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Nochixtlán no fue estrategia de nadie: fue un desastre para todos

Nochixtlán

+ Ni alguno de los grupos locales, ni Federación, sacó una ganancia


A lo largo de los casi 75 días que han pasado desde el desastre de Nochixtlán, han corrido innumerables versiones sobre el origen de esta tragedia, sobre el supuesto móvil de los hechos, sobre las motivaciones políticas que habrían generado el enfrentamiento, y sobre la “ganancia” que alguno de esos grupos obtendría de este clima de incertidumbre. A una distancia razonable, puede verse que ningún cálculo posible puede hoy darse por válido, y que por más que algún grupo político haya querido beneficiarse, esto pudiera hoy verse como algo posible.

En efecto, Nochixtlán el 19 de junio fue una cadena incalculable de errores y desgracias, que no puede entenderse sin la combinación de la dejadez y la ineptitud de todos los que participaron en la planeación y ejecución del operativo. A la luz de los hechos, queda claro que no hubo orquestadores oscuros ni planeaciones perversas. Todo fue producto de una terrible combinación de circunstancias que, al final, terminaron alcanzando a todos, y desmontando cualquier teoría posible relacionada con un complot o una “planeación política” de corto, mediano o largo plazo. Cualquier teoría posible cae por su propio peso, y sólo hace falta revisar los escenarios para comprobarlo.

Por ejemplo, hubo quien dijo que Nochixtlán era producto de una planeación federal para “exterminar” al magisterio de la Sección 22. Tal aseveración es tan inverosímil como los hechos mismos posteriores al 19 de junio. La Sección 22 no sólo no fue exterminada –ni por las maniobras políticas del gobierno federal ni por las balas de las corporaciones policiacas— sino que esa fue la vía por la que revivió políticamente la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, que tenía por lo menos un año exigiendo diálogo con la federación, sin ningún resultado.

Hubo otra versión, que decía que esa era la “venganza” del gobierno estatal contra el gobierno federal priista, por la derrota electoral del siete de junio. Esto es hoy imposible de creer, porque nadie en su sano juicio se daría un disparo en cada pie sólo para parecer muy valiente. Los hechos del 19 de junio en Nochixtlán le generaron al gobierno estatal —y al régimen gobernante, en particular— la última gran ruptura con los grupos que aún eran sus aliados. Si el gobernador Gabino Cué ya tenía una relación distante con la Sección 22, por el enfrentamiento de Nochixtlán se rompieron las relaciones que quedaban.

Esto mismo ocurrió con otras organizaciones sociales —como la de Flavio Sosa, entre varias otras—, que fueron aliadas del gobierno estatal desde el inicio de la gestión pero que respaldaron a la 22 en sus acciones recientes, y que fueron señaladas directamente por el gobierno estatal como corresponsables de los hechos de violencia ocurridos en esa ocasión. El gobierno estatal, ahí, perdió a varios de los pocos aliados que le quedaban. Y por eso tampoco habría forma de que, por una acción premeditada, el gobierno estatal hubiera decidido haber pagado tal costo sólo para cobrarle una factura política al gobierno federal a través de la crisis magisterial.

NO HAY CÁLCULOS, SÓLO PÉRDIDAS

Hubo también quien comentó que la crisis magisterial del presente año era un ajuste de cuentas entre grupos políticos afines al régimen gobernante en Oaxaca. Muchas miradas apuntaron hacia Puebla y hacia el gobernador Rafael Moreno Valle, que habría invertido —vía su secretario de gobierno, el ex gobernador oaxaqueño Diódoro Carrasco— un importante capital a favor de José Antonio Estefan Garfias. Ante ello, ¿alguien que no tiene capacidad de maniobra nacional, puede generar un conflicto de tales dimensiones, cuando de antemano sabe que sus aspiraciones presidenciales son un simple sueño pero sin ningún futuro?

Incluso, en ese tenor hubo quien dijo que todo era una maniobra del gobierno electo para demostrarle a la ciudadanía la diferencia entre un gobierno desastroso —según, el actual— y un gobierno eficaz —según, el siguiente—. No hay forma sostenible de argumentar algo así. De nuevo: nadie incendiaría el estado sólo para llegar el 1 de diciembre con un extintor. Ya como gobernador, Alejandro Murat enfrentará en el asunto magisterial el mayor de sus problemas políticos y sociales, y a éste tendrá que dedicarle largos meses, o años de trabajo, al menos para tratar de recomponer una relación en la que hoy está involucrado ya no sólo el magisterio, sino toda la ciudadanía por todos los agravios sufridos en los últimos años. Así, resulta insostenible cualquier posibilidad de suponer que todo fue una treta de algún grupo local para generar percepciones. La próxima administración estatal dependerá en gran medida de la estabilidad del gobierno federal, y por eso resulta impensable que uno u otro pudieran haber generado una situación de esta naturaleza.

ESTULTICIA COMÚN

Por eso, lo único que queda en el fondo es la percepción clarísima de que sólo fue una terrible cadena de ineptitudes, mandos cruzados, errores y deficiencias operativas, las que generaron este desastre. Todos han perdido: el gobierno federal que no encuentra cómo manejar el problema; el gobierno estatal que fue rebasado por completo por esta situación; los grupos políticos que no tendrían ninguna ganancia de este desastre; ni el gobierno electo, que llegará a enfrentar los mismos problemas que su par saliente, con el añadido de que tendrá que cumplir sus promesas de campaña. Así, no hay forma de que esto fuera algo planeado. Y si lo fue, resultó un desastre.

¿Qué autoridades estatales deberían ser cesadas por Nochixtlán?

Culpables

+ Galindo Ceballos no es el único que debía pagar con destitución


De cara al cese del Comisionado General de la Policía Federal, una de las cuestiones que hasta el momento no ha sido abordada en la dimensión requerida es la participación de las fuerzas estatales en el desastroso operativo de Nochixtlán, el domingo 19 de junio, ni la investigación —y el deslinde de responsabilidades— que debió quedar en manos del Ministerio Público Estatal. Junto con Enrique Galindo Ceballos, debían también responder varios funcionarios estatales que son corresponsables por estos hechos, pero que ignominiosamente se han aprovechado de que la atención ha estado puesta únicamente en las fuerzas federales.

En efecto, la noche del lunes se anunció el cese de Galindo Ceballos de la Policía Federal, y aunque en el anuncio el titular de la Secretaría de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong no se refirió en particular al operativo de Nochixtlán, sí señaló que la remoción de Galindo tenía como origen “los hechos recientes”, así como una instrucción presidencial directa sobre la separación del cargo del ahora ex funcionario.

