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Recorre Bolaños Cacho CENDI del PoderJudicial

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El presidente del Honorable Tribunal Superior de Justicia verificó las condiciones del inmueble

Para conocer las necesidades del Centro de Desarrollo Infantil “Margarita Maza de Juárez” donde son atendidos los pequeños hijos de los trabajadores  del Poder Judicial, y darle pronta solución, el presidente del Honorable Tribunal Superior de Justicia, magistrado  Raúl Bolaños Cacho recorrió este martes ese inmueble.

Ahí fue recibido por la directora de esa institución que se localiza en Ciudad Judicial, Rita Antonio Luis, quien le agradeció los apoyos recibidos para el  correcto funcionamiento de ese Centro.

Los niños son una prioridad, de ahí mi preocupación porque los hijos de los empleados reciban la mejor atención en todos los aspectos para su buen desarrollo, precisó Bolaños Cacho  quien también presenció una obra teatral sobre mediación escolar.

Durante esta visita al Centro de Desarrollo Infantil, el presidente del H. Tribunal Superior de Justicia fue acompañado por el director de Administración, Antonio Díaz Aragón, así como por la directora del Centro de Justicia Alternativa, Betzzaida Cruz Mendoza.

 

Elba Esther, Sección 22 y CNTE, juntos de nuevo en contra del PRI

No es la primera vez que se alían, pero quizá sí sea la primera ocasión en que lo hacen de forma tan abierta. Igual que en los albores del conflicto magisterial del 2006 en Oaxaca, hoy las fuerzas magisteriales leales a Elba Esther Gordillo se manifestaron a la par de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, y de la Sección 22 del SNTE, por un objetivo común: rechazar la convalidación de Juan Díaz de la Torre en la presidencia nacional del sindicato magisterial. Ajenos a la historia, y echados en brazos del pragmatismo y la coyuntura, hoy esos sempiternos grupos antagónicos están nuevamente unidos.

En efecto, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación ha sido el grupo históricamente opositor a los que ellos mismos han denominado como el “charrismo”, o el oficialismo en el sindicato magisterial. Desde el surgimiento del movimiento magisterial en Oaxaca, en 1980, y su identificación con la Coordinadora, una de sus principales banderas ha sido la de rechazar las prácticas de entreguismo y clientela electoral que el SNTE significaron para el PRI-gobierno en aquellos años.

De hecho, la CNTE tomó fuerza y presencia en el sureste mexicano al sumar a la mayoría de los grupos radicales de la izquierda magisterial, que habían simpatizado con la lucha armada de organizaciones como la Liga Comunista 23 de Septiembre o el Partido de los Pobres, comandados en su tiempo por los maestros rurales Genaro Vázquez Rojas y Lucio Cabañas Barrientos. Por eso, en Oaxaca, Chiapas y Guerrero, la Coordinadora ha sido la bisagra de todas esas organizaciones, teniendo siempre como común denominador la oposición al SNTE, a quien siempre han considerado como un aliado del PRI.

Lo cierto es que esa historia aparentemente lineal, ha estado llena de matices. Uno de ellos, acaso de los más visibles, ocurrió en 2006 en el contexto de la elección presidencial, la feroz batalla entre la maestra Gordillo y Roberto Madrazo, y la orden dada por el entonces gobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz —uno de los principales operadores electorales de Madrazo— de desalojar a los maestros del plantón que mantenían en las principales calles del Centro Histórico de la capital oaxaqueña.

Quizá haya poca memoria al respecto. Pero en un hecho inédito, SNTE responsabilizó inmediatamente al gobernador Ruiz por la represión contra el magisterio oaxaqueño, y lo acusó de avivar la radicalización del movimiento para provocar una crisis mayor, al tener una actitud de “torpeza” e “irresponsabilidad”. El entonces dirigente del SNTE —y principal lugarteniente histórico de la maestra Gordillo—, Rafael Ochoa expresó que el conflicto era una apuesta a la ingobernabilidad. Y es por “un partido del viejo registro que presume tener voto duro”, remarcó.

Ese mismo 14 de junio de 2006, por la noche, en un comunicado, el SNTE condenó la violencia contra los docentes y, pese a las diferencias que sostiene con los maestros disidentes, les expresó su solidaridad “frente a la brutalidad policiaca y la insensibilidad del gobierno estatal”, y responsabilizó a Ulises Ruiz de la represión y de las consecuencias que ésta tenga en cuanto a la integridad física de sus compañeros, como en el deterioro de los servicios educativos y en la estabilidad social y política de la entidad. Incluso, en una nota de aquellos momentos del periódico La Jornada, se puede leer que Rafael Ochoa señaló que “el viejo partido aferrado al voto duro quiere provocar el voto del miedo o bien desalentar a la gente para que no salga a emitir el sufragio”.

¿Qué significaba todo eso? Un paso sustantivo en la venganza que entonces fraguaba la maestra Gordillo en contra de Roberto Madrazo. En los años previos, como líder nacional del PRI, Madrazo había expulsado del partido a la maestra Gordillo, aún siendo ésta la Secretaria General del mismo. Para su expulsión, fueron fundamentales el gobernador Ruiz, a través de varios personajes formados en Oaxaca. Por eso, el desalojo abrió un espacio de oportunidad para la maestra Gordillo, que luego cristalizó no sólo en la derrota de Madrazo, sino en el mayor descalabro electoral que ha sufrido el PRI de Oaxaca… ayudada por la Coordinadora y la Sección 22, con los que ya había trabado alianza en contra de sus adversarios en común.

ELBA Y CNTE, VS PEÑA NIETO

La historia es, contextualmente, similar. Elba Esther Gordillo fue encarcelada por el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, que hoy es su enemigo igual que como en 2006 lo fue Madrazo, e incluso peor. Por eso hoy la maestra es aliada de Andrés Manuel López Obrador, y está buscando los vasos comunicantes con sus viejos aliados de oportunidad para cumplir objetivos comunes. Uno de ellos es desestabilizar a Juan Díaz de la Torre, quien la traicionó respaldado por Peña Nieto, en la presidencia nacional del SNTE.

Esto explica una movilización singular de la Sección 22: para ayer lunes convocó al 20 por ciento de sus agremiados para movilizarse en la Ciudad de México y el resto en las regiones de Oaxaca. En sintonía con Elba Esther Gordillo, la CNTE en Oaxaca fustigó la posibilidad de que el Congreso Nacional elija en asamblea a Juan Díaz de la Torre como su dirigente nacional.

