidad de ser dispuesto de inmediato para generar obras que, según, eran prioritarias.

Ese fue el camino que siguió en Oaxaca el impuesto sobre la tenencia de vehículos, que aún no es del todo local, pero que ya se encuentra a sólo un año de que lo sea por completo. Desde entonces, el Gobierno del Estado comenzó a explorar mecanismos para conseguir financiamiento de obras de gran calado, tales como Ciudad Administrativa y el complejo de Ciudad Judicial.

A cambio de obtener el dinero para financiar esas obras, y tener recursos para ejecutar otras acciones —que aún no se sabe claramente cuáles fueron, o en qué fue invertido ese dinero— se comprometieron los ingresos locales futuros por conceptos que tienen un nivel importante de garantía ante las instituciones crediticias, independientemente de que aumenten o disminuyan los montos de inversión federal asignados al estado. Así fue como en varias entidades federativas, se establecieron compromisos respecto al cobro de los impuestos vehiculares. La recaudación de esos gravámenes fue, en términos simples, la garantía que dejaron a los bancos para que les prestaran dinero fresco para invertir. Esa es la razón por la que en Oaxaca no veremos, al menos en el futuro cercano, que pueda eliminarse, e incluso disminuirse, el monto del impuesto sobre tenencia y uso de vehículos.

A partir de ahora, el camino fácil para quien no desee seguir pagando el impuesto sobre tenencia y uso de vehículos en la entidad, será el de reemplacar sus unidades en alguna de las entidades federativas que ya lo eliminaron. Pero lo verdaderamente importante de todo esto, será la posibilidad de que verdaderamente se transparente y publicite con detalle el monto de los recursos comprometidos, en qué fueron gastados, y hasta cuándo se terminará de pagar todo eso que más allá de las promesas de campaña, tendremos que pagar los oaxaqueños durante los siguientes años.

 

¿Y LOS MANDOS POLICIACOS?

Han pasado más de cuarenta días de iniciada la administración, y es increíble que aún haya tantas designaciones pendientes. En la Secretaría de Seguridad Pública, por ejemplo, a nivel de mandos policiacos sólo ha sido nombrado el Comisionado de la Policía Estatal. Pero faltan todas las demás corporaciones y, sobre todo, en la Dirección de Tránsito del Estado. Ahí, mientras el gato no está, los ratones llevan más de un mes de festejos “mordiendo” y extorsionando a todo el que se deja. Urgen definiciones.

 

Motín en Cereso de Tuxtepec: la SSPE se evidencia

1

+ Orden en Penales, más allá de revanchas de grupo

El pasado martes ocurrió un motín en el Reclusorio Regional de San Juan Bautista, Tuxtepec. Luego de tres horas de amotinamiento, y de la retención de cinco custodios, el secretario de Seguridad Pública del Estado, Marco Tulio López Escamilla, determinó destituir al director del centro penitenciario, el mayor Manuel José Lázcares, al acusarlo de presuntos malos manejos, y nombrar como directora provisional a quien hasta entonces fungía como directora de Ejecución de Sanciones y Medidas Sancionatorias, Josefina Jaime Quiroz. Aunque la solución a ese motín pareciera ser un mero asunto de rutina, en realidad esto revela el poco conocimiento y entendimiento que tienen las nuevas autoridades de seguridad respecto al manejo y control penitenciario en la entidad.

Es claro que remedios como el dado a éste motín, constituyen todo menos una solución real al asunto. Aunque en un primer momento pudiera asegurarse que todo fue arreglado porque los reos amotinados decidieron entregar pacíficamente las instalaciones y a las personas retenidas, y porque los nuevos mandos destituyeron a un funcionario que presuntamente había cometido excesos y posibles delitos en el desempeño de sus funciones, en realidad todo esto parece ser el foco de incubación de vicios y problemas mayores para el ya de por sí oscuro sistema penitenciario en la entidad.

En las cárceles estatales, existen una serie de vicios, desde hace tiempo, respecto a los cuales las diversas autoridades encargadas de la seguridad pública se han negado a ver o atender, e incluso existe la posibilidad de que se hayan convertido en sus cómplices. En centros de reclusión como el de Santa María Ixcotel, y también en el de San Juan Bautista Tuxtepec, existen organizaciones internas de reos que son quienes han ejercido el autogobierno dentro de las instalaciones, solapados por las autoridades penitenciarias. Todos los vicios que esto conlleva, aún con los amotinamientos, con los cateos e incluso con las posibles “soluciones” que dizque le han dado las autoridades penitenciarias, ha sobrevivido e incluso, con decisiones como las del secretario López Escamilla, se han fortalecido. ¿De qué hablamos?