Esos “hechos recientes” implican la revelación por parte de la CNDH del informe sobre el operativo en Tanhuato —en el que más de veinte personas fueron presuntamente ejecutadas a mansalva por elementos federales y luego se aparentó un enfrentamiento—, pero de manera relevante el fracaso del operativo federal en Nochixtlán, el cual tuvo un fuerte impacto en la gobernabilidad del sureste del país, y en la relación del gobierno federal con la CNTE.

En ese sentido, uno de los elementos que no debe perderse de vista es que, por un lado, el operativo policiaco del domingo 19 de junio en Nochixtlán, fue planteado como una coordinación de fuerzas entre la Policía Federal y la Secretaría de Seguridad Pública del Estado; y que, por el otro, hubo total incapacidad por parte de las dependencias estatales —la Secretaría de Seguridad Pública Estatal, y la Fiscalía General del Estado— para brindar certeza sobre los alcances de la investigación y el deslinde de responsabilidades.

En ese marco, hay que considerar varios elementos: primero, que la misma noche del 19 de junio, fueron los mandos del operativo conjuntos quienes salieron a dar la cara y a ofrecer información sobre el saldo —que no resultado— del enfrentamiento; segundo, que desde entonces ningún mando o autoridad estatal en materia de seguridad pública, ha asumido ningún tipo de responsabilidad por el enfrentamiento, transfiriendo toda la responsabilidad y el costo del enfrentamiento a las fuerzas federales.

Y tercero, que inicialmente la investigación sobre los acontecimientos de Nochixtlán habían quedado en manos de la Fiscalía General del Estado, que derivó la investigación al Ministerio Público federal como si los saldos de Nochixtlán fueran un asunto del gobierno de la República y no un tema de la mayor relevancia a nivel estatal, por encima incluso de los intereses y responsabilidades que debiera enfrentar el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto.

MANDOS ESTATALES, AGAZAPADOS

Ayer el periodista Ciro Gómez Leyva dio a conocer un video, presuntamente del enfrentamiento en Nochixtlán, en el que se observa a elementos de la Policía Estatal realizando disparos con armas de alto poder aparentemente en contra de manifestantes. ¿Por qué decir que “aparentemente”? Porque lo único que habría que establecer es que verdaderamente dicho video corresponde al enfrentamiento del 19 de junio en Nochixtlán, y que quienes disparan son elementos estatales.

Sin embargo, al margen de la veracidad de dicho video, en Oaxaca tendría que haber más compromiso en cuanto al deslinde de responsabilidades. Pues, por un lado, algún día tendrá que haber resultados de la investigación ministerial que ahora realiza la Procuraduría General de la República, para determinar quién disparó, a qué corporación pertenecen quienes accionaron sus armas de fuego, y qué mando —estatal o federal— dio la orden de abrir fuego en contra de manifestantes, y bajó qué premisas ocurrió esa autorización.

En ese sentido, incluso antes del deslinde sobre los muertos, los heridos y el saldo rojo del enfrentamiento, debía precisarse quiénes fueron los mandos estatales que, por acción u omisión, contribuyeron a que el operativo derivara en un desastre. A nivel estatal, desde hace mucho tiempo debieron ocurrir los respectivos ceses y puesta a disposición de la autoridad competente de diversos funcionarios, comenzando por el titular de la Secretaría de Seguridad Pública, Jorge Alberto Ruiz Martínez y el comisionado de la Policía Estatal, Froylán Carlos Cruz. Ellos tienen el mismo grado de responsabilidad —social, política, operativa— que Galindo Ceballos por los saldos de Nochixtlán.

¿Y EL FISCAL?

Del mismo modo, tanto el Ejecutivo como la LXII Legislatura debieron ser más responsables frente a la actuación del fiscal General del Estado que, como si fuera un subordinado del Ejecutivo, y como si Oaxaca estuviera supeditada a la voluntad federal, entregó la investigación a la PGR como si fuera una bomba a punto de estallar, y despreciando lisa y llanamente que esos acontecimientos ocurrieron en Oaxaca; que hubo participación de fuerzas estatales, que —independientemente del bando en el enfrentamiento— los caídos fueron oaxaqueños, y que por ende la ciudadanía del Estado es la primera y más interesada en un deslinde correcto de responsabilidades. Al final, parece que en Oaxaca a nadie le importó demasiado eso. A pesar de que las consecuencias las paguemos a diario con la multiplicación exponencial de la impunidad y la violencia.

En el uso de la fuerza, gobierno federal no se evalúa ni reconoce sus fracasos

Fuerza

+ Galindo Ceballos, insostenible por ser responsable del desastre de Nochixtlán


Lejos de ser una muestra de voluntad para el diálogo con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, o una concesión a la CNDH por los señalamientos de Tanhuato, la Secretaría de Gobernación debería precisar que la separación de Enrique Galindo Ceballos como comisionado General de la Policía Federal, era la consecuencia de las importantes fallas operativas demostradas por esa corporación en acciones decisivas para la gobernabilidad del país, como el operativo de Nochixtlán, que echó a perder al menos un año y medio de trabajo en la relación con el magisterio disidente, y que puso en grave riesgo la reforma educativa, que era la insignia de esta administración federal.

En efecto, la noche del lunes el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong anunció que Galindo Ceballos, había sido separado de su cargo “en el marco de hechos recientes y por instrucciones del Presidente de la República”.

En un mensaje a medios, Osorio no precisó si la decisión fue producto de la controvertida actuación de la Policía Federal en Nochixtlán, el 19 de junio, o por la recomendación emitida el 18 de agosto por la CNDH sobre el caso Tanhuato, en la que se responsabiliza a la corporación de ejecutar a civiles “de manera arbitraria”.

Osorio anunció que el relevo de Galindo Ceballos será Manelich Castilla Craviotto, y dijo que la instrucción presidencial es a continuar y profundizar el esfuerzo de capacitación permanente de todos los elementos en materia de derechos humanos y —lo que parece más relevante— a impulsar “la formación y adopción de los protocolos de uso de la fuerza”, así como estrechar la colaboración con organismos públicos nacionales e internacionales, y con organizaciones y representantes de la sociedad civil para continuar fortaleciendo “la confianza en esta noble institución”.

Pues resulta que, por un lado, la Policía Federal atraviesa por una importante crisis de confianza en la ciudadanía, derivada no sólo de los excesos de fuerza sino de las enormes fallas operativas demostradas en operativos de contención social como el de Nochixtlán, el 19 de junio. Son tan evidentes esas grietas, que Nochixtlán se convirtió en un cisma no sólo para la seguridad y las organizaciones sociales, sino también para la gobernabilidad del país y el Estado de Derecho.

En ese sentido, es evidente que Nochixtlán no representó ni el mayor ni el primer desafío que enfrenta la corporación federal en su relación con las manifestaciones sociales. De hecho, el operativo del 19 de junio era más bien una acción casi rutinaria que, sólo ante la realidad, demostró su falta de preparación, su incapacidad de previsión y su aporte a la ingobernabilidad.

