Home Blog Page 298

¿Eliminar el fuero? ¿Servirá de veras para algo?

0

•-Pedro-Kumamoto

+ Es un tema coyuntural y de oportunismo político


 

Si hay temas que verdaderamente constituyen una estratagema para el debate nacional, ese es el relativo al fuero que protege a los servidores públicos. Ello se agrava cuando, además, del engaño, este asunto se vuelve ocasión para el oportunismo de algunos legisladores locales que están acostumbrados a los “bomberazos” para salir del paso y justificar su dieta como representantes populares. Tal es el caso de Oaxaca y su falso debate sobre la eliminación del fuero.

En efecto, la semana pasada fue noticia nacional que el diputado local independiente en el Congreso del Jalisco, Pedro Kumamoto, había logrado la aprobación de una reforma a la legislación de esa entidad para eliminar el fuero. Eso, que en sí mismo resulta algo no del todo encomiable por razones que apuntaremos más adelante, ha servido como pretexto para que otros oportunistas se suban al tema como si fuera prioritario para el debate nacional, que está atiborrado de temas más urgentes. ¿De qué hablamos?

De que, en el caso de Jalisco, se informó que la reforma aprobada la semana pasada establece en el Artículo 91 de la Constitución de aquella entidad que “los servidores públicos pueden incurrir en responsabilidad política, penal, administrativa y civil, que será determinada a través del procedimiento previsto en la legislación penal”. Y en el 99: “la comisión de delitos del orden común por parte de cualquier servidor público, será perseguida y sancionada en los términos de la legislación penal”, de acuerdo con un comunicado del Congreso de Jalisco. La única salvedad que aún sigue teniendo dicha reforma es la necesidad de la aprobación de más de la mitad de los Ayuntamientos que integran el estado de Jalisco; esto es, que lo aprueben por lo menos 63 de los 125 municipios de aquella entidad.

Esto fue ocasión para el oportunismo de algunos “bomberos” legislativos en Oaxaca, que están dedicados de tiempo completo a cazar temas nacionales para tratar de replicarlos en el Congreso local, inependientemente de su inutilidad y su impracticidad frente al universo de temas que deben desahogarse en la entidad. En ese sentido, el diputado Sergio Bello Guerra presentó al Congreso oaxaqueño una iniciativa para eliminar el fuero constitucional de la legislación local, basado en una serie de argumentos que resultan —por decir lo menos— ridículos.

Según el Legislador “en nuestro estado la impunidad es uno de los problemas de mayor urgencia y gravedad, no sólo para la consolidación de la democracia sino, para su propia sobrevivencia, su prestigio y su correcto desarrollo”. Y no conforme con eso —y como si la impunidad tuviera que ver directamente con el fuero— afirmó que que la impunidad está en el centro de los grandes problemas del estado, pues “ante la violencia, la inseguridad, la corrupción y los conflictos de interés, las y los ciudadanos tienen la certeza de que quienes cometen delitos no serán investigados y mucho menos sancionados”, y que en la actualidad “el poder cobija y protege al delincuente, aparentando esta acción el principio rector de la vida pública”.

Así, considera el Diputado a sus pares y a todos los que gozan de inmunidad constitucional. Según él, se encuentran en el mismo rasero que los delincuentes y por eso es necesario quitarles el fuero constitucional.

UNA PATRAÑA

El debate sobre el fuero debía ser mucho más amplio, y no coyuntural, como hasta ahora lo es en México. De hecho, nadie se había acordado en los últimos años de la polémica inmunidad constitucional —desde 2006 cuando, de hecho, el entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador fue desaforado para ser procesado judicialmente por el desacato en el procedimiento judicial relativo al predio El Encino—, y poco se había discutido la necesidad de transformarla o eliminarla.

Todo lo trajo de nuevo a la picota, el caso del diputado federal Julio César Godoy Toscano, a quien se le sigue un proceso penal federal por sus presuntos vínculos con el crimen organizado. Fue su antiguo partido, el de la Revolución Democrática, quien lo protegió y le dio la pauta para que asumiera su cargo. Fue la filtración a la prensa de unas grabaciones telefónicas, lo que puso en evidencia que éste no parecía ser tan inocente como se creía. Y fue entonces cómo, en medio de la vorágine, que resurgió este añejo debate sobre la modificación o transformación del fuero constitucional.

El pequeño problema para los oportunistas como Sergio Bello, es que fuera de esos dos ejemplos —dos, entre miles de legisladores (locales y federales) que han existido desde que el poder está dividido en México— no existe otro que demuestre que el fuero constitucional es sinónimo de impunidad. Ese argumento, más bien, atiende al propagandismo propio de quienes prefieren las proclamas por encima de los argumentos. Pero, con seriedad, puede decirse que quizá un tercer ejemplo podría ser el de la llamada “chapodiputada” que también ha enfrentado un problema con el fuero, pero que ya le fue retirado para que responda ante la justicia por la falsificación de documentos con los que accedió a la celda de Joaquín Guzmán Loera en el penal de La Palma.

UN ENGAÑO

Los diputados oaxaqueños deberían estar más preocupados porque haya más debates serios y no patrañas con las que pretenden justificar el trabajo. Es cierto que el fuero debe replantearse, pero no como una forma de “bomberazo” con el que presentan iniciativas con el solo objetivo de llenar un record de “eficiencia” legislativa. Se entretienen en eso pero nada dicen sobre temas torales como el sistema anticorrupción y otros que duermen plácidamente en la Legislatura del Estado

Ni mil fallos de la Corte rectificarán elproblema de la reforma educativa

0

+ Ley enfrenta crisis de legitimidad, no de legalidad o de constitucionalidad


Hay dos realidades paralelas alrededor de la maltrecha reforma educativa: una, la de la legalidad, que apunta a que la legislación en esa materia tiene plena vigencia y que por ende debe aplicarse en términos de ley; y la otra, que denuncia la ilegitimidad de la reforma y, a partir de ello, rechaza toda posibilidad de aceptar cualquiera de sus términos. El problema de fondo, entonces, no está en la ley sino en la incapacidad de los bloques —los que la repudian, y los que la defienden— de reconocerse y entenderse entre sí.

En efecto, esas dos realidades son excluyentes: por un lado, en la Secretaría de Gobernación hay instalado un panel permanente de negociación de los términos de la reforma educativa; en el otro extremo, se encuentran los otros dos poderes constituidos —el Legislativo, y el Judicial— que no sólo no reconocen los “consensos” que está realizando el Ejecutivo para lograr la aceptación de la reforma por todos los sectores magisteriales del país (la CNTE, en particular), sino que reiteran su voluntad por aplicar la norma educativa vigente en sus términos actuales.