De que esos órganos de autogobierno —conocidos coloquialmente como “mesas directivas”— han promovido y fomentado todos los vicios posibles dentro de los centros de reclusión estatales. Las llamadas mesas directivas, son organizaciones conformadas y dirigidas nada menos que por reos, para poder sostener el control y la “gobernabilidad” interna en los penales estatales. Ellos son quienes regulan el orden, las jerarquías, las actividades económicas, e incluso también otras relacionadas con el tráfico de estupefacientes, prostitución y demás vicios que se anidan entre los internos.

Las mesas directivas son ampliamente conocidas entre todos aquellos que han sido huéspedes de algún penal estatal. Aunque son organizaciones prohibidas por la ley, éstas han subsistido sin ningún problema a pesar de que, como ocurrió por única vez en enero de 2009, las entonces autoridades al frente de la Secretaría de Seguridad Pública Estatal, han decidido realizar operativos de cateo, traslado de reos peligrosos, y decomiso de artefactos (armas de fuego, cartuchos y punzones, entre un enorme cúmulo de objetos) para según restablecer el control interno y el orden entre los reclusos.

Ese tipo de organizaciones han sobrevivido a todos los supuestos intentos de saneamiento; y de acuerdo con lo hecho el pasado martes en el penal de San Juan Bautista, Tuxtepec, esta ocasión no será la excepción.

 

¿SOLUCIÓN O DAÑO?

Pareciera que ante el motín de reos en el penal de la Cuenca del Papaloapan, la SSPE dio la mejor solución posible. Luego de alrededor de tres horas de amotinamiento, el secretario López Escamilla decidió destituir al director del Centro Penitenciario, y acusarlo precipitadamente de diversos excesos, únicamente para lograr el restablecimiento del orden en el penal, pero no para extinguir los vicios que ahí se fomentan, y de los cuales son también responsables los reos.

En ese sentido, es claro que el secretario López Escamilla confundió la solución operativa que era necesaria y correcta, con una innecesaria y desafortunada decisión que más bien tenía que ver con la sustitución de las autoridades del anterior régimen, por las del actual, y que dejó intactos, y aún más, fortalecidos, todos los vicios de corrupción interna del centro penitenciario. Expliquémonos.

El secretario López Escamilla decidió la destitución del director Lázcares, como la medida inmediata para retomar el control del penal. Lo cesó, acusándolo de cometer excesos y tropelías contra los internos, pero para esto no hubo investigación ni observación alguna. Es decir, que los señalamientos de los internos, y tres horas de amotinamiento, fueron suficientes para que les fueran cumplidas todas sus demandas a los reos, y para que se detuviera la insurrección sin verdaderamente poner remedios de fondo.

¿Por qué asegurar lo anterior? Porque la mesa directiva que existe en ese penal no fue desarticulada. Al contrario: lograr la separación del cargo del director Lázcares fue un objetivo que ellos se pusieron y que les fue satisfecho por la SSPE; no hubo requisa alguna a las instalaciones, como tampoco revisión personal a los reos que se habían amotinado.

Es decir, que la autoridad se replegó por completo a las exigencias de los internos, y si bien desactivó el amotinamiento, con esa decisión lo que hicieron fue fortalecer la organización interna del penal —junto con todos los vicios y corrupción que ello implica—, además de alentar a que en otros reclusorios donde también existen mesas directivas, asimismo se amotinen para lograr los objetivos que se proponen.

CONSOLIDAR LOS VICIOS

Lo más grave del asunto, en este sentido, es que por si todo eso fuera poco, nombraron como directora provisional del Penal de Tuxtepec a Josefina Jaime Quiroz, quien hasta ahora había sido la encargada de todos los reclusorios estatales, y quien sí ha tenido fuertes cuestionamientos en su desempeño como servidora pública en el gobierno de Oaxaca. Todo eso, pero particularmente ese nombramiento, lejos de significar cualquier tipo de reconocimiento, más bien parece ser el preludio de más problemas, y sobre todo de una destitución de la forma menos digna posible. En cualquier momento.

