Transición a la democracia: ¿podemos esperarla?

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+ Candidatos: el que gane, habitará la misma casa

Entre los partidos de oposición, se habla con insistencia de que al ganar la gubernatura del Estado comenzará un proceso de transición a la democracia en Oaxaca. En el priismo, por su parte, se ha establecido como prioridad la de la transformación y la infraestructura. Pero en ambos frentes, hasta ahora, es prácticamente nada lo que se ha dicho respecto al andamiaje democrático de la entidad, y de las condiciones en las que, cualquiera de los candidatos, arribará al gobierno estatal. Al final, más allá de la lucha por el poder, es muy poco lo que podemos esperar, en el aspecto democrático, de los partidos y candidatos.

Las exigencias de democratización, y de reformas constitucionales y legales que permitan una vida política más democrática en Oaxaca, están lejos de ser nuevas. Sin duda, esa fue una las razones fundamentales por las que miles de personas tomaron las calles durante el movimiento magisterial y popular de 2006.

Al hacer la distinción entre los grupos que participaron de ese acontecimiento, podemos encontrar que por un lado se hallaban quienes buscaban intereses particulares (como los profesores con su incremento salarial, o las organizaciones sociales respecto a los apoyos económicos); y por el otro estaban los ciudadanos comunes que, desorganizadamente, en medio del conflicto salieron a exigir cambios sustanciales en la forma de ejercer el poder y los recursos con los que cuenta el Estado.

En aquellos momentos, si se recuerda, algunas de las organizaciones más representativas del movimiento magisterial y popular, tales como la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, y la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca, se comprometieron a llevar hasta sus últimas consecuencias todas aquellas exigencias de democratización, que ellos mismos hicieron propias.

¿Cuál fue el resultado? Que, llegado el conflicto a un punto de algidez importante, el gobierno federal y el estatal, comenzaron a transigir posiciones y concesiones con esos grupos visibles (la Sección 22 y la APPO) para desarticular su participación en la crisis social. Y cuando finalmente cada uno de ellos consiguió sus objetivos particulares, decidieron concluir su participación real en el movimiento, dejando al aire todas aquellas exigencias de democratización que, genuinamente, habían planteado sectores importantes de la sociedad oaxaqueña.

¿Qué ocurrió entonces? Que el oficialismo, desde el PRI, el Gobierno del Estado y el Poder Legislativo local, hicieron propias esas banderas, y simularon un proceso democratizador que, según dijeron, reformaría las más importantes estructuras políticas del Estado. El resultado de esa tarea supuestamente transformadora, hasta ahora, ha sido parcial y meramente representativo en un actuar y en unas disposiciones legales y constitucionales que han cambiado muy, pero muy poco.

Quienes exigieron la democratización estructural del Estado, a través del conflicto magisterial y popular, perdieron la oportunidad de lograrlo en 2006. Ese era el momento idóneo para aprovechar el alto grado de sensibilidad que había en las estructuras locales y nacionales del poder, y de presión que ello ejercía sobre los poderes locales, para empujar reformas importantes que cuando menos iniciaran un proceso de transición a la democracia, que no necesariamente debe comenzar por la alternancia de partidos en el poder.

Evidentemente, el gobierno estatal y el priismo, no estuvieron a favor —ni lo estarían nunca— a favor de empujar, ellos, reformas constitucionales que les limitara el poder que aún hoy ejercen. Por eso, sólo accedieron a realizar algunos cambios parciales en los mecanismos de rendición de cuentas y fiscalización. Pero dejaron para después (indefinidamente) la discusión y aprobación legislativa, de las herramientas más importantes con las que se podría hablar de una verdadera democratización del Estado en Oaxaca.

LA MISMA CASA

Por ello, ni la democratización de las estructuras del poder, ni la transición a la democracia, están garantizadas con la alternancia de partidos en el gobierno estatal. Nadie puede asegurar que el solo arribo del candidato de la coalición PAN-PRD-PT-PC, Gabino Cué Monteagudo, equivaldrá a comenzar un proceso de revisión de los mecanismos democráticos; en contraparte, la reiteración del Revolucionario Institucional en el Ejecutivo estatal, será una confirmación de todo lo que hasta ahora existe y se ha resistido a cambiar.

El inminente abanderado de la Coalición opositora, hasta ahora es nada lo que se ha comprometido con la transición a la democracia. Él mismo, y las fuerzas políticas que lo arropan, fueron incapaces de hacer algo por las reformas que se quedaron pendientes a raíz del conflicto magisterial y popular de 2006.

No hubo sustento y voluntad, ni en el PAN, PRD o cualquiera de las fuerzas de izquierda, para tomar las banderas más sentidas de democratización, esgrimidas, en el movimiento magisterial, para llevarlas como propuestas serias y razonadas, a las respectivas tribunas legislativas de Oaxaca o la Federación. Por esa razón, ahora parece poco creíble que se ufanen de un sentido democratizador auténtico. Y quizá, también por ello, tal discusión ni siquiera aparece en su ideario o los esquemas políticos que hasta ahora han presentado como propuestas de gobierno.

Y, en el triunfo del PRI, tampoco hay garantías de que algo cambie. En el tricolor, se pretende vender eficazmente la idea de que lo único que hace falta incrementar, y remozar, es la infraestructura y la obra pública en el Estado. No existen en ellos compromisos tangibles por la transformación de las estructuras democráticas, y ni siquiera por la revisión de algunos de los esquemas de organización del poder público que datan de hace más de medio siglo.

GOBIERNO, IGUAL

Al final, y en un ánimo que pudiera parecer pesimista, lo que es previsible es que independientemente de quién gane los comicios de julio próximo en Oaxaca, las formas de gobernar y ejercer el poder seguirán siendo las mismas. El próximo Gobernador del Estado llegará a habitar una casa que no se ha transformado en nada, y mandará en ella con base a las prácticas y costumbres que han prevalecido por décadas. Si en algo avanza el proceso de democratización del poder, será por la voluntad del gobernante que se manifieste en el momento mismo. Ahora, es más que un idealismo suponer que con un triunfo oficialista u opositor, la democracia avanzará. Eso no se lo creen ni ellos mismos.

almargen@tiempoenlinea.com.mx

almargenoaxaca.wordpress.com

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