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PRI está colonizando al PAN, tiene cautivo a Morena e irá por el PRD

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+ Pretenden anular a fuerzas opositoras a través de dirigencias a modo


La disputa actual por la dirigencia estatal del Partido Acción Nacional no es sino un episodio más del intento del nuevo régimen, a través del priismo, por hacerse del control de ese partido. Esa intención luego se extenderá al Partido de la Revolución Democrática como, ya de alguna forma, ocurre con el Movimiento de Regeneración Nacional. Las fuerzas de oposición en Oaxaca enfrentan maniobras quirúrgicas del régimen para tratar de generar gobernabilidad a través de una oposición orgánica.

En efecto, hoy la disputa por la dirigencia estatal del PAN se libra entre quienes han tenido el control en los últimos años, y un personaje pro priista como Luis de Guadalupe Martínez Ramírez. Básicamente, Juan Mendoza Reyes, hasta ahora coordinador de la bancada panista en la LXIII Legislatura local, ha intentado sucederle el cargo de dirigencia a Antonia Natividad Díaz Jiménez que fue, a su vez, la coordinadora de bancada en la Legislatura anterior gracias al nombramiento que le dio Mendoza.

Ellos saben desde hace meses, que desde el PRI hay montada toda una estrategia para despojarlos no sólo de los espacios legislativos que han ostentado (la Junta de Coordinación Política en el último año de la Legislatura anterior, y la coordinación de la bancada en la actual) sino ahora también de la dirigencia estatal del partido. Evidentemente, es claro que a pesar de la escasa militancia y votación panista en Oaxaca, en sí el cargo de dirigencia reviste cierta importancia política como símbolo de una fuerza partidista; pero, sobre todo, la verdadera importancia está en la capacidad de incidencia que tiene la dirigencia estatal en la vida del partido y su representación en los órganos legislativos.

Estas maniobras no son nuevas. De hecho, cuando en septiembre un grupo de diputados encabezado por Gerardo García Henestroza desconoció a Natividad Díaz como coordinadora de su bancada, y además la despojó de la Presidencia de la Junta de Coordinación Política, en este espacio (Al Margen 21.09.2016) apuntamos:

¿Qué pasó ahora, que sin más tumbaron a Natividad Díaz no sólo de la coordinación de su bancada, sino de la Junta de Coordinación Política? Que, como era de esperarse, desde la bancada priista decidieron mandarle un obús no a la diputada Díaz Jiménez, sino a la poca legitimidad que aún le queda al panismo como representación parlamentaria en la Legislatura siguiente.

Evidentemente, dijimos en aquel momento, era de poca trascendencia pelear la coordinación de la bancada panista y la presidencia de la Jucopo, a escasos dos meses de que termine la Legislatura. Sin embargo, la intención de fondo fue generarle, desde el PRI, elementos de debilidad al PAN, que es el único grupo de varios diputados que no tendrá bancada en la LXIII Legislatura. Esa conjura en contra del panismo, fue orquestada desde el priismo con la complicidad de la bancada del PRD para mantener el oligopolio de las fracciones parlamentarias entre ellos, y para atajar lo que le queda de liderazgo a Mendoza Reyes, que siempre se lo debió al grupo gobernante que hoy está también en la agonía.

Y, como si fuera destino manifiesto, en aquella entrega anticipamos: Acaso, es la fracción priista la que, a través de su coordinador, Alejandro Avilés, ha logrado dividir a las fuerzas opositoras para que éstas no sean un obstáculo para los próximos dos años. Lo sorprendente en todo esto es que, a pesar de los enfrentamientos y las divisiones, en los diputados de todas las fracciones parlamentarias, y los que no tienen partido, hay un solo consenso: colaborar con el nuevo gobierno para demostrar disposición, y luego esperar que, después del 1 de diciembre, alguien se acuerde de ellos —oficialistas y opositores— y les permita no caer en el peor error de todo político, que es vivir fuera del presupuesto.

OPOSICIÓN DE MENTIRITAS

A estas alturas, podemos ver que esa estrategia rinde frutos: el PRI impulsó también a Irineo Molina como coordinador de la bancada de Morena en la LXIII Legislatura por su cercanía con el grupo de Armando Contreras, que es a su vez un aliado orgánico del priismo en Morena, y a quien se señala que ha sido financiado por Alejandro Avilés desde que fue coordinador parlamentario del PRI en la Legislatura anterior. Eso, señalan quienes conocen la vida interna de Morena, es también lo que ha provocado las reacciones tan encendidas del grupo de Salomón Jara, que es el contrapeso al interior de ese partido que no necesariamente responde a los intereses priistas.

Y algo similar está por ocurrir al interior del PRD, ante el intento natural de José Antonio Estefan Garfias por hacerse de la dirigencia de ese partido, como una especie de heredero luego de la derrota electoral por la gubernatura. Aunque Estefan se ha manifestado a favor de trabajar en coordinación con el gobierno de Alejandro Murat, habrá que ver si el PRI —como ya lo tenía previsto— monta algún tipo de maniobra para operar, desde dentro del PRD, la imposibilidad para que Estefan se haga formalmente de la dirigencia y busque ser desde ahí un contrapeso al poder.

LUCHA POR EL PODER

En esa lógica, es tan natural la lucha por el poder como el hecho mismo de que, en ese terreno, todo se vale. No sorprende que se busque una oposición afín con la que se pueda dialogar, aprovechando sus propias debilidades. Aunque eso, en realidad, sea en demérito de la pluralidad política por la que, les guste o no a todos los partidos, votaron los oaxaqueños para la integración del Congreso local.

En Oaxaca la corrupción se repudia pero con el silencio se convalida

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+ Igual que antes, ahora se irán munícipes pillos en absoluta impunidad


Algo se está haciendo mal en Oaxaca, que la imagen de los presidentes municipales sorprendidos en todo tipo de pillerías que se van en medio del enojo social y la impunidad total, está en vísperas de repetirse. Hace tres años, y hace seis, y hace nueve, y así, nos indignamos con autoridades municipales que dejaron sus cargos a hurtadillas, en medio del caos administrativo y la ausencia total de procesos de entrega-recepción, sin que se les pudiera castigar por sus latrocinios. Digamos lo que digamos, y al margen de lo que puedan argumentar los tres poderes del Estado, queda claro que nos enfilamos a repetir esa delirante historia.

En efecto, a escasos días de terminar el periodo 2014-2016 para las autoridades municipales electas constitucionalmente en Oaxaca, ya tenemos algunos ejemplos concretos de esa impunidad, de ese caos y de esa imposibilidad —legal y política, por las complicidades existentes— de cambiar el curso de las cosas. En la picota está el caso de Santa Lucía del Camino, que en las manos de Galdino Huerta pasó de ser una zona de tolerancia para los giros negros, y para las actividades que no se permiten en la capital oaxaqueña, a ser una verdadera zona de extorsión para todos los habitantes, a través de diversos mecanismos implementados por su repudiado gobierno.