DESASTRE OPERATIVO

Sin aquel desastre no se explicaría por qué el gobierno federal volvió al punto de inicio de la negociación con la CNTE (esa discusión en la que el magisterio quería la abrogación de la reforma educativa, y el gobierno federal dijo que daba cualquier otra cosa, pero no eso); por qué hoy el mismo secretario Osorio parece cada vez menos sostenible, y por qué era urgente el relevo, no como una concesión a grupo social u organismo público alguno —incluido el ombudsman nacional— sino como una forma de rescatar lo poco que le queda de credibilidad.

Así, no era necesario ser experto en seguridad o en operativos antimotines, y tampoco en la previsión de las consecuencias que genera un desastre como el de Nochixtlán, para prever que Galindo Ceballos era insostenible.

Por eso, en este espacio apuntamos hace dos meses (Al Margen 01.07.2016) que la separación del cargo de Galindo era sólo cuestión de tiempo. Sorpresas puede haber en contingencias, en hechos fortuitos y hasta en acciones espontáneas —apuntamos en aquel momento. En donde las sorpresas no son aceptables es cuando éstas sobrevienen —en apariencia— en actos calculados y planeados. Y una de las premisas fundamentales de toda fuerza de seguridad pública en la contención de disturbios y manifestaciones sociales, es justamente la previsión basada en información, en planeación y en la creación de escenarios.

Nada de eso ocurrió en Nochixtlán. A decir del comisionado General de la Policía Federal, Enrique Galindo Ceballos, los 800 elementos estatales y federales que fueron al operativo del domingo 19 de junio, fueron “sorprendidos” por una turba de más de dos mil personas que salieron a defender el bloqueo en el entronque con la autopista Oaxaca-Cuacnopalan. Todo esto lo dijo el Comisionado como preámbulo a la cadena de medias verdades que ha venido ofreciendo sobre el operativo, sobre la presencia de elementos federales armados, sobre la balacera que se desató, y sobre las causas reales de este fracaso.

CAÍDA, PREVISIBLE

Todo eso, resulta ser causa sobrada —dijimos aquel 1 de julio, previendo el impacto en la gobernabilidad (hoy por demás preocupante) que traería el desastre del 19 de junio en Nochixtlán— para que el Comisionado hubiera sido ya separado de su cargo, no como una concesión a las organizaciones que piden castigo a los responsables de las muertes (la renuncia o cese del Comisionado no ha sido parte de las exigencias) de los manifestantes en Nochixtlán, sino como una cuestión básica de responsabilidad por parte de la Secretaría de Gobernación, frente a un operativo que no sólo no logró sus fines, sino que provocó muertes (algo que se supone que no debe ocurrir cuando una policía es profesional en tareas de contención) e impactó directamente en la gobernabilidad, al provocar —por el fracaso del operativo— un efecto bumerang que puso de rodillas a amplios sectores de la población del sureste del país.

Es esencial vencer la discrecionalidad de las negociaciones con la CNTE

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+ Los argumentos atendibles deben verse; también la testarudez al negociar


En las mesas de diálogo que sostienen la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación y el gobierno federal, no parecen existir linderos definidos entre las demandas sustantivas del magisterio disidente, y lo que resulta parte de su agenda política. En ese marco, establecer el principio de publicidad en las negociaciones resultaría no sólo importante como un ejercicio de transparencia de cara a los mexicanos, sino sobre todo la posibilidad de que, por un lado, la Coordinadora defina la naturaleza de sus demandas; y que, por el otro, la ciudadanía conozca bajo qué condiciones negocia el gobierno federal.

En efecto, ayer el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong anunció que todas las futuras reuniones que tengan con los integrantes de la CNTE en su dependencia, serán públicas y transparentes, de cara a la sociedad, para mostrar que no están negociando la aplicación o vigencia de la ley educativa.

“Hoy quiero decirles que desde la Secretaría de Gobernación, le daremos transparencia, en caso de que se tengan que realizar nuevas reuniones para que las y los mexicanos sepan que no estamos negociando la ley, que estamos haciendo un trabajo que sí nos toca que es la del acercamiento de las partes, pero que no vamos a vulnerar lo que sería en contra de las propias mexicanas y mexicanos, de aquí para adelante reuniones con este grupo de inconformes serán públicas y de frente a la sociedad”, aseguró Osorio.

Asimismo, el titular de Gobernación aseguró que el gobierno Federal no ha claudicado, ni ha negociado la ley, además de que no habrá acuerdos que vulneren esta reforma. Dijo que no se ha podido llegar a un acuerdo con los integrantes del magisterio debido a que lo único que piden es la abrogación de la reforma educativa, pero se les ha dicho que no.

“Aquí quiero dejar claro, una vez  más quiero dejar claro, hacía ustedes y hacía los medios de comunicación, que ni se ha claudicado, ni se ha negociado la reforma, no hay ni habrá acuerdos que vulneren esta reforma por la que ustedes dieron todo de sí para que pudiera salir adelante”. Además detalló que desde la SEP se van a aplicar las acciones administrativas para los maestros que hayan incumplido la ley.

En ese sentido, es claro que el establecimiento de la publicidad de las negociaciones sería un elemento indispensable para conocer las estrategias de diálogo de la Coordinadora, así como sus tácticas. Pues resulta que hoy en día los qués y los cómos de la CNTE se encuentran deliberadamente revueltos, en un diálogo que —además— nadie conoce más que los directamente involucrados.

Más allá de satanizar o de santificar la lucha magisterial, lo verdaderamente importante de sus rondas de diálogo radica en que los mexicanos podamos conocer cuáles son las demandas sustantivas y trascendentes de la Coordinadora, y cuáles son los fundamentos con los que reiteradamente traban la negociación al no lograr conseguir todas y cada una de sus demandas de fondo.

LO LEGÍTIMO Y LO INCONFESABLE

Hay una frontera importante entre las demandas relacionadas con el modelo educativo, con la situación laboral y salarial de los trabajadores de la educación, y con las necesarias adecuaciones a la reforma educativa, y todo lo que tiene que ver con la agenda política de la Coordinadora.

En el primero de los rubros, por ejemplo, sería interesante conocer en qué consiste la tantas veces mencionada propuesta alternativa a la reforma educativa, en la que los integrantes de la Coordinadora fundan sus demandas laborales; sería bueno saber, también, en qué fundamentan sus argumentos relacionados con la privatización de la educación, y por qué satanizan la reforma tildándola de “laboral y administrativa” y no de “educativa”, sin razonar que, al final de todo, cualquier modificación al modelo educativo debía pasar de entrada por el cambio del esquema laboral de los operadores de la reforma. Así también podríamos saber cuál es su visión sobre la educación en el país, y cuáles son sus demandas no políticas, sino relacionadas estrictamente con su labor docente, y lo que ellos ven como el futuro de la educación pública nacional.

