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Era imposible el cogobierno con la 22; hoy se pagan las consecuencias

S22

+ Alto costo, haber propuesto relación de bilateralidad; ¿Y la federación?


Las protestas de la Sección 22 del SNTE no son parte de la tradición de Oaxaca, y tampoco son hechos aislados como para simplemente negar su existencia y efectos, al sólo afirmar que “la entidad está en paz”. Las protestas del magisterio —que ahora exigen el cumplimiento de la relación de bilateralidad que el propio gobierno les prometió— tiene razones perfectamente explicables, que ahora deberían ser revisadas con todo detalle porque nadie, ni el gobierno ni la sociedad ni los sectores productivos, pueden seguir dándose el lujo de cometer errores tan costosos como estos.

En efecto, en los últimos días la Sección 22 del SNTE estableció como una de sus principales prioridades, la del cumplimiento del planteamiento hecho por el propio gobierno en febrero pasado, de establecer una relación de “bilateralidad”. Quizá él gobierno asumió que esa bilateralidad significaba una forma más democrática de conducir las relaciones educativas o políticas con el magisterio —incluso en un plano de equilibrio— lo cierto es que para la Sección 22 eso significa simple y llanamente cogobierno.

De hecho, quién sabe qué haya querido plantear el gobierno al proponer esa nueva relación de bilateralidad con la Sección 22, pero lo que sí es seguro es que el magisterio vio en esa afirmación, la puerta de entrada posible hacia la recuperación del control administrativo y político del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca, lo cual ha sido uno de sus mayores anhelos desde que éste les fue expropiado justamente en julio de hace dos años gracias al acuerdo establecido por el entonces gobernador Gabino Cué y el gobierno federal.

Incluso, desde el mes de febrero pasado, cuando se dio a conocer la intención de establecer esa relación de bilateralidad, en este espacio advertimos el enorme riesgo que ello representaba, tanto en la parte sustantiva, como respecto a las señales poco claras que ofrecía el propio gobierno respecto a sus intenciones.

El gobierno estatal —dijimos aquí el 13 de febrero pasado— entabló una nueva relación con la Sección 22 que, según parece, ha enviado señales poco claras tanto de sus derroteros como de las condiciones en que ésta ocurrirá. ¿De qué hablamos? De que por un lado el Gobierno del Estado ha reconocido la necesidad de entablar una nueva dinámica democrática con el magisterio, aunque al mismo tiempo ha dejado ver —o ha cuidado poco su discurso— la intención de generar una especie de cogobierno con la Coordinadora.

Esto, en general, ha sido muy mal recibido tanto por la opinión pública como por las voces especializadas —señalamos desde entonces—. Es perfectamente conocido en Oaxaca, y en el gobierno federal, lo engañosa que resulta la idea de que se puede cogobernar con la Sección 22, y aún más de que ese cogobierno puede darse cediendo espacios de privilegio para el magisterio. La larga experiencia oaxaqueña en el tratamiento del conflicto educativo, como una condicionante permanente para la gobernabilidad, ha demostrado reiteradamente que no es posible cogobernar con ellos; que las únicas dos relaciones posibles, excluyentes entre sí, entre el gobierno y la 22, es la del sometimiento, o la de la disputa abierta.

RELACIÓN AVENTURADA

Esa intención del cogobierno no es nueva. De hecho, el previsible fracaso de esa política se ha venido reiterando, y quedó perfectamente delineado en la administración pasada: durante los cuatro primeros años de gobierno, Gabino Cué no cogobernó ,sino que se sometió al mandato de la Sección 22; y el 21 de julio de 2015 decidió que la nueva relación con el magisterio —respaldado por el gobierno federal— sería la de la disputa abierta. Si bien ninguna de las dos es una fórmula perfecta, sí queda claro que la única forma que tuvieron los gobiernos estatal y federal de que la reforma educativa diera sus primeros pasos fue sólo a través del escenario de la confrontación abierta.

Eso explica por qué, cuando en febrero pasado el gobierno de Alejandro Murat habló de la posibilidad de generar una nueva relación de bilateralidad con la Sección 22, la generalidad de las voces que analizan cotidianamente el conflicto educativo consideraron que eso se trataba de una capitulación —es decir, una rendición— disfrazada del gobierno ante el magisterio.

Incluso, desde entonces se decía que no ayudaba el hecho de que el gobierno estatal fuera tan poco cuidadoso en la construcción de la narrativa de esta nueva relación, y que la Sección 22 —que sí entiende a la perfección este nuevo contexto— estuviera desde el inicio completamente desbordada aprovechando su posición de fuerza y la percepción a su favor, contribuyendo a la idea de que el diálogo con el gobierno de Oaxaca no es más que la formalización de un nuevo periodo —o la recuperación— de supremacía magisterial sobre el Gobierno del Estado.

En todo esto, las expresiones del gobierno federal respecto a la situación que prevalece en el sector educativo de Oaxaca no ha sido muy consistente. Ellos se han limitado a señalar que la implementación de la reforma educativa continúa con normalidad y que no hay ningún cambio en las condiciones en que se aplica la Ley del Servicio Profesional Docente. Fuera de eso, han evitado involucrarse en las suspicacias que generan las nuevas sinergias gobierno-magisterio en Oaxaca, quizá porque saben que volver a formalizar la relación de los temas educativos con la gobernabilidad, es algo así como jugar con fuego. Y como eso es justamente lo que hoy están haciendo en Oaxaca, parece que por eso están optando por el silencio.

Lamentablemente, esa opacidad en las posiciones tanto del gobierno estatal como del federal, sí están permeando de manera negativa en la percepción que se tiene de la nueva relación que están construyendo con el magisterio oaxaqueño. Esa percepción, básicamente, radica en asegurar que alguien miente: quizá mienta la Sección 22 que ahora está exigiendo el cumplimiento del compromiso de la relación de bilateralidad que dicen que tienen con el gobierno de Oaxaca. En exigencia de eso, incluso, llevaron a cabo sus movilizaciones de todos estos días, que trataron de equilibrar con su añeja —y ya cumplida— demanda de la contratación automática de los egresados de las escuelas normales de la entidad.

Si no miente la 22, entonces miente el gobierno. Hasta ahora, la administración estatal ha optado únicamente por esconder el rostro y negar todo. Incluso, no sólo han negado la posibilidad de esos acuerdos —que estarían generando las consecuencias que hemos visto por las protestas magisteriales en el marco de las fiestas de julio—, sino que incluso han negado la propia inestabilidad política argumentando que todo es fiesta, paz y colorido por la Guelaguetza.

Al final, si no mienten ni la 22 ni el gobierno de Oaxaca, entonces estaría mintiendo el gobierno federal. Casi todos los días, el titular de la SEP, Aurelio Nuño sale a algún noticiero nacional para hablar de los avances en la implementación de la reforma educativa. Dice que Oaxaca es parte de ese éxito. ¿Entonces esa relación de “bilateralidad” que pretenden construir la 22 y el gobierno de Oaxaca, está ocurriendo a sus espaldas? ¿O la SEP lo avala pero le miente a la ciudadanía al no reconocerlo?

Evidentemente, tantas contradicciones sólo revelan que en realidad sí se está intentando establecer nuevamente el cogobierno con la Sección 22. Los oaxaqueños ya sabemos que eso no sólo no funciona, sino que arrodilla y postra al Estado de Derecho frente a los caprichos magisteriales. ¿Entonces?

“TAXIS GRATIS”

¿Cuánto le va a costar a la ciudadanía, al orden público y al Estado de Derecho, que nuevamente el gobierno se haya recargado en un poder fáctico como la CTM —esos mismos que se enfrentan violentamente con sus adversarios, que cierran calles, que intimidan personas, y que ‘echan bala’ cuando se necesita— para “garantizar” la fiesta de los Lunes del Cerro? Los taxis gratis son todo menos gratis. La contraprestación quizá sea económica, desde las arcas públicas. Pero muy seguramente lo que buscan son prebendas, impunidad y todo lo que necesitan para operar. Pobre Oaxaca.

Bono de no actuación: manzana envenenada y bomba de tiempo para la UABJO

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+ La Segego entrampa los problemas universitarios; se anticipa más inestabilidad


La Secretaría General de Gobierno sigue empeñada en enrarecer la estabilidad de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca, a través de decisiones que sólo contribuyen a la crisis política que, a estas alturas, ya es inminente. El llamado “bono de no actuación” es una verdadera manzana envenenada que hoy, ante las decisiones veladas de la Segego por reencumbrar al viejo cacique Abraham Martínez Alavés, no tiene otro derrotero más que la inestabilidad universitaria.

En efecto, vale la pena entender en qué consiste, y para qué fue ideado, el llamado “bono de no actuación”. Ésta fue una prebenda que hace algunos años creó el propio gobierno estatal para tratar de generar gobernabilidad entre las agrupaciones sindicales de la Máxima Casa de Estudios. Básicamente, ese “bono de no actuación” consiste en una cantidad de dinero que el gobierno estatal decide discrecionalmente a qué sindicato universitario pagarle, para evitar movilizaciones o para desactivar la toma de instalaciones universitarias en exigencia de alguna prebenda de índole económico o político. En realidad, ese “bono de no actuación” ha sido siempre un abierto mecanismo de cooptación sindical por parte del gobierno, que lo mismo ha servido para neutralizar alguna acción que para favorecer a un sindicato en específico.