Por si algo faltara, Huerta salió prácticamente huyendo de la administración municipal, y fueron los propios elementos de la Policía Municipal quienes evidenciaron el últimos eslabón de la cadena de corrupción y excesos cometidos durante su trienio. ¿De qué hablamos? De que en Santa Lucía no hubo obras ni servicios, y mucho menos beneficios sociales para los habitantes, pero sí actos indecibles de extorsión, molestia y despojo a sus habitantes.

Durante los tres años de su gestión, Huerta se dedicó a exprimir recursos a los habitantes por concepto de derechos y permisos; a extorsionar a las empresas por medio de multas, clausuras y actos de molestia ejecutados incluso con violencia; y a exigir dinero hasta a las escuelas primarias para permitirles su funcionamiento. Asimismo, creó una Policía Vial que nunca sirvió para agilizar el tránsito y auxiliar al ciudadano, sino que únicamente tuvo como finalidad esquilmar borrachines, y molestar a los automovilistas que en mala hora pasaban por la zona, aplicándoles multas de tránsito ilegales hasta por las faltas más ridículas. Todo eso, mientras Galdino Huerta y su claque, silenciosamente toleraban y estimulaban el crecimiento de los giros negros, que ya eran boyantes, y que terminaron de florecer durante su administración.

Esos mismos elementos de la Policía Municipal, que fueron utilizados para extorsionar comercios y lastimar a la ciudadanía, fueron los que el fin de semana denunciaron la situación en la que los personeros de Galdino Huerta dejaron la administración municipal: revelaron que las oficinas municipales fueron saqueadas; que no hay archivos ni documentación que soporte la gestión de los últimos tres años, y que básicamente ya no queda nadie en la administración que dé la cara en estos últimos días de gobierno. El munícipe que asumirá el 1 de enero, Raúl Cruz González, denunció una serie de irregularidades así como la negación lisa y llana, por parte de la administración saliente, a ejecutar cualquier acto del proceso de entrega-recepción.

En estas condiciones, queda claro que ya se cometieron faltas administrativas y delitos, al no haber entrega-recepción; al no dejar archivos la administración saliente; al no responder por sus propios trabajadores; y al dejar en total incertidumbre los asuntos públicos —documentación, cuentas bancarias, bienes y activos— que recibirá la siguiente administración.

HISTORIA REPETIDA

Hace tres años hablábamos de historias similares: San Pedro Mixtepec, la Villa de Zaachila, Santa Cruz Xoxocotlán, también Santa Lucía del Camino y diversos municipios que eran una interrogante. ¿Qué pasó de entonces a la fecha? Que aún con todo eso, personajes como Eduardo Rojas Zavaleta hoy figuran como flamantes funcionarios de la nueva administración; y que otros como Omar Blas y Pedro Cabañas de Santa Lucía del Camino, o Adán López, y todos los demás que fueron sonoramente denunciados por sus excesos, y por la posibilidad de haber incurrido en actos de corrupción, quedaron en la más abrumadora impunidad.

¿Por qué pasó eso? Primero porque, en diversos casos —incluyendo el de Huerta en la actualidad— fueron beneficiarios de la protección política de personajes como el ahora también integrante del gabinete estatal, en la Secretaría General de Gobierno, Alejandro Avilés Álvarez. Éste protegió a varios de los munícipes del periodo 2011-2013, y también ha sido padrino y mecenas político de personajes impresentables como Galdino Huerta Escudero, que gracias a esa protección logró ser munícipe, y ahora goza de impunidad para —quizá— no ser molestado por los devastadores resultados de su gestión.

IMPUNIDAD, INSTITUCIONALIZADA

El otro elemento que no se debe perder de vista, fue la resistencia a la mejora a las leyes que rigen estos temas. Por ejemplo, ¿por qué hubo tanta resistencia a tipificar claramente como delito grave la sustracción de archivos y documentos públicos? ¿Por qué la Fiscalía General del Estado se negó sistemáticamente a reconocer esas conductas como delitos? ¿Y por qué, además, se estancó la integración y consignación de averiguaciones previas por delitos presuntamente cometidos por autoridades municipales? Eso es un alimento muy nutritivo para la impunidad que, mientras no cambie, seguirá estimulando autoridades corruptas, e impunes, como todas las que ya conocemos.

Cuándo habrá señales en Oaxaca del Sistema Estatal Anticorrupción

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+ El tema deberá salir a flote en la agenda del primer semestre de 2017


Uno de los temas que cobrará relevancia en Oaxaca, conforme avance el primer tercio de 2017, es el relacionado a la implementación del Sistema Estatal Anticorrupción. Según el decreto por el que se estableció la plataforma del Sistema Nacional Anticorrupción, las entidades federativas cuentan con un año para consolidar el proceso de implementación de ese mecanismo en los ámbitos estatales. Ese periodo de “vacatio legis” se vence en mayo de 2017, y para entonces eso debe estar ya implementado en Oaxaca… aunque hasta ahora no hay señales al respecto.

En efecto, al tomar posesión de su cargo como Gobernador del Estado, Alejandro Murat anunció el 1 de diciembre que en un periodo de 90 días, él y todos los integrantes de su gabinete legal y ampliado harían pública sus declaraciones patrimonial, fiscal y de conflicto de interés, conocida genéricamente como la “tres de tres”. Esto, dijo, sería una demostración inicial de voluntad por la transparencia, por la rendición de cuentas, y por la honestidad. También dijo que no metería las manos por ningún funcionario; que en su administración no habría ni “chuckys” ni “Cocos” ni Vicegobernadores, y que quien infringiera la ley desde el servicio público, sería castigado ejemplarmente.

Así, quedó claro en qué sentido corre la convicción del Gobernador por la transparencia y por el combate a la corrupción. Sin embargo, en ese marco es necesario asumir que, en la circunstancia actual, el combate a la corrupción ya no es un asunto sólo de voluntades sino de todo un andamiaje legal, e institucional, que la sociedad mexicana ha demandado con vehemencia. Por esa razón, incluso no resulta suficiente exigir a todos los servidores públicos la presentación de la declaración tres de tres en un sentido potestativo, sino avanzar cuanto antes en la implementación del sistema estatal anticorrupción.

Pues, en ese mismo sentido, si los partidos de oposición pretenden también establecer parámetros de cumplimiento respecto a la honestidad y la confiabilidad de los servidores públicos del gobierno de Alejandro Murat, deberían también asumirse no sólo como vigilantes, sino como auténticos impulsores de medidas de combate a la corrupción. El problema es que, hasta ahora, ninguna de las fuerzas opositoras en la LXIII Legislatura ha reparado en la urgencia de iniciar el proceso de implementación del Sistema Estatal Anticorrupción, y en lo corto que resultará el tiempo —de enero a mayo de 2017— para confeccionar y discutir el contenido de ese sistema, que se supone que será el contrapeso y el vigilante de la gestión pública para los años siguientes.

