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Transporte: claves para entender esta crisis

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+ Solución integral: necesaria ¿y lejana?

 

El del transporte público, es un problema grave que debe ser abordado y resuelto cuanto antes. Para comprender momentos de crisis como el de ayer, y la compleja situación que enfrenta hoy el Gobierno del Estado, es necesario tomar en consideración algunos aspectos de su propio contexto, para después entender qué soluciones debe dar en el corto y mediano plazo para dejar de administrar este asunto, y darle una solución integral y de fondo. Aquí presentamos algunas claves indispensables sobre este tema.

  1. Atendiendo a su causa más inmediata, la crisis generada por los taxistas citadinos tiene como origen la disputa que existe entre ellos y grupos de transportistas foráneos agrupados en la Confederación Nacional de la Productividad, que encabeza el impresentable líder Juan Luis Martínez. De entrada, el conflicto es territorial y tiene que ver con la invasión de rutas y ámbitos de trabajo entre los concesionarios de taxis del centro de la capital oaxaqueña, y los grupos de foráneos que, violando la ley, instalaron en sus unidades los llamados “copetes” con la leyenda de “Taxi”, y las diademas, que sólo pueden ser portadas por los autos de alquiler de la capital oaxaqueña. Los foráneos protegidos por la CNP, portando esos objetos en sus unidades, prestan el servicio de taxi en Oaxaca de Juárez y municipios conurbados, cuando ese es territorio exclusivo de los citadinos.
  2. Este conflicto, sin embargo, no es sólo territorial, sino también es un problema  de manipulación política y de promesas incumplidas. Ya desde nuestra entrega del pasado miércoles 18 de abril, dábamos cuenta del hecho de que Juan Luis Martínez, líder de la temible CNP, es el nuevo personero, en el rubro del transporte público irregular, del ahora senador electo Benjamín Robles Montoya. Decíamos desde entonces, que ellos están manipulando a tal grado el tema del transporte público, que podrían lograr la regularización de cientos de unidades en fechas próximas. Ciertamente, no lo han logrado (aunque eso no significa que no lo hayan intentado, incluso manipulando las decisiones del Tribunal de lo Contencioso Administrativo del Poder Judicial del Estado), pero lo que sí han conseguido es completa impunidad para que sus unidades irregulares, que con concesión de transporte foráneo, presten el servicio de taxi en la capital oaxaqueña.
  3. En esa misma lógica, con toda oportunidad esta columna dio otra clave sobre este asunto el martes 24 de abril, cuando dijimos que “aquí mismo en la capital oaxaqueña los grupos adheridos a Robles Montoya, y secundados por personajes como [Juan Luis] Martínez de la CNP, están tratando de quebrar a la Unión de Taxistas del Estado de Oaxaca, para que un ala de ésta se vaya al nuevo conjunto de organizaciones identificado con Robles, y que a partir de eso puedan generar fuerza capaz de llegar a presionar a la propia autoridad estatal (en manos del grupo que ahora le tiende la mano para crecer políticamente) en cualquier momento, y por cualquier circunstancia que sea conveniente a sus intereses.”
  4. Hoy vemos que esos intentos por romper la UTEO ya provocó una primera reacción radicalizada y potencialmente violenta que, por la desatención del gobierno estatal y por la ambición desmedida de Robles y Martínez por convertirse en los nuevos mandamases del transporte en la entidad a partir de la manipulación de la irregularidad, afectó a decenas de miles de oaxaqueños y además evidenció las prácticas políticas más pedestres de la entidad, justo en los tiempos en que Oaxaca se presenta al mundo a través de la festividad de los Lunes del Cerro.
  5. El conflicto no es sólo entre la UTEO y la CNP de Martínez y Robles Montoya. De hecho, en el ámbito estricto del transporte citadino existen cuando menos tres frentes distintos que no han sido atendidos debidamente por la autoridad. El primero de esos frentes de discordia es, en efecto, entre la UTEO y los foráneos que indebidamente prestan el servicio de citadinos. El segundo, es entre la UTEO y una segregación de taxistas (fundamentalmente del sitio ADO) que formaron recientemente una coalición de sitios independientes identificada con el PRI. Y el tercero, es esencialmente con la UTEO, que en una actitud clara de doble moral, exige la aplicación del artículo 240 bis del Código Penal local para los irregulares, pero por otro lado respalda a ciertos sitios de taxis foráneos que están en esa misma condición de irregulares. Por eso, en la capital oaxaqueña, este conflicto está de entrada tan revuelto y tiene poco margen de negociación.

 

REORDENAMIENTO, ¿CÓMO?

Aquel martes 24 de abril rematábamos este espacio señalando que todo esto (el caos total, la impunidad infecciosa, y la corrupción galopante en el sector del transporte público), sin embargo, choca no sólo con el propósito, sino con el apremio que tiene el Gobierno del Estado, por entrar de verdad a fondo al reordenamiento del transporte urbano, colectivo y foráneo. De hecho —decíamos—, parece claro que la administración estatal ahora sí está convencida de que eludir este asunto de nueva cuenta implica no sólo el incremento del caos en el sector, sino también el pago de costos políticos directos para quien ahora es gobierno. Entienden que parte de las facturas que en 2010 el electorado cobró al PRI fue por la corrupción y el caos que promovieron en el sector del transporte. No quieren repetir el escenario. Pero flacos favores reciben del “aliado” Robles Montoya.

¿Cómo dar solución a esto? Es lo que hoy nos preguntamos. En el corto plazo, parece claro que debe agilizarse el establecimiento de orden en el otorgamiento de concesiones. Esto podría comenzar con la creación de un padrón único de concesiones y, en el caso de los taxis citadinos, la creación de un padrón de choferes, para evitar la discrecionalidad con la que se han entregado las concesiones, pero también para frenar los excesos de los sitios de taxis y las organizaciones de ruleteros, que hacen de las suyas cada seis años.

Después tendrían que venir otras medidas de reordenamiento integral del transporte, rutas y, sobre todo, la estipulación de una ley que contemple la problemática actual y delimite también las competencias de las instancias estatales. Pero de eso, hablaremos en próximas entregas.

 

¿SERÁ?

¿Que los vehículos de motor de algunos de los más altos funcionarios del gobierno estatal, son conducidos por taxistas de sitios como Reforma? ¿Será?

Normalistas: la ignominia, llevada al extremo

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+ No hay autoridad: la ciudadanía, a la deriva

 

Ayer los estudiantes de la Escuela Normal Superior Federal de Oaxaca, desquiciaron la ciudad por un asunto que, como siempre, compete sólo de forma marginal a la autoridad estatal, y que nada tiene que ver con los intereses de la inmensa mayoría de los ciudadanos. Ellos, los normalistas, representan además a uno de los grupos menos comprometidos con el interés general, y que más perjuicios provocan a la entidad con su radicalismo y proclividad a la voracidad e inconformidad sin sentido.

En efecto, ayer representantes del Consejo Estudiantil señalaban que el bloqueo de arterias viales que realizaron, y que provocaron un enorme problema a la ciudadanía y al turismo, tuvieron como origen la supuesta falta de respuesta a su demanda principal, “relacionada con un conflicto interno”. Lo que exigían los normalistas, era el reacomodo de personal e infraestructura educativa para su centro de enseñanza, y justificaron sus acciones en el hecho de que el IEEPO hace caso omiso a sus demandas.

Todas estas son excusas para hacerse presentes en este momento tan importante para la economía y el gobierno de Oaxaca. Es evidente que lo que los normalistas buscan es convertirse en un problema de gobernabilidad para el gobierno estatal, con el objetivo de encarecer la posibilidad de cualquier tipo de arreglo, y de ahí obtener mayores beneficios a los que recurrentemente coinciden.

Sólo quien no sabe la forma de actuación, los cálculos de los normalistas, y los beneficios de los que siempre son objeto, podría pensar que, en efecto, esta protesta fue casualmente coincidente con las fiestas de los Lunes del Cerro, y que verdaderamente los estudiantes normalistas buscan la satisfacción de sus exigencias, y no llamar la atención del Gobierno del Estado.

