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Debemos eliminar la visión clasista que enrarece los procesos democráticos en México

En México parece que las expresiones clasistas tienen aceptación a perpetuidad. En las últimas expresiones lanzadas entre partidos, y por los propios candidatos presidenciales, podemos encontrar frases tan escalofriantes como la espetada por Andrés Manuel López Obrador en contra de su homólogo Ricardo Anaya Cortés: “Ricky riquín canallín”. Y la forma en cómo ha sido atajada dicha frase nos recuerda que el clasismo parece estar en el tuétano mismo de la vida pública mexicana: durante el fin de semana, legiones en redes sociales se dedicaron a viralizar otro meme que hacía alusión a “la mugre” en los codos de quienes querrían votar por Morena. ¿Por qué aceptar este lamentable nivel en el intercambio público?

En efecto, no es la primera vez que este tipo de expresiones se hacen presentes en el debate y la interacción entre candidatos y partidos políticos. De hecho, todo esto parece ser en realidad un reflejo de la forma en cómo los mexicanos acostumbramos a relacionarnos en nuestra vida cotidiana, y cómo nos tasamos cuando se trata de hacer distinciones entre grupos de personas. Lo que en otras sociedades está perfectamente ubicado como racismo, en realidad en México se demuestra en expresiones de clasismo que buscan ubicarnos no por el color de la piel o las características físicas, sino por la posición social y económica que se guarda frente a los demás.

Por eso, de entrada vale la pena revisar qué entendemos por racismo y qué por clasismo. En el primero de los conceptos, podemos entender que racismo es la defensa del sentido racial de un grupo étnico, especialmente cuando convive con otro u otros, así como también se designa la doctrina antropológica o la ideología política basada en este sentimiento. Clasismo, por su parte, podemos entenderla como la actitud de quienes defienden la discriminación por motivos de pertenencia a otra clase social

Ahora bien, en México el clasismo es para nosotros cosa de todos los días, tanto que en muchos casos damos por sentado que la gran mayoría de las inconformidades y desencuentros que se dan en nuestra sociedad tienen como punto de partida las desigualdades sociales. Vamos, en el caso de la protesta de una comunidad en Puebla hace unas semanas, en la que murió un menor supuestamente por una bala de goma lanzada por elementos policiacos, uno de los temas que se encuentran en el fondo es la noción de que esas, y muchas otras personas, luchan y se inconforman por pobres, y esa es la misma razón por la que las autoridades las desprecian y en lugar de atender sus problemas, deciden mandarles a la policía para que disuelva las manifestaciones.

Así, ese que es un ejemplo grave se manifiesta en otros, que son menos elevados. Nosotros los mexicanos a diario hacemos chistes, mofas, burlas y escarnio de todas aquellas personas que no pertenecen a nuestro círculo social, ya sea porque son de estratos superiores o inferiores.

¿A poco no para nosotros es cosa de todos los días burlarnos de quien tiene más, o de quien tiene menos, y por ese solo hecho nos sentimos con derecho de afirmarlo incluso públicamente? Ese clasismo es tan nocivo, al final, como el racismo que sigue prevaleciendo en otros países.

CLASISMO, CONSOLIDADO

En febrero pasado, Andrés Manuel López Obrador, llamó ‘pirrurris’ y ‘fifís’ a dos intelectuales mexicanos que previamente le habían criticado su renovada proclividad a las alianzas y los perdones con políticos encumbrados en escándalos de corrupción. En este ayuno de ideas, no existen debates ni argumentaciones, sino sólo adjetivos en contra del adversario. Y en este tenor, lo mismo hizo este fin de semana el dirigente nacional del PRI, Enrique Ochoa, que descalificó a los ‘prietos’ de Morena ‘porque ya no aprietan’. Ese nivel de bajeza demostrado todavía en el periodo de precampañas, parece haberse consolidado con las recientes expresiones cargadas de un nivel de desprecio y clasismo que debería estremecernos a los mexicanos.

Y es que en aquella ocasión, en febrero, a López Obrador lo rebasó la crítica y el rechazo social a sus expresiones en contra de quienes ejercen, igual que él, su libertad constitucional para decir y escribir lo que piensan. En aquel momento, López Obrador se defendió diciendo que él había también ejercido su derecho a criticar a los dos intelectuales que le habían cuestionado su decisión de ‘perdonar’ a sus ex adversarios y sumarlos a su campaña (a pesar de que varios de ellos están involucrados en escándalos de corrupción), sin considerar que, si bien como ciudadano sí puede y debe tener su criterio con respecto a las demás personas, pero que su posición de aspirante presidencial lo hace distinto a la de los intelectuales, que entre sus tareas ejercen el oficio periodístico.

Pocos repararon en que los ataques lanzados en aquel momento por AMLO contra Jesús Silva-Herzog Márquez y Enrique Krauze, envolvían ese profundo desprecio y clasismo que tanto daño nos hace como mexicanos. A ambos los llamó “pirrurris’ y ‘fifís’, como tratando de establecer que desde la clase alta, la de los ‘pirrurris’ y los ‘fifís’, se le estaba intentando frenar en sus aspiraciones y en su ruta hacia la Presidencia de la República. Inmediatamente después fue más allá, asociando esos calificativos con el hecho de que ellos eran, además, ‘agentes de la mafia en el poder’.

