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AMLO: su moderación, en el punto exacto para seguir en el sistema político

The presidential candidate for the lefti
The presidential candidate for the leftist coalition Progressive Movement of Mexico, Andres Manuel Lopez Obrador gestures during a press conference on July 12, 2012. Lopez Obrador called on Thursday for the invalidity of the election last July 1, which was second, and predicted that next week will present a “plan of defense of democracy” by the “peaceful”. AFP PHOTO/ Yuri CORTEZ (Photo credit should read YURI CORTEZ/AFP/GettyImages)

+ En 2006 pudo haber desatado revuelta nacional: antes, como ahora, lo evitó


A muchos les sorprendió la declaración hecha la semana pasada por el líder de Morena, Andrés Manuel López Obrador sobre la necesidad de reformar, no derogar, la reforma educativa, y de mantener el principio de autoridad sin tratar de jugar a las vencidas con el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto. La sorpresa fue, en primer término, por el viraje a la moderación de su discurso de respaldo a la CNTE; pero sobre todo, esa declaración revela que, igual que en 2006, López Obrador está frenando en el límite para no desbocar el sistema de partidos, como el mecanismo único de acceso al poder político.

En efecto, la semana pasada López Obrador dijo que lo que busca al apoyar a la CNTE en la oposición a la Reforma Educativa, es la revisión de la ley y no su abrogación. López Obrador puntualizó que es necesario que se atienda a una revisión exhaustiva de la reforma lo antes posible. “No se puede derogar reforma educativa, sería claudicación del Gobierno y no le conviene a nadie. Tiene que haber autoridad (…) No se puede derogar la reforma educativa, hay que revisarla en un periodo extraordinario antes del primero de septiembre”, expuso.

Estas palabras tienen una significación especial, porque contrastan fuertemente con las promesas lanzadas en abril pasado, cuando vino a firmar un pacto con el magisterio oaxaqueño en el que se comprometía a “devolver” el control de sistema educativo a los profesores, y a reinstalar a toda la estructura administrativa del IEEPO que provenía de la Sección 22. Aquel fue un pacto abierto a favor de la abrogación —de jure o de facto— de la reforma educativa en Oaxaca que, sin embargo, ahora matizó a partir de un planteamiento enfilado a la búsqueda de los equilibrios.

Esto tiene una significación particular porque López Obrador está pensando en el 2018, y porque sabe que lo menos que puede hacer es incendiar al país para luego —según calcula— recibir sus cenizas ya como Presidente de la República. En ese sentido, es notable la forma en cómo estableció un nuevo punto de inflexión en el que no sólo está llamando a los maestros de la CNTE a que se moderen, y a que transijan con el gobierno federal los nuevos términos de la evaluación docente, sino que tácitamente también está reconociendo a la autoridad federal, y la necesidad de que esos principios institucionales prevalezcan.

¿Qué resalta de ese cambio de discurso de AMLO? Que su pragmatismo, de nuevo lo está llevando a ponerse en el umbral de la revuelta social, pero que una vez más está optando por el sistema político como mecanismo de acceso al poder. Es una postura absolutamente incongruente, aunque al mismo tiempo es también la revelación de que aún con toda su vena autoritaria y su cercanía con el radicalismo, el tabasqueño sigue sin ser capaz —y qué bueno— de poner realmente en duda aquel viejo planteamiento de mandar al diablo a las instituciones.

CAMBIO DE DISCURSO

Por eso, igual que en el 2006, este sorpresivo llamado a la prudencia tiene como telón de fondo que López Obrador sabe que a pesar de que tenemos un sistema y una cultura política incipientes, hay situaciones que la propia sociedad mexicana ya no toleraría, como un intento de toma violenta del poder presidencial, o la vía de la revuelta como mecanismo de acceso al poder. Junto a eso, él mismo sabe que contribuir hoy a quebrantar el principio de autoridad, sería como darse un balazo en el pie si en 2018 verdaderamente llega a ser Presidente.

En ese sentido, vale recordar lo que ocurrió en 2006: en aquel entonces, su soberbia lo llevó a perder la amplia ventaja electoral que tenía; fue alcanzado por Felipe Calderón, que lo venció en los comicios por menos de medio punto porcentual. En respuesta, el tabasqueño instaló un plantón en el Paseo de la Reforma, se declaró en rebeldía pacífica y se negó a reconocer al gobierno electo. En noviembre de ese año se autonombró “Presidente legítimo de México”. Pero a pesar de todo su discurso incendiario, nunca intentó llevar su inconformidad a otro nivel.

¿Cuál habría sido ese “otro nivel”? Habría sido, indudablemente, el de la vía violenta a través de una revuelta o de un levantamiento armado. López Obrador no hubiera carecido de medios para hacerlo, ya que muchísima gente —de organizaciones, y también espontáneos— habrían estado dispuestos a respaldar un movimiento de esas características.

No ocurrió, justamente porque Andrés Manuel se detuvo en ese umbral y decidió no pasar al siguiente nivel, que habría sido el de la confrontación violenta para reclamar la victoria electoral que reiteradamente dijo que le robaron. Con todo, decidió seguir transitando por la vía de los partidos, y esperar a las siguientes oportunidades.

Ahora está ocurriendo algo muy similar: en el umbral del rupturismo —a través de su apoyo a la Coordinadora, que sí está dispuesta a todo—, de nuevo López Obrador se detuvo y le apuesta a moderar el discurso. Sabe que en la medida que lo logre, podrá tener un movimiento social importante respaldándolo, pero también una vía política para continuar su camino hacia el siguiente proceso electoral, sin romper con una institucionalidad que después podría perjudicarle.

PRAGMATISMO

Al final, aún con todo ese pragmatismo, Andrés Manuel deja ver su prudencia frente a algo tan importante para la vida nacional, como lo es el sistema que la Constitución prevé para el acceso al poder público.

La revolución de Pokémon: ejemplo de que la Generación X está ahí

PKGO

+ Pervive el adagio, al revés: los niños de ayer somos los adultos de hoy


 

Las generaciones anteriores a la llamada “generación X”, se deben ir acostumbrado a que quienes fuimos niños hace veinte años, ahora somos adultos. Eso significa no sólo que los adultos jóvenes “maduremos” o nos “aseñoremos”, sino también que esas generaciones de gente mayor comience a entender por qué somos como somos. Esto incluye modas, formas de vestir, gustos y diversiones, que estuvieron presentes hace dos décadas —cuando esos adultos ya eran nuestros papás— y que ahora vuelven cuando nosotros ya somos adultos y tenemos un espacio concreto en la sociedad en que vivimos. El ejemplo perfecto es la revolución que significa algo tan simple como Pokémon Go, del que tanto se habla hoy en día.

En efecto, se conoce popularmente como Generación X a los que nacimos entre finales de la década de los setentas, y hasta finales de los años ochentas —y quizá los dos o tres primeros años de la década siguiente. En México se ubica como la primera generación que estudió usando herramientas informáticas, pero fueron la última en usar las tradicionales por lo cual tienen habilidades apreciables para hacer uso de la computadora e internet pero a diferencia de las generaciones posteriores (que prácticamente no leyeron libros) suelen tener el hábito de la investigación por lo cual no creen fácilmente todo lo que encuentran en la red, esto los ha marcado como la generación de los “escépticos” o “desconfiados”, ya que además hablando de las novedosas formas de socializar, usan la tecnología, pero prefieren marcadamente los amigos reales a las amistades “virtuales”.

Esta generación creció en un momento en el que la historia de México estuvo plagada por crisis económicas de los setentas, ochentas y noventas. Por lo tanto, la generación X fue la más perjudicada en cuanto a la economía. La disponibilidad de información y material artístico, en gran medida por la aparición de internet, hace que esta generación sea radicalmente abierta comparada con las anteriores en cuestión musical, y logre conocer propuestas musicales de todo el continente, Europa y el mundo, prácticamente en el mismo momento de su lanzamiento mundial.

Quienes nacimos en ese periodo de tiempo, fuimos de los primeros que tuvimos acceso ya a una cantidad importante de series, caricaturas y programas de entretenimiento importados, que incluso llegaron a rebasar los contenidos nacionales tradicionales. Ello explica, por ejemplo, por qué en los noventas muchas de las barras televisivas de entretenimiento infantil y juvenil se terminaron, y por qué fue tan difícil que en los años siguientes se replicaran esfuerzos como los de Odisea Burbujas, Chespirito y muchos otros.

Lo más trágico es que esa visión malinchista tan de moda, hizo que muchos repudiaran esas series con las que —indudablemente— todos nos reímos en la niñez o primeros años de la juventud, y prefirieran otros programas traídos de fuera para la diversión nacional. Uno de ellos fue Dragon Ball; y otro, excepcionalmente exitoso fue Pokémon, con el que millones de niños de entonces crecieron, y que hoy resultan ser esos adultos jóvenes que hoy tienen inundado el espacio de internet con ese juego —revolucionado— que las generaciones siguientes no terminan de entender.

POKEMÓN GO

El concepto en general es sencillo —explica Víctor Beltri en un interesante texto publicado el jueves en Excélsior—, aunque puede ser bastante complicado. Los jugadores se asumen como entrenadores de los pokemones, que son criaturas que viven en estado silvestre hasta que son capturadas y sujetas a entrenamiento. Los jugadores tienen dos objetivos generales: el primero es coleccionar tantos pokemones como sea posible (de ahí la frase gotta catch’em all), y en segundo término entrenar a estos pokemones para que compitan con aquellos de otros jugadores. La estructura de colección, entrenamiento y batalla está presente en todas las versiones de los juegos, incluso en aquellas que se desarrollan a base de tarjetas.

Ahora bien, dice Beltri, Pokémon Go se basa en la tecnología desarrollada por Google para realidad aumentada en espacios urbanos, y que ya ha sido probada antes en aplicaciones como Ingress, aunque enfocada en un mercado distinto. Pokémon Go es un massively multiplayer online role playing game, o MMORPG. Hace uso de la localización geográfica y de la cámara de los teléfonos, y hasta el momento ha sido recibido con entusiasmo, a pesar de algunas críticas referentes a los peligros derivados de su uso y a las molestias generadas por los jugadores, en lugares emblemáticos como el Museo del Holocausto, cementerios, iglesias o los campos de concentración de Auschwitz-Birkenau. La aplicación ha recibido críticas también, debido al extraordinario acceso que requiere de las cuentas de Google de los usuarios, y que incluye todo tipo de archivos, fotos, videos y cualquier tipo de información relacionada con la compañía.

NOSTALGIA

Pokémon pertenece a Nintendo, que se reposicionará en la industria de los videojuegos a nivel mundial, a partir de una premisa muy simple: los niños de hace 25 años, que tuvieron como máxima aspiración poseer una consola de Nintendo para jugar esos juegos, hoy son adultos que en muchos casos cuentan con el poder adquisitivo para comprar ese artefacto que quizá en el pasado no se lo pudieron comprar sus padres, o para volver a jugar esas consolas que hoy son inconseguibles en el mercado. Quizá por eso, Nintendo anunció también esta semana el relanzamiento de su primer consola, el NES, que originalmente salió en 1985, y que fue con lo que nos divertimos muchos de los que hoy tenemos treinta y tantos años…

La solución al conflicto con la CNTE sí debe pasar por revisar la evaluación

Amlo

+ Un error, suponer que la reforma educativa era pétrea; siempre hubo fisuras


Andrés Manuel López Obrador aceptó públicamente que es necesario reformar la legislación en materia educativa, pero no abrogarla. Esta postura es fundamental en el cauce que lleva el conflicto magisterial encabezado por la CNTE, porque representa nada menos que la moderación de una de las voces más beligerantes que, según parecía hasta hace unos días, estaba dispuesta a llevar de nuevo el conflicto a una situación de crisis. Si para resolver cualquier conflicto es necesario que las partes en pugna se escuchen y transijan, ahora todos deben apostar a que la evaluación docente pase por esa profunda revisión que le vendría muy bien a los maestros, al SNTE, a la CNTE, y al país.

En efecto, ayer varios medios informativos de la capital del país dieron cuenta de las afirmaciones de López Obrador, hechas a un noticiario radiofónico, en las que concretamente aclaraba que lo que busca al apoyar a la CNTE en la oposición a la Reforma Educativa, es la revisión de la ley y no su abrogación. López Obrador puntualizó que es necesario que se atienda a una revisión exhaustiva de la reforma lo antes posible, pero que no se puede derogar reforma educativa porque “sería claudicación del Gobierno y no le conviene a nadie. Tiene que haber autoridad”, puntualizó.

De hecho, AMLO dijo que para ‘corregir’ algunos planteamientos, es necesario que se cuente con la intervención de maestros y especialistas, que determinen qué es lo mejor para la definición del proyecto educativo. No se puede derogar la reforma educativa, hay que revisarla en un periodo extraordinario antes del primero de septiembre”, expuso.

Estas declaraciones tienen un significado enorme. Pues contrario a todo lo que se pudiera suponer, es la primera vez en mucho tiempo que López Obrador ofrece destellos de una postura equilibrada, de Estado, y capaz de encarar los problemas sociales por encima de las proclamas o las conveniencias políticas. Esta postura del líder de Morena, por increíble que parezca, lo que está haciendo es afianzar no la conveniencia oficial, sino el necesario —y muy echado de menos— diálogo público, en el que la capacidad de escucharse y de transigir entre las partes en pugna, fuera el camino para resolver los conflictos sociales.

Esto es muy significativo. Hace apenas dos semanas parecía que la crisis magisterial en el sureste del país no tendría otro remedio más que —en uno de los extremos— la utilización de la fuerza pública; y que —en el otro extremo— todos los actores y grupos estaban anunciando —y denunciando, anticipadamente— un acto de represión, ante la utilización de la fuerza pública, independientemente del contexto y los resultados tanto de la negociación, como de otra posible intervención policiaca para terminar con las acciones de protesta de la Coordinadora.

LA EVALUACIÓN

Hay un punto en el que el gobierno federal ya logró generar un consenso, aún en detrimento de sus propias posturas: que cualquier forma de entendimiento con el magisterio nacional —el SNTE y la CNTE— pasa por la revisión del modelo de evaluación. Eso lo tuvo que hacer el gobierno federal a partir de la urgencia de hallar un arreglo con la Coordinadora, sin que esto significara, por un lado, premiar la beligerancia de las corrientes magisteriales disidentes; y que, por el otro, tampoco fuera un arreglo con la CNTE que dejara a los profesores identificados con el SNTE —que sí aceptaron los términos de la reforma— como unos peleles.

En esa lógica, la evaluación debe revisarse en un contexto integral, y ese no es un argumento nuevo. De hecho, en diciembre pasado apuntábamos lo trágico que resultaba que en los asuntos públicos el diálogo sin matices nos llevara a la intolerancia y la demagogia.

Es necesario asumir —dijimos en nuestra entrega del 31 de diciembre pasado— que existen muchos temas en los que hay todavía un largo trecho por recorrer antes de que pueda hablarse de mejora o de verdadera eficacia. Eso ocurre claramente en todo lo relacionado con la aplicación de la evaluación docente, que debe ser vista en su dimensión más justa no como la panacea, sino como el inicio de un camino que tiene mucho por rectificar.

Esa “rectificación” es justamente de la que hablaba ayer López Obrador, y es la que se verá obligada a buscar la Coordinadora si es que de verdad quiere llevar la negociación a un puerto viable para sus agremiados, antes que continuar en la lógica de “patria o muerte” que ha intentado sin éxito hasta ahora. Muchos de esos problemas de la evaluación están perfectamente detectados y lo que hace falta es reconocerlos, analizarlos y corregirlos desde la base misma de una reforma a la legislación ya existente.

Entre los muchos temas que deben corregirse, se encuentran por ejemplo un examen de conocimientos que no necesariamente evalúa el desempeño, unas guías de examen que no reflejan ni los contenidos, ni la bibliografía del plan de estudios de la escuela normal. Un examen que no da elementos para medir el desempeño de los docentes frente a sus alumnos. Una solicitud de evidencias con un lenguaje poco académico. Subir ‘evidencias del mejor alumno y del alumno más deficiente’, cuando la psicopedagogía ha mostrado que cada alumno tiene procesos de desarrollo y de conocimiento particulares, entre muchísimos otros más que cualquier maestro —al margen de las posturas políticas CNTE/SNTE— ha podido ya detectar y que, todos coinciden, hay que corregir.

REVISIÓN, INELUDIBLE

Ahí está la base del problema, y por eso la solución al conflicto social de Oaxaca sí debe pasar por la revisión de los “cómos” que están alrededor de la evaluación docente.

¿El traslado de líderes magisteriales no fue parte del acuerdo con Segob?

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Rubén-Núñez-y-Francisco-Villalobos

+ Gobierno y la CNTE, dispuestos a “legalizar” cualquier acuerdo político


La CNTE denuncia —con razón— que sus dirigentes encarcelados son “presos políticos”. Sólo que con esa misma claridad y denuedo debería también reconocer que la decisión de trasladar a cuatro de esos dirigentes, a un reclusorio en territorio oaxaqueño, es también consecuencia de un acuerdo político tomado con la Secretaría de Gobernación. En este país en el que las decisiones políticas son legalizadas a través de formalismos, y nadie se sorprende de ello, esto no debería ser un asunto de poses sino de la demostración de cómo grupos de presión —como la Coordinadora— pueden conseguir negociaciones efectivas.

En efecto, en las primeras horas del martes 12 de julio —horas después de que se llevara a cabo el tercer encuentro entre la CNTE y Gobernación—, se anunció que el líder de la Sección 22, Rubén Núñez, había sido trasladado junto con Francisco Villalobos, Aciel Sibaja y Heriberto Margariño al penal de Miahuatlán, Oaxaca durante la madrugada.

Tal información fue confirmada por el abogado Hugo Paz a un medio de la capital del país, y de inmediato se especuló que éste había sido uno de los acuerdos políticos tomados para facilitar la distensión del conflicto, a pesar de que el traslado de los dirigentes magisteriales detenidos no aparecía en la lista de acuerdos alcanzados entre Gobernación y los representantes de la Coordinadora que acudieron a la mesa de trabajo.

Ayer miércoles, a pesar de la coincidencia en tiempo y circunstancias, la Coordinadora intentó aclarar el punto asegurando que el traslado de los cuatro dirigentes no era parte de los acuerdos con Gobernación, sino que más bien era un logro de la defensa de los procesados. Edith Santibáñez, integrante del equipo Jurídico de Sección 22, aseguró que el traslado de cuatro líderes magisteriales fue un acuerdo judicial  y “no un favor” ni “rotación” de las autoridades, aunque no descartó que la comisión negociadora haya puesto el asunto sobre la mesa de diálogo.

“Teníamos no nada más un acuerdo, teníamos hasta tres acuerdos de traslados emitidos por los jueces, sin embargo las autoridades hacían caso omiso. Hasta el día lunes que se le emplazó al juez segundo de lo penal de Oaxaca, el tenía que darle vista al agente del Ministerio Público en cumplimiento de su mandato judicial”, explicó Santibáñez. ¿De verdad podemos quedarnos con esta versión?

DECISIONES POLÍTICAS

Pues es claro —porque en estos asuntos las casualidades nunca son tal— que esta fue una más de las decisiones políticas a las que luego buscan darle forma jurídica para legalizarlas y —es un decir— “legitimarlas”. La mejor prueba de ello es la propia detención de todos los dirigentes de la Sección 22 y la Coordinadora, que fue un acto político revestido de formalidades jurídicas, no con la intención de castigar la comisión de delitos sino de tratar de desmembrar a un movimiento de presión, que —¡vaya paradoja!— ahora tiene de rodillas a la Secretaría de Gobernación.

En ese sentido, en esta columna apuntamos desde el 14 de junio que lo primero que debíamos tener claro es que las aprehensiones —no “arrestos”— de Rubén Núñez y Francisco Villalobos, secretario General y de Organización, respectivamente, del comité estatal de la Sección 22, son eminentemente políticas.

¿Por qué?, nos preguntábamos. Porque la base de su persecución judicial radica —como siempre en México— en su actividad política. Si Núñez y Villalobos, junto con todos los demás integrantes del comité seccional que ya fueron detenidos, no se hubieran opuesto a la reforma educativa, ahora mismo seguirían gozando de los dividendos que arrojan los porcentajes pagados por empresas a cambio de que la Sección 22 les permitiera realizar negocios con sus agremiados. Por eso hay una evidente connotación política que no debemos dejar de ver.

Ahora bien, en este contexto es menester considerar otro factor imprescindible: en la mesa de Gobernación, hoy en día todo está sujeto a una negociación política. ¿Cómo quiere la Coordinadora, por ejemplo, que el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto “abrogue” la reforma educativa, si ello no está entre sus facultades? ¿Cómo consiguió la CNTE que el gobierno federal claudicara en su anuncio de despedir a más de tres mil por incurrir en los supuestos de responsabilidad que establece la Ley General del Servicio Profesional Docente, por faltar más de tres días a sus labores, en el periodo de un mismo mes? ¿Y cómo quieren que se distienda el conflicto de Oaxaca, Chiapas y otras entidades del país? La respuesta a cualquiera de esas preguntas —incluyendo el traslado, y quizá hasta la próxima liberación de Núñez Ginez y compañía— pasa por una negociación política, revestida de formas jurídicas.

Por eso la Coordinadora debe dejar esos maniqueísmos cuando no le conviene, y reconocer que el traslado de Núñez fue una decisión tomada en Gobernación, y luego legitimada por los acuerdos judiciales y el cumplimiento de la autoridad penitenciaria. Nada tan simple —y tan visible— como eso.

ARDOR

Se siguen preguntando por qué fue el ex gobernador Ulises Ruiz, el único priista del país que públicamente salió a rechazar la “elección” de Enrique Ochoa Reza como líder nacional del PRI. La respuesta es simple: porque Ochoa representa a la misma generación de políticos a la que pertenece Alejandro Murat. Sabe también que esa decisión fortalece políticamente —en el mediano plazo— al ahora Gobernador electo. Y que —es lo que le duele— eso lo tendrá aún más alejado de lo que ya está del poder en Oaxaca, luego de sus recurrentes saldos rojos, y sus derrotas recientes.

Al CEN del PRI su pasado reciente le cobra hoy las facturas

OchoaReza

+ Ciudadanía no quiere tecnocracia ni verticalismo, ¿entonces?


Ha sido muy polémica la decisión del Presidente de enviar a Enrique Ochoa Reza, de la Comisión Federal de Electricidad, a la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional del PRI. La razón es que, por un lado, reprueban la posibilidad de que la nueva tecnocracia mexicana tome otra vez el control de ese partido; y por el otro, cuestionan que alguien sin experiencia ni trabajo de bases, llegue a través de consensos cupulares al máximo cargo político entre los priistas que gobiernan. Acaso, lo que no alcanzan a ver es que el PRI, como todos los partidos, se enfrenta a la realidad de la pudrición generada por sus cuadros nuevos y de antaño.

En efecto, sólo es cosa de que se cumplan algunas formalidades estatutarias para que se oficialice la elección de Ochoa Reza al frente del partido. Éste viene al PRI de un cargo —y de una formación académica y en el servicio público— puramente técnica. Ochoa presumió una militancia de casi dos décadas en el priismo, pero lo cierto es que ese es un argumento que dice muy poco, a la luz de que su supuesta “prueba de militancia” se reduce a una credencial emitida por el partido tricolor, como millones más que deben existir en el país. Así, el inminente Líder priista carece de antecedentes no de militancia, sino de formación política —de campo y de dirigencia— como para hacerse responsable de los destinos del partido.

En ese sentido, la crítica sobre la inexperiencia del nuevo Dirigente, e incluso sobre su inexperiencia en los asuntos del partido, encuentran un lugar idóneo para anidar a partir de los solos antecedentes, y a ellos se le suma uno más, que resulta ser tanto o más importante que los dos primeros: que esa combinación de inexperiencia, tecnocracia y falta de identidad con el PRI, está enmarcada por la decisión cupular del Presidente de imponerlo inopinadamente. Peña Nieto, evidentemente, no le preguntó a nadie, no lo consensó con nadie y, para muchos, tampoco pensó en la importancia que tiene su partido para el sistema político, y para los mexicanos.

Sustantivamente esas son críticas que van al fondo del priismo y que ponen en una perspectiva muy compleja la realidad del tricolor, y sus perspectivas en el mediano plazo. En pocos momentos, como el actual, el priismo había tenido un declive tan marcado y se encontraba tan en serio riesgo de perder la Presidencia de la República. Desde la elección presidencial, el tricolor ha venido en una caída estrepitosa, que lo llevó al ras de mantener la mayoría en la cámara baja —gracias a sus alianzas partidistas, de jure y de facto—; pero los comicios recientes lo pusieron en una encrucijada por las derrotas que hicieron dejar la dirigencia al experimentado Manlio Fabio Beltrones Rivera.

Por eso, la lógica apunta a que si el partido queda en manos de alguien inexperto, sin tuétano priista, sin trabajo territorial y de bases, y en medio de una crisis como la actual, el resultado no puede ser sino la multiplicación de los descalabros. Nada menos que eso.

VIEJOS Y NUEVOS PRIISTAS

Beltrones era el prototipo del priista de categoría, que merecía ser dirigente del partido porque se había preparado para ello. Ex gobernador, con una larga carrera parlamentaria, y con décadas de trabajo en el sector popular del PRI, parecía que Beltrones era el idóneo para ser líder priista de buenos resultados. No es —como los priistas “viejos” de la actualidad— un gran académico ni una persona respetada en círculos ajenos a la política. Era, más bien, un político de tiempo completo… que en el cargo más importante de su vida, fracasó.

Ahora habría que preguntarnos quiénes son los nuevos priistas con una ascendencia más o menos similar a la de Beltrones. La respuesta tendría que llevarnos irremediablemente a los gobernadores actuales, y a los ex gobernadores, todos jóvenes, comenzando por Humberto Moreira Valdés. Pero resulta que si atendemos a ese rubro de priistas encontraremos un resultado pavoroso: toda esa pléyade de nuevos priistas en cargos nada menos que de Gobernadores, son los que en gran medida provocaron los descalabros de los que tanto se duele el partido entero en la actualidad.

Uno de ellos es Moreira, pero otro podría ser César Duarte de Chihuahua, o Javier Duarte de Veracruz, y Roberto Borge Angulo, gobernador saliente de Quintana Roo. El problema es que ellos no sólo están descartados por el Presidente, sino que incluso dos de ellos fueron fustigados públicamente por el Presidente al reprobar sus maniobras para blindarse contra las investigaciones futuras en su contra por corrupción. Ese es un sector “joven” del PRI que resultó peor que los antecedentes caciquiles —y hasta “mafiosones”— de los priistas de viejo cuño.

Lógicamente eso no justifica, sino que agrava, la situación actual del PRI. Está tan árido de cuadros que tuvo que buscar en un sector que —quizá como en los tiempos de Zedillo— llega al partido por deber pero no por convicción, y menos por vocación. Y lo más sorprendente, es que esa crisis de cuadros jóvenes y viejos, hoy no es exclusiva del PRI en México.

COLEGIACIÓN

En el marco del Día del Abogado, el doctor Rodolfo Moreno Cruz presentó el Colegio Latinoamericano de Abogados “Carlos Santiago Nino”, Capítulo Oaxaca. El doctor Moreno —un destacadísimo y lúcido jurista oaxaqueño, con amplia trayectoria académica en Europa y Estados Unidos— impulsa la colegiación como una forma de apoyar la preparación continua entre la comunidad jurídica de Oaxaca. Ojalá se replicaran más esfuerzos constructivos como éste. ¡Enhorabuena!

México no puede seguir esperando a buena voluntad contra la corrupción

Duarte

+ Acciones de Inconstitucionalidad vs Veracruz y Q Roo: algo no anda bien


El presidente Enrique Peña Nieto ha demostrado ser de esos presidentes que no tiene empacho en tomar decisiones cuando se trata de proteger sus intereses. Así, en esa peligrosa dualidad, ha sido inmune —aunque con altos costos políticos— a las críticas sobre su denodada protección a la corrupción que existe en México; pero, en alguna medida, esa también ha sido la pauta para tomar decisiones como la que anunció ayer, de ir en contra de los gobierno de Veracruz y Quintana Roo, que pretendieron blindarse ante la próxima alternancia de partidos en el poder. Al final, lo que el Presidente demuestra es que está dispuesto a que se honre la legalidad, pero sólo en la casa de sus compadres (incómodos).

En efecto, ayer en conferencia conjunta, Eduardo Sánchez Hernández, vocero de la Presidencia de la República, y Salvador Sandoval Silva, subprocurador jurídico y de asuntos internacionales de la PGR anunciaron que la Procuraduría General de la República había presentado ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, sendas acciones de inconstitucionalidad contra los congresos y los gobernadores de Quintana Roo y Veracruz.

Con esta acción instruida por el presidente Enrique Peña Nieto, dijeron ambos funcionarios, se pretende que el gobernador de Quintana Roo, Roberto Borge Angulo, y Javier Duarte de Ochoa, de Veracruz, no puedan anticiparse para su beneficio en materia anticorrupción y tampoco nombrar a funcionarios para este fin. Ambos son de afiliación priista. “Resulta conveniente que la Suprema Corte de Justicia de la Nación, analice tales reformas, toda vez que ante la falta de competencia de los Congresos de las entidades federativas mencionadas, se generará, en perjuicio del propio Sistema Nacional Anticorrupción, una inseguridad jurídica que pondría en duda las reglas de dicho Sistema”, remataron.

Esto resulta relevante, en un primer momento —y quizá hasta reconocible—, a partir de la premisa de que por primera vez, el Ejecutivo federal está tomando acciones en contra no sólo de Gobernadores en defensa del centralizado Sistema Nacional Anticorrupción, sino que lo está haciendo en contra de gobernadores emanados de su mismo partido (el PRI), y además lo está haciendo respecto a mandatarios que han demostrado ser altamente corrosivos para el “sistema democrático” —si es que se le puede llamar así a estas alturas— con el que el gobierno federal pretende legitimarse ante una sociedad cada vez más incrédula de la voluntad del gobierno federal por combatir la corrupción.

En este primer rubro, resulta muy interesante la forma en cómo el gobierno del presidente Peña Nieto está tratando de combatir la corrupción a través de mecanismos de control constitucional que —¡vaya paradoja!— involuntariamente están rematando la centralización del sistema de control de los servidores públicos de los tres órdenes de gobierno.

La lógica federal es consultarle a la Corte, para que ésta determine, si las decisiones tomadas por los gobernadores de Veracruz y Quintana Roo, violan o no los alcances del Sistema Nacional Anticorrupción. Esto parece, en gran medida, una maniobra más política que de constitucionalidad, no para combatir dichos actos, sino esencialmente para demostrarle a la ciudadanía que el gobierno federal está de verdad preocupado por combatir la corrupción pero con gobernadores priistas que han sido fuertemente cuestionados por su desempeño y resultados, y que en gran medida fueron constructores de parte de la derrota priista de los comicios de junio pasado. Por eso, esto más que preocupación por el Sistema Anticorrupción, parece una venganza política en contra de Borge Angulo, y Duarte de Ochoa.

¿Y EN SU CASA?

Esa es la duda que queda: para investigar sus propios vínculos de corrupción, el Presidente nombró a un subordinado como encargado de conducir la investigación en su contra, y éste resolvió que el Presidente —su jefe, junto con su esposa, la señora Angélica Rivera— no tenía ningún conflicto de interés por el origen del financiamiento para la construcción de la casa (la llamada “casa blanca”) en la que ¿habita? el Presidente y su familia.

¿Por qué el Presidente no se midió con la misma vara que ahora mide —con razón— a los gobernadores Duarte y Borge Angulo? La cuestión no es dilucidar si los dos mandatarios estatales merecían o no la Acción de Inconstitucionalidad que ayer les presentaron, a partir de que el Presidente no se midió con la misma vara cuando hubo que investigar un acto cometido por él respecto a un contratista del gobierno federal.

No: más bien lo que hay que ver es que cuando el Presidente tuvo que ordenar —orillado por las circunstancias— una investigación en su contra, hizo muy poco al solo ordenar a su subordinado, el Secretario de la Función Pública, que llevara a cabo una investigación, sin llegar más lejos en cuanto a la decisión de conformar una fiscalía autónoma para aclarar el asunto, o de dar, en ese momento, los pasos necesarios para la formación de un sistema más robusto de control a todos los servidores públicos bajo su potestad (nada menos que todos los funcionarios del gobierno federal).

DOS RASEROS

Por eso, si bien es relevante la decisión de impugnar las maniobras de Duarte y Borge para blindarse frente a las posibles investigaciones de corrupción, Peña Nieto sigue quedando a deber porque, por enésima ocasión, demuestra que quiere la democracia y el cambio pero sólo en los rubros que no lo incluyen como titular del Ejecutivo federal.

¿Por qué sorprende que la tecnocracia regrese al PRI?

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+ EPN no es político tradicional, ni tecnócrata. ¿Entonces?


Es común que las nuevas generaciones no sepan bien qué es un tecnócrata, por la sencilla razón de que no tienen como punto de referencia, qué había antes de la tecnocracia en los gobiernos mexicanos. Esta cuestión toma relevancia ante el anuncio de la llegada de Enrique Ochoa Reza a la dirigencia nacional del PRI. ¿De verdad es importante —o riesgoso— que un tecnócrata asuma ese cargo que, para la idea de muchos, debe estar en manos de un político?

En efecto, el 20 de junio Manlio Fabio Beltrones presentó su renuncia a la dirigencia nacional del PRI, luego de los escandalosos resultados globales para ese partido, en los comicios del 5 de junio. Interinamente, asumió la presidencia, la hasta entonces secretaria General, Carolina Monroy del Mazo, pero rápidamente atajó las especulaciones sobre su posible permanencia en la presidencia del partido.

Fue hasta finales de la semana pasada que la CTM anunció —vía la “cargada priista” que se creía extinta de la praxis política— su apoyo al director de la Comisión Federal de Electricidad, Enrique Ochoa Reza, como posible candidato de unidad para la presidencia nacional del PRI. Esto generó muchas suspicacias, básicamente por dos razones: la primera, que Ochoa carece de experiencia y trabajo político en el PRI; y segunda, que es visto como un “tecnócrata” hasta por integrantes de su mismo partido. ¿De verdad la tecnocracia puede ser vista como algo tan nocivo para un partido, para un gobierno, o para el país?

Realmente lo que tendríamos que hacer es, de entrada, un ejercicio de retrospectiva para distinguir cuál es la diferencia entre un político y un tecnócrata. Pues, de hecho, en México hubo una larga tradición de Presidentes preparados en universidades mexicanas —la UNAM, básicamente—, y formados política y administrativamente, en el PRI y en el gobierno federal.

Esa historia se remonta a los gobernantes emanados del PRI desde que se estableció la era de los civiles en la Presidencia (el general Manuel Ávila Camacho fue el último militar en ser titular del Ejecutivo federal en México) y que habría terminado en el gobierno del presidente Miguel de la Madrid, al establecer los primeros puentes con la globalización, e incorporar al gobierno a una nueva clase instruida en el extranjero y alejada de la praxis y el trabajo político en el PRI, como base para la ascensión al poder presidencial.

De hecho, Carlos Salinas de Gortari ha sido el símbolo de la tecnocracia en México, y Ernesto Zedillo Ponce de León su constatación más acabada. Ambos se formaron en universidades de Estados Unidos (Harvard y Yale, respectivamente) y regresaron a México pensando como estadounidenses, y poniendo en práctica los conocimientos y las bases políticas aprendidas en su formación académica.

Ambos —cada uno en su circunstancia— desplazaron a los políticos de la vieja guardia, e instauraron esa nueva era en la que se le pretendió aplicar base técnica al ejercicio político. De ahí que tecnocracia tenga como traducción simple “el gobierno de los técnicos”.

¿POLÍTICO O TECNÓCRATA?

Los políticos puros —esos que son muy eficaces para la operación política, pero que no tienen ningún respaldo ni preparación académica— reprocharon largamente a la tecnocracia, haber desmantelado al PRI. Para todos los presidentes, hasta antes de Salinas de Gortari, la dirigencia nacional del tricolor era vista no sólo como una dependencia gubernamental más, sino como un símbolo del orgullo de una ideología política llevada al poder.

De ahí que había una especie de sacralización, que se rompió cuando Salinas llegó a la presidencia y, dentro de sus decisiones más básicas, estuvo la de comenzar a menguar al partido en la importancia moral y política que había tenido hasta entonces para los presidentes y para los militantes de ese partido.

Salinas y Zedillo nunca aplicaron de lleno la tecnocracia al PRI, sino que más bien, como tecnócratas, desdeñaron al partido como fuente relevante del acceso al poder presidencial, privilegiando otros aspectos sobre la militancia partidista para los cargos públicos, para la integración de los círculos del poder, e incluso para la toma de decisiones sucesorias. De hecho, salvo Luis Donaldo Colosio, no hubo otro personaje al que se le pudiera catalogar como “tecnócrata” al frente del PRI, desde los tiempos de Carlos Salinas de Gortari, hasta la actualidad.

Por esa razón, llama mucho la atención que, de entrada, a Ochoa Reza se le califique como tecnócrata, y se le critique por eso en su arribo al CEN del PRI. Para sustentar esa crítica, habría que preguntarse si el propio presidente Enrique Peña Nieto tiene la calidad de “político” o de “tecnócrata”. En un breve repaso por sus antecedentes, podremos ver que no tiene ni una calidad, ni la otra.

VAIVÉNES

De hecho, el Presidente es el ejemplo de un burócrata de un gobierno local venido a más, e integrante de una élite regional encumbrada por las circunstancias que, sin embargo, no puede presumir la calidad de tecnócrata —no tiene ninguna ascendencia en círculos académicos, o estudios o labor en el extranjero dentro de la “tecnocracia”, como para ser considerado como tal—, y mucho menos de las de un personaje —y ni siquiera su grupo— formado en la puritana tradición priista. Con Beltrones, el Presidente optó por el prototipo del político de larga trayectoria; con Ochoa el PRI está virando, por primera vez en décadas, hacia un tecnócrata que, para variar, se encuentra con la circunstancia de que difícilmente podría obtener resultados más devastadores, que con los que está recibiendo a su partido.

Nochixtlán: las disculpas sólo pueden llegar cuando se sepa la verdad

Campa

+ Para llegar a la verdad debe haber investigaciones ordinarias y serias


La práctica de que el Estado se disculpe, a través de sus funcionarios, por la comisión de algún delito en contra de los derechos humanos, se ha venido reiterando a partir de la conciencia de que las violaciones a derechos humanos agreden a toda la especie humana, y que el reconocimiento de la responsabilidad, y las disculpas, son una parte determinante del resarcimiento al que tienen derecho todos aquellos que fueron víctimas de una transgresión de ese tipo. En ese marco, ¿debía disculparse el subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, Roberto Campa, a nombre del Estado mexicano, ayer que se encontró con los afectados de Nochixtlán?

En efecto, esta resulta ser una pregunta muy actual a la luz de varios sucesos relacionados con el enfrentamiento de Nochixtlán, y las consecuencias arrojadas por un acontecimiento como ese. Pues resulta que subidos en la posición que les dio el resultado del conflicto, los deudos y los afectados por el enfrentamiento de Nochixtlán, anticiparon le pedirían al Subsecretario federal que, como punto de partida para cualquier tipo de diálogo, les ofreciera una disculpa pública a nombre del gobierno federal por los muertos y heridos ocasionados por la refriega del domingo 19 de junio en la súper carretera Oaxaca-Cuacnopalan.

En ese mismo contexto, se anunció que la Procuraduría General de la República había ejercido su facultad de atracción de los legajos de investigación que abrió la Fiscalía General del Estado en Oaxaca, para llevar a cabo los peritajes e indagatorias relacionadas con ese enfrentamiento.

El Ministerio Público de Oaxaca inició investigaciones sobre las causas y móviles de los decesos ocurridos en el enfrentamiento, y por las lesiones que sufrió más de un centenar de personas. Paralelamente a ello, la PGR inició sus propias averiguaciones previas por los delitos federales cometidos —entre ellos, por el de uso de armas de fuego y explosivos. De esta forma, la PGR concluyó que como eran investigaciones relacionadas, atraía la investigación para deslindar responsabilidades y saber exactamente qué ocurrió el domingo 19 en Nochixtlán.

Este anuncio, particularmente, fue importante porque desde el mismo día del enfrentamiento, la Fiscalía estatal denunció que tanto pobladores de Nochixtlán, como profesores de la Sección 22, habían obstaculizado el inicio de las investigaciones, y el acceso a objetos, escenarios y datos probatorios que permitieran deslindar responsabilidades sobre lo ocurrido.

De hecho, varios días después del enfrentamiento, el Ministerio Público estatal anunció que tenía los primeros elementos relacionados con la investigación. Pero ésta irremediablemente tendrá que llegar al punto de deslindar exactamente quiénes dispararon, quiénes le provocaron las lesiones a todos los heridos —incluyendo a varios policías heridos de bala, independientemente de los afectados por piedras, golpes o explosiones de cohetes—; y quiénes deben responder ante la justicia por esos actos.

¿OFRECER DISCULPAS?

El Estado mexicano sólo ha hecho públicas sus disculpas frente a delitos de orden internacional relacionados con derechos humanos, cometidos por agentes del Estado, y con base en sentencias dictadas por tribunales internacionales como la Corte Interamericana de Derechos Humanos. El caso Radilla Pacheco es, en ese sentido, parte aguas en cómo el Estado mexicano se vio obligado a asumir esa conducta como parte de la concepción de la reparación del daño que han construido los tribunales internacionales, contemplando no sólo el resarcimiento económico, sino también el moral, como resulta ser una disculpa pública.

Incluso, fuera de esos casos contenciosos —contadísimos—, la única ocasión en la que un servidor público federal voluntariamente ha ofrecido una disculpa pública, a nombre del Estado, por una conducta de ese tipo, fue hace unos meses cuando el General Secretario de la Defensa Nacional, reconoció la responsabilidad de integrantes del Ejército mexicano en la tortura a una mujer en Guerrero, y ofreció disculpas a la sociedad mexicana por tal conducta, y ofreció investigaciones a fondo y castigos contundentes.

Considerando todo eso, ¿el subsecretario Campa debía ofrecer una disculpa por los hechos de Nochixtlán? Muy seguramente sí, pero no en este momento. No, porque no se han concluido las investigaciones. No, porque aún no hay certeza jurídica sobre qué ocurrió exactamente en Nochixtlán en aquel enfrentamiento. No, además, porque así como se debe saber quién disparó las armas que hirieron y mataron a varios manifestantes en aquel bloqueo carretero, también se debe saber quién disparó las armas que hirieron a una decena de elementos estatales y federales, y quién ocasionó las lesiones a todos los descalabrados.

En el fondo, es necesario entender que tanto los policías como los manifestantes son personas, con los mismos derechos e imperativos, y que el punto de partida para que el Estado se disculpe, es que se conozca toda la verdad sobre esos hechos, y que también quien deba enfrentar responsabilidad penales —policías o civiles— sean presentados en las mismas circunstancias ante las autoridades jurisdiccionales competentes.

PATRAÑAS

Se debe desterrar el propagandismo que habla de conformar una comisión de la verdad —oooootra— para conocer qué pasó en Nochixtlán. Deben ser las autoridades regulares las encargadas de la investigación, pero sí bajo una estricta y equilibrada supervisión ciudadana. En el fondo, las comisiones de la verdad a modo, son tan nocivas como los tribunales de esas características. Y en Oaxaca ya hemos tenido demasiado de eso como para seguir insistiendo en esas patrañas.

La crisis magisterial tiene como fondo la ilegitimidad de la representación

Reforma

+ Ley educativa es legal, pero ilegítima; CNTE padece mismo cuestionamiento


Es increíble cómo la discusión pública alrededor del conflicto magisterial de Oaxaca, y del sureste del país, difícilmente logra pasar de la controversia sobre si la reforma educativa es en realidad una transformación administrativa o laboral, o sobre la representación que puede tener la Sección 22, o la CNTE, del pueblo de Oaxaca, o del sentir de la mayoría de la población en la región donde ocurre el conflicto social. No alcanzamos a ver que en realidad lo que existe es un enorme problema de legitimidad, porque ni los mexicanos nos sentimos legítimamente representados por quienes aprobaron la reforma educativa, como tampoco por quienes dicen luchar por nosotros desde la Coordinadora.

En efecto, hasta ahora uno de los puntos del análisis versa sobre si la reforma educativa es en realidad educativa, o si es en realidad una reforma laboral o de tipo administrativa de los trabajadores de la educación. Otra vertiente del análisis gira alrededor de si el Estado comete o no represión cuando intenta actuar en situaciones como las que se viven en Oaxaca y Chiapas. Y una más, incluso, pretende dilucidar qué tan legítima es la lucha emprendida por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, y por qué ésta sí representa al grueso de la población.

Vale decir, en el primero de los casos, que indudablemente esta reforma emprendida por el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, es de administrativa y laboral para los trabajadores de la educación en el país. Lamentablemente, en este rubro México vive hoy la misma tragedia que al haber hecho otras reformas imprescindibles para la estabilidad nacional, hasta que la situación era insostenible.

Por ejemplo, en las décadas previas reformó la legislación relacionada con la seguridad social. Primero hizo una reforma a la ley del Seguro Social, y hace pocos años hizo una modificación similar al régimen de quienes cotizan al ISSSTE. ¿Qué les faltó? Reformar la situación de los propios trabajadores de esas instituciones, cuestión que hicieron hasta que las situaciones financieras del IMSS y el ISSSTE estaban colapsadas. ¿Por qué? Por la intención de los gobiernos de evitar lo más posible el pago del costo político que esas reformas traerían aparejado.

Con la reforma educativa parece haber ocurrido al revés. Aquí el gobierno se centró en reformar la situación laboral de los trabajadores de la educación como aparente punto de partida de la reforma educativa. Ésta primera reforma se llevó a cabo bajo la estratagema de ser una reforma educativa.

No lo era, porque en realidad no se ha planteado la refundación del sistema educativo, o al menos de las bases teóricas a partir de las cuales se imparte la educación pública en el país. De hecho, al parecer el gobierno federal tuvo la idea de que reformando el régimen laboral y administrativo de los maestros, el sistema educativo cambiaría. Por eso ofreció esta reforma como educativa cuando en realidad tiene otras intenciones.

¿Por qué nunca reconoció abiertamente que era una reforma laboral —tampoco es algo tan grave, frente al hecho de que en los últimos 20 años el Estado reformó el régimen de casi todos los sectores productivos del país, públicos y privados— para así evitar que la oposición se centrara en si ésta era una reforma educativa, o laboral de los trabajadores de la educación? Parece que tampoco lo tuvieron lo suficientemente claro, y al esconderlo o confundirlo, le regalaron a los opositores uno de sus argumentos centrales en contra de esta reforma.

EL PROBLEMA ES DE LEGITIMIDAD

¿Qué tendría de distinto si esta reforma se hubiera presentado como laboral, y no como educativa? Que, básicamente, todos estaríamos claros de qué se está discutiendo. Pues en realidad, mientras el gobierno federal defiende la reforma educativa, los inconformes repudian una reforma laboral. Lo cierto es que ninguna de las dos debiera ser vista como algo negativo, o ilegítimo, si quienes argumentan sobre ella tuvieran el respaldo social suficiente para ser la voz de sectores sociales amplios.

Ahí hay una base hasta ahora inexplorada: en realidad, en las condiciones actuales habría la misma oposición, independientemente de cómo se hubiese presentado la reforma a los artículos 3 y 73 constitucionales. Esto sólo fuera distinto si en realidad los poderes federales (Legislativo y Ejecutivo) tuvieran el grado de legitimidad del que hoy carecen frente a la sociedad; o si, por el contrario, de verdad la Coordinadora representara el sentir y los intereses de los 4 millones de habitantes que tiene el Estado de Oaxaca, o los casi cinco millones que tiene el estado de Chiapas.

El problema es que tanto el Legislativo —ente soberano que emitió la reforma educativa— como la CNTE —cabeza de playa del grupo que se opone a ella—, tienen graves problemas de legitimidad. Los diputados y senadores, por ejemplo, son de los servidores públicos más rechazados por la sociedad, y son de los que más se desconfía por considerarlos indiferentes a los problemas sociales, o corruptos.

Por su parte, la CNTE se ha encargado de minar la amplia base social que tuvo en otros tiempos, y si bien a sus manifestaciones acuden los sectores que le siguen profesando respaldo, lo cierto es que, juntos la Coordinadora y sus grupos de apoyo, son minoritarios frente a la población que quién sabe si comulga con sus fines, pero sí discrepa profundamente de sus métodos de lucha por ser demasiado abrasivos para la situación y las actividades productivas de miles de personas.

NO NOS CONFUNDAMOS

Por eso, este es un problema de legitimidad, no de si la reforma es educativa o laboral para los trabajadores de la educación.