Y es que la protesta, en este preciso momento, por un problema que sólo corresponde a ellos y a su dirección (y posiblemente a la Sección 22, que es quien controla casi por completo la vida interna de las normales de la entidad), es en realidad una excusa de los normalistas para conseguir todavía más beneficios y canonjías de las que ya goza de manera permanente.

Esto porque los normalistas, a diferencia de prácticamente todos los demás estudiantes de nivel superior de la entidad (que están desprotegidos durante todo su periodo como estudiantes, y que además nunca tienen asegurada una plaza laboral o una seguridad para cuando concluyan sus estudios universitarios), sí reciben innumerables ayudas económicas por parte de la administración estatal para realizar estudios normalistas de los que, bien a bien, nadie sabe qué calidad o competitividad real tienen; y que, además, tienen asegurada una plaza de trabajo al culminar sus estudios.

Oaxaca es la única entidad de la República en la que aún prevalece la práctica nociva de la contratación automática de todos los normalistas, independientemente de su nivel de conocimientos o de su desempeño como estudiantes, y también sin tomar en consideración las necesidades que tiene el sector educativo de la entidad, de nuevos trabajadores.

Todo esto, además, contrasta sobremanera con el alto grado de conflictividad que tienen los normalistas, que hoy por hoy son más conocidos en la sociedad oaxaqueña por integrar los grupos de choque, y la carne de cañón de la Sección 22, que por verdaderamente ofrecer certidumbre sobre el futuro de la educación pública de la entidad.

Los normalistas oaxaqueños, en general, se asemejan más a grupos porriles aparentemente politizados (pues les enseñan que su único objetivo es la defensa de sus intereses al precio que sea), que a futuros educadores que podrán sostener los compromisos y los requerimientos educativos de la entidad para los próximos años.

 

GOBIERNO TOLERANTE

Ayer los normalistas cerraron importantes arterias viales durante varias horas, ante la mirada complaciente de todas las autoridades de la entidad, que no sólo no hicieron algo para destrabar lo antes posible la obstrucción a las vías de comunicación, sino que tampoco hicieron algo para auxiliar a la ciudadanía que se quedó varada —y atrapada— en los bloqueos, y en el caos que provocó la ausencia de representantes del orden.

En efecto, la obstrucción duró varias horas. Durante varias horas, no hubo representantes del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca que pudieran dar cauce al asunto, y —como siempre— los representantes de la Secretaría General de Gobierno estaban más ocupados en otros menesteres, (quién sabe en qué) que en atender un asunto que, al menos por decoro, debían estar también atendiendo.

Mientras todo eso ocurría, miles de transeúntes, turistas, y automovilistas, quedaron en medio de un enorme caos vial, que se agravó por la ineptitud de las instancias municipales y estatales, que nunca llegaron a atender el enorme estacionamiento público en el que se convirtieron la mayoría de las arterias viales del norte de la capital oaxaqueña.

Esto parecía el peor escenario. Propios y extraños (porque estos son los días de más turismo en todo el año en Oaxaca) vieron cómo la autoridad estatal fue incapaz de atender un asunto claramente prefabricado con los normalistas, y también presenciaron cómo todas las instancias abandonaron a los ciudadanos, que tuvieron que arreglárselas como pudieron para dar orden al caos vial derivado del bloqueo, y que se vieron en la necesidad de organizarse solos porque no hubo representante oficial que hiciera presencia cuando menos para desahogar el tráfico.

Esta es una situación inaceptable. Pues es claro que si los oaxaqueños tenemos un gobierno, lo menos que podemos esperar de él, es que actúe con eficacia y prontitud tanto para atender los asuntos que generan perjuicios a la mayoría, como también para que auxilien a los que se convierten en víctimas colaterales de una situación como la de ayer.

Lo grave es que nadie parece tener conciencia de ello. Y por eso sólo dejan pasar los asuntos sin reparar en la gravedad que éstos representan, y en la pésima imagen que se llevan de nosotros (sociedad, gobierno y grupos de lucha social) aquellos que vienen de visita y, por casualidad, se convierten en testigos de esta ignominia.

 

INDIGNADOS

Así nos decimos los ciudadanos. El problema es que nos enojamos y nos indignamos sólo mientras dura el bloqueo, pero luego se nos olvida. Por eso no exigimos más y mejores resultados a la autoridad. Y por eso siempre terminamos siendo objeto de nuestros propios olvidos.

Guelaguetza magisterial: ¿rescate cultural, o qué?

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+ Copia de “Guelaguetza oficial” un error recurrente

 

En 2006, ante el boicot a las representaciones de los Lunes del Cerro en el Auditorio Guelaguetza, y ante el conflicto magisterial que para entonces ya se encontraba en una situación grave, los profesores de la Sección 22 del SNTE se inventaron la decisión de realizar su propia representación de la Guelaguetza. Desde entonces la realizan, cada año, el mismo día en que se lleva a cabo la que ellos denominaron como “Guelaguetza oficial”, y más o menos con la misma dinámica. El problema es que, con el paso el tiempo, la representación magisterial terminó siendo una simple copia de las desviaciones que tiene la Guelaguetza organizada por el gobierno estatal.

En efecto, la Guelaguetza magisterial nació casi como un berrinche. Hace seis años, los profesores de la Sección 22, y de la naciente Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca, tasaron a todos los oaxaqueños en dos grandes grupos, a los que simplemente denominaron como “priistas”, por un lado, y “el pueblo”, por el otro.

Los primeros eran todos aquellos que coincidían con las acciones del gobierno en turno —o que simplemente no coincidían con sus razones o prácticas—; y los segundos eran aquellos, “pobres” como se autodenominaban, que sí estaban de acuerdo con sus argumentos y formas de lucha, y que, según ellos, por no tener la capacidad económica suficiente, tenían vedada la Guelaguetza y las tradiciones “oficiales” organizadas por “los priistas” del Gobierno del Estado.

Ésta última fue la razón esencial por la que nació la llamada Guelaguetza popular. Con una acción como esa, los profesores entonces paristas de la Sección 22, reforzaron aquella idea de que ellos eran parte del pueblo, y que estaban a favor de él, y por esa razón movilizaron a sus agremiados en todas las regiones del Estado para que organizaran a sus propias delegaciones regionales. Con eso, y con un financiamiento mínimo (que en los años siguientes fue puesto por el propio gobierno estatal) iniciaron la representación de su propia Guelaguetza en los campos deportivos del Instituto Tecnológico de Oaxaca.

Esto, a pesar de todas las condiciones, tuvo buena aceptación. Desde el primer año, miles de personas han acudido cada año a esa representación, y de algún modo han convalidado aquella decisión de la Sección 22 del SNTE. Ésta última, deliberadamente ha minimizado cada vez más, el hecho de que para su organización sí recibe apoyo económico del gobierno estatal, y que para esos mismos fines también recauda aportaciones supuestamente voluntarias de sus más de 70 mil agremiados (con lo que esto se vuelve un lucrativo negocio para “alguien” a quien no es difícil de identificar dentro del propio Comité Ejecutivo Seccional).

Aunque, en el fondo, lo que más ha minimizado la Sección 22 del SNTE, es el hecho de que únicamente se ha dedicado a hacer una suerte de “fiesta espejo” de la celebración de la fiesta de los Lunes del Cerro, que organiza la Secretaría de Turismo y Desarrollo Económico del Gobierno del Estado, y no lo que todos hubiéramos esperado de aquel gremio que dice estar siempre dispuesto a defender, preservar y rescatar las mejores causas de todos los oaxaqueños.

Es decir, que la Sección 22 ha hecho todo, menos un rescate de la tradición y las costumbres relacionadas con el Lunes del Cerro, y con las expresiones folclóricas y culturales de las distintas regiones de la entidad, y únicamente se ha limitado a copiar en todos sus rasgos las celebraciones que el gobierno celebra, según su retórica, “para los ricos”.

