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Cambio en el TSJE: Indispensable, una transición hacia el futuro

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+ Eliminar el criterio político para la designación de su Presidente


Si nada extraordinario ocurre, hoy asumirá Raúl Bolaños Cacho Guzmán como presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado, en sustitución de Alfredo Lagunas Rivera. Este cambio ocurre en medio de una de las peores crisis orgánicas de la justicia en la entidad, y por eso mismo el cambio debe obedecer específicamente a la necesidad de encauzar una transición, de fondo y de largo plazo, en el sistema de justicia en Oaxaca.

En efecto, desde hace varias semanas se hablaba de la posibilidad de que Lagunas Rivera —electo como magistrado Presidente hasta 2019, según la última reforma constitucional en la materia— dejara la Presidencia del Tribunal Superior de Justicia para dar paso al nuevo régimen en el sistema de justicia. Parecía, de entrada, una negociación de claroscuros, ya que Lagunas es un fiel representante del grupo político que fue derrotado en las urnas el año pasado y, como tal, siempre actuó como representante de un sector político y no como alguien interesado en el sistema de justicia.

La parte aparentemente compleja de esa negociación, radicaba en que, en sí mismo, el diálogo relacionado con la necesidad de que abandonara la presidencia del Tribunal contradecía el principio constitucional de autonomía e independencia entre poderes, y también era una contraposición a la tendencia nacional de reforzar la capacidad de autodeterminación interna de los propios poderes. No obstante, en la ponderación de circunstancias contra principios, Lagunas salía derrotado por haber sido un titular del Poder Judicial incapaz y despreocupado por defender las prioridades y principios sustantivos más básicos, y por sólo dedicarse a cuidar y representar su parcela política.

De hecho, Lagunas Rivera no fue sino la continuación de la práctica ominosa que llevó a otros personajes, igualmente despreocupados por las tareas sustantivas del Poder Judicial y ajenos a la carrera judicial, a la titularidad del Poder Judicial del Estado. Su antecesor, Héctor Anuar Mafud Mafud, por ejemplo, en todo su paso por la administración pública, nunca se caracterizó por haber sido un abogado destacado, un jurista con aportaciones académicas, o un profesional del derecho respetado y considerado por la comunidad jurídica local o nacional, como para poder llegar con el favor político, pero también con los méritos suficientes, al cargo de Magistrado Presidente del Tribunal Superior de Justicia de Oaxaca.

Y de hecho, al igual que Mafud, Lagunas Rivera llegó a la magistratura gracias a una negociación política; y gracias a eso mismo ascendió hasta la Presidencia del Tribunal al margen de cuestionamientos tan básicos como si él habría querido en realidad ser magistrado; si estaba preparado para ello; y, sobre todo, si tenía la capacidad para tomar en sus manos la responsabilidad de la administración de la justicia en la entidad, y también la administración del Poder encargado de dar justicia a las personas.

En realidad, siempre se supo que él llegó a la magistratura gracias a un favor familiar ofrecido desde el Gobierno del Estado a cambio de una buena relación comercial y política con el periódico Noticias; que lo hizo sin haber acreditado carrera judicial o méritos profesionales; no fue un jurista destacado ni tampoco ha sido reconocido por sus criterios jurídicos, por su capacidad como juzgador o por sus aportaciones al sistema de justicia.

No lo demostró como magistrado y tampoco como Presidente del Tribunal, ya que ni siquiera tuvo la capacidad de defender la obligación constitucional relacionada con la implementación calendarizada del nuevo sistema de justicia penal, ni tampoco de evitar la precarización del trabajo de los juzgados y salas de segunda instancia, que en general hoy atraviesan por un periodo aciago. Por eso, al margen de sus intereses políticos, en realidad nadie extrañará a Lagunas como Presidente porque no acumuló ningún mérito destacable y tampoco fue un ejemplo de independencia o autonomía frente al poder que en su momento le permitió llegar a la titularidad del Poder Judicial.

TRIBUNAL HACIA EL FUTURO

Raúl Bolaños llegará a la presidencia del Tribunal, pero debe hacerlo para plantear el sistema de justicia hacia el futuro. Acaso, el primero planteamiento que tendría que asumir con responsabilidad, es el de sentar las bases para la profesionalización de fondo de los jueces y magistrados, para que en el mediano plazo la Presidencia del Tribunal quede fuera de los intereses y los apetitos políticos. La Presidencia del Tribunal Superior debe dejar de ser un cargo eminentemente político, para pasar a la lógica de que dicho cargo sea ocupado por un juzgador, que asuma la responsabilidad de representar políticamente al Poder Judicial del Estado ante los demás poderes.

Otro de los planteamientos de fondo debe radicar en la dignificación de fondo de la labor judicial. No hay correspondencia entre la carga de trabajo y el menguado nivel salarial de los jueces y secretarios judiciales. Un Poder Judicial confiable, debe otorgar las suficientes garantías económicas y laborales a sus trabajadores, para inhibir en la mayor medida posible que éstos incurran en actos de corrupción.

Otro punto por demás relevante, apunta a que el propio Pleno del Tribunal debe reorganizarse y depurarse, ya que hoy existen más magistrados que esferas de competencia del Tribunal, y es no sólo una sangría sino también una demostración de falta de seriedad y compromiso que el Pleno casi haya tenido que inventar materias y áreas de conocimiento para tener entretenidos su excesiva y costosa planta de magistrados. No es una tarea fácil, pero debe haber correspondencia y equidad tanto entre las percepciones económicas del personal judicial y los magistrados, como también en el número de servidores públicos asignados a cada jerarquía judicial para hacer un correcto reparto de las cargas de trabajo y las necesidades administrativas y jurisdiccionales.

Todos los que conocen el Poder Judicial saben que está lleno de gente valiosa que necesita ser reconocida. Por eso la necesidad de ir eliminando la incidencia de los criterios políticos para la asignación de funciones, responsabilidades y representaciones. Ahí tiene que brillar cada día más la especialización y el conocimiento jurídico, y menos el chambismo, el cuatismo, los favores políticos y la pertenencia a facciones partidistas.

En el fondo, ahí es donde están los mayores retos del nuevo Presidente del Tribunal Superior de Justicia, que tendrá como primera tarea importante lograr que Oaxaca supere el rezago en la atropellada implementación del nuevo sistema de justicia penal, del que en otros tiempos fue pionero, pero ahora se encuentra en el cabús de las entidades que aún no logran establecerlo.

Ese rezago tiene como origen la indolencia de los dos últimos presidentes, y el poco interés de los dos anteriores gobernadores por el sistema de justicia. No obstante, el mayor reto de Bolaños radicará en sentar las bases e impulsar la transición del tribunal para las décadas siguientes. Ojalá tenga voluntad y respaldo para hacerlo.

EDIL, INERTE

Es increíble cómo un personaje con tanta experiencia política, tenga hoy tantos problemas en tan poco tiempo: José Antonio Hernández Fraguas, edil citadino, ha preferido el enfrentamiento a la posibilidad de hacer algo relevante en sus dos primeros meses como autoridad municipal de la capital. Nadie puede basar su gestión en quejas, acusaciones y retractaciones, todo a partir de intereses “fantasmales”. Todo eso, más que una circunstancia parece excusa. Y la capital oaxaqueña no merece eso.

Normalistas: alguien, irresponsablemente, fue a patear el avispero

 

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+ El pase directo nunca fue tema de negociación; ¿quién lo incluyó?


Habrá quien diga que las negociaciones actuales del gobierno estatal con la Sección 22 son una solución, y no un problema para Oaxaca. El problema es que la realidad y las experiencias al menos de la última década, nos han mostrado que cada que se intenta negociar y razonar con el magisterio, todo termina en problemas. ¿A quién se le ocurrió incluir a los normalistas en la mesa de negociación con la 22? ¿Qué nadie les advirtió que si ya de por sí es ociosa y perniciosa la negociación actual con el magisterio, lo es todavía más con los normalistas? Este, para Oaxaca, es un problema más grave de lo que parece.

En efecto, a lo largo de toda la semana, grupos de egresados de las normales oaxaqueñas se han dedicado a hostigar a la ciudadanía a partir de la falta de resultados concretos en las mesas de negociación que la Sección 22 tiene instaladas con la Secretaría General de Gobierno. Los ex normalistas están inconformes porque el gobierno estatal no ha cedido a su demanda central de que les sean otorgadas plazas docentes pero sin pasar por el proceso de concurso y evaluación, que realiza el Instituto Nacional de Evaluación de la Educación y la SEP, para el otorgamiento de los espacios de trabajo.

En las acciones que emprendieron los ex normalistas durante toda la semana —cierre del crucero donde se ubican las oficinas centrales del IEEPO, bloqueos intermitentes a los accesos de los complejos administrativos del Gobierno del Estado, y los actos de ayer, que bien pudieron haber derivado en violencia— hubo siempre el respaldo decidido de la Sección 22, que los apoyó con logística, cobertura política, bases para la movilización, y la exigencia al gobierno de brindar atención a sus demandas, en las mesas de trabajo que, por su parte, tiene también instaladas con el gobierno estatal.