Ese panorama, resulta que por un lado, en la mesa de diálogo instalada en Gobernación para la atención de las demandas estrictamente relacionadas con la reforma educativa, los representantes de la SEP aceptaron que no sólo la evaluación sino todo el entramado legal de la reforma educativa podría ser sometido a una consulta amplia entre todos los sectores magisteriales, pero la Coordinadora de antemano reitera que no aceptará el modelo educativo que ellos reducen todas sus demandas a una: la derogación de las reformas a los artículos 3 y 73 constitucionales —que constituyen la médula de la reforma educativa—, para que eso abrogue automáticamente toda la legislación ordinaria derivada de esos preceptos.

Pero en el otro extremo, la Suprema Corte de Justicia de la Nación anunció que prevé discutir un proyecto de resolución, que establece que reubicar a los maestros que reprueben la evaluación docente en áreas administrativas es constitucional. Esto es, en términos constitucionales, la convalidación de la vigencia y legitimidad legal de la reforma educativa que las secciones sindicales que integran la CNTE, quieren que se abrogue.

Según anunció la Corte, en el proyecto de resolución —cuya discusión está programada para el 10 de agosto— fue realizado por el ministro José Ramón Cossío Díaz, con la que se propone confirmar una sentencia de amparo dictada por el Primer Tribunal Colegiado de Circuito en Puebla en un juicio promovido por 17 integrantes de la CNTE. A través de un recurso de revisión, los profesores solicitaron al máximo tribunal que estudiara la constitucionalidad de la revocación del mandato prevista para los maestros que reprueben, en tres ocasiones, la evaluación.

Conforme a la Ley General del Servicio Profesional Docente, publicada en 2013, los profesores que tienen el nombramiento de plaza deberán someterse a una evaluación al término del segundo año de haber iniciado su encargo. De no aprobar esa prueba, podrán intentarlo dos veces más. Si reprueban una tercera ocasión, el nombramiento será revocado sin responsabilidad para la administración pública. El maestro será removido de su área, pero conservará su plaza dentro del magisterio. El proyecto del ministro Cossío Díaz establece la diferencia entre una sanción administrativa, que puede implicar la separación del cargo, y la revocación del mandato, que implica un cese de funciones.

CRISIS DE LEGITIMIDAD

¿Qué se prevé, respecto a cada uno de los escenarios? Que independientemente de sus resoluciones judiciales, los acuerdos parciales en las mesas de diálogo, y sus proclamas en contra de la reforma educativa, esencialmente nada cambie. Esto es así porque tanto la Coordinadora, como el poder público, enfrentan hoy una crisis profunda de legitimidad que hace irreconciliables sus posiciones, independientemente del contenido de las mismas.

En ese sentido, es evidente que el contenido de la reforma educativa es prácticamente imposible que cambie porque legalmente los poderes Legislativo y Judicial sostienen que la reforma educativa no enfrenta ningún problema de legalidad —de forma y de fondo— y que por esa razón hablar de reformas es tanto como el cumplirle un capricho a quienes no quieren modificaciones, sino la anulación de la misma.

En el otro extremo está la propia crisis de legitimidad de la Coordinadora Nacional, que insistentemente ha tratado de presentarse como la representación viva del pueblo ya no sólo de Oaxaca, sino de México. El magisterio disidente, aglutinado en la CNTE, ha tratado de llevar la presión a la consecuencia última de toda pretensión política: el cambio en el orden jurídico. Particularmente, ellos quieren que se reforme una cuestión que les afecta en lo particular. Para ello han tratado de envolverse en el esquema de la representación popular. Sólo que esa representación está por mucho lejana de lo que verdaderamente pudiera catalogarse como un movimiento social de masas capaz de aglutinar la legitimidad como para una labor de esa naturaleza.

PROBLEMA SIN SOLUCIÓN

Por eso, la crisis no está en la reforma —ésta es, de hecho, el pretexto— sino en la ilegitimidad que se profesan quienes riñen. Entre ellos no se reconocen de verdad. Y por eso cualquier arreglo al que se llegue estará afectado exactamente del mismo problema que tiene hoy la reforma: independientemente de su contenido, será rechazada y señalada. Dadas las circunstancias, es un resultado más que previsible.

Núñez Ginez sí puede obtener su libertad en cualquier momento

NuñezSale

+ Sólo enfrenta delitos menores; darán “forma legal” a su salida


De acuerdo con Jerónimo Martínez Ambrosio, uno de los representantes del equipo jurídico de la Sección 22 del SNTE, la Coordinadora “espera” que el dirigente magisterial Rubén Núñez Ginez consiga su libertad bajo caución en los días siguientes. Esto sí es posible gracias a que —según ha informado la prensa— el Dirigente magisterial de Oaxaca sólo enfrenta cargos menores al haber obtenido ya su libertad por el delito de operaciones con recursos de procedencia ilícita. Sólo estarían cubriendo las formas legales para formalizar el acuerdo político tomado con el gobierno federal, para la liberación de Núñez Ginez.

En efecto, según la Agencia Quadratín Oaxaca, que entrevistó a Martínez Ambrosio durante la manifestación de maestros en las oficinas de pagaduría del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO), dijo que se encuentran realizando el desahogo de las diligencias para obtener la libertad del líder de la Sección 22 y otros maestros detenidos. “Esperemos que se desahogue ya en un máximo de dos o tres días, y que los juzgados tampoco tengan la actitud de seguir dilatando el proceso”, señaló.

Pues resulta que durante el fin de semana, el gobierno federal informó que dos integrantes más del Comité Ejecutivo Seccional del magisterio oaxaqueño, habían obtenido su libertad. De entre ellos, destacaba la liberación de Aciel Sibaja Mendoza, secretario de Finanzas de la Sección 22, a quien en abril pasado el gobierno federal aprehendió al acusarlo de realizar —igual que Núñez Ginez— operaciones con recursos de procedencia ilícita. Así, si Sibaja logró obtener su libertad por un delito en el que supuestamente coparticipaba con Núñez Ginez, lo lógico es suponer que el destino de éste último sea más o menos el mismo que el del primero.

¿De qué acusaban a Sibaja y, por ende, a Núñez Ginez? De acuerdo con un análisis interno del gobierno estatal, se pudo establecer que luego de una detallada investigación de la Procuraduría Fiscal de la Federación y de la Unidad de  Inteligencia Financiera, permitió detectar que desde 2012 hasta mediados de 2015 —es decir, el período en que Rubén Núñez Ginez ha sido Secretario General de la Sección 22—, al amparo de diversos convenios suscritos indebidamente por dicha Sección sindical con las empresas ETESA, S.A de C.V., VASA Holding, S.A. de C.V. y Administradora de Negocios Monte Albán, S.A de C.V., entre otras, así como de personas físicas como el señor Octavio Arturo Quintano Cassani, éstas entregaban, de manera directa o indirecta, una comisión del 3.5% quincenal calculada sobre la cobranza de la quincena respectiva, a la propia sección sindical por las ventas y/o servicios que hacían a sus agremiados, a los cuáles, a su vez, se les descontaba el pago de los bienes, productos o servicios adquiridos vía la nómina que se manejaba cuando la sección aún controlaba el IEPPO.

