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Germán Tenorio en prisión, sólo es la punta de la madeja

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+ Fue a prisión por voracidad y desaseo en función pública


 

 Si entendieron bien la información ofrecida por el secretario de la Contraloría y Transparencia Gubernamental, José Ángel Díaz Navarro, el sábado en el marco de la aprehensión en Guadalajara del ex secretario de Salud, Germán Tenorio Vasconcelos, varios de los funcionarios de la administración de Gabino Cué deben estar muy preocupados. Tenorio cayó en las manos de la justicia no sólo por los excesos cometidos durante su ejercicio como funcionario, sino por haber incurrido en ominosa forma de burlar la ley para obtener provecho. El hecho de que haya sido encarcelado por el delito de abuso de autoridad, no significa que no pueda haber nuevos procedimientos. Vale la pena analizarlo.

En efecto, es necesario releer algunas de las líneas dadas por el titular de la Contraloría, el sábado en la conferencia de prensa que ofreció junto con el fiscal General del Estado, Rubén Vasconcelos Méndez, en el marco de la detención de Tenorio en Guadalajara, esa misma mañana y su inmediato traslado a Oaxaca. Ahí, luego de explicar cómos e inició en general la ejecución de programas gubernamentales durante la administración pasada en diversas dependencias, Díaz Navarro dijo lo siguiente:

“Se revisó la totalidad de los programas y, en el caso de los Servicios de Salud del Estado, se detectaron expedientes sobre dotación de infraestructura sanitaria en las regiones más marginadas. Se advirtió que las obras no fueron realizadas y que dichas contrataciones se realizaron de manera irregular, tanto en su procedimiento administrativo, como en los límites del marco legal aplicable.

“Ante tal situación, se procedió a la ejecución de las fianzas que se constituyeron para garantizar su cumplimiento, advirtiendo en ese momento que se trataba de documentos falsos. Estas irregularidades, no hubieran ocurrido sin la participación –a través de conductas omisas- del ex funcionario, ahora detenido, que tenían la obligación legal de vigilarlas. (…) Las conductas descritas, constituyen por una parte maquinaciones encaminadas a defraudar al Estado, e involucran una serie de conductas por parte de servidores públicos que procuraron diversas acciones y con ello el desvío de recursos. El daño al Estado, no solo consiste en la pérdida económica, sino también el menoscabo en infraestructura que perjudica directamente a la sociedad y población en general.”

¿Por qué poner particular énfasis en esto? Porque lo que queda claro es que a Tenorio lo pudieron procesar —independientemente del asunto de los quebrantos financieros que propiamente deben estar determinados en las cuentas públicas, o que pueden incluso estar en vías de concretarse a través de la Auditoría Superior del Estado, y la federal— por haber incurrido en un asunto que fue, y ha sido, una práctica común entre los contratistas y el gobierno para poder ejecutar libremente obra pública y servicios aminorando costos para estirar las utilidades que luego sirven para los diezmos, las complicidades, los noches y, en general, la corrupción. Esto es, la falsificación de documentos, contratos y fianzas.

Según Díaz Navarro, dichos procedimientos —por abuso de autoridad— se iniciaron al haber establecido que había obras de infraestructura sanitaria existentes en documentos, pero que nunca se realizaron materialmente, y que al tratar de hacer valer las fianzas correspondientes, establecieron que éstas eran falsas.

De ser así, entonces no sería Tenorio el único procesado porque, evidentemente, tampoco sería el único involucrado en la realización de esa conducta, en la que debieron participar coordinadamente diversos funcionarios para poder brincarse el cumplimiento de diversos requisitos que la ley establece para la realización de obra pública, y luego para cobrar los anticipos, estimaciones y finiquitos de obras que sólo existieron documentalmente y que alguien les debió validar para poder realizar los pagos.

LA OBRA Y EL BOTÍN

En general, para la contratación de una obra con el gobierno, la Ley de Obra Pública y Servicios Relacionados de Oaxaca, exige en su artículo 37 que el contratista o constructor exhiba las siguientes garantías: I.- Cheque certificado o fianza por un valor que cubra la cantidad total del monto concedido, para garantizar los anticipos; II.- Cheque certificado o fianza por un importe del 10% del valor total de la obra, para garantizar el cumplimiento del contrato; y III.- Cheque certificado o fianza por un importe del 10% del valor total de la obra, para garantizar los vicios ocultos, por un periodo de doce meses contados a partir de la fecha de entrega de la obra.

Aunque éste es un requisito lógico y hasta un acto de responsabilidad, en Oaxaca ha sido una práctica muy reiterada que existan personas o agrupaciones que se dediquen a vender o “arrendar” los documentos necesarios para la contratación de una obra. Hay quienes “rentan” los documentos de constitución y fiscales de constructoras para que terceros contraten obra y la ejecuten; hay quienes venden pólizas de afianzadoras que en realidad son apócrifas pero que, al menos en apariencia, sirven para solventar ese requisito que deben cubrir ante las autoridades que los contratan por exigirlo así la ley de obra pública.

De hecho, cuando no existe “acuerdo” —complicidad— entre el constructor y el gobierno que lo contrata para la ejecución de una obra, corroborar la validez de una póliza emitida por una afianzadora es relativamente fácil. Pues ha sido tan reiterada la práctica de las pólizas apócrifas que todas las afianzadoras tienen líneas telefónicas directas para la verificación de las pólizas a través del número de folio y otras características. El problema, como en este caso, surge cuando sí hay acuerdo de complicidad entre la autoridad y el constructor, porque entonces uno integra el expediente técnico con documentos falsos, y el segundo lo valida, omitiendo deliberadamente corroborar la legalidad y vigencia de los documentos que recibe contra el pago del anticipo y las demás estimaciones sobre la ejecución de la obra.

Así, al ser esto lo que ocurre, queda claro que Germán Tenorio está en prisión por la realización de conductas ilícitas relacionadas con casos específicos de la contratación de obra pública relacionada con el área de la salud, de las que debió estar enterado y debió haber participado —como lo dijo el secretario Díaz Navarro el sábado—, independientemente de las investigaciones específicas sobre los quebrantos financieros de los Servicios de Salud de Oaxaca.