Así, al marcar esa primer frontera, los mexicanos también podríamos conocer cuál es, y cómo se negocia, el contenido de la agenda política de la Coordinadora. En ese sentido, todos los mexicanos debíamos entender que la existencia de una agenda particularmente relevante para la Coordinadora, es algo tan natural y previsible en cualquier grupo u organización social de la envergadura e importancia política que tiene la disidencia magisterial. Por eso, lo importante no es si esa agenda existe o no —de hecho, debíamos dar por sentada su existencia—; sino cómo se negocia y en qué condiciones el gobierno federal cede o niega lo que ellos piden.

DEMANDA AÑEJA

Esa demanda —la de publicidad en las negociaciones— ha sido una demanda largamente planteada por la sociedad oaxaqueña en la relación del gobierno de Oaxaca con la Sección 22, y sus tradicionales dobles negociaciones que terminaron el año pasado. De haber sido así, nos habríamos enterado cómo el magisterio logró sus 90 días de aguinaldo, el pago de bonos y prestaciones extraordinarias, su banco anual de plazas y los jugosos techos financieros con los que sangraron durante años el presupuesto oaxaqueño. Nunca hubo tal publicidad. Hay una luz de que eso pueda cambiar ahora. Que así sea.

El consenso nacional debe ser a favor de la educación, no de los maestros

ClasesCloses

+ Sección 22, empecinada en que sólo su verdad y demandas sean atendidas


Dice la Sección 22, en su último comunicado, que se mantienen en el paro indefinido de labores ante la falta de respuesta a sus demandas por parte del gobierno federal. Sin pudor, aseguran que los gobiernos federal y estatal se han negado a tomar en cuenta “el consenso popular” que demanda que sean los verdaderos maestros y padres de familia sean los que discutan la reforma educativa. ¿De verdad hay algo que pueda definirse como “consenso popular” a favor de las demandas magisteriales?

En efecto, haciendo uso de su característico lenguaje del secuestrador, la Sección 22 continúa asegurando que las escuelas siguen cerradas por culpa del gobierno. “Aclaramos que hoy los maestros y maestras hemos dejado las aulas obligados por un gobierno que asume una política de oídos sordos, responde con represión y cárcel, que a base del autoritarismo imponen leyes que sólo benefician a organismos internacionales y grupos empresariales”, dice en su más reciente boletín, en el que reiteran sus demandas y su posición de no iniciar el ciclo escolar.

Pasa por alto la Sección 22 todas las implicaciones que tienen sus decisiones, así como su incapacidad para mantener una lucha que se oponga a las decisiones que lastimen sus intereses, pero sin tomar como rehén a la ciudadanía y a la niñez oaxaqueña. En ese sentido, la Sección 22 no ha sido capaz de incidir en la construcción de la política educativa y ni siquiera de la discusión de la reforma a partir de planteamientos serios. Más bien, sus consideraciones se han basado en consignas políticas, en proclamas y en la movilización como método para apuntalar su política de “todo o nada” en su negociación con el gobierno.

Eso es algo verdaderamente preocupante, porque no asumen que si existe en Oaxaca y en México un consenso no sólo popular, sino nacional, éste es a favor de la educación. Es decir, que los mexicanos en general estamos a favor de que se construya una mejor política educativa, con lineamientos y reglas equilibradas y consistentes, pero bajo una premisa: que haya clases y que todos trabajen, independientemente de sus propias perspectivas, a favor de la educación en el país.

Ello no puede ocurrir, primeramente, porque hay sectores magisteriales, y el propio gobierno, que no han entendido que el consenso principal debe ser a favor de la educación. Esa idea, la del consenso, apunta a la construcción no de un acuerdo mayoritario, sino de una decisión unánime a favor de algo que involucra a toda la población. Temas sensibles como la educación, son justamente esos que sí generan un consenso nacional, aunque en realidad parece que en este país tenemos dificultades incluso para distinguir entre los problemas de facciones y los que nos afectan a todos.

TODO O NADA

La Sección 22 apunta a sólo dos demandas: el castigo a los responsables materiales e intelectuales del desastre de Nochixtlán; y la abrogación de la —“mal llamada”, dicen ellos— reforma educativa. Con ese parámetro de negociación, es claro que no habrá forma alguna de continuar el diálogo.

En lo que respecta a Nochixtlán, es evidente que la Sección 22 y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación jamás aceptarán un resultado que verdaderamente deslinde responsabilidades y aclare, por ejemplo, quiénes fueron los responsables de los disparos desde ambos lados del enfrentamiento; no habrá forma de que en ese deslinde de responsabilidades, acepten que también desde el frente magisterial hubo la comisión de delitos y que el resultado de aquel enfrentamiento fue mucho más complejo que la sola decisión de reprimir brutalmente al pueblo de Oaxaca.

Ahora bien, respecto a la abrogación de la reforma educativa, también hay una ruta inamovible que no tiene forma de llegar a buen puerto. Esta semana que pasó, sin clases, sin diálogos y sin resultados a favor de Oaxaca, es consecuencia justamente de que la Sección 22 haya llegado ya al límite de las capacidades de negociación del gobierno federal. Lejos de preocuparse por modificar el esquema actual y por generar un consenso a favor de la realización de una reforma a —valga la expresión— la reforma educativa, el magisterio oaxaqueño ha decidido ir en una sola ruta que no tendrá forma de concretarse en la forma que ellos plantean.

Así, ¿cómo pueden hablar del consenso popular, cuando justamente a esa condición social lastiman todos los días al mantener las aulas cerradas? Lo único que parece es que están puestas todas las condiciones para que no haya posibilidad de acuerdo, y entonces el conflicto se mantenga vivo permanentemente. En el fondo, esa es la condición que le conviene al magisterio, porque su lucha vive justamente de mantener vivas banderas inalcanzables, como la de la abrogación de la reforma educativa.

¿QUÉ SIGUE?

El gobierno federal tiene trabada la situación de Oaxaca. Desplazó nuevamente a fuerzas federales, que no han tenido ninguna actividad —y qué bueno—, pero mantiene agotado el camino del diálogo con la Coordinadora, que tampoco está interesada en generar un acuerdo que permita la reapertura de las aulas, y el inicio completo del ciclo escolar. Ninguno de ellos está interesado en lo que ocurre en Oaxaca —niños sin clases, padres de familia desesperados, la economía quebrada, el turismo devastado, etcétera—, que nuevamente pasa momentos aciagos por la mezquindad demostrada por todos los involucrados.