Twitter: @aortizromero

 

PRI Oaxaca: la insensibilidad se los va a comer

0

­+ Reiterar errores los mantiene en senda de fracaso

Las decisiones recientes tomadas por la dirigencia estatal del PRI no parecen tener una lógica coherente. Avisados ya de la crisis interna que ahí se avecina, y de los problemas de todo tipo a los que se enfrentarán, tal parece que el grupo que encabeza el diputado federal y líder estatal, Eviel Pérez Magaña, está decidido a reiterar sus errores infinitamente. Hasta hoy, todas sus decisiones parecen ir en sentido contrario al fortalecimiento, cohesión y reposicionamiento partidario que ofrece a su militancia en Oaxaca.

Es coincidente el señalamiento respecto a que el peor error del priismo en los últimos años, ha radicado en su voluntad férrea por no modificar sus decisiones incorrectas. Al menos en el último lustro, el grupo que aún tiene el control de la dirigencia estatal ha hecho todo por privilegiar sus intereses particulares por encima de las necesidades generales del partido y su militancia. Partiendo de ello, se pueden explicar perfectamente sus decisiones, y también todos los riesgos, e incluso los fracasos que llevan a cuestas —los cuales, valga decirlo, son los más importantes en la historia del priismo en la entidad.

En este sentido, queda claro que la historia de decisiones erróneas que son llevadas hasta sus últimas consecuencias, sin posibilidad de rectificación y aún de ajustes, no es nueva. De hecho, el mejor ejemplo de ello, se encuentra en la voluntad firme del ahora ex gobernador Ulises Ruiz Ortiz, por someter a las estructuras de su partido a un innecesario desgaste interno, con la simulación de un proceso interno para elegir a su candidato a Gobernador, a sabiendas que esto únicamente afectaría a más de uno de sus principales factores de poder, y polarizaría a una militancia que, como requisito indispensable, necesitaba llegar unida y fuerte al proceso electoral, para enfrentarse ahí a sus verdaderos adversarios políticos.

Todos fuimos testigos de cómo, en aquellos momentos, el Gobernador del Estado —en su calidad de Jefe Político del priismo— maniobró de todos los modos posibles para generar dos escenarios paralelos: uno, que era el de la supuesta contienda democrática interna en la que participaban seis aspirantes en igualdad de condiciones y recursos; y otro, en el cual había todo un equipo trabajando de manera coordinada lo mismo para hacer levantar el vuelo al aspirante menos posicionado —porque, a juicio del Gobernante, éste era el elegido—, que para filtrar todo tipo de descalificaciones y degradación a los aspirantes que se resistían a comprender que, de antemano la decisión ya estaba tomada y no era a su favor.

Por si fuera poco, además ese aspirante menos aventajado tenía tras de sí varios elementos que hacían aún más complicado su posicionamiento como un posible candidato a Gobernador. Eviel Pérez Magaña no contaba con estudios profesionales, había tenido un desempeño cuestionado como secretario de Obras Públicas, por el sospechoso enriquecimiento de varios de los constructores cercanos al régimen; por el grupo nada honorable de diputados y funcionarios tuxtepecanos que lo rodeaban; e incluso, pesaban en su contra los señalamientos respecto a su falta de formación y experiencia política, a su escaso arraigo con el priismo, y al hecho de que éste era quien menos ascendencia política tenía entre las bases electorales del tricolor. Nada fue suficiente.

Y aunque todos, de uno u otro modo, le advirtieron a Ulises Ruiz que esa decisión era la más aventurada y arriesgada que podía tomar, nada le hizo cambiar de opinión respecto a su decisión que Pérez se convirtiera en el candidato a Gobernador por el PRI. La decisión fue firme e inamovible, y en ésta no se reparó ni siquiera cuando perdieron los comicios del cuatro de julio pasado.

 

LA HISTORIA SE REPITE

Luego de perder la elección, Eviel Pérez Magaña fue literalmente impuesto como presidente del PRI estatal. No hacía falta preguntar ni consensar con nadie, porque cuando ello ocurrió aún operaba el poder vertical e incuestionado del Jefe Político. Aún sin un verdadero respaldo de la militancia priista, a la sede de ese partido comenzaron a llegar todos los individuos que verdaderamente habían contribuido a construir la derrota que sufrieron no sólo ellos (de hecho, ellos son lo de menos), sino todas las personas que de buena fe, y con verdadera convicción política, creyeron en el proyecto de futuro de su partido.