En las semanas recientes, la Secretaría General de Gobierno decidió pagar ese bono de no actuación al Sindicato Universitario de Maestros, que es el reducto sindical del viejo líder de la llamada ‘familia real’, Abraham Martínez Alavés. El titular de la Segego, Héctor Anuar Mafud Mafud habría decidido el pago de dicho bono al SUMA —por una suma superior a cuatro millones de pesos—, a pesar de que éste no es el sindicato más numeroso, de que tampoco es el sindicato titular del Contrato Colectivo de Trabajo; y de que mucho menos es el sindicato que resulte más determinante para la definición de la vida y las condiciones políticas universitarias.

En realidad, Mafud decidió pagarle al SUMA el bono de no actuación, únicamente para beneficiar a Abraham Martínez y su ‘familia real’, y sobre todo para demostrarle a todas las demás organizaciones sindicales universitarias con qué grupo están los intereses del actual régimen.

Esto no es nuevo. De hecho, en nuestra entrega del pasado 3 de julio apuntamos que, respecto a las muchas vertientes que hoy presenta el multidimensional conflicto universitario, con el hecho de que la Secretaría General de Gobierno no procurara el acercamiento y la avenencia entre las partes y no impulsara acciones concretas que resuelvan la crisis de la Facultad de Derecho —que ya rebasa a la Universidad—, sólo beneficia a Abraham Martínez Alavés, porque le sigue dando espacios y oportunidades para seguir intentando imponer su cacicazgo a través de la fuerza.

Por eso, apuntamos entonces, es muy preocupante que en este caso la Secretaría General de Gobierno no esté cumpliendo con su finalidad de ser una instancia de interlocución para los conflictos, y más bien siga alentando las maniobras de Abraham Martínez, y su grupo político, para mantenerse en los espacios de poder. Hoy queda claro que el bono de no actuación pagado al reducto sindical de Martínez Alavés, es una nueva demostración de la abierta intención de Mafud por mantener el oprobioso cacicazgo de los Martínez en la UABJO.

CONFLICTOS ANUNCIADOS

Una vez que la Secretaría General de Gobierno decidió pagar y favorecer al SUMA de Martínez Alavés, lo que se vislumbra en el panorama universitario son sólo nubarrones. Pues dicho pago ahora también lo reclama el recién constituido Sindicato Universitario de Académicos (SUA), que dirige Amado Miguel Wilches Ramiro, y del que es líder moral el ex candidato a la Rectoría, Silviano Cabrera Gómez.

Así, con el argumento de que “todos hijos, o todos entenados”, Wilches Ramiro ha realizado dos paros en Ciudad Universitaria, y con huelgas está reclamando la entrega del “bono de no huelga”. Una verdadera contradicción que sólo es explicable por la gasolina que la propia Segego le está echando al conflicto universitario.

Pues así como el SUA está ejecutando movilizaciones, en esa misma tesitura se encuentran los otros cuatro gremios, así como las tres tribus en las que está dividido el Sindicato de Trabajadores Académicos de la Universidad de Oaxaca (STAUO), entre los tres sindicatos académicos, además del Sindicato de Trabajadores y Empleados de la UABJO, el SECUABJO y el SITUABJO, entre los administrativos.

De hecho, ya es previsible que ese desastroso manejo político de la endeble gobernabilidad universitaria, será la base del conflicto que estallará a principios de agosto, cuando los universitarios —académicos, empleados y más de 30 mil alumnos— regresen de sus vacaciones del periodo de verano. Todos se pelearán como nunca por el recurso económico que el Gobierno del Estado otorga como dádiva —por supuesto, lo da a quien quiere y como quiere—, para echarlos a pelear y sacar raja política de ello.

Por eso, no es exagerado afirmar que no sólo la naturaleza del llamado “bono de no actuación”, sino su utilización discrecional e intencionada, son una verdadera “manzana envenenada” repartida entre las y los sindicalistas para que se peleen por el pastel. También por ello se prevén tomas y protestas del edificio de Rectoría y de Ciudad Universitaria al regreso de vacaciones, para tratar de poner por delante al rector Eduardo Bautista Martínez y responsabilizarlo de todo lo que ocurre, cuando en realidad el trasfondo de las movilizaciones que ya se prevén tienen como base las decisiones tomadas en la Segego, que es quien paga el bono y quien se supone que también controla los efectos políticos y de gobernabilidad por las decisiones que toma.

Incluso, afirman que los integrantes de los sindicatos que ahora se movilizarán en contra de las decisiones que sólo han favorecido al grupo de Abraham Martínez y su ‘familia real’, buscan que el rector Bautista Martínez abandere sus demandas para sumarse y pedir juntos al Gobierno del Estado que les entregue la parte de su “bono de no actuación”. Lo que ya perdieron de vista los sindicatos en sus afanes económicos, es que este problema no tiene como base ni el presupuesto ni los recursos económicos universitarios y que, de hecho, tampoco es un tema universitario.

Al final, este es un “bono de control” que, en todo caso, debería ser para impulsar la calidad académica, con premios a las y los universitarios que resalten por sus estudios y reconocimientos, para otorgar más becas o para el desarrollo institucional. Por eso mismo, la Secretaría General de Gobierno debería aclarar por qué si en general la administración estatal alega falta de recursos para atender casi cualquier problema, en este caso hubo premura y diligencia en el pago del “bono no actuación” al SUMA, y por qué se ve cada vez más clara la intención de que ello sea la punta de lanza para que los universitarios se despedacen en las semanas siguientes.

INDOLENCIA

Esa actitud sólo demuestra el desinterés del gobierno estatal por atender los problemas de fondo de la Universidad pública más grande e importante de Oaxaca. Esta es una muestra más de cómo, en lugar de ayudar, la Secretaría General de Gobierno contribuye decididamente a descomponer y enrarecer las relaciones laborales en la UABJO, ya como una práctica sistemática. Quién sabe si pensarán que Abraham Martínez aún puede ser un activo para los tiempos electorales, o si de plano este es un intento más por volver al pasado.

Feria del Mezcal: el gobierno la organiza pero ya no sabe ni para qué lo hace

FIM

+ Secretaría de Economía debe fijar específicamente su objetivo sobre el mezcal


Dentro de las muchas interrogantes que pesan sobre las fiestas de julio en Oaxaca, se encuentra la interrogante de por qué siguen organizando la Feria Internacional del Mezcal (FIM). Su finalidad inicial, fue la de incentivar la posibilidad de que la incipiente industria del mezcal se diera a conocer en el mercado local, y comenzara a ser un producto apreciado entre la población, que hace dos décadas veía al mezcal como una bebida alcohólica de baja categoría y calidad. De entonces a la fecha, el mezcal oaxaqueño ha sufrido una enorme transformación en la percepción social. Pero lejos de evolucionar, parece que la Feria es un evento extraviado que carece de finalidades y utilidad tanto para la industria como para los consumidores.

En efecto, hoy la Secretaría de Economía del Gobierno del Estado presentará la vigésima edición de la Feria del Mezcal, que estuvo a punto de cancelarse y que internamente pasa por una crisis generada por las desavenencias entre el gobierno y el Patronato Nacional de la Industria del Mezcal, que hoy están enfrentados tanto por la organización de la feria como por sus dividendos derivados de la taquilla y la venta de espacios para los expositores. Se han centrado en eso, como si ello fuera lo importante, y han desatendido toda posibilidad de darle a la Feria del Mezcal la utilidad que podría tener tanto para quienes intentan colocar sus destilados, como para los que quieren conocer más acerca del producto, o quienes quieren tener acercamientos con mezcaleros para efectos comerciales.

Nada de eso está presente en la Feria del Mezcal, y eso es muy grave. Prácticamente desde que se creó, la FIM ha sido cuestionada por lo que algunos califican como “una gran cantina a cielo abierto”. No se equivocan, aunque en realidad esa debiera ser sólo la primera de las críticas que, luego de veinte años de organización, ya tendría que estar superada por alguna otra —o un conjunto— de sus demás finalidades posibles. El problema es que la FIM sigue anidando los vicios de la vieja promoción al consumo sin establecer mecanismos más atractivos para la comercialización, la culturización o la promoción de inversiones para estimular el crecimiento de la industria.

De hecho, si a la FIM la cuestionaban por el dispendio descontrolado de alcohol entre sus asistentes, eso ya tendría que haber sido erradicado a partir de argumentos muy concretos: las famosas “pruebitas” deberían haber desaparecido para darle paso a procesos más elaborados de culturización sobre las propiedades químicas y sensoriales del producto, que en alguna medida son las que han colocado al mezcal dentro de los mercados más selectos de la gastronomía, la coctelería y las bebidas embriagantes en México y el mundo.

Eso es justamente lo que hacen otros eventos, en otras entidades federativas, que también promueven a la industria del mezcal, pero que lo hacen a partir de que las personas paguen el alto costo del producto derivado del reconocimiento a sus propiedades sensoriales, químicas y demás. Eventos como el Festival Dardo y las Ferias del Mezcal de otros estados del país están dedicados a esas finalidades, mientras la Feria del Mezcal de Oaxaca sigue atrapada en el engaño de la “pruebita” de mezcal como gancho para que sólo algunos de los miles de asistentes compren alguna botella, casi siempre de bajo precio.