 

GUELAGUETZA COPIADA

La Sección 22 hoy realiza su propio desfile de delegaciones regionales, quema su propio castillo con juegos pirotécnicos, lleva a cabo su propia representación del Lunes del Cerro, y hace todo lo necesario para copiar los pasos de la celebración organizada por el gobierno estatal.

Eso no tuviera nada de malo, si no fuera porque, hoy, la misma representación “oficial” de los Lunes del Cerro está llena de cuestionamientos, mutilaciones, agregados inexplicables, y sinrazones, de las que nadie puede dar una explicación racional, y que son motivo de preocupación y señalamientos por parte de aquellos que sí conocen las raíces y el significado de las representaciones, y que dicen que ni el Gobierno del Estado ni el llamado “Comité de autenticidad” de la celebración, están a la altura de las necesidades de preservación cultural que requiere la Guelaguetza.

Y es que, en el caso de la Guelaguetza magisterial, es claro que no tendría ningún problema en ser una fiesta mucho más auténtica que la organizada por el gobierno estatal, por el solo hecho de que los profesores de la 22 sí tienen presencia en todos y cada uno de los rincones del Estado, que la mayoría de ellos sí tienen arraigo en las comunidades de donde provienen y, sobre todo, que sí tienen contacto —y en muchos casos hasta cierta ascendencia y respeto— con las personas que verdaderamente conocen las tradiciones de cada región o comunidad, y pueden dar testimonio válido de la veracidad de las representaciones, o de la forma correcta en que éstas deben realizarse para no tergiversar su contenido y significado.

El problema es que esto no parece ser una preocupación de la Sección 22 del SNTE. Pareciera que su único afán radica en solamente demostrar al gobierno y a la sociedad oaxaqueña que ellos sí son capaces de organizar su propia representación de los Lunes del Cerro, y que además sus festividades también tienen convocatoria y arraigo entre las personas. Nadie está peleado, ni pone en duda, ese hecho. Pero lo importante debiera ser que, además de ello, ellos buscaran hacer aportaciones culturales importantes, y  no solamente una copia de lo oficial para que las personas de baja capacidad económica puedan tener acceso a ello.

 

LA MISMA COSA

Al final, todos pueden continuar con sus respectivas celebraciones. Pero eso no garantizará que la fiesta de la Guelaguetza pueda preservarse como se espera, o que pueda irse afinando y autenticando como también debiera ser. Sería bueno que los profesores dejaran de lado las frivolidades y se preocuparan por rescatar muchas de las tradiciones y representaciones que hoy se están perdiendo por los afanes comerciales, y el descuido, de quienes organizan los Lunes del Cerro desde el sector oficial. Eso sí honraría verdaderamente a Oaxaca. Pues es un hecho que las copias simples, de fondo, no sirven para nada.

Guelaguetza: oaxaqueños, cuesta abajo

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+ ¿Qué hemos hecho para engrandecerla?

 

Los oaxaqueños podemos seguir quedándonos en el lugar común de que Oaxaca es más grande que todos sus problemas, y de que, a pesar de todo, nuestra ciudad cada año deslumbra a propios y extraños con su generosidad artística, folclórica y cultural. Podemos quedarnos así. Y sin embargo, más allá de la supuesta tranquilidad por tener fiestas y tradiciones imponentes e inagotables, los oaxaqueños debiéramos preguntarnos si en los últimos años hemos hecho algo efectivo, real, para honrar esa grandeza, o aún para ensancharla o consolidarla.

La fiesta de los Lunes del Cerro es, para los oaxaqueños, una especie de fuente inagotable de vida. A pesar de que cada año tenemos docenas de problemas sociales, políticos, y hasta partidistas, y de que tenemos un gobierno que no siempre toma las mejores decisiones, que no siempre resuelve de mejor modo las contrariedades, y que no siempre hace o dice cosas que favorezcan a la Máxima Fiesta de Oaxaca, al final de todos modos la Guelaguetza termina atrayendo a miles de turistas, que vienen a nuestra entidad a gastar su dinero y a darnos un soplo de vida para esperar la siguiente temporada vacacional.

En este sentido, no debemos confundir la expresión cultural de los Lunes del Cerro, y todo lo que los rodea, con el hecho de que en Oaxaca esas, y todas las festividades que atraen al turismo, debieran ser vistas efectivamente como una verdadera industria, y debían ser cuidadas por todos (sociedad y gobierno) porque, a diferencia de una factoría o actividad particular, la Guelaguetza —que engloba nuestras tradiciones, costumbres y raíces culturales como oaxaqueños— nos pertenece a todos y todos somos de algún modo corresponsables de ella.

El problema es que, según parece, no hemos entendido nada de eso. Por eso los oaxaqueños —los ciudadanos de a pie— preferimos siempre evadir cualquier tipo de responsabilidad relacionada con la fiesta de los Lunes del Cerro. A tanto ha llegado nuestro desánimo, que muchos de nosotros decidimos evitar por completo la asistencia o la participación en cualquier tipo de expresión cultural relacionada con las festividades. Como buenos malinchistas, preferimos otras actividades o distracciones, porque damos por hecho que conocemos una cultura o expresiones —las nuestras— a las que, literalmente, nunca nos hemos acercado.

Algo similar ocurre con las organizaciones de lucha social, que nunca dejan de hacer presencia en estos momentos. Éstas, lejos de demostrar preocupación social, lo que inspiran con su “participación” en estas festividades, es el sentimiento de un profundo desprecio por el trabajo y la situación de cientos de miles de oaxaqueños que dependen de la industria turística.

Sus intentos reiterados de boicot a las festividades, únicamente revelan que ellos efectivamente no viven de eso, y que como son ajenos a esa situación, entonces por eso ocupan el momento para exigir su propio modo de vida a un gobierno que sistemáticamente está lejos de encontrar la forma de encaminar o sortear esas adversidades, y que por eso termina cediendo ante las primeras inconformidades.

Si este escenario provoca cierto desánimo, queda claro que es porque, al final, todos los que no somos parte del gobierno, no hemos hecho la parte que nos corresponde. Por eso, evitamos acordarnos del 2006, cuando todos juntos provocamos la cancelación de esa expresión cultural, que también es un negocio; o cuando al año siguiente, del mismo modo todos (por acción u omisión) provocamos que la Guelaguetza fuera rebautizada como la “Guerraguetza”.

Eso debería provocarnos profunda vergüenza a todos. Sin embargo, preferimos omitir el recuerdo porque creemos que con eso es suficiente.

 

NINGÚN AVANCE

Cuando en 2005, el Gobierno del Estado anunció que la celebración de los Lunes del Cerro se llevaría a cabo en dos ediciones por cada fecha, fueron más las críticas que los buenos comentarios recibidos. Derivado de eso, cuando se anunció que se ampliaría la convocatoria a las delegaciones regionales que participan en la Guelaguetza, muchos pusieron en duda —con razón— la posibilidad de que la autenticidad de la celebración pudiera sostenerse.

Cuando se anunció que se instalaría una techumbre al Auditorio que lleva ese mismo nombre, llovió otro montón de críticas y cuestionamientos sobre la innecesaria y mal planeada modificación de la Rotonda de la Azucena, y sobre los efectos que esto podría tener en la celebración de los Lunes del Cerro.

Fuera de esas únicas decisiones, polémicas y consideramos que en gran sentido equivocadas, todos se han dedicado a simplemente mantener el estado de cosas como se encuentra, pero sin demostrar capacidad para hacer más y mejores cosas por esa industria que, directa o indirectamente, nos da de comer a la gran mayoría de los oaxaqueños.