Muchos, cercanos y no tanto a la nueva dirigencia estatal, pidieron que se realizara un verdadero y honesto proceso de autocrítica. Es decir, que dentro del tricolor se hiciera una evaluación real de las razones que los llevaron a la derrota, más allá del argumento maniqueo y engañoso de que todo había sido responsabilidad de las traiciones, de las ventajas de la coalición opositora, e incluso de las suciedades electorales en que dicen que incurrieron sus adversarios, y que en todo caso fueron las mismas que ellos también pusieron en práctica.

Quienes exigieron ese proceso de autoevaluación y crítica, pedían que en éste se tomaran en cuenta decisiones tales como la venta de candidaturas a diputaciones y presidencias municipales, las extorsiones de que eran objeto sus aspirantes, e incluso los auténticos robos que ocurrieron de los recursos que se habían destinado para la operación electoral, y que terminaron en manos de los enviados políticos del entonces Candidato a Gobernador. Exigían, no sin razón, que en el recuento de daños también hubiera autocrítica. Pero tal parece que, como siempre, las decisiones son llevadas hasta sus últimas consecuencias.

 

PRI, EXTRAVIADO

Hoy es claro: Eviel Pérez Magaña no abandera ninguna de las verdaderas causas del priismo, primero porque no ha podido asumir el liderazgo que dice ostentar, y segundo, porque tal parece que ni siquiera las conoce. Toda la ralea de personajes indeseables a los que tanto se señaló, hoy está formalmente incrustada en las filas del priismo, en cargos partidarios. Están huecos por completo en el discurso, y alejados de la militancia que no cree en los mítines, y se ríe de los acarreados, pero sí deposita algo de confianza en su partido. En esas condiciones, ¿cómo esperan sumar a toda la militancia y simpatizantes que tuvieron? Carecen del poder coactivo del gobierno, jinetean sus propios recursos, están extraviados y se rodearon de apestados. ¿Y así pretenden ir en Oaxaca por los triunfos históricos que prometen?

 

Ambulantes: amor apache con los oaxaqueños

0

+ Ciudadanos: ¿a qué tipo de ciudad aspiramos?

Prácticamente desde el inicio de las nuevas administraciones estatal y municipal, la capital oaxaqueña ha tenido como principal problema y asedio a los grupos de comerciantes y vendedores “semifijos”, que ya habían hecho al Centro Histórico su presa constante, y que pretendían seguir instalados en esos espacios que son nada menos que la vía pública.

De principio a fin, el escenario no podría ser más singular: Motivados en alguna medida por cuestiones políticas o partidistas, pero también por el genuino interés de continuar usufructuando esos espacios, desde hace más de treinta días el comercio ambulante es la principal amenaza de la paz y el orden en la capital oaxaqueña. Sin embargo, no deja de sorprender que, a pesar de todas las molestias y perjuicios que ocasiona el ambulantaje a la ciudadanía, a la vía pública, al comercio establecido, y al orden mismo, sigan habiendo muchos que se sienten agraviados por la decisión de la autoridad de no permitir más prácticas de ese tipo.

Los oaxaqueños deberíamos preguntarnos, con verdadera honestidad, qué tipo de ciudad queremos. Porque aún cuando nuestra capital no padece los problemas de ambulantaje de la mayoría de algunas de las ciudades más importantes de la República Mexicana, es claro que tampoco somos ajenos a esas cuestiones y que, al contrario: aún frente a todas las promesas de la autoridad, respecto a la regulación y frenos al ambulantaje, todo indica que ese flagelo ha crecido incontrolablemente, y que hoy hace presa y objeto de negocio a miles de personas que se dedican y estimulan ese tipo de actividades.

¿Por qué preguntarnos, nosotros mismos, qué tipo de ciudad queremos? La respuesta parece obvia: Porque los oaxaqueños de a pie, hemos exigido largamente que tanto la autoridad estatal, como la municipal, tomen decisiones —y las lleven a cabo hasta sus últimas consecuencias— respecto a asuntos como éste.