En todo esto, la pregunta que ahora deben estarse haciendo diversos ex funcionarios de diversas dependencias, y el temor que varios de ellos deben estar sintiendo, es por la posible reiteración y “normalización” de este tipo de prácticas, durante la administración de Gabino Cué para obtener algún tipo de provecho indebido.

LIMPIAR LA OBRA PÚBLICA

En el fondo, ninguna de estas son prácticas aisladas y, al contrario, son bien conocidas por todo aquel que se dedica a la obra pública en la entidad, y que conoce los entresijos y las complicidades que existen para evadir las obligaciones que impone la ley. Por eso, más bien el gobierno de Oaxaca hoy está explorando una nueva veta que le podría permitir poner ante la justicia a más ex funcionarios por este tipo de conductas, pero que también debería poner en capilla a particulares que a través de esas prácticas alientan los actos de corrupción. En este caso, es evidente que para que todo este haya ocurrido, eran necesarios tanto funcionarios como particulares que participaran de la corrupción, de los negocios, y ahora de las consecuencias.

Elecciones, lodazal a plena luz del día, que pone en entredicho a la democracia

 

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+ Estado de México, ejemplo negro de la descomposición de procesos electorales


Pasado mañana se realizarán los comicios en cuatro entidades de la República, pero la atención está puesta en el Estado de México, por varias razones. Una de ellas es porque en aquella entidad se juegan el futuro los dos principales bloques que el año próximo se disputarán la Presidencia de la República. Pero más a ras de suelo, otra razón por la que la elección mexiquense es el punto de referencia de los procesos electorales actuales es el nivel de confrontación e ilegalidad que han desplegado todos los partidos para tratar de ganar la elección. En el fondo, todos juntos parecen apostar a seguir desacreditando a la democracia como razón de fondo. Parece increíble, pero es cierto.

En efecto, la elección del Estado de México ha demostrado cómo los partidos, sus candidatos, y los grupos políticos que están detrás de ellos, siguen alcanzando nuevos límites en la tarea permanente de estirar las leyes y poner en entredicho a las autoridades electorales. En aquella entidad, los candidatos y partidos se han dicho y han hecho de todo, y no parece haber forma posible de frenar la carrera expansiva rumbo a la degradación de la legitimidad de todo el proceso electoral.

Pues resulta que así como en el terreno de la “alta política”, se han inmiscuido indiscriminadamente en el Estado de México los actores que el año próximo se jugarán la elección presidencial, en los estratos bajos han desplegado todo tipo de artimañas relacionadas con el clientelismo y la compra de votos, que se supone que son de los principales actos que se han tratado de combatir con las sucesivas leyes electorales y con el supuesto reforzamiento de las capacidades institucionales de las autoridades electorales. En términos generales, en la entidad mexiquense han hecho y se han dicho de todo, en un marco de impunidad que ya a estas alturas debiera resultar preocupante —aunque la realidad apunta a un peligroso proceso de normalización social de la ilegalidad en los procesos electorales.

En esa “alta política” resulta que están inmiscuidos, como si fueran los verdaderos candidatos, por un lado el presidente nacional del partido Movimiento de Regeneración Nacional, Andrés Manuel López Obrador; y por el otro, el presidente de la República —con toda la estructura del gobierno federal secundándolo—, Enrique Peña Nieto. Ambos, desde el inicio de la campaña mexiquense, han estado involucrados de tiempo completo tanto en las tareas de proselitismo disfrazado de otras acciones, como en señalamientos relacionados con sus prácticas indebidas, e indirectamente con las operaciones relacionadas con la compra y coacción del voto.

En esa lógica, resulta que a nadie —o por lo menos a la autoridad electoral, y tampoco a los electores, que no han demostrado denuedo para exigir legalidad— le ha llamado la atención el hecho de que sean los actores nacionales los principales protagonistas de la elección, a pesar de que en rigor ninguno de ellos debiera estar involucrado en las tareas proselitistas.

Pues por un lado, Andrés Manuel López Obrador no debiera estar tan metido en la campaña, porque no es él quien está compitiendo para la gubernatura, sino la candidata de su partido, Delfina Gómez Álvarez. Y el presidente Peña Nieto tampoco debería estar inmiscuido en la campaña porque él no es quien se supone que debería tener afanes de poder, ni siquiera para ubicar a su pariente en la gubernatura del Estado de México.

El problema es que uno y otro rompen todos los espacios de la equidad, e incluso del decoro. Andrés Manuel porque con su insistente presencia e injerencia en el proceso electoral, demuestra lo poco que respeta a la candidata de su partido, e incluso la ruta que seguiría de llegar ella a convertirse en la Gobernadora del Estado de México.

El caso del presidente Peña Nieto es todavía peor, no sólo porque ha maniobrado contra todo, y contra todos, para imponer a su pariente como candidato del PRI a la gubernatura de aquella entidad, sino porque pareciera que es él quien se quiere perpetuar en el gobierno estatal que sí disfrutó y donde sí se siente apreciado. Pareciera, pues, una especie de pequeño maximato pero en un esquema de degradación no sólo política sino también de las maniobras para conseguirlo.

DEGRADACIÓN TOTAL

La democracia, bien dicen, se construye de manera permanente. Sin embargo, pareciera que en México existe una competencia en sentido contrario. No tenemos una democracia madura ni sólida, sino acaso una que apenas si ha demostrado mantener al mínimo los márgenes de civilidad que han permitido las alternancias en la competencia democrática. Sin embargo, al mismo tiempo se revela una voluntad indeclinable por parte de todos los actores —individuos e instituciones— por socavar cualquiera de las bases democráticas con tal de ganar la siguiente elección.

Eso es lo que también se ve en el Estado de México más allá de las élites. Todos los partidos y candidatos se han dedicado a implementar y afinar las prácticas del clientelismo político, en la entidad con mayor población votante del país. Hoy, a pocas horas de la elección, son constantes y abundantes las acusaciones de compra, coacción y manipulación del voto. Los equipos de ingenieros y activistas electorales de todo el país, y de todos los partidos, se encuentran hoy en el Estado de México “operando” las posibilidades de triunfo a partir de la manipulación del voto.