De acuerdo con una nota de Quadratín Oaxaca, en la región Mixteca, los maestros comenzaron un bloqueo en ambos carriles de la carretera 135-D, a la altura de Nochixtlán. Los maestros oaxaqueños programaron una marcha en el Istmo de Tehuantepec, saliendo de tres puntos: del Canal 33 en Juchitán, de frente al Tecnológico y frente a la Biniza. En la Cuenca del Papaloapan, la marcha será del Cecyte de Tuxtepec, rumbo al centro de la ciudad. En la Costa, los docentes convocaron a la toma de plazas comerciales.

De nuevo, buscan lo mismo: la 22 ha sido una aliada silenciosa de Andrés Manuel López Obrador, a quien abiertamente no apoyan pero tampoco cuestionan. Son también coincidentes en su postura de rechazo a la reforma educativa. Y con esos dos planteamientos se ha sumado el sector que sigue siendo aliado de la maestra Gordillo, que sin aceptarlo a título personal, ya ha enviado a sus principales representantes —su yerno y su nieto— a sumarse al trabajo político en las campañas electorales de Morena en el país.

APUESTA A LA DESMEMORIA

Al final, todos buscan que pierda el PRI de Peña Nieto, y quizá con ello se cumplan las venganzas personales pero también los objetivos de largo plazo de la Coordinadora, respecto a la abrogación de la reforma educativa, que ya les dejó ver López Obrador. Para conseguirlo, queda claro que no han importado las ideologías ni los antecedentes de las viejas aversiones. Es pragmatismo puro llevado al límite, con el provecho de la falta de memoria entre la mayoría de los votantes.

El clasismo mexicano normaliza a los ‘prietos’ y los ‘fifís’, pero inhibe el auténtico intercambio de ideas

El pasado lunes, el precandidato único de Morena a la Presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador, llamó ‘pirrurris’ y ‘fifís’ a dos intelectuales mexicanos que previamente le habían criticado su renovada proclividad a las alianzas y los perdones con políticos encumbrados en escándalos de corrupción. En este ayuno de ideas, no existen debates ni argumentaciones, sino sólo adjetivos en contra del adversario. Y en este tenor, lo mismo hizo este fin de semana el dirigente nacional del PRI, Enrique Ochoa, que descalificó a los ‘prietos’ de Morena ‘porque ya no aprietan’. ¿A ese nivel de bajeza llega nuestro intercambio público?

OCHOA Tuitazo

En efecto, a López Obrador lo rebasó la crítica y el rechazo social a sus expresiones en contra de quienes ejercen, igual que él, su libertad constitucional para decir y escribir lo que piensan. Obrador se defendió diciendo que él había también ejercido su derecho a criticar a los dos intelectuales que le habían cuestionado su decisión de ‘perdonar’ a sus ex adversarios y sumarlos a su campaña (a pesar de que varios de ellos están involucrados en escándalos de corrupción), sin considerar que, si bien como ciudadano sí puede y debe tener su criterio con respecto a las demás personas, pero que su posición de aspirante presidencial lo hace distinto a la de los intelectuales, que entre sus tareas ejercen el oficio periodístico.

Como potencial gobernante —máxime, como Presidente de la República—, López Obrador sí podría quebrantar los derechos de esas dos, y todas las demás personas que pudieran tener una opinión en contra, ya que sus facultades en el ejercicio de sus responsabilidades públicas, y su poder material como Titular del Poder Ejecutivo Federal, sí podrían ser suficientes para frenar o menoscabar el ejercicio libre de un derecho constitucional, como lo es el de la libertad de expresión, y las libertades y garantías relacionadas con el ejercicio periodístico.

Quizá por ello, pocos repararon en que los ataques lanzados por López Obrador en contra de Jesús Silva-Herzog Márquez y el historiador Enrique Krauze, envolvían ese profundo desprecio y clasismo que tanto daño nos hace como mexicanos. A ambos los llamó “pirrurris’ y ‘fifís’, como tratando de establecer que desde la clase alta, la de los ‘pirrurris’ y los ‘fifís’, se le estaba intentando frenar en sus aspiraciones y en su ruta hacia la Presidencia de la República. Inmediatamente después fue más allá, asociando esos calificativos con el hecho de que ellos eran, además, ‘agentes de la mafia en el poder’.

Algo similar, aunque en su propio contexto, ocurrió este fin de semana con el líder nacional del PRI, Enrique Ochoa Reza. Tratando de ubicar la clásica posición entre buenos y malos  —como es muy común en la política nacional, aunque ello sea un sofisma eficaz pero riesgoso—, Ochoa dijo que los ‘prietos’ de Morena ‘ya no aprietan’.

Evidentemente, no se refería a los tránsfugas priistas, sino que la esencia de su comentario iba a la descalificación común entre los mexicanos, al de color de piel más oscura. Dijo ‘prietos’ por la alusión al partido de López Obrador, aunque ese descalificativo también pudo haber sido hacia los ‘indios’, hacia los ‘yopes’, o hacia los de ‘tez humilde’, como dice la gente coloquialmente refiriéndose a que los de piel oscura son más pobres, más segregados, más marginados y menos aceptados que los de tez blanca, que evidentemente es entendido, socialmente hablando, como lo contrario a quienes son por definición la clase baja por ser de piel oscura.

Así, casi de inmediato Ochoa se disculpó aunque no logró desvirtuar el hecho de que su afirmación había sido profundamente clasista, en un país que se caracteriza justamente por su enorme proclividad a la discriminación por razón de clase, aunque ello pareciera ser una forma de racismo que, paradójicamente, tiene como origen el mestizaje y nuestro reiterado afán de repudiar nuestra realidad común —para los ‘güeros’ de otros países, todos en México somos morenos, aunque con distintas tonalidades de piel—, y las circunstancias históricas sobre el origen de nuestra sociedad, que evidentemente no podemos cambiar.