En general, se ha solicitado, y hasta exigido, durante años, que el Ayuntamiento de Oaxaca de Juárez tome verdaderas cartas en el asunto para atender, y poner solución, al crecimiento del ambulantaje, a las invasiones constantes que ocurren en la vía pública, a las ocupaciones recurrentes del primer cuadro de la capital oaxaqueña, e incluso respecto a la permisividad de actividades ilícitas como los juegos de apuestas o la permanencia de puestos que ensucian, deterioran o verdaderamente destruyen la vía pública, que es patrimonio de todos los oaxaqueños.

Esto lo han exigido recurrentemente, de uno u otro modo, todos aquellos que aún habitan en el Centro Histórico de Oaxaca de Juárez, aquellas personas que tienen comercios establecidos en la zona, hoteleros, restauranteros y todos aquellos que directa o indirectamente viven del turismo y los atractivos históricos que tiene nuestra bella ciudad capital. Aunque se diga lo contrario, a éstos siempre se les ha ninguneado, y para desatender sus exigencias, se les ha tachado de “burgueses”, “ricos”, “extranjeros” o “acomodados”, y se ha privilegiado el populismo, la conveniencia económica, e incluso las decisiones fáciles de sostener el ambulantaje en el primer cuadro, y diversas zonas de la capital oaxaqueña para no generar más problemas.

 

¿SOLUCIÓN EFICAZ?

Desde el primer día del gobierno de Gabino Cué, muchos de nosotros, los ciudadanos comunes, seguramente malentendimos algunas de sus aseveraciones. Como el nuevo Gobernante aseguró que no utilizaría la fuerza pública para reprimir, más de uno consideró que esto equivalía a que no se utilizaría para nada a la policía. Muchos se sorprendieron, y otros más hasta se ofendieron, cuando algunos días después éste envió a elementos de la Policía Estatal a que resguardaran el Centro Histórico de los verbeneros y vendedores ambulantes que ya habían sido desalojados, y que pretendían reinstalarse en el mismo Zócalo y Alameda de León, en el corazón de la capital oaxaqueña.

Lo mismo ocurre ahora respecto al comercio informal: durante seis largos años se le exigió al gobierno de Ulises Ruiz, y a las dos administraciones municipales de la capital asimismo priistas, que no permitieran la instalación de comercio ambulante en Oaxaca de Juárez, y aún menos, en el Centro Histórico. Siempre se pidió mano firme para tratar ese tema. ¿Y qué ocurrió? Que la mano firme no la ocuparon para hacer valer la ley en temas como esos, sino que más bien mal entendieron la exigencia —seguramente de manera voluntaria— y se valieron de la fuerza pública no para contener el ambulantaje, sino para golpear a sus enemigos. El resultado, antes, durante y después del aciago año 2006, es conocido por todos.

¿No los oaxaqueños comunes hemos siempre exigido que se ponga un freno al ambulantaje? Bueno, pues hoy estamos frente a una primer respuesta —no sabemos si del todo eficaz— del gobierno municipal de Luis Ugartechea Begué, que ahora deberá marcar la pauta en relación al respeto y resguardo que debe haber de nuestra ciudad capital, y de los espacios que son de todos.

Si creemos que todo es responsabilidad simple de la autoridad, estamos equivocados. Y si, además, los oaxaqueños queremos vivir en una ciudad convertida en caos, entonces sí tendríamos razones para agraviarnos y dolernos por la decisión de la autoridad, de no permitir que el comercio semifijo se instale hoy por la noche en el primer cuadro de la capital oaxaqueña, para hacer la venta del Día de Reyes. En cambio, si queremos una ciudad con un mayor orden, quizá deberíamos comenzar a ver con mejor perspectiva esta primer respuesta que ocurre a un problema largamente esgrimido, y también recurrentemente desatendido, como lo es el de la invasión a la vía pública.

Es imposible saber si esta solución será eficaz y definitiva. Pero, de entrada, somos de la idea de que como no existe persona alguna que no esté de acuerdo con el orden, entonces esta primera pauta tendría que ser para bien. Si estamos en desacuerdo con el ambulantaje, los primeros que deberíamos poner solución de fondo debíamos ser los mismos ciudadanos, dejando de comprar en comercios no establecidos.

 

¿COMERCIO CRECIENTE?

Por cierto, hace apenas unos días apareció, en plena Calzada de la República, una enorme caseta en plena banqueta, que ya opera junto a un bar también de reciente creación. Éstos se encuentran, sobre la Calzada, entre las calles de Insurgentes y Abasolo. ¿Apareció por “generación espontánea”? ¿O qué la autoridad municipal no se ha dado cuenta de ello?