Por eso, independientemente de quién gane y quién pierda la elección, ésta será cuestionada, su resultado será rechazado, y el Estado de México será el siguiente dolor de cabeza para la sociedad mexicana por su desaseo, su falta de legitimidad y sus interrogantes de fondo, aunque en realidad pocos acepten que de eso son ya corresponsables todos los partidos, todos los candidatos, todos los políticos y todos los operadores electorales que hoy mismo tienen al Estado de México como base de sus ambiciones y de sus prácticas de manipulación del voto.

Al final, esto significa un profundo daño a la democracia en un momento definitorio. Falta exactamente un año para la elección presidencial, y lo que vemos es la construcción de un enorme lodazal en el que todos juntos están chapaleando sin ningún pudor ni preocupación. Lo que veamos el lunes —al que no acepte el resultado; al que llame a la “civilidad” a pesar del cochinero; al que diga que todo fue legal; e incluso al que llame a la resistencia y/o a la ruptura— será apenas la segunda parte de esta carrera de degradación, que ahora vive apenas su primer episodio.

Lo que seguirá, es ver esas prácticas reproducidas y afinadas en la elección presidencial del año próximo, mientras nos sigamos preguntando si de verdad nuestra democracia aguantará no una tercera alternancia de partidos en el poder presidencial, sino la continuación de este proceso de degradación que ha llevado a la democracia mexicana a niveles de descrédito nunca antes imaginados para una estructura tan costosa y se supone que tan perfeccionada. Según los hechos, eso es lo único que ya está perfectamente claro.

OAXACA EN MÉXICO

¿Cuántos oaxaqueños habrá en la elección del Estado de México? Priistas, morenistas y perredistas, ya sabemos que hay bastantes, operando a todos los niveles en los inmensos y densamente poblados municipios mexiquenses. Lo que ya parece una broma es que incluso la Sección 22 hará presencia para “coberturar” la jornada electoral como observadores ciudadanos. Van a vigilar, en una de esas absurdas paradojas, que gane la candidata de Morena y su nueva aliada, la maestra Elba Esther Gordillo, que se supone que es adversaria histórica y moral de la Coordinadora. La congruencia, en su máxima expresión.

Esta ha sido la peor semana —en años— para Andrés Manuel López Obrador

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Andres Manuel Lopez Obrador

+ Su pelea con los medios, la exhibición de sus escándalos y la revelación de Eva


Es ya antigua aquella frase de que el peor enemigo de Andrés Manuel López Obrador, es él mismo. Quedó demostrado primero cuando en 2006 su soberbia lo llevó a menospreciar a sus adversarios durante el último tramo de la campaña presidencial, y terminó perdiendo por un margen apretado contra Felipe Calderón, que incluso cuando inició la campaña presidencial se encontraba en el tercer sitio de las preferencias electorales. Lo volvió a vivir seis años después cuando se evidenció en la denuncia anticipada de un fraude que nunca tuvo forma de comprobar; y parece estarse repitiendo la misma historia mientras emerge la podredumbre relacionada con el dinero que ejerce su partido, Morena, sus escándalos con la prensa, y las recientes revelaciones de su “recaudadora”, la diputada local de Veracruz, Eva Cadena.

En efecto, es ya parte de la historia reciente del país la forma en cómo Andrés Manuel construyó y afianzó su derrota en 2006. Quizá comenzó a destruirla desde el momento en que fue seducido por la soberbia del triunfo asegurado, que ya se veía concreto desde principios del año en comento. Ya ungido como candidato presidencial del PRD, Andrés Manuel se dedicó a menospreciar a sus oponentes y a arengar a la gente en sus mítines y encuentros con la militancia, como si con eso lograra generar los espacios para mantener su ventaja. Lejos de eso, actitudes como la de insultar no a Vicente Fox, sino al Presidente; resistirse a participar en los debates televisivos entre candidatos; y destellar soberbia en cada paso que daba, lo llevaron a no incrementar su base de votantes, lo cual finalmente resultó insostenible frente al milimétrico trabajo que hicieron sus adversarios para desacreditarlo y para imprimirle velocidad a sus propias campañas.

De hecho, pareciera que la cúspide de su soberbia quedó consolidada cuando, el 17 de marzo de 2006, López Obrador dijo justamente en el Puerto de Salina Cruz lo siguiente: “Pemex dejará de ser el ‘charrito que lo aguanta todo’”. Ahí, Andrés Manuel, candidato presidencial de la coalición Por el bien de todos volvió a arremeter contra el presidente Vicente Fox a quien llamó “chachalaca”.

Allí, López Obrador pidió el apoyo del pueblo, “de los trabajadores petroleros y de los técnicos” de la paraestatal para “limpiar a Pemex y al gobierno de la corrupción”. Y una vez más, se lanzó contra Fox al señalar: “Ya le tuve que decir; así, despacito porque yo no hablo de corrido; le dije: Cállate Cha-cha-la-ca, dice que no se puede, cómo no se va a poder, todo va a depender de que acabemos con la corrupción en el gobierno”.

¿Por qué la cúspide de la soberbia? Porque en ese momento López Obrador demostró ya no estar dispuesto ni siquiera a respetar al Presidente. Luego vino la cascada de demostraciones de soberbia y seguridad de ganar la elección, para finalmente perder por un margen escaso pero suficiente a juicio de la autoridad electoral. Cuando eso ocurrió, Andrés Manuel impulsó una nueva estrategia consistente en tratar de llevar el conflicto post electoral a las calles y de ahí comenzar una larga resistencia que, según vemos, aún no termina.

TRASPIÉS ACTUALES

Andrés Manuel nunca ha tenido una relación cordial con la prensa, pero nunca antes había peleado con representantes de los medios, al aire y en cadena nacional. La semana pasada, el periodista José Cárdenas decidió concluir de manera abrupta una entrevista que realizó a Andrés Manuel López Obrador en Radio Fórmula.