NO HAY DERROTEROS

En esa lógica, la Feria del Mezcal tampoco sirve para la promoción del producto entre quienes están interesados en los llamados mercados gourmet, orgánico y hasta el hipster. Eso, en algunos momentos, lo ha hecho el gobierno pero como parte de otros programas sin estimular la posibilidad de que exista una culturización más masiva —entre los oaxaqueños— del mezcal como parte de la gastronomía, la cultura y las bebidas tradicionales de los pueblos de Oaxaca. Es verdaderamente trágico que la gran mayoría de los oaxaqueños que beben mezcal, sepan prácticamente nada de dicha bebida. El problema es que el gobierno y los organizadores de la Feria del Mezcal no se preocupan por ese rubro, aunque después consumidores y promotores se quejan de quienes más saben del mezcal oaxaqueño… no son oaxaqueños.

Junto a eso, la Feria Internacional del Mezcal tampoco tiene derroteros definidos respecto a la comercialización. La Feria no está acompañada de programas más agresivos de atracción de comercializadores, exportadores y brokers que utilicen a la Feria como un escaparate para conocer la enorme diversidad de marcas y productos oaxaqueños, y para entrar en contacto con productores, comercializadores y distribuidores que permitan la expansión de los alcances del mezcal, que aún siguen siendo muy cortos para el potencial que aún tiene como producto de primera calidad.

Evidentemente, si ello no ocurre mucho menos existe la posibilidad de que la Feria sirva para promover las inversiones en la industria mezcalera. Este, que tampoco es un rubro nuevo ni desconocido, es el que por la indolencia y la abulia gubernamental, ha provocado que el proceso de inversión sea según las reglas del mercado, en las que casi siempre quien termina perdiendo es el productor de mezcal, que es el menos aventajado y el que acaba malbaratando su producto a quienes tienen cierto capital para invertir, y que como es casi natural buscan la mayor ventaja para maximizar las utilidades del dinero que le mete a la industria. Por eso, sí hay inversiones pero éstas casi nunca tienen como origen la Feria del Mezcal.

Incluso, la Feria Internacional del Mezcal tampoco sirve como escaparate para conocer los mezcales de otras regiones del país. No puede ser internacional, porque nunca ha habido la reciprocidad con otro país, para que exhiba alguna bebida alcohólica endémica de su región y reconocida con alguna denominación de origen, y eso le de el sentido internacional a la Feria. Y ni siquiera podría ser una Feria Nacional del Mezcal, porque en los últimos años el gobierno ha fracasado en los intentos de que vengan mezcaleros de otros estados de la República —aparte de Oaxaca, otros ocho estados cuentan con la protección de la denominación de origen mezcal—, y para el presente año tampoco se tiene proyectada la presencia más que de algunas marcas aisladas de mezcales de alguna otra región, sin que ello signifique una presencia importante de otros mezcales, variedades, o regiones del país.

En el fondo, la situación de la FIM es trágica porque mientras en otros estados la forma de concebir las ferias y los festivales de bebidas alcohólicas se han transformado y han evolucionado de manera notable con fines comerciales, de culturización o de promoción específicos, en Oaxaca la Secretaría de Economía insiste en que se siga organizando la misma Feria Internacional del Mezcal de hace diez o quince años, que la atención se siga centrando en la captación de recursos por concepto de taquilla, y se siga estimulando el trato diferenciado —y desigual— entre productores grandes y pequeños para tener presencia en la feria. A los pequeños se les cobra y se les limita, y a las tres o cuatro marcas más grandes les dan cancha libre para que hagan lo que quieran con los espacios y las actividades dentro de la Feria del Mezcal.

SE, EXTRAVIADA

La Secretaría de Economía dice querer promover la Feria del Mezcal, pero no sólo no estimula, sino que claramente desalienta la presencia de los medios informativos en general, y mucho más a los poquísimos medios especializados en ese mercado. Quizá por eso, sus ingenuos funcionarios siguen pensando que habrá quien haga fila y ruegue por una acreditación para la FIM, para lo cual piden requisitos francamente burocráticos y hasta ofensivos. ¿A quiénes querrán invitar entonces? ¿Al Tv notas? ¿A las artistas de Televisa? ¿A Pati Chapoy? ¿De veras caerán en tal frivolidad? ¿O de nuevo tendrán una Feria que no sirve más que para demostrar su ramplona visión sobre la única industria local que, a pesar de ellos y sus extravíos, genera empleos y economía en Oaxaca?

La crisis del nuevo modelo de justicia debe ser referente para el SNA

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SNA

+ Crítico, enfrentar a las instituciones contra las resistencias humanas


Nada garantiza que el nuevo sistema de justicia penal prevalezca en sus condiciones actuales. Al contrario: parece haber —y en este espacio lo hemos señalado con abundancia— una especie de “alianza” entre diversos poderes fácticos y formales para consumar una contrarreforma al sistema, disfrazada de un “ajuste” que no haría sino hacernos retroceder varios pasos hacia el modelo inquisitivo que se supone que tendría que estar en vías de desaparecer. Si no entendemos de fondo la lección —y la premonición— que eso representa, entonces estaremos destinados a repetir el fracaso con el Sistema Nacional Anticorrupción.

En efecto, es clara la intención de reformar el recién estrenado sistema de justicia penal acusatorio adversarial, para restablecer algunos criterios relacionados con la prisión. Parece quedar claro que la idea prevaleciente en la mayoría de las conciencias del país, es la que apunta a que frente a la comisión de los delitos que socialmente se consideran como graves, debe haber una respuesta ineludible de privación de la libertad.

No se ha entendido —ni se ha querido comprender— que en realidad el nuevo sistema de justicia penal no dispone en sí mismo la tasación de los delitos según su gravedad, sino la consideración de las circunstancias que envuelven al imputado —es decir, a la persona a la que se le acusa de la comisión del delito— para establecer la prisión según las condiciones. Así pues, el sistema permite al juez aplicar su propio criterio en el establecimiento de las medidas que deba imponer no para mantener necesariamente en prisión a la persona que lo comete, sino para garantizar las condiciones para que éste permanezca sujeto al procedimiento penal que se inició en su contra.

En esa lógica, la Constitución, el Código Nacional de Procedimientos Penales, y los códigos procedimentales en materia penal de las entidades federativas, en lo que son aplicables respectivamente, establecen sólo un catálogo mínimo de delitos por los que se puede imponer la prisión preventiva oficiosa. Esos delitos son, entre otros, homicidio, violación, secuestro, delincuencia organizada, delitos cometidos con el uso de armas de fuego y violencia, y los que tienen que ver con la corrupción de personas menores de 18 años de edad.

Sólo en esos casos, el Juez debe imponer prisión preventiva al imputado, al margen de las circunstancias en que ocurre la presunta comisión del delito. Pero en los demás casos —como es la portación de armas de fuego, robos y algunos otros por los que hoy en día muchos pretenden culpar al sistema de justicia por ser una “eterna puerta giratoria” por la que entran y salen de prisión los delincuentes— es el Juez quien debe considerar las medidas cautelares que le imponga al imputado son las suficientes para que éste no se sustraiga de la acción de la justicia —pudiendo incluso decretar la prisión preventiva oficiosa si esa es la medida que considera como indispensable para que una persona que, por ejemplo, ha sido reincidente; que no tiene arraigo en la entidad donde cometió el delito; que no puede ofrecer certeza de su permanencia; o que a juicio del juez representa un riesgo de sustracción del procedimiento que existe en su contra.

Así pues, en realidad el problema de la “eterna puerta giratoria” en realidad no es responsabilidad de la ley, sino del conjunto de operadores del sistema: jueces, fiscales, peritos, policías investigadores, abogados y demás participantes, son quienes tienen la responsabilidad de actuar con eficacia en las facultades discrecionales que la propia ley les da para que establezcan medidas según su tasación de circunstancias, y su criterio. Y por eso mismo, esa “eterna puerta giratoria” que evidentemente constituye y promueve injusticias, en realidad no es responsabilidad del sistema, sino de quien no lo está aplicando en los términos que debería.

¿Cuál es el resultado? Que hoy vemos un bombardeo brutal de opiniones deliberadas —y muchos oficiosos que no saben ni de lo que hablan, pero que repiten cómodamente los supuestos argumentos en contra del sistema de justicia penal— y de intenciones de funcionarios federales, gobernadores, legisladores y hasta de medios de comunicación, que se pronuncian a favor de una contrarreforma al sistema de justicia penal, como si con ello resarcieran el problema de que los operadores del nuevo modelo de justicia no están actuando a la altura de las circunstancias del país, ni de las exigencias que establece el propio sistema.

EL SNA, QUE PONGA SUS BARBAS A REMOJAR

Hay otro problema en puerta, tanto o más grave que el relacionado con el nuevo sistema de justicia: somos testigos de cómo en el país, el propio sistema político está frenando —hasta el oprobioso límite de sus capacidades de resistencia— la conformación de todos los órganos y normas que integran el Sistema Nacional Anticorrupción.

Concretamente, han hecho todo para no definir los nombres y los alcances de la Fiscalía Anticorrupción, y para no permitir el avance de los comités que integran el Sistema. A partir de esa pauta, lo siguiente que veremos son los obstáculos para la puesta en marcha de las atribuciones del propio Sistema. Y si no vira la forma de entender sus alcances, después veremos el cuestionamiento al Sistema como el mecanismo de demostrar que éste no sirvió y que por esa razón se debe reformar —o contrarreformar— para supuestamente corregir los errores pero muy probablemente para frenar de manera definitiva sus capacidades de fiscalización, control y persecución de los delitos y faltas relacionados con la gestión pública.

