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¿De verdad la Contraloría está preparada  para ser un mecanismo efectivo anticorrupción?

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Propios y extraños se alegran de que haya sido aprobado el andamiaje jurídico del Sistema Estatal de Combate a la Corrupción en Oaxaca, pero ahora falta verlo en funcionamiento. Así como se le tiene marcaje específico al nuevo funcionamiento de algunos órganos, y se tienen expectativas de cómo podrán funcionar otros, hay uno en particular que también debe ser señalado: la Contraloría. Si ésta llega a funcionar de verdad, muchas cosas se evitarán. El reto ahora en Oaxaca es que la Contraloría deje de ser de papel, y se convierta en un auténtico órgano interno de control para la administración pública estatal.

En efecto, las recién aprobadas leyes de Fiscalización Superior y del Tribunal Contencioso Administrativo, vienen a reforzar el funcionamiento de la Ley del Sistema Estatal de Combate a la Corrupción, porque juntas buscan reforzar las atribuciones de diversos órganos en la persecución de los actos indebidos. Se tiene la expectativa de que, por un lado, con las recientes reformas a esas dos leyes, tanto el nuevo Órgano Superior de Fiscalización, como el Tribunal Contencioso Administrativo, tengan las facultades suficientes para revisar, detectar, determinar y perseguir a quienes cometen actos de corrupción en ejercicios presentes y pasados.

Junto a ello se encuentra la expectativa del funcionamiento del Sistema Estatal de Combate a la Corrupción, el cual es un órgano que entrará en funciones luego de que se complete la integración de los comités encargados de su implementación. En éste último órgano existe una expectativa importante que, sin embargo, no pasa de ello, ya que nadie sabe —en Oaxaca, y en el país— si en realidad dicho órgano tendrá las capacidades que han sugerido quienes lo propusieron y lo impulsaron hasta convertirlo en ley.

Una de las herramientas que será importantísima para el funcionamiento de todo el sistema, y a la que se le ha puesto en realidad poca atención, es a la Plataforma Digital Estatal, que contendrá información concentrada de gran importancia para la ciudadanía, tales como el catálogo de empresas que proveen de bienes y servicios a los municipios y el gobierno estatal, así como también el registro público de las sanciones e inhabilitaciones que se impongan a dichas empresas cuando cometan algún acto indebido, y por ello queden impedidas para continuar proveyendo sus servicios al sector público.

En todo esto, es claro que uno de los temas más importantes —hasta ahora poco abordado— es lo que corresponde a la Contraloría. Tenemos por ejemplo en Oaxaca obras que han sido verdaderos elefantes blancos, y que se construyeron, validaron y entregaron a la vista de quien debería ser un órgano interno de control, y que no sólo no lo impidió, sino que incluso podría haber avalado esos actos indebidos.

Nos referimos específicamente a obras como el Centro de Iniciación Musical, que está cerrado porque la obra presenta diversas fallas de diseño y construcción que hacen imposible su puesta en operación; antes vimos cómo se construyó dos veces la velaria del Auditorio Guelaguetza; ahora, hemos visto cómo en Oaxaca se vive un verdadero drama por la enorme inversión que se encuentra paralizada respecto a la construcción del Sistema de Transporte Integrado —el coloquialmente conocido como metrobús—, que luego de más de dos años de construcción y cientos de millones de pesos invertidos, ahora se dice que no es funcional y que necesita más adecuaciones, más dinero público, y más tiempo de espera y trabajos de adecuación, para poder ser puesto en funcionamiento.

¿Qué pasa? ¿Por qué ocurren tantos casos como esos —en Oaxaca podríamos contar muchos más— sin que nadie ponga orden?

En muchos de esos casos, deberíamos voltear a ver a la Contraloría.

¿QUÉ CONTROLAN?

Un verdadero órgano interno de control debería no sólo ayudar a que los funcionarios cubran o corrijan las irregularidades que por cualquier causa cometen, sino sobre todo que impidan que éstas ocurran. Además, una verdadera Contraloría debería estar dedicada completamente a combatir la corrupción desde los actos mismos de la prestación de los servicios públicos, hasta en su vertiente más insignificante. Haciendo esto, lograría desde el primer momento cumplir con el objetivo de evitar la corrupción y la impunidad, que son los dos temas que más le preocupan a la ciudadanía.

¿Por qué no lo hacen? Es un asunto de diseño institucional pero, sobre todo, de voluntad. Tendrían que explicar, de entrada, por qué la Contraloría ha permitido que ocurran cientos de actos de corrupción a todas las escalas en temas tan visibles como la licitación, construcción y funcionamiento de obras públicas, o por qué no ha hecho lo suficiente para frenar y sancionar los actos de corrupción sin esperar a que las irregularidades que los ocasionan terminen siendo detectadas por el Órgano de Fiscalización y sancionadas por los tribunales jurisdiccionales.

En esa lógica, queda claro que la Secretaría de la Contraloría y Transparencia Gubernamental debería ser también parte de los cambios, y no sólo la voz que dicta —o intenta dictar, como ha sido hasta ahora— lo que todos los demás deben hacer, sin pasar ellos mismos por un proceso de auto revisión para establecer todo en lo que ellos deben cambiar.

Así, ¿de qué servirá que cambien todos los demás órganos si la Contraloría seguirá siendo la coladera —y no el filtro— por donde pasan muchos de los actos de corrupción que luego quién sabe si sean detectados y sancionados eficazmente en las instancias posteriores? Ahí existe un conjunto de elementos importantes que deberían ser también materia de revisión y de análisis, primero por parte del Ejecutivo, y luego también por parte de los diputados que dicen estar dispuestos a hacer todo lo necesario para poner en funcionamiento el sistema.

Si no lo hacen, entonces estarán alentando una política anticorrupción pero sólo en los términos de cuando se acepta la voluntad divina, pero sólo en los bueyes del compadre.

¿Y LAS SANCIONES?

Eso deberían preguntarse en casos como el del ex secretario de Gobierno, Alejandro Avilés Álvarez, y el escándalo por el uso indebido de un helicóptero por el que fue cesado. ¿El cese fue la sanción política? ¿Y la Contraloría, fue comparsa del teatro o de verdad hizo algo para castigar, en ese caso, el acto de corrupción e impedir la impunidad?

El Congreso consolida el Sistema de Combate a la Corrupción… pero ahora debe ganar credibilidad

 

 

Los diputados integrantes del Congreso del Estado finalmente se vieron obligados por las circunstancias para aprovechar la oportunidad de consolidar el andamiaje jurídico del Sistema Estatal de Combate a la Corrupción. Aunque con jaloneos y negociaciones de último momento, aprobaron las reformas constitucionales y reglamentarias que le dan fundamento al Sistema Estatal de Combate a la Corrupción. Ahora deben vencer las resistencias sociales a participar de dicho sistema.

En efecto, en una compleja sesión ordinaria realizada ayer en el Congreso del Estado, se cumplió, por un lado, el objetivo de lograr la armonización de la legislación local en materia de combate a la corrupción respecto a la federal, tanto en el ámbito constitucional como en varias de las leyes reglamentarias que debían ser reelaboradas, o reformadas, para estar acorde con el Sistema; y por el otro, lograr la reintegración de los dos órganos antes mencionados.

En primer término, al modificar el nombre de Auditoría Superior del Estado por el de Órgano Superior de Fiscalización del Estado de Oaxaca, los diputados de la LXIII Legislatura propiciaron la reconformación de dicho órgano; y, por el otro, algo similar ocurrió con el Tribunal Contencioso Administrativo y de Cuentas, al que nuevamente le devolvieron su autonomía —la cual había perdido en virtud de la reforma constitucional de abril de 2011 en el periodo de gobierno de Gabino Cué, que devolvió al entonces Tribunal Contencioso Administrativo al Poder Judicial del Estado— y decretaron su reintegración en un periodo relativamente corto de tiempo —treinta días a partir de la publicación y entrada en vigor del decreto.