Algo similar, aunque en su propio contexto, ocurrió por esos mismos días con el entonces líder nacional del PRI, Enrique Ochoa Reza. Tratando de ubicar la clásica posición entre buenos y malos  —como es muy común en la política nacional, aunque ello sea un sofisma eficaz pero riesgoso—, Ochoa dijo que los ‘prietos’ de Morena ‘ya no aprietan’. Evidentemente, no se refería a los tránsfugas priistas, sino que la esencia de su comentario iba a la descalificación común entre los mexicanos, al de color de piel más oscura, no por la raza sino por la posición social que se supone que eso representa entre habitantes de una misma sociedad.

Dijo ‘prietos’ por la alusión al partido de López Obrador, aunque ese descalificativo también pudo haber sido hacia los ‘indios’, hacia los ‘yopes’, o hacia los de ‘tez humilde’, como dice la gente coloquialmente refiriéndose a que los de piel oscura son más pobres, más segregados, más marginados y menos aceptados que los de tez blanca, que evidentemente es entendido, socialmente hablando, como lo contrario a quienes son por definición la clase baja por ser de piel oscura. Dicha expresión, es muy similar a la lanzada recientemente, que dice que quienes van a votar por Morena no necesitarán llevar un crayón: que con la “mugre de sus codos” podrán marcar la boleta.

¿ESTO EDIFICA EN ALGO?

Evidentemente no. Y no sólo no lo hace sino que contribuye a dividirnos como sociedad, y nos invita a seguirnos viendo con recelo y antipatía sin reparar en que todos estamos anclados a un mismo destino nacional: ese destino que nos carga a todos por igual cuando desde el poder se toman decisiones que nos afectan a todos. Divididos estamos mejor. Y con el fomento al clasismo, parece que se tiene el arma perfecta.

Tortillas y feria

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Carlos R. Aguilar Jiménez.


Pan y circo debiera ser el título, no obstante, por tratarse de México donde el alimento o complemento de la alimentación, lo que deja satisfecho o lleno como dicen algunos (como si fueran tinacos) es el pan en Europa, de donde viene la frase, y son las tortillas, las tlayudas especialmente en Oaxaca, los carbohidratos baratos, lo que satisface al estómago a la hora de comer, entendiendo que lo que más desea y anhela cualquier ser vivo es comer y divertirse, en el caso de los ciudadanos ya sean, súbditos, vasallos, sirvientes, obreros, empleados, burócratas, campesinos o comerciantes, la promesa principal que el gobierno siempre ofrecerá, propondrá y quizá dará para tener contenta o sometida a la población, es pan y circo o tortillas y feria, y justo eso es lo que ya está sucediendo con las campañas políticas y se complementará a partir de la semana próxima con el circo o feria del mundial de fútbol y el pan o tortillas ofrecido en cada oportunidad y mitin proselitista.

Pan, tortillas, leche, azúcar, huevos o canasta básica, sueldos dignos, seguridad, empleos, becas, pensiones a abuelos, obras, infraestructura, refinerías, cancelar el aeropuerto de cdmx, devolver el IEEPO  a la Gestapo 22; bajar el precio de la gasolina, derogar uno y afianzar otros las reformas estructurales, son parte de las ofertas que se entienden como pan o tortillas, y el circo es el mundial de rusia, campeonato donde de la misma forma que con las promesas imposibles de cumplir de los candidatos, especialmente del mesiánico, se dice que la selección de México está vez será diferente y jugará mejor que nunca, ganará a Alemania y pasará con los germanos  al quinto partido, prometiendo falsamente, al estilo de políticos y candidatos, que esta vez las circunstancias son ideales porque los “ratones verdes” son jugadores profesionales internacionales, que militan en los mejores equipos de Europa y, por ello México, si no gana el campeonato, por lo menos quedará entre los diez mejores.

Pan y circo, tortillas y feria, promesas, ofertas y ofrecimientos, son ilusiones y esperanzas ficticias que, como cada seis años, luego que el candidato elegido asume el poder, casi de inmediato se esfuman, regresando todos del mundo de irrealidad y fantasía que prometen los candidatos, a nuestra triste y pobre realidad de vivir en un país de quinto patio o tercer mundo, del que, que bueno que no hay dos, sino pobre mundo, en el que aprovechando la supina ignorancia de la inmensas mayoría de votantes, la falta de escepticismo, crítica y análisis lógico, se arriman y adhieren a quien prometa el cielo y las estrellas, al que ofrezca bajar la Luna o lo que sea, al que nunca diciendo la verdad, sino lo que les deje contentos, y, si conseguir la presidencia implica imposturas, falsedad, subterfugios y descalificación de personas o instituciones, llamándolos mafia del poder, corruptos o rapaces, poco podemos esperar de México entre 2018 y 2024, excepto lo que desde hace 10 mil años han ofrecido los gobernantes de todo el mundo: pan y circo, y ahora fútbol y tortillas para todos.  

Las acciones hostiles de la S-22, podrían no terminar después de la jornada electoral

Las acciones que emprendió la Sección 22 desde el pasado 28 de mayo —un paro indefinido de labores decretado, aunque no cumplido en su totalidad, así como acciones de hostigamiento a la autoridad y la ciudadanía en Oaxaca— parecen tener como primer objetivo el día de la jornada electoral. Sin embargo, también se debe considerar que ni el paro indefinido, y mucho menos el conflicto magisterial, se van a conjurar definitivamente luego del resultado de la elección presidencial.