El asunto no es menor. Quienes en otras épocas presenciaron y reseñaron las decisiones que tomaron ciertos gobiernos para establecer la fiesta de los Lunes del Cerro, y todas las representaciones y expresiones que ocurren en estas mismas fechas, hablan de consensos reales, de gran visión cultural y de Estado para la entidad, de aceptación y apoyo por parte de la ciudadanía, y sobre todo de un profundo compromiso e identidad con lo que aspiracionalmente son las tradiciones y las expresiones culturales de nuestro estado.

¿Por qué hoy el gobierno ya no toma grandes y consensadas decisiones para seguir incrementando el impacto de la Guelaguetza, y al mismo tiempo por mejorar los efectos económicos que eso tiene? Primero, porque parece que hoy los oaxaqueños que podrían generar esas propuestas y esos consensos, y que estarían legitimados por la sociedad, o no están en el gobierno, o ya no existen. Segundo, porque parece que ya no hay ánimo de hacer más, de proponer más, de innovar más o, cuando menos, de sistematizar más las expresiones culturales que ya existen pero que no son conocidas ni apreciadas como las de los Lunes del Cerro, u otras que tienen gran aprecio por el turismo nacional e internacional.

 

¿QUÉ NOS QUEDA?

Por eso, según parece, vivimos únicamente de lo que nos queda. Por eso, aunque la Guelaguetza es nuestra “fuente inagotable de vida”, nosotros, los oaxaqueños hemos decidido conformarnos y no hacer ni querer nada más de lo que ya tenemos. Estamos, pues, en una inaceptable zona de confort, que sólo sigue haciendo lo indispensable por mantener intacta una tradición, pero que no tiene ganas de hacer algo más por Oaxaca.

Hugo Jarquín: ganar el poder… para lo peor

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+ Que el PRD se responda por sus abanderados  

 

Ayer, el diputado federal electo por el distrito de Oaxaca Centro, el perredista Hugo Jarquín, intentó tomar por asalto la vía pública en el parque El Llano, para dar paso a la instalación de integrantes de su agrupación con puestos ambulantes. Esto provocó una gresca que pudo haber terminado en una batalla campal, pues dichos espacios ya habían sido asignados por la autoridad municipal a otras organizaciones de comerciantes durante las fiestas de la Guelaguetza. La actitud de Jarquín representa lo más corrupto e impresentable de los excesos que cometen los políticos a partir del poder público.

Hugo Jarquín es uno de esos personajes que son por sí mismos impresentables. Éste representa los intereses no de grupos políticos como tales, sino de lo más retardatario de las organizaciones de comerciantes que, alegando crisis económica e inequidad en las condicione económicas imperantes, terminan rozando la ilegalidad —y hasta la ilicitud— en las actividades y productos con los que se ganan la vida.

Jarquín, de hecho, es un personaje que saltó a la vida política a partir de una engañosa bandera de lucha social. Su supuesta base social parte de la acumulación de poder por el manejo de rancios grupos sociales, que se dedican a hacer el trabajo sucio que los partidos y las facciones políticas siempre necesitan para mantener contentas a sus respectivas clientelas de votantes.

Por eso, los grupos de supuestos “votantes duros” que sí apoyan fielmente a Jarquín, son sólo aquellos que se han visto beneficiados por las peores prácticas que pueden permitirse desde el poder. Es decir, por la invasión de espacios públicos, por el comercio de productos ilegales y de contrabando, por el despojo a particulares de bienes muebles e inmuebles, y por la intimidación violenta de todos aquellos que pretenden impedir sus objetivos.

Hoy, la gran mayoría de los oaxaqueños sabe, y reprueba, el hecho de que el gran respaldo de supuesta “responsabilidad y compromiso” del izquierdista Hugo Jarquín, se base en la utilización de espacios públicos para arrebatarlos al Estado y repartirlos entre sus agremiados; que lo mismo han hecho con propiedades de particulares y de comunidades para establecer ahí colonias paupérrimas e irregulares de paracaidistas, que no cuentan con ningún tipo de servicio o seguridad (más que la protección de su líder); o que vende protección a los que comercian con todo tipo de productos que entran ilegalmente al país, que están prohibidos por la ley, o que son comerciados al margen de cualquier disposición legal o fiscal.

El problema es que nadie está dispuesto a hacerse responsable por un personaje como Jarquín, pero al mismo tiempo nadie le pone un freno a sus intentos, ni le hace ver que el poder público o la influencia política deben servir para generar mejores condiciones para la ciudadanía, y no para afectarla aún más con la agudización de sus prácticas indeseables que no generan beneficio alguno, y sí dañan a muchísimas personas.

En este sentido, ¿dónde está la dirigencia estatal del PRD, que primero traicionó el proceso supuestamente democrático en el que Jarquín fue electo candidato, para luego darle todo su cobijo y permitirle llegar hasta la curul que ocupará a partir del mes de septiembre próximo? ¿Dónde está ese partido supuestamente responsable, que se supone que postuló a un líder de la ciudadanía para ir al Congreso a representar los intereses no de su grupo, sino de todos los oaxaqueños? ¿Dónde están hoy, para responder por los actos inadmisibles e Jarquín, todos aquellos que pidieron el voto a su favor, argumentando que él significa un cambio positivo para Oaxaca?

 

JARQUÍN ES UN LASTRE

Jarquín, incluso, nunca estuvo dispuesto a responder a la ciudadanía sobre el proyecto de trabajo que supuestamente encabeza. Fue electo diputado por el solo efecto del no-voto-diferenciado. Pero los oaxaqueños desconocemos qué piensa el nuevo Diputado. No existe ningún compromiso asumido por él a favor de Oaxaca. Nadie sabe qué tipo de izquierda concibe para Oaxaca y para el país.

De hecho, muchos ni siquiera conocen su voz ni entienden lo que representa. Sin menospreciar a quienes sí votaron convencidos por él, es evidente que su triunfo se debió en cierta medida a una compra disfrazada del voto, realizada a través del lucro con las necesidades más básicas de los oaxaqueños. Jarquín, aunque decía representar un cambio, también recurrió a las mismas prácticas retrógradas de siempre.

Es decir, al regalo de despensas, láminas de cartón, materiales básicos de construcción y apoyos económicos directos. Los mismos que les da a los integrantes de sus organizaciones, cuando envía a los más desposeídos a invadir predios, y ocuparlos (y defenderlos, incluso con la vida) para evitar que sus legítimos dueños puedan recuperarlos, y así él pueda seguir lucrando con la pobreza y la necesidad de la gente, y con la tolerancia que le profiere la autoridad municipal y estatal.

Por eso, lo que intentó hacer ayer en el Parque El Llano, no es sino un pintoresco intento de demostrar su poder frente a todos los que, en condiciones distintas a las de sus agremiados, intentan también trabajar, pero lo hacen sin apartarse de los dictados y límites de la autoridad, y sin arrebatar nada a nadie.

Al final, alguien debería responder por las tropelías y la actitud retrógrada de Hugo Jarquín. Éste, bien lo sabemos, jamás dará la cara y, del mismo modo, nunca tendrá la disposición —ni la capacidad— para explicar a los ciudadanos por qué hace lo que hace. No lo hizo como candidato. Tampoco lo hará ahora que ya tiene asegurada una curul en el Congreso Federal, y que intentará reiteradamente, a partir de eso, seguir medrando e intimidando a la autoridad y a los oaxaqueños, para seguir sacando provecho de su falsa lucha social, de la ilegalidad, y de la necesidad de miles de oaxaqueños que siguen creyendo en sus vulgares formas de obtener lo que desea.

 

VA POR TODO

No se equivocan aquellos que, aterrados, ya ven a Jarquín como posible candidato a Edil el próximo año. Seguramente lo intentará, porque queda claro que más que legislar, lo suyo es el manejo de los espacios públicos, para sacar provecho de ellos. El cargo de Edil sería ideal para él y sus intereses. Aunque sería dantesco para nuestra hermosa capital oaxaqueña. Luis Ugartechea, los priistas, y todos, debían ver esto con seriedad. Las consecuencias de no hacerlo, las pagaremos todos.