En este caso, lo importante no fueron necesariamente las instituciones sino las personas. En esencia, parece un avance importante el hecho de que finalmente los diputados locales hayan vencido la resistencia a reintegrar a la Auditoría Superior y el Tribunal Contencioso Administrativo, aunque esto se relativiza ante la magnitud de los cambios institucionales que son necesarios a la luz de la inminente —pero hasta ahora poco atendida y, en términos de convocatoria, prácticamente desierta— puesta en marcha del Sistema Estatal de Combate a la Corrupción.

Es importante, sí, porque le darán salida a personajes como Carlos Altamirano Toledo, que nunca logró generar la certidumbre que era necesaria no sólo entre la clase política, sino entre la ciudadanía, de que en verdad era un servidor público autónomo y comprometido con sus funciones.

Esto porque tarde —cuando ya nadie le creía; después de años de permanecer escondido (literalmente) en las penumbras de su oficina; y luego de que él mismo se encargara de generar la apariencia de que no contaba con la fuerza física, moral y política para revisar las cuentas de quien lo había llevado a ese cargo desde su propio gabinete de gobierno—, Altamirano Toledo intentó generar —apenas hace tres semanas— la idea de que sí era un funcionario autónomo; que la institución que encabeza sí había logrado resultados tangibles y que sí sería capaz de perseguir a los corruptos. Lo hizo, pero siguiendo la pésima estrategia de ponerse a pelear con los diputados actuales, y evadir el tema de fondo que radicaba en cómo haría para perseguir a los funcionarios corruptos de Gabino Cué que cometieron actos indebidos en la administración pública estatal.

Por esa razón, si bien el tema del cambio de denominación e integración de la ASE sí es importante, lo habría sido mucho más que en el terreno de lo sustantivo los diputados hubieran logrado ir al fondo y calcular no sólo el tema político relacionado con las personas y los grupos, sino prestar la mayor atención posible para tomar las medidas que le dieran certidumbre a la ciudadanía sobre el funcionamiento del Sistema, para lograr su participación en el mismo.

FALTA MUCHO

Hay mucho trabajo legislativo aún. Los diputados lograron procesar el contenido de la Ley de Fiscalización Superior, de la Orgánica del Tribunal Contencioso Administrativo y de Cuentas; la Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos y a la Ley Orgánica del Poder Judicial del Estado; pero lo cierto es que faltaron algunas reformas al Código Penal del Estado; a la Ley Orgánica de la Fiscalía General; a la Ley del Sistema Estatal de Combate a la Corrupción; y varias otras que tendrían que ser reformadas. ¿Por qué no ocurrió?

Quizá porque hasta ahora los diputados asumen que esto puede ocurrir en un segundo momento, cuando pasen la presión del quebranto del plazo que ellos mismos se impusieron para la cumplimentación jurídica del Sistema Estatal de Combate a la Corrupción. Sin embargo, en el caso de las reformas al Código Penal, éstas resultan de la mayor importancia porque significan la evolución de los mecanismos para perseguir judicialmente a quienes cometan actos de corrupción tanto desde la esfera del sector público como en el ámbito privado cuando esto sea a través de sus relaciones con servidores públicos.

Y, de hecho, ahora lo más importante será que tanto los diputados como todos los que participan del Sistema Estatal de Combate a la Corrupción, logren vencer el recelo que tiene la ciudadanía sobre su propia participación en la conformación de los órganos que regirán este nuevo mecanismo.

La razón es comprensible: en innumerables casos, los ciudadanos han sido utilizados como arietes, o como comparsa, para legitimar procesos de selección de personajes afines a los partidos o al poder público. Ello ha pasado en innumerables ocasiones, y eso lleva a pensar que la (casi) declaratoria de deserción del Comité de Selección del Sistema Estatal de Combate a la Corrupción, tiene su origen en eso.

Por eso, si los diputados ya lograron procesar la parte más sustantiva del andamiaje jurídico, ahora deben generar certidumbre y confianza para que la gente participe. De nada servirá un sistema consolidado jurídicamente pero desierto en términos de confianza. Tienen el reto mayor de vencer los escollos que largamente se han ido fermentando desde el propio Congreso del Estado.

NUEVOS RETOS

Se vestirán mucho los diputados si logran —ahora sí— incorporar a las personas más preparadas en los cargos que a partir de hoy están vacantes. ¿Habrá forma de que no vuelvan a triunfar los compromisos y afanes políticos? Pronto lo veremos.

En Oaxaca, la aprobación del Sistema Estatal de Combate a la Corrupción, pone a los partidos frente al espejo

Este miércoles 30 de agosto se vence el plazo que los diputados de la LXIII Legislatura del Estado de Oaxaca se auto impusieron para aprobar todas las reformas que estaban pendientes para establecer el Sistema Estatal de Combate a la Corrupción. Aunque en el discurso todos aseguraron compromiso y voluntad por el establecimiento de un sistema eficaz y de avanzada, lo cierto es que ayer —cuando se encontraban en el umbral de la emisión de los correspondientes dictámenes— todos se pusieron frente al espejo y se asustaron con su propio reflejo.

En efecto, en el mes de mayo los diputados locales aprobaron la Ley del Sistema Estatal Anticorrupción, la cual establecía un artículo transitorio que establecía que a más tardar el último día del mes de julio se debían expedir las reformas, leyes y reglamentos, y realizar las adecuaciones normativas correspondientes, incluyendo una importante reforma a la Constitución del Estado para adecuar diversas instituciones a los parámetros establecidos en la Constitución federal, y para hacer más eficientes algunas normas relacionadas con el combate a la corrupción y la imposición de sanciones.

Como no hubo consensos en aquel primer plazo para realizar dichas adecuaciones —de hecho, en aquel momento nadie en el Congreso local, ni del lado del Ejecutivo, tenían una perspectiva de todo lo que debía ser reformado para la correcta implementación del Sistema—, en el mes de julio el Congreso se dio un nuevo plazo de otros 30 días para cumplir con ese Artículo Segundo Transitorio de la Ley del Sistema Estatal de Combate a la Corrupción.

Dicho plazo vence hoy miércoles, y por esa razón la tarde-noche de ayer había una especie de crisis moral y de identidad, en varias de las bancadas representadas en el Congreso, frente al dilema de apoyar o no el paquete de reformas finalmente propuesto por las Comisiones encargadas de elaborar los respectivos dictámenes, porque eso los podría hacer chocar con sus intereses meramente coyunturales, económicos o políticos. Así, al margen del resultado, la disyuntiva de ayer consistía en deponer los intereses en aras del compromiso de que impulsar un sistema eficaz, o sacrificarlo para no poner en riesgo sus propios intereses.

En el caso de la bancada priista había una resolución ya conocida en otras situaciones como éstas: ellos están dispuestos a impulsar las iniciativas enviadas por el Gobernador, independientemente de cuál sea su contenido. Lo anterior, a partir de una lógica explicable: el PRI se sabe dispuesto a impulsar un paquete de reformas que establezca el Sistema, aún cuando eso pudiera llegar a implicar que fueran otros diputados, gobernantes y ciudadanos, los que lo llegasen a optimizar.

Bajo esa perspectiva, al final los diputados del PRI parecen haber soslayado la posibilidad de haber realizado un verdadero trabajo legislativo en comisiones, para ceñirse a las iniciativas presentadas por el Ejecutivo, ya que eso implica un “avance” a secas, sin importar si es el máximo o mínimo posible. Esa lógica sirve, pues, para impulsar el cambio legal y dejar que sean otros los que lo implementen plenamente.

Esa postura, en términos simples, significa repudiar su compromiso institucional no sólo de establecer el sistema anticorrupción, sino de dotarlo de todos los elementos para hacerlo operante ahora, y no en el mediano plazo.