En esa lógica, el nuevo sistema anticorrupción pasa no sólo por la creación de nuevos órganos sino también por el posible replanteamiento de algunos que ya existen. El propio Congreso del Estado tendrá que asumir responsabilidades que hasta ahora había eludido, y también tendrá que pasar por el posible replanteamiento de los órganos autónomos, de procuración de justicia, y los tribunales administrativos, que hoy no cumplen con los parámetros para operar dentro del nuevo esquema que establece la Constitución de la República para el combate a la corrupción.

SISTEMA ESTATAL

A estas alturas, es insuficiente lo relativo a la declaración tres de tres para todos los servidores públicos de la nueva administración, por una razón concreta: la declaración tres de tres que se solicitó en el último proceso electoral a los candidatos a cargos de elección popular, fue presentada ante un organismo privado denominado Instituto Mexicano para la Competitividad.

Fue, básicamente, un ejercicio de demostración de voluntad, pero también potestativo porque el IMCO es un organismo privado que convocó, a través de su fuerza moral y de su promoción de la rendición de cuentas con mayor calidad, pero sin ninguna consecuencia —más que la condena pública, que a muchos políticos les importa un comino— para quien no quisiera hacerlo.

En esa lógica, a nivel federal ya fue legislada la obligatoriedad de la presentación de declaraciones patrimonial, fiscal y de conflicto de interés para todos los servidores públicos de la federación, con dos salvedades: apenas va a hacerse operable, cuando ya funcione el Sistema Nacional Anticorrupción; y esa declaración tres de tres institucionalizada sigue teniendo el problema de que, por voluntad del declarante, puede ser reservada y convertirse por ende en un documento inaccesible para los gobernados, con lo que sigue preservando un margen de secrecía que desalienta la máxima publicidad que debiera tener un proceso como ese.

Por esa razón deben redoblarse los esfuerzos ya no sólo para que se implemente el sistema estatal anticorrupción, sino para que se haga con un sentido de avanzada. De nada servirá que se haga en los parámetros mínimos de la ley, porque entonces Oaxaca de nuevo quedará como una de las entidades federativas que cumple por obligación, pero no porque tenga una convicción con el cumplimiento. El gobierno de Alejandro Murat debe impulsar una reforma de vanguardia, si es que de verdad quiere demostrar una voluntad institucional de dar certidumbre a la ciudadanía sobre el combate a la corrupción.

¿Y LOS ÓRGANOS AUTÓNOMOS?

Discusión aparte será el destino de los órganos autónomos. Debe haber planteamientos muy serios y razonados. El nuevo régimen enfrentará el dilema de mantener, o desaparecer los órganos actuales, con el costo y el mensaje contra la estabilidad constitucional de los integrantes de esos órganos. El tema es complejo y merece ser analizado por cuerda separada.

¿El gabinete está preparado para afrontar la próxima crisis magisterial?

planton

+ Conflicto educativo resalta en agenda de la gobernabilidad para Oaxaca


La Secretaría de Educación Pública, y el IEEPO, lograron encauzar una de las principales demandas de la Sección 22, pero ahora debe ser tarea del gobierno estatal conseguir que ese avance se consolide en la agenda de la gobernabilidad. Ello pasa no sólo por la capacidad de seguir dando respuesta a las demandas magisteriales, sino también de incidir en el rumbo que tome el movimiento permanente de la Sección 22 en Oaxaca.

En efecto, aunque se ha entendido poco la dimensión del acuerdo tomado el 2 de diciembre entre el gobernador Alejandro Murat e integrantes del Comité Ejecutivo de la Sección 22, este fue un paso muy trascendente en el cumplimiento de la agenda de demandas del magisterio ya no al gobierno de Oaxaca, sino a la SEP y de cara a la implementación de la reforma educativa. ¿Por qué?

Porque lo que hicieron tanto la SEP como el IEEPO y la Sección 22, fue avalar un acuerdo que tiene un costo anual superior a los mil 200 millones de pesos. Eso es lo que cuesta la regularización de las más de cuatro mil plazas docentes y administrativas que demandaba la Sección 22, y por eso este acuerdo era también muy importante para la dirigencia magisterial que aún encabeza Rubén Núñez Ginez. Es, de hecho, es más grande acuerdo que se ha alcanzado desde que se rompió el diálogo previo a los comicios federales de 2015, cuando Gobernación dio por concluidas las negociaciones de orden político con el magisterio oaxaqueño, y canalizó todas las demandas a la autoridad administrativa en la Secretaría de Educación Pública.

En este sentido, para la SEP y el IEEPO era muy importante avanzar en esta negociación, así tuviera que generar cuatro mil plazas más con cargo al presupuesto educativo federal, y permitir que éstas fueran un logro político de la Sección 22, y no del gobierno de Oaxaca. Esa importancia radicó siempre en el hecho de que asegurar esas plazas significaba, primero, desactivar la principal demanda magisterial de los últimos años; y, segundo, afianzar la realización de los procesos de evaluación, a los que quedarán supeditadas esas nuevas plazas ya regularizadas.

De hecho, si se revisa el pliego de demandas de la Sección 22 en el último año, la regularización de esas más de cuatro mil plazas era la que estaba a la cabeza, de entre todo lo que sí podía ser alcanzable. Es decir, que al margen de las demandas políticas (como la abrogación de la reforma educativa, la libertad de los presos políticos y algunas otras), la exigencia de la regularización de dichos trabajadores es para la 22 oxígeno puro en su necesidad de demostrar que sigue teniendo capacidad para avanzar en sus demandas sustantivas, como las salariales y de condiciones de trabajo de sus agremiados.

Para el IEEPO y la SEP, avanzar en esa negociación era también importante porque lo que han buscado es la implementación gradual de la reforma educativa, y el establecimiento de una relación más civilizada con las secciones integrantes de la Coordinadora. En esencia, eso es lo que explica por qué el acuerdo del 2 de diciembre fue tan trascendente, por qué lo llevó de inmediato la dirigencia a su Asamblea Estatal; y por qué, aunque la propuesta haya sido inicialmente rechazada por la Plenaria del magisterio oaxaqueño, de todos modos sí es un avance que ahora debe también impactar en la gobernabilidad de Oaxaca.

AVANCES GRADUALES

Una de las cuestiones que está en medio del juego de palabras que decidieron ocupar tanto la dirigencia magisterial, como los representantes del Gobierno del Estado y de la SEP para la firma de la minuta del 2 de diciembre, es que la regularización de esas plazas no está sujeta a la aprobación de la Asamblea Estatal de la Sección 22, y que ello tampoco pasa el condicionamiento de la evaluación docente tanto para los regularizados, como para los demás trabajadores de la educación que están en proceso de ser evaluados. Fue así, porque todos quisieron bordear los términos concretos justamente para que los vacíos dieran pie a la posibilidad de arreglos en el mediano plazo.