Nuevos diputados: ¿hay agenda con gobierno?

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+ No más cheques en blanco ni diputados becados

 

Entendiendo que existe, o que debe existir, independencia plena entre los representantes de los poderes Ejecutivo y Legislativo, y que también debe haber autonomía entre los ámbitos estatal y federal, ello no significa que el trabajo de quienes representan a los poderes públicos de Oaxaca deba de ser aislado ni distante ni disperso. Hoy que están constatados los triunfos y las derrotas electorales, así como los nuevos equilibrios que existen entre partidos y facciones políticas locales, debe construirse una agenda común en beneficio de Oaxaca. Si ésta no existe, entonces tendremos autoridades administrativas que actúan solas, y representantes populares que ostentan el cargo como meras becas.

La experiencia propia de Oaxaca indica que independientemente de la correlación de fuerzas políticas en el poder, el trabajo coordinado siempre es a favor de la entidad. El no hacerlo, sin embargo, significa una enorme oportunidad perdida para partidos y gobernantes, y un descrédito asimismo importante para las fuerzas políticas y para las coaliciones que dicen ofrecer alternativas diferentes y mejores a las tradiciones, pero que sólo entregan resultados testimoniales.

En efecto, hoy existen experiencias de los dos tipos en Oaxaca. La primera de ellas, fue la que se dio en 2006, cuando ante las complejas condiciones particulares de la entidad, y ante el conflicto magisterial y popular, ocurrió un triunfo sin precedentes de las entonces fuerzas de oposición en Oaxaca, que ya aglutinaban al Partido de la Revolución Democrática, Partido del Trabajo y Convergencia, y que, en aquellos tiempos, ganaron nueve de las once diputaciones federales y los dos escaños en el Senado de la República.

Como su triunfo no tenía referencias, y era inesperado —hasta por los mismos ganadores—, nadie se tomó la molestia de preguntar si los nuevos diputados electos tenían agenda legislativa, si tenían también disposición de trabajar coordinadamente con el gobierno estatal, o si, en su defecto, contaban con alternativas para no reconocer a una administración entonces repudiada, pero que no por ello dejaran de hacer el trabajo legislativo y de gestión para el que fueron electos.

El resultado fue que nunca hubo trabajo a favor de nada en la entidad. Aquellos diputados ocuparon sus escaños únicamente para aprovechar la ocasión y para fustigar al gobierno de Oaxaca, pero no para verdaderamente hacer un trabajo representativo de las necesidades urgentes e importantes de la entidad, o para conseguir beneficios directos para los oaxaqueños. Su paso por el Congreso de la Unión fue únicamente de referencia, pero no hubo nunca aspectos constatables de que hubiesen hecho algo positivo por su partido, por su grupo político o por la entidad.

En el otro extremo se encuentra la curiosa situación de los diputados federales de la legislatura saliente. Éstos, a pesar de contar con una bancada estatal fuerte y avasallante perteneciente al Partido Revolucionario Institucional, no regatearon al gobierno estatal la posibilidad de trabajar juntos en la construcción de mejores presupuestos y condiciones económicas para la entidad.

A pesar de ser de partidos políticos distintos, hubo siempre interés, o hasta conveniencia mutua por un trabajo conjunto —aunque, ciertamente, sin una agenda específica, y sin coordinación real más que para los temas presupuestales y prioritarios para la entidad. De todo esto, al final, se puede desprender que si aún no habiendo agenda común hubo buenos resultados, los beneficios habidos para Oaxaca de haber un trabajo verdaderamente ordenado, habrían sido mucho mayores a lo conseguido.

El problema es que, hasta hoy, no existe referencia alguna de coordinación entre partidos y entre ámbitos de poder; y tampoco existe una visión clara de quien detenta el poder en Oaxaca (el Gobernador del Estado) en el sentido de asumir su papel preponderante para convocar a todos los ganadores de las pasadas elecciones, a construir una ruta clara de trabajo, y un conjunto de compromisos a favor no sólo de ellos o de sus intereses partidarios, sino de la entidad.

 

AGENDA POR OAXACA

Nuestra entidad tiene un conjunto de asuntos importantísimos más allá del presupuesto. Se entiende que hasta ahora, gobierno estatal y diputados federales hayan trabajado juntos en la construcción de mejores gastos autorizados por la federación a la entidad, porque finalmente de eso obtienen todos beneficios tanto para sus partidos, como para las comunidades que representan, e incluso para ellos mismos. Sin embargo, este debiera ser el momento de ver más allá y de asumir responsabilidades superiores a las que hasta ahora se han asumido.

Por ejemplo, debiera ser prioridad de toda la próxima Legislatura federal que representa a Oaxaca, la defensa efectiva, política, del territorio oaxaqueño de Los Chimalapas, que fue despojado por la entidad vecina de Chiapas. Ese asunto no ha tenido un buen escenario a favor de nuestro estado no porque no le asista la razón, o sólo porque tengan una defensa jurídica desastrosa, sino sobre todo porque en la Federación nadie se ha querido hacer responsable de la necesidad urgente de una defensa articulada y fuerte a favor de la entidad, por parte de todos aquellos que representan a Oaxaca ante los poderes federales.

Hay, aparte de eso, todo un conjunto de temas que debiera ser motivo de un trabajo coordinado, permanente y hasta temático entre los diputados federales y senadores, y el gobierno de Oaxaca. Esta posible coordinación y relación no tendría por qué significar una visión injerencista entre poderes y ámbitos de gobierno, sino más bien debiera ser vista como el aprovechamiento de todos los espacios que tiene la entidad ante los poderes públicos.

 

CHEQUE EN BLANCO

No hacerlo así significaría darle, de nuevo, un cheque en blanco a nuestros diputados y senadores, para que únicamente se den la dulce vida en la capital del país, para que tengan un salario de privilegio, y para que tengan canonjías prohibidas para la mayoría de los ciudadanos. Su curul o escaño debe ser sinónimo de compromiso y no de privilegio. El problema es que hasta hoy, nadie parece tener una visión de conjunto ni de las necesidades de fondo que tiene nuestra entidad, y que podrían ser atendidas —o cuando menos encauzadas— sin ningún problema desde el Congreso de la Unión. Qué lamentable que no sea así.

PRI: su elección es una unificación… imposible

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+ Reprobados todos, en su primera campaña real

 

Si el proceso para elegir al nuevo dirigente del Partido Acción Nacional en Oaxaca representa un reto mayor para su militancia, lo que viene para el Partido Revolucionario Institucional es aún mucho más complejo. Recién terminada la campaña proselitista determinante, para el priismo oaxaqueño quedaron claras al menos dos cuestiones: primera, que su primera organización de campañas fue desastrosa. Y segunda, que están tan pulverizados y confrontados, que la posibilidad de existencia de un líder aglutinante, es prácticamente imposible.

¿Por qué hablamos, en primer término, de “su primera organización de campañas”? Porque, de acuerdo con los hechos —y con sus propios antecedentes—, siempre había sido el gobierno estatal quien había organizado y financiado las campañas. Y no sólo eso, también el Ejecutivo Estatal, en su calidad de “el primer priista del Estado”, era quien establecía el orden dentro del partido y también definía, en el ejercicio de una singular democracia, quiénes serían los próximos candidatos a cargos públicos, quiénes serían sus coordinadores de campaña, qué instancias serían las financiadoras de cada uno de los abanderados, y quiénes fungirían como dirigentes y operadores partidarios.

Todo eso determinaba la existencia de una pesada maquinaria electoral, que era la que hacía funcionar el éxito del priismo como fuerza partidista. Sólo hasta las últimas campañas, los candidatos fueron quienes comenzaron a ponerle dinero al proselitismo. Pero antes de la última década, era exclusivamente el Gobierno del Estado quien suministraba los recursos económicos para aceitar la maquinaria electoral del tricolor.