En ese sentido, es claro que muy rápido el gobierno estatal llegó al límite en la posibilidad de negociación tanto con los normalistas como con la Sección 22, y que de no haber una estrategia inteligente y pensada para encauzar las demandas magisteriales sin quebrantar la ley —cuestión de la que hasta ahora no ha habido un solo destello—, entonces lo que se deberán esperar son semanas, o meses, de mucha convulsión y movilizaciones en nuestra entidad a partir del fracaso inminente de las negociaciones.

Es muy grave el hecho de que exista la percepción de que el gobierno está dispuesto a entregarle al magisterio lo que no debe; o que, en su defecto, haya tomado precipitadamente la decisión de negociar con la Coordinadora sin considerar que los márgenes de lo que todavía el gobierno puede entregar como señal de buena voluntad al magisterio, a estas alturas son francamente mínimos.

Incluso, resultaría todavía más preocupante el hecho de que alguien haya decidido negociar con la 22, y particularmente con los normalistas, a partir del desconocimiento de los aspectos administrativos y de las intrincadas circunstancias políticas que envuelven a las demandas de otorgamiento de más plazas docentes. Fuera de esas dos primeras posibilidades, ésta última revelaría el grado de ingenuidad y de irresponsabilidad por parte de quienes habrían ordenado abrir una auténtica caja de pandora no solamente en lo que corresponde a los aspectos administrativos de la educación, sino también porque éste resulta un tema muy importante de gobernabilidad para la entidad, que ya está comenzando a generar sus primeros estertores.

NEGOCIACIÓN REGRESIVA

De hace unos dos años a la fecha, la matrícula de las escuelas normales ha caído drásticamente a partir de una razón concreta: desde la entrada en vigor de la Ley General del Servicio Profesional Docente, las entidades federativas y los institutos educativos estatales perdieron todas sus facultades relacionadas con la administración de los servicios educativos, y rubros como el de la asignación de plazas docentes quedó en manos de la autoridad federal y del INEE.

Ello implicó también la desaparición de las llamadas “plazas automáticas” que existían en entidades como Oaxaca. Por eso, el ingreso a las escuelas normales perdió su principal aliciente; y por eso mismo, desde entonces, la demanda central de los normalistas que se quedaron varados entre su egreso de las aulas, y su ingreso al servicio docente, ha sido que se les otorguen las plazas automáticas como una especie de “derecho adquirido” por haber ellos ingresado a la normal, y cursado sus estudios, en el tiempo en el que todavía existía la práctica del otorgamiento automático de plazas a quienes culminaban su educación como profesores.

Todo eso hace muy concreto el cuestionamiento de quién permitió, desde el gobierno de Oaxaca, que se “reviviera” —si es que alguna vez tuvo vida— la posibilidad de que ese grupo de normalistas tuviera acceso a espacios de trabajo, al margen de la evaluación y el concurso para la asignación de plazas; y quién alentó, también desde el gobierno, que incluso se llevara ese tema a las mesas de negociación cuando era ya de antemano bien sabido que ese es un tema destinado al fracaso. Por eso, no es exagerada la afirmación de que esta negociación es ociosa y perniciosa.

De hecho, una de las cuestiones que, si se recuerda, generó más problemas e inestabilidad durante el periodo de gobierno de Gabino Cué —y que incluso llegó a las mesas de negociación federales, cuando Luis Miranda estaba encargado de la atención a la CNTE en Gobernación— fue justamente la demanda cobijada por la Sección 22, de que a esos 987 normalistas se les asignara una plaza automáticamente. Esa fue una exigencia no atendida del gobierno federal, y fue uno de los factores por los que varias veces se rompieron las mesas de diálogo con la Coordinadora, e incluso por lo que los maestros rechazaron otras jugosas ofertas que les había hecho Miranda para tratar de cooptarlos para que desistieran de sus acciones radicales.

Así, una vez que los normalistas y los integrantes de la Sección 22 regresaron a Oaxaca ya sin una ruta específica de negociación, el gobierno estatal decidió no emprender ningún proceso de negociación porque sabían que ello implicaba el peligro de que la CNTE asumiera eso como una nueva oportunidad de establecer sus demandas, y de volver a movilizarse a partir de ellas. Incluso, durante ese largo periodo de silencio, muchos de los normalistas que antes habían exigido el otorgamiento automático de su plaza, decidieron ir a presentar los exámenes para obtener su plaza.

¿Qué los movió a revivir esa vieja demanda? El mal mensaje del gobierno estatal, de que con la nueva administración habría espacios para negociar lo que antes no se había podido. Esto se ha combinado con la ingenuidad del gobierno estatal, que creyó inicialmente que podría alcanzar acuerdos razonados con la Sección 22 que, además, nunca se ha engañado, ni ha engañado a nadie, porque ellos siempre han reiterado que ellos no aceptan resultados parciales sino que siempre van por el cumplimiento íntegro de sus pliegos de demandas.

¿QUIÉN DECIDIÓ NEGOCIAR?

Finalmente, lo que queda claro es que el gobierno estatal está jugando con fuego, y que además no hay razones para descartar la posibilidad de que termine quemándose. Los normalistas movilizados no aceptarán otra cosa que no sea el cumplimiento de su demanda central relacionada con el otorgamiento (ilegal) las plazas; y por esa razón, desde Segego, o desde la instancia responsable, se le debe explicar a los oaxaqueños quién decidió negociar, por qué tomó esa decisión, y cuáles fueron sus razones para suponer que podía llegar a un buen puerto, con un sector que siempre le ha dado malas lecciones —y toda una época de oprobio— a Oaxaca.

¿A quién se le ocurrió tanta permisividad con organizaciones sociales?

 

Azules

+ “Dejar hacer, dejar pasar”, llevará al gobierno estatal a la ignominia


Es una tendencia creciente en el trato a las organizaciones sociales por parte del gobierno estatal, que se les permita realizar todo tipo de tropelías impunemente. Los hechos ocurridos el pasado martes en la sucursal de una tintorería, en el municipio de Santa Cruz Xoxocotlán, es sólo uno de los muchos hechos en los que recientemente se han visto involucrados integrantes de organizaciones que, siendo o no adherentes al partido en el gobierno, han demostrado tener la posibilidad de agredir, amenazar y lastimar a terceros sin consecuencia alguna.

En efecto, en su edición de ayer miércoles, TIEMPO daba cuenta de que en un acto de impunidad y abierto desafío a las autoridades de Oaxaca, un grupo de mototaxistas adheridos a la Confederación de Trabajadores de México (CTM) arrasó con una tintorería que se ubica en jurisdicción de Santa Cruz Xoxocotlán, al causar destrozos y pintarrajear el negocio por un hecho inverosímil: daños a la prenda de uno de los dirigentes de esa organización obrera.

De acuerdo con la información, desde un rincón, las aterrorizadas empleadas vieron cómo los vándalos se introdujeron a la negociación, luego de gritar que la prenda que uno de sus dirigentes envió a esa sucursal de la tintorería “Tacuba” había encogido. Con tubos causaron destrozos, mientras que otros escribían mensajes en las paredes tanto adentro como afuera.

De acuerdo con los reportes de las corporaciones de seguridad, el grupo de mototaxistas de la CTM y que prestan el servicio en el municipio de Santa Cruz Xoxocotlán, irrumpieron en la negociación por órdenes de uno de sus dirigentes, quien en días pasados llevó a lavar una prenda de vestir, la cual “encogió”. Esto provocó la molestia del dirigente de mototaxistas quien reclamó a las encargadas de la tintorería, quienes ofrecieron pagar el daño a la prenda de vestir.

Sin embargo, según la nota del reportero Juan Carlos Medrano, esto no le interesó al líder, quien ordenó a los miembros de la agrupación se introdujeran al establecimiento donde realizaron pintas y destrozos, ignorando las súplicas de las trabajadoras e incluso a los elementos de la Policía Municipal de Xoxocotlán, que evadieron su deber de detener a los individuos a pesar de que fueron sorprendidos en flagrancia cometiendo los daños en contra de la negociación. Al final, la encargada de la negociación dijo a los reporteros de MVM, que mejor “buscaría” al líder que ordenó la agresión en contra de la sucursal, para tratar de llegar a un arreglo y evitar la posible repetición de dichas agresiones.

Esta información es indignante no sólo por la impunidad y el vandalismo con los que operan los líderes tanto de la CTM, como de otras organizaciones de trabajadores, sino porque ante el temor ciudadano y las manifestaciones en el sentido de casi ir a ofrecer disculpas al agresor para que no repita los destrozos, lo que pareciera es que entonces no existe la autoridad, o que existiendo es en realidad aliada de los agresores.

Lamentablemente, este no es el único hecho en el que se han visto involucrados integrantes de organizaciones como la CTM, el Sindicato Libertad, la organización 14 de Junio, y otros grupos que tienen como común denominador hacer y deshacer a placer, sin que la autoridad les ponga un límite, independientemente de los acuerdos políticos que tengan, o que hayan tenido en los tiempos de campaña.

