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Crimen en Tamaulipas: un reflejo de la descomposición institucional

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+ Sociedad y gobierno desunidos, vs criminalidad organizada

La mañana de ayer, murió ejecutado el candidato a Gobernador de Tamaulipas por la alianza del Partido Revolucionario Institucional, Verde Ecologista, y Nueva Alianza, Rodolfo Torre Cantú, y cinco de sus colaboradores. Este hecho, además de convulsionar gravemente el proceso electoral en aquella entidad, deja ver el tamaño del problema nacional en que se ha convertido la falta de respuestas de Estado, ante la violencia y las acciones del crimen organizado.

A pesar de que Tamaulipas es una de las entidades federativas en las que ha habido una importante presencia del crimen organizado, el proceso actual por el que ahora mismo atraviesa no se aparecía como uno de los más convulsionados para las fuerzas políticas. De hecho, el candidato de la alianza PRI-PVEM-Panal, Rodolfo Torre Cantú, reportaba una amplísima ventaja —en algunos momentos por más de 30 puntos porcentuales—, que aún mantenía sobre su principal oponente del PAN, José Julián Sacramento Garza. Esto último, de acuerdo con la encuesta publicada el 21 de junio pasado por Consulta Mitofsky, en la que el tricolor tenía una intención de voto del 61 por ciento, sobre un 30 por ciento del blanquiazul. Es decir, que para efectos electorales, la elección estaría prácticamente resuelta a favor del malogrado abanderado del tricolor.

Por esa razón, este asunto debe verse y entenderse a partir de otro contexto distinto al de un posible choque entre integrantes de partidos políticos. De hecho, en mayo pasado fue ejecutado otro abanderado en Tamaulipas, aunque aquella ocasión fue un candidato panista a presidente Municipal, de nombre José Mario Guajardo, quien fue ultimado junto con su hijo. En aquella ocasión, algunos dirigentes partidistas y aspirantes a cargos de elección popular, reportaron haber sido objeto de intimidación y amenazas por parte de grupos criminales, e incluso algunos de ellos optaron por retirarse de la contienda electoral.

Así, habría que considerar primeramente el contexto social y de violencia no sólo de Tamaulipas, sino de todo el norte de la República. Grandes extensiones del territorio colindante con la frontera con Estados Unidos de Norteamérica hoy vive problemas aparentemente incontrolables de criminalidad, violencia y enfrentamientos entre grupos ligados al crimen organizado.

Mientras esto ocurre, y avanza día con día, el gobierno federal ha aplicado algunas “recetas” tales como la presencia del Ejército, la Marina Armada de México y las fuerzas federales de seguridad pública, como un intento de frenar la presencia criminal y brindar paz a las zonas afectadas; los gobiernos estatales también han tratado de hacer lo propio, al igual que los gobiernos municipales a través de sus respectivas corporaciones policiacas. Lo cierto es que nada parece haber sido suficiente para detener las ofensivas criminales, que lejos de disminuir se han intensificado en diversos estados del norte del país.

No obstante lo anterior, todo parecería indicar que nada de esto tendría que afectar al proceso electoral. En el escenario nacional, no se tenían reportes de amenazas en contra del abanderado priista; de hecho, la entidad es gobernada por el tricolor, a través de Eugenio Hernández Flores.

Por eso, en general, más allá de las insinuaciones sobre posibles nexos con la delincuencia organizada —que tendrían que haber aflorado ya ante la campaña electoral, por el “blindaje” antinarco del IFE, o las investigaciones de la PGR, y los órganos de inteligencia civil y militar del país—, lo que debe preocupar al país entero, y no sólo a los tamaulipecos, es la respuesta implacable que da el crimen organizado ante la desunión y la mezquindad que ha mostrado, en común, tanto la clase gobernante como la oposición, en los tres órdenes de gobierno alrededor de la República mexicana.

CRISIS INSTITUCIONAL

Llevamos, nos guste o no, casi cuatro años de una cruzada interminable contra el crimen organizado. Esta lucha la emprendió el gobierno federal a nombre del Estado mexicano. Por eso, somos todos, y no sólo el gobierno, quien paga las consecuencias. El problema de todo esto, en realidad, es que esa noción de que la guerra anticrimen la libra el Estado en contra de un ente amorfo y poderoso como el crimen organizado, parece estar ausentes entre quienes componen el entramado institucional del país. Es decir, entre los grupos de poder, los partidos políticos, el gobierno federal, las representaciones legislativas; los gobiernos de las entidades federativas, y demás. Todos se asumen como parte de una casta política, pero no de un Estado cohesionado.

Todos los partidos de oposición, han planteado sus respectivas agendas políticas en función de sus intereses y no del país. El PRI, desde el 2006, ha sido un engañoso detractor del gobierno federal que, sin embargo, se alía con él cuando juntos reparten el presupuesto público o cuando tienen intereses del común. Las fuerzas de izquierda —PRD, PT, Convergencia, etcétera— fueron no sólo censuradores del gobierno federal, sino que durante tres años alegaron una carencia de legitimidad y denunciaron la usurpación en la Presidencia de México, hasta que, también, los intereses electorales los alcanzaron y unieron.

Lo cierto, en todo esto, es que nadie ha querido hacer algo por el país, para no dar beneficios a sus adversarios. El país está más desunido y enfrentado que nunca. El gobierno federal ha utilizado la procuración de justicia y la seguridad pública, como armas electorales y de persecución hacia sus adversarios. El PRI ha asumido la postura cómoda de ejercer la denuncia sistemática de los males nacionales, como haciendo ver que con eso —y no con la generación de respuestas eficaces— cumple con su papel histórico ante la nación.

CRIMEN OR-GA-NI-ZA-DO.

Y ante toda esta desunión, confrontaciones, mezquindad y falta de sentido de las necesidades no del gobierno, sino del Estado, que se abreva entre los grupos de poder, está el crimen organizado, que sí parece entender que si su enemigo es justamente el Estado, también lo son todos los gobiernos, todos los partidos, todas las facciones, y todos los grupos parlamentarios; y que, por tanto, todo aquel que le provoque un perjuicio a sus intereses, debe ser eliminado. El homicidio del candidato Torre Cantú, es una muestra implacable de todo lo que no hemos sido, todos juntos, capaces de resolver.

almargen@tiempoenlinea.com.mx

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Sangre electoral, frente a los mexicanos divididos

Esta mañana asesinaron al candidato del PRI al gobierno de Tamaulipas, Rodolfo Torre Cantú. El crimen organizado ya atacó frontalmente al PRI; hace unas semanas lo hizo con el PAN, asesinando e intimidando a otros candidatos a cargos de menor jerarquía. ¿Cómo entender esos ataques?
En mi visión, esta es una consecuencia de la división profunda que existe entre nosotros mismos, y en lo egoísta que es nuestra clase política -gobernante y de oposición. Casi cuatro años después de que se desató la violencia criminal, todos creen cumplir su papel histórico con la nación, únicamente a través del alegato, la arenga o la denuncia. El PAN se deshace en justificaciones, y toda la oposición toma la misma postura a través de los señalamientos. Pero nadie pone soluciones de fondo, porque nadie quiere dar beneficios a sus contrarios, ni cargar con los costos políticos de decisiones que podrían ir más allá de lo políticamente correcto.
El problema de todo esto, es que el narco sí es un enemigo en bloque. Ellos van contra el Estado y las instituciones, independientemente de que quienes lo integran sean del PRI, PAN o del partido que sea. Mientras la sociedad y la clase política marca recurrentemente las distinciones, el crimen organizado deja ver que independientemente de los colores partidistas, TODOS son sus enemigos cuando representan un problema para sus intereses.
Los hechos abominables de este día, son un ejemplo claro de cuán grandes son las afrentas de la criminalidad en contra no de un partido o de un gobernante, sino del Estado y la sociedad mexicana.