CLASISMO

En primer término, vale la pena revisar qué entendemos por racismo y qué por clasismo. En el primero de los conceptos, podemos entender que racismo es la defensa del sentido racial de un grupo étnico, especialmente cuando convive con otro u otros, así como también se designa la doctrina antropológica o la ideología política basada en este sentimiento. Clasismo, por su parte, podemos entenderla como la actitud de quienes defienden la discriminación por motivos de pertenencia a otra clase social

Ahora bien, en México el clasismo es para nosotros cosa de todos los días, tanto que en muchos casos damos por sentado que la gran mayoría de las inconformidades y desencuentros que se dan en nuestra sociedad tienen como punto de partida las desigualdades sociales. Vamos, en el caso de la protesta de una comunidad en Puebla en 2014, en la que murió un menor supuestamente por una bala de goma lanzada por elementos policiacos, uno de los temas que se encuentran en el fondo es la noción de que esas, y muchas otras personas, luchan y se inconforman por pobres, y esa es la misma razón por la que las autoridades las desprecian y en lugar de atender sus problemas, deciden mandarles a la policía para que disuelva las manifestaciones.

Así, ese que es un ejemplo grave se manifiesta en otros, que son menos elevados. Nosotros los mexicanos a diario hacemos chistes, mofas, burlas y escarnio de todas aquellas personas que no pertenecen a nuestro círculo social, ya sea porque son de estratos superiores o inferiores. ¿A poco no para nosotros es cosa de todos los días burlarnos de quien tiene más, o de quien tiene menos, y por ese solo hecho nos sentimos con derecho de afirmarlo incluso públicamente? Ese clasismo es tan nocivo, al final, como el racismo que sigue prevaleciendo en otros países.

Al final, lo que queda claro es que, además de ser prácticas inaceptables entre los políticos, y entre todas las personas, esto nos revela cuán degradado está el intercambio público. Al no haber capacidad de argumentar de manera sustantiva, se recurre a las falacias ad hóminem que no tienen otra finalidad que descalificar al adversario como persona. Este es un artificio más que nos distrae del fondo de una contienda tan importante como en la que se definirá la Presidencia de la República.

DESCALIFICACIONES MORENAS

Lo curioso es cuando los militantes disfrazados del llamado ‘pueblo bueno’ también ejercen esas prácticas: ¿cuántos apodos, comparaciones, burlas y descalificaciones se ha llevado José Antonio Meade por el vitíligo que padece? ¿A poco por ser priista no tiene derecho a no ser discriminado? Eso es tan grave, y tan cotidiano y vilmente aceptado, como los que le dicen ‘fifís’ a sus adversarios, o los que intentan descalificarlos diciéndoles ‘prietos que no aprietan’. Prácticas miserables.

Reelección de alcaldes y legisladores: un primer corte de caja en los comicios de 2018

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Aunque ha sido poco comprendido, el mayor aliciente para la apertura a la reelección inmediata de legisladores y autoridades municipales, es que éstos ejerzan su cargo con mayor diligencia y eficacia que cuando no podían reelegirse de manera consecutiva. A pesar de esa intención, en realidad hay pocos indicios aún de cuán efectivo fue esa invitación a una mayor eficacia y honestidad, en un contexto en el que el país entero está inundado por la corrupción, y en el que en realidad tampoco existen antecedentes de una evaluación ciudadana a la gestión, traducida en votos.

En efecto, la última reforma político electoral nacional, estableció como uno de sus principales temas la posibilidad de que los legisladores y los alcaldes pudieran reelegirse de forma inmediata. Esto generó un falso debate respecto a si esa modificación constitucional en realidad era el preámbulo para una reforma posterior en la que se estableciera la reelección consecutiva de gobernadores y Presidente de la República, cuando lo importante era que dicha modificación fuera vista y entendida como una conminación a la eficacia en las tareas de gobierno y legislativas, ya que esta sería la mejor puerta para una reelección inmediata.

Dicha intención en realidad ha permeado muy poco, a partir de que en México no tenemos una cultura política sólida respecto a la reelección; porque más bien estamos acostumbrados a tratar ese tema como un fantasma sombrío para el sistema político, y no como una de las muchas herramientas de las que se puede allegar la democracia para fomentar ejercicios de gestión pública más eficaces y menos demagogos; e incluso, esta idea ha sido poco difundida porque en realidad la mayoría de los partidos y candidatos quisieran seguir teniendo los amplios márgenes de libertad y de evasión a la evaluación, gracias a la prohibición de la reelección inmediata.

Por si todo esto fuera poco, la democracia representativa en general, se ve permanentemente asediada por las diversas prácticas de corrupción que rondan alrededor de los procesos electorales, y del ejercicio del sufragio. Existe una larguísima —y oprobiosa—tradición en México de que toda votación está siempre sometida a la posibilidad de que se realicen prácticas de compra o cooptación del voto. Incluso en los procesos electorales más vistos y vigilados ocurren este tipo de prácticas. Y en ese contexto de amaños y torceduras electorales, resulta una doble tentación viciar el resultado de una votación cuando existe el aliciente —en este caso convertido en un incentivo perverso— de la reelección consecutiva para algunos cargos.

Por eso, en dicho contexto, el establecimiento de la reelección consecutiva de alcaldes y legisladores debiera haber sido un acicate para el fortalecimiento de los procesos electorales y la cultura democrática, y no para la perpetuación de los vicios particularmente conocidos entre las autoridades municipales, que son de las más cuestionadas y corruptas que existen en el país. En el caso de los legisladores, éstos han mantenido una fama sostenida como improductivos y costosos. Cambiar eso pasa por el fortalecimiento de la cultura del sufragio, y sobre todo por el “temor” a la evaluación inmediata que los propios ciudadanos pueden hacer sobre su gestión.

¿TRIUNFO DE LOS BRIBONES?

La prohibición de la reelección consecutiva de legisladores, fue parte de un círculo vicioso cuidadosamente calculado por el régimen priista desde los tiempos de su conformación. Pues si revisamos la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos tal y como fue publicada en el Diario Oficial de la Federación el 5 de febrero de 1917, podremos darnos cuenta que ahí no venía contenido el principio de la irrelegibilidad relativa que hasta hace unas semanas pesó sobre los legisladores federales y locales.