IMPUNIDAD POR DOQUIER

En los últimos años ha sido común que los agremiados en organizaciones de transportistas, materialistas y prestadores del servicio de pasajeros, diriman sus diferencias de forma violenta. Ocurrió, por ejemplo, cuando hace cinco años transportistas de materiales pétreos se liaron a balazos cuando se realizaba la construcción de una tienda departamental en los rumbos de Plaza del Valle; esas conductas se han repetido, incluso con las correspondientes cifras de muertos y heridos, en diversas ocasiones. Así, junto a ese común denominador, está también la ausencia total de autoridad.

En esa lógica, valdría también la pena que desde el PRI y sus sectores, se estableciera claramente cuál es la intención de mantener en esos márgenes de impunidad la actuación de esas organizaciones. En los tiempos de campaña, los liderazgos priistas intentaron colonizar a organizaciones caracterizadas por su violencia e irracionalidad, como el Sindicato Libertad, los sectores de la CROC que emergieron desde la prácticamente extinta Confederación Nacional de la Productividad, el Frente Popular Revolucionario y la organización 14 de Junio, que en los últimos años aglutinó a sectores emergentes como el mototaxismo y los tianguistas, entre otros, que tienen hoy amplia presencia en la capital y sus municipios conurbados.

Todos ellos, sin contar a la temible representación en Oaxaca de la Confederación de Trabajadores de México, que ha sido una de las organizaciones más beligerantes siempre al amparo del poder, y ahora más por ser un sector adherente al Partido Revolucionario Institucional, que ha demostrado no tener ningún temor respecto a la acción de la justicia, y que pareciera que esa misma circunstancia ha envalentonado a sus dirigentes para continuar cometiendo tropelías que incluso en otros tiempos no se habrían permitido.

Por ejemplo, ¿en otros tiempos alguien, ostentándose a gritos como dirigente de una organización gremial, se habría atrevido a ir a intimidar a una servidora pública, como hace algunas semanas ocurrió con la titular de la Comisión de la Juventud, a quien unas personas que se dijeron integrantes de la CTM le fueron a cobrar una presunta deuda a la funcionaria, y al no hallarla amenazaron y jalonearon a los trabajadores en plenas horas laborales?

Nada de ello habría ocurrido, en realidad, si las instancias encargadas de la atención a las organizaciones sociales, no abrevaran respecto a ellas el interés de su rentabilidad electoral. Aunque pareciera inaudito, no pocos dirigentes priistas y otros que hoy son servidores públicos creyeron que esas organizaciones podían ser “amigas” del Gobernador, y por esa razón se dedicaron por largos meses a ofrecerles canonjías a cambio de apoyo político en los tiempos en campaña. Ingenuamente, quizá también creyeron que ese apoyo de las organizaciones se traduciría en gobernabilidad, cuando siempre ha sido claro que cualquiera de esas organizaciones ofrece el apoyo político o electoral —votos, asistencia a mítines en calidad de acarreados, etcétera— justamente a cambio de que el gobierno les permita seguir imponiendo su ley en las calles.

Por eso, al final más de uno tendría ahora que explicar cuál es la razón por la que se le tiene tanta permisividad y sometimiento a las organizaciones sociales, y por qué el gobierno se resiste no a reprimirlos, sino a impedirles que cometan ese tipo de conductas que sólo revela que hay personas que, con sus alianzas electorales y sus cálculos políticos, intentan llevar al gobierno, y al Gobernador, al límite de la ignominia.

IRRACIONALIDAD

Esos mismos cálculos y miedos oficiales, son los que hoy también permiten que los taxistas revivan añejas disputas por las rutas y por los pasajeros. Hace tiempo no se veía que los concesionarios de transporte foráneo se liaran violentamente con los taxistas de la capital, a pesar de que desde hace tiempo hay libertad total para que todos trabajen en todas las rutas —al menos en la capital y la zona conurbada— independientemente de sus rutas autorizadas. El resurgimiento de la violencia tiene también como origen la impunidad. ¿Van a esperar a que esos enfrentamientos terminen en muertos para que, desde la Sevitra, la SSP, y la Segego, intervengan?

El gobierno pierde credibilidad al no clarificar su crisis financiera

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Saul Lopez

+ Imposible, tener a la entidad abatida, sin al menos dar explicación


Existen varias explicaciones posibles respecto a la crisis financiera por la que pasa la entidad, producto del problema de liquidez por la que atraviesan las arcas estatales. Todo eso, constituye sin embargo sólo una parte del problema. La otra parte de la situación, y que tendrá repercusiones en el mediano plazo, radica en que hasta ahora la ciudadanía no ha recibido, y el gobierno tampoco ha ofrecido, una explicación clara y sucinta de las razones de esta crisis que tiene paralizada la economía estatal. Mientras no haya claridad ni capacidad de gestión, no sólo habrá consecuencias de corto plazo, sino también en las capacidades futuras del gobierno estatal.

En efecto, para mal de todos, Oaxaca es una de esas entidades federativas que dependen casi por completo del presupuesto que la federación le ministra a la entidad. Aunque parece ya un lugar común, es claro que toda la economía local depende en gran medida de la movilidad económica que se genera desde el gobierno, que es el mayor consumidor de bienes y servicios en todos los rubros de la economía, y es también la más importante —y casi única— fuente de empleos de la entidad, no relacionados con el llamado sector terciario que corresponde a la provisión de servicios como pudiera ser el turismo. Ello explica, en términos simples, por qué cuando se para la economía que se impulsa desde el consumo gubernamental, sufren todos los sectores que directa o indirectamente dependen de ello, que son prácticamente todos en la economía estatal.

En Oaxaca eso es lo que ocurre no sólo desde el inicio de la presente administración, sino que más bien la economía estatal lleva más de un semestre detenida a partir de la aparente falta de liquidez del gobierno de Gabino Cué Monteagudo. Por eso, desde los primeros meses del año pasado, el gobierno dejó de pagar buena parte de los bienes y servicios que consumía; dejó también de cubrir los adeudos que tenía con los sectores productivos de la entidad; y también dejó parado al sector de la construcción, que emplea a buena parte de los oaxaqueños que laboran en el sector privado.

Sin mayores reparos, desde el gobierno se paró la economía, y Cué fue primero evasivo respecto al origen del problema, y después cómodamente dijo que como los adeudos eran un problema institucional, la nueva administración respondería por los pagos ya que era dinero que ya estaba destinado a Oaxaca pero que físicamente —es decir, en el sistema financiero— no había ministrado.

Con esas explicaciones poco claras, Cué dejó el gobierno el último día de noviembre, y le cargó el problema a la administración entrante que, al menos para temas económicos, no ha sido eficaz en lo que se supone que sería su prioridad, no sólo en lo relacionado a la administración de los recursos públicos, sino también de generar movilidad económica y certidumbre para todos los que se quedaron varados por la inmovilidad financiera gubernamental.

A estas alturas, uno de los problemas más graves que existen respecto a esto, es no sólo que la economía estatal continúa detenida sino que además nadie tiene claridad para entender qué ocurre, y desde el gobierno nadie tiene disposición para ofrecer una explicación para este problema que indirectamente afecta a toda la economía.

INMOVILIDAD ¿SIN RAZONES?

En una nota publicada por TIEMPO el 16 de diciembre, se daba cuenta de cómo un centro de investigación tan reputado como el Centro de Estudios Espinosa Yglesias, sostenía que durante el gobierno de Gabino Cué Monteagudo, la deuda pública de la entidad fue disfrazada a través de diversos mecanismos de planeación administrativa y financiera. “Se indicó [en el estudio del CEEY] que Oaxaca forma parte de cuando menos 10 estados que utilizaron a la firma transnacional Evercore para contratar un esquema financiero y jurídico para tener acceso a recursos sin contar con la autorización del Poder Legislativo. De acuerdo con la ASF, Oaxaca (…) se encuentra entre las tres entidades que tienen mayor diferencia entre la deuda pública reportada por la Secretaría de Hacienda, y la que dieron a conocer en la Cuenta Pública de 2015”.

En un primer momento, explicaciones como ésta intentaron explicar el origen del enorme problema de inmovilidad financiera que enfrentó el gobierno desde el primer día de la actual administración. Sin justificarlo ni sentirse aliviados, muchos sectores productivos se sintieron al menos proveídos de una razón que explicara la inmovilidad que ocurría. No obstante, continúa pasando el tiempo y las voces desde el sector privado continúan denunciando los estragos que provoca la inmovilidad económica que surge de la incapacidad de la Secretaría de Finanzas de, por un lado, generar fluidez económica; y, por el otro, de explicar exactamente qué ha ocurrido, y qué están haciendo, para revertir esta situación.

El no hacerlo provocará problemas que quizá ahora no están del todo vislumbrados, y que parten de la deuda heredada, pero que se complementan con la incertidumbre actual. Por eso —y no es la primera vez que lo apuntamos aunque parece que este problema continúa en la misma fase inicial del mes de diciembre pasado—, el gobierno ahora debe establecer con toda claridad los parámetros concretos de cómo afrontará el problema de deudas que recibió de Gabino Cué.

De hecho, desde el 17 de diciembre abordamos el tema y señalamos que el solo hecho de considerar la posibilidad del “borrón y cuenta nueva” sobre los pasivos, no sólo demostrará la pequeñez de los funcionarios entrantes sino que además les cerrará las puertas en el mediano plazo.

