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México: la tele, con más poder que el Estado

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La noche del lunes 17 de mayo, en el momento cúspide del noticiero estelar de la empresa Televisa, el periodista Joaquín López-Dóriga hizo un anuncio que dejaría en claro el poder de la televisión en México, y que marcaría nuevas pautas no sólo para comprender el alcance que tienen hoy ciertos medios de información, sino también lo desvirtuado que se encuentra el poder y la capacidad de acción del Estado mexicano, ante un asunto tan grave como el del secuestro del abogado y político militante del Partido Acción Nacional, Diego Fernández de Cevallos.
El periodista, en el anuncio a nombre de la empresa en donde trabajo, dijo, textualmente: “Y ahora le voy a informar lo siguiente. Mire usted, ante esta delicada, incierta situación por la que atraviesa Diego Fernández de Cevallos, por respeto a su familia, por el espacio que nos han pedido para las posibles negociaciones con los captores, pero por encima de todo, por el respeto a la vida de Diego, noticieros Televisa ha tomado la decisión editorial de no volver a informar de este caso hasta su desenlace, es una decisión de anteponer una vida humana, la de Diego, a este que es el ejercicio periodístico. No ha sido, no, una decisión fácil, pero sí una decisión firme”
De inmediato, comenzó un intenso debate que ha abarcado diversos puntos. Uno de los más trascendentales, fue que la decisión adoptada por la empresa televisora más importante del país, en primer término parecía positiva en cuanto a la preservación de la vida del personaje secuestrado. Sin embargo, también se generó un intenso cuestionamiento respecto a las razones que habían llevado a la televisora a un silencio voluntario, cuando esa no había sido una práctica común en otros asuntos similares. Y llamó por demás la atención que, no se sabe si por mandato expreso, u oficiosamente, un número importante de medios informativos electrónicos y escritos del país —junto con el propio gobierno federal— también decidieron no dar más voz e información sobre este asunto, para sólo tratarlo en la privacidad, y como un mero asunto entre particulares.
¿Qué implica que calle una empresa como Televisa? ¿Cuáles fueron las razones que llevaron a ese grupo televisivo, que concentra un importante poder mediático, a tomar la vanguardia en un asunto en el que luego sería secundado nada menos que por el gobierno de la República? ¿Y por qué, finalmente, las propias instancias ministeriales tanto de Querétaro, como las federales, decidieron hacerse a un lado a petición expresa de la familia del secuestrado, por dejar ver la posibilidad de que no confían en las instituciones del país? Así, ¿qué podemos esperar de la procuración de justicia en el país?

TELEVISA: AMPLIO PODER MEDIÁTICO
El silencio de Televisa no sólo debe entenderse en la lógica de una empresa común. En realidad, la televisora concentra, por todos sus canales de televisión tanto en señal abierta como las satelitales y por cable —que son de paga—, los contenidos que se prefieren en siete de cada diez televisores existentes en México. Así, el poder que se concentra alcanza niveles exorbitantes que, sin embargo, son poco tomados en cuenta por los televidentes comunes.
Si Televisa concentra el contenido de las dos terceras partes de la atención nacional a través de la televisión, entonces la trascendencia de su poder es inmensa. A pesar de los claros rasgos de la apertura democrática que se vive en el país, el de la televisión continúa siendo un monopolio no sólo de las señales, sino también de la información que se difunde, e incluso de la verdad y el silencio.
En este caso, existen señalamientos relativos a que la empresa televisiva no decidió guardar silencio y prudencia en este asunto, por una cuestión de vocación por la preservación de la vida, sino por una petición salida de la propia presidencia de la República. De este modo, el gobierno federal trató de contener el impacto mediático del hecho, a través de la alianza con quienes concentran el mayor poder de concentración en la opinión pública nacional.
En otros muchos casos, Televisa no ha sido ni tan prudente ni tan considerada con la víctima de un delito. Baste con comprobar que apenas unas semanas atrás, cuando ocurrió la desaparición de la menor Paulette Guebara Farah, fue esta empresa quien dio los mayores espacios de difusión a un asunto que, al igual que el del llamado Jefe Diego, no dejaba de ser polémico pero, finalmente, un tema que bien podría ser catalogado como “de policía”. Ni entonces, ni antes, Televisa había mostrado esa vocación por el silencio. A pesar de que, en los nueve días en que la menor permaneció en calidad de desaparecida, también se especulaba fuertemente sobre la posibilidad de un secuestro.

POLÍTICA DE SILENCIO, EXTENDIDA
Así de incomprensible como parece, docenas de medios se sumaron al silencio de Televisa. Era, supusieron, para dar paso a que se entablara comunicación entre la familia y los secuestradores; y para que también el gobierno federal hiciera lo propio con las investigaciones correspondientes. ¿Era de verdad necesario, decretar esta veda informativa? Tal parece que no.
Empresas como el diario Reforma, a diferencia de Televisa, han dado un seguimiento puntual a las pesquisas y a los avances en cuanto a las posibilidades de rescate del Abogado que, sin embargo, no han significado escollos ni para las negociaciones ni para la preservación de la vida del secuestrado. La diferencia, entonces, no se encuentra entre el poner en riesgo la integridad de un plagiado y callar, sino en la complicidad que uno o varios medios traban con el gobierno, para evitar que la sociedad masificada se entere de ciertos hechos y cuestione de mejor modo a quienes fallan en la labor de brindar seguridad y certeza a los ciudadanos.
Por eso, medios como Televisa decidieron no hablar más del tema —independientemente del interés periodístico que pudieran tener ciertos aspectos de este asunto—, y otros decidieron actuar con prudencia y responsabilidad en el manejo informativo de un caso sobre el cual sí debe estar enterada la sociedad mexicana.

JUSTICIA, GARANTÍA EN LA QUE NADIE CREE
Hace exactamente una semana, Diego Fernández de Cevallos Gutiérrez, hijo mayor del ex senador de la República dio a conocer un comunicado en el que solicitó a las autoridades mantenerse al margen de toda investigación sobre el secuestro de su padre, a fin de favorecer el proceso de negociación para la liberación del llamado Jefe Diego.
En un mensaje que la familia del Abogado hizo llegar a los medios de comunicación, la familia de Fernández de Cevallos agradece a las autoridades “su diligente y comprometido actuar” tras confirmarse la desaparición del político. “Pero solicitamos encarecidamente que se mantengan al margen de este proceso, para así favorecer la negociación, anteponiendo la vida e integridad de nuestro padre”, dice la carta divulgada por la familia.
A esto, el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, replicó lo siguiente: “El gobierno (federal) será muy respetuoso al respecto de las decisiones de la familia en ese sentido y buscará siempre ser un espacio útil para lograr este propósito”.
¿Qué significado tiene la petición de la familia? Primero, que aún cuando los mismos panistas han cuestionado el atraso de las leyes relacionadas con el secuestro, ahora todos decidieron actuar como “tradicionalmente” se hace ante un secuestro. Es decir, hacer a un lado a las autoridades, apartar del caso a todos los que pudieran implicar algún tipo de riesgo, y negociar directamente con los plagiarios.
¿Que no ahora mismo se tendría que estar discutiendo una ley antisecuestros, que tiene cuando menos un año y medio en proceso de creación, y sobre la cual los partidos políticos no se pueden poner de acuerdo? El hecho es, que independientemente de los discursos o las proclamas partidistas o del gobierno federal, esto nuevamente vino a poner en evidencia las consecuencias de la falta de consensos en el país, y la poca credibilidad que hasta las familias más cercanas al gobierno, tienen de las instituciones ministeriales del país.
Este asunto es ampliamente revelador. Todos los involucrados decidieron apartarse, y callar, para facilitar un proceso de negociación que, de acuerdo con la legislación de otros países, sería simplemente imposible, e incluso ilegal para todos los implicados. Pero en México, para contener los costos políticos y los riesgos reales de la corrupción y la ineptitud de las instituciones, se prefirió echar mano del silencio de la televisión, de la complicidad de algunas otras empresas, y ceder a las pretensiones de grupos que se dedican a extorsionar y a delinquir organizadamente.

Ley antiaborto; efectos que (quizá) no consideró legislador

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+ Píldora del día siguiente: dilema por objeción de conciencia

Hace unos meses, Oaxaca se unió a los casi veinte estados de la República mexicana que modificaron sus constituciones domésticas para cerrar la puerta a toda posibilidad de legalizar y regular la práctica del aborto voluntario. Este tipo de iniciativas, que parecerían propios de los sectores conservadores de la sociedad, y de los partidos identificados con la derecha política, también se han dado entidades gobernadas por un partido de centro y socialdemócrata, como el Revolucionario Institucional.