Más bien, ese principio de la irregilibilidad relativa de los legisladores fue establecido hasta 1933, ya en los tiempos del priismo hegemónico. Las razones del establecimiento de dicho principio para los diputados y senadores las daba, en un artículo publicado en El Universal en diciembre de 2009, el ahora presidente del INE, Lorenzo Córdova. El también académico de la UNAM apuntaba: “Esa prohibición (…) en vez de tener una justificación democrática, buscó entonces fortalecer el poder de la omnímoda figura presidencial, incrementando las capacidades de decisión y de control que le daba el ser el ‘jefe nato’ del partido oficial y por ello la prerrogativa de ‘palomear’ a los candidatos a cargos electivos postulados por el mismo. En efecto, la imposibilidad de reelección sucesiva, además de inducir un forzado recambio en la élites gobernantes, permitía al presidente controlar el destino de prácticamente todos los políticos que, lejos de deberle el encargo a sus electores, se debían a la generosa y magnánima voluntad presidencial (detrás de la que se escondía un férreo control político).”

Hoy dicho principio está relativamente derogado. Sin embargo, ante la apertura de la reelección legislativa tenemos que ver si ese no es en realidad el triunfo de los bribones. Sí, de todos aquellos que le apuestan a la ingeniería electoral y a la debilidad institucional que permite que una elección se decida a través de maquinaciones que generan votaciones artificiales. Si a nivel federal la conversión del IFE en INE tiene como uno de sus objetivos de fondo que dé a la ciudadanía la certeza de la erradicación de dichas prácticas, eso se multiplica en los escenarios locales.

Aquí en Oaxaca, como en todo el país, el reto fundamental radicará en no permitir que los bribones sean los que se sirvan de la reelección consecutiva, sino que verdaderamente sean los hombres y mujeres que demuestren trabajo y voluntad en el Poder Legislativo. Para eso, un reto previo es que todos incrementen su productividad, pues aunque no lo creamos hay diputados que sólo han presentado una o dos iniciativas por la buena colaboración de su fracción parlamentaria, e incluso hay casos de diputados que no han subido a la tribuna ni siquiera para un posicionamiento.

QUE LOS DERROTE LA EVALUACIÓN

Por esa razón, si algo debiera derrotar a los malos legisladores y a los alcaldes ineficientes y corruptos, en este nuevo contexto, esto tendría que ser la propia evaluación de los ciudadanos manifestada en las urnas. Es un tema de la mayor trascendencia para hacer que esta importante reforma valga y no sea, como hemos apuntado, el triunfo de los bribones que se aprovechan de la manipulación del voto para hacer de la reelección, un coto oprobioso de poder en contra de la democracia.

Bolaños cacho visita los juzgados de Tlacolula y Centro de Justicia de Tanivet

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Exhorta al personal a sumarse a los cursos de capacitación que imparten la Escuela Judicial para formar nuevos cuadros en  oralidad civil, familiar y laboral que entrarán en operación este año

El Poder Judicial de Oaxaca requiere de infraestructura humana para enfrentar los nuevos sistemas que entrarán en operación este año, como lo es la oralidad civil, familiar, así  como laboral, dijo el H. Presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado, Raúl Bolaños Cacho al exhortar al personal de los juzgados Civil y Penal que se ubican en Tlacolula de Matamoros a inscribirse en los cursos de capacitación  que imparte la  Escuela Judicial.

Bolaños Cacho recorrió este jueves el juzgado Civil  y el juzgado Penal en donde también hizo acto de presencia la titular del juzgado Mixto de Yautepec. De igual forma visitó el Centro de Justicia que se localiza en  Tanivet, próximo a entrar en operación.

El Magistrado Presidente inició su visita en el Juzgado Primero Civil donde fue recibido por la jueza, María de Lourdes Hernández Enríquez. Ahí, Bolaños Cacho los invitó a conocer las bondades de la oralidad mercantil que entró en operación el 25 de enero y anunció que en fecha próxima se instalarán salas en la materia en Salina Cruz, Huajuapan y Puerto Escondido. En Oaxaca ya existe una sala oral en los juzgados civiles y familiares del ExMarquesado, señaló.

Luego de externar las necesidades de ese juzgado, la titular María de Lourdes informó al Presidente que dos de sus compañeros están tomando cursos de capacitación en la Escuela Judicial y ella hace lo propio en la oralidad mercantil.

Más tarde, en el juzgado Penal, el juez Manuel Chávez Aguilar y la titular del Juzgado Mixto de Yautepec, Adriana Méndez Cervantes agradecieron la visita de Bolaños Cacho y le expusieron sus necesidades, como equipos de cómputo nuevos.

A su vez, Bolaños Cacho les reiteró su llamado para que formen  parte de los nuevos cuadros de abogados que a través de la capacitación, escalen para ocupar cargos en el Poder Judicial.

Finalmente, Bolaños Cacho recorrió el Centro de Justicia que se ubica en Tanivet el cual entrará en operación en fecha próxima. El inmueble de dos niveles tiene ocho salas de oralidad penal, área administrativa, sala de junta y está considerado como uno de los complejos de primer orden.

En este recorrido acompañaron al magistrado Raúl Bolaños Cacho,  el director de Infraestructura Judicial, Rafael Vergara Rodríguez y el Visitador General, Roberto López Sánchez.

¿Por qué seguimos sin ver a la capital oaxaqueña como una auténtica zona metropolitana?

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Algunos toman como anécdota un estudio publicado recientemente en el que se señala que Oaxaca es la ciudad con la velocidad promedio de tránsito de vehículos más lenta del mundo. Quién sabe si en realidad nuestra capital ocupe ese sitio en una escala mundial, pero lo que sí es cierto es que enfrenta graves problemas de movilidad debido a la falta de la visión y el proyecto para ser considerada —y sus problemas abordados— como una zona metropolitana. Mientras esto no ocurra, no sólo la movilidad sino todas las condiciones de la capital continuarán deteriorándose.

En efecto, el martes el periódico Milenio publicó una nota en la que se refiere que, de acuerdo con el índice global Inrix, Oaxaca es la ciudad con la velocidad promedio más lenta en el mundo en horas pico, con 5.9 kilómetros por hora, similar a la velocidad promedio de una persona al caminar, cuando el promedio del resto de ciudades se ubica en 14.4 kilómetros por hora.

Según la publicación, el Índice Inrix es el mayor estudio de su tipo en el mundo, elaborado con big data para analizar el impacto de la congestión en 38 países en cinco continentes y mil 360 ciudades, de las cuales 82 son mexicanas. El estudio también destacó que entre 2016 y 2017 la Ciudad de México mejoró cuatro posiciones y repitió como la cuarta con peor tráfico en América Latina. El promedio de tiempo pasado en las horas pico al año también descendió al pasar de 61.5 a 58 horas. Atrás de la capital del país siguen Matamoros, Guadalajara, Tijuana, Tula y Monterrey como las más congestionadas.