Por eso, en aquellos tiempos había un orden establecido no en la militancia partidista ni en la identidad con el proyecto político del candidato, sino que todo esto se encontraba determinado en gran medida por el orden jerárquico que implicaba el hecho de haber sido mandados, todos, por el Jefe Político que era al mismo tiempo el Gobernador del Estado, y de depender todos de una cadena de mando y obediencia determinada por empleos, recursos económicos, prebendas y canonjías entregadas desde la administración estatal.

Sin embargo, con la pérdida del poder gubernamental, todo eso se acabó; eso fue lo que, en un primer momento, trataron de minimizar los dirigentes priistas derrotados. En 2010, luego de ser vencidos en las urnas, los líderes priistas, comenzando por el entonces gobernador Ulises Ruiz Ortiz, se decían “satisfechos” por haber obtenido la votación más alta de la historia del priismo oaxaqueño, y aseguraban que en eso se fundamentaría la recuperación del poder en los procesos electorales siguientes. Se autoengañaban, o trataban de engañar a los demás, diciendo que su votación dura estaría incólume, y que podrían continuar teniendo un trabajo eficaz ahora como fuerza de oposición.

Los resultados electorales hablan de lo contrario. En la última campaña proselitista, los priistas que aparecieron como dirigentes partidarios, como coordinadores de campaña y como candidatos, se abstuvieron de arriesgar sus capitales económicos en aras de sus respectivos proyectos políticos; decidieron tampoco arriesgar trabajo y tiempo en aras de causas y candidatos con los que no concordaban; y todos se desentendieron de lo que debían de ser los pilares del trabajo territorial, de promoción del voto y de manutención del voto duro.

Y por esa razón, ya cuando estuvieron solos —y no contaron ni con el respaldo político, ni con la logística, ni con los recursos económicos, ni con el orden y la fuerza coactiva que daba la existencia del Jefe Político y el Gobierno del Estado—, demostraron que simplemente no saben hacer campañas políticas, que no saben estar en orden, que no saben trabajar en coordinación real, y que, por ende, su patético resultado electoral se explica en gran medida en sus propias razones y deficiencias, más que en los efectos de los otros candidatos presidenciales, o en los recursos o compra de votos de sus adversarios políticos directos.

 

¿LIDERAZGO GENERAL?

El otro de los factores es no menos importantes: esta campaña demostró que el priismo está tan pulverizado, confrontado y receloso, que es imposible que hoy exista algún viso de orden o de aglutinación en torno a un proyecto político. Éste último no existe, como tampoco se tiene clara la visión del triunfo y la competitividad, y mucho menos se termina de entender que el priismo no debe terminarse con éstas campañas, sino que más bien tiene que construir los escenarios de lo que será su primera elección plebiscitaria directa a su desempeño y presencia en el Estado.

En estas condiciones, un líder absoluto es imposible. Por eso tienen razón quienes sostienen que la única alternativa posible del priismo oaxaqueño radica en la posibilidad del surgimiento de una fuerza de algún modo hegemónica, que aglutine no a todos los intereses o causas del priismo (porque queda claro que eso no ocurrirá), sino más bien que logre consensar intereses y causas con la mayoría de los grupos priistas determinantes.

Haciendo eso, habrá hecho ya mucho más de lo que hasta ahora han podido hacer los priistas locales que se quedaron con el partido, y que han demostrado que no son sino menores de edad sin capacidad para regirse, para tener una visión amplia de partido, y para poder conducir la causa priista en estos nuevos tiempos.

El problema es que hasta hoy ese priismo aglutinante no existe. La convivencia del priismo es un “todos contra todos”, que lamentablemente se agravará conforme pasen las semanas y los meses, y que podría tener su clímax, cuando unos y otros pretendan obtener espacios en el gobierno federal tratando de valerse de una posición o ascendencia partidista en Oaxaca, que en realidad no existe, y que por tanto sería imposible de tratar de hacer pasar por válida.

 

DEBILIDAD CRÍTICA

Nadie en ese partido entiende que su debilidad política es tan profunda, que por esa razón sus adversarios políticos se atreven, con toda libertad, hasta a encarcelar y perseguir judicialmente a sus principales líderes representativos. La situación que enfrenta la líder femenil del PRI, Maritza Escarlet Vásquez Guerra es preocupante no sólo por los cargos que enfrenta, sino porque no parece haber articulación de parte del partido que representa para también dar la cara por ella. Eso debe valorarlo el priismo. Porque muchos no quieren ver su situación real de debilidad. Y al final, se engañan solos.

PAN: hoy sus derrotas se explican por la pequeñez de sus dirigencias

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+ Proceso interno, al margen de falsos proteccionismos

 

Está a punto de abrirse el proceso interno para elegir al nuevo dirigente del Partido Acción Nacional en Oaxaca, y ya circulan los nombres y los grupos de quienes pretenden tomar el control de ese partido. La descomunal derrota de los pasados comicios federales, y los pésimos resultados globales entregados por quienes tuvieron a ese partido en las manos, pone al panismo oaxaqueño en una disyuntiva, en la que tendrá que elegir entre regresar a ser el partido testimonial que ya fue, o iniciar un replanteamiento profundo que le permita recuperar la identidad con los electores.

En efecto, al iniciar la semana comenzó a hablarse ya con formalidad sobre los detalles del proceso de elección del nuevo dirigente estatal. En ese sentido, quedó establecido que al proceso interno podrían inscribirse el actual presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado, Juan Mendoza Reyes; José Manuel Vázquez Córdoba, delegado del Registro Agrario Nacional; Luis Zárate Aragón, profesor jubilado de la Sección 22 del SNTE y actual jefe del Padrón de Beneficiarios de Leche Liconsa en el Estado, y Rolando García Varela, ex titular de la Comisión Estatal de Agua. Estos nombres, y sus antecedentes y pertenencias a las facciones panistas, hacen evidente la disyuntiva que habrá de enfrentar el panismo oaxaqueño. ¿Por qué?

Porque más allá de sus triunfos en coalición en la entidad, y de la fuerza aparente que les daba el hecho de que el panismo estuviera en el poder presidencial, lo cierto es que los blanquiazules en Oaxaca no necesariamente han inscrito historias de grandes éxitos electorales en sus haberes.

Pues lejos de haber privilegiado la apertura, la competitividad y el acercamiento con la ciudadanía, el panismo oaxaqueño se ha esmerado por cerrar y acaparar sus espacios de dirigencia, y por excluir de los espacios partidarios relevantes a todos los que no pertenecen a las facciones más anquilosadas del panismo, independientemente de que éstos sean o no eficaces, o de que reporten o no beneficios electorales o políticos al partido albiazul.

Eso es lo que ha ocurrido en los últimos años con la dirigencia panista en Oaxaca, y eso se ha reflejado fielmente en la gran mayoría de las desastrosas decisiones y postulaciones que han definido en momentos determinantes. En el primero de los casos, todo el panismo local es bien sabedor de que desde hace años la dirigencia estatal se encuentran acaparada por un solo grupo, que ha tratado de defender su poder a capa y espada, y que ha utilizado todo tipo de artimañas —legales e ilegales— para impedir que, en las decisiones fundamentales de su partido, participen otras facciones que no sean la que tiene el poder.

Esa misma facción es la que hoy pretende reelegirse, aunque sólo por una razón de continuidad en el poder… pues de acuerdo a sus resultados, es evidente que no tiene un solo argumento válido para pretender continuar en el poder, o para defender su actuación frente a la militancia panista.

Si es un hecho que todos los que militan en un partido político, lo hacen para acceder al poder público; si también lo es que, la dirigencia panista en Oaxaca lo único que ha hecho en los últimos años es perder, entonces se puede ­deducir que lo necesario es un cambio de fondo, pero que ese cambio debe tener como contenido de fondo un replanteamiento encaminado ya no al acaparamiento o a la cerrazón, sino justamente a la apertura y al replanteamiento de su fuerza e identidad con su militancia, y con la ciudadanía —que necesita verdaderos partidos, fuertes, dispuestos a defender causas de interés general, capaces de tener cierto contenido ideológico, y con cierto grado de competitividad e influencia en el sistema político.