¿De qué hablamos? De que inicialmente, la Asamblea de la Sección 22 rechazó el contenido del acuerdo, y reiteró que eso no los condiciona a la aceptación de la evaluación. Sin embargo, lo que se espera en el mediano plazo es que haya una aceptación paulatina por la magnitud del acuerdo y la posibilidad de poder agenciarse políticamente el padrinazgo de esa conquista para cuatro mil nuevos trabajadores que recibirán una plaza de trabajo.

INTERROGANTES

En todo eso, el reto ahora será del gabinete estatal que deberá procesar la parte política para que ese costo económico se traduzca en una mejor gobernabilidad. Así, en el entendido que el IEEPO ahora depende de la autoridad federal, la interrogante recae sobre quién será el encargado, a nivel del gobierno estatal, de entablar interlocución política con la Sección 22.

Hasta ahora —y así lo hemos remarcado— no parece haber nadie con la ascendencia y la capacidad de interlocución que se necesita ante una situación como ésta. El propio Secretario General de Gobierno se nota ajeno a la problemática, porque este ya no es un tema de influenciar a facciones magisteriales sino de generar certidumbre política a partir de ese acuerdo. Ese es el reto en el corto y mediano plazo. Si no, terminará ocurriendo que, como en otras ocasiones, le habrían obsequiado a la 22, un costoso acuerdo a cambio de nada.

Por credibilidad, gobierno debe revelar, en breve, su situación financiera

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+ Dar certidumbre a ciudadanía y proveedores, su fortaleza a mediano plazo


Es revelador que un centro de estudios financieros como el CEEY (Centro de Estudios Espinosa Yglesias) esté lanzando voces de alerta sobre la dimensión desconocida de la deuda pública de las entidades federativas, entre las que se encuentra Oaxaca. Eso se inscribe en el problema que en la actualidad enfrenta el gobierno estatal no sólo frente a la interrogante de a cuánto asciende la deuda real de la entidad, sino de cómo le hará frente a esos compromisos financieros. Se trata, por un lado, de la necesidad de conocer el problema real que enfrenta la entidad; pero también de que el gobierno inicie generando credibilidad y certidumbre frente a la ciudadanía, para utilizar después eso como una herramienta y no como un lastre.

En efecto, en una nota publicada por TIEMPO el pasado 16 de diciembre, se daba cuenta de cómo el CEEY sostenía que durante el gobierno de Gabino Cué Monteagudo, la deuda pública de la entidad fue disfrazada a través de diversos mecanismos de planeación administrativa y financiera. “Se indicó [en el estudio del CEEY] que Oaxaca forma parte de cuando menos 10 estados que utilizaron a la firma transnacional Evercore para contratar un esquema financiero y jurídico para tener acceso a recursos sin contar con la autorización del Poder Legislativo. De acuerdo con la ASF, Oaxaca (…) se encuentra entre las tres entidades que tienen mayor diferencia entre la deuda pública reportada por la Secretaría de Hacienda, y la que dieron a conocer en la Cuenta Pública de 2015”, dice la nota.

¿Por qué puede ocurrir esto? Porque en México las leyes que regulan no sólo lo relacionado con la responsabilidad y disciplina de las finanzas públicas, sino también lo referente a la utilización de esquemas de planeación financiera, administrativa y jurídica, tienen amplios vacíos que permiten prácticas como la de disfrazar, esconder o hasta “renombrar” los pasivos para no parezcan deuda. Esto es un espejismo, pero es algo que ha sido permanentemente utilizado, en lo que constituye un evidente fraude a la ley.

¿De qué hablamos? De que, técnicamente, el fraude a la ley ocurre cuando se realiza un acto que es ilegal, pero se realiza amparándose en lo que establece otra norma que pudiera no ser aplicable al caso concreto. Esta, que es un figura del derecho internacional privado, sí podría servirnos de parámetro para ello: en este caso, los gobiernos estatales han utilizado esquemas que disfrazan la deuda a partir de vacíos legales, o de la utilización ventajosa de otras figuras jurídicas (como la de los fideicomisos privados, alimentados de fondos públicos), que por su naturaleza les permiten escapar a la vigilancia de las entidades de fiscalización.

NADA NUEVO

En otros momentos, aquí señalamos la forma en cómo se disfrazó —con el aval de la ley, que fue manipulada para permitir ese engaño— el endeudamiento para la construcción de Ciudad Administrativa y Ciudad Judicial, bajo la estratagema de que dichas inversiones no constituían deuda pública.

Por una disposición legal —señalamos en esta columna el 8 de noviembre—, los PPS contratados para Ciudad Administrativa y Ciudad Judicial, no recibieron la denominación de deuda pública, pero sí son un compromiso de pago para las arcas estatales. Específicamente, el último párrafo del artículo 29 de la Ley de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria de Oaxaca, señala sobre los PPS que “los pagos que realicen las dependencias y entidades, como contraprestación por los servicios recibidos al amparo de un contrato para prestación de servicios a largo plazo, se registrarán como gasto de capital y no constituye deuda. Lo mismo ocurre —apuntamos también entonces— con la bursatilización de ingresos futuros, o la contratación de instrumentos derivados. En éste último caso, la Ley de Deuda Pública señala (artículo 14) que la contratación de instrumentos derivados no impactará en el cálculo de endeudamiento aprobado por el Congreso.

Y finalmente dijimos: “en ese universo de instrumentos financieros —hasta ahora no revelado en su totalidad por el gobierno estatal— se encuentra la respuesta sobre el endeudamiento real del Estado, independientemente de si los compromisos de pago tienen o no la calidad específica de deuda pública. Esa idea maniquea, palidece frente al hecho de que todo se paga de la misma bolsa —el atribulado erario estatal—, y de que hasta el momento no hay certeza de a cuánto ascienden en realidad esos compromisos de pago en Oaxaca, que podrían ser por 21 mil millones de pesos. O más”.

Esa incertidumbre sobre el monto real de la deuda, es la que debe atajar cuanto antes el gobierno si su objetivo es ganar credibilidad entre la ciudadanía, y entre sus propios proveedores en Oaxaca. Es decir, debe informar cuánto se debe realmente, y quién es el responsable, para que se le persiga y castigue.

APALANCAR EL FUTURO

Pero además, el gobierno ahora debe establecer parámetros concretos de cómo afrontará el problema de deudas que recibió de Gabino Cué. Considerar la posibilidad del “borrón y cuenta nueva” sobre los pasivos, no sólo demostrará la pequeñez de los funcionarios entrantes sino que además les cerrará las puertas en el mediano plazo. ¿Cómo afianzarán el cumplimiento de sus metas si de entrada quiebran a más de la mitad de sus proveedores, cuya supervivencia depende del reconocimiento —y pago— de los compromisos asumidos por el sector público? ¿Cómo generarán certidumbre en el mediano plazo frente al sector privado, si no comienzan demostrando que el Estado, no ellos, tiene capacidad de cumplir su palabra y sus compromisos? Esta es una cuestión no sólo de dinero, sino de construir certidumbre. Ahí está la parte fina de este enorme problema. Ojalá la estén viendo.