¿Cómo afianzarán el cumplimiento de sus metas si de entrada quiebran a más de la mitad de sus proveedores, cuya supervivencia depende del reconocimiento —y pago— de los compromisos asumidos por el sector público? ¿Cómo generarán certidumbre en el mediano plazo frente al sector privado, si no comienzan demostrando que el Estado, no ellos, tiene capacidad de cumplir su palabra y sus compromisos? Esta es una cuestión no sólo de dinero, sino de construir certidumbre. Ahí está la parte fina de este enorme problema.

Hoy, a más de tres meses de haber asumido, pareciera que el nuevo grupo de funcionarios encargados específicamente de este tema, no ha tenido la sensibilidad suficiente para entender la magnitud del problema, y la necesidad tanto de generar movilidad en la economía, como de mantener el prestigio financiero del gobierno, que irremediablemente terminará necesitando de la iniciativa privada —a la que ahora tiene ahogada— tanto como ésta necesita del ejercicio de los recursos públicos para continuar subsistiendo.

No se trata sólo del buró de crédito, sino en general de la credibilidad y certidumbre que genere la palabra y el compromiso gubernamental frente a todas las personas físicas y morales con las que tiene relaciones económicas. Eso tendrían que entenderlo para evitar, además, que la persistencia de los espacios de silencio abran la oportunidad a la especulación y al desprestigio que ya de por sí corroe el sector público en general.

¿ES LA FEDERACIÓN?

En el fondo, además, parece que o algo esconden todos, o le tienen pavor a la federación. ¿Por qué nadie dice con entereza que el problema radica en los atrasos en la ministración de los recursos federales? Porque ese sería uno de los pocos problemas no atribuibles al gobierno local. ¿Entonces?

PRI: ¿Qué alicientes tendrán los gobernadores para apoyar a su partido?

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+ En 2006, la incapacidad de generar consensos internos derrotó a Madrazo  


El pasado 4 de marzo el PRI cumplió 88 años de existencia y, en apariencia, la conmemoración del aniversario marcó el inicio de la carrera por la candidatura presidencial dentro de ese partido. Las lecturas sobre la recomposición política de ese partido, son variadas. Sin embargo, si algo ha quedado claro en los últimos tres procesos electorales es que el peso específico y las posibilidades más amplias de triunfo de los candidatos presidenciales, no está en las encuestas o en la aceptación espontánea de los ciudadanos, sino en los gobernadores. ¿Está de verdad preparado el presidente Enrique Peña Nieto para pactar con los gobernadores la posibilidad de la permanencia del PRI en el poder?

En efecto, hoy el PRI enfrenta el escenario quizá más complicado de todos los tiempos respecto a una elección presidencial. Ahora, como nunca, propios y extraños tienen la certeza de que el partido del Presidente no cuenta con la fuerza suficiente para retener el poder.

Y de ahí parten todas las perspectivas: parece haber una especie de consenso general a favor de que Andrés Manuel López Obrador es quien abreva la gran mayoría de las simpatías ciudadanas; también, que el Partido Acción Nacional puede construir una opción política interesante con la persona de Margarita Zavala; y también, parece haber una idea cada día más sólida de que el PRD está en vías de extinción. En ese manojo de certidumbres, está también sembrada la idea de que el PRI no tiene con quién ganar, en gran medida por los pasivos electorales que representa el propio Presidente, que ya no es un aliciente sino un lastre para su partido. Esas son las perspectivas de cualquier ciudadano con mediana capacidad de análisis.

Sin embargo, junto a esa perspectiva común, se encuentran los demás factores que también juegan en una elección presidencial: el respaldo del empresariado, las alianzas con los poderes fácticos e incluso el apoyo relevante que se ofrece, o se niega, desde las entidades federativas. En esa perspectiva, en la era de los gobiernos priistas hasta antes del año 2000 eran tradicionales los arreglos entre los candidatos presidenciales y los grupos de poder económico y los poderes fácticos. En ciertos momentos, tanto las estructuras obreras como las cámaras empresariales se sumaban al candidato oficial; y luego, juntos iban a pactar con uno de los mayores poderes fácticos del país, que en otros tiempos fue la industria de la radio y la televisión.

En aquellos años, la alianza con los gobernadores era sólo relativa y aparente: hasta principios de la década de los noventas, todos tenían la certeza de que independientemente del resultado, de todos modos el Presidente seguiría siendo de cuño priista. Por eso, con subordinación todos debían entrar al aro del sostenimiento del estado de cosas: tenían que apoyar inopinadamente al candidato oficial, para que éste convertido en Presidente, los respaldara en sus respectivos gobiernos, intereses y cacicazgos —personales o de grupo— estatales. Básicamente, nadie se atrevía a cuestionar el poder presidencial porque no había certeza alguna de que un enfrentamiento con el Presidente tendría buen puerto para quien lo intentara. Por eso, para el Presidente en la vieja era priista, el apoyo de los gobernadores era uno de los elementos que, sin negociar, ya daba por sumado.

Todo eso cambió cuando en el año 2000 el propio Presidente permitió el avance de la oposición, en buena medida a partir de las advertencias a los gobernadores de que no influyeran en el proceso electoral, y la permisividad para que incluso algunos de ellos pactaran con el candidato opositor. Ya para entonces, además, había varias gubernaturas en manos de la oposición. Por eso tuvo tanto eco el llamado al voto útil como una forma de desmantelar y deslegitimar la estructura de apoyo incondicional —y condicionada— que fueron siempre los gobernadores al candidato presidencial priista.

LECCIONES DE LA HISTORIA

Cuando el gobierno de Vicente Fox se enfiló hacia su último tercio, no parecía posible que el PAN retuviera la Presidencia en 2006. En uno de los frentes, Andrés Manuel López Obrador ganaba popularidad aceleradamente como jefe de Gobierno de la Ciudad de México; y en el otro frente, estaba Roberto Madrazo Pintado, parecía respaldado por la mayoría de los gobernadores que habían emanado del PRI.

Esto último era, en realidad, un espejismo, ya que pronto quedó claro que la mayoría de ellos no sólo no tenía coincidencias con Madrazo Pintado —y que, de hecho, eran opositores silenciosos—, sino que además no tenían ninguna intención de volver a tener un gran cacique nacional, en la figura del Presidente como jefe máximo del priismo, como en el pasado.

Por si eso no fuera suficiente, Roberto Madrazo se dedicó de tiempo completo, desde casi dos años antes de la elección presidencial, a construir su candidatura presidencial desde la Presidencia del partido, lo cual rompió todas las reglas internas de equidad y generó agravios con los Gobernadores, que finalmente fueron cobrados en la construcción de nuevas alianzas relacionadas con el llamado “voto útil”, aunque ahora a favor del candidato presidencial del PAN, Felipe Calderón Hinojosa. E incluso, en el año 2012, los priistas tuvieron consensos a favor de Enrique Peña Nieto porque éste supo dar juego a todo un grupo de gobernadores que vieron en la potencial figura presidencial, una forma de asegurar sus espacios de privilegio que hoy están rotos circunstancialmente por la intolerancia social cada vez mayor social frente a la corrupción.

En esta lógica, una de las preguntas de la mayor relevancia en estos momentos radica en qué alianzas, y qué alicientes le dará el Presidente a los Gobernadores, para que éstos accedan a respaldar el proyecto político del priismo. Puede ocurrir que el Presidente quiera amagar a los Gobernadores con la imposición de su candidato; puede ser que intente llevar a la candidatura presidencial a una figura unificadora que abra el entendimiento con los mandatarios que hoy pudieran sentirse en riesgo por la necesidad de perseguir la corrupción. Incluso, puede ocurrir que finalmente los gobernadores, como representantes sustitutos de los poderes fácticos, se unan para impulsar ellos a un candidato y al que insten al Presidente para que lo apoye.

Lo único que no puede ocurrir, en esta lógica, es que hoy en día salga un candidato presidencial de entre los gobernadores. Para mal de todos, esa es una figura que prácticamente no se ha modificado desde los tiempos del viejo régimen de partido hegemónico, y por eso hoy los espacios de las gubernaturas están sometidos a fuertes presiones y desgastes relacionados con el ejercicio mismo del poder y los recursos públicos.

DESTINO ANTICIPADO

Por esa razón, uno de los temas que cobrará relevancia conforme avance la contienda interna por la candidatura presidencial en el PRI, será el de la relación que el Presidente pueda entablar con los gobernadores, y los alicientes que tengan uno y otros para mantener el poder. Queda claro que al Presidente no le alcanza su capital político para distanciarse de los gobernadores, y que éstos no tienen la legitimidad suficiente como para impulsar a alguno de ellos a la Presidencia. Entonces, en la búsqueda de su justo medio —con un candidato que seguramente no será un peñista puro, pero tampoco la consecuencia de un chantaje de los gobernadores—, es como en buena medida los priistas resolverán anticipadamente su destino para la elección presidencial del año próximo.

