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Eduardo Martínez Helmes enloquece por control de la UABJO

Familia Real

+ Comienzan las acciones desesperadas; crecen grupos opositores


Es sintomático el cese fulminante del Contralor General de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca. El rector, Eduardo Martínez Helmes, enfrenta no sólo las últimas semanas de su rectorado sino también la supervivencia de su grupo político que, básicamente, incluye a toda su familia nuclear y extendida. Por eso, el Rector comienza a tomar decisiones desesperadas ante la imposibilidad de seguir protegiendo sus más importantes herramientas de control político, y ante el surgimiento de varias fuerzas opositoras a su grupo.

En efecto, ayer TIEMPO daba cuenta del cese fulminante, ocurrido el martes, de Pedro Rafael Martínez Martínez —hermano de Enrique Martínez Martínez, competidor de Martínez Helmes en la carrera por la rectoría hace cuatro años— quien ostentaba el cargo de Contralor General. El ahora cesado llegó al cargo gracias a la negociación de posiciones políticas ocurrida entre los aspirantes luego de la elección universitaria de 2012.

El problema es que como esa fue una de las posiciones que el Rector le entregó —en apariencia— al Sindicato de Trabajadores Académicos de la Universidad de Oaxaca (STAUO), y ahora ante la situación actual —en la que el STAUO es punta de lanza de quienes pueden arrebatarle el poder— constituía un botón de riesgo para la estabilidad del grupo que controla la universidad, fue cesado incluso sin el mínimo respeto a su garantía de audiencia, y sin ofrecerle alguna explicación sobre la decisión tomada en la oficina de la Rectoría.

¿Qué quería preservar el Rector? En términos simples quiso asegurar la inexistencia de huecos por los que se pudiera seguir “filtrando” —aunque en esos aspectos la Universidad, con toda su pluralidad, es altamente permeable— información, cifras y datos, de las bases en las que está anclado el control que mantiene el grupo de su padre, Abraham Martínez Alavés, sobre escuelas y facultades clave en la política electoral universitaria. El STAUO ha sido enfático en el cuestionamiento a esas herramientas de control, y por esa razón el Rector quiso cortar de fondo la gangrena cesando al funcionario que —según él— podría tener el acceso completo a esa información.

El problema es que luego de tres periodos gozando del control universitario, todas las herramientas del grupo son ampliamente conocidas. En la Facultad de Derecho, por ejemplo, hay un problema de porrismo, pero sobre todo de tráfico de calificaciones. ¿Cómo controlan la universidad? Lo hacen a través de agentes externos (los que antes eran conocidos como “fósiles”) que aun cuando formalmente ya no tienen matrícula como universitarios, sí fungen como “gestores” o como “coyotes” para el tráfico de calificaciones con los alumnos.

¿Qué hacen? Que desde fuera de la Universidad, tienen los “contactos” para poder asentar calificaciones fuera de toda norma o control. Esos “contactos” dentro de la Universidad, no son otros que los de la Dirección de Redes y Telecomunicaciones, que permiten que eso ocurra y hasta les facilitan las cosas, y que en muchos casos el trámite se hace a título gratuito, o con cantidades de dinero simbólicas, porque lo que también les interesa es que los jóvenes irregulares —que son cientos, quizá miles dentro de esa Facultad que es deliberadamente masiva— les deban el favor para luego cobrárselos al convertirlos en parte de las estructuras electorales del grupo del Rector.

En gran medida de todo eso se le acusa a Reynel Vásquez Zárate, director de la Facultad de Derecho que, si nada extraordinario ocurre, se convertirá en el candidato del grupo Martínez Helmes a la Rectoría. Sus antecedentes personales se encuentran en el porrismo. Pero como Director de esa Facultad, de lo que más se le acusa es de dejar pasar libremente todas las maniobras relacionadas con la venta o condicionamiento de calificaciones para favorecer a su grupo político.

TERROR A LA DISIDENCIA

Hay una razón más por la que el Rector decidió cesar de manera fulminante al Contralor General: la competencia real que tendrá el grupo de Martínez Helmes en la competencia por la sucesión no será sino con el STAUO. ¿De qué hablamos? De que dentro de la Universidad, y más allá de las apariencias, el Rector se enfrentará a un grupo que se fortalece y que buscará capitalizar la crisis de los Martínez.

Pues resulta que según las apariencias, la competencia se la daría el actual director de la Facultad de Contaduría y Administración, Abel Morales. Éste personaje ha intentado generar la idea de que podría ser la alternativa pero dentro del propio grupo de los Martínez Helmes. Ha querido presentarse como la opción “académica” que se contrapone a los cuestionamientos que pesan sobre Reynel Vásquez Zárate y sus antecedentes de porrismo. El problema es que al interior de ese grupo, Morales se ha evidenciado en diversas mezquindades que lo tienen ampliamente descartado. Y su problema es que fuera del cobijo político-electoral de los Martínez Helmes, Abel Morales y su grupo fueron incapaces de construir las estructuras de voto que son indispensables ya no para ganar, sino para ofrecerle una competencia digna al candidato del Rector.

¿Quién será la competencia real? Todo apunta a que será uno de los líderes históricos del STAUO, en la persona del actual secretario de Administración, Silviano Cabrera Gómez. Éste es quien ha venido abrevando las fracturas que ha sufrido el grupo de los Martínez Helmes, pero además ha mantenido a flote el capital que ha tenido el STAUO, que en las tres últimas elecciones de Rector ha sido el único que verdaderamente le ha ofrecido competencia a los candidatos de Abraham Martínez Alavés.

Al final esa será la forma en que se cierre la competencia: Eduardo Martínez Helmes, asesorado por su padre, enloqueciendo para tratar de no perder el poder, aunque en esas maniobras demuestra todo lo contrario: los ceses fulminantes, los golpes de timón y las acciones desesperadas, sólo demuestran su nivel de nerviosismo por el poder que están a serias posibilidades de perder, luego de casi dos décadas de reinado.

EXHIBIDOS

En uno de los edificios de Ciudad Universitaria colgaron una manta que da cuenta del control que tienen los Martínez: 13 familiares directos, e incondicionales de Abraham Martínez Alavés, ocupan cargos directivos, o plazas de tiempo completo en la UABJO. De ese tamaño es el interés de la “familia real” universitaria por mantener su cacicazgo.

La juventud en México vive tiempos de grandes riesgos

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+ Atajar el arquetipo de la “vida fácil” del narco, el reto


Un arquetipo es un “modelo original” que sirve como pauta para imitarlo, reproducirlo o copiarlo, o puede ser también un prototipo ideal que sirve como ejemplo de perfección de algo. Hoy, en muchísimos jóvenes mexicanos, esa pauta para imitar o ese prototipo ideal de vida, es la del narcotráfico. Al margen de los asuntos de coyuntura política, o de la frivolidad de las campañas y los procesos electorales, vale la pena reflexionar en ese, que es un problema de fondo y de largo plazo para la sociedad mexicana. En sus mensajes, el papa Francisco ha sido insistente en advertirlo. Pero basta con echar un vistazo a los arquetipos actuales de amplios sectores de la sociedad, para comprobar el nivel de peligro que corren las nuevas generaciones.

En efecto, ayer el papa Francisco pronunció el que, a nuestro juicio, es el mensaje más importante de su visita a México. Le dijo a los jóvenes mexicanos que es mentira que el narcotráfico sea la única opción de vida que tienen. Durante un encuentro en el estadio Morelos, de Morelia, el Jefe de la Iglesia católica reiteró que la juventud es la mayor riqueza del país, por lo que los llamó a no dejarse tratar como mercancía. “No me voy a cansar de decirlo, ustedes son la riqueza de México”, decía al tiempo que remarcaba que los jóvenes no son la esperanza de México, sino su riqueza.