Así pues, en  tan  solo una  de  esas  cuentas del  sindicato, la  número 65503473683  en  Banco  Santander  cuya  denominación  es  “Sección  22 Oaxaca Empresas” y  su  titular el Rubén Núñez, entre otros,  se recibieron 187 depósitos de varias empresas por 31 millones 967 mil pesos, los cuales fueron retirados mediante 116 operaciones por un monto de 31 millones 672 mil pesos; esta cantidad, a su vez, fue dispersada hacia otras cuentas de la propia Sección 22 y finalmente distribuidos mediante pagos de cheques en efectivo o transferencias.

PRUEBAS DESTRUIDAS

Dice el documento citado que en otra cuenta contratada bajo la denominación “Sección 22 Oaxaca CAPP” en el mismo banco y terminación 942, y cuyos titulares son Rubén Núñez Ginez y Claudio Felipe Mendoza García, se recibieron 52 operaciones de depósito por 45 millones 290 mil pesos, y se realizaron, con el mismo mecanismo, 3 mil 841 operaciones de retiro por una cantidad equivalente. En una tercera cuenta también en Santander, a nombre de “Sección 22 Oaxaca Finanzas” y cuyos titulares son Núñez y Sibaja, con número 65500169635, se observaron 70 operaciones de depósito por 8 millones 143 mil pesos, y 659 operaciones de retiros por 8 millones 223 mil pesos.

¿Qué significa la libertad de Sibaja, frente a estas acusaciones? Una de dos: que, o tiene a un abogado mejor que el de Elba Esther Gordillo —que desde 2013 se encuentra en prisión, acusada del mismo delito, y que a pesar de haber intentado varias estrategias de defensa legal, sigue en prisión por tiempo indefinido—; o que en realidad todo esto es parte —evidente— de una negociación entre la Sección 22 del SNTE y la Secretaría de Gobernación, para destruir políticamente las acusaciones que se presentaron ante un juez para librar las órdenes de aprehensión respectivas.

En ese panorama, Núñez puede recobrar su libertad en cualquier momento —algo que ya se veía venir desde su traslado a un reclusorio en Oaxaca— porque los delitos por los que sigue en prisión son relativamente menores (motín, robo, daño en propiedad ajena). No nos sorprendamos si eso ocurre cualquier día de estos, para que pueda ir a encabezar —aunque sea de presencia— las negociaciones con Gobernación.

“EL POLICÍA DEL IEEPO”

Mal se veían los maestros de la 22 llamando “el policía del IEEPO” al defenestrado Moisés Robles Cruz. Ellos lo aceptaron sin problemas, a pesar de que eran públicos sus antecedentes en la Policía Federal. Robles, al parecer, se fue como parte de las medidas de distensión al conflicto. Lo que nadie ha aclarado es si el nuevo Director es un enviado de la SEP para el largo plazo, o si sólo será un gerente del Instituto en lo que termina la administración.

Sistema anticorrupción: las sanciones morales deben también valer

1

AntiCo

+ Que se repruebe igual a autoridades, a proveedores y a particulares


Es muy relevante que, en el discurso alusivo a la promulgación de las leyes ordinarias que conforman el Sistema Nacional Anticorrupción, el presidente Enrique Peña Nieto haya reconocido la importancia que tienen no sólo las actuaciones concretas de los servidores públicos, sino también la percepción que se genera de ellas. Es muy relevante porque en México queda claro que ni quienes detentan el poder, ni quienes estamos en el espectro ciudadano, hemos comprendido la necesidad de hacer que cada quien pague el costo político, y social, por sus acciones. Esta parece ser la nota distintiva, subjetiva, del Sistema Nacional Anticorrupción, que ayer vivió una jornada trascendente.

En efecto, ayer el presidente Peña Nieto encabezó el acto protocolario mediante el cual firmó, y mandó a publicar, los siete conjuntos normativos que conforman la legislación reglamentaria del Sistema Nacional Anticorrupción. En su discurso alusivo, el Mandatario fue muy concreto en el reconocimiento de la necesidad no sólo de que los servidores públicos se conduzcan con apego a la ley, sino que además lo hagan con la noción de que la percepción que generan esos actos trae aparejado también un costo social y político, que lastima la reputación de quienes los cometen, que también impactan en la legitimidad de las figuras institucionales, como la investidura presidencial, el cual debe generar más consecuencias que el solo repudio moral.

“Tenemos que vernos en el espejo, empezando por el propio Presidente de la República. En noviembre de 2014, la información difundida sobre la llamada ‘casa blanca’ causó gran indignación. Este asunto me reafirmó que los servidores públicos además de ser responsables de actuar conforme a derecho y con total integridad, también somos responsables de la percepción que generamos con lo que hacemos. Y en esto, reconozco que cometí un error. No obstante que me conduje conforme a la ley, este error afectó a mi familia, lastimó la investidura presidencial y dañó la confianza en el gobierno. En carne propia sentí la irritación de los mexicanos. La entiendo perfectamente. Por eso, con toda humildad, les pido perdón. Les reitero mis sinceras y sentidas disculpas por el agravio que les causé…”, dijo el Presidente.

Esto es de la mayor trascendencia, porque por primera vez —quizá en toda la historia nacional contemporánea— un titular de la Administración Pública Federal acepta que los actos realizados por los funcionarios deben ser no sólo legales, sino legítimos. Es decir, que no sólo deben cumplir con los parámetros legales estrictos, sino que también deben atender a lo que la ciudadanía considerará que es correcto.

Esta es una noción que en otros países se encuentra perfectamente construida desde hace mucho tiempo, pero que en México primero se rezagó porque la legitimación del poder público estaba basada en el corporativismo —durante el régimen de partido hegemónico—; y después, en los tiempos de la alternancia, en la idea de que el aval de los votos era suficiente para dar legitimidad al poder, independientemente de lo que ocurriera después.

Hoy queda claro que esos parámetros son insuficientes, y que por ende un funcionario debe cuidar la ley tanto como su comportamiento y sus acciones a la luz no sólo de la ley, sino de la legitimidad que debe mantener ante sus gobernados. A eso se refirió el Presidente, y por esa razón es muy necesario que nosotros como ciudadanos ahora vigilemos y participemos para que esa intención —aparente y forzada— se cumpla.

TODOS, FRENTE AL ESPEJO

“Tenemos que vernos frente al espejo”, dijo el Presidente. Y ver nuestro propio reflejo significa reconocernos tal cual somos. Y en los aspectos de la corrupción, queda claro que no se trata sólo de criminalizar o perseguir a los servidores públicos porque, como dice el dicho popular, “para que haya problemas hacen falta dos”. Esos dos son el que corrompe, y el que se deja, fuerza o “invita” a corromperse.

Ese otro es el ciudadano, que ahora también tendrá que pasar por el tamiz del sistema anticorrupción. Ese rubro ha sido otro tabú que ahora deberá romperse en México. Pues es evidente que el servidor público es quien está obligado a pagar un costo legal, social y político por los actos de corrupción en que incurre, pero también lo es que esa situación pasa también por quien participa, desde el sector privado, en la comisión de ese tipo de conductas. En eso debemos ser muy enfáticos, y firmes, porque el nuevo rasero de la evaluación de la función pública debe también pasar por los particulares que coparticipan de esas acciones indebidas.

