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Conago: un organismo con pocas ambiciones

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+ Fortalecer el Federalismo… ¿pero cuándo?

 

Los integrantes de la Conferencia Nacional de Gobernadores debieran estar insatisfechos, y hasta preocupados, por lo que hasta hoy ha realizado ese organismo en México. Aunque la unión de Mandatarios estatales fue en sí un signo claro de los nuevos tiempos de la democracia a principios de la década pasada, hoy un organismo como la Conago debiera buscar nuevos derroteros y, sobre todo, nuevas metas respecto a los temas en los que se involucra, los resultados que arroja, y las causas del federalismo que pretende fortalecer. Lo que hace es muy poco, frente a lo que necesita el país.

Es claro que de nada sirve que los Gobernadores tengan reuniones periódicas; que viajen y gasten recursos en encuentros onerosos (que más se parecen a reuniones diplomáticas que a encuentros de trabajo), para terminar concluyendo que todo sigue tan mal como siempre, que hay muchos retos por delante, y que aprovechen la ocasión para vacacionar por las distintas entidades de la República. Eso, en buena medida, es a lo que se resume hoy la Conago.

Y es que, aunque en su presentación, se señala que la Conago es “un foro permanente, el cual busca fortalecer el federalismo mediante mecanismos democráticos, manteniendo pleno respeto de las instituciones de México” y que “La Conago funciona como un espacio institucional permanente para lograr un mayor equilibrio y mejor distribución de las potestades que corresponden a los órdenes de gobierno federal y estatal”, en realidad los resultados objetivos que ha obtenido la Conferencia son menores a los que debieran alcanzarse en un país como el nuestro.

En ese sentido, debemos tomar en consideración que México no sólo es un país geográfica y socialmente plural e inmenso, sino que el tipo de problemas que hoy enfrenta son directamente proporcionales a su pluralidad y extensión, y en buena medida esos problemas tienen su origen y agravamiento, en la prolongada falta de relaciones de coordinación y respeto entre los distintos ámbitos de gobierno para abordar no sólo los asuntos urgentes sino, sobre todo, los importantes.

Lo grave es que ese descuido trajo ha traído como consecuencia el agravamiento acelerado de una serie de problemas que hoy son auténticas calamidades para la sociedad mexicana. Esos temas no sólo tienen que ver con las disparidades en el fomento al desarrollo, o en la atención social que la Federación da a las entidades federativas de forma diferenciada —incluso, esos problemas rebasan los solos temas de reparto presupuestal equitativo— para convertirse en verdaderas para la gobernabilidad, para el Estado de Derecho, y para las potestades fundamentales del Estado.

Por citar un caso específico, hoy la discusión sobre la seguridad pública se encuentra dominada por completo por el discurso federal, frente a unas entidades federativas que si bien se ven superadas por sus insuficiencias presupuestales, también es cierto que se resisten a entrar a discutir con, seriedad y propuestas, las posibles medidas alternativas a los modelos y exigencias que pone la Federación para atender ese rubro, que constitucionalmente se encuentra establecida como una facultad concurrente para los tres ámbitos de gobierno.

Si bien es cierto que el de la seguridad pública es un ejemplo actual y específico, es claro que existen una serie de asuntos que son torales para la gobernabilidad y para el desarrollo nacional, que están lejos de poder ser discutidos en un foro de grandes alcances, como el de la Conago. El problema es que los Gobernadores no le han dado la importancia a esa organización, y tampoco han querido poner sobre la mesa los temas del federalismo que no sólo comprometen o involucran a la Federación, sino que también los obliga a ellos.

 

¿CONFORMISMO?

De entrada, dos temas son interesantes: primero, que la Conago es un órgano de existencia meramente política, ya que no se encuentra establecida en disposición jurídica o reglamento alguno (y por ende tiene una capacidad meramente declarativa y política, pero no los alcances suficientes como para hacer valer sus determinaciones con la fuerza de la ley).

Y segundo, que quizá por esa razón, los Gobernadores se resisten a dejar la posición de comodidad que siempre los ubica como víctimas de una Federación voraz (que acapara todo y no reparte como debería), y no como partes integrantes de un gobierno nacional, en el que por esa sola razón, tienen capacidad de pedir lo que les corresponde, y posicionarse seriamente en los temas que les incumben.

En ese sentido, bien habrían hecho los Gobernadores al entablar sendas discusiones para unificar una serie de asuntos (que no sólo son de carácter tributario, sino que también tienen implicaciones incluso relacionadas con la seguridad pública), a partir de los cuales podrían comenzar a dar soluciones verdaderamente integrales y de fondo, a unos ciudadanos que no esperan menos de eso de su gobierno.

Un tema que seguramente sería provechoso, y que sería digno de un foro como el de la Conago, es el relativo a la unificación de los impuestos vehiculares y, sobre todo, del registro de vehículos que debe haber. Hoy, por el descuido de los Gobernadores (y por las decisiones recaudatorias o populistas, que llevaron a sostener o eliminar el impuesto sobre tenencia de vehículos de forma particularizada en cada entidad) convirtió el asunto del emplacamiento en un auténtico dolor de cabeza. Éste tiene que ver no sólo por la preferencia del “dónde pago”, sino sobre todo del tipo de registro que a partir de ahora se tiene de todos los vehículos de todo el país, y el grado de certeza real que éste ofrece.

Este, entre muchos otros, sería un tema extraordinario y útil para toda la sociedad, emanado de un foro legitimado como la Conago. Lamentablemente, quizá porque los Gobernadores mexicanos aún no asumen su posición política de primer nivel, prefieren seguir teniendo un organismo de bajo nivel, que estudia todo pero que no alcanza a proponer las soluciones que el país necesita con urgencia.

 

TEMBLOR

Ayer se registró el que, sin duda, es el movimiento sísmico más fuerte de la última década. Los oaxaqueños, ante la contingencia, demostramos cierto grado de civilidad y conocimiento sobre lo que debe hacerse en ese tipo de casos. Y, por fin, funcionó la alerta sísmica. El temblor de ayer pudo haber sido catastrófico. El que no lo fuera se debe a la experiencia acumulada y, raro en nosotros, al arraigo de nuestra cultura de la prevención en estos potenciales desastres.

La reedición del caos ya está aquí, en Oaxaca

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+ Gobierno, sometido por adversarios… y aliados

 

Echemos a andar la memoria, y regresemos a la situación que prevalecía en Oaxaca en julio de 2010. Lo que podamos recordar, confrontémoslo con lo que ocurre hoy aquí mismo. Podremos ver que esto que vemos, pareciera una dolorosa reedición del pasado, en la que de nuevo regresamos al peor de los escenarios.

¿Qué ocurría en ese momento en específico? Era el periodo inmediatamente posterior a los comicios estatales. El PRI había perdido la gubernatura del Estado a manos del candidato opositor, Gabino Cué Monteagudo. Producto de eso, el gobierno comenzaba a preparar el proceso de transmisión de poderes. El agonizante grupo que gobernaba entraba en una completa situación de caos, enmarcada aún por la soberbia y la falta de autocrítica.

Los ganadores de la contienda electoral comenzaban a hablar de la “transición” y del ajuste necesario de cuentas. Y mientras todo eso pasaba en las élites del poder, la gobernabilidad se desbordaba con marchas, bloqueos, actos de presión y afrentas directas por parte de los grupos de lucha social, que buscaban acomodo, o ganancias, de ese momento que parecía el más crítico para Oaxaca.

Hoy pareciera que estamos en una situación exactamente similar. Aunque ya no existen pugnas electorales inminentes, lo que parece es una auténtica situación de caos. Esto porque, por un lado, el Gobierno del Estado en momentos parece rebasado por la compleja situación de la gobernabilidad, pero también por la falta de operatividad y eficacia en diversas áreas que son clave para el control social, y que al fallar convierten en caóticos asuntos que inicialmente pareciera que son fácilmente controlables.