Los oaxaqueños también somos responsables del caos magisterial

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+ Ciudadanía, polarizada al extremo ante posturas de la Sección 22


Cuando ocurrió el desastre de Nochixtlán, el 19 de junio, había mucha preocupación en ciertos sectores de la ciudadanía por las afectaciones que estaban provocando los cierres carreteros en varias regiones y la capital del Estado, por profesores de la Sección 22 del SNTE. Pero una vez que ocurrió la incursión policiaca, de inmediato surgieron otras voces –o las mismas, quizá— que repudiaron fuertemente la represión de que eran objeto los profesores, y salieron a respaldar su lucha. ¿Somos los oaxaqueños corresponsables de este caos, por no asumir posturas responsables frente a problemas, como el educativo, que son de todos?

En efecto, la pregunta no resulta ociosa a partir de que parece que la sociedad oaxaqueña está dividida sólo en dos posturas: una, que en medio del hartazgo demanda que el gobierno aplique el Estado de Derecho y haga uso de la fuerza para restablecer el orden, independientemente de cuál sea el resultado de esas acciones; en el otro extremo, se encuentran quienes consideran que la lucha de los profesores de la Sección 22 y de la CNTE es justa, que es necesaria, y que es legítima frente a los abusos de un gobierno que quiere coartar sus derechos.

En ese escenario de claroscuros, resulta evidente que los que exigen el uso de la fuerza creen tener la razón a partir de la afectación de sus intereses; y quienes respaldan la lucha magisterial, lo hacen inopinadamente porque por voluntad dejan de ver la dimensión real y las condiciones palpables de esa lucha. Vale la pena revisar ambos escenarios, para hallar la responsabilidad ciudadana de esta derrota para la educación, para la gobernabilidad, y para todos, de la que somos hoy en día testigos todos los ciudadanos.

¿De qué hablamos? De que, en el primero de los extremos, hay quienes demandan la aplicación lisa y llana de la fuerza para despejar las vialidades y las carreteras, como si esa fuera una salida única al problema de fondo. La incursión policiaca de junio demostró que es imposible que el Estado despeje en una sola acción todas las vías de comunicación, porque luego de los enfrentamientos y del paso de los convoyes policiacos, los manifestantes regresaron a sus mismas acciones de siempre, y entonces la violencia, la movilización policiaca, y los muertos y heridos, sirvieron exactamente para nada.

En ese sentido, el uso de la fuerza resultaría tan contraproducente como inútil porque de todos modos el Estado no ha tenido la capacidad de romper las inercias magisteriales que ganan la movilización de los agremiados a favor de la lucha magisterial. Esto pasa porque el gobierno —estatal y federal— nunca lograron socializar el contenido de la reforma, y romper los mitos que han generado los grupos radicales del sindicato magisterial, respecto al quebranto a los derechos laborales de los trabajadores, a la supuesta privatización de la educación, y a la “punibilidad” de la reforma educativa.

Por eso, aunque ocupen la fuerza, de todos modos las escuelas seguirían cerradas, y con eso se convalidaría la derrota de tal postura.

¿LUCHA LEGÍTIMA?

Hay quien denodadamente se alegra de que los profesores den la lucha en contra de las reformas estructurales, y hasta celebran su valentía y disciplina para la defensa de sus causas. Incluso llegan a corear consignas como la que dice que luchando, el maestro también está enseñando. ¿De verdad es así?

Es importante revisar qué es lo que en verdad está haciendo la Sección 22 en estos momentos. Ellos, por ejemplo, establecieron un programa de acción que incluye el cierre de carreteras, las afectaciones a comercios establecidos, y el cierre de escuelas. La única intención de todas esas acciones es generar sabotaje y presión al gobierno, utilizando a la ciudadanía, para que finalmente éste ceda al cumplimiento de sus pretensiones, o utilice la fuerza y entonces les vuelva a dar las banderas de la represión para continuar su discurso cíclico de la presión y la represión.

Frente a eso, esa ciudadanía que los respalda, se ha preguntado de verdad qué se está haciendo por la educación. Pues lo que tal postura pasa deliberadamente por alto, es que la Sección 22 y la Coordinadora en realidad no están haciendo nada por defender la educación; no tienen argumentos sostenibles a favor de que la reforma es punitiva o privatizadora.

Y entonces, la ciudadanía que los respalda únicamente repite tales argumentos sin establecer una postura razonada y crítica respecto al contenido del mensaje. En esa lógica, los defensores a ultranza de la lucha magisterial convalidan que la educación quede supeditada a los derechos laborales de los profesores. Y por ende asumen silenciosamente una postura tan perniciosa como la de quienes demandan el uso inopinado de la fuerza pública.

En el fondo, hay una gruesa nata de irresponsabilidad. Por encima de cualquier argumento o derecho debería estar la educación, y no la fuerza pública o la presión social. Sólo que hay muchos que asumen esas últimas como posturas irreductibles, y entonces lejos de sumarse a una demanda de responsabilidad, alimentan y convalidan los discursos irreconciliables de la Sección 22 y el Estado mexicano.

SEGURIDAD EXTREMA

El diputado local electo del PRI, Samuel Gurrión Matías, se pasea por la ciudad nada menos que con seis escoltas. A varios de esos elementos, los identifican como integrantes de la Policía Estatal, y portan armas que a nadie le queda claro si son las propias de su cargo. ¿Quién ha permitido o alimentado, desde el gobierno saliente, tales excesos?

No es la SCJN, sino todos, los que debemos hacer operativa la reforma educativa  

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ReformaEduc

 

+ Ley y la autoridad, ante crisis de legitimidad, de legalidad y de constitucionalidad


¿De qué sirve que la Suprema Corte de Justicia de la Nación preserve la Constitución, cuando de hecho el Poder Ejecutivo no tiene capacidad ni legitimidad para hacer cumplir ese mandato? Esa es una pregunta trascendente, ante el hecho de que los tribunales del país siguen cumpliendo con su misión de salvaguardar el mandato constitucional, pero se enfrentan al hecho de que las autoridades administrativas del país —el gobierno federal, y los estatales— parecen estar alimentando una especie de auto sabotaje, a pesar de que tienen la ley de su lado.

En efecto, este resulta ser un problema muy propio de nuestro tiempo, en el que la lucha ni siquiera se encuentra en el espectro de la institucionalidad sino en el estricto terreno de las presiones y la debilidad de quienes deben aplicar la ley. Desde que fue emitida la reforma constitucional en materia educativa, y su respectiva legislación secundaria, los tribunales del país —con la Suprema Corte a la vanguardia— se han dedicado a defender la constitucionalidad y la legitimidad legal de dichas normas. Paradójicamente, ha sido el Poder Ejecutivo de los ámbitos federal y estatal —quienes, por mandato constitucional, tienen la obligación de cumplir, y hacer cumplir la ley— quien parece estar decidido a que esto no ocurra.

