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Comunismo y populismo

Por Carlos R. Aguilar Jiménez.


Desde ayer y por vez primera en 60 años, la dinastía de los Castro que gobernó cuba ha terminado, nombrándose a Miguel Díaz-Canel como vicepresidente, porque Raúl Castro seguirá siendo el primer secretario del Partido Comunista de Cuba hasta el año 2021, y aunque ya no será el jefe supremo, seguirá manteniendo tutela y control sobre Díaz-Canel quien, se sabe, ascendió al puesto gracias a la influencia de Castro, ocurriendo así un cambio histórico y generacional en el gobierno cubano, porque con sus 54 años de edad el nuevo gobernante de Cuba nació después del inicio de la Revolución Cubana, movimiento armado que convirtió el gobierno, de capitalista y libre mercado, en un sistema comunista, totalitario y despótico, encabezado por el dictador latinoamericano que más tiempo ha estado en el poder.

Desde principios del siglo pasado con ideas de Marx, Engels, Lenin y Mao algunos líderes sociales y políticos, creyeron que si distribuían la riqueza, esta no se volvería pobreza, sino que alcanzaría todo para todos, siendo el estado el encargado de distribuir, organizar y administrar la economía y política de estos países, convirtiéndose en comunistas China y Rusia como países protagonistas de este sistema de gobierno, iniciándose una Guerra Fría con los capitalistas, especialmente con EU y Europa que abanderaban el capitalismo, y en América, el único país que se hizo comunista fue Cuba, constituyéndose una molestia para EU, quien lo bloqueó económicamente hasta la fecha, cuando en el resto del planeta se ha demostrado que el Comunismo no funciona, siendo ahora Rusia un país capitalistas y China casi. mientras Cuba continua con carencias, sin libertad ni derechos humanos para sus ciudadanos y viviendo en boato y opulencia los allegados a los Castro hundiendo cada año más a Cuba, sobre todo desde la caída del comunismo soviético, así que ahora que Cuba será gobernada por alguien que no es Castro, lo único que se requiere es la desaparición de Raúl para que pueda cambiar su sistema de gobierno y regrese al capitalismo, otorgando libertad a los cubanos, democracia y principalmente la oportunidad de hacer negocios, de tener internet libre y de poder salir de la isla, no como sucede en sus tiempos comunistas, que ni a hoteles podían entrar y no hay oportunidad que con talento o ingenio se pueda destacar, porque en el comunismo todos tienen que vivir igual, pobres y sin oportunidades. Bien por los cubanos quienes quizá pronto consigan la democracia y se integren al mundo globalizados y capitalista en que vivimos, mientras en México vayamos directo al populismo comunistoide anunciado por el mesías  guadalupano sexagenario.

Adiós al fuero constitucional, ¿ahora sí?

Para muchos ayer fue un día histórico. Pues la Comisión de Puntos Constitucionales en la Cámara de Diputados aprobó por unanimidad el dictamen por el cual se elimina el beneficio del fuero para todos los servidores públicos de todos los niveles de gobierno, incluido el presidente de la República. De llegar a convertirse en reforma constitucional —una vez que pase por la aprobación de las dos cámaras federales, y la mitad más uno de las Legislaturas locales—, este sería el paso que hacía falta para la eliminación de esa polémica aunque malentendida figura en todo el país.

En efecto, con el análisis de 33 iniciativas, se concretó el documento por el que se reforman los artículos 110 y 111 de la Carta Magna, y se contempla que para enjuiciar al jefe del Ejecutivo Federal se deberá contar con la mayoría calificada del Congreso de la Unión a favor de la acusación.  Tanto los legisladores de ambas cámaras, como los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), de los órganos electorales, y autoridades locales en todos sus niveles, podrán ser sujetos a juicio por acciones penales que se señalen en su contra.

Diputados de distintas bancadas destacaron que el mérito no debe ser de ningún organismo político, sino de la sociedad que con su denuncia orilló a los políticos a “evolucionar y ponerse a la vanguardia”, y celebraron el avance. Incluso, ayer mismo la Junta de Coordinación Política, anunció que ese sería el primer dictamen en ser puesto a discusión en la sesión de ayer, y finalmente por la tarde los diputados aprobaron de manera unánime y por la vía rápida, la eliminación del fuero para todos los servidores públicos, incluyendo al presidente de la República. Con 370 votos a favor, las reformas a la Carta Magna y se enviaron al Senado de la República para su análisis.

Esto, como suele ocurrir, fue una victoria con muchos padres. Por ejemplo, el presidente de la Junta de Coordinación Política (Jucopo), Marko Cortés Mendoza, destacó que fue su candidato presidencial, Ricardo Anaya, quien presentó la propuesta a nombre de Acción Nacional. “Todos los mexicanos sean o no servidores públicos podrán estar en un proceso del cual se les acuse, obviamente bajo el supuesto y principio de que todos somos inocentes hasta que se nos compruebe lo contrario”, puntualizó.  

Francisco Martínez Neri, coordinador del grupo parlamentario del PRD, expresó el respaldo al dictamen que representa la igualdad para todos ante la ley, “para que nunca más ningún servidor se escude con el fuero”. Incluso el candidato presidencial del PRI, José Antonio Meade, de inmediato utilizó el tema señalando que él sería el primer Presidente de México sin fuero. Lo cierto, al final, es que este era un tema que ya venía discutiéndose desde hace tiempo en nuestro país, y que varias entidades de la República —Oaxaca, entre ellas— ya habían avanzado eliminando dicha figura de sus Constituciones locales, como una forma de establecer nuevos parámetros de actuación para los servidores públicos de esos niveles.

TENDENCIA NACIONAL

Tan sólo en 2017, 11 entidades de la República votaron a favor de eliminar la inmunidad judicial a todos los servidores públicos. Entre ellos, la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México (enero), así como los congresos de Baja California (9 de marzo), Yucatán (15 de mayo), Nayarit (25 de mayo), Nuevo León (31 de mayo), Quintana Roo (15 de junio) y Coahuila (11 de julio). Antes ya habían hecho algo similar los estados de Morelos, Jalisco y Querétaro, y en Oaxaca también fue eliminado el fuero como parte de un proceso de consensos políticos logrado entre las dos principales bancadas en la LXIII Legislatura (PRI y Morena) para conseguirlo, a iniciativa de los propios morenistas.

En términos generales, estas iniciativas lo que buscan eliminar es la llamada “declaratoria de procedencia” que debía ocurrir para que cualquier servidor público dotado de inmunidad, debiera enfrentar a la justicia en las mismas condiciones que cualquier otro ciudadano. Esa inmunidad constitucional fue establecida desde que apareció la Constitución, como una forma de no de excluir a ciertos servidores públicos de sus responsabilidades relacionadas con la justicia ante la comisión de un hecho ilícito, sino más bien de garantizar su independencia para que nadie intentara presionarlos a través de acciones judiciales, para que realizara o se abstuviera de alguna conducta en específico.

De hecho, como durante mucho tiempo operó a plenitud el control político que significaba el poder del Presidente en el marco de un régimen de partido hegemónico —y él era quien decidía a quién se le aplicaba la justicia, y a quién no, independientemente de su calidad de servidor público— fue hasta hace pocos años cuando se vio el problema que representaba el llamado fuero para los servidores públicos, y particularmente para los representantes populares. Hasta el momento en que ocurrió el intento de proteger a Julio César Godoy Toscano de la acción de la justicia, se vio que el fuero sí podía servir para fines distintos para los que fue creado.

De hecho, a Godoy Toscano le siguieron otros casos patéticos como el de Luis Enrique Tarín García; o el de los gobernadores de Veracruz, Chihuahua y Quintana Roo que también estuvieron protegidos por el fuero para evadir sus responsabilidades frente a la justicia; y más recientemente el caso de un diputado local de Guerrero que es acusado de ser el verdadero líder de una banda criminal conocida como “los tequileros”. Esos, en un país de 120 millones de habitantes y una dinámica bastante compleja, pueden seguir siendo considerados como hechos aislados.

Al final, parece claro que al calor del proceso electoral sí pueden prosperar algunas iniciativas importantes, que quizá lleguen a convertirse en norma constitucional. Falta la consideración del Senado, que seguramente estará en una sintonía más o menos similar a la de la cámara baja, y posiblemente se allane a la iniciativa enviada por los diputados. Luego tendrá que ir a las entidades federativas para que sus legislaturas locales se pronuncien al respecto.

PISO PAREJO

Como sea, lo cierto es que la sola posibilidad de que un tema tan relevante como este se fije en la agenda pública, es ya un triunfo para todos los mexicanos. Propios y extraños debemos asumir que la evolución del servicio público debe apuntar hacia las responsabilidades, y que hoy ni siquiera el Presidente puede ser ajeno a ellas. Este debe ser un imperativo ineludible para que los mismos gobernantes y servidores públicos en general, sientan menos seguros de exceder sus funciones, o violar la ley, sin la posibilidad de que tengan consecuencias.

Destino anunciado de Andrés Manuel: de llegar a la Presidencia, se convertirá en rehén de sus aliados actuales

Hay —dicen— señales concretas que apuntan a que el ganador anticipado de la contienda presidencial será Andrés Manuel López Obrador. Esa es la razón por la que —también, dicen— hay todo un proceso adelantado de discusión sobre los proyectos a los que el tabasqueño pretende intervenir o para frenarlos o para modificarlos —tales como el nuevo Aeropuerto o las inversiones relacionadas con la reforma energética, entre otros—. También debería comenzar a verse quiénes serán los aliados, y quiénes los adversarios —hoy visibles e invisibles— del eventual “Andrés Manuel Presidente”.

En efecto, quienes desde hace doce años han abrevado los temores propios de quienes tienen ante sí lo desconocido, hoy parece que deben comenzar a procesar lo que algunos ven como irremediable: que Andrés Manuel López Obrador se convertirá en Presidente de México. Junto a ellos, están los que ven no con preocupación la llegada de un nuevo partido al poder, sino la posibilidad de que se cancelen algunos de los proyectos económicos más relevantes del país, a partir de planteamientos de campaña de quien podría convertirse en Presidente. Unos y otros deben asumir que ellos no serán ni los primeros adversarios del eventual nuevo Presidente, y que tampoco podrían ser los más importantes. ¿De qué hablamos?

De que para llegar a la Presidencia, Andrés Manuel ha explotado algunos de los argumentos y de los temas más sensibles del pasado reciente y el presente gubernamental: ha señalado que todos en el pasado han sido corruptos y que él no lo será; ha prometido terminar con estructuras jurídicas como la reforma educativa para congraciarse con el gremio magisterial —oficialista y disidente— y para apartarse de los proyectos de mejora educativa planteados al menos por sus dos antecesores inmediatos.

También ha cuestionado la viabilidad del nuevo Aeropuerto Internacional de México; y también ha puesto en entredicho la continuidad de los procesos de asignación de proyectos de exploración de pozos petroleros entre el Estado mexicano y particulares. Incluso, se ha mostrado a favor de someter a consulta algunos de los derechos más progresistas que la sociedad mexicana ha ganado en los últimos años. Y así. Pues básicamente, a Andrés Manuel le ha salido perfecta la estrategia de ir en contra de todo para ganar el consenso social a favor de un cambio, aunque hasta el momento parece no haber reparado en el enorme costo que tendrán, en el mediano plazo, las decisiones y los aliados con los que ahora quizá logre llegar a la Presidencia.

En esa lógica, quién sabe si Andrés Manuel López Obrador entienda que llegar a la Presidencia es un medio y no un fin. Es un medio para lograr mejores condiciones de democracia y gobierno para el país, y no un fin que más bien está relacionado con las ambiciones de poder. Cuando su lucha por la Presidencia se intenta entender desde la lógica de los fines y no de los medios, puede entenderse que todas y cada una de las decisiones y ofrecimientos que hoy está haciendo para congraciarse con el electorado, en otro momento tendrá costos que no necesariamente pagará él, sino que los terminaremos pagando todos los mexicanos independientemente de si a él le va o no le va bien en su periodo de gobierno.

LOS COSTOS

Es bien sabido, por ejemplo, que a Andrés Manuel pronto le rebotará el bumerang relacionado con la reforma educativa. Él ha prometido derogar todo el contenido de la evaluación docente actual, aunque no ha considerado la posibilidad de que no tenga mayoría en el Congreso, o que aún teniéndola, no logre generar el consenso legislativo necesario para volver a reformar el artículo tercero constitucional para poder cumplir con su planteamiento de “matar” la actual reforma educativa.

En cualquiera de los supuestos —incluso en una tercera posibilidad, que podría radicar en acciones legales que intentaran evitar la derogación de la reforma educativa, ya que en buena medida ésta engloba derechos fundamentales que pueden ser oponibles a través de distintos mecanismos de control constitucional—, el propio Andrés Manuel se convertiría en rehén de quienes hoy cree que son sus aliados.

Pues independientemente del desenlace que tenga esa historia, lo que sí es claro que es que no mucho tiempo después de iniciado su eventual gobierno, comenzaría a sentir no sólo la presión de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación —de quien ya es esperable la oposición, pues asumen esa postura casi por sistema—, sino también del SNTE, que en un momento dado podría también movilizarse para tratar de conseguir que el tabasqueño cumpliera sus promesas. ¿Quién perdería? Evidentemente, todos los mexicanos. Pero además de eso, en ese tema, él sería el principal rehén de sus aliados.

Otro ejemplo puede ser el aeropuerto. Andrés Manuel puede decir muchas cosas, pero lo cierto es que no será fácil detener una obra de tal envergadura, y tampoco será sencillo evadir las consecuencias que esto tenga. Si logra detener la obra, ello tendrá muchas consecuencias que irremediablemente tendremos que pagar todos por la inestabilidad que eso le acarreará al país. Pero si no logra detener la obra, quizá sea aún peor (para él). ¿Por qué? Porque entonces tendría nuevamente encima los cuestionamientos de todos aquellos a los que ahora ha convencido de votar por él, y a los que evidentemente no podría cumplirles tal promesa que hoy parece tan simple, pero que implica consecuencias de gran calado.

Algo similar ocurre con su doble moral relacionada con los derechos fundamentales. Hoy Andrés Manuel, a pesar de ser un personaje que ha militado en la izquierda, se congracia con los sectores más conservadores al asegurar que pondrá a consulta la permanencia de ciertos derechos ganados por las minorías, como los relacionados con el reconocimiento constitucional de algunas minorías, y más aún con temas como el matrimonio entre personas del mismo sexo, y otros que guardan relación con eso.

¿Qué ocurrirá? Que simplemente no podrá ni ponerlos a consulta; y que, en el caso que lo haga —fuera de la ley, porque según la Constitución los derechos fundamentales no pueden ser sometidos al juicio de la mayoría—, de todos modos no logrará ni derogarlos ni hacerlos retroceder, ni nada. Eso ocurrirá, y entonces de nuevo Andrés Manuel terminará siendo rehén de quienes hoy lo defienden por el incumplimiento de una promesa que —valga la redundancia— es imposible de cumplir.

DEMAGOGIA

Puede ser que él represente un cambio, y de ser así debería ser bienvenido. El problema es que ese cambio está lleno de demagogia, que aflora casi ante el más sencillo de los análisis. Aquí han sido planteados sólo algunos botones de muestra.

Imparte TSJE seminario de oralidad mercantil a organismo de abogados

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Jueces, expertos en la materia, imparten sus conocimientos a los integrantes de la Barra Mexicana Colegio de bogados de Oaxaca A.C

Para difundir el desarrollo de los Juicios Orales Mercantiles, así como los principios y bondades de este nuevo proceso de justicia, el Poder Judicial del Estado de Oaxaca (PJEO), a través de la Escuela Judicial, impartió el Seminario Introducción al Juicio Oral Mercantil a integrantes de la Barra Mexicana Colegio de Abogados de Oaxaca A.C.

En las instalaciones de los juzgados Civiles y Familiares del Centro, los jueces especializados en oralidad mercantil, Miguel Hernández Bautista y Martha Elena Gómez Carreño, expusieron a los abogados litigantes los puntos fundamentales que conforman el sistema oral en la materia.

“El objetivo de los Juicios  Orales Mercantiles no es nada más llegar a una sentencia, sino privilegiar la resolución de conflictos que puede ser a través de convenio”, comentó el juez Hernández Bautista.

Indicó que los antecedentes de la oralidad se encuentran en el derecho griego y romano, donde predomina la palabra hablada a la escrita para la resolución de conflictos; además, expuso que en las constituciones mexicanas ya se habla del sistema oral en temas judiciales.

“En la Constitución de Apatzingán, el Artículo 31 señala que ninguna persona debe ser juzgada ni sentenciada sino después de haber sido oído legalmente.  Eso significa que en un proceso alguien tiene que hablar para que alguien escuche. En la Constitución de 1917 ya se establecía que las personas serán juzgadas en audiencia pública por un juez  de ciudadanos que sepan leer o escribir; eso habla de la oralidad”, indicó el juez.

Señaló que entre los beneficios del Sistema Oral Mercantil es la disminución de tiempo en trámites; la eficacia en las notificaciones, las cuales se realizan de manera electrónica; así como el breve tiempo que tardan las audiencias de resolución, “que son en cuestión de minutos; la más breve que hemos tenido ha sido de dos minutos”, dijo Hernández Bautista.

Por su parte, la jueza Martha Elena Gómez Carreño  pidió a los abogados no comparar el Sistema Acusatorio Adversarial con el Sistema Civil, puesto que tienen diferencias al  tiempo de señalar que los principios que rigen al juicio oral mercantil son: oralidad, publicidad, igualdad, inmediación, contradicción, continuidad y concentración, los cuales deben comprenderse para que cada parte del proceso se realice de manera adecuada.

En este sentido, Gómez Carreño indicó que el Juicio Oral Mercantil es público, abierto a la sociedad,  que adecua los requerimientos a las necesidades de los justiciables tomando en cuenta los derechos humanos;  brinda las pruebas necesarias que permiten al juez resolver de manera eficaz y de manera especial, subrayando que no se debe ejercer violencia para reclamar derechos.

En tanto, la directora de Escuela Judicial, Yanis Santiago Rodríguez puntualizó que se organizan diversos talleres a fin de brindar capacitación a los abogados oaxaqueños, mientras que la representante de la Barra Mexicana de Colegio de Abogados de Oaxaca, Edna Franco agradeció el trabajo y disposición del Poder Judicial en compartir la experiencia y conocimiento a los integrantes de esa organización.

La Sección 22 siempre ha estado (y seguirá) presente en todos los procesos electorales

Se equivocan de forma permanente quienes suponen que la Sección 22 del SNTE es ente monolítico que responde a un solo criterio. Se equivoca también quien supone que el magisterio democrático sigue inopinadamente las indicaciones de su Comité Seccional e incluso de su Asamblea Estatal; persiste en el error, quien da por válido que el magisterio no se involucra en los procesos electorales. Todos estos son errores visibles, a partir del simple hecho de que la 22 siempre ha estado, y seguirá estando presente, en todos y cada uno de los procesos electorales porque su naturaleza política es no sólo la de un gremio, sino también la de un grupo de lucha social y de un grupo de presión determinante para la gobernabilidad estatal y regional.

En efecto, a muchos les causó sorpresa que el pasado sábado un contingente de integrantes de la Sección 22 del SNTE fuera a protestar a las inmediaciones de donde se realizaría un encuentro con militancia del candidato presidencial del PRI, José Antonio Meade, en la ciudad de Puerto Escondido. Fue así porque hasta la visita previa del abanderado presidencial priista —que fue a la capital oaxaqueña—, la 22 parecía haber sido ajena a las actividades del partido tricolor, y parecía también estar asumiendo su postura de ser respetuosa del proceso electoral, y de no tomar postura por ninguno de los candidatos o partidos.

No obstante, la presencia magisterial del sábado rompió esa fantasía y nos dejó ver lo que el análisis real ha indicado siempre: que el magisterio oaxaqueño sí participa de los procesos electorales; que sí apoya a partidos y candidatos en concreto; y que sí trata de influir siempre en el resultado de la elección, aunque no a través del activismo electoral sino de sus propios medios conocidos de lucha. En este caso, la acción magisterial del sábado en la costa oaxaqueña dejó ver la realidad a quienes insistían en asumir a la Sección 22 como ajena al proceso electoral.

Y es que, aún cuando parece erróneo afirmar que la Sección 22 tiene intereses electorales definidos, porque en cada proceso comicial la Asamblea Estatal del magisterio supuestamente decide y anuncia, incluso de manera expresa, no apoyar a ninguna fuerza política o candidato, y tampoco tener participación directa en el proceso electoral. El argumento que esgrimen para justificar dicha postura, es que ellos consideran que tanto los partidos políticos como sus integrantes, no representan las soluciones a las necesidades que tienen Oaxaca y el país. ¿Cómo interpretar estas dos visiones?

En esa lógica, es necesario comprender que cuando se analizan determinaciones y posturas como las de la Sección 22, la lógica que debe acompañarnos —como lo apuntamos en líneas iniciales— no es la de ciudadanos comunes, sino la de un grupo de lucha social y política que se asume como tal, pero que también se ajusta a los lineamientos básicos de un sindicato que se dice democrático, y que está identificado con los sectores más radicales de la izquierda en el país.

Así, es siempre de antemano previsible que, formalmente, la Sección 22 anuncie su decisión de no participar en la lucha electoral. La razón de esta postura, es que a través de esta decisión anunciada, ponen a salvo su congruencia como sindicato. Sin embargo, aun cuando nieguen su participación en política electoral, lo cierto es que dicha cooperación no sólo res real, sino que además es directa.

Es decir, que en cada elección ellos no promocionarán a partido o candidato alguno, pero sí emprenderán una especie de lucha paralela, a través de sus propios medios y con sus formas particulares, para conseguir el mismo objetivo que se plantean las fuerzas de izquierda —Morena, esencialmente— con las que están identificados. Ese objetivo, para los partidos, es ganar el gobierno; y para el magisterio, es básicamente la derrota del PRI y el triunfo del candidato con el que sí pudieran llegar a tener cierta identidad. Sin embargo, sólo irán juntos —el magisterio y el partido al que apoyen— hasta el momento de la elección. Porque si la oposición triunfa en los comicios, no pasará mucho tiempo antes de que la Sección 22 se declare como su adversaria.

EL CASO OAXACA

Así, la Sección 22 sí participa en lo electoral, y lo hace siempre desde la lógica opositora. En Oaxaca, por ejemplo, el magisterio democrático apoyó decididamente al candidato opositor Gabino Cué Monteagudo. Lo hizo a través de sus propios medios, y contribuyó de manera decidida a que ganara la elección. El problema es que casi al día siguiente de que se declarara el triunfo electoral del candidato que supuestamente era aliado y respaldado por el magisterio, la Sección 22 fue a reclamarle las respuestas que de antemano sabía que el futuro gobernante no podría ofrecerles. Y desde entonces se convirtió en su principal opositor.

Esto es lo mismo que le ocurrirá a Andrés Manuel López Obrador si llega a ganar la Presidencia. La 22, y toda la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, no sólo no lo respaldarán inopinadamente como sí quisiera el tabasqueño que ocurriera, sino que serán sus primeros críticos y los primeros que le reclamen las respuestas que esperan. Básicamente, irán a exigir que abrogue por decreto la reforma educativa y a que elimine todo tipo de evaluación docente —cuestión que quién sabe si les pueda y quiera cumplir AMLO, una vez que ya sea presidente.

Sin embargo, antes de que llegue ese momento del ajuste de cuentas, es cierto que la 22 hará todo para que gane Andrés Manuel. Por eso, ya tomaron participación en el proceso electoral a través de las manifestaciones del fin de semana en Puerto Escondido, y lo seguirán haciendo las veces que sea necesario para seguir nutriendo sus propias formas de participación política. Aunque a muchos no les agradan, lo cierto es que sus métodos sí son saludados por la militancia más radical e implacable, tanto del magisterio como del Candidato Presidencial de Morena. Y a ellos son a quienes hoy en día quieren mantener cautivos.

PARTICIPACIÓN COSTOSA

Lo que no ven es que el costo será altísimo. En primer término lo será para la ciudadanía y para quienes tengan que padecer sus movilizaciones y jornadas de lucha. Pero lo será mucho más para quienes hoy se asuman como sus aliados. Al final, la 22 es un gremio que ha demostrado no tener amigos ni aliados, sino intereses. Y esa es la lógica que los mueve, dentro de su enorme heterogeneidad, a participar activamente en la elección presidencial.

Los temores causados por la eventual cancelación del NAIM, son reflejo del fracaso del modelo federal en México

 

Es posible que cuando se disipe la polvareda que ha causado la intención del candidato presidencial de Morena, Andrés Manuel López Obrador, de cancelar la construcción ya en marcha del nuevo Aeropuerto Internacional de México, se alcance a ver que esta propuesta no sólo refleja la vocación rupturista de quien la ha planteado hasta machacarla en medio de la campaña presidencial, sino que también deja ver que como no existe en el país una inversión federal tan relevante en lo económico y social como el nuevo aeropuerto, entonces fue eso lo que lo volvió un blanco clave para tratar de demostrar su engañosa voluntad de cambio. Esta es una muestra más de cómo, a pesar de todo lo que se dice y se siga diciendo, el federalismo mexicano falla gravemente en lo que corresponde al fomento del desarrollo.

En efecto, una de las intenciones del federalismo es provocar un crecimiento económico y el logro del bienestar en todas las partes que integran la unión. Esto es, pues, que el federalismo no es únicamente parte de un sistema político ni tiene sólo intenciones o fines relacionadas con la división de poderes o el reparto de facultades en una República. Más bien, el federalismo se expresa en un sinnúmero de temas que vale también la pena revisar, aunque en México sólo sirva para reconocer que, a diferencia del estadounidense, por ejemplo, nuestro federalismo está lleno de contrastes no sólo en las decisiones políticas o en las leyes, sino también en el tipo de desarrollo de las economías locales.

De hecho, en este espacio hemos apuntado a lo largo de los últimos años el hecho de que todas las reformas impulsadas por el gobierno federal con el regreso del PRI, tuvieron un claro ánimo centralizador. Por eso en cada una de las reformas, uno de los temas de fondo radicaba siempre —como una especie de leitmotiv— en quitarle espacios y vertientes de decisión a los estados o a otros poderes, para regresárselos al poder federal. El argumento de justificación apunta a que los estados no fueron capaces de darse orden por sí solos, y que por ende es una medida emergente que esas facultades retornen a la Federación (que, se infiere, es fuerte) para que ésta reimplante lo perdido.

Esto puede ser parcialmente cierto, pero también lo es que esa no es una expresión de federalismo. Pues éste implica de fondo la necesidad de que la federación se fortalezca para luego darle a sus partes integrantes los elementos necesarios para que éstos también alcancen su desarrollo. Esto no ha ocurrido en México, y por eso tenemos a un gobierno federal fuerte frente a entidades federativas desordenadas, incapaces, débiles y, por si algo faltara, muchas de ellas pobres y un panorama general de enormes desigualdades.

Y es que si revisamos, Estados Unidos, por ejemplo, ha demostrado que un federalismo bien planteado puede generar economías de potencial mundial. Por eso no es raro que Nueva York, Los Ángeles, Chicago, Washington, Houston, Dallas, Filadelfia o Boston, entre otras, se encuentren entre las veinte ciudades con mayor Producto Interno Bruto del mundo, y que la Unión Americana sea el país que tiene más ciudades tan desarrolladas que por sí solas podrían ser economías independientes y con capacidad de competir con grandes países como Japón, Francia o Korea del Sur.

Si vemos este asunto en un mapa, veremos que a pesar de que Nueva York y Los Ángeles son ciudades distantes de polo a polo, que tienen muy poco en común, y que corresponden a contextos políticos e históricos totalmente distintos, ambas tienen un potencial de desarrollo que sólo puede explicarse a partir de la decisión de Estado de fortalecer todas las regiones del país a la par, sin hacer distinciones de norte o sur, este u oeste, o cuestiones que en México son tan marcadas que lo tomamos como algo natural. Pues de ser así, entonces Chiapas y Nuevo León deberían de tener un desarrollo más o menos similar, y lo cierto es que Nuevo León es la segunda economía local del país, y Chiapas junto con Oaxaca se encuentra en el sótano del desarrollo.

PARADOJAS

Y es que el pobre desempeño que tiene la economía mexicana, ni es pobre en todos lados, ni aplica generalmente a la economía. Decir que México no crece es olvidar que en nuestro país hay estados que durante ciertos periodos bien podrían ser clasificados como tigres asiáticos, conviviendo con entidades que sufren crisis económicas de proporciones similares a la griega. El problema no es que México no crece, sino que crece a 32 pasos diferentes. Unos estados avanzan a la par que otros le ponen el pie.

En medio de todo esto, se encuentra el caso del aeropuerto, al que deberíamos ver como un verdadero símbolo de lo mejor y lo peor de este modelo que nos rige. Pues es cierto que dicha terminal aérea está proyectada para ser una de las más importantes del mundo y, de hecho, la segunda mayor de todo el orbe. Es también cierto que tiene una proyección de utilidad para los próximos 100 años y que representa un triunfo de las capacidades de la ingeniería mexicana —aún con la sombra de la corrupción que, independientemente de lo que diga AMLO, no deja de ser un tema sensible no sólo para esa obra, sino para todas las inversiones públicas del país—.

Aún así, queda claro que dicha inversión podría no ser ni la única ni la más grande que pudiera estar haciendo el gobierno federal mexicano, si hubiera actuado con mayor responsabilidad durante los años de jauja económica que precedieron a la época actual. Es cierto que la obra aeroportuaria es importante; sin embargo también es cierto que las capacidades tanto del gobierno federal como de los estatales están hoy tan reducidas, que por eso mismo cuando una sola obra está en riesgo por las proclamas de campaña de un candidato presidencial, toda la economía tiembla, junto con los magnates y los inversionistas, y todos los que están viendo cómo desde dentro le dan golpes de muerte a esa obra totémica de la infraestructura mexicana, que es la única de esa envergadura que se ha podido concretar en los últimos años.

CAPRICHOSOS

Todo eso debería tenernos preocupados a todos. Máxime cuando lo que la está poniendo en riesgo, es justamente el capricho y la testarudez de una sola persona, que no ha podido explicar ni convencer sobre su convicción por eliminar la obra, y que tampoco ha presentado un proyecto alternativo convincente y viable que alivie la incertidumbre de los inversionistas. Ese parece ser algo así como el peor escenario, para un país en el que toda la estabilidad emocional y económica en general, depende de una sola voluntad, y de una sola obra.

Diálogo cordial entre líderes del SEPJGEOIC y Bolaños Cacho

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Se reúne con los integrantes del nuevo Comité Ejecutivo que encabeza el Secretario General, Miguel Esteva Domínguez

El titular del Poder Judicial, Magistrado Raúl Bolaños Cacho sostuvo este lunes una cordial reunión de trabajo con la nueva dirigencia del Sindicato de Empleados del Poder Judicial del Gobierno del Estado de Oaxaca e Instituciones Conexas (SEPJGEOIC) que encabeza el abogado Miguel Esteva Domínguez.

En el encuentro celebrado en el Salón de Plenos del TSJE, ubicado en Ciudad Judicial, Esteva Domínguez presentó a Bolaños Cacho a los nueve integrantes del nuevo Consejo Ejecutivo de su sindicato, y le informó que la Junta de Arbitraje para los Empleados al Servicio de los Poderes del Estado (JASPE), les otorgó la toma de nota correspondiente, luego de una elección democrática celebrada el pasado 8 de febrero.

El dirigente sindical, Esteva Domínguez indicó al Magistrado Presidente que la nueva dirigencia que estará en funciones del 2018 al 2021, mantendrá sus relaciones con el Poder Judicial teniendo como base el diálogo y el respeto.

 A su vez, el Presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado y del Consejo de la Judicatura, Magistrado Raúl Bolaños Cacho felicitó a los nuevos dirigentes por este cargo, al tiempo de reconocer la importancia de los empleados sindicalizados en la atención de los justiciables.

Les informó que en breve entrarán en funcionamiento los centros de justicia de Tuxtepec, Ejutla y Sola de Vega en cuyos modernos edificios los empleados encontrarán las comodidades para realizar su trabajo con eficacia.

Bolaños Cacho los exhortó a seguir trabajando con responsabilidad, tal como lo exige la sociedad y los invitó a través del diálogo constructivo a aportar propuestas y sugerencias para engrandecer a este Honorable Tribunal.

En la reunión estuvo presente el Director de Gestión Administrativa, licenciado Óscar Valencia Henestrosa, así como el contador Antonio Díaz Aragón, Director de Administración.

El Senado será el contrapeso, o el ‘atorón’, para el próximo Presidente de la República

Toda la atención está puesta en la elección de Presidente de la República, sin considerar que buena parte de la gobernabilidad y la capacidad de gestión que pueda tener el sucesor de Enrique Peña Nieto, se deposita justamente en la relación que éste tenga con las cámaras legislativas. Preliminarmente, los números apuntan a la posibilidad de que, por primera vez, un partido de izquierda (Morena) tenga una bancada lo suficientemente robusta como para desbancar al PRI; que las bancadas de las fuerzas hoy coaligadas (PAN-PRD) crezcan; y que el PRI sea reducido a tercera o cuarta fuerza política. Independientemente de quién sea el próximo Presidente, esa es una noticia hoy agridulce para el funcionamiento del aparato estatal durante los próximos años.

En efecto, en los últimos años se ha reflexionado con cierta profundidad acerca de los efectos que ha tenido en la democracia y el gobierno en México, el hecho de que desde 1997 no exista una mayoría legislativa definida. Se ha dicho, por un lado, que eso ha sido consecuencia de la pluralidad política en México y que eso debe ser asumido como una de las improntas de nuestra joven democracia. En la contracara, se afirma que la pluralidad política ha significado un freno importante a la posibilidad de consolidar grandes acuerdos nacionales, en aras de superar no sólo las diferencias políticas, ideológicas o de opinión, sino sobre todo de establecer condiciones de desarrollo y crecimiento para el país que no signifiquen rupturas entre los grupos políticos opositores entre sí.

En esa lógica, lo que sí queda claro es que uno de los grandes pendientes de la democracia en México, radica en que nuestros partidos no han sido capaces de construir un sistema de coaliciones que le aporte estabilidad y certeza a los acuerdos políticos y legislativos, y tampoco han demostrado la civilidad suficiente como para asumir las corresponsabilidades derivadas de dichos acuerdos, más allá de la tentación de aventar el tablero (como lo hacen de forma recurrente) cuando el juego les deja de ser favorable, o cuando éste comienza a mostrar los costos políticos ocultos, dentro de los aparentes beneficios inicialmente vislumbrados.

Por esa razón, parece que la pluralidad legislativa ha sido una especie de ‘atorón’ para la eficacia gubernamental en los últimos años, y en ese marco ni siquiera el Pacto por México logró tener un destino distinto. Siguiendo la lógica de mantener un acuerdo según conveniencias, hoy los mismos que votaron a favor algunas de las reformas incluidas en el Pacto (la educativa es ejemplo perfecto de ello) están proponiendo su derogación. Es justamente lo que hoy plantea el candidato del PAN-PRD-MC, Ricardo Anaya Cortés, respecto a la reforma educativa, que apenas en 2013 fue respaldada y votada a favor por dos de los tres (los dos más importantes) partidos que lo postulan como candidato a la Presidencia.

Así, queda claro que el reto que viene a partir de diciembre próximo es mayúsculo para la gobernabilidad y la relación entre los poderes Legislativo y Ejecutivo. Sea quien sea el próximo Presidente, deberá enfrentarse a una cámara con una mayoría de izquierda, pero sin los espacios suficientes para generar los consensos que se traduzcan en votaciones a favor ni siquiera para reformas legales, y qué decir de las modificaciones constitucionales, en las que además participa el consenso de los gobernadores y las legislaturas estatales. La situación, en un extremo, no parece simple para el próximo Presidente; pero, en el otro extremo, ese podría convertirse en uno de los frenos más importantes frente a las tentaciones autoritarias de quien pudiera ser el próximo Presidente.

LOS NÚMEROS

En su entrega de ayer domingo (https://bit.ly/2IW83st) en la columna Retrato Hereje, el periodista Roberto Rock Lechón ofrecía una perspectiva de cómo se integraría la próxima Legislatura en el Senado de la República, si las encuestas y sondeos de opinión reflejan una realidad correcta de las preferencias electorales para los partidos políticos.

Rock apuntaba: “Las proyecciones establecidas por diversas encuestas concluidas en las semanas recientes ubican, hasta ahora, al PRI con una bancada de aproximadamente 20 escaños, sumando ya las fórmulas de mayoría relativa, primera minoría y representación proporcional que suman un total de 128 bancas.

Se trataría de la más débil representación senatorial del partido oficial en sus casi 90 años de historia, y muy lejana de los 55 integrantes que coordina actualmente Emilio Gamboa. Esta última podría ser, paradójicamente, la cifra que alcanzara la organización creada por Andrés Manuel López Obrador, un dato insólito para un partido virtualmente recién nacido. El Frente que integran PAN, PRD y Movimiento Ciudadano acumularía 44 bancas, y el resto (9) quedaría en otras manos, entre ellas muy probablemente las de al menos un independiente.

Bajo esta nueva realidad, se desfondará la proyección imaginada por diversos actores de la administración Peña Nieto y el PRI mismo para contar una cabeza de playa en el Senado, sea cual fuere el resultado de la contienda presidencial.”

Podría parecer que sólo habrá dos bancadas fuertes: Morena y la del Frente actual. El problema es que así como Morena tiene amplias posibilidades de ganar también la Presidencia de la República y aún así su numerosa bancada no le serviría de mucho sin las alianzas legislativas necesarias y correctas, también es claro que difícilmente podría sobrevivir la alianza PAN-PRD-MC si Ricardo Anaya no gana la Presidencia, y por ende esa supuesta bancada de alrededor de 44 escaños en la cámara alta, en realidad serían dos bancadas en la que la más numerosa de ellas no llegaría a tener más que unas 25 posiciones y la otra ser incluso menor que la del PRI.

¿Por qué es importante esto? Porque nuevamente la perspectiva que queda es que el próximo Presidente tendría que construir consensos. Y dada la historia de desavenencias entre los últimos tres Presidentes y el Congreso siempre que lo que está en juego son conveniencias e intereses políticos y electorales, lo cierto es que eso no parece fácil. Mucho menos cuando se piensa en la posibilidad de derogar disposiciones sensibles como las de las reformas de los últimos tiempos, como la educativa o la energética.

PANORAMA GRIS

Al final, no se puede pensar que después del 1 de diciembre los partidos sigan pensando en la lógica actual. A partir de entonces cada uno de ellos verá sus propias conveniencias e intereses. Y si el próximo Presidente no logra construir alianzas correctas y duraderas, lo más probable es que veamos otros seis años de cambios institucionales parciales, desencuentros, recelos y disputas entre el Presidente y el Congreso. Nada distinto de lo que hemos visto en los últimos años.

La liberación del médico en el caso del niño Edward, ni revictimiza ni genera impunidad

La puesta en libertad del médico especialista implicado en la muerte del niño Edward, puede generar una polvareda de verdades a medias y presunciones infundadas que, por la salud de la convivencia entre la sociedad y la comunidad médica oaxaqueña y del país, debe disiparse lo más pronto posible. Es cierto que el médico fue puesto en libertad. Pero también lo es que, independientemente de ello, el proceso judicial no está concluido, ni tampoco está desvirtuada la acusación que formuló en su contra la Fiscalía General del Estado.

En efecto, desde las primeras horas de la tarde de ayer circuló la versión, que luego se confirmaría, de que el médico Luis Alberto P.M. habría de recuperar su libertad luego de que los magistrados del Tribunal Superior de Justicia resolvieran la apelación al auto de vinculación a proceso y el establecimiento de la pena de prisión preventiva, que un Juez de Control le había impuesto al galeno, luego de que le fuera ejecutada una orden de aprehensión por la comisión del delito de homicidio doloso con agravante de responsabilidad médica, y por eso mismo fuera presentado para comunicarle la imputación y decretar su vinculación a proceso.

Esta determinación inicial del Juez de Control, fue lo que generó la inconformidad de la comunidad médica en Oaxaca y en el país, que desde el primer momento salió a protestar por el hecho de que su compañero médico hubiera sido puesto en prisión. Esencialmente, los galenos argumentaban que los médicos se preparan para salvar vidas y no para matar personas, y que por esa razón no se podía “criminalizar” la labor de un especialista que sólo hacía su trabajo. Lo cierto es que la protesta tenía como base la decisión de meter en prisión del médico imputado, pues en realidad el ejercicio de ningún profesionista —y sus consecuencias— está excluida de posibles responsabilidades frente a la sociedad, y en esa lógica el gremio médico no es ni debiera ser la excepción.

Ahí comenzó una cadena de linchamientos, que sólo desvió la atención de los temas de fondo, y alimentó la división entre la sociedad oaxaqueña. Toda la comunidad médica acusó al Fiscal General del Estado de estar actuando indebidamente, a pesar de que la función principal del Ministerio Público es la de perseguir la comisión de delitos, y formular acusaciones cuando considera que existen elementos necesarios sobre la posible comisión de un ilícito, para ponerlos a la valoración y consideración de un juez del Poder Judicial.

Del mismo modo, la comunidad médica argumentaba que no debía criminalizarse la labor profesional de los médicos, cuando en realidad de lo que se trata es de desvirtuar la acusación penal formulada por la Fiscalía y aceptada por el Juez, de que los médicos imputados actuaron incorrectamente y que, o por una negligencia, o por un acto deliberado, provocaron la muerte del menor. Incluso, en el enfrentamiento retórico hubo quien acusó a los padres del menor fallecido de estar actuando dolosamente, cuando lo cierto es que como víctimas de un delito ellos están en la postura natural, esperable, deseable y necesaria de pedir que, en justicia, se le dé a cada quien lo que le corresponda frente a este caso.

FALSAS APRECIACIONES

La comunidad médica demandaba que la Fiscalía retirara la acusación que formuló en contra del médico. Esto no sólo no iba a ocurrir ya que el propio Fiscal General dijo que eso sería algo que esa institución simplemente no haría; pero tampoco habría podido ocurrir así de forma lisa y llana, ya que las víctimas del delito presuntamente cometido también tienen derecho a exigir justicia, y a buscarla en los tribunales incluso frente a una eventual decisión unilateral del Fiscal General de retirar la acción penal ejercida ante el juez penal.

Lo cierto es que independientemente de cuál sea la situación en la que se encuentre el médico, respecto a su integridad personal, lo cierto es que el procedimiento deberá continuar hasta su conclusión. Lo único que habrían revalorado en este momento los magistrados que revisaron la medida cautelar de prisión preventiva, impuesta por el Juez de Control, es respecto a que el médico imputado no es susceptible de sustraerse a la acción de la justicia, y que por ende puede continuar en libertad durante todo el tiempo que dure el desahogo del juicio.

Por esa razón, es incorrecto suponer que lo que se hizo fue concretamente un acto de justicia, ya que hasta el momento siguen sin ser valorados todos los elementos objetivos, que al final tendrán que servir para llegar a una conclusión de culpabilidad o inocencia del médico que ayer fue liberado, y de la anestesióloga que también está procesada pero que desde el inicio pudo enfrentar esta situación en libertad. Por eso, no se puede hablar aún de justicia, porque la justicia no está sujeta a la mayoría de razón ni a las presiones sociales. Quizá hubo algún elemento social o político, de prudencia para la distensión del conflicto, lo que en parte habría motivado la resolución de los magistrados. Sin embargo, para efectos del fondo del juicio esencialmente todo esto no significa nada aún.

Por todo ello, es necesario esperar a que el caso continúe su curso, y a que finalmente sea en los tribunales en donde todo esto se dirima. Es imposible pensar, o suponer, que por una decisión inicial todo el asunto cambie el curso. También es necesario que todos, el gremio médico y la sociedad, asuman la responsabilidad y el valor civil para apostar a que sean también profesionales, en este caso del derecho, quienes en sus calidades de abogados y jueces, además de todos los peritos que deban participar, sean quienes contribuyan a esclarecer el hecho, encontrar la verdad y establecer el grado de responsabilidad que pudo tener cada uno de los implicados.

Para todos será costoso el linchamiento social al que se sometió a la Fiscalía General, a los jueces y a todos los que de alguna forma están involucrados en este hecho. Ni eso, ni la presión social, elimina el hecho de que todos estamos frente a la comisión de un acto ilícito, y a que independientemente de que éste sea doloso o culposo, de todos modos causa gran dolor a la familia y sus seres queridos, y por eso mismo debe ser investigado hasta sus últimas consecuencias, igual que cualquier otro caso similar cometido por cualquier otro profesional de cualquier ramo, en el ejercicio de sus habilidades y conocimientos profesionales.

NI IMPUNIDAD, NI NADA

Se ha revictimizado a los padres del menor, con el linchamiento y el señalamiento social, no con la libertad provisional del médico imputado. Esto, a su vez, no genera impunidad porque nadie ha sido exculpado de nada. A este proceso le queda aún mucho por delante.