“Es mentira que la única forma de vivir, de poder ser joven, es dejando la vida en manos del narcotráfico. Es mentira que la única forma que tienen de vivir los jóvenes aquí es en la pobreza y marginación”, remarcó. Los llamó a evitar las tentaciones del narcotráfico, y dijo que la principal amenaza a la esperanza es cuando los jóvenes sienten que no le importan a nadie o que los han dejado de lado. ¿Está equivocado Francisco?

La realidad dice que no. Hoy en día, quien tiene contacto estrecho con la juventud sabe que ésta se encuentra afectada, en su sentido de porvenir, por al menos dos problemas: el primero de ellos es porque muchos de ellos tienen la idea de que el arquetipo de vida, o modelo a seguir o imitar, es el de la vida fácil, sea a través del narcotráfico o de otras prácticas que tienen como fondo la corrupción. Por eso, no es raro ver que hay mucha gente que está convencida de que ese es el mecanismo no sólo para conseguir riqueza fácil, sino para hacerlo rápido.

Junto a ese, hay un segundo problema que es igual de preocupante: hay muchos otros jóvenes, millones de personas, que ante la realidad decidieron vivir en un mundo de abstracción, en el que son incapaces de voltear a su alrededor y tomar conciencia de los muchos problemas que vivimos como sociedad. Lo hacen como una forma de evitar el agobio. Pero al tomar esa actitud también se sustraen de cualquier posibilidad de participación, en comunidad o en el ámbito personal, para enfrentar esos problemas o al menos para atajarlos.

En ese sentido, no es raro escuchar a jóvenes que, por ejemplo, de forma sincera creen que la pobreza o la marginación son un mito. Lo creen no por alguna mala intención, sino básicamente porque no tienen ninguna referencia de los problemas sociales que existen en este país debido a la falta de oportunidades y de justicia social. Es decir, que como no viven, o no están cerca de la verdadera pobreza, creen que ésta es una pose de quienes lucran con ella. A esto se aúna el hecho de que son incapaces de ver a su alrededor más allá de su primer círculo social o territorial. Por eso no conciben el hecho de que a diario hay millones de personas que amanecen en la total incertidumbre sobre qué van a desayunar, de dónde van a obtener dinero para su subsistencia básica, o cómo van a lograr que sus hijos vayan a la escuela.

MIRAR ALREDEDOR

Las campañas electorales tienen niveles galopantes de demagogia, a partir de que todo el tiempo están hablando del desarrollo, de las oportunidades y de los jóvenes. El problema es que esos discursos están llenos de huecos e imposibilidades de cumplimiento. En el fondo, parece que los políticos y sus mercadólogos ven alrededor para detectar problemas que preocupan a la sociedad, pero únicamente para explotarlos a su favor, pero no para verdaderamente resolverlos. Por eso, a pesar de la prolífica actividad electoral, México sigue siendo un país ajeno a las oportunidades para las nuevas generaciones, y plagado de gente desencantada que busca opciones donde no debería.

Pues no se trata de caer en las mojigaterías de los santiguados que ven en el crimen a satanás. Más bien, de lo que se trata es de poder ser sensibles a esos problemas justamente para desmantelar los arquetipos que llevan a muchos jóvenes a buscar el lado fácil en desdeño de la perseverancia y el trabajo, y que alimentan la idea de que la única forma de triunfar en estos tiempos está en la búsqueda de actividades como el narcotráfico, la delincuencia organizada o los trabajos “fáciles” como todos los que se hacen en detrimento de otras personas.

Por eso mismo, una forma eficaz de combatir, por un lado, la idea de que sólo así es posible salir adelante, y por el otro el desdén por la realidad para mantenerse encerrados en el submundo personal, es a través de la concientización de esas nuevas generaciones sobre el panorama que prevalece en el país, y la necesidad de hacer algo, por mínimo que sea, para contribuir a cambiarlo. No hacerlo significa contribuir silenciosamente a la reproducción de esos problemas, y a arruinarle el futuro no sólo a quienes privilegian esos arquetipos, sino también a quienes en el mediano o largo plazo serán víctimas de la reproducción inopinada de esas ideas.

Así, más allá de lo que viene y dice un hombre que mañana se irá quizá para no volver a poner un pie en México, esta debería ser una preocupación compartida con más personas. México es uno de esos países que no puede seguir disimulando que tiene múltiples y variados problemas, para maquillarse con la idea de que aquí todo es maravilloso sólo para que así nos vean afuera.

LLAMADO INDÍGENA

Parece que Francisco vino con la consigna de hablar de todo lo que no quisiéramos escuchar. La reivindicación indígena es tan profunda y necesaria, como la necesidad de terminar con la segregación y el clasismo que es tan propio de nuestra sociedad, y que hace a quienes pertenecen a alguno de los muchos pueblos y comunidades indígenas, uno de sus principales blancos de forma permanente.

Crisis en el Tribunal Electoral, lo que faltaba para enrarecer comicios

TE

+ ¿Qué hará el Tribunal Superior con los magistrados relevados del TE?


Con la complicidad de los partidos políticos, el gobierno federal impulsó una reforma política recentralizadora que incluía tomar el control de todo el andamiaje institucional en materia electoral. La justificación de dicha decisión fue que como los poderes locales no habían sido capaces de regirse adecuadamente, y ajustarse a los parámetros democráticos, entonces la federación debía recuperar el control de la actividad electoral, como en los tiempos de la Comisión Federal Electoral dependiente de la Secretaría de Gobernación. Ahora ya no dependerían del gobierno sino del INE. El problema es que, como siempre, en la integración de los órganos electorales se volvieron a privilegiar las cuotas de partido. Y eso tiene hoy en jaque al Tribunal Estatal Electoral en su nueva conformación.

En efecto, el Tribunal Estatal Electoral de Oaxaca ha sido parámetro de la crisis política que se vive en la entidad por el desinterés en la integración adecuada de las instituciones electorales. Cuando en 2014 se consolidó la reforma política nacional (la que transformó al IFE en Instituto “Nacional Electoral”, y que decretó la reabsorción de todas las funciones electorales al nuevo ámbito nacional, que no es sino la federalización de lo “nacional”) hubo mucha inquietud sobre lo que pasaría con las instituciones que antes dependían del gobierno estatal.

El primero que fue tomado fue el Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana, que desde antes de 2015 fue tomado por el INE y reintegrado de forma tal que se veía a todas luces la injerencia del entonces representante del PRI ante el Consejo General del INE. Era el oaxaqueño José Antonio Hernández Fraguas, que en un proceso ampliamente cuestionado, repartió la integración del Consejo General del IEEPCO-OPLE entre algunas fuerzas políticas, y colocó en la Presidencia a uno de sus incondicionales, desconsiderando el mandato constitucional que determinaba que los nuevos funcionarios electorales debían regirse por principios y no por cuotas o partidismos. Todos se brincaron ese aspecto fundamental de la nueva ley, y reintegraron a su modo el Instituto electoral local ahora bajo la tutela del INE.

En ese sentido, cuando el INE trató de intervenir en la integración del Tribunal Estatal Electoral, el Poder Judicial de Oaxaca, en combinación con el Congreso local, intervinieron argumentando que no era posible su reintegración habida cuenta de que en Oaxaca no habría proceso electoral en el año 2015. Eso frenó por varios meses la reintegración del órgano electoral, hasta el momento en que se vencía el término establecido en la legislación federal por el inicio del proceso electoral estatal ordinario de 2016 en la entidad.

En ese umbral ocurrieron varias cosas: el Congreso local legisló al vapor la reforma electoral local que armonizaba el marco jurídico estatal con la legislación federal, provocando varias acciones de inconstitucional de los partidos que se habían sentido excluidos en dicha reforma. En octubre del año pasado dichos recursos fueron resueltos determinando la Suprema Corte de Justicia que prácticamente toda la reforma política local debía rehacerse. Por eso declaró la inconstitucionalidad de varios de los decretos emitidos al respecto.