Lamentablemente, el sistema de justicia está poniendo la pauta: aunque tardó ocho años para entrar en vigor, hoy resulta que —relativamente— muy pocos operadores e instituciones se tomaron en serio la responsabilidad de reaprender todo lo necesario para hacer funcional y eficaz dicho modelo, y hoy que esas circunstancias han hecho turbulento el avance del sistema, otras voces oportunistas apuntan a que es mejor reformarlo y hacerlo retroceder para que entonces sí se cumplan las expectativas del binomio delito/prisión que quieren seguir viendo todos aquellos que justamente no quieren que las cosas cambien, y que tampoco están de acuerdo en que sean las propias circunstancias las que pongan a prueba a las instituciones, para que éstas se crezcan ante esos retos.

Al final, es claro que la corrupción y la impunidad son dos de los más grandes flagelos que enfrenta nuestro país. El de la impunidad intentó abordarse a partir del establecimiento de un nuevo modelo de justicia que pusiera a las víctimas en la cúspide de su operación y de sus prioridades, pero que hoy está siendo sometido a fuertes presiones gracias a sus errores de aplicación. Exactamente lo mismo puede ocurrir con el Sistema Nacional Anticorrupción, si al final triunfan las intenciones de todos aquellos que no sienten fragmentada su alianza permanente por llevar a la quiebra al Estado de Derecho en México.

EL PLANETARIO

No sólo para la Secretaría de Administración, sino para todo el Gobierno del Estado, sería una muy buena forma de celebrar las más de cuatro décadas de existencia del Planetario Nundehui, modernizándolo. Dicen los expertos, que ese es el último planetario del mundo que sigue —medio— funcionando con diapositivas fotográficas y proyectores de los años setentas. Quién sabe si en realidad sea el único en esas condiciones, pero lo cierto es que en todos los demás planetarios del país, las proyecciones se hacen por computadora, con tecnología de imagen de alta definición, y sonido de alta fidelidad. ¿Lo sabrán?

En este país al revés, el único consenso es a favor de las contrarreformas

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Juicios

+ Modificación al sistema de justicia, y en asuntos electorales, los ejemplos


Es inaudito que mientras la política nacional es un caos, el único consenso político aparente sea a favor de una contrarreforma. Es lo que están intentando conseguir desde diversos frentes, todos aquellos que se han pronunciado por una modificación a las condiciones de operación del nuevo sistema de justicia penal. Si consiguen también el aval legislativo —que no es complicado, dadas las condiciones actuales de esa discusión— entonces estaríamos en el preámbulo de la consumación de una de las más grandes felonías cometidas, desde el poder público, en contra de sí mismo, y de las personas. Vale la pena reflexionarlo y entender la trascendencia de ello.

En efecto, desde hace varios meses el jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera Espinosa, ha sostenido que la puesta en funcionamiento del nuevo sistema de justicia penal acusatorio adversarial, ha sido la causa del incremento en los índices delictivos de la capital del país.

Sin argumentar demasiado, y sin ofrecer tampoco datos corroborarles de sus afirmaciones, ha responsabilizado al sistema de justicia y con ello ha intentado disculparse ante la ciudadanía por la explosión delictiva que hoy azota a la Ciudad de México. Su remedio propuesto, hoy llevado ya a la arena nacional, ha sido el de modificar algunas condiciones de justicia para eliminar lo que ahora otros mandatarios han denominado como “hipergarantismo”. Algo verdaderamente atroz, si consideramos que lo que está en juego es el catálogo de derechos fundamentales que compartimos todas las personas.

De hecho, Miguel Ángel Mancera ha hecho de la contrarreforma al Sistema de Justicia Penal su principal tema, ahora que preside la Conferencia Nacional de Gobernadores. Esa bandera ha sido ahora compartida por otros gobernadores que también tienen problemas con sus índices de criminalidad, y que también encontraron la ruta fácil de secundar las intenciones de Mancera de eliminar algunos de los principios del sistema acusatorio para evitar que ese “hipergarantismo” permita que los delincuentes enfrenten sus procedimientos fuera de prisión.

En términos sencillos, eso apunta a regresar, así sea parcialmente, al sistema de justicia que se supone que abandonamos en junio del año pasado cuando entró en vigor la llamada reforma penal; y a volver a esquemas de justicia que sostenidamente probaron ser tan nocivos —y mucho más—, como los que ahora se satanizan por quienes no han entendido que uno de los imperativos de la toda reforma de gran calado radica en ajustar su funcionamiento sobre la marcha, a partir de la experiencia.

El problema, en este caso, apunta a que esa experiencia que ellos están socializando y haciendo pasar por válida, en realidad es la justificación de la ineptitud y la indolencia de las autoridades de los tres órdenes de gobierno por hacer lo que es correspondía, en el tiempo y las circunstancias correctas en lo que corresponde a los esquemas de capacitación y profesionalización de todos los que participan en el nuevo sistema de justicia. Como no lo hicieron cuando debían, hoy el sistema penal no funciona bien. Y lo que quieren es aplicar una contrarreforma para eliminar de la ley los imperativos que ellos no cumplieron, sin reconocer que su prioridad tendría que radicar en ajustar sus políticas y conductas a los requerimientos actuales.

EXTRAÑA UNANIMIDAD

El primero fue Mancera, pero detrás de él han venido otros gobernadores. Los de Hidalgo, Durango, Querétaro y Nuevo León expresaron que el próximo lunes la Conago —ese órgano de gobernadores que con el tiempo se ha ido erigiendo en un grupo de presión, más que en un contrapeso del poder federal— solicitará al Congreso de la Unión cambios legales al nuevo Sistema de Justicia Penal, ante la posibilidad de que miles de reos salgan de la cárcel si solicitan una revisión de su caso para seguir su proceso en libertad, como lo determinó la Suprema Corte, y afinan propuestas para una eventual reforma.

El gobernador de Hidalgo, Omar Fayad dice, por ejemplo, que estudian propuestas de reforma al nuevo sistema penal acusatorio, para evitar “hipergarantismo” que permita a presuntos delincuentes enfrentar sus procesos en libertad, en menoscabo del derecho de las víctimas a tener justicia. Estableció también la necesidad de revisar, en particular, la reclasificación del delito de portación de armas de fuego como no grave, razón por la que los indiciados a causa de ese ilícito no pisan la prisión, tema que “preocupa”, dijo.

“Estoy impulsando una buena parte de la reforma al nuevo sistema de justicia penal acusatorio para reforzarlo, porque los operadores de la justicia, como son los jueces y los ministerios públicos, nos están refiriendo una serie de actitudes de la delincuencia de estar aprovechando algunas cosas del sistema donde hay hipergarantismo o garantismo extremo (…) Se trata de que esto no suceda, queremos exacto equilibrio entre los derechos de los imputados, que deben respetarse todos sus garantías, en eso no vamos a retroceder, pero tenemos que garantizar que no se vayan a poner por encima de los derechos de las víctimas”, señala.

Fayad refutó que los gobernadores busquen señalar fallas al Sistema de Justicia Penal Acusatorio para evadir responsabilidades. “No se trata de que nos justifiquemos o justifiquemos a la violencia. Por eso se realiza una amplia valoración con participación de víctimas, académicos, y la mayoría coincidimos en que debemos ayudar a desarrollar el sistema de justicia”.

El gobernador de Durango, José Rosas Aispuro dijo que los mandatarios coinciden en que se tiene que modificar el nuevo sistema de justicia, porque hay personas que pudieran incluso estar en libertad cuando fueron detenidos por portación de arma. “Vamos a firmar un manifiesto todos los gobernadores para pedirle al Poder Legislativo que legisle en esa materia, pero también estamos tomando medidas en torno a una posible salida [de presuntos delincuentes] de esa manera”, dijo el mandatario al término de la ceremonia por el 15 aniversario de la Fundación de la Conferencia Nacional de Gobernadores.

Francisco Domínguez, mandatario de Querétaro, explicó que van a mandar una carta pública, suscrita por todos los gobernadores, para urgir primero a la Cámara de Diputados y luego al Senado, para que todo lo que determinó la SCJN, respecto a que los criminales sigan su proceso en libertad, se revisen, porque es uno de los defectos del nuevo Sistema de Justicia Penal. “Todos los gobernadores mandaremos una carta pública en todos los medios, a más tardar el lunes, donde los integrantes de la Conago urgimos, con todo respeto, empezando por la Cámara de Diputados y siguiendo al Senado, que todo lo que ordenó la SCJN para que los criminales sigan su proceso en libertad, se revisen. Esos son los defectos del nuevo Sistema de Justicia Penal”.

PRESIONARÁN A LOS LEGISLADORES

El presidente Enrique Peña Nieto ha sido ambiguo en el tema, pero no ha rechazado la posibilidad de una contrarreforma. Y la postura legislativa es la que más preocupa, porque ni por bancadas ni por entidades federativas, ha habido pronunciamientos consistentes a favor o en contra. Parece que los únicos que defienden la preservación del sistema de justicia en sus condiciones actuales, está en quienes lo crearon y en quienes directamente lo operan. Pero ellos no tienen la fuerza y la presencia política de los gobernadores. Así, con esa extraña, inusitada —y nociva— unanimidad que parece haber entre gobernadores, lo que podría ocurrir es que presionen a sus diputados federales y senadores, para hacer que esta contrarreforma pase. Sería la demostración de que existe una nueva grieta en el sistema federal, a partir de la cual algunos se ponen de acuerdo para frenar el perfeccionamiento —así sea turbulento— del Estado de Derecho.