El desencuentro ocurrió cuando, luego de hablar de la agresión de la que fue objeto en Veracruz y de la que responsabilizó al gobernador Miguel Ángel Yunes, el comunicador cuestionó al presidente del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) por el presunto vínculo que sostendría con la ex lideresa sindical Elba Esther Gordillo. López Obrador pidió a Cárdenas no caer en calumnias.

–¿A ti no te mancha la alianza con la maestra Elba Esther Gordillo?, preguntó José Cárdenas.

-Ya no sigan calumniando ustedes, te lo digo con todo respeto, o sea, hagan un periodismo independiente distante del poder, cercano al pueblo y digan la verdad y esto es de manera afectuosa y cariñosa, dijo Andrés Manuel.

-¡Te agradezco las clases de periodismo Andrés Manuel!, ¡Lo que no te puedo agradecer son las acusaciones de calumniador, eso si no te lo puedo permitir, con todo respeto, como dices tú!, exclamó Cárdenas.

-Tómalo como quieras, sentenció, López Obrador.

¡Ah, no ya lo tomé Andrés Manuel! ¡y si quieres aquí terminamos la entrevista no hay nada más que hablar entre tu y yo!, dijo el conductor de Fórmula.

-Serénate, alcanzó a decir el dirigente de Morena.

-Yo creo que el público no merece que lo llenes de mentiras, ni de exageraciones, la que era la mafia del poder, ahora ya quedó santificada porque tú la bendijiste, yo narro pero tu te enojas y dices que soy un calumniador, ¡no se vale!”, indicó José Cárdenas.

Ante ello, López Obrador pidió al conductor seguir los pasos de los buenos periodistas de México, independientes, libres. Tras una despedida en la que ambos se enviaron un afectuosos saludo, Cárdenas concluyó con la frase: “¡Qué te vaya muy bien y si no te va bien, también!”.

Luego, en otra entrevista con la periodista Carmen Aristegui, Andrés Manuel también se refirió en términos de reproche a la información que ésta había dado sobre Miguel Ángel Yunes y la maestra Gordillo. Nuevamente, Andrés Manuel intentó generar un diálogo de ruptura que no fue seguido por la periodista, aunque a la distancia se notaba su molestia e incomodidad por la situación en la que se encontraba. Quizá, López Obrador esté intentando generar un ambiente antisistémico similar al del presidente estadounidense Donald Trump.

Pero aún con todo eso, faltaba más: durante las últimas semanas se fueron revelando videos en los que la diputada local de Veracruz, Eva Cadena, recibía fuertes sumas de dinero que, según, serían entregadas al mismo Andrés Manuel. Cuando ocurrieron las revelaciones, Cadena se vio obligada a callar, a asumir la responsabilidad por las revelaciones hechas, y a deslindar a Andrés Manuel. Quizá, como ella misma dice, porque la dejaron sola finalmente ayer decidió aclarar la versión y establecer algunas cuestiones que irremediablemente van a enlodar aún más a Morena y a López Obrador.

Cadena dijo que su ex partido, Morena, incurre en “financiamiento ilegal de campañas con recursos públicos del Congreso de Veracruz”. Hizo esa declaración, aunque no presentó pruebas al respecto. En conferencia de prensa, a cuatro días de las elecciones en cuatro estados del país, incluyendo Veracruz, Cadena señaló que Morena la abandonó, después de que aparecieran los videos, y que ese partido la ha usado para lavarse la cara.

“Mi partido, Morena, cuando más lo necesitaba me dejó sola; violaron mi presunción de inocencia, y violaron mis derechos políticos y humanos”, dijo Cadena. “Les preocupa mucho un tema que afecta a todos los partidos y está presente en todas las campañas: el dinero al margen de lo que establecen las reglas electorales”, agregó.

AMLO, EN EL LODO

A estas alturas ya nadie duda de la podredumbre que ronda la elección del Estado de México, que en este año es la reina de los procesos electorales. Sin embargo, de nuevo, ese cúmulo de señalamientos y de demostraciones de intolerancia y soberbia, parecen ser el inicio de la ruta de una nueva debacle para López Obrador orquestada, paradójicamente, en gran medida por él mismo.

TEEO: ante la falta de contrapesos, se comportan como menores de edad

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+ Repiten las historias funestas de órganos autónomos que se autodestruyen


Es de menores de edad, el comportamiento de los magistrados del Tribunal Electoral del Estado de Oaxaca, que ante la falta de controles y contrapesos a su función y comportamiento, han hecho de su legitimidad —personal e institucional— el hazmerreir de los órganos constitucionalmente autónomos y, en general, de las instituciones encargadas del control de la democracia en la entidad.

En efecto, de manera abrupta la semana pasada ocurrió el relevo en la presidencia del Tribunal Electoral del Estado de Oaxaca. Sin mayor argumentación, los magistrados Víctor Manuel Jiménez Viloria y Miguel Ángel Carballido Díaz anunciaron que habían tomado la determinación de sustituir en la presidencia del Tribunal a Wilfrido Raymundo López Vásquez.

Al asumir la presidencia, Carballido justificó el relevo en la temporalidad de los cargos públicos y en la figura rotativa de la presidencia del máximo tribunal de justicia en materia electoral de la entidad. Sin embargo, aún con lo dicho en la sesión, pronto se constató —porque desde hace tiempo la manzana de la discordia ha sido el presupuesto que ejerce el Tribunal— que había mucho más detrás de ese aparente ejercicio democrático entre los magistrados.

Pues apenas hace más o menos un año, los magistrados del Tribunal Electoral habían protagonizado una historia muy parecida, cuando decidieron quitar a Jiménez Viloria de la presidencia. En aquel entonces, los dos magistrados integrantes del Tribunal, acusaron a su Presidente de no haber ejercido correctamente el presupuesto, y por no haber cumplido en tiempo y forma con diversas obligaciones relacionadas con el pago de salarios y prestaciones de los trabajadores del Tribunal, y en eso encontraron una causal —ya que la ley deja la organización interna al ‘buen criterio’ (es un decir) de los integrantes del Tribunal— para destituirlo de la Presidencia.