TSJE: contrastes del cambio y el autoritarismo

1

+ Lagunas: reforma a PJE, cuestionada de origen

Ayer fue electo formalmente como presidente del Tribunal Superior de Justicia, el magistrado Alfredo Lagunas Rivera. Esto ocurre en el marco de un nuevo régimen de gobierno, que prometió cambios sustanciales en la praxis política para desmantelar el autoritarismo del pasado, pero que está atendiendo a los mismos principios de antaño. El sistema de impartición de justicia estatal tiene en puerta reformas y posibles avances sustanciales que, sin embargo, se verán empañados de origen con la forma y fondo de la elección del nuevo Titular del Poder Judicial del Estado.

Contrario a lo que se cree, la puesta en marcha de los llamados Juicios Orales no es suficiente para considerar que el Poder Judicial en Oaxaca es uno de los más modernos del país. Aunque es incuestionable que la puesta en marcha del sistema de justicia acusatorio adversarial significa un avance sustancial en la forma en que se imparte la justicia en la entidad, es evidente que a nivel global son más los resabios y los cuestionamientos que tiene el Poder Judicial, que los posibles puntos positivos que hasta ahora se hayan procurado a su favor. ¿Por qué?

Porque, en términos generales, tanto la integración como la organización interna del Poder Judicial continúan ajustándose a esquemas anquilosados, opacos, discrecionales y que privilegian los verticalismos del poder que, se supone, ya debían comenzar a desterrarse ante la llegada de un régimen de gobierno democrático, como el que se dice que ya se encuentra presente en nuestra entidad.

Por esa razón, de entrada resulta ser un contraste hondamente marcado, el hecho de que el gobernador Gabino Cué Monteagudo se haya comprometido a proponer al Congreso una reforma profunda al Poder Judicial del Estado para hacerlo más funcional, transparente, independiente y autónomo, pero que la primera decisión política que tomó en su régimen de gobierno respecto al sistema de impartición de justicia, sea el abierto pago a una cuota de poder al senador Ericel Gómez Nucamendi, con el nombramiento de su sobrino, el magistrado Lagunas Rivera, como presidente del TSJE.

Empero, parece claro que más allá del pago de cuotas políticas, el problema será mucho mayor para la credibilidad y legitimidad futura del Poder Judicial del Estado. Es claro que más allá de cualquier fobia o filia política, la estructura jurisdiccional de la entidad necesita ajustes institucionales que, esencialmente, tienen como común denominador la urgencia de dotarlos de publicidad, transparencia, legalidad y equilibrios; pero que, aún ocurriendo en los mejores términos, a partir de ahora tendrán un problema de legitimidad y credibilidad por la forma en que ya se determinó el nombramiento del nuevo Titular de ese Poder.

REFORMA URGENTE

En Oaxaca, el mecanismo constitucional para el nombramiento de los magistrados del Tribunal Superior de Justicia, establece un poder predominante del Gobernador del Estado sobre el Congreso local e incluso sobre cualquier posible opinión del Poder Judicial.

Aquí, de acuerdo al artículo 100 de la Constitución local, “todos los Magistrados serán nombrados por el Gobernador del Estado y ratificados dichos nombramientos dentro del plazo improrrogable de diez días por la Legislatura del Estado, si no resolviere dentro de dicho plazo, se tendrán por ratificados”. Incluso, el mismo numeral señala que “en el caso de que no los ratifique, el Gobernador hará nuevo nombramiento y si también se negare la ratificación, hará un tercer nombramiento que surtirá sus efectos inmediatamente a reserva de obtener la ratificación en el siguiente periodo ordinario de sesiones.”

Es decir, que contrario a los equilibrios que existen a nivel federal entre el Ejecutivo y Legislativo para la integración del Máximo Tribunal del Poder Judicial de la Federación, aquí la composición del Tribunal Superior de Justicia se encuentra omnímodamente en el Gobernador del Estado. Esa es una, acaso la más importante, de las reformas urgentes. ¿Por qué? Porque por un asunto básico de democracia y equilibrio entre poderes, no puede seguir siendo el Gobernador del Estado el único con capacidad de determinación sobre los Magistrados del Tribunal Superior.