En efecto, desde el pasado 28 de mayo la Asamblea Estatal de la Sección 22 anunció el comienzo de su jornada anual de lucha. Lo hicieron con la intensidad propia de una lucha enmarcada en la elección presidencial y por eso, desde el inicio, establecieron coordenadas relativas a que su intención era participar —a su modo— en el proceso democrático, independientemente de si conseguían o no las respuestas exigidas a sus demandas salariales, políticas y sindicales.

A nivel regional, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, inició acciones una semana después, quedando claro hasta ahora que ni la Sección 22 en Oaxaca, ni la CNTE como movimiento regional, tienen intención alguna de detener sus respectivas acciones hasta que no lleguen al día de la jornada electoral. Esa es la razón por la que, en la entidad, a pesar de que el magisterio ha entablado diversas mesas de trabajo con el Gobierno del Estado, y ha dialogado directamente con el Gobernador del Estado, siguen sosteniendo que las respuestas gubernamentales son “mínimas e insuficientes”, y eso les ha servido de justificación para sostenerse en la idea del paro indefinido de labores —cuestión que no ha sido homogénea, ya que en la entidad hay muchas escuelas laborando con normalidad.

A nivel regional, la CNTE ni siquiera ha logrado entablar una mesa efectiva de trabajo con la Secretaría de Gobernación. En la Ciudad de México, toda la semana anterior ocurrieron protestas y manifestaciones de los trabajadores identificados con la Coordinadora, aunque lo cierto es que ni el gobierno federal ha definido las vías para establecer una negociación con la CNTE, y ésta tampoco tiene mucha intención de que eso ocurra. Al final, el gobierno federal entiende que a estas alturas tienen muy poco qué negociar con la CNTE; y la CNTE asume que hoy no es su prioridad dialogar sino mantenerse en las calles.

En ambos casos —la 22 en Oaxaca, y la CNTE como expresión regional del magisterio, ambos interesados en mantenerse presentes en este proceso electoral—, podría suponerse que hay claridad entre sus agremiados, y que todo terminará con la jornada electoral del próximo 1 de julio.

En ninguno de los casos es así: tan no hay claridad, que en Oaxaca las acciones impulsadas por la Sección 22 han sido duramente cuestionadas por sus propios agremiados —por eso hay escuelas abiertas—, aunque la dirigencia magisterial se ha valido de sus incondicionales (que no pasan de ser un puñado de personas frente al universo de trabajadores, que rebasa los 80 mil agremiados sólo en Oaxaca) para mantener acciones como el plantón en el primer cuadro de la capital, y los bloqueos a diversos puntos carreteros, terminales de autobuses y el aeropuerto.

Lo más grave es que todo esto podría no terminar el 1 de julio. No hay razones para suponer, ni en lo lineal ni en la interpretación política que ellos mismos hacen de las acciones presentes, que el magisterio detenga sus actos de hostigamiento. Gane o pierda Andrés Manuel López Obrador la elección presidencial, ellos tienen ya delineada una agenda política para los meses siguientes en donde está incluida la presión para la abrogación de la reforma educativa y, posiblemente, la formación de un nuevo movimiento sindical producto del cisma nacional que parece irremediable en el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.

TODO SIGUE

Si gana López Obrador la Presidencia de la República, la 22 y la CNTE no esperarán a que tome posesión, para comenzar a exigir el cumplimiento de los compromisos. Esto se explica por el hecho mismo de que la naturaleza política del magisterio es opositora.

Ellos no serán aliados de Andrés Manuel, sino que serán los primeros en encararlo y exigirle lo que él mismo prometió. Si llega a cumplirlo, de todos modos el movimiento magisterial no quedará apaciguado y, al contrario, establecerá nuevas coordenadas de lucha para mantenerse vigente e interactuando con el gobierno federal en un marco de tensiones y presiones, no de complicidades ni de alianzas.

Queda claro que no será fácil derogar la reforma educativa, ya que independientemente de la condición en que López Obrador pudiera llegar a ganar la elección presidencial, de todos modos no tendrá la mayoría legislativa necesaria para reformar por sí mismo la Constitución, y quién sabe si tenga a su favor a la mayoría de las entidades federativas, que participan en el proceso legislativo para modificar la Constitución federal, a través del voto de sus Legislaturas estatales.

Mientras se dirime todo eso, ¿qué pasará? Que el magisterio identificado con la Coordinadora se mantendrá movilizado, con una causa legítima —o al menos justificada frente a todos—, y haciendo todo para establecer que ellos no esperan ni aceptarán otro arreglo que no sea el cumplimiento incondicional de sus demandas.

Al final, también tratarán de capitalizar el rompimiento que posiblemente haya al interior del SNTE. Hasta ahora, Juan Díaz de la Torre está intentando jugar en varias bandas en el proceso electoral, pero parece no haber una evaluación consistente de cuál es la opinión de los maestros del país —independientemente de si están o no identificados con la Coordinadora— sobre el futuro de la reforma educativa. Muchos de ellos ni están de acuerdo con ella, como tampoco están a favor de seguir siendo parte de la tropa de varios partidos políticos en un momento tan complejo como este proceso electoral.

