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Negociación partidista de asuntos de Estado, reprobable

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+ Hoy, día importante por registro de aspirantes en priismo

 

Aunque fragmentada, se ha conocido buena parte de la historia sobre las negociaciones y los pactos realizados entre el gobierno federal y el Partido Revolucionario Institucional, en relación al paquete económico del presente año, y la conformación de alianzas electorales en entidades como Oaxaca. Parece raro, pero en nuestro país causó poca sorpresa lo que, en cualquier otro, habría sido un escándalo de grandes magnitudes y daños para los involucrados.

Hace unas semanas, cuando la dirigencia nacional del Partido Acción Nacional presentó al ex senador Gabino Cué Monteagudo como su inminente candidato a gobernador de Oaxaca, las turbulencias se dejaron sentir en diversos frentes. Dentro de la misma coalición opositora, diversos personajes que aspiraban a obtener la candidatura a Gobernador, manifestaron su molestia por la estrategia panista de presentar inusitadamente a quien sería su abanderado.

Sin embargo, esa fue la menor de las turbulencias. En la casa de enfrente, en el Revolucionario Institucional, hicieron revivir una disputa que había comenzado desde septiembre del año pasado, cuando Acción Nacional y el Partido de la Revolución Democrática aceptaron públicamente, por primera vez, que estaban explorando la posibilidad de unirse para participar en comicios estatales, como el de Oaxaca.

En aquellos momentos, el anuncio provocó una fuerte declaración de rechazo en la bancada priista, a lo que consideraron como “alianzas contradictorias”. Desde entonces se deslizó el amague de que la bancada tricolor condicionaría la aprobación del Paquete Económico para 2010 del gobierno federal, al compromiso de que el partido que gobierna en el ámbito federal no entablara alianzas ni para los comicios de Oaxaca, Puebla, Veracruz y otras entidades, en 2010, ni para el proceso electoral de 2011 en el Estado de México.

Tal versión, fue rápidamente desmentida por los propios priistas. En aquellos momentos, los tricolores parecían comprender que la exteriorización de un amague, y un pacto de esa naturaleza, haría cimbrar no sólo al panismo gobernante en el ámbito federal, sino también a ellos.

Y no era para menos. El solo supuesto de que se entablara una negociación a partir del presupuesto público y las alianzas electorales, entrañaba cuestionamientos que iban más allá del partidismo, y se inscribía en los asuntos de Estado. Nunca, en ningún país del mundo —y menos en las naciones que se dicen democráticas— se transigen públicamente temas eminentemente partidistas, poniendo como moneda de cambio algo tan esencial como el gasto público de la Federación.

Por eso, en un primer momento el priismo decidió mantener esa negociación, ante los ojos del público, como un mero chisme que no tenía fundamento alguno, y que más bien había sido inventado como un infundio que lo mismo trataba de amagar al Partido Acción Nacional, que de descalificar la vocación de Estado que siempre aseguran tener los tricolores. Sin embargo, es evidente que los pactos sí existieron, las consecuencias también. Y ni se diga las penalizaciones. Si todo camina como hasta ahora, el país —y no sólo priistas o panistas— se mantendrá en un estado de paralización que, incluidos azules y tricolores, pagaremos todos los mexicanos.

¿NEGOCIAR EL

GASTO PÚBLICO?

En cualquier familia, o sociedad, es una acción doblemente reprobable que una persona apueste el dinero que tiene, y el que aún no gana, en una partida de póquer, o en un juego de azar. Eso es justamente lo que hicieron, a partir de septiembre, panistas y priistas en una —aparentemente inconfesable— mesa de negociación en la que se hizo transitar el paquete económico del presente año, en un marco de relativo consenso, acuerdo y confianza del Poder Legislativo.

Cada uno tuvo sus razones. En primer término, los tricolores han utilizado con eficacia la mayoría legislativa que hoy tienen en la Cámara baja. Saben que, fundamentalmente, esa mayoría sirve para determinar el rumbo del Gasto Público de la Federación. Saben también que esa mayoría es hoy su principal herramienta de acción y negociación electoral. Y saben que el único dique al que se podrían enfrentar en su proceso de reconquista del poder federal, es el de la unión de los partidos que le son opositores, así como el intento de ganarles las batallas previas (los comicios estatales) a la gran guerra electoral de 2012.

¿Por qué, en el ámbito priista, los gobernadores Enrique Peña Nieto, del Estado de México, y Ulises Ruiz, de Oaxaca, fueron determinantes? Porque son los dos líderes regionales del priismo, que más allá de sus demarcaciones, apostaron por apoyar a más aspirantes a cargos legislativos en entidades federativas donde el priismo no es fuerte, y que por tanto tienen el control de importantes bloques parlamentarios que rebasan las solas fracciones legislativas de sus entidades federativas. Esto, además de que en Oaxaca y el Estado de México, es donde se libran las batallas electorales locales que tienen más peso moral, emocional y político, para los partidos políticos nacionales.

Empero, el panismo también tuvo sus razones para la negociación. El gobierno del presidente Felipe Calderón vio reducidos sus márgenes de maniobra, y por esa razón tuvo que llegar al extremo de pactar alianzas a cambio de la aprobación del Paquete Económico 2010. No cumplió. Y los priistas se lo han reprochado a grado tal, que dicen estar dispuestos a mostrar los documentos y demás elementos que muestran que, en efecto, el Secretario de Gobernación comprometió las alianzas, a cambio del apoyo al paquete económico.

¿Cuál es la consecuencia? Que más allá del partidismo, lo que queda en mal —y mucho— es la imagen de México. ¿Con qué confianza se ve México desde el exterior, cuando en guerras partidistas se transige con algo esencial como el gasto público? Es lo mismo, o casi, que si quisieran negociar a partir de los derechos humanos, la democracia constitucional, o las garantías mínimas de seguridad jurídica existentes. Al final, no pierde o gana el PRI o el PAN: pierde el país.

 

PRIISTAS DECLINAN

El sábado, tanto el ex dirigente priista Jorge Franco, como el edil citadino, José Antonio Hernández Fraguas, declinaron a continuar con sus aspiraciones por la candidatura a Gobernador del PRI. Ayer, hizo un anuncio similar el secretario de Administración, José Antonio Estefan Garfias. El senador Adolfo Toledo sigue en silencio. Se allana el destino de la candidatura priista.

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Fuero: Inmunidad e impunidad constitucional

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Adrián Ortiz Romero Cuevas

El pasado 23 de febrero, el pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación determinó que las opiniones de los diputados y senadores ya no estarán protegidas por el fuero parlamentario, cuando las emitan fuera de su labor legislativa, por lo que pueden ser sujetos de demandas por daño moral.

Esta determinación reavivó un añejo debate político y jurídico respecto a los alcances que tiene el llamado “fuero constitucional”, y las limitaciones que algunos sectores sociales y políticos pretenden imponer no sólo a los legisladores, sino a todos los servidores públicos y representantes populares que se exceden en sus funciones a partir de la inmunidad que les otorga la Constitución.

Esta cuestión fue particularmente abordada por el Alto Tribunal, a partir de una disputa legal habida entre dos prominentes personajes de la vida política nacional. En efecto, en mayo de 2006, el entonces diputado federal y representante del Partido Acción Nacional ante el Instituto Federal Electoral, Germán Martínez Cázares, señaló al entonces también senador de la República, Manuel Bartlett Díaz, en los términos siguientes: “La doble cara, el doble discurso, lo tienen ustedes, que ahora abrazan al artífice del fraude electoral de 1988 y presunto asesino de Manuel Buendía, a Manuel Bartlett, que ahora lo tienen que abrazar y besar en su partido”.

Ante tales acusaciones, el priista demandó judicialmente, por daño moral, al panista. El Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal falló a favor de Martínez Cázares, justamente por considerar que tales declaraciones las había realizado en el contexto de la inmunidad que en aquellos momentos le otorgaba la Constitución federal. Ante tal decisión, Bartlett acudió a la justicia federal; y ante la interrogante de interpretar directamente un precepto de la Constitución, el asunto fue atraído por el Máximo Tribunal.