¿Ley de Protección a Periodistas en Oaxaca… o fortalecer el Estado de Derecho?

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+ Nuevas leyes sí son bienvenidas, pero sólo después de terminar con la impunidad


 

El pasado viernes, la Asociación de Periodistas de Oaxaca A.C., tuvo la deferencia de invitar al autor de esta columna a un foro denominado “Oaxaca, leyes e instituciones para periodistas”, en el que varios ponentes realizaron un análisis críticos a las iniciativas de Ley de Protección a Periodistas que se encuentran en estudio en el Congreso del Estado, así como de los mecanismos y protocolos —los que ya existen, y los que deben ser creados— de atención a comunicadores cuando se encuentran en una situación de riesgo por el ejercicio de su labor informativa.

En efecto, en ese encuentro el autor de este espacio expresó algunas ideas que, además de lo que diversas notas informativas ya señalaron durante los últimos dos días, son importantes a considerar para el análisis crítico de la situación y las propuestas, las cuales se transcriben a continuación.

En una de sus últimas reflexiones académicas publicadas, el finado constitucionalista mexicano Jorge Carpizo McGregor, criticaba que en México había una carrera desbocada en la modificación y creación de nuevas leyes, y en las reformas y adiciones a la Constitución, con la intención de que diversas situaciones se establecieran en la ley, e incluso en la Constitución “para que ahora sí se cumplan”.

Esta situación bien puede ser la de la anhelada y malograda legislación en materia de protección a periodistas. Es bienvenido y se saludan los esfuerzos que diversos órganos han hecho en la materia, aunque lo cierto es que la realidad nos aplasta y revela que México es uno de los países que representa el mayor riesgo para la libertad de expresión en el mundo. Resulta que aquí el problema es sistemático porque no sólo existe un clima generalizado de impunidad que invita diariamente a muchas personas, a cometer delitos en contra —o no— de comunicadores sin el temor a ser presentados ante la justicia, porque saben que sólo existe una milésima posibilidad de que eso exista.

Ese mismo clima de impunidad es el que ha invitado tanto a particulares como a propios agentes del Estado a cometer delitos en contra de comunicadores. Razones en concreto puede haber varias. Sin embargo, es cierto que una de las más importantes es la incomodidad que genera para algunos el ejercicio de la libertad de expresión, y los amplios márgenes de libertad que ese clima de impunidad les permite para cometer delitos sin ninguna consecuencia esperable.

Pareciera que la respuesta del Estado es todo menos lo esperable. ¿Qué han hecho? El gobierno federal ha asumido la postura de siempre: ante hechos que agravian e indignan a la sociedad, propone mecanismos irrealizables de protección y atención a esos problemas. La otra respuesta son las normas de protección a periodistas que, como decía el doctor Carpizo, en gran medida significan una especie de “relegislación”, abúlica e innecesaria, a partir de la cual pretenden normar lo que ya está regulado; establecer criterios ambiguos y muy posiblemente contraproducentes, e incluso contradictorios y atentatorios en contra de los principios deontológicos más básicos del ejercicio periodístico y de la libre expresión en México según sus propios principios constitucionales.

¿NUEVAS LEYES?

Hago referencia a la iniciativa del diputado Horacio Antonio, que actualmente se enceuntra en análisis ante el Congreso del Estado. Y de esa propuesta, que coincide en mucho con otras que se han presentado en otros momentos a la Legislatura oaxaqueña, me refiero a tres ejemplos: 1. El establecimiento de los mecanismos de protección. 2. El intento desafortunado, temerario y hasta contraproducente, de normar principios éticos y deontológicos. 3. El Fondo de Protección a Periodistas.

Respecto al primero de los puntos, la iniciativa establece la creación de una Comisión de Prevención y Protección de los Periodistas en el Estado de Oaxaca. Inicial y esencialmente, este órgano presenta los mismos problemas que como ocurre en el ámbito federal: es un órgano burocrático, carente de nivel y ascendencia social y política, e incluso desprovisto de la atención que debería requerir un órgano encargado de enfrentar y atender uno de los rubros que más agravian a la sociedad, como lo son los delitos y agresiones cometidas en contra de la libertad de expresión.

Todos lo sabemos: cuando en la ley hablan de “representantes de la Secretaría X…” en realidad se está disculpando al Titular de ese órgano de asistir y atender esa responsabilidad, para limitarse a lo que dice la ley: enviar un representante, que lo mismo puede ser alguien comprometido que ser un funcionario de segundo, tercero o cuarto nivel, que sólo cumpla con el requisito de acudir a las reuniones, pero sin ningún vínculo con la importancia de la Comisión. Y el gobierno, todos lo sabemos, está atiborrado de gente dispuesta a sólo cumplir con los mínimos de la ley y sus responsabilidades, sin involucrarse mayormente en los asuntos que se les encargan.

Me refiero ahora, al establecimiento de principios como la cláusula de conciencia, o de conceptos como la “orientación informativa” o la “línea ideológica”. ¿Sirve de algo establecer lo que ya está en la ley? El ejercicio libre de la libertad de expresión está normado en los artículos 6 y 7 constitucionales; la libertad de trabajo lícito, en el artículo 5; la libertad de asociación en el artículo 9; los derechos de autor y firma en las leyes ordinarias sobre ese tema; y el secreto profesional, es un elemento inherente a diversas profesiones y oficios, que incluso se inscribe en la esfera de lo indecidible para el marco jurídico —es decir, de esos linderos que la propia autoridad no puede cruzar ni con los médicos, ni con los abogados, ni con cualquier persona que tiene al secreto profesional como una de las bases del propio ejercicio de sus funciones—. ¿Caeremos entonces en la tentadora vaguedad de re legislar esto “para que ahora sí se cumpla”, como lo criticaba el doctor Carpizo?

Ahora bien, con la cláusula de conciencia el propio legislador puede entrar en terreno pantanoso. ¿Por qué no mejor propone un “código ético obligatorio” para que entonces termine de exhibirse en su ignorancia? La cláusula de conciencia, bien lo sabemos, comprende el conjunto de principios morales, éticos y hasta sociales, a partir de los cuales un profesional puede optar por dejar de hacer algo incluido en su catálogo de actividades, cuando eso atenta contra sus principios.

Otro de los aspectos que me parecen centrales de abordar es el relativo a las infinitas tentaciones que representa el llamado Fondo para la Protección de las y los Periodistas. En específico, mis reservas se centran en el hecho de que considero que somos un grupo que enfrenta riesgos por la naturaleza de nuestra labor y por las circunstancias que imperan en el estado y en el país, pero que ello no debe llevarnos a la confusión de asumirnos como un grupo vulnerable. No lo somos. Ni tenemos por qué considerarnos así, ni permitir que bajo ninguna circunstancia se nos intente tratar o asumir como tal.

UNA DISCUSIÓN INTEGRAL

Al final es necesario que pensemos en propuestas integrales, y las exijamos. De qué sirve crear una nueva ley que será como los llamados a misa, mientras prevalezcan la impunidad.  La impunidad es el caldo de cultivo de las agresiones a periodistas, y más allá de leyes especiales, tipos penales, endurecimiento de penas, y otras medidas que sí son necesarias, lo primero que debemos exigir es que las autoridades hagan su trabajo. Asimismo, en la discusión sobre las leyes y mecanismos relacionados con la protección a periodistas debemos estar los periodistas; debemos estar para ser considerados y para ser incluidos en esta discusión que no sólo es de burócratas, de políticos, de servidores públicos o de legisladores.

Raúl Cruz emula los abusos de Galdino Huerta en Santa Lucía del Camino

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+ Alcoholímetro, bares y actividades cuestionables, invisibles para Munícipe


Santa Lucía del Camino ha padecido largamente por la displicencia de sus autoridades municipales, y de su marcada voluntad por evadir algunos de los problemas de fondo de esa demarcación. Acaso el ejemplo más negro de ese tipo de autoridades fue Galdino Huerta Escudero, quien en poco tiempo convirtió a Santa Lucía en un espacio franco para diversas actividades prohibidas en cualquier otro municipio conurbado a la capital, y rápido también se fue en contra de sus propios gobernados, para exprimirles su economía y someterlos a cualquier cantidad de abusos. Y lamentablemente, Raúl Cruz González ya anda sobre los mismos pasos de su antecesor.

En efecto, con Huerta en Santa Lucía explotaron diversos abusos que hoy siguen ahí. Uno de ellos, el más conocido de todos, fue el del florecimiento de los centros de vicio y casas de prostitución, que llegaron incluso al extremo de “anunciarse” a la ciudadanía a plena luz del día ya no como botaneros, sino abiertamente como prostíbulos y casas de citas. Ávido de dinero, Huerta se dedicó a expedir licencias para el funcionamiento de bares, cantinas y “centros de entretenimiento”, por lo que incluso se distanció y peleó abiertamente con la mayoría de los integrantes de su Cabildo, a dos de los cuales incluso intentó meter en la cárcel.

Hoy en día existen muchos más bares, cantinas y prostíbulos en Santa Lucía del Camino, que los más de 300 que ya estaban antes de llegar Huerta al gobierno municipal de aquella demarcación. ¿Qué ha hecho Raúl Cruz al respecto? Evidentemente, nada.