ROMPIMIENTO

Por eso mismo, es posible que haya un rompimiento al interior del SNTE y eso se convierta o en un nuevo sindicato magisterial, o en una nueva expresión opositora capitalizada por la CNTE, o en un grupo que intentaría generar una tercera vía frente a la radicalidad de la Coordinadora y el oficialismo denodado del SNTE, a través de la interacción López Obrador-Elba Esther Gordillo. En el fondo, la lucha magisterial entró en un vórtice que no tiene regreso, y que no terminará el día de la jornada electoral.

En la URSE presentan simulación de audiencia oral mercantil

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Alumnos del octavo semestre de la licenciatura de Derecho apreciaron la rapidez y eficiencia con que se realizan los juicios orales mercantiles

Con la intención de acercar a los futuros abogados a los nuevos procedimientos del Juicio Oral Mercantil, como lo ha instruido el titular del Poder Judicial del Estado de Oaxaca (PJEO), Magistrado Raúl Bolaños Cacho, personal de la Escuela Judicial presentó la Simulación de Audiencia Preliminar y un Juicio del Proceso Oral Mercantil a estudiantes de Derecho y catedráticos de la Universidad Regional del Sureste (URSE).

En la Sala de Juicio Oral de la institución educativa ubicada en su Campus del Rosario, la Simulación de Audiencia estuvo a cargo de la licenciada Reyna Emelia Espinoza Orozco, Jueza Tercero Familiar del Centro; licenciada Perla Inés Martínez García, Jueza Civil de Tlacolula y la licenciada María de Lourdes Enríquez Hernández, Jueza Quinto Familiar del Centro.

Con interés, los alumnos del octavo semestre de la licenciatura de Derecho y docentes de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la URSE, apreciaron la rapidez y eficiencia con que se realizan los juicios orales mercantiles, además de las etapas que conforman la Audiencia Preliminar y la Audiencia del Juicio, las cuales pueden realizarse en menos de una hora.

En este sentido, el  Juez especializado en Juicio Oral Mercantil, Miguel Ángel Hernández Bautista, comentó a los estudiantes que el proceso oral evita dilación en los proceso, facilita la resolución y permite que las partes involucradas participen activamente en busca de una conciliación.

“Por encima de todo, este proceso busca la solución de los conflictos, por eso la mediación siempre está disponible. Se busca que las parte concilien y logren un acuerdo por encima de los procedimientos burocráticos”, comentó Hernández Bautista.

Expresó a los jóvenes estudiantes, que el Sistema Oral recoge los mejores elementos del proceso oral realizada en la Época Romana y la parte escrita que da sustento al hecho en el Sistema Tradicional, por lo que ahora se tienen un Sistema Concentrado que permite a todo ciudadano acceder a la justicia de manera eficaz.

El juez especializado en Oralidad Mercantil, atendió las dudas de los próximos abogados, al par que los invitó a profundizar en el tema para que puedan aplicarlo en su futuro actuar, en los procesos legales que atiendan.

En tanto, la directora de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales del URSE, Olivia Carolina Pérez Ojeda, agradeció la participación de las juezas y el acercar el conocimiento a los estudiantes para fortalecer su aprendizaje y brindarles herramientas para que realicen un trabajo profesional.

Agresión vil

Carlos R. Aguilar Jiménez.


Fue exactamente hace medio siglo, en 1968, cuando a partir de la agresión realizada por el gobierno contra estudiantes en la plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, que se acabó progresiva y totalmente para siempre con el principio de autoridad y la aplicación de las leyes, porque luego de haberse condenado y satanizado al presidente de la república responsable de la agresión de aquellos lamentables hechos como: represor, tirano, déspota, arbitrario, cruel y asesino de lesa humanidad, todos los gobernantes que siguieron optaron por lo más fácil y lógico: evitar la aplicación de las leyes y el uso de la fuerza del estado para no ser calificados como represores o abusivos, sabiendo que el 2 de octubre no se olvida, ni aunque hayan transcurrido 50 años.

Hace días fueron humillados integrantes de la Marina Nacional, militares uniformados quienes, no obstante ser soldados entrenados para la guerra, con licencia  para matar, expertos en defensa personal, estrategias de lucha y manejo de armas, debieron soportar estoicamente la agresión vil y canalla de un grupo violento de resentidos sociales, de hijos no deseados ni queridos nunca por sus padres, sin autoestima y capaces de todo delito y agresión vil, porque saben que en México lo único que se hace contra los crímenes y agresiones viles, es la condena y señalamiento, el regaño en discursos que se transmiten por tv y nada más, porque, no obstante existen videos donde se observa quienes son los agresores, el mismísimo presidente de la república lo único que hizo fue condenar y, según él indignarse, mientras los agresores se ríen y burlan del ejército,, gobierno, las leyes y hasta de la Marina Nacional, situación que, si hubiera ocurrido en EU o Inglaterra, sería inaceptable por ser contra militares que representan a la nación, no obstante, en México y en especial en Oaxaca, no hay castigo, no existe sanción, pena, escarmiento ni justicia contra delincuentes, así que se pueden bloquear calles, secuestrar negocios, el aeropuerto, terminales de autobuses, robar en casetas de peaje, agredir al Ejército nacional o humillar a la Marina y pisotear a sus soldados, porque lo único que sucederá es una condena institucional, gimoteo oficial y regaño presidencial, pero hasta ahí, porque los gobernantes, desde el presidente hasta el más humilde policía, prefieren la gente linche a delincuentes, que los mal vivientes secuestren la ciudad y cada delincuente o político haga lo que quiera sin aplicar la ley y ser llamado después represor; como sucedió en Oaxaca cuando Ulises Ruiz quiso desalojar los parias de la SS2 del zócalo, siendo reconocido desde entonces, incluso el helicóptero que usó, como represor, así que para que meterse el líos y recibir condena de Derechos Inhumanos, mejor que el gobierno deje que cada quien haga lo que sea si, al final los gobernantes se van de Oaxaca o México, a países donde sí se aplica la ley, tal como lo acaba de demostrar España al destituir a su presidente por tener un equipo de corruptos, que aquí gozan de impunidad, como Gabino y todo su gabinete.   