El Congreso ya no pudo hacer nada dada la imposibilidad establecida en la Constitución federal, la cual dice que no pueden realizarse reformas a la legislación electoral al menos 90 días antes del inicio del proceso electoral. Así, para entonces el proceso electoral estaba a punto de iniciar y aunque el Congreso enmendara sus yerros, sus reformas no podrían regir estas elecciones. En ese marco, el Poder Judicial intentó frenar al Senado en su intento por intervenir al órgano jurisdiccional en materia electoral, para reintegrarlo, argumentando que como no había legislación local aplicable no podría intervenirse al tribunal de la materia.

El Senado no le dio la razón al Congreso en dicho argumento, y de todos modos decretó la desaparición del Tribunal Electoral del Poder Judicial de Oaxaca, y el surgimiento del Tribunal Estatal Electoral de Oaxaca. Aunque hubo expectativa en su integración, todo terminó en lo mismo: de los tres magistrados que lo integran, cada posición le fue entregada a los tres principales partidos políticos.

Una vez ocurrido eso, todos se volvieron a olvidar de dicho órgano. Y el resultado es esta vergonzante trifulca, en la que en el centro de todo está la decisión sobre los recursos económicos de dicho tribunal, y el control político que insisten en tener los partidos de las instituciones electorales, como si ello fuera garantía de triunfo en los procesos electorales.

UN DESORDEN

Hace años, cuando el Tribunal Electoral era autónomo, su integración era una burla porque ésta la definía el Gobernador teniendo como comparsa al Congreso local. Luego, cuando en 2011 esto cambió, y el Tribunal pasó a manos del Poder Judicial del Estado, el control sólo cambió de manos: quien definió la integración fue, en un primer momento, el Presidente del Tribunal, luego las fracciones del Congreso local, y finalmente algunos alfiles del Gobernador del Estado. ¿Y ahora?

Ahora hay un descontrol evidente que se está reflejando en la inestabilidad del Tribunal Electoral. El Estado no está contento con el hecho de que deba financiar un tribunal que formalmente ya no está en sus manos; el INE tiene tantos problemas que no parece estar preocupado por el control político de una de sus pequeñas extensiones en un estado que no le merece la mayor preocupación (a pesar de los evidentes problemas que presenta, comenzando por el hecho de que no hay leyes electorales acordes con los tiempos que se viven).

Y por eso hay una pelea abierta por definir quién tiene el control de los recursos, de la titularidad y del “control” del Tribunal, en estos tiempos en los que la nueva autonomía está demostrando que las instituciones no distan mucho de esa figura de menores de edad por la que fueron relevados por la federación (para nada) en sus responsabilidades.

¿NUEVA MATERIA?

En el Tribunal Superior de Justicia se preguntan qué harán los seis magistrados que dejaron el Tribunal Electoral, y se reincorporaron al Poder Judicial local, pero sin funciones, ni sala, ni integración. En broma señalan que van a crear una nueva materia judicial para que tengan qué hacer: la materia gris, dicen.

El Bronco: Topo Chico lo estrelló contra sus expectativas

 

El Bronco

+ Las bravuconadas caricaturizan con el pasmo ante la crisis


Jaime Rodríguez Calderón, gobernador sin partido de Nuevo León, se exhibió de cuerpo entero ante la primera crisis de su gobierno, generada las primeras horas del jueves por el sangriento motín en el penal de Topo Chico. Ese hecho, que requería acciones concretas e inmediatas primero para recuperar el control del centro penitenciario, y después para evitar que el silencio desatara la crisis, tuvo como respuesta oficial todo lo contrario: por omisión, el gobierno permitió que ocurrieran 49 homicidios; y luego dejó un larguísimo vacío que provocó especulaciones, desesperación y una sensación de que todas las expectativas que Rodríguez generó como candidato, no eran sino una máscara tras la que se escondía un gobernante bravucón, pero inoperante y aterrado.

En efecto, entre las últimas horas del miércoles y las primeras del jueves, en el penal de Topo Chico, en Monterrey, ocurrió una riña entre integrantes de dos bandas rivales. En la trifulca, que oficialmente duró dos horas, tuvo un resultado de 49 personas fallecidas. A pesar de que el gobierno de Nuevo León aseguró que la situación había quedado controlada desde las primeras horas de la madrugada, todavía a la hora del desayuno del jueves no existía información oficial.

Pasadas las nueve de la mañana, Rodríguez salió a ofrecer una conferencia de prensa en la que cometió todos los errores posibles con tal de salir del paso: utilizó el gastado argumento de que esto era producto de la herencia de corrupción del gobierno anterior; luego ofreció cifras que él defendió como oficiales aunque pocas horas después resultaron erróneas; impidió que los medios de comunicación —que reflejaban la tensa situación, y la incertidumbre que prevalecía ante la masacre— hicieran preguntas; e incluso quiso reñir con algunos representantes de los medios de comunicación que, sin respetar la indicación de no hacer preguntas, trataron de cuestionarle por la inexactitud de las cifras ofrecidas o por la escasez de información que su gobierno podía ofrecerle a la ciudadanía nueve horas después de —según— haber sido controlado el motín.

A lo largo de todo el jueves, y hasta las primeras horas del viernes, la crisis del gobierno de Jaime Rodríguez Calderón no era sólo de información, sino estructural: cuando al Gobernador se le terminaron las excusas para tratar de justificar la ineficiencia de su gobierno responsabilizando a la administración anterior, salió a flote el hecho de que sus funcionarios no habían sido capaces ni siquiera de ofrecer cifras exactas sobre los muertos y lesionados por la riña en el penal, tampoco tenían un diagnóstico preciso de las razones que habían generado la violencia, y mucho menos estaban en posibilidad de dar una explicación convincente sobre las medidas que estaban tomando para afrontar la situación.

Por eso, cuando habían transcurrido casi 24 horas desde el inicio del motín pudieron establecer que los muertos eran 49 y no 52; por esas mismas horas dijeron que tenían identificados a alrededor de 20 de los fallecidos; y todavía dos días después no tenían claro quiénes eran todos los involucrados en este motín, ni hasta dónde exactamente había escalado la violencia.

Al final fueron los testimonios los que revelaron que la masacre había sido cometida de una forma particularmente violenta (rostros desfigurados a golpes, extremidades multifracturadas para evitar que las víctimas escaparan, etcétera) y que en Topo Chico había un problema de ingobernabilidad interna ampliamente conocido, que sin embargo nunca fue registrado ni atendido por las autoridades estatales, que por esa omisión ya no pueden responsabilizar a la administración anterior del gobernador Rodrigo Medina.

CRISIS INSTITUCIONAL

Jaime Rodríguez Calderón, el Bronco, generó una enorme expectativa como candidato. Su intención era romper con el discurso establecido de los partidos políticos, y sus candidatos. El signo distintivo era justamente su desapego a las formas tradicionales de la política y su mensaje distinto al que planteaban los candidatos “tradicionales”. Incluso, más allá de su persona, él representaba el fin de aquella inercia en la que sólo los partidos políticos gozaban del monopolio del acceso al poder público. ¿Cuál era el riesgo? Que no había ninguna certeza de que el candidato “broncudo” independiente pudiera ser un gobernante eficaz.

Pues resulta que en México también tenemos una larga historia de desencuentros entre quienes son muy bravucones y rupturistas en el discurso, pero en lo sustantivo no generan ninguna certidumbre de que tienen capacidad de llegar a ser gobernantes eficaces. Sobre Rodríguez Calderón pesaban muchas dudas de que más allá de su figura como candidato, verdaderamente pudiera cumplir todas las expectativas de campaña que estaba generando. Al final, tal parece que el choque con la realidad está siendo apenas proporcional a lo alto que voló en su calidad de candidato, ofreciéndole a la ciudadanía no lo que podía cumplir, sino lo que ésta quería escuchar.

Es por eso que todos sus intentos de culpar al gobierno de Rodrigo Medina por la crisis de Topo Chico fueron fallidos. Medina pudo haber dejado mucha corrupción; pero una vez asumiendo el cargo, era su responsabilidad atender lo que estaba fallando y cerciorarse de que la situación no empeorara.

