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A Sección 22 no le importa su reputación

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Por eso, irán de frente hasta hallar límite

 

Hay quienes todavía consideran que la Sección 22 del SNTE perteneciente a Oaxaca, y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, basan sus acciones en cuestiones como la aceptación o repudio ciudadano, el resultado de sondeos de opinión, e incluso en las consecuencias que puedan tener sus acciones frente a terceros. Nada de eso les importa en realidad. Y por eso las opciones se terminan frente a un gobierno federal que dentro de poco tiempo deberá optar o por dar una gran lección de política, o tomar la fuerza frente a quienes quieren poner en entredicho su autoridad.

Vayamos por partes. Pues por un lado, debemos primero entender que el magisterio de Oaxaca, y de otras entidades que se encuentran protestando en la Ciudad de México, no tienen en su agenda cercana la posibilidad del regreso a las aulas y que, como lo anunciaron ayer, no sólo buscarán regresar al zócalo de la capital, sino que incluso anunciaron que intentarán sitiar toda la Ciudad de México para demostrar fuerza y para reiterarle a los tres poderes federales su rechazo a la reforma educativa. Por el otro extremo, queda claro que el gobierno puede hacer muchas cosas, menos posponer indefinidamente la solución a este conflicto.

Todo esto significa, en términos generales, que el desalojo de maestros ocurrido la semana pasada en la capital del país, no sólo no terminó con el problema de las protestas y el paro de labores, sino que pospuso —quién sabe hasta cuándo— el regreso a clases. Como ocurre cada que alguien toma una decisión de fuerza contra la CNTE, ésta decidió re victimizarse y no sólo no regresar a clases, sino reforzar el plantón e intentar acciones de mayor fuerza. Es, digámoslo así, un berrinche a gran escala.

Ante esto, el gobierno federal tiene cada vez menos opciones. La primera de ellas, es la salida política, que en estos momentos no parece muy posible, debido a que los maestros de la Coordinadora —y en eso los de Oaxaca también son punta de lanza— tienen objetivos que consideran como inamovibles e innegociables. Los maestros, pues, han ido a un “todo o nada” a las mesas de negociación con la Secretaría de Gobernación. Eso está condicionado por la fuerza que toman los grupos radicales que no aceptan victorias parciales ni cesiones frente a cualquier negociación o argumento. Y queda claro que en esas condiciones el margen de negociación casi se reduce a cero.

Una segunda opción que tendría el gobierno federal es la de comenzar a forzar una solución a partir del agotamiento de los inconformes. La CNTE asume que tiene la fuerza suficiente para continuar indefinidamente esta jornada de protestas. Hasta el momento, el magisterio democrático ha tratado de esconder la merma que ya tienen sus bases, y asume que con sus incondicionales (que no son los 70 mil maestros de Oaxaca, ni todas las secciones magisteriales en las que tiene presencia la Coordinadora) podrá continuar su estancia en la capital del país.

Es aventurado hablar de cifras. Pero lo que sí queda claro es que hoy en día el magisterio oaxaqueño (que está acostumbrado a la seguridad del salario, pero que hoy en día tiene dos quincenas retenidas) no tiene la misma capacidad y disposición para la movilización que como lo tuvo hace apenas un mes.

En este sentido, es clave la forma de autofinanciamiento del magisterio: de cada delegación sindical o centro escolar, un grupo de profesores es el que decide trasladarse a las protestas, y todos los demás cooperan con dinero para el pago del traslado, de la alimentación y del hospedaje, si es que deciden no pernoctar en el sitio del plantón.

Mientras tenían el salario asegurado, los maestros podían rotar o “calendarizar”, sin problemas, la presencia periódica de cada uno de ellos en las movilizaciones de la capital del país, junto con la cooperación de todos los demás. Así el desgaste económico y físico se relativizaba, tanto para quienes iban a las protestas como para quienes las financiaban. El problema es que ahora no tienen fuentes para el autofinanciamiento. Y aún frente a las presiones del Sindicato (que está utilizando verdaderas medidas de fuerza para obligar a sus agremiados a continuar en la protesta), el desgaste pronto será inocultable para la Coordinadora, que hasta ahora sigue aparentando que su fuerza está intacta.

 

LA SOLUCIÓN DE FUERZA

El gobierno federal aplicó una medida de fuerza al gordillismo que controlaba el SNTE: metió a la cárcel a su dirigente, y envió sendas amenazas a todos aquellos que pretendieran inmolarse en defensa de la profesora Elba Esther Gordillo. Así, en poco tiempo los alineó a todos. ¿Qué hacer en el caso de la CNTE?

En este asunto hay varios problemas que reducen las opciones de solución: la CNTE no tiene un dirigente visible. De hecho, está claro que Rubén Núñez, el líder de la Sección 22, está actuando presionado y arrastrado por las resoluciones de un Sindicato que él no controla. De la sola Sección 22, hay más dirigentes subrepticios que líderes visibles. Así que “descabezar” a la 22 encarcelando a Núñez no resolvería nada. Y lo mismo pasa con la CNTE, que tiene una estructura de mando horizontal y casi furtiva, que no es la que se sienta a negociar con las autoridades federales.

¿Qué hacer? Al gobierno federal le quedarían pocas opciones. Una sería comenzar a desmantelar los elementos que le dan fuerza a la Coordinadora. Es decir, desmantelar estructuralmente lo que les da fuerza, como el control salarial y administrativo que tiene el Sindicato sobre sus agremiados (salarios, prestaciones, escalafón, ubicación, etcétera). Otra, de más fuerza, tendría que pasar por la posibilidad de dar por terminada la relación laboral con los paristas, y ofrecer (como lo hizo con el SME) un atractivo programa de retiro en aras de desmovilizar a la mayor cantidad de maestros, y entonces sí focalizar a los radicales  en una resistencia menor y más controlable, que les permitiera una salida negociada en el mediano plazo, o incluso optar por la vía de dejarlos en su resistencia por tiempo indefinido.

 

ENCRUCIJADA

Esto, como queda claro, es un verdadero ajedrez en el que las piezas, a partir de ahora, deben moverse con mucha cautela e inteligencia porque de ello depende el inicio del ciclo escolar. Finalmente lo que está en medio, y es de lo que menos se habla, es el profundo daño a la educación de más de un millón de niños y jóvenes, que siguen esperando el regreso a las aulas.

Federación ante CNTE: ahora empieza la política

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Problema no está resuelto: ¿dejarán que se pudra?

 

El gobierno de la República tomó una decisión importante el viernes cuando decidió desalojar a los profesores de la Sección 22 del SNTE del zócalo de la Ciudad de México, y ahora debe demostrar que su capacidad política es más que el solo acuerdo del Pacto por México, y que su interés de fondo es por la educación a ras de suelo, y no sólo por ver concretadas las reformas estructurales como una pose y como un triunfo político del Presidente de la República. El problema de la CNTE no está resuelto, y el gobierno ahora debe demostrar que sabe hacer política.

En efecto, el problema no sólo no se resolvió el viernes con el desalojo de maestros de la Plaza de la Constitución en la capital del país, sino que con esa acción se les dio motivos para continuar lejos de las aulas. Al gobierno del presidente Enrique Peña Nieto le interesaba mucho que el zócalo estuviera despejado el fin de semana, para poder llevar a cabo el tradicional Grito de Independencia la noche de anoche, y para que se desarrollara en condiciones normales el Desfile Militar del 16 de septiembre, particularmente en este que es un año emblemático por conmemorarse el centenario del Ejército Mexicano. Pero, ¿ya sabe el gobierno federal qué hará con los maestros una vez que pase la celebración de la independencia?

El problema de fondo, a nuestro juicio, es el siguiente: los maestros de Oaxaca cumplen hoy su quinta semana de paro. En Oaxaca, un millón 300 mil niños y jóvenes que cursan su educación básica en escuelas públicas, no han iniciado el ciclo escolar. Los mismos maestros están metidos en una espiral de radicalismo que los tiene sin laborar, sin salario, y sin muchas posibilidades de acuerdo. El movimiento magisterial fue, como siempre, tomado por los radicales que aprovecharon los recovecos de la negociación –y la urgencia del gobierno por desocupar la plancha del zócalo– para tomar el control. Es decir, que no hay clases. Y no hay claridad en qué solución se le dará al conflicto.

En este sentido, consideramos que el desalojo del viernes no sólo no fue solución al conflicto magisterial, sino que agravó las cosas y alejó la posibilidad de solución. La acción policiaca, está visto, no arregló nada frente a una dirigencia magisterial que no necesita más que unas horas para reorganizarse y regresar por lo que les quitaron. Y lo más grave es que la acción policiaca le dio razones (la gran mayoría poco válidas, aunque frente a los hechos eso ya es lo de menos) a otros grupos que sólo estaban esperando ese momento para enquistarse al movimiento magisterial e ir a protestar juntos.

Todo eso está pasando. Ayer domingo, el magisterio de la Sección 22 anunció que el miércoles irá a recuperar su plantón en la plancha del zócalo de la capital del país; pero ya no lo harán solos, sino que ahora irán junto con otros grupos como el SME, Morena, y varios más (hasta los anarcopunks) que nada tienen que ver con el conflicto magisterial, pero que ahora están regodeándose porque tienen motivos para hermanarse con una lucha, para abrir márgenes de negociación con el gobierno federal (que antes no los consideraba) y para tratar de sacar ganancias de la prolongación de este movimiento que tiene un costo social elevado, pero un costo educativo que es incalculable.

 

ABRIR LA POLÍTICA

Hasta ahora el gobierno federal ha hecho otras cosas, pero no política con el magisterio. Sus vías de solución han sido las siguientes: que los maestros acepten la nueva ley, porque el acuerdo de partidos políticos logró aprobarlas en las dos cámaras legislativas fueron aprobadas. Fue eso, o la solución policiaca de disolución. La Secretaría de Gobernación no ha querido ceder en las exigencias magisteriales, y tampoco ha fomentado una solución al nivel del gobierno de Oaxaca. ¿Entonces?

Podríamos pensar que lo más fácil para el gobierno federal, en estas condiciones, es dejar que el problema se traslade a Oaxaca y aquí se pudra. El problema es que en estos momentos, el tema magisterial ya no es un tema local ni regional (de Oaxaca o del sureste del país) y más bien es un tema toral perfectamente fijado en la agenda pública nacional. Hagan lo que hagan, los maestros de Oaxaca continuarán teniendo atención nacional hasta que efectivamente regresen a clases y den por terminada la actual jornada de lucha.

Hay una razón clara para ello: este conflicto se generó por la decisión del gobierno federal por las reformas en materia educativa, y la resistencia del magisterio oaxaqueño. En este escenario, el gobierno de Oaxaca quedó rebasado ante la dinámica nacional. Por eso, mientras los maestros sigan en la Ciudad de México (o incluso si regresan a Oaxaca, pero continúan con el paro de labores) y no inician el ciclo escolar, la responsabilidad de fondo será del gobierno federal, y el costo lo pagará el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, a quien se le cargará el costo de no poder resolver este problema.

Por eso, lo que pase en esta semana será determinante. La Secretaría de Gobernación debe hacer un manejo quirúrgico del asunto para diseccionar bien el problema, para separar a los elementos ajenos al tema magisterial, para negociar ya no sólo con el dirigente magisterial, Rubén Núñez (que claramente fue rebasado por los grupos radicales de la Sección 22, que reventaron el acuerdo de la entrega del zócalo, y que son quienes empujan fuerte para regresar a él el miércoles) sino para construir entendimiento con quienes justamente no quieren un arreglo.

Y sobre todo para que, al margen del tema estrictamente policiaco, este conflicto pueda ahora sí tener una solución de fondo que permita el regreso de los maestros a las aulas, y el fin de este paro que puede continuar de forma indefinida, a costa de los niños y jóvenes que no tienen clases, y también a costillas de los miles de profesores que (por recuperar sus quincenas perdidas, o realmente por convicción, o por preocupación por el daño que están provocando) ya quieren regresar a clases.

 

OTRO 2006

Algunos por alarmistas, otros por soñadores, pero no faltó quien todo el fin de semana se la pasó diciendo que estábamos en la antesala del 2006. Pero, de risa, no fueron más que un puñado de chavos banda (o normalistas… casi lo mismo) quienes se dedicaron a molestar a la ciudadanía. Protestantes que hacían barullo sólo en el día, porque en la noche había que ir a ver la pelea del Canelo, o a dar El Grito. Nada habrá de otro 2006. La ciudadanía, creemos, sí aprendió la lección.

Recentralización educativa: ¿fracaso del federalismo?

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+ ¿Por qué Federación asume control de los profesores?

Uno de los temas torales de la iniciativa fiscal que presentó el domingo el Gobierno de la República, radica en que la Federación pretende retomar el control del pago de salarios de todos los profesores del país. Esta es una medida mayor, que no sólo es un signo claro del fracaso de la llamada descentralización educativa emprendida por el gobierno federal a principios de la década de los noventas, sino que también podría ser un reflejo fiel del federalismo mexicano que es falso por partida doble: en primer término porque los estados han sido incapaces de cumplir con una atribución básica que les fue conferida; y en segundo plano porque la misma Federación falló, o que se resistió a cumplir con su deber de fortalecer a las entidades ante la facultad que les otorgó.
En efecto, para entender este tema es necesario ir por partes. Pues de entrada queda claro que este es un tema que está lejos de ser nuevo, o carente de un diagnóstico actualizado. Desde siempre se ha sabido que la descentralización educativa sirvió en mucho para que entidades como Oaxaca se convirtieran en rehenes de las secciones magisteriales que, bien organizadas, encontraron formas eficaces de presionar a los gobiernos estatales ya no para conseguir mejoras en el ámbito educativo, sino para adjudicarse victorias económicas o políticas que no fueron proporcionales a los bajos niveles de aprovechamiento educativo que han alcanzado en casi tres décadas.
Frente a esta realidad, una pregunta que nos hemos realizado en otros momentos (ver Al Margen 27.03.13), y que hoy encuentra respuesta con la propuesta del gobierno federal, es: ¿Qué debe hacer el Estado en su conjunto para reasumir su responsabilidad en el ámbito educativo? La respuesta ha sido clara desde siempre: volver a tomar el control de la educación para rectificar lo que se ha torcido, pero también para hacer que lo que dice la Constitución se cumpla.
Uno de los pasos fundamentales para hacer que la ley se cumpliera fue justamente el de elevar a rango constitucional ciertos criterios relacionados con la evaluación y con los estándares de calidad que deben cumplir todos aquellos que están parados frente a un grupo de alumnos, así como también el establecimiento de los mecanismos para normar correctamente la vida y la evaluación de los profesores. El paso político que se dio en concordancia con ello fue el descabezamiento del gordillismo, que estaba maniobrando para generar focos de resistencia contra la reforma. Sin embargo, aún frente a la reforma y el descabezamiento del gordillismo, eso no es suficiente.
¿Por qué? Porque si la reforma constitucional fue nacional, el cumplimiento de la norma debe ser asimismo en todo el territorio mexicano. En ese sentido, el gobierno de la República no puede desdecirse de lo que ya hizo, y aplicar el contenido de la reforma sólo en las entidades federativas donde no hay resistencia o donde los maestros están a favor de los nuevos estándares educativos. Particularmente, debe voltear los ojos a los estados que se han declarado en resistencia, y aplicar medidas efectivas en ellos. Esas medidas tendrían que ver, incluso, con la recentralización educativa que hoy se está poniendo de manifiesto con la propuesta de reforma fiscal, que incluye la desaparición del Fondo de Aportaciones a la Educación Básica (con lo que la Federación transfería a las entidades federativas los recursos para que éstos pagaran la nómina de sus maestros) y su reemplazo por el Fondo de Aportaciones de Nómina Educativa y Gasto Operativo (Fone), a través del cual la Secretaría de Educación Pública sería la única responsable de operar un sistema de administración de nómina magisterial a nivel nacional.
La medida busca un solo fin: que la Federación reasuma el control económico de los asuntos magisteriales, y que a través de esto desaparezcan los chantajes magisteriales a gobiernos estatales, las dobles negociaciones y los privilegios y prebendas extraordinarias que han conseguido los profesores en los últimos años presionando a gobiernos estatales institucionalmente débiles o con poco margen para negociar con los profesores organizados.

DOBLE FRACASO
Esto, sin embargo, revela un doble fracaso: por un lado, queda claro que (aunque no se dice abiertamente) todo esto constituye un estruendoso fracaso de las entidades federativas, a las que hoy se propone que se les quiten facultades directamente relacionadas con la administración de recursos económicos, ante la incapacidad que han demostrado para afrontar los problemas relacionados con el magisterio, y para hacerse presentes como autoridad y no como rehén de las secciones magisteriales. Oaxaca es, quizá, el más visible de esos casos, pero está lejos de ser el único.
Empero, en el sentido contrario, queda claro que este fracaso no es sólo de las entidades federativas sino también de la Federación. Pues es evidente que el Pacto Federal está construido no sólo de la voluntad aislada de las entidades por construir una Federación y dotarla de facultades para su funcionamiento, o de ésta por materializarse únicamente para generar fortaleza equilibrada para todos los Estados que la conformaron. En realidad, es claro que el Pacto Federal está constituido de compromisos mutuos, solidarios y bilaterales, en los que es deber de todos los Estados cumplir con los fines comunes, pero es también responsabilidad de la Federación generar las condiciones de igualdad para que los estados puedan cumplir con los compromisos que son propios de ellos o que les fueron delegados.
En este momento, la medida es pragmática y apremiante. Es, quizá, una medida que busca corregir un problema actual con una solución práctica. Pero en el fondo, este es un nuevo llamado de atención respecto a lo cuestionable de nuestro modelo federal y a las demostraciones materiales de su mal funcionamiento. Jugamos en México a la Federación. Pero queda claro que en los temas torales terminamos ciñéndonos al centralismo que siempre ha estado como contraparte de nuestra democracia.

RECORTES
En el caso de Oaxaca, si la Federación retira las aportaciones del FAEB habrá un hueco enorme que materialmente deberá ver cómo se solventa en el IEEPO. Algo similar pasará si el gobierno federal cambia la aportación de recursos por la de productos en especie en el tema de la salud. ¿Ya se vio el tamaño del problema práctico? En el ámbito educativo son más de 15 mil millones. ¿Cómo se solventarán los huecos existentes?

Resistencia magisterial: podrán, ¿hasta cuándo?

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+ S-22, con toda la fuerza, porque ya preveían esto

Cuando en mayo pasado la mayoría de los profesores de la Sección 22, se pronunció por aguantar el paro indefinido de labores y prolongar su estallamiento hasta el momento en que se llevaran a votación legislativa las leyes secundarias de la reforma constitucional en materia educativa, lo hizo con la visión clara de que esta sería la mejor batalla que habrían de dar en mucho tiempo y que para eso tenían que mantener intactas las fuerzas naturales del magisterio. Así como el gobierno federal no calculó bien la capacidad de movilización y la experiencia del magisterio en la resistencia, quizá los mismos profesores no calcularon bien el costo extenuante que tendría esta jornada de lucha. Finalmente eso es lo que está determinando esta lucha.
En efecto, hoy se cumple la cuarta semana de resistencia magisterial en la capital del país. En ese tiempo, el magisterio de Oaxaca ha encabezado las protestas del gremio de otras entidades que también tienen presencia en la capital del país, y en ese tiempo han visto victorias y derrotas parciales que, sin embargo, no parecen ser del todo determinantes para el acelerado proceso de desgaste que hoy presentan. ¿Qué pasa con los maestros?
La Sección 22 hoy se enfrenta a un dilema mayor: por un lado, están tratando de demostrar al gobierno federal que ni las inclemencias del tiempo, ni lo prolongado del tiempo que llevan en la capital del país, e incluso ni siquiera la falta de recursos económicos por la suspensión del pago de salarios, han sido suficientes para frenarlos. Al ser la sección magisterial más radical de todas las que integran la CNTE, la 22 ha sido la más firme en la decisión de no abandonar el plantón en la capital del país y sostener su decisión de no regresar a clases y de no dejarse presionar por el gobierno de Oaxaca o por los padres de familia que les exigen con fuerza el inicio del ciclo escolar. Esa resistencia es épica, aunque de un costo altísimo para sus bases.
¿Por qué? Porque si bien el magisterio de Oaxaca está acostumbrado a la resistencia, hoy el escenario en donde desarrolla su plantón y movilizaciones es hostil y lejano. Todo eso, sin duda, se adereza con el hecho de que la contraparte (el gobierno federal, que presionó al de Oaxaca) consiguió que les congelaran sus salarios, e incluso con el hecho de que la Ciudad de México no es un territorio benévolo para la causa magisterial. Ellos previeron que la resistencia sería dura. Pero seguramente no calcularon la capacidad de desgaste que el solo escenario tendría para sus maestros.
Todo esto se explica no a partir de la lucha política, sino de la cotidianidad. Contrario a lo que muchos dicen (que este movimiento es financiado por gobiernos o por grupos políticos), el magisterio de Oaxaca está demostrando amplia capacidad de solventar sus propias protestas y también de absorber sus propios costos. Sin embargo, en las previsiones no estaba que la jornada de lucha durara un mes, que durante ese tiempo no tuvieran provisiones económicas (salario), y que la sola estadía en la capital del país fuera tan desgastante.
Quienes conocen la organización real del movimiento magisterial, saben por ejemplo que sólo una parte de la membresía sindical se encuentra en la capital del país, pero que todos los que no fueron, con constancia aportan económicamente para la manutención de sus compañeros que están en la Ciudad de México. Son las dos formas mínimas de participar en las movilizaciones.
Sin embargo, si hoy los que están en Oaxaca padecen por no estar percibiendo salarios y por tener que enviar de todos modos dinero a sus representantes en el plantón, los que se encuentran en el DF padecen todas las inclemencias de vivir, dormir, comer y solventar sus necesidades en un ambiente completamente hostil, además de no tener dinero para sostener a sus familias que se quedaron en Oaxaca.
La pregunta clave en esto es: ¿cuánto tiempo más podrá la Sección 22 sostener la presión que está hoy ejerciendo sobre sus bases para que participen en el movimiento? Porque el desgaste no viene de la lucha política, sino de la resistencia en sí misma. Por eso, por su propia supervivencia, el movimiento magisterial debe encontrar otras formas de lucha alternas que le eviten este proceso de desgaste que ha sido más extenuante que nunca.

RESISTENCIA (¿MAL?) CALCULADA
Los maestros de Oaxaca sabían que algo así ocurrirían y por eso decidieron dejar pasar mayo, junio y julio antes de pensar en el paro indefinido. Ellos fueron claros: dijeron desde entonces que sólo estallarían el paro indefinido cuando se discutieran las leyes complementarias de la reforma educativa. Así lo hicieron, no sólo esperando el momento en que el gobierno y el Congreso accionaran, sino también pensando en el proceso de desgaste de sus bases.
Y es que quienes conocen a la Sección 22 saben que su capacidad de movilización es contundente, pero que también es de rápido desgaste. Es decir, que ellos deben calcular con toda precisión los objetivos que buscan para accionar con toda la fuerza en ese momento. Son muy eficaces, pero su aliento no es tan prolongado y firme como en otros tiempos.
En ese sentido, ellos sabían lo que pasaría en la Ciudad de México. Lo habían calculado bien a partir de que ésta sería una jornada larga en la que tendrían que enfrentarse a muchas vicisitudes. Quizá lo que no calcularon fue la capacidad del gobierno federal para presionar a los de las entidades federativas respecto a la suspensión de pago a los maestros que no iniciaran el ciclo escolar o que abandonaran las aulas. Si eso no hubiera pasado, hoy los maestros oaxaqueños no tendrían problemas en continuar resistiendo. No pensaron que les pegarían en el único punto débil (el pago de salarios) que rebasa la capacidad de control de su organización sindical, y que eso los obligaría a retroceder varios pasos (para primero negociar el reintegro salarial, y sólo después de eso plantear las demandas políticas por las que fueron hasta la Ciudad de México).

LOS SÍMBOLOS
El paro indefinido y la presencia en el Distrito Federal tendría que resolverse en el transcurso de esta semana. ¿Por qué? Porque la 22 tiene todavía la posibilidad de negociar su presencia (o retirada) ante el Grito y el desfile militar del 16 de septiembre, como símbolos de interés para el gobierno federal. Después de eso, los que siguen son meses “muertos” para la Plaza de la Constitución y a nadie le importaría que ellos siguieran ahí indefinidamente.

PTEO: la indolencia magisterial lo cancela

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Uno de los temas que aún en lo marginal, no deben dejarse de tomar en cuenta: en mayo pasado, el Gobierno del Estado presentó una propuesta de legislación secundaria a la reforma constitucional federal en materia educativa, a la que nadie le dio seguimiento. Hoy, cuando la legislación es un hecho, y el magisterio oaxaqueño se dice marginado de la misma, no está de más la pregunta: ¿qué hizo la Sección 22, más allá de la movilización y el discurso, para aportar algo a la discusión sobre las leyes que reglamentan el nuevo artículo tercero constitucional?

En efecto, la pregunta no es ociosa en la medida en que sí hubo propuestas alternativas a las iniciativas presidenciales que, prácticamente sin cambios, se convirtieron en ley, y a partir del hecho de que el magisterio democrático de Oaxaca se dice marginado de toda discusión relacionada con la nueva legislación en materia educativa.

En este sentido, es claro que la realidad está lejos de los discursos y las posturas. Si se recuerda, desde principios de año se estableció, como parte de los acuerdos entre la Sección 22 y el gobierno estatal, que juntos construirían una propuesta de legislación secundaria en materia educativa federal, que atendiera la visión y las necesidades del magisterio oaxaqueño frente a la reforma de los artículos 3 y 73 de la Constitución federal. En ese acuerdo se había definido que el Gobierno del Estado ponderaría los planteamientos del Plan para la Transformación de la Educación en Oaxaca (PTEO), y que con ello reflejaría la visión del magisterio democrático para la construcción de la propuesta.

Aunque pocos lo recuerdan, ese acuerdo no quedó sólo en el documento. De hecho, un grupo de trabajo conjunto entre el gobierno estatal y la Sección 22 elaboró una iniciativa que sería presentada el 1 de abril en un acto conjunto entre el magisterio y el gobierno estatal. A decir de quienes tuvieron acceso a la propuesta, ésta tenía la cualidad de generar una propuesta incluyente de los propios planteamientos de la Sección 22 sin romper con el entonces recién reformado artículo 3 de la Constitución federal. El problema fue que como dicha propuesta no era exactamente lo que el magisterio establecía en el PTEO, éste finalmente decidió rechazar la propuesta.

Concretamente, el punto 9 de los acuerdos tomados en la Asamblea Estatal permanente del 30 de marzo, establecía el rechazo de la Sección 22 a la propuesta construida con el gobierno estatal, pero a su vez establecía un compromiso que hasta ahora todos han ignorado. A la letra, el acuerdo dice: “[La Asamblea Estatal] acuerda el rechazo al documento  presentado por el Jurídico de la Sección XXII a la Reforma de la Ley General de Educación y se construya  otro con las adecuaciones pertinentes al Proyecto de Reforma de Ley General de Educación por parte de una Comisión Jurídica integrada por con un grupo de Abogados Constitucionalistas y abogados de la CNTE, además del Investigador en Pedagogía Hugo Aboites, con la finalidad de ubicar los términos que reflejen la integración del PTEO al marco normativo Federal y Estatal, y posteriormente se baje a consideración de la Asamblea  Estatal y las bases para finalmente ser remitida a las instancias correspondientes.”

¿Alguien sabe qué pasó con dicho compromiso magisterial? ¿Alguien sabe si a la propuesta realizada por el Ejecutivo estatal los diputados federales y senadores por Oaxaca le dieron algún seguimiento? Los propios hechos dicen que nada de esto ocurrió.

 

UN DESPERDICIO

Aunque en su momento la prensa lo reflejó poco, la propuesta de reforma a la Ley General de Educación llevada a la Ciudad de México por el gobernador Gabino Cué, fue reconocida ampliamente en las dos cámaras del Congreso de la Unión. Legisladores oficialistas y opositores a la reforma constitucional federal, reconocieron de forma casi unánime que la propuesta llevada por el gobernador Cué era coherente con las nuevas necesidades de la educación en el país, y que además era conciliadora entre las posiciones del magisterio de la CNTE y la visión del gobierno federal. El problema fue que eso no pasó a más.

Frente a esto debemos primero preguntarnos: ¿Por qué los maestros de la Sección 22 decidieron no caminar con esa propuesta, construida sólidamente y reconocida por los actores más importantes del país? La respuesta está en que, en la Asamblea Estatal, los grupos radicales se impusieron sobre los moderados y decidieron –como es su costumbre- no aceptar cualquier otra visión que no fuera la propia, establecida en el PTEO. Ello les garantizaba los argumentos para la protesta, y los mantendría al margen de cualquier responsabilidad en la confección del nuevo marco legal, aun cuando ellos mismos se habían comprometido a construir una nueva propuesta que fuera acorde con el PTEO. A la luz de los hechos, no está de más reiterar la pregunta: ¿dónde quedó su propuesta?

Pero el asunto no se acaba ahí. Pues así como la Sección 22 mostró poco interés en contribuir a la formación del marco reglamentario al nuevo artículo tercero constitucional, también el propio gobierno estatal dejó de lado el tema. ¿Dónde quedó el interés del gobierno por continuar trabajando en las alternativas legales posibles para aminorar el impacto del problema magisterial que hoy representa la CNTE para Oaxaca y para el país?

Pues lo propio hubiera sido que no sólo construyera una propuesta de reforma a la Ley General de Educación, sino que en aras de refrendar su vocación propositiva, debió también hacer su propia propuesta de Ley del Instituto Nacional de Evaluación de la Educación, y de la Ley General del Servicio Profesional Docente. Y lo que es más: debió hacer todo lo necesario para cabildear, por sí y a través de los invisibles diputados federales y senadores oaxaqueños, el contenido de sus propuestas para que éstas fuesen tomadas en cuenta en la nueva legislación federal, y el Gobierno de Oaxaca quedara no como un aliado de la Sección 22, sino como un aliado de la educación en un estado pobre y marginado como lo es Oaxaca. Nadie lo hizo. Ahí están las consecuencias.

 

¿RETENCIÓN O DESCUENTOS?

¿El gobierno estatal descontará los días no laborados por el magisterio, o sólo les retendrá sus salarios a los maestros hasta que regresen a clases? Hay una diferencia abismal, de justicia, entre una posibilidad y otra. Sería terrible que todo quedara en una retención, y posterior reintegro, como premio no a la lucha, sino a la indolencia de los maestros con su labor docente.

Reforma educativa: ¿de veras nos beneficia?

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+ Sin respaldo federal, Oaxaca padecerá más

 

En Oaxaca debemos ser muy cautos al suponer que la reforma constitucional en materia educativa, y las leyes secundarias que se han aprobado recientemente, pueden terminar con el problema que representa para la gobernabilidad, para la educación y para el presupuesto estatal, la hegemonía de la Sección 22 del SNTE. Sin las medidas adecuadas, y un respaldo federal decidido, este problema no sólo no se resolverá, sino que terminará generando más conflictos en la entidad.

En efecto, ayer mismo en este espacio señalábamos que, frente al abanico de posibilidades que se abren ante la reforma educativa, es fundamental que la Federación blinde a las entidades federativas reasumiendo más responsabilidades en el manejo educativo. Es claro –apuntábamos– que de no hacerlo lo que terminará ocurriendo es que los maestros volverán a refugiarse en la debilidad de los gobiernos estatales, y los seguirán presionando para que sean ellos quienes les den los recursos que no les otorga la Federación, y los sigan solapando (por la vía del chantaje, la presión y todas las acciones de las que siempre han hecho gala) en sus resistencias por ser evaluados, por ser sometidos a la ley, o por tener que cumplir con ciertos parámetros con los que ellos no están de acuerdo.

En todo esto, la gran incógnita radicaba en saber exactamente qué contiene la famosa Ley General del Servicio Profesional Docente y, sobre todo, cómo reparte las responsabilidad entre la Federación y las entidades federativas en el proceso de evaluación y situación laboral de los profesores del país. Esa duda, comienza a ser despejada por quienes ya tuvieron acceso al dictamen que aprobó la cámara baja y que ayer mismo sería discutido en el Senado de la República.

En ese sentido, el portal de noticias Animal Político ayer daba cuenta de este panorama educativo que, de antemano, no es tan halagüeño para entidades federativas como Oaxaca. Y es que al dar a conocer el contenido de la nueva legislación, señalaban que la ley [del Servicio Profesional Docente] establece que las autoridades educativas locales llevarán a cabo la selección de los evaluadores de los docentes de su estado y que establecerán los parámetros para que nuevos maestros puedan formar parte del sistema educativo del país, recibir un ascenso o continuar en el cargo; lo que para especialistas en el tema es uno de los principales problemas de la legislación.

Siguiendo la nota (que puede ser consultada en http://bit.ly/1cDHkLO), el investigador Ricardo Raphael aseguraba que la nueva ley “modifica la manera en la que se asignan las plazas, se otorgan las posiciones y se entregan los reconocimientos para los maestros del país, sin duda ese es el principal beneficio que vino desde la reforma constitucional y que esta ley secundaria confirma; pero le entrega a los gobiernos estatales la gestión de la carrera profesional de los profesores que el país”.

 

En ese mismo sentido consideraba el tema la investigadora del CIDE, Blanca Heredia, quien apuntaba que “se deja demasiado sueltos a los gobernadores en toda la parte de la instrumentación del servicio profesional docente. Ellos fundamentalmente tienen en sus manos las reglas del juego sobre quién puede ser maestro, qué se requiere para ello, tener una plaza fija, qué requisitos hay que cumplir para obtenerla, ascender o en su caso ser separado”. Según lo dicho, la ley también establece que las autoridades locales administrarán “la asignación de plazas” según el puntaje obtenido por los profesores de nuevo ingreso y establecer los mecanismos para la participación de organizaciones civiles y de padres de familia en los procesos de evaluación de maestros.

Estas no son buenas noticias para Oaxaca. ¿Por qué?

 

¿GOBIERNO REHÉN?

No son buenas noticias porque, desde que se creó el IEEPO y el gobierno de Heladio Ramírez López entregó todo a la Sección 22, el magisterio democrático convirtió en práctica común el chantaje al gobierno y la presión a la ciudadanía como una forma de cancelar, de facto, todas las normas y disposiciones que no les convienen. ¿Quieren ejemplos?

Primer ejemplo. Desde que en 2007 se puso en marcha la Alianza por la Calidad en la Educación, firmada entre el SNTE y el gobierno del presidente Felipe Calderón Hinojosa, en Oaxaca se decretó su rechazo absoluto y desde entonces el Gobierno del Estado ha maniobrado de todas las formas posibles para esquivar a la Federación respecto de la no aplicación de los mecanismos establecidos en dicho acuerdo. Los profesores oaxaqueños, por ejemplo, han visto detenido el proceso de mejoras salariales contenidos en la antigua carrera magisterial. Pero consiguieron, de todo a todo, que no se les aplicaran los nuevos criterios únicamente a través de la presión al gobierno estatal, que no ha tenido la capacidad (ni en la gestión actual, ni en la anterior, ni nunca) para hacer frente al magisterio e imponer su potestad ante las presiones sindicales.

Segundo ejemplo. Los maestros de Oaxaca han venido construyendo el Plan para la Transformación de la Educación en Oaxaca. El famoso PTEO es un plan alternativo sobre el cual el gobierno estatal elaboró, incluso, una iniciativa de ley que en mayo pasado fue a presentar a las cámaras federales, para que fuera tomada en cuenta en la elaboración de la legislación secundaria en materia educativa. No sabemos qué pasó con esa iniciativa en la capital del país. Pero lo que sí sabemos es que el magisterio de Oaxaca tiene como opción venir a presionar aquí a los Poderes del Estado para que, aún siendo inconstitucional en el ámbito federal, aquí reformen la legislación existente y apliquen el PTEO sólo para su beneficio.

¿Cuál es la opción ante todo eso? Que la Federación no le dé la responsabilidad a entidades débiles y sometidas por el magisterio, como la nuestra. Hacerlo sería únicamente volver a transferir la responsabilidad de un tema que es de primera prioridad en el ámbito nacional, y duplicar la condena que ya tiene Oaxaca desde hace décadas de seguir sometido a un magisterio beligerante, que está acostumbrado a tomar las cosas por la fuerza a arrebatar lo que considera suyo.

 

EL FRACASO…

De no hacer eso lo único que pasará es el fracaso, dentro de un año, dos, cinco o diez, de la que hoy se vende como la gran reforma educativa. Es duro aceptarlo, pero Oaxaca no tendrá la capacidad ni las condiciones políticas y de gobernabilidad, mínimas, para echar a andar un tema como ese…

Reforma educativa: pierde el “todo o nada”

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+ Federación, fortalecer a Oaxaca, ¿por qué?

Finalmente la noche del domingo se llevó a tribuna, se discutió y se votó favorablemente el contenido de la Ley General del Servicio Profesional Docente. Este, que por varias razones fue un acto sin precedente, deja también un cúmulo de lecciones que a partir de ahora deben ser asumidas y puestas en práctica por todos los actores y grupos que se encuentran alrededor de la reforma educativa. Estos son, a nuestro parecer, puntos esenciales que ahora deben ser tomados en cuenta.
1. La derrota del “todo o nada”. Por un lado, el magisterio de Oaxaca y de la CNTE estaban acostumbrados a dialogar y negociar con gobiernos estatales, fundamentalmente débiles. Su capacidad de movilización, su organización y su superioridad numérica en cada protesta, les permitía siempre suplantar la propuesta por la presión. Por eso, ubicándose en el otro extremo el magisterio fue derrotado en el campo de la argumentación. Es decir, no pudieron convencer a nadie (mucho menos al gobierno federal y a los legisladores de los partidos integrantes del Pacto por México, que ya iban predispuestos a favor de la reforma) de por qué era necesario no para ellos, sino para el país, que se derogara el nuevo contenido de los artículos 3 y 73 constitucionales, y que no se siguiera adelante con las leyes secundarias.
2. La CNTE fue derrotada por su falta de propuestas. Por años, el magisterio democrático ha asegurado que las leyes educativas buscan “privatizar la educación”. Eso mismo fueron a decir a la Ciudad de México. El problema es que nunca pudieron explicar, con argumentos serios, el contenido de sus denuncias. Ellos, en el fondo, fueron también derrotados porque en los espacios de diálogo que sostuvieron con el gobierno y el Congreso, nunca pudieron explicar, en concreto, qué era lo que ellos exigían, y en qué estaban dispuestos a ceder a cambio de que se incluyeran sus propuestas en la nueva legislación educativa.
3. Las victorias son efímeras si no se construyen sólidamente. Quedó claro en esta movilización magisterial, que el gobierno se ofuscó mucho más de lo que demostró, y que en eso se centró la crisis por la que atravesó en los últimos diez días. El problema es que la CNTE no aprovechó “su momento” para elevar de verdad la negociación. Nos explicamos: en menos de una semana, cuando el magisterio paralizó la Ciudad de México y retó a los Poderes, éstos detuvieron la discusión de las reformas y abrieron espacios de diálogo, como un mecanismo natural de contención de la crisis. Cuando eso ocurrió, la CNTE pensó que había ganado, sin calcular que su arrogancia sería el acicate para que el gobierno y los partidos, al sentirse débiles, decidieran apostar su resto a favor de una reforma que remediara el tema y reivindicara la potestad de los poderes del Estado.
4. La debilidad de la CNTE no es gracias al gobierno. Luego de la aprobación de las reformas, no falta quien asegure que el albazo de la Ley General del Servicio Profesional Docente y la falta de respuesta del magisterio, es gracias a que “el gobierno” dividió a la CNTE y les restó capacidad de respuesta. Eso es mentira. Su debilidad real la construyeron ellos solos, a pulso, ante una ciudadanía capitalina que es mucho menos tolerante que la de Oaxaca a los abusos de los luchadores sociales, y que está mucho menos dispuesta a sacrificar su bienestar en aras de una lucha que tampoco entienden por qué es democrática y por qué les beneficia. En ese sentido, ayer apuntábamos que en la Ciudad de México la Sección 22 y la CNTE se están nutriendo del apoyo de otros gremios para aparentar que son “el pueblo” y que son la mayoría, pero que en realidad ha sido prácticamente nulo el apoyo ciudadano espontáneo que han recibido, o bien porque la ciudadanía no se identifica con sus aseveraciones, o bien porque ellos mismos minaron ese apoyo con las afectaciones que han causado con sus movilizaciones.

¿EL GOBIERNO CEDERÁ?
Esta es una victoria que apenas puede ser declarada para el gobierno. Ahora debe considerar, de cara a la sociedad, cómo va a resolver algunos temas que son prioritarios:
1. El gobierno debe informar cómo abordará el proceso de evaluación magisterial en concreto, y cuánto tardará en hacerlo en todo el país hasta que esta reforma rinda frutos. La duda no es ociosa: en México, en los últimos años, se han invertido recursos millonarios para evaluar a todos los elementos de corporaciones policiacas en el país (municipales, estatales y federales), y dicho proceso no ha podido ser concluido a pesar de que se supone que todos los Estados, y la Federación, trabajan de forma coordinada para la evaluación y certificación de sus corporaciones policiacas y el total de policías en el país no rebasa los 600 mil elementos. En este caso, en México hay más de un millón y medio de maestros (más del doble que los policías). Y por eso sería bueno saber cómo, y en qué tiempo, harán posible el cumplimiento de los procesos de evaluación de esa Ley del Servicio Profesional Docente.
2. En ese sentido, es fundamental que la Federación blinde a las entidades federativas reasumiendo más responsabilidades en el manejo educativo. Es claro que de no hacerlo lo que terminará pasando es que los maestros volverán a refugiarse en la debilidad de los gobiernos estatales, y los seguirán presionando para que sean ellos quienes les den los recursos que no les otorga la Federación, y los siga solapando (por la vía del chantaje, la presión y todas las acciones de las que siempre han hecho gala) en sus resistencias por ser evaluados, por ser sometidos a la ley, o por tener que cumplir con ciertos parámetros con los que ellos no están de acuerdo.

OLVIDAR A OAXACA
3. El caso de Oaxaca será paradigmático. Esta es la cuna de la insurgencia magisterial y, posiblemente, se convierta en el último foco de resistencia de los trabajadores de la Coordinadora que se resistan a ser evaluados. ¿La Federación tiene un plan, o por lo menos lo ve, para rescatar no al gobierno, sino al pueblo de Oaxaca de esas resistencias? Lo peor que podría pasar es que de nuevo olvidaran a nuestra entidad, y que por ende aquí se siguieran fermentando todas las prácticas nocivas de las que ahora se sorprendieron en la capital del país. Oaxaca no puede quedar en el olvido de la Federación. Y es responsabilidad de ésta que, para que funcione la reforma que tanto les ha costado, aborden estos temas que son prioridad no sólo para nosotros los oaxaqueños, sino para todo el país.

Magisterio de Oaxaca, con sus cercos están cercados

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+ S-22 no encuentra apoyo de otros tiempos

Hoy, en el escenario de las protestas magisteriales, es claro que la Sección 22 parece haber dejado descuidados ciertos aspectos que, sobre la marcha, le están provocando problemas que ellos no previeron. Mientras ellos protestan en la capital del país, y mantienen el paro indefinido de labores en Oaxaca, aquí sus adversarios les están generando inconformidades por la vía de la “operación hormiga”. Y en la Ciudad de México, a pesar del estruendo de sus acciones de protesta, el magisterio democrático parece estar más aislado que nunca. Esto revela que, por cuidar sus cercos, ellos mismos quedaron cercados.
En efecto, en la Ciudad de México muchos están sorprendidos por la disciplina, por la capacidad de movilización y por lo bien organizado que está el magisterio de Oaxaca en eso de organizar protestas. A muchos se les hace multitudinaria la presencia de 10 o 15 mil maestros oaxaqueños en la capital de la República, y no hay quien sigue sorprendiéndose por verlos a todos juntos marchar, obstruir vialidades, cercar edificios públicos y acampar libremente en la Plaza de la Constitución, allá en la Ciudad de México. Esa “sorpresa” que provocan, está siendo manejada por el magisterio para generar una visión artificial del respaldo ciudadano que en realidad no tienen. ¿De qué hablamos?
De que, en Oaxaca, el magisterio de la Sección 22 se acostumbró a que la ciudadanía se convertía en aliada permanente de su lucha democrática, y que derivado de esa identidad muchos ciudadanos espontáneos salían a las calles a marchar con ellos, los apoyaban en sus manifestaciones e incluso les proveían de alimentos, espacios e insumos cuando protestaban. Incluso, en el pasado reciente, las llamadas megamarchas que organizaba el magisterio durante el conflicto del 2006 llegaron a aglutinar a cientos de miles de personas que los apoyaron incondicionalmente. Todo eso, hoy quieren aparentar que lo tienen en la Ciudad de México, aunque realmente no es así.
Y es que si observamos cómo se está desplegando la acción magisterial de la CNTE en la ciudad de México en contra de las reformas, veremos que, allá, ellos se están recargando y reforzando de lo que otros gremios les están proveyendo (gente, insumos, etcétera), pero no de lo que la ciudadanía pueda o quiera darles para que continúen manifestándose. Por eso, hasta el momento el magisterio de la Sección 22 se ha hecho fuerte en su intento por demostrar fuerza: Se ha valido de esos apoyos de otros grupos bien organizados (el SME, otras secciones magisteriales, y algunos otros sindicatos), y del orden y capacidad que ellos mismos demuestran en sus manifestaciones. Pero es imposible que digan que ese apoyo es de ciudadanos que respaldan su lucha.
¿Qué actitud asumen en realidad los ciudadanos de la capital del país frente a las protestas magisteriales? En los hechos, parece claro que los ciudadanos de a pie del Distrito Federal, lo que han asumido es que esas movilizaciones sí afectan sus derechos y por esa razón se resisten ya no digamos a apoyar a los maestros, sino incluso a tolerarlos. Allá, los ciudadanos parecen tener un concepto mucho más restringido de lo que es la tolerancia frente a las afectaciones. Y por eso son aislados, mínimos e irrelevantes para la lucha magisterial, aquellos que siguen anteponiendo las banderas políticas a las afectaciones y salen a marchar o a protestar junto con los maestros. La mayoría real no ha hecho sino repudiar esas acciones.
Frente a todo esto, habría que ver con una perspectiva menos desbocada lo que ocurre en la capital del país. Pues, de nuevo, es una minoría ruidosa la que organiza las protestas y las encabeza para tratar, en el fondo, de aparentar que ellos son la mayoría. En este caso, en la capital de la República, a la Sección 22 le cuesta mucho más trabajo generar esa apariencia, pues desde la ciudadanía real, los apoyos son mínimos y las resistencias son muchas.
Eso comenzará a acelerar su proceso de debilitamiento, si en el futuro cercano no encuentran cauces para continuar su lucha por otras vías que no sean las calles. Aunque quién sabe si su radicalismo y sus grupos de mayor confrontación les permitan abrir esos espacios que les eviten más desgastes y los pongan en una nueva ruta para continuar vigentes.

EL CERCO DE LA 59
No deja de llamar la atención que mientras el magisterio oaxaqueño está entretenido protestando en la capital del país, aquí en Oaxaca sus adversarios de la Sección 59 del SNTE les están haciendo labor de zapa para alimentar la inconformidad, y levantar a los padres de familia en contra de los “democráticos”. Como en política nada es casualidad, queda claro que las inconformidades de los paterfamilias no son del todo espontáneas, y que en esto tiene mucho que ver la mano de los viejos adversarios de la Sección 22 del SNTE.
Y es que, si vemos en un contexto más amplio las recientes inconformidades de padres de familias porque no inicia el ciclo escolar, podremos ver que eso es lo mismo que ha pasado en otros momentos cuando la 22 deja las aulas y de inmediato llegan sus contrapartes a meterles presión con los padres de familia. Eso, en condiciones muy similares, fue lo que ocurrió el año pasado en las comunidades de Mitla y Tlacolula, y sus alrededores, en donde incluso hubo un enfrentamiento violento en Mitla, en el que padres de familia se enfrentaron con profesores, dañaron sus vehículos y los obligaron a regresar a las aulas o a aceptar que fueran expulsados de las escuelas y de las comunidades para darle paso a los de la 59.
Eso es lo mismo que ocurre hoy en día en docenas de lugares en donde los padres de familia dicen estar buscando a los maestros de la 59 para que vayan a dar clase, aunque es muy posible que los de la 59 los hayan buscado primero a ellos, para abrirles el caminito hacia las inconformidades y para meterle más presión a la Sección 22 que se resiste a iniciar el ciclo escolar en Oaxaca.

RESPALDO DEVASTADO
En estos dos escenarios, es claro que el magisterio ha venido desgastando, al grado de la devastación, los grandes apoyos que tenía en la ciudadanía y en los padres de familia. Cuando su lucha fue verdaderamente democrática, en ellos se recargaban para continuar adelante y exigir mejores condiciones sindicales y salariales. Hoy, ese apoyo está extinto. ¿Por qué? Porque, sin ayuda de nadie, ellos se encargaron de echarse en contra a la ciudadanía, que es la que siempre le dio sentido y legitimidad a su movimiento.

Sección 22 y gobernabilidad: ¿qué ve la Federación?

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+ Lucha social junto a lucha armada: ¿sí lo ven?

Hasta ahora, los profesores de la Sección 22 del SNTE han desplegado una serie de acciones para demostrar fuerza y oposición al gobierno federal y los Poderes de la Unión, que pretenden consumar la aprobación de las leyes secundarias que reglamentarán el nuevo contenido constitucional en materia educativa. Una y otra vez, los maestros oaxaqueños (seguidos por los guerrerenses, michoacanos y de otras entidades que se han unido a la lucha) han dejado ver que tras de ellos se encuentra el fantasma de la ingobernabilidad. La muestra está puesta en los hechos de 2006 en Oaxaca. Sin embargo, en el análisis serio es claro que eso no ocurrió por las solas manos de los maestros, pues junto a ellos hubo un enjambre de organizaciones que contribuyeron al clima de ingobernabilidad. ¿Qué ve el gobierno federal respecto a eso en estos momentos?
En efecto, desde hace dos o tres días, en los medios de información de la capital del país se comienza a hablar con fuerza de la colusión que existe entre los representantes magisteriales de las entidades antes mencionadas, con grupos armados que tienen amplia experiencia en beligerancia. Quienes han denunciado esa relación y la posible presencia de grupos armados organizando las protestas magisteriales, sostienen que sólo a partir de eso puede entenderse por qué los profesores actúan con tanto orden, con tanta disciplina y con tanta capacidad para conseguir sus fines relacionados con la presión social. Empero, parece que si bien aciertan en denunciar esa relación guerrilla-magisterio, erran gravemente en el hecho de creer que éstas son estrategias guerrilleras.
Esto puede asegurarse a partir de la propia experiencia de Oaxaca. Pues en aquellos momentos, el conflicto magisterial y la revuelta social puede dividirse en dos grandes momentos: el primero, el de las protestas orquestadas por la Sección 22; y el segundo, cuando se endurecieron las prácticas de presión, apareció la violencia y comenzó el enfrentamiento abierto entre grupos inconformes y el aparato policiaco del Estado que intentaba enfrentar a los manifestantes.
El primer momento, que fue el puramente magisterial, es prácticamente el mismo que hoy se despliega en la capital del país. Y es que los maestros, con su sola organización y experiencia en la lucha social, son capaces de hacer todo lo que hasta ahora han demostrado. Sin necesidad de que nadie externo los asesore o los dirija, los maestros son capaces de tomar calles, de instalar campamentos y plantones masivos, de cercar edificios, de secuestrar transporte y de hacer presión a partir de su sola superioridad numérica. Hasta hoy, eso es lo que se han “limitado” a hacer. Y de todas las tácticas demostradas en estas jornadas de protesta en la Ciudad de México, ninguna se ha salido del radio de acción conocido del magisterio.
En Oaxaca, en 2006, hubo una segunda etapa que, si la recordamos, debe contarse a partir del 21 de agosto de ese año, que fue justamente el momento en que debería iniciar el ciclo escolar, y al seno de la Sección 22 se discutía si era pertinente o no que un sector del magisterio continuara la lucha y otro regresara a las clases.
Recordemos: cuando en esa consulta estaban a punto de ganar los moderados, y decretar el regreso a las aulas mientras continuaba su curso el conflicto y la demanda de renuncia del entonces gobernador Ulises Ruiz, un grupo de presuntos “infiltrados” del gobierno fue, esa madrugada, a tratar de tomar por asalto las antenas de la Corporación Oaxaqueña de Radio y Televisión que se encuentran en el Cerro del Fortín. Ahí hirieron a un profesor.
Y la reacción “natural” –perfectamente calculada del magisterio, que eventualmente podría ser la que están esperando en este momento- fue la de denunciar la agresión, cancelar cualquier medida de distensión, tomar todas las estaciones de radio y televisión de la capital oaxaqueña para hacer una denuncia masiva del conflicto y llamar a la población a tomar parte de las inconformidades, y dar paso amplio a todas las acciones que ya exigían implementar las alas radicales. Ahí comenzó la fase violenta del conflicto, en el que sí tuvieron participación los grupos insurgentes que, hoy se denuncia, se encuentran en la Ciudad de México.

INFILTRADOS, ¿QUIÉNES?
Hoy, por eso, se equivocan quienes creen que hoy son las acciones del magisterio las que demuestran esa presencia presuntamente guerrillera. Esas manifestaciones, en realidad, podrían estar centradas en quienes exigen que el magisterio tome acciones más duras de las que puede desplegar en sí mismo, para que de ahí salgan sus primeras víctimas y entonces todo tome una dimensión distinta. Es una razón de pragmatismo puro, pero sólo a partir de eso puede entenderse la aparente pasividad del gobierno del Distrito Federal, y del Federal, frente a las acciones magisteriales.
Si en realidad uno y otro tienen aparatos de inteligencia e información eficientes, saben que lo único que necesita el magisterio es una chispa que termine de prender las inconformidades. Eso es lo único que tienen que buscar no hacer, para poder continuar sorteando el problema aún frente al costo político que paga la ciudadanía. Es claro que la ciudad de México no es Oaxaca y que los ciudadanos de allá no tienen el alto grado de tolerancia que tenemos los oaxaqueños. Pero debemos entender que una minoría bien organizada, bien disciplinada, y bien asesorada, puede hacer mucho más que una mayoría que es tomada por sorpresa y por asalto. Eso es lo que hoy pasa en la capital de la República.
En ese sentido, la línea que haría el punto de quiebre es delgadísima. En días próximos, el magisterio buscará incrementar el grado de violencia para conseguir las banderas y las justificaciones de represión que hoy no tiene, y entonces sí dar paso a los grupos duros que desplegarían otro tipo de acciones para obligar al gobierno a ceder a sus pretensiones. Todo eso, dados los antecedentes, sólo lo haría un gobierno torpe. Quienes tachan de tibio a Mancera no alcanzan a entender la dimensión que puede tener esta protesta, si teniendo ya un muerto en su seno, reciben el apoyo de otros grupos como el SME, los Panchos Villa, los Atencos y varios otros, además del EPR, que están listos para actuar.

NO HAY RAZONES
¿Bajo qué argumento los diputados de la LXI Legislatura rechazaron las cuentas públicas del 2010? No hay ninguna que sea válida. Sólo buscan encarecer la negociación e incrementar su bono de fin de Legislatura…

Magisterio: la lucha, por la reforma y por la fuerza

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+ Van por los símbolos, no sólo por las reformas

Los maestros de Oaxaca, y por ende los de las otras entidades del país que protestan, no se irán pronto de la capital de la República. Quien entiende la lógica de quienes manejan la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, entiende bien que su lucha no está únicamente circunscrita a los temas en concreto por los que protestan, sino que ésta siempre va encaminada a demostrar su fuerza ante los símbolos del poder establecido. En esas condiciones, no sería exagerado asegurar que el magisterio continuará en la Ciudad de México cuando menos dos o tres semanas más, hasta que pase el Informe de Gobierno y la conmemoración del Día de la Promulgación de la Independencia.
En efecto, la lógica del magisterio –el oaxaqueño, en particular- siempre está encaminada a encarar al poder establecido. Por eso, en Oaxaca para los maestros ya no constituye un reto la toma de las calles y, hoy en día, podemos asegurar que ya tampoco lo es la toma de los símbolos del poder establecido, aunque en otros tiempos sí lo fue. Nos explicamos: en los primeros años de la lucha magisterial, el magisterio retaba a la autoridad dejando las aulas y tomando las calles. Hace veinticinco años, por ejemplo, hacer un bloqueo vial era ya una afrenta a la autoridad. Pero después, cuando el gobierno comenzó a ceder más de lo que ya había hecho, los profesores no dudaron en ir por más. Y desde entonces, esa ha sido su norma permanente de conducta luchando no sólo por causas e intereses, sino también contra los símbolos.
Y es que cuando la calle ya no les fue suficiente, los maestros se fueron por los iconos del poder. Fue entonces que, para demostrar su poder a la ciudadanía, se organizaron para instalar obstrucciones masivas a espacios públicos y a arterias viales que eran, y siguen siendo, de vital importancia para la capital oaxaqueña. Así, por ejemplo, fueron masificando el plantón en el primer cuadro de la Verde Antequera cada mes de mayo. Y sus marchas venían acompañadas ya de cierres intermitentes a las principales calles de la ciudad, y también contra las vías terrestres que comunicaban a la capital y los principales centros urbanos del Estado de Oaxaca.
Al mismo tiempo, los maestros decidieron también encarar al poder público haciendo demostraciones de fuerza. Así, las protestas se encaminaron, además de la toma de las calles, la presión a los centros del poder público. Por eso la toma del Palacio de Gobierno se convirtió en punto indispensable de toda protesta, lo mismo que la sede del Poder Legislativo y del Tribunal Superior de Justicia del Estado. El efecto, obvio, no radicaba en poder “detener” al Estado, sino demostrarle a éste que ellos eran tan fuertes como para arrancarles la cotidianidad, protestarles en la cara, y conseguir sus fines sin padecer ninguna consecuencia por parte del Estado. Inclusive, en buena medida por causa de las protestas magisteriales, en Oaxaca se cancelaron actos simbólicos del poder público como los informes de gobierno, los actos masivos, e incluso se vieron disminuidos actos simbólicamente importantes como la conmemoración del Natalicio de don Benito Juárez, en su tierra natal, Guelatao de Juárez.
Después, en una tercera fase, los maestros de la Sección 22 se fueron a hacer esa demostración de fuerza pero ya en contra de otros símbolos del poder. Entonces fue cuando decidieron incluir en sus protestas las llamadas “transnacionales” a las que van todo el tiempo a protestar a Oaxaca; los símbolos del “capital”, como las instituciones bancarias y los centros comerciales, y también las representaciones de otros países que existen en Oaxaca. En diversos momentos (y en 2006 eso fue casi de forma permanente) el magisterio decidió ir a protestar a la representación consular del gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica en la capital oaxaqueña.
Incluso, el aeropuerto internacional de la capital oaxaqueña no comenzaron a tomarlo en los tiempos de la sola toma de vías de comunicación, pero sí lo hicieron en este tercer momento, cuando en su lucha incluyeron los símbolos del poder económico que representa la comunicación de Oaxaca con las demás entidades y con el exterior. Huelga decir que aquí siempre han obstruido el centro aéreo sin ningún tipo de obstrucción.

PROTESTAS, “CON EL LIBRITO”
Por eso, como lo hemos dicho de forma permanente en este espacio, nadie se debería sorprender por lo que el magisterio oaxaqueño está haciendo en la capital del país. Están desplegando sus tácticas de protesta prácticamente “con el librito” que han ido construyendo a lo largo de treinta años de lucha magisterial, en contra de temas y en contra del poder, en la entidad oaxaqueña.
Hoy, si vemos con detalle, lo que el magisterio de la Sección 22 (y a éste lo ha seguido el magisterio de otras entidades que, aún siendo de la Coordinadora, no tiene tanta experiencia de campo en las protestas sociales como el oaxaqueño) está haciendo, es seguir, una a una, las tácticas que tanto ha ensayado en su casa. En la capital de la República, iniciaron con el plantón masivo y, por la premura, se fueron al mismo tiempo a la toma de las principales arterias viales (Paseo de la Reforma, Avenida de los Insurgentes, etcétera) y los centros del poder público como las dos sedes del Poder Legislativo. Ayer mismo marcharon a la Residencia Oficial de Los Pinos.
No todos entienden por qué fueron, por ejemplo, a la toma de embajadas de varios países y al intento de ocupar los alrededores del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Técnicamente no ganan nada con ir a protestar a sitios que, en apariencia, nada tienen que ver con su lucha. Pero en el fondo lo que buscan es demostrar, en esas representaciones diplomáticas y en el punto neurálgico que es para la economía y las comunicaciones, el aeropuerto de la capital del país.

GOBIERNO EN CRISIS
Es una novatada, por no decir que una estupidez, que el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto no haya previsto que todo esto ocurriría. Todo, absolutamente, estaba cantado y estaba visto en el “tour de force” que ha sido la experiencia magisterial de Oaxaca. El problema es que aún con eso nadie lo previó, y sólo cayeron en la cuenta fácil de que el magisterio iría a protestar unos días y ya. Pero, por esa larga cadena de lucha contra el poder y sus símbolos, no debía sorprendernos que los maestros de Oaxaca se quedaran en la capital para el Primer Informe Presidencial, y también para el Grito del 15 de septiembre.