Estas disposiciones, que fueron tomadas en base a ciertas conveniencias políticas, continúan abriendo debates importantes que, alejados justamente de las conveniencias, dejan ver las serias implicaciones que todo esto podría tener, para la capacidad de decisión que a toda mujer se le debe respetar, respecto a la posibilidad de convertirse en madre. Ante las disposiciones comunes, lo que hoy ocurre en entidades más conservadoras, en cualquier momento podría ocurrir también en Oaxaca.

Ubiquemos, en primer plano, el contexto en que se dan estos debates sobre el aborto. En abril de 2007, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, aprobó reformas a su Código Penal, en la que dispuso la despenalización del aborto voluntario, y dispuso que todas las instituciones públicas de salud en la capital del país, debían acceder a la práctica del aborto a las mujeres que, acreditando ciertos requisitos, lo solicitara.

Algunos meses después, el gobierno federal presentó una Acción de Inconstitucionalidad en contra de esas disposiciones, a lo que la Suprema Corte de Justicia de la Nación resolvió, un año después, que no existía contravención a la Constitución General de la República en lo legislado en la capital del país.

Estas dos decisiones fueron vistas por lo principales grupos conservadores del país, como una amenaza. Tanto la Iglesia Católica, como el PAN, llamaron a condenar lo dispuesto por el Poder Legislativo de la capital del país. Y a cambio de ciertas contraprestaciones, iniciaron un intenso cabildeo en las entidades federativas, para que en sus constituciones particulares se estableciera expresamente que en sus ámbitos de competencia, se garantizaba el derecho a la vida desde el momento de la concepción.

Así comenzó a ocurrir en cada una de las 17 entidades federativas en donde hoy existen disposiciones similares. Al menos en Oaxaca, en septiembre de 2009 se presentó una iniciativa de reforma a la Constitución del Estado, en la que se proponía modificar el artículo 12, para que éste contemplara la garantía que antes se comenta. Aunque el proyecto fue presentado por AN, éste fue confeccionado entre los asesores de la fracción parlamentaria del PRI. Y al final, la propuesta fue aprobada por ambas fuerzas políticas, en un acto que equiparó a Oaxaca con las entidades gobernadas por las fuerzas más reaccionarias de México.

Así, cuando parecía que todas las discusiones sobre ese asunto estaban agotadas, hace unas semanas surgió una nueva disputa: el gobierno del estado de Jalisco, en manos de Acción Nacional, presentó ante la Suprema Corte una Controversia Constitucional a través de la cual trataba de invalidar lo dispuesto por una Norma Oficial Mexicana, que obliga a todas las instituciones públicas a tener a disposición del público la llamada “píldora de emergencia” o “píldora del día siguiente”, e informarle sobre su uso.

El gobernador Emilio González Márquez objetó dicho método al calificarlo de abortivo,  de atentar contra las leyes domésticas del estado de Jalisco, e incluso de contravenir la conciencia de los médicos y trabajadores de los servicios de salud que las ofrecen. Vale la pena revisar cómo resolvió la Corte dicha controversia, hace apenas un par de días.

DISCUSIÓN CONSTITUCIONAL

El pasado 27 de mayo, la Corte Nación declaró constitucional la Norma Oficial que obliga a los hospitales a ofrecer anticoncepción de emergencia a mujeres víctimas de violación, y, en casos de embarazo, a practicar abortos previa autorización del Ministerio Público, la cual había sido impugnada por Jalisco.

Por 10 votos contra uno, y luego de seis sesiones de un debate intenso, el Pleno de la Corte determinó que la Norma, no invadió atribuciones del Congreso de Jalisco. La resolución del Alto Tribunal, rechazó la demanda presentada por el gobernador Emilio González Márquez, en la que considera que la llamada píldora del día siguiente es un aborto químico.

De acuerdo con información del diario Reforma, lo que determina la NOM impugnada no es más que un método de anticoncepción, el cual además debe ser administrado solamente con el consentimiento informado de la usuaria, y no un procedimiento de interrupción del embarazo que pueda tipificar en ningún sentido el delito de aborto, al no existir embarazo.

¿Qué revela esta discusión habida en la Corte? Que aún hoy, frente a lo claras que parecen haber quedado las diferencias entre lo que se entiende como un método de anticoncepción preventivo, y otros abortivos, continúan esgrimiéndose cuestiones de conciencia para tratar de no aplicarlo. Estas cuestiones, que a nivel profesional se conocen como “objeción de conciencia”, consisten en que los médicos pueden objetar sus propias creencias, moral y consideraciones éticas o científicas, para no aplicar el contenido de una ley.

En este caso todo eso queda claro. La Norma Oficial en cuestión, no deja al criterio de los empleados públicos de la salud el ofrecer o suministrar la píldora del día siguiente a toda mujer que, informadamente, así lo solicite. Más bien, los obliga a cumplir con esa determinación que, ahora con lo determinado por el Alto Tribunal, está claro que no viola preceptos legales de tipo penal, previstos en las normas jaliscienses, y que tampoco queda al arbitrio o la conciencia de quienes se encuentran constreñidos a esa acción.

ESPEJO, ESPEJO…

¿De qué sirve, en este sentido, objetar esas medidas esgrimiendo la conciencia, cuando son pocos los que se preocupan por atender a esa población vulnerable, que son los niños en estado de maltrato o abandono? Aquí mismo en Oaxaca, quienes se asumen a favor de las disposiciones antiaborto, deberían comenzar a contribuir con hechos, viendo porque fueran atendidos los cientos de niños “en situación de calle” o los más, que sufren en casas hogar. Para ellos, sí que la vida es difícil.

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IP: es imprudente pedir de nuevo mano dura contra bloqueos

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+ Pablo Arnaud: todos los “gallos” de la oposición, ignorados

En una reunión con el candidato de la Coalición por la Transformación de Oaxaca, Eviel Pérez Magaña, representantes de diversas organizaciones de hoteleros, comerciantes, transportistas, restauranteros, y otros rubros, le exigieron la aplicación de “mano dura” en contra de los grupos que buscan desestabilizar la entidad a través de bloqueos, marchas y manifestaciones. Ante las experiencias, ¿podemos seguir suponiendo que aplicar la “mano dura”, es la solución?

Para responder a esa pregunta, los oaxaqueños de a pie necesariamente debemos entender el presente, aunque no sin dejar de acudir al pasado reciente. En este sentido, es evidente que los comerciantes y prestadores de servicios de la capital oaxaqueña, son los más afectados por las acciones no sólo del magisterio, sino de todos los grupos que recurrentemente afectan la vía pública.

Es, en este sentido, perfectamente comprensible que se sientan agredidos todos aquellos propietarios de los pequeños y medianos comercios que, en días como el de ayer, fueron afectados por el llamado “boicot comercial” que el día de ayer emprendieron los profesores de la Sección 22 del SNTE. Es imposible regatearles la inconformidad respecto a las acciones de protesta, que dentro de un par de semanas comenzarán a ocurrir, cuando los “profesores democráticos” estallen su paro indefinido de labores y se establezcan en plantón en todo el primer cuadro de la capital oaxaqueña.

Sin embargo, nuevamente ante ello, tendríamos que preguntarnos: ¿Es la solución aplicar la mano dura? En base al pasado reciente, la respuesta necesaria tendría que ser en sentido negativo. La realidad misma ya enseñó tanto al gobierno estatal, como a los grupos que se vieron involucrados en el conflicto magisterial y popular de 2006, todas las consecuencias que trae aparejada una incorrecta aplicación de las atribuciones de fuerza que tiene el Estado.

Baste recordar lo ocurrido hace cuatro años: luego de un paro de labores y un plantón en el corazón de la capital oaxaqueña, que había durado 22 días, diversos grupos de comerciantes y prestadores de servicios exigieron al gobernador Ulises Ruiz, justamente que aplicara la mano dura en contra de los inconformes, y los desalojara. Si se tiene memoria, una de las razones fundamentales que siempre ha dado el Mandatario para haber decidido la aplicación de la fuerza, fue justamente esa: que diversos grupos se lo habían solicitado, y que él había respondido a tal exigencia emprendiendo un operativo policiaco, aquel fatídico 14 de junio de 2006, para despejar las calles del Centro Histórico de Oaxaca de Juárez.