Administradores: deben quitarles las tentaciones desde la ley

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+ Medición de fuerzas: apuestan a que el Ejecutivo se distraiga


En la ecuación del compromiso contra los intereses, se explica por qué el Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana de Oaxaca (IEEPCO), denunció que en lugar de cumplir con la orden del Ejecutivo —de dedicarse de lleno a la organización de los comicios en las comunidades en conflicto, dentro de los siguientes 30 días de su designación—, la mayoría de los administradores municipales está más preocupado por priorizar obras y ejercer los recursos municipales. Las administraciones municipales son un rentable negocio que debiera ser erradicado desde la ley. Y mientras eso no se haga, de todos modos persistirá el conflicto y el empeño porque más comunidades permanezcan en el conflicto, a pesar de las órdenes expresas que se giren desde el más alto nivel.

En efecto, según información dada a conocer por TIEMPO el pasado 4 de marzo, el IEEPCO detectó que la mayoría de los 26 administradores municipales recientemente designados por el Titular del Ejecutivo, a través de la Secretaría General de Gobierno, han desatendido las órdenes del Gobernador en el sentido de que dentro de los siguientes treinta días de su nombramiento debían generar las condiciones para la celebración de los comicios municipales, y que en lugar de ello están más dedicados a temas como la priorización de obras y la ejecución de recursos municipales.

En voz del consejero Presidente del IEEPCO, Gustavo Meixueiro Nájera, el órgano electoral dijo que aún cuando ellos trabajan en la organización de las jornadas electorales bajo el régimen de sistemas normativos internos, los administradores municipales han estado más dedicados a temas relacionados con la obra pública, desdeñando la posibilidad de contribuir al establecimiento de las condiciones necesarias para la celebración de las asambleas comunitarias, aún cuando el Instituto Electoral ha cumplido con la entrega de la documentación necesaria para que los administradores cumplan con su parte de la tarea para la organización de los comicios.

Recordó que todo esto contraviene la orden del gobernador Alejandro Murat, quien instruyó expresamente a los administradores para que no tuvieran más prioridad que la celebración de los comicios dentro de los siguientes treinta días a la fecha de su nombramiento; y dijo, además, que la urgencia de la celebración de los comicios en esas comunidades surgió, en la mayoría de los municipios, de un mandato de los tribunales electorales del orden estatal y federal, quienes ordenaron la reposición de las asambleas y jornadas electorales debido a las inconsistencias presentadas en las jornadas ordinarias.

Ante esto, habría que preguntarse por qué razón la Secretaría General de Gobierno no ha cumplido con la responsabilidad de vigilar no sólo el trabajo de los administradores, sino también el cumplimiento de las disposiciones emitidas por el Ejecutivo del Estado. Más bien, pareciera que tanto los administradores, como la propia Secretaría General de Gobierno, están tratando de ver hasta dónde pueden llevar este tema, y hasta qué punto los asuntos coyunturales van a ser prioritarios para el Ejecutivo en detrimento de temas como el de los administradores municipales que, además, revisten tantos intereses políticos y económicos.

De hecho, esa es la única explicación coherente que puede hallarse, para la forma en la que tanto la Secretaría General de Gobierno, como los Administradores Municipales, están lanzando este abierto desafío a las órdenes del Gobernador del Estado. Los administradores parecen muy preocupados en generar concertación entre los habitantes de las comunidades en conflicto, a través de la generación de obras; y la General de Gobierno parece estar únicamente distraída —quizá, deliberadamente distraída— en otros menesteres y no vigilando la parte de la responsabilidad que les corresponde en el cumplimiento de las órdenes del Gobernador del Estado para que los comicios se realicen dentro del menor tiempo posible en las comunidades en conflicto.

En el fondo, aunque parece una afrenta inaceptable, todo esto ocurre porque nadie se ha atrevido a tocar en la ley todo lo relacionado al régimen jurídico, administrativo y financiero de los administradores municipales. Por eso, en la ecuación de los intereses contra el cumplimiento del mandato del Ejecutivo, todos parecen empeñados en que prevalezca la avidez económica. Y mientras no modifiquen la ley, esto tenderá a convertirse en un ciclo perverso que funcionará siempre aceitado por la corrupción y los ríos de dinero que corren en las administraciones municipales.

PROTECCIÓN, DESDE LA LEY

En realidad, la Constitución del Estado es por demás vaga en la regulación de los administradores municipales. Sólo establece las facultades del Ejecutivo para el nombramiento de los mismos, y refiere algunas responsabilidades generales del Congreso para la vigilancia de los mismos.

Fuera de eso, son también laxas las disposiciones relativas tanto en la Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos, en la de Fiscalización Superior del Estado, y en la Ley Orgánica Municipal, respecto a los administradores. Toda esa vaguedad, en el fondo, está encaminada a evadir los candados que incluso tienen los Consejos Municipales, y los Ayuntamientos constitucionalmente electos, para el ejercicio de los recursos públicos y la toma de decisiones trascendentes por parte de la autoridad municipal.

Por esa misma razón, los administradores municipales prácticamente son autoridades dictatoriales, ya que al margen de cualquier exageración, se entiende que un dictador es el que gobierna sin facultades expresas contenidas en una ley. Básicamente, los administradores tienen un régimen general, que la propia ley los equipara a un Presidente Municipal, pero con la salvedad de que no tiene Cabildo, tampoco tiene una autoridad intermedia que los regule con efectividad, y sí tienen el beneplácito de las instancias del Poder Ejecutivo —básicamente de las Secretarías de Finanzas, y de la General de Gobierno— que los reconoce como autoridad equiparada a las constitucionalmente electas, y les permite el acceso a los recursos públicos, se supone que para la inversión en obra y para el funcionamiento propio de la autoridad municipal.

No obstante, en la mayoría de los casos los administradores realizan algunas obras que justifiquen la utilización de la totalidad de los fondos destinados a la inversión en obra e infraestructura municipal; se inventan una estructura administrativa para justificar el pago de salarios; y de las obras que realizan, éstas las otorgan discrecionalmente a empresas con las que pueden generar compromisos mutuos a partir de la inexistencia de un cabildo o comités de obra que al menos justifiquen y avalen la existencia de licitaciones o invitaciones restringidas para la asignación de las inversiones.

MODIFIQUEN LA LEY

En esa perspectiva, el negocio de los administradores será redituable, y habrá siempre una competencia contra el Ejecutivo —del que se supone que son subordinados—, mientras no se establezca en la ley que los administradores no pueden ejercer recursos ni acceder a los fondos municipales, y que su única función consiste en el avenimiento de las condiciones para la celebración de los comicios. Al menos en el futuro cercano, no se ve forma alguna de frenar la avidez económica y de los intereses de los administradores, y de sus padrinos, sino hasta cuando el Ejecutivo se decida a cortar estos vicios de fondo y presente —y cabildee políticamente en el Congreso— una iniciativa para hacer definitivo el fin de estos negocios. Mientras eso no ocurra, esta será una historia cíclica de intereses y desafíos.

¿Por qué a pesar de la calma actual, nadie ayuda a remontar la imagen de Oaxaca?

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+ Turismo y Economía, desaparecidos del radar de la promoción social de la entidad


Hay botones de muestra que, aunque parecen pequeños, revelan lo mucho que se está dejando de hacer en tareas prioritarias. Ejemplo de ello es el reciente anuncio de los organizadores de La Carrera Panamericana, de excluir por segundo año consecutivo —y ahora sin razón aparente— a Oaxaca de su edición conmemorativa por el 30 aniversario del rally en su etapa actual. Aunque toda la responsabilidad se le pudiera cargar a las circunstancias, en realidad lo que parece es que alguien desde el gobierno no está haciendo su trabajo.

En efecto, a través de sus cuentas en redes sociales, el martes la empresa organizadora de La Carrera Panamericana anunció que ésta se correrá, en su trigésima edición, de Querétaro a Durango, pasando por Puebla, la Ciudad de México, Morelia, Guanajuato, San Luis Potosí y Zacatecas. Por segunda ocasión consecutiva, excluyeron a todo el sureste del país, ya que en diversas ocasiones la competencia había iniciado o en Tuxtla Gutiérrez, el Puerto de Veracruz, la capital oaxaqueña o en Bahías de Huatulco.

Esta decisión, en un primer momento, provocó extrañeza y desilusión entre los aficionados a este tipo de eventos deportivos, y particularmente a quienes gustan de presenciar, año con año, la llegada y salida de esta glamurosa competencia, en todas las ciudades que fueron excluidas. La Carrera Panamericana es uno de los eventos automovilísticos de mayor tradición y arraigo en México, y es también el rally urbano más importante del mundo, en el que cada año participan lo mismo celebridades que pilotos profesionales, magnates y antiguos corredores de otras competencias internacionales en categorías como Nascar, o la Fórmula 1, entre muchos otros. De ese tamaño es La Carrera Panamericana, que ahora por motivos aparentemente inexplicables, no visitará Oaxaca en su edición 2017.

Frente a esto, como se apuntaba en líneas anteriores, se le puede achacar todo a las circunstancias y a la inestabilidad social en Oaxaca. El año pasado, en el itinerario oficial estaba incluido el paso de la competencia por la ciudad de Oaxaca, siendo la primera ciudad sede de la competencia, como había ocurrido durante casi toda una década consecutivamente. La Carrera Panamericana no vino a Oaxaca en 2006 por el conflicto magisterial; pero después de ese año, todos los siguientes fue recibida en Oaxaca, e incluso hubo dos años (2009 y 2011) que arrancó en Bahías de Huatulco, para beneplácito —y beneficio— de la industria turística de aquel destino turístico, tan largamente castigado por la lejanía y la intrincada comunicación por vía terrestre.