La agenda de medios en Oaxaca, incluye reconocerlos como empresas

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reporteros

+ El gasto publicitario: discusión saludable y necesaria en la actualidad


Los medios de comunicación tienen un carácter dual, que por un lado los conmina a cumplir con la función —y la responsabilidad— social de informar, pero que en el otro extremo la propia ley les impone las mismas obligaciones que a cualquier persona jurídica, en sus relaciones tanto con el Estado como frente a terceros. En esa lógica es como debe entenderse la importancia y la relación que los medios de comunicación guardan con el público consumidor de información, así como con quienes se anuncian. Asumirlo es un imperativo esencial en el contexto de cambio de gobierno que se vive en la entidad.

En efecto, es larga —y sinuosa— la discusión sobre qué papel juegan los medios de una sociedad como la nuestra. El sentido social y deontológico —es decir, en el ámbito del deber ser— se ha establecido que los medios cumplen con la función social de informar, y también se ha remarcado que esa particularidad es la que los diferencia de cualquier otro tipo de empresa o de proveedor de servicios, que puede realizar operaciones con cualquier tercero —el Estado, u otros particulares— en un sentido meramente lucrativo, o de actividades profesionales o mercantiles.

Esa diferencia respecto a las demás personas de derecho —físicas o morales, tengan o no fines de lucro o especulación comercial—, se marca a partir de criterios éticos que deben guardar los medios: objetividad, independencia, responsabilidad, oportunidad informativa, etcétera. Una empresa cualquiera, realiza los fines para los que fue creada, pero casi siempre sin límites éticos, morales o sociales como sí los tienen generalmente los medios de comunicación.

Sin embargo, eso no significa que los medios no sean empresas. Las leyes mexicanas le imponen a cualquier empresa de medios, exactamente las mismas obligaciones que a cualquier otra persona de derecho. De hecho, la Constitución federal y las leyes secundarias establecen la libertad de expresión, pero no le dan ningún estatus particular a quien realice esos fines.

Así, quien tiene dinero —o bienes intangibles como talento, conceptos, o creaciones intelectuales, entre otros, que también son indispensables para un medio de comunicación—, y lo invierte en un medio de comunicación, se convierte en un empresario como el que vende sillas o el que ofrece servicios profesionales, como un médico o un abogado. Y lo mismo ocurre con los trabajadores de la información: para la ley son —somos— fuerza de trabajo, con las mismas obligaciones y derechos que cualquier otro asalariado.

De este modo, un empresario de medios tiene que pagar los mismos impuestos que cualquier otro; cumplir con las mismas obligaciones de seguridad social que cualquier otro patrón; garantizar condiciones de trabajo a sus trabajadores; y entablar relaciones comerciales con particulares y el Estado, para poder cumplir con su responsabilidad social de informar, pero también para cumplir con el fin de lucro de la empresa, y para poder hacer frente a sus deberes como creador de empleos, y como agente económico activo.

RECONOCIMIENTO, NECESARIO

Esto debe quedar perfectamente claro en el contexto que vive Oaxaca: todos los medios de comunicación, como empresas, son proveedores de servicios del gobierno estatal y de un sinfín de empresas que consumen los servicios publicitarios e informativos que éstos ofrecen.

Bajo la lógica de que los medios de comunicación son empresas igual que cualquier otra, el Gobierno del Estado debe asumir con claridad que éstas deben tener ese mismo reconocimiento como proveedores de servicios a la administración pública, aunque también bajo las mismas condicionantes deontológicas de quien trata, además de lo anterior, con empresas que cumplen con la función social de informar.

De esta manera deben ser asumidas las empresas de medios, y no bajo la engañosa idea —que tanto daño le ha hecho a los medios, y a la legitimidad informativa que todos buscamos día con día— de que por definición los medios militan o tienen preferencias políticas, e incluso que son órganos de difusión de grupos políticos. Hay quienes con sus hechos demuestran esa circunstancia. Sin embargo, la gran mayoría de las empresas de medios, se dedica a informar desde su propia perspectiva y consideración, apelando a la responsabilidad informativa y confrontando a sus propias creencias e ideas, que de forma permanente inciden en el trabajo informativo.

Al final, como medios de comunicación todos buscamos mantener una relación sana, equilibrada, respetuosa y digna con el gobierno. En eso se inscribe la discusión necesaria sobre la necesidad de que existan criterios de asignación para el gasto publicitario. Como todos sabemos, el monto que anualmente se destina en el Presupuesto de Egresos para compra de publicidad, sirve por un lado, para que el Estado cumpla con una de sus finalidades —que es la de dar a conocer la información de la que, por su naturaleza, la sociedad debe estar al tanto—; pero que, por el otro, las propias empresas de medios puedan subsistir, generar empleos, cumplir con sus obligaciones fiscales, laborales, salariales y demás; y además de ello, cumplir con la función social de informar.

LOS RETOS

En esa lógica, hoy el gobierno tiene el deber de reconocer a las empresas de medios como tales. Es decir, simplemente como empresas y como proveedores de servicios, ya que la ley no les impone ninguna salvedad o particularidad que haga suponer otra cosa. Además, debe asumir la relevancia que tiene, para ésta y cualquier sociedad, la pluralidad informativa. Debe reconocer que de los medios dependen cientos, quizá miles, de empleos y familias en Oaxaca, y que son un eslabón más de la cadena productiva y de empleos de la entidad.

Las bases magisteriales sólo responden a las demostraciones de miedo

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+ Altibajos del movimiento magisterial están determinados por el terror


 

Parece exagerado decirlo, pero es claro que el movimiento magisterial de Oaxaca está determinado en gran medida por la percepción de fuerza, y de miedo, que las bases tienen de su dirigencia y del Estado. Eso es lo que ha determinado la capacidad de reposicionamiento que ha tenido en estos dos años la dirigencia de la Sección 22 del SNTE entre sus bases gremiales, aunque también esto ha ocurrido gracias a la incapacidad del gobierno —estatal y federal— de entender cómo actúan los trabajadores de la educación frente a circunstancias determinadas. Entender esto, resulta relevante hoy que en apariencia se genera una nueva relación entre la 22 y el gobierno de Alejandro Murat Hinojosa.

En efecto, para comprender mejor esta realidad hay que volver al momento previo a la requisa del IEEPO por parte del acuerdo entre el gobierno federal y el estatal. Hasta entonces, la estrategia del gobierno federal para tratar de dar cauce al problema magisterial, se había centrado en tratar de apaciguar a la Sección 22 y a la Coordinadora, ofreciéndole recursos y canonjías a cambio de que ésta acordara no movilizarse.

Esta estrategia de negociación, que había sido conducida por Luis Miranda Nava desde la Subsecretaría de Gobierno de la Secretaría de Gobernación, tuvo saldos negativos al fracasar como medida para lograr que se llevaran a cabo los comicios federales intermedios de 2015, y lograr la desmovilización de las bases magisteriales a través de una amplia presencia de la Policía Federal y de la Gendarmería en Oaxaca.