No lo hizo porque en realidad al asumir el cargo no tuvo la capacidad para registrar todos los problemas que enfrentaba la administración, y por eso esta fue una crisis más bien alimentada por su ingenuidad, por su indolencia personal y la de sus funcionarios, y por su falta de claridad para saber cómo reaccionar ante una crisis al menos para evitar profundizarla con sus acciones, como finalmente ocurrió.

En el fondo esta es muestra de que así como el sistema de partidos necesita acelerar su proceso de transformación para responder a las necesidades de la ciudadanía, también las candidaturas independientes necesitan ser más reflexivas, menos populistas y, como una cuestión de responsabilidad personal y colectiva, deben estar menos sujetas a la bravuconería, al populismo y la ineptitud de personajes como Jaime Rodríguez Calderón.

LOS “BRONCOS”

La sola realidad exhibe a quienes desde la frivolidad pura pretenden engañar en el mundo de la política. ¿A quién le convendría hoy tomar la casaca de Fox, luego del trago amargo que fue el guanajuatense para el país? Algo muy similar terminará pasando con los “broncos” dentro de muy poco tiempo.

Robles está endureciendo su estrategia de presionar con encuestas

BRMontoya

+ Aprovecha las indefiniciones en el perredismo sobre la ruta a seguir


En los últimos días, el senador Benjamín Robles Montoya endureció su estrategia de presionar al Comité Ejecutivo Nacional del Partido de la Revolución Democrática, para la definición del candidato a la gubernatura de Oaxaca, por la coalición del perredismo con el PAN. Al parecer, Robles está aprovechando la crisis que generó la ruptura de la alianza en Puebla, así como la incapacidad del perredismo local de generar los acuerdos para postular a un candidato de unidad. Todo estaba anunciado, y únicamente Robles parece ir cumpliendo su ruta trazada desde el inicio.

En efecto, a lo largo de esta semana el grupo de Robles ha venido “revelando” diversas encuestas que lo ubican como el precandidato más competitivo en la contienda interna del perredismo en la entidad. Evidentemente, lo que están buscando es generar el impacto de esos anuncios de encuestas en las que gana. Pues de hecho no hay claridad total sobre la procedencia de dichos estudios de opinión ni, por ejemplo, una explicación completa sobre quién está financiando esos ejercicios. En el fondo, lo que Robles busca es demostrar con esos instrumentos, que él es el candidato mejor posicionado y que por ende el PRD no tiene otro camino más que postularlo en cumplimiento del acuerdo de que la elección del candidato se haría a través de encuestas.

Esta intención de Robles, así como su estrategia, estaba delineada desde hace meses. ¿Qué es lo previsible?, nos preguntábamos a principios de diciembre. Y apuntamos en aquel entonces: Lo previsible es que, luego de la definición en el PRI, Robles Montoya trate de presionar para apurar la definición de la candidatura a Gobernador, a través de la exigencia de que el PRD cumpla su palabra de preferir la competitividad de sus cuadros, sobre el fiel de la balanza de los gobernadores en esas definiciones.

Quién sabe si lo logre —abundábamos—, porque la pulverización del perredismo nacional, y su incapacidad de generar posturas serias y consistentes, dificultan la posibilidad de contar con una previsión específica de lo que puedan finalmente decidir, en un panorama nacional tan descompuesto como en el que ahora se encuentran. Mientras, sus competidores internos (el diputado federal José Antonio Estefan Garfias, en específico) tratarán también de capitalizar las indefiniciones del perredismo, y no desperdiciarán ninguna posibilidad de seguir generando la percepción de que la balanza podría definirse a su favor.

Hasta ahora todo eso ha ido ocurriendo según lo previsto. En este panorama, el PRD nacional se vio en la necesidad de establecer que la definición de su candidato a la gubernatura de Oaxaca ocurriría a través, o de un consenso del perredismo local —el cual es muy remoto, por no decir que imposible— o de un método estadístico en el que se alzara con el triunfo quien tuviera mejores números en las calificaciones electorales. Robles Montoya siempre le apostó a esa posibilidad. Y es eso justamente lo que hoy está explotando para apurar la decisión en su partido.

LA ESTRATEGIA

Ayer, por ejemplo, Grupo Radio Fórmula publicaba una encuesta, en la que aseguraba que “el senador con licencia del PRD, Benjamín Robles Montoya, de acuerdo con una encuesta en el estado de Oaxaca, elaborada por la empresa Buendía y Laredo, entre el 5 al 8 de febrero, es el aspirante mejor evaluado rumbo a la elección del 5 junio en la entidad”.

Un día antes había mandado a publicar otra encuesta, muy similar, proveniente de una empresa denominada Indemerc, en la que aseguraba prácticamente lo mismo: que es el aspirante mejor posicionado, y que es el que acumula mayor potencialidad de triunfo en los comicios de junio próximo. Y a la par de esas dos encuestas, hubo una tercera, de Parametría, en la que se decía que el 78 por ciento de la población votaría por Robles Montoya, para ser el abanderado de CREO y sólo el 28 por ciento a favor de Estefan Garfias. “Al interior del PRD, PAN y PT, el senador tiene un 68 por ciento de las preferencias contra un 32 del ex priista; es decir más del doble”.

Ayer, además, Robles le agregó otro ingrediente a su estrategia al hacer público el respaldo de cuadros de su partido como el senador Miguel Barbosa. En conferencia de prensa, el legislador perredista, acusó que pese a ser Robles Montoya el mejor posicionado para encabezar la candidatura del sol azteca, se está deteniendo su designación como abanderado por intereses internos. De acuerdo con los tiempos electorales, el 27 de febrero será la fecha límite para que el Consejo Estatal del PRD designe a su candidato para el gobierno de Oaxaca, por lo que Barbosa, llamó a que se designe al aspirante mejor posicionado.

Por su parte el senador del PRD, Armando Ríos Piter, presentó la última encuesta de Mitofski —Robles lleva cinco encuestas presentadas en lo que va de la semana—, donde se mostraba a Robles a la cabeza de las preferencias de la selección interna, “dos a uno” frente a los otros aspirantes. “Oaxaca es de los pocos estados donde verdaderamente tenemos una capacidad de salir a competir con un cuadro que ha representado nuestra visión, el Partido no se puede equivocar en esta ocasión”, expresaba.

¿Cuál es la intención? Con toda claridad, las maniobras de Robles consisten en tratar de dejar a la dirigencia nacional del PRD sin argumentos para seguir postergando su designación. Está aprovechando, además, la incapacidad del perredismo oaxaqueño de aglutinarse, y —democrático o no— está tratando de evitar un albazo en su contra, con uno similar a su favor, operado por él mismo. Quiere, de hecho, poner contra la pared al CEN del PRD, y obligarlo a la definición a partir de sus propias promesas de respetar las encuestas.

¿QUIÉN FINANCIA?

Algunas de las preguntas que Robles Montoya debería responder con el mismo denuedo por el que pelea por la candidatura que cree que ya le pertenece, es quién ha financiado no sólo las cinco o seis encuestas que ha presentado a lo largo de esta semana, sino la onerosa campaña proselitista que trae desplegada por el territorio oaxaqueño desde hace meses. Debería aclarar, también, quién financió el baile de los Tigres del Norte, que sólo le sirvió de telón para endilgarse un mote (el “tigre”) que, como él, ni siquiera resultó popular. Hay raudales de dinero corriendo en las campañas. Y lo que hace iguales a todos los candidatos es que nadie revela el origen ni dice a cambio de qué tienen tantos financiadores.

La crisis del “Dueño de la UABJO” está a la vista

AbrahamA

+ Apostó por empecinamiento, no por la preservación


Abraham Martínez Alavés ha detentado en la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca, un poder tal como si fuera dueño de la misma. Su capacidad política y el control que tiene sobre ciertas escuelas y facultades de la Universidad, le ha permitido impulsar a tres rectores consecutivos. Sin embargo, de cara a la nueva sucesión universitaria, parece que su ambición por mantener el control y la subordinación de la autoridad universitaria en turno, por encima de cualquier otra circunstancia, están a punto de llevarlo al fin de su “reinado”.