El cambio de régimen no ocurrirá con alternancia, sino con demostraciones de voluntad hacia la transición

Por la ascendencia caudillista de la cultura y el ejercicio político que ha prevalecido en nuestro país, pareciera que en México seguimos mal acostumbrados a pensar que cualquier cambio de régimen está directamente relacionado con la persona que llega a la Presidencia. Esto quizá sea posible, en un país como el nuestro en el que cada nuevo Mandatario pretender reinventar el gobierno, al Estado, la economía y el ejercicio del poder. Sin embargo, más allá de eso debiéramos considerar algunos signos sustantivos de que sí puede haber un cambio de régimen y de época política, si independientemente de quién gobierne, se demuestra voluntad por una nueva concepción del poder y la responsabilidad pública a través de cuestiones como la justicia transicional.

En efecto, nos encontramos en México ante un escenario que bien puede ser el relativo a que “el país ya no aguanta más”. La nación parece encontrarse al límite no sólo por los perennes problemas económicos, sino ahora también por la irritación social, la violencia y la clara imposibilidad del Estado para terminar con la inseguridad que prevalece en amplias regiones del país a pesar de la presencia policiaca y de las fuerzas armadas. Junto a esto, hay otros dos grandes temas: la corrupción que ahoga a los tres órdenes de gobierno, y la impunidad, que sigue siendo un problema de fondo con el que lidiar ha resultado un verdadero vía crucis para los mexicanos.

En medio del proceso electoral, todos los aspirantes presidenciales prometen terminar con estos y todos los demás flagelos que agobian a nuestro país. El problema es que, o unos prometen hacerlo sin establecer una ruta clara sobre cómo conseguirlo; y los otros afirman que harán ahora sí, todo lo que no hicieron en las oportunidades que tuvieron o ellos o sus partidos, cuando estuvieron al frente del gobierno federal. Por esa razón, es evidente que más allá de lo que prometan las personas con soluciones mágicas pero inalcanzables, lo que deberíamos comenzar a buscar y exigir, son los mecanismos para lograr que llegue ese cambio de régimen y de época, independientemente de quién gane la presidencia.

Hay mecanismos que están puestos. Uno de ellos es lo que planteó un tribunal colegiado cuando estableció, por primera vez en una sentencia judicial en México, el mandato de crear una comisión que investigue nuevamente todo lo relacionado a los desaparecidos de Ayotzinapa; otro, es el planteamiento que están haciendo algunas personas respecto a enfrentar la violencia relacionada con el narcotráfico a través de una política de justicia transicional de legalización paulatina de algunos narcóticos que hoy están prohibidos por la ley, y que en alguna medida son parte de la guerra que se libra todos los días entre el Estado y los criminales por el tráfico y la venta ilegal de estupefacientes como la mariguana, y otros.

JUSTICIA DE AVANZADA

Respecto al primer punto, el pasado 4 de junio un tribunal federal ordenó la creación de una Comisión de la Verdad para reponer la investigación sobre el Caso Ayotzinapa, ya que la indagatoria realizada por la PGR no fue pronta, efectiva, independiente ni imparcial. Los magistrados de Primer Tribunal Colegiado del Décimo Noveno Circuito de Tamaulipas, resolvieron que existen “indicios suficientes para presumir que las confesiones e imputaciones en contra de coinculpados fueron obtenidas mediante tortura”.

Los magistrados ordenaron también reponer el procedimiento y pidieron al Ministerio Público de la Federación presentar dictámenes elaborados por peritos independientes, que cumplan con lo previsto en el Protocolo de Estambul. De esta forma, el tribunal señala que por las “graves violaciones a los derechos humanos” a los coacusados, como: tortura, desaparición forzada de personas y ejecuciones extrajudiciales debe crearse la Comisión de Investigación para la Verdad y la Justicia (Caso Iguala).

Dicha comisión, estableció el tribunal, “estará integrada por los representantes de las víctimas, la Comisión Nacional de Derechos Humanos y el Ministerio Público de la Federación”, aunque serán los familiares de las víctimas y la CNDH los que decidirán qué líneas de investigación seguirán y las pruebas a desahogar. Además podrán validar la incorporación de más organizaciones tanto nacionales como internacionales de derechos humanos.

Los magistrados basan su decisión en la necesidad de hacer valer “el derecho fundamental de acceso a la justicia de las víctimas, previsto en el artículo 17 constitucional, cuyo objeto es llegar a la verdad y que se pueda garantizar que no se repitan este tipo de graves violaciones de derechos humanos”. ¿Por qué es relevante esto? Porque es importante la forma en cómo los tribunales están ganando lugar no sólo en la impartición per se de justicia, sino en el hecho de establecer criterios para conocer la verdad de ciertos hechos.

Ahora le toca a la sociedad mexicana —a nosotros— exigir que quien sea el próximo Presidente, no sólo no trabe, sino que impulse la conformación y el funcionamiento de esta comisión conjunta para poder conocer la verdad de los hechos relacionados con el caso Ayotzinapa, y entonces podamos ver al menos un viso de la verdadera transición democrática que tanto hemos exigido los mexicanos.

Ahora bien, respecto al otro punto, e independientemente de si gana o no la Presidencia López Obrador, vale la pena rescatar una propuesta (https://bit.ly/2xK4chG) de la ministra en retiro, Olga Sánchez Cordero, respecto al cambio de paradigma sobre el control de algunos narcóticos, para pasar de la persecución a la legalización.

En una interesante propuesta, la Ministra apunta: “El derecho a la salud debe estar garantizado por el Estado mexicano, y eso incluye a todas las sustancias que se han utilizado de manera tradicional —e industrialmente— de manera “controlada”. El acceso a medicamentos contra el dolor, los analgésicos opioides y los derivados de la cannabis tienen un enorme soporte científico para su suministro a escala mundial; sin embargo, las barreras para su acceso nacional requieren su importación desde el extranjero, esto en virtud de la regulación internacional que sigue privilegiando la lucha contra el crimen frente al sufrimiento de millones de personas que requieren medicamentos.

“¿Por qué no hacer estos fármacos en nuestro país, trayendo beneficio médico a la población, e impositivo, para el Estado México? (…) La gran preocupación que comparto tiene que ver con el enorme poder del crimen organizado frente a una propuesta de despenalización. México es un productor ancestral de sustancias psicoactivas; la vida de miles de jóvenes depende del cambio de fondo, estamos ante un problema de salud pública y de riesgo por la violencia y la inseguridad. El Estado mexicano debe enfocar su energía en desmilitarizar la lucha contra el narcotráfico; debe reaccionar frente a la violencia con inteligencia y logística, donde se impacte a objetivos neurálgicos y vitales de la criminalidad organizada —con precisión y contundencia— pero, dentro de lo posible, con los menores enfrentamientos armados.”

VOLUNTAD

Para lograr cualquiera de los dos puntos, o ambos, sólo es necesario demostrar voluntad política. Deberían hacerlo los que ganen, y también los que pierdan. Si dejan a un lado las mezquindades partidistas, y hacen algo a favor del país, estos puntos bien podrían ser signos del cambio verdadero del que todos hablan, pero nadie entiende.

Capacita Poder Judicial en oralidad mercantil a barra de abogados

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El taller estuvo a cargo de la Jueza Cuarto Civil del Centro, Licenciada Martha Elena Gómez Carreño y la Licenciada, Guadalupe Verónica Rueda Contreras, Jueza Octavo de lo Civil

El Poder Judicial del Estado de Oaxaca (PJEO), que preside el Magistrado Raúl Bolaños Cacho, en coordinación con la Escuela Judicial, continúa brindando capacitación en el tema de Oralidad Mercantil a los colegios de abogados de la entidad.

Durante el 5 y 6 de junio se realizó el Curso-Taller en Materia de Oralidad Mercantil dirigido a litigantes de la Barra de Abogados en Línea Horizontal, que encabeza  el Licenciado Ángel García García, en las instalaciones del Auditorio “Benito Juárez” de los Juzgados Civiles y Familiares del Centro, ubicados en el Barrio del Ex Marquesado.

El taller estuvo a cargo de la Jueza Cuarto Civil del Centro, Licenciada Martha Elena Gómez Carreño y la Licenciada, Guadalupe Verónica Rueda Contreras, Jueza Octavo de lo Civil, quienes abordaron el proceso y etapas que conforman las audiencias orales mercantiles.

“Entendemos que puede ser difícil para quienes aprendimos el Derecho de la manera tradicional poder entender este nuevo proceso, pero es necesario porque lo demanda la ciudadanía y reduce el tiempo de respuesta, es la razón principal por la cual nos interesa que todos los abogados lo conozcan”, comentó Rueda Contreras.

En este sentido, la jueza conocedora del tema, expuso que debido reformas que se han realizado en el Proceso Oral Mercantil se han derivado diversos cambios, por lo que de tres audiencias, el proceso se redujo a solo dos: Audiencia Preliminar y Audiencia de Juicio.

En la primera, dijo, la Audiencia Preliminar busca que la parte actora y la parte demandada lleguen a un acuerdo para que así se evite la intervención del juez y se dicte sentencia que favorezca sólo a una de las partes involucradas.

En tanto, Rueda Contreras indicó que la Audiencia de Juicio en la Oralidad Mercantil, en donde se exponen las pruebas y se dan los alegatos de los abogados, por lo que es importante que conozcan el tema a tratar, las leyes y puedan ofrecer argumentos sólidos para cada situación que expongan.

Con este  Curso-Taller en Materia de Oralidad Mercantil, el Poder Judicial de Oaxaca cumple con su objetivo de capacitar a los abogados en los diversos cambios que se dan en temas de Derecho, siempre con la convicción de favorecer el acceso a la justicia de las y los oaxaqueños.

Próxima sucesión municipal

Carlos R. Aguilar Jiménez.


Sucedieron las nominaciones para presidentes municipales en Oaxaca y de inmediato comenzaron sus campañas de proselitismo político cada uno de los partidos y candidatos al gobierno de los municipios del estado y, en especial el de Oaxaca de Juárez, capital del estado gobernado por el PRI, donde si para bien o mal no habrá cambio en la gubernatura lo cierto es que a nivel nacional lo habrá y Oaxaca quedará al margen de los intereses o tendencias de la federación, porque lo probable es que a México no lo gobierno más el PRI.

El enojo de ciudadanos contra el PRI a quien culpan de todo, sin darse cuanta que son ocasión de lo mismo que culpáis (JODD) y por ello tenemos el gobierno que merecemos, llevará a la presidencia de la república a quien sea, pero que no del PRI, circunstancia que en Oaxaca de Juárez podría suceder también con las consecuencias correspondientes, perjudicando otra vez y una vez más a la población, porque de los municipios del país que son capitales de estado, uno de los más pobres y olvidados es Oaxaca, ciudad donde, si la comparamos, por ejemplo, con Puebla, aquí no se realizan obras públicas de ningún tipo, no hay desde hace décadas infraestructura vial, instalación de franquicias, ni un Sanborns, industrias u obras importantes, realizándose únicamente lo cotidiano aunque se construyan uno o dos hoteles privados, así que si por cualquier razón la sucesión municipal llevará a la presidencia a un partido distinto del actual gobierno estatal, las consecuencias serían desastrosas para la ciudad porque el enfrentamiento sería recíproco y el desacuerdo normal e inmediato, dado que la mayoría de recursos políticos y financieros para el funcionamiento de servicios y administración municipal dependen de la disposición del gobernador y, si los presidentes del país y Oaxaca resultan de otro partido, difícilmente atenderán peticiones, solicitudes o encargos, así que si bien o mal no podemos hacer mucho en las elecciones  nacionales para elegir al presidente, si que podemos hacer para elegir al próximo presidente municipal de Oaxaca de Juárez y asegurarnos que por lo menos durante el tiempo que trabajen juntos dos gobernantes del mismo partido, aunque no haya obras ni infraestructura porque a eso estamos condenados, mínimo esperemos que no haya enfrentamientos, venganzas políticas y desacuerdos institucionales que hundan aún más en el fango de la mediocridad a la estoica ciudad de Oaxaca, que ahora se la quieren apropiar para convertirla en sede de resentimiento, gimoteo, resistencia social y patético lloriqueo magisterial, no en sede del patrimonio cultural de la humanidad, donde lo que imperara debía ser el voto informado, culto y educado para hacer de Oaxaca de Juárez la primer ciudad turística y cultural del país, no la violenta, sanguinaria y cruel que es con los turistas que valientes o ignorantes de las circunstancias que vivimos a diario, todavía vienen a visitarnos entre barricadas, bloqueos, secuestros, asesinatos de periodistas y rencor social, convirtiéndonos así otra vez en la ocasión de lo mismo que culpáis.

Oaxaca de Juárez, un epicentro social sin proyecto ni liderazgos identificables

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Oaxaca de Juárez, la capital del Estado, vive permanentemente en una paradoja: a pesar de ser el centro de la atención y de las tensiones políticas, es un territorio que carece de un proyecto viable como ciudad, además de que adolece de liderazgos sociales y políticos con peso específico, y hoy es víctima de una inercia electoral a la que el propio destino de la ciudad, le es intrascendente. Cualquiera que sea su definición política en la jornada del 1 de julio, queda claro que la capital, a pesar de todo lo que representa, no es prioritaria para la política y para los partidos.

En efecto, a diferencia de lo que ocurre en la mayoría de las entidades federativas en México, Oaxaca no tiene otro epicentro ni vía de escape para todos los fenómenos y conflictos sociales, más que la capital oaxaqueña. Ello queda claro diariamente, cuando aquí a la ciudad es a donde llegan a hacer crisis todos los conflictos y cuestiones relevantes, para la vida de los oaxaqueños de las ocho regiones del Estado.

Cualquiera que sea el conflicto, no tiene a dónde más ir que la capital, porque además de ser el asiento de los poderes gubernamentales, es también el único polo de fuerza para la sociedad y para la opinión pública nacional. Parece terrible, pero el resto del país sólo sabe de la existencia de otras ciudades o poblados oaxaqueños cuando ocurre una tragedia, cuando hay un enfrentamiento o cuando sucede un hecho extraordinario. Pero fuera de esas circunstancias, para la generalidad en México todo lo que ocurre en el estado se reduce a la capital oaxaqueña.

Esa debería ser razón suficiente para que Oaxaca de Juárez fuera uno de los espacios más pujantes para la actividad política de la entidad. Paradójicamente, esto no sólo no ocurre sino que, además, la capital ha estado sujeta a todo tipo de vaivenes e intereses que demuestran lo poco relevante que ha resultado ser para la política partidista y, en general, para los distintos grupos de poder que han gobernado la entidad a lo largo de las últimas décadas. Aún siendo lo que es, la capital no ha tenido un proyecto propio de ciudad ni tampoco ha sido beneficiaria de la voluntad continuada por ofrecer mejores condiciones de estabilidad, habitabilidad o desarrollo.

Lamentablemente, Oaxaca de Juárez ha sido una ciudad que no tiene proyecto de desarrollo. Por eso, cada gobernante —municipal o estatal— ha tratado de imprimir su impronta en las acciones de gobierno que considera correctas. Pero queda claro que la mayoría de esas decisiones ha sido discordante, contradictoria o, cuando menos, carente de toda lógica o sentido de continuidad o de atención entre sí, a lo que verdaderamente la ciudad necesita. Esa es una razón evidente de por qué la capital padece de todo tipo de problemas metropolitanos básicos, tales como el abasto de agua potable, vialidades insuficientes, ambulantaje, crecimiento dispar o la proliferación de asentamientos irregulares, entre muchísimos otros problemas que son propios de una ciudad, pero no de una capital como la que se supone que es Oaxaca de Juárez.

Todo eso es reflejo, en realidad, de la inestabilidad de sus gobiernos. Cuando menos en las últimas dos décadas no ha habido más que un solo gobernante de la capital que terminara su gestión —Luis Ugartechea, en medio de empellones—. La ciudad ha sido vista, sí, como un escaparate partidista y como una arena política, pero también ha sido blanco de todos los recelos posibles entre quienes gobiernan, y pretenden gobernar la entidad.

Por eso sus gobiernos municipales han sido inestables; por eso mismo, reiteradamente ha sido espacio de bloqueos, recelos y maquinaciones entre los propios grupos políticos para evitarse el avance entre sí. La debilidad del ayuntamiento ha sido siempre el punto de quiebre cuando se pretende entablar una competencia con el gobierno estatal. Y éste casi siempre ha sido el origen de las desgracias de los gobernantes de la ciudad, y de la ciudad misma.

TRAGEDIA CONTINUADA

Hoy no sólo enfrenta esa realidad —que se ve a diario en la confrontación disimulada, y en la tensa relación que permanentemente existe entre el ayuntamiento citadino y el gobierno estatal, aún cuando emanaron de los mismos colores partidistas, pero en medio de una historia de repudios recíprocos—, sino que además hay un problema mayor: ninguno de los aspirantes a gobernar la capital oaxaqueña en los próximos tres años ofrece un panorama alentador para la propia ciudad. Un simplísimo repaso de los nombres y las ascendencias, puede darnos luces al respecto.

Por un lado, el Partido Revolucionario Institucional decidió postular a Manuel de Esesarte Pesqueira, quien fue presidente municipal interino en sustitución de Jesús Ángel Díaz Ortega desde finales de 2006 hasta terminar el periodo para el que había sido electo como concejal. Su administración fue, en realidad, una gerencia en la que no hubo más que mantener las inercias y tratar de apaciguar los cuestionamientos que había generado la desaparición material del gobierno municipal —en aquellos momentos, debemos recordarlo, nadie sabía nada del gobierno ni de los gobernantes citadinos—, desde los inicios del conflicto magisterial de 2006.

Por eso, aun cuando pretenden presentar a Esesarte como el hombre que necesita la capital, en realidad es difícil ubicar alguna acción relevante que se hubiera logrado a favor de la ciudad, durante su breve periodo como encargado de la administración municipal. Y si no lo hizo en aquel momento, cuando ya tenía el cargo en la mano, ¿por qué pensar que ahora sí lo haría?

Un escenario aún peor ofrece Samuel Gurrión, postulado por la coalición PAN-PRD-MC. El juchiteco es un hombre sin identidad con la capital; sin identidad política y, hoy queda claro, ni siquiera con identidad partidista. Brincó de partidos tratando de lograr una postulación —a lo que fuera—, y se encaprichó con la capital pensando que ésta sí puede ser el escaparate que necesita para cumplir su acariciado sueño de convertirse en Senador, y luego en Gobernador del Estado. En términos simples, queda claro que a Gurrión la ciudad le interesa sólo como un peldaño en la construcción de su ilusa carrera política, y que por eso piensa sólo en el 1 de julio sin considerar la relevancia de pensar en el proyecto que la ciudad necesita, y del que no ha dado ni esbozos.

La mayor incógnita de todo esto, se encuentra en Morena. En las circunstancias actuales, no importa a quién postule dicho partido; no importa si el personaje postulado tiene o no arraigo o amor por la ciudad; tampoco importa si éste representa algo positivo para la gobernabilidad, o si es capaz de generar cuando menos alguna condición de mejora a alguno de los muchos problemas que tiene la entidad. La inercia de la jornada electoral, y de la ausencia de voto diferenciado, bien puede hacer que el candidato morenista para la ciudad, gane. ¿Quién es, o qué representa? No importa.

SÍ. NO IMPORTA

Es duro aceptarlo, pero la paradoja más importante que envuelve a la ciudad implica que lo que pase en ella, y en sus definiciones políticas, es totalmente ajeno a lo que la capital necesita. Hoy la ciudad es rehén de un proceso, el electoral, para el que la propia ciudad no es relevante. Por eso, su único escenario previsible es, como desde hace varios lustros, la incertidumbre.