Ahora bien, esta información es relevante por la trascendencia que tiene la capital oaxaqueña no sólo para sus habitantes, sino para todos los que, o vivimos o trabajamos o transitamos, diariamente por ella. Y es que si una capital es la ciudad que tiene la preeminencia en los campos social, cultural, económico o de otra índole en un Estado, en nuestro caso Oaxaca de Juárez es la ciudad más importante de la entidad no sólo porque aquí se concentra la mayor actividad administrativa, económica y política de la entidad, sino también porque a diferencia de casi todos los demás estados (en los que existen por lo menos dos o tres ciudades de similar importancia que su capital), en Oaxaca no existe otra población con un nivel de desarrollo similar al de la capital.

Esto significa un reto de multiplicadas dimensiones para la capital oaxaqueña. Pues en primer término, el hecho de que en la entidad no haya otra ciudad con un desarrollo e importancia similar al de Oaxaca de Juárez, no significa que ésta última sea una ciudad desarrollada o con sus problemas urbanos, sociales, económicos y administrativos ya resueltos.

Y si esto es en sí mismo grave, todo se acentúa cuando reparamos en el hecho de que hoy el rumbo que lleva toda la zona metropolitana de Oaxaca es de total abandono e indolencia frente a sus problemas. Hace muchísimo tiempo que la capital no cuenta con un proyecto urbano, con obras de gran calado, e incluso con orden. Y ese es el ingrediente fundamental de los problemas agravados que hoy enfrenta.

NO HAY PROYECTO

En Oaxaca de Juárez no ha habido proyecto, y por eso todos los que han sido presidentes municipales en los últimos lustros han venido a hacer únicamente lo que se les ha ocurrido. Cada uno de ellos, al margen de su extracción partidista, su formación personal o profesional o sus intereses políticos, ha prometido reinventar la capital, sacarla de sus problemas y llevarla a una situación de mejoría, aunque lo único que han logrado es profundizar los conflictos que aquí se padecen.

Y es que Oaxaca enfrenta problemas muy concretos. Por ejemplo, tiene graves problemas de inseguridad que siguen sin ser resueltos. Tiene también un grave problema de rezago en su planeación urbana y en el desarrollo de alternativas para las vialidades, peatones, ciclistas y automovilistas. El transporte público es una asignatura prácticamente anulada; hay un conjunto enorme de problemas de salud pública que a nadie le importa resolver. Y, por la combinación del desinterés, la incapacidad y la desidia a la hora de enfrentar a los poderes fácticos, aquí los giros negros, el ambulantaje, la pillería y hasta la delincuencia organizada han tomado el control de la vía pública en casi todas sus vertientes.

Es gravísimo, por ejemplo, que en Oaxaca de Juárez no haya control de las zonas públicas, los parques, los jardines, las banquetas, las plazas públicas y hasta las calles. Unas pertenecen a los ambulantes, otras a la prostitución, algunas más a los giros negros. Y qué decir de todos los espacios que se encuentran en manos de grupos o personajes oscuros que quieren todo menos el imperio del orden.

El otro gran problema que enfrenta Oaxaca es que sus problemas se han extendido en la misma proporción que ha crecido la capital y se ha ido internando en los mal llamados municipios conurbados. Hoy muchos de esos problemas antes descritos son una preocupación ya no sólo de quienes habitan la capital, sino también de quienes viven en los más de veinte municipios que son considerados ya como parte de lo que debería ser una zona metropolitana de Oaxaca, pero que por la misma visión corta de las autoridades (y la mediocre exigencia de los ciudadanos) no han dejado de ser sino anexos a la ciudad, que bien podrían ser su patio trasero.

¿A poco no Xoxocotlán, Santa Lucía del Camino, Yatareni, Tlalixtac o San Jacinto Amilpas, tienen una importante “actividad económica” basada en todo lo que no puede hacerse de forma abierta en la capital? ¿A poco no en muchos de esos municipios se encuentran muchos de los problemas de prostitución, giros negros, venta de sustancias prohibidas y demás que no pueden existir de forma franca en Oaxaca de Juárez?

Sobre todo esto, ¿qué propuesta de solución tienen los que aspiran a ser autoridades municipales tanto en la capital como en los municipios “conurbados”? Porque lo fácil es decir que “Vamos por Oaxaca” (o alguna de esas frases cargadas de demagogia, aunque vacías en cuanto a contenido) pero sin tener una noción clara de qué se debe hacer para resolver sus problemas.

DEMAGOGIA

De hecho, se dijo que uno de los problemas más graves de movilidad de la capital se resolverían con el sitibús, y sin embargo éste es otro proyecto que está detenido y en el que una inversión millonaria parece estar condenada al fracaso. Y aunque es útil el distribuidor vial de Cinco Señores, su construcción significó un trauma tan profundo para la ciudadanía, que nadie quiere intentar una obra como esa. Así, si no hay interés ni capacidad de generar proyectos viables, entonces sí encuentra explicación el hecho de que Oaxaca es la ciudad con el tránsito vial más lento del país, y quién sabe si del mundo.

AMLO, o la renovada confusión ante el conservadurismo y la izquierda en México

Cada que parece que ya nada puede detener la ruta hacia el acariciado triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador, es él mismo quien se boicotea. Lo ha hecho en innumerables ocasiones en las dos campañas presidenciales anteriores, y aunque en menor medida, también lo ha hecho en ésta. Su más reciente traspié lo dio este inicio de semana, cuando acusó a dos periodistas e intelectuales mexicanos de ser agentes de la mafia del poder y representantes del conservadurismo. Quizá López Obrador confunde los términos, o acusa deliberadamente. Y se aprovecha la poca idea que los mexicanos promedio tenemos de qué significa ser conservador, y qué implicarían las verdaderas convicciones de izquierda.