Así, en 2016 se atravesó el enfrentamiento de Nochixtlán, en junio, y la larga resistencia magisterial —que cerró durante semanas el paso de la súper carretera Oaxaca-Cuacnopalan, por donde se desarrolla buena parte de la competencia en la ruta de Oaxaca a la ciudad de Puebla—, por cuya contingencia se tuvo que cancelar su paso por Oaxaca. La situación, frente a las circunstancias, fue ampliamente comprendida; y por esa razón se lamentó la cancelación de la sede en Oaxaca, pero realmente nadie cuestionó la decisión tomada por los organizadores.

Lo que no se termina de comprender es por qué en 2017, La Carrera Panamericana nuevamente decidió no pasar por Oaxaca.

DEPENDENCIAS AUSENTES

El pasado 28 de febrero, desde la cuenta oficial de Facebook de La Carrera Panamericana, se dio a conocer el itinerario oficial en que se confirmó que Oaxaca estaba nuevamente excluido de la competencia. Innumerables fanáticos de la competencia oriundos de Chiapas y nuestra entidad, cuestionaron duramente la decisión de los organizadores. Éstos, cortésmente contestaban a quienes pedían una explicación por la exclusión de Oaxaca y Chiapas en la edición de 30 aniversario de la competencia, que “se deben alinear los factores para tener una gran carrera en todos los aspectos”; que había “factores ajenos al Comité Organizador de la Carrera”; y que “la planeación de la ruta requiere de muchos elementos”, entre otras respuestas que, aunque decían poco, dejaban ver mucho.

¿Qué dejaban ver? Primero, que a nivel nacional se sigue teniendo una percepción por demás negativa de Oaxaca, como un territorio dominado por el conflicto magisterial, y por la inestabilidad social, que inhibe la certidumbre sobre algo tan básico como la posibilidad de que las carreteras estén abiertas y disponibles en un periodo en específico —y siempre. Esta percepción, sigue sin tener un contrapeso real a través de acciones gubernamentales y civiles para revertir dicha imagen. Parece, pues, que a nadie le importa la imagen socialmente violenta y de inestabilidad de Oaxaca.

Pero, en segundo término, esas respuestas lacónicas de los organizadores de la Panamericana, también dejaban ver que o no hubo la suficiente concertación y apoyo de los representantes del gobierno de Oaxaca para lograr la reinserción de la entidad dentro del mapa de la competencia; o que, aún habiéndolos, de todos modos los organizadores de la competencia no le tomaron la suficiente seriedad a sus interlocutores del gobierno estatal, y de ahí la decisión de dejar de todos modos fuera a la entidad.

Todo esto, a pesar de que durante los dos primeros meses del presente año, no se han presentado bloqueos de vías carreteras en la entidad; y de que, a menos que ocurra un nuevo desencuentro entre la Sección 22 y el gobierno, octubre —periodo dentro del cual se desarrolla la competencia, generalmente a partir de la tercer semana de ese mes— no es un mes que se caracterice por movilizaciones o agitaciones dentro del calendario político ya conocido del magisterio oaxaqueño.

En cualquier caso, lo que queda claro con esta nueva exclusión de Oaxaca de la ruta de La Carrera Panamericana, es que hay funcionarios de la Secretaría de Turismo, de la de Economía, e incluso de la Secretaría General de Gobierno, que no están haciendo su trabajo. Y no se trata de pensar que la Panamericana es el único o el mayor evento del año del que dependa la economía o el turismo local; pero tampoco es aceptable la posibilidad de que las dependencias estatales desestimen la importancia significativa y simbólica, de que Oaxaca aparezca al menos en alguno de los eventos deportivos que tienen eco nacional e internacional por su tradición, por sus participantes, o por el entusiasmo que despierta en los aficionados de todo el país.

Hasta ahora, ni el secretario de Turismo del gobierno estatal, Juan Carlos Rivera Castellanos, ni el de Economía, Jesús Rodríguez Socorro, han hecho manifestación alguna sobre el tema en particular. Quizá estén pensando que La Carrera Panamericana es simplemente un evento deportivo, que no reviste ninguna implicación en temas económicos y turísticos; y quizá por eso están pensando —erróneamente— que debe ser la Comisión Estatal de Cultura Física y Deporte quien tendría que manifestarse al respecto.

SILENCIO INDOLENTE

¿No está entonces implicada la imagen de Oaxaca? ¿No importan los cientos de aficionados que como turistas de alto nivel, gastan cantidades millonarias, sólo por el gusto de acompañar la Carrera en todo su itinerario? ¿No representa una derrama económica importante el desplazamiento de las escuderías, ingenieros, mecánicos y personal de apoyo de los competidores? ¿Y, entonces, el Gobierno de Oaxaca puede quedarse tranquilo ante esa exclusión que, en el fondo, refleja que no confían en la entidad?

Este silencio gubernamental es terrible, desde el ángulo que se le vea.

Presentar declaración 3de3 no es suficiente; urge legislación anticorrupción

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+ El gobierno y los partidos deben dejar la abulia y generar ya sus propuestas


Al asumir su cargo, el gobernador Alejandro Murat anunció que todos los integrantes de su equipo de gobierno, habían recibido la instrucción de presentar la llamada declaración “3 de 3” en los noventa días siguientes a haber asumido sus respectivos cargos. Dicho plazo feneció junto con el mes de febrero. Hoy, a la luz del anuncio de que los integrantes del gabinete legal ya cumplieron con dicha instrucción, el cuestionamiento —importante— que prevalece, es por qué nadie del equipo jurídico del gobierno estatal se interesó en que eso superara el ejercicio potestativo, para llevarlo a las leyes estatales de la materia.

En efecto, a través de un comunicado el gobierno estatal anunció que de acuerdo a lo establecido por el gobernador Murat, el total del gabinete legal que conforma su estructura de gobierno ha cumplido a esta fecha (28 de febrero), dentro del plazo conferido de 90 días, con su declaración patrimonial dentro de la plataforma denominada 3 de 3., programa que incluye no solo la declaración patrimonial como tal, sino la de conflicto de intereses y la fiscal.

Como si eso fuera justificación, el titular de la Secretaría de la Contraloría y Transparencia Gubernamental, José Ángel Díaz Navarro dijo que el portal que concentra toda la información “es totalmente ajeno al control administrativo del Estado de Oaxaca, por lo que los procedimientos, formatos, y protocolos que determinan el tiempo y forma en que se publica la información, dependen enteramente de dicha plataforma”. Con ello, justificó un posible retraso en la publicación de la información entregada por los funcionarios estatales al portal de la plataforma 3de3.

Con ello, parece quedar a salvo la palabra del Ejecutivo estatal, que desde diciembre estableció dicho compromiso como una demostración de voluntad con la transparencia. El problema es que si el ejercicio es loable, también es cierto que es insuficiente porque el ejercicio de la declaración tres de tres no vino acompañado de las iniciativas de ley correspondientes para llevar dicho compromiso al marco jurídico estatal, y no dejar todo en la plataforma tres de tres, que es la base de un importante ejercicio ciudadano, pero que no deja de ser un espacio potestativo que, además, ya está demostrado que también es insuficiente para generar los controles adecuados en los bienes, intereses y deberes fiscales de las figuras públicas, como políticos, representantes populares y servidores públicos.

En esa lógica, debemos recordar que la llamada declaración tres de tres ya demostró sus lagunas cuando se estableció que el dirigente nacional del PAN, Ricardo Anaya Cortés, llevaba un estilo de vida que no correspondía a los ingresos que había declarado como líder partidista y legislador federal en los últimos años, y que a pesar de haber cumplido con el deber —políticamente correcto— de presentar su declaración tres de tres, había aspectos de su patrimonio y de sus relaciones con ciertas empresas, que había decidido no incluir en su declaración.

Al final, los impulsores de la Plataforma Tres de Tres, terminaron reconociendo que según las propias reglas del ejercicio, Anaya nunca había tenido la obligación de incluir los aspectos que le permitían un tren de vida mucho más ostentoso al de sus ingresos actuales, y que esa era una ‘laguna’ por la que el Líder panista se había colado para no declarar todos sus bienes e intereses.

¿Y LA CONSEJERÍA JURÍDICA?

Qué bien que los funcionarios estatales hayan cumplido con su 3de3. Pero qué mal que la Consejería Jurídica del Poder Ejecutivo haya dejado pasar la oportunidad de presentar, en ese marco, las iniciativas que impulsaran que la presentación de las tres declaraciones, por parte de los nuevos funcionarios estatales, pasara del ejercicio potestativo al deber establecido en la ley. ¿Por qué no lo hizo? Sólo el consejero jurídico, Ángel Alejo Torres lo sabe.

Pues resulta que hasta ahora en el Congreso del Estado no ha cobrado relevancia la necesidad de la discusión de iniciativas relacionadas con el establecimiento correcto y completo tanto del Sistema Estatal Anticorrupción, como de las nuevas obligaciones en materia de responsabilidades de los servidores públicos. De forma relevante, la declaración tres de tres, resulta ser un nuevo parámetro de certidumbre sobre el correcto desempeño de los servidores públicos, pues ya no sólo implica la declaración patrimonial inicial, periódicas, y final, sino también las respectivas declaraciones de posible conflicto de interés, y de cumplimiento de las obligaciones fiscales.

A nivel federal, esa iniciativa ciudadana quedó mocha cuando los legisladores decidieron que las tres declaraciones de los servidores públicos podían quedar supeditadas al principio de confidencialidad de las relaciones. El caso de Oaxaca es aún más grave en la actualidad, porque a pesar de lo encomiable que resulta el ejercicio de la tres de tres por parte de los integrantes del gabinete legal estatal, éste no pasa de ser eso: un ejercicio, realizado ante una plataforma particular, y ajeno por completo a cualquier disposición jurídicamente vinculante para efectos de responsabilidad.

De este modo, dicha omisión se suma a la cadena creciente de acciones fallidas que ha emprendido la Consejería Jurídica, que no parece encontrar el rumbo y que sólo se ha dedicado a enredar algunos de los temas que en apariencia le interesan a la administración estatal, como las iniciativas de la Corporación Oaxaqueña de Radio y Televisión, el desastre que terminó siendo la modificación del andamiaje jurídico de la atribulada Secretaría de Medio Ambiente, Energías y Desarrollo Sustentable, y en general los temas que la Consejería presenta ante el Congreso a nombre del Ejecutivo, y con los que ha hecho quedar mal al gobernador Alejandro Murat, gracias a la ineficiencia y errores de los empleados de la Consejería.

Así, todos siguen sin saber exactamente cuál será la agenda de las responsabilidades de los servidores públicos estatales, porque ni del lado de la Consejería Jurídica, ni de la Secretaría de la Contraloría, han establecido los parámetros mínimos de lo que el Ejecutivo propondrá al Congreso para tener una nueva legislación en la materia. Tanto es así, que ni siquiera se sabe si la Constitución y las leyes estatales se ajustarán al marco mínimo de la Constitución federal, o si en Oaxaca se buscarán mecanismos vanguardistas de control y de rendición de cuentas por parte de los servidores públicos, y en qué podrían consistir dichos controles.

Al final, todo ese silencio propiciado por funcionarios que no están concentrados en su trabajo, que no demuestran el compromiso de ayudar al Gobernador, y que no tienen altura de miras para aprovechar las oportunidades de su propia función, provoca que, primero, temas como éste terminen siendo menos trascendentes de lo que pudieron haber sido; y segundo, que sean otros grupos los que ganen espacio tratando de incidir en esas discusiones en las que la administración pública simplemente no ha participado. De este modo, pudiera ser reconocible, aunque parcialmente, el cumplimiento de la declaración tres de tres de los funcionarios estatales. Nada más.

AGENDA, UNA BURLA

Ayer presentaron en el Congreso local una agenda legislativa que, de veras, resulta una auténtica tomadura de pelo para los mismos diputados. Dicen en su agenda, sin exagerar, que van a enderezar Oaxaca. Sin embargo, habría que ver, por ejemplo, cuántas iniciativas sustantivas y relevantes ha rechazado el PRI en estos tres meses y medio, sólo porque han supeditado a su conveniencia, lo que le pudiera ser útil a Oaxaca; y en cuántas, el PRD ha sido, y seguirá siendo, esquirol del priismo. Sus aparentes ‘buenas intenciones’ son una burla para Oaxaca.

¿Cuándo van a encarar con aplomo la corrupción en Santa Lucía y Xoxocotlán?

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+ Ediles actuales simulan voluntad, democracia y trabajo porque quieren reelegirse


Sólo hay algo peor que la corrupción, y eso es la indolencia ante ella. Tal es el caso de los ayuntamientos de Santa Lucía del Camino y Santa Cruz Xoxocotlán, que en el intento de sus autoridades actuales por quedar bien con la ciudadanía, rumbo a los comicios del año próximo, olvidan que su responsabilidad no sólo se queda en tapar los baches o en limpiar de basura las calles. Hasta el momento, en ambos casos es evidente que la voluntad aparente es sólo simulación, y que en la supuesta disposición al trabajo se esconden las evasivas a entrar a los temas de fondo que afectan a ambas demarcaciones.

En efecto, el caso de Santa Lucía del Camino es paradigmático. En ese municipio, llevan al menos cuatro trienios consecutivos alimentando los vicios de la corrupción, de la devastación gubernamental, y del encubrimiento mutuo. Acaso después del conflicto magisterial de 2006, en Santa Lucía se profundizaron los problemas políticos que, en realidad, han servido en gran medida para desviar la atención de la auténtica explosión de corrupción y giros negros que hoy ahoga a ese municipio.

Desde la administración de Alejandro Díaz, las disputas por el poder municipal se hicieron comunes y eso no tenía que ver con que Santa Lucía fuera una demarcación económicamente poderosa, o porque éste fuera un lugar de privilegio para el establecimiento de algún tipo de comercio o industria que la hiciera rentable.

No, en realidad, los problemas políticos —que ya existían— se acentuaron cuando Santa Lucía fue ubicado como uno de los ‘patios traseros’ de la capital oaxaqueña, a donde había posibilidad de llegar a asentarse en todos los giros y establecimientos que fueron empujados hacia esos espacios por las restricciones y prohibiciones establecidas a la autoridad citadina a negocios como bares, centros nocturnos y demás establecimientos que terminaron ubicados en la periferia de la capital oaxaqueña. Los problemas políticos explotaron cuando se reparó en que la autoridad municipal era la facultada para autorizar, y cobrar, por dichos establecimientos. Ahí todo se descompuso y, lamentablemente, hasta ahora no hay visos de una recomposición.

De hecho, en 2013 había un censo no reconocido en Santa Lucía, de alrededor de 400 establecimientos que ofrecían servicios de bar, after night, prostíbulos, casas de citas y demás giros que franqueaban los linderos de la legalidad. A la llegada de Galdino Huerta a la alcaldía de Santa Lucía, pronto se supo que esa cifra no sólo se mantuvo, sino que creció; y que la codicia por el control de las licencias, las continuaciones de operaciones, y las autorizaciones de nuevos giros negros, fue lo que inicialmente desató los desencuentros entre Huerta y su Cabildo. Al final, Huerta no sólo continuó con el negocio sino que lo ensanchó. Y esto lo aderezó con la enorme interrogante que hoy prevalece sobre el ejercicio de los recursos que le fueron transferidos por las arcas estatales y federales a lo largo de su administración.

Frente a todo esto, ¿qué ha hecho Raúl Cruz González? Se ha dedicado a cerrar ojos y a evadir esos temas de fondo: impulsó, desde que era autoridad electa, trabajo comunitario que resulta loable y reconocible, aunque frente a las circunstancias es claramente insuficiente. Hoy, como Edil, le ha dado prioridad a los asuntos de ornamento de su comunidad —en un marcadísimo intento de llamar la atención para que el Gobernador, por encima de cualquier otra persona, vea lo que está haciendo—, pero abiertamente se ha deslindado de un problema que él mismo reconoce: hace algunos días, reconoció que se podrían seguir autorizando nuevos establecidos de giros negros, al amparo de las firmas y sellos de la administración de Huerta, que no le fueron entregados porque no hubo ningún proceso de entrega-recepción del Ayuntamiento.

¿Esta es una explicación suficiente y digna de una autoridad municipal, frente a un problema de tales proporciones? Evidentemente, no. Más bien, o Raúl Cruz está evadiendo el problema de fondo, que es la persistencia de una autoridad de facto que seguiría haciendo el trabajo sucio por ellos; o en realidad, está utilizando argumentos pueriles para proteger las tropelías de Huerta, y para justificarlas a través de los argumentos expiatorios con los que pretende zafarse de la responsabilidad frente al problema más importante de Santa Lucía, que es la prostitución, y los giros negros.

¿Tiene interés Cruz González por abordar esos problemas? Queda claro que no. No demuestra intención de ir contra la corrupción de sus antecesores, y tampoco de revertir los actos de autoridad que permitieron el florecimiento del vicio y la prostitución en aquella demarcación. Más bien, ahora Raúl Cruz está preocupado por lo aparente, a ver si con eso logra congraciarse nuevamente con su electorado, el año próximo cuando intente reelegirse como Presidente Municipal.

XOXOCOTLÁN, POR LAS MISMAS

Algo muy similar ocurre en Xoxocotlán, en donde Alejandro López Jarquín insiste en litigar en los medios lo que nadie sabe si ha promovido a través de las vías legales. En la prensa, ha linchado en despoblado a sus antecesores, que efectivamente fueron muestra de frivolidad, opacidad y dispendio, pero que por esas acciones deberían responder ante la justicia y no ante los tribunales de la prensa.

Lejos de eso, López Jarquín no parece haber hallado aún la forma de generar algo distinto a las inercias naturales de la población que gobierna. No ha emprendido ninguna acción relevante y su posición de perredistas aliados al régimen anterior, los ha sepultado en el desprecio de la administración estatal. Ante su falta de imaginación y de talento político, ni siquiera ha podido revertir esa circunstancia inicial. Y por eso es una gestión que sólo se luce a través de lo que puede aparentar pero no de lo que verdaderamente ha impulsado.