En ese sentido, el trabajo de la Corte ha sido notable, en la defensa de la Constitución. En un primer fallo, emitido el pasado 10 de agosto, los integrantes de la Corte señalaron que el incumplimiento de las condiciones de permanencia en el empleo, como la acreditación de evaluaciones, da lugar a una consecuencia jurídica consistente en la terminación del nombramiento y la separación del Servicio Profesional Docente, lo cual no es violatorio de derechos fundamentales.

Todo ello, derivado de la disposición contenida en la Ley General del Servicio Profesional Docente, respecto a que todos los trabajadores del sistema educativo deben evaluarse luego del segundo año de haber obtenido su nombramiento definitivo. La Corte avaló lo dispuesto en la ley, en el sentido de que cuando un trabajador haya reprobado en tres ocasiones consecutivas la evaluación puede ser dado de baja del servicio sin responsabilidad para el patrón.

Ahora bien, en otros amparos que están en vías de ser resueltos por la Corte, los maestros que lo solicitaron señalan que a raíz de las nuevas reglas con que se rige su actividad se pierde su derecho a solicitar días de licencia, lo que va en detrimento de sus derechos laborales. La Corte, en este caso, considera que aunque cambiaron las reglas para acceder a esos días de licencia, sigue siendo posible tenerlos, lo que no lastima su derecho. Aunque se trata de nuevas reglas, dice el proyecto de resolución elaborado por la ponencia del ministro Alberto Pérez Dayán, estas no eliminaron prestaciones y derechos laborales de los trabajadores del sector educativo.

INCUMPLIMIENTOS

El común denominador de estos fallos, radica justamente en el hecho de que la Corte ha reiterado que no existen las violaciones a derechos fundamentales que han alegado los integrantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación que se han quejado en vía de amparo, y que todas las normas emitidas por el Congreso fueron confeccionadas en los parámetros establecidos por la propia Constitución. En esa lógica, el resultado es una negativa lisa y llana a las concertacesiones que sorprendentemente siguen promoviendo las autoridades administrativas frente al sector magisterial que no acepta los términos de la reforma, y que ahora intenta su abrogación —de iure y de facto.

¿Qué pasa con el Ejecutivo en los ámbitos federal y estatal? Que, al parecer, la misma inercia de este conflicto los ha llevado a una especie de política de auto sabotaje, en la que a pesar de tener la ley a su favor, y de recibir el respaldo de los otros poderes —que no cuestionan la vigencia de la ley, que la defienden y declaran y remarcan su constitucionalidad—, parecen estar empeñados en buscar salidas alternativas a la de la aplicación de las normas vigentes.

Esta es una situación que resulta particularmente preocupante, porque pareciera que entonces el Estado enfrenta una especie de enfermedad autoinmune, en la que el propio sistema inmunológico de la Constitución se está volviendo en su contra, desconociendo a sus mecanismos de defensa, saboteándola, y generando con ella un escenario en el que puede ocurrir cualquier cosa menos el imperio de la ley, cuando ésta no tiene ningún argumento en contrario qué atender.

CUESTIONAR SIN CONOCER

Al final, todo confluye en un cuestionamiento que, para variar, tampoco quiere asumir el gobierno: la reforma educativa necesita ajustes, pero éstos deben ocurrir a partir de la socialización de la reforma y de su puesta en marcha. El primero proceso —la socialización— nunca ocurrió porque el gobierno hizo la reforma a partir de un monólogo; el segundo proceso —los ajustes— tampoco tienen vías legítimas para ocurrir porque no ha logrado generar un clima que le permita la puesta en marcha del nuevo mecanismo. Así, parece que todos están empeñados en trabajar en contra de la Constitución, aún con la paradoja de que nadie conoce el funcionamiento, los alcances y la viabilidad operativa de la reforma educativa. Algo terrible para el país.

Conflicto magisterial: Oaxaca está llena de escenarios irreconciliables

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Conflicto

+ Todas, medidas excluyentes frente a urgencia de una solución de fondo


Oaxaca se encuentra en el umbral de escenarios nuevos y trascendentes para la gobernabilidad del país, pero en cualquiera de ellos, la ciudadanía y la educación oaxaqueños parecen —parecemos— ser los inminentes derrotados. Basta con revisar el cúmulo de decisiones trascendentes pero contradictorias que se están tomando ahora mismo, para comprobarlo.

En efecto, del recuento de escenarios posibles el único común denominador es la imposibilidad de un arreglo de fondo, y la previsión —casi inamovible— que de los elementos a enumerar, saldrá cualquier cosa menos una solución benéfica para la gobernabilidad y la educación en Oaxaca. veamos.

  1. El gobierno federal ha abierto completamente, y cerrado de la misma forma, el diálogo con la Sección 22 de Oaxaca, y con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación. Ese titubeo en su toma de decisiones, provoca hoy una fuerte crisis de credibilidad al gobierno federal, que no ha sido consistente en sus políticas, en sus acuerdos y en sus decisiones; y, además, esa inestabilidad ha sido el espacio perfecto para que grupos bien organizados, como la Coordinadora, le tomen la medida.
  2. La CNTE ha sido vencida, en dos ocasiones, por su propio éxito. Previo a los comicios federales intermedios de 2015, y ahora, la Coordinadora había conseguido negociaciones muy exitosas y redituables en mesas de negociación con Gobernación. Pero en aquel momento, y ahora, perdió todos los avances conseguidos por la voluntad de sus grupos radicales por no permitir batallas parciales. Por eso, a pesar de que en dos ocasiones la CNTE ha doblado al gobierno exitosamente, en esas mismas dos ocasiones ha sido derrotada por la codicia, la voracidad y la rapacidad de sus grupos radicales.
  3. Oaxaca lleva dos grandes movilizaciones policiacas que han servido para nada. En 2015, para garantizar la realización de la jornada electoral, el gobierno federal movilizó a unos 15 mil elementos a la entidad, que sólo vinieron a hacer una demostración de fuerza pero —afortunadamente— nunca actuaron. Lo pernicioso fue que un año después, esa gran movilización estaba prácticamente desmantelada (aún cuando la Policía Federal había anunciado el establecimiento de un cuartel en Oaxaca) y por eso cuando ocurrió el bloqueo de Nochixtlán, Oaxaca quedó aislada y las fuerzas federales tuvieron que movilizarse descoordinadamente para generar el desastre del 19 de junio. El resultado de esa operación demostró no sólo su falta de conocimiento e información sobre los movimientos sociales que venían a contener, sino también su desgaste e improvisación operativos. Hoy, por eso, lejos de generar certidumbre, la movilización policiaca genera recelo y desconfianza hasta en quienes inicialmente creyeron en la presencia federal para desmovilizar a los grupos sociales.