En efecto, López Obrador se lanzó contra dos intelectuales que criticaron su campaña: el director de la revista Letras Libres, Enrique Krauze, y Jesús Silva-Herzog Márquez, articulista del periódico Reforma. El cruce comenzó luego de que este lunes Silva-Herzog Márquez publicó el artículo “AMLO 3.0”, en el que describe al aspirante como “un político pragmático”, “sin nervio ideológico ni criterio ético para entablar alianzas”, en referencia a que el líder de Morena ha invitado a integrantes de otros partidos y equipos a sumarse a su campaña.

“Del extremo del sectarismo, López Obrador se ha desplazado al punto contrario: el oportunismo. Su coalición no es ya ni sombra de su base política. Morena ha sido traicionado antes de ganar el poder. El caudillo lo ha entregado al cálculo de sus ambiciones. La lealtad de hoy puede vencer a la deshonestidad de ayer; los mafiosos pueden transformarse en abanderados de la regeneración nacional, los bandidos pueden ser perdonados por la infinita bondad del prócer. Morena ya ha sido sacrificada. Al caudillo le sirven los foxistas, los calderonistas, los zedillistas, los salinistas. Todos caben”, indica el articulista.

Además, Silva-Herzog Márquez comparaba esta postura del presidenciable con el priismo. “Su política no es nueva. La conocemos en México como priismo. López Obrador ha vuelto a sus orígenes: ha fundado un partido con la ambición de recoger a todos los ambiciosos, un partido en el que las ideas no importan. Ha fundado un partido para que la política no castigue a nadie”, agrega en su texto, referido en una nota del portal electrónico de la revista Expansión.

Ante esto, López Obrador respondió vía Twitter lo siguiente: “Hace tiempo que Jesús Silva-Herzog Márquez me cuestiona con conjeturas de toda índole. Hoy, en el periódico Reforma, me acusa sin motivo de oportunista. Ni modo, son tiempos de enfrentar a la mafia del poder, a sus secuaces y articulistas conservadores con apariencia de liberales”, con lo que comenzó un cruce de tuits en los que Silva Herzog Márquez respondió: “Ojalá aceptara alguna vez, don @lopezobrador_ que la discrepancia no es inmoralidad. Criticarlo a usted no es entregarse a la mafia. Si no aceptamos que hay razones para el desacuerdo, el diálogo no tiene sentido.”

Ante ello, el historiador Enrique Krauze intervino citando el mensaje de López Obrador para señalar que “el mesianismo condena” e, igualmente, pronunciarse a favor del debate. El tabasqueño también tuvo palabras para Krauze, a quien ubicó en la misma categoría de conservador con apariencia de liberal: “Enrique Krauze: en buena lid y con todo respeto, tú también eres de aquellos profundamente conservadores y que simulan, con apariencia de liberales. Y por su puesto que acepto la crítica y respeto el derecho a disentir.”.

CONSERVADORES Y LIBERALES

Las historias mexicanas de la lucha por el poder durante el siglo XIX tuvieron siempre como protagonistas a liberales y conservadores. Los primeros, que hoy podríamos ubicar como progresistas, buscaban el desarrollo y el progreso de la sociedad en todos los ámbitos y especialmente en el político-social, basados en la ley y en la separación de la iglesia y el Estado. Los segundos eran los que hoy ubicaríamos como reaccionarios. Es decir, aquellos que se oponen al cambio y que son partidarios de mantener los valores políticos, sociales y morales tradicionales, oponiéndose a reformas o cambios que representan progreso en la sociedad.

Quién sabe si en México exista hoy una verdadera corriente progresista, ya que en general desde hace mucho tiempo la izquierda se ha dedicado a ser opositora al poder, pero también reaccionaria. Lo ha sido desde la perspectiva de que su política permanente frente a cualquier iniciativa, ha sido la del rechazo. Esa izquierda partidista —léase PRD, Morena, PT, etcétera— no ha sido capaz de proponer y empujar políticas propositivas que sirvan como alternativa a las de sus contrapartes.

Y, de hecho, si de progresismo y conservadurismo se trata, el propio López Obrador tiene insuficiencias notables. Por ejemplo, ha sido un líder y candidato de la izquierda progresista que se ha negado a pronunciarse a favor del aborto o de los matrimonios entre personas del mismo sexo, llegando al extremo de proponer que temas como esos sean sometidos a consultas populares, como si la protección y el respeto a ciertos derechos fundamentales —derecho a la no discriminación, al libre desarrollo de la personalidad, a la igualdad frente a la ley, y otros— pudiera quedar al arbitrio de una mayoría popular, o la opinión de ciertos sectores de la población.

En esa perspectiva, pareciera incluso que los reaccionarios tradicionales —el panismo, que formalmente ha estado en contra del aborto, de los matrimonios entre personas del mismo sexo, o incluso de temas más de fondo como el reconocimiento a los derechos de los pueblos y comunidades indígenas, y varios más— hoy se ven superados por algunas posturas de la izquierda, que resultan tan conservadoras como las planteadas por los partidos de derecha.

En el fondo, el problema no radica en si hoy la política se inunda de conservadores o liberales, sino en el hecho de que algunos militan en un bando pero ejercen prácticas propias de sus contrapartes. Ese es un problema mayor que tiene que ver con la congruencia, pero sobre todo con la capacidad de aprovecharse de los vacíos conceptuales en los que nos encontramos la mayoría de las personas, para hacer pasar posturas y prácticas de un tipo, como si fueran exactamente lo contrario. Siendo liberales o conservadores, la medida de todo radica en el respeto a la ley, y a los principios, valores y derechos contenidos en nuestra Constitución.

(IN)MOVILIDAD

Mientras los proyectos de movilidad urbana más importantes de Oaxaca siguen pospuestos de forma indefinida ante las evidencias de corrupción e ineficiencia con las que fueron proyectados y construidos, índice global Inrix, revela que Oaxaca es la ciudad con la velocidad promedio más lenta en el mundo en horas pico, con 5.9 kilómetros por hora, similar a la velocidad promedio de una persona al caminar, cuando el promedio del resto de ciudades se ubica en 14.4 kilómetros por hora. Enfrentar este problema tendría que comenzar por perseguir a los responsables del atraso en que enfrenta la capital oaxaqueña en este rubro.