 

NOMBRES Y GRUPOS

De acuerdo con la información que se ha dado a conocer en los últimos días, José Manuel Vázquez Córdoba, delegado del Registro Agrario Nacional, es impulsado y férreamente apoyado por el grupo del ex dirigente panista Carlos Moreno Alcántara y del ex gobernador del Estado —y derrotado candidato a Senador de la República—, Diódoro Carrasco Altamirano.

Frente a él se encuentra el diputado Mendoza Reyes, que a la luz de los hechos, representa el único liderazgo real y comprobable del panismo en los espacios públicos estatales. Y junto a éstos dos, que son los contendientes reales, se encuentran dos panistas que buscan figurar en la contienda, pero que no tienen una influencia comprobable ni en el panismo, ni en los electores, ni en los espacios de poder en Oaxaca.

En efecto, los dos contendientes que parecen mero relleno, son Luis Zárate Aragón y Rolando García Varela. El primero de ellos ha luchado por la dirigencia estatal panista en todos los procesos internos de la última década, y en todos ha perdido. Con el paso del tiempo, ha quedado claro que su estrategia radica en inscribirse para hacerse notar, y finalmente terminar vendiendo el apoyo que pueda acumular a cambio de un espacio en el panismo o, como en los últimos años, en las delegaciones federales.

García Varela, por su parte, tiene una carrera mucho mejor construida dentro del panismo oaxaqueño, sin embargo hoy pesa en su contra el hecho de, primero, haber sido defenestrado de una forma poco clara del gobierno coalicionista de Gabino Cué; y, segundo, de haber perdido una elección interna (ante perfectos desconocidos, como el que finalmente lo derrotó) que parecía que podía llevarlo, casi de cajón, a la candidatura a la diputación federal por el distrito de Oaxaca Centro.

Al final, si a Vázquez Córdoba lo impulsa el grupo también derrotado de Moreno Alcántara y Carrasco, es claro que de entrada no tiene las mejores credenciales ni los mejores antecedentes ante el panismo. Y frente a eso, lo único que queda, que no es poco, es Juan Mendoza, que basándose en un programa sólido de apertura y acercamiento a la sociedad, podría construir una dirigencia panista sólida, reconocida y replanteada frente a los retos nacionales que tiene, ahora en el escenario difícil de tercera fuerza en el país.

 

DISYUNTIVA

Si el panismo oaxaqueño decide por la continuidad, de entrada estará decidiendo mal y a favor de todo lo que los ha llevado a perder todo. Si se decide de nuevo por la cerrazón y por el acaparamiento, entonces estará apostando por volver a ser un partido testimonial. Por eso, como sea, deben apostar por la apertura. Un reto nada sencillo para el partido que más se ha resistido al cambio en Oaxaca.

Oaxaqueños: Dejemos ya de aprovecharnos de nuestro entorno

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+ Ciudadanos, sin autocrítica ni ganas de mejorar

 

Hoy que inician oficialmente las festividades del Lunes del Cerro en Oaxaca, quienes aquí habitamos debiéramos hacernos una serie de preguntas sobre lo que verdaderamente somos de cara a quienes nos visitan, y sobre todo, sobre qué tanto contribuimos a fomentar, o lastimar, a la única industria que aquí genera una derrama económica de la que, directa o indirectamente, vivimos miles de oaxaqueños.

Contextualmente, queda claro que la buena fama pública de nuestra entidad, radica en su riqueza cultural, en su capacidad de generar un mosaico de temas, colores, sabores y expresiones artísticas, y por la forma en que se planeó, edificó y conservó esta capital oaxaqueña, que a decir de propios y extraños, es una de las ciudades más bellas del país, del continente, y del mundo. No obstante, nosotros, los oaxaqueños, no siempre parecemos estar a la altura de las circunstancias. Y esto debiéramos verlo con más seriedad, porque ni nuestra ciudad ni nuestra cultura ni nuestra capacidad turística son árboles de inagotable vida. Y no hacemos nada para preservarlos.

En ese sentido, es evidente que, en primer término, los oaxaqueños no terminamos de entender que nuestro alto grado de conflictividad política genera perjuicios permanentes a nuestra forma de vida. Financiera y fiscalmente, la nación entera se queja de que Oaxaca es una de esas entidades que está a millones de años luz de ser presupuestalmente autosuficiente, y que por esa razón cada año se engulle miles de millones de pesos que recaudan y producen otras entidades federativas.

Esa inconformidad, en buena medida nace del hecho de que nos ven como unos conflictivos que lo conseguimos todo a base de presiones y de arrebatos. Y aunque es cierto que el atraso oaxaqueño es producto del singular federalismo de nuestro país, lo cierto es que también hay una parte de razón en el hecho de que nosotros mismos, los oaxaqueños, no sólo no hacemos mucho para progresar, sino que también parecemos tener una extraña proclividad por terminar con todos los factores favorable con los que contamos.

Uno de esos factores, fundamental, se llama turismo. Y a ese turismo nacional e internacional —que muchas entidades federativas quisieran tenerlo para tratarlo tan bien, y dejarlo tan satisfecho que siempre quisiera regresar—, los oaxaqueños parecemos siempre dispuestos a ahuyentarlo con nuestro radicalismo y proclividad al conflicto, y con el poco tacto que tenemos para poder distinguir entre lo que necesitamos y lo que nos conviene. ¿Por qué lo decimos?

Porque, en general, los oaxaqueños no entendemos esa distinción. Y por esa razón, por cualquier inconformidad, somos capaces de generar un conflicto potencialmente dañino para el bienestar general, y para la buena imagen de nuestra entidad. Por eso, en Oaxaca a nadie le causa el menor pudor cerrar carreteras, tomar oficinas, generar disturbios e incluso ensañarnos contra los paseantes que nos visitan.

Y es que si a todos nos queda claro que a nadie le gusta ir a donde hay conflicto o problemas para tener una estancia confortable, también debería quedarnos bien entendidos que los oaxaqueños a veces hacemos todo porque el turismo se vaya, o porque la pase de la peor manera posible, y no porque los visitantes se queden más tiempo, o regresen a Oaxaca en sus próximas vacaciones.

 

MALOS SERVICIOS

Otra cuestión que debiera preocuparnos en serio a los oaxaqueños, es la casi nula capacidad que tenemos de tratar a los turistas no sólo como se merecen, sino sobre todo lo como lo marcan ciertos estándares de calidad en el servicio. Si queremos asumirnos como una ciudad de primer nivel, o de gran turismo, y pretendemos seguirnos autoengañando con el hecho de que así como vamos, vamos bien, lo cierto es que sólo estamos destinados al fracaso.

¿Por qué? Porque, como destino turístico, en los últimos años se ha tratado de ubicar a Oaxaca como una opción de los visitantes de mayor poder adquisitivo y de mejor nivel social y cultural. Muchos de los esfuerzos de las autoridades de los tres órdenes de gobierno están encaminados a eso. Sin embargo, basta con haber visitado otros destinos de gran calado, y corroborar el tipo de servicios turísticos que se prestan, y luego compararlos con los que se ofrecen en Oaxaca, para saber que ahí existe un déficit que ya nos cuesta dinero y preferencia cada año. ¿Por qué?

Porque el tipo de turismo que tiene gran capacidad económica (como para pagar algunos de los mejores hoteles, restaurantes, servicios y destinos que existen en Oaxaca), generalmente tiene también una gran cultura y un hábito bien construido de viajar y esperar y exigir siempre el mejor servicio.

El problema nuestro es que, salvo excepciones, aquí los prestadores de servicio siempre están bien atentos al momento en que se puedan aprovechar de los turistas, de cobrarles de más, de prestar un servicio de mejor calidad que el ofrecido a cambio de su costo, o simplemente de no entender que el gran turismo merece y exige en todo momento un trato de ese mismo tipo, o simplemente decide no volver y buscar otros puntos donde sí se cumplen con los estándares que esperar, y por los que paga grandes cantidades de dinero.

Los oaxaqueños no hemos entendido eso, pero además hemos estado siempre embriagados por la soberbia de creer que Oaxaca es tan grande, y de que nuestros destinos son tan atrayentes como un imán, que por eso suponemos que tratemos como tratemos al turismo, de todos modos éste volverá, que pagará lo que se le cobre, y que además aguantará todas las condiciones adversas que nosotros mismos podamos generarles.

A partir de eso se explica mucha de la resistencia que existe al buen trato, del poco interés que hay en todo el sector para dar una capacitación uniforme y eficaz a todos sus empleados sobre cómo deben tratar al turismo, y sobre todo que por eso mismo hay grandes resistencias a comprender que el buen trato y el buen servicio no son sinónimo de servilismo ni de rendición, sino de una competitividad y un deseo de construir (que sí tienen otros destinos turísticos, que con menos atractivos y con menos cultura que Oaxaca, logran captar más turismo), que los oaxaqueños no tenemos y que nos negamos a ver.

 

OAXACA, GRANDE

Sin embargo, Oaxaca cada año nos demuestra que su grandeza es intrínseca. Cada mes de julio reinventa su belleza, del tal modo que siempre asalta a la capacidad de asombro de propios y extraños, que no dejamos de maravillarnos de sus expresiones culturales.

Una pregunta incómoda: ¿quién sostuvo la votación del PRI en Oaxaca?

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+ Voto duro y operación electoral, sólo mitos

 

Habiendo entendido que los priistas tuvieron innumerables deficiencias en la organización de sus campañas, y que el trabajo proselitista estuvo marcado por los distanciamientos, por los recelos, por las traiciones y por el encono mutuo, entonces es necesario preguntarnos: ¿quién sí votó por el PRI en Oaxaca?

La pregunta no es ociosa. Porque en cierto sentido, todos militantes priistas con los esta columna ha tenido contacto que en los últimos días, coinciden en señalar, y en quejarse, por el hecho de que en esta campaña proselitista, las acciones de operación electoral, de movilización de votantes, e incluso el estímulo al voto duro clientelar que tradicionalmente tiene el priismo, fueron prácticamente nulas.

En todo, dicen, hubo trabas, “atorones” y traspiés. Pues si bien es cierto que el PRI oaxaqueño siempre aseguraba contar con un voto duro de más de 600 sufragios, lo cierto es que todo eso lo conseguía únicamente gracias a una pesada y costosa maquinaria electoral que sí podía mantener cuando un priista tenía en sus manos el gobierno estatal. Por conveniencia, ningún tricolor quiso reconocer que una vez siendo oposición ese número tendría una reducción natural importantísima, y todos optaron por negar la realidad y continuar asegurando que continuaría habiendo una votación y aceptación alta para cualquier priista que fuera presentado como candidato.

Ese argumento (que el priismo seguía teniendo incólumes sus 600 mil votos) fue el que sirvió de base para la disputa entre factores de poder en Oaxaca, y para el arreglo cupular entre la dirigencia nacional y los ex Gobernadores de la entidad. Como se supone que esa cantidad de votos estaba segura, y como los cuatro ex mandatarios querían su tajada de ese potencial triunfo de cualquiera que fuera candidato a diputado o senador, entonces por eso decidieron repartir el pastel electoral entre esos cuatro factores, y con ello se pensó que cada uno tendría satisfechos sus intereses a través de las curules y escaños que obtuviera, y que así estaría liquidada la disputa por el control del priismo en la entidad.

El cálculo fue erróneo. En efecto, se hizo el reparto y comenzaron las campañas, pero lo cierto es que éstas no fueron funcionales ni eficaces en ningún momento. Como apuntábamos ayer, no hubo ningún tipo de coordinación real entre dirigencia, sectores y representantes o delegados distritales, con los candidatos. Cada uno hizo la campaña que pudo e imaginó. Y todos se fueron por una ruta peligrosa de tratar de hacer todo a espaldas de los demás, de aprovecharse de los apoyos y recursos que obtenía, y de tratar de lograr que sus adversarios internos pagaran las consecuencias de las disputas y las traiciones.

A eso hubo que sumar, primero, el hecho de que los recursos que el Comité Ejecutivo Nacional había destinado para la operación electoral, fueron insuficientes y llegaron a destiempo; y que, además de lo anterior, no faltaron los vivales que vieron en el manejo y distribución de esos recursos, una ocasión perfecta para sacar provecho personal de la situación, y para rasurar los montos que estaban destinados para el tiempo previo a la elección.

Muy tarde, todos se dieron cuenta que todos aquellos que habían recibido recursos económicos durante toda la campaña, para implementar los distintos programas de promoción al voto, simplemente habían hecho nada. Cuando a pocos días de culminar el trabajo proselitista se hizo una evaluación general del trabajo realizado, y se dejaron de lado las posiciones triunfalistas de quienes decían haber hecho todo sin poder comprobar nada, lo único que pudo corroborarse es que esquemas completos de trabajo territorial de promoción del voto, no se habían realizado.

Sin embargo, nadie quería responsabilizarse de ninguna de las fallas. Por eso, aunque parezca extraño, los priistas oaxaqueños dejaron a la deriva toda posibilidad de por lo menos tener estimaciones previas de la cantidad de votos que obtendría cada uno de los candidatos a diputados y senadores. Y, si vale la expresión, únicamente se encomendaron a lo que pudiera conseguir su candidato presidencial, y al arrastre que éste pudiera darle a sus respectivas campañas.

 

TODOS FALLARON

Hoy, cuando la elección ya pasó, y los resultados (y el mayúsculo descalabro del PRI en Oaxaca) son ampliamente conocidos, todos pretenden responsabilizar únicamente a la dirigencia del PRI, a los candidatos derrotados, o incluso a los ex Gobernadores, de lo que estuvo mal hecho en esta operación electoral. Lo cierto, al final, es que todos, puros y conversos, son responsables de esta derrota.

Y es que grupos como el llamado Frente Renovador, hoy no encuentra las palabras suficientes para fustigar a la dirigencia y a los sectores priistas por la derrota. Es cierto que ellos tienen una gran responsabilidad por los resultados. Pero también lo es que, si se supone que todos son priistas y que todos trabajaron para dos causas esenciales (una llamada PRI y la otra llamada Enrique Peña Nieto) entonces nadie debería sentirse absuelto de responsabilidades.

Porque si la dirigencia y los candidatos no hicieron el trabajo político que les tocaba, fue evidente que todas las corrientes de la disidencia priista (el Frente Renovador y todos los demás) tampoco hicieron la parte que les tocaba para conseguir que su partido hiciera un mejor papel en esta contienda.

Al final, queda la pregunta: si no hubo voto duro; si tampoco hubo movilización electoral; si un puñado de aprovechados se robaron el dinero para la riega y aseguramiento del voto clientelar; si las campañas fueron estuvieron marcadas por las zancadillas y por el encono; y si al final la dirigencia, los sectores, la movilización, y todo, falló, ¿entonces quién votó por el PRI?

 

MALAGRADECIDOS

La respuesta es obvia: por los candidatos del PRI en Oaxaca votó, por un lado, la militancia priista real (esa que sí está convencida, y que no es clientela de nadie); y por el otro, votaron también aquellos a los que captó la campaña presidencial de Peña Nieto. La disparidad en los votos que obtuvo el candidato presidencial, y los alcanzados por los abanderados al Senado y las diputaciones, hablan sólo de eso. Por eso, todo aquel que tuvo, o dijo tener, una responsabilidad en esta campaña, falló vergonzosamente. Y por eso, de esta derrota no se puede excluir ninguno de los que tuvo el deber de asegurar una votación, y dejó todo a una suerte que de todos modos no les favoreció.