Y no sólo eso: desde el inicio de su administración, en el mes de enero pasado, Cruz justificó su inacción frente a ese, que es uno de los grandes problemas, y uno de los mayores riesgos para la población, argumentando que como no había ocurrido ningún proceso de entrega-recepción entre la administración saliente y entrante, él no tenía ningún documento que le permitiera saber el número exacto de centros de vicio y/o prostitución que existían “legalmente” en la demarcación; y que por esa misma razón, Huerta no había entregado los sellos y la papelería oficial por lo que, dijo, éste podría seguir entregando permisos ante fechados para “legalizar” la existencia de esos establecimientos.

En ese sentido, Raúl Cruz ha preferido voltear para otro lado y fijar su atención en otros temas, evadiendo su responsabilidad de, por ejemplo, realizar inspecciones o revisiones a todos esos documentos oficiales al amparo de los cuales funcionan centenares de centros de vicio en aquella demarcación. Nunca ha reconocido que hacer eso significa un riesgo para su integridad y la de los funcionarios municipales, porque eso lo llevaría a también reconocer que en Santa Lucía ocurren otro tipo de actividades ilícitas de mucho mayor envergadura.

Más bien, lo que ha hecho es ignorar el problema en una especie de política de no meterse ni mover nada alrededor de los centros de vicio que ha solapado. Lo más que ha llegado a hacer es asegurar que durante su administración no se han expedido nuevas licencias para bares o cantinas, aunque en realidad esa es la última parte de un problema mucho mayor que radica en la incertidumbre sobre el funcionamiento de todos los establecimientos que ya existen y que funcionan de manera permanente, o intermitente, las 24 horas del día, todos los días del año.

EL ALCOHOLÍMETRO

Ese es otro rubro en el que Raúl Cruz se está convirtiendo en un pequeño, ávido y abusivo émulo de Galdino Huerta. Durante la gestión anterior, los puntos de revisión conocidos como alcoholímetros sirvieron para extorsionar y despojar a la ciudadanía de recursos económicos frescos, importándoles poco la integridad y la salvaguarda de las personas que conducen un vehículo de motor bajo los influjos del alcohol, y todos los que se encuentran alrededor de éste.

En algo que parecía inaudito, en los puntos de revisión de alcoholímetro en Santa Lucía del Camino, si un conductor ebrio llevaba la cantidad de dinero suficiente para pagar la multa correspondiente, así como los costos ocasionados por la inmovilización y arrastre del vehículo, podía continuar su camino; cuando en todos los demás puntos de revisión de alcoholímetro municipales, estatales y federales, por lo menos para la persona que es arrestada la sanción es inconmutable y debe permanecer retenida por un periodo que va de las 24 a las 36 horas, incluso habiendo tramitado un amparo. Pero además de todo eso, los costos de las multas, corralón y arrastre en Santa Lucía del Camino, eran con Huerta y siguen siendo con Cruz, de los más altos que un Ayuntamiento tenga autorizado a cobrar en Oaxaca.

No obstante, Raúl Cruz comienza a imprimirle su impronta al jugoso negocio del alcoholímetro. Pues si bien continúa la práctica de liberar al conductor ebrio a cambio de una multa –que ronda, según los parroquianos que han tenido la desgracia de haber caído en esos puntos de revisión, entre cinco y siete mil pesos sólo por la liberación de la persona, mas no por la recuperación del vehículo—, ahora aseguran que se ha popularizado el hecho de que los encargados de esa situación omiten la entrega de los recibos correspondientes.

Luego, señalan que después de haber pagado tal cantidad por la liberación de la persona que conduce bajo los efectos del alcohol, también hay que pagar otra cantidad de dinero por concepto de multa al vehículo, independientemente de que hay que pagar también por el arrastre y el uso de corralón para la unidad.

En el caso del punto de revisión que instalan en el cruce de Avenida Ferrocarril y Avenida Hornos, los vehículos sólo son arrastrados unas tres cuadras, ya que el encierro de vehículos se encuentra a espaldas de las oficinas del Instituto Nacional Electoral, que se encuentran sobre Hornos, casi llegando a la Avenida Lázaro Cárdenas. Aún así, por esos dos conceptos de arrastre y corralón, deben pagan alrededor de mil pesos; y al final, el Ayuntamiento sólo expide un documento que se entiende que es un oficio de liberación de la unidad, pero que no hace mención de los pagos que se realizan tanto por liberar a la persona del arresto, como respecto a la unidad.

Y lamentablemente si ese es un rasgo que lo ubica en el mismo rasero de su antecesor, a Raúl Cruz también le está carcomiendo su mala planeación de obras. Pues, volviendo al ejemplo de Avenida Ferrocarril, hay tramos enteros en los que su administración realizó obras hace más de dos meses, que continúan abiertos y, por ende, intransitables. Cada que bloquean puntos como el Monumento a Juárez o el crucero del IEEPO, el tráfico se carga sobre Lázaro Cárdenas —que está cerrado a la altura del Centro de Convenciones— e irremediablemente sobre Avenida Ferrocarril, que es la única arteria que queda para desfogar todos los vehículos que son desviados. Ahí, la ineficiencia y la indolencia de la gestión de Raúl Cruz se hacen presentes demostrando que tampoco en ese rubro ha logrado hacer algo notable.

PROTAGONISMO

En lo que sí es un ejemplo es en el protagonismo que ha demostrado. Carretadas de tuits y publicaciones, en las que su intención real es hacerse presente en las redes del Gobernador del Estado, para atraer su atención. Pareciera, pues, que él y su esposa gobiernan —así lo han reconocido en varias ocasiones, cuando se refieren a la gestión municipal como “nuestro gobierno”— más para llamar la atención de la clase política, que para entrarle de lleno a los problemas de fondo de ese lastimado municipio, que no ha logrado superar el mal fario de sus sucesivos gobernantes.

Sí es posible que, en Oaxaca, ocurran matrimonios igualitarios “sin amparo”

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+ Relevante, este paso en la maximización de la esfera protectora de los derechos


En el artículo que publica este día en estas mismas páginas de TIEMPO nuestro apreciado y respetado amigo, el profesor Juventino Gamelí Cruz García, se hace una pregunta que, a nuestro juicio, debe ser respondida resaltando la importancia que tienen los pasos que dan las instituciones y los servidores públicos en la ampliación de la esfera protectora de los derechos fundamentales, como los relativos a la igualdad y no discriminación, de los que somos titulares todas las personas independientemente de cualquier condición social, económica, racial, o política.

En efecto, en el artículo denominado “Empate en Oaxaca”, publicado este día en TIEMPO, el profesor Gamelí señala: “Resulta que una pareja de mujeres (al menos así están registradas en sus actas) lograron casarse en Oaxaca, con ‘apoyo’ de X ‘juez’ que no sabe o se hizo el olvidadizo, que en Oaxaca aún no hay ley que haga legal las ‘bodas gay’ o de seres diferentes a la gran mayoría, que se apegan a lo que marca la que señala que los casamientos son entre ‘un hombre y una mujer’… En otros casos y en otros lugares del país, para realizar los casamientos de otra índole, ‘los o las’ contrayentes se tienen que amparar, pero, al parecer lo sucedido en Oaxaca fue de otra manera… ¡Que alguien nos explique… Por favor!”.

Por la importancia que este hecho reviste jurídica y socialmente, vale la pena la explicación a la luz de los derechos fundamentales. Esa explicación, en términos generales, debe partir del propio contexto en el que ocurrió el reconocimiento al llamado matrimonio igualitario. Ello ocurrió hace algunos años, cuando precisamente en Oaxaca, una pareja conformada por dos personas del mismo sexo, presentaron una solicitud ante la Dirección del Registro Civil para contraer matrimonio. Éste lo negó argumentando que el artículo 143 del Código Civil señala que el matrimonio es el contrato civil celebrado entre un solo hombre y una sola mujer, que se unen para perpetuar la especie y proporcionarse ayuda mutua en la vida.

En términos rigoristas, el Registro Civil tenía cierta razón en aquel momento, a partir de la interpretación estrecha de que las autoridades sólo pueden hacer lo que la ley les permite. No obstante, la pareja solicitante a la que le fue negada la posibilidad de celebración de ese acto de la vida civil, recurrió al juicio de amparo ante tribunales federales, el cual en diversas instancias les concedió la razón, al interpretar el contenido del 143 del Código Civil a la luz de los derechos fundamentales a la igualdad y a la no discriminación.

En términos simples, la Suprema Corte concluyó en definitiva que dicho artículo es inconstitucional porque quebranta esos dos derechos y porque hoy en día los fines del matrimonio van mucho más allá que el de la perpetuación de la especie, y que está demostrado que no sólo entre un hombre y una mujer se pueden proporcionar ayuda mutua en la vida.

Así las cosas, tal y como lo señala el profesor Gamelí Cruz, era ya sabido que en Oaxaca cada que una pareja de dos personas del mismo sexo quería contraer matrimonio, tenía que recurrir a un juicio de amparo para que, amparados y protegidos por la justicia de la Unión, la Dirección del Registro Civil se viera obligada a celebrar el contrato civil del matrimonio, como si el artículo 143 del Código Civil dijera que el matrimonio es un contrato civil que se celebra entre dos personas (sin especificar los géneros), y no “entre un solo hombre, y una sola mujer” como lo sigue estableciendo hasta ahora.