En el extremo opuesto, se encuentra un partido opositor que, si bien no ha encontrado el modo de autogobernarse, sí emprende intentos abundantes de poner en predicamentos al gobierno en turno. Las distintas manifestaciones regionales del PRI, hoy, saben que tienen nada que perder, y por eso se animan a azuzar todo tipo de expresiones de inconformidad por parte del gobierno en turno. Saben que los costos políticos que puedan pagar como oposición, son de antemano menores a los que ya pagaron como gobierno.

Y aunque pareciera que ese escenario está compuesto por esos dos factores, en realidad hoy Oaxaca tiene al menos otra ala determinante para la gobernabilidad del Estado, que si bien es sui géneris, sí debemos asumirla en su magnitud y también en los vicios y problemas que representa. Ésta es, el ala de los “aliados” del régimen.

En efecto, hoy, contrario a como ocurría tradicionalmente, no todos los integrantes del gobierno son aliados del mismo, y no todos los grupos sociales que se colaboraron para que el gobernador Cué llegara a su cargo actual, están dispuestos a ayudarlo, contribuyendo a mejorar la gobernabilidad.

Los “aliados”, actualmente, son los que en buena medida tienen de rodillas al Gobierno del Estado; son también los que todos los días cobran favores de impunidad y daños a la ciudadanía. Y son incluso los que más exigen “respeto” y retribución a los favores que le hicieron al ahora régimen gobernante durante los tiempos electorales, y que hoy los cobran a precio de oro.

Todo eso genera una combinación explosiva: el Gobierno se ve fácilmente rebasado por las circunstancias. Grupos ajenos y propios, se encargan todos los días de generar conflicto y caos. Todos se dicen aliados para medrar con los favores de la campaña. Y los verdaderos opositores se tiran a matar (la gobernabilidad, la paz, o lo que sea) porque saben que la posición que tienen es tan peligrosamente cómoda, que les puede permitir sacrificar casi todo su capital a sabiendas de que, si pierden, perderán poco, y que si ganan, ganarán mucho. Esto es hoy Oaxaca. Y esto, según podemos recordar, no es más que uno de esos augurios que aquí se hicieron cuando muchos se desbordaban en júbilo por los supuestos “tiempos de cambio” que estaban por llegar.

 

TIEMPOS DE CAOS

A propósito de los peligrosos tiempos de ingobernabilidad y caos para Oaxaca, hace 20 meses, el 25 de julio de 2010, apuntábamos en esta columna que “Si este nivel de crispación continúa —como bien podría ocurrir—, lo que viviremos en los meses próximos será una reedición del caos. La visión real de no pocos de quienes asumirán —o reasumirán— el poder a partir del 1 de diciembre, se centra en la persecución a ciertos personajes del actual régimen, en la legitimación popular a base de golpes judiciales espectaculares, y a la revisión escrupulosa que culmine con la persecución de funcionarios corruptos.

“Frente a ellos, la visión priista es mucho más pragmática, pero igualmente contundente: para ellos, la derrota del pasado 4 de julio es un descalabro relativo. Todos han declarado que van por el 2012 porque, efectivamente, ese es el punto en que pretenden centrar su venganza y persecución a quienes los apabullaron recientemente.”

Y advertíamos: “Ninguna de esas dos visiones pasa por la prudencia. Al contrario. Mientras ocurre uno u otro escenario, lo que quedará en medio es Oaxaca, con todos los problemas que unos y otros se fabriquen para llenarse de piedras el camino. Lo más seguro es que veamos un gobierno con importantes tintes de persecución, y a una oposición priista recalcitrantemente vengativa, provocadora de conflictos, y capaz de bloquear cualquier acuerdo o avance importante en el Congreso del Estado.

“Como ninguno de los dos grupos está indefenso, ambos harán todo, y se valdrán de todo, para atacarse. El problema es que en su riña, le subirán el tono a los problemas de la entidad. Y eso, en global, dejará ver el verdadero rostro de los partidos y sus integrantes, así como lo engañosas que habrían sido aquellas promesas tanto de transformación, como de paz y progreso.”

 

EL DESENGAÑO

Hoy, lamentablemente, estamos viendo esos rostros verdaderos: el de un gobierno que no tiene capacidad para cumplir ni siquiera las promesas más básicas que hizo como grupo opositor que buscaba el poder. Pero también vemos a una oposición irresponsable, que con tal de tener ganancias pone en jaque no sólo al gobierno, sino a toda la sociedad, y que tampoco ha cumplido sus promesas democráticas de responsabilidad y compromiso con la ciudadanía. La cereza, en todo esto, la ponen los “aliados” que menuda ayuda le dan al gobierno alimentando todos los días el caos. Eso es Oaxaca. Para mal de todos.

PRD: ciudadanización de candidaturas, simulada

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+ Engaño a la ciudadanía, su “apertura a sociedad”

 

Si en política existe algo peor que el autoritarismo y la imposición, eso seguramente es la simulación y el autoengaño sobre el supuesto ejercicio de la democracia. Eso es lo que le ocurre en Oaxaca a los partidos que integran las llamadas “fuerzas de izquierda”, que no sólo están haciendo todo tipo de arreglos cupulares para imponer a sus intereses, sino que también están simulando apertura a la ciudadanía y democracia en los procesos internos, a través de los cuales están tratando de dirimir las postulaciones al Senado y las diputaciones federales.

En efecto, si desde el primer momento hubo sospechas de que tanto el Partido de la Revolución Democrática, como el Partido del Trabajo y Movimiento Ciudadano, estaban jugando a la democracia para luego legitimar la satisfacción de los intereses de los grupos y tribus que los integran, la carta hecha pública este sábado por el doctor Hugo Sarmiento, precandidato ciudadano a diputado federal por el distrito 08 de Oaxaca, no deja lugar a dudas.

En la misiva, publicada en la página 13 de TIEMPO, en su edición del pasado 17 de marzo, el doctor Sarmiento establece que decidió inscribirse como precandidato a diputado federal por Movimiento Ciudadano y el PRD, motivado por grupos de la sociedad e integrantes del gremio que él encabeza (la Sección de trabajadores del IMSS en Oaxaca), y por contar con un proyecto social definido. Sin embargo, el motivo de la carta es presentar su renuncia como precandidato por dichos partidos, aduciendo la falta de democracia en Oaxaca “en donde priva la manipulación política, de encuestas y voluntades, además de un desaseo político”.

¿A qué se refiere el doctor Sarmiento? A algo que muchos sospechábamos; algo con lo que también las dirigencias de los tres partidos han querido engañar a la sociedad; e incluso  con lo que algunos, sí se fueron con la finta. Es decir, con el hecho de que el supuesto “proceso democrático” para elegir a sus candidatos era una mera simulación (con todo lo que eso implica), y que finalmente todo habría de ser decidido como es su costumbre: imponiendo, repartiendo según los grupos y las cuotas; y pasando por encima, sin ningún pudor, de quienes sí exigen democracia en esos partidos.

Y es que, desde lejos podía verse —casi desde el primer momento—, que independientemente de las promesas de equidad y democracia en el proceso interno por las fuerzas de izquierda en Oaxaca, de todos modos era muy alta la posibilidad de que todo terminara definiéndose según sus viejas tradiciones de reparto y acaparamiento, y no de democracia.

Señales claras de esta última práctica —sin duda nociva para la democracia—, fueron los aspirantes que surgieron de la nada, prometiendo todo, y asumiéndose como “ciudadanos”, pero presumiendo al mismo tiempo apoyos tanto de la cúpula de esos partidos, de sus tribus, de sus parientes o parejas sentimentales que tienen cargos de dirigencia en ellos, e incluso de altos funcionarios y grupos políticos del Gobierno del Estado.