De hecho, aquella decisión dejó ver que la relación institucional entre los magistrados se había enrarecido, esencialmente por la disputa relacionada con el control y ejercicio del presupuesto. Cuando defenestraron a Jiménez Viloria de la Presidencia, Carballido y López Vásquez dejaron ver lo que pareció una alianza bien afianzada para —según ellos— reorientar el rumbo del Tribunal hacia un esquema de mayor transparencia y mejor control de su presupuesto.

Lo más preocupante es que esas, las económicas, fueron siempre las principales preocupaciones de los integrantes del Tribunal que, además, nunca han demostrado mayor interés en ponderar el trabajo jurisdiccional que se supone que debería ser la cuestión principal a partir de la cual tomar sus decisiones administrativas. Por eso, el desempeño tanto de los magistrados, como del personal administrativo del Tribunal, nunca ha sido una cuestión de fondo a discutir, sino que más bien ha sido el pretexto para justificar las sucesivas decisiones que han tomado, y que tienen como telón de fondo los más de 47 millones de pesos que anualmente ejerce como presupuesto el Tribunal Electoral, de manera autónoma y libre como lo señalan las propias leyes.

GESTIÓN DISCRECIONAL

El Tribunal Electoral del Estado de Oaxaca se rige, en su integración y funcionamiento, esencialmente bajo lo que dictan dos normas: la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales (LGIPE), y la Constitución del Estado. En la primera se establecen las bases generales, los requisitos que deben cumplir los integrantes del Tribunal, el mecanismo de elección, así como las causas para la remoción de los magistrados.

En esa lógica, la LGIPE establece que aún incurriendo en alguna de esas causales, los magistrados electorales sólo podrán ser privados de sus cargos en términos del Título Cuarto de la Constitución —el relativo a las responsabilidades de los servidores públicos— y las leyes de responsabilidades de los servidores públicos que les resulten aplicables. Y, por otro lado, la Constitución local define su naturaleza al señalar que el Tribunal Electoral del Estado de Oaxaca, es un órgano especializado, autónomo en su funcionamiento e independiente en sus decisiones, y que es la máxima autoridad jurisdiccional en materia electoral del Estado de Oaxaca.

¿Qué se desprende de todo eso? Que, en términos legales y constitucionales, el Tribunal tiene un margen excepcional de independencia que lamentablemente no sólo no ha sido aprovechada por sus integrantes, sino que incluso al incurrir en abusos y escándalos, ha resultado contraproducente para la correcta conducción de la vida interna del Tribunal, y la relación institucional entre los magistrados, que más bien han demostrado su falta de civilidad y sentido de la responsabilidad y, en conjunto, se han dedicado a exhibir sus propias tentaciones.

Pues, en este caso, queda claro que independientemente de que haya habido razón o no en los argumentos bajo los cuales dos de sus tres integrantes ya hayan pasado por la presidencia del Tribunal, lo que queda claro es que en general no se han sabido conducir con la diligencia y la probidad bajo las cuales se supone que fueron electos por el Senado de la República, y más bien se han dedicado a alimentar sus propias diferencias, como si eso fuera algo edificante para las instituciones electorales o para su propia calidad como servidores públicos.

Lamentablemente, en este caso, también es claro que aún cuando ya existen señalamientos directos entre ellos, también hay evidencias de complicidades. ¿De qué hablamos? De que, por lo menos en términos institucionales, a pesar de que los magistrados hoy se acusan y se señalan por acciones no sólo indebidas sino hasta ilícitas —como el intento de chantaje o extorsión que uno acusa sobre otro; o los señalamientos de utilización indebida de recursos, bajo los cuales han sido removidos dos magistrados de la presidencia, ambas cuestiones que no sólo son faltas éticas, sino quizá hasta delitos—, en realidad no existe forma de llevar ese daño a un estrato verdaderamente trascendente.

Si la Constitución local y la LGIPE dicen que esos magistrados sólo pueden ser removidos en términos del Título Cuarto, entonces para haber sanciones efectivas por las conductas que se señalan en público pero que no se llevan al terreno de lo legal, deberían también iniciarse los procedimientos administrativos y penales correspondientes, como un acto posterior al retiro de la inmunidad constitucional que los protege en términos del quinto párrafo del artículo 111.

Pero como nada de esto ha pasado, y seguramente tampoco pasará, entonces lo que seguiremos viendo es cómo los magistrados del tribunal electoral se siguen comportando como menores de edad. Con ello le seguirán dando la razón a quienes, por esa causa, siguen impulsando la idea de que los servidores públicos de los estados del país no pueden controlarse voluntariamente y que por eso hay que continuar con el proceso recentralizador. Ellos, para mal de ellos y de todos, han demostrado que ni las sesudas elucubraciones del Senado han servido para controlar ese tipo de ambiciones. Lamentable.

DEJA VU

Para pelearse escandalosamente bien, los magistrados del Tribunal Electoral deberían contratar a otros que dieron demostraciones circenses de lo mismo. ¿Alguien se acuerda de Esteban López José, Gema Sheyla Ramírez Ricárdez y Eréndira Fuentes Robles? Sí. Esos que protagonizaron una prolongada batalla campal por el control de los recursos cuando fueron integrantes de la tristemente célebre Cotaipo. ¿Qué ganaron? El descrédito profesional, y la desaparición del organismo. Andando esos pasos, van muy bien, Señores Magistrados.

A pesar del ruido, la Sección 22 sigue perdiendo en la arena de la evaluación

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OAXACA

+ Quisieron inhibir carrera magisterial, y fallaron; ahora les ocurre lo mismo


Podrá decir misa la Sección 22 del SNTE, pero es claro que en la arena sustantiva sigue perdiendo batallas. Esa ha sido la constante al menos en la última década, en la que a pesar de que reiteradamente gana las calles y deja sin clases a los niños y jóvenes oaxaqueños, no ha logrado frenar el tránsito de cada vez más profesores, de la resistencia a la aceptación de los procesos de evaluación docente. Así, aún cuando el fin de semana desquició nuevamente a Oaxaca, la Sección 22 volvió a perder en la arena de la evaluación docente.