NO HAY DIÁLOGO

  1. Los canales de diálogo siguen cerrados. Esa situación, evidentemente, ya no sorprende de la relación gobierno federal-Coordinadora, sino más bien que todos los actores y fuerzas políticas que están alrededor siguen actuando con mezquindad sorprendente. Por ejemplo, por un lado, Andrés Manuel López Obrador suavizó, hace algunas semanas, su discurso relacionado con el movimiento magisterial, para señalar que debe haber adecuaciones y no la abrogación de la reforma, y para refrendar su idea de que asimismo debe prevalecer el principio de autoridad. El problema es que, ni él ni su partido (Morena), han tenido mayor disposición para fungir como un puente de entendimiento entre los dos polos naturales que —hoy sabemos— no tienen ni la más mínima posibilidad de entenderse y construir acuerdos solos. AMLO es, acaso, el más visible, pero no el único actor político que podría abonar a la solución de este conflicto. Pero ni él, ni nadie en México, quiere tomar esa responsabilidad, porque siguen basando sus movimientos en función de sus intereses, y porque no quieren contaminarse de este conflicto capaz de necrosar cualquier tejido que toque.
  2. El gobierno se respalda en un bloque titubeante. Es sorprendente la forma en cómo —en medio de esta crisis y de cara a los movimientos que se avecinan en esta crisis magisterial— el presidente se refrenda ante fuerzas políticas que no tienen la más mínima posibilidad de incidir en el conflicto magisterial. El Presidente incrementa sus reuniones con el PRI, con el Partido Verde y con algunas otras fuerzas políticas, como si eso le diera certidumbre de que no habrá una contrarreforma. El problema es que ese respaldo es estéril porque ni la incondicionalidad de esos partidos sirve de algo —al contrario— para atenuar o resolver la crisis magisterial y, silenciosamente, minimiza cualquier posibilidad de tender puentes de entendimiento con las fuerzas de oposición a su gobierno, que todos los días crecen por la inminente cercanía de la sucesión presidencial.

OAXACA PIERDE

Tristemente, es la única certeza en todo esto. El gobierno federal está movilizando a cientos —quizá miles— de elementos federales no porque quiera mandarlos de vacaciones, sino porque prevé un escenario en el que tenga que hacer valer el uso de la fuerza. La Coordinadora está más empecinada que nunca en no iniciar el ciclo escolar. Esos dos ingredientes son suficientes para más meses de incertidumbre, como si no contaran los más de diez años que Oaxaca lleva en crisis. ¿Quién pierde? De nuevo, no los protagonistas del conflicto, sino las víctimas colaterales del conflicto. Es decir, los oaxaqueños.

EPN vuelve a cerrar el diálogo con la CNTE… y retrocedemos 14 meses

EPN

+ En 2015 condicionaron negociación con regreso a clases; hoy, lo mismo


Ayer fue el propio presidente Enrique Peña Nieto quien fijó la postura del gobierno federal frente a la decisión de varias secciones adheridas a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación —principalmente, la Sección 22 de Oaxaca— de no iniciar el ciclo escolar. El Mandatario dijo que todo diálogo con el gobierno federal quedará condicionado al inicio del ciclo escolar, a pesar de que ello ya no significa ninguna señal de firmeza sino acaso la constatación de que, cuando menos, el conflicto magisterial tuvo una regresión de catorce meses.

En efecto, ayer el presidente Peña Nieto advirtió a los maestros de la CNTE que se oponen a la reforma educativa, que regresen a clases pues es su obligación. “No habrá más diálogo si antes no garantizamos que los niños puedan recibir educación en las aulas que hoy están cerradas”, dijo Peña Nieto, además de asegurar que los espacios de diálogo no pueden estar sujetos a privar del derecho a la educación a los niños del país.

Dijo además que el gobierno ha abierto espacios de diálogo para atender demandas y escuchar planteamientos del SNTE y la CNTE sobre los cambios educativos, aunque aseguró que “lo único que no está sujeto a negociación alguna” es la reforma educativa. Más tarde, el titular de la SEP, Aurelio Nuño Mayer, reconoció que en varias entidades en las que tiene presencia la Coordinadora había abierto casi la totalidad de las escuelas, pero que en Oaxaca y Chiapas no había certeza de cuántos centros escolares habían iniciado el ciclo escolar, y cuántos permanecían cerrados.

Este condicionamiento, que hoy en día podría ser visto como una señal de agotamiento de la tolerancia por parte del gobierno federal, en realidad no es sino el reflejo del pésimo manejo político que ha habido del problema magisterial. De hecho, esto remonta el conflicto a una situación muy similar pero en 2015, cuando la Sección 22 —que no la Coordinadora— decidió boicotear la jornada electoral del domingo siete de junio, y para ello acordonó instalaciones del INE, tomó la Terminal de Abasto y Reparto de Pemex, en El Tule, y mantenía un paro total de labores docentes en las escuelas oaxaqueñas.

Hasta entonces —debemos recordarlo— Gobernación había negociado con los líderes de la Coordinadora en condiciones muy similares a las de ahora: Luis Miranda Nava, el subsecretario de Gobernación, había acordado con los líderes magisteriales impunidad, recursos y derogación de facto de la reforma educativa a cambio de que éstos se desistieran del boicot a la jornada electoral, al paro de labores, y a las acciones que perturbaban a la ciudadanía. Entonces, como ahora, la 22 aceptó todas las prebendas que le ofrecía Gobernación, pero nunca dio muestras de voluntad para avanzar en la distensión del conflicto.

¿Qué pasó entonces? Que al gobierno federal se le agotó la paciencia, y 48 horas antes de la jornada electoral movilizó a 15 mil elementos federales para recuperar el orden en la capital. La 22, en efecto, se desmovilizó. Y ese repliegue táctico fue el que dio paso a acciones como la extinción del viejo IEEPO, y el avance —relativo— en la implementación de la reforma educativa.

Por eso, es sorprendente el retroceso vivido en el manejo del conflicto magisterial. Pero resulta mucho más asombroso que el gobierno federal quiera aplicar la misma fórmula a un conflicto que hoy tiene dimensiones diferentes.

DECLARACIONES ESPEJO

El ocho de junio de 2015, luego de la jornada electoral y en medio del multitudinario despliegue policiaco en Oaxaca, el vocero de la Presidencia, Eduardo Sánchez Hernández, dijo que el gobierno de la República no negociaría las leyes constitucionales con la CNTE. Al mismo tiempo, la SEP anunció la reanudación de las evaluaciones al magisterio. Luego, Gobernación añadió que no negociaría mientras los maestros no estuvieran en las aulas.

Si releemos esa postura del gobierno federal, es esencialmente similar a la esgrimida ayer por el presidente Peña Nieto: no negociaremos mientras no haya clase. La pregunta, en todo esto, es saber qué está tratando de hacer el gobierno federal hoy que la Coordinadora está reagrupada, que fue relegitimada como movimiento magisterial nacional, y que cuenta con el respaldo político de otros grupos que el año pasado no estaban con ellos, cuando el gobierno federal movilizó a elementos federales para resguardar el orden en Oaxaca.

