Oaxaca debe superar el aislamiento

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+ Bloqueos alimentan la segregación


En periodos de inestabilidad social, las barricadas han sido símbolo no sólo del “no pasarán” sino también —y sobre todo— de la inconformidad ciudadana. En Oaxaca, las barricadas fueron uno de los sellos distintivos del movimiento magisterial y popular de 2006, y hoy en una nueva modalidad, los bloqueos carreteros son un símbolo más o menos similar —aunque más profundo— de la resistencia de los trabajadores de la educación y las organizaciones que los respaldan. Si Oaxaca ya está de por sí aislada por sus condiciones, estos bloqueos producto de una inconformidad social, la convierten en una verdadera ínsula dentro de la república mexicana.

En efecto, ayer los profesores de la Sección 22 del SNTE decidieron romper con la tregua tácita que habían acordado para la celebración de los Lunes del Cerro. El lunes fue un día relativamente tranquilo, en el que la ciudadanía pudo acceder al espectáculo folclórico que mejor le acomodó —las Guelaguetzas magisterial y “oficial”— y también pudo entrar y salir de la ciudad sin mayor problema. Ayer fue un día distinto porque la Sección 22 decidió reactivar varios de los bloqueos carreteros que ya había levantado, y lo hizo como demostración de fuerza y para “coberturar” la mesa de diálogo que ocurrió entre representantes de la Coordinadora, y de la Secretaría de Gobernación.

Esto volvió a dejar a Oaxaca en una situación de aislamiento. El lunes mismo, los organizadores de La Carrera Panamericana, anunciaron que por todas las movilizaciones y bloqueos carreteros que ocurren en la entidad, tomaron la decisión de excluir a la entidad de su edición 2016 y trasladar el arranque del rally hasta la ciudad de Querétaro. Este, que hay que decirlo, es un golpe más de aislamiento a una entidad que parece estar decidida a quedar excluida de toda oportunidad que no sea para la movilización social.

Pues aunque muchos lo pasan por alto, La Carrera Panamericana es uno de los eventos automovilísticos más importantes del mundo, que genera un enorme desplazamiento de personal y equipos, y que representa no sólo derrama económica, sino también exposición de la entidad a turismo internacional de primer nivel, que sigue la competencia o que directamente decide invertir para presenciarla en tiempo real en cada uno de sus escenarios.

Así, este tipo de anuncios y realidades habría que verlos en una perspectiva más amplia. Oaxaca está viviendo hoy un momento difícil derivado del aislamiento generado por los profesores de la Coordinadora, pero profundizado por sus propias condiciones sociales. ¿De qué hablamos? De que, de por sí, Oaxaca tiene un problema fuerte de comunicación con las demás partes integrantes del país, y del mundo, y que este tipo de situaciones sólo complican lo que ya existía desde antes.

Por ejemplo, Oaxaca —la capital, o cualquiera de sus destinos de playa— no sería capaz de organizar un evento masivo (hablando hasta de un congreso de profesionistas) en el que tuvieran que desplazar a miles de personas en poco tiempo. Siguiendo el ejemplo, Oaxaca capital no sería capaz de poder recibir a veinte mil personas porque su capacidad de llegadas y salidas de vuelos comerciales hacen imposible el traslado de ese volumen de pasajeros en un periodo de unos cuántos días (para llegar y salir de la ciudad). La capacidad instalada de cuartos de hotel sí soportaría esa situación, aunque con un número enorme de problemas logísticos. Oaxaca, por eso, no se ha podido consolidar como un destino masivo de turismo. Y tal situación ocurre únicamente porque no hemos podido superar esa condición de aislamiento.

NO HAY COMUNICACIONES

Las carreteras —suspendidas— al Istmo y la Costa oaxaqueña son otro problema. Puerto Escondido y Huatulco son verdaderos paraísos que siguen aislados de Oaxaca, del centro del país, y del mundo, justamente porque no tienen todas las vías de comunicación que deberían. Las carreteras libres que existen son verdaderos actos heroicos, y las autopistas simplemente no tienen para cuándo terminarse. Eso provoca un verdadero problema porque esa es una condición indispensable para que sigan sin detonarse las condiciones de desarrollo que podrían tener cualquiera de esos destinos, o todos, para bien de todos los que viven ahí, y de Oaxaca.

Al final, este es un verdadero problema que no tiene para cuándo resolverse. Únicamente faltaría que los profesores de la Coordinadora decidieran cortar las comunicaciones que quedan —el internet, el teléfono, la señal radioeléctrica— para terminar de aislarnos del mundo. Tenemos un verdadero problema de segregación porque las condiciones han hecho que Oaxaca quede tácitamente separada del mundo. Esas barreras naturales se ven agravadas por la incapacidad de generar mejores condiciones de comunicación a través de la infraestructura. Y si a eso le agregamos los bloqueos y las barricadas que son un símbolo de inconformidad social, pero que inciden sensiblemente en las comunicaciones, el resultado es este caos que vemos cotidianamente.

PREMONICIÓN

Oaxaca no merece este aislamiento. Pero debemos comenzar por reconocer el problema que tenemos para poder entender la trascendencia de medidas que de forma simplista toman grupos como la Coordinadora para presionar en el logro de sus intereses. Nada de esto lo reconoce Gobernación, que dentro de algún tiempo terminará cediendo ante los profesores, y olvidando a todos los afectados. Esto ya pasó en el 2006 y es el destino manifiesto de esta nueva inconformidad en Oaxaca.