En efecto, en acciones paralelas la Sección 22 protestó y bloqueó la circulación vial en las más importantes carreteras de la entidad, pero aún así la Secretaría de Educación Pública aplicó la evaluación docente que ellos trataron de impedir. En lo relativo a las protestas, la 22 aplicó cierres carreteros durante dos días consecutivos, como un acto de presión directa al Gobierno del Estado para que gestionara la regularización automática de los beneficiarios de las plazas normalizadas mediante el acuerdo del 7 de diciembre del año pasado.

Sin embargo, a pesar de ello un poco más de mil profesores de Oaxaca participaron en la evaluación de desempeño convocada por el Servicio Profesional Docente. De acuerdo con un reporte de la Secretaría de Educación Pública (SEP), la jornada de evaluación para el caso de Oaxaca y Chiapas, se llevó a cabo durante el fin de semana pasado, el Servicio Profesional Docente, junto con las autoridades educativas de la Ciudad de México, Puebla y Tabasco, dispusieron de 34 sedes de aplicación en apoyo al desarrollo de este proceso, para facilitar la realización exitosa y eficiente. En el caso de Chiapas, se presentaron mil 091 profesores y en Oaxaca, mil 124, mientras que en Michoacán, 653, para un total de dos mil 868 docentes, quienes dijeron sí a las evaluaciones.

De entrada, habría que ver de forma relativa la confronta entre dos cifras: por un lado, el IEEPO y la Sección 22 han asegurado que son tres mil 699 plazas regularizadas, y por el otro la SEP informa que fueron un mil 124 docentes los evaluados. Aunque de entrada esta no parece ni la tercera parte del total de plazas recientemente otorgadas, lo que habría que ver con más detenimiento es hasta dónde esas tres 699 corresponden al mismo número de personas.

Nos explicamos: hay docentes a los que se les regularizaron horas de trabajo, ubicación, niveles salariales o alguna cuestión que no necesariamente significaba la apertura de una nueva plaza de trabajo. Por eso, resultaría relativo y hasta engañoso asegurar que sólo se evaluaron mil 124 de los tres mil 699 nuevos docentes. Por eso, en la confronta real de los números, podrá verse —cuando el IEEPO finalmente informe el estatus real de ese proceso— hasta dónde permeó el llamado de la Sección 22 a sus nuevos agremiados —muchos de los cuales sí tenían meses, y hasta años, sin cobrar su salario y que a partir del acuerdo del 7 diciembre comenzaron su proceso de normalización laboral y salarial— a no evaluarse, y con ello poner en riesgo su reciente y provisional incorporación al servicio docente. Pues se supone que, justamente, esta evaluación tenía como objeto continuar con los trámites para hacer definitiva su plaza de trabajo.

FALLAS REITERADAS

La Sección 22 intentó, desde el año 2008 —cuando el presidente Felipe Calderón Hinojosa firmó la Alianza por la Calidad de la Educación con la dirigencia nacional del SNTE que entonces encabezaba la maestra Elba Esther Gordillo— impedir los procesos de evaluación, para el programa que hasta entonces fue conocido como Carrera Magisterial, y que a partir de la firma de la Alianza, quedó supeditado a ciertos procesos de estimación del desempeño docente, como punto de referencia para el otorgamiento de beneficios salariales para los profesores del país.

En aquel tiempo, la Sección 22 tenía el control total de la estructura administrativa del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca, y entonces le fue relativamente fácil frenar los procesos de evaluación de la Carrera Magisterial, no porque antes no se aplicaran diversos tipos de exámenes a los profesores que accedían a participar en ese proceso, sino más bien por el establecimiento de la posición política de rechazar el acuerdo entre el SNTE —que ha sido su adversario sindical histórico— con el gobierno del presidente Calderón, al que también consideraban como espurio —según ellos— por haberle robado el triunfo en la elección presidencial, al entonces candidato presidencial perredista Andrés Manuel López Obrador.

Así, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación frenó por años la aplicación de las pruebas relacionadas con la Alianza por la Calidad de la Educación. En aquel entonces, la dirigencia magisterial no encontró rechazo por parte de los profesores afectados, ya que como la Sección 22 mantenía el control absoluto de la estructura administrativa del instituto educativo oaxaqueño, entonces los profesores a los que se les frenó la evaluación no tenían forma de oponerse por la posibilidad de que eso fuera considerado como una traición al movimiento sindical, y entonces sufrir mayores consecuencias en su ubicación laboral, salario o condiciones de trabajo.

Aún así, al final la Coordinadora perdió porque con todo y su oposición, la reforma educativa del gobierno actual trajo como consecuencia la implementación de los procesos de evaluación que se han llevado cada vez con más regularidad. Aunque continúa habiendo oposición, es claro que cada vez más profesores acceden a participar, a partir de que: a) de no hacerlo, corren el riesgo de perder sus condiciones salariales y de ubicación; y b) de que a pesar de la virulencia con la que sigue actuando la dirigencia de la Sección 22, ésta ya no tiene todos los hilos del control administrativo de los trabajadores de la educación, y por esa razón tampoco puede aplicarle a los maestros las mismas sanciones que antes acostumbraba para todo aquel que se insubordinara a sus posiciones políticas.

Hoy, a pesar de la forma en la que la 22 sigue ganando las calles, queda claro que esta fue una nueva derrota, pues ni su más reciente clientela hizo eco de los llamados a no participar en la evaluación. En el fondo, continúa el “estira y afloja” en la relación política entre la Sección 22 y el gobierno de Oaxaca, que intentan establecer los parámetros de su propia sinergia utilizando la evaluación de los profesores como pretexto. Pero de manera concomitante a ello, queda claro que en el terreno de lo sustantivo, la 22 sigue acumulando derrotas porque no hay forma de frenar la determinación de cada vez más profesores por acceder a la evaluación independientemente de los temas políticos que envuelven la compleja relación entre el sindicato y el Estado en Oaxaca.

¿SER AMIGOS?