Ese fracaso fue lo que le abrió paso a la expropiación del IEEPO a la Sección 22. Cuando el gobierno federal comprobó que a través de la demostración de fuerza había logrado que la 22 desistiera en su intento por boicotear los comicios federales, decidió dar un siguiente paso acordando con el entonces gobernador Gabino Cué Monteagudo, la desaparición del Instituto educativo bajo la predominancia de la Sección 22 en su integración, y la fundación de una nueva institución en la que la autoridad federal tomara el control de las áreas directivas, no sólo para comenzar el proceso de implementación de la reforma educativa, sino para generar una nueva política de administración de la educación.

Ello significó un golpe moral no sólo para la Sección 22, sino para todas las organizaciones que se movilizaban al amparo de la estrategia de “movilización-negociación-movilización” impuesta como costumbre en la presión social al gobierno, por el propio magisterial. Luego de la recuperación del IEEPO —ocurrida el martes 21 de julio de 2015—, hubo un periodo de más de dos meses en el que ninguna organización de lucha social en Oaxaca se movilizó. Lejos de lo que se pensaba, las bases magisteriales se mantuvieron apaciguadas —temerosas—, y fue hasta varios meses después cuando se reactivaron las tradicionales acciones de protesta, una vez que el Estado relajó la presencia policiaca y que decidió ir recuperando la normalidad perdida desde el día de los comicios federales.

PREDICAR CON  EL (MAL) EJEMPLO

Fue hasta enero del presente año que la Sección 22 logró reactivar sus movilizaciones. Todos los meses de 2015 posteriores a la refundación del IEEPO, las bases magisteriales se mantuvieron en calma básicamente por dos razones: en el primer estrato, la dirigencia, que se mantuvo en bajo perfil porque palpaba la posibilidad de una respuesta escasa de las bases, y para ganar tiempo; y en el segundo estrato, las bases magisteriales que esencialmente se mantuvieron en sus actividades cotidianas por miedo.

Durante ese tiempo, el gobierno insistió en la idea de difundir que los maestros ya no estarían sujetos al condicionamiento sindical sobre su trabajo. Pero falló al no lograr la eliminación de la influencia de los representantes de la Sección 22 entre los propios trabajadores. Por eso, la presión pasó de los temas salariales a prácticas como la de expulsar de sus centros de trabajo, o desconocerse, entre compañeros, por el hecho de estar o no de acuerdo con las nuevas prácticas administrativas. De nuevo, el miedo movió a muchos a seguir apoyando a sus sindicatos. Y ahora era el miedo a ser repudiados por sus mismos compañeros.

Así llegó Nochixtlán. El gobierno federal decidió ir por todo cuando decidió la aprehensión de los líderes magisteriales. Esta acción, que pretendió ser quirúrgica, olvidó la capacidad de movilización de las bases afines a la Sección 22, entre maestros y organizaciones radicales que históricamente han apoyado a la Coordinadora. Por eso, el gobierno federal se centró en la aprehensión de diversos líderes. Pero mientras lo hacía, esas bases radicales sitiaron Oaxaca para evitar la incursión policiaca, que finalmente intentó ocurrir el 19 de junio de forma desastrosa.

Paradójicamente, cuando eso ocurrió hubo un efecto contrario respecto al miedo. Nochixtlán le demostró a las bases que era posible reconquistar los espacios perdidos. Por eso, las bases magisteriales reaccionaron fuerte ante el enfrentamiento; por eso, lograron retomar el centro de la ciudad, mantener la toma a las oficinas del IEEPO, e incluso no iniciar el ciclo escolar. Era, pues, la constatación de que las bases ya no tenían miedo, que veían de nuevo fuerte a la dirigencia, y que por tanto había que apoyar.

NUEVA RELACIÓN

Es importante entender está lógica, de cara a los primeros acuerdos entre el gobierno y la 22. No se trata de sólo ver qué se les da y cómo lo reciben, sino en qué dimensión se establece la relación gobierno-sindicato. Y debiera ser motivo de alarma que en la Secretaría General de Gobierno —donde se supone que se conduce la política interna del Estado— no haya un solo funcionario de primer nivel que conozca, incida o tenga cierta ascendencia respecto a este, que es el principal problema político de la entidad.

En Oaxaca, la percepción de la justicia no se toma en serio

Juicios

+ TSJE y FJE deben asumir socialización del sistema de justica


Oaxaca, y el país, enfrentan hoy el problema de la bajísima comprensión social de las implicaciones del nuevo sistema de justicia penal. En nuestra entidad, la responsabilidad de la implementación y socialización de los llamados juicios orales, recae básicamente en el Poder Judicial del Estado, y en la Fiscalía General. Pero sus efectos se extienden al Ejecutivo, que resulta ser el cuestionado por lo que ocurre con los delincuentes y la seguridad pública bajo este nuevo esquema. ¿Están preparados, todos, para los retos que impone esta nueva época de la justicia?

En efecto, en junio de este año entró en vigor en todo el país el nuevo sistema de justicia penal. Éste tiene como una de sus bases, la ponderación del conjunto de derechos fundamentales, sustantivos y procesales, que engloban el llamado ‘debido proceso’; y, junto a ello, establece un nuevo esquema bajo el cual la mayoría de los delitos pueden ser susceptibles de reparación a través de métodos distintos al de la prisión, y que sólo los delitos considerados como graves —básicamente el homicidio, violación, delincuencia organizada, secuestro— ameritan prisión preventiva.

Este cambio de modelo constituye un verdadero reto no sólo para Oaxaca, sino para el país. En México prevaleció un modelo inquisitivo en el que la prisión preventiva era posible frente a la comisión de prácticamente cualquier ilícito, tuviere o no el carácter de delito grave. Con el tiempo, el catálogo de delitos graves se fue ensanchando hasta establecer una amplísima gama de delitos que por definición ameritaban pena corporal preventiva. Por eso la sociedad en general asume como un silogismo válido que frente a la comisión de un delito debe haber prisión, y que si no es así entonces hay impunidad porque no hay justicia.

¿Qué establece el nuevo modelo? Que sólo los delitos más graves deben llegar a juicio. Que en la mayoría de las conductas ilícitas se debe buscar la reparación por encima de la sanción. Y que ello debe ir depurando la masificación actual del sistema de justicia, que en muchos casos se pone en marcha por delitos o situaciones que podrían resolverse a través de mecanismos no judiciales. En el centro de todo, está la necesidad de establecer, en la conciencia de las personas, la idea de que no sólo hay justicia cuando hay prisión.

Ese es un imperativo que va más allá de las poses políticas. El nuevo sistema de justicia impone retos para los que en Oaxaca no sabemos si nuestros servidores públicos están preparados. En el caso del Poder Judicial, ha quedado claro que tiene importantes deficiencias en la implementación, que comenzó incluso antes de que el nuevo sistema de justicia penal se estableciera en la Constitución federal (2008), y terminó en una escandalosa premura que dejó en la apariencia —y en las interrogantes— el cumplimiento del mandato constitucional federal, en el sentido de que los juicios orales debían operar ya en todo el territorio a partir de junio del presente año.