ENTONCES, ¿QUÉ PASÓ?

Básicamente, hubo un cambio de criterio de aplicación por parte de la Dirección del Registro Civil, el cual pasó de la postura de negar la celebración del acto solicitado en virtud de lo que dice el Código Civil, a la de hacer un control difuso de constitucionalidad para reconocer que existen suficientes criterios de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en el sentido de que la actual redacción del artículo 143 del Código Civil viola los derechos fundamentales a la igualdad y a la no discriminación de las personas, para realizar la desaplicación del mencionado precepto y ponderar sobre ello los criterios establecidos por el Máximo Tribunal de justicia del país.

En esa lógica, la Dirección del Registro Civil dio un paso importantísimo —ese sí, histórico— en la preservación de los derechos fundamentales de los oaxaqueños, al reconocer para sí la obligación que le impone el artículo 1 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en el sentido de que todas las autoridades del país están obligadas a promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos.

Así, a partir de esa obligación, relacionada con los principios pro persona y de interpretación conforme, que obligan a las autoridades a hacer todo lo que esté a su alcance para maximizar la esfera protectora de los derechos fundamentales, la Dirección del Registro Civil decidió ponderar la interpretación constitucional en el sentido de que el artículo 143 del Código Civil viola los derechos fundamentales de ciertas personas, para no aplicarlo y en lugar de ello preferir el criterio que no viola derechos fundamentales.

Por esa razón, con el cambio de criterio —un criterio ampliamente reconocido por la Corte, por el cual incluso inició una Declaratoria General de Inconstitucionalidad respecto al 143 del Código Civil de Oaxaca, y que ya está plenamente reconocido en otros sistemas jurídicos que ya reconocen el matrimonio igualitario dentro de su sistema jurídico— se hizo innecesario que la pareja solicitante acudiera a un juicio de amparo, y más bien fue la propia autoridad ejecutora quien reconoció su obligación de hacer todo lo que estuviera a su alcance para respetar y garantizar los derechos de esas personas a ser tratadas en un marco de no discriminación e igualdad ante los demás.

Esta decisión resulta por demás relevante. Oaxaca ha sido señalada reiteradamente tanto por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, como por diversos organismos protectores de los derechos fundamentales de todas las personas, y de las minorías, por su resistencia a reconocer no sólo una situación de hecho bastante común en la actualidad, sino sobre todo por reconocer y tomar medidas legales y administrativas frente a una necesidad jurídica, que está encaminada a proteger a todas las parejas, independientemente de las características físicas de quienes la integran.

Al final, igual que como las parejas heterosexuales se unen en una relación, y adquieren diversos derechos y obligaciones relacionadas no sólo en lo mutuo, sino también en lo económico, material, e incluso en el otorgamiento recíproco de beneficios de seguridad social —desde atención médica hasta una pensión—, las parejas conformadas por personas del mismo sexo enfrentan esas mismas situaciones, y hasta ahora lo han hecho en medio de una especie de limbo jurídico.

Por eso es una buena noticia la decisión de cualquier autoridad, y en este caso de la Dirección del Registro Civil, de tomar la iniciativa, y con un alto sentido de responsabilidad, hacer lo necesario —y sin mayor aspaviento, porque no es un asunto que alguien haya pretendido ponderar, celebrar o capitalizar políticamente— para la protección de los derechos de todas las personas.

 

¿POLICÍAS NEGOCIADORES?

Es inaudito, pero de verdad increíble —y penoso—, que ahora sea el titular de la Secretaría de Seguridad Pública, Raymundo Tuñón Jáuregui, quien “pida” a los del “Frente Popular 14 de Junio”, que se retiren del zócalo a un albergue. ¿No querrán después, las instancias oficiales supuestamente encargadas de la gobernabilidad, que también la Policía Estatal les cargue sus tiliches a los inconformes, y no sólo los lleve, sino que también les construya un albergue? Es una vergüenza, que refleja el extravío en que se encuentran no sólo la Segego sino diversas dependencias gubernamentales encargadas de la atención a los conflictos sociales.

¿Cuánto más tardará Segego en reconocer magnitud del conflicto en Zaachila

Mafud

+ Organizaciones sociales: antes eran clientela política; hoy someten al gobierno


Ante la reanudación de la crisis violenta de los últimos días entre la Agencia Vicente Guerrero y la colonia Guillermo González Guardado en Zaachila, contra integrantes de la organización “14 de junio”, la Secretaría General de Gobierno debería comenzar a reconocer con responsabilidad la dimensión del problema, y hacer lo necesario para contener a profundidad este foco de riesgo para la gobernabilidad y la seguridad de los oaxaqueños.

En efecto, hasta ahora el gobierno de Oaxaca, a través de la Secretaría General de Gobierno, ha centrado su actuación respecto a la disputa entre la organización 14 de Junio y la Agencia Vicente Guerrero de Zaachila, a partir de dos planteamientos: el primero, que este es un conflicto entre organizaciones de lucha social, y que por ende su tratamiento debe ser de esa misma naturaleza; y segundo, que éste es también una disputa focalizada a un espacio en específico, y que por ende no corre el riesgo de extenderse a otras comunidades, ni de contaminarse con otros liderazgos o conflictos de las zonas circundantes.

Sin embargo, habría que tomar la situación con mayor reserva que la aparente tranquilidad y pasividad que hasta ahora está demostrando la Secretaría General de Gobierno en el abordaje de este problema. ¿De qué hablamos? De que éste no es un lío entre Flavio Sosa, el Ayuntamiento de Zaachila, y la 14 de Junio; tampoco es una pequeña revuelta de una colonia insurrecta; y mucho menos es un lío que tenga que ver con temas estrictamente políticos, electorales e incluso de organizaciones que enmascaran en la lucha social intenciones relacionadas con la delincuencia organizada.

En realidad, este conflicto no tiene, del lado de los colonos de la Agencia Vicente Guerrero y de la González Guardado, un derrotero ni un liderazgo visible más que el de oponerse a las acciones violentas y los excesos que están cometiendo en sus territorios los integrantes de la 14 de Junio. Del lado de esta organización, no se ha demostrado más que la insistencia por mantener el control del territorio en ciertas actividades económicas como el mototaxismo y el cobro de derecho de piso para algunos giros comerciales. De fondo, queda claro, no están mezclados más intereses que esos.

¿Cuál ha sido hasta ahora la postura del gobierno? Ha sido estrictamente policiaca. Es decir, el Gobierno del Estado ha implementado únicamente acciones a través de la Secretaría de Seguridad Pública, y de la Fiscalía General del Estado, para tratar de mantener aisladas las condiciones de violencia que prevalecen; sin embargo, Seguridad Pública ha demostrado ser incapaz de contener los enfrentamientos en todas las ocasiones en que éstos han ocurrido; y las acciones de la Fiscalía General —por muy eficaces que pudieran ser— se quedan cortas, frente a un problema que tiene más de fondo que la sola comisión de delitos.

De ahí parte el señalamiento de que en todo ese escenario, quien se ha quedado aún más corta es la Secretaría General de Gobierno, que hasta ahora no parece haber terminado de entender la naturaleza del problema que enfrenta, ni tampoco los riesgos que implica el trato timorato y de parcialidad que hasta ahora ha demostrado. De continuar así lo que estarán alimentando es una potencial crisis mayor, que luego será contaminada y colonizada por otros problemas, tal y como ha ocurrido en otros conflictos más o menos similares.

LOS MALOS CONTRA LOS PEORES

Sólo demuestra estrechez en el análisis querer reducir el conflicto entre colonos y la 14 de Junio, a un pleito entre Flavio Sosa y “Don Panchito”, Francisco Martínez Sánchez. Los oaxaqueños conocemos a la perfección la forma de actuar de unos y otros, y por eso parece algo inicuo reducir o justificar el enfrentamiento por la presencia de esos dos personajes, y sus respectivas organizaciones.

En realidad, en el conflicto de Zaachila hay un tema social de fondo, y es la respuesta de los colonos frente al abandono gubernamental y el reconocimiento tácito al líder de una organización —en este caso, la 14 de junio— como una especie de encomendero de toda una zona. ¿No es eso a lo que el propio gobierno ha intentado reducir toda la zona que hoy está en conflicto? Pues con el silencio gubernamental, y la tibia respuesta de la Secretaría General de Gobierno a las demandas de atención a esta crisis, lo que queda claro es que en el fondo existe cierta voluntad para no quitarle a la 14 de junio la hegemonía y el control que ejerce sobre esa zona, cometiendo excesos entre la población en aras de mantener un negocio, pero sobre todo un espacio de control político.

En esa lógica, habría que reconocer que las instancias encargadas de la gobernabilidad en Oaxaca están tratando de mantener ciertas alianzas que hoy reconocen que son impopulares, pero que no pueden romper. En este caso, el Estado —a través de algunos funcionarios y operadores políticos del régimen— comienza a pagar los costos de haber intentado cooptar como clientelas políticas a organizaciones como la 14 de Junio, el Sindicato Libertad, o los tentáculos obreros de la CTM, y ahora enfrentarse al cobro de facturas por parte de esas organizaciones, que no quieren victorias partidistas, sino espacios francos para imponer su voluntad y sus intereses económicos.