Todo eso se contraponía claramente con la supuesta democracia y equidad que privaría en la contienda, las cuales fueron motivación clara para que algunos ciudadanos auténticos, emanados de gremios o de la sociedad civil, se inscribieran para tratar de competir de forma democrática, someterse a muestreos específicos y tratar de conseguir una postulación a los cargos que estarán en juego en el proceso electoral federal del presente año.

 

DAÑO A LA DEMOCRACIA

Con todo esto queda claro que si hay algo peor que la antidemocracia, esto es la simulación de la democracia. ¿Por qué? Porque el autoritarismo, la imposición y el acaparamiento, cuando menos alientan a luchar por revertirlos, e incluso se convierten en la bandera de quienes sí quieren la democracia. Pero, ¿qué pasa con quienes prometen honrarla, y para ello hasta demuestran sus convicciones confeccionando procesos democráticos, reglas, equidad y competencia, pero que al final terminan traicionando todo para resolver la competencia según sus viejas y viciadas tradiciones partidarias?

El resultado de ello, sin duda, es el descrédito total a la democracia. Pues eso lleva a que tal práctica sea vista como un mero mecanismo de legitimación para los intereses de los actores determinantes, y también —y eso es lo más riesgoso— como una forma potencial de engañar a la sociedad de que ellos sí están siendo democráticos, cuando realmente están distorsionando todas sus promesas con tal de dar no lo que dice la mayoría, sino exactamente lo que quieren sus dirigentes.

En el caso específico del PRD y los partidos satélite que lo ronda, el intento no sólo es cuestionable sino también deficiente. Cuestionable por el hecho del engaño que realiza a quienes sí creyeron en su supuesta apertura interna a la democracia y a las expresiones ciudadanas, y decidieron participar de esos actos que finalmente lo único que han hecho es coronar la simulación. Y deficiente porque, según es su costumbre, para decidir los perredistas ni siquiera estuvieron dispuestos a guardar las formas mínimas que debieran seguir aquellos que pretenden imponer pero sin provocar rupturas y descontentos.

No lo hicieron así. Ellos prefirieron manipular, como dice el doctor Sarmiento, las encuestas y las voluntades, no para ayudar al aspirante más idóneo a conseguir la candidatura, sino para cumplir, de la forma más burda y desaseada, los caprichos e intereses específicos de sus cúpulas, y del gobierno al que siempre han servido. Qué lamentable es todo esto no para el PRD (o para el doctor Sarmiento, y para todos aquellos que invirtieron tiempo, ánimo, esfuerzos, dinero y capital político por creer en la promesa perredista), sino para la democracia.

 

MUCHOS RIESGOS

Finalmente, eso demuestra que partidos como esos, en estados como Oaxaca, son doblemente peligrosos. Son un riesgo para la sociedad por la impúdica antidemocracia que ejercen, pues no les da vergüenza siempre terminar postulando a personajes ligados a sus cúpulas de siempre, al margen de cualquier proceso democrático o de demostración de la aceptación o fuerza ciudadana que dicen tener. Pero también son un riesgo, porque según se puede ver, ellos no tienen temor, ni pudor, ni vergüenza, en asegurar públicamente que harán algo, y terminar traicionándolo también a la vista de todos. Su “proceso democrático” para elegir a sus candidatos a diputados federales en Oaxaca, así lo demuestra. Dios nos libre de esa “democracia”. 

PRI: los “operadores” no controlan nada

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+ Martín Vásquez rompe con los cacicazgos

 

Buena parte del desastre en que se convirtió la negociación por las candidaturas a las diputaciones federales y el Senado de la República en el Partido Revolucionario Institucional de Oaxaca, fue provocado por los mismos operadores que, se supone, tenían el deber justamente de generar los consensos, y no de confrontar a la militancia al grado de la ruptura. El resultado de todo esto no sólo impactó en las impugnaciones exitosas sobre más de la mitad de las postulaciones, sino que eso también abrió un boquete al poder de los fácticos Jefes Políticos del priismo oaxaqueño.

En efecto, es necesario ver con más detenimiento todo lo ocurrido en la última semana en el priismo oaxaqueño. No son gratuitos, ni fortuitos, los recursos de impugnación que fueron interpuestos ante los tribunales electorales de la Federación por las postulaciones del priismo oaxaqueño, como tampoco fue mera coincidencia que la lista de candidatos por la vía plurinominal asignada para Oaxaca sufriera cambios drásticos de último momento, y generara otra turbulencia entre los grupos de poder del tricolor en la entidad. Todo tiene una explicación.

Más allá de lo jurídico, las impugnaciones interpuestas a las convenciones distritales del priismo oaxaqueño tienen una motivación clara: que los operadores del Revolucionario Institucional, decidieron actuar simplemente aplicando las reglas tradicionales del priismo, que no toman en consideración que aquí ya no hay Gobernador ni un solo Jefe Político del PRI; que muchos grupos influyentes quedaron en cierto grado de orfandad, y que por esa razón hoy actúan con un margen mayor de libertad; y que por esa razón era necesario generar consensos para evitar las rupturas derivadas de la imposición.

El problema es que, tanto el delegado del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, Arturo Osornio, como el entonces dirigente del priismo oaxaqueño, Eviel Pérez Magaña, decidieron aplicar sus normas como capataces, y no como operadores. Quizá su desbordante grado de soberbia, de insensibilidad o de indolencia, no les permitió ver que sus decisiones no podían ser tan verticales como antes, y que ante la falta de negociación y de convencimiento, lo que naturalmente ocurriría sería la interposición de recursos jurídicos por parte de los agraviados.

Esto, en particular, deja ver dos fallas enormes de esos dos supuestos “operadores” del priismo oaxaqueño. La primera radica en su indisposición para generar diálogo y consenso entre todos los factores del priismo, y conseguir candidaturas medianamente reconocidas por todos los grupos, aún por los perdedores (cosa que no ocurrió, por el afán de privilegiar los intereses de los tres Jefes Políticos del priismo —que no son otros que los ex Gobernadores).

Y la segunda, que es todavía más grave: Si sabían de antemano que sus determinaciones carecían de consenso, y que por tanto serían impugnadas ante los tribunales jurisdiccionales competentes, lo menos que debieron hacer es una pulcra construcción jurídica de sus expedientes, al menos con los requisitos mínimos que marca la ley.

El problema es que fallaron en la primera de las tareas (ante lo cual, incluso lo ilegal se convalida por la aceptación expresa de los directamente involucrados), y de ahí derivaron las impugnaciones. Y en esa tarea también perdieron, porque ni siquiera tuvieron el cuidado mínimo para no dejar jurídicamente endeble lo que, políticamente, habían construido de la peor manera posible.

Ese fue el primer legado fatal de Pérez Magaña y de Osornio, y de ahí derivó otra crisis en el priismo oaxaqueño, que posiblemente marque nuevos rumbos sobre el poder y la influencia real que tienen los Jefes Políticos sobre el partido, tanto en Oaxaca como en la Ciudad de México.

 

SALTARSE LAS JERARQUÍAS

Algo que provocó particular molestia entre los aliados del ex gobernador Ulises Ruiz Ortiz, no fue sólo que éste no fuera tomado en cuenta para la construcción de la lista de candidatos a diputados federales y senadores por la vía de la representación proporcional. Lo que, en realidad, les hizo más ruido y molestia, fue la aparición de los ex aspirantes a la Senaduría por Oaxaca, Martín Vásquez Villanueva y María de las Nieves García Fernández. ¿Eso qué tiene de trascendente?

Tiene de trascendente que su aparición en las listas de candidatos por la llamada “vía plurinominal”, en realidad no pasó por la aprobación de los notables del priismo oaxaqueño, y también fue una demostración fehaciente de que no todo el poder está depositado en los Jefes Políticos, y que, en ese sentido, el Comité Ejecutivo Nacional puede tomar determinaciones que rebasan esa supuesta influencia determinante que tienen sobre lo que ocurre en Oaxaca.

Y es que la inclusión de Vásquez Villanueva y de García Fernández en la lista de candidatos a diputados por la vía de la representación proporcional, fue tomada como una afrenta, que luego los aliados del ex gobernador Ruiz trataron de remediar amagando al Comité Nacional con renunciar a sus candidaturas y espacios partidistas, si se decidía la permanencia de Vásquez y García como candidatos plurinominales. Fue, de hecho, la reacción al por qué ellos sí habían sido considerados como abanderados, y no el Jefe de ese grupo político.

Lo cierto, en todo esto, es que hechos como ese —o como la permanencia de María del Carmen Ricárdez Vela en la dirigencia estatal del priismo, la cual tampoco pasó por la aceptación expresa de los Jefes Políticos— comienzan a demostrar las grietas que tiene la verticalidad que se ha seguido practicando en el priismo, y que hoy, sin un Gobierno que respalde y haga coercibles las decisiones políticas, simplemente parece que comienza a perder el vigor de otros tiempos.

 

CANDIDATOS CUESTIONADOS

Lo otro que queda demostrado con todo esto, es que quienes quisieron construir sus candidaturas a partir de la estructura del tricolor oaxaqueño, también están en entredicho. Hoy, nadie puede asegurar que verdaderamente sean las mejores opciones todos aquellos que fueron impulsados desde las estructuras tricolores. ¿De verdad hay sustancia política en Elizabeth Acosta López, que “creó” su candidatura desde la Secretaría de Gestión Social del PRI? La misma pregunta le acomoda al impresentable Alejandro Avilés Álvarez, o al mismo Eviel Pérez Magaña. ¿Es democracia o mero reparto? Ya el tiempo dirá.

Educación y partidos; en México todos fracasamos

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+ ¿Porqué mayor instrucción no trae más honestidad?

 

Hay varias ideas sobre las tendencias políticas de los mexicanos que, de tanto decirlas, se convirtieron en lugares comunes y, además, con el paso del tiempo demostraron su alto grado de falsedad.

Una de ellas decía que ante un mayor nivel educativo, los hombres y las mujeres dejaban los pensamientos conservadores y comenzaban a simpatizar con los partidos o grupos políticos más progresistas del país. Otro decía que el país estaba ahogado en el atraso y la corrupción gracias a la falta de preparación de sus funcionarios. Y uno más, decía que la corrupción se debía exclusivamente a un partido político, por ser el eterno gobernante y el estimulador de todos los vicios que laceraban al país. Hoy está demostrado, para mal de México, que poco o nada de eso, es cierto.

El primero de los mitos aludidos (de entre muchísimos que existen en el país), sostiene que sólo las sociedades más educadas tienen simpatía por los partidos más progresistas. A partir de ello se explicaba, con razón, que varias de las entidades de la República en las que sus habitantes tienen un mayor grado de preparación y cultura, eran las que simpatizaban con fuerzas progresistas de izquierda como las que conformaron el Partido de la Revolución Democrática. Una de ellas, paradigmática, era el Distrito Federal.

Eso se decía hace dos décadas, y no faltaba razón para ello. De hecho, aunque no en el rumbo que lleva el gobierno federal, pero sí en su propia lógica, la capital del país ha sido ejemplo de la lucha por la alternancia política y, sobre todo, por el rechazo a la hegemonía priista. Sólo así puede explicarse que desde la primera ocasión en que a los habitantes de la capital de la república se les permitió votar para elegir a sus gobernantes y a sus representantes populares, éstos se manifestaran arrolladoramente a favor de los candidatos impulsados por las fuerzas progresistas del país.

No obstante, debiéramos preguntarnos si esa premisa aplica para todas las entidades federativas y sociedades políticas de México. Y es que, aunque el Distrito Federal es ejemplo de lo anterior, queda claro que en sociedades que no tienen el grado de desarrollo de la capital del país, también han optado por las opciones políticas de la izquierda.

¿A qué se debe esto? La respuesta parece fácil: A que, en estos tiempos —en los que ganar significa todo aunque después no se sepa para qué se quiere el poder—, es más fácil comprar que convencer.

En esa lógica, los partidos progresistas de la izquierda, que tienen una capacidad natural de convencer a todos aquellos que tienen un grado mediano de conciencia social, también decidieron “competir” con las “vías naturales” de la política partidista del país. Es decir, con las prácticas del clientelismo, la compra de votos, la utilización abierta de programas sociales del gobierno como imán para simpatizantes y la cooptación de votantes a partir de dinero o prebendas, y no a partir del convencimiento real y específico de los ciudadanos que simpatizan con sus causas.

Esta práctica rompió aquel mito de manera brutal. De hecho, la izquierda comenzó a imitar las malas prácticas de sus oponentes con tal de conseguir el poder, pero a la vez continuó engañando a todos con la idea de que ellos constituyen el cambio real que el país necesita. Es posible que sí sean. Pero con tal de conseguir el poder (ellos y todos los partidos que luchaban contra el oficialismo, antes de la alternancia partidista del año 2000), incluyeron a personas y grupos sin ideología, y comenzaron a vender como izquierda lo que no era. Hoy, finalmente, el resultado impacta en un enorme menoscabo a la verdadera democracia.

 

OTROS MITOS

¿El país está ahogado por la falta de preparación de sus funcionarios? Queda claro que no. Es evidente, en esa misma lógica, que lo que agobia al país se llama corrupción. Y que ésta, en nuestro país, no ha respetado partidos, ideologías, preparación académica y grados universitarios.

Resulta grave —y con tristeza debemos reconocerlo— que en México han sido igual de corruptos los funcionarios preparados lo mismo en las universidades públicas que en las privadas; han sido lo mismo los funcionarios preparados en México que en el extranjero. Y, de hecho, la corrupción ha venido cooptado todos los niveles del gobierno, independientemente de que sus funcionarios sean priistas, panistas, perredistas, verdes o panalistas. El daño, por tanto, es estructural y, sobre todo, cultural (y hasta endémico) de nuestra sociedad.

¿Cómo cambiarlo? El remedio demagógico siempre ha sido el de crear instancias de fiscalización. Hoy, se supone, existen innumerables filtros relacionados con la eliminación de la corrupción. Para eso existen órganos internos de control, contralorías, vigilancias y hasta auditorías superiores de la Federación y de los Estados.

¿Eso ha resuelto algo? Queda claro que no: La corrupción se ha venido perfeccionando en la misma medida que se elevan las facultades de los órganos fiscalizadores. Y por eso, hoy resulta que los corruptos en México tienen un grado envidiable de perfeccionamiento y preparación, porque sólo así consiguen darle la vuelta a las leyes y las instituciones creadas para ese efecto.

El problema es que la educación no ha cambiado. Es relativamente poco lo que se ha logrado para conseguir que, por voluntad y por convicción, los funcionarios y los ciudadanos dejen de ser corruptos y tengan mayor disponibilidad para cumplir la ley. Mientras eso no ocurra, de todos modos seguiremos dando vueltas en el mismo círculo vicioso, en el que quien hace la ley hace también la trampa, y en las que todos resulta que elevan el nivel de control, justamente buscando que también se incremente el nivel de la corrupción… y que al final de todos sigan estimulando la corrupción sólo que con mayores niveles de perfeccionamiento.

 

¿LA CORRUPCIÓN SOMOS TODOS?

Hay quienes, todavía de una forma absurdamente maniquea, aseguran que la corrupción y las malas prácticas de gobierno eran propias de un partido político. Esencialmente, dicen que el PRI era el único partido corrupto, en el que todos sus militantes y funcionarios hicieron del erario una caja chica de la cual se beneficiaron. La realidad les ha dado la pauta real: corrupción hay en todos los partidos, porque independientemente de la alternancia ésta no puede ser erradicada. Cómo decir que la corrupción tiene un nombre y un membrete específico, si las cifras indican que ésta sube y sube independientemente de quién gobierne.

Transparencia publicitaria: no a maniqueísmos

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+ PRI: ¿la rebelión alcanzará a todos los grupos?

 

Una discusión tan sensible como la de la publicidad oficial, no debe estar sujeta a facciones, ni a distorsiones, y mucho menos ser vehículo para vendettas entre grupos de poder. En Oaxaca ese tema específico de la relación comercial entre el gobierno y los medios de información, debe llevarse a cabo en la perspectiva y alcances correctos, y con los actores adecuados. Y como la asignación de publicidad oficial debe ser una razón de Estado, entonces la discusión alrededor de ella debe tener la altura suficiente como para alcanzar a ver por encima de los maniqueísmos y las disputas entre grupos políticos.

La publicidad oficial es razón de Estado, no sólo porque los recursos que utiliza son públicos o porque —se supone— lo que pretende promover el Estado a través de la publicidad son temas de interés general, sino también porque esa es una forma de promover el ejercicio de las libertades de expresión e imprenta, consagradas en todas las constituciones democráticas contemporáneas del mundo. En esa lógica, una regulación de la publicidad oficial siempre será benéfica en la medida que logre equilibrar y transparentar la relación entre el poder y la prensa. Cuando no es esa la intención, entonces lo que se pretende es un engaño y una afrenta para la democracia.

La publicidad oficial debe ser razón de Estado, y todos los actores involucrados deben asumir esa premisa en toda su magnitud. En primer término, debe ser el Estado el promotor de una asignación correcta, transparente y equitativa de la publicidad oficial, y deben ser todos los medios de comunicación los primeros interesados en que se respeten esos principios básicos.

Del mismo modo, deben ser los agentes del Estado (es decir, el gobierno en su conjunto) los primeros interesados en velar porque la publicidad cumpla verdaderamente con el fin de informar a la ciudadanía sobre acciones y temas que verdaderamente son del interés general; pero los medios de información, también, debieran comenzar a eliminar la tendencia a seguir permitiendo que se promuevan personas y proyectos políticos, y exigir que la publicidad que venden al gobierno sea la éticamente idónea, y no sólo la más conveniente a criterio del mercado.

Del mismo modo, como la publicidad es razón de Estado, todos deben abonar a la existencia de una legislación acorde a las necesidades comunes del gobierno y los medios, y se debe estimular, desde todos los frentes, la participación de todos los involucrados no sólo para generar un instrumento jurídico en específico, sino también para crear un conjunto de mecanismos claros, consensados y legítimos, a través de los cuales se pueda cumplir con los fines que, en teoría, persigue el Estado al contratar publicidad con recursos públicos para los medios informativos.

Incluso, como la publicidad oficial es razón de Estado, todos deben abonar porque se termine la discrecionalidad, y porque también se elimine la práctica de asignar recursos como una forma de premio o coacción para los medios críticos o afines, según sea el caso. Finalmente, la inexistencia de una regulación específica —así sea la menos acabada— para la asignación de publicidad oficial, a lo único que contribuye es a seguir menoscabando la de por sí poco accesible libertad de expresión. La falta de regulación a la única que premia es a la discrecionalidad, y con ello también se estimula el medio fáctico de control sobre los medios que, finalmente, con sus errores y aciertos, han jugado —hemos jugado— un factor determinante para esta democracia que hoy tenemos.

 

EL CASO OAXACA

En el caso específico de Oaxaca, el primer requisito es que la discusión sobre la publicidad oficial se aleje de los insultos, de las facciones y de los maniqueísmos. Como todo en la vida, esta discusión no se reduce a un mero asunto entre buenos y malos, o a entre puros y conversos; y por esa razón, debe haber inclusión y claridad respecto a los temas que son torales para los medios, y necesarios para la democracia.

En primer término, cada uno de los actores debe asumir el papel que les toca jugar. Los medios y el gobierno deben asumir su papel de partes directamente involucradas en el tema, y deben honrar su convicción democrática participando conjuntamente en la confección de normas y prácticas que se ajusten a sus necesidades comunes.

Frente a ellos, los actores periféricos deben también asumir el papel que les toca representar, evitando la tentación de erigirse en jueces de una actividad periodística que no conocen ni ejercen, y también alejándose de las posturas maniqueas a partir de las cuales asumen que el control de la publicidad debe generarse para limitar la supuesta voracidad de los medios, pero no para garantizar que el Estado reparta de manera equitativa, correcta y transparente los recursos públicos asignados para publicidad oficial, entre todos los actores posibles, y no privilegiando a uno (o a un grupo), a costa de condenar a la desaparición a todos los demás.

Finalmente, todos los esfuerzos son loables, pero cada uno de ellos debe verse desde una perspectiva crítica para asumir el fin que persiguen. No se trata, pues, de que todo continúe en la discrecionalidad, como tampoco de que agentes extraños, que no conocen las vicisitudes y los retos diarios de los medios informativos, sean quienes pretendan juzgar a los actores periodísticos, y dictar normas jurídicas (y hasta morales) sobre cómo deben comportarse unos y otros en una relación en la que ellos no están involucrados.

Lo ideal sería que esta discusión tuviera una verdadera visión de Estado desde todos los frentes en que pretende darse. Ojalá que hubiera más claridad para abordar este tema, y para concretar una verdadera agenda de los medios de comunicación que abordara ese y otros problemas que son tanto o más urgentes para garantizar la libertad de expresión en un estado como el nuestro.

 

TRIFULCA PRIISTA

Comentan que antenoche, cuando el ex gobernador Ulises Ruiz se enteró que no fue incluido en la lista de candidatos plurinominales a cargos legislativos por el PRI, mandó a sus personeros, Eviel Pérez Magaña entre ellos, a amenazar al secretario de Organización del CEN, con renunciar al partido si no se quitaba de la lista de candidatos plurinominales a Martín Vásquez y Nieves García. No lograron nada. Y el CEN constató su desdén al ex Mandatario, cuando le negó a varios candidatos oaxaqueños la posibilidad de tomarse la foto con el candidato presidencial, Enrique Peña Nieto. Abundaremos.

PRI: todo pasó por respetar poderes cupulares

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+ Lo dicho: todo a URO… para que no exija más

 

Vistos desde el tamiz de la democracia real, parecieran inexplicables los acuerdos a través de los cuales el Partido Revolucionario Institucional trata de mantener la “unidad” en Oaxaca. Tales acuerdos, en realidad, son un mero reparto entre las cúpulas y los sucesivos Jefes Políticos tricolores de la entidad, que no está respetando las expresiones reales de la militancia priista de Oaxaca, pero que pretende justamente que los Jefes Políticos no exijan más de lo que ya les fue dado.

En efecto, en todo esto hay innumerables decisiones que no son explicables a partir de una lógica común. No es del todo comprensible, por ejemplo, por qué el CEN, bajo las dirigencias sucesivas de Humberto Moreira, y de Pedro Joaquín Coldwell, no hayan tomado determinación alguna respecto a la profunda división y conflictos que existe alrededor de la dirigencia estatal del PRI en Oaxaca.

Del mismo modo, no resulta fácilmente comprensible la decisión de enviar a un delegado político que únicamente ha respaldado las decisiones del otrora grupo gobernante, pero que en realidad no hizo nada, y ni siquiera intentó ser un referente democrático interno para el priismo, ni un factor de cohesión o de concordia.

Incluso, en esa misma lógica, no parece haber una explicación satisfactoria respecto a por qué las candidaturas al Senado de la República, y a las diputaciones federales, respondieron a un mero reparto cupular de posiciones y, por qué, de nuevo, no atendieron a las expresiones reales de la militancia tricolor en las distintas regiones del Estado.

Todo esto no parece ser parte de un guión democrático, sino que más bien son destellos de la sempiterna película priista, en la que unos arreglan todo, y los demás están obligados a seguir las reglas que ya marcaron los mayores. Y es que, al menos para el caso de los sucesivos Jefes Políticos del priismo oaxaqueño (los ex Gobernadores), esto resulta ampliamente benéfico para la preservación de sus parcelas de poder en la entidad; y al mismo tiempo, eso resulta también ganancioso para el Comité Nacional de ese Partido, pues así tiene menos compromisos que cumplir en las esferas nacionales. El problema es que, todo esto, tiene un costo altísimo en términos de militancia, de credibilidad y de capacidad real de competencia.

No obstante, parece que tal preocupación no permea entre los grupos que pactaron. Cada uno de esos Jefes Políticos, asume que sus respectivos candidatos serán arrastrados por el jale del candidato presidencial, Enrique Peña Nieto; consideran también que habrá un “factor Peña” para ayudarlos a ganar. Y saben que si esto ocurre, y el PRI regresa a la Presidencia de la República, de nuevo todos los factores tendrán que alinearse a lo que resulte de una nueva negociación entre ellos, para ver quién encabeza formalmente la dirigencia partidista en la entidad.

Todas sus cuentas, en realidad, rondan en el supuesto de la victoria presidencial. No obstante, no parecen haberse dado cuenta que, en realidad, el CEN está jugando perversamente con todo el priismo oaxaqueño, pues hoy les está cambiando oro por espejos al negarles, a todos, los espacios nacionales que un buen dirigente debiera estar exigiendo como una posición segura. Al final, parece claro que para mantener el estado de cosas (en el que el PRI y sus espacios pertenecen a tres o cuatro personas, y ellos deciden todo), todos están dejando ir los pesos, por empecinarse en contar los centavos. Veamos si no.

 

ORO POR ESPEJOS

El primer día del mes de abril del año pasado, anotábamos en este espacio que “lo que se ve es que la época de los intercambios ya comenzó. El dirigente nacional Moreira Valdés parece estar dando, a cambio del asiento que no entregó en el CEN priista al ex gobernador Ruiz, el respaldo para que éste reconfigure su grupo político de Oaxaca. Es decir, que a cambio de no cargar con el costo político de incluir a una figura de tantas aversiones y tantos costos políticos como el ex Mandatario, Moreira le está permitiendo que haga todo para conservar el feudo local que aún tiene en Oaxaca. De ahí puede entenderse que todos, sin excepción, estén respaldando a la dirigencia del diputado Pérez Magaña, pero que nadie haga más por elevar la presencia del grupo del ex gobernador Ruiz.”

Ese intercambio hoy sigue siendo vigente. Porque si primero la dirigencia nacional del PRI le permitió a Ulises Ruiz conservar el control de la dirigencia, fue sólo a cambio de que éste no exigiera el espacio en el Comité Ejecutivo Nacional que inicialmente se le había prometido. Luego, al perder éste la fuerza que tenía como figura de fundamental ascendencia en el priismo, aunque continuaba teniendo una capacidad de operación electoral nada despreciable, el priismo nacional hizo otro intercambio con el ex Gobernador.

Unos y otros decidieron que la única posibilidad de mantener el control del priismo oaxaqueño era a través de un acuerdo con todos los ex mandatarios que aún siguen siendo priistas. Por eso, todos fueron llamados y a todos se les entregó ciertas posiciones y candidaturas dentro del CDE, marginando a todas las demás expresiones regionales y minoritarias que exigían ser tomadas en cuenta.

La entrega no fue a cambio de nada: a todos se les dio candidaturas para tratar de comprometer el trabajo de todos a favor del priismo. No obstante, ese intercambio trajo otra decisión: que, hasta donde se sabe, ninguno de esos Jefes Políticos será incluido en las listas nacionales para las cámaras federales. Es decir, que no veremos entre ellos candidaturas plurinominales que en otro tiempo se pudo pensar que tendrían dada su importancia como priistas.

La operación fue perfecta: el CEN se quitó cuando menos tres problemas de encima. Repartió cupularmente las candidaturas y puso a trabajar a favor del PRI a esos factores; y finalmente no entregó nada de lo que verdaderamente le importa a cambio de “arreglar” el conflicto del priismo oaxaqueño que, valga decirlo, a ras de suelo está más enredado y enconado que nunca.

 

CAPRICHITO

Ayer, el diputado Francisco Martínez Neri declaró, abruptamente, suspendida la sesión ordinaria del Congreso del Estado, porque una hora y media después de la hora que marcaba la convocatoria, aún no había quórum. Este, que aparenta ser un acto de corrección y apego a la norma, en realidad, dicen, es un berrinche porque nadie toma en cuenta al ex Rector de la UABJO, como Presidente de la Mesa Directiva del Congreso local. ¿Será?

Prepotencia: de mucha, sólo conocemos la que se ve

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+ Ugartechea: ¿Qué tipo de “respeto a ley” estimula?

 

¿De verdad debe dejar satisfecha a la sociedad oaxaqueña, el remedio que el presidente Municipal de Oaxaca de Juárez, Luis Ugartechea Begué, le dio al tristemente célebre asunto del “Gentleman de Oaxaca”? ¿De verdad todo lo resuelve el despido de un individuo indefendible, como Juan Francisco Arias Díaz? Es claro que un asunto tan delicado como este, debe verse en una perspectiva más amplia que la del solo hecho en sí mismo. Esto debiera preocuparnos a todos.

¿Qué ocurrió? Que, tal y como aparece en el video colgado en el sitio Youtube el pasado lunes, hace unos días el citado individuo fue arrestado, en completo estado de ebriedad, por la misma Policía Municipal de Oaxaca de Juárez. Al ser llevado a la Comisaría citadina, Arias Díaz hizo objeto de todo tipo de insultos y jaloneos a los elementos policiacos que lo trasladaron, al punto de retar a golpes a uno de ellos, de exigir en un tono altisonante que lo esposaran, y de amenazar a varios agentes con cesarlos gracias al poder y la cercanía de la que él presumía tener con el Munícipe. En el mismo video se ve claramente cómo los agentes policiacos no respondieron a ninguna de sus agresiones, y cómo hasta le ofrecieron llevarlo a su casa. Fue, pues, toda una demostración de la “mejor” y más pura prepotencia que no es nada rara en nuestro ambiente cotidiano.

De esto deben preocuparnos, a todos, varias cuestiones. La primera de ellas, tiene que ver con la disposición al gobierno municipal a mantener este asunto en privado. Queda claro que si nadie hubiera subido este video a la red de internet, y si nadie lo hubiera difundido en las redes sociales, seguramente el acto de prepotencia habría quedado como una más de las no pocas anécdotas de ese tipo que existen entre los elementos municipales, e incluso habría quedado en la completa impunidad.

Además, quién sabe si por temor al escándalo, o porque de verdad no se había tomado ninguna medida contra el individuo aludido, la administración que encabeza Luis Ugartechea no había hecho público un solo dato del episodio, y tampoco de la decisión de separar de sus funciones al secretario privado.

Y es que un acto de prepotencia, de arbitrariedad y de abuso de autoridad, como el que protagonizó Díaz Arias, es moral y jurídicamente equiparable al de un acto grave de corrupción, que no sólo no debe ser minimizado ni ocultado, sino que, al contrario, debiera ser hecho público de oficio para dar muestra de la vocación democrática y de legalidad por parte del gobierno, y para lanzar mensajes a otros funcionarios para que no repitieran la conducta.

El problema es que el gobierno de Ugartechea actuó tarde; seguramente lo hizo sólo como una reacción natural al escarnio; y, en el fondo, anunció el cese fulminante de Juan Francisco Arias Díaz, en un intento por apagar lo más rápido posible el ruido que generó la difusión del video. Nada se dijo, por ejemplo, de las razones que llevaron a los agentes a resistir todos los ataques e insultos del individuo; de las razones que impidieron que éste fuera detenido por las agresiones a la autoridad; y, sobre todo, de los antecedentes que tienen este tipo de conductas en el gobierno que encabeza.

Es evidente, pues, que la salida a este asunto fue la más fácil, pero también la más incompleta, si es que esas medidas se tomaron únicamente para apagar las críticas de la opinión pública. Al gobierno de Luis Ugartechea le hace falta dar otras explicaciones respecto al hecho y su contexto, y también le hace falta tomar nuevas medidas para evitar que esto vuelva a ocurrir.

 

¿TODOS SOMOS “GENTLEMEN”?

Comúnmente, los elementos policiacos de cualquier corporación tienen quejas veladas de que, en sociedades como la nuestra, todos, o casi todos, por alguna razón, sienten que son influyentes. A partir de ello, dicen, la gran mayoría de las personas pretenden evadir la acción de la ley ya sea estimulando actos de corrupción (con la clásica “mordida”), o ya haciendo gala de la prepotencia y la altanería que, es la alternativa dura al influyentismo que otorgan el poder o el dinero.

Sin embargo, una cosa es lo que se dice y otra la que podría estimularse desde un mismo gobierno. ¿Por qué sobre Arias Díaz la Policía Municipal de Oaxaca de Juárez no tomó ninguna acción no sólo por las conductas que había desplegado en el lugar en que fue arrestado, sino también por los insultos, jaloneos y amenazas que profirió sobre los agentes ya en las instalaciones municipales?

Lo que queda claro es que la inacción de los agentes rebasó el ámbito de la mesura, y sin ninguna duda se inscribió en el terreno del temor a verdaderamente ser reprendidos por arrestarlo, someterlo, esposarlo o entregarlo a la autoridad competente para que respondiera por los delitos cometidos en contra de la autoridad que representan los agentes.

Ante esto, el gobierno municipal de Oaxaca de Juárez debiera responder si es que, en efecto, hay alguien que estimula la impunidad o el miedo respecto a este tipo de actos. Porque si bien es cierto que este es el primer acto de prepotencia plenamente documentado, no es ni el primero ni el único exceso en que han incurrido servidores públicos municipales durante la presente administración. Aunque sin pruebas tan contundentes como un video, existen señalamientos claros respecto a los malos tratos que profieren algunos funcionarios municipales a los empleados y a la misma ciudadanía, sobre los cuales nadie se ha molestado en castigar o al menos “recomendar” que no ocurran.

En el fondo, este hecho debiera constituir un severo llamado de atención a todos aquellos que cotidianamente estimulan este tipo de tratos, este tipo de lenguaje, y este tipo de acciones en contra de sus subordinados, pero que ante una evidencia como este video, se escandalizan y hasta exigieron al Presidente Municipal la destitución del individuo. No se trata de hacer leña del árbol caído, sino de desterrar este tipo de conductas sin necesidad de que haya de por medio, un video como prueba contundente.

 

PAPÁ EN CAMPAÑA

Aseguran que don Heladio Ramírez López anda, en persona, haciendo campaña por toda la región de la Mixteca. ¿Saben por qué? Porque su hijo, Luis Antonio Ramírez, será candidato a diputado federal por ese distrito y, según ven, los apoyos del PRI no son tantos ni tan incondicionales como esperaban. Más bien, dicen, hay un panorama adverso. Por eso, el hijo y el padre andan en campaña. No vaya a ser la de malas… Abundaremos.

Distribuidor vial: todo por la puerta de atrás

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+ Salvatierra: erró al esconder sus movimientos

 

Visto desde fuera, Oaxaca y sus habitantes podríamos parecer un poco más que incomprensibles: por largo tiempo, exigimos obras, acciones y decisiones que, cuando son finalmente tomadas, también resultan molestar a ciertos sectores representativos de la ciudadanía, a grado tal de generar nuevos e intensos focos de oposición.

Esa podría parecer la actitud de los oaxaqueños frente a la construcción de una obra necesaria, como la del Distribuidor Vial en el crucero de Cinco Señores, en la capital oaxaqueña. El problema, sin embargo, no radica en la decisión o en las implicaciones del proyecto, sino en la forma en que fue tomada y asumida por el secretario de las Infraestructuras y el Ordenamiento Territorial Sustentable, Netzahualcóyotl Salvatierra López.

Dicho distribuidor, es una de las tantas obras que necesita nuestra capital. De hecho, Oaxaca tiene un grado importantísimo de rezago en infraestructura vial de todos los tipos, si se mira a la luz del desarrollo que tienen ciudades más o menos similares a la nuestra (en población, economía, etcétera) de otras entidades federativas. La capital de Oaxaca tiene, de hecho, un enorme grado de abandono y caos cotidiano en la vía pública, que hacía necesario que las autoridades comenzaran a hacer obras necesarias que, además, dieran una imagen distinta a la del estancamiento y el rezago.

En ese sentido, no sólo el crucero de Cinco Señores era un foco rojo. Contrario a lo que pasa en la mayoría de las ciudades de la República Mexicana, Oaxaca tiene una especie de “nudos viales”. Es decir, puntos álgidos que, si son bloqueados u obstruidos, provocan caos no sólo en los alrededores a él, sino en prácticamente todas las arterias viales importantes de la ciudad. Aquí existen varios puntos con esas características, que además de generar problemas ante los (tradicionales) bloqueos por cuestiones de lucha social, también eran representativos de la anarquía y el atraso vial que, casi siempre, aprisionaba la circulación y la fluidez del tránsito vehicular.

Por todo eso era necesaria la obra que hoy mismo ya se ejecuta. Por eso mismo, eran necesarias las propuestas de solución, y las decisiones que, por desidia y por incapacidad, no se habían tomado en el pasado. Por eso mismo, en el plano objetivo parece incuestionable el hecho de que, desde el poder estatal, se le pretenda dar solución a un problema como este. Sin embargo, queda claro que el problema no se encuentra, hoy, en el qué, tanto como en el cómo. La complicación, pues, parte de las formas éticas y políticas que no se siguieron, y de las personas y las organizaciones a las que no se respetaron al momento de tomar la decisión.

Y es que el primer punto álgido de todo esto, parte justamente del poco respeto por la ley que tuvieron las autoridades municipales y estatales. De hecho, por mandato del artículo 115 constitucional, la obra aludida debiera ser responsabilidad inicial del Ayuntamiento de Oaxaca de Juárez, quien a través de los mismos mecanismos que establece el precepto constitucional aludido, junto con el último párrafo del artículo 116 constitucional, debió haber solicitado la intervención del Gobierno del Estado para la ejecución y financiamiento de la obra.

No obstante lo anterior, la Secretaría de las Infraestructuras decidió completamente la obra, y el gobierno municipal de Oaxaca de Juárez no sirvió ni siquiera como una buena comparsa. Finalmente, todo se decidió en el ámbito del gobierno estatal, como si la Constitución federal y sus mandatos (a los cuales tampoco hizo caso el gobierno municipal), no fueran norma suficiente como para merecer respeto.

 

NO HAGAS COSAS BUENAS…

Eso justamente es lo que dice el refrán: no hagas cosas buenas, que parezcan malas. ¿Por qué decir lo anterior? Porque, ¿qué se pensaría de una dependencia gubernamental, que licita una obra de costos millonarios —quizá una de las más importantes de toda la administración actual— en la última del año, sin hacer la publicitación lo suficientemente amplia no sólo para cumplir con la ley, sino también para que a los ojos de la ciudadanía no quede la menor duda de que todos supieron que estaba concursándose la obra, y que cualquier interesado, constructor grande o pequeño, podría entrar a participar para tratar de conseguir la adjudicación de la misma?

De nuevo, ¿qué se pensaría de una dependencia estatal que proyecta la construcción de una obra de gran envergadura; que hace planos, estudios de factibilidad y todo lo necesario, pero que decide no “socializar” la obra lo suficiente? ¿Qué se pensaría de una dependencia oficial que se guarda hasta el último momento todos y cada uno de los detalles de esa gran obra?

La respuesta a esos cuestionamientos es simple: todo da pie a sospechar que, en efecto, la Secretaría de las Infraestructuras oculta “algo”, y que ese “algo” necesariamente tiene que ver con corrupción, con beneficios desmesurados, y quizá hasta ilegales, para unas cuantas personas o grupos empresariales, e incluso que dentro de esos beneficiarios se encuentra también un grupo político, o el mismo equipo de funcionarios que planearon, licitaron e iniciaron la ejecución de la obra a espaldas de todos los demás oaxaqueños.

Aún es muy pronto para saber si, en efecto, son susceptibles de confirmar algunas o todas esas sospechas. El problema es que al haber decidido haber hecho todo en sigilo, y haber sacado a la luz el proyecto, pero por la puerta de atrás, el Secretario de las Infraestructuras dio todos los elementos para alimentar el “sospechosismo” y comenzar a considerar que, en efecto, “algo” hay escondido en todas esas decisiones que, por muy positivas que sean, se tomaron en sigilo y levantaron innecesariamente todo el polvo que hoy empaña y demerita la obra que ya se ejecuta en el crucero de Cinco Señores.

 

CUESTIONAMIENTOS COSTOSOS

Algo muy similar ocurre con las inconformidades que la obra generó entre sectores como Pro Oax y la Fundación Alfredo Harp Helú. Esos grupos, que le guste o no al secretario Salvatierra, son mecenas de la ciudad y su patrimonio, lo que en el fondo querían es que el Gobierno tuviera la atención de darles a conocer el proyecto y quizá también sugerirles algunas adecuaciones. No lo hicieron. Y ahora tienen que pagar las consecuencias de acceder, forzados, a las pretensiones que bien pudieron haberse generado en un acto democrático de inclusión, que no tuvo capacidad de ver el “gobierno del cambio”.

Guerra anticrimen y DHs: EPR busca unificación

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+ Las vías se agotan, y los gobiernos no responden

 

La guerra contra el crimen organizado que encabeza el gobierno federal, y la poca atención que reciben las exigencias de respetar los derechos fundamentales, y resarcir y castigar efectivamente sus violaciones, parecen hacer irremediable la búsqueda de hermanamiento entre las distintas formas de lucha que existen en nuestro país. México entró en una peligrosa senda de aparente agotamiento de las vías institucionales tradicionales. Y eso podría hacer una suerte de “coctel” entre grupos de ciudadanos que exigen el fin de la lucha anticrimen, y los que en el fondo luchan por desaparecer al poder actual e instituir un nuevo régimen de gobierno.

En efecto, en los últimos años hemos visto con intensidad, cómo, por vías distintas, diversos grupos en nuestro país, han buscado vías eficaces para luchar a favor de los derechos fundamentales de las personas; y cómo, otros grupos terminaron incluidos accidentalmente en ese camino, pues al inicio su lucha fundamental estaba encaminada a temas distintos a los de la seguridad pública o el respeto a las garantías constitucionales de los gobernados. No obstante, las complejas circunstancias del país parecen unir a esos grupos que inicialmente no tenían casi nada que ver.

¿De quiénes hablamos? En lo relativo a la lucha anticrimen, y los abominables efectos colaterales que ésta ha tenido, existen diversos grupos puramente civiles. Uno de ellos, que aglutinó a una gran cantidad de esas expresiones de inconformidad, es el que encabeza el poeta Javier Sicilia.

Éste, a lo largo de los trabajos que ha realizado al frente del Movimiento por la Paz, con Justicia y Dignidad, ha exigido que el gobierno federal modifique las estrategias de la lucha contra el crimen organizado, y ha también señalado de manera frontal la urgencia de que las fuerzas armadas regresen a sus cuarteles, para evitar que éstas sigan cometiendo violaciones a las garantías individuales de las personas. En el fondo, además, ese y los demás grupos que lo acompañan, ondean la exigencia de que el gobierno federal deje de ponderar, en sus estrategias, la necesidad de preservar la seguridad pública aún a costa de sacrificar o menoscabar las garantías individuales de las personas.

En otro de los frentes se encuentran las exigencias del Ejército Popular Revolucionario. Ésta organización armada, que sostiene una lucha de largo aliento por derrocar al régimen actual e imponer uno apegado a sus principios políticos e ideológicos, se ciñó a esta lucha de una forma casi circunstancial: en mayo de 2007, aquí en Oaxaca fueron detenidos y desaparecidos dos de sus militantes. Desde entonces, han señalado que se trata de un caso de desaparición forzada de personas (delito penado no sólo por el orden jurídico interno, sino por toda la legislación internacional en la materia), del cual el Estado Mexicano es también responsable.

Hoy, cuando han pasado casi seis años en los que esos reclamos se han ido abultando, sin que uno solo pueda tener una respuesta satisfactoria por parte de los Poderes de alguno de los tres órdenes de gobierno, comienzan a surgir expresiones claras respecto a la necesidad de dejar de lado las vías institucionales actuales (por considerarlas ineficaces, aunque los ineficaces, deliberadamente o no, han sido quienes encabezan los organismos defensores, investigadores y juzgadores) para tratar de explorar otras vías a partir de las cuales puedan presionar al gobierno federal a dar respuesta a las demandas.

 

FRACASO EVIDENTE

A través de un comunicado, emitido el pasado 21 de febrero, el Partido Democrático Popular Revolucionario-Ejército Popular Revolucionario, hace un recuento estremecedor del fracaso de la lucha de todas las organizaciones, desde todos los frentes, y ante todas las vías posibles, en favor de los derechos humanos, y en contra de las acciones violatorias de estas garantías por parte del gobierno federal. Del recuento, destacan algunos puntos como los que ahora reseñamos:

“No ha bastado la lucha por el respeto y defensa de los Derechos Humanos dentro del marco jurídico establecido (…) No basta con sólo recurrir a las organizaciones de defensa de los Derechos Humanos en el plano nacional, los testimonios de miles de victimas de la impunidad de Estado, lo prueban (…) No ha sido suficiente la denuncia pública nacional e internacional para detener la violencia generada por el Estado mexicano contra el pueblo y sus organizaciones…

“Ante el autoritarismo y la violencia que todo descalifica, criminaliza y mata desde el Estado no ha sido suficiente recurrir a las ong´s de Derechos Humanos internacionales que año con año rinden su informe sobre la situación de violación a los Derechos Humanos en nuestro país. Este gobierno de criminales como todo régimen autoritario hace caso omiso y continúan violando de manera sistemática los Derechos Humanos fundamentales (…)  Insuficientes han resultado las críticas y los análisis condenatorios, las abundantes y documentadas denuncias, como también, los informes sobre la situación imparcial y facciosa de la impartición de justicia en México al servicio de unos cuantos (…) Miles de mexicanos sabemos por la experiencia que recurrir a la vía judicial para demandar justicia es inútil, porque a los que se les pide justicia se les comprueba en cada momento que son ellos mismos parte de los agresores del pueblo y los luchadores sociales”

Destacan también “la expatriación, el destierro forzado; la limpieza social; el asesinato contra la población indefensa son parte de ese terrorismo de Estado que se sigue ejerciendo a pesar de la denuncia política y los dictámenes de ONG’s DH’S internacionales”

 

LUCHA CONJUNTA

Nadie debiera desatender este llamado, independientemente de quién y cómo se hace. El nivel de tensión llega al límite. Por eso no se equivoca el EPR cuando señala que “todas las medidas implementadas por separado de las personalidades progresistas, organizaciones populares y de Defensa de los Humanos han dado hasta ahora medianos resultados o dan resultados temporales, corremos el riesgo como pueblo de que la violencia institucionalizada escale en crueldad y masificación, si no existe unidad de todo el pueblo, se trata de proteger la vida y la libertad de los mexicanos”. La reiterada omisión oficial parece encaminada a ello: A que todos se conjunten y traten de dar una sola batalla a favor de los derechos humanos. Ese es un llamado nada alejado de la realidad.