¿Qué perspectiva hay de ese nuevo sistema de justicia para los años por venir?

INTERROGANTES

Frente a esto hay que entender algunas cuestiones: primero, que el gobernador Alejandro Murat inició su gestión bajo una perspectiva en la que no tiene bajo su tutela —legal o política— la designación de los titulares de los dos órganos encargados de la implementación del sistema de justicia: el Tribunal Superior de Justicia, y la Fiscalía General del Estado. El primero de ellos, Alfredo Lagunas, estará al frente del Tribunal hasta enero de 2019, y Héctor Joaquín Carrillo Ruiz fue electo por un periodo que fenece en agosto de ese mismo año.

Segundo, que ni la Fiscalía ni el Tribunal deben ser hoy vistos como parte de las designaciones políticas del gobernador en turno, y que eso mismo haría necesario revisar no sólo el desempeño de los dos funcionarios antes mencionados, sino su propia legitimidad como tales. De Carrillo se sabe que es un funcionario ministerial de carrera; pero Lagunas Rivera llegó por el evidente favor político de Gabino Cué al llamado Grupo Oaxaca, del que es integrante el tío de Lagunas, Ericel Gómez Nucamendi, y no por sus méritos como juzgador de alzada o por la capacidad demostrada en las tareas a su cargo.

Tercero, que hoy en día el Poder Judicial estatal ya no es instrumento político, pero sí es un elemento de gobernabilidad, justamente porque de éste depende en gran medida la percepción de justicia que tiene la ciudadanía. En este sentido, el Poder Judicial ha fallado gravemente al asumir su función en un sentido reduccionista y elitista, en el que se ha dedicado únicamente a difundir los alcances del nuevo sistema de justicia en círculos jurídicos y especializados, pero se ha olvidado por completo que el imperativo de la justicia alcanza a todos los estratos de la población.

INEFICIENTES

Frente a eso, habría que preguntarse qué perspectiva tienen tanto el nuevo gobierno, como los funcionarios designados, sobre esas tareas. Pues queda claro que tanto la Fiscalía como el Poder Judicial tienen enfrente una enorme labor frente a la sociedad oaxaqueña, que no sólo no han realizado sino que incluso han desdeñado. En el fondo no se trata de los cargos como premio, castigo o favor político, sino con la eficiencia en el desempeño de los mismos. Y queda claro que tanto en el caso de Lagunas, como de Carrillo, su aporte a la gobernabilidad a través de la implementación del nuevo sistema de justicia, está lejos de ubicarse en los márgenes de lo deseable.

La UABJO sigue siendo una bomba a punto de estallar

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+ Totalitarismo de los Martínez alimenta la incertidumbre


Nadie debe fiarse de la aparente calma que prevalece en la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca. El conflicto de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales sigue sin hallar visos de solución, mientras el rector Eduardo Bautista Martínez se mantiene instalado en la peregrina idea de que la inconformidad de dicha facultad se reduce a veinte personas. El gobierno estatal debe asumir este problema con oportunidad y responsabilidad, pues queda claro que el haber dejado este lío al garete no ha hecho sino alimentar el endurecimiento de posiciones de la familia Martínez Helmes y su —no es exagerado afirmarlo— Rector Fachada.

En efecto, es importante considerar los dos momentos más importantes del año para la UABJO, y lo determinantes que éstos fueron para su gobernabilidad interna y para convertirse —tampoco exageramos— en una amenaza a la política interior para el Gobierno del Estado.

El primero fue la elección de Bautista Martínez como rector de la Máxima Casa de Estudios, en el mes de mayo pasado; y la segunda, la elección del Director de la Facultad de Derecho, que es la más escuela numerosa y la más influyente en la vida interior de la Universidad. El rasgo común de esos dos momentos se resume en el fraude electoral, y en el respaldo del gobierno estatal —aún en la administración de Gabino Cué— para respaldar a la familia Martínez Helmes en la preservación de su cacicazgo.

De hecho, en mayo pasado (Al Margen 16.05.2016) en este espacio nos preguntábamos si la Universidad, y el propio Eduardo Bautista, estaban preparados para la época de un “rector fachada”. Apuntamos entonces: “Eduardo Bautista será un rector fachada. Sí, fachada de los Martínez y sus intereses. A ellos ya no les interesa algún valor académico sino el control de la Universidad. Ellos llegaron al clímax de su poder presencial con el rectorado de Eduardo Martínez Helmes, y ahora van por la manipulación. Bautista les servirá como fachada para el ensanchamiento de sus intereses y sobre todo para la permanencia al costo que sea”.

Esto se ha cumplido cabalmente, y la mejor muestra de ello es el conflicto en la Facultad de Derecho que, como también previmos en este espacio, sería manejado por la Rectoría con la indolencia propia de quien pretende encubrir a su grupo político y llegar hasta la ignominia con tal de no perder las posiciones políticas que ya ostenta. De hecho, desde que ocurrió el enfrentamiento por el control del Edificio Central Universitario, derivado de la fraudulenta elección de Miguel Ángel Vásquez como Director, era también previsible que la Rectoría no sólo no tomaría cartas en el asunto, que tampoco presentaría denuncias penales en contra de los responsables, que sí encubriría a los artífices materiales e intelectuales de esos hechos, porque eran ellos mismos, y que se resistiría totalmente a tratar de generar un arreglo con los grupos inconformes.

CERRAZÓN

“Esa es la lógica de quienes ordenaron incendiar la puerta lateral del Edificio Central de la UABJO —escribimos en este espacio el 22 de noviembre pasado—: preferir que ardiera el pórtico, y el prestigio universitario, con tal de mantener el control político y aislar a los adversarios. Lo lograron, aunque parcial y momentáneamente. Fue así porque, en efecto, lograron despojar a los universitarios inconformes con las maniobras para mantener el control de la Dirección de la Facultad de Derecho, del espacio físico que ocupaban, y para dejarlos sin la posibilidad de contar con una sede para su pretendida Facultad alterna de Derecho”.

Y luego dijimos lo que, para mal de la gobernabilidad del Estado, en estas semanas se ha cumplido al pie de la letra: “Dentro de la Universidad, tratarán —y, de hecho, ya comenzaron— de amedrentar a sus opositores. Buscarán también generar más divisiones. El problema es que sectores sindicales tradicionalmente confrontados, están hallando coincidencias en contra de la administración universitaria —y la llamada “familia real”—, que cada vez tiene más problemas para mantener el control universitario. Por eso, cada vez actúa con mayor irracionalidad y violencia. De no haber una intervención política al más alto nivel, dentro de poco tiempo tratarán de hacer con toda la Universidad, lo mismo que con el Edificio Central: quemarlo, antes que permitirle un solo espacio a quienes no comulgan con ellos”.