En el caso de la Agencia Vicente Guerrero, eso justamente es lo que está haciendo crisis. Pues más allá del señalamiento sobre Flavio Sosa, es claro que del lado de los colonos no existen liderazgos reconocibles, porque en el fondo sí persiste una inconformidad social que está haciendo a la gente responder de las formas que ya hemos visto. Lo que el propio devenir del conflicto está dejando ver, es que urge que el gobierno deje de verlo como el enfrentamiento entre dos grupos, y atienda las causas sociales de fondo, aún a costa de frenar y replegar a sus aliados incómodos de la 14 de junio. Porque cualquier viso de solución a esta crisis, en realidad pasa por dejar sin efectos la especie de “licencia” fáctica que el propio gobierno le dio a la 14 de Junio, para imponer su ley en esos territorios.

Eso no lo está haciendo ninguna instancia gubernamental. No lo está haciendo, principalmente, la Secretaría General de Gobierno, cuyo titular, Héctor Anuar Mafud Mafud, todos los días demuestra su voluntad de querer echarse en brazos de cuanto dirigente se lo ofrece con tal de mantener a salvo las condiciones mínimas de su gestión. La pasividad, la actitud timorata y la intervención a medias en el conflicto de Zaachila, pone en claro que por lo menos la Segego no tiene convicción por frenar a la 14 de junio, y permitir una aplicación pareja de la ley a todos los involucrados.

El riesgo que existe, es que al final este conflicto se contamine por otros intereses —esos sí, políticos y partidistas— y que dentro de algún tiempo ya no sean controlables ni las causas del enfrentamiento actual, y mucho menos los líos y las mezquindades que se le monten.

APRENDER DEL PASADO

Volteen a ver el 2006 y verán que no eran ni los mismos actores, ni las mismas causas, ni las mismas dimensiones, los que había al inicio del conflicto —que parecía originado por una inconformidad magisterial genuina—, que los que había en su fase más violenta, cuando ya estaban presentes —y se habían montado sobre las banderas iniciales— todo tipo de organizaciones más violentas, más radicales y menos susceptibles al diálogo.  Ese es el riesgo actualmente. Quizá aún estén a tiempo de frenarlo.

La capital de Oaxaca sigue sufriendo por la apatía y los enconos políticos

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+ La Ciudad paga por afanes y desavenencias políticas de quienes gobiernan


 

Parece hasta una maldición que a pesar de las alternancias de partidos tanto en el gobierno estatal, como en el municipal de Oaxaca de Juárez, la capital oaxaqueña siga padeciendo permanentemente por los enconos políticos de sus respectivos gobernantes. Desde hace veinte años, la ciudad ha sido rehén casi permanente de las desavenencias, los cálculos y los enconos. Y aunque pudiera pensarse que éste es un nuevo periodo de florecimiento —por la coincidencia de gobernantes en los dos ámbitos—, es evidente que la realidad está muy lejos de esa suposición.

En efecto, para mal de los habitantes, y de la propia ciudad, desde hace dos décadas, Oaxaca de Juárez no ha tenido un gobierno municipal que se jacte de estar verdaderamente preocupado por las demandas y problemas de las personas, y el espacio físico al que se deben. Si volteamos al pasado reciente, podremos darnos cuenta que ninguna de las últimas ocho administraciones municipales consecutivas, se ha centrado verdaderamente en la labor administrativa, y más bien han ocupado al Ayuntamiento citadino como caja chica, como agencia de colocación para desempleados, como trampolín político; y, ahora también, como uno de los espacios favoritos para los ajustes de cuentas políticos.

Veamos si no. El gobierno del entonces panista Alberto Rodríguez González, fue un auténtico desastre, que comenzó marcado por la ineficiencia y la falta de sentido sobre las necesidades de la capital, y terminó marcado por los excesos, las pifias del Munícipe, y los frentes de guerra que entonces se abrieron, entre los grupos políticos, con el gobierno del estado. Éste fue el primero, sin embargo, de una larga lista de gobernantes que independientemente de la razón, no concluyeron el periodo para el que fueron electos.

Luego de él, llegó Gabino Cué Monteagudo. Éste, independientemente de las acciones favorables o no para la ciudad que emprendió su administración, ocupó al Ayuntamiento citadino como un escaparate para las aspiraciones que ya abrevaba de gobernar la entidad. Así, en 2004, siendo presidente Municipal, consiguió una postulación conjunta de las fuerzas de oposición como candidato a Gobernador, y dejó encargada la administración municipal a dos concejales (Alicia Pesqueira Olea de Esesarte, y luego María Luisa Acevedo Conde) que hicieron exactamente eso: administrar, pero no resolver —por falta de tiempo y recursos, además de la guerra política que desató la disputa por dicho cargo edilicio— los problemas más apremiantes de la capital.

En octubre 2004 el PRI recuperó la alcaldía citadina. Jesús Ángel Díaz Ortega se alzó con la victoria en los comicios municipales, arrastrado por el triunfo que dos meses antes había conseguido el entonces candidato a la gubernatura por ese partido, Ulises Ruiz Ortiz. Su gestión estuvo marcada por importantes decisiones impopulares —como la de la instalación de los parquímetros—, pero determinada por la ausencia del munícipe, y el abandono total de sus funciones, durante el conflicto magisterial y popular de 2006. La gestión la concluyó Manuel de Esesarte, quien no hizo un mejor gobierno que quien le legó el cargo.

DOS VECES FRAGUAS

En 2007, sin embargo, el PRI repitió su triunfo en las manos de José Antonio Hernández Fraguas. Éste, también aspirando ya desde entonces a la gubernatura del Estado, se sintió ofendido ante el cuestionamiento sobre si concluiría su gestión. Expresamente manifestó que su gobierno sería de tres años, y que se dedicaría a ser Presidente Municipal, y no precandidato a otros cargos.

Hernández Fraguas mintió, y de la peor forma: ni siquiera obtuvo la candidatura a Gobernador (que hubiera sido un argumento irrefutable para justificar su separación del Ayuntamiento), y sí abandonó sin ningún pudor su labor como munícipe, para ir a realizar una gris labor como “coordinador” de la campaña priista en los Valles Centrales, y engancharse en una diputación local plurinominal.

Luego vino a la capital Luis Ugartechea Begué, que pareció llegar de la mano de entonces nuevo régimen gobernante pero que terminó en una confrontación casi campal con el gobierno de Gabino Cué. Inexperto e insensible, Ugartechea no fue capaz de conciliar los intereses de su propio grupo político y rápidamente fue reducido y arrinconado en un complicado proceso de ahorcamiento financiero que dejó a la capital casi colapsada.

Después de él vino Javier Villacaña Jiménez, que durante casi toda su gestión fue el único que demostró tener la capacidad política necesaria para conciliar sus propios intereses políticos con los del grupo que tenía el control del gobierno estatal, sin hacer padecer de más a la capital oaxaqueña por la falta de servicios o condiciones de estabilidad. En gran medida, la repetición del triunfo electoral del año pasado fue resultado de esas condiciones, además de la inercia electoral que traía el hecho de ser una elección concurrente a la de Gobernador del Estado.

El elegido para suceder a Villacaña fue Fraguas, a pesar de la tormenta política que había generado en la víspera de la unción del candidato a Gobernador. Fraguas se pronunció abiertamente en contra de la candidatura de Alejandro Murat, y respaldó las aspiraciones de Eviel Pérez Magaña. Su cálculo, en el fondo, se centraba en su eterna forma de negociación, que parte de golpear al adversario para luego obligarlo a pactar. Así ocurrió su reintegración al priismo en 2016, y luego su unción como candidato a la alcaldía citadina como una especie de “pago” por recular en su repudio a quien ya era el candidato a Gobernador.

El problema es que Fraguas no consideró que no es lo mismo ser un civil que ser una autoridad, y que tampoco sería lo mismo criticar desde la oposición partidista que enfrentar la indisposición del Gobernador para respaldar a quienes antes lo señalaron. ¿Qué ocurre? Que las acciones soberbias de Fraguas, combinadas con el enfrentamiento casi patológico que sostiene con Javier Villacaña, no encontraron un punto de equilibrio y de avenencia en la figura del Ejecutivo estatal, que claramente está dejando correr las diferencias municipales como una forma de demostrar que todo lo que se hace, irremediablemente se paga.

Pues, iracundo, al día siguiente de que se canceló la sesión de Cabildo por falta de quórum, Fraguas salió a decir que esto era consecuencia de una acción política concertada, y de un estado de emergencia financiero por el que atraviesa el Ayuntamiento. El problema es que aún teniendo razón, a propios y extraños les queda claro que la base de su crisis política se centra en su incapacidad para generar gobernabilidad al interior del órgano colegiado —el Cabildo— que él encabeza; y en la falta del respaldo político que en otro momento le habrían brindado desde el Ejecutivo estatal para no permitir que esta situación escalara hasta sus niveles actuales, en los que más que los grupos políticos o los gobernantes, quienes sufren son los habitantes de la capital.

ESPACIO DE LAS AMBICIONES

Fraguas, evidentemente, está siendo sometido a las presiones naturales de cualquier lucha de fuerzas. Él quiere reelegirse y hay muchas personas interesadas en que eso no se consume. ¿Cuál es la mejor forma de lograrlo? Obstaculizándolo, como lo harían con cualquier otra persona. El problema es que él, con su ya conocida actitud poco conciliadora al interior de su cabildo, y teniendo ante sí a un gobierno estatal que le desconfía todo, ha contribuido de manera importante a generar esta nueva crisis —enésima crisis— que ahoga a la capital oaxaqueña.