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Robles está endureciendo su estrategia de presionar con encuestas

BRMontoya

+ Aprovecha las indefiniciones en el perredismo sobre la ruta a seguir


En los últimos días, el senador Benjamín Robles Montoya endureció su estrategia de presionar al Comité Ejecutivo Nacional del Partido de la Revolución Democrática, para la definición del candidato a la gubernatura de Oaxaca, por la coalición del perredismo con el PAN. Al parecer, Robles está aprovechando la crisis que generó la ruptura de la alianza en Puebla, así como la incapacidad del perredismo local de generar los acuerdos para postular a un candidato de unidad. Todo estaba anunciado, y únicamente Robles parece ir cumpliendo su ruta trazada desde el inicio.

En efecto, a lo largo de esta semana el grupo de Robles ha venido “revelando” diversas encuestas que lo ubican como el precandidato más competitivo en la contienda interna del perredismo en la entidad. Evidentemente, lo que están buscando es generar el impacto de esos anuncios de encuestas en las que gana. Pues de hecho no hay claridad total sobre la procedencia de dichos estudios de opinión ni, por ejemplo, una explicación completa sobre quién está financiando esos ejercicios. En el fondo, lo que Robles busca es demostrar con esos instrumentos, que él es el candidato mejor posicionado y que por ende el PRD no tiene otro camino más que postularlo en cumplimiento del acuerdo de que la elección del candidato se haría a través de encuestas.

Esta intención de Robles, así como su estrategia, estaba delineada desde hace meses. ¿Qué es lo previsible?, nos preguntábamos a principios de diciembre. Y apuntamos en aquel entonces: Lo previsible es que, luego de la definición en el PRI, Robles Montoya trate de presionar para apurar la definición de la candidatura a Gobernador, a través de la exigencia de que el PRD cumpla su palabra de preferir la competitividad de sus cuadros, sobre el fiel de la balanza de los gobernadores en esas definiciones.

Quién sabe si lo logre —abundábamos—, porque la pulverización del perredismo nacional, y su incapacidad de generar posturas serias y consistentes, dificultan la posibilidad de contar con una previsión específica de lo que puedan finalmente decidir, en un panorama nacional tan descompuesto como en el que ahora se encuentran. Mientras, sus competidores internos (el diputado federal José Antonio Estefan Garfias, en específico) tratarán también de capitalizar las indefiniciones del perredismo, y no desperdiciarán ninguna posibilidad de seguir generando la percepción de que la balanza podría definirse a su favor.

Hasta ahora todo eso ha ido ocurriendo según lo previsto. En este panorama, el PRD nacional se vio en la necesidad de establecer que la definición de su candidato a la gubernatura de Oaxaca ocurriría a través, o de un consenso del perredismo local —el cual es muy remoto, por no decir que imposible— o de un método estadístico en el que se alzara con el triunfo quien tuviera mejores números en las calificaciones electorales. Robles Montoya siempre le apostó a esa posibilidad. Y es eso justamente lo que hoy está explotando para apurar la decisión en su partido.

LA ESTRATEGIA

Ayer, por ejemplo, Grupo Radio Fórmula publicaba una encuesta, en la que aseguraba que “el senador con licencia del PRD, Benjamín Robles Montoya, de acuerdo con una encuesta en el estado de Oaxaca, elaborada por la empresa Buendía y Laredo, entre el 5 al 8 de febrero, es el aspirante mejor evaluado rumbo a la elección del 5 junio en la entidad”.

Un día antes había mandado a publicar otra encuesta, muy similar, proveniente de una empresa denominada Indemerc, en la que aseguraba prácticamente lo mismo: que es el aspirante mejor posicionado, y que es el que acumula mayor potencialidad de triunfo en los comicios de junio próximo. Y a la par de esas dos encuestas, hubo una tercera, de Parametría, en la que se decía que el 78 por ciento de la población votaría por Robles Montoya, para ser el abanderado de CREO y sólo el 28 por ciento a favor de Estefan Garfias. “Al interior del PRD, PAN y PT, el senador tiene un 68 por ciento de las preferencias contra un 32 del ex priista; es decir más del doble”.

Ayer, además, Robles le agregó otro ingrediente a su estrategia al hacer público el respaldo de cuadros de su partido como el senador Miguel Barbosa. En conferencia de prensa, el legislador perredista, acusó que pese a ser Robles Montoya el mejor posicionado para encabezar la candidatura del sol azteca, se está deteniendo su designación como abanderado por intereses internos. De acuerdo con los tiempos electorales, el 27 de febrero será la fecha límite para que el Consejo Estatal del PRD designe a su candidato para el gobierno de Oaxaca, por lo que Barbosa, llamó a que se designe al aspirante mejor posicionado.

Por su parte el senador del PRD, Armando Ríos Piter, presentó la última encuesta de Mitofski —Robles lleva cinco encuestas presentadas en lo que va de la semana—, donde se mostraba a Robles a la cabeza de las preferencias de la selección interna, “dos a uno” frente a los otros aspirantes. “Oaxaca es de los pocos estados donde verdaderamente tenemos una capacidad de salir a competir con un cuadro que ha representado nuestra visión, el Partido no se puede equivocar en esta ocasión”, expresaba.

¿Cuál es la intención? Con toda claridad, las maniobras de Robles consisten en tratar de dejar a la dirigencia nacional del PRD sin argumentos para seguir postergando su designación. Está aprovechando, además, la incapacidad del perredismo oaxaqueño de aglutinarse, y —democrático o no— está tratando de evitar un albazo en su contra, con uno similar a su favor, operado por él mismo. Quiere, de hecho, poner contra la pared al CEN del PRD, y obligarlo a la definición a partir de sus propias promesas de respetar las encuestas.

¿QUIÉN FINANCIA?

Algunas de las preguntas que Robles Montoya debería responder con el mismo denuedo por el que pelea por la candidatura que cree que ya le pertenece, es quién ha financiado no sólo las cinco o seis encuestas que ha presentado a lo largo de esta semana, sino la onerosa campaña proselitista que trae desplegada por el territorio oaxaqueño desde hace meses. Debería aclarar, también, quién financió el baile de los Tigres del Norte, que sólo le sirvió de telón para endilgarse un mote (el “tigre”) que, como él, ni siquiera resultó popular. Hay raudales de dinero corriendo en las campañas. Y lo que hace iguales a todos los candidatos es que nadie revela el origen ni dice a cambio de qué tienen tantos financiadores.

La crisis del “Dueño de la UABJO” está a la vista

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+ Apostó por empecinamiento, no por la preservación


Abraham Martínez Alavés ha detentado en la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca, un poder tal como si fuera dueño de la misma. Su capacidad política y el control que tiene sobre ciertas escuelas y facultades de la Universidad, le ha permitido impulsar a tres rectores consecutivos. Sin embargo, de cara a la nueva sucesión universitaria, parece que su ambición por mantener el control y la subordinación de la autoridad universitaria en turno, por encima de cualquier otra circunstancia, están a punto de llevarlo al fin de su “reinado”.

En efecto, dentro de la UABJO el poder de Martínez Alavés es bien conocido, y se corrobora con el hecho de que tanto Francisco Martínez Neri y Rafael Torres Valdés llegaron sucesivamente a la rectoría, gracias al férreo control que el también ex rector ejerce sobre las escuelas y facultades que aglutinan buena parte de la votación más copiosa en la universidad.

De hecho, a pesar de que ya estando en el poder Martínez Neri intentó rebelarse a los designios de Martínez Alavés, éste último logró imponer cómodamente al sucesor de Neri en la persona de Torres Valdés. Éste último decidió no enfrentar a Martínez Alavés, y éste llevó su poder al extremo de la ignominia al decidir la postulación de su propio hijo, Eduardo Martínez Helmes, como el candidato de su grupo a la rectoría. La historia es bien conocida: Helmes brincó de la Secretaría Particular, a la Rectoría, en una carrera meteórica que no reflejaba más activos que el de ser una persona dedicada a su trabajo administrativo, y —sobre todo— el de ser hijo de Abraham Martínez Alavés.

De hecho, el rectorado de Martínez Helmes fue algo así como la joya de la corona del poder del sempiterno Abraham Martínez, que por varios lustros ha tenido el control político universitario gracias a posiciones estratégicas como la hegemonía en la Facultad de Derecho, un sector importante de la Facultad de Ciencias Administrativas, y algunas escuelas preparatorias, que aunque en otro tiempo fueron semilleros de votos hoy son víctimas de su propio desprestigio, al presentar un importante déficit de población escolar activa.

Así, frente a todo ese poder acumulado, y de cara al final del rectorado de su hijo, la pregunta actual que ronda al ex rector Martínez Alavés, es qué hacer con ese poder. La respuesta podría girar en dos vías posibles: la primera: generar una sucesión universitaria con un candidato fuerte y acreditado, que pudiera legitimar la hegemonía de ese grupo y le diera viabilidad en el mediano plazo; la segunda: impulsar a un incondicional independientemente de su presencia y prestigio, para que así garantizara una continuidad cómoda y la persistencia en el manejo de los recursos —económicos y políticos— de la Universidad, para beneficio de su grupo.

Evidentemente, la primera de las posibilidades implicaría el riesgo de que ese nuevo liderazgo, fuerte, iniciara el proceso de disolución del poder del ex rector Martínez Alavés —que además de ser un hombre de edad avanzada, no ha podido nutrir el liderazgo material de sus hijos, incluso el que ahora es rector— y consumara el conocido y recurrente “parricidio” que no es raro en este tipo de casos. La segunda posibilidad implica la posibilidad de que el impulso de un liderazgo débil genere sinergias entre los demás grupos adversarios, y terminen uniéndose para tratar de derrocar a este añejo colocador de rectores.

IMPULSAR A UN PORRO

La decisión ya se veía venir, y aquí la apuntamos a principios de diciembre: Abraham Martínez ya parece haberse decidido por el gris y cuestionado director de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, Reynel Vásquez Zárate. Éste es un personaje surgido no de las filas políticas, sino de las incondicionalidades, de Abraham Martínez Alavés. Gracias a su control político, lo impuso como director de la Facultad de Derecho pasando por encima de varios liderazgos naturales.

Y según parece, está decidido a impulsarlo como su candidato a Rector. ¿Cuál es el problema? Que al igual que con Eduardo Martínez Helmes, a Reynel se le acusa de porro, de extensión de Abraham, y de obedecer ciegamente sus designios. ¿Cuál es la diferencia? Que Reynel no se apellida Martínez Helmes, y que aún cuando parece ser el espécimen mejor acabado de la cantera abrahamista, no es reconocido sino como un simple alfil del ex Rector, manejador de porros, y administrador de la Facultad de Derecho, pero que no tiene capacidad política alguna y que, en esencia, no es sino un ejecutor de la política universitaria que ha mantenido el poder en los últimos años (Al Margen 01.12.2015).

Si todo eso ya es un problema, hoy está a punto de hacer crisis otro de los añejos cotos de poder de los Martínez: el sistema informático que controla la vida académica universitaria. Éste se encuentra, desde hace más de diez años, en poder del otro vástago de Abraham Martínez, su homónimo, que es quien respalda el control porril que hoy resulta ya escandaloso en facultades como la de Derecho, en donde el tráfico, venta y condicionamiento de calificaciones es tal que ya se perdió el pudor del disimulo, y hoy con toda claridad significa un instrumento de dominación propio de los tiempos electorales, para los que necesitan el semillero de votos.

Esa situación es también inocultable e inaceptable, incluso para los que no veían mal que un liderazgo fuerte mantuviera el orden universitario, pero que hoy ven a ese liderazgo volcado completamente en el empecinamiento de mantener su control a costo del ya degradado prestigio universitario, y sin reparar en el enorme costo que ello le genera no a su grupo sino a la imagen y el futuro de la universidad.

Al final, parece que diversos grupos importantes buscarán la posibilidad de aglutinarse en algún otro liderazgo. Aprovecharán el agotamiento natural de Martínez Alavés (por su edad) y de su grupo político (por el desgaste de llevar tres rectores al hilo), así como el hecho de que su candidato (Reynel Vásquez Zárate) es un impresentable de magnitudes monumentales dentro y fuera de la Universidad. Por eso, es muy probable que no haya un cuarto Rector del cuño abrahamista. Pronto lo veremos.

¡QUÉ DESCUBRIMIENTO!

Es una sinvergüenzada que ahora que llegará el Papa Francisco a la frontera sur, muchos se ofusquen por los horrores que ahí ocurren con los migrantes que vienen de Centroamérica y que pretenden llegar a Estados Unidos. Eso siempre ha estado ahí. No lo ha visto, sólo quien no ha querido. Patético.

Más allá de la pose, en Oaxaca es urgente el relevo generacional

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+ Candidatos, conminados a no continuar la ruta de los cacicazgos


 

Uno de los imperativos que tienen los aspirantes a la gubernatura en Oaxaca, es la de romper con la inercia de los cacicazgos. En la entidad, a lo largo de las últimas tres décadas han sido apenas un puñado de personas las que han detentado el poder en distintos momentos. Y esta parece ser una de las cuestiones que más aleja a la política de las nuevas generaciones, que no ven la expectativa, o el espacio necesario, para tratar de participar en las tareas públicas.

En efecto, estamos en un momento determinante de la vida pública de Oaxaca, porque ahora como nunca es demandado el relevo generacional en las esferas del poder. Hoy como nunca son persistentes los señalamientos respecto a que cada proceso electoral se resume en el reciclaje cíclico de personajes y grupos. Todos los que sean candidatos se enfrentarán a ese imperativo de la ciudadanía. Y por eso es tan importante tener presente todo lo que puede significar este aspecto en las campañas proselitistas y el apoyo que logren los aspirantes a la gubernatura de aquellos votantes que no dependen de una estructura electoral.

En ese sentido, es claro que en 2010 Gabino Cué representaba esa aspiración del relevo generacional, que pronto se vio copada por la presencia de varios de los grupos que persistían en la oposición, y que llegaron al poder no para compartir las responsabilidades del gobierno, sino para lucrar con sus espacios. Por un lado, dicho grupo fue copado por el ex gobernador Diódoro Carrasco Altamirano, que tenía una fuerte ascendencia sobre el nuevo gobierno, y cobró con creces las facturas de su apoyo. En el otro extremo estaban las estructuras fundamentalmente perredistas, que también exigieron su parcela dentro del gobierno.

Ante tantas exigencias y amagues, la actual administración pareció nunca encontrar el espacio y la condición para debutar a un nuevo grupo político que fuera parteaguas para su propia sucesión. Por eso, hoy el futuro del grupo en el poder se encuentra en manos de dos personajes que, aunque tienen un fuerte enfrentamiento entre sí, en el fondo resultan ser parte de la misma estructura que no logró trascender y que, por ende, está peleándose entre sí para los años que vienen.

Los nombres y las ascendencias así lo indican. José Antonio Estefan Garfias es un político producto de diversas circunstancias pero con un cuño diodorista y ulisista perfectamente identificable. Por su parte, Benjamín Robles Montoya enfrenta un problema todavía mayor: su único antecedente está en el grupo de Gabino Cué, con el que —ya en el poder— generó más enfrentamientos que sinergias, y al que no pudo aglutinar a su favor para ser garante de ese cambio generacional. Por eso, hoy Estefan está atenido al respaldo cupular del grupo que lo impulsa, y Benjamín le apuesta a las estructuras clientelares que formó con el apoyo de varias organizaciones sociales, en su larga campaña para comprar el apoyo electoral que no pudo conquistar entre los ciudadanos.

Al final, ninguno de los dos ha logrado dar una pauta concreta de la garantía de “no repetición”, que sí espera la ciudadanía de cualquiera que aspire a ser Gobernador de Oaxaca. Esa “no repetición” es, básicamente, relativa a los errores, a la corrupción, al empecinamiento con los cargos públicos y al reciclaje que, de una u otra forma, representan ambos personajes, por los grupos que los respaldan. Ambos, hoy, frente al electorado son víctimas del riesgo de la continuidad… pero, justamente, de esa continuidad oprobiosa que la ciudadanía ya no quiere ver —de ninguno de los grupos— en las tareas de gobierno.

EL RIESGO TRICOLOR

Esa misma inquietud priva del lado priista. Pues resulta que como hacía mucho tiempo no ocurría, en el Revolucionario Institucional hay una verdadera expectativa de que la candidatura de Alejandro Murat Hinojosa marque el relevo generacional no que anhelan los priistas, sino que necesita Oaxaca. Los riesgos, en ese extremo, también están presentes y saltan a la vista.

Pues resulta que, sin ambages, el Abanderado priista ha delineado la distancia que habrá con los grupos políticos tradicionales de Oaxaca. Eso se respalda con la carrera política y en la administración pública que lo antecede, e incluso con los orígenes de su candidatura, que en ningún sentido se encuentran en Oaxaca, y que más bien pueden encontrarse dentro del gobierno federal. El problema es que a pesar de todos esos activos —junto con la juventud y la frescura de su imagen, que constituyen un valor agregado propio del candidato— existe el riesgo de que los pactos políticos al interior de su partido, también terminen diluyendo ese imperativo de cambio. ¿De qué hablamos?

De que, por ejemplo, el viernes pasado se conoció el acuerdo alcanzado por el Candidato con el grupo del ex gobernador Ulises Ruiz, que personifica el senador Eviel Pérez Magaña. En la imagen del encuentro, aparecían diversos personajes que en ningún sentido representan lo que se supone que será el relevo generacional en Oaxaca. Había un cúmulo de personas que, además de acumular derrotas electorales, representan al sector más cuestionado y desprestigiado del priismo en Oaxaca, con el ex gobernador Ulises Ruiz a la cabeza. Y es que el senador con licencia Pérez Magaña llevó a dicho encuentro —y se supone que los presentó, porque son parte del acuerdo político— a personajes como Beatriz Rodríguez Casasnovas, José Escobar, Carolina Aparicio, y varios otros, que no resultan ser sino una garantía de continuidad de las prácticas y los grupos políticos, que las nuevas generaciones de votantes no quisieran ver regresando a los espacios de poder.

Y si bien resulta que la política implica necesariamente los acuerdos, más bien lo que se tendría que valorar es el costo de los mismos en la administración estatal —sopesando “eficiencia” versus corrupción— y, sobre todo, el nivel de empatía o rechazo que eso puede generar ante la ciudadanía, y los mensajes de largo plazo —sobre la continuidad, que evidentemente ya no es un activo político en Oaxaca— que se mandan con decisiones como esas.

FEMINICIDIOS

Sólo en alguien totalmente extraviado de la realidad, puede caber la idea de aspirar a un cargo de elección popular, teniendo como “activo político” su supuesto trabajo por los derechos de la mujer, en un estado —Oaxaca— en el que los feminicidios alcanzan niveles escalofriantes. ¿De verdad es lo que pretende Anabel López Sánchez?

La Comisión de la Verdad debe indagar la desaparición de eperristas

DESAPARECIDOS

+ No hacerlo demostraría su fin electoral, no la búsqueda de la verdad


 

La semana pasada, la Comandancia General del Ejército Popular Revolucionario envió una carta a los integrantes de la Comisión de la Verdad en Oaxaca (CVO), en la que les ofrece toda la información que poseen sobre la detención-desaparición de sus integrantes Gabriel Alberto Cruz Sánchez y Edmundo Reyes Amaya. Esto lo hacen en el contexto de la investigación que realiza la Comisión sobre las violaciones a derechos humanos ocurridas entre 2006 y 2007 en Oaxaca. Para demostrar que su finalidad es conocer la verdad, y ser parte del maniobreo electoral, necesariamente la CVO debe pasar por la investigación de la desaparición de los eperristas y la responsabilidad del gobierno de Ulises Ruiz en ello.

En efecto, durante la revuelta magisterial, y su secuela el año siguiente, ocurrieron diversos hechos que podrían constituir violaciones graves a derechos humanos —materia propia de la CVO—; pero sólo existen dos acontecimientos que generan, de forma incontrovertible, una responsabilidad ineludible para el Estado en Oaxaca. El primero de ellos es la muerte de Lorenzo San Pablo Cervantes, y el segundo, la desaparición de los dos eperristas.

¿Qué pasó con San Pablo? A finales de mayo de 2006, los maestros habían estallado su paro indefinido de labores, y el plantón; el 14 de junio el gobierno de Ulises Ruiz intentó fallidamente desalojarlos, y ello desató una crisis de gobernabilidad sin precedentes. Así, ante las circunstancias, el Gobierno del Estado decidió acuartelar a los elementos de todas sus corporaciones policiacas. Por ese hecho, los integrantes de la Sección 22 del SNTE y de la APPO eran libres de ejecutar toda clase de hechos en las calles de la capital oaxaqueña.

En aquel momento —agosto de 2006— los inconformes, ya habían tomado conciencia de la importancia de tener bajo su dominio las principales radiodifusoras locales; habían venido ocurriendo una serie de agresiones y auto ataques que, a través del despojo y la violencia, les habían permitido hacerse —como nunca antes había ocurrido en México— de todas las señales radiofónicas de la capital oaxaqueña. Y ante ese hecho, el gobierno había reaccionado enviando convoys policíacos (las llamadas “caravanas de la muerte”) para tratar, aparentemente, de “limpiar” las calles y despojar a los inconformes de las señales usurpadas.

En ese contexto murió Lorenzo San Pablo Cervantes, el 22 de agosto de 2006. Ese individuo, que era empleado de la Secretaría de Obras Públicas, tuvo la desafortunada idea de atender el llamado appista —hecho a través de la radio— para resguardar las instalaciones de la empresa radiofónica RPO, que entonces se encontraba bajo su poder. Al paso del convoy policiaco hubo un enfrentamiento con los inconformes. Y al accionar uno y otro grupo las armas con las que contaban, quien cayó muerto fue el mencionado sujeto. A pesar de que son muchos los acontecimientos relacionados con el conflicto magisterial que le generan una responsabilidad al Estado en Oaxaca, el homicidio de Lorenzo San Pablo es el más evidente crimen que se cometió formalmente a manos de agentes estatales y terminó en el cajón de la impunidad.

Ahora bien, en el caso de Gabriel Alberto Cruz Sánchez y Edmundo Reyes Amaya, existe una amplia documentación del posible contexto en que se dio su desaparición. Distintas versiones sostienen, por ejemplo, que fueron aprehendidos en el Hotel del Árbol, en la Calzada Madero de la capital oaxaqueña; y otras que en realidad fueron detenidos en un sitio no identificado plenamente de ese mismo rumbo de la ciudad de Oaxaca de Juárez.

En lo único que sí hay coincidencia entre las versiones, y que ha sido aceptado públicamente por el Ejército Popular Revolucionario, es que tanto Reyes Amaya como Cruz Sánchez habían tenido participación en el conflicto magisterial y popular ocurrido en Oaxaca el año previo; y dentro de las versiones se sostiene que en realidad al momento de su detención, estos dos individuos no se encontraban en el Hotel del Árbol, sino que momentos antes habían sido dejados en un sitio cercano al Hotel del Magisterio, y que se dirigían a ese lugar para sostener una reunión con personas ligadas al magisterio y a la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca, que aún se mantenían activos en temas relacionados con el conflicto popular del año previo.

 

LLAMADO EPERRISTA

Lorenzo San Pablo murió a manos de agentes estatales, que participaban en las llamadas “caravanas de la muerte”. La existencia de esos convoys policiacos está plenamente documentada, y también existen las evidencias de la circunstancia específica en la que falleció ese individuo. Así, no hay forma de que el Estado se desentienda de ese crimen, que fue el único que sin ninguna duda se cometió por agentes del Estado en una acción oficial que no tiene ninguna atenuante, explicación ni justificación.

En el caso de los eperristas, recientemente ese grupo armado afirmaba: “Oaxaca al igual que otros estados está lleno de fosas clandestinas donde se configura el testimonio del cometido de los crímenes de lesa humanidad fundamentalmente por motivos políticos. Denuncia popular que es sofocada y tergiversada desde las instituciones gubernamentales, funcionarios públicos y medios masivos de comunicación progobiernistas al presentar estos crímenes como delitos del fuero común entre seres desalmados, que nada tienen que ver con el aparato represivo, ni mucho menos con motivaciones políticas.

Dentro de esas denuncias que surgen desde diferentes fuentes populares se habla de los lugares donde fueron enterrados clandestinamente luchadores sociales y víctimas del terrorismo de Estado, en los años 2006-2007, como ‘en la parte norte del basurero que se encuentra en la colonia El Manantial, perteneciente al municipio de Zaachila en colindancia con San Bartolo Coyotepec’”.

 

DEBER INELUDIBLE

La detención-desaparición de los dos eperristas es un hecho ampliamente documentado, que en las circunstancias actuales no puede negarse o menospreciarse. Por esa razón, la Comisión de la Verdad está obligada a ir a fondo en esa investigación y la responsabilidad del gobierno de Ulises Ruiz en ello. Finalmente se trata de saber qué pasó y qué responsabilidades existen en torno a quienes sí fueron blanco de violaciones graves a derechos humanos. En el pináculo de esa investigación tendrían que estar los eperristas y Lorenzo San Pablo. Con eso, la CVO demostraría que tiene fondo y que no es un mero instrumento de golpeteo electoral.

Impostura de la sociedad civil no construye y sí dinamita la confianza

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+ Políticos usan “fundaciones” como pretexto, no por convicción social


Estos son los tiempos electorales, y en ellos abundan los políticos que crean fundaciones y asociaciones civiles fantasma, con el único objeto de engañar —y engañarse— con la casaca de la sociedad civil. En nuestro país, esa práctica constituye no sólo una impostura sino que además erosiona a la ya de por sí testimonial sociedad civil que de verdad trabaja desinteresadamente. Como ciudadanos, debiéramos estar llamados a rechazar frontalmente esas prácticas.

En efecto, es ya bien conocido que cada que se acerca un proceso electoral, surgen políticos que crean —o dicen hacerlo— fundaciones o asociaciones civiles con fines diversos. El común denominador de esas finalidades es, según dicen, hacer trabajo a favor de la ciudadanía como el fomento de valores, la formación de sociedad civil o realizar labor comunitaria.

En todos los casos —casi sin excepción—, dichos esfuerzos son en verdad interesados y llenos de mentiras. ¿Interesados en qué? En hacer parecer que los presidentes de esas fundaciones (que no son sino políticos en fáctica campaña proselitista) están preocupados por la ciudadanía. ¿Llenos de mentiras? Sí, porque como el esfuerzo no es genuino, aparentan la formación de ciudadanía aunque en realidad están socavando profundamente la identidad que debiera existir entre quien puede y quiere hacer labores de sociedad civil, y quien debiera recibir desinteresadamente los beneficios de ese trabajo.

En ese sentido, hoy es común ver asociaciones civiles —que nadie sabe si legalmente existen o no, y que muy probablemente son sociedades fantasma al margen de cualquier regulación jurídica o fiscal— que aparentemente promueven valores morales o humanos, pero que en realidad no son sino un pretexto para promocionar una imagen, unas iniciales, un eslogan o —a veces de la forma más burda— un “mensaje subliminal” para que luego, ya en campaña, un político se monte sobre ese trabajo para continuar el proselitismo pero ya de manera abierta. Hoy en día, prácticamente todos los aspirantes a alguna candidatura en los municipios importantes de la entidad (la capital oaxaqueña, ni se diga) están recurriendo a esa práctica oprobiosa.

Ahora bien, junto a ese maniobreo, hay casos todavía más cuestionables. Hay políticos, como el ex diputado federal Samuel Gurrión Matías, que utiliza el membrete de una asociación civil para ir, literalmente, de comunidad en comunidad haciendo dádivas a las personas. ¿Ese es trabajo de sociedad civil organizada?

No. Burda y abiertamente, es una labor de clientelismo político, realizada con dinero que se encuentra al margen de cualquier tipo de fiscalización, y con una finalidad eminentemente política. A la gente no le sirve —y eso lo sabemos desde hace mucho— que le regalen una despensa, una cobija o un electrodoméstico, a cambio de su simpatía. Eso, lo único que está generando es una burda y cuestionable clientela que luego será manipulada —cuando le cobren el favor— para los tiempos electorales.

Frente a todo esto, hay quien pudiera decir que cada quien es libre de hacer el trabajo que le plazca, o de regalar o hasta tirar su dinero a la basura, si ese es su deseo o si con eso cree que alimenta una intención política. Eso queda claro. Sin embargo, el tema verdaderamente preocupante no radica sólo en quién dizque promueve ciudadanía o quién se la pasa haciendo dádivas a cambio de simpatías electorales.

Un problema más de fondo, del que nadie parece preocuparse, radica en que eso ha hecho parecer el verdadero trabajo de ciudadanía como un burdo escalón para la política, y ha desacreditado el poco trabajo que se hace desinteresadamente a favor de ciertos sectores de la sociedad, como el que verdaderamente realizan algunos grupos de sociedad organizada, que sin ningún afán de lucro pretenden trabajar por los sectores marginados, pobres o alejados de los centros urbanos, no para regalarles algo que les sirva dos días, sino para verdaderamente ayudarlos a salir adelante.

¿Qué pasa? Que el político que se viste de ciudadano dos meses regalando cosas, y luego olvidándose de la ciudadanía, pervierte y degrada a toda la sociedad civil que sí necesita mucho trabajo organizado, desinteresado, y de fondo, para ayudar a equilibrar a los grupos que por alguna razón se encuentran rezagados.

LA OTRA IMPOSTURA

Junto a esos grupos de oportunistas, hay otros: los que además de buscar afanes políticos, lucran con la pobreza. Esos grupos también están perfectamente identificados, y son los que por años se han dedicado a representar comunidades para —según— ejecutar proyectos productivos. Esa ralea también es conocida, pero sorprendentemente, y a pesar de sus estremecedores antecedentes en las comunidades oaxaqueñas, hoy en día goza de cabal salud.

¿Qué hacen esos grupos? Se dedican a generar documentación para poder acceder a recursos estatales y federales —muchos de ellos a fondo perdido, y otros que deben comprobar, aunque pocas veces lo hacen—. Todo eso lo hacen ante las instancias gubernamentales, siempre, en nombre de la pobreza, la marginación y las carencias sociales; pero, de hecho, a las personas en nombre de las cuales piden beneficios, les regatean los recursos, los servicios o los bienes gestionados y comprados con recursos públicos, les piden “cuotas de recuperación” que no están contempladas en las reglas de operación de los programas, o simplemente les entregan sólo un porcentaje de lo obtenido, quedándose a veces con casi la totalidad del beneficio, por concepto de “gestión social”.

Eso tampoco es trabajo de sociedad civil, y es tan nocivo como el de la impostura de los políticos por crear asociaciones fantasma que sólo sirven para los tiempos electorales. Como ciudadanos eso denigra el trabajo organizado y pone en entredicho a quienes incurren en esa práctica para parecer muy ciudadanos, pero terminar siendo timadores que sólo buscan beneficios en nombre de acciones encomiables. En estos tiempos abundan. No contribuyamos comprando y creyendo esas mentiras.

EL CLUB DE LOS DERROTADOS

En la foto de la “operación cicatriz” en el PRI, dicen, llamaba la atención el pacto con ese, que bien podía ser el club de la derrota: en una sola foto estaban José Escobar, Beatriz Rodríguez, Eviel Pérez Magaña y varios representantes más del ulisismo que no han hecho sino acumular vapuleos en diversos procesos electorales. ¿Cuál habrá sido el “arreglo”?

Eviel, ¿pensaba que entre los aspirantes habría resistencias?

AlMurat

+ No calcular lo puso en el sótano de las posibilidades electorales


Al margen del senador Eviel Pérez Magaña, todos los demás aspirantes a la candidatura a Gobernador por el PRI honraron el acuerdo de unidad firmado ante el Comité Ejecutivo Nacional, y reconocieron de inmediato a Alejandro Murat como abanderado. Como la política y los procesos electorales son, en buena medida, un asunto de aritmética, hoy es evidente que la falta de un cálculo frío y correcto por parte del tuxtepecano, hoy lo tiene en el sótano de las posibilidades políticas.

En efecto, hace una semana ocurrió el anuncio formal de que el CEN del PRI había decidido que Alejandro Murat Hinojosa debía ser el precandidato de unidad a la gubernatura de Oaxaca. En un gesto de institucionalidad, uno a uno de los demás aspirantes fueron reconociendo la palabra empeñada y avalando el acuerdo de unidad que habían firmado. El primero fue Alfonso Gómez Sandoval, seguido de Javier Villacaña Jiménez, Samuel Gurrión y Martín Vásquez Villanueva. La diputada federal Mariana Benítez Tiburcio tardó un día en hacer pública su postura. Y hasta ahora, el único que ha guardado silencio es el senador con licencia Eviel Pérez Magaña.

¿Por qué evitar asumir una postura? Evidentemente, la primera razón es por el enojo que le debió haber provocado no haber contado con la venia de la dirigencia nacional del PRI, a pesar de que reiteradamente el CEN había enviado señales de que todo se definiría según el criterio y la conveniencia presidencial. Junto a eso, pareciera que Pérez Magaña guardó silencio con la intención de enviar mensajes mediante terceros, de las intenciones que podría tener respecto al proceso electoral, una vez que no fue elegido como candidato.

Por eso no tardaron en circular las versiones —varias de ellas propagadas por sus cercanos— de que el Senador ya había tenido los primeros acercamientos con el equipo de precampaña del perredista José Antonio Estefan Garfias, y que había la posibilidad de que consolidaran un pacto para arrastrar el capital político de Pérez Magaña hacia la campaña de Estefan. Nunca hubo refrendo de la versión por parte de los sectores perredistas involucrados, pues de hecho parece que los aspirantes a la candidatura a Gobernador tienen otros problemas que atender, y que no son propiamente los de las alianzas con los sectores resentidos de otros partidos.

Ahora bien, lo que queda claro es que el cruce de esas señales no benefició a Pérez Magaña. En su idea de propalar versiones sobre la ruptura en las estructuras priistas, no calculó que no habría otro que lo respaldara y que tampoco podría demostrar, con certeza, de qué tamaño es el capital político con el que dice contar. Por eso, aunque aún no terminaba de registrarlo, su amenaza se desfondó en muy poco tiempo y ese arrebato terminó aislándolo de los demás aspirantes, que no sólo no se montaron en el tren de las inconformidades, sino que de inmediato manifestaron una intención de suma a la decisión que había tomado el Presidente.

Así, hoy Pérez Magaña quedó apartado de la contienda, en tanto no asuma una postura específica. No lo hace porque aún parece no tener claro cuál será su derrotero para los meses siguientes luego de sus ya conocidas decisiones arrebatadas, como la de solicitar licencia a su cargo de Senador desde el mes de diciembre pasado, cuando no había impedimento ni constitucional, legal o estatutario, que le impidiera participar en el proceso interno de su partido por ostentar un cargo legislativo como el que dejó en la cámara alta.

En aquel momento, a todos les quedó claro que la licencia de Pérez Magaña al Senado, había sido una respuesta inopinada al anuncio de Alejandro Murat de separarse de la dirección general del Infonavit. Aunque el equipo del tuxtepecano afirmó siempre que la licencia se la habían “sugerido” en la Secretaría de Gobernación para redoblar el proselitismo, lo cierto es que nunca hubo una explicación racional de por qué había decidido dejar su escaño.

¿UN “PEJECITO”?

Luego de la contienda presidencial de 2006, López Obrador fue incómodo para el PRD y por eso casi todos los años que mediaron entre ese momento, y el siguiente proceso electoral, se dedicó a hacer proselitismo bajo las siglas del Partido del Trabajo. Luego, cuando fue derrotado en las urnas por segunda ocasión —también había sido candidato presidencial perredista— decidió abandonar formalmente las filas del Sol Azteca para formar su nuevo partido: Morena. Esta historia, tiene un común denominador: la circunstancia de aislamiento en que se metía (o metían) a López Obrador.

Esto tiene que ver mucho con lo que hoy ocurre con Eviel Pérez Magaña, que quedó completamente aislado del panorama electoral: ayer mismo, en redes sociales montaron un bulo cargado de mensajes y significados políticos. Desde las primeras horas de la tarde comenzó a circular una imagen en la que aparecía Pérez Magaña abrazando a una mujer de la tercera edad, y en la imagen éste aparecía como candidato a Gobernador por el PUP y el PSD. Horas más tarde la versión fue desmentida. Pero el mensaje quedó ahí. ¿Cuál era?

Uno muy simple: que por sus decisiones erradas, ese es el tamaño actual de Eviel Pérez Magaña. Es decir, un candidato apartado, llevado al proceso electoral bajo las siglas de partidos sin mayores posibilidades de triunfo, y únicamente como una forma de participación testimonial, que en su caso específico tendría mucho más de testarudez, que de sentido político. Básicamente, un símil de la historia de López Obrador primero en el PT y ahora en Morena como un “líder” que no tiene posibilidades de ganar.

Al final, parece que las cosas están tomando su cauce aunque determinadas en gran medida por lo que ha venido ocurriendo. Tampoco es imposible ver pronto a Eviel haciendo campaña con Murat. La diferencia es que como no supo entender momento a momento la circunstancia que enfrentaba, hoy su margen de negociación, y su valor como activo político, es muchísimo menor que hace apenas una semana.

CARISMA

Con seguridad, los malquerientes de Alejandro Murat no calcularon algo que cada día es más visible: su potencial como figura política. En los actos políticos que ha encabezado ya como precandidato, ha desbordado a la gente y ha causado aglomeraciones que rebasan por mucho el tradicional acarreo. Ese es un aspecto adicional contra el que tendrán que luchar en campaña sus adversarios, y que quién sabe si puedan alcanzar luego de la lucha fratricida del perredismo.

El Mando Único no debe servir para liquidar el federalismo

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ManUni

+ Se debe fortalecer el municipio: ese, el reto a mediano plazo


No es buena señal que los propios mandatarios estatales, a través de la Conferencia Nacional de Gobernadores, sean los primeros promotores de que se liquide el federalismo en materia de seguridad pública. Estimular la intención de que el gobierno federal asuma las tareas de seguridad, y que sean los gobiernos estatales los que engullan a las policías municipales, es tanto como eliminar de facto las funciones del municipio. Esa será la puerta de entrada a la tentación de ir menguando, aún más, la figura del municipio.

En efecto, hace dos días al seno de la Conferencia Nacional de Gobernadores ocurrió un pronunciamiento que debe revisarse con cuidado. Respaldaron la iniciativa del presidente Enrique Peña Nieto de impulsar la reforma constitucional para que las entidades federativas tomen para sí el control de las más de mil 800 corporaciones municipales de seguridad pública que existen en el país. Aseguran que la idea es que las policías municipales queden como órganos de tipo administrativo pero que dejen las funciones que actualmente realizan de velar por la seguridad. Quienes impulsan la iniciativa toman como base algunos ejemplos deplorables y corruptos que, sin embargo, no representan al grueso de las policías municipales del país.

Aseguran, por ejemplo, que las policías municipales deben desaparecer a partir de sucesos como el que protagonizaron las policías municipales de Iguala y Cocula, en Guerrero, al participar activamente en la detención-desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa el 26 de septiembre del año pasado. Un caso más es el que ocurre en Morelos con la disputa entre el gobernador Graco Ramírez Garrido y las autoridades de varios municipios que bajo argumentos distintos no aceptan el establecimiento por decreto del Mando Único. Entre ellos está el Ayuntamiento de Cuernavaca, con el cual tuvieron un enfrentamiento que casi escala a la violencia. Incluso, un caso más, es el de la desaparición de cinco jóvenes en Tierra Blanca, Veracruz, a manos de presuntos elementos también de la corporación policiaca municipal de aquella ciudad.

Esto, que tratan de presentar como ejemplos de por qué sí deben desaparecer las policías municipales, son en realidad casos que no representan la generalidad de lo que ocurre en la mayoría de los municipios del país. De hecho, las policías municipales son las que tienen mayor trabajo de proximidad social y son las que más identidad y cercanía tienen con la población. No por nada los temas municipales —la seguridad, entre ellos— son los que generalmente preocupan más a la ciudadanía, y son los que más les interesa mantener cerca porque es justamente parte de lo que más les afecta.

Por esa sola razón, la posibilidad de eliminar a las policías municipales debiera ser objeto de un proceso más amplio de socialización y consulta no sólo entre los municipios del país sino entre toda la sociedad. Una reforma de este calado amerita, cuando menos, el consenso más amplio posible de entre todos los sectores de la sociedad involucrados.

RETOS JURÍDICOS

Una reforma como ésta debe discutirse, al menos, a la luz de dos retos por demás actuales: uno de ellos es el de la reforma política que desapareció el Distrito Federal para hacer emerger a la ciudad de México como la entidad federativa número 32, la cual incluye entre los cambios más trascendentes la equiparación de la figura de las delegaciones a la de los municipios; y el otro, el relacionado con lo que tendrá que pasar con los pueblos y comunidades indígenas, que también tienen sus corporaciones policiacas pero que responden a una dinámica distinta a la de los municipios “occidentalizados”.

En el primero de los rubros, será interesante ver qué tratamiento le dan al tema de las policías municipales en la capital del país, ahora que el régimen político está cambiando y que, en el caso de las jefaturas delegacionales, se van a equiparar de forma más específica a los ayuntamientos con todas sus facultades. Hoy hay un régimen especial en cuanto a la seguridad pública pero irremediablemente tendrá que cambiar, pero ya no sólo a la luz de la reforma política formal de la capital, sino también a este intento de establecer figuras como las del Mando Único que es impulsada por los gobernadores.

El caso de las comunidades indígenas es todavía más complejo, pues ahí, además de que, para que la reforma llegase a afectarlos tendría que ocurrir el requisito de la consulta previa e informada que establecen los convenios internacionales relacionados con los derechos de los pueblos y comunidades indígenas, es claro que las corporaciones de policía tienen una intención distinta.

En muchos de los casos en realidad, la participación en una policía municipal en una comunidad regida por el sistema de usos y costumbres sigue la lógica del sistema de cargos, y de las responsabilidades comunitarias que tienen los ciudadanos de un municipio. En ese caso, la participación en la corporación tiene una lógica no sólo de seguridad sino sobre todo política. Quien participa como topil, generalmente tiene la visión de luego participar en otros cargos municipales, parroquiales y comunitarios —ser mayordomo de la fiesta patronal, por ejemplo, que engloba varias de esas cuestiones—, para luego acceder a responsabilidades ya formalmente municipales.

Esos, finalmente, son sólo dos aspectos de muchos que tendrán que considerarse en una discusión tan amplia como ésta. En el fondo, otro de los aspectos que tendrá que considerarse es si no ésta va a ser la puerta de entrada a la posibilidad de arrebatarle más facultades a los ayuntamientos. No se trata de que los municipios se mantengan incólumes, como tampoco de que queden desnaturalizados únicamente por la incapacidad de las autoridades de los tres órdenes de gobierno de abordar con entereza los problemas que enfrentan. Lo que en el mediano plazo se ve, es que si los mismos gobernadores promueven el despojo a los municipios por parte de la federación, después podrían ser las facultades de los estados las que también comiencen a pasar por este tamiz ominoso.

¿QUÉ PASA EN EL PRD?

Sólo reina el silencio. En medio hay una disputa que nadie tiene claro si se resolverá en Oaxaca o en la capital del país. Ya tienen claro que sí habrá coalición, pero hay total incertidumbre sobre la definición del candidato, ya que ni siquiera hay claridad en cómo habrá de definirse.

¿De verdad Eviel puede desfondar la campaña priista?

EPM

+ Su liderazgo no es profundo; el adversario no es GCM


 

Ante el anuncio de la postulación de Alejandro Murat Hinojosa como candidato de unidad del PRI a la gubernatura del Estado, hay todavía una amenaza de un sector del priismo que abiertamente amaga con fracturar al priismo y trabajar con el candidato que surja de la Coalición entre el Partido Acción Nacional y el Partido de la Revolución Democrática. ¿De verdad tiene con qué amenazar al tricolor, un personaje como Eviel Pérez Magaña?

En efecto, en los últimos días el evielismo-ulisismo ha manifestado su inconformidad con la decisión cupular tomada con el priismo. Para Pérez Magaña, de nada valió el pacto de unidad y el compromiso que firmaron los sietes aspirantes a la candidatura sobre impulsar a un solo liderazgo, y por esa razón han reiterado, a través de amenazas lanzadas por medio de terceros, que tratarán de pactar con quien surja de la coalición PAN-PRD a la gubernatura. Su intención —siempre lo fue— consiste en buscar la ruptura de los liderazgos priistas con tal de ganar ellos el poder.

El intento no es nuevo. En este espacio, a propósito del primer evento político de José Antonio Estefan Garfias como aspirante a la candidatura a Gobernador por el PRD (el cual coincidió con su onomástico), dijimos lo siguiente: El ulisismo está desatado: en un evento político, disfrazado de ‘un cumpleaños’, este fin de semana todos los herederos del ex gobernador Ulises Ruiz se fueron a alinear con los prospectos a la gubernatura del grupo gobernante. Dejaron ver sus dos rutas: por un lado, seguir respaldando a sus desechables “candidatos naturales” (el senador Eviel Pérez y Héctor Pablo Ramírez); y por el otro —¡lo increíble!—, buscar una alianza con el gobierno estatal, para ir contra sus adversarios domésticos del PRI. Por eso, al “cumpleaños”, todo el ulisismo fue al pase de lista. Todo. De ese tamaño son las ambiciones, cuando de tratar de regresar al poder se trata” (Al Margen 30.09.2015).

Ambos escenarios a la postre se cumplieron. El senador Eviel Pérez Magaña no resultó candidato y en todos estos meses no hubo momento en que el ulisismo no tratara de romper su inercia de derrota buscando acercamientos con el grupo gobernante, y su apéndice que busca llegar a la gubernatura. Ahora que se formalizó la candidatura de Murat —la cual es sólo cuestión de formalidades para que se consolide— el ulisismo-evielismo está haciendo franca la amenaza no sólo de no contribuir al trabajo político priista (eso ya se esperaba) sino de ir a hacer activismo con los partidos adversarios.

En ese sentido, la pregunta que en todo caso debiera hacerse ya no es si Pérez Magaña romperá o no con el PRI, o si lo traicionará o no yéndose con la oposición; más bien, la pregunta tendría que versar en cuánto capital electoral significa Pérez Magaña, y qué tanto podría hacerle daño a la intención del PRI de recuperar el poder. En esa ecuación hay una respuesta palmaria, que nuevamente podría ubicar al ulisismo en su realidad al margen de los liderazgos prefabricados de los últimos años.

EVIEL Y GABINO

Ayer apuntábamos en este espacio algunos aspectos del paralelismo entre Eviel Pérez Magaña y Adolfo Toledo Infanzón, que hace seis años era el candidato natural a la gubernatura del estado por el PRI. Básicamente, apuntábamos que fue el factor derrota el que pesó sobre Toledo Infanzón (perdió los comicios de 2006, por lo que llegó a la senaduría por la vía de la primera minoría) para no convertirse en candidato a Gobernador, así como ahora ocurrió lo mismo con Pérez Magaña. En ese escenario, ¿son similares los liderazgos de Toledo y Eviel?

La respuesta es no. Y es así, porque a diferencia del liderazgo prefabricado de Pérez Magaña (a él lo hicieron candidato sin gozar previamente de un liderazgo natural, y siempre trajo a cuestas el lastre del grupo político que lo impulsaba), la capacidad política que en otros tiempos demostró Adolfo Toledo Infanzón fue muy superior.

Toledo trabajó cuando menos dos sexenios en la construcción de su candidatura. A él lo conocieron —al margen de las campañas electorales— en prácticamente todos los rincones del Estado lo mismo por su trabajo en el sector público, que como dirigente partidista, y como representante popular. Pérez Magaña hizo cinco años de campaña, en la que su labor permanente fue prometer y generar una esperanza que evidentemente nunca se ha materializado, primero por sus sucesivas derrotas, pero también por la incapacidad de su grupo de lograr que la ciudadanía cuando menos recordara menos los numerosos sinsabores del gobierno de Ulises Ruiz.

Por eso, en el abultado triunfo de Gabino Cué sobre Pérez Magaña, en 2010, no sólo habría que contabilizar —ahí sí— la suma de votos aportada por el PAN, por el PRD y por el propio Cué como candidato: también habría que sumar la fractura real que entonces sí ocurrió en el priismo, por toda la gente que se vio defraudada no sólo por la no postulación de Toledo Infanzón, sino que por esa sola causa decidió ofrecerle su voto a la entonces coalición opositora. Al final, en el triunfo de Cué sí contó aquella fractura en la que había sido desplazado el liderazgo de Toledo.

Incluso hay un factor más, que pone en duda la amenaza de Pérez Magaña a la campaña de Murat Hinojosa: en 2010, el tuxtepecano enfrentó en Cué a un candidato formidable, que tenía un liderazgo natural también construido con base en una década de trabajo político permanente. En aquel entonces, Pérez Magaña se enfrentaba a un gran adversario. Pero hoy ninguno de los posibles candidatos de la coalición PAN-PRD es del tamaño que en su momento lo fue el ahora Gobernador.

Al final, la suma de todo eso apunta a que las amenazas de Pérez Magaña son más un escarceo en busca de atención, y al enojo que le provocó el haber sido desplazado. No hay una base real para suponer que su alejamiento suponga una fractura, o que incluso su trabajo con la oposición pudiera ser determinante. Son muchos los factores que tasan un liderazgo. Y parece que ni eso está del lado de Pérez Magaña.

CANDIDATURA PERREDISTA

Más allá de rumores, lo que es necesario revisar es cómo podría definirse la candidatura en el PRD. El Consejo Estatal tiene alrededor de 170 miembros y ninguno de los aspirantes tiene las dos terceras partes de los votos que necesitan para alzarse con la victoria en el proceso interno. Por eso hay tanta incertidumbre y por eso no parece haber una definición cercana de dicha candidatura.

En Morena, con Salomón Jara, se premia la corrupción

SaJa

+ Su paso por Sedapa fue marcado por acciones indebidas


No parece haber algo que pueda detener la ruta de Salomón Jara Cruz como candidato a la gubernatura por el Movimiento de Regeneración Nacional, de Andrés Manuel López Obrador. Para el tabasqueño, Jara representa fielmente los intereses de su nuevo partido, que no son otros que los de sumisión y preservación del clientelismo y fanatismo político que plantea como proyecto de nación. Sólo quien no conoce al futuro abanderado de Morena, podría creer que representa el “cambio verdadero” que promete en su proselitismo. Por eso mismo vale la pena recordar algunos detalles de su atropellado paso por el servicio público estatal.

En efecto, Salomón Jara fue, como titular de la entonces Secretaría de Desarrollo Agropecuario, Forestal, Pesca y Acuacultura del gobierno estatal, el signo de la persistencia de todo lo que este gobierno decía no querer ser. Durante su gestión como titular del área encargada del desarrollo rural, todos los rubros asignados a esa dependencia estuvieron en el total abandono, cuestión que vino siempre acompañada de un escandaloso manejo discrecional y sectario de los recursos para la producción alimentaria en la entidad. incluso, a Jara Cruz se le cuestionó siempre su abierta participación en asuntos políticos, que sin ningún rubor lo distraían los asuntos públicos que le habían sido encomendados.

Así, Salomón Jara Cruz fue siempre cuestionado, y reiteradamente se exigió su salida de la administración estatal por el daño que le provocaba a las tareas que le habían sido encomendadas, porque su gestión siempre estuvo marcada por las acusaciones de abandono al campo y a los sectores a los que la ahora Secretaría de Desarrollo Agropecuario, Pesca y Acuacultura debe atender en la entidad. De hecho, en Oaxaca durante los casi tres años que Jara estuvo al frente de esa dependencia, fueron sistemáticamente desoídas todas las exigencias de grupos sociales, organizaciones campesinas y demás que denunciaban la inoperancia de esta dependencia con Jara al frente.

Del mismo modo, desde el Congreso de la Unión, y también desde dependencias del gobierno federal, se acusó sistemáticamente a la Secretaría que encabezaba Jara Cruz, de ser una dependencia que no tenía capacidad para ejercer y comprobar los recursos que exigía la Federación. Sólo así podía entenderse que sólo en 2011 la Sedapa se viera obligada a devolver alrededor de 600 millones de pesos; y que derivado de ese subejercicio, para el ejercicio 2012 —todavía con Jara al frente— el Presupuesto de Egresos de la Federación hubiera contemplado y aplicado un recorte presupuestal de 400 millones de pesos. Esto, es evidente, impactó en mil millones de pesos que en los últimos años se dejaron de invertir en el ya de por sí deteriorado campo oaxaqueño.

Jara Cruz, además, fue siempre cuestionado porque durante su gestión como secretario de Desarrollo Agropecuario, Forestal, Pesca y Acuacultura, intentó repartir los recursos económicos destinados al campo y el desarrollo de las actividades productivas antes señaladas, no entre quienes verdaderamente demostraban capacidad técnica, sino entre quienes pudieran y quisieran “compartir ganancias” con él.

EVIDENCIAS DE CORRUPCIÓN

Desde aquellos años en los que Jara era funcionario, señalábamos en esta columna irregularidades importantes en programas como el PESA, en los que resaltaba la corrupción de Jara Cruz. ¿Qué es el PESA? Es el Programa Estratégico para la Seguridad Alimentaria, que otorga recursos para la operación de Agencias de Desarrollo Rural, que son las encargadas de llevar a cabo procesos ordenados de combate a la dependencia alimentaria, y fomento de producción suficiente de comestibles derivados de la tierra en las regiones en que se encuentran presentes. Apuntábamos entonces que la Sedapfa tiene la atribución de ejecutar los recursos económicos de ese programa, que sólo para la entidad ascienden a más de 350 millones de pesos anuales.

¿Qué intentaba hacer Jara Cruz al respecto? Decíamos que, en el caso de Oaxaca, actualmente operan 52 Agencias, cada una de ellas tiene un presupuesto de operación de alrededor de un millón y medio de pesos anual, y tiene capacidad de gestionar proyectos productivos para la activación del campo por unos 4.5 millones adicionales. Al hacer cuentas, señalábamos, podemos darnos cuenta que sólo este fondo implica unos 350 millones de pesos, que son los que fundamentalmente pretende acaparar la Sedapfa, por medio de argucias no sólo para evadir los lineamientos federales del programa PESA, sino también para remover a auténticos despachos —reconocidos y validados por todas las instancias nacionales e internacionales involucradas—, para poner en su lugar agencias “pantalla” que sólo servirían para operar recursos y generar beneficios económicos para funcionarios estatales con los cuales estaría coludido Jara Cruz para compartir ganancias.

Asimismo, sobre Jara siempre pesaron los cuestionamientos de haber ejercido los recursos de esa dependencia con un evidente favoritismo a quienes le generaban un clientelismo político. En su momento, a Jara se le cuestionó que casi la totalidad de los recursos que entregó como titular de Desarrollo Rural estuvieran encaminados a las organizaciones que integraban el llamado Frente de Organizaciones Sociales, Campesinas, Urbanas, Pesqueras y Transporte, que desde aquel entonces ya era uno de los brazos sociales del Partido de la Revolución Democrática, y que después fue una clientela tomada por el senador Benjamín Robles Montoya.

Mientras Robles y Jara fueron perredistas, esa fue una de sus formas de operación que, sin embargo, marginó a innumerables organizaciones y grupos organizados para beneficiar únicamente a sus principales clientelas. A la salida de Jara del gobierno, y del PRD para organizar las estructuras electorales de Morena, una parte de esas organizaciones siguió trabajando con él aunque gracias a los apoyos que se generaban desde el gobierno para aceitar la maquinaria electoral que todos ellos representan, y que se van a jugar la sucesión —junto con sus respectivos candidatos— en los comicios del próximo junio.

LA MORAL MORENA

Esa es la carta con la que jugará el Movimiento de López Obrador en los comicios locales. Garantiza, quizá, la sumisión al líder y el cumplimiento de sus intereses. Pero dados los antecedentes, no sería ningún buen signo para Oaxaca como posible gobernante.

En el PRI la democracia que vale es la decisión del Presidente

AMurat

+ En Oaxaca, sólo los ilusos creyeron que habría una sorpresa


El anuncio realizado la noche del viernes por el Comité Ejecutivo Nacional del PRI, de que Alejandro Murat Hinojosa será el candidato de unidad de ese partido a la gubernatura de Oaxaca, confirma que la ortodoxia priista continúa intacta. Sólo quien decidió no atender algunos de los principios del priismo en procesos como éste, decidió pensar que habría una decisión distinta de la anunciada.

En efecto, a través de un comunicado difundido la noche del pasado 29 de enero, se informaba que el Comité Ejecutivo Nacional había decidido que Alejandro Murat Hinojosa sería registrado el próximo 2 de febrero como aspirante a la gubernatura del estado de Oaxaca, “por decisión unánime de los sectores y organizaciones del Partido Revolucionario Institucional, de acuerdo a la convocatoria publicada el 23 de enero del presente”.

El comunicado aludía el pacto de unidad firmado una semana atrás, y refrendaba el respaldo político del priismo al asegurar que con Murat Hinojosa “se garantiza la cohesión de las principales expresiones partidistas para asegurar el triunfo el próximo 5 de junio y formar un gobierno incluyente que dé respuesta a las necesidades de la población e impulse la modernización del estado (…) [Murat] cuenta con el perfil que se requiere para cumplir ese objetivo por su juventud, formación académica y experiencia legislativa y en la administración pública”, añadía.

¿Qué significa todo esto? Primero, que el PRI demostró la fidelidad a su ya conocida tradición vertical, al asegurar —como en los mejores tiempos del régimen de partido hegemónico— que eran las expresiones políticas, organizaciones y sectores —no el Presidente— quien definía el rumbo de una candidatura. Del mismo modo, el PRI reiteró su congruencia con la intención de dejar fuera a los candidatos externos, como el empresario Gerardo Gutiérrez Candiani, que había manifestado interés en participar en la contienda electoral bajo las siglas del priismo.

Evidentemente, al margen de las consideraciones de si esas prácticas son buenas o malas, más bien lo que reflejan es el sentido de autoridad que continúa conservando el priismo respecto a su praxis política. En ese partido, las prácticas democráticas han sido siempre relativas, y han estado sujetas —cuando hay Presidente priista de por medio— a las consideraciones de la cúpula, encabezada justamente por el Primer Mandatario. Por eso puede entenderse que el proceso interno se inició únicamente para cubrir las formalidades y los requerimientos establecidos por la ley electoral, pero no porque verdaderamente se fuera a privilegiar a la democracia interna.

En ese sentido, el priismo buscaba cosas muy básicas: primero, seguir las formas establecidas en la ley para la postulación de un candidato (por fuerza tenían que elegir un método de entre los contemplados en las normas electorales, y sus estatutos); segundo, utilizar los recursos que la ley ofrece, para gozar de mayores espacios para la realización de proselitismo (simular un proceso interno, con un candidato único, es exactamente eso); tercero, demostrar que hay cuadros suficientes para tomar una decisión, pero también que la regla principal es la disciplina (por eso hicieron desfilar a siete precandidatos, a sabiendas de que la competencia —si es que alguna vez la hubo— sólo ocurriría en el ánimo del Presidente); y cuarto, que sigue viva su tradición de “las expresiones mayoritarias”, de “la cargada”, y de la “operación cicatriz” que seguramente ocurrirá en los días o semanas venideras.

LOS VOTOS Y LOS VETOS

Esta nominación, además, pone en claro que hay reglas no escritas en el priismo, que siguen cumpliéndose al pie de la letra. Una de ellas, la más importante, es la del rechazo al reciclaje de candidatos perdedores. Hace seis años, el entonces gobernador Ulises Ruiz le aplicó esa norma al senador Adolfo Toledo Infanzón, que a pesar de que en ese entonces era por mucho el puntero en las encuestas de opinión, y del trabajo político del priismo, no logró hacerse de la candidatura. La razón, vale la pena recordarla y ponerla en el contexto actual.

Toledo Infanzón había perdido una sola elección en su vida: a pesar de tener trabajo político y una larga trayectoria en el servicio público, Toledo fue el principal damnificado del conflicto magisterial y popular de 2006, que ocurrió al mismo tiempo que los comicios presidenciales de aquel año. Aunque Ulises Ruiz le había prometido un millón de votos al PRI de Roberto Madrazo Pintado como candidato presidencial, su expectativa se vio rota por la crisis social, que llevó no sólo a incumplir dicha meta, sino a perder la mayoría de los espacios que disputaba el PRI en Oaxaca.

Entre las derrotas, la más dolorosa fue la de Toledo Infanzón, que aspiraba a ser Senador para después convertirse en el sucesor de Ulises Ruiz. Pero al ser derrotado, y acceder al Senado por la vía de la primera minoría, quedó estigmatizado al interior del priismo y esa fue una de las principales causas por las que finalmente fue vetado para la candidatura al gobierno de Oaxaca en 2010. Ulises Ruiz, en su momento, ponderó todas las circunstancias y decidió que un candidato hasta entonces poco conocido, como Eviel Pérez Magaña, podía sustituir el liderazgo de Toledo Infanzón.

Después de eso, la historia ya es bien conocida: Pérez Magaña —un incondicional de Ruiz— perdió la gubernatura a pesar de haber obtenido una votación copiosa; dos años después, en 2012, cobró la factura como heredero del priismo en la derrota, pero volvió a perder en la carrera al Senado (también llegó a la cámara alta por la vía de la primera minoría); y a pesar de reflejar números aceptables en las encuestas de opinión, finalmente nunca tuvo oportunidad de convertirse en candidato a Gobernador por segunda ocasión, gracias justamente a la tradición de no refrendar a los derrotados en las elecciones importantes.

LA HISTORIA SE REPITE

En los primeros días de marzo de 2010, Eviel Pérez Magaña recibió —contra viento y marea— el “apoyo de sectores y organizaciones” para ser “precandidato de unidad”, y luego convertirse en candidato a Gobernador del PRI. En aquel entonces, desde el priismo nacional obligaron a todos los aspirantes —Adolfo Toledo, José Antonio Estefan Garfias, José Antonio Hernández Fraguas, Martín Vásquez Villanueva— a declinar, disciplinarse y sumarse a la campaña. Todos lo hicieron. ¿Por qué ahora tanta inconformidad?