En Oaxaca, el riesgo real para 2018 es que gane la apatía entre los electores

El resultado elección de julio próximo, en Oaxaca dará luces de cuánto lograron avanzar los partidos frente a la apatía y el desánimo de los electores locales. A pesar de ser una elección presidencial, aquí no se jugará el destino de la entidad, y tampoco habrá contendientes lo suficientemente fuertes como para suponer que el resultado electoral marcará el destino político —de un partido, de un grupo, o de toda la clase política— en el mediano plazo. De ahí que, en el resultado, podremos ver si los partidos lograron ganarle algo de terreno a la apatía que parece inundar a la mayoría de los electores oaxaqueños.

En efecto, siempre resulta importante e interesante para analizar, el empuje que tiene una elección presidencial en los contextos locales. En Oaxaca, sabemos de algunos antecedentes ya conocidos, tales como el poder que han tenido las fuerzas de izquierda en las dos últimas elecciones presidenciales; la poca capacidad que ha existido entre los electores para hacer una diferenciación entre los sufragios que emite para la elección de cada uno de los cargos en juego; o la poca efervescencia que las elecciones presidenciales logran prender entre los electores no manipulables, abriendo con ello la posibilidad de que la ingeniería electoral haga el trabajo a favor de uno u otro partido o aspirante.

Esas circunstancias hoy se nutren de otras, que también vale la pena repasar. En Oaxaca pasamos recientemente por una elección de Gobernador que dio como resultado una segunda alternancia de partidos; seguimos viviendo en un contexto político en el que la pluralidad se ejerce con plenitud, pero en la que no se ha logrado construir ningún tipo de mayoría definida que acelere o modifique la inercia propia de los procesos de gobierno y las decisiones que se toman en el Poder Legislativo; que hoy la ciudadanía votante no tiene definiciones claras respecto hacia dónde se moverán sus preferencias electorales; y que, en ese contexto, resultará muy importante lo que hagan los partidos, candidatos, representantes populares y gobernantes, para captar los votos libres independientemente de las estrategias que pudieran tener con sus votantes asegurados.

Esta debiera ser una medición muy particular, porque de ella se desprenderían tendencias importantes para los comicios de 2018. El electorado oaxaqueño ha vivido en pocos años dos alternancias de partidos en el poder; ha visto cómo desde dos frentes electorales distintos se han prometido cambios y mejoras en las tareas de gobierno, y ha visto cómo en ambos casos hubo tantas fallas e incumplimientos que llevaron a sus respectivos grupos a la derrota.

En 2010 fue derrotado el priismo luego de las fallas, excesos y soberbia del grupo del entonces gobernador Ulises Ruiz; y seis años después fue también derrotado el grupo que antes había sacado del poder al ulisismo. Para ganar, en 2010, el grupo de Gabino Cué le prometió a la ciudadanía oaxaqueña un cambio en la forma de gobernar, pero seis años después le entregó corrupción, impunidad y engaño, obteniendo a cambio una nueva derrota electoral.

Todo esto no debiera ser un antecedente menor frente a lo que ocurrirá en 2018. Hay un gobierno de segunda alternancia, y hay partidos que tienen fresco aún el antecedente de haber sido gobierno, aunque ahora sean oposición. En ese contexto, ni a quienes son gobierno de reciente conformación, ni los que son neo opositores luego de haber apoyado a un gobierno desastroso, les alcanzan los argumentos retóricos sustantivos como para pedirle al ciudadano que convalide su preferencia electoral en un nuevo proceso. De ahí la interrogante sobre cuánto habrán podido avanzar en el fomento a la credibilidad entre ciudadanos que están desencantados, en general, de toda la clase política.

¿CÓMO CAPTAR VOTOS LIBRES?

En los ejercicios matemáticos, hoy todos saben que ni el voto duro del PRI en Oaxaca sería suficiente para ganar algo en cualquier elección, como también saben que ni el voto asegurado de Morena, o del PRD, o del PAN, o del partido que sea, le alcanza como para alzarse con números favorables el día de la jornada electoral. Acaso, todos asumen hoy que sus votos asegurados (eso que antes se llamaba “voto duro”) sólo les permite tener un margen concreto de votación que ya no puede ser visto más que como el punto de partida de su trabajo electoral.

En ese contexto, es evidente que todo lo que deben ir a buscar los partidos es el voto ciudadano conquistado, cooptado, comprado o condicionado, independientemente de cuál sea el orden de esas prácticas o maniobras. Deben hacerlo en una proporción que incluso puede superar en 200 por ciento a los márgenes que calculan de voto duro. Esa circunstancia abre una oportunidad por demás interesante para la evaluación —plebiscitaria, incluso— del trabajo que ha realizado cada partido o candidato en el espacio geográfico y político en el que buscará el voto.

Concretamente, si por cada voto asegurado debe ir a buscar otros dos que no están más que en el ánimo del elector, cada partido tendrá entonces un margen de evaluación importante de su trabajo y antecedentes. Esto se hace particularmente relevante en un contexto como el oaxaqueño actual, porque si hubiera que definir el periodo en el que vivimos, éste tendría que llamarse “desencanto” o algo por el estilo, a partir de que las dos alternancias de partidos en la gubernatura, han dejado claro que ninguno de los grupos ha estado a la altura de lo que los oaxaqueños esperan —esperamos—; y que el gobierno actual es tan reciente, que tendrá que hacer mucho trabajo a ras de tierra para lograr convencer a los electores que hay los resultados suficientes como para pedir la convalidación de la preferencia a través de un segundo voto.

A nivel político lo que está en juego es mucho, ya que ésta es la elección concurrente más grande de la historia contemporánea del país. Aún así, en Oaxaca no se logra ver aún un ánimo concreto en el que la ciudadanía se involucre porque considere que algo está en juego. En la elección presidencial, Oaxaca será sólo una pieza más de las 32 que conformarán el rompecabezas electoral; y en lo que corresponde al Senado, y las diputaciones federales, parece que más bien hay un ejercicio en el que quienes resulten candidatos lo serán por exclusión, y no porque sean quienes representen los proyectos de mediano plazo de los grupos políticos.

DESINTERÉS

La última lucha será la del Congreso local, la cual a pesar de representar gran importancia para la gobernabilidad estatal, siempre ha sido la que menos interés despierta en los ciudadanos. Por todo eso, el ganador de fondo de esta elección será no quien manipule mejor los votos, sino quien demuestre que hizo algo para ganarle terreno a la apatía que domina a la mayoría de los electores frente a todos los partidos, todos los candidatos y, en general, frente a todo el escenario electoral actual.