LOS DEMÁS TAMBIÉN SE ASUSTARON

La fracción parlamentaria del Partido de la Revolución Democrática, que encabeza el diputado Carol Antonio Altamirano, ha llegado al punto de la ignominia con tal de defender los intereses del auditor Carlos Altamirano Toledo, que a toda costa pretende permanecer en el cargo, y que es tío del antes mencionado jefe de la bancada perredista. Por esa situación, el diputado Carol ha excluido y marginado a la bancada de su partido de las negociaciones relacionadas con esta reforma, y en gran medida ha anclado todo el sistema al hecho de que le garanticen que su tío permanecerá como titular de la Auditoría Superior del Estado.

Por eso mismo, todavía ayer el diputado Carol intentaba frenar la posibilidad de que fuera aprobado el dictamen de la reforma constitucional que contiene la modificación del artículo 65-Bis, el cual se refiere a la integración y naturaleza jurídica de la Auditoría Superior del Estado, y que provocaría una reintegración del órgano de fiscalización superior, la cual Carol ha intentado atajar incluso a costa de dividir a su bancada y de generar un clima de enrarecimiento favorable a que no se modifique la Constitución. Ello, en términos simples, significa que Carol está boicoteando la implementación del Sistema Anticorrupción, con tal de defender a su pariente para que permanezca en la ASE.

De hecho, una de las políticas que Carol Antonio implementó de último momento fue la “pepena” de diputados de fracciones minoritarias para tratar de generar un bloque capaz de romper el número mágico de 28 votos que se necesitan para la aprobación de la reforma constitucional. Para eso encontró eco en algunas de las disidencias internas y mini fracciones del Congreso —PT, PAN, un pedazo del PRD y una parte de Morena— que ayer también intentaban hacer bloque para frenar la posibilidad de que esto avanzara. Quién sabe qué les prometió, o qué intentan negociar, pero lo cierto es que había un intento claro por hacer lo necesario para evitar que el PRI llegara a juntar los 28 votos necesarios para aprobar la reforma.

Al final, uno de los partidos que más enfrentará el dilema moral de impulsar o no el Sistema Anticorrupción, es Morena. Ellos han sido opositores sistemáticos al régimen bajo la justificación de que el régimen es corrupto. En un silogismo simple, la lógica tendría que llevarlos —llevarnos a todos— a pensar en que si ellos están en contra de la corrupción, entonces tendrían que apoyar el sistema de combate a la corrupción.

¿Cómo podrían no hacerlo? Igual que sus contrapartes del PRI, PAN, PRD, PT y demás partidos: repudiando sus propios argumentos y sus supuestas convicciones, para darle la espalda al Sistema y coronar algunos intereses específicos, como el que pretende que el Auditor no sea separado de sus funciones en fechas próximas, así como esa posición irreflexiva, irreductible y inexplicable de ir en contra de todo como norma de conducta, asemejándose más a quienes no tienen capacidad de discernimiento que a quienes tienen —como ellos creen ser— dicen tener conciencia crítica.

DÍA CRUCIAL

Todo se verá en la sesión de hoy. Si posponen la votación de los dictámenes habrá quedado claro que no tienen compromiso con el combate a la corrupción, y con sus propias afirmaciones. Si votan las reformas pero de forma parcial, será una demostración más de simulación. Es muy probable que algo de esto suceda. Ojalá estemos equivocados.

Algunas lecciones de la crisis de la basura en Oaxaca

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Más allá de quién sea el o los responsables directos por la actual crisis de la basura en la capital oaxaqueña, todos deberíamos reflexionar en algunos puntos que son indispensables de cara a la pestilencia y el foco de infección en el que está convertida nuestra ciudad. Al final, resulta que además de la autoridad, los propios ciudadanos somos corresponsables de este enorme problema. Veamos.

  1. La autoridad federal. Desde hace más de una década, la autoridad federal —Semarnat, Profepa y demás— ha sido incapaz de establecer una política concreta respecto al manejo de los residuos. Concretamente, las autoridades federales han lidiado desde hace varios años con el uso del tiradero ubicado en terrenos de la Villa de Zaachila, pero que pertenecen al Ayuntamiento de Oaxaca de Juárez. Han intentado multar, clausurar y revisar las condiciones de ese enorme depósito a cielo abierto, aunque en realidad lo único que han logrado es dilatar las soluciones de fondo y permitir con ello que el ayuntamiento citadino, y los demás que se benefician de la existencia del tiradero, lo sigan utilizando con amplios márgenes de maniobra.
  2. El gobierno de Oaxaca, en general. Hoy que es lacerante el problema de la basura, han salido a relucir incontables historias de cómo desde hace doce, quince, veinte años, o más, empresas de diversas procedencias nacionales y extranjeras, intentaron diagnosticar el problema y ofrecer soluciones, sin que ninguna haya aterrizado en algo concreto. Nadie sabe las razones concretas, pero se habla de distintos proyectos de aprovechamiento de los residuos, plantas de reciclaje, rellenos sanitarios y demás, que hoy son algo así como pequeñas grandes leyendas urbanas que sólo revelan que, o hubo intereses para no solucionar este problema de fondo desde hace años, o hubo demasiada indolencia por parte de las sucesivas autoridades que decidieron no darle seguimiento a este tema.
  3. El gobierno de Oaxaca, en particular. Hoy queda claro que el extinto Instituto Estatal de Ecología, hoy convertido en Secretaría de Medio Ambiente, Energías y Desarrollo Sustentable, han servido para nada. Aquel Instituto nunca fue capaz de establecer criterios concretos para el uso y aprovechamiento del tiradero, y hoy —al menos en el terreno de las apariencias— a muchos parece quedarles claro que la evolución del Instituto a Secretaría ha sido en vano. Esto delinea el pésimo arranque que, accidental o deliberadamente, ha tenido el titular de la Semaedeso, José Luis Calvo Ziga —y de la dependencia misma, ahora que es Secretaría—, que con temas como la abrogación indebida del Programa de Ordenamiento Ecológico Regional del Territorio del Estado de Oaxaca, y este de los desechos, deja una percepción de inoperancia, incapacidad e ignorancia sobre los temas delicados de competencia de la dependencia que encabeza, que incluso hace pensar en la inviabilidad de haber elevado a Secretaría un Instituto que antes no servía, y hoy tampoco. Sea cierto o no, las calles rebozadas de basura, así lo indican.

¿Y LA CIUDADANÍA?

  1. El Ayuntamiento citadino. ¿Alguien puede dar por hecho que en realidad el ayuntamiento que encabeza José Antonio Hernández Fraguas no sabía que algo así podría ocurrir? ¿Alguien puede aceptar que entre sus escenarios críticos posibles no estaba el de un nuevo cierre del basurero, independientemente de cuál fuera la causa? Lo cierto es que durante todos los días, o semanas, que lleva esta crisis de la basura —porque no es algo que haya comenzado ayer o antier—, el Ayuntamiento de Oaxaca de Juárez se ha visto lento, rebasado e indefenso frente a uno de sus problemas que debían ser de los más estudiados y de resolución básica frente a una contingencia. Pero igual que como ocurrió a principios de junio cuando comenzaron los problemas entre el Frente Popular 14 de Junio y los habitantes de la Agencia Municipal Vicente Guerrero y la colonia González Guardado, de nuevo el Ayuntamiento se vio asaltado por la situación, e inmóvil e arrinconado ante la situación. Hoy, de nuevo, la capital lleva una semana convertida en un muladar, y hasta ahora las medidas impulsadas por el Ayuntamiento que encabeza Hernández Fraguas se ven tibias, insuficientes y más propias de un programa de prevención, que de una situación de emergencia y contingencia como la que se vive hoy por el foco de infección que, en general, han terminado siendo amplias zonas de la capital oaxaqueña.
  2. La ciudadanía. ¿Por qué no señalarnos nosotros mismos? En general, como ciudadanos, hemos demostrado un profundo egoísmo con nuestra ciudad y con nuestros semejantes. La generalidad de las personas ha optado por sacar sus bolsas de basura a las calles, como si con eso se pudiera resolver al menos de forma parcial el problema. Lo hacen, según ellos, para evitar la pestilencia y los riesgos sanitarios dentro de sus domicilios o comercios, pero sólo trasladan el problema a la vía pública, en donde se combina con otras amenazas ya también bastante conocidas. Así, la ciudadanía oaxaqueña en general no sólo no se puede sustraer del problema por el que acusa a las autoridades, sino que incluso hoy resulta ser una parte muy importante de él.