Las consecuencias fueron funestas para todos: la aplicación de la “mano dura” derivó en una inconformidad de grandes magnitudes, que se prolongó por más de siete meses y que tuvo escaladas de violencia nunca antes vistas en la entidad. El conflicto dejó pérdidas para todos los sectores productivos de la entidad —principalmente los relacionados directa o indirectamente con la industria turística—, que hoy se calculan en varios miles de millones de pesos. Se perdieron más de 10 mil empleos directos, que con dificultades se han podido ir recuperando.

Al final, cada quien cargó con sus propios daños: el gobierno estatal se conformó con haber recuperado la “paz social”, y el federal nunca cumplió con los apoyos que, en medio del conflicto, anunció para los sectores económicos afectados. Muchos comercios sucumbieron, y otros hoy todavía enfrentan deudas derivadas de aquella crisis. En aquellos momentos, nadie imaginó que la aplicación de la “mano dura” tuviera un costo tan elevado.

¿QUÉ HACER?

Ante las exigencias ahora referidas, el candidato Pérez Magaña fue cuidadoso en cuanto a no prometer justamente la aplicación de la mano dura. Esto, porque el Abanderado priista busca construirse la imagen de elemento conciliador entre quienes hoy mantienen una relación tirante y casi nula (es decir, el gobierno estatal y la Sección 22 del SNTE). Pero, sobre todo, porque más allá de sus estrategias, se deben tender otros caminos para lograr otro tipo de relación con los grupos inconformes.

¿Qué hacer, si la “mano dura” resulta ser un camino inviable? Evidentemente, la respuesta no es la de suponer que como la dureza no funciona, entonces se debe dejar hacer todo a manifestantes. No. En realidad, en lo que deberá trabajar con ahínco cualquiera que llegue a gobernar la entidad, es en la construcción de verdaderas posibilidades de interlocución, de concertación política y de sentido de la gobernabilidad, con los grupos y conflictos que recurrentemente convulsionan la ciudad como medio de hacer valer sus inconformidades.

Esto parece una utopía, o una falacia. Pero lo que ha ocurrido, cuando menos en esta administración, es que la instancia encargada de la gobernabilidad en el Estado, se ha dedicado únicamente a administrar y enfrentar los conflictos sólo cuando éstos ya estallaron. No ha existido un verdadero compromiso, y tampoco una noción clara de cómo se debe hacer algo más que preservar una “gobernabilidad”, que en realidad se caracteriza por negociar cuestiones momentáneas, pero que difícilmente logra poner remedios de fondo a los problemas que hacen crisis.

La realidad ha enseñado que en Oaxaca no son viables ni la “mano dura”, ni otras apuestas como la de la “regulación” de las manifestaciones. El único camino que queda libre, es el de construir una verdadera gobernabilidad que apueste a la posibilidad de tener interlocución con todos los actores, a la previsión de los conflictos, y a la preservación no sólo de la paz, sino de los acuerdos duraderos. Nadie, nunca, podrá terminar al cien por ciento con los manifestantes. Pero sí sería conveniente tener instancias que hicieran algo más que reaccionar —o esconderse— ante los líos que emergen.

OPOSITORES RELEGADOS

Ayer renunció Pablo Arnaud a su militancia panista. Se dijo inconforme por las faltas al respeto, a la equidad y a la democracia que ha habido en la toma de decisiones en el PAN. ¿Alguien recuerda los nombres de los seis aspirantes opositores a la gubernatura? A ninguno se le incluyó en el reparto de posiciones tanto en la campaña, como en las diputaciones plurinominales. Esta es la segunda ruptura. Podría haber más.

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Candidatura de Sosa, una provocación para fuerzas políticas

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+ PRI: injerencia ociosa; La Coalición, rehén de sus fantasmas

La postulación de Flavio Sosa Villavicencio como candidato a diputado local plurinominal por el Partido del Trabajo, enfrentó a todas las fuerzas políticas en Oaxaca, a sus más reprimidos fantasmas. Cada uno de los partidos asumió posturas no propias de una democracia. Ante dicho anuncio, afloraron las intromisiones, los rubores y las falsas vergüenzas, entre todos los que pretenden evadir las responsabilidades de fondo sobre el conflicto magisterial y popular de 2006, y más bien pretenden valerse de él para sacar ventaja a sus adversarios.

Apenas habían pasado unos días, desde que el PT dio a conocer su lista de postulaciones a la diputación local por la vía de la representación proporcional, cuando representantes de la dirigencia estatal del PRI —Adolfo Toledo Infanzón y Héctor Pablo Ramírez— emplazaron a la Coalición opositora a retirar de sus candidaturas a Sosa, por considerar que éste es “un criminal no debe estar, ni en las instituciones ni haciendo leyes”.

Sorprendentemente, en la Coalición opositora también trataron de recular. Ayer mismo, los dirigentes estatales tanto del Partido Acción Nacional, como del PRD, PT y Convergencia —Carlos Moreno, Amador Jara, Daniel Juárez y Mario Mendoza— llamaron a Sosa a “reconsiderar” su postulación, y a anteponer el interés y las posibilidades de triunfo de la Alianza opositora. Así, todos los que se han servido de los actores y los hechos acontecidos durante el conflicto magisterial de 2006, hoy asumen supuestas posiciones “de pureza” no propias de partidos políticos maduros.

En primer término, es claro que la injerencia del Revolucionario Institucional en un asunto estrictamente privado de la Coalición Unidos por la Paz y el Progreso de Oaxaca, era no sólo innecesaria, sino incluso condenable. Les guste o no a los tricolores, todas las determinaciones ocurridas en fuerzas políticas ajenas a ellos —independientemente del contenido de las mismas, por más abominables que éstas pudieran ser— no tienen por qué ocuparles, y tampoco les dan legitimidad para exigir acciones o abstenciones.

Y, del mismo modo, les guste o no a los priistas, Flavio Sosa es un personaje que, independientemente de los calificativos que ellos le endilguen, e incluso de que los ciudadanos podamos o no estar de acuerdo con su postulación, tiene vigentes todos sus derechos políticos; Sosa, por si no lo recuerdan, fue absuelto por los propios tribunales de Oaxaca, ante los cuales enfrentó diversos procesos penales relativos al conflicto de 2006. Y por tanto, tiene enteras posibilidades legales —que podrían no existir si la Procuraduría Estatal hubiese integrado y conducido eficazmente las acusaciones en su contra— no sólo para aceptar una candidatura, sino también para acceder al Congreso local en calidad de diputado.

De este modo, la dirigencia estatal y los estrategas del priismo no sólo revelaron lo confusa y mal intencionada que resulta ser su inconformidad. Sea como sea, entrometerse en la vida y las decisiones de terceros, es un error que revela, además, una intolerancia y un injerencismo que no corresponden lo que debería ser una fuerza democrática madura, que entiende cuál es el límite de sus derechos, dónde comienzan las potestades de los demás. ¿Acaso olvidaron que el respeto al derecho ajeno, es la paz? En su desafortunado intento por ganar adeptos en esta batalla política, ya revelaron que sí.

COALICIÓN ¿PERTURBADA?

Sin embargo, ¿por qué la Coalición opositora se “adhirió” tácitamente a la exigencia priista de retirar la candidatura de Flavio Sosa Villavicencio? Según lo que trataron de aparentar, es que esta solicitud corresponde a un intento de “control de daños” frente a una decisión del Partido del Trabajo que resultó ser impopular, y que podría generar más costos que beneficios a la campaña de Gabino Cué Monteagudo.

Sin embargo, ante esta razón, necesariamente tenemos que preguntarnos: ¿A quién pretenden engañar en la Coalición opositora? Es simplemente impensable que tanto el Candidato a Gobernador, como los dirigentes estatales de las fuerzas coaligadas, y los “cerebros políticos” de la alianza, desconocieran que uno de los partidos aliancistas tenía la intención de postular a ese personaje. Vamos, es simplemente imposible suponer que esa decisión trascendental —la posición de Sosa es la de un seguro diputado— se hubiera tomado al margen de los órganos de dirección locales y nacionales de la Coalición.

Y por si eso fuera poco, la Alianza opositora está también renegando de una de las banderas que le dio origen. El conflicto magisterial y popular de 2006, ocurrió por el choque entre el gobierno estatal y todos los grupos sociales, gremiales y políticos que le eran disidentes. El mismo Gabino Cué fue un declarado partidario de las causas que dieron origen a la Asamblea Popular, y de los argumentos esgrimidos por el magisterio de la Sección 22 del SNTE para encabezar esa lucha.

En esa lógica, puede entenderse que todos aquellos ciudadanos que en su momento apoyaron la revuelta popular, que exigieron la salida del gobernador Ulises Ruiz, y que pugnaron activamente por el cese a la persecución de personajes como Sosa, son muchos de los que ahora apoyarán con su voto a la Coalición, para expulsar al PRI del Gobierno del Estado.

Sin embargo, al renegar de personajes como Sosa, en la Alianza opositora están también renegando de sus propios antecedentes. Si en su momento todos juntos fueron tan valientes como para tomar las calles y contribuir a la violencia para lograr objetivos políticos, ahora también deberían serlo para buscar el respaldo ciudadano y encauzar esas banderas por la vía institucional. Es claro que supeditar su propio origen a razones “de imagen” y de la preservación del triunfo aliancista, es tanto como avergonzarse de los grupos que le dieron sustento y banderas de cambio en Oaxaca, a la Coalición opositora.

ENCUESTAS REPUDIADAS

Hace apenas unas semanas, todos eran partidarios de las encuestas. Como todos los encuestadores han revelado sus querencias y conveniencias, ahora todos reniegan hasta de quienes les dan el triunfo. Innecesariamente, abarataron un ejercicio importante de los procesos electorales, y los llenaron de intereses, cooptaciones y morbo. El problema, para ellos, es que a nadie sirven tanto las encuestas como a los mismos partidos políticos.

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Oposición: dirigencias locales, un lastre para la Coalición

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+ Cuilápam-Cuatro Venados: ese conflicto nunca tendrá arreglo

Hoy, existe una pequeña gran guerra al interior de algunos de los partidos políticos que conforman la Coalición Unidos por la Paz y el Progreso de Oaxaca. La disputa, en casi todos ellos, se centra no sólo por la repartición de las candidaturas a presidencias municipales y diputaciones locales, sino también por la realización del trabajo político mismo en los municipios y distritos locales. Esto parecería sorprendente. Pero las diferencias que desde el principio se marcaron entre las dirigencias nacionales y las locales en los partidos opositores —es decir, la determinación de las primeras por impulsar la alternancia, y el sospechoso desgano de las segundas—, lejos de desaparecer, se ha acentuado.

Aunque en mucho se le regatea el mérito de conformar la coalición, es evidente que el hoy candidato Gabino Cué Monteagudo tuvo una participación decisiva en la edificación de dicha unión partidista; pero es asimismo innegable que ésta se formó por la voluntad política y los momentos coyunturales en que se ubicaron fuerzas opositoras tan lejanas como Acción Nacional y el PRD, luego de conocerse el resultado de los comicios federales de 2009, que les fueron adversos a ambas fuerzas, y que reposicionaron al Revolucionario Institucional.

Ante esa circunstancia, es claro que tanto el esfuerzo unificador de Cué Monteagudo, como la disposición de las direcciones nacionales de las fuerzas de oposición, hicieron posible la conformación de la alianza, independientemente de lo que opinaran o determinaran las respectivas dirigencias locales. De antemano sabían, tanto el inminente Candidato a Gobernador como los Comités Nacionales, que si todo lo dejaban a las decisiones y resistencias de las representaciones oaxaqueñas —y las determinaciones que se tomaran desde sus particulares vicios y cooptaciones—, simplemente no habría Coalición opositora en Oaxaca.

Así fue como todo se negoció desde la Ciudad de México. Si bien se recuerda, desde principios del mes de septiembre del año pasado, fueron los dirigentes nacionales del PAN y PRD quienes anunciaron el inicio de las pláticas y negociaciones para la conformación de una alianza opositora en la entidad. Ambos esgrimieron la necesidad de conseguir una alternancia de partidos, en una entidad políticamente tan atrasada como Oaxaca. Y ambos saludaron, desde el inicio, la posibilidad de que Cué Monteagudo se convirtiera en su abanderado.

¿Qué mensajes enviaban tanto al oficialismo, como a las dirigencias locales de los partidos de oposición, todas estas señales? El principal era que, independientemente de los arreglos o las resistencias internas que hubiera entre las cúpulas y las militancias opositoras locales, de todos modos la Coalición se conformaría desde la Ciudad de México, y ahí también se decidiría el nombre de quien la abanderara en cuanto a la candidatura a Gobernador.

Razones había de sobra, para emprender esa misión que, de antemano se sabía, aquí sería descalificada y condenada como un acto de imposición. Había abundantes sospechas de que las dirigencias locales de las fuerzas opositoras, habían dejado el estado de convivencia con el oficialismo, para convertirlo en connivencia. Es decir, que de la sana distancia habían pasado a la cooptación y las complicidades. Y que, por tanto, no eran confiables.

¿TRABAJAR PARA PERDER?

Así, una vez conformada la coalición opositora, y definido el nombre de Gabino Cué como su candidato a Gobernador, las dirigencias nacionales tanto del PAN, como del PRD —porque tanto las direcciones local y nacional del Partido Convergencia, siempre estuvieron en la misma posición, que han mantenido con congruencia— transfirieron parte de la labor política a los Comités Estatales.

Irremediablemente, éstos tendrían que encabezar las negociaciones con las fuerzas regionales, las cúpulas y las tribus de sus respectivos partidos, para definir conjuntamente a sus abanderados para las presidencias municipales y las diputaciones locales. Hoy, en ese punto, nuevamente emergieron los más hondos vicios y cuestionamientos a esas dirigencias y grupos opositores, que dejan ver su sentido orgánico al tratar de hacer campañas y poner candidatos, con un evidente ánimo e intención por conseguir derrotas que beneficien al priismo.

Un caso particularmente visible de esta práctica ocurre en la ciudad de Juchitán de Zaragoza. Ahí, los grupos perredistas tienen hoy una disputa particularmente llamativa. Esto porque, históricamente, ha sido la Coalición Obrero Campesino Estudiantil del Istmo, quien propone, designa y hace ganar, a través del PRD, a su candidato a Presidente Municipal. ¿Qué sucede hoy en la determinación del partido negroamarillo, en esa demarcación?

Que la COCEI, que es una fuerza política determinante, impulsó la candidatura de Héctor Sánchez López. Y una tribu perredista que ha perdido todas sus batallas, y que ha demostrado tener una cercanía abominable con importantes sectores del oficialismo, la de los herederos de Daniel López Nelio, impulsó a Lenin López Nelio. Esta disputa metió a Juchitán en un brete, que finalmente habrá de impactar negativamente al trabajo de Cué Monteagudo.

Lenin López Nelio López, se hizo de la candidatura a través de métodos poco claros. Sánchez López impugnó. Y hoy todo se encuentra indefinido y, por si fuera poco, empantanado en lo que ya se aparece como una insalvable disputa interna. Así,  independientemente de quién resulte candidato, las fuerzas coceístas ya se sienten menospreciadas, y ya prevén resultados. Hace tres años el PRD hizo lo mismo, y la COCEI llevó a Mariano Santana al triunfo a través del Partido del Trabajo.

¿Tendrían que haber sido las dirigencias nacionales también quienes definieran las candidaturas a ediles y diputados locales? Qué mal se ven esos partidos. Lejos de aparentarse como demócratas, se aparecen como inmaduros, antidemocráticos y cooptados. Y flaco favor que le hacen al priismo.

¿Y LA SEGEGO?

Ayer, nuevamente hizo crisis el conflicto entre Cuilápam de Guerrero y Cuatro Venados. Si bien, este lío agrario ancestral no tiene solución, lo menos que se esperaba era que la Secretaría de Gobierno llamara diligentemente a los manifestantes, que sitiaron la capital oaxaqueña por varias horas, para evitar el daño a terceros. Nada de eso ocurrió. Evencio Martínez, de nuevo, dio muestra de su brillante vocación por la ineptitud.

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EPR: desaparición de sus militantes y la vigencia del conflicto magisterial

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+ Gobierno federal: a eperristas, los ignoran pero les temen

Hoy se cumplen tres años de la desaparición de los militantes del EPR, Gabriel Alberto Cruz Sánchez y Edmundo Reyes Amaya. Este es un asunto trascendental que, independientemente de que lo acepten o no, cada año cobra vigencia no sólo por el hecho mismo, sino porque también deja ver no sólo la importancia nacional que tiene el pasado reciente de Oaxaca, sino también la afrenta que aún significa el conflicto magisterial de 2006 para los grupos que participaron en él; y la obtusa petulancia de un gobierno que sólo voltea a ver su negro historial, cuando no comprende desde qué frente es atacado.

Aún hoy existen varias circunstancias que pareciera que no quedan claras. Fue desde junio de 2007, apenas unos días después de la denuncia sobre la desaparición de los dos eperristas, cuando la Comandancia General de ese grupo armado dejó en claro varios puntos: Reyes Amaya y Cruz Sánchez desaparecieron desde la noche del 24 de mayo de 2007; no estaban hospedados y tampoco fueron aprehendidos en el operativo militar ocurrido en el Hotel del Árbol al día siguiente, pero sí desaparecieron por ese rumbo. El EPR, además, aceptó expresamente que esos dos, y muchos más de sus integrantes, participaron en el movimiento magisterial y popular del año previo, en su calidad de luchadores sociales. Incluso, desde entonces, dejaron clara la corresponsabilidad tanto del gobierno de Oaxaca, como el federal, por ese hecho que, tres años después, sigue sin ser aclarado y los desaparecidos sin ser presentados.

Así, es claro que el hecho se bifurca en por lo menos tres vertientes: la primera, es la que tiene que ver con el brutal cuestionamiento sobre la subsistencia de la práctica de las desapariciones forzadas; la segunda, tiene que ver esencialmente con la preponderancia que todavía hoy tiene el conflicto magisterial y popular de 2006 en Oaxaca —aún cuando los gobiernos estatal y federal pretenden hacerlo pasar como un capítulo cerrado—; y una tercera apunta a la enorme irresponsabilidad —o la aceptación de su culpabilidad— por parte del gobierno federal al resistirse a atender y resolver este asunto, y más bien utilizar a la guerrilla como un fantasma. Pero vayamos por partes.

En el primero de los puntos, aunque el gobierno federal desestima los señalamientos del eperrismo, es evidente que, en el mundo, ninguna nación que se jacta de ser democrática y garantista de los derechos y libertades fundamentales, tiene asuntos pendientes o cuestionamientos por la desaparición forzada de personas.

Lo acepte o no, el caso de los eperristas resulta ser el más emblemático de los casos recientes de persecución y desaparición, aunque no el único. Por esa razón, el propio EPR ha buscado algunos mecanismos de denuncia y solidaridad —como los pronunciamientos de organismos internacionales de derechos humanos, y la conformación de una Comisión de Mediación, a la que aceptó pero no ha atendido el gobierno federal—, con el objeto no sólo de elevar la protesta, sino también de esparcirla y darla a conocer en el mayor número posible de foros y organismos relacionados con derechos humanos, en el ámbito internacional.

En este marco se inscribe el cese unilateral de cualquier acción de sabotaje, que hace más de un año decretaron mientras la Comisión de Mediación realizaba las gestiones correspondientes ante el gobierno federal para localizar a los desaparecidos. A pesar de la aparente “tibieza” que algunos perciben en esa tregua que aún se mantiene, es evidente que con acciones y decisiones políticas como esas, el EPR logró catapultar la denuncia respecto a las desapariciones, pero también sobre su capacidad de fuego y organización (que ya demostró en la voladura de ductos de Pemex en 2007) y su voluntad por la paz.

OAXACA EN EL 2010

No obstante, junto a la importante acción política que hoy realiza el EPR respecto a sus desaparecidos y la suerte de ofensiva no violenta que libra contra el gobierno federal, no debe desestimarse todo lo relativo al conflicto magisterial de 2006. Aquella afrenta continúa hoy cobrando vigencia no sólo por el proceso electoral que ahora mismo ocurre en Oaxaca —en el que los distintos partidos en competencia pretenden ubicarse como los “buenos” y “malos” de aquel episodio, desatendiendo la responsabilidad conjunta que todos tienen en él—, sino porque Oaxaca sigue siendo hoy un paradigma de la lucha social por los cambios democráticos que aún no ocurren.

El 12 junio de 2007, 19 días después de la desaparición de los dos eperristas, en un comunicado emitido por la Comandancia Militar en Hidalgo, estableció lo siguiente: “La detención-desaparición de nuestros compañeros Edmundo y Raymundo se da en el contexto de la militarización y opresión política que ejerce el Estado mexicano en contra del pueblo de Oaxaca y sus organizaciones sociales y populares. Ellos como otros de nuestros militantes participaron desde la base en el movimiento magisterial-popular de Oaxaca motivados por su conciencia de clase y alta sensibilidad humana. Ese sería el único ‘delito’ por el cual se efectuó su ilegal detención y se les impone un castigo de lesa humanidad.”

Ante ello, ¿cómo no dimensionar la trascendencia del conflicto de Oaxaca, cuando en él participaron desde los ciudadanos desorganizados, hasta la más impenetrable de las organizaciones beligerantes que existen en el país? Esto, sin duda, sólo pudo ocurrir en medio de un episodio extraordinario de la vida nacional, que no será comprendido mientras todo se siga viendo desde la óptica obtusa de la lucha entre buenos y malos.

¿Y qué decir de las reacciones del gobierno federal ante hechos como la desaparición del abogado panista Diego Fernández de Cevallos? De inmediato, voltearon a ver al EPR como un fantasma. Especularon sobre su probable responsabilidad. Y esa sospecha, en realidad, emergió no de datos corroborables, sino de la incertidumbre que el mismo gobierno federal abreva sobre los dos desaparecidos que cargan en la conciencia. El gobierno de Oaxaca, mientras, se hace cada vez más amigo del silencio.

AGRESIÓN

La noche del domingo, dos gorilas protegidos por el edil de Xoxocotlán, Argeo Aquino Santiago, golpearon y despojaron de sus equipos de trabajo, a los compañeros fotógrafos Luis Cruz y Mario Martínez. ¿Qué la autoridad actuará sólo cuando hechos como esos culminen en desgracia? ¿O vale más seguir protegiendo los excesos de un abominable priista como Aquino? Los hechos hablarán.

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Sección 22 le quita los tapujos a su participación política

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+ PRI: gran reto, conquistar las principales plazas urbanas

A pesar de que hace unos días el secretario General de Gobierno, Evencio Nicolás Martínez Ramírez, aseguró que este año no habría paro indefinido de labores entre los trabajadores de la educación, ayer domingo se oficializó la intención de la Asamblea Estatal de la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, de emprender una serie de acciones que contemplan paros rotativos en las distintas regiones del estado, plantones, marchas y protestas en Oaxaca y la Ciudad de México. La idea del magisterio, como fue largamente anunciado, es la de aparejarse, a su modo, en el proceso electoral que ahora mismo se desarrolla en la entidad.

Por principio de cuentas, lejos de lo que se piensa, el calendario de acciones de lucha de la sección 22 para este 2010, resulta ser particular y hasta sospechosamente tolerante. A diferencia de casi todos los años, en los que inician sus jornadas intermitentes de protesta a partir de la marcha del Día del Trabajo, el 1 de mayo, para ir intensificando las acciones hasta llegar a la fecha conmemorativa del Día del Maestro, el 15 de mayo, y a partir de entonces anunciar las acciones verdaderamente radicales, como los plantones o el paro indefinido, ahora tanto sus ritmos como la toma de sus decisiones ocurren en periodos más pausados. ¿Por qué?

Porque la respuesta no se encuentra, al parecer, en sus necesidades, sino que, más bien, todo se explica en los tiempos electorales. De este modo, al hacer un recuento somero de las acciones de lucha anunciadas por la dirigencia magisterial, se dijo que a partir de este día se instalará un plantón representativo en la Ciudad de México, con el que se dará cobertura a las mesas de trabajo que se instalarán en la Secretaría de Gobernación para buscar respuesta a sus planteamientos; que a partir del próximo jueves 27 iniciarán los paros de labores. Y que será el lunes 31 de mayo, cuando comience la instalación de plantones por delegaciones regionales, la toma de edificios públicos y los bloqueos viales hasta que, el 15 de junio, se determine el estallamiento del paro indefinido de actividades.

La relación con los tiempos electorales parece directa: a diferencia de otros años, hoy se promueve una prolongación inexplicable de los periodos de negociación, de las acciones parciales de lucha, y de la espera a que las autoridades estatales y federales brinden respuesta a sus planteamientos. Esta aparente tolerancia, en realidad, tiene que ver con los ajustes que ellos mismos están haciendo a su calendario para tomar parte de la batalla electoral que se libra en Oaxaca.

Así, independientemente de cuáles sean sus intereses momentáneos, ellos de todos modos desplegarán acciones y medirán qué tanto impactan, perjudican o benefician, a sus particulares intereses electorales. Si ahora, apenas a mediados del mes de mayo, ellos hubieran desplegado todas sus formas de manifestación radical en Oaxaca, se habrían desfasado de los ritmos que marcan los tiempos electorales. Aún no es el momento de hacerlo, porque acciones mal planeadas podrían llegar a provocar daño a las causas que pretenden defender.

Así, dicho en otras palabras, la 22 no podía decretar desde ahora la cancelación de todas las acciones de lucha, aún cuando les fuera concedido todo lo exigido en su pliego petitorio. Esto se tomaría como una ayuda no a la oposición, sino al gobierno.

Además, si la Sección 22 definía ahora mismo el paro indefinido, esta acción habría de dar márgenes amplios al sector oficial para enderezar una ofensiva mediática no sólo en su contra, sino sobre todo en perjuicio del aliado coyuntural que para ellos significa el abanderado de la Coalición Unidos por la Paz y el Progreso de Oaxaca, Gabino Cué Monteagudo.

Y sobre todo, en un tercer escenario, con esta prolongación de las acciones de lucha, se da también mayor posibilidad de que los acuerdos hagan ganancioso al magisterio oaxaqueño. Lucrarán con la amenaza de su paro indefinido. Durante 22 largos días asustarán a todas las autoridades con ese fantasma. E independientemente de qué les concedan y qué determinen, ellos decidirán no en base a las exigencias cumplidas, sino a sus intereses políticos.

PARO, ¿BENEFICIOSO

PARA LA OPOSICIÓN?

Parece erróneo afirmar que la Sección 22 tiene intereses electorales definidos, cuando apenas un par de meses atrás la Asamblea Estatal del magisterio decidió, expresamente, no apoyar a ninguna fuerza política o candidato, y tampoco tener participación directa en el proceso electoral, porque ellos consideran que tanto los partidos políticos como sus integrantes, no representan las soluciones a las necesidades que tienen Oaxaca y el país. ¿Cómo interpretar estas dos visiones?

En este sentido, es necesario comprender que cuando se analizan determinaciones y posturas como las de la Sección 22, la lógica que debe acompañarnos no es la de ciudadanos comunes, sino la de un grupo de lucha social y política que se asume como tal, pero que también se ajusta a los lineamientos básicos de un sindicato que se dice democrático, y que está identificado con los sectores más radicales de la izquierda en el país.

Así, era de antemano previsible que, formalmente, la Sección 22 decidiera no participar en la lucha electoral. Esta es una decisión que pone a salvo su congruencia como sindicato. Sin embargo, aun cuando niegan su participación en política electoral, hoy esa cooperación es directa.

Es decir, que ellos no promocionarán a partido o candidato alguno, pero que emprenderán una suerte de lucha paralela, a través de sus propios medios y con sus formas particulares, para conseguir el mismo objetivo que se plantean las fuerzas de oposición. Ese objetivo, para los partidos, es ganar el gobierno estatal; y para el magisterio, es la derrota del PRI. Y sólo irán juntos hasta ese momento. Porque si la oposición triunfa en los comicios, no pasará mucho tiempo antes de que la Sección 22 se declare como su enemiga.

RETO URBANO

Los más grandes desafíos electorales del priismo se encuentran en los centros urbanos. Por eso, ayer que iniciaron las campañas a las diputaciones locales, los tricolores pusieron particular atención a sus abanderados por los dos distritos de Oaxaca Centro, Martín Mathus Alonso y José Escobar, a quienes el propio Eviel Pérez Magaña les dio el banderazo de inicio de sus actividades proselitistas.

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México, a merced del crimen organizado

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Nuestro país se encuentra en las manos de los delincuentes. Así lo demuestran las constantes escaladas de violencia que se desatan cada vez con mayor frecuencia, en puntos cada vez más extendidos del territorio nacional.

Mientras el presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa, asegura que la violencia es consecuencia de la desesperación que generan los golpes que el gobierno federal le asesta al narcotráfico y el crimen organizado, la percepción que existe entre los ciudadanos es que esta es una guerra entrampada entre los vicios propios de la política nacional, la corrupción de servidores públicos, el poder del narco, la infiltración de las fuerzas de seguridad y, sobre todo, la incapacidad de todos los factores de poder para hacer frente a unos criminales que cada vez parecen tener menos miedo a la acción de la justicia.

La situación actual de México, desde la óptica que se le vea, es para preocuparse: en menos de un mes, un candidato del Partido Acción Nacional a presidente municipal en Sinaloa, fue asesinado junto con su hijo; por esos mismos días, ocho jóvenes fueron asesinados en Coahuila. Ocurrió también la desaparición y presunto secuestro del militante panista y connotado abogado, Diego Fernández de Cevallos; al otro lado del país, sucedió también un ataque con granadas, a instalaciones de una televisora. Y ahí en Sinaloa, ante la ejecución del aspirante a Alcalde, varios aspirantes a cargos de elección popular renunciaron a sus aspiraciones ante la aceptación de las amenazas que han recibido, y la brutal demostración de que, impunemente, en cualquier momento les pueden hacer efectivos los amagues.

DOS VISIONES DE MÉXICO

Todo esto ocurre en el frente de guerra, en el que todos los días nos desenvolvemos la mayoría de los mexicanos. En el otro, en el de la acción política, policiaca y gubernamental, los ritmos y las prioridades parecen ser distintos. Mientras la violencia se vuelve cada vez más intensa, más feroz, y más cotidiana, los principales factores formales y reales de poder en el país, tienen visiones distintas.

Así, en el ámbito del Ejecutivo, el presidente Calderón no duda en afirmar que los índices de criminalidad han disminuido y que el miedo que abreva la población por la inseguridad, no es más que un problema de percepción que será remediado no cuando se aplaque a los criminales, sino cuando los mensajeros emitan de modo distinto la información que todos los días se hace llegar a la población.

En el ámbito del Poder Legislativo las cosas no son distintas. Ahí, mientras se convierte en una acción cada vez más urgente la de dotar a las fuerzas armadas de un marco legal que dé sustento a sus operaciones, los diputados y senadores prefieren tener sus propias expectativas y “discutir con calma” lo que más urge a la nación. Iniciativas como la de la Ley de Seguridad Nacional, y el marco jurídico que exigen las fuerzas armadas para sostener con legalidad su participación su lucha en contra del crimen organizado, se encuentran prácticamente en la congeladora o, por decir lo menos, en el limbo de las discusiones y las tendencias eminentemente partidistas.

INCONFORMIDAD MILITAR

Mientras todo esto ocurre, las fuerzas armadas tienen amargas quejas. De acuerdo con diarios como Reforma, los principales mandos castrenses del país, se han mostrado insatisfechos con el trabajo legislativo del Senado, y más con la decisión de no realizar un periodo extraordinario de sesiones para discutir la ley de seguridad en comento. En ese sentido, los militares opinan que tal y como se encuentra hoy la norma, no favorece la protección de los ciudadanos ni mucho menos la defensa y seguridad del territorio nacional.

“Significativamente, los temas de seguridad pública y de espionaje son los protegidos (por las reformas). Curiosa o incomprensiblemente se habla más de seguridad pública que de seguridad nacional o de seguridad interior o exterior”, comentaron, al tiempo de afirmar que pareciera “que prevalece la experiencia vivencial como persona no como político o legislador al servicio de su elector, de quienes participaron en su elaboración”.

Esto, en relación a que algunas fuerzas políticas decidieron supeditar el accionar de las fuerzas armadas a ciertos tipos de conflictos (vedando, por ejemplo, su participación en trastornos de tipo social que pusieran en riesgo el estado de derecho y la subsistencia del Estado) o imponiendo intrincados caminos legales y de decisión para la disposición de las fuerzas armadas. Y, según las fuerzas armadas, decisiones como esta se desprende de la visión y las experiencias particulares de algunos legisladores. Pero aseguran que esto, en caso de un verdadero conflicto de grandes magnitudes, haría inoperantes las garantías de defensa del Estado.

¿Y LA SEGURIDAD PÚBLICA?

No obstante, ese no es el único problema al que nos enfrentamos todos los mexicanos, derivado de la poca preocupación que tiene tanto el gobierno federal como el Poder Legislativo por la revisión integral de las normas bajo las cuales actúan las fuerzas armadas y del orden que enfrentan al crimen organizado.

A pesar de las acciones policiacas, existen importantes sospechas de que las fuerzas federales tienen graves problemas de infiltración y corrupción, que no han sido remediados. Las experiencias anteriores, han demostrado que los grupos criminales tienen una capacidad económica impresionante, y que para llevar siempre la delantera al Estado, han enderezado acciones que van a ofrecer “plata o plomo” a todos aquellos a quienes les interesa tener de su lado, o eliminar.

Pero, en eso, también existen innumerables traidores que dicen estar del lado del Estado, pero que sirven al crimen organizado y que no tienen castigo alguno como consecuencia. Acciones como la llamada “operación limpieza” se quedaron en nada más que buenas intenciones que nunca trascendieron más allá de lo que deberían.

Y si a esto se le aumenta el bajo nivel de compromiso, y los pocos recursos públicos que reciben los gobiernos estatales y municipales para sostener y robustecer sus cuerpos de seguridad, el resultado es el que está a la vista: la Policía Federal es insuficiente y corrupta. Las fuerzas armadas actúan bajo un inadecuado marco jurídico, y las policías locales no cuentan con la capacidad y la voluntad efectiva como para aparejarse con las corporaciones federales en el combate al crimen organizado.

Así, lo que puede verse es que existen reformas que son urgentes para la seguridad, pero que no son lo mismo para las fuerzas políticas. Mientras la ciudadanía padece crímenes abominables y cada vez más lesivos y violentos, el gobierno federal dice que el problema es de simples percepciones; desde el sector público, todos ofrecen resultados y paz… aunque lo único que se aprecia es un país cada vez más asolado por el crimen, una población cada vez más vulnerable a los ataques criminales, y a unos delincuentes cada vez más diversificados y sabedores de que, hagan lo que hagan, el supuestamente largo brazo de la justicia, difícilmente los podrá alcanzar.

CRIMINALES, DIVERSIFICADOS

En todo esto, habría que entender perfectamente que crimen organizado no necesariamente es sinónimo de narcotráfico. La ley federal contra la delincuencia organizada, establece que tal denominación se establece cuando tres o más personas se organicen de hecho para realizar, en forma permanente o reiterada, conductas que por sí o unidas a otras, tienen como fin o resultado cometer alguno o algunos de los delitos siguientes, serán sancionadas por ese solo hecho, como miembros de la delincuencia organizada. Dichos delitos son el terrorismo, el acopio y tráfico de armas, tráfico de indocumentados, tráfico de órganos, corrupción de personas menores de 18 años (pornografía, turismo sexual, etcétera) y trata de personas.

Así, si el código penal federal regula la comisión de delitos como la extorsión, el tráfico de drogas, y el secuestro, en las demás normas aplicables se establece un ensanchamiento importante de las conductas penadas. Esto, sin embargo, hoy apenas si alcanza para penar todas las conductas que día a día se despliegan en las calles.

Los traficantes de drogas “tradicionales” no generarían por sí solos el grado de violencia. Esto, en un principio, no era así porque México era un territorio de paso pero no de comercialización de drogas. Hoy, ocurre exactamente lo contrario. El consumo interno provoca una guerra total por las calles, las zonas y los corredores carreteros del país. Y ante la capacidad de generar violencia que tienen los criminales, y lo atestado que hoy se encuentra el negocio de las drogas, quienes antes eran gatilleros de los capos, hoy lo son de sí mismos, para administrar otros “negocios”, tales como el secuestro, el comercio ilegal de productos y personas, la extorsión, etcétera.

PAÌS INGOBERNABLE

Así, si nuestro país no está en las manos de los delincuentes, entonces es un país ingobernable. No es admisible que frente a una ola tan intensa de criminalidad, se continúe diciendo que los problemas son de percepción, o que se aduzcan razones políticas para seguir teniendo en jaque a la seguridad del país. Mientras los políticos pelean, debaten y se engañan todos, México tiene necesidades apremiantes que son cubiertas con altas cuotas de sangre por quienes son partidarios de las acciones duras para hacer valer su hegemonía.

Veamos la lista de violencia. Ahí podremos darnos cuenta que la sorna de nuestra clase política es totalmente opuesta al temor con el que vivimos los mexicanos.

+ Televisa y caso Diego: ¿por qué no informar sobre el secuestro?

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+ “Responsabilidad ética”, no en todos los casos para la tv

El pasado lunes 17 de mayo, apenas unos minutos después de haber iniciado el noticiero nocturno del canal 2 de Televisa, el conductor de este espacio, el periodista Joaquín López-Dóriga, hizo un anuncio un tanto inaudito, y que generó amplia polémica no sólo en la televisión, sino en todos los medios informativos del país: aseguró que Televisa había tomado la determinación de no dar más información sobre la desaparición del abogado Diego Fernández de Cevallos, hasta en tanto éste no apareciera.

Este anuncio, por sí mismo, activó una fuerte discusión que no sólo implicó el debate sobre la responsabilidad ética de los medios informativos, sino que también dejó ver que la supuesta sensibilidad de la televisora, en este caso, no necesariamente tiene que ver con una cuestión moral, sino con quién sabe qué recovecos en los que se asoman intereses disfrazados de responsabilidad informativa.

En efecto, la noche del pasado lunes, en el noticiero nocturno de Televisa, López-Dóriga dijo textualmente lo siguiente: “Y ahora le voy a informar lo siguiente. Mire usted, ante esta delicada, incierta situación por la que atraviesa Diego Fernández de Cevallos, por respeto a su familia, por el espacio que nos han pedido para las posibles negociaciones con los captores, pero por encima de todo, por el respeto a la vida de Diego, noticieros Televisa ha tomado la decisión editorial de no volver a informar de este caso hasta su desenlace, es una decisión de anteponer una vida humana, la de Diego, a este que es el ejercicio periodístico. No ha sido, no, una decisión fácil, pero sí una decisión firme”.

Esta determinación, de sí, causó un enorme impacto. ¿Por qué? Existen varias razones. La primera de ellas, es porque, como lo asentaría días después en su columna “Historias de reportero”, publicada en el periódico El Universal, de la Ciudad de México, otro integrante protagónico de Noticieros Televisa y conductor estelar de otro de sus noticieros, Carlos Loret de Mola, esta era la primera ocasión en la que un medio de información del tamaño y la influencia de esa televisora, transparentaba y explicaba al público televidente, una decisión editorial que sólo tendría que haberse procesado y determinado a nivel interno.

Pero, independientemente de lo dicho por López-Dóriga, y reforzado por Loret de Mola, en el sentido de que cada medio informativo tiene la entera potestad de generar, determinar y hacer valer unilateralmente su política editorial, porque esa es una de las libertades de toda empresa informativa, dicha decisión fue polémica por la influencia que representa Televisa.

De este modo, si tomamos en cuenta que esa cadena televisiva tiene la capacidad de concentrar la audiencia de unos siete de cada diez televisores que se encuentran prendidos en el país, y que esa cobertura la logra gracias a que tiene en su poder la más amplia gama de canales y programación de televisión abierta, por cable y por servicios satelitales, entonces podremos darnos cuenta que la decisión de no informar sobre un hecho determinado, sí abarca un radio de acción importante.

Por ello, aunque resulta irreprochable el argumento esgrimido por Televisa, en el sentido de ponderar la vida del ex Senador por el PAN a cualquier afán informativo, lo cierto es que aún así continúan quedando muchas preguntas en el aire, que poco a poco han pretendido ser contestadas. No sólo abarcan, dichos cuestionamientos, si se debe o no informar, o qué es lo que se debe difundir, sino también cuál es la razón de fondo que motivó esa decisión editorial de la televisora.

DEBATE Y ESPECULACIÓN

A través de un texto publicado el 19 de mayo en la página electrónica de la revista de análisis de medios “etcétera”, el director de dicha publicación, Marco Levario Turcott estableció ciertas directrices que no deben dejar de tomarse en cuenta, respecto a la posición editorial de Televisa sobre la desaparición del llamado Jefe Diego.

En su texto, denominado “Réplica a Loret” —en alusión a la columna antes comentada,—, Levario disiente y apunta lo siguiente: “La decisión de Televisa podría ser reconocible, incluso aunque la tome en un marco en el que, y esto es una paradoja, nada hay que informar más que aquello que las autoridades correspondientes consideren necesario. Otro atenuante es el que cuestiona por qué ahora y no antes, es cuando Televisa muestra ese supuesto talante de responsabilidad. Al comentar el caso de Paulette, dice Loret que la amplia cobertura que le dio Televisa se debe a que los padres de la niña así lo solicitaron, como si Televisa fuera receptáculo de las demandas que hacen diversos grupos de la sociedad mexicana, como por ejemplo en el tema de los medios de comunicación, la necesidad de que haya un cuadro normativo para que tengan vigencia legal las radios comunitarias. Según mi parecer, es mucho más probable que el tratamiento sensacionalista que Televisa le dio a esa tragedia se debe a la búsqueda de los más altos niveles de rating posible (me cuesta trabajo creer que los padres de Paulette hubieran pedido —y que así nada más Televisa hubiera aceptado— contar con una amplitud y una reiteración de las entrevistas como las que le hizo la televisora y que fueron difundidas obsesivamente en todos los horarios de la barra informativa, y en especial, en los de mayor audiencia).”

Además, respecto al silencio de Televisa, el periodista Raymundo Riva Palacio apuntaba ese mismo 19 de mayo, en su columna Estrictamente Personal, publicada en el portal web www.ejecentral.com.mx que “El lunes por la tarde [17 de mayo] hubo una reunión especial en Los Pinos para definir cómo abordar la comunicación sobre la desaparición de Diego Fernández de Cevallos. El pensamiento que prevalece en el gobierno, en este y en el caso de la lucha contra el narcotráfico, es que el problema es el mensajero, por lo que a quien hay que controlar es al mensajero. Coincidencia o no, por la noche Televisa anunció, en una claudicación a parte de su responsabilidad social, no volver a difundir nada hasta que se informara oficialmente sobre el caso.”

ALGUNAS PISTAS

De este modo, podemos hallar algunas pistas más allá de lo que parece una decisión editorial responsable. Es positiva por la preservación de la vida del desaparecido. Es mala porque Televisa esconde sus intereses en un supuesto marco de responsabilidad informativa.

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Diputaciones “pluris”: los partidos no tocan sus privilegios

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+ ¿Qué calidad de diputados tendremos en la LXI Legislatura?


Dedicado a la memoria de mi padre, Ismael H.

Ortiz Romero, a diez años de su fallecimiento.

En Oaxaca, como en el país, la repartición de las diputaciones por el principio de representación proporcional, significó para los partidos políticos el jaloneo propio de quienes se reparten un botín. Acostumbrados a ver esas posiciones como un premio a quienes sirven de manera importante a los grupos de poder, nadie en las fuerzas políticas repara en la urgencia de emprender modificaciones sustanciales a dicho esquema que, sin duda, serían recibidas con amplio beneplácito por el público votante.

Tal como hemos visto en los últimos días, el Partido Revolucionario Institucional reaccionó con calculada alarma ante la postulación, en las fuerzas de oposición, de personajes como Flavio Sosa Villavicencio, o el ex priista, Raúl Bolaños Cacho Guzmán. En general, todas las fuerzas de oposición registraron a sus representantes más significativos. Pero, como suele ocurrir, nada garantiza que todas las posiciones legislativas ya aseguradas de antemano —es decir, los primeros sitios en las respectivas listas— sean sinónimo de lo que inicialmente buscaban representar las diputaciones por el principio de representación proporcional.

En todo esto, el priismo tampoco se escapa. En el primer escaño de la lista plurinominal, ubicaron al edil con licencia, José Antonio Hernández Fraguas. Dejando de lado el orden de las postulaciones, éste es seguido por personajes como Carolina Aparicio Sánchez, Javier Villacaña Jiménez, Marco Antonio Hernández Cuevas. E incluso por priistas de total ausencia, como Bernarda Martínez Santiago, quien parece encaminada a la posibilidad de ser electa para luego dejar la curul a Elías Cortés, que aparece como su suplente.

¿Por qué decir, en todo esto, que el priismo no se escapa? Porque, sin ánimo de emprender descalificaciones a priori, de antemano se puede corroborar que varios de los postulados no son ni los mejores priistas, ni los más preparados, ni los que más se han caracterizado por aportar a las discusiones constructivas que tanto le apremian al Estado.

En realidad, para los grupos que controlan hoy los partidos políticos, esta fue una repartición en la que trataron de ver representado, en el Congreso del Estado, a sus respectivos factores de decisión. En nada les preocupó que la gran mayoría de sus postulados son personajes que representan intereses determinados, a facciones, a tribus y compromisos políticos; pero que, escasamente, tendrán la capacidad de afianzarse como los diputados no de los grupos, sino de los partidos políticos —y los electores— a los que representan.

El caso opositor es representativo. Más allá de los o tres panistas de cepa que ya aseguraron su arribo al Congreso, y uno que otro personaje que sí puede aportar al debate legislativo que necesita Oaxaca, las listas de candidatos de las fuerzas opositoras son un mero reparto de posiciones entre familias y tribus. Por eso, no extraña que ahí aparezcan reiteradamente algunos apellidos y ascendencias afectivas, y que los demás cuadros propuestos —como Flavio Sosa Villavicencio— representen otros factores que, del mismo modo, no garantizan ni una representación popular homogénea, ni la materialización de un proyecto o ideología, y ni siquiera la posibilidad de hacer un debate propositivo.

Así, de antemano podemos prever que el bajo nivel del Poder Legislativo local se mantendrá. Prácticamente no mereció ninguna atención la urgencia de tener un cuerpo legislativo más eficaz, y más eficiente; y tampoco el que los partidos —no los grupos— propusieran a quienes tendrían que ir a elevar el nivel, y no a representar a familias o intereses sectarios.

INTERESES PRESERVADOS

A pesar de que en los últimos años han ocurrido importantes reformas en materia electoral, ninguna fuerza política se ha atrevido a cuestionar la legitimidad actual de las diputaciones por el principio de representación proporcional. Siempre, la salida fácil en el ámbito de lo retórico, apunta a exigir su desaparición. Pero una verdadera claridad de ideas tendría que llevarnos a cuestionar de modo distinto su permanencia y, sobre todo, el modo en que las llamadas diputaciones plurinominales son otorgadas.

Tenemos que comenzar por cuestionarnos por qué apareció el principio de representación proporcional. Fue, hace más de treinta años, una solución que se le dio a la falta de representación que existía en los poderes legislativos. Algunas fórmulas previas, dieron cabida a representantes de los partidos de oposición en los Congresos (locales y federal); pero fue la representación proporcional la que ensanchó el camino a las fuerzas que antes no tenían acceso a las curules.

Así, a través de estas posiciones, los partidos pudieron hacer llegar a sus hombres fuertes. Es decir, a sus líderes, ideólogos y principales representantes de sus bases. Esta representación de las llamadas “élites partidistas” fue lo que dio vida y legitimidad a ese tipo de posiciones. Sólo que hoy, esta idea inicial se encuentra totalmente desvirtuada. Y por eso, a los Congresos llegan por la vía plurinominal, todos aquellos que representan compromisos y cuotas de partido, pero no los militantes de ascendencia en las fuerzas políticas.

Sin embargo, como esto sigue conviniendo a los grupos decisivos de los partidos, y las candidaturas plurinominales continúan fungiendo como una fórmula adecuada para el pago de favores, nadie se ha atrevido a tocarlas. No es necesario que desaparezcan. Pero, como ocurre en otros países, éstas posiciones deberían también estar sujetas al escrutinio y posibilidad de elección por parte de la población.

¿Y LOS ELECTORES?

El PRI no le preguntó a ningún ciudadano si está de acuerdo en la postulación de una desconocida como Bernarda Martínez Santiago. Aún cuando una posición como esta ejemplifica lo peor del pago de compromisos y afectos para lo que hoy sirven las posiciones plurinominales, seguramente esta priista será diputada, y quizá siga el camino de las llamadas “Juanitas”, que todos conocemos. Lo mismo ocurre, en la oposición, con personajes como Flavio Sosa. Serenamente preguntémonos: ¿Quién nos preguntó si los queríamos como diputados? Nadie. Y las consecuencias de su buen o mal trabajo, no la pagarán los partidos. Seremos los oaxaqueños quienes carguemos con ellos.

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