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El Mando Único no debe servir para liquidar el federalismo

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ManUni

+ Se debe fortalecer el municipio: ese, el reto a mediano plazo


No es buena señal que los propios mandatarios estatales, a través de la Conferencia Nacional de Gobernadores, sean los primeros promotores de que se liquide el federalismo en materia de seguridad pública. Estimular la intención de que el gobierno federal asuma las tareas de seguridad, y que sean los gobiernos estatales los que engullan a las policías municipales, es tanto como eliminar de facto las funciones del municipio. Esa será la puerta de entrada a la tentación de ir menguando, aún más, la figura del municipio.

En efecto, hace dos días al seno de la Conferencia Nacional de Gobernadores ocurrió un pronunciamiento que debe revisarse con cuidado. Respaldaron la iniciativa del presidente Enrique Peña Nieto de impulsar la reforma constitucional para que las entidades federativas tomen para sí el control de las más de mil 800 corporaciones municipales de seguridad pública que existen en el país. Aseguran que la idea es que las policías municipales queden como órganos de tipo administrativo pero que dejen las funciones que actualmente realizan de velar por la seguridad. Quienes impulsan la iniciativa toman como base algunos ejemplos deplorables y corruptos que, sin embargo, no representan al grueso de las policías municipales del país.

Aseguran, por ejemplo, que las policías municipales deben desaparecer a partir de sucesos como el que protagonizaron las policías municipales de Iguala y Cocula, en Guerrero, al participar activamente en la detención-desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa el 26 de septiembre del año pasado. Un caso más es el que ocurre en Morelos con la disputa entre el gobernador Graco Ramírez Garrido y las autoridades de varios municipios que bajo argumentos distintos no aceptan el establecimiento por decreto del Mando Único. Entre ellos está el Ayuntamiento de Cuernavaca, con el cual tuvieron un enfrentamiento que casi escala a la violencia. Incluso, un caso más, es el de la desaparición de cinco jóvenes en Tierra Blanca, Veracruz, a manos de presuntos elementos también de la corporación policiaca municipal de aquella ciudad.

Esto, que tratan de presentar como ejemplos de por qué sí deben desaparecer las policías municipales, son en realidad casos que no representan la generalidad de lo que ocurre en la mayoría de los municipios del país. De hecho, las policías municipales son las que tienen mayor trabajo de proximidad social y son las que más identidad y cercanía tienen con la población. No por nada los temas municipales —la seguridad, entre ellos— son los que generalmente preocupan más a la ciudadanía, y son los que más les interesa mantener cerca porque es justamente parte de lo que más les afecta.

Por esa sola razón, la posibilidad de eliminar a las policías municipales debiera ser objeto de un proceso más amplio de socialización y consulta no sólo entre los municipios del país sino entre toda la sociedad. Una reforma de este calado amerita, cuando menos, el consenso más amplio posible de entre todos los sectores de la sociedad involucrados.

RETOS JURÍDICOS

Una reforma como ésta debe discutirse, al menos, a la luz de dos retos por demás actuales: uno de ellos es el de la reforma política que desapareció el Distrito Federal para hacer emerger a la ciudad de México como la entidad federativa número 32, la cual incluye entre los cambios más trascendentes la equiparación de la figura de las delegaciones a la de los municipios; y el otro, el relacionado con lo que tendrá que pasar con los pueblos y comunidades indígenas, que también tienen sus corporaciones policiacas pero que responden a una dinámica distinta a la de los municipios “occidentalizados”.

En el primero de los rubros, será interesante ver qué tratamiento le dan al tema de las policías municipales en la capital del país, ahora que el régimen político está cambiando y que, en el caso de las jefaturas delegacionales, se van a equiparar de forma más específica a los ayuntamientos con todas sus facultades. Hoy hay un régimen especial en cuanto a la seguridad pública pero irremediablemente tendrá que cambiar, pero ya no sólo a la luz de la reforma política formal de la capital, sino también a este intento de establecer figuras como las del Mando Único que es impulsada por los gobernadores.

El caso de las comunidades indígenas es todavía más complejo, pues ahí, además de que, para que la reforma llegase a afectarlos tendría que ocurrir el requisito de la consulta previa e informada que establecen los convenios internacionales relacionados con los derechos de los pueblos y comunidades indígenas, es claro que las corporaciones de policía tienen una intención distinta.

En muchos de los casos en realidad, la participación en una policía municipal en una comunidad regida por el sistema de usos y costumbres sigue la lógica del sistema de cargos, y de las responsabilidades comunitarias que tienen los ciudadanos de un municipio. En ese caso, la participación en la corporación tiene una lógica no sólo de seguridad sino sobre todo política. Quien participa como topil, generalmente tiene la visión de luego participar en otros cargos municipales, parroquiales y comunitarios —ser mayordomo de la fiesta patronal, por ejemplo, que engloba varias de esas cuestiones—, para luego acceder a responsabilidades ya formalmente municipales.

Esos, finalmente, son sólo dos aspectos de muchos que tendrán que considerarse en una discusión tan amplia como ésta. En el fondo, otro de los aspectos que tendrá que considerarse es si no ésta va a ser la puerta de entrada a la posibilidad de arrebatarle más facultades a los ayuntamientos. No se trata de que los municipios se mantengan incólumes, como tampoco de que queden desnaturalizados únicamente por la incapacidad de las autoridades de los tres órdenes de gobierno de abordar con entereza los problemas que enfrentan. Lo que en el mediano plazo se ve, es que si los mismos gobernadores promueven el despojo a los municipios por parte de la federación, después podrían ser las facultades de los estados las que también comiencen a pasar por este tamiz ominoso.

¿QUÉ PASA EN EL PRD?

Sólo reina el silencio. En medio hay una disputa que nadie tiene claro si se resolverá en Oaxaca o en la capital del país. Ya tienen claro que sí habrá coalición, pero hay total incertidumbre sobre la definición del candidato, ya que ni siquiera hay claridad en cómo habrá de definirse.

¿De verdad Eviel puede desfondar la campaña priista?

EPM

+ Su liderazgo no es profundo; el adversario no es GCM


 

Ante el anuncio de la postulación de Alejandro Murat Hinojosa como candidato de unidad del PRI a la gubernatura del Estado, hay todavía una amenaza de un sector del priismo que abiertamente amaga con fracturar al priismo y trabajar con el candidato que surja de la Coalición entre el Partido Acción Nacional y el Partido de la Revolución Democrática. ¿De verdad tiene con qué amenazar al tricolor, un personaje como Eviel Pérez Magaña?

En efecto, en los últimos días el evielismo-ulisismo ha manifestado su inconformidad con la decisión cupular tomada con el priismo. Para Pérez Magaña, de nada valió el pacto de unidad y el compromiso que firmaron los sietes aspirantes a la candidatura sobre impulsar a un solo liderazgo, y por esa razón han reiterado, a través de amenazas lanzadas por medio de terceros, que tratarán de pactar con quien surja de la coalición PAN-PRD a la gubernatura. Su intención —siempre lo fue— consiste en buscar la ruptura de los liderazgos priistas con tal de ganar ellos el poder.

El intento no es nuevo. En este espacio, a propósito del primer evento político de José Antonio Estefan Garfias como aspirante a la candidatura a Gobernador por el PRD (el cual coincidió con su onomástico), dijimos lo siguiente: El ulisismo está desatado: en un evento político, disfrazado de ‘un cumpleaños’, este fin de semana todos los herederos del ex gobernador Ulises Ruiz se fueron a alinear con los prospectos a la gubernatura del grupo gobernante. Dejaron ver sus dos rutas: por un lado, seguir respaldando a sus desechables “candidatos naturales” (el senador Eviel Pérez y Héctor Pablo Ramírez); y por el otro —¡lo increíble!—, buscar una alianza con el gobierno estatal, para ir contra sus adversarios domésticos del PRI. Por eso, al “cumpleaños”, todo el ulisismo fue al pase de lista. Todo. De ese tamaño son las ambiciones, cuando de tratar de regresar al poder se trata” (Al Margen 30.09.2015).