FALLAS CULTURALES

Incluso se debería ver con un poco de autocrítica la magnitud en la que ha fallado la cultura de la prevención, el reciclaje y hasta de la separación de la basura. ¿Cuánto dinero se supone que ha invertido el gobierno en esas campañas, durante años? Hoy queda claro que todo eso no ha servido de nada, porque salvo contadísimas excepciones, la gente no recicla, no separa sus desechos y no maneja responsablemente los desechos. No lo hace, dicen muchos, porque la autoridad tampoco lo ha procurado. Y de ese círculo vicioso, como siempre, los perjudicados somos todos en estos momentos de crisis. Increíble, pero cierto.

El peligroso juego del ‘bueno y el malo’ que la Federación y Oaxaca juegan con la Sección 22

 

Parece que, en lo que llega 2018, el gobierno federal y el de Oaxaca impulsan un perverso doble juego del bueno y el malo, para la implementación gradual de la reforma educativa. Lo que más llama la atención, es que la propia Sección 22 del SNTE ha permitido y alentado ese juego. Por eso, mientras llegan los tiempos electorales, todos simulan hasta donde sea necesario para mantenerse políticamente vivos.

En efecto, varias son las coordenadas que deben considerarse respecto a la relación actual de la Sección 22 con los gobiernos federal y de Oaxaca. Por un lado, el magisterio democrático oaxaqueño ha mantenido su política de hacerse presentes entre los oaxaqueños, pero sin incrementar la intensidad de sus acciones. Ello quedó claro durante todo el mes de agosto, en el que integrantes de la Sección 22, y de las organizaciones de normalistas, se movilizaron casi de manera permanente en la capital oaxaqueña pero sin intensificar sus acciones.

¿Qué buscaban? Evidentemente, lo único que querían conseguir —y vaya que lo lograron— fue que el gobierno y la ciudadanía oaxaqueña tuvieran bien presente que ellos estaban ahí, y que había pendiente de resolver —como desde hace 37 años— un enorme pliego de demandas del que son responsables, según su lógica, los gobiernos federal y oaxaqueño.

Por esa razón, la Sección 22 se movilizó durante todos los días en que ocurrieron las fiestas de los Lunes del Cerro, y continuó haciéndolo cotidianamente a lo largo de todo el mes de agosto en la capital y en el interior del estado. En el fondo, la Sección 22 nunca quiso movilizarse de manera masiva y contundente, como sí lo hacen cuando tienen en la mira objetivos importantes. Más bien, lo que trataban de hacer era incrustar su presencia en los momentos importantes de la vida cotidiana de los oaxaqueños, incluyendo incluso el tema del no regreso a clases, que pusieron en entredicho aunque luego lo desecharon. Así, todas sus movilizaciones fueron más bien testimoniales y para hacer “presencia de marca” aunque sin ninguna intención concreta, a pesar de que sí había temas importantes en su agenda política.

De hecho, uno de sus temas más relevantes, por el que sí pudieron haber emprendido una manifestación masiva, fue el de la realización de un nuevo examen de evaluación y selección de personal por parte del Servicio Profesional Docente. Durante los meses previos hubo un nuevo proceso de selección y en este mes que termina se entregaron poco más de 360 nuevas plazas de maestro en la entidad.

Por eso, frente a eso que sí podría ser considerado como una afrenta para los intereses del sindicato magisterial, la 22 decidió hacer también movilizaciones testimoniales pero ninguna acción contundente. Queda claro, pues, que ellos también están jugando con sus tiempos, y que buscarán presionar al gobierno cuando sea estrictamente necesario. Pero no ahora.

Pues en realidad, con esas movilizaciones pareciera que la Sección 22 está evadiendo la evaluación de fondo de su propio desempeño, y de sus logros. No olvidemos que las bases magisteriales están compuestas por sectores moderados y radicales. Los primeros son los que impulsan estas movilizaciones representativas, para que los segundos no tengan razones para acusarlos de entreguistas, gobiernistas, revisionistas.

Al final, con eso, todos juntos evaden la posibilidad de pasar por una revisión de fondo a sus métodos de lucha y resultados contra la reforma educativa. En esa evaluación, evidentemente, saldrían reprobados tanto la dirigencia actual, como la previa, ante el lento pero inminente avance de la reforma educativa.

EL BUENO Y EL MALO

En todo esto, parece que el gobierno federal, y el de Oaxaca, siguen jugando al bueno y al malo. ¿La razón? Porque mientras uno parece ceder, el otro aprieta irremediablemente. Pues por un lado, el gobierno de Oaxaca ha seguido avanzando en el diálogo que mantiene con la Coordinadora y la Sección 22, el cual tiene como telón de fondo la promesa de impulsar un proceso de gobierno “bilateral” con el magisterio en materia educativa. Esa promesa se ha visto cristalizada en ciertas canonjías que el gobierno estatal le ha permitido a la 22, pero que no alcanzan —y no ojalá no lo hagan— en lo que corresponde a la administración de la educación básica, media básica y media superior que está bajo la influencia de la Sección 22.

Así, mientras el gobierno de Oaxaca parece decidido a cogobernar con la 22, cuando menos en el papel, el gobierno federal ha ido avanzando en una lógica distinta. Ellos se han dedicado a implementar silenciosamente algunos aspectos de la reforma educativa que la Sección 22 se resiste a reconocer.

En noviembre de 2015 realizaron su primer proceso de evaluación docente, y éste ocurrió en medio de un enfrentamiento en las inmediaciones de Ciudad Administrativa. Las posteriores se han realizado en otras entidades y a través de operaciones más discretas. La realidad apunta a que aún con la resistencia aparente del magisterio, de todos modos se han ido realizando los procesos de selección y que cada vez se aceptan más las condiciones de la reforma educativa por parte de los mismos trabajadores de la educación.

A estas alturas, el riesgo que existe es que, por un lado, la federación “suelte” el proceso lento pero constante que lleva con la reforma educativa gracias a una eventual candidatura presidencial de Aurelio Nuño por el PRI —cuestión que como apuntamos en este espacio el lunes 14 de agosto, pavimentaría la cuenca del descontento que sería la región sureste del país por la influencia de la Coordinadora, y su resistencia a la reforma educativa de la que el propio Nuño es insignia—; y que, por el otro lado, las propias circunstancias políticas llevaran al gobierno estatal a ceder en su promesa —demagógica— de la “bilateralidad” en el cogobierno con la Sección 22, no sólo en materia educativa sino también en lo que se refiere a la gobernabilidad, ya que en Oaxaca la 22 es un factor indispensable también en ese aspecto.

Al final, mientras no termine el doble juego y se administre correctamente, parece ser benéfico para todos —incluso para la 22, en el corto y mediano plazo. Ese equilibrio se romperá a finales del año, cuando México se inunde por la elección presidencial. Para comprobarlo, es sólo cuestión de esperar.

EGOÍSMO

El que tiene mucha gente con su ciudad: Oaxaca está hecha un enorme muladar, y la gente saca su basura a la calle para que se pudra ahí, y no en su casa. Bien: que afecte a otros, mientras no sean ellos. Qué gran acto de “solidaridad”.