El caso más concreto es el del propio Presidente. Él incurrió en una conducta inmoral. ¿Pero qué pasó con el dueño de la constructora que otorgó el “préstamo” para que la esposa del Presidente construyera su mansión? Juan Armando Hinojosa es, acaso, uno de los primeros particulares que abiertamente se ve sancionado moralmente —el valor de su compañía cayó, gracias al conflicto de interés, y quedó evidenciada frente a la opinión pública nacional— por verse relacionado en alguna práctica indebida en su relación con la función pública.

A NIVEL LOCAL

También habrá que ver qué acciones toma el Congreso y el Ejecutivo en Oaxaca para implementar un sistema estatal armónico, y necesariamente superior al nacional, para el combate a la corrupción. Oaxaca no aguanta más situaciones así y, para ganar credibilidad, el nuevo Gobernador deberá envolverse en esas banderas para cumplirle a la ciudadanía.

AMLO: su moderación, en el punto exacto para seguir en el sistema político

The presidential candidate for the lefti
The presidential candidate for the leftist coalition Progressive Movement of Mexico, Andres Manuel Lopez Obrador gestures during a press conference on July 12, 2012. Lopez Obrador called on Thursday for the invalidity of the election last July 1, which was second, and predicted that next week will present a “plan of defense of democracy” by the “peaceful”. AFP PHOTO/ Yuri CORTEZ (Photo credit should read YURI CORTEZ/AFP/GettyImages)

+ En 2006 pudo haber desatado revuelta nacional: antes, como ahora, lo evitó


A muchos les sorprendió la declaración hecha la semana pasada por el líder de Morena, Andrés Manuel López Obrador sobre la necesidad de reformar, no derogar, la reforma educativa, y de mantener el principio de autoridad sin tratar de jugar a las vencidas con el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto. La sorpresa fue, en primer término, por el viraje a la moderación de su discurso de respaldo a la CNTE; pero sobre todo, esa declaración revela que, igual que en 2006, López Obrador está frenando en el límite para no desbocar el sistema de partidos, como el mecanismo único de acceso al poder político.

En efecto, la semana pasada López Obrador dijo que lo que busca al apoyar a la CNTE en la oposición a la Reforma Educativa, es la revisión de la ley y no su abrogación. López Obrador puntualizó que es necesario que se atienda a una revisión exhaustiva de la reforma lo antes posible. “No se puede derogar reforma educativa, sería claudicación del Gobierno y no le conviene a nadie. Tiene que haber autoridad (…) No se puede derogar la reforma educativa, hay que revisarla en un periodo extraordinario antes del primero de septiembre”, expuso.

Estas palabras tienen una significación especial, porque contrastan fuertemente con las promesas lanzadas en abril pasado, cuando vino a firmar un pacto con el magisterio oaxaqueño en el que se comprometía a “devolver” el control de sistema educativo a los profesores, y a reinstalar a toda la estructura administrativa del IEEPO que provenía de la Sección 22. Aquel fue un pacto abierto a favor de la abrogación —de jure o de facto— de la reforma educativa en Oaxaca que, sin embargo, ahora matizó a partir de un planteamiento enfilado a la búsqueda de los equilibrios.

Esto tiene una significación particular porque López Obrador está pensando en el 2018, y porque sabe que lo menos que puede hacer es incendiar al país para luego —según calcula— recibir sus cenizas ya como Presidente de la República. En ese sentido, es notable la forma en cómo estableció un nuevo punto de inflexión en el que no sólo está llamando a los maestros de la CNTE a que se moderen, y a que transijan con el gobierno federal los nuevos términos de la evaluación docente, sino que tácitamente también está reconociendo a la autoridad federal, y la necesidad de que esos principios institucionales prevalezcan.

¿Qué resalta de ese cambio de discurso de AMLO? Que su pragmatismo, de nuevo lo está llevando a ponerse en el umbral de la revuelta social, pero que una vez más está optando por el sistema político como mecanismo de acceso al poder. Es una postura absolutamente incongruente, aunque al mismo tiempo es también la revelación de que aún con toda su vena autoritaria y su cercanía con el radicalismo, el tabasqueño sigue sin ser capaz —y qué bueno— de poner realmente en duda aquel viejo planteamiento de mandar al diablo a las instituciones.

CAMBIO DE DISCURSO

Por eso, igual que en el 2006, este sorpresivo llamado a la prudencia tiene como telón de fondo que López Obrador sabe que a pesar de que tenemos un sistema y una cultura política incipientes, hay situaciones que la propia sociedad mexicana ya no toleraría, como un intento de toma violenta del poder presidencial, o la vía de la revuelta como mecanismo de acceso al poder. Junto a eso, él mismo sabe que contribuir hoy a quebrantar el principio de autoridad, sería como darse un balazo en el pie si en 2018 verdaderamente llega a ser Presidente.

En ese sentido, vale recordar lo que ocurrió en 2006: en aquel entonces, su soberbia lo llevó a perder la amplia ventaja electoral que tenía; fue alcanzado por Felipe Calderón, que lo venció en los comicios por menos de medio punto porcentual. En respuesta, el tabasqueño instaló un plantón en el Paseo de la Reforma, se declaró en rebeldía pacífica y se negó a reconocer al gobierno electo. En noviembre de ese año se autonombró “Presidente legítimo de México”. Pero a pesar de todo su discurso incendiario, nunca intentó llevar su inconformidad a otro nivel.

¿Cuál habría sido ese “otro nivel”? Habría sido, indudablemente, el de la vía violenta a través de una revuelta o de un levantamiento armado. López Obrador no hubiera carecido de medios para hacerlo, ya que muchísima gente —de organizaciones, y también espontáneos— habrían estado dispuestos a respaldar un movimiento de esas características.

No ocurrió, justamente porque Andrés Manuel se detuvo en ese umbral y decidió no pasar al siguiente nivel, que habría sido el de la confrontación violenta para reclamar la victoria electoral que reiteradamente dijo que le robaron. Con todo, decidió seguir transitando por la vía de los partidos, y esperar a las siguientes oportunidades.

Ahora está ocurriendo algo muy similar: en el umbral del rupturismo —a través de su apoyo a la Coordinadora, que sí está dispuesta a todo—, de nuevo López Obrador se detuvo y le apuesta a moderar el discurso. Sabe que en la medida que lo logre, podrá tener un movimiento social importante respaldándolo, pero también una vía política para continuar su camino hacia el siguiente proceso electoral, sin romper con una institucionalidad que después podría perjudicarle.

PRAGMATISMO

Al final, aún con todo ese pragmatismo, Andrés Manuel deja ver su prudencia frente a algo tan importante para la vida nacional, como lo es el sistema que la Constitución prevé para el acceso al poder público.