Ambos escenarios a la postre se cumplieron. El senador Eviel Pérez Magaña no resultó candidato y en todos estos meses no hubo momento en que el ulisismo no tratara de romper su inercia de derrota buscando acercamientos con el grupo gobernante, y su apéndice que busca llegar a la gubernatura. Ahora que se formalizó la candidatura de Murat —la cual es sólo cuestión de formalidades para que se consolide— el ulisismo-evielismo está haciendo franca la amenaza no sólo de no contribuir al trabajo político priista (eso ya se esperaba) sino de ir a hacer activismo con los partidos adversarios.

En ese sentido, la pregunta que en todo caso debiera hacerse ya no es si Pérez Magaña romperá o no con el PRI, o si lo traicionará o no yéndose con la oposición; más bien, la pregunta tendría que versar en cuánto capital electoral significa Pérez Magaña, y qué tanto podría hacerle daño a la intención del PRI de recuperar el poder. En esa ecuación hay una respuesta palmaria, que nuevamente podría ubicar al ulisismo en su realidad al margen de los liderazgos prefabricados de los últimos años.

EVIEL Y GABINO

Ayer apuntábamos en este espacio algunos aspectos del paralelismo entre Eviel Pérez Magaña y Adolfo Toledo Infanzón, que hace seis años era el candidato natural a la gubernatura del estado por el PRI. Básicamente, apuntábamos que fue el factor derrota el que pesó sobre Toledo Infanzón (perdió los comicios de 2006, por lo que llegó a la senaduría por la vía de la primera minoría) para no convertirse en candidato a Gobernador, así como ahora ocurrió lo mismo con Pérez Magaña. En ese escenario, ¿son similares los liderazgos de Toledo y Eviel?

La respuesta es no. Y es así, porque a diferencia del liderazgo prefabricado de Pérez Magaña (a él lo hicieron candidato sin gozar previamente de un liderazgo natural, y siempre trajo a cuestas el lastre del grupo político que lo impulsaba), la capacidad política que en otros tiempos demostró Adolfo Toledo Infanzón fue muy superior.

Toledo trabajó cuando menos dos sexenios en la construcción de su candidatura. A él lo conocieron —al margen de las campañas electorales— en prácticamente todos los rincones del Estado lo mismo por su trabajo en el sector público, que como dirigente partidista, y como representante popular. Pérez Magaña hizo cinco años de campaña, en la que su labor permanente fue prometer y generar una esperanza que evidentemente nunca se ha materializado, primero por sus sucesivas derrotas, pero también por la incapacidad de su grupo de lograr que la ciudadanía cuando menos recordara menos los numerosos sinsabores del gobierno de Ulises Ruiz.

Por eso, en el abultado triunfo de Gabino Cué sobre Pérez Magaña, en 2010, no sólo habría que contabilizar —ahí sí— la suma de votos aportada por el PAN, por el PRD y por el propio Cué como candidato: también habría que sumar la fractura real que entonces sí ocurrió en el priismo, por toda la gente que se vio defraudada no sólo por la no postulación de Toledo Infanzón, sino que por esa sola causa decidió ofrecerle su voto a la entonces coalición opositora. Al final, en el triunfo de Cué sí contó aquella fractura en la que había sido desplazado el liderazgo de Toledo.

Incluso hay un factor más, que pone en duda la amenaza de Pérez Magaña a la campaña de Murat Hinojosa: en 2010, el tuxtepecano enfrentó en Cué a un candidato formidable, que tenía un liderazgo natural también construido con base en una década de trabajo político permanente. En aquel entonces, Pérez Magaña se enfrentaba a un gran adversario. Pero hoy ninguno de los posibles candidatos de la coalición PAN-PRD es del tamaño que en su momento lo fue el ahora Gobernador.

Al final, la suma de todo eso apunta a que las amenazas de Pérez Magaña son más un escarceo en busca de atención, y al enojo que le provocó el haber sido desplazado. No hay una base real para suponer que su alejamiento suponga una fractura, o que incluso su trabajo con la oposición pudiera ser determinante. Son muchos los factores que tasan un liderazgo. Y parece que ni eso está del lado de Pérez Magaña.

CANDIDATURA PERREDISTA

Más allá de rumores, lo que es necesario revisar es cómo podría definirse la candidatura en el PRD. El Consejo Estatal tiene alrededor de 170 miembros y ninguno de los aspirantes tiene las dos terceras partes de los votos que necesitan para alzarse con la victoria en el proceso interno. Por eso hay tanta incertidumbre y por eso no parece haber una definición cercana de dicha candidatura.

En Morena, con Salomón Jara, se premia la corrupción

SaJa

+ Su paso por Sedapa fue marcado por acciones indebidas


No parece haber algo que pueda detener la ruta de Salomón Jara Cruz como candidato a la gubernatura por el Movimiento de Regeneración Nacional, de Andrés Manuel López Obrador. Para el tabasqueño, Jara representa fielmente los intereses de su nuevo partido, que no son otros que los de sumisión y preservación del clientelismo y fanatismo político que plantea como proyecto de nación. Sólo quien no conoce al futuro abanderado de Morena, podría creer que representa el “cambio verdadero” que promete en su proselitismo. Por eso mismo vale la pena recordar algunos detalles de su atropellado paso por el servicio público estatal.

En efecto, Salomón Jara fue, como titular de la entonces Secretaría de Desarrollo Agropecuario, Forestal, Pesca y Acuacultura del gobierno estatal, el signo de la persistencia de todo lo que este gobierno decía no querer ser. Durante su gestión como titular del área encargada del desarrollo rural, todos los rubros asignados a esa dependencia estuvieron en el total abandono, cuestión que vino siempre acompañada de un escandaloso manejo discrecional y sectario de los recursos para la producción alimentaria en la entidad. incluso, a Jara Cruz se le cuestionó siempre su abierta participación en asuntos políticos, que sin ningún rubor lo distraían los asuntos públicos que le habían sido encomendados.

Así, Salomón Jara Cruz fue siempre cuestionado, y reiteradamente se exigió su salida de la administración estatal por el daño que le provocaba a las tareas que le habían sido encomendadas, porque su gestión siempre estuvo marcada por las acusaciones de abandono al campo y a los sectores a los que la ahora Secretaría de Desarrollo Agropecuario, Pesca y Acuacultura debe atender en la entidad. De hecho, en Oaxaca durante los casi tres años que Jara estuvo al frente de esa dependencia, fueron sistemáticamente desoídas todas las exigencias de grupos sociales, organizaciones campesinas y demás que denunciaban la inoperancia de esta dependencia con Jara al frente.

Del mismo modo, desde el Congreso de la Unión, y también desde dependencias del gobierno federal, se acusó sistemáticamente a la Secretaría que encabezaba Jara Cruz, de ser una dependencia que no tenía capacidad para ejercer y comprobar los recursos que exigía la Federación. Sólo así podía entenderse que sólo en 2011 la Sedapa se viera obligada a devolver alrededor de 600 millones de pesos; y que derivado de ese subejercicio, para el ejercicio 2012 —todavía con Jara al frente— el Presupuesto de Egresos de la Federación hubiera contemplado y aplicado un recorte presupuestal de 400 millones de pesos. Esto, es evidente, impactó en mil millones de pesos que en los últimos años se dejaron de invertir en el ya de por sí deteriorado campo oaxaqueño.

Jara Cruz, además, fue siempre cuestionado porque durante su gestión como secretario de Desarrollo Agropecuario, Forestal, Pesca y Acuacultura, intentó repartir los recursos económicos destinados al campo y el desarrollo de las actividades productivas antes señaladas, no entre quienes verdaderamente demostraban capacidad técnica, sino entre quienes pudieran y quisieran “compartir ganancias” con él.

EVIDENCIAS DE CORRUPCIÓN

Desde aquellos años en los que Jara era funcionario, señalábamos en esta columna irregularidades importantes en programas como el PESA, en los que resaltaba la corrupción de Jara Cruz. ¿Qué es el PESA? Es el Programa Estratégico para la Seguridad Alimentaria, que otorga recursos para la operación de Agencias de Desarrollo Rural, que son las encargadas de llevar a cabo procesos ordenados de combate a la dependencia alimentaria, y fomento de producción suficiente de comestibles derivados de la tierra en las regiones en que se encuentran presentes. Apuntábamos entonces que la Sedapfa tiene la atribución de ejecutar los recursos económicos de ese programa, que sólo para la entidad ascienden a más de 350 millones de pesos anuales.

¿Qué intentaba hacer Jara Cruz al respecto? Decíamos que, en el caso de Oaxaca, actualmente operan 52 Agencias, cada una de ellas tiene un presupuesto de operación de alrededor de un millón y medio de pesos anual, y tiene capacidad de gestionar proyectos productivos para la activación del campo por unos 4.5 millones adicionales. Al hacer cuentas, señalábamos, podemos darnos cuenta que sólo este fondo implica unos 350 millones de pesos, que son los que fundamentalmente pretende acaparar la Sedapfa, por medio de argucias no sólo para evadir los lineamientos federales del programa PESA, sino también para remover a auténticos despachos —reconocidos y validados por todas las instancias nacionales e internacionales involucradas—, para poner en su lugar agencias “pantalla” que sólo servirían para operar recursos y generar beneficios económicos para funcionarios estatales con los cuales estaría coludido Jara Cruz para compartir ganancias.

Asimismo, sobre Jara siempre pesaron los cuestionamientos de haber ejercido los recursos de esa dependencia con un evidente favoritismo a quienes le generaban un clientelismo político. En su momento, a Jara se le cuestionó que casi la totalidad de los recursos que entregó como titular de Desarrollo Rural estuvieran encaminados a las organizaciones que integraban el llamado Frente de Organizaciones Sociales, Campesinas, Urbanas, Pesqueras y Transporte, que desde aquel entonces ya era uno de los brazos sociales del Partido de la Revolución Democrática, y que después fue una clientela tomada por el senador Benjamín Robles Montoya.

Mientras Robles y Jara fueron perredistas, esa fue una de sus formas de operación que, sin embargo, marginó a innumerables organizaciones y grupos organizados para beneficiar únicamente a sus principales clientelas. A la salida de Jara del gobierno, y del PRD para organizar las estructuras electorales de Morena, una parte de esas organizaciones siguió trabajando con él aunque gracias a los apoyos que se generaban desde el gobierno para aceitar la maquinaria electoral que todos ellos representan, y que se van a jugar la sucesión —junto con sus respectivos candidatos— en los comicios del próximo junio.

LA MORAL MORENA

Esa es la carta con la que jugará el Movimiento de López Obrador en los comicios locales. Garantiza, quizá, la sumisión al líder y el cumplimiento de sus intereses. Pero dados los antecedentes, no sería ningún buen signo para Oaxaca como posible gobernante.

En el PRI la democracia que vale es la decisión del Presidente

AMurat

+ En Oaxaca, sólo los ilusos creyeron que habría una sorpresa


El anuncio realizado la noche del viernes por el Comité Ejecutivo Nacional del PRI, de que Alejandro Murat Hinojosa será el candidato de unidad de ese partido a la gubernatura de Oaxaca, confirma que la ortodoxia priista continúa intacta. Sólo quien decidió no atender algunos de los principios del priismo en procesos como éste, decidió pensar que habría una decisión distinta de la anunciada.

En efecto, a través de un comunicado difundido la noche del pasado 29 de enero, se informaba que el Comité Ejecutivo Nacional había decidido que Alejandro Murat Hinojosa sería registrado el próximo 2 de febrero como aspirante a la gubernatura del estado de Oaxaca, “por decisión unánime de los sectores y organizaciones del Partido Revolucionario Institucional, de acuerdo a la convocatoria publicada el 23 de enero del presente”.

El comunicado aludía el pacto de unidad firmado una semana atrás, y refrendaba el respaldo político del priismo al asegurar que con Murat Hinojosa “se garantiza la cohesión de las principales expresiones partidistas para asegurar el triunfo el próximo 5 de junio y formar un gobierno incluyente que dé respuesta a las necesidades de la población e impulse la modernización del estado (…) [Murat] cuenta con el perfil que se requiere para cumplir ese objetivo por su juventud, formación académica y experiencia legislativa y en la administración pública”, añadía.

¿Qué significa todo esto? Primero, que el PRI demostró la fidelidad a su ya conocida tradición vertical, al asegurar —como en los mejores tiempos del régimen de partido hegemónico— que eran las expresiones políticas, organizaciones y sectores —no el Presidente— quien definía el rumbo de una candidatura. Del mismo modo, el PRI reiteró su congruencia con la intención de dejar fuera a los candidatos externos, como el empresario Gerardo Gutiérrez Candiani, que había manifestado interés en participar en la contienda electoral bajo las siglas del priismo.

Evidentemente, al margen de las consideraciones de si esas prácticas son buenas o malas, más bien lo que reflejan es el sentido de autoridad que continúa conservando el priismo respecto a su praxis política. En ese partido, las prácticas democráticas han sido siempre relativas, y han estado sujetas —cuando hay Presidente priista de por medio— a las consideraciones de la cúpula, encabezada justamente por el Primer Mandatario. Por eso puede entenderse que el proceso interno se inició únicamente para cubrir las formalidades y los requerimientos establecidos por la ley electoral, pero no porque verdaderamente se fuera a privilegiar a la democracia interna.

En ese sentido, el priismo buscaba cosas muy básicas: primero, seguir las formas establecidas en la ley para la postulación de un candidato (por fuerza tenían que elegir un método de entre los contemplados en las normas electorales, y sus estatutos); segundo, utilizar los recursos que la ley ofrece, para gozar de mayores espacios para la realización de proselitismo (simular un proceso interno, con un candidato único, es exactamente eso); tercero, demostrar que hay cuadros suficientes para tomar una decisión, pero también que la regla principal es la disciplina (por eso hicieron desfilar a siete precandidatos, a sabiendas de que la competencia —si es que alguna vez la hubo— sólo ocurriría en el ánimo del Presidente); y cuarto, que sigue viva su tradición de “las expresiones mayoritarias”, de “la cargada”, y de la “operación cicatriz” que seguramente ocurrirá en los días o semanas venideras.

LOS VOTOS Y LOS VETOS

Esta nominación, además, pone en claro que hay reglas no escritas en el priismo, que siguen cumpliéndose al pie de la letra. Una de ellas, la más importante, es la del rechazo al reciclaje de candidatos perdedores. Hace seis años, el entonces gobernador Ulises Ruiz le aplicó esa norma al senador Adolfo Toledo Infanzón, que a pesar de que en ese entonces era por mucho el puntero en las encuestas de opinión, y del trabajo político del priismo, no logró hacerse de la candidatura. La razón, vale la pena recordarla y ponerla en el contexto actual.

Toledo Infanzón había perdido una sola elección en su vida: a pesar de tener trabajo político y una larga trayectoria en el servicio público, Toledo fue el principal damnificado del conflicto magisterial y popular de 2006, que ocurrió al mismo tiempo que los comicios presidenciales de aquel año. Aunque Ulises Ruiz le había prometido un millón de votos al PRI de Roberto Madrazo Pintado como candidato presidencial, su expectativa se vio rota por la crisis social, que llevó no sólo a incumplir dicha meta, sino a perder la mayoría de los espacios que disputaba el PRI en Oaxaca.

Entre las derrotas, la más dolorosa fue la de Toledo Infanzón, que aspiraba a ser Senador para después convertirse en el sucesor de Ulises Ruiz. Pero al ser derrotado, y acceder al Senado por la vía de la primera minoría, quedó estigmatizado al interior del priismo y esa fue una de las principales causas por las que finalmente fue vetado para la candidatura al gobierno de Oaxaca en 2010. Ulises Ruiz, en su momento, ponderó todas las circunstancias y decidió que un candidato hasta entonces poco conocido, como Eviel Pérez Magaña, podía sustituir el liderazgo de Toledo Infanzón.

Después de eso, la historia ya es bien conocida: Pérez Magaña —un incondicional de Ruiz— perdió la gubernatura a pesar de haber obtenido una votación copiosa; dos años después, en 2012, cobró la factura como heredero del priismo en la derrota, pero volvió a perder en la carrera al Senado (también llegó a la cámara alta por la vía de la primera minoría); y a pesar de reflejar números aceptables en las encuestas de opinión, finalmente nunca tuvo oportunidad de convertirse en candidato a Gobernador por segunda ocasión, gracias justamente a la tradición de no refrendar a los derrotados en las elecciones importantes.

LA HISTORIA SE REPITE

En los primeros días de marzo de 2010, Eviel Pérez Magaña recibió —contra viento y marea— el “apoyo de sectores y organizaciones” para ser “precandidato de unidad”, y luego convertirse en candidato a Gobernador del PRI. En aquel entonces, desde el priismo nacional obligaron a todos los aspirantes —Adolfo Toledo, José Antonio Estefan Garfias, José Antonio Hernández Fraguas, Martín Vásquez Villanueva— a declinar, disciplinarse y sumarse a la campaña. Todos lo hicieron. ¿Por qué ahora tanta inconformidad?

¿Las ambiciones poblanas nublarían el proyecto sucesorio oaxaqueño?

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+ Disyuntiva: detener a Diódoro o dejarlo operar comicios en adversidad


En memoria de mi padre, don

 Ismael Humberto Ortiz Romero.

Puebla sigue resonando en Oaxaca, y si no detienen la crisis que generó el gobernador Rafael Moreno Valle con la ruptura de la alianza PAN-PRD, la gangrena de esa desastrosa operación política sí podría llegar hasta territorio oaxaqueño. En Puebla, las ambiciones presidenciales del gobernador Moreno Valle rompieron la alianza que le permitiría heredar el gobierno a uno de su grupo. Y aunque tal no es el caso de Oaxaca, los efectos poblanos sí podrían llegar a contaminar la versión oaxaqueña de la alianza PAN-PRD al grado de cancelarla.

En efecto, en Puebla siempre fueron conocidas las ambiciones presidenciales del gobernador Moreno Valle. Todo su gobierno, de hecho, giró en torno a la construcción de una candidatura presidencial. En el PAN, el Mandatario poblano creó su feudo y trató de manejarlo a tal grado de generar fricciones con la dirigencia nacional de ese partido, y también con el Partido de la Revolución Democrática. Finalmente, ese manejo desmedido de su menguante fuerza y capital político, de cara a líderes nacionales nuevos en ambos partidos (Ricardo Anaya y Agustín Basave), rompieron toda posibilidad de una coalición electoral.

Tal parece que ni Anaya y mucho menos Basave, estuvieron dispuestos a aguantarle al gobernador Moreno Valle su intención de dominar completamente a las dirigencias panista y perredista de su entidad, de hacer entrar a su juego a consejeros nacionales de ambos partidos, y de que fuera el poblano quien estableciera la agenda político electoral de las dirigencias nacionales panista y perredista.

Pareciera que Moreno Valle —con la operación política del ex gobernador de Oaxaca, Diódoro Carrasco— quiso montarse sobre esos partidos para tratar de ubicarse como uno de sus capataces nacionales. Esas fueron algunas de las razones por las que Agustín Basave anunció que aceptaba la ruptura de la coalición PAN-PRD en Puebla, y por las que Anaya tampoco hizo nada para evitarlo. Así, en Puebla no habrá coalición y seguramente Moreno Valle no tendrá seguro dejar a un sucesor de su grupo en la gubernatura.

Ahora bien, ¿qué pasa en Oaxaca? Aquí, el gobernador Gabino Cué Monteagudo sí ha manejado su relación tanto con el PAN como con el PRD, con la ortodoxia que marcan los cánones mejor aceptados de la práctica política. Desde el inicio de su gobierno, y durante todo su mandato, ha respetado las parcelas políticas que le entregó a cada uno de los partidos, y ha tratado de no confrontarse con las dirigencias nacionales de ambos partidos. Él sabe que la prioridad de todo su proyecto político es que se consolide la alianza electoral, y que logre heredarle el cargo a un sucesor afín que continúe con el proyecto político sin conflictos.

De hecho, esa parece ser la razón por la que, incluso, cuando asaltó la dirigencia estatal del PRD para imponer como dirigente a Carol Antonio Altamirano, lo hizo con el consenso de la dirigencia nacional perredista, que nunca puso en tela de juicio el proceso, y tampoco metió las manos para involucrarse en un asunto que, según pareció, no les correspondía porque era tema del régimen gobernante local.

Así, ni en aquel momento, y en ninguno, ha pensado en romper los equilibrios por una ambición, e incluso por eso ha sido tan cuidadoso en el impulso que el propio Mandatario le está dando hoy en día al diputado federal José Antonio Estefan Garfias, para que se convierta en su sucesor.

El problema, como suele ocurrir, radica en el hecho de que el mismo diodorismo que echó a perder la coalición en Puebla y Tlaxcala, es quien seguramente va a venir a encabezar los trabajos electorales en la entidad. Y si no se tienen los cuidados adecuados entonces ese podría ser el principio de una crisis generada por los resabios de Puebla.

AMBICIONES DESMEDIDAS

Hay diferencias sustanciales entre la figura política de Rafael Moreno Valle, y la del gobernador de Oaxaca. El primero hizo su gestión soñando en convertirse en candidato presidencial, mientras que el segundo ha venido sorteando todo tipo de crisis y problemas públicos que nunca le permitieron la vanidad de sentirse como un posible integrante del escaparate de candidatos presidenciales. Eso, sumado a la ortodoxia con la que Cué manejó siempre su relación con los partidos, explica por qué en Oaxaca sí habrá coalición y en Puebla, no.

El problema que, sin embargo, sigue viniendo de Puebla, radica en la cancelación de la alianza electoral, y la incertidumbre que podría generar un trabajo poco profesional en el manejo de la coalición de partidos en Oaxaca. Sectores del panismo no ven con buenos ojos la maniobra del PRD para evitar la alianza sólo para cobrarle la afrenta al gobernador Moreno Valle, y se siguen preguntando si no ahora ellos le deben pagar con la misma moneda al gobernador Cué, con su alianza en nuestra entidad.

La diferencia entre Oaxaca y Puebla, es que allá están tratando de evitar que un gobernador embriagado de poder continúe en su idea de aspirar a la Presidencia incluso lastimando a los partidos por los que quiere competir, y aquí en Oaxaca lo que estaría en riesgo es una alianza construida con pragmatismo político y con una visión simple de no perder el poder. Ahí, por eso, buena parte del manejo tendrá que pasar por no darle demasiados elementos de decisión a los mismos personajes que en Puebla contribuyeron a romper la alianza.

Al final, esta será una cuestión de tacto y de inteligencia para sobrellevar una situación en la que hay identidad de personajes. Varios de quienes soñaron con ver a Moreno Valle como candidato presidencial del PAN, son los mismos que en Oaxaca pretenden encabezar el proyecto sucesorio de Gabino Cué. De él, y de quien resulte candidato de la coalición PAN PRD, dependerá que las fricciones poblanas no causen daño de más en la ruta que tienen trazada para tratar de retener el poder.

¿QUÉ SIGUE?

Sin restarle trabajo y méritos al senador Benjamín Robles Montoya, parece que por la sola coyuntura política la posibilidad de que se convierta en candidato de la coalición, se aleja. Lo que llama la atención es que él siga convencido de la ruta perredista y que haya claudicado en su vieja promesa de “aparecer en la boleta electoral”, sea como sea. ¿Qué negoció? ¿Cómo lo convencieron de ir a una competencia que, por lo que parece, no tiene posibilidades de ganar?

PRI: la definición de candidato a Gobernador puede no ser de unidad

PRI

+ La convocatoria abre la posibilidad de los apoyos; reniega del control


En la reunión de hace ocho días, los siete aspirantes a la candidatura a Gobernador por el PRI, se adhirieron a un pacto de unidad en el que se comprometían a mantener la cohesión en torno a un solo abanderado. Aunque dicho acuerdo fue público, y sus términos expresos, bien puede ocurrir que no haya candidato de unidad. A pesar del acuerdo, la convocatoria deja sueltos muchos de los términos de la participación. Y por esa razón nada garantiza que haya un registro único, como se ha venido previendo.

En efecto, según el comunicado emitido por el Comité Ejecutivo Nacional luego de la reunión de aspirantes con el presidente nacional del PRI, Manlio Fabio Beltrones, los siete aspirantes “expresaron (…) que están conscientes de la necesidad de mantener la unidad de los priistas de Oaxaca como paso indispensable para recuperar el gobierno del estado, en un momento en que la situación exige que todos aporten lo mejor de sí en beneficio de su tierra y del proyecto transformador que se impulsa desde el PRI”.

Luego de dicho reconocimiento, el boletín de prensa señala expresamente los términos del acuerdo alcanzado por los aspirantes con el líder Beltrones Rivera: “La parte sustantiva del acuerdo —dice el comunicado— consiste en apoyar el registro de un solo aspirante a la candidatura al gobierno del estado, en el momento en que el CEN defina los términos de la convocatoria para seleccionarlo”. ¿De verdad puede ocurrir algo como esto?

La clave está, por un lado, en la fortaleza del acuerdo; pero, en el otro extremo, eso también depende de los términos en que se emitió la convocatoria respectiva. Pues la única certeza que puede tener la dirigencia nacional del PRI de que, en efecto, se va a registrar un solo candidato de unidad, y de que todos los demás aspirantes se abstendrán de enturbiar el proceso en virtud del acuerdo alcanzado, radica en que dicho compromiso sea un dictado expreso —algo así como un acuerdo-advertencia— del Presidente de la República de que eso debe ocurrir, pues de lo contrario la supuesta “palabra de honor” de cualquiera de los adversarios puede ser tan voluble como su ánimo frente a la decisión que tome el CEN. Si el Pacto de Unidad no fue un requerimiento presidencial, entonces cualquiera podría separarse del mismo en cualquier momento.

El segundo aspecto es todavía más grave. Pues según el PRI, el supuesto “candidato de unidad” sólo sería anunciado luego de que el CEN definiera los términos de la convocatoria para seleccionarlo. La duda, frente a esto, surge del hecho mismo de que la convocatoria, presentada el sábado 23 de enero, deja muchos cabos sueltos para que se registren varios aspirantes al proceso interno. Vale la pena leer, por ejemplo, la Base Quinta de la convocatoria.

Ésta dice, a la letra, lo siguiente: Los militantes que deseen registrarse como precandidatos a Gobernador del Estado, deberán cumplir con los requisitos (…); además, contar cada uno de los aspirantes con alguno de los siguientes apoyos: I. 25% de la estructura territorial, identificada a través de los comités municipales de los municipios del Estado y/o; II. Tres de entre los sectores y las organizaciones nacionales: el Movimiento Territorial, la Organización Nacional de Mujeres Priistas; el Frente Juvenil Revolucionario y la Asociación Nacional de la Unidad Revolucionaria A.C y/o; III. El 25 por ciento del total de los consejeros políticos vigentes que residan en la entidad federativa, y/o; IV. El 10 por ciento de los afiliados inscritos en el registro partidario con residencia en el estado”.

INCERTIDUMBRE

Tradicionalmente, el PRI mantenía la disciplina y el control de sus procesos internos mediante “candados” establecidos en sus convocatorias para la designación de candidatos a cargos de elección popular. Eso es algo tan conocido que pareciera una costumbre también identificada con la “cargada priista”.

¿Qué ocurría? Que, por ejemplo, el partido establecía que para poder participar en un proceso como este, era necesario contar con el aval de las dirigencias nacionales o locales respectivas de los sectores y organizaciones adherentes. Mientras ocurría la simulación del proceso interno, el partido mantenía el control de esos apoyos por escrito.

Y sólo cuando había una definición, entonces el mismo partido ordenaba que sus sectores expidieran únicamente una carta para quien era el “tapado”. Al ser el único que contaba con dicho apoyo, se convertía también en el único que cumplía los requisitos, y por ende en el elegido. A prácticas como esa se les conocía como “las expresiones mayoritarias de la militancia” que según definían a un candidato, pero que en realidad eran la viva manifestación de los acuerdos cupulares que se tomaban para aparentar la democracia cuando en realidad eran decisiones verticales las que se tomaban.

Estos rasgos no se ven en la convocatoria, y es lo que no asegura que haya un solo candidato. Cualquiera de los apoyos descritos en la base quinta de la convocatoria puede ser conseguido prácticamente por cualquier aspirante, pues la misma convocatoria establece que pueden cumplirse indistintamente y sin ningún tipo de prelación. Por eso mismo, la posibilidad de que se cumpla el acuerdo de unidad, y que en verdad haya un solo candidato registrado, en realidad depende de la fuerza y la magnitud del acuerdo alcanzado pero no de la convocatoria porque, según se ve, ésta es tan ambigua que no ofrece ninguna certeza de que en todo momento el tricolor tenga el control de lo que ocurra.

Ello se combina con el hecho de que más de un aspirante cree tener un respaldo popular mayoritario y que por ende puede convertirse en el candidato en una competencia abierta. Siendo así, y obteniendo esos apoyos, cabe la posibilidad de que el acuerdo de unidad no sea suficiente para que haya un solo candidato, y que finalmente dos o más decidan registrarse al proceso interno rompiendo con ello la intención de la candidatura de unidad.

¿Y NIEVES?

En la foto publicada el pasado jueves en el comunicado del PRI sobre el acuerdo de unidad de los aspirantes a la candidatura a Gobernador, llama la atención la presencia de la doctora María de las Nieves García Fernández, quien no es mencionada entre los aspirantes y, hasta donde se sabe, tampoco es integrante del CEN del PRI. ¿En calidad de qué asistió, en días y horas hábiles, si su empleo actual se encuentra en la Comisión Nacional de Salud?

Para “consolidar democracia”, la alianza PAN-PRD debe tener agenda

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GabinoCue

+ Todos, determinados a continuar en el desgaste de la lucha por el poder


En una democracia hasta la continuidad debe tener agenda. Eso es algo que, sin embargo, parece no preocuparles a todos los que, al final de la lucha fratricida en la coalición PAN-PRD, irán a buscar que la ciudadanía los refrende con su voto. Nadie habla de eso, y todos prefieren continuar alentando la crisis que genera la disputa por la candidatura a Gobernador, aunque ello sea el alimento de su propio descrédito.

En efecto, uno de los temas fundamentales que dejó pendiente el gobierno que está en vías de terminar, es la de establecer una verdadera agenda de gobierno de coalición, y pasar del discurso a los hechos. Como bien sabemos, con Gabino Cué llegó al poder una amalgama de partidos, grupos y fuerzas políticas que decidieron optar por el camino fácil de disfrutar el poder, sin asumir las responsabilidades que ello debió traer aparejado. Como a nadie le preocupó eso, y los partidos decidieron medrar con su poder desde el Congreso local, el anhelo de transición pronto quedó cancelado. Y lo que fue una gran expectativa se convirtió en un escollo que ahora tendrían que comenzar a remediar las fuerzas involucradas… aunque sigue sin preocuparles.

En ese sentido, debemos distinguir las expectativas incumplidas en el terreno de los hechos, de las expectativas no cumplidas en el terreno de lo programático. Pues para muchas personas, la coalición que hoy gobierna no cumplió porque no fue capaz de generar la gobernabilidad, o las obras, o la atención a los problemas de los oaxaqueños o de la operatividad del gobierno. En esa vertiente, parece que confunden el incumplimiento de las expectativas con los errores evidentes de operatividad gubernamental, y con la ineptitud de muchos funcionarios que nunca pudieron estar a la altura de las circunstancias que demandaba el cambio de régimen.

Más bien, nos referimos al incumplimiento de la expectativa democrática que no precisamente tiene que ver con eficiencia o con la construcción de grandes obras. Esas son cuestiones importantes, pero que palidecen ante el hecho de que la verdadera agenda de la transición debió traer consigo un cambio del paradigma democrático o con el replanteamiento de la función pública. Es decir, debió traer consigo una verdadera intención de reformar el poder, de ofrecer alternativas a la ciudadanía y de erradicar prácticas corruptas por las que justamente los ciudadanos decidieron no continuar votando por el PRI. ¿De qué hablamos?

De que, por ejemplo, una verdadera agenda de transición debió arrancar por el replanteamiento de los alcances del poder público, y no de reformas cosméticas como las que finalmente ocurrieron en Oaxaca. Algunos ejemplos simples nos permiten ver la magnitud de lo que afirmamos.

Por ejemplo, la ratificación de todos los integrantes del gabinete de gobierno por parte del Congreso del Estado, fue presentada como una reforma democrática que, sin embargo, está lejos de serlo: en este gobierno han pasado lo mismo funcionarios brillantes que verdaderos pelmazos, que han denigrado no sólo a quien los propuso sino a toda la función pública, por su incapacidad o su falta evidente de preparación.

En más de un caso, esas cuestiones se vieron desde el momento mismo de su nombramiento. Y sin embargo, el Congreso decidió no utilizar su facultad (entendida ésta como una corresponsabilidad) de objetar o de plano rechazar el nombramiento de un funcionario, y en lugar de eso optaron siempre por convalidar, y por negociar las ratificaciones, como un ejercicio perverso para ver qué beneficio podían obtener de la negociación de sus votos.

NO HUBO TRANSICIÓN

Del mismo modo, podríamos ir revisando otros ejemplos de cómo las reformas, en el ámbito público, no se tradujeron en una mejor democracia, en un mejor gobierno, o en una mejor relación entre poderes. Esto, por si algo hacía falta, se trasladó también hacia la democracia: no tuvimos una mejor democracia representativa, ya que los diputados siguieron ejerciendo las mismas prácticas; el gobierno siguió toreando los señalamientos de corrupción; y el poder judicial sigue siendo el ente inerte y burocrático de siempre. Pero hay más.

En el terreno de la democracia participativa hubo también un fiasco. Los mecanismos de participación ciudadana que se aprobaron, y que se presumieron como la médula de la transición democrática en Oaxaca, son imposibles de utilizar dada la complejidad de los requisitos exigidos para su ejercicio. Hoy por eso ya nadie considera que dicho avance democrático pueda significar alguna mejora o herramienta alternativa para la vida de las personas. Y más bien todo eso lo ve como un fracaso más de los muchos que se han venido acumulando.

En esas condiciones, ¿de qué van a hablar quienes abanderen los esfuerzos de la coalición PAN-PRD en este proceso electoral? Evidentemente, no tienen una agenda de continuidad, que sería lo coherente y lógico para quien ya ejerció el poder (cogobernó, de hecho) durante seis años y ahora está buscando la convalidación de la ciudadanía.

¿Qué le van a decir a la gente? ¿Que después de seis años ya tienen un “diagnóstico” de la transición democrática que no se ha hecho, pero que ahora necesitan otros seis para conseguirla? ¿Se atreverán a echarle la culpa al gobernador Gabino Cué —a quien todos los partidos integrantes de la coalición dejaron solo, y le cargaron el costo de las responsabilidades que no asumieron— de lo que hasta ahora ha ocurrido, y dirán que van a cambiar?

En este sentido, una de las apuestas más temerarias es la del senador Benjamín Robles Montoya, que hoy trae como bandera el combate a la corrupción del régimen que él mismo ayudó a construir. Y no es que esté mal el discurso. Lo que ocurre es que nadie en su sano juicio puede dar por cierta su intención cuando todo lo anunció por una motivación eminentemente electoral y sólo por buscar la gracia de la gente.

PERDIDOS

Al final, los demás aspirantes ni siquiera han demostrado tener una agenda. Menos, una agenda que tenga contenido o que al menos esboce lo que se supone que le van a ofrecer a la gente para un segundo periodo de gobierno, independientemente de quién sea el candidato. Al final, parece que van a optar por el viejo truco de la ingeniería electoral, para evitar meterse en el enjambre de hablar de lo que no van a cumplir.

¿Por qué el PRI le cerró la puerta a los candidatos ciudadanos?

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+ ¿Regresan a ortodoxia política, para reacreditar el partidismo?


Una de las cuestiones que es más trascendente de las decisiones que está tomando el priismo en Oaxaca, es que tajantemente le cerró la puerta a los candidatos ciudadanos. Esto ocurre cuando la moda, y lo políticamente correcto, son los llamados “candidatos ciudadanos” y, más aún, los candidatos independientes. ¿Qué intenta el priismo con esta maniobra de aparente ortodoxia política, pero que también puede ser un doble filo por la demostración que faltaba de que la democracia interna de los partidos es una falacia, y con ello reflejar la crisis actual de la democracia representativa?

En efecto, una de las noticias más relevantes de la emisión de la convocatoria del PRI a su proceso interno de selección de Candidato a Gobernador, fue justamente que en ella no consideró la posibilidad de recibir candidatos externos, para competir con los militantes priistas, por la candidatura. La nota, en un primer momento, radicó en que con esa decisión quien quedaba fuera era el empresario Gerardo Gutiérrez Candiani. Sin embargo, es evidente que más allá de los nombres o los proyectos políticos, en el fondo el PRI le cerró la puerta a Gutiérrez y a cualquier otra persona interesada en competir por una postulación no desde la vía independiente, sino dentro del sistema de partidos.

Esto es por demás interesante, porque este parece ser una de las primeras escaramuzas entre el sistema de partidos y la vía independiente, en un momento en el que a pesar de las trabas que los mismos partidos le han puesto a las candidaturas de ciudadanos sin partido, ya hay un Gobernador (el de Nuevo León) surgido de este nuevo modelo de acceso al poder público.

En el caso de Oaxaca, en otros momentos hemos apuntado algunas de las razones por la que las candidaturas ciudadanas son aún poco probables de materializarse en nuestra entidad. Pero junto a eso resalta el hecho de que el mismo Gutiérrez Candiani tenía claro, y así lo dijo públicamente, que en un estado como el nuestro un candidato ciudadano tendría que ser de todos modos postulado por un partido político. Y según decía, esa era la razón por la que él intentaba participar políticamente buscando el abanderamiento del PRI como candidato a Gobernador.

De hecho, el martes 22 de noviembre pasado, Gutiérrez Candiani dijo en una entrevista con El Universal Televisión que “quien aspire ser gobernador en Oaxaca por la vía independiente lo tendrá que hacer a través de los partidos políticos, pero lo que sí vale es que tenga una posición ciudadana al cien por ciento”.

Lo decía, seguramente considerando que en una entidad con tanta pobreza como Oaxaca es más fácil que gane un candidato respaldado por una estructura, que alguien que verdaderamente pueda involucrar a la ciudadanía en un proyecto político. Pero al recalcar que quien lograra eso, debía tener de todos modos “una posición ciudadana al cien por ciento”, lo que hacía era indicarle al sistema de partidos que al menos él no sería una figura confiable porque no le garantizaría al partido el acatamiento a sus intereses, o la colaboración en los asuntos que son propios de lo que hoy conocemos como la “partidocracia”.

Al tener clara esa brecha, entonces es fácil entender por qué el PRI decidió no invitar a ningún ciudadano a participar, y por qué circunscribió su convocatoria sólo a quienes pueden demostrar que tienen diez años militando en ese partido.

DOBLE FILO

Así, teniendo clara la razón más próxima de por qué el PRI le cerró la puerta a los candidatos ciudadanos que querían una postulación, sin garantizar continuidad o sumisión a los intereses partidistas, lo que queda claro es que con una maniobra como ésta el tricolor intenta demostrar purismo político, para demostrar que no sólo la “moda” de los candidatos independientes está en lo correcto.

Parece que esa es su intención. Sólo que para verdaderamente demostrarlo debe conseguir que haya un candidato priista verdaderamente legitimado, y respaldado por un proceso electivo que al menos tenga la apariencia de democrático, o que cuente con el apoyo de todas las corrientes. Si eso no ocurre entonces sólo abonará al descrédito que de por sí ya pesa sobre el sistema de partidos políticos en México.

Pues al cerrar la puerta a los independientes, pareciera que el PRI está animando a que se concentre el sentido de pertenencia por parte de sus militantes, y a que se demuestre que no necesita agentes externos, porque con sus cuadros políticos tiene posibles abanderados hasta de sobra. Esa parece ser su idea. El problema es que en un estado como Oaxaca hay tantos mini PRI como corrientes políticas existen, y esa pluralidad casi siempre termina en el punto del enfrentamiento y hasta en la mezquindad. Si eso ocurre entonces nada de lo que intentaba demostrar será válido. Y el PRI quedará ahogado en sus propias buenas intenciones.

Pues es evidente que si de algo está cansada la ciudadanía es de los arreglos meramente cupulares que luego son sólo legitimados por la democracia. Hoy la sociedad es incrédula del sistema de partidos luego de ver los interminables enfrentamientos entre cuadros o entre aspirantes a un mismo cargo de elección popular; está cansada de no sentirse representada y de que la mayoría de sus procesos terminen en trifulcas. Por eso fueron empujadas a la ley las candidaturas ciudadanas.

El problema es que si en este caso el PRI, o en general el sistema de partidos, termina haciendo el mismo fiasco de siempre entonces no habrá habido ninguna razón válida para marginar a la ciudadanía para preferir a la militancia. El PRI por ende tiene el reto de postular a un candidato verdaderamente legitimado. Y si no lo hace, le terminará dando la razón a todos aquellos que han empujado las candidaturas independientes y que, al margen de Gutiérrez Candiani, esperan que haya más participación de la gente y menos de las cúpulas del poder.

EFICIENCIA TRICOLOR

La convocatoria priista fue presentada desde el pasado sábado, pero hasta el mediodía de ayer el Comité Directivo Estatal del PRI emitió el comunicado correspondiente a dicho evento. Si algún reportero, o medio de comunicación, hubiera optado por “aguantarse al boletín” con la reseña respectiva, sin dudarlo se habría hecho viejo en la espera…

Convocatoria priista, sin sorpresas; sólo que margina a simpatizantes

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+ Las “terceras vías” también están en tricolor con los Benítez Tiburcio


Tal y como se esperaba, a la “fiesta” del Partido Revolucionario Institucional nunca estuvieron contemplados los simpatizantes, y eso se refrendó al conocerse la convocatoria de ese partido a quienes pretendan competir por su candidatura a Gobernador. El documento, que de entrada estaba dirigido a la militancia tricolor, estableció entre los requisitos para participar en el proceso interno, el demostrar una militancia de 10 años en ese partido. Ello decantó la lista de posibles participantes, y de paso constató que casi todo el proselitismo que hasta ahora se ha hecho, no tendrá utilidad alguna para quien finalmente se alce con la candidatura.

En efecto, el sábado el Comité Directivo Estatal del PRI dio a conocer el documento a través del cual el Comité Ejecutivo Nacional convoca a los priistas al proceso de designación de su candidato. En tal documento no había sorpresas, ya que es una convocatoria expresamente dedicada a la militancia tricolor que no establece condiciones para la adherencia de simpatizantes o no militantes de dicho partido. Lo primero que parece quedar claro es que el PRI decidió no jugar con el garlito de la ciudadanización de los partidos, y que más bien está dispuesto a actuar con la ortodoxia partidaria conocida y esperada.

Pues hasta una semana había aún la idea de que el priismo podría optar por una “tercera vía” que dejara de lado la añeja pugna entre los “liderazgos” (cacicazgos) priistas tradicionales de los últimos treinta años, y decidiera caminar con un candidato ciudadano en la persona de Gerardo Gutiérrez Candiani. Dicha idea fue alimentada por la percepción (porque nunca sabremos quién verdaderamente alentó al empresario a buscar la candidatura priista) de que a Gutiérrez lo había invitado directamente el Presidente de la República a competir en el priismo, aunque finalmente fue desechada el pasado sábado con la emisión de la convocatoria, que establece requisitos específicos de militancia para quien desee participar en la carrera por la candidatura a Gobernador.

En términos estrictamente políticos, lo que hizo el PRI fue atajar el doble filo que podría significar el abrir su proceso interno a la participación directa de la ciudadanía, para luego tomar la decisión cupular que siempre ha estado prevista. En el PRI, el Presidente de la República es quien toma las decisiones trascendentales. Y la única forma de que haya aceptación y disciplina frente a sus decisiones, es que todos los que estén sometidos a ellas se encuentren dentro del círculo de intereses políticos que controla directamente el Presidente.

Al lado de ello, puede haber una segunda posibilidad, que apuntamos hace una semana en este espacio: que el PRI finalmente decidió no explorar esa tercera vía porque ello significaba poner en riesgo el trabajo y capital político del priismo, y dejarlo en manos de intereses panistas. Apuntamos entonces que con Gutiérrez, un sector dentro del grupo gobernante, estaba intentando “caer parado” al margen del resultado de la elección: triunfando la coalición PAN-PRD, dijimos, tendrían un Gobernador de su grupo; pero triunfando el PRI (es decir, supuestamente perdiendo ellos), con Gutiérrez a la cabeza, también saldrían ganando porque éste es también un integrante de su grupo. Y más allá del tema local de Oaxaca (es decir, de la lucha permanente de los últimos treinta años, entre los distintos cacicazgos, por el reparto cíclico del poder político), lo que generaría esto es el dilema de que, en el fondo, en el esquema nacional, el PRI se pusiera involuntariamente al servicio del PAN, todo por tratar de negociar quién sabe qué con los grupos políticos locales.

TERCERAS VÍAS

En ese sentido, llama también la atención el abrupto intento de la diputada federal Mariana Benítez Tiburcio, por hacerse de la candidatura a Gobernador del PRI. Pues en el fondo, parece que la Legisladora federal también ha venido jugando como una posible “tercera vía” similar a la de Gutiérrez Candiani, con la única diferencia de que ella sí tiene militancia priista. También tiene cercanía al grupo gobernante. Y parece que fue otra de las cartas con las que algunos tratarían de “caer parados” en la sucesión de Gobernador, lanzándola a ella y paralelamente promoviendo inopinadamente la imagen de su hermano, que es funcionario de la Secretaría de Finanzas.

Frente a ello, habría que preguntarse si Mariana Benítez es diputada federal por el interés del PRI por involucrarla en la política oaxaqueña, o si hay otras razones. Ella ha tratado de presentarse como un activo del priismo oaxaqueño en el país, aunque lo cierto es que su candidatura a la diputación federal fue resultado del interés del ex Titular de la PGR, Jesús Murillo Karam por protegerla frente a hechos como la investigación por los desaparecidos de Ayotzinapa, los errores en la integración de los expedientes en contra de la profesora Elba Esther Gordillo, y otras cuestiones más por las que ella necesitaba protección (Murillo tiene el afecto presidencial, y ella era la segunda a bordo en la PGR) mientras pasaba la turbulencia política por aquellas situaciones.

Por esa razón, su activismo político y su reciente interés por Oaxaca parece tener motivaciones e impulso local. En otras circunstancias, o ella hubiera sido la candidata, o nadie dentro del PRI —ni ella misma— habría tenido el interés de mandarla a ser comparsa de otros en una competencia simulada.

¿Quiénes la promueven, y qué buscan? Parece, pues, que las mismas personas que promueven a Alberto Benítez Tiburcio, son los que también han alentado desde distintas vías a personajes que pudieran incidir en la competencia del partido que para ellos es opositor. Mariana Benítez tiene la ventaja de ser la única mujer participando en dicho proceso (también está la doctora María de las Nieves García Fernández, aunque ella más bien parece que participa de forma honoraria). Aunque ello no le resta importancia al hecho de que su participación en dicho proceso tenga más origen en una motivación local que en el interés del PRI porque haya muchos participantes.

DÍAS DECISIVOS

Pasan los días y hasta los más prudentes pierden el sosiego. Parece intencional la forma en cómo en los partidos alargan los tiempos, primero para evitar el desgaste de ser el primero en tener candidato; y segundo, para que los aspirantes se depuren solos. Eso pasa en todos los partidos.

¿Qué mensajes tiene el pacto de unidad en el PRI?

PactoPRI

+ No buscó un albazo sino apaciguar lo irremediable


El llamado pacto de unidad que firmaron ayer los aspirantes a la candidatura a Gobernador por el Partido Revolucionario Institucional, está lejos de tener como mensaje el madruguete o el adelanto a las formas previamente anunciadas. Más bien, el encuentro pareció ser un llamado a la prudencia entre los aspirantes, luego de que en los últimos dos meses han sido predominantes las descalificaciones entre grupos, el proselitismo de facto sin control, y la utilización de estrategias de “posicionamiento” que nunca estuvieron dentro del radar del verdadero proceso interno.

En efecto, ayer se realizó un encuentro entre el líder nacional del tricolor, Manlio Fabio Beltrones Rivera, y los ocho aspirantes a la candidatura a Gobernador de Oaxaca que el propio PRI reconoce como tales. Al encuentro acudieron Alejandro Murat Hinojosa, Eviel Pérez Magaña, Alfonso Gómez Sandoval Hernández, Mariana Benítez Tiburcio, Martín Vásquez Villanueva, Javier Villacaña Jiménez y Samuel Gurrión Matías. Ahí, se supone, firmaron un pacto de unidad en el que se comprometieron a mantener un clima de respeto y cordialidad, y a que cuando se anuncie la decisión cupular de quién será el candidato, todos se sumarán a él.

Todo esto ocurre en un contexto que, según parece, casi nadie toma en cuenta: en el PRI, sí, hay una competencia interna por la candidatura a Gobernador, pero en ella las reglas no necesariamente establecían lo que casi todos los aspirantes hicieron. Es decir, no contemplaba la posibilidad de que hicieran proselitismo; no incluía las encuestas y tampoco era una carrera de fenómenos o percepciones.

Era, más bien, una medición cupular en la que será una sola persona la que tome la decisión, y en la que tenían que considerarse —se supone— otros factores que no eran la de la entrega de despensas, o los recorridos con la militancia, o el trabajo territorial del que algunos presumen. Básicamente, la competencia interna siempre fue sólo en el ánimo presidencial, y en la legitimación que pudiera darle la dirigencia nacional del tricolor, como órgano formal de este tipo de decisiones.

Por esa razón, de entrada, el llamado pacto de unidad más bien pareció ser parte del interés que tiene el Comité Ejecutivo Nacional del PRI por apaciguar a quienes llegaron incluso a posturas irreductibles, y por enviar los mensajes de que todo lo hecho hasta ahora era bienvenido pero no necesario. De hecho, el mensaje de unidad está encaminado a la toma de una decisión cupular y vertical —como es el PRI— y a que frente a ella, todos los factores de poder se sumen y asuman una realidad en la que tienen un Jefe Político, y él es quien manda.

Y es que resulta que frente a todo esto, todavía hay quien insiste en los “mensajes”, en la percepciones y hasta en los albazos. Hubo quien, por ejemplo, ayer frente a la fotografía oficial del encuentro, aseguraba que la posición de cada uno en la imagen era el indicador de por dónde iba la decisión; decían también que era el encuentro previo para “planchar” a los que se quedarían en el camino. Evidentemente, nada de eso tiene sentido cuando las bases para hablar de todo eso se sustentaban en una competencia que nunca existió. Y resultó que, además, hasta en eso perdieron la cordura y continuaron en esa guerra de percepciones y ataques que no beneficia a nadie y, en estos momentos, a ellos más que a nadie.

LA IMPRUDENCIA

¿A quién le beneficiaba, por ejemplo, las bajezas que durante meses estuvieron circulando en redes sociales y en portales de noticias sobre algunos candidatos, si en la capital del país, quien decide, no lee eso y seguramente tampoco le interesa? Todo eso, fue resultado de una guerra intestina en la que pensaban que la decisión se tomaría con base en encuestas de popularidad o con sondeos de opinión. Nada de eso influyó y sí evidenció a quienes hoy no se pueden ni ver porque tal nivel de ataques los hizo perder la noción de que la política no es un asunto personal.

¿Cómo quedarán todos aquellos que gastaron millones de pesos en todo tipo de dádivas y regalos a gente que tampoco estaba involucrada en el “proceso interno” porque así como éste nunca existió, tampoco la militancia o los simpatizantes del PRI fueron invitados y ni siquiera tomados en cuenta? ¿Cómo o con qué tendrán que pagarle a esas personas o corporaciones que intencionalmente entregaron dinero a la nada para ese proselitismo estéril que finalmente no tendrá ningún resultado concreto?

Incluso, ¿cómo podrán hablar ahora de prudencia —que fue uno de los temas en los que el Líder nacional del PRI fue insistente— cuando los únicos que supieron detenerse a tiempo fueron Alejandro Murat y Alfonso Gómez Sandoval; el primero, que desde hace varias semanas detuvo prácticamente todas sus actividades políticas en Oaxaca justamente para dar paso a los tiempos establecidos en el partido tricolor; y el segundo que siempre demostró una gran conciencia sobre el verdadero sentido y fondo de la competencia, y nunca cayó en la tentación de imitar —en lo visible, o en las bajezas— a otros aspirantes que trataban de hacer campaña desprestigiando y sobajando a sus competidores, como si con esto hubiera algún tipo de crecimiento como políticos, o como aspirantes a un cargo público.

Por eso, en el fondo esta “competencia interna”, sólo aparente, es reveladora más en cuanto al temple y el compromiso de los aspirantes a la candidatura del PRI. Sirvió para que demostraran cuál era su nivel real de competencia; cuál su verdadero interés y forma de competencia por la candidatura; y cuáles sus herramientas. Todos, en el fondo, quedaron pintados de cuerpo entero en una competencia que existió sólo en las ideas de algunos pero que no pasa por casi nada de lo que se hizo.

VERTICALISMO

En el fondo, es una sola persona quien tiene la decisión, y no sabemos si está tomada ya o todavía no. Todo lo demás son meras especulaciones y manipulaciones que intentan apaciguar a quienes ya están desesperados por el resultado. Si recuerdan todos quién es el Presidente, de qué partido es, y quién es el que manda, entonces podrán entender la verdadera realidad y el verdadero sentido de todo lo que se ha hecho. Para bien y para mal.