Así, López Jarquín pareciera un simil de Raúl Cruz en Santa Lucía en su intención por encubrir a sus antecesores a través de la pose y las denuncias mediáticas, que en realidad encubren su incapacidad para intentar las acciones jurídicas, que deberían ser el punto de referencia para una verdadera revisión de las cuentas de los ejercicios anteriores. En el fondo, su gran capital político consiste en continuar las inercias del pasado. Y, en esa lógica, no debiera sorprender que dentro de poco se estrene como organizador de bailes y eventos musicales para la comunidad, y que con eso intente justificar todo lo que no está haciendo por enfrentar y resolver los problemas de su comunidad.

Al final, las intenciones también parecen encaminadas a quedar bien en lo que se pueda, y a navegar en la mejor condición posible —sin entrar en turbulencias, como las que pudieran generarse con acciones de fondo— aprovechando que la gente de esas comunidades está tan acostumbrada al latrocinio y a la desidia gubernamental, que quizá pueda hasta no pedirles cuentas por su voluntad y sus acciones a medias.

SACUDIDAS

Las que vienen en el Tribunal Superior de Justicia y en la Fiscalía General del Estado. No en todos los casos se espera lo mismo: Raúl Bolaños Cacho es un magistrado respetado, al que la comunidad jurídica nacional le reconoce su visión en el impulso al sistema de justicia acusatorio adversarial en la entidad, varios años antes que en el ámbito federal. Oaxaca fue pionero en el tema, hasta que la apatía de Ulises Ruiz y Gabino Cué casi sepultan esa vanguardia. En contraparte, a Mariana Benítez —posible relevo de Joaquín Carrillo Ruiz— la persiguen irremediablemente los fantasmas de la cuestionada investigación de la PGR sobre los desaparecidos de Ayotzinapa.

UABJO: todos, ajenos a cualquier posibilidad de rescatarla

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+ Gobierno y grupos internos, todos a favor de la “familia real”


Lamentablemente, la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca enfrenta calamidades muy superiores a las de sus sindicatos, y sus chantajes y amenazas de huelga de cada año. La Universidad, en realidad, atraviesa por una situación crítica que se agrava por el desinterés e incapacidad tanto de la administración estatal, como de la mayoría de sus grupos internos, para impulsar cambios de fondo. Con la inercia que lleva, su única ruta posible es la de la ruina.

En efecto, el fin de semana la administración universitaria anunció el fin de la huelga que había sido decretada por una facción del Sindicato de Trabajadores Académicos de la Universidad de Oaxaca (STAUO) que, para variar, había sido resultado indirecto de las presiones y chantajes orquestados por el secretario administrativo de la Universidad, Taurino Amilcar Sosa Velasco, que es funcionario universitario y a la vez impulsor del grupo sindical que organizó la huelga. La huelga —ilegalmente estallada— terminó no por las acciones jurídicas impulsadas por la rectoría para declarar su ilegalidad, o por la capacidad de concertación del gobierno estatal, sino por la firma de acuerdos hasta ahora no del todo clarificados por parte del rector, Eduardo Bautista Martínez.

Aunque este fue un alivio, todos saben que en realidad el vía crucis anual de la Universidad por la relación con sus sindicatos apenas inicia. Dentro de no mucho tiempo vendrán las acciones que impulse el STEUABJO; y luego vendrán las de los demás sindicatos (SUMA, STAUO y los otros grupos con reconocimiento como organizaciones sindicales) que igualmente presionarán a la administración universitaria no sólo para que les cumpla sus demandas y presiones de orden laboral o económico, sino también porque a través de la vida sindical de la UABJO, se desahogan buena parte de los problemas políticos que ahí existen.

En ese escenario, resulta una voz solitaria la del rector Bautista Martínez, que cada que puede insiste en señalar los graves problemas financieros que enfrenta la Universidad, y la imposibilidad de continuar cumpliendo los caprichos y demandas de todos sus sindicatos. En reiteradas ocasiones, Bautista Martínez ha dicho que la crisis económica de la universidad es profunda, pero su actitud de sometimiento a la familia Martínez Helmes le ha impedido ir más allá para exigir la clarificación de las cuentas y los estados financieros e la Máxima Casa de Estudios, que en buena medida se encuentra en crisis gracias al prolongado y desbordado control que han ejercido durante mucho tiempo el ex rector Abraham Martínez Alavés y sus hijos.

Si ese es un problema en sí mismo grave, todo se profundiza cuando se reconoce que si bien el tema financiero es grave, éste no es el peor de los problemas de la Universidad. Impacta, sí, en el hecho de que la Universidad tiene una carencia enorme de personal académico capacitado y reconocido en sus competencias reales, y que la propia administración universitaria ha fomentado y permitido la existencia de toda clase de vicios, tales como la manipulación del alumnado, la tergiversación del voto universal para las elecciones universitarias, y el discrecional y totalmente opaco sistema de asentamiento de calificaciones.

Aunque al final, la permanencia de cada uno de esos vicios es un abono a la tergiversación de la vida universitaria, y la existencia de los estrictos controles políticos por parte de la llamada “familia real”, que en el fondo se combinan con otros problemas más de fondo sobre los que nadie tiene voluntad o decisión para enfrentar y resolver de fondo.

TODOS AVALAN

A LA FAMILIA REAL

Aunque tienen una de las peores famas dentro de todos los cacicazgos universitarios en el país, nadie se ha atrevido a intervenir el poder de la familia Martínez Helmes. No lo ha hecho el rector Bautista Martínez, que no sólo no tiene ninguna voluntad para enfrentar a los Martínez, sino que tampoco podría tener la capacidad de hacerlo. Él, que es un investigador de cierto renombre y al que sus compañeros le reconocen amplias capacidades intelectuales, está totalmente solo y copado en la administración universitaria por los distintos grupos, y por los afines a los Martínez Helmes; pero además es un Rector que no tiene ganas ni fuerza para enfrentarlos.

Ello es lo que explica por qué el rector Bautista se ha resistido a reconocer la existencia de facciones contrarias dentro de la Universidad, y por qué también se ha negado sistemáticamente a entablar diálogo con los grupos disidentes en facultades y en conflictos como el de Derecho, que cualquier día podría volver a hacer crisis si al rector “legal” le vuelven a dar ganas de enviar a sus porros a tratar de desalojar a quienes tienen en su poder el edificio central universitario.

¿Por qué el rector Bautista se niega a dialogar con la disidencia en ese conflicto? Toma esa postura, no sólo porque le es más cómodo evadir el problema y no reconocerlo en su dimensión real, sino sobre todo porque es muy evidente que tiene miedo de que eso contradiga las decisiones y los intereses del ex rector Martínez Alavés, y haga algo que ponga en riesgo su supuesto bastión político de la Facultad de Derecho. Por eso, él —con todo y sus supuestas resistencias y diferencias con la “familia real”— sigue siendo el principal aliado de la permanencia en el poder de los Martínez.

En esa lógica, es trágico que hasta ahora la disidencia en el conflicto de la Facultad de Derecho tampoco haya tenido la capacidad de generar el eco y la atención necesaria en el Gobierno del Estado. Particularmente, el Secretario General de Gobierno, Alejandro Avilés Álvarez, tiene una situación más cómoda evitando involucrarse en el conflicto ya que tiene una particular cercanía con la ex rectora Leticia Mendoza Toro, secretaria General de la Universidad —el hijo de ésta, Nahum Carreño Mendoza, es el secretario Particular de Avilés—, que a su vez tiene una alianza cargada de intereses con los Martínez Helmes.

Ahí, de hecho, la responsabilidad recae no sólo en la actitud deliberadamente indolente y convenenciera de Avilés —que, como casi siempre, calcula a favor de sus conveniencias sus movimientos, importándole poco si eso mismo le conviene al Estado—, sino también en el hecho de que los disidentes de la Facultad de Derecho no han logrado afianzar un movimiento que les permita el reconocimiento universitario, pero también la intervención política del Estado para darle cauce a su problemática de fondo.

Al final, la realidad apunta que por un lado los intereses políticos, y por el otro la displicencia, terminan beneficiando a los Martínez Alavés, que a pesar de tener de rodillas a la universidad, y sus arcas verdaderamente a punto del colapso, siguen gozando de cabal salud política. Nadie ni nada los ha movido, a pesar de todo el daño que le han hecho a la Máxima Casa de Estudios; y, como van las cosas, no habrá en el futuro cercano algún movimiento que permitan entrar de fondo a la revisión de su Ley Orgánica, de su funcionamiento interno, y de la auditoría a sus cuentas.

IMPUNIDAD

A estas alturas, ya a nadie le importa que uno de los tantos socios de Jorge Castillo Díaz, fue justamente el antecesor del rector Bautista Martínez, Eduardo Martínez Helmes. Los propios ex funcionarios universitarios de aquella administración, relatan cómo contabilizaron “utilidades” ilegales del presupuesto universitario, por más de 20 millones de dólares, que habrían ido a parar a las cuentas particulares de varios personajes, incluidos entre ellos los “facilitadores” financieros del gobierno de Gabino Cué.