Adrián Ortiz Romero C.

Oaxaca de Juárez, Oax. 28 de junio de 2010.

Sección 22, revela su verdadera participación en comicios

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+ Factor determinante, a través de acción electoral paralela

Los profesores de la Sección 22 del SNTE han cumplido con su calendario político y su plan de acción electoral, al pie de la letra. Todos aquellos que creyeron que los profesores democráticos no participarían en el actual proceso electoral estatal, como los que se casaron con la idea de que no se llegaría al estallamiento del paro indefinido de labores, se equivocaron. El fondo de esas decisiones, sin embargo, nada tiene que ver con un asunto estrictamente laboral, o relativo a las demandas propias del magisterio. Es parte de su plan de acción electoral, con el que buscarán ser un factor determinante para el resultado de los comicios que se celebrarán el próximo 4 de julio.

La Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, es el grupo sindical que aglutina a más agremiados en todo el Estado. En los treinta años de lucha gremial bajo las banderas de la democratización, han demostrado no sólo a sus detractores internos, sino al gobierno estatal y federal y a los grupos de poder y partidos políticos, que ellos tienen la posibilidad de ser un factor importante no sólo en el aspecto educativo, sino también para la gobernabilidad y la toma de decisiones trascendentales en la entidad.

Esto se deriva del control que tienen de la participación y movilización de sus agremiados, y de los claros objetivos políticos que, independientemente de las coyunturas, persiguen. Por esas solas razones, parece imposible no considerarlos como un influyente elemento de determinación política en Oaxaca que, sin embargo, ha mantenido una postura formal de descalificación sistemática al sistema de partidos y a los resultados de los procesos electorales.

Sin embargo, ello no significa que no tengan intereses políticos y partidistas perfectamente determinados. De hecho, en los últimos años la Sección 22 del SNTE ha dejado ver con mayor amplitud cuál es el rumbo de sus aspiraciones políticas. Ya en los comicios federales de 2006, ellos jugaron un papel determinante en el llamado, y la respuesta del electorado, al voto de castigo en contra de los partidos Acción Nacional y Revolucionario Institucional.

Nunca antes como en ese año, la coalición de los partidos de izquierda —que entonces postulaba a Andrés Manuel López Obrador como candidato presidencial— ganó en Oaxaca 9 de las 11 diputaciones federales, las dos senadurías de mayoría relativa, y una amplísima mayoría de votos para su Abanderado a la Presidencia que, sin embargo, no pudo alzarse con la victoria electoral global.

Esa es la tendencia que ha seguido el magisterio oaxaqueño. En reiteradas ocasiones, los partidos políticos han llamado a los órganos de dirección de la Sección 22 a pronunciarse, y a trabajar activamente a favor de algún abanderado. Éstos se han negado bajo el argumento de que el sistema de partidos no resuelve los problemas del magisterio y del país. Pero sí han trabajado para revertir las tendencias favorables de quienes son sus adversarios no coyunturales. Es decir, que el magisterio oaxaqueño participa de los procesos electorales pero no a través de los métodos tradicionales, sino de sus propias formas de lucha.

¿Cuál es la razón de esta posible incongruencia? Que la Sección 22 comprende perfectamente que emprender una alianza formal con partidos políticos o candidatos, los llevaría a manifestar incondicionalidades, y a ceder ciertas posiciones que en realidad no están dispuestos a entregar; pero también comprenden que ellos sí son un factor político determinante, y que por eso sería hasta un desperdicio no tener participación en los procesos electorales.

ACCIONES PARALELAS

Extrañamente, la Sección 22 del SNTE decidió que en este 2010, iniciaría sus actividades de lucha sindical hasta el mes de junio, y no un mes antes, como normalmente ocurre. Si nos atenemos a las jornadas de lucha “tradicionales” de la Sección 22, éstas inician con las movilizaciones del Día del Trabajo, que se celebra el 1 de mayo, y se inician las acciones de presión a partir de los días siguientes al Día del Maestro, que se conmemora el día 15 de ese mismo mes. Ahora, las primeras acciones importantes ocurrieron hasta los primeros días de junio, y apenas a cuatro días de que termine el mes de junio, se declaró el paro indefinido de labores.

Esto es por la participación que ya se preveía del magisterio en el proceso electoral. Cumplir con su calendario “tradicional” de acciones, implicaría llegar desgastado, e incluso con todas sus banderas de lucha agotadas, al umbral del día de los comicios. Si le dieron tantas largas a sus decisiones más trascendentales, fue para que ellos mismos pudiesen ganar tiempo y encontrar el momento para insertarse de lleno en el proceso electoral.

Hasta ahora, todas sus acciones han sido paralelas, pero aparentemente apartadas de las campañas, el proselitismo y los candidatos. Pero teniendo ya cerca el día de los comicios, en ellos ha comenzado a aflorar su verdadero fin. El fin de semana ya aceptaron —en similitud extraña con Acción Nacional, que los invitó a “vigilar” las casillas— que participarán como “garantes” del proceso electoral, que los trabajadores de la educación “cuidarán” que no ocurra ningún tipo de fraude o coacción a los votantes, e incluso también ya establecieron la disposición del voto de castigo a los candidatos del Revolucionario Institucional.

Al menos en las próximas dos semanas, es difícil que pueda variar el rumbo que ya estableció la dirigencia del magisterio. Argumentando la falta de cumplimiento a sus demandas, pero cumpliendo con su calendario político y participación en el proceso electoral, dejarán que ocurra la jornada electoral, y verán los primeros visos del resultado de la votación. En función de ello, tomarán sus siguientes decisiones. Y ante la posibilidad de una victoria apretada o cuestionada de cualquiera de los candidatos, ellos se convertirán en un factor decisivo para las posibles inconformidades postelectorales. Todo, desde ahora, está muy claro.

OTRO BOTÓN

Si se supone que el magisterio continúa con sus movilizaciones por la falta de respuestas satisfactorias por parte del gobierno estatal y de la federación, ¿por qué llamar al voto de castigo sólo en contra del PRI? Todas son acciones paralelas que buscan el mismo fin político. Qué ingenuo quien crea lo contrario.

almargen@tiempoenlinea.com.mx

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Guerra sucia: cáncer de procesos electorales

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El pasado lunes, fuentes desconocidas hicieron llegar al programa radiofónico de la periodista Carmen Aristegui, cuatro grabaciones de conversaciones telefónicas entre el gobernador Ulises Ruiz con algunos personajes de su grupo político. Estas revelaciones, se sumaron a otras que previamente se habían realizado, con el mismo modus operandi, respecto al gobernador de Veracruz, y otros mandatarios de entidades federativas en las que se desarrollan procesos electorales.

Ante esta nueva fase de filtraciones y golpeteos derivados de las guerras entre grupos de poder, bien vale la pena preguntarnos: ¿A quién beneficia la guerra sucia en los procesos electorales? Porque lejos de ser una herramienta “dura” para revertir tendencias, esto más bien parece un cáncer que arrasa con todo lo que se cruce en el camino.

En un primer momento, estas filtraciones llevaron inmediatamente a la reedición de varias discusiones antiguas que, sin embargo, no dejan de ser actuales por el choque entre los idealismos y la realidad prevaleciente entre quienes ejercen el poder: la primera de ellas, tiene que ver con las actitudes, lenguajes y posibles cuestiones en las que se encuentran involucrados todos aquellos que aparecen en las filtraciones.