La prueba de todo eso es palpable a simple vista. La Universidad, en estas semanas, no sólo no ha hecho nada para ayudarle a la autoridad ministerial para que se deslinden responsabilidades sobre la quema de la puerta lateral del Edificio Central, y se persiga a los responsables, sino que se ha dedicado a encubrirlos. Al mismo tiempo, el rector Bautista ha intentado reducir el problema a la supuesta inconformidad de un puñado de personas, con quienes se ha negado por completo a dialogar, y a quienes ha perseguido en un afán de disolver la pugna sin entender la magnitud de un problema que ha involucrado a buena parte de los universitarios.

PROBLEMA DE GOBERNABILIDAD

Ante todo esto, es una incógnita la posición que ya debiera haber tomado la Secretaría General de Gobierno para evitar que este problema se desborde cualquier día de estos. En la UABJO hay múltiples barriles de pólvora política, únicamente esperando el chispazo para explotar. Todo eso se alimenta gracias a que el Rector Fachada de los Martínez Helmes no ha entendido que es él quien está parado sobre esa bomba política a punto de estallar, y que él será el primer damnificado. Nadie en Oaxaca quiere violencia. Pero el totalitarismo de los Martínez, y la indolencia de la Segego frente al problema, no hacen sino alimentar una perspectiva nada alentadora para ese conflicto.

Diputados: muestra de insensibilidad frente a las demandas sociales

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+ Poderes legislativos asumen su legitimidad pero deshonran mandato


Es ya lugar común en Oaxaca, afirmar cuando termina el respectivo periodo de la Legislatura local que fue “el peor en la historia”. Lo es, porque parece que cada trienio los legisladores locales se esfuerzan aún más en alejarse de las demandas de la ciudadanía, y de la expectativa que generan no sólo los legisladores en particular sino como representantes de la clase política que gobierna. El de nuestra entidad es un ejemplo, aunque en realidad la insensibilidad inunda por igual a los poderes legislativos seguramente de todas las entidades federativas, y también el federal.

En efecto, la LXII Legislatura local en Oaxaca fue particularmente criticada por varias cuestiones muy puntuales: primera, porque fue la Legislatura más cara de la historia, al ejercer un presupuesto trianual de alrededor de mil 800 millones de pesos; segunda, porque fue una de las Legislaturas más improductivas, al no tener en sus haberes ninguna reforma o ley relevante; tercera, porque fue una de las Legislaturas más reprobadas por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, a través de Acciones de Inconstitucional que expulsaron del orden jurídico diversas normas emitidas por el órgano legislativo local; cuarta, porque además fue una de las Legislaturas con menor capacidad de lograr acuerdos; y quinta —entre muchas otras—, por la incapacidad de los grupos políticos para conducirse en un marco mínimo de corrección social y política, y por hacer del enfrentamiento y la intriga, su único rasgo distintivo.

Aunque ya es a toro pasado, debiéramos preguntarnos por qué ocurre esto, a partir de la idea de que la LXIII Legislatura corre exactamente el mismo riesgo de inoperancia, de desapego y de indolencia por las demandas ciudadanas, para privilegiar únicamente los intereses de los grupos que la componen. Y la respuesta a la pregunta de por qué la LXII Legislatura fue ejemplo de reprobable, podría embonarle perfectamente a la diputación actual, que de no demostrar cambios significativos en su compromiso con los oaxaqueños, no estaría sino repitiendo las prácticas que tanto ha reprobado la ciudadanía. ¿De qué hablamos?

De que quienes integraron —y comandaron— la LXII Legislatura asumieron que la legitimidad con la que fueron electos como diputados, era el soporte que les permitiría hacer lo que quisieran sin ninguna posibilidad de reprobación por parte de la ciudadanía. Eso era parcialmente cierto: hasta la Legislatura anterior, no había posibilidad de reelección, y por ende los legisladores estaban a salvo de cualquier forma de evaluación “coactiva” por parte de la ciudadanía.

Por eso, los coordinadores parlamentarios y sus seguidores —no todos los diputados— hicieron lo que quisieron, incluyendo todo tipo de decisiones impopulares, contrarias a las demandas de la ciudadanía, e incluso a costa de la ya de por sí pobre credibilidad y legitimidad del órgano legislativo. Lo hicieron, en resumen, porque no había forma de que la ciudadanía los hiciera pagar alguna consecuencia por sus actos.

Hoy, la LXIII Legislatura sí tiene el incentivo de la reelección inmediata de sus integrantes actuales, aunque parece que los legisladores apenas están despertando del letargo del cambio de gobierno y de la euforia por haber asumido sus curules. ¿Qué tendría que quedar? Un cambio sustantivo en su desempeño, para demostrarle —por primera vez— a la ciudadanía que están dispuestos a actuar en la forma que se espera de ellos, y no como si tuvieran un cheque en blanco que pueden dilapidar, a discreción, y sin ninguna consecuencia.

REFLEJO FEDERAL

Esa indolencia por la opinión que tiene la ciudadanía de los legisladores, no es privativa de Oaxaca. En los últimos meses, el Congreso federal ha dado también muestras de padecer el mismo problema, de no tomarle importancia a lo que la ciudadanía demanda y priorizar sus agendas partidistas. Hay al menos tres ejemplos:

Primero, la ciudadanía sabe que el problema de la corrupción es el más importante que enfrenta el país, y según diversos sondeos lo ubica al nivel de los problemas de inseguridad y violencia que se viven en el país. Para la gente, el combate a la corrupción es tan apremiante como el combate al crimen. ¿Pero qué hizo el Congreso federal? Que lejos de priorizar la necesidad del establecimiento del Sistema Nacional Anticorrupción, que pasa por el nombramiento del Fiscal de la materia, decidió posponer el abordaje del asunto y llevarlo cuando menos al mes de febrero del próximo año. Es decir, lo que para la ciudadanía es apremiante, para ellos no, y por eso puede esperar el tiempo que sea necesario.

Segundo, desde hace varias semanas, las fuerzas armadas han enviado señales alarmantes de inconformidad no por la realización de labores de seguridad pública, sino porque ellos no cuentan con un marco jurídico que respalde esa actividad. Han demandado al Congreso la emisión de una Ley de Seguridad Interior, que les brinde el marco de actuación para no terminar en la disyuntiva de cumplir órdenes y enfrentar a la justicia civil; o desobedecerlas y enfrentar a la justicia militar. Aún con eso —y con la sombra del golpe de Estado que, aunque lejana, está siempre latente entre las fuerzas armadas—, el Congreso no asume la urgencia de responder a esa demanda.

BONO SECRETO

Tercero: se “descubrió” que los diputados federales reciben un “bono secreto” de fin de año. ¿Qué hicieron? Unos dijeron que lo donarían; otros que lo devolverían; y algunos más prefirieron no hacer comentarios. Lo cierto es que más allá del monto, eso es exactamente lo que el país no necesitan. Todos lo entendemos, menos los legisladores que con sus actos contradicen por completo su idea de que son “representantes populares”.