Pero también es urgente el establecimiento de mecanismos e instancias que clarifiquen la composición interna de los órganos jurisdiccionales locales. Falta, cuando menos, un Consejo de la Judicatura, que fije reglas y procedimientos claros a través de los cuales se determine el nombramiento, permanencia e incluso separación del cargo de los funcionarios judiciales. Hoy, la función administrativa y escalafonaria del Poder Judicial del Estado no alcanza a tener la suficiente estructura como para demostrar que es confiable.

Incluso, en cuanto a la continuación en la puesta en marcha del sistema de justicia acusatorio adversarial en las regiones del Estado que faltan (que son las más), debe haber pasos firmes y no sólo buena voluntad, sino demostraciones fehacientes de disposición. Si Oaxaca de verdad pretende estar a la vanguardia en cuanto a la impartición de justicia, y tener un Poder Judicial verdaderamente confiable y dotado de certeza, tiene que emprender cuanto antes el camino de las reformas, la reorganización y —aunque parezca un término cargado de populismo judicial— la democratización de sus normas, estructuración y funcionamiento.

Por todo esto, el primer paso dado con el nombramiento del magistrado Lagunas Rivera como cabeza del Poder Judicial del Estado, no es una buena señal respecto a todas estas promesas de reordenamiento y democratización. Todas estas reformas tendrán un camino cuesta arriba respecto a su credibilidad, ante la primera decisión tomada conforme a las reglas del supuesto pasado político de la entidad, que más bien, y según los hechos tangibles, continúa siendo presente.

Más allá de lo que se diga, este es un simple y llano pago de cuotas, a través del ejercicio de una práctica vertical, en la cual la titularidad del Poder Judicial nuevamente se decidió en la oficina del Gobernador del Estado. Y es asimismo lamentable, que aún frente a estos pretendidos “nuevos tiempos”, la mayoría de los magistrados se haya plegado y, con sumisión, hayan tomado la decisión del Gobernador como una orden que simplemente cumplieron.

INVERSIÓN JUDICIAL

Por cierto, otro aspecto que dará pautas para el cambio o continuismo que se dé en el Poder Judicial, es el presupuestal. Todas esas reformas cuestan. Indagaremos.

 

2011: a buscar un Oaxaca más justo y seguro

1

+ Responsabilidad: Todos debemos hacer algo

Podría parecer una frase política, o un eslogan de gobierno, el ir en busca de un Oaxaca más seguro y justo. Sin embargo, es evidente que más allá de los lugares comunes, ese tendría que ser un imperativo no sólo para quienes ahora mismo están desempeñando las tareas de gobierno —los municipales y el estatal— y prometieron cumplir esos fines, sino también para la sociedad —todos nosotros— que debemos dejar las actitudes pasivas y de auto compadecimiento, y también asumir las responsabilidades del mejor Oaxaca que según todos queremos.

¿Por qué hablar de la necesidad de buscar un entorno más seguro y más justo? Porque tal pareciera que dentro de esos dos grandes bloques, se engloban algunos de los problemas más apremiantes que enfrentamos, que todos los días nos provocan amarguras y que, sobre todo, no están resueltos.

Se supone que todos anhelamos una ciudad, y un estado, con menos conflictos, con mayores garantías para los ciudadanos, con una mejor impartición de justicia, con menos pobreza y marginación, y también con mayores oportunidades, empleo, remuneración y posibilidad de hacer negocios. Es decir, todos buscamos que la licitud y el orden, de uno u otro modo, nos lleven a consolidar la idea de bienestar y progreso que tenemos cada uno de nosotros.

Sin embargo, deberíamos preguntarnos con seriedad, qué se hace desde cada una de las trincheras políticas o ciudadanas, por lograr esos objetivos. Vayamos por partes, pues tanto el gobierno como la sociedad tenemos responsabilidad en ello. En el primero de los casos, tanto el gobierno estatal, como el de algunos de los municipios más importantes de la entidad (la capital oaxaqueña y la mayoría de las demarcaciones con mayor población e importancia económica y social del Estado) se encuentran hoy en manos de fuerzas políticas que históricamente fueron opositoras y que hoy tienen la responsabilidad de gobernar atendiendo las promesas de cambio que hicieron a los ciudadanos.