La revolución de Pokémon: ejemplo de que la Generación X está ahí

PKGO

+ Pervive el adagio, al revés: los niños de ayer somos los adultos de hoy


 

Las generaciones anteriores a la llamada “generación X”, se deben ir acostumbrado a que quienes fuimos niños hace veinte años, ahora somos adultos. Eso significa no sólo que los adultos jóvenes “maduremos” o nos “aseñoremos”, sino también que esas generaciones de gente mayor comience a entender por qué somos como somos. Esto incluye modas, formas de vestir, gustos y diversiones, que estuvieron presentes hace dos décadas —cuando esos adultos ya eran nuestros papás— y que ahora vuelven cuando nosotros ya somos adultos y tenemos un espacio concreto en la sociedad en que vivimos. El ejemplo perfecto es la revolución que significa algo tan simple como Pokémon Go, del que tanto se habla hoy en día.

En efecto, se conoce popularmente como Generación X a los que nacimos entre finales de la década de los setentas, y hasta finales de los años ochentas —y quizá los dos o tres primeros años de la década siguiente. En México se ubica como la primera generación que estudió usando herramientas informáticas, pero fueron la última en usar las tradicionales por lo cual tienen habilidades apreciables para hacer uso de la computadora e internet pero a diferencia de las generaciones posteriores (que prácticamente no leyeron libros) suelen tener el hábito de la investigación por lo cual no creen fácilmente todo lo que encuentran en la red, esto los ha marcado como la generación de los “escépticos” o “desconfiados”, ya que además hablando de las novedosas formas de socializar, usan la tecnología, pero prefieren marcadamente los amigos reales a las amistades “virtuales”.

Esta generación creció en un momento en el que la historia de México estuvo plagada por crisis económicas de los setentas, ochentas y noventas. Por lo tanto, la generación X fue la más perjudicada en cuanto a la economía. La disponibilidad de información y material artístico, en gran medida por la aparición de internet, hace que esta generación sea radicalmente abierta comparada con las anteriores en cuestión musical, y logre conocer propuestas musicales de todo el continente, Europa y el mundo, prácticamente en el mismo momento de su lanzamiento mundial.

Quienes nacimos en ese periodo de tiempo, fuimos de los primeros que tuvimos acceso ya a una cantidad importante de series, caricaturas y programas de entretenimiento importados, que incluso llegaron a rebasar los contenidos nacionales tradicionales. Ello explica, por ejemplo, por qué en los noventas muchas de las barras televisivas de entretenimiento infantil y juvenil se terminaron, y por qué fue tan difícil que en los años siguientes se replicaran esfuerzos como los de Odisea Burbujas, Chespirito y muchos otros.

Lo más trágico es que esa visión malinchista tan de moda, hizo que muchos repudiaran esas series con las que —indudablemente— todos nos reímos en la niñez o primeros años de la juventud, y prefirieran otros programas traídos de fuera para la diversión nacional. Uno de ellos fue Dragon Ball; y otro, excepcionalmente exitoso fue Pokémon, con el que millones de niños de entonces crecieron, y que hoy resultan ser esos adultos jóvenes que hoy tienen inundado el espacio de internet con ese juego —revolucionado— que las generaciones siguientes no terminan de entender.

POKEMÓN GO

El concepto en general es sencillo —explica Víctor Beltri en un interesante texto publicado el jueves en Excélsior—, aunque puede ser bastante complicado. Los jugadores se asumen como entrenadores de los pokemones, que son criaturas que viven en estado silvestre hasta que son capturadas y sujetas a entrenamiento. Los jugadores tienen dos objetivos generales: el primero es coleccionar tantos pokemones como sea posible (de ahí la frase gotta catch’em all), y en segundo término entrenar a estos pokemones para que compitan con aquellos de otros jugadores. La estructura de colección, entrenamiento y batalla está presente en todas las versiones de los juegos, incluso en aquellas que se desarrollan a base de tarjetas.

Ahora bien, dice Beltri, Pokémon Go se basa en la tecnología desarrollada por Google para realidad aumentada en espacios urbanos, y que ya ha sido probada antes en aplicaciones como Ingress, aunque enfocada en un mercado distinto. Pokémon Go es un massively multiplayer online role playing game, o MMORPG. Hace uso de la localización geográfica y de la cámara de los teléfonos, y hasta el momento ha sido recibido con entusiasmo, a pesar de algunas críticas referentes a los peligros derivados de su uso y a las molestias generadas por los jugadores, en lugares emblemáticos como el Museo del Holocausto, cementerios, iglesias o los campos de concentración de Auschwitz-Birkenau. La aplicación ha recibido críticas también, debido al extraordinario acceso que requiere de las cuentas de Google de los usuarios, y que incluye todo tipo de archivos, fotos, videos y cualquier tipo de información relacionada con la compañía.

NOSTALGIA

Pokémon pertenece a Nintendo, que se reposicionará en la industria de los videojuegos a nivel mundial, a partir de una premisa muy simple: los niños de hace 25 años, que tuvieron como máxima aspiración poseer una consola de Nintendo para jugar esos juegos, hoy son adultos que en muchos casos cuentan con el poder adquisitivo para comprar ese artefacto que quizá en el pasado no se lo pudieron comprar sus padres, o para volver a jugar esas consolas que hoy son inconseguibles en el mercado. Quizá por eso, Nintendo anunció también esta semana el relanzamiento de su primer consola, el NES, que originalmente salió en 1985, y que fue con lo que nos divertimos muchos de los que hoy tenemos treinta y tantos años…

La solución al conflicto con la CNTE sí debe pasar por revisar la evaluación

Amlo

+ Un error, suponer que la reforma educativa era pétrea; siempre hubo fisuras


Andrés Manuel López Obrador aceptó públicamente que es necesario reformar la legislación en materia educativa, pero no abrogarla. Esta postura es fundamental en el cauce que lleva el conflicto magisterial encabezado por la CNTE, porque representa nada menos que la moderación de una de las voces más beligerantes que, según parecía hasta hace unos días, estaba dispuesta a llevar de nuevo el conflicto a una situación de crisis. Si para resolver cualquier conflicto es necesario que las partes en pugna se escuchen y transijan, ahora todos deben apostar a que la evaluación docente pase por esa profunda revisión que le vendría muy bien a los maestros, al SNTE, a la CNTE, y al país.

En efecto, ayer varios medios informativos de la capital del país dieron cuenta de las afirmaciones de López Obrador, hechas a un noticiario radiofónico, en las que concretamente aclaraba que lo que busca al apoyar a la CNTE en la oposición a la Reforma Educativa, es la revisión de la ley y no su abrogación. López Obrador puntualizó que es necesario que se atienda a una revisión exhaustiva de la reforma lo antes posible, pero que no se puede derogar reforma educativa porque “sería claudicación del Gobierno y no le conviene a nadie. Tiene que haber autoridad”, puntualizó.

De hecho, AMLO dijo que para ‘corregir’ algunos planteamientos, es necesario que se cuente con la intervención de maestros y especialistas, que determinen qué es lo mejor para la definición del proyecto educativo. No se puede derogar la reforma educativa, hay que revisarla en un periodo extraordinario antes del primero de septiembre”, expuso.

Estas declaraciones tienen un significado enorme. Pues contrario a todo lo que se pudiera suponer, es la primera vez en mucho tiempo que López Obrador ofrece destellos de una postura equilibrada, de Estado, y capaz de encarar los problemas sociales por encima de las proclamas o las conveniencias políticas. Esta postura del líder de Morena, por increíble que parezca, lo que está haciendo es afianzar no la conveniencia oficial, sino el necesario —y muy echado de menos— diálogo público, en el que la capacidad de escucharse y de transigir entre las partes en pugna, fuera el camino para resolver los conflictos sociales.

Esto es muy significativo. Hace apenas dos semanas parecía que la crisis magisterial en el sureste del país no tendría otro remedio más que —en uno de los extremos— la utilización de la fuerza pública; y que —en el otro extremo— todos los actores y grupos estaban anunciando —y denunciando, anticipadamente— un acto de represión, ante la utilización de la fuerza pública, independientemente del contexto y los resultados tanto de la negociación, como de otra posible intervención policiaca para terminar con las acciones de protesta de la Coordinadora.

LA EVALUACIÓN

Hay un punto en el que el gobierno federal ya logró generar un consenso, aún en detrimento de sus propias posturas: que cualquier forma de entendimiento con el magisterio nacional —el SNTE y la CNTE— pasa por la revisión del modelo de evaluación. Eso lo tuvo que hacer el gobierno federal a partir de la urgencia de hallar un arreglo con la Coordinadora, sin que esto significara, por un lado, premiar la beligerancia de las corrientes magisteriales disidentes; y que, por el otro, tampoco fuera un arreglo con la CNTE que dejara a los profesores identificados con el SNTE —que sí aceptaron los términos de la reforma— como unos peleles.

En esa lógica, la evaluación debe revisarse en un contexto integral, y ese no es un argumento nuevo. De hecho, en diciembre pasado apuntábamos lo trágico que resultaba que en los asuntos públicos el diálogo sin matices nos llevara a la intolerancia y la demagogia.

Es necesario asumir —dijimos en nuestra entrega del 31 de diciembre pasado— que existen muchos temas en los que hay todavía un largo trecho por recorrer antes de que pueda hablarse de mejora o de verdadera eficacia. Eso ocurre claramente en todo lo relacionado con la aplicación de la evaluación docente, que debe ser vista en su dimensión más justa no como la panacea, sino como el inicio de un camino que tiene mucho por rectificar.

Esa “rectificación” es justamente de la que hablaba ayer López Obrador, y es la que se verá obligada a buscar la Coordinadora si es que de verdad quiere llevar la negociación a un puerto viable para sus agremiados, antes que continuar en la lógica de “patria o muerte” que ha intentado sin éxito hasta ahora. Muchos de esos problemas de la evaluación están perfectamente detectados y lo que hace falta es reconocerlos, analizarlos y corregirlos desde la base misma de una reforma a la legislación ya existente.

Entre los muchos temas que deben corregirse, se encuentran por ejemplo un examen de conocimientos que no necesariamente evalúa el desempeño, unas guías de examen que no reflejan ni los contenidos, ni la bibliografía del plan de estudios de la escuela normal. Un examen que no da elementos para medir el desempeño de los docentes frente a sus alumnos. Una solicitud de evidencias con un lenguaje poco académico. Subir ‘evidencias del mejor alumno y del alumno más deficiente’, cuando la psicopedagogía ha mostrado que cada alumno tiene procesos de desarrollo y de conocimiento particulares, entre muchísimos otros más que cualquier maestro —al margen de las posturas políticas CNTE/SNTE— ha podido ya detectar y que, todos coinciden, hay que corregir.

REVISIÓN, INELUDIBLE

Ahí está la base del problema, y por eso la solución al conflicto social de Oaxaca sí debe pasar por la revisión de los “cómos” que están alrededor de la evaluación docente.

¿El traslado de líderes magisteriales no fue parte del acuerdo con Segob?

0

Rubén-Núñez-y-Francisco-Villalobos

+ Gobierno y la CNTE, dispuestos a “legalizar” cualquier acuerdo político


La CNTE denuncia —con razón— que sus dirigentes encarcelados son “presos políticos”. Sólo que con esa misma claridad y denuedo debería también reconocer que la decisión de trasladar a cuatro de esos dirigentes, a un reclusorio en territorio oaxaqueño, es también consecuencia de un acuerdo político tomado con la Secretaría de Gobernación. En este país en el que las decisiones políticas son legalizadas a través de formalismos, y nadie se sorprende de ello, esto no debería ser un asunto de poses sino de la demostración de cómo grupos de presión —como la Coordinadora— pueden conseguir negociaciones efectivas.

En efecto, en las primeras horas del martes 12 de julio —horas después de que se llevara a cabo el tercer encuentro entre la CNTE y Gobernación—, se anunció que el líder de la Sección 22, Rubén Núñez, había sido trasladado junto con Francisco Villalobos, Aciel Sibaja y Heriberto Margariño al penal de Miahuatlán, Oaxaca durante la madrugada.

Tal información fue confirmada por el abogado Hugo Paz a un medio de la capital del país, y de inmediato se especuló que éste había sido uno de los acuerdos políticos tomados para facilitar la distensión del conflicto, a pesar de que el traslado de los dirigentes magisteriales detenidos no aparecía en la lista de acuerdos alcanzados entre Gobernación y los representantes de la Coordinadora que acudieron a la mesa de trabajo.

Ayer miércoles, a pesar de la coincidencia en tiempo y circunstancias, la Coordinadora intentó aclarar el punto asegurando que el traslado de los cuatro dirigentes no era parte de los acuerdos con Gobernación, sino que más bien era un logro de la defensa de los procesados. Edith Santibáñez, integrante del equipo Jurídico de Sección 22, aseguró que el traslado de cuatro líderes magisteriales fue un acuerdo judicial  y “no un favor” ni “rotación” de las autoridades, aunque no descartó que la comisión negociadora haya puesto el asunto sobre la mesa de diálogo.

“Teníamos no nada más un acuerdo, teníamos hasta tres acuerdos de traslados emitidos por los jueces, sin embargo las autoridades hacían caso omiso. Hasta el día lunes que se le emplazó al juez segundo de lo penal de Oaxaca, el tenía que darle vista al agente del Ministerio Público en cumplimiento de su mandato judicial”, explicó Santibáñez. ¿De verdad podemos quedarnos con esta versión?

DECISIONES POLÍTICAS

Pues es claro —porque en estos asuntos las casualidades nunca son tal— que esta fue una más de las decisiones políticas a las que luego buscan darle forma jurídica para legalizarlas y —es un decir— “legitimarlas”. La mejor prueba de ello es la propia detención de todos los dirigentes de la Sección 22 y la Coordinadora, que fue un acto político revestido de formalidades jurídicas, no con la intención de castigar la comisión de delitos sino de tratar de desmembrar a un movimiento de presión, que —¡vaya paradoja!— ahora tiene de rodillas a la Secretaría de Gobernación.

En ese sentido, en esta columna apuntamos desde el 14 de junio que lo primero que debíamos tener claro es que las aprehensiones —no “arrestos”— de Rubén Núñez y Francisco Villalobos, secretario General y de Organización, respectivamente, del comité estatal de la Sección 22, son eminentemente políticas.

¿Por qué?, nos preguntábamos. Porque la base de su persecución judicial radica —como siempre en México— en su actividad política. Si Núñez y Villalobos, junto con todos los demás integrantes del comité seccional que ya fueron detenidos, no se hubieran opuesto a la reforma educativa, ahora mismo seguirían gozando de los dividendos que arrojan los porcentajes pagados por empresas a cambio de que la Sección 22 les permitiera realizar negocios con sus agremiados. Por eso hay una evidente connotación política que no debemos dejar de ver.

Ahora bien, en este contexto es menester considerar otro factor imprescindible: en la mesa de Gobernación, hoy en día todo está sujeto a una negociación política. ¿Cómo quiere la Coordinadora, por ejemplo, que el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto “abrogue” la reforma educativa, si ello no está entre sus facultades? ¿Cómo consiguió la CNTE que el gobierno federal claudicara en su anuncio de despedir a más de tres mil por incurrir en los supuestos de responsabilidad que establece la Ley General del Servicio Profesional Docente, por faltar más de tres días a sus labores, en el periodo de un mismo mes? ¿Y cómo quieren que se distienda el conflicto de Oaxaca, Chiapas y otras entidades del país? La respuesta a cualquiera de esas preguntas —incluyendo el traslado, y quizá hasta la próxima liberación de Núñez Ginez y compañía— pasa por una negociación política, revestida de formas jurídicas.

Por eso la Coordinadora debe dejar esos maniqueísmos cuando no le conviene, y reconocer que el traslado de Núñez fue una decisión tomada en Gobernación, y luego legitimada por los acuerdos judiciales y el cumplimiento de la autoridad penitenciaria. Nada tan simple —y tan visible— como eso.

ARDOR

Se siguen preguntando por qué fue el ex gobernador Ulises Ruiz, el único priista del país que públicamente salió a rechazar la “elección” de Enrique Ochoa Reza como líder nacional del PRI. La respuesta es simple: porque Ochoa representa a la misma generación de políticos a la que pertenece Alejandro Murat. Sabe también que esa decisión fortalece políticamente —en el mediano plazo— al ahora Gobernador electo. Y que —es lo que le duele— eso lo tendrá aún más alejado de lo que ya está del poder en Oaxaca, luego de sus recurrentes saldos rojos, y sus derrotas recientes.

Al CEN del PRI su pasado reciente le cobra hoy las facturas

OchoaReza

+ Ciudadanía no quiere tecnocracia ni verticalismo, ¿entonces?


Ha sido muy polémica la decisión del Presidente de enviar a Enrique Ochoa Reza, de la Comisión Federal de Electricidad, a la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional del PRI. La razón es que, por un lado, reprueban la posibilidad de que la nueva tecnocracia mexicana tome otra vez el control de ese partido; y por el otro, cuestionan que alguien sin experiencia ni trabajo de bases, llegue a través de consensos cupulares al máximo cargo político entre los priistas que gobiernan. Acaso, lo que no alcanzan a ver es que el PRI, como todos los partidos, se enfrenta a la realidad de la pudrición generada por sus cuadros nuevos y de antaño.

En efecto, sólo es cosa de que se cumplan algunas formalidades estatutarias para que se oficialice la elección de Ochoa Reza al frente del partido. Éste viene al PRI de un cargo —y de una formación académica y en el servicio público— puramente técnica. Ochoa presumió una militancia de casi dos décadas en el priismo, pero lo cierto es que ese es un argumento que dice muy poco, a la luz de que su supuesta “prueba de militancia” se reduce a una credencial emitida por el partido tricolor, como millones más que deben existir en el país. Así, el inminente Líder priista carece de antecedentes no de militancia, sino de formación política —de campo y de dirigencia— como para hacerse responsable de los destinos del partido.

En ese sentido, la crítica sobre la inexperiencia del nuevo Dirigente, e incluso sobre su inexperiencia en los asuntos del partido, encuentran un lugar idóneo para anidar a partir de los solos antecedentes, y a ellos se le suma uno más, que resulta ser tanto o más importante que los dos primeros: que esa combinación de inexperiencia, tecnocracia y falta de identidad con el PRI, está enmarcada por la decisión cupular del Presidente de imponerlo inopinadamente. Peña Nieto, evidentemente, no le preguntó a nadie, no lo consensó con nadie y, para muchos, tampoco pensó en la importancia que tiene su partido para el sistema político, y para los mexicanos.

Sustantivamente esas son críticas que van al fondo del priismo y que ponen en una perspectiva muy compleja la realidad del tricolor, y sus perspectivas en el mediano plazo. En pocos momentos, como el actual, el priismo había tenido un declive tan marcado y se encontraba tan en serio riesgo de perder la Presidencia de la República. Desde la elección presidencial, el tricolor ha venido en una caída estrepitosa, que lo llevó al ras de mantener la mayoría en la cámara baja —gracias a sus alianzas partidistas, de jure y de facto—; pero los comicios recientes lo pusieron en una encrucijada por las derrotas que hicieron dejar la dirigencia al experimentado Manlio Fabio Beltrones Rivera.

Por eso, la lógica apunta a que si el partido queda en manos de alguien inexperto, sin tuétano priista, sin trabajo territorial y de bases, y en medio de una crisis como la actual, el resultado no puede ser sino la multiplicación de los descalabros. Nada menos que eso.

VIEJOS Y NUEVOS PRIISTAS

Beltrones era el prototipo del priista de categoría, que merecía ser dirigente del partido porque se había preparado para ello. Ex gobernador, con una larga carrera parlamentaria, y con décadas de trabajo en el sector popular del PRI, parecía que Beltrones era el idóneo para ser líder priista de buenos resultados. No es —como los priistas “viejos” de la actualidad— un gran académico ni una persona respetada en círculos ajenos a la política. Era, más bien, un político de tiempo completo… que en el cargo más importante de su vida, fracasó.

Ahora habría que preguntarnos quiénes son los nuevos priistas con una ascendencia más o menos similar a la de Beltrones. La respuesta tendría que llevarnos irremediablemente a los gobernadores actuales, y a los ex gobernadores, todos jóvenes, comenzando por Humberto Moreira Valdés. Pero resulta que si atendemos a ese rubro de priistas encontraremos un resultado pavoroso: toda esa pléyade de nuevos priistas en cargos nada menos que de Gobernadores, son los que en gran medida provocaron los descalabros de los que tanto se duele el partido entero en la actualidad.