De nuevo, lo que parece es que el gobierno federal intenta utilizar la táctica de negociación de abrir y cerrar el diálogo de acuerdo a sus conveniencias, y no de lo que necesita Oaxaca. Pues es evidente que la decisión de no iniciar el ciclo escolar significa para la Coordinadora un movimiento estratégico de presión al gobierno federal, que únicamente regresa el agravio suspendiendo la mesa de diálogo. Eso va a trabar cualquier posibilidad de negociación, porque independientemente de sus respectivos cálculos, ambos grupos se encuentran en el límite de lo que pueden hacer: la federación no tiene la potestad ni la capacidad de abrogar la reforma educativa, y la CNTE no tiene otra demanda de fondo más que esa.

¿CUÁL ES EL RESULTADO?

De nuevo, una negociación totalmente trabada; dos entes que negocian sin ninguna posibilidad de construir un acuerdo de fondo, y —mientras— una entidad ahogada por la incertidumbre, por la inmovilidad económica y ahora, como si algo más le faltara, por la dilación en el regreso a clases.

Transición: gobierno debe ajustarse —ahora sí— a los problemas de Oaxaca

GabinoPue

+ La administración debe dejar de pagar por desencuentros entre funcionarios


Uno de los problemas estructurales que tuvo la administración del gobernador Gabino Cué Monteagudo, radicó en su permanente tolerancia al gobierno de facciones, y en las contradicciones políticas, deficiencias, y costos operativos, que ello generó. El nuevo gobierno debe considerar que la corrección de ese problema marca el punto de partida de la transmisión de poderes, y que eso debe resolverse no sólo desde los nombres del próximo equipo de gobierno, sino desde la ley.

En efecto, hoy que la administración saliente marca sus últimos derroteros, y que estamos a pocos días de que formalmente se integren los respectivos equipos de transición, es importante remarcar que muchos de los problemas que enfrentó la administración pública en los últimos años, fueron generados justamente por la falta de una noción concreta de cómo debía construirse un gobierno, y un equipo de trabajo, unificados para conseguir resultados.

En ese sentido, ha sido ampliamente documentado —en este y otros espacios— cómo una de las políticas de “convivencia política” entre el régimen saliente y los partidos con los que llegó al poder, fue justamente la que consistió en generar “parcelas” —que terminaron siendo guetos— en la administración pública.

Ese es un problema importante, pero no es el único ni el más grave. Pues a la par del gobierno de parcelas que se generó para mantener en el agrado a los grupos supuestamente aliados del régimen, también se permitieron excesos que derivaron en graves problemas para la administración pública. Reiteradamente, a los grupos y personajes más privilegiados se les permitió también modificar la estructura administrativa del gobierno para mantener o acrecentar sus zonas de influencia, o también para reñir y castigar a quienes no estaban alineados con ninguno de los grupos dominantes.

Hay varios ejemplos. Uno de ellos, es la Secretaría del Trabajo, que durante toda su existencia nunca ha tenido una misión específica, y tampoco un sentido social determinado. Esa dependencia fue creada para compensar a uno de los grupos políticos integrantes de la coalición, pero sin ser consecuencia de una agenda o de un plan de gobierno determinado.

Por eso, hasta después de haber tomado la decisión —política— de crear esa dependencia, se le buscaron atribuciones para justificar su existencia. El resultado fue una dependencia irrelevante y costosa y, sobre todo, que no cumplió nunca con alguna finalidad social o productiva que refrendara su existencia, y sí desperdició oportunidades de atención a sectores que siguen navegando al margen de cualquier atención gubernamental en un tema tan sensible como el empleo.

EL CASO SEGEGO

Acaso si hay otro ejemplo dramático, es el de la Secretaría General de Gobierno, a la que en esta administración se dedicaron a castigar institucionalmente, gracias a intereses políticos y mezquindades que ni generaron un mejor gobierno, ni fortalecieron la estructura gubernamental, ni fueron puntal para la construcción de un proyecto político. Vale recordar este caso para entender la importancia de no volver a cometer los mismos errores.

La primer titular de esa dependencia en esta administración fue Irma Piñeyro Arias, a quien el Gobernador designó sorpresivamente el mismo día de su toma de posesión para enviar un mensaje sobre la inclusión y la pluralidad de su gobierno. El problema es que Piñeyro no pertenecía a ninguno de los grupos dominantes dentro del entonces incipiente gabinete, y sí le arrebató el cargo a Benjamín Robles Montoya que entonces soñaba con ser el conductor de la política interna del Estado.

En aquel momento, Robles era uno de los personajes de mayor influencia dentro de la administración, y decidió “darle tormento” —parafraseando a Gonzalo N. Santos— a la ley para frenar a Piñeyro. ¿Qué hizo? Primero, se dedicó a descalificar frente a todos los grupos que “conviven” con la General de Gobierno, no a la Titular, sino a la dependencia, para llevar él los asuntos de gobierno a su trinchera como Jefe de la Oficina de la Gubernatura. Robles le generó a la Segego un desprecio enorme, que se reflejó en el hecho de que, fácticamente, la gobernabilidad se manejaba en Gubernatura y no donde la ley mandaba. De hecho, la Segego se quedó sin materia y esa fue la razón del relevo a favor de Jesús Martínez Álvarez.

Cuando llegó el ex Gobernador a la Segego, se pensó que Martínez Álvarez sería un Secretario fuerte. Lo intentó, pero falló por la misma razón que Piñeyro: él no concordaba, ni era integrante, ni era cercano, ni compartía intereses, con los grupos de Robles Montoya y de Jorge Castillo Díaz. Esa confronta, particularmente con Castillo, generó no sólo más debilitamiento político de la dependencia —a la que no le permitían operatividad ni le daban la influencia que merecía para incidir en la gobernabilidad— sino la pérdida de atribuciones. En las sucesivas reformas a la Ley Orgánica del Poder Ejecutivo, le arrebataron facultades, la despojaron de organismos auxiliares, y la dejaron prácticamente en banquitos.

REFORMAS INSERVIBLES

Nada de eso sirvió: hoy la Segego es consecuencia de una crisis estructural, en la que sus sucesivos titulares (Alfonso Gómez Sandoval y Carlos Santiago Carrasco) han hecho lo que han podido a pesar de esa aridez institucional. Y todo el debilitamiento no sirvió: Robles nunca pudo construir el proyecto político del que con tanta soberbia, alardeó; y el grupo de Castillo ni de lejos pudo cristalizar su mayor objetivo: retener la gubernatura. Y mientras, el costo lo pagaron las instituciones. De ese planteamiento debe partir la transición, para reestructurar la administración a partir de un proyecto de gobierno, y no de las mezquindades o intereses de quienes acompañen al próximo Gobernador.