Con sus “recontrataciones”, los consejeros del IEEPCO dan la pauta para que de nuevo los traten como menores de edad

Es un secreto a voces que los integrantes del Consejo General del Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana de Oaxaca, alcanzaron un acuerdo para que los consejeros que están próximos a dejar sus cargos, sean recontratados ahora en el área técnica del órgano electoral. Además de ser una maniobra de reciclaje, contraria a las razones por las que la ley establece una temporalidad específica para esos cargos, de nuevo los integrantes del IEEPCO hacen todo para exhibirse como los irresponsables menores de edad que la federación quiere, para terminar de liquidar a los órganos electorales locales.

En efecto, dentro de 36 días —el próximo 30 de septiembre— concluye el periodo para el que fueron electos como integrantes del Consejo General Nora Hilda Urdiales Sánchez, Elizabeth Bautista Velasco y Uriel Pérez García. Desde hace algunos días, comenzó a circular una versión relativa a que por un acuerdo entre consejeros electorales, se había determinado que una vez concluido el periodo de las tres personas antes mencionadas, éstas habrían de mantenerse en los trabajos del Instituto, pero ahora en el área de las Direcciones Ejecutivas, las cuales se encuentran bajo la potestad del Consejero Presidente. Es decir, dejarían de ser consejeros para convertirse en titulares de algunas de las áreas técnicas o administrativas del Instituto.

Esto irremediablemente generó molestia e inconformidad entre los trabajadores del Instituto, y entre todos los que tienen que ver con su función como órgano electoral, por una razón inicial: desde hace algún tiempo, se tiene noticia de que el IEEPCO atraviesa por una especie de depuración de su personal, al cual paulatinamente han ido despidiendo o disminuyendo salarios a partir de razones aparentemente relacionadas con el servicio profesional electoral, pero también con carencias económicas. En esa lógica, afirman que sería un contrasentido despedir personal técnico bajo esos argumentos, y al mismo tiempo reciclar a ex consejeros que, por la propia naturaleza del cargo desempeñado, tendrían que buscar nuevos derroteros en esas u otras áreas relacionadas con la materia electoral.

Ante estas versiones, el consejero Uriel Pérez García salió al paso pero sólo para confirmar sus aspiraciones de mantenerse en la estructura del IEEPCO. De hecho, Pérez García negó pretender ser designado como Director Ejecutivo de Sistemas Normativos Indígenas del IEEPCO. “No tengo esa intención”, le dijo a la periodista Rosy Ramales, y explicó que por el momento está enfocado en desempeñar su función como integrante del Consejo General del Instituto. Pérez García precisó que la Ley Electoral no prohíbe que cuando un consejero electoral concluya su periodo pueda ser designado como Director Ejecutivo del IEEPCO, pues solamente existe prohibición para ocupar un cargo público dentro de los órganos de gobierno en cuya elección de sus integrantes participó como autoridad electoral.

No obstante, reconoció que no descarta la posibilidad de incorporarse a su puesto de coordinador que tenía, desempeñando en sí la función de asesor en el IEEPCO (en el periodo del consejero presidente Alberto Alonso Criollo); cargo al cual, precisó, solicitó licencia por tiempo indefinido cuando asumió la función de consejero electoral del Consejo General. A pregunta expresa, dijo que su contrato es por tiempo indeterminado y que habría que revisar si debe entrar o no vía el Servicio Profesional Electoral Nacional en su rama local.

Es decir, que por lo menos él sí desea continuar dentro del IEEPCO.

RECICLAJE

El IEEPCO carece de la reglamentación necesaria para realizar con total transparencia y legitimidad, la designación de todos los integrantes de las Direcciones Ejecutivas. El Consejero Presidente tiene las facultades más importantes en cuanto a la designación de los titulares de esas áreas, aún cuando la propia ley establece que para tal efecto deberá haber un proceso de selección, que no está desarrollado ni reglamentado. Por eso, no sería extraño que por acuerdos internos, los integrantes actuales del Consejo General pudieran haber pactado la recontratación de los consejeros salientes.

Ello constituye un problema que deberían reflexionar con mayor profundidad, más allá de la oportunidad que significa el no quedarse desempleados. La Constitución y la ley establecieron la temporalidad en el cargo de consejero electoral, por la misma razón por la que todos los empleos públicos son temporales: para evitar que la perpetuación en las responsabilidades públicas se convierta en un lastre y en una amenaza para el correcto cumplimiento de la ley y los fines para los que fueron designados.

Por eso, al haber la posibilidad de brincarse esas consideraciones deontológicas, y asumir que pueden únicamente pasar por la puerta giratoria para volver a entrar inmediatamente a las responsabilidades electorales institucionales, en realidad los consejeros que pudieran estar considerando esta posibilidad, están convirtiéndose no en un activo, sino en una amenaza para la ya de por sí desgastada credibilidad de los órganos electorales en general. No es un asunto tan sencillo de legalidad pura como lo están tratando de hacer ver, pues eso en realidad implica seguir presionando al órgano electoral para que sea éste quien pague los costos sociales y políticos de no dejar sin empleo a sus ex consejeros.

Otro de los mayores problemas que quizá no ven, es que todos aquellos que impulsaron reformas recentralizadoras de funciones, como la electoral que dejó bajo la potestad del INE a todos los órganos electorales del país, en realidad están ávidos de que maniobras como estas se realicen, para que luego puedan decir con bases que le seguirán restando importancia y facultades a los órganos electorales locales por su incapacidad para conducirse no sólo con legalidad, sino con legitimidad y responsabilidad en sus funciones y límites legales y éticos.

Por eso, tanto los consejeros que se quedan, como los que se van, deben considerar con mayor serenidad todo lo que implica esta decisión que estarían ya en vías de tomar.

TRÁGICO TRANSPORTE

La semana pasada el titular de Sevitra, Francisco García López reconoció que por lo menos durante este año no entrará en funciones el sistema Sitibus. Antes había dicho que no autorizarían un incremento a la tarifa del transporte. Ahora dice que sí, pero que están valorando de cuánto sería el alza. ¿A poco no esto parece ya un cuento de terror?

Con el PED en entredicho, queda demostrado que el gobierno de Oaxaca no aprende de sus errores

 

El gobierno y el Congreso de Oaxaca deberían aprender la dura lección que les dejó la aprobación ilegal del Plan Estatal de Desarrollo 2016-2022. No se trata sólo de que hayan violado la Constitución y la ley, y que todo lo hayan dejado al arbitrio de la convalidación mutua de sus respectivos actos, sino de que ahora sí tomaran las medidas necesarias para que esto no vuelva a ocurrir. Es un idealismo porque algo como tal, no va a ocurrir.

En efecto, el pasado 21 de agosto el gobernador Alejandro Murat presentó formalmente el Plan Estatal de Desarrollo, que la semana pasada aprobó el Congreso luego de más de dos meses de entrampamiento. La razón por la que el documento estuvo trabado en el Poder Legislativo, consistió básicamente en que los diputados ni pudieron procesar e tiempo y forma la aprobación del documento, ni tampoco pudieron formular un documento consistente de observaciones para que las considerara el Ejecutivo para una posible reelaboración del Plan, o su eventual confirmación como su propuesta final. Nada de eso ocurrió, y ahí comenzaron los problemas.

¿Por qué? Porque, para justificarse, en el Congreso comenzaron a esgrimir argumentos pueriles. El más “consistente” de ellos fue el del diputado Carol Antonio Altamirano, que sin empachos aseguraba que al margen de lo que dijera la Ley Estatal de Planeación sobre los mecanismos, plazos y participación de los poderes Legislativo y Ejecutivo en la aprobación del PED, de todos modos el Congreso tenía a salvo y vigente su facultad de aprobar el Plan porque ésta era —decía— una facultad expresa del Congreso, reconocida por el artículo 59 constitucional.

Otros diputados y fracciones sostenían lo contrario: que lo correcto era apegarse a la Ley de Planeación, que decía que si en un plazo de sesenta días naturales el Legislativo no aprobaba el Plan ni le entregaba un acuerdo con sus observaciones al Ejecutivo, entonces éste último podía mandar a publicar el documento en el Periódico Oficial, y considerar que el silencio del Legislativo se traducía en su convalidación. Así lo dice el artículo 34 vigente de la Ley de Planeación.

No hubo un acuerdo, pero sí había una ventaja: la Comisión que se quedó con el trabajo de dictaminación del Plan, pertenece a la corriente que defendía el diputado Antonio Altamirano. Desde ahí aprovecharon la circunstancia de que el Gobernador prefirió que aunque fuera a destiempo, y quizá por una cuestión de formalidad y de legitimidad, el Congreso cumpliera con la aprobación del documento. Al final, por acción u omisión —del Congreso y del Gobernador, respectivamente— decidieron que esa sería la ruta del Plan aún cuando esto significaba un conjunto de ilegalidades que —seguramente también todos pactaron— nadie objetaría.

Esto porque de todos modos el Congreso aprobó el Plan aún cuando ya no tenía la facultad para hacerlo derivado del plazo. Porque, además, el Gobernador no mandó a publicar el Plan cuando ya tenía facultad para hacerlo —también en virtud de los plazos vencidos— y decidió no hacer nada hasta que el Plan fuera procesado en el Poder Legislativo.

En el fondo, prevaleció el argumento equivocado —y hasta ofensivo, jurídicamente hablando— del diputado Carol Antonio, en el sentido de que el Congreso podía aprobar el PED porque la Ley de Planeación estaba “desfasada”; y también prevaleció la idea de que puede más un criterio político que el cumplimiento de la ley.

Lo más grave, es que al margen de cómo haya sido, Oaxaca ya tiene Plan Estatal de Desarrollo… pero seguramente ya nadie se acordará —ni invertirá tiempo o capital político— en la necesaria corrección o adecuación al marco jurídico que juntos pisotearon.

NO APRENDEN

De haber la posibilidad de que aprendieran de sus errores, ahora el Congreso y el Gobernador tendrían que, o reformar la Constitución, o derogar varias disposiciones de la Ley Estatal de Planeación, en aras de que esto no volviera a ocurrir. No lo harán. Sin embargo, este es el embrollo legal que, de haber responsabilidad, tendrían que abordar.

Veamos. El artículo 20 constitucional establece no sólo la necesidad de que cada administración del gobierno estatal elabore su Plan Estatal de Desarrollo, sino que establece la necesidad de existencia de todo un Sistema Estatal de Planeación para el Desarrollo que, en efecto, se encuentra bajo la responsabilidad del Poder Ejecutivo, pero sobre el que la Constitución también le concede participación al Poder Legislativo en temas justamente como la aprobación del plan, con sujeción “a lo que disponga la ley”, dice el último párrafo de dicho documento.

¿Qué significa ese último enunciado? En términos simples, significa que el Congreso no tiene una participación abierta o ajena a la ley, sino que esa intervención se encuentra delineada por lo que diga la Constitución y la norma reglamentaria aplicable, que en este caso es la Ley Estatal de Planeación. Por esa razón, cuando el artículo 34 dice que si el Legislativo no hace observaciones formales al documento del Plan entregado por el Ejecutivo, éste tiene la facultad de mandarlo a publicar, al considerar la propia ley que el silencio del Legislativo equivale a una afirmativa ficta o, lo que es lo mismo, una convalidación por no objeción.

Por eso, o el Congreso le quita al Ejecutivo la posibilidad de que exista una afirmativa ficta —y en corresponsabilidad se quita también la facultad de formular observaciones al Plan—, o mejor debería reformar el artículo 20 para que la elaboración e implementación del Plan sea una facultad lisa y llana del Ejecutivo. Una tercera posibilidad radicaría en únicamente reafirmar la facultad del Legislativo de autorizar el Plan a través de una facultad incontestable, aunque esto generaría un escenario de rompimiento al sistema de frenos y contrapesos prevenido en nuestro orden jurídico.

TORMENTO CONSTITUCIONAL

El problema es que nada de esto ocurrirá. ¿Qué es lo previsible? Que todos se olviden del tema, y le hereden a la siguiente administración este supuesto. Ello habrá significado, y así será, que nadie aprendió de los errores, y que todos prefirieron darle tormento —del malo— a la Constitución.

¿Habrán escuchado en Segego el compromiso del Gobernador, de rescatar la UABJO?

Durante el evento conmemorativo del 25 aniversario de la Sedesol en Oaxaca, el gobernador Alejandro Murat se comprometió a hacer lo necesario para concretar la reestructura administrativa de la UABJO, y devolverla a los primeros lugares en el ranking de las universidades públicas en México. Este anuncio deberá hacer eco en varias dependencias, comenzando por la Secretaría General de Gobierno, que insisten en mantener los cacicazgos universitarios que quieren todo, menos que la promesa del Gobernador se cumpla.

En efecto, el gobernador Alejandro Murat anunció que hace unas semanas se reunió con representantes de los seis sindicatos de la UABJO que, encabezados por el rector Eduardo Bautista, le plantearon una reestructura administrativa de la institución. El Gobernador dijo que esta reestructuración fue aceptada por todas las fuerzas sindicales que confluyen en la Máxima Casa de Estudios, y que él como Gobernador del estado se declaró dispuesto a entrarle juntos para resolver los problemas, y a devolver a la UABJO al primer lugar de importancia en el país.

Este compromiso del Gobernador es importante y, según lo que parece, es resultado de un primer consenso entre todos los grupos universitarios de relevancia, comenzando por el propio rector Eduardo Bautista Martínez. Es evidente que si el Gobernador de verdad quiere entrarle a resolver el largo y complejo conflicto universitario, lo primero que debe hacer es impulsar un pacto social, político y académico de la mayor relevancia, para que todos cedan algo en aras de rescatar la Universidad.

¿En qué temas, todos deberían ceder? Deberían ceder, de entrada, en la derogación del voto universal como mecanismo de elección de su Rector, y de los Directores de las Escuelas y Facultades de la Máxima Casa de Estudios; deberían también ceder, para lograr el establecimiento de una reforma administrativa profunda que termine con el enorme desorden administrativo con el que las escuelas universitarias administran buena parte de los recursos con discrecionalidad y opacidad; tendrían que ir también a una reforma profunda a su sistema de pensiones y a los privilegios que, como trabajadores y académicos de la universidad, han ganado a través de sus sindicatos.

Y también, como remedio contra el porrismo, deberían eliminar la laxitud en los requisitos de ingreso y permanencia de los alumnos, para evitar la muy conocida fosilización de estudiantes y la pervivencia de ‘oyentes’ que tienen años rondando la Universidad pero sin ningún propósito académico, sino más bien para hacer cualquier cantidad de negocios a partir de las necesidades de los universitarios.

Esos son sólo algunos de los temas en los que debería ya existir un consenso mínimo para el rescate de la universidad. Esto pasa, además, por la necesidad de que el actual Rector, y los subsiguientes, no pretendan seguir tomando a la Universidad como un escaparate de ambiciones políticas, ni como plataforma electoral.

Lo hemos dicho en este espacio, y lo reafirmamos: uno de los mayores daños que le han provocado a la política universitaria actual, se lo hizo Francisco Martínez Neri al “demostrar” —es un decir— que después del rectorado hay futuro en la política estatal. Esto porque, además de querer convertirse en dueños de la Universidad, la familia real del también ex rector Eduardo Martínez Helmes ahora quiere incursionar en la política estatal, utilizando a la UABJO —o queriendo utilizarla— como plataforma electoral para convertirse, según sus cálculos, por lo menos en diputado federal por Morena.

¿QUIÉNES NO QUIEREN EL RESCATE UNIVERSITARIO?

Esa pregunta deberían hacérsela a varios funcionarios de la administración estatal, que siguen seducidos con la posibilidad de tener injerencia en la vida universitaria. Uno de ellos es el Secretario General de Gobierno, Héctor Anuar Mafud Mafud que hoy en día hace todo para que ninguno de los factores universitarios opaque el brillo del jefe de la ‘familia real’, Abraham Martínez Alavés, y sus hijos.

¿Qué busca don Abraham? Evidentemente, con su anquilosado discurso sobre la defensa de la vida académica de la Universidad, pero con sus hechos —en los que ha demostrado una enorme proclividad por el porrismo y por los métodos violentos de preservación de sus dominios universitarios—, ha demostrado que en realidad no busca otra cosa sino la conservación de su cacicazgo universitario basado justamente en los privilegios, o en la violencia.

A sus hijos, y a sus protegidos, los ha coronado no sólo con cargos en la administración universitaria, sino también con acciones que dañan mucho más el futuro de la Máxima Casa de Estudios. Pues por años, Abraham Martínez y su grupo han mantenido su poder con base en el otorgamiento discrecional de plazas, horas/clase, tiempos completos, y un sinfín de cargos que han servido para mantener aceitada su influencia. A sus favoritos, y a sus parientes, además, los ha hecho directores, coordinadores y funcionarios universitarios, y todo lo ha hecho al margen de cualquier otra explicación racional, que no sea la de la conservación de sus cotos políticos.

¿Qué han hecho en la Segego, tanto en la pasada administración como en la actualidad? Proteger abierta y denodadamente el poder y el cacicazgo ominoso de los Martínez Helmes. Han cerrado los ojos a los conocidos actos de corrupción cometidos durante el rectorado de Eduardo Martínez; intentan, desde el gobierno, apagar las expresiones de inconformidad y disidencia al poder de los Martínez; y no sólo no cuestionan, sino que privilegian, la preservación del poder de Abraham Martínez, como si fuera él, y no el consenso universitario, el único y verdadero factor de gobernabilidad de la Máxima Casa de Estudios.

Al final, por eso algunos funcionarios deberían escuchar y atender con atención lo que dice el Gobernador. Si Alejandro Murat quiere contribuir al rescate de la Universidad, primero debe meter orden en los funcionarios e instituciones estatales que están haciendo todo para remozarle el abollado trono de cacique a Abraham Martínez Alavés.

ROMPIERON LA LEY

Aquí dijimos el viernes 4 de agosto que, en cualquier escenario, para la aprobación del PED los diputados terminarían violando la ley. Hubo quien se escandalizó, pero al final ocurrió tal cual. Ya luego tendrán tiempo para corroborar, en tiempo real, las deficiencias de ese documento. Una verdadera lástima para Oaxaca.

Por inanición mutua, sí sería necesaria una coalición PAN-PRD en Oaxaca

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Hay quienes apuntan que, para los comicios federales del año próximo, la posibilidad de una coalición PAN-PRD resulta cada vez más lejana. En Oaxaca, el escenario ideal sería que, tanto para los comicios locales como para los cargos federales de elección popular, sí hubiera una coalición de esas dos fuerzas políticas. Pero no. La razón no está en sus posibilidades de triunfo, sino justamente en el estado crítico en que se encuentran ambos partidos. Tendrían que ir juntos no para ganar, sino para no ser arrasados.

En efecto, en el ámbito nacional han discutido ampliamente la posibilidad de una alianza entre el Partido Acción Nacional y el de la Revolución Democrática, como un mecanismo para formar un frente que pudiera competirle, por un lado, al PRI del presidente Enrique Peña Nieto, y por el otro a Morena de Andrés Manuel López Obrador.

Aunque inicialmente pareció una idea interesante, lo cierto es que las desavenencias internas tanto en el PAN como en el PRD, y las desbordantes aspiraciones electorales de sus respectivos dirigentes —con todo el rejuego negativo que eso implica para sus militancias, que hoy reclaman inequidad, ilegitimidad y ventajas en sus procesos internos—, tienen al borde del abismo dicho acuerdo y, de hecho, no se le ven más que dos o tres meses más de vida como idea, y sólo unos días como una posibilidad tangible.

En el ámbito nacional el problema para el PAN y el PRD es compartido: ambos tuvieron un desempeño y resultados ampliamente negativos en su último ejercicio electoral —la elección de Gobernador en el Estado de México— y ambos enfrentan problemas internos bastante complejos: Alejandra Barrales tendrá que dejar el cargo dentro de unas semanas, y la mayoría de las tribus perredistas —las que quedan— están tratando de construir una nueva dirigencia nacional de transición, en tanto se define la candidatura presidencial y los respectivos procesos en las entidades federativas, para postergar hasta 2018 la elección de su dirigencia definitiva.

En el PAN las cosas están peor: Ricardo Anaya es abiertamente un aspirante presidencial, pero se enfrenta a la resistencia, por un lado, de Margarita Zavala y Rafael Moreno Valle, y por el otro, al núcleo duro del panismo que, desde la región del Bajío, intenta generar una tercera vía que pueda quedarse con la candidatura presidencial de ese partido. En este último sector están trabajando todos los panistas identificados con el yunque, y con los sectores conservadores más radicales de ese partido, entre los que se encuentran varios ex gobernadores panistas, y el mismo ex presidente Vicente Fox. Ante ese panorama, queda claro que la batalla al interior del PAN será feroz, y que muy probablemente no tenga un resultado constructivo para nadie.

¿Todo esto es premonitorio para Oaxaca? Parece que, por algunas razones, sí. Veamos.

ESCENARIOS DEVASTADOS

En Oaxaca, el PAN y el PRD están devastados por los intentos —logrados o no— de colonización por parte del nuevo régimen. En el caso del PRD, hace apenas unos meses hubo una batalla campal por la dirigencia estatal: por un lado, José Julio Antonio Aquino —ex edil de Xoxocotlán y malogrado candidato a diputado local por el PRD en 2013— representó al gabinismo aún enquistado en ese partido, el cual trataba de mantener la dirigencia estatal en las manos, o a través del ex candidato a Gobernador, José Antonio Estefan Garfias. El intento inicial del régimen por colonizar a dicho partido, radicó en impedir el arribo de Estefan a la dirigencia. Sin embargo, en el intento terminaron metiendo a todo el perredismo en un marasmo del que no se pueden reponer.

¿Qué hicieron? Que el régimen impulsó a Raymundo Carmona Laredo, un perredista orgánico al régimen y cercano al muratismo, que sin ningún dilema de tipo moral —en política eso rara vez existe— decidió ir por la dirigencia estatal del PRD únicamente para dejarla en un estado de completo pasmo. Con todo el apoyo gubernamental, y aprovechando las divisiones internas del perredismo, se hizo de la dirigencia en una elección atropellada que terminó en los tribunales. Finalmente, éstos le dieron la razón legal. Pero hasta ahora Carmona Laredo ha sido un dirigente silencioso, disimulado y esquivo, que parece honrar con ese silencio el compromiso bajo el cual llegó a la dirigencia.

En el PAN las cosas fueron distintas. Ahí, con otro orgánico y cercano al muratismo, el régimen intentó hacerse de la dirigencia estatal sin éxito —hasta ahora—. Luis de Guadalupe y Antonia Natividad Díaz Jiménez se declararon ganadores de la contienda interna. Díaz se quedó con la dirigencia, hasta que fue removida por mandato del Tribunal Estatal Electoral; luego, la elección dio un vuelco ante el fallo de la Sala Regional del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, y aún todos esperan el desenlace final una vez que la Sala Superior dicte el fallo final sobre la contienda.

¿Cuál es el resultado común? Que juntos, o separados, ambos partidos son la predicción de un fiasco electoral. No pasa un día sin que alguno de los pocos activos electorales que le quedan al PRD oaxaqueño —sus diputados federales, legisladores locales y alcaldes— se pronuncie a favor de Andrés Manuel López Obrador, o firme el Acuerdo Político de Unidad por la Prosperidad del Pueblo y el Renacimiento de México —que es la puerta de entrada a Morena para cualquier político de otro partido—; o simplemente rechace las políticas sectarias del perredismo local.

El caso del PAN es aún más dramático: en los comicios de 2016 quedaron con una bancada testimonial en el Congreso local; han invertido el poco tiempo y capital político que les queda en la lucha por la dirigencia estatal; y hoy son una fuerza política que no gobierna ninguna plaza relevante en la entidad. Incluso, la diputada Eufrosina Cruz se presenta como el mayor activo del panismo oaxaqueño, a pesar de que nunca se ha medido en las urnas con otros candidatos.

Así pues, el único escenario que podría ser positivo para ellos, sería el de ir juntos para sumar sus propios activos a candidaturas comunes. Este no parece un ejercicio posible porque la apuesta nacional priista es la de ir juntos, y Andrés Manuel López Obrador no quiere compartir nada con el perredismo, sino someterlo hasta que reconozca que el verdadero liderazgo de la izquierda en México lo representa él.

Así, circunstancialmente habrá muchos candidatos, atomización electoral y la posible extinción material del panismo y perredismo como fuerzas representativas en Oaxaca. Con el tiempo lo veremos.

ASE: LA SUMA CERO

Eso es a lo que cree que juega el diputado Carol Antonio negociando y renegociando el futuro de la ASE, pensando que puede quitar o dejar a Carlos Altamirano sin perder. ¿No se da cuenta que independientemente de cuál sea el resultado, el destino del órgano de fiscalización ya está marcado? El Auditor Superior, dicen en el Congreso, tiene las horas contadas. Veremos.

¿Entendió el priismo oaxaqueño la decisión de ciudadanizar las candidaturas del PRI?

 


Quién sabe si los priistas oaxaqueños que aspiran a cargos de elección popular en 2018, ya entendieron el mandato de la XXII Asamblea Nacional del tricolor, sobre la apertura a los candidatos ciudadanos. El único fortalecido es el jefe político priista, que no es otro sino el Gobernador del Estado. Por eso, si aspiran a algo, en Oaxaca todos los priistas deben disciplinarse, o arriesgarse a la rebelión… o cambiar de partido político.

En efecto, el mandato principal de la reciente Asamblea Nacional del PRI consistió en eliminar el candado que limitaba al propio partido a hacer candidatos a cargos públicos, a priistas que demostraran tener más de 10 años de militancia. La atención se centró en la candidatura presidencial, sin considerar que el retiro de ese candado tiene también efectos para todos los demás cargos públicos que se definen a través de candidaturas partidistas.

Esa determinación, en realidad al único que fortalece es al jefe político priista, tanto a nivel federal como en los ámbitos estatales en los que el Gobernador emana del PRI. Es el caso de Oaxaca. En el ámbito nacional, el retiro de esta disposición sólo fortalece al Presidente, porque a partir de ahora lo mismo puede optar por un candidato ciudadano que por un militante priista, sin las presiones estatutarias de antes. Y en el ámbito estatal, ello tiene un efecto más o menos similar porque a los dirigentes y jefes políticos les permite incluso la posibilidad de incidir en la influencia de las candidaturas ciudadanas. Es una apuesta arriesgada, pero posible.

Ahora bien, en el caso particular de Oaxaca, lo que se anticipa —como en cada proceso electoral— son jaloneos y amenazas de ruptura. La diferencia entre antes y ahora, es que ahora el gobernador Alejandro Murat no se verá obligado a optar por los prospectos creados en los enjambres priistas, sino que tendrá el margen suficiente para poder debutar, si quiere, a una nueva clase política local. La crisis tendrá su cúspide en donde siempre: las resistencias y los cuestionamientos al cambio generacional. Lo interesante es la gama de nombres que existe tanto entre quienes pueden generar ese cambio, como entre quienes se resisten a él.

RESISTENCIAS

La fórmula de candidatos al Senado, será la medida de todo. Entre los aspirantes priistas se encuentran Samuel Gurrión Matías, Alejandro Avilés Álvarez, Héctor Pablo Ramírez Puga Leyva, Mariana Benítez Tiburcio y evidentemente Raúl Bolaños Cacho Cué. Con sus respectivos cuños, cada uno de ellos dice tener lo suficiente como para poder convertirse en candidato al Senado. Habrá que ver, en ello, las variables que existen.

La primera es que no todos son integrantes del grupo real del Gobernador. Otra, es que aquella vieja idea de que el candidato que encabeza la fórmula al Senado era, en automático, el primer aspirante natural a la siguiente gubernatura, pues esa práctica quedó sepultada por la realidad —al menos en el PRI— hace ya dos sexenios en Oaxaca.

Una variable más, radica en qué tanto resistan esos aspirantes el impasse de la definición de las candidaturas al Senado. E incluso, también influye de forma muy importante en qué punto se encuentre el cálculo interno del priismo sobre el resultado de las elecciones de julio de 2018 en Oaxaca.

Por lo pronto, uno de los que ya se nota desesperado es Samuel Gurrión. Se señala, incluso, que podría estar intentando generar acercamientos con Morena o con el PRD para tratar de trabar una alianza que lo lleve al Senado.

En el caso de Morena, tendría que demostrar la competitividad electoral que tanto pregona, para luego construir una ruta viable —y dejar en el camino a gente como Salomón Jara, Flavio Sosa, Karina Barón, Jesús Romero y hasta a Eduardo Martínez Helmes, entre varios otros, que han trabajado en ese partido y que también aspiran a esas candidaturas— y lograr la aceptación de Andrés Manuel López Obrador en el corto plazo. Nada de eso parece posible.

Y en el caso del PAN o PRD, Gurrión tendría que apostarle a una posible alianza, lo cual tampoco parece posible, dado que la inercia natural abre más posibilidades de una coalición fáctica entre el PRI y el PAN, que una alianza formal PAN-PRD, en todos sus niveles. Por eso, si a alguien le afecta la apertura de la baraja priista a las candidaturas ciudadanas, o de militantes jóvenes, es a Gurrión que en algún momento llegó a sentirse como seguro candidato a la cámara alta.

Fuera de él, ninguno piensa en brincar. Y de todos ellos, el único que tiene ascendencia nacional, y un acuerdo relativo con el Gobernador Murat, es Héctor Pablo Ramírez Puga Leyva. Él no se va a ir a otro partido, y tampoco le convendría tensar sus relaciones con el priismo local, aunque irremediablemente tendrá que pagar el costo estadístico de tener varios años fuera de la entidad.

Alejandro Avilés quedó anulado como posible aspirante al Senado y tendrá que conformarse con lo que tiene, que a estas alturas, ya es bastante.

Mariana Benítez tendrá que apostarle a las bondades de la paridad de géneros y a un eventual acuerdo nacional para impulsar a más mujeres que hombres en las candidaturas al Senado, para finalmente trabajar muy duro —o echarse en brazos de la suerte— para que la fórmula de candidatos de mayoría al Senado, no pierda ante Morena.

Y todos ellos tendrán que seguir viendo como sombra a Raúl Bolaños Cacho Cué, que de manera evidente, trae a su favor todo el ánimo del Gobernador para crecer políticamente, aunque quién sabe si la ruta elegida pudiera ser —en lo incierta que es la realidad actual— la del Senado.

EL SENADO NO ES TODO

Al final, eso es lo que tendrán que asumir todos: el 2018 pinta complicadísimo para el PRI en Oaxaca, por el empate de procesos electorales, y por el arrastre natural que tendrá López Obrador en nuestra entidad. Además, el gobierno de Alejandro Murat tiene un trecho larguísimo hasta el 2022, en el que tendrá que lidiar con dos Legislaturas locales más. Es decir, la próxima candidatura a Gobernador se puede construir desde muchas otras trincheras. Todo lo demás, son meras ambiciones.