En efecto, dentro de la UABJO el poder de Martínez Alavés es bien conocido, y se corrobora con el hecho de que tanto Francisco Martínez Neri y Rafael Torres Valdés llegaron sucesivamente a la rectoría, gracias al férreo control que el también ex rector ejerce sobre las escuelas y facultades que aglutinan buena parte de la votación más copiosa en la universidad.

De hecho, a pesar de que ya estando en el poder Martínez Neri intentó rebelarse a los designios de Martínez Alavés, éste último logró imponer cómodamente al sucesor de Neri en la persona de Torres Valdés. Éste último decidió no enfrentar a Martínez Alavés, y éste llevó su poder al extremo de la ignominia al decidir la postulación de su propio hijo, Eduardo Martínez Helmes, como el candidato de su grupo a la rectoría. La historia es bien conocida: Helmes brincó de la Secretaría Particular, a la Rectoría, en una carrera meteórica que no reflejaba más activos que el de ser una persona dedicada a su trabajo administrativo, y —sobre todo— el de ser hijo de Abraham Martínez Alavés.

De hecho, el rectorado de Martínez Helmes fue algo así como la joya de la corona del poder del sempiterno Abraham Martínez, que por varios lustros ha tenido el control político universitario gracias a posiciones estratégicas como la hegemonía en la Facultad de Derecho, un sector importante de la Facultad de Ciencias Administrativas, y algunas escuelas preparatorias, que aunque en otro tiempo fueron semilleros de votos hoy son víctimas de su propio desprestigio, al presentar un importante déficit de población escolar activa.

Así, frente a todo ese poder acumulado, y de cara al final del rectorado de su hijo, la pregunta actual que ronda al ex rector Martínez Alavés, es qué hacer con ese poder. La respuesta podría girar en dos vías posibles: la primera: generar una sucesión universitaria con un candidato fuerte y acreditado, que pudiera legitimar la hegemonía de ese grupo y le diera viabilidad en el mediano plazo; la segunda: impulsar a un incondicional independientemente de su presencia y prestigio, para que así garantizara una continuidad cómoda y la persistencia en el manejo de los recursos —económicos y políticos— de la Universidad, para beneficio de su grupo.

Evidentemente, la primera de las posibilidades implicaría el riesgo de que ese nuevo liderazgo, fuerte, iniciara el proceso de disolución del poder del ex rector Martínez Alavés —que además de ser un hombre de edad avanzada, no ha podido nutrir el liderazgo material de sus hijos, incluso el que ahora es rector— y consumara el conocido y recurrente “parricidio” que no es raro en este tipo de casos. La segunda posibilidad implica la posibilidad de que el impulso de un liderazgo débil genere sinergias entre los demás grupos adversarios, y terminen uniéndose para tratar de derrocar a este añejo colocador de rectores.

IMPULSAR A UN PORRO

La decisión ya se veía venir, y aquí la apuntamos a principios de diciembre: Abraham Martínez ya parece haberse decidido por el gris y cuestionado director de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, Reynel Vásquez Zárate. Éste es un personaje surgido no de las filas políticas, sino de las incondicionalidades, de Abraham Martínez Alavés. Gracias a su control político, lo impuso como director de la Facultad de Derecho pasando por encima de varios liderazgos naturales.

Y según parece, está decidido a impulsarlo como su candidato a Rector. ¿Cuál es el problema? Que al igual que con Eduardo Martínez Helmes, a Reynel se le acusa de porro, de extensión de Abraham, y de obedecer ciegamente sus designios. ¿Cuál es la diferencia? Que Reynel no se apellida Martínez Helmes, y que aún cuando parece ser el espécimen mejor acabado de la cantera abrahamista, no es reconocido sino como un simple alfil del ex Rector, manejador de porros, y administrador de la Facultad de Derecho, pero que no tiene capacidad política alguna y que, en esencia, no es sino un ejecutor de la política universitaria que ha mantenido el poder en los últimos años (Al Margen 01.12.2015).

Si todo eso ya es un problema, hoy está a punto de hacer crisis otro de los añejos cotos de poder de los Martínez: el sistema informático que controla la vida académica universitaria. Éste se encuentra, desde hace más de diez años, en poder del otro vástago de Abraham Martínez, su homónimo, que es quien respalda el control porril que hoy resulta ya escandaloso en facultades como la de Derecho, en donde el tráfico, venta y condicionamiento de calificaciones es tal que ya se perdió el pudor del disimulo, y hoy con toda claridad significa un instrumento de dominación propio de los tiempos electorales, para los que necesitan el semillero de votos.

Esa situación es también inocultable e inaceptable, incluso para los que no veían mal que un liderazgo fuerte mantuviera el orden universitario, pero que hoy ven a ese liderazgo volcado completamente en el empecinamiento de mantener su control a costo del ya degradado prestigio universitario, y sin reparar en el enorme costo que ello le genera no a su grupo sino a la imagen y el futuro de la universidad.

Al final, parece que diversos grupos importantes buscarán la posibilidad de aglutinarse en algún otro liderazgo. Aprovecharán el agotamiento natural de Martínez Alavés (por su edad) y de su grupo político (por el desgaste de llevar tres rectores al hilo), así como el hecho de que su candidato (Reynel Vásquez Zárate) es un impresentable de magnitudes monumentales dentro y fuera de la Universidad. Por eso, es muy probable que no haya un cuarto Rector del cuño abrahamista. Pronto lo veremos.

¡QUÉ DESCUBRIMIENTO!

Es una sinvergüenzada que ahora que llegará el Papa Francisco a la frontera sur, muchos se ofusquen por los horrores que ahí ocurren con los migrantes que vienen de Centroamérica y que pretenden llegar a Estados Unidos. Eso siempre ha estado ahí. No lo ha visto, sólo quien no ha querido. Patético.

Más allá de la pose, en Oaxaca es urgente el relevo generacional

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+ Candidatos, conminados a no continuar la ruta de los cacicazgos


 

Uno de los imperativos que tienen los aspirantes a la gubernatura en Oaxaca, es la de romper con la inercia de los cacicazgos. En la entidad, a lo largo de las últimas tres décadas han sido apenas un puñado de personas las que han detentado el poder en distintos momentos. Y esta parece ser una de las cuestiones que más aleja a la política de las nuevas generaciones, que no ven la expectativa, o el espacio necesario, para tratar de participar en las tareas públicas.

En efecto, estamos en un momento determinante de la vida pública de Oaxaca, porque ahora como nunca es demandado el relevo generacional en las esferas del poder. Hoy como nunca son persistentes los señalamientos respecto a que cada proceso electoral se resume en el reciclaje cíclico de personajes y grupos. Todos los que sean candidatos se enfrentarán a ese imperativo de la ciudadanía. Y por eso es tan importante tener presente todo lo que puede significar este aspecto en las campañas proselitistas y el apoyo que logren los aspirantes a la gubernatura de aquellos votantes que no dependen de una estructura electoral.

En ese sentido, es claro que en 2010 Gabino Cué representaba esa aspiración del relevo generacional, que pronto se vio copada por la presencia de varios de los grupos que persistían en la oposición, y que llegaron al poder no para compartir las responsabilidades del gobierno, sino para lucrar con sus espacios. Por un lado, dicho grupo fue copado por el ex gobernador Diódoro Carrasco Altamirano, que tenía una fuerte ascendencia sobre el nuevo gobierno, y cobró con creces las facturas de su apoyo. En el otro extremo estaban las estructuras fundamentalmente perredistas, que también exigieron su parcela dentro del gobierno.

Ante tantas exigencias y amagues, la actual administración pareció nunca encontrar el espacio y la condición para debutar a un nuevo grupo político que fuera parteaguas para su propia sucesión. Por eso, hoy el futuro del grupo en el poder se encuentra en manos de dos personajes que, aunque tienen un fuerte enfrentamiento entre sí, en el fondo resultan ser parte de la misma estructura que no logró trascender y que, por ende, está peleándose entre sí para los años que vienen.

Los nombres y las ascendencias así lo indican. José Antonio Estefan Garfias es un político producto de diversas circunstancias pero con un cuño diodorista y ulisista perfectamente identificable. Por su parte, Benjamín Robles Montoya enfrenta un problema todavía mayor: su único antecedente está en el grupo de Gabino Cué, con el que —ya en el poder— generó más enfrentamientos que sinergias, y al que no pudo aglutinar a su favor para ser garante de ese cambio generacional. Por eso, hoy Estefan está atenido al respaldo cupular del grupo que lo impulsa, y Benjamín le apuesta a las estructuras clientelares que formó con el apoyo de varias organizaciones sociales, en su larga campaña para comprar el apoyo electoral que no pudo conquistar entre los ciudadanos.

Al final, ninguno de los dos ha logrado dar una pauta concreta de la garantía de “no repetición”, que sí espera la ciudadanía de cualquiera que aspire a ser Gobernador de Oaxaca. Esa “no repetición” es, básicamente, relativa a los errores, a la corrupción, al empecinamiento con los cargos públicos y al reciclaje que, de una u otra forma, representan ambos personajes, por los grupos que los respaldan. Ambos, hoy, frente al electorado son víctimas del riesgo de la continuidad… pero, justamente, de esa continuidad oprobiosa que la ciudadanía ya no quiere ver —de ninguno de los grupos— en las tareas de gobierno.

EL RIESGO TRICOLOR

Esa misma inquietud priva del lado priista. Pues resulta que como hacía mucho tiempo no ocurría, en el Revolucionario Institucional hay una verdadera expectativa de que la candidatura de Alejandro Murat Hinojosa marque el relevo generacional no que anhelan los priistas, sino que necesita Oaxaca. Los riesgos, en ese extremo, también están presentes y saltan a la vista.

Pues resulta que, sin ambages, el Abanderado priista ha delineado la distancia que habrá con los grupos políticos tradicionales de Oaxaca. Eso se respalda con la carrera política y en la administración pública que lo antecede, e incluso con los orígenes de su candidatura, que en ningún sentido se encuentran en Oaxaca, y que más bien pueden encontrarse dentro del gobierno federal. El problema es que a pesar de todos esos activos —junto con la juventud y la frescura de su imagen, que constituyen un valor agregado propio del candidato— existe el riesgo de que los pactos políticos al interior de su partido, también terminen diluyendo ese imperativo de cambio. ¿De qué hablamos?

De que, por ejemplo, el viernes pasado se conoció el acuerdo alcanzado por el Candidato con el grupo del ex gobernador Ulises Ruiz, que personifica el senador Eviel Pérez Magaña. En la imagen del encuentro, aparecían diversos personajes que en ningún sentido representan lo que se supone que será el relevo generacional en Oaxaca. Había un cúmulo de personas que, además de acumular derrotas electorales, representan al sector más cuestionado y desprestigiado del priismo en Oaxaca, con el ex gobernador Ulises Ruiz a la cabeza. Y es que el senador con licencia Pérez Magaña llevó a dicho encuentro —y se supone que los presentó, porque son parte del acuerdo político— a personajes como Beatriz Rodríguez Casasnovas, José Escobar, Carolina Aparicio, y varios otros, que no resultan ser sino una garantía de continuidad de las prácticas y los grupos políticos, que las nuevas generaciones de votantes no quisieran ver regresando a los espacios de poder.

Y si bien resulta que la política implica necesariamente los acuerdos, más bien lo que se tendría que valorar es el costo de los mismos en la administración estatal —sopesando “eficiencia” versus corrupción— y, sobre todo, el nivel de empatía o rechazo que eso puede generar ante la ciudadanía, y los mensajes de largo plazo —sobre la continuidad, que evidentemente ya no es un activo político en Oaxaca— que se mandan con decisiones como esas.

FEMINICIDIOS

Sólo en alguien totalmente extraviado de la realidad, puede caber la idea de aspirar a un cargo de elección popular, teniendo como “activo político” su supuesto trabajo por los derechos de la mujer, en un estado —Oaxaca— en el que los feminicidios alcanzan niveles escalofriantes. ¿De verdad es lo que pretende Anabel López Sánchez?

La Comisión de la Verdad debe indagar la desaparición de eperristas

DESAPARECIDOS

+ No hacerlo demostraría su fin electoral, no la búsqueda de la verdad


 

La semana pasada, la Comandancia General del Ejército Popular Revolucionario envió una carta a los integrantes de la Comisión de la Verdad en Oaxaca (CVO), en la que les ofrece toda la información que poseen sobre la detención-desaparición de sus integrantes Gabriel Alberto Cruz Sánchez y Edmundo Reyes Amaya. Esto lo hacen en el contexto de la investigación que realiza la Comisión sobre las violaciones a derechos humanos ocurridas entre 2006 y 2007 en Oaxaca. Para demostrar que su finalidad es conocer la verdad, y ser parte del maniobreo electoral, necesariamente la CVO debe pasar por la investigación de la desaparición de los eperristas y la responsabilidad del gobierno de Ulises Ruiz en ello.

En efecto, durante la revuelta magisterial, y su secuela el año siguiente, ocurrieron diversos hechos que podrían constituir violaciones graves a derechos humanos —materia propia de la CVO—; pero sólo existen dos acontecimientos que generan, de forma incontrovertible, una responsabilidad ineludible para el Estado en Oaxaca. El primero de ellos es la muerte de Lorenzo San Pablo Cervantes, y el segundo, la desaparición de los dos eperristas.

¿Qué pasó con San Pablo? A finales de mayo de 2006, los maestros habían estallado su paro indefinido de labores, y el plantón; el 14 de junio el gobierno de Ulises Ruiz intentó fallidamente desalojarlos, y ello desató una crisis de gobernabilidad sin precedentes. Así, ante las circunstancias, el Gobierno del Estado decidió acuartelar a los elementos de todas sus corporaciones policiacas. Por ese hecho, los integrantes de la Sección 22 del SNTE y de la APPO eran libres de ejecutar toda clase de hechos en las calles de la capital oaxaqueña.

En aquel momento —agosto de 2006— los inconformes, ya habían tomado conciencia de la importancia de tener bajo su dominio las principales radiodifusoras locales; habían venido ocurriendo una serie de agresiones y auto ataques que, a través del despojo y la violencia, les habían permitido hacerse —como nunca antes había ocurrido en México— de todas las señales radiofónicas de la capital oaxaqueña. Y ante ese hecho, el gobierno había reaccionado enviando convoys policíacos (las llamadas “caravanas de la muerte”) para tratar, aparentemente, de “limpiar” las calles y despojar a los inconformes de las señales usurpadas.

En ese contexto murió Lorenzo San Pablo Cervantes, el 22 de agosto de 2006. Ese individuo, que era empleado de la Secretaría de Obras Públicas, tuvo la desafortunada idea de atender el llamado appista —hecho a través de la radio— para resguardar las instalaciones de la empresa radiofónica RPO, que entonces se encontraba bajo su poder. Al paso del convoy policiaco hubo un enfrentamiento con los inconformes. Y al accionar uno y otro grupo las armas con las que contaban, quien cayó muerto fue el mencionado sujeto. A pesar de que son muchos los acontecimientos relacionados con el conflicto magisterial que le generan una responsabilidad al Estado en Oaxaca, el homicidio de Lorenzo San Pablo es el más evidente crimen que se cometió formalmente a manos de agentes estatales y terminó en el cajón de la impunidad.