Uno de ellos es Moreira, pero otro podría ser César Duarte de Chihuahua, o Javier Duarte de Veracruz, y Roberto Borge Angulo, gobernador saliente de Quintana Roo. El problema es que ellos no sólo están descartados por el Presidente, sino que incluso dos de ellos fueron fustigados públicamente por el Presidente al reprobar sus maniobras para blindarse contra las investigaciones futuras en su contra por corrupción. Ese es un sector “joven” del PRI que resultó peor que los antecedentes caciquiles —y hasta “mafiosones”— de los priistas de viejo cuño.

Lógicamente eso no justifica, sino que agrava, la situación actual del PRI. Está tan árido de cuadros que tuvo que buscar en un sector que —quizá como en los tiempos de Zedillo— llega al partido por deber pero no por convicción, y menos por vocación. Y lo más sorprendente, es que esa crisis de cuadros jóvenes y viejos, hoy no es exclusiva del PRI en México.

COLEGIACIÓN

En el marco del Día del Abogado, el doctor Rodolfo Moreno Cruz presentó el Colegio Latinoamericano de Abogados “Carlos Santiago Nino”, Capítulo Oaxaca. El doctor Moreno —un destacadísimo y lúcido jurista oaxaqueño, con amplia trayectoria académica en Europa y Estados Unidos— impulsa la colegiación como una forma de apoyar la preparación continua entre la comunidad jurídica de Oaxaca. Ojalá se replicaran más esfuerzos constructivos como éste. ¡Enhorabuena!

México no puede seguir esperando a buena voluntad contra la corrupción

Duarte

+ Acciones de Inconstitucionalidad vs Veracruz y Q Roo: algo no anda bien


El presidente Enrique Peña Nieto ha demostrado ser de esos presidentes que no tiene empacho en tomar decisiones cuando se trata de proteger sus intereses. Así, en esa peligrosa dualidad, ha sido inmune —aunque con altos costos políticos— a las críticas sobre su denodada protección a la corrupción que existe en México; pero, en alguna medida, esa también ha sido la pauta para tomar decisiones como la que anunció ayer, de ir en contra de los gobierno de Veracruz y Quintana Roo, que pretendieron blindarse ante la próxima alternancia de partidos en el poder. Al final, lo que el Presidente demuestra es que está dispuesto a que se honre la legalidad, pero sólo en la casa de sus compadres (incómodos).

En efecto, ayer en conferencia conjunta, Eduardo Sánchez Hernández, vocero de la Presidencia de la República, y Salvador Sandoval Silva, subprocurador jurídico y de asuntos internacionales de la PGR anunciaron que la Procuraduría General de la República había presentado ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, sendas acciones de inconstitucionalidad contra los congresos y los gobernadores de Quintana Roo y Veracruz.

Con esta acción instruida por el presidente Enrique Peña Nieto, dijeron ambos funcionarios, se pretende que el gobernador de Quintana Roo, Roberto Borge Angulo, y Javier Duarte de Ochoa, de Veracruz, no puedan anticiparse para su beneficio en materia anticorrupción y tampoco nombrar a funcionarios para este fin. Ambos son de afiliación priista. “Resulta conveniente que la Suprema Corte de Justicia de la Nación, analice tales reformas, toda vez que ante la falta de competencia de los Congresos de las entidades federativas mencionadas, se generará, en perjuicio del propio Sistema Nacional Anticorrupción, una inseguridad jurídica que pondría en duda las reglas de dicho Sistema”, remataron.

Esto resulta relevante, en un primer momento —y quizá hasta reconocible—, a partir de la premisa de que por primera vez, el Ejecutivo federal está tomando acciones en contra no sólo de Gobernadores en defensa del centralizado Sistema Nacional Anticorrupción, sino que lo está haciendo en contra de gobernadores emanados de su mismo partido (el PRI), y además lo está haciendo respecto a mandatarios que han demostrado ser altamente corrosivos para el “sistema democrático” —si es que se le puede llamar así a estas alturas— con el que el gobierno federal pretende legitimarse ante una sociedad cada vez más incrédula de la voluntad del gobierno federal por combatir la corrupción.

En este primer rubro, resulta muy interesante la forma en cómo el gobierno del presidente Peña Nieto está tratando de combatir la corrupción a través de mecanismos de control constitucional que —¡vaya paradoja!— involuntariamente están rematando la centralización del sistema de control de los servidores públicos de los tres órdenes de gobierno.

La lógica federal es consultarle a la Corte, para que ésta determine, si las decisiones tomadas por los gobernadores de Veracruz y Quintana Roo, violan o no los alcances del Sistema Nacional Anticorrupción. Esto parece, en gran medida, una maniobra más política que de constitucionalidad, no para combatir dichos actos, sino esencialmente para demostrarle a la ciudadanía que el gobierno federal está de verdad preocupado por combatir la corrupción pero con gobernadores priistas que han sido fuertemente cuestionados por su desempeño y resultados, y que en gran medida fueron constructores de parte de la derrota priista de los comicios de junio pasado. Por eso, esto más que preocupación por el Sistema Anticorrupción, parece una venganza política en contra de Borge Angulo, y Duarte de Ochoa.

¿Y EN SU CASA?

Esa es la duda que queda: para investigar sus propios vínculos de corrupción, el Presidente nombró a un subordinado como encargado de conducir la investigación en su contra, y éste resolvió que el Presidente —su jefe, junto con su esposa, la señora Angélica Rivera— no tenía ningún conflicto de interés por el origen del financiamiento para la construcción de la casa (la llamada “casa blanca”) en la que ¿habita? el Presidente y su familia.

¿Por qué el Presidente no se midió con la misma vara que ahora mide —con razón— a los gobernadores Duarte y Borge Angulo? La cuestión no es dilucidar si los dos mandatarios estatales merecían o no la Acción de Inconstitucionalidad que ayer les presentaron, a partir de que el Presidente no se midió con la misma vara cuando hubo que investigar un acto cometido por él respecto a un contratista del gobierno federal.

No: más bien lo que hay que ver es que cuando el Presidente tuvo que ordenar —orillado por las circunstancias— una investigación en su contra, hizo muy poco al solo ordenar a su subordinado, el Secretario de la Función Pública, que llevara a cabo una investigación, sin llegar más lejos en cuanto a la decisión de conformar una fiscalía autónoma para aclarar el asunto, o de dar, en ese momento, los pasos necesarios para la formación de un sistema más robusto de control a todos los servidores públicos bajo su potestad (nada menos que todos los funcionarios del gobierno federal).

DOS RASEROS

Por eso, si bien es relevante la decisión de impugnar las maniobras de Duarte y Borge para blindarse frente a las posibles investigaciones de corrupción, Peña Nieto sigue quedando a deber porque, por enésima ocasión, demuestra que quiere la democracia y el cambio pero sólo en los rubros que no lo incluyen como titular del Ejecutivo federal.