El gobierno federal no debe ceder ante el chantaje magisterial

Evaluación Docente

+ EPN ya pagó costo político; CNTE será referente en reformas


La jornada electoral en Oaxaca, fue el escenario de las percepciones en la medición de fuerzas entre el gobierno federal y la Sección 22 del SNTE. En éste, el magisterio presionó al gobierno federal hasta lograr una acción de fuerza, pero no calculó correctamente los efectos de la presencia policiaca durante los comicios.

En efecto, hoy el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto debe aprovechar a plenitud la oportunidad inusitada de frenar a la disidencia magisterial, ante el hecho de que el costo político por sus titubeos frente a la CNTE ya fue pagado —para bien o para mal— en las urnas; y de que el éxito o fracaso de la implementación de la reforma educativa será referente para la puesta en marchas de las demás reformas estructurales.

Es bien conocida la forma en que el magisterio de la Sección 22 del SNTE presionó al gobierno federal para que derogara de facto la reforma educativa y la evaluación a los docentes del país. Hasta hace una semana éste había sido el principal éxito de la CNTE. Pero como le ha ocurrido en otras ocasiones, el no haber calculado correctamente la cantidad de fuerza aplicada terminó poniendo al magisterio disidente en la posición inminente de convertir su victoria en derrota.

¿Qué pasó? Que hace diez días el gobierno federal había decretado la suspensión indefinida (la SEP usó, en el comunicado en que lo anunció, la palabra “indefinida”, y no “temporal” o “momentánea”, que habría dado otra idea sobre una breve temporalidad de la determinación federal) de la evaluación a los profesores del país, y esto había ocurrido luego de la realización de diversas rondas de negociación con la Coordinadora. Nunca lo dijo, pero se entendía que el gobierno federal cedía en esa posición, a cambio de que la CNTE desactivara las protestas que había anunciado para todos los días previos a la realización de los comicios, y el boicot formal de la jornada electoral.

La CNTE no lo hizo, a partir de un argumento lógico pero desproporcionado: la dirigencia magisterial asumió que el anuncio federal de suspender indefinidamente la evaluación, era un signo de debilidad y no de buena voluntad. Por eso, de inmediato al anuncio de la SEP, ocurrido el viernes antepasado, la Coordinadora dijo que no aceptaba el ofrecimiento de la suspensión de la evaluación, porque lo que ellos exigían era su cancelación definitiva, y la derogación de la reforma educativa. Consultaron a sus bases. Y como suele ocurrir, ganó la posición radical de ir de frente al boicot. Por eso en Oaxaca tomaron instalaciones de Pemex y bloquearon las sedes del INE, generando una reacción contraria a la presión que intentaron ejercer.

Y es que frente a esas acciones, el gobierno federal —que había sido ingenuo en sus ofrecimientos iniciales— se vio obligado a responder con fuerza. En la víspera de la jornada electoral desplegó a 14 mil elementos federales y militares en la entidad, y con esa sola medida prácticamente desactivó las medidas magisteriales para boicotear los comicios. Paralelamente a eso, el magisterio pareció no reparar en que el abstencionismo generalizado que intentaba generar, no ocurrió. A las urnas acudió el porcentaje de votación que desde antes se había previsto por la autoridad electoral (que ya era de por sí pobre, de entre 36 y 40 por ciento del total de electores).

Y finalmente en entidades como Oaxaca ocurrió un inusitado resultado electoral de pluralidad política, que no fue lo suficientemente claro como para definir si ganó el gobierno estatal, el federal, o la Sección 22, o terceros. Finalmente en los comicios todos se llevaron una tajada más o menos similar del pastel electoral. Y eso, combinado con los resultados de otras entidades, sirvió de base para que el gobierno federal asumiera que el costo político estaba pagado, y que ahora sí podría ir de frente contra los poderes fácticos que intentaban menguar la reforma educativa.

PROTESTA DE EFECTOS MARGINALES

Ninguno de los resultados electorales segmentados fue inesperado para el PRI y el gobierno federal. No hubo sobresaltos, porque las definiciones en el número total de diputaciones federales, gubernaturas y congresos locales, ya estaban previstas. En esa lógica, Oaxaca sólo participaba en la elección de diputados federales.

En esos comicios en específico, para el PRI y el gobierno federal era irrelevante qué distritos electorales que se ganaran, mientras se juntara el número de curules necesarias para mantener la estabilidad de la administración federal. Eso ocurrió finalmente (la alianza PRI-Verde tendrá 248 diputados, y conseguirá una mayoría holgada si mantiene su alianza de facto con Nueva Alianza, que tendrá 10 diputados en la LXIII Legislatura). Eso dio la pauta al gobierno federal para entender que el magisterio no había movido los números que ya tenía pronosticados, y que si algún costo político había pagado por su debilidad ante el magisterio, ése se vería reflejado el domingo 7 de junio en las urnas.

Así, los comicios ocurrieron, y lo que sigue es lo que estamos viendo. Ayer el vocero de la Presidencia, Eduardo Sánchez Hernández, dijo que el gobierno de la República no negociará las leyes constitucionales con la CNTE. Al mismo tiempo, la SEP anunció la reanudación de las evaluaciones al magisterio. La Coordinadora respondió anunciando protestas masivas en la capital del país. Pero tanto el gobierno federal como el del DF dijeron de inmediato que no permitirán disturbios ni daños a terceros en la Ciudad de México.

¿QUÉ SIGUE AHORA?

Que el gobierno federal no ceda. Tiene una oportunidad —que ya parecía perdida, y que sólo le regresó la exagerada beligerancia magisterial, y los daños provocados en Oaxaca en las últimas semanas— de agotar las vías de diálogo sin claudicar al nuevo mandato constitucional, ahora que la Coordinadora ya no tiene cómo presionarlo. Además, con su incapacidad de modular la intensidad de sus protestas, la misma CNTE le dio al gobierno federal los argumentos necesarios para cerrarle la puerta a la negociación de la ley. Sólo falta que el gobierno lo entienda, que no termine cediendo al primer chantaje que intente la CNTE, y que asuma que este será el principal referente para demostrar su fortaleza y capacidad de recuperación, pues la implementación de las demás reformas estructurales, en sus propios ámbitos también está amenazada por otros poderes fácticos tanto o más fuertes que la CNTE.