¿Quiénes habrán sido los ilusos al interior del régimen que pensaron que podían ser amigos de las organizaciones sociales, que no tienen palabra de honor, ni escrúpulos, ni más amigos que sus propios intereses? El enfrentamiento del domingo entre pobladores de Zaachila con integrantes de la organización 14 de junio, no es sino la secuela de una historia más profunda: la de personas afines al nuevo régimen, tratando de ganar la gracia de esas organizaciones —desde la CTM hasta la 14 de junio, pasando por la CNP, el Sindicato Libertad, y otras— como una forma de clientela electoral. Quizá en su momento lo lograron. Sin embargo, hoy todos esos grupos se asumen con una impunidad directamente proporcional al daño que le causan a Oaxaca. ¿Ahora resultará que nadie tiene responsabilidad?

Aunque sea una reforma timorata y a medias, bienvenida ley electoral en Oaxaca

 

Leyele

+ Bancadas renuncian a una verdadera reforma; se quedan en simple armonización


Es una buena noticia, pero a secas, el anuncio de las fracciones parlamentarias de la LXIII Legislatura del Congreso del Estado de Oaxaca, de que ya cuentan con un dictamen consensado para la reforma electoral en la entidad, y que en días próximos realizarán un periodo extraordinario para aprobarla y que exista marco jurídico para el proceso electoral 2017-2018 que está en vías de arrancar. Todo se habrá quedado en una armonización simple con la legislación federal, y no en la reforma político-electoral que sí merecía Oaxaca.

En efecto, el pasado sábado las comisiones conjuntas que llevaron a cabo el estudio de las propuestas de reforma político electoral presentadas por diversas fracciones parlamentarias en la Legislatura local, anunciaron que habían concluido con los trabajos y que ya existía un dictamen consensado para ser subido al Pleno, y votado en los próximos días. En el anuncio, dijeron que las nuevas reglas electorales abrirían la puerta a la reelección de diputados locales y presidentes municipales, y que establecerían reglas sobre los gobiernos de coalición y algunas otras figuras que si bien no han sido explotadas en sus mayores alcances, también es cierto que ya no son tan novedosas porque todas ya existen en la legislación federal.

Así, dijeron los legisladores, habrá posibilidad para que se puedan reelegir las autoridades municipales que ahora se encuentran en funciones, y que a partir de los comicios del año próximo habrá margen para los gobiernos de coalición, las candidaturas comunes, las alianzas, y algunas otras figuras que se incorporarán a la Ley de Instituciones Políticas y Procedimientos Electorales, que finalmente vería la luz antes del término constitucional establecido para la emisión de esas reformas.

Pues esta ley, vendría a enmendar el caos jurídico que se generó hace dos años, cuando la Suprema Corte de Justicia de la Nación declaró inconstitucional el decreto mediante el cual se había aprobado la primera reforma electoral que se supone que debió regir la elección estatal de 2016, pero que terminó en la emisión de “reglamentos-parche” por la autoridad electoral, y la inconformidad –con la que intentaban disimular la falta de vergüenza— del Congreso, al afirmar que el IEEPCO invadía su función legislativa al emitir reglamentos que debían ser parte de las leyes que la Corte les expulsó del orden jurídico por desaseados y negligentes en el proceso de emisión de la norma, independientemente del contenido del decreto.

Hoy, el Congreso del Estado se encuentra nuevamente en el límite para la emisión de la ley electoral. Pues resulta que el tercer párrafo del inciso i), de la fracción segunda del artículo 105 de la Constitución de la República, establece que “las leyes electorales federal y locales deberán promulgarse y publicarse por lo menos noventa días antes de que inicie el proceso electoral en que vayan a aplicarse, y durante el mismo no podrá haber modificaciones legales fundamentales.”

De acuerdo con el calendario del INE, el proceso electoral 2018 —que en este caso será concurrente por la elección presidencial, diputados federales y senadores, con la de diputados locales y autoridades municipales— debe iniciar en los primeros días del mes de septiembre. Por ende el Congreso del Estado tiene hasta el 3 de junio para emitir la legislación aplicable al proceso electoral estatal, y que ésta pueda regir para este proceso electoral.

En el fondo, queda claro que los diputados ponderaron la necesidad de sacar una ley electoral únicamente para cubrir los múltiples vacíos y problemas que existen con la aplicación de una ley antigua y desfasada como el Código de Instituciones Políticas y Procedimientos Electorales del Estado de Oaxaca, que está lejos de las figuras que ya se establecen en la Constitución federal y que necesitaban marco jurídico real para su aplicación.

ARMONIZACIÓN, NO REFORMA

Había algunos anhelos de llevar la creación de una nueva ley electoral a un escenario de cierta avanzada. De entre ello, destacaba la posibilidad de establecer un marco regulatorio tanto de austeridad como de transparencia efectiva para todos los actores e instituciones involucrados en los procesos electorales, que finalmente fue desechado por la mayoría de los partidos que quisieron evitar los problemas y diferendos políticos optando únicamente por una norma mínima.

En esa lógica, diversas fracciones parlamentarias habían saludado iniciativas como la del diputado Jesús Romero que apuntaba a establecer una reducción importante en las prerrogativas que reciben los partidos políticos tanto para su operación como para las campañas electorales, u otra que establecía mecanismos más elevados que los que finalmente prevalecieron, para que todos los involucrados en los procesos electorales —partidos, candidatos, la autoridad electoral, los tribunales, etcétera— tuvieran obligaciones más específicas de transparencia y rendición de cuentas.

El problema fue cuando, en el cierre de la discusión, algunas de las fuerzas políticas parecieron optar por una posición más conservadora y limitarse a trasfundir a la legislación local, las nuevas reglas electorales ya contempladas en el marco federal para así cumplir con el objetivo mínimo de la reforma y dejar para después —un después indefinido— la posibilidad de ir más allá de lo que dice la Constitución federal que deben contener las leyes electorales locales.

En esa lógica, una vez que se conozca el contenido total de la nueva ley electoral, se verá si prevalecieron algunas figuras que parecían polémicas en la legislación que fue invalidada por la sentencia del 5 de octubre de 2015 por el Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. En aquella ley se incorporaban varias figuras que permitían “coaliciones light” de las cuales podían beneficiarse todos los partidos selectivamente, según la geografía política, y las fortalezas y debilidades de cada partido según sus estructuras electorales y de movilización.