Pero junto a eso, existen otros puntos de debate no menos importantes: ¿Quién tiene la capacidad de transgredir de modo tan flagrante las leyes vigentes, y ejecutar una de las acciones que se encuentran expresamente prohibidas por la Constitución y las leyes ordinarias? ¿Esto se realiza desde el Estado? E incluso: ¿Debemos dar validez plena a contenidos que se revelan para cumplir con un fin eminentemente político-electoral, y desestimar el origen ilegal de las mismas? Son aspectos que no sólo tienen que ver con la contienda política actual, sino con las formas mismas en las que se está delineando nuestra democracia actual.

Además, aún cuando eso podría parecer lo determinante, existe más. Esto es, qué pasará con la relación institucional entre las fuerzas que hoy están chocando frontalmente, luego de que ocurran los comicios, alguien gane y alguien pierda, y todos juntos tengan que regresar a la nada sencilla labor de ejercer las diferentes funciones y modalidades del trabajo público. El asunto no es menor. El futuro inmediato del país no depende solamente de lo que ocurra el 4 de julio en las urnas, sino del modo en que puedan entenderse los diversos ámbitos de gobierno, y de cómo en esa medida puedan o no ponerse de acuerdo para generar dinamismo o, en sentido contrario, el inmovilismo que tanto daña a la nación.

En la medida que respondamos a esos cuestionamientos, podremos ver cómo no es una apreciación errada, la relativa a que la guerra sucia electoral ni beneficia ni construye, sino que más bien es un cáncer que rompe y enturbia todo lo que encuentra a su paso. Como bien lo dice el refranero: cuando la perra es brava, hasta a los de la casa muerde. Así funciona la guerra sucia con fines electorales.

FIN POLÍTICO

El argumento principal de las fuerzas políticas con el que presentaron las grabaciones, era el relativo a que su validez es incuestionable por el contenido de las mismas. Aseguraban que en esas intercepciones telefónicas, se escuchaba al gobernador Ulises Ruiz inmiscuyéndose en asuntos electorales, sosteniendo conversaciones en las que disponía de recursos oficiales –como la televisión del Estado- para beneficiar al candidato de su partido, o revelando ciertas cooptaciones relativas al órgano electoral.

Lo cierto, en todo esto, es que si nos guiáramos sólo por los argumentos opositores, en efecto, los priistas involucrados no tendrían ninguna excusa para escabullirse de las responsabilidades que se les endilgan. No obstante, si nos atenemos a un principio estrictamente legal, es evidente que más allá de lo inmoral o antiético que pudiera desprenderse de las conversaciones, ninguno de los involucrados estaba cometiendo lo que expresamente puede considerarse como un delito.

Sin embargo, es evidente que lo que se buscó es el impacto político. Para fines estrictamente jurídicos, toda prueba obtenida por métodos que transgreden la ley, carecen de toda fuerza probatoria. Es decir, que aún cuando los involucrados estuviesen cometiendo delitos, éstos no podrían acreditarse a través de las grabaciones no autorizadas de comunicaciones privadas porque éstas se encuentran expresamente prohibidas, para los servidores públicos y para los particulares, por la Constitución federal y las leyes ordinarias del país.

Ese es, seguramente, uno de los puntos álgidos de toda esta discusión. Las grabaciones obtenidas por vías ilegales, están, por ese solo hecho, completamente desacreditadas como un medio de prueba ya ante los tribunales jurisdiccionales, ya frente al juicio implacable de la opinión pública. Pero esto último, es algo que los opositores no revelan de su sedicente moral y calidad ética, y prefieren centrar todos sus argumentos en el contenido de las grabaciones.

CHOQUE DE FUERZAS

La difusión de grabaciones provocó otro irremediable choque entre el Partido Revolucionario Institucional y Acción Nacional. A los azules se les acusa de recibir apoyos y de utilizar el aparato gubernamental federal no sólo para promocionar el voto a su favor, sino también para realizar todo tipo de tareas, incluidas las ilícitas. Todo parte de que el panismo hoy tiene el control del gobierno de la República.

Pero los panistas acusan a sus pares tricolores de lo mismo, sólo que en las entidades federativas. Para ellos, los mandatarios estatales no son más que virreyes que ejercen poder a plenitud, sin contrapesos y con pocas capacidades de ser fiscalizados o frenados en la disposición de los recursos públicos a su alcance.

Lo cierto es que en ambos frentes se cometen excesos. El gobierno federal se convirtió rápidamente en el principal sospechoso de interceptar las conversaciones de los mandatarios tricolores, de realizar las grabaciones, y de utilizar los canales y recursos oficiales para hacerlas públicas.

Pero desde el gobierno federal se acusa de algo parecido a los tricolores. En el caso particular que nos ocupa, ellos manifestaron que las filtraciones pudieran tener un origen y finalidad distinta a la que hoy se sospecha. Desde el panismo, acusaron al gobierno del Estado de México, encabezado por el priista Enrique Peña Nieto, de ser el orquestador de esta campaña sucia.

En este contexto, casi al finalizar la semana el gobernador Ulises Ruiz acusó directamente al presidente Felipe Calderón de ser el responsable de estas acciones. Ayer viernes, el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, reprochó al mandatario por sus acusaciones y deslindó al gobierno de la República de la responsabilidad por esas acciones. Lo cierto es que, al final, nadie cree fehacientemente los dichos y los deslindes de cada uno de esos y todos los personajes involucrados, y esta guerra sucia los está afectando gravemente a todos por igual.

¿’BAJAR LA CORTINA’ DEL PAÍS?

Quizá unos y otros no reparan en que el panismo detenta el poder federal, pero que el priismo tiene también en sus manos nada menos que el control del Congreso de la Unión. A nivel presupuestal, son los tricolores, y no el presidente ni sus aliados, quien tiene la última palabra en la Cámara de Diputados. Esta afrenta, irremediablemente, habrá de enturbiar y enrarecer la relación entre ambos bloques. Y el país, les guste o no, es mucho más que las guerras electorales, que los partidos políticos, que los procesos comiciales, e incluso que las personas y los intereses que están hoy puestos en juego.

El gobierno federal, y los priistas, olvidan que el país no se detiene, y que México enfrenta grandísimos retos que no pueden esperar a que los partidos y los grupos de poder se pongan de acuerdo. Existen reformas legales importantísimas, que hoy mismo se dan como canceladas no porque sean inviables, sino porque son los instrumentos de venganza entre las fuerzas políticas con representación en el Congreso.

Así, si los azules golpean a los tricolores, éstos amagan con “no dejar pasar sus leyes”. Como si la regulación y el marco legal fuera propiedad, victoria o rango de aplicación para un solo partido o grupo de poder.

Queda claro, entonces, que el país no se detiene. Pero tal parece que todos están ya “bajando la cortina” de los procesos políticos, de la interlocución legislativa, de la administración pública consensada, y de la concordia entre grupos de poder. Esta guerra sucia electoral pareciera que está cancelando el futuro y la construcción de acuerdos en nuestro país. Si las cosas siguen como hasta ahora, lo que podremos esperar de aquí al 2012, es más inmovilismo, más trabas y menos acuerdos.

Finalmente nadie más pierde que el país y los mexicanos. Las afrentas políticas, la falta de acuerdos, los incorrectos ejercicios de la “pluralidad política”, y las vendettas entre grupos, llevan poco más de una década de ejercicios duros de política que no han redundado en ningún beneficio para el país. Puede ser que el país tenga un poco más de democracia; pero de nada nos sirve que esta democracia no nos sirva para ponernos de acuerdo, para eliminar las prácticas ilegales en los procesos electorales, o para ponernos a trabajar, todos juntos, alrededor de un solo proyecto de nación.

La revelación de grabaciones conseguidas ilegalmente, sólo confirma una guerra sucia, que finalmente destruirá todo lo que toque, incluyendo a sus orquestadores. Nadie ganará más de lo que todos juntos perdamos.

Confirmado: en Oaxaca de Juárez el gobierno es una fantasía

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+ Desatenciones por doquier; autoridad, parece estar pintada

El pasado 18 de junio, sin previo aviso o solicitud de autorización al Ayuntamiento de Oaxaca de Juárez, los llamados “tianguistas” que cada viernes se establecían en una explanada al sur de la capital, decidieron regresar al Paseo Juárez, en el que hasta hace unos meses expendían sus productos semanalmente. La decisión se convirtió, de inmediato, en un importante desafío a la autoridad municipal, que amagó pero finalmente permitió, como muchas otras cosas en la capital, mucho de lo que dijeron que no iban a tolerar. Así, está claro, la capital oaxaqueña no tiene gobierno.

Para mal de los habitantes, y de la propia ciudad, desde hace más o menos de una década, Oaxaca de Juárez no ha tenido un gobierno municipal que se jacte verdaderamente de estar preocupado por las demandas y problemas de las personas y el espacio físico al que se deben. Si volteamos al pasado reciente, podremos darnos cuenta que ninguna de las administraciones municipales del inicio de la década actual, se ha centrado verdaderamente en la labor administrativa, y más bien han ocupado al Ayuntamiento citadino como caja chica, agencia de colocación para desempleados y, sobre todo, como trampolín político para aspiraciones políticas de orden superior.

Veamos si no. El gobierno del entonces panista Alberto Rodríguez González, fue un auténtico desastre, que comenzó marcado por la ineficiencia y la falta de sentido sobre las necesidades de la capital, y terminó marcado por los excesos, las pifias del Munícipe, y los frentes de guerra que entonces se abrieron, entre los grupos políticos, con el gobierno del estado. Éste fue el primero, sin embargo, de una larga lista de gobernantes que independientemente de la razón, no concluyeron el periodo para el que fueron electos.

Luego de él, vino el ahora candidato a gobernador, Gabino Cué Monteagudo. Éste, independientemente de las acciones favorables o no para la ciudad que emprendió su administración, ocupó al Ayuntamiento citadino como un escaparate para las aspiraciones que ya abrevaba de gobernar la entidad. Así, en 2004, siendo presidente Municipal, consiguió una postulación conjunta de las fuerzas de oposición, casi igual a la actual, como candidato a Gobernador, y dejó encargada la administración municipal a dos concejales (Alicia Pesqueira Olea de Esesarte, y luego María Luisa Acevedo Conde) que hicieron exactamente eso: administrar, pero no resolver —por falta de tiempo y recursos, además de la guerra política que desató la disputa por dicho cargo edilicio— los problemas más apremiantes de la capital.

En octubre 2004 el PRI recuperó la alcaldía citadina. Jesús Ángel Díaz Ortega se alzó con la victoria en los comicios municipales, arrastrado por el triunfo que dos meses antes había conseguido el entonces candidato a la gubernatura por ese partido, Ulises Ruiz Ortiz. Su gestión estuvo marcada por importantes decisiones impopulares —como la de la instalación de los parquímetros—, pero determinada por la ausencia del munícipe, y el abandono total de sus funciones, durante el conflicto magisterial y popular de 2006. La gestión la concluyó Manuel de Esesarte, quien no hizo un mejor gobierno que quien le legó el cargo.

En 2007, sin embargo, el PRI repitió su triunfo en las manos de José Antonio Hernández Fraguas. Éste, también aspirando ya desde entonces a la gubernatura del Estado, se sintió ofendido ante el cuestionamiento sobre si concluiría su gestión. Expresamente manifestó que su gobierno sería de tres años, y que se dedicaría a ser presidente Municipal, y no precandidato a otros cargos.

Hernández Fraguas mintió, y de la peor forma: ni siquiera obtuvo la candidatura a Gobernador (que hubiera sido un argumento irrefutable para justificar su separación del Ayuntamiento), y sí abandonó sin ningún pudor su labor como munícipe, para ir a realizar una gris labor como “coordinador” de la campaña priista en los Valles Centrales, y engancharse en un nuevo cargo, ahora legislativo y no del todo seguro, para los próximos tres años.

CIUDAD ABANDONADA

¿Y Oaxaca de Juárez? Para todos esos munícipes de pocos compromisos, la ciudad está “Bien, gracias”. Desafíos claros a la autoridad, como el que referimos en la primera parte de esta entrega, sólo ocurren cuando el mando gubernamental es débil o sólo aparente. Hasta ahora, el encargado del despacho de la Presidencia Municipal, Miguel Ángel Bustamante Underwood, sólo se ha encargado de cuidar el asiento que dejó vacante su amigo Hernández Fraguas. Ha tratado, como hacían los gobernantes de la vieja guardia, de sólo preocuparse por hacer discursos, inaugurar obras y cubrir la labor de apariencia en la titularidad del municipio citadino.

Pero no ha habido compromiso ni autoridad clara. Lo hecho y constatado por los ambulantes que ayer, por segundo viernes consecutivo, estaban instalados en el Parque El llano, demuestra no sólo que lo que quedó del Ayuntamiento —porque Hernández Fraguas cargó con su equipo más cercano, además de varios funcionarios que renunciaron a sus cargos, y muchos otros que hoy están dedicados de tiempo completo a labores de campaña aún ostentando cargos públicos— no tiene capacidad de gobernar y hacer valer sus determinaciones, sino sobre todo que una de las principales promesas del Munícipe con licencia no fueron más que una farsa.

¿No fue Hernández Fraguas quien dijo que no descansaría hasta poner orden en todo lo relativo al ambulantaje? Los instalados en el Paseo Juárez, cada viernes, lo son. Y está visto que los acuerdos a los que llegó o fueron muy débiles, o fueron incumplidos. Más temprano que tarde, y sin que nadie tuviera la capacidad de impedirlo, los tianguistas regresaron al sitio de donde tanto esfuerzo costó retirarlos. Hoy la ciudad es de quien tiene más fuerza, no de las leyes y la autoridad. El regreso triunfal del ambulantaje es prueba irrefutable de ello.

¿SORPRENDIDOS?

Habrá que ver también lo relativo a Chedraui. Hernández Fraguas tomó el asunto como una de sus principales banderas políticas, y también para demostrar a todos que él sí es un político sensible. Aplicó una multa millonaria y canceló permisos. ¿Y qué pasó dos años después? La sanción económica ejemplar, ya no lo es tanto. De 10 millones se redujo, como aquí lo advertimos desde hace 14 meses, una cifra cercana a un millón de pesos. Y en cualquier momento podría reiniciar la edificación de esa plaza comercial. Mucho compromiso, ¿no?

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Diódoro: critica un arcaico sistema democrático… del que él fue beneficiario

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+ Gobernadores no actúan peor: más bien, así han sido siempre

La reciente difusión de grabaciones telefónicas en las que participan gobernadores priistas, ha servido como pretexto para que todos los opositores descalifiquen no sólo a los personajes, sino también al anquilosado —y excesivamente amplio— marco institucional en el que se desenvuelven. En este momento, no sólo han tratado de sacar provecho de la posible injerencia de los Mandatarios en asuntos electorales y de evadir la discusión respecto a la legitimidad de utilizar el espionaje como herramienta política, sino que también se critican fuertemente los excesos y el poder desmedido que tienen los Ejecutivos estatales en cuestión.

Es evidente que, en ese sentido, para gozar de calidad moral y política para señalar, también se debe tener un historial libre de complicaciones. En ese sentido, una de las tantas voces que se ha alzado para criticar no sólo los excesos y la posible injerencia de los gobernadores en asuntos electorales, sino también el uso del aparato y el presupuesto gubernamental de las entidades federativas para asuntos no propios de la función pública, es la del ex gobernador de Oaxaca, Diódoro Carrasco Altamirano. Éste, independientemente de sus posiciones y convicciones político-partidistas actuales, carece de legitimidad para criticar un sistema, unas facultades, y una forma de gobierno que él mismo ejerció y de todo lo que en su momento también él fue beneficiario.

Carrasco Altamirano, como bien lo sabemos, gobernó la entidad oaxaqueña de 1992 a 1998; su paso por la gubernatura, que todavía correspondió en gran medida a los tiempos de la hegemonía total del PRI en México, estuvo marcado por la misma circunstancia de todos los políticos priistas de su tiempo: haber sido beneficiarios de un poder ilimitado durante el tiempo de su gestión, y haber utilizado no sólo los medios —políticos, económicos y de control— del partido tricolor, sino del Estado, para que éste no perdiera el poder que todos los priistas en conjunto ejercían.

Sin embargo, la otra porción de realidad del ex gobernador Carrasco, tiene que ver con su emigración del priismo. Desde que abandonó la gubernatura del Estado, en 1998, se alejó totalmente de los procesos políticos de su partido en Oaxaca. Esto, en razón de los rompimientos recurrentes que existen entre los mandatarios sucesivos, no sólo en nuestra entidad, sino en prácticamente todos los ámbitos de gobierno inclusive cuando ambos emanan del mismo partido.

Así, al transmitir la titularidad del Poder Ejecutivo del Estado a su sucesor, José Murat, Carrasco fue nombrado primero subsecretario, y después secretario de Gobernación, durante el último tramo del gobierno del presidente Ernesto Zedillo. Una vez concluidas sus funciones, en diciembre del año 2000, el ex Mandatario oaxaqueño se alejó por completo del priismo. Nunca fueron públicos los intentos por reintegrarse en alguna posición dentro del priismo. Y en 2006 hizo pública su renuncia a dicho partido, y su adhesión a Acción Nacional, que lo había postulado como candidato a diputado federal por el principio de representación proporcional.

Como es natural, a partir de entonces Carrasco se convirtió en un crítico feroz de muchas de las prácticas de las que él mismo fue parte. No es mala la crítica, cuando se señalan cuestiones que son incorrectas o inadmisibles en un sistema democrático en ciernes. Al contrario. Pero sí resulta ser poco convincente cuando al asumir posiciones, uno mismo se escandaliza de lo que también fue parte. Ese es el caso del ex Gobernador de Oaxaca que ahora nos ocupa.

OLVIDAR EL PASADO

En un artículo publicado ayer en el periódico Milenio, el ex gobernador Carrasco señalaba, a propósito de las grabaciones telefónicas recientemente difundidas, lo siguiente: “A nadie, medianamente informado, sorprende lo que prueba la difusión de las grabaciones: el papel protagónico de algunos gobernadores en el curso, la dirección, la logística, los recursos, los apoyos, las alianzas, la captura del órgano electoral, “la operación política” en suma, como se denomina a este conjunto de actos ilegales, en las campañas políticas en los estados donde tienen el poder.”

En otras partes del texto, dice lo siguiente: “No es tampoco la primera vez que este tipo de grabaciones aparece, y menos la primera que los balconeados se llaman a agravio, tratando de desviar la atención del hecho principal: que se les cogió con las manos en la masa, comportándose como sultanes (Leo Zuckerman) cuyo poder ilimitado decide sobre ‘vidas y haciendas’.

“El comportamiento de estos gobernadores es efectivamente un viaje por el túnel del tiempo, como dice Agustín Basave, una vuelta a un pasado lejano donde nada ni nadie se oponía al dictado de los gobernantes, y donde éstos controlaban, sin contrapesos, poderes e instituciones.

“Este tipo de conductas, uno de los efectos nocivos derivados de la tropezada alternancia en el Ejecutivo federal, amenaza con nulificar el esfuerzo histórico de las luchas y movimientos democráticos por construir instituciones electorales autónomas, imparciales, garantes en efecto de condiciones legales y prácticas equitativas para todos los partidos y candidatos contendientes.

“Las grabaciones difundidas han transparentado lo que ya se sabía, el uso faccioso del poder y muy particularmente de los recursos del poder, para garantizar la perpetuación de los grupos gobernantes. De ahí la reciente discusión sobre la necesidad e importancia de las alianzas opositoras a este PRI: se trata de sacar a las mafias del poder, para que el pueblo y los ciudadanos tengan oportunidad de decidir, en condiciones libres y democráticas, qué es lo que realmente quieren.”

RECORDAR EL PASADO

El cambio de partido, no significa “borrón y cuenta nueva” respecto al pasado. Quienes recuerdan la operación política de Carrasco cuando era gobernador, en lo administrativo y en lo electoral, saben que él fue parte de lo mismo que hoy critica. El problema, en realidad, no radica en que el ejercicio de los Gobernadores se haya deteriorado: más bien, no evolucionó ni se perfeccionaron los frenos y los contrapesos. Pero ahora, como antes, en las entidades federativas se ejerce el poder a plenitud. Igual que como él, en su momento, lo hizo. Y así, no hay mucha calidad moral para señalarlo.

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Órganos autónomos locales: ¿de verdad son lo que aparentan?

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+ Problema no sólo son las personas, sino los atrasos legales

Independientemente de las coyunturas e intereses electorales, los hechos y revelaciones recientes que involucran al Instituto Estatal Electoral, deben llevarnos a la reflexión sobre el estado que guardan los órganos autónomos estatales, su importancia en el sistema democrático vigente, y las razones materiales por las que éstos parecen más satélites gubernamentales, que entes encargados del control, la fiscalización y la búsqueda de equilibrios en el ejercicio público de los poderes del Estado.

En Oaxaca, al igual que en el resto de las entidades federativas, existen seis entidades públicas que fungen como órganos autónomos. Estos son el Instituto Estatal Electoral, el Tribunal Estatal Electoral, la Comisión para la Defensa de los Derechos Humanos, el Instituto Estatal de Acceso a la Información, el Tribunal Contencioso Administrativo, y la Auditoría Superior del Estado. Formalmente, los cuatro primeros gozan, constitucional y legalmente, de un marco pleno de autonomía frente a los poderes estaduales, mientras que los dos últimos tienen autonomía técnica y de gestión respecto al Poder Legislativo del Estado.

Entendamos las razones por las cuales emergieron organismos de esta naturaleza en nuestro marco jurídico, y la importancia que tienen actualmente en el sistema democrático. Los órganos autónomos surgieron a raíz de la necesidad que existía en los ciudadanos, de tener certeza sobre ciertos procesos que entonces estaban en manos del Estado, y que por esa sola razón gozaban de poca o nula credibilidad por parte de la sociedad.

Si lo vemos en sentido contrario, los órganos autónomos, surgieron también por la necesidad que tenía el poder público de incrementar la legitimidad de ciertos procesos políticos o administrativos determinantes, respecto de los cuales el ciudadano común simplemente no mostraba credibilidad alguna.

De ahí que, inicialmente en el ámbito nacional, el IFE y la CNDH se erigieron en garantes de dos temas fundamentales sobre los que el gobierno había perdido prácticamente toda la credibilidad por parte de la sociedad. En el primero de los casos, la llamada “caída del sistema” y las sospechas sobre el fraude electoral en las elecciones presidenciales de 1988 —que entonces eran organizadas por una Comisión Federal Electoral, presidida por el Secretario de Gobernación, y organizadas y resueltas por el gobierno federal—, hicieron emerger esta exigencia, que se coronó de cara al convulsionado año de 1994 en el país, con el surgimiento del IFE como un instituto autónomo, y con la participación directa de los ciudadanos, en prácticamente todas las etapas de los procesos electorales federales.

Lo relativo a la CNDH tuvo una historia equiparable. Desde los años de la guerra sucia, y hasta principios de la década pasada, las acusaciones sobre excesos y violaciones de derechos humanos por parte del gobierno, motivaron la creación, al inicio del gobierno del presidente Carlos Salinas de Gortari, de una instancia encargada de la protección de las garantías fundamentales que dependiera también de la Secretaría de Gobernación. En 1990, el propio gobierno, mediante un decreto, creó la Comisión de Derechos Humanos, pero aún como un órgano desconcentrado de la citada Secretaría. En 1992 se erigió constitucionalmente como un órgano descentralizado de la Administración Pública Federal, y en 1999 alcanzó su autonomía plena.

En el ámbito federal, el surgimiento de esas instancias —y otras como la Auditoría Superior de la Federación, el IFAI o el Banco de México, entre otros—, fue determinado por la necesidad de limitar el poder otrora omnímodo del Presidente en turno. De hecho, el surgimiento de figuras de esta naturaleza dejó atrás la concepción tradicional de que el Poder Público está dividido únicamente en tres —Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Pues para efectos prácticos los órganos autónomos no dependen de ninguno de éstos.

ENTES APLACADOS

Ante esos avances democráticos en el ámbito federal, paulatinamente las entidades federativas se vieron obligadas a ir reproduciendo esas figuras. Así, al menos en Oaxaca, en los últimos 15 ocurrió la repetición de prácticamente todos esos órganos constitucionalmente autónomos. El problema, hoy, es que esos entes no han dejado de parecer satélites del grupo gobernante, ni instancias que están dispuestas no a limitar, sino a proteger y minimizar los excesos y deficiencias que se cometen en el ejercicio del poder público.

En este sentido, el brete en el que deliberadamente metieron al consejero Presidente del órgano electoral estatal, José Luis Echeverría Morales —independientemente de que tenga validez moral, ética o jurídica por la procedencia de las grabaciones en las que aparece su voz—, deja ver claramente la posibilidad de que el ente aparentemente autónomo que encabeza en realidad no lo sea tanto, y que más bien sirva a intereses con los que, por salud democrática del Estado, no debería estar involucrado.

El IEE, en términos sencillos, debería ser un árbitro imparcial e implacable de los procesos electorales estatales. Del mismo modo, el IEAIP debería ser una institución sólida que conminara a los entes públicos a permitir el acceso de todos los ciudadanos a la información relativa al ejercicio de sus funciones. La ASE, por su parte, tiene como naturaleza el fiscalizar a todas las instancias que reciben dinero público estatal, y vigilar que el manejo de los mismos sea el adecuado. Y así, sucesivamente con cada uno de los órganos mencionados.

AUTONOMÍA LIMITADA

Estos principios, no se materializan cabalmente en la realidad. El motivo de todo esto no se encuentra solamente en la falta de atribuciones legales, en la falta de conocimientos y experiencia por parte de quienes los integran, o porque los órganos mismos sean “elefantes blancos”. La razón de sus inconsistencias actuales, radica en que una entidad como Oaxaca no tiene pluralidad o equilibrios políticos de origen. ¿Cómo no pensar en que los titulares de todos esos entes autónomos, son personajes afines al grupo gobernante en turno, si un solo partido tiene la mayoría abrumadora en el Congreso del Estado, y a su vez, éste se encuentra determinado por el titular del Poder Ejecutivo local? Mientras la democracia no evolucione desde sus bases actuales, la autonomía y los “equilibrios democráticos” seguirán siendo sólo aparentes.

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Espionaje: dilema de democracia, legalidad, moral y ética

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+ Extremos ante el espejo: Javier Corral y árbitro electoral

Cada una de las cuatro conversaciones telefónicas del Gobernador de Oaxaca, dadas a conocer la mañana del pasado lunes en un noticiero radiofónico de la capital del país, tenía un objetivo específico. Más allá de la polémica por el contenido de las grabaciones, quedan por lo menos dos aspectos que muestran claramente los resabios que tiene nuestro sistema democrático: el primero relativo a la legitimidad de quienes integran el órgano electoral que funge como árbitro de la contienda política, y el segundo, respecto a la legitimidad del espionaje como herramienta política, y como medio de probanza de ilegalidades o inmoralidades en que incurre el adversario.

En primer término, es evidente que cada una de las conversaciones telefónicas difundidas, tenía finalidades específicas: las dos en las que el gobernador Ulises Ruiz habla con el coordinador de medios de la campaña priista, Raúl Castellanos, pretenden evidenciar el uso del canal oficial a favor de la causa tricolor, y posibles arreglos con periodistas del Distrito Federal.

Por otro lado, la conversación que sostiene con el candidato Eviel Pérez Magaña, trata de abonar a la polémica generada por las acusaciones de la empresaria Aurora López Acevedo. Empero, en la que interviene el consejero presidente del Instituto Estatal Electoral, José Luis Echeverría, revela el aspecto que habrá de ser más controversial de todo este asunto: ¿Por qué el titular de un organismo autónomo, mantiene ese tipo de comunicaciones y tratos con una autoridad de la que debería estar institucionalmente desligada?

En realidad, lo grave a nuestro juicio, es lo que se centra en el Titular del IEE. Esta gravedad se desprende del momento, de la función de dicho Instituto, e incluso del choque entre la realidad y la naturaleza misma que dio origen a los órganos electorales estatales y federales actuales.

Veamos. Los institutos electorales nacieron a mediados de la década pasada, como un triunfo de los partidos políticos y los ciudadanos sobre el control que tenía el Estado de los procesos electorales y sus resultados. A partir de 1988, se posó sobre cada proceso comicial, un cuestionamiento cada vez mayor sobre la manipulación, el uso de recursos públicos para favorecer al entonces partido oficial (el PRI), y sobre el fraude en el conteo de votos.

A raíz de ello, nació la llamada “ciudadanización” de los órganos electorales. Con ello se buscó dar certeza sobre los procesos. Ya no eran agentes del gobierno y partido gobernante quienes controlaban el proceso electoral, sino integrantes de la sociedad que, en teoría, ni tenían cercanía o compromisos con el poder, que no eran designadas en el cargo por el gobernante en turno, y que por tanto tendrían la posibilidad y el deber cívico de actuar con mayor imparcialidad, equilibrio y objetividad que sus antecesores.

Esos antecedentes chocan hoy frontalmente respecto al IEE. Para nadie es sano mantenerse tanto tiempo en el mismo encargo, y expuesto a las tentaciones que ofrece el poder. José Luis Echeverría dejaba ver, incluso antes de esas revelaciones, que actúa como un empleado del gobierno y el partido en turno. Pero hasta antes de la difusión de las grabaciones referidas, nadie del oficialismo o la oposición en el Congreso del Estado, había tratado al menos de poner en el centro del debate público este problema.

Hoy, todos se dicen sorprendidos por la actitud de sometimiento que demuestra el Presidente del órgano electoral frente al Gobernador del Estado. Ayer, todos lo notaban pero nadie lo denunciaba. Y finalmente, todos seguirán en sus posiciones actuales. Es un signo claro de lo aparentes, pero domadas, que están esas instituciones autónomas que, se supone, son las garantes modernas de nuestra democracia.

PROBLEMA MORAL

Sin embargo, el otro frente es también inaceptable. Independientemente del contenido y las personas que en ella participen, es inadmisible cualquier forma de intervención ilegal, y difusión, de conversaciones telefónicas entre particulares. Esta es la parte de la discusión que hoy evaden y justifican, quienes hace apenas unos años condenaban este tipo de maniobras agresivas. El caso más paradigmático es, seguramente, el del actual diputado Javier Corral Jurado. Este personaje es hoy el ejemplo perfecto de cómo, en su persona, las posturas éticas dependen no de las convicciones, sino del momento y la conveniencia política.

Ayer, en un artículo publicado en el diario El Universal, Corral afirmaba lo siguiente: “Estoy plenamente convencido de que la divulgación de conversaciones telefónicas que revelan la comisión de delitos e involucran o comprometen a servidores públicos en actos de corrupción o de inmoralidad, constituyen un asunto de ineludible deber para el ejercicio periodístico…”

Pero hace seis años, el mismo Corral opinaba lo contrario. En otro artículo, publicado el 31 de Octubre de 2004 en el diario Así es Tamaulipas, y rescatado ayer por la edición electrónica de la revista etcétera, se lee lo siguiente: “He sido un defensor de la vida privada de las personas. Cuando se violenta ese espacio personalísimo, esa agresión me lastima y me levanto solidario con las víctimas. No distingo calidades, ni partidos, porque estoy absolutamente convencido que esa conducta es contra todos. Hace años, esa vulnerabilidad de inocentes me lanzó con todo a luchar por un marco regulatorio para imprimir responsabilidad social al ejercicio de la Libertad de Expresión (…) Tengo documentados cientos de esos atropellos. Cruzan a pillos e inocentes. En la mayoría de los casos son estratagemas distractoras de la atención pública sobre asuntos fundamentales, ‘cortinas magnetofónicas’ con las que se desvía hacia la morbosidad a la volátil visión ciudadana (…) Muchos de los que hoy fustigan la práctica deleznable de interceptar indebidamente conversaciones telefónicas, ayer festejaron la acción. No debemos enderezar nuestro rechazo según la víctima…”

INCONGRUENTE

¿Dónde quedaron aquellas convicciones de las que hace apenas unos años alardeaba el diputado Corral Jurado? Sus contradicciones e incongruencias son evidentes. Porque a pesar de lo que las grabaciones constaten o pongan en evidencia respecto a sus adversarios, éstas son un medio inmoral, ilegítimo, antiético e inaceptable para hacer política. Son tan bajos los unos como los otros.

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Grabaciones telefónicas: turbiedad ilegal de los comicios

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+ Festinar hace juego a oposición; descalificar, al tricolor

Ayer, en el noticiero radiofónico de la periodista Carmen Aristegui, se dieron a conocer cuatro grabaciones telefónicas en las que participa el gobernador Ulises Ruiz con el candidato del PRI a la gubernatura Eviel Pérez Magaña, el coordinador de medios de la campaña priista, Raúl Castellanos, y el consejero presidente del órgano electoral, José Luís Echeverría. La filtración de esas conversaciones, es parte evidente de las armas electorales que tarde o temprano habría de utilizar la oposición en contra de los tricolores, y es también una muestra del grado de descomposición que prevalece, en general, alrededor de los procesos políticos que ocurren en el país.

Es claro, en un primer momento, que la difusión de conversaciones telefónicas es parte de una añeja maniobra de amague o ataque directo, que se orquesta desde el gobierno federal en contra de determinados adversarios políticos. Si volteamos a la década previa, podremos encontrar que prácticamente en cada una de las filtraciones que involucran conversaciones telefónicas, existió un interés del gobierno federal en turno —de extracción priista, o emanado de Acción Nacional— para socavar a los participantes en las mismas.

En este caso en particular, esta parece ser una maniobra panista, calculada, de respuesta a las acciones del priismo. Se han revelado conversaciones similares de los gobernadores de Puebla y Veracruz, y algunos reportes periodísticos dan cuenta del seguimiento que se da, desde el aparato federal, a gobernadores de entidades federativas del norte del país, también extraídos del tricolor. Parecen “respuestas claras” del panismo a sus adversarios, porque detrás de cada Mandatario priista exhibido, están también estados de la República en los que el panismo busca, sin una expectativa contundente aún de victoria, arrancar victorias electorales a los tricolores.

Ese ha sido el común denominador, y es parte de la estrategia que se utiliza desde las fuerzas de oposición para tratar de conseguir sus objetivos. Exactamente igual que como ocurrió la semana pasada en el caso de la difusión de conversaciones telefónicas del gobernador de Veracruz, Fidel Herrera Beltrán, en el caso de Oaxaca ayer mismo los dirigentes de las fuerzas de oposición exigieron la renuncia del Mandatario, del Presidente del IEE, y sendas explicaciones a los demás personajes involucrados, pero decidieron no hacer mención alguna a la forma en cómo fueron obtenidas y difundidas estas conversaciones.

En la diferenciación entre la forma y el contenido de las conversaciones, seguramente podremos encontrar un criterio más claro alrededor de este asunto. ¿Por qué? Porque respecto del contenido de las mismas, lo que queda en claro es la realidad —hasta ahora por todos negada, pero por todos ejercida— de que los Titulares de los Poderes Ejecutivos de las entidades federativas tienen un control absoluto de sus funciones y responsabilidades formales, pero también de las tareas que deberían realizar funcionarios partidistas, representantes de organismos autónomos, e incluso los titulares de los otros dos Poderes del Estado —Legislativo y Judicial—.

Es evidente que si todo se observa desde una perspectiva legal rigorista, difícilmente se podría configurar la comisión de delitos respecto a lo revelado en las conversaciones, independientemente de que éstas revelen posibles comportamientos o posturas personales que rayan en lo inmoral e inaceptable.

Sea como sea, lo que se revela en ellas es parte de esa dolorosa realidad —legaloide e inmoral, pero aceptada— que, sin embargo, nadie se ha preocupado verdaderamente por cambiar. Esta es, la del desmedido poder e influencia que tienen hoy quienes gobiernan las entidades federativas, y las maniobras ilegales que se cometen, a la vista de todos, por entes presuntamente federales para tratar de contrarrestar la influencia de los Ejecutivos locales.

VICIOS DE ORIGEN

Si lo que Acción Nacional pretende demostrar con esas conversaciones, son los excesos, la comisión de delitos y las inmoralidades de los priistas, lo único que lograron es poner en evidencia que ellos son parte de esas acciones inadmisibles. Es cierto que los gobernadores involucrados pudieran estar fungiendo también como jefes de campaña de los candidatos de sus partidos, o incluso como “patrones” de quienes tienen la titularidad de los órganos electorales. Pero, ¿Cómo tratar de demostrar todo eso a través de medios ilegales?

En realidad, lo que hizo Acción Nacional y el gobierno federal, fue colocarse en el mismo nivel de todo lo que descalifican. Si para efectos jurídicos es inadmisible una prueba obtenida por vías ilegales, para efectos de moralidad y legitimidad política es también un desatino tratar de evidenciar al adversario, cometiendo ellos mismos delitos flagrantes.

De este modo, en el caso de que se corroborara como cierto todo lo revelado en las conversaciones privadas de los personajes involucrados, también los panistas tendrían que exigir que se indagara la forma en cómo fueron emprendidas estas acciones de espionaje telefónico. Si exigen que caigan los primeros por las intromisiones que ya fueron reveladas, también deberían exigir —aunque esto nunca ocurrirá, porque al parecer son los mismos quienes espían que quienes persiguen la comisión de esos delitos— que se clarificara la forma en cómo se obtuvieron las grabaciones.

Por eso, en el aspecto político, cada uno de los actores, partidos y grupos políticos involucrados tendrá que defenderse en la medida que pueda hacerse. Fuera de ellos, es tan inadmisible el contenido de las grabaciones, como el modo en que éstas fueron reveladas. Nadie razonable podría estar, en ningún sentido, a favor de la comisión de faltas y delitos, que en ambos bandos se cometen.

SUMISIÓN

Qué bueno habría sido escuchar ahora, o antes de esta ola de difusión de conversaciones privadas, a cualquiera de los representantes de la oposición hablar de lo que verdaderamente sería la transición democrática. Gane quien gane los comicios, nuestro sistema político apunta a que el Gobernador sea el Jefe Máximo del Estado. Mientras no varíen las bases en que se finca el poder político, sea Eviel Pérez Magaña o Gabino Cué el próximo Mandatario, los titulares de todos los entes públicos estatales les seguirán rindiendo cuentas. Alternancia no implica necesariamente transición.

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Ecocidio de Chedraui: Ayuntamiento siempre fue su cómplice

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+ Hubieron pifias jurídicas, actitud calculadora, y mentiras

Casi dos años después de ocurrida la tala de casi 200 árboles en un predio de la colonia Reforma, en la capital oaxaqueña, a manos de una empresa constructora de la cadena de tiendas de autoservicio Chedraui, puede verse que, en todo este asunto, el Ayuntamiento de Oaxaca de Juárez actuó en base a simulación, complicidades y mentiras a la ciudadanía. Hasta hoy, no existe certeza alguna sobre la permanencia de la decisión municipal de no otorgar los permisos de construcción, tampoco sobre el monto y el pago de la multa impuesta a los infractores, y mucho menos sobre el destino que tendrá el llamado “Predio Sarmiento”, que fue donde ocurrió el ecocidio.

Nada es nuevo en este asunto. Más bien, resulta ser la constatación de aquella mala sospecha inicial, que apuntaba a que desde el inicio el Ayuntamiento de Oaxaca de Juárez actuó en base a cálculos e intereses políticos, y no como consecuencia de su preocupación por la ecología, o por hacer eco al rechazo ciudadano a ciertas decisiones oficiales. Así lo apuntamos desde julio de 2008. Y hoy, casi dos años después, el tiempo y el estado que guarda dicho asunto, parece darnos la razón.

Para no caer en la desmemoria, volteemos al pasado para recordar el origen de este asunto. La madrugada del 7 de julio de 2008, trabajadores de la constructora Ingrid, al servicio de Tiendas Chedraui, se apersonaron en un predio ubicado en la Colonia Reforma, y propiedad de la negociación, para iniciar las labores de limpieza previas al arranque formal de la edificación de una nueva sucursal de las tiendas de autoservicio.

Los vecinos de la zona, al constatar la tala de unos 185 árboles con motosierras y maquinaria pesada, se apersonaron en el lugar para impedir la continuación de esas acciones. Organizados, ese mismo día acudieron ante las instancias municipales, para protestar tanto por el otorgamiento de permisos de construcción en lo que ellos consideraban como un área verde, como por el hecho de que los particulares hubieran talado casi 200 árboles, sin que los funcionarios municipales encargados del cuidado ecológico tuvieran conocimiento, o actuaran diligentemente para frenar el ecocidio.

Los vecinos, y cientos de ciudadanos inconformes, se pronunciaron desde el primer momento porque el Ayuntamiento citadino, que entonces era presidido por José Antonio Hernández Fraguas, cancelara los permisos de construcción e impusiera una multa ejemplar contra los ecocidas. Éste respondió, en un primer momento, que aplicaría la multa y que se dejaría temporalmente sin efectos la licencia respectiva, pero advirtió que cancelar la construcción constituiría un desaliento para la inversión privada en la capital oaxaqueña.

Sin embargo, ante la reiteración de la exigencia ciudadana, unos 10 días después el Munícipe reaccionó anunciando que la Comuna había cancelado definitivamente los permisos de construcción, y que la regiduría de Desarrollo Urbano, Obras Publicas y Tenencia de la Tierra, que entonces era encabezada por el hoy diputado federal por el PAN, Guillermo Zavaleta Rojas, preparaba los documentos legales a través de los cuales se impondría la multa ejemplar que exigía la ciudadanía.

Todo fue, a la larga, simulación. En el Ayuntamiento actuaron en base a los cánones de lo políticamente correcto, pero siendo también cómplices silenciosos de Chedraui. Veamos si no.

INEPTITUD CÓMPLICE

En julio de 2008, cuando ocurrió el ecocidio, dos personajes —hoy fuera del Ayuntamiento— fueron piezas clave en el fracaso de las acciones legales en contra de Chedraui: el edil con licencia Hernández Fraguas y el ahora diputado federal Zavaleta Rojas.

Este fracaso en las acciones legales, tampoco es nuevo. Vale la pena recordar lo que apuntamos en este espacio hace 14 meses respecto a cómo se había derrumbado la posibilidad de que el Ayuntamiento sancionara a Chedraui. En efecto, en abril de 2009, un Tribunal Colegiado de Circuito declaró inconstitucional la multa de 10 millones de pesos que el Municipio de Oaxaca de Juárez había impuesto a las tiendas de autoservicio. El argumento central era que no se había aplicado la ley correcta, y que tampoco tenía competencia legal la autoridad que impuso la sanción.

El lunes 13 de abril de 2009, aquí apuntamos que “la Ley del Equilibrio Ecológico es clara en el aspecto de las sanciones. El artículo 156, en su fracción I, señala que la multa máxima que puede imponerse a quien viole los preceptos de dicha norma, es de 20 mil salarios mínimos. Si, en números redondos, el salario mínimo vigente en Oaxaca [del año 2009] es de 52 pesos, la sanción a que podría hacerse acreedora dicha empresa sería, más o menos, de un millón 39 mil pesos. La imposición final del monto podría variar. Pero, por razones de legalidad, no podría rebasar la cifra antes establecida.

“Evidentemente, una multa de un millón de pesos, es a todas luces menos espectacular que una de 10 millones. La decisión de imponer esta última cifra, fue consecuencia del control de daños que pretendió hacer el gobierno municipal del presidente Hernández Fraguas para no tener que chocar frontalmente con la ciudadanía. En todo esto, caben únicamente tres preguntas:

“Primera: ¿Por qué quien actuó fue el entonces concejal de Desarrollo Urbano, Obras Públicas y Tenencia de la Tierra, Guillermo Zavaleta Rojas, y no la de Ecología, Ana Luisa Zorrilla Moreno? Segunda: ¿Si no fue en base a la Ley estatal mencionada, entonces qué ordenamiento basaron su espectacular multa de 10 millones de pesos, que recién fue declarada ilegal? Tercera: ¿Por qué en todo ese tiempo, nunca se notó la actuación del Instituto Estatal de Ecología?

“Tal parece que todo estuvo hecho, desde el principio, para que se declarara la ilegalidad de la sanción: la Ley del Equilibrio Ecológico legitima jurídicamente o al Instituto o a la Regiduría de Ecología de los Ayuntamientos, para imponer cualquier sanción; llama la atención, asimismo, que el Acuerdo del 16 de julio de 2008 fuese propuesto por la Regiduría de Desarrollo Urbano: Ni era la concejalía legitimada, ni era correcto el precepto en el cual basó la vistosa multa de 10 millones de pesos.”

COMPLICIDAD

Queda claro que si Chedraui evade definitivamente el pago de la multa, y pronto construye la sucursal en el predio en disputa, será gracias a su defensa legal, pero también por la complicidad de estos dos personajes, que a través de yerros deliberados y acciones calculadoras simularon estar a favor de la ciudadanía, pero protegieron los intereses contrarios.

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