Esa tarea parece nada sencilla. A pesar de que se prometió una actitud distinta, así como un mayor grado de eficiencia, orden y sensibilidad en el desempeño público, tal parece que todos se encontraron con enormes problemas. Por sólo citar un ejemplo, para la nueva administración estatal ha sido un escollo constante, el lidiar con organizaciones sociales que exigen espacios para actividades como el comercio ambulante y la piratería, o con grupos políticos que ahora asumen su papel de oposición y se dedican a obstaculizar los procesos que tendrían que ocurrir con civilidad. Todo eso, además de las ineficiencias iniciales que ha tenido el gobierno estatal en sus primeros días de gestión.

En el caso del gobierno municipal de la capital oaxaqueña que apenas inició funciones el pasado sábado, llega con una serie importante de desafíos, que van desde la contención del comercio ambulante, la basura, la inseguridad, los cuestionamientos sobre las arcas municipales, e incluso los baches y hoyancos que existen en prácticamente todas las calles de Oaxaca de Juárez y las agencias municipales. Cuestiones que tienen que ver sólo indirectamente con los ciudadanos (porque son los afectados) pero que fueron ocasionados o por organizaciones sociales, o por algún manejo administrativo incorrecto, e incluso por la desidia o la corrupción o la complicidad del gobierno, que se negó a atender esos asuntos.

CIUDADANOS DESENTENDIDOS

En esas condiciones —que aplican para los dos ámbitos de gobierno—, muchos nos hemos preguntado en algún momento; ¿cómo poder responder las peticiones del ciudadano común, cuando se tienen tantos problemas previos que resolver? La respuesta, sin duda, se encuentra en ellos pero también en nosotros.

Tapar un bache, negociar con alguna organización de comerciantes ambulantes, de vendedores de artículos de piratería, garantizar la seguridad pública, o la recolección de los desechos en la ciudad, evidentemente son tareas que corresponden exclusivamente al gobierno, y por tanto es su obligación, de principio a fin, atender esos rubros. No obstante, también los ciudadanos tenemos cierto grado de responsabilidad respecto a esos temas, y no continuar asumiendo un papel eminentemente pasivo, que no nos ha llevado a absolutamente ningún resultado positivo.

Dicho de otro modo: los oaxaqueños de a pie —la gran mayoría de nosotros— deberíamos dejar esa idea de que cumplimos con nuestro deber cívico, y que ejercimos nuestros derechos políticos, única y exclusivamente el día señalado para la realización de la jornada electoral, cuando acudimos a una casilla y emitimos nuestro voto. Ese es, como lo hemos dicho en otra ocasión y ahora lo remarcamos, únicamente el principio de nuestra responsabilidad como ciudadanos, y no el fin de nuestras prerrogativas constitucionales.

Por esa razón, nosotros mismos debíamos hacer más por esa entidad más justa y segura que siempre exigimos, pero de la que siempre nos desentendemos. ¿Qué hacemos cotidianamente como ciudadanos, en contra de la corrupción? ¿Hemos dejado de dar “mordidas” a los funcionarios que las exigen? Nos enojamos por la explosión del ambulantaje, ¿pero hemos dejado de comprar piratería, o artículos en zonas en las que está prohibido el comercio?

Evidentemente, el gobierno tiene tareas titánicas para cumplir con funciones tan básicas como procurar e impartir de mejor modo la justicia, e incluso de ir en contra de todos aquellos que infringen la ley. Pero los ciudadanos debíamos también hacer más para convertirnos en parte de la solución, y no de los problemas que enfrenta nuestro estado.

Cuando se habla de seguridad no sólo es respecto a la delincuencia, sino también a la idea de seguridad que nace de la legalidad, del combate a la corrupción, del respeto a la ley y a los derechos de terceros. Parece algo utópico o fantasioso; pero tal parece que todos debemos asumir nuestra responsabilidad y, sin restarle exigencias, tampoco creer que todo es culpa del gobierno y que los particulares estamos libres de todo deber. Ojalá que por lo menos en este arranque de año, podamos considerarnos como parte de las necesidades apremiantes de nuestra entidad.

¿PROMESA CUMPLIDA?

Hoy se verá si realmente se cumplió una de las primeras promesas del gobernador Gabino Cué: anunció que no habría despido masivo de trabajadores del gobierno estatal. ¿Será? ¿Todos siguen conservando su trabajo? Es una pregunta, que debía responder el secretario de Administración, Alberto Vargas Varela.