Una de esas figuras era la de las candidaturas comunes. Pues si bien la Ley General de Partidos Políticos contempla las fusiones, coaliciones y frentes, deja abierta la puerta para que los congresos locales legislaran otras figuras de participación o asociación de partidos políticos con el fin de postular candidatos. En el caso de Oaxaca, la figura alterna que utilizó el Congreso local en la LIPEO, fue la de las candidaturas comunes. Algunas otras figuras daban la idea del establecimiento de una especie de coaliciones selectivas, que significarán todo un desafío a la ingeniería electoral tradicional de los partidos políticos.

OPORTUNIDAD PERDIDA

Por eso arrancábamos esta entrega asegurando que el consenso para una nueva ley electoral en Oaxaca es apenas una buena noticia, pero muy a secas. De nuevo, queda claro que la pluralidad política al interior del Congreso se vuelve un problema, y convierte a la ley en rehén de los intereses políticos, cuando chocan las posibilidades de avanzar anteponiendo sus afanes particulares en aras del avance de las normas. En este caso —y en el mejor de los casos— habrá una ley útil pero no de avanzada. Por eso no puede ser ésta una victoria de la democracia, ni un triunfo de la democracia deliberativa, ni una demostración de civilidad de los partidos y las fracciones parlamentarias.

Evaluación: S-22 juega a las vencidas en una arena en la que no va a ganar

 

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+ Se entretienen inventando problemas para no asumir su carencia de banderas


La determinación de la Sección 22 de no permitir que los tres mil 699 trabajadores regularizados presenten las evaluaciones para continuar con el trámite para lograr la asignación definitiva de sus plazas, es una consecuencia del juego de vencidas que intenta jugar la dirigencia magisterial, en lo que más bien podría verse como un round de sombra. La Sección 22 intenta en realidad bloquear un acuerdo que no pasa por la potestad del gobierno estatal, y que al cancelarse impactaría directamente en sus bases.

En efecto, pareciera que en esa relación enfermiza entre radicales y moderados al interior de la Asamblea Estatal de la Sección 22, siempre los lleva a posiciones extremas incluso cuando éstas parecieran ser innecesarias. En este caso, la postura de los grupos más radicales de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, se impuso en la asamblea estatal al prohibir preliminarmente a los más de tres mil maestros en proceso de regularización en Oaxaca participar en la evaluación docente.

Según la información, el emplazamiento de la comisión política es que el 30 de mayo, el Estado pague al personal irregular sin que medie el examen. La postura, impulsada por el grupo radical del magisterio vinculado al ex gobernador Ulises Ruiz, considera que el examen implicaría aceptar, en los hechos, la reforma educativa. De igual forma, entre los acuerdos de la asamblea estatal de la CNTE, acordaron no subir información a las plataformas oficiales de la SEP, y el pronunciamiento contra la profesora Anabel Espinoza, de la Escuela Benito Juárez, en San Juan Bautista Tuxtepec.

En esencia, con esto lo que buscan es presionar a que la administración del gobernador Alejandro Murat intente forzar la concreción de un acuerdo con el gobierno federal para evitar lo que la Sección 22 considera algo así como la “joya de la corona”: la inaplicación de facto de la evaluación, y con ello la derogación material de la reforma educativa, que primero intentaron conseguir a través de la presión a los órganos legislativo y ejecutivo federales, y que ahora han intentado alcanzar a través de la presión a los gobiernos estatales.

El problema, en ese caso, es que esta resulta ser una práctica que directamente golpea a su clientela más reciente: todavía la dirigencia estatal que encabezó Rubén Núñez Ginez, estableció como el logro más importante de toda su gestión, el haber conseguido la regularización de alrededor de cuatro mil 500 trabajadores que, total o parcialmente, se encontraban en una situación de inestabilidad laboral, tanto respecto a sus empleos, como a la asignación de horas clase, ubicación de centro laboral y algunas otras cuestiones.

El gobierno de Murat Hinojosa logró que el gobierno federal accediera a la regularización, aunque desde un inicio la incorporación de los nuevos profesores a la nómina magisterial quedó condicionada a que éstos cumplieran con el acuerdo de presentarse a las evaluaciones y terminar los trámites que establece la Ley General del Servicio Profesional Docente.

En este caso, parece que la estratagema entre los propios profesores radica en la forma en que ven las prioridades respecto a la negociación del mes de mayo. Pues incluso cuando dieron a conocer el pliego petitorio que entregarían a la administración estatal, la Sección 22 no fijó prioridades concretas, y más bien dio la idea de que éste no era un año potencialmente relevante para sus intereses de fondo.

El problema es que, como ya es bien sabido, en el camino se cruzaron los radicales que han intentado imponer el criterio de que toda la negociación anual debe quedar condicionada al éxito o fracaso de la exigencia de que los tres mil 699 nuevos incorporados a la nómina magisterial, queden exentos del proceso de evaluación, del que finalmente no se podrán salvar ni los profesores ya en activo, ni los recién contratado, ni los normalistas que intentan acceder a una nueva plaza docente.

RADICALES Y MÁS RADICALES

Apuntamos el miércoles 3 de mayo en este espacio: “Al final, la lucha de radicales contra moderados al interior de la Sección 22 será constante en estas semanas por venir. Ayer mismo, diversas voces intentaron responsabilizar a varios grupos políticos por el origen de los incendios ocurridos por la mañana en varias escuelas de la capital oaxaqueña. Podría ser, aunque en realidad casi todos los grupos influyentes al interior de la Sección 22 tienen relación con los grupos que gobiernan y que han gobernado la entidad en las últimas décadas. Por eso, además habría que ver y entender la lucha natural entre radicales y moderados al interior del sindicato, frente a un tema toral como la definición de la relación política entre el gobierno y la Sección 22 para los próximos años.”

Pues resulta que aunque parece un tema intrascendente, en estos momentos todos deben entender que lo que se intenta establecer en la relación política de la Sección 22 con la nueva administración del Gobierno de Oaxaca, no radica en si los nuