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El reto de la ciudadanía es generar conciencia sobre sí misma

Sociedad

+ Independientes y un mejor sistema electoral, no sirven sin eso


 

Casi al finalizar el año, una reflexión es obligada: el sistema político y democrático está cambiando en el país, pero se ha hecho muy poca conciencia de la necesidad de que también nosotros como ciudadanía pasemos por un proceso —profundo— de transformación sobre la importancia de nuestra participación en política. No se trata del común “empoderamiento”, sino de la toma de conciencia específica de la importancia que tenemos en el juego democrático, y del uso de la independencia y la capacidad de determinación que se supone que el sistema democrático nos exige.

En efecto, resulta que durante mucho tiempo hemos venido —como sociedad— exigiendo que el sistema político cambie: lo hemos exigido, por ejemplo, para que el voto universal, libre, secreto y directo, tenga en realidad el valor que debe tener de cara a la democracia representativa. Exigimos también, y ya lo logramos, que haya pluralidad política en la integración de los órganos de representación popular y en los gobiernos federal, estatales y municipales.

Hoy, resulta que quedó atrás —ya como una leyenda indeseable— eso de que el partido en el poder ganaba todo. Lo que no hemos podido erradicar, y nos sigue haciendo mucho daño, es la forma en cómo el sistema democrático continúa ocupando al ciudadano como un instrumento legitimador de su poder, y no como el punto de referencia de lo que se debe hacer para satisfacer las exigencias ciudadanas para tener un mejor país. En eso estamos atorados los ciudadanos y pareciera que estamos también en una ominosa zona de confort en la que voluntariamente queremos permanecer.

¿Por qué? Porque a pesar de que el sistema político ha cambiado profundamente en las últimas décadas, los ciudadanos seguimos secundando las mismas prácticas de un pasado que se supone que queremos erradicar. Por ejemplo, nos asumimos como una sociedad en evolución, pero de entrada seguimos siendo blanco fácil de la política-jingle: esa que está hecha para hacerse “pegajosa” en el ánimo de la ciudadanía, y que sólo tiene por objeto que una frase o un nombre se quede en la conciencia como primera inducción del voto. Al final, no sabemos qué más hay detrás del jingle y tampoco nos ofrece ninguna certeza. Pero mucha gente, muchísima, decide su voto —aunque parezca increíble— a partir de qué candidato tiene el jingle más pegajoso.

Otro de esos ejemplos ominosos, es la persistencia de la compra-venta del voto, o también de las cargadas. ¿Qué no se supone que somos ciudadanos conscientes de lo que vale nuestro voto, y de la importancia de definirlo en función de cuestiones objetivas, y no de lo que le conviene a algún político o grupo?

La “cargada”, tan particular tradición de la era priista, hoy se ha tratado de repetir en prácticamente todos los partidos políticos. En el fondo, a muchos les molesta que ahora en los institutos políticos haya competencia interna y que haya también diversidad de aspirantes a un mismo cargo o candidatura. ¿A quién le caería bien que los partidos continuaran siendo verticales, con decisiones omnímodas y sin derecho al llamado “pataleo”, como en el pasado?

Eso, hay muchos que no lo ven, y que de hecho siguen añorando a las clientelares y anticuadas “cargadas”. Hay otros que las siguen festinando únicamente por sus conveniencias personales. Pero hay muchos más que en el fondo las siguen atendiendo por una cuestión de práctica común o de predisposición que los lleva a unirse a una cargada sin siquiera tener bien claro por qué.

LOS “NUEVOS TIEMPOS”

Hoy el país se enfrenta a nuevos tiempos. Esa nueva realidad nos ha traído una diversidad de figuras jurídicas que requieren una mejor y más robusta ciudadanía. Vayamos a algunos ejemplos contantes y sonantes: derivado de la polémica por el lugar donde se construiría el Centro Cultural y de Convenciones de Oaxaca, muchos ciudadanos exigieron que se realizara un plebiscito, aunque lo que de hecho se hizo fue una consulta ciudadana que aunque no tenía efectos vinculantes, sí sería un referente de lo que la ciudadanía opinaba y demandaba respecto a ese asunto. Se esperaba una participación nutrida pero…

Resultó que de las 213 mil boletas que se mandaron a imprimir —para igual número de habitantes del municipio de Oaxaca de Juárez, que es a donde se circunscribiría la consulta ciudadana— sólo participaron unos veinte mil. Unos 12 mil 134 votos fueron a favor de la construcción del Centro Cultural y de Convenciones de Oaxaca en el cerro del Fortín; mientras que sólo 5 mil 220 sufragios votaron en contra de la edificación. También se dio a conocer que 4 mil 172 boletas fueron anuladas por irregularidades.

¿Qué resultó? Que la “participación ciudadana” —esa por la que se supone que tanto hemos luchado en las últimas décadas en México— fue de sólo el diez por ciento de la población en el centro urbano que se supone que es el más poblado, activo, despierto y participativo de toda la entidad, por ser el que mejor nivel social tiene y por ser quien tiene mayores oportunidades de acceso a educación, a información y a discernimiento en temas como éste.

En esas condiciones, es evidente que la ciudadanía es la gran derrotada de ejercicios como éste. ¿Qué evolución podemos esperar en temas como las candidaturas independientes, si en ejercicios tan simples como el del CCCO fracasamos estrepitosamente, como quedó demostrado en los resultados de la consulta realizada el pasado mes de octubre?

Lejos de cualquier otra consideración, esto debe ser preocupante para nosotros mismos, porque entonces significa que seguimos siendo unos ciudadanos inmaduros, menores de edad, e incapaces de generar una mejor situación de la que tenemos. Si quieremos de verdad hacer funcionales los cambios que se procuran en nuestra Constitución y las leyes, esto tiene que pasar irremediablemente por la construcción de una ciudadanía más madura, menos proclive a la negociación de su voto, y más consciente de su importancia individual en el proceso de construcción de nuestro país.

ALARMA

Es verdaderamente alarmante el número de accidentes carreteros que han ocurrido en los últimos días en Oaxaca. La Policía Federal y las corporaciones locales deben reforzar la vigilancia, no para hostigar al automovilista sino para prevenir que esa cifra —de por sí alta— continúe aumentando durante los últimos días de esta temporada vacacional.

En México, ¿puede ser alternativa la segunda vuelta?

Ernesto Zedillo Greeting People Outside PRI Headquarters

+ Paradoja: Tener pluralidad… que no nos llevó a nada


 

Hay quienes aseguran que buena parte de la inmovilidad institucional que existe desde hace una década en el país, tiene que ver con el planteamiento constitucional actual de la pluralidad política. En 1997 el PRI perdió la mayoría en la Cámara de Diputados, y lo más cerca que ha estado de recuperarla, es en la actual Legislatura federal, en la que tiene 237 diputados. El problema es que en todo ese periodo, ninguna fuerza política ha conseguido esa ansiada mayoría absoluta en las cámaras federales, y a la distancia ese ha sido uno de los problemas principales de nuestra democracia, que aunque funcional y relativamente confiable, sigue siendo incapaz de generar las mayorías y los acuerdos que puedan dejar satisfecha a la ciudadanía.

En efecto, tendríamos que comenzar por preguntarnos cuál es la razón de esta pluralidad inerte. Y resulta que, como antecedente, debemos recordar que en 1997 el gobierno federal era priista, y las fuerzas de oposición tomaron el control de la Cámara de Diputados, oponiéndose por primera vez a algunas decisiones trascendentales del Presidente de la República que, en otro momento, se habrían convertido en ley gracias a su mayoría de legisladores. En 2000, el gobierno federal pasó a manos del PAN, pero éste no tuvo la posibilidad ni de interactuar estratégicamente con el Congreso, y tampoco de conseguir la mayoría de diputados y senadores, como para poder consolidar más rápidamente el proyecto democrático —si es que existía— del foxismo.

Esa pluralidad ha sido constante desde entonces, como también lo ha sido la falta de acuerdos. Esto ha sido, en buena medida, gracias no sólo a las torpezas del Presidente en turno, sino también a la visión que en su momento tanto criticó el PRI al gobierno federal, pero de la que también se ha valido. Los tricolores, como en otro momento los perredistas, se dedicaron a anteponer en el Congreso, el interés de sus grupos, al nacional. Por eso, más allá de las discusiones de corto plazo, hoy podemos ver que México no ha resuelto (del modo que sea) la gran mayoría de sus problemas de fondo, y mucho menos ha logrado una efectiva transición democrática que logre pasar de las llamadas “reformas estructurales” al cambio del modelo con el que se ejerce la democracia.

Esa pluralidad que no tiene derroteros claros sigue revelando facetas que hasta ahora eran desconocidas. De hecho, como lo dice la doctora Jacqueline Peschard (http://eluni.mx/1koKdJ8), el rasgo distintivo de las elecciones de 2015 fue la dispersión del voto que derivó en la disminución de la fuerza de los tres principales partidos políticos (PRI, PAN y PRD) que ahora apenas concentran 60% de los votos, así como en el crecimiento del número de partidos con registro, de siete a nueve. Es cierto que el PT recuperó su registro, gracias a la sentencia del Tribunal Electoral que permitió que su votación no considerara sólo las elecciones ordinarias, como dice la Ley General Electoral, sino que también sumara los votos de las extraordinarias en un distrito de Aguascalientes, pero al final el sistema de partidos quedó compuesto por sólo dos partidos con 20% o más de los votos, con tres partidos medianos (entre 7% y 11% de los votos) y cuatro partidos pequeños.

Además, la presencia de candidatos independientes tanto en las elecciones federales de medio periodo, como en las locales de 17 entidades federativas, ahondaron la dispersión de la oferta política. De cara a la elección de 2018, este fenómeno puede llevar a que se gane la Presidencia con menos de 30% de los votos, o sea, con una reducida legitimidad de origen.

PENSAR EN LA SEGUNDA VUELTA

La segunda vuelta —que en algunos países como argentina es conocida como “balotaje”— es el mecanismo que en un sistema presidencial con multipartidismo, permite que el Presidente gane con una mayoría absoluta. La gran ventaja es que en la primera ronda pueden participar todos los contendientes, mientras que en la segunda, sólo compiten los dos punteros y el ganador tendrá una legitimidad reforzada. La gran limitante de esta fórmula es que no garantiza que el partido del Presidente cuente con mayoría en el Congreso para facilitar el despliegue de sus políticas públicas.

En ese sentido, la doctora Peschard afirma que algunas experiencias recientes muestran cómo las segundas vueltas pueden producir muy diferentes resultados, dependiendo de la reacción de los aparatos partidarios. Así, en las elecciones presidenciales de 2015 de Guatemala, tanto la primera como la segunda vueltas favorecieron a Jimmy Morales, un candidato proveniente del mundo del espectáculo, cuyo partido apenas tiene 7% de los escaños en el Congreso. Ganó el voto de protesta en contra de los partidos tradicionales, pero la dificultad para ejercer el gobierno está presente.

En las recientes elecciones argentinas, la segunda vuelta significó un vuelco, porque ganó el candidato del segundo lugar en la primera vuelta. Sin embargo, el partido liberal del nuevo presidente Mauricio Macri sólo tiene minoría en el Congreso, lo cual lo obligará a negociar con las fuerzas opositoras. El escudo de una presidencia con mayoría absoluta no resuelve el problema del gobierno dividido.

No obstante esos resultados aparentemente contradictorios, democráticamente hablando, es evidente que algo que resulta muy necesario es que el poder se ejerza con legitimidad. Pues a pesar de que el presidente Enrique Peña Nieto ganó con una mayoría relativamente holgada, también lo es que su gobierno debe enfrentarse —como en su momento lo hizo el de Felipe Calderón— a un cuestionamiento de fondo relacionado con su falta de legitimidad y con la existencia de una oposición que cuando menos duplica el porcentaje de votos —y de preferencias— con las que éste llegó al gobierno.

MECANISMO POSIBLE

Al final, no se trata de decir que el sistema electoral simplemente no sirve, sino de encontrar salidas alternas. Con todos sus cuestionamientos posibles, es evidente que la segunda vuelta pudiera ser un mecanismo posible para reforzar esa legitimidad que está perdida y quizá hasta para darle cierto cauce a la pluralidad que, según sus resultados, tampoco ha servido para mucho, porque los desencuentros entre partidos —y el poco respaldo ciudadano a los acuerdos que éstos alcanzan— siguen siendo por mucho superiores a lo que se puede decir de nuestra democracia no como un mecanismo para ganar elecciones, sino para dar certidumbre a la población a partir de su sistema electivo.

Gobiernos de coalición: La distancia entre México y España

Mariano Rajoy

 

+ México no apuesta al parlamentarismo: se queda a la mitad


Ahora mismo en España priva un estado de incertidumbre sobre qué pasará con el gobierno de aquella nación. Como bien se sabe, el 20 de diciembre se realizaron elecciones generales en las que se eligió a los integrantes del Congreso de los Diputados. El resultado de esos comicios es inédito porque ninguno de los partidos consiguió la mayoría necesaria para encabezar el gobierno. A partir de ello se habló de una crisis constitucional, pero también se ha visto el intento de los partidos de formar un gobierno de coalición que le dé estabilidad al régimen español. Ello debe servirnos de punto de referencia sobre lo que deberíamos entender por gobierno de coalición en México, a partir de la pésima idea que tenemos de ello.

En efecto, En las elecciones del domingo 20 de diciembre, el Partido Popular (PP) de Mariano Rajoy obtuvo 123 escaños de los 350 con los que cuenta el Congreso de los Diputados, un resultado que deja al partido lejos de la mayoría de 176 necesaria para gobernar. El PP pasó de haber logrado en 2011 la mayoría absoluta, a depender de otras fuerzas políticas para seguir en el poder. Y, tras esos resultados, no se descarta que la segunda formación más votada, el Partido Socialista Obrero Español —que con 90 escaños obtuvo su peor resultado en unas elecciones generales— intente gobernar creando una coalición con los partidos de izquierda —como Podemos, tercero en la contienda— y las formaciones nacionalistas.

¿Por qué para los españoles es tan complejo este resultado? Ello debemos entenderlo a partir de la forma en cómo se establece su gobierno. En México parecemos muy acostumbrados a la pluralidad de fuerzas políticas en el Poder Legislativo, porque nosotros tenemos un régimen de tipo presidencial, en el que la estabilidad del Titular del Poder Ejecutivo no depende directamente de la conformación del Congreso, pues de hecho el Presidente puede pasar todo su mandato teniendo minoría en el Legislativo —o aún no teniendo, como pudiera ser el caso de un candidato independiente— y ello no significa que en algún momento se viera obligado a dejar su gobierno, o no poder refrendarlo. Esto es porque en el régimen presidencial los poderes están más desligados, cuestión que no ocurre en un sistema parlamentario como el español.

Allá las cosas funcionan de forma distinta. En el régimen parlamentario la estabilidad del gobierno depende lo que ocurra en el Congreso, ya que de la conformación de éste es como se da la integración del gobierno. En términos simples, el gobierno emana del Congreso y esa es una de las claves importantes de la crisis española. Pues resulta que cuando un partido logra mayoría absoluta en el Congreso, tiene capacidad de establecer un gobierno sin necesidad de pactar con las fuerzas opositoras. Esto es lo que había pasado hasta ahora en España.

La diferencia con los comicios del pasado 20 de diciembre, respecto a todo el pasado de España como una democracia, es que si bien el partido en el gobierno mantuvo su mayoría en el Congreso, ésta ya no es una mayoría absoluta como requería para refrendar por sí sola al Presidente.

Por eso se abre la interrogante de si el Partido Popular podría pactar un gobierno de coalición con el PSOE, o si por el contrario, éste último partido podría conformar una coalición con las otras minorías para tratar de alcanzar el número de diputados necesarios para formar una mayoría absoluta, y así deshacer la mayoría que tiene el PP formando ellos un gobierno de coalición, y convirtiendo a una mayoría débil en una minoría, frente a —valga la expresión— un conjunto de minorías unidas.

Hasta ahora no hay consenso sobre qué pasará con el gobierno español. Mientras, el PP sostiene que no permitirá que se ponga sobre la mesa la posibilidad de que Mariano Rajoy deje la presidencia del gobierno, y los demás partidos continúan también en su polémica particular respecto a cómo pueden hacer para entender el mensaje de la ciudadanía y la posible conformación de una coalición. En el fondo, todos entienden que los dos caminos posibles son o el gobierno de coalición, o una posible repetición de los comicios. Lo primero significaría un avance democrático, y lo segundo un fracaso del sistema por la incapacidad de los partidos de procesar correctamente el mandato de la ciudadanía.

COALICIONES PATITO

En México, como apuntábamos en líneas anteriores, rige el sistema presidencial en el que la estabilidad del Poder Ejecutivo no depende del Congreso ni de sus mayorías o minorías. Sólo que en el intento de hacer reformas “democráticas” se estableció en la Constitución de la República los posibles gobiernos de coalición, en los que se supone que puede haber consensos entre fuerzas políticas con el Ejecutivo pero sólo para el nombramiento de algunos funcionarios, y sin un esquema concreto que hiciera dependiente del cumplimiento de los objetivos de la coalición, la estabilidad del propio gobierno.

En ese sentido, el artículo 89 de la Constitución federal dice que es facultad del Presidente,  “en cualquier momento, optar por un gobierno de coalición con uno o varios de los partidos políticos representados en el Congreso de la Unión. El gobierno de coalición se regulará por el convenio y el programa respectivos, los cuales deberán ser aprobados por mayoría de los miembros presentes de la Cámara de Senadores. El convenio establecerá́ las causas de la disolución del gobierno de coalición”.

SÓLO APARIENCIAS

Luego, en otros artículos establece la facultad del Senado de aprobar el nombramiento de diversos funcionarios cuando se trate de gobiernos de coalición. El problema es que esos gobiernos de coalición no reflejan un posible cambio de régimen, de presidencial a parlamentario, sino que simplemente generan una apariencia de equilibrios democráticos que en realidad no se podrían conseguir porque finalmente el gobierno de coalición en México no tiene la naturaleza que sí tiene en los regímenes parlamentarios, en los que existen las mociones de censura (una especie de advertencia política) cuando el Congreso o Parlamento considera que no se están cumpliendo los objetivos del gobierno de coalición, o la figura del “retiro de la confianza” que opera cuando definitivamente la representación popular considera que debe dejar de fungir el gobierno en turno, y conformarse uno nuevo que sí cumpla con sus expectativas, justamente porque de éste depende la estabilidad del régimen.

México: este, país donde todo puede estar al revés

+ Gobierno enseña cómo tomar las peores decisiones


 

No dejan de sorprender ciertas decisiones que toman nuestros gobernantes, no sólo en contra de lo que la ciudadanía demanda, sino también en contra de lo que se supone que dicta el sentido común. Cuestiones como mantener en el cargo a un funcionario corrupto, es reiterar una decisión que de antemano se sabe que es equivocada. Lo raro es que eso pasa casi todos los días este país de surrealismos políticos cotidianos.

En efecto, aquello es tan común de ver, como lo es el permitir que sea el hígado y no la cabeza de los gobernantes, la que decida el rumbo de la nación, son cuestiones que sólo pueden pasar en nuestro país. Hoy, cuando otro año está a punto de terminar, queda claro que, de nuevo, tenemos que hacer el recuento no de los éxitos, sino de ciertas decisiones inexplicables que se tomaron quién sabe pensando en qué, pero que por sí mismas revelan la ingenuidad o el enojo del gobierno, y la forma en cómo éste puede provocar crisis entre sus ciudadanos.

¿Cómo poder comprender, por ejemplo, que en los últimos ocho o diez, años la ciudadanía en México ha exigido de manera permanente al gobierno federal que retire al Ejército de las calles, y cambie la estrategia que lleva a cabo para el control del crimen organizado, y que éste lejos de hacer cierto caso a la ciudadanía, se ha dedicado a machacarle que, porque él dice, su estrategia es correcta, y que aún en contra de todo y de todos, ésta seguirá indefectiblemente adelante?

¿Cómo entender, en ese mismo sentido, que luego de una década en que la ciudadanía ha exigido que el Congreso se ponga de acuerdo para poder normar las actividades de las fuerzas armadas en el control de la criminalidad y la seguridad pública, y que los diputados y senadores de todas las fracciones parlamentarias, sigan —a la vista de todos— anteponiendo sus intereses y cálculos políticos, a cualquier posibilidad de encontrar de verdad una salida a esta cuestión que, nos guste o no, e independientemente de la forma en que sea acordada, urge que sea emitida y puesta en práctica?

Esos asuntos, que por momentos pudieran parecernos algo lejanos, en realidad están ahí y dan cuenta precisa de la falta de sensibilidad y tacto que tienen tanto el gobierno como la clase política en los partidos y el Poder Legislativo, para escuchar y hacer eco a los reclamos de la ciudadanía. El problema, en todo esto, es que nosotros seguimos pasando por alto estos contrasentidos, y más bien seguimos abonando —con nuestro silencio y aceptación tácita— a la posibilidad de que las fuerzas políticas del país sigan llevando la ruta que hasta ahora siguen, sin hacer un solo cambio que genere mejores condiciones de vida para la población.

De ahí que aún cuando se asegure que los mexicanos no tenemos memoria, que somos un pueblo desmemoriado y sumiso, y hasta nos enojemos y neguemos tajantemente esas afirmaciones, tal parece que quienes lo afirman tienen razón: independientemente de las decisiones, decidimos acatarlas y olvidar poco tiempo después qué fue lo que se prometió y qué fue lo que exigió la ciudadanía. De ahí que terminemos siempre aceptando los términos que se nos imponen, y que en muchas ocasiones, terminemos haciendo justamente lo que no queríamos hacer, o soportando exactamente lo que no queríamos que nos ocurrieran.

UN GOBIERNO EN CONTRASENTIDO

No es nuevo el señalamiento. ¿Podríamos creer que en un país con una sociedad madura y un gobierno consciente de su responsabilidad, se pudiera sostener un Presidente al que se le comprobó su responsabilidad en un evidente asunto de conflicto de interés?

Esto es exactamente lo que no pasó con el presidente Enrique Peña Nieto, cuando en noviembre del año pasado se reveló todo lo relacionado con la residencia particular que ocupa con su familia, la cual había sido construida por un contratista favorecido por su gobierno cuando fue Mandatario del Estado de México, y que tenía millonarios contratos vigentes con el gobierno federal ahora que Peña Nieto era presidente de la República. Evidentemente, el conflicto de interés surgió por eso.

¿Pero qué hizo el Presidente? Negó la situación; la enfrentó exhibiendo la iracunda imagen de su esposa ofreciéndole al país una explicación que según ella no tenía que dar; y sometiéndose a una investigación nada menos que encabezada por un subordinado suyo en la Secretaría de la Función Pública. Con esos antecedentes el resultado de la investigación era previsible; luego de meses de “investigación”, la Función Pública declaró inocente al Presidente, a su jefe, del posible conflicto de interés en que podría haber incurrido al pedirle a uno de los constructores del gobierno, que le construyera una mansión, a crédito, con una tasa de interés preferencial, y con una inversión cercana a los ochenta millones de pesos pagaderos como si fuera beneficencia pública.

Algo similar ha pasado con el Secretario de Gobernación, a quien no lo ha podido mover ni el disparo de la inseguridad en el país, ni la fuga del Chapo Guzmán, ni las claras evidencias de que funcionarios subordinados a su mando fueron los que estimularon que ocurriera la fuga. De hecho, cuando en junio pasado ocurrió aquel “incidente” lo primero que se esperaba es que el titular de la Secretaría de Gobernación tomara las riendas, desde el primer momento, de lo que ocurría. Pero resultó que Osorio Chong se encontraba ya en París, esperando a que su jefe, el presidente Peña Nieto, llegara para encabezar los festejos de la independencia francesa. Por eso cuando ocurrió la fuga hubo un vacío de más de ocho horas en las que al capo se le permitió una fuga tranquila, y lo más curioso es que contrario a todo lo que pudiera suponerse, al Secretario de Gobernación no sólo nadie lo tocó sino que ahora aparece, por el evidente impulso federal, como un aspirante presidencial.

¿No son esas muestras suficientes de que vivimos en un país donde todo está al revés?

FELIZ NAVIDAD

El autor de este espacio, desea a todos sus amigos y amables lectores, unas fiestas navideñas inundadas de paz y armonía entre sus familias. Estos son momentos de reencuentro, de conciliación y de hacerse uno con los suyos para recibir las bendiciones del Niño Jesús, a quien hoy festejamos por su nacimiento. Ojalá que este momento pudiera extenderse al año entero, y que la disposición que hoy mostramos hacia los nuestros se hiciera patente durante todo el año que viene. Un abrazo fuerte. ¡Felicidades!

https://youtu.be/XwRIBpw7EwU

 

Candidaturas independientes: nos quedamos a la mitad

BronIndependiente

 

+ Urge reforzar cultura democrática y acabar clientelismo


Son saludables y encomiables las expresiones de diversos personajes que en Oaxaca sostienen que buscarán la posibilidad de ser candidatos por la vía independiente. Su argumento central es que los partidos políticos dejaron de ser un reflejo fiel de la pluralidad política que hay en el país, y que asimismo ya no son un referente claro de las visiones para enfrentar los problemas del país. Tienen razón. El problema es que en un escenario como el nuestro en Oaxaca, esas candidaturas están lejos de ser una verdadera opción democrática. La clave está en qué tanto se ha construido cultura cívica en la población, y qué tanto la vía independiente puede ser una opción frente a las carencias, la pobreza y el clientelismo que se retroalimentan en cada proceso electoral.

En efecto, en días recientes se han reforzado los señalamientos relacionados con las candidaturas independientes. Por un lado, el ex presidente nacional del Consejo Coordinador Empresarial, el oaxaqueño Gerardo Gutiérrez Candiani, ha manifestado que buscará la gubernatura de Oaxaca a través de una candidatura ciudadana, al tiempo de expresar que cuenta con todo el apoyo del sector privado del país, “quienes estarían dispuestos a hacer anuncios históricos de inversión para la entidad”. Candiani dice que recorrerá las ocho regiones de la entidad para recabar inquietudes ciudadanos para luego aterrizarlo en la Agenda por Oaxaca que él mismo elaborará. “A partir de ahí analizaré las posibilidades de una candidatura ciudadana, a ver que partidos están dispuestos a hacerlo y si no, tampoco pasa nada”, expresó.

No es la única expresión que hay en Oaxaca sobre las candidaturas independientes. De hecho, en las últimas semanas se han incrementado los anuncios de personas que dicen que buscarán, por esa misma ruta, una candidatura a diputación local o a una alcaldía. Independientemente de que la ley lo permita, lo que comenzamos a ver es una alternativa que se presenta ante los ciudadanos que no tienen la intención de buscar la postulación de un partido político. Evidentemente, el problema que enfrentan —todos— es, primero, la dificultad de cumplir con los requisitos que señala la Constitución del Estado para esos efectos; y segundo, conquistar verdaderamente una cantidad importante de votos que tendría que arrancárselos a las estructuras electorales y al clientelismo con los que los partidos políticos ganan los comicios en Oaxaca.

Sobre lo legal, en Oaxaca habrá un enorme problema, ya que si bien la Constitución local establece la figura de las candidaturas independientes (artículo 25, apartado F), no establece prácticamente ninguna base para la procedencia de éstas. Este vacío fue resultado de la declaración de inconstitucionalidad que recayó sobre la ley electoral local por parte de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en octubre pasado, ya que en esa norma (la Ley de Instituciones y Procedimientos Electorales del Estado de Oaxaca) era donde se establecían las bases para la procedencia de una candidatura independiente.

Y hasta ahora, el Congreso del Estado se ha pronunciado en contra de que sea el IEEPCO quien establezca reglas provisionales para hacer operante dicha figura constitucional. Aunque a medias, el argumento del Congreso es válido: sólo éste puede legislar. Sólo que en la otra mitad se encuentra el hecho de que el propio Congreso es el responsable de ese vacío por no haber llevado a cabo correctamente el proceso —político y— legislativo para emitir dicha norma.

Así, si no hay bases jurídicas concretas, y si seguramente habrá un conflicto constitucional-legal en el momento de que la autoridad electoral intente echar a andar dicha figura, entonces ¿qué futuro pueden tener las candidaturas independientes?

NO HAY CULTURA CÍVICA Y  SÍ MUCHA HAMBRE Y MARGINACIÓN

Hay dos cuestiones en las que Gutiérrez Candiani parece tener cierta claridad. La primera, cuando afirma que quien aspire ser gobernador en Oaxaca por la vía independiente lo tendrá que hacer a través de los partidos políticos, pero lo que sí vale es que tenga una posición ciudadana al cien por ciento; la segunda, cuando sostiene que el triunfo de “El Bronco”, en Nuevo León, es muy diferente a lo que aquí podría ocurrir, “pues Oaxaca es muy complicada, porque aquí tenemos cerca de 12 mil poblados, 570 municipios; su orografía es complicada, su conectividad es de cerca del 30 por ciento más de la población total, entonces tienes condiciones diferentes que Nuevo León”.

Aunque no lo dice, parece entender que, en la primera de sus afirmaciones, encierra el reconocimiento a que en Oaxaca un candidato sólo puede ganar a través de las estructuras electorales de los partidos políticos. ¿Cómo se alimentan esas estructuras políticas? En gran medida, gracias a la dádiva y al uso de los recursos públicos y privados para la captación del voto, a través de la compra, la coacción o el “intercambio” por cierto producto que es necesario para la subsistencia.

Aquí es verdaderamente reducida la posibilidad de captar votos volátiles (o “útiles”, como en los tiempos de Vicente Fox como candidato presidencial), y es mucho más posible conseguir todo eso a través del clientelismo. En relación al total del padrón electoral, es muy poca la gente que no se dejaría comprar su voto; y es mucha la que está esperando el proceso electoral no sólo para que se lo compren, sino incluso para ofrecerlo a cambio de algún beneficio social.

¿Es eso un orgullo? Evidentemente, no. Pero es parte de esa realidad lacerante por la que Oaxaca no es Nuevo León, y por la que aquí no podría haber tan fácilmente un candidato como el Bronco, que captara la suficiente cantidad de sufragios independientes como para ganar una elección al margen de los partidos o de las estructuras electorales. Por eso aquí las candidaturas independientes son un logro a medias (o a menos de las medias) porque no hay cultura cívica, porque no hay convencimiento de que se puede conquistar a la ciudadanía; y porque finalmente la partidocracia sigue siendo la principal interesada en que el estado de cosas en los procesos democráticos no varíe en nuestra sociedad.

EL TIBURÓN

Así se reveló que le decía su padrino político, y ahora parece que su equipo intenta tomar el mote a guasa. Tratan de minimizar el impacto haciendo escarnio de su desgracia. Porque todo lo que refiera a Ulises Ruiz, invariablemente remonta a tiempos aciagos para Oaxaca. ¿Habrán pensado en eso?

PAN-PRD: la alianza va, pero sin establecer aún ruta del candidato

PAN-PRD

+ La definición pasa por los procesos electorales de Veracruz y Puebla


Las dirigencias nacionales del Partido Acción Nacional y del Partido de la Revolución Democrática, han manifestado su decisión de ir en coalición por lo menos en seis de las doce entidades federativas en las que habrá elección de Gobernador el año próximo. Esta definición viene acompañada de la pregunta sobre cómo se van a definir las respectivas candidaturas. En esa cuestión hay varias claves que pueden darnos luces de lo que podría ocurrir en Oaxaca.

En efecto, según información del periódico El Universal, las distintas tribus del perredismo nacional analizan ir en alianza con el blanquiazul en entidades como Oaxaca, Puebla, Veracruz, Tlaxcala, Zacatecas y Durango. Según la información, en las reuniones privadas que han sostenido las tribus con la dirigencia nacional del PRD, se ha puesto sobre la mesa que el PAN quiere encabezar —con sus respectivos candidatos— la alianza con la izquierda en Puebla, Durango y Veracruz; mientras que el PRD busca que sus abanderados vayan en Oaxaca, Tlaxcala y Zacatecas.

Básicamente, esta tendencia confirma la idea de que para decidir a sus respectivos candidatos en los estados donde vayan en coalición, tanto el PAN como el PRD tendrán que hacerse concesiones recíprocas para la aceptación de sus abanderados. Según el perredismo, el hecho de que el PAN ponga a su candidato en estados como Puebla o Veracruz, hace desbalanceada la alianza porque esas entidades federativas tienen un padrón electoral mayor que los de las entidades —Oaxaca, entre ellas— en las que se le dejaría al PRD la responsabilidad de nombrar al candidato.

En este escenario, una de las variables que no hay que perder de vista es en quién recae la responsabilidad de la conformación de las alianzas; quién será el responsable de elegir a los candidatos, y cuál será el método para ello. Pues en el caso particular de Oaxaca, pareciera que las agendas políticas de las dirigencias estatal y nacional van por caminos distintos, que están a punto de generar una situación mucho más compleja. Pues esencialmente, la dirigencia estatal ha delineado una agenda en la que parece estar seguro de poder dictarle a la dirigencia nacional quién será el Candidato a Gobernador por ese partido, y por ende de la coalición de partidos, ante la debilidad del PAN como fuerza política en la entidad.

El problema que parece haber en esa intención, es que —como lo apuntamos en este espacio hace más de tres meses— la agenda local no corresponde con la agenda nacional del perredismo. Pues mientras en Oaxaca hay un grupo cerrado que pretende impulsar una candidatura en base a intereses políticos y no a competitividad electoral, en el perredismo nacional parecen estar muy claros que la ruta hacia los años siguientes, debe ser la de la búsqueda de triunfos, y no necesariamente la de la satisfacción de caprichos de grupos políticos estatales.

Esta situación tiene un elemento adicional que, con el paso del tiempo y el avance del proceso electoral, incrementará el nivel de complejidad en la toma de la decisión final de quién será el candidato a Gobernador. Pues por un lado, Cué tratará de hacer valer su posición y su fuerza política al interior del PRD como uno de sus gobernadores que más triunfos electorales le ha reportado al perredismo; y por el otro estará la posición delineada por Agustín Basave que ha establecido la necesidad de que sea la competitividad quien determine las candidaturas.

Y todo esto se enmarca en el hecho de que las definiciones relacionadas con la conformación de coaliciones y todo lo relacionado con ellas —incluyendo lo relacionado con la definición del Candidato a Gobernador— está definido estatutariamente como una facultad exclusiva del Consejo Nacional del PRD, sin injerencia de los grupos locales, las llamadas tribus, los consejos estatales o los factores materiales de poder en ese partido.

CANDIDATO, ¿CÓMO?

Una de las cuestiones que no ha definido el Consejo Nacional del PRD, y que quién sabe cómo se vaya a establecer en el convenio de coalición entre el PAN y el PRD en las entidades en las que finalmente se decida ir en alianza, es el método para la selección del candidato. Es claro que la mitad de esa definición ya se está estableciendo a partir de la idea de que, entre partidos, se van a repartir la facultad de designación en las entidades federativas en las que irán en coalición. Lo que no se ha dicho es cómo se hará esa selección al interior de cada partido.

Pues resulta que, por ejemplo, en el caso de Puebla hay una intención clara y manifiesta de que sea el Gobernador quien ponga al candidato, y que lo haga a través del Partido Acción Nacional. Pero en Oaxaca, esa situación está sujeta a otras variables que tienen que ver con la incapacidad de generar un consenso por parte de la dirigencia estatal entre todos los aspirantes, y la distancia que existe —además— entre la competitividad electoral del aspirante que no es el favorito de la dirigencia estatal y del grupo gobernante, y la intención de éstos últimos de impulsar a un candidato que tendría que crecer muchísimo, electoralmente hablando, para poder ofrecer competencia a los candidatos de los otros partidos políticos.

Ello explica, en gran medida, por qué hoy al interior del PRD hay una batalla campal entre los aspirantes. Al no haber estándares establecidos, y al haber de todos modos una competencia natural entre aspirantes, pero sin puntos de referencia y sin reglas específicas, lo que estamos viendo es una competencia plagada de rudeza y señalamientos que evidentemente no abonan a la construcción de un consenso entre ellos.

Si las cosas siguen en el rumbo que llevan hasta ahora, dentro de muy poco tiempo ya no habrá posibilidad de recomposiciones internas o de operaciones “cicatriz” para ir a competir contra los candidatos de otros partidos.

Esa indefinición sería aún más tóxica, si implícitamente tiene también la intención de dilatar la definición para también inhibir el brinco de uno de los precandidatos a la ruta independiente.

EL ENREDO DE LAS ENCUESTAS

Imaginamos la insistencia de algunos candidatos por publicar encuestas a modo, como una forma de hacer terapia de grupo, en la que el chiste no es hablar con la verdad ni buscar soluciones de fondo, sino únicamente darse un poco de tranquilidad a base de autoengaño. Bonito ejercicio, que al final no le sirve ni a los que pagan por éstos.

El sistema nacional anticorrupción: el trauma de la “casa blanca”

Corrupción

+ Que las normas avancen, pero que haya compromiso con honestidad


Es tan amplio el cambio que promueve la reforma que establece el sistema nacional anticorrupción, que esto no puede explicarse en otra causa que el impacto tan profundo que tuvo el escándalo de la corrupción por la llamada “casa blanca” del presidente Enrique Peña Nieto. Si debemos lamentarnos por la pobre actuación de quienes investigaron el conflicto de interés en ese asunto, también debemos reconocer que ese fue el parte aguas de un cambio jurídico y político que puede ser trascendental para las décadas siguientes. Sólo falta que haya voluntad y decisión para no abandonar esa ruta.

En efecto, en noviembre de 2014 el equipo de investigación de la periodista Carmen Aristegui dio a conocer el resultado de una investigación que los llevó a corroborar que la esposa del presidente Peña Nieto había adquirido una casa, a precios y condiciones preferenciales, con uno de los constructores más beneficiados por Peña Nieto durante su gobierno en el Estado de México, y luego en su gestión como Titular del Poder Ejecutivo Federal. Esto generó un escándalo de proporciones nunca vistas en el país, que por primera vez obligó a un Presidente en funciones a someterse a una investigación sobre su actuación y posible conflicto de interés.

Ese último concepto, el de conflicto de interés, era en México conocido, pero nunca había sido factor de una crisis política. Desde siempre se ha sabido —porque hasta parece parte de la cultura política mexicana— que desde el poder se toman decisiones para beneficiar a amigos, a compromisos políticos, a familiares y hasta a sí mismo, en una práctica que hemos conocido como “dedazo”, “compadrazgo”, “amiguismo” y, a veces, como “tráfico de influencias”, “prestanombres”, “empresas fantasma” y “negocios fachada”, entre otros.

Todos tienen la peculiaridad de ser nombres para un solo tipo de actos: el conflicto de interés que se genera cuando una persona funge al mismo tiempo como autoridad y como beneficiaria —o intermediaria— en un negocio con particulares. Esto ha sido ampliamente conocido, aunque la cultura política ha permitido y hasta fomentado ese tipo de prácticas, porque en los tiempos del régimen de partido hegemónico, la corrupción era una de las formas de inclusión, de tolerancia y hasta de permisividad con los propios y con los contrarios, en aras de mantener eso que era conocido como la “estabilidad política”.

De hecho, nunca se habría imaginado que un Presidente mexicano en funciones pudiera ser sometido a un escándalo como esos, primero porque hasta hace pocos años nadie se hubiera atrevido a exhibirlo; segundo porque el Presidente era visto como un verdadero monarca con un reinado de sólo seis años; y tercero porque todos habrían sabido que, en otros tiempos, la posibilidad de hacer tambalear habría sido mínima, y la consecuencia de enfrentarlo habría sido mayúscula.

Y aunque este no fue un caso exitoso del todo —la periodista Carmen Aristegui fue sacada del aire con su exitoso noticiero radiofónico en la cadena MVS, y el Presidente fue exonerado por el subordinado que lo investigó— sí generó un cambio profundo que ahora debe ser empujado lo más posible para que al menos ese sea el gran dividendo de este innegable escándalo de corrupción.

¿QUÉ ES EL SNA?

La reforma constituye un logro significativo para la vida democrática mexicana, en principio porque es, en mucho, producto de la acción social manifiesta de diversas maneras, directas e indirectas, concatenadas en una expresión de inconformidad y hartazgo ante las cotidianas revelaciones de excesos y actos apartados de la legalidad por parte de entes públicos o privados. En esto, es notable la revelación de la llamada “casa blanca” y de los otros escándalos de funcionarios federales que surgieron tras la publicación del conflicto de interés en que había incurrido el propio Presidente de la República.

En segundo término, porque la autoridad reconoce explícitamente la gran amenaza que constituye para la estabilidad, la seguridad y el progreso de la nación el ejercicio público apartado de la legalidad y la connivencia con particulares para beneficio propio. El incluir en el Título Cuarto constitucional a los particulares vinculados con “Faltas Administrativas Graves o Hechos de Corrupción” da cuenta de ello.

Cierto es que la mera inclusión de estas reformas no es garantía absoluta de que las prácticas apartadas de la ética se erradiquen de nuestra realidad, toca a los legisladores la parte más compleja para la generación de un real sistema, el tejido fino que permita la articulación de fines, alcances y estructuras con el soporte legal y funcional que le dote de eficiencia y eficacia. El Congreso de la Unión sólo cuenta con el plazo de un año para generar la legislación secundaria que obliga la reforma, pero el verdadero reto será la construcción del andamiaje operativo que armonice las responsabilidades y facultades de las diferentes entidades que integrarán el sistema.

Tres son los frentes principales que deberán observarse: la prevención, la contención y la sanción y ello demandará la integración de un subsistema muy fino que será el corazón de todo el aparato y sin el cual difícilmente será eficaz en su funcionamiento y resultados. El sistema anticorrupción demanda, además de un marco normativo sólido, claro y sin ambigüedad, los mecanismos indispensables para la obtención de los elementos de juicio necesarios, tanto para la detección oportuna, como para la acción consecuente.

En el fondo, parece que el Presidente, orillado por las circunstancias y presionado por la sociedad mexicana de una forma nunca antes vista, decidió lanzar el SNA de una forma tal que sea un verdadero parteaguas. Aún continúa en el Poder Legislativo la discusión sobre cómo se establecerá la legislación secundaria, que será lo que establezca todas las formas y candados que se deben establecer para combatir la corrupción.

GENERAR CULTURA

Lo que hace falta también establecer, y ese no es un problema de normas sino de cultura, es lo relacionado a dejar de ver la corrupción como parte de nuestro entorno y convertirla —como debió haber sido siempre— en un asunto repudiado, rechazado y perseguido por la propia sociedad mexicana, que ya no debería tolerar más el intercambio de democracia por estabilidad, o de corrupción por estado de cosas. Sin ese ingrediente, podríamos tener el mejor sistema anticorrupción del mundo, y no avanzar. Algo así como lo que ocurre en materia de procesos electorales.

¿Cuántos profesores normalistas presentaron evaluación en Oaxaca?

EvDocente

+ Por plaza automática, egresados de normales manchan antecedentes


Un dato que debiera rescatar el IEEPO, es cuántos de los profesores que hace algunas semanas realizaron la primera evaluación docente en la entidad, son egresados de las escuelas normales de educación, y cuántos tienen otro perfil profesional. Otro dato interesante sería saber cuántos de los que hicieron la ya conocida evaluación, son “herederos” de su plaza magisterial; cuántos la ganaron como forma de contratación automática, y cuántos la consiguieron de algún otro modo. En esa estadística hay mucho de lo que hasta ahora no se entiende hacia fuera del gremio magisterial, pero que le está provocando una fuerte corrosión en las relaciones entre los propios trabajadores de la educación.

En efecto, desde hace algunas semanas, los normalistas oaxaqueños que exigen que el Estado les asigne una plaza automática, como ocurría hasta el año pasado, han realizado diversas movilizaciones en la entidad buscando la atención del gobierno estatal y federal. Contrario a lo que ocurría en el pasado, hoy los normalistas ya no se movilizan bajo el cobijo de la Sección 22, y ésta tampoco se ha referido a la lucha de los normalistas por un espacio de trabajo.

¿Qué ocurrió ahí? Según parece, la 22 ha venido retirando el apoyo a los normalistas porque éstos dejaron de ser ya la carne de cañón que ellos podían utilizar, bajo el gancho o la coacción de que su participación en las actividades sindicales eran fundamentales para que, una vez contratados, fueran asignados en comunidades no tan lejanas a los centros urbanos, o para que rápidamente les mejoraran sus condiciones laborales, salariales o de ubicación en sus áreas de trabajo. Por eso, de un tiempo a la fecha la 22 ha relegado completamente las exigencias relacionadas con los normalistas; y a éstos hoy se les ve movilizarse solos, pero ya sin el respaldo que en otros tiempos tuvieron del sindicato magisterial.

Esto es significativo, y a la vez indicativo de otras cuestiones que también deben ser consideradas. Entre los trabajadores de la educación en activo, existen otras diferencias que paulatinamente saldrán a la luz, entre quienes —aún con el ignominioso método de la contratación automática— técnicamente se ganaron su plaza, y quienes la heredaron o la adquirieron por otros métodos. Esa diferencia irá saliendo a partir de los resultados de las evaluaciones, y del cruce de éstos con los antecedentes de los evaluados.

Pues resulta que se habla poco de eso, pero entre los trabajadores de la educación hay egresados de las normales superiores como personas con otros perfiles profesionales —y muchos más sin ningún perfil académico— que en los hechos realizan las mismas funciones. Hoy en día, entre ellos se marcan diferencias no sólo por su origen sino sobre todo por su capacidad de adaptación al trabajo docente que realizan, y por su desempeño reflejado en una evaluación tan básica como la que les realizaron hace algunas semanas.

Quien entiende lo que ocurre al interior del gremio magisterial sabe que, incluso por su origen, entre los trabajadores de la educación hay confrontaciones fuertes. En el fondo, y a pesar de todo, los egresados de las normales superiores que sí están ejerciendo labores docentes frente a grupo, son los que de mejor modo han ido asimilando las transformaciones y los requerimientos que hoy impone la nueva realidad educativa, cuestión que no ocurre con quienes accedieron a una plaza magisterial por otra vía.

Por esa razón, del resultado de esta primera evaluación, también saldrá un balance del futuro que tienen los diferentes tipos de trabajadores docentes. No habrá duda que los que mejor podrán enfrentar ese reto, son los que tienen como antecedente el normalismo en Oaxaca. ¿Entonces por qué insistir en la contratación automática como una forma de chantaje?

DEMANDAS QUE DESACREDITAN

Los normalistas oaxaqueños insisten en tener la agenda de la 22. Evidentemente, la reforma educativa les afecta porque impide que todos sean contratados independientemente de la necesidad de nuevos profesores que pudiera tener el sistema educativo estatal. La evaluación, y el concurso por las plazas, finalmente los pondrá a competir entre ellos, pero también contra los egresados de otros centros educativos, que también pueden tener un perfil de docente. ¿De verdad ven un panorama tan sombrío como para continuar insistiendo en la contratación automática, o es ésta una consigna para continuar la lucha de un sindicato que los dejó solos?

Pues en el fondo parece más una necedad que una necesidad, el continuar insistiendo en lo relacionado con la contratación automática. Quienes protestan no han calculado que el normalismo es quien podría dejar en mejor posición todo lo relacionado con la evaluación. A pesar de no contar con estadísticas precisas, puede desde ahora preverse que los que en mayor cantidad acudieron a la evaluación, son los que tienen ese origen.

Y nada impide suponer que pudieran ser los que mejor resultados obtuvieran de la evaluación. Si a pesar de eso siguen insistiendo en lo de la contratación automática, y en las consignas políticas de la Sección 22, entonces ellos mismos estarán menospreciando su potencial, y los que protestan y se manifiestan en las calles, se estarían confirmando como los incompetentes que por eso insisten en conseguir por la vía política, lo que no pueden lograr a través de un concurso.

En el fondo, es muy lamentable que a los normalistas nadie les brinde la información necesaria para que ellos mismos se revaloricen como profesionales, y dejen de insistir en su faceta de radicales provocadores de disturbios. En las condiciones actuales no pueden decir que las circunstancias los orillan a algo como eso. Es su empecinamiento por la prebenda fácil y por la consigna política lo que los hace tomar esa postura. Aunque con eso desdeñen los posibles logros que se puedan desprender del nuevo rasero que se les intenta aplicar para medir sus capacidades.

UN CONOCEDOR

Ayer designaron a Javier Jiménez Herrera como subsecretario de Gobierno, que estaba vacante luego de que su antiguo titular, Carlos Santiago Carrasco, fue ascendido a secretario de Gobierno. Hay muy pocas personas que conozcan tan bien la política interna del Estado, y que por tanto tiempo se hayan desempeñado con tanta pasión y vocación en esas tareas, como Jiménez Herrera, que estaba ya en la Segego, pero ahora ocupa de nuevo una tarea relevante. Enhorabuena.

Nace la Ciudad de México: aparece el Estado 32 del país

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+ Homologación, acto de justicia para vanguardia política


El martes, el Senado de la República concluyó los trabajos legislativos de la reforma política que le dará vida a la Ciudad de México como una verdadera entidad federativa, y que liquida la figura del Distrito Federal. Este es un hecho de gran trascendencia para nuestro país, porque quizá desde la emisión de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en 1917, no ha habido otro Constituyente con tanto potencial de trascendencia —el de ninguna entidad federativa habrá sido tan relevante— como el que se conformará para redactar la Carta Constitucional de la capital del país.

En efecto, con 74 votos a favor, 20 en contra y una abstención, el Senado de la República aprobó el martes los cambios enviados por la Cámara de Diputados a la minuta de la reforma política del Distrito Federal, con lo cual la capital del país se llamará de manera oficial Ciudad de México, será una entidad federativa, con autonomía de gestión, y contará con su propia Constitución.

La reforma política de la ahora oficialmente llamada Ciudad de México, llevaba 15 años atorada en el Congreso de la Unión debido a las diferencias entre las fuerzas políticas del país. Según los transitorios de la minuta, una vez que aprueben la modificación constitucional 17 entidades federativas, el Instituto Nacional Electoral emitirá la convocatoria para elegir a los integrantes del Constituyente, que elaborará la Constitución de la nueva entidad federativa.

Pareciera que los cambios sustanciales que podría tener la capital son mínimos; aunque sólo basta con regresar veinticinco años en la memoria, para corroborar y reconocer que en pocos países del mundo la situación política de una sociedad ha podido cambiar tanto, en un periodo tan corto de tiempo, como lo ha hecho la capital mexicana. ¿De qué hablamos?

De que apenas en 1993 —hace 22 años— se estableció el primer régimen equiparable al de un estado más del país para el Distrito Federal, al establecerse en el artículo 122 constitucional (que hasta entonces no hacía mención alguna al régimen político del DF) una especie de división de poderes, en la que había un Jefe del Distrito Federal, una Asamblea de Representantes, un Tribunal Superior de Justicia; y se instituía el deber de legislar un Estatuto de Gobierno para la capital del país, pero sin la posibilidad de que los habitantes de la capital pudieran elegir siquiera a sus gobernantes.

Fue en 1996 cuando ocurrió la primera gran reforma política de la capital del país, que le quitó al Presidente la facultad de nombrar al llamado “regente” del Distrito Federal, y que estableció que esto ocurriera a través del voto de los capitalinos. Dicha reforma, también modificó la naturaleza de la Asamblea de Representantes para convertirla en Asamblea Legislativa. Pero evidentemente, fue una reforma incompleta porque a entonces nueva figura del Jefe de Gobierno del Distrito Federal no se le dieron facultades plenas, sino que en algunos rubros (como el de la seguridad pública) éstas siguieron supeditadas al Ejecutivo federal.

Aunque parecen temas olvidados, ese reparto de facultades entre el Ejecutivo Federal y el Jefe de Gobierno, ya hicieron crisis, como cuando en 2004 el entonces presidente Vicente Fox Quesada destituyó a Marcelo Ebrard Casaubón como titular de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal, luego de que ocurriera el linchamiento de dos agentes de la Policía Federal Preventiva en Tláhuac.

Ebrard había sido nombrado por el consenso entre el jefe de Gobierno, Andrés Manuel López Obrador y el presidente Fox; pero luego de aquella masacre —aderezada por el pleito entre los dos políticos por la carrera sucesoria del 2006— Fox utilizó a plenitud una facultad que hasta entonces había estado sólo señalada para el Presidente, pero que en los hechos había ejercido el Jefe de Gobierno del DF.

EL ESTADO 32

Con estos cambios, la Ciudad de México tendrá una autonomía inédita, ya que el gobierno federal mantendrá la responsabilidad del financiamiento a la educación y los servicios de salud, además de que el endeudamiento público correrá a cargo del Congreso de la Unión.

Otro de los puntos relevantes, es que se mantiene la figura del jefe de gobierno del Distrito Federal, pero ya con facultades plenas sobre la administración pública de la Ciudad de México, incluidas las que hasta ahora habían estado en manos del Ejecutivo federal, como un resabio de la garantía de mantener el orden público que data desde el periodo inmediato posterior a la Decena Trágica (en 1913), el cual marcó en buena medida la situación política del Distrito Federal como un territorio supeditado al mando federal.

Asimismo, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal se convertirá en un Congreso local, por lo que adquirirá la facultad para aprobar o rechazar reformas constitucionales, como el resto de los Congresos estatales. El Congreso de la Unión determinó que la Asamblea Constituyente redactará la Carta Magna de la capital del país antes del 1 de enero de 2018; y que las delegaciones se transformarán en demarcaciones territoriales que serán administradas por un alcalde, que tendrá un cabildo como contrapeso.

Este es otro cambio fundamental, pues hasta ahora uno de los reclamos más válidos respecto a las jefaturas delegacionales, es que éstas tenían las mismas condiciones que un Ayuntamiento en cuanto a infraestructura, responsabilidad, y posibilidad de disponer de recursos públicos, pero en un marco evidentemente antidemocrático, respecto a la figura del Municipio. Pues mientras en éste último, se elige a planillas que integran un Cabildo plural (en el que hay representación proporcional de los partidos perdedores), en el caso de las Delegaciones del DF en éstas el que gana ejerce a plenitud el cargo sin contrapesos; y quien pierde no queda integrado ni con una representación minoritaria en el gobierno delegacional.

CAMBIO TRASCENDENTAL

Se tiene contemplado que la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México arranque sus trabajos el 15 de septiembre del año próximo. Éste será el Constituyente más observado y sujeto al escrutinio de la ciudadanía en México desde que se aprobó la Constitución Federal de 1917. La capital de la República es el epicentro de las grandes decisiones nacionales, y por eso lo menos que se debe esperar es un trabajo legislativo de Estado, y no el grosero reparto de cuotas y parcelas, como ocurre actualmente en la partidocracia.

Las comparecencias ya no sirven ni para el show legislativo

 

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+ La glosa servía para informar; ahora ya es sólo un monólogo


Se le llama “glosa” al desdoblamiento y análisis del informe de gobierno por parte del Poder Legislativo. Se supone que la glosa sirve para que una vez que el Ejecutivo haya presentado el informe de labores del ejercicio anual, el encargado de cada una de las áreas del gobierno acuda ante el Poder Legislativo al “acto republicano” —derivado del  informe— de escuchar a los representantes del pueblo (los legisladores), explicarles la razón y los alcances de la labor realizada, e incluso aclarar sus inquietudes o cuestionamientos. Para eso según sirve la glosa. Pero hoy en Oaxaca no sabemos cómo debiera calificarse a las comparecencias, que ya perdieron hasta su naturaleza interpelativa y la calidad de vodevil político que tuvo hasta el año pasado.

En efecto, han acudido al Congreso diversos funcionarios, y contrario a lo que ha ocurrido en otros años, ahora ya no hubo ni glosa, ni cuestionamientos, ni show legislativo, ni nada. Básicamente, lo que hasta ahora ha ocurrido es la presencia de los titulares de las dependencias estatales, prácticamente a hacer monólogos en los que ya nadie los interpela, les cuestiona o los critica.

Quedaron lejos aquellos años en los que había un verdadero debate sobre el ejercicio público o las metas alcanzadas. Y de hecho, parece que también quedaron atrás los tiempos en los que la glosa servía para que los diputados les reventaran la burbuja de soberbia en la que vivían los colaboradores del Gobernador en turno. Más bien, hoy parecen trabados en un estado de codependencia que no beneficia a nadie. ¿De qué hablamos?

De que prácticamente todos los funcionarios que han comparecido ante el Congreso del Estado, han sido recibidos con el más sospechoso desdén por parte de los legisladores locales. Contrario a lo que ocurría en otros años, pareciera que los legisladores ya encontraron la forma de “domar” a los funcionarios de la administración estatal: quién sabe si lo hicieron a través de dádivas o del hecho de que de verdad ya no les importe lo que deben ir a informar, y que entonces por eso ya ni siquiera tengan interés en cuestionarles sus funciones. Lo que no han entendido es que, domando a los funcionarios, los legisladores se terminaron domando a sí mismos. ¿Por qué?

Porque la naturaleza del informe y de la glosa, es justamente la de la rendición de cuentas. Al informar sobre el estado que guarda la administración, se supone que el Ejecutivo le está haciendo saber al Legislativo —los “representantes del pueblo”— en qué se ocuparon tanto el poder popular como los recursos aportados por todos a través de los impuestos. Y la glosa constituye —valga la expresión— el desglose de toda la información contenida en el informe.

Por eso, cuando los legisladores han tenido voluntad de verdaderamente glosar el contenido del informe, han puesto a trabajar a sus asesores, han corroborado cifras y confrontado los dichos con los hechos. Pero al no hacer nada, y dejar que las comparecencias sean prácticamente monólogos, lo que están haciendo fácticamente es dejarle el camino libre al Ejecutivo para que prácticamente haga lo que se le antoje.

Y si bien hay áreas del gobierno en las que existe un trabajo aceptable, hay otras en las que la función es nula; pero independientemente de eso, resulta que este año a nadie se le ha cuestionado ni interpelado, y lo que finalmente está ocurriendo es que ya ni siquiera fueron los funcionarios, sino los propios legisladores, quienes lisa y llanamente le dieron el primer jalón a la cortina con la que dentro de pocos meses buscarán cerrar la administración. Quizá haya, apretadamente, algunas comparecencias en el marco de la glosa del sexto informe. Pero eso ya ocurrirá ante la siguiente Legislatura.

FORMATO INSERVIBLE

Frente a todo esto, queda claro que el problema del formato actual del informe y su glosa, no sólo radica en el hecho de que las comparecencias sean un auténtico circo, sino sobre todo en el hecho de que éstas no tienen impacto alguno en la evaluación del trabajo realizado, o en el establecimiento de compromisos sobre las deficiencias en el ejercicio de la administración pública. No. Porque en realidad las comparecencias sirven sólo para que los diputados se luzcan señalando, cuestionando y descalificando a los servidores públicos; para que éstos vayan e informen lo que les viene en gana; o, como ocurrió este año, para que unos hablen y otros escuchen, pero sin ningún tipo de diálogo efectivo.

Ahí existe un problema de fondo que, deliberadamente, no ha sido atacado. Pues desde que ocurrió el establecimiento de las comparecencias de secretarios de despacho ante el pleno del Congreso del Estado, se han ido anidando un conjunto de prácticas que hoy hacen no sólo inviables las comparecencias como una forma de rendir cuentas, sino que incluso las convierten en un ejercicio nocivo porque lo que se hace año con año es refrendar las prácticas de connivencia que no debían existir en algo a lo que muchos insisten en llamar como “democracia”.

Y es que a la distancia se ha podido corroborar que la fragilidad de ese mecanismo de rendición de cuentas, y las amplias libertades que permite tanto para quienes comparecen, como para quienes examinan, permite que en realidad las comparecencias se hayan convertido ya en un auténtico “toma y daca” de negociaciones, prebendas y hasta extorsiones, en las que diputados y funcionarios se reúnen previamente para negociar no los compromisos, sino la cordialidad o dureza con la que serán tratados. Lo grave es que en esas “negociaciones” lo que se pone sobre la mesa es impunidad, recursos económicos, prebendas y “colaboraciones en conjunto”, que en realidad no son sino una forma de institucionalización de muchos de los negocios turbios que siguen existiendo en el ejercicio del poder público.

Hasta hoy, los diputados han omitido de forma deliberada revisar el formato de las comparecencias. En el inicio de la LXII Legislatura, los legisladores aparentaron estar metidos en la ingenuidad que escondía la voluntad porque las cosas no cambiaran; y hoy sólo parecen buscar el provecho de su silencio.

NO HAY CONSECUENCIAS

Ese es el problema: que no hay consecuencia ni compromiso alguno derivado de las comparecencias. Por eso todos van a prometer lo que quieren, y a cumplir lo que pueden o que se les antoja. Y los diputados siguen voluntariamente atados de manos dejando de lado la posibilidad de que este sea un ejercicio provechoso para Oaxaca.