Ahora bien, en el caso de Gabriel Alberto Cruz Sánchez y Edmundo Reyes Amaya, existe una amplia documentación del posible contexto en que se dio su desaparición. Distintas versiones sostienen, por ejemplo, que fueron aprehendidos en el Hotel del Árbol, en la Calzada Madero de la capital oaxaqueña; y otras que en realidad fueron detenidos en un sitio no identificado plenamente de ese mismo rumbo de la ciudad de Oaxaca de Juárez.

En lo único que sí hay coincidencia entre las versiones, y que ha sido aceptado públicamente por el Ejército Popular Revolucionario, es que tanto Reyes Amaya como Cruz Sánchez habían tenido participación en el conflicto magisterial y popular ocurrido en Oaxaca el año previo; y dentro de las versiones se sostiene que en realidad al momento de su detención, estos dos individuos no se encontraban en el Hotel del Árbol, sino que momentos antes habían sido dejados en un sitio cercano al Hotel del Magisterio, y que se dirigían a ese lugar para sostener una reunión con personas ligadas al magisterio y a la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca, que aún se mantenían activos en temas relacionados con el conflicto popular del año previo.

 

LLAMADO EPERRISTA

Lorenzo San Pablo murió a manos de agentes estatales, que participaban en las llamadas “caravanas de la muerte”. La existencia de esos convoys policiacos está plenamente documentada, y también existen las evidencias de la circunstancia específica en la que falleció ese individuo. Así, no hay forma de que el Estado se desentienda de ese crimen, que fue el único que sin ninguna duda se cometió por agentes del Estado en una acción oficial que no tiene ninguna atenuante, explicación ni justificación.

En el caso de los eperristas, recientemente ese grupo armado afirmaba: “Oaxaca al igual que otros estados está lleno de fosas clandestinas donde se configura el testimonio del cometido de los crímenes de lesa humanidad fundamentalmente por motivos políticos. Denuncia popular que es sofocada y tergiversada desde las instituciones gubernamentales, funcionarios públicos y medios masivos de comunicación progobiernistas al presentar estos crímenes como delitos del fuero común entre seres desalmados, que nada tienen que ver con el aparato represivo, ni mucho menos con motivaciones políticas.

Dentro de esas denuncias que surgen desde diferentes fuentes populares se habla de los lugares donde fueron enterrados clandestinamente luchadores sociales y víctimas del terrorismo de Estado, en los años 2006-2007, como ‘en la parte norte del basurero que se encuentra en la colonia El Manantial, perteneciente al municipio de Zaachila en colindancia con San Bartolo Coyotepec’”.

 

DEBER INELUDIBLE

La detención-desaparición de los dos eperristas es un hecho ampliamente documentado, que en las circunstancias actuales no puede negarse o menospreciarse. Por esa razón, la Comisión de la Verdad está obligada a ir a fondo en esa investigación y la responsabilidad del gobierno de Ulises Ruiz en ello. Finalmente se trata de saber qué pasó y qué responsabilidades existen en torno a quienes sí fueron blanco de violaciones graves a derechos humanos. En el pináculo de esa investigación tendrían que estar los eperristas y Lorenzo San Pablo. Con eso, la CVO demostraría que tiene fondo y que no es un mero instrumento de golpeteo electoral.

Impostura de la sociedad civil no construye y sí dinamita la confianza

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+ Políticos usan “fundaciones” como pretexto, no por convicción social


Estos son los tiempos electorales, y en ellos abundan los políticos que crean fundaciones y asociaciones civiles fantasma, con el único objeto de engañar —y engañarse— con la casaca de la sociedad civil. En nuestro país, esa práctica constituye no sólo una impostura sino que además erosiona a la ya de por sí testimonial sociedad civil que de verdad trabaja desinteresadamente. Como ciudadanos, debiéramos estar llamados a rechazar frontalmente esas prácticas.

En efecto, es ya bien conocido que cada que se acerca un proceso electoral, surgen políticos que crean —o dicen hacerlo— fundaciones o asociaciones civiles con fines diversos. El común denominador de esas finalidades es, según dicen, hacer trabajo a favor de la ciudadanía como el fomento de valores, la formación de sociedad civil o realizar labor comunitaria.

En todos los casos —casi sin excepción—, dichos esfuerzos son en verdad interesados y llenos de mentiras. ¿Interesados en qué? En hacer parecer que los presidentes de esas fundaciones (que no son sino políticos en fáctica campaña proselitista) están preocupados por la ciudadanía. ¿Llenos de mentiras? Sí, porque como el esfuerzo no es genuino, aparentan la formación de ciudadanía aunque en realidad están socavando profundamente la identidad que debiera existir entre quien puede y quiere hacer labores de sociedad civil, y quien debiera recibir desinteresadamente los beneficios de ese trabajo.

En ese sentido, hoy es común ver asociaciones civiles —que nadie sabe si legalmente existen o no, y que muy probablemente son sociedades fantasma al margen de cualquier regulación jurídica o fiscal— que aparentemente promueven valores morales o humanos, pero que en realidad no son sino un pretexto para promocionar una imagen, unas iniciales, un eslogan o —a veces de la forma más burda— un “mensaje subliminal” para que luego, ya en campaña, un político se monte sobre ese trabajo para continuar el proselitismo pero ya de manera abierta. Hoy en día, prácticamente todos los aspirantes a alguna candidatura en los municipios importantes de la entidad (la capital oaxaqueña, ni se diga) están recurriendo a esa práctica oprobiosa.

Ahora bien, junto a ese maniobreo, hay casos todavía más cuestionables. Hay políticos, como el ex diputado federal Samuel Gurrión Matías, que utiliza el membrete de una asociación civil para ir, literalmente, de comunidad en comunidad haciendo dádivas a las personas. ¿Ese es trabajo de sociedad civil organizada?

No. Burda y abiertamente, es una labor de clientelismo político, realizada con dinero que se encuentra al margen de cualquier tipo de fiscalización, y con una finalidad eminentemente política. A la gente no le sirve —y eso lo sabemos desde hace mucho— que le regalen una despensa, una cobija o un electrodoméstico, a cambio de su simpatía. Eso, lo único que está generando es una burda y cuestionable clientela que luego será manipulada —cuando le cobren el favor— para los tiempos electorales.

Frente a todo esto, hay quien pudiera decir que cada quien es libre de hacer el trabajo que le plazca, o de regalar o hasta tirar su dinero a la basura, si ese es su deseo o si con eso cree que alimenta una intención política. Eso queda claro. Sin embargo, el tema verdaderamente preocupante no radica sólo en quién dizque promueve ciudadanía o quién se la pasa haciendo dádivas a cambio de simpatías electorales.

Un problema más de fondo, del que nadie parece preocuparse, radica en que eso ha hecho parecer el verdadero trabajo de ciudadanía como un burdo escalón para la política, y ha desacreditado el poco trabajo que se hace desinteresadamente a favor de ciertos sectores de la sociedad, como el que verdaderamente realizan algunos grupos de sociedad organizada, que sin ningún afán de lucro pretenden trabajar por los sectores marginados, pobres o alejados de los centros urbanos, no para regalarles algo que les sirva dos días, sino para verdaderamente ayudarlos a salir adelante.

¿Qué pasa? Que el político que se viste de ciudadano dos meses regalando cosas, y luego olvidándose de la ciudadanía, pervierte y degrada a toda la sociedad civil que sí necesita mucho trabajo organizado, desinteresado, y de fondo, para ayudar a equilibrar a los grupos que por alguna razón se encuentran rezagados.

LA OTRA IMPOSTURA

Junto a esos grupos de oportunistas, hay otros: los que además de buscar afanes políticos, lucran con la pobreza. Esos grupos también están perfectamente identificados, y son los que por años se han dedicado a representar comunidades para —según— ejecutar proyectos productivos. Esa ralea también es conocida, pero sorprendentemente, y a pesar de sus estremecedores antecedentes en las comunidades oaxaqueñas, hoy en día goza de cabal salud.

¿Qué hacen esos grupos? Se dedican a generar documentación para poder acceder a recursos estatales y federales —muchos de ellos a fondo perdido, y otros que deben comprobar, aunque pocas veces lo hacen—. Todo eso lo hacen ante las instancias gubernamentales, siempre, en nombre de la pobreza, la marginación y las carencias sociales; pero, de hecho, a las personas en nombre de las cuales piden beneficios, les regatean los recursos, los servicios o los bienes gestionados y comprados con recursos públicos, les piden “cuotas de recuperación” que no están contempladas en las reglas de operación de los programas, o simplemente les entregan sólo un porcentaje de lo obtenido, quedándose a veces con casi la totalidad del beneficio, por concepto de “gestión social”.

Eso tampoco es trabajo de sociedad civil, y es tan nocivo como el de la impostura de los políticos por crear asociaciones fantasma que sólo sirven para los tiempos electorales. Como ciudadanos eso denigra el trabajo organizado y pone en entredicho a quienes incurren en esa práctica para parecer muy ciudadanos, pero terminar siendo timadores que sólo buscan beneficios en nombre de acciones encomiables. En estos tiempos abundan. No contribuyamos comprando y creyendo esas mentiras.

EL CLUB DE LOS DERROTADOS

En la foto de la “operación cicatriz” en el PRI, dicen, llamaba la atención el pacto con ese, que bien podía ser el club de la derrota: en una sola foto estaban José Escobar, Beatriz Rodríguez, Eviel Pérez Magaña y varios representantes más del ulisismo que no han hecho sino acumular vapuleos en diversos procesos electorales. ¿Cuál habrá sido el “arreglo”?

Eviel, ¿pensaba que entre los aspirantes habría resistencias?

AlMurat

+ No calcular lo puso en el sótano de las posibilidades electorales


Al margen del senador Eviel Pérez Magaña, todos los demás aspirantes a la candidatura a Gobernador por el PRI honraron el acuerdo de unidad firmado ante el Comité Ejecutivo Nacional, y reconocieron de inmediato a Alejandro Murat como abanderado. Como la política y los procesos electorales son, en buena medida, un asunto de aritmética, hoy es evidente que la falta de un cálculo frío y correcto por parte del tuxtepecano, hoy lo tiene en el sótano de las posibilidades políticas.

En efecto, hace una semana ocurrió el anuncio formal de que el CEN del PRI había decidido que Alejandro Murat Hinojosa debía ser el precandidato de unidad a la gubernatura de Oaxaca. En un gesto de institucionalidad, uno a uno de los demás aspirantes fueron reconociendo la palabra empeñada y avalando el acuerdo de unidad que habían firmado. El primero fue Alfonso Gómez Sandoval, seguido de Javier Villacaña Jiménez, Samuel Gurrión y Martín Vásquez Villanueva. La diputada federal Mariana Benítez Tiburcio tardó un día en hacer pública su postura. Y hasta ahora, el único que ha guardado silencio es el senador con licencia Eviel Pérez Magaña.

¿Por qué evitar asumir una postura? Evidentemente, la primera razón es por el enojo que le debió haber provocado no haber contado con la venia de la dirigencia nacional del PRI, a pesar de que reiteradamente el CEN había enviado señales de que todo se definiría según el criterio y la conveniencia presidencial. Junto a eso, pareciera que Pérez Magaña guardó silencio con la intención de enviar mensajes mediante terceros, de las intenciones que podría tener respecto al proceso electoral, una vez que no fue elegido como candidato.

Por eso no tardaron en circular las versiones —varias de ellas propagadas por sus cercanos— de que el Senador ya había tenido los primeros acercamientos con el equipo de precampaña del perredista José Antonio Estefan Garfias, y que había la posibilidad de que consolidaran un pacto para arrastrar el capital político de Pérez Magaña hacia la campaña de Estefan. Nunca hubo refrendo de la versión por parte de los sectores perredistas involucrados, pues de hecho parece que los aspirantes a la candidatura a Gobernador tienen otros problemas que atender, y que no son propiamente los de las alianzas con los sectores resentidos de otros partidos.

Ahora bien, lo que queda claro es que el cruce de esas señales no benefició a Pérez Magaña. En su idea de propalar versiones sobre la ruptura en las estructuras priistas, no calculó que no habría otro que lo respaldara y que tampoco podría demostrar, con certeza, de qué tamaño es el capital político con el que dice contar. Por eso, aunque aún no terminaba de registrarlo, su amenaza se desfondó en muy poco tiempo y ese arrebato terminó aislándolo de los demás aspirantes, que no sólo no se montaron en el tren de las inconformidades, sino que de inmediato manifestaron una intención de suma a la decisión que había tomado el Presidente.

Así, hoy Pérez Magaña quedó apartado de la contienda, en tanto no asuma una postura específica. No lo hace porque aún parece no tener claro cuál será su derrotero para los meses siguientes luego de sus ya conocidas decisiones arrebatadas, como la de solicitar licencia a su cargo de Senador desde el mes de diciembre pasado, cuando no había impedimento ni constitucional, legal o estatutario, que le impidiera participar en el proceso interno de su partido por ostentar un cargo legislativo como el que dejó en la cámara alta.

En aquel momento, a todos les quedó claro que la licencia de Pérez Magaña al Senado, había sido una respuesta inopinada al anuncio de Alejandro Murat de separarse de la dirección general del Infonavit. Aunque el equipo del tuxtepecano afirmó siempre que la licencia se la habían “sugerido” en la Secretaría de Gobernación para redoblar el proselitismo, lo cierto es que nunca hubo una explicación racional de por qué había decidido dejar su escaño.

¿UN “PEJECITO”?

Luego de la contienda presidencial de 2006, López Obrador fue incómodo para el PRD y por eso casi todos los años que mediaron entre ese momento, y el siguiente proceso electoral, se dedicó a hacer proselitismo bajo las siglas del Partido del Trabajo. Luego, cuando fue derrotado en las urnas por segunda ocasión —también había sido candidato presidencial perredista— decidió abandonar formalmente las filas del Sol Azteca para formar su nuevo partido: Morena. Esta historia, tiene un común denominador: la circunstancia de aislamiento en que se metía (o metían) a López Obrador.

Esto tiene que ver mucho con lo que hoy ocurre con Eviel Pérez Magaña, que quedó completamente aislado del panorama electoral: ayer mismo, en redes sociales montaron un bulo cargado de mensajes y significados políticos. Desde las primeras horas de la tarde comenzó a circular una imagen en la que aparecía Pérez Magaña abrazando a una mujer de la tercera edad, y en la imagen éste aparecía como candidato a Gobernador por el PUP y el PSD. Horas más tarde la versión fue desmentida. Pero el mensaje quedó ahí. ¿Cuál era?

Uno muy simple: que por sus decisiones erradas, ese es el tamaño actual de Eviel Pérez Magaña. Es decir, un candidato apartado, llevado al proceso electoral bajo las siglas de partidos sin mayores posibilidades de triunfo, y únicamente como una forma de participación testimonial, que en su caso específico tendría mucho más de testarudez, que de sentido político. Básicamente, un símil de la historia de López Obrador primero en el PT y ahora en Morena como un “líder” que no tiene posibilidades de ganar.

Al final, parece que las cosas están tomando su cauce aunque determinadas en gran medida por lo que ha venido ocurriendo. Tampoco es imposible ver pronto a Eviel haciendo campaña con Murat. La diferencia es que como no supo entender momento a momento la circunstancia que enfrentaba, hoy su margen de negociación, y su valor como activo político, es muchísimo menor que hace apenas una semana.

CARISMA

Con seguridad, los malquerientes de Alejandro Murat no calcularon algo que cada día es más visible: su potencial como figura política. En los actos políticos que ha encabezado ya como precandidato, ha desbordado a la gente y ha causado aglomeraciones que rebasan por mucho el tradicional acarreo. Ese es un aspecto adicional contra el que tendrán que luchar en campaña sus adversarios, y que quién sabe si puedan alcanzar luego de la lucha fratricida del perredismo.