¿Qué decidió la Suprema Corte? Su resolución, fue la de conceder un amparo a Manuel Bartlett, para que el Tribunal de Justicia del Distrito Federal emita una nueva sentencia en torno a la demanda aludida, tomando en consideración que al momento de hacer las imputaciones, Martínez Cázares no gozaba de la inmunidad constitucional respecto a las opiniones vertidas.

Al respecto, la mayoría de los ministros coincidieron en que si bien el artículo 61 constitucional establece la inmunidad de las expresiones de legisladores, ésta no puede ser extensiva a los ámbitos ajenos al Congreso, como sucedió con Martínez, cuando habló como representante partidista y no como diputado.

“No comparto la idea de que la inviolabilidad parlamentaria significa impunidad e irresponsabilidad, por lo que se dice en el ejercicio público de un cargo. No puede afirmarse que esta garantía se haga extensiva de manera irrestricta a otros ámbitos del quehacer público en el que el diputado o el senador participa, pues es solamente en el ejercicio estricto de sus funciones”, aseguró la ministra Olga Sánchez de acuerdo con información obtenida del diario Reforma.

Del mismo modo, el ministro Arturo Zaldívar distinguió al fuero de la inmunidad parlamentaria en opiniones, pues ésta no es un derecho adquirido por diputados y senadores, sino una garantía institucional que gozan dichos representantes, sólo mientras desempeñen su función legislativa.

Argumentos como éstos, fueron suficientes para que una mayoría de ocho ministros votara a favor de limitar la inmunidad constitucional respecto a las opiniones vertidas; y para que en el Congreso federal reviviera el debate no sólo sobre la libertad de opinión de los legisladores, sino también sobre la revisión integral del fuero constitucional que los protege.

LAS RAZONES DEL FUERO

El fuero no es un aspecto privativo ni de nuestro tiempo ni de nuestro sistema constitucional ni de nuestro país. Dicha figura ha existido en diversas épocas y en prácticamente todos los órdenes jurídicos para salvaguardar el debate público y la independencia de quienes ejercen las funciones del Estado.

En las razones teóricas, el fuero constitucional existe para proteger a los servidores públicos por los embates de que se pudieran hacer objeto como consecuencia de sus funciones. De hecho, no son sólo los legisladores federales, sino una amplia gama de servidores públicos del ámbito federal y estatal y funcionarios judiciales, los que se encuentran amparados por dicha figura. La razón es que tanto en las funciones ejecutivas, como judiciales y legislativas, los asuntos de Estado muchas veces se contraponen con los intereses de ciertos grupos económicos, de poder o facciones que pretenden acotar o limitar la función pública de control.

Esa contraposición podría reflejarse en aspectos judiciales. Y en lo que concierne al fuero constitucional en relación a las acciones judiciales que pueden emprenderse en contra de los servidores públicos y representantes populares antes mencionados, éste se estableció para protegerlos de posibles acciones jurídicas emprendidas ex profeso para perjudicarlos cuando éstos tomen decisiones trascendentales, como representantes del Estado, en contra de un grupo, corporación o factor de poder.

Al estar amparados por dicha figura, los representantes de los poderes tienen amplias posibilidades de ejercer sus funciones con independencia y seguridad de que no serán reconvenidos, a través de acciones judiciales revanchistas, por sus posiciones políticas, actuaciones, determinaciones y demás. Esta es una garantía del servicio público, y del debate y actuaciones plenas de quienes lo representan.

DEBATE, GARANTIZADO

El artículo 61 de la Constitución federal establece que “los diputados y senadores son inviolables por las opiniones que manifiesten en el desempeño de sus cargos, y jamás podrán ser reconvenidos por ellas. El Presidente de cada Cámara velará por el respeto al fuero constitucional de los miembros de la misma y por la inviolabilidad del recinto donde se reúnan a sesionar.” ¿Qué significa esto?

Estas son las garantías esenciales, que la Constitución establece para el libre ejercicio del debate parlamentario. En el supuesto, se establece que ningún legislador puede ser reconvenido por sus opiniones cuando desempeñan sus encargos, justamente para que éstos tengan plenas posibilidades de debatir, argumentar e incluso señalar cuestiones relevantes que, en otras circunstancias, serían imposibles de señalar.

Lo mismo ocurre con lo relativo al recinto legislativo. La inviolabilidad de los recintos legislativos que expresamente establece la Constitución, tienen como objeto hacer de ellos espacios libres en los que no pueda actuar más fuerza y autoridad que la de los propios legisladores. Ese es el conjunto de garantías que, en otro sentido, se han asumido como sinónimos de extraterritorialidad, impunidad y libertad absoluta para convertir el debate en diatriba, y la inmunidad e inviolabilidad como sinónimos de espacios libres en los que se puede transgredir la ley sin el menor recato.

EXCESOS LEGISLATIVOS

No son escasos los ejemplos de cómo, ante la existencia de actuaciones cuestionables o cuentas pendientes con la justicia, un partido —o facción de éste— impulsa a cierto personaje para ganar un cargo legislativo y, así, gozar de la inmunidad que ofrece la Constitución. En Oaxaca, y en el país entero, existen abundantes ejemplos de cuestiones como esa.

Una situación así, implica al menos dos cuestionamientos: el primero, que hoy el fuero constitucional es utilizado lo mismo como sinónimo de inmunidad constitucional para garantizar el libre debate, que como una herramienta a través de la cual se busca la protección en contra de una efectiva y justificada acción de la justicia. Además, y por si fuera poco, en diversos momentos, diversos legisladores utilizan lo que entendían como “inmunidad parlamentaria” no sólo para debatir libremente, sino también para atacar, descalificar y agredir reputaciones, personas y corporaciones, cobijados en el entendimiento de que, por disposición constitucional, no podían ser convenidos al respecto.

RESISTENCIA PARLAMENTARIA

Ante la determinación de la Suprema Corte respecto a la inmunidad parlamentaria, diversas fracciones legislativas se pronunciaron en contra, e incluso el senador priista Jesús Murillo Karam, lamentó que cuando “fuera al baño” y saliera del recinto legislativo, dejara de tener la protección que le otorgaba la Constitución.

Es cierto que, en uno de los polos, comenzar a judicializar una de las garantías del debate parlamentario podría llevar a entorpecer la labor de las cámaras federales mexicanas; pero que, en el otro, continuar con la vieja usanza que llevaba a entender el fuero como un sinónimo de inmunidad e impunidad, no haría más que permitir la continuación de una práctica excesiva de los legisladores que atenta no sólo contra la honra o la reputación de personas o grupos, sino sobre todo contra su propia responsabilidad y decoro como representantes populares.

Evidentemente, la gran mayoría de los legisladores se pronunció, de entrada, en contra de los resolutivos de la Corte. Sin embargo, habrá de ser necesario un debate más sereno al respecto, en el que ellos mismos manifiesten la disposición a revisar y, en su caso, acotar sus alcances y actuaciones como fuerza democrática, y no simplemente tomen un debate de esta naturaleza como una equivalencia de agresiones, menoscabos o ataques en contra de la función legislativa, y las libertades y garantías esenciales que ésta conlleva.

Día de la bandera: ¿Qué representa?

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+ Identidad nacional: Dilemas del regionalismo

Pareciera raro, pero cada vez son menos las personas que saben bien a bien por qué el 24 de febrero de cada año, se celebra en México el Día de la Bandera. Ese, que acaso es el más conocido y de mayor referencia entre nuestros símbolos patrios, es hoy un icono imprescindible de unidad e identidad entre los mexicanos, no sólo como integrantes de una misma nación, sino también como parte de una misma cultura y origen social. Sin embargo, más allá de eso tendríamos qué preguntarnos algunos porqués de nuestra bandera, y de cuáles fueron los episodios históricos que determinaron su existencia hasta nuestros días.

La celebración del día de la bandera, que ocurre cada 24 de febrero, no evoca en sí misma al lábaro patrio. Es la conmemoración que también simboliza la más importante declaración de independencia de México respecto de la Corona Española, ocurrida en esa fecha, pero del año de 1821. En la población de Iguala, en el actual estado de Guerrero, don Agustín de Iturbide y el general Vicente Guerrero proclamaron el Plan de Iguala, en el que declararon la independencia del país, así como otros principios que resultaron ser determinantes en la emancipación de México.