Candidaturas independientes: sus condiciones deben seguir sujetas a debate

Conforme avanza el proceso electoral, vemos las dificultades con las que se han intentado materializar las candidaturas independientes. Aunque para la elección presidencial fueron alrededor de 40 personas las que lograron reunir los requisitos para poder ser reconocidas por la autoridad electoral como aspirantes a una candidatura independiente, lo cierto es que difícilmente habrá más de un candidato por esa vía. Se dice que hay requisitos inalcanzables, aunque también se han señalado algunas prácticas indebidas por parte de los propios aspirantes. En el fondo, lo único que beneficiará a la democracia en México es que aún con sus vicisitudes, las candidaturas independientes continúen sujetas al perfeccionamiento y al debate.

En efecto, de acuerdo con la legislación electoral actual —en la que fue anotado como un triunfo de la ciudadanía, el reconocimiento a las candidaturas independientes— cada uno de los aspirantes a una candidatura ciudadana debe acreditar alrededor de 980 mil firmas de personas inscritas en el padrón electoral, en por lo menos 17 entidades federativas. Quien logre tal hazaña, luego tendrá que hacer una campaña proselitista con recursos económicos provenientes del fondo público para la democracia meramente testimoniales, y por ende tendrá que hacerlo o a través de la caridad ciudadana, del apoyo de poderes fácticos, o del respaldo de organizaciones criminales —que luego buscarán cobrar sus dividendos en impunidad, corrupción o canonjías. No habrá más.

¿Cuál es el resultado? Lo preveíamos en esta columna desde octubre del año pasado (Ver Al Margen 18.10.2017): que de los cuarenta ciudadanos a los que el Instituto Nacional Electoral les reconoció la calidad de aspirantes a una candidatura independiente —por haber cubierto los requisitos iniciales para conseguir tal cuestión— sólo quienes estén verdaderamente aventajados política, social o económicamente podrán conseguirlo. Y que, aún, entre ellos habrá luego una depuración relacionada con su capacidad para financiar u organizar una campaña, o de poder abarcar las 32 entidades federativas con su labor proselitista.

Esto revela lo que ya es por casi todos conocido, pero paradójicamente poco reconocido: que en realidad, las candidaturas independientes fueron establecidas como una forma en la que la clase política mexicana decidió maquillarse de democrática e inclusiva, aunque en realidad no tenía ninguna intención de romper el esquema de los partidos, bajo el cual ellos tienen el monopolio del acceso al poder público. Fue, pues, la forma de cumplir con un requisito democrático, con una sentencia internacional, y con una exigencia social, pero sólo en las apariencias.

En los hechos, el régimen de partidos —que bien pudiera ser hoy denominado como “régimen de partidos hegemónicos”— nunca perdió la noción de cómo protegerse del escrutinio ciudadano y de la competencia basada en condiciones equitativas. Por eso, a los candidatos ciudadanos no sólo les estableció requisitos importantes de apoyo ciudadano comprobado —eso hasta parece no sólo aceptable sino necesario—, sino que sobre todo los marginó del presupuesto público para la financiación de sus campañas, una vez habiendo obtenido la candidatura en cuestión.

CRITERIOS EXCLUYENTES

Una de las cuestiones que tendrán que ser revisadas, a partir de precedentes jurisdiccionales que comienzan a surgir, es la posible inconstitucionalidad de ciertos requisitos que desalientan la posibilidad de las candidaturas independientes. Hay uno en concreto que deberá ser revisado a profundidad en los próximos años, para equilibrar esta figura incluso con la resistencia de la partidocracia, que se sigue resistiendo a perder el monopolio del acceso al poder público.

En esa lógica, la Sala Superior del Poder Judicial de la Federación emitió una sentencia relevante. De acuerdo con Arturo Espina Silis, la sentencia emitida en el SUP-JDC-1163/2017, en la que se resolvió la impugnación presentada por un ciudadano poblano que aspira a una candidatura independiente a la gubernatura; en la cual se inconformó contra los lineamientos para los aspirantes a las candidaturas independientes para el proceso electoral estatal ordinario 2017-2018 y la convocatoria para el registro de candidaturas independientes.

El actor alegaba que los requisitos exigidos para las candidaturas independientes resultaban excesivos y, por tanto, restringían desproporcionalmente su derecho a ser votado, por lo que solicitaba que se declararan inconstitucionales y por lo tanto no se aplicaran. Los requisitos cuya inconstitucionalidad se analizó eran dos:

  • No ser o haber sido militante, afiliado o su equivalente, de un partido político en los doce meses anteriores al día de la elección (artículo 201 bis, fracción I, del código electoral del estado de Puebla).
  • Obtener respaldo ciudadano equivalente al 3% del listado nominal de la entidad y que este se refleje en, al menos dos terceras partes de los municipios de la entidad, en los que en cada uno de ellos se obtengan al menos el 2% del listado nominal que corresponda (artículo 201 quater, fracción I, inciso a) del código electoral del estado de Puebla, reproducido en el numeral 15, inciso c), fracción i) de los Lineamientos y en la base quinta, inciso c), fracción I, de la Convocatoria).

Ambos requisitos fueron declarados inconstitucionales por la Sala Superior e inaplicados, la sentencia se votó por unanimidad. Pero, ¿cuáles fueron las razones que dieron los magistrados? Respecto del primero de los requisitos, señalaron que es válida la restricción temporal a los militantes partidistas para ser registrados como candidatos independientes, pues el acceso a las candidaturas independientes es una prerrogativa ciudadana, ya que una de las características de las candidaturas independientes es la desvinculación de los partidos políticos, pero consideraron que exigir a quien aspire a una candidatura independiente que se separe de su militancia o afiliación partidista doce meses antes de la elección es excesivo. Sobre del segundo de los requisitos cuestionados, los magistrados sostienen que es válido exigir un porcentaje de firmas respecto del listado nominal, sin que abunden respecto a si el 3% del listado nominal estatal es excesivo o no.

DEBATE ABIERTO

Esto debiera esperarse: un debate abierto y necesario sobre las condiciones para la obtención de candidaturas independientes, que al menos ahora se ven desiguales, desproporcionadas y en franca desventaja frente a los partidos políticos. Flexibilizarlas, significará hacer efectivo el derecho político a ser votado. Por eso, este debe ser el parte aguas de una discusión más de fondo.