El Plan de Iguala establecía una serie de criterios políticos y de organización del poder, regidos en tres pilares que entonces fueron considerados como fundamentales para la existencia de la nación mexicana. Dicho plan, establecía la emancipación de México, y el establecimiento de una monarquía constitucional, que habría de ser ofrecida al Rey Fernando VII o a algún otro monarca europeo (porque hasta entonces se pensaba en una separación, pero no en la modificación del esquema de gobierno que había regido a la Nueva España durante los últimos tres siglos); entre sus postulados establecía la eliminación de las distinciones raciales, proclamaba ciertas libertades y derechos de las personas hasta entonces no reconocidos. Y establecía como sus principios fundamentales el establecimiento de la Independencia de España, el catolicismo como religión única y la unión de todas las regiones, grupos sociales e intereses, en la nación mexicana.

Estos tres últimos principios, son los que dieron origen al Ejército de las Tres Garantías; fue llamado así, porque existía la seguridad de que respetando esos tres principios (independencia, religión y unión) habría posibilidades plenas de alcanzar la independencia y consolidar una nueva nación, unida e identificada por rasgos comunes.

Dicho Ejército (que conjuntaba a fuerzas e intereses tan importantes como los representados por Guerrero e Iturbide) sería el encargado de proteger y establecer las tres garantías. Y como símbolo se confeccionó, ahí mismo en Iguala, una bandera con los colores verde, blanco y rojo, enmarcadas por el escudo de un águila coronada devorando a una serpiente, que daría identidad a la empresa independentista y se convertiría en un símbolo perdurable para todos los mexicanos.

Por ello, están —por decir lo menos— equivocados quienes, en casa y en las escuelas, aseguran que los colores de la bandera nacional representan “la esperanza (verde), la unidad (blanco) y la sangre derramada por los héroes (rojo)”; en realidad, la bandera nacional, tiene como significación la independencia, la religión y la unión, que desde el primer momento le dieron origen y cuyo significado no ha cambiado, ni tendría por qué hacerlo.

IDENTIDAD NACIONAL

¿Por qué asegurar que la significación de la bandera no ha cambiado, ni tendría por qué hacerlo? Porque, se acepte o no, esos siguen siendo los tres elementos esenciales de nuestra nación. Los eventos políticos y armados más importantes de nuestra historia, han ocurrido alrededor de la preservación de nuestra independencia; en la lucha por la ubicación de la religión como un elemento más de la identidad nacional que, sin embargo, debe ubicarse al lado y no por encima de los asuntos propios del Estado; y por la concreción efectiva de la unión en un solo proyecto nacional.

Veamos si no. El primer esquema de gobierno de la nación mexicana era el de una monarquía constitucional. En un principio se consideró ofrecer la Corona al rey Fernando VII, para que la gobernara pero ya sin la dependencia de España; al no reconocer éste la independencia de México, algunas fuerzas nacionales dieron su apoyo a Iturbide para que éste se proclamara emperador.

Sin embargo, pronto diversas regiones del país se pronunciaron en contra del imperio y el centralismo, y fue esto lo que en gran medida impulsó la búsqueda de una forma de organización política basada en el esquema federal, que reconociera la forma de determinación y la autonomía propia de las diversas regiones y provincias que entonces existían en el territorio que hoy, y antes, era parte de México.

Luego, otras guerras existieron en función de la independencia nacional, de los excesos y el control de la religión católica, y de la urgencia por mantener la unidad e identidad nacional frente a los embates anexionistas o intervencionistas de otras naciones. La independencia fue defendida no sólo cuando los franceses intervinieron México y trataron de imponer un segundo imperio, sino también cuando las batallas entre liberales y conservadores implicaban el regreso no sólo de la monarquía, sino de las formas de gobierno que contravenían los principios, derechos y libertades que se habían conseguido a partir del proceso independentista que se concretó, formalmente, en el año de 1821.

Hoy, los problemas de México poco tienen que ver con la identidad. A diferencia de otros países, en los que existen claros intentos separatistas, aquí podemos atrevernos a decir que pocos, pero en verdad muy pocos, son los mexicanos que ponen en duda o reniegan de su identidad. Incluso los grupos armados que existen en nuestro país —que son el ejemplo más hostil de las reivindicaciones sociales y políticos— siempre establecen como uno de sus principios esenciales el de la identidad como mexicanos, e incluso utilizan la bandera nacional como principal símbolo de las causas que abanderan.

OTRAS AMENAZAS

Sin embargo, ello no significa que México no esté sujeto a presiones y hostilidades importantes. Más bien, éstas se encuentran incrustadas en los grupos que están buscando mellar en el ejercicio pleno de la democracia, y la legitimidad de algunas instituciones. Las grandes discusiones nacionales debaten sobre el control del poder, pero no en nuestra viabilidad como nación, en la continuación de la forma de gobierno o el modelo de Estado.

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Radio Zaachila: ¿comunitaria o de Sección 22?

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+ Radio Plantón y el eco del conflicto magisterial

Al iniciar la semana, fue dado a conocer que a una estación de radio comunitaria, Radio Zaachila, le fue otorgado un permiso de operación por parte de la Comisión Federal de Telecomunicaciones. El anuncio fue realizado en la sede de la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, y ahí, el dirigente de ese gremio, Azael Santiago Chepi, aseguró que otra frecuencia hasta ahora ilegal, Radio Plantón, se encuentra en proceso de conseguir su respectiva autorización por parte de la instancia federal. ¿Qué podemos esperar de esas decisiones del gobierno federal?

Este asunto tiene, de entrada, dos vertientes. Porque por un lado, se encuentra el aparente triunfo de un sector de la radiodifusión que por mucho tiempo ha batallado por el reconocimiento legal y gubernamental, de un tipo de frecuencias que son altamente benéficas, pero que no se encuentran reconocidos y reglamentados en las normas actuales.

Pero frente a este aspecto, y en el caso particular de Oaxaca, existe también la amarga experiencia de cuando la llamada “radiodifusión alternativa” cae en manos irresponsables y es utilizada no con fines culturales o de difusión social, sino como un instrumento para la agitación social y la desestabilización política. Sería imposible, e irresponsable, dejar de tomar en cuenta el papel que jugó la radiodifusión durante el conflicto magisterial y popular de 2006 en Oaxaca.

En la primera de las vertientes, hablamos de lo que se conoce como “Radios comunitarias”. Éstas existen en todo el país y, en su gran mayoría, no cuentan con reconocimiento alguno ni regulación por parte del gobierno federal. En la esencia de ese tipo de radiodifusoras, se establece que éstas sirven como instrumento de difusión no sólo de ciertos acontecimientos relevantes para comunidades rurales e indígenas, sino como un eficaz medio de comunicación en el aspecto social. Las estaciones radiofónicas comunitarias, han ayudado en gran medida a difundir aspectos de salud, culturales, sociales y de identidad en las comunidades en las que se desenvuelven.

Sin embargo, este tipo de radiodifusoras no cuenta con reconocimiento por parte de la Ley Federal de Telecomunicaciones ni de la Ley de Radio y Televisión. En éstas, y particularmente en la segunda de las citadas, se contempla únicamente la existencia de frecuencias concesionadas y permisionadas; justamente, quienes impulsan las radios comunitarias buscan una tercera vía a través de la cual se reconozca a los que buscan hacer radiodifusión comunitaria, que no necesariamente tiene que ver con aspectos comerciales o culturales, como los hasta ahora comprendidos en las normas vigentes.

Lamentablemente, en el aspecto legal no ha habido eco en los proyectos de reforma existentes. De hecho, cuando en 2005 se aprobó la llamada “Ley Televisa”, uno de los grandes cuestionamientos tenía que ver con el hecho de que no existía mayor reconocimiento a los aspectos sociales en el uso del espectro radioeléctrico, y todo se hacía girar alrededor de las concentraciones y capitales económicos, en los que dicha televisora, y su competidor directo, Televisión Azteca intentaron hacer girar todos los intereses relativos a la explotación de frecuencias de radio y televisión en el país.

La llamada Ley Televisa, fue declarada inconstitucional en 2008; la Ley de Radio y Televisión regresó a su texto original. Hasta ahora, ha habido por lo menos dos intentos por reformarla. Pero en éstos, el Congreso de la Unión no ha manifestado un interés genuino por dar reconocimiento y regulación específica a las radios comunitarias.

RADIO MANIPULACIÓN

Sin embargo, junto a todos los aspectos positivos de las radios comunitarias, y en contraposición, se encuentra la experiencia de Oaxaca. Hasta ahora, son menos de 20 las estaciones de ese tipo que han recibido reconocimiento legal por parte de las instancias federales.

Además de la recién reconocida Radio Zaachila, otras tres estaciones (una en Santa María Tlahuitoltepec, mixes; otra en Mazatlán Villa de Flores, y la tercera en San Antonino Castillo Velasco) habían recibido antes la autorización de operaciones. Lo importante de esta última autorización, sin embargo, es que existe una vinculación manifiesta y reconocida entre los operadores de la frecuencia y el sindicato magisterial que encabezó la revuelta del 2006.

Nada habría que decir al respecto, si no fuera porque Radio Plantón, y todas las estaciones de radio que ilegalmente fueron ocupadas por los grupos inconformes durante el conflicto magisterial, fueron el detonador de la grave crisis social que ocurrió en Oaxaca. Lo acepten o no en la actualidad, en aquellos momentos hubo un entendimiento específico sobre la importancia de las frecuencias, y fue a través de éstas que se multiplicó el llamado a la rebelión y se incitó a la población a emprender acciones no siempre confesables.

Si bien se recuerda, el gobierno estatal únicamente pudo contrarrestar algunos de los efectos que había tenido el uso de la radio por parte de los grupos inconformes, cuando ellos mismos establecieron una radiodifusora, también ilegal, denominada “Radio Ciudadana”, a través de la cual se manifestaban todos aquellos que estaban en contra de quienes encabezaban la revuelta social.

En ese sentido, una de las condiciones que impuso la Sección 22 del SNTE al gobierno federal, para ceder en las acciones violentas del conflicto, fue justamente que se iniciara el proceso de reconocimiento de varias estaciones vinculadas a ellos, principalmente Radio Plantón. Hoy, según lo que se ve, el magisterio oaxaqueño está comenzando a tener respuestas positivas y cumplimiento a los compromisos pactados.

¿ARMA POLÍTICA?

Lo relevante, en todo esto, radicará en el modo en cómo se conducirá tanto Radio Zaachila, como Radio Plantón, y las demás frecuencias que pudieran llegar a tener reconocimiento de la Cofetel. Si se conducen con corrección, habrán de ser altamente benéficas para sus comunidades. Si tomamos en cuenta que este es un año electoral, y que la Sección 22 jugará sus propias posiciones dentro del proceso sucesorio, entonces habremos de ver cómo el propio gobierno federal habrá legitimado un instrumento que serviría para fines distintos a los que, en sí mismas, buscan las estaciones de radio comunitarias, en Oaxaca, y en el país.

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Informe EPM: primer termómetro de la sucesión

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+ Ausencia de aspirantes: porque no existe acuerdo

 

La noche del pasado martes, el diputado federal Eviel Pérez Magaña presentó un informe de actividades, a nombre de la bancada oaxaqueña del PRI en la Cámara baja del Congreso de la Unión. El acto, en sí mismo, estuvo cargado de mensajes para la clase política priista, pero también para los demás actores y fuerzas que participarán en el proceso electoral estatal de julio próximo. Fue una muestra de las más importantes flaquezas y fortalezas que tiene el tricolor frente a sí mismos, y ante sus competidores.

Es evidente que, por las circunstancias y el momento en que ocurre, el informe legislativo del diputado Pérez se inscribe no sólo en la dinámica parlamentaria o aún electoral, sino que ocurre en el umbral de una definición partidista —la más importante del sexenio— que, de acuerdo con todas las señales, es favorable a su causa. En ese contexto, dicho evento contó con todos los elementos —buenos y malos— de la práctica política que es “tradicional” en el priismo de Oaxaca. ¿Por qué?

Porque ahí, nuevamente se dejó ver que la institucionalidad del priismo continúa siendo superior a los cuestionamientos por su verticalidad y antidemocracia; y más bien, en la clase política actual, parece seguir existiendo un férreo sentido de disciplina en el que, a muchos, independientemente que les guste o no que un diputado federal organice inusitadamente un informe de labores —o que dicho acto sea el contexto en el que se aparece como el potencial candidato a la gubernatura del Estado—, se alinean a los designios de su partido y de quien sería su candidato.

Eso fue exactamente lo que ocurrió la noche del martes. Un número importante de servidores públicos, representantes populares, líderes partidistas y demás, acudieron arropar a quien el Jefe Político escogió para sucederlo en el cargo. Es decir, todos los que han comprendido a cabalidad, no sólo que la militancia política en un partido significa congruencia e institucionalidad, sino también que este es el momento adecuado para sumarse a un proyecto que, independientemente de las preferencias y las lealtades, significa la continuidad de las oportunidades, el empleo, y el acceso al poder.

Así, lo que se dejó ver en dicho informe, es la consumación de un proyecto político en el que nunca estuvo en duda el apoyo de las fuerzas disciplinadas e institucionales, pero que ahora tendrá que buscar la porción de legitimación que le hace falta entre todos aquellos grupos que no sólo responden a la institucionalidad sino que, aún siendo parte esencial de ese partido —y de quienes han acompañado al gobernador Ulises Ruiz en su liderazgo político—, tienen convicciones, proyectos y definiciones distintas.

Ahí es donde radica el mayor de los retos para la empresa electoral del diputado Pérez: hacer patente que su proyecto político es verdaderamente extensivo hacia todas las corrientes de su partido, y que tiene la voluntad no de continuar avasallando en las definiciones, sino de conciliar y construir un bloque que pueda ir unido a enfrentar a sus adversarios reales, que se encuentran en la oposición.

Hasta hoy, no son del todo tangibles las muestras de esa voluntad y de esa vocación por la unidad y la conciliación entre sus mismas filas. Si bien es cierto que aún faltan muchos capítulos por escribirse, ahora sí el diputado Pérez debía comenzar a comprender seriamente que, en su voluntad y más allá de ella, no es la soberbia lo que construye.

Para ellos mismos, sería un error considerar que por la concurrencia y las muestras de adhesión, el evento del martes fue la confirmación de su triunfo al interior y que, a partir de ello, no son necesarias las muestras de voluntad de conciliación entre los sectores que se habrían quedado en el camino. El informe, así, fue una muestra representativa de los dos polos del priismo: el que ya sabe para dónde va; y el que estuvo ausente y que, ante las circunstancias, es indispensable para todos sumar. No olvidemos que ninguno de los otros cinco aspirantes, acudió al evento.

SUMA PAREJA

¿Por qué no acudió a dicho evento el senador Adolfo Toledo Infanzón, el edil José Antonio Hernández Fraguas, el diputado federal Jorge Franco Vargas y los secretarios José Antonio Estefan Garfias y Martín Vásquez Villanueva?

En un primer momento, podría considerarse que por una cuestión de salvaguarda del decoro y la dignidad, en un momento crítico del proceso para elegir al candidato a Gobernador en el PRI. Sin embargo, esas ausencias son, sobre todo, una muestra clara de cómo las complejidades en la negociación esa candidatura, han superado por mucho la disciplina que ya mostraron algunos grupos y sectores del priismo.

Hasta donde es posible establecer, por menos cuatro de los cinco personajes antes mencionados, se han resistido a aceptar las decisiones que ya prácticamente ha tomado el Jefe Político del priismo. Gran parte de esa resistencia, tiene que ver con la exigencia de que el proceso interno del tricolor sea una auténtica contienda interna. Pero también, en realidad, esa aparente incomodidad radica en que no se han utilizado los canales adecuados para hacer llegar esa decisión a los destinatarios.

Más allá de la distancia normal que debe existir entre los que participan en una competencia como esta, lo que parece es que esa falta de conciliación adecuada es lo que ha llevado a varios de los aspirantes a la resistencia. Mientras desde el más alto nivel no se construya esa “operación cicatriz”, y se continúe en la lógica de primero decidir para después arreglar los quebrantos, las brechas se seguirán ensanchando y las posibilidades de una auténtica cohesión se irán disminuyendo.

No denota simulación, o decoro político, la ausencia de los cinco aspirantes en el informe del diputado Pérez Magaña. Si con alguien le falta construir la llamada “unidad priista”, es con ellos. Solo, quiera o no reconocerlo, y sea o no él el candidato, no tendrá todas las posibilidades de afianzar el triunfo en las urnas.

 

ALGUNOS DETALLES

Al evento acudieron prácticamente todos los diputados federales del PRI por Oaxaca, excepto Jorge Franco, Manuel García Corpus, y Jorge González Ilescas. Durante el desarrollo del mismo, quienes trataron de hacerse notar en todo momento, con risas burlonas y actitudes imprudentes, fueron el diputado local Antonio Amaro Cansino y el coordinador de Delegaciones de Gobierno, Alejandro Avilés. También, fue de llamar la atención la presencia del subsecretario de Administración, José Villalobos Gallegos. Ver para creer.

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AMLO: a favor y en contra de alianza en Oaxaca

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+ Doble discurso: lo más normal para los partidos

Sólo quienes no entienden que la lucha electoral en Oaxaca nada tiene que ver con las ideologías, y que más bien es una abierta guerra por la obtención —o conservación— del poder, veían como una posibilidad que la alianza opositora se rompiera por las resistencias del ex candidato presidencial perredista, Andrés Manuel López Obrador. Esto no ocurrió cuando la coalición opositora era un simple proyecto; no ocurrió cuando formalmente se gestaba. Y no ocurrió ayer, cuando todos los partidos de la izquierda y la derecha mexicana le alzaron la mano, como virtual candidato, a Gabino Cué Monteagudo.

La actitud de López Obrador, según los hechos, no es el destello de oportunismo ni mucho menos de la “incongruencia ideológica” que pudiera tener un líder partidista de su categoría, o un dirigente opositor como él. Éste, en realidad, ha sido congruente con el deseo que tiene su grupo político de obtener el poder político en Oaxaca. Y para eso ha hecho todo lo que hasta ahora.

En primer término, ¿por qué asegurar que este no es un destello de oportunismo? Porque en la oposición, como en el oficialismo del Partido Revolucionario Institucional en Oaxaca, todos los grupos y los intereses se han alineado a partir de la obtención del poder. Los tricolores, en su trinchera, aseguran que las decisiones que hasta ahora han tomado respecto de la sucesión, tienen como origen la preservación de los intereses que mueven al grupo que gobierna y administra el dinero público en la entidad. Es exactamente lo mismo que ocurre en la oposición.

¿Por qué? Porque tanto el Partido Acción Nacional, como el De la Revolución Democrática, Convergencia y el PT, tienen fijada la meta de obtener el poder a costa de lo que sea. Lo primero, y lo más importante que sacrificaron, fue justamente su legitimidad como fuerzas disímbolas. Aquí comprendieron, en toda la cabalidad, que la ideología y los principios partidistas palidecen totalmente ante el pragmatismo que justifica la lucha por el poder, independientemente de los actores y de las circunstancias.

Por esa razón, no tendría que provocar sorpresa alguna que un personaje como López Obrador diga lo que no hace, o repruebe públicamente lo que en privado avala y recomienda. Sólo quien no conoce la naturaleza misma de los institutos políticos, podría creer que éstos ponderan lo ideológico y los principios políticos, por encima de sus fines materiales. Así, una fuerza electoral que sostiene valores y fundamentos, pero que no compite verdaderamente por alcanzar o preservar el poder, es una fuerza que simplemente no existe.

Por eso aquí la alianza opositora ha sido prácticamente indestructible. El Partido Nueva Alianza se desmarcó de la coalición, como en un intento por desestabilizarla. López Obrador, por su parte, ha sido un crítico sistemático de las decisiones tomadas por los partidos que lo apoyan, y por las fuerzas políticas que lo vencieron en los comicios presidenciales de 2006. Al final de cuentas, ninguno de esos intentos ha sido suficiente para desmantelar dicha organización, porque todos tienen claro que los objetivos van mucho más allá de los idealismos y se inscriben en la urgencia de obtener un poder, que lo mismo puede servir a las mayorías, que convertirse en un botín político y económico para unos cuántos.

EL DECORO Y

LA INCONGRUENCIA

Ayer, los dirigentes nacionales del PAN, PRD, Convergencia y PT, vinieron a Oaxaca a levantarle la mano a Gabino Cué Monteagudo como candidato. Casi al unísono, López Obrador descalificaba la alianza. Parece una incongruencia que unos hagan, y otros deshagan sobre un tema en particular, pero que al final todos coincidan. Eso es lo que ocurre entre los opositores.

¿Por qué AMLO descalifica lo que muchos de sus seguidores avalan? Porque este es un intento mínimo por sostener una congruencia ideológica que, sin embargo, se ve descalificada por un doble discurso galopante, que hoy domina a todas las fuerzas políticas con presencia en Oaxaca.

Así, si López Obrador validara públicamente la alianza opositora que contenderá en Oaxaca, en los comicios de julio próximo, estaría también desmantelando sus propias banderas políticas, por las que recorre el país denunciando el fraude, el mal gobierno y la ilegitimidad del presidente Felipe Calderón. Al avalar una alianza como la que aquí existe, él mismo quedaría atrapado en las banderas a las que por tres años ha dado causa. Por eso, se ha negado —y así lo seguirá haciendo indefinidamente— a avalar de palabra la alianza en Oaxaca.

Sin embargo, ¿Esa palabra se honra en los hechos? Evidentemente no. Y es así porque es él mismo quien ha puesto todos los elementos, y ha dado todas las anuencias, para que la alianza opositora se construya en la entidad. Su aportación ha sido de casi nada: para su conformación, construyó y cedió a un abanderado (Gabino Cué), cedió a todos los operadores electorales de primer nivel que, de todo el país, vendrán a hacer el trabajo electoral para la unión PAN-PRD. E incluso, puede contabilizarse como un gesto importante, el hecho de que sólo descalifique de palabra la unión de partidos ideológicamente contradictorios, pero sin romper un solo tejido de la estructura política de los partidos que comanda.

Esta, por tanto, es una muestra más del doble discurso que hoy inunda a las fuerzas políticas. Los de la casa de enfrente, en el priismo, no pueden hablar ni de congruencia ni de compromiso con el país, cuando por sus manos han pasado, y han avalado, las negociaciones más aberrantes; en el tricolor, también existen contradicciones importantes y acciones fundamentalmente antidemocráticas en las cuales están anclando su estrategia electoral. Pero, al final, todos hablan de democracia y de legitimidad, porque —en esa lógica particular que ellos ocupan— toda lucha por el poder es democrática y legítima, por definición.

SINVERGÜENZAS

¿No les dará pena a quienes, desde el PRI y el PAN, hacen correr versiones sobre la supuesta negociación que ocurrió a finales del año pasado, en la que los tricolores condicionaron la aprobación de nada menos que el Paquete Económico —es decir, uno de los motores esenciales de la nación—, a cambio del compromiso azul de no realizar alianzas partidistas en algunas entidades federativas? por eso está tan devaluada la política en México: porque en su reducida visión, los representantes populares y líderes políticos, intercambian asuntos de Estado, que son fundamentales para la nación, por temas de política que debían dirimirse en las arenas electorales.

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Franco: cuestionamientos sobre calidad profesional

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+ Responsabilidad por usurpación: ¿En quiénes recae?

A lo largo de varias semanas, en diciembre pasado, se criticó duramente al diputado Federal, Jorge Franco Vargas, por haber ocupado el cargo de secretario General de Gobierno al inicio de la presente administración, sin contar con el título de licenciado en Derecho. La andanada de críticas surgió a raíz de una filtración a la prensa —realizada, presuntamente, desde círculos cercanos al gobierno estatal— sobre los detalles de su examen de recepción profesional, ocurrido el 17 de diciembre de 2009, en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UABJO.

Los cuestionamientos, en apariencia, tenían una razón de fondo: importantes sectores de la sociedad, del gobierno y de la misma prensa, aseguraban que el diputado federal Franco Vargas, había violado lo establecido en la Constitución local, al haber ocupado un cargo para el que se requería, necesariamente, el título profesional de licenciado en Derecho, y que por esa razón todos los documentos y actuaciones administrativas en las que había estampado su firma, u obrado como legítimo representante del Gobierno del Estado, estaban afectados de nulidad.

Esto, en realidad, no es así. Y aunque, en esencia, la falta más grave del ahora Diputado Federal —y de quién sabe cuántos funcionarios y ex funcionarios más, sobre los que no se tiene conocimiento específico sobre su estatus académico y profesional— se encuentra en el ámbito de lo ético, lo cierto es que sobre una situación de esa naturaleza sí existen algunas responsabilidades administrativas, que ahora tendrían que ser reclamadas a servidores públicos que —como quienes cometen las faltas— aparentan hacer un trabajo pulcro, aunque en realidad se vuelven cómplices por omisión de quienes usurpan funciones o un título profesional que en realidad no obtuvieron.

Para entender este asunto, es necesario ir por partes. El artículo 83 de la Constitución del Estado, establece que para ocupar el cargo de secretario General de Gobierno, se requiere ser mexicano por nacimiento, tener por lo menos 25 años de edad en el momento de su designación, estar en pleno goce de derechos políticos y civiles, no haber sido condenado por delito intencional, y tener un modo honesto de vivir.

Cumplidos esos requisitos —que son extensivos a los titulares de todas las dependencias estatales, y no limitativos al cargo de Secretario General de Gobierno—, aún cuando la Ley Orgánica del Poder Ejecutivo contemplara mayores requerimientos, de todos modos habría que ceñirse a lo establecido en la Constitución del Estado, porque ésta es la norma de mayor jerarquía en el ámbito estatal.

¿Y qué pasa con las diligencias, documentos y demás actuaciones en las que un funcionario firma, ostentándose con una profesión para la que en realidad no está autorizado? Que, en efecto, existe no sólo una falta administrativa sino la comisión de un delito. Pero, en el caso que nos ocupa, esta inconsistencia no reviste mayor trascendencia, justamente porque no es requisito esencial del cargo, que quien lo ocupe tenga la patente respectiva. A nivel local, al único que se le exige el título profesional de licenciado en Derecho, es a quien el Legislativo elija como Procurador General de Justicia del Estado.

DELITOS Y FALTAS

ADMINISTRATIVAS

Sin embargo, en el caso que nos ocupa sí existe, cuando menos, la comisión de un delito, y la existencia de responsabilidades que, en su momento, debieron ser documentadas no sólo en el entonces Servidor Público, sino en la misma dependencia encargado de vigilar un aspecto como este. Veamos por qué.

La fracción segunda del artículo 233 del Código Penal del Estado señala que “Al que se atribuye el carácter de profesionista sin tener titulo legal y ejerza los actos propios de la profesión” será sancionado con prisión de un mes a cuatro años, y multa de seis a treinta y cinco días. Tal precepto es el que, en su caso, habría sido aplicable a Franco Vargas como secretario de Gobierno, aunque en realidad habría que determinar si, como dice el precepto, ejerció actos propios de la profesión o si éstos fueron propios de la responsabilidad pública que entonces ocupaba. Frente a algo así, podría considerarse que el asunto es prácticamente imposible de perseguir y sancionar por parte de la autoridad judicial.

Sin embargo, junto a todo esto habría que ver por qué la Secretaría de la Contraloría nunca hizo algo para sancionarlo. Hasta donde se sabe, la revisión de la correcta integración de los expedientes en toda la administración pública local, es una de las tareas encomendadas a esa dependencia encargada del control interno del sector público, justamente para evitar que cuestiones tan simples como esas dejen cabos sueltos que luego se conviertan en problemas de mayor índole para el gobierno.

¿Irma Piñeiro Arias, secretaria de la Contraloría entre 2005 y 2006, estaba enterada que Franco Vargas no contaba con título profesional de licenciado en derecho? ¿Qué hizo para invitar al entonces funcionario a conducirse correctamente en su calidad profesional? ¿Este es, tan sólo, uno más de los rasgos en los que se definía la imposibilidad de contradecir al otrora poderoso Secretario General de Gobierno? La responsabilidad administrativa primaria, es cierto, recae en quien comete la falta. Pero también en quien la detecta y no exige que se corrija. ¿O a poco la Contraloría nunca estuvo enterada de esto?

El problema, en realidad, es que existen no pocos funcionarios que se conducen con calidades profesionales que en realidad no tienen. Es una muestra tangible de la falta de ética, responsabilidad y, sobre todo, control y autocontrol, que existe en la administración pública del Estado. Habría que preguntarse, más allá de los enconos y las filias o fobias sin fundamento, ¿cuántos casos más como éste, existieron y existen dentro de la administración pública, que hasta el momento siguen sin ser corregidos? En la respuesta a esa pregunta, podremos encontrar buena parte de la respuesta sobre el tipo y la calidad de servidores y de servicio público que tenemos en Oaxaca. Para llorar.

DOS TEXTOS

Ayer, en el diario Reforma, la periodista Denise Dreser disecciona con pulcritud excepcional la cuestión de fondo sobre los pactos entre el gobierno federal y el PRI sobre las alianzas. Un texto que no tiene desperdicio, y que valdría la pena revisar con detenimiento. Por otra parte, habría que revisar, en El Universal, otros elementos sobre la Alianza en Oaxaca, que aporta Manuel Camacho Solís. Estos textos son esenciales para un debate que, hasta ahora, ha sido de bajísimo nivel.

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Sucesión tricolor: ¿qué anuncios se esperan?

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+ Problema real: que de verdad todos se sumen

A partir de hoy comenzará a verse en qué condiciones se realizará la elección del candidato a Gobernador por el Partido Revolucionario Institucional. Las señales dadas hasta el momento, dejan ver que, si bien la decisión ya está tomada y que el proceso tendrá una apariencia democrática, en el fondo la interrogante de mayor peso se encuentra en la incertidumbre sobre la verdadera participación de todos los actores y factores de poder del tricolor, en la construcción del triunfo en los comicios de julio. En las condiciones actuales, la unidad priista podría ser declarada pero simulada. Y ese es el riesgo más alto para los tricolores.

Es evidente que, hoy, el proceso político y formal del priismo sobre la elección de su candidato a Gobernador, se juega por lo menos en dos bandas. En la primera, se encuentran todos los mensajes relativos a que la crítica y el análisis son parte de la democracia tricolor, que la unidad y la equidad están garantizadas, y que el proceso se realiza en un marco de plena legalidad, y sin mayores contratiempos.

Sin embargo, en la segunda banda se encuentra todo lo que los priistas, al menos en el ámbito formal, se niegan a reconocer: por un lado, que es un solo grupo el que ha recibido todo el apoyo gubernamental para la construcción de su candidatura, y su abanderado es quien eventualmente habrá de ser favorecido con la cargada tricolor, y la unción como candidato; y en la contraparte, se encuentran todos los agravios, los intentos de imposición, y la segregación, que hoy denuncian los otros involucrados en este proceso interno. Finalmente, todo este asunto puede terminar en fracturas reales, o en declaraciones simuladas de unidad, que engañen con la verdad y los conduzca a la derrota.

Hasta el momento, los priistas que aspiran a obtener la candidatura a Gobernador, han buscado mantener en una relativa “buena apariencia” sus posiciones. Cada uno de los señalamientos que, por separado, han realizado tanto el edil José Antonio Hernández Fraguas, como el senador Adolfo Toledo Infanzón, el ex dirigente priista Jorge Franco y el secretario de Administración, José Antonio Estefan Garfias, sobre los intentos de imposición y la inequidad que ha prevalecido, se ha tratado de contextualizar en el marco de la libertad democrática, la autocrítica y la tolerancia que prevalece en el priismo.

Sin embargo, es evidente que más allá de esas “formas políticas”, es muy poco lo que se ha podido construir verdaderamente en los campos de la tolerancia, la autocrítica y, sobre todo, la democracia. En proceso interno del tricolor ha seguido una dinámica que, en muy poco, ha podido ser modificada por los señalamientos críticos de los aspirantes, y que finalmente estará determinada fundamentalmente por la decisión del Jefe Político del priismo, y no por la competencia o cualquier rasgo de auténtica democracia que pudiera haber en dicho partido.

Ahora, cuando la convocatoria para el proceso de selección de candidato ha sido publicada —y con ello se entiende que la contienda interna está formalmente iniciada— son algunas señales claras las que dejan ver que los priistas no abandonan sus dos bandas: quien está favorecido con las preferencias del Jefe Político, ya anunció que sí se inscribirá en el proceso; y los demás, han reiterado que se encuentran “analizando” la convocatoria, y que a partir de hoy lunes, o mañana, anunciarán sus respectivas decisiones sobre su incursión en la contienda formal.

¿Qué significa eso? Que, mesuradamente, cada uno de los aspirantes que hoy “analiza” la convocatoria, está considerando lo mismo romper, que alinearse… o simular. En esas circunstancias, todo puede ocurrir.

UNIDAD EN RIESGO

¿Por qué asegurar lo anterior? Porque si bien son reales, las posibilidades de una ruptura no siempre son las más altas en una militancia como la del tricolor. Las decisiones de éstos, en la contención de su “institucionalidad” casi siempre resultan ser menos beligerantes y arrebatadas que las tomadas en otras fuerzas políticas. Sin embargo, ello no significa que la institucionalidad sea, necesariamente, sinónimo de inclusión y tampoco de disciplina. Por eso, aún con las aseveraciones sobre la “unidad del priismo” los riesgos hoy más que nunca son altísimos para ese partido.

A partir de hoy, cada uno de los aspirantes tricolores comenzará a manifestar sus respectivas decisiones. Independientemente de cuál sea el sentido de la misma, lo cierto es que entre ellos no prevalece el mejor de los ánimos. En el peor de los casos, más de uno podría anunciar su separación del priismo; en otro escenario, alguno —o todos— podrían externar su decisión de no participar en la contienda interna; en una tercera posibilidad, podrían anunciar su declinación a favor de alguno de los aspirantes; y, en el último de los casos, habrían de decidir su permanencia en el proceso para tratar de lograr la mayoría en la Convención de Delegados.

En lo objetivo, parece que no existe mayor contratiempo: se está en la víspera de un proceso legal y legitimado. Pero en el subjetivo, todos los escenarios son de riesgo: hasta donde puede percibirse, no ha habido un convencimiento claro hacia los no favorecidos, que permita suponer que finalmente éstos se sumen a quien resulte candidato. Y en esa situación, lo importante será no la postura política que finalmente asuman, sino lo que aporten a favor del candidato de su partido.

Esto último es lo que aún no ha podido construirse aún en el tricolor. Nadie puede garantizar hoy, que más allá de las declaraciones, existe un ánimo real de cada uno de los aspirantes, por sumarse al trabajo político del priismo, independientemente de que sea favorecido —y respetado— o no. Y si la toma de decisiones incluye una aplanadora que arrolle sin conciliar, en el ambiente quedará flotando siempre la duda sobre la aportación real de todo el priismo a una sola causa. Al tiempo.

APORTACIÓN CIVIL

Hoy se presentará una asociación ciudadana denominada “Oaxaca con rumbo”, que pretende proponer debates, análisis y políticas que contribuyan a mejorar la participación ciudadana en los asuntos públicos, pero sin ligarse a partidos o campañas electorales. Su directiva la integran ciudadanos oaxaqueños: Mariana Teresa Gijón Tello, abogada y ama de casa; Gerardo S. Canseco Velásquez, empresario; Miguel Ángel Morales Amaya, notario; Armando Arturo Mac Beath Amor, ingeniero, jubilado de la CFE; y Horacio Mendoza Valeriano, maestro en ciencias.

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Adopción por matrimonios gays: ¿discutir la moral?

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+ Controversias rechazadas, algo que ya se veía venir

 

Ayer, la Suprema Corte de Justicia de la Nación desechó, por notoriamente improcedentes, tres demandas de controversia constitucional presentadas por los gobiernos de Morelos, Guanajuato y Tlaxcala, en contra de la aprobación hecha en diciembre pasado por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, de una reforma legal que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo, y la adopción de menores por parte de éstos. Es necesario comenzar a ver, más allá de los atavismos, que la ley siempre tiene una carga moral, pero que ésta debe ser discutida en base a criterios jurídicos, y no a ideologías ni formas particulares de pensamiento.

Aunque tradicionalmente se entiende que nada ni nadie existe por encima de la ley, y que ésta no puede definirse en función de criterios morales, religiosos e incluso de ideologías o facciones (entendidas éstas como grupos, y no como camarillas). Sin embargo, es evidente que la creación misma de las normas sí está determinada por criterios morales, que se ven representados en las tradiciones que luego se convierten en normas de carácter positivo.

El matrimonio es un ejemplo perfecto. Antes de que hubiera instituciones y leyes civiles, las uniones entre hombre y mujer se encontraban encomendadas a la Iglesia Católica. Ésta era la que determinaba la mayoría de los actos civiles de las personas, y por tanto fue ésta la que estableció muchas de las reglas que hasta hoy, en todas las entidades federativas distintas al Distrito Federal, rigen a esa institución jurídica esencial en el derecho mexicano.

Veamos punto por punto. Los textos religiosos establecen que el matrimonio sirve para la perpetuación de la especie; por tanto, establecen que éste debe realizarse entre un solo hombre y una sola mujer; establece también el rechazo y la penalización religiosa del adulterio; según los criterios católicos, el matrimonio sólo se disuelve por la muerte de uno de los desposados. E incluso, fue la religión la primera que estableció condenas y segregaciones a los homosexuales, a pesar de que éstos existen desde que la humanidad se reconoce como tal.

¿Qué se desprende de todo esto? Que esas son las bases de la institución civil del matrimonio. Si acudimos al texto del Código Civil de Oaxaca, por citar un ejemplo, encontraremos que el matrimonio, por definición, es un contrato civil que se celebra entre un solo hombre y una sola mujer, con el objeto de perpetuar la especie (es decir, tener hijos) y proporcionarse ayuda mutua en la vida. El adulterio, civilmente, está penado; el divorcio es una institución relativamente novedosa, que no reconoce el derecho religioso. Y por todas esas razones, y condenas morales y religiosas, es tan chocante la posibilidad de que se puedan establecer legalmente como esposos, dos personas que tienen las mismas características sexuales físicas.

Esta podría ser una explicación —poco acabada, si se quiere— de por qué las instituciones jurídicas sí tienen una ascendencia moral importante, pero por qué ésta no es determinante para reformas como la que ocurrió en el DF sobre los llamados matrimonios gay. ¿Qué impide una reforma de este tipo? No es la naturaleza, porque como tal, la figura jurídica, social y hasta religiosa del matrimonio es una creación del hombre, a través de la cual reglamentó la convivencia y sus relaciones afectivas y reproductivas. No existen, del mismo modo, cuestiones insuperables: si bien no hay procreación natural, en los matrimonios gay sí hay ayuda mutua en la vida. Por tanto, no es viable que una simple cuestión moral limite una reforma de este tipo.

 

CONTROVERSIA RECHAZADA

Sin embargo, ningún argumento de este tipo sirvió a la Suprema Corte para desechar las controversias constitucionales presentadas en contra de los matrimonios entre personas del mismo sexo. Los ministros del Máximo Tribunal establecieron que la aplicabilidad de esas normas del Distrito Federal, no tienen repercusión alguna en las entidades federativas, de cuyos gobiernos presentaron las respectivas demandas.

Ante esto, tendríamos que preguntarnos, ¿qué es una controversia constitucional? La respuesta, en sentido llano, es la siguiente: son juicios que se llevan a cabo ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en los cuales los poderes del Estado, y los tres ámbitos de gobierno, dirimen sus diferendos jurídicos y constitucionales, cuando consideran que una de ellas invade la competencia o las funciones de otra, y ésta se inconforma ante el Alto Tribunal.

Particularmente, en el caso de las controversias sobre los matrimonios gays, que presentaron los gobiernos panistas de Tlaxcala, Guanajuato y Morelos, parecía evidente que no había motivo para que éstas procedieran: cualquier argumento que buscasen los gobiernos de esas entidades sería poco sostenible, pues las leyes civiles del Distrito Federal sólo rigen para los actos que se celebren en su jurisdicción. Es decir, que no se puede controvertir un acto que no afecta a la esfera jurídica de quien promueve la acción.

Esa fue la razón, en realidad, por la cual la Corte dejó de lado esos juicios. En éstos, sí se pudo haber establecido ciertos criterios sobre la necesidad de revisar ciertos esquemas, como el de las adopciones. Quienes se dicen en contra de esta posibilidad, y argumentan razonadamente, aseguran que se transgreden ciertos derechos de los niños, y que se violentan pactos internacionales suscritos por México.

La única posibilidad que existe de que la Corte revise este esquema, es la Acción de Inconstitucionalidad que presentó el gobierno federal a través de la Procuraduría General de la República. Habrá de ser fundamental que el Alto Tribunal revise cuidadosamente no sólo el esquema legal, sino las implicaciones que tiene una cuestión como ésta.

Fueron altamente controvertidos los criterios emitidos cuando se revisó el tema del aborto. Aunque la controversia social también surgió por los atavismos, y no por los argumentos razonados que llevaron a los ministros a determinar que, en aquel caso, la práctica legal del aborto no era inconstitucional.

¿ROMPIMIENTO EN PUERTA?

Es ridículo que quienes han tratado de imponer sus decisiones sobre la sucesión, en el priismo oaxaqueño, ahora se asustaran por los amagos de rompimiento. Ese tipo de amenazas era la consecuencia natural al intento de aplanadora que están intentando aplicar a todos los que pretendían participar del proceso interno para la elección de su candidato a Gobernador.

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PRI y su convocatoria: expectación sin novedades

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+ “Clase política”: los dos polos de la praxis, unidos

 

Ayer, finalmente, fue emitida la convocatoria para el proceso de elección de candidato a Gobernador en el Partido Revolucionario Institucional. Dicho documento no contiene cuestiones relevantes ni estipulaciones álgidas. Más bien, corresponde a la institucionalidad del priismo. Porque dentro del tricolor, uno es el proceso en el que se establecen las formalidades, y otra la arena donde se dirimen las controversias y se llega a las definiciones sobre el rumbo del grupo en el poder. Aunque llama la atención la guerra interna que hoy está desatada en el priismo, lo que en realidad debía tenernos atentos son los resultados, y el modo en cómo se llega a éstos. Ese es el quid de esta contienda que, sin embargo, muy pocos parecen tomar realmente en consideración.

¿Por qué hablar de factores formales y materiales de poder? Porque una de las características esenciales del priismo, ha sido la de dotar de democracia las decisiones que se toman en función del poder. En este sentido, el documento que contiene la convocatoria para la elección de su candidato a Gobernador, estableció una serie de criterios que, sin ningún problema, pueden ser adoptados por cualquier militante que se sienta con los derechos partidarios suficientes como para inscribirse en el mismo. Ante su emisión, no hubo discordia alguna porque ningún punto del documento fue hecho para dar pie a las inconformidades.

Sin embargo, tomar este hecho como sinónimo de democracia, sería tanto como pecar de ingenuos. En realidad, ninguna de las formalidades esenciales de los procesos priistas tiene cuestionamiento alguno, sobre su democracia y su forma libre de determinación. De cabo a rabo, los documentos básicos del tricolor, son un ejemplo de la igualdad y la tolerancia que debía prevalecer en todos sus procesos democráticos. El problema, en realidad, se encuentra en una viciada práctica política que, ni al menos en el decoro, alcanza para honrar lo que establecen sus normas y principios políticos.

Así, hasta la tarde de ayer, y contrario a lo que se esperaba, no ocurrió ningún cisma o algún anuncio importante que contribuyera a desmantelar la “unidad” del priismo, que hoy se sostiene pero también se cuestiona. Sería absurdo que cualquiera de los aspirantes a la candidatura a Gobernador se rebelara en contra de un documento y un proceso interno que tendrá, a los ojos de la ley y la autoridad electoral, todos los elementos necesarios para darle la denominación de “democrático”.

Así, cualquier ruptura que pudiera haber en el priismo, tendría que ocurrir en otro momento, pero no el día de la emisión de la convocatoria, ni cuando se dé el registro de los aspirantes e incluso ni siquiera durante el tiempo que transcurra hasta el instante de la unción de su candidato. Incluso, cabe la posibilidad de que para entonces ya se haya construido la unidad que hoy parece imposible.

¿Por qué decir esto, si todos los días cinco de los seis aspirantes a la candidatura priista, acusan antidemocracia, inequidad y cargadas? Porque esa es una práctica que está ocurriendo en el límite, pero aún dentro de la ley. Y porque, finalmente, la institucionalidad de los priistas los lleva lo mismo a sostener su cohesión frente a sus aliados, que a preferir la disciplina sobre la rebelión en momentos determinantes.

 

NINGUNA SORPRESA

Hoy, todo lo que ocurre en la arena priista, sorprende a los espectadores: por un lado, ocurre un intento de avasallamiento, que cada vez es más claro a favor de uno de los aspirantes; por el otro, ocurre una auténtica competencia, y una fuerte disputa, entre los grupos de poder priistas, que lo mismo buscan imponerse que acusar a sus adversarios, y sobre todo no permitir que todo se defina en función de lo que decida un solo individuo. Nadie debería sorprenderse, porque tanto la disputa democrática, como la imposición, son dos rasgos característicos de nuestra democracia.

¿De qué hablamos? De que, en primer término, nadie debería sorprenderse que las decisiones políticas más trascendentales del tricolor, hoy continúen tomándose en función a verticalismos, y no a la democracia que todos pregonan. Ahora, como nunca antes, los Gobernadores —priistas y de la oposición— no se enfrentan a los diques que antes significaban las dirigencias nacionales, los grupos regionales de poder y, sobre todo, la hegemonía partidista del Presidente de la República.

En esas condiciones, el Gobernador de una entidad federativa —que tiene los hilos del poder y el dinero con el que se hace la política— tiene todas las posibilidades no sólo de tener un candidato favorito para sucederlo en el cargo, sino de imponerlo sin importar quiénes se sumen, quiénes se queden en el camino, o qué factores pretendan influir en sus decisiones. Para bien o para mal —de los gobernantes, los grupos de poder, y los partidos— esto es, en este primer aspecto, justo lo que está ocurriendo en Oaxaca.

¿Y por qué sorprenderse de la discusión, la competencia y hasta la disputa por una candidatura? Se supone que todos estos, son rasgos esenciales de cualquier democracia en la que todos tienen posibilidades de acceder a cargos públicos. El problema es que en Oaxaca esto genera tanta expectativa, porque justamente el priismo no tiene en su vocación real, ni en sus prácticas particulares, algún antecedente que demuestre que una competencia existe y que puede determinar el sentido de una decisión trascendental para el partido o sus grupos de poder.

Así, este es un problema de práctica política. En los días siguientes, veremos cómo los procesos internos continúan su curso, y la competencia, los señalamientos y las especulaciones, también. Nadie debería sorprenderse que hubiera los jaloneos actuales en el priismo, porque aún cuando aquí se practica de una forma particularmente arcaica, así es la democracia. Del mismo modo, nadie debía sorprenderse del verticalismo y las imposiciones que ocurren en ese partido. Sería raro, en realidad, que abandonaran las prácticas que para ellos han prevalecido por décadas, y se aprestaran a jugar a una democracia civilizada, de la que precisamente no han sabido dar los mejores ejemplos.

MAL RECIBIMIENTO

El nuevo secretario General de Gobierno, Evencio Nicolás Martínez Ramírez, fue recibido con una semana completa de caos y bloqueos, a manos de distintos grupos sociales. Ayer no fue la excepción. Ahora sí debería comenzar a honrar su promesa (esa de “no fallarle a la sociedad”, que aparece siempre en sus comunicados) y redoblar esfuerzos por atender sus tareas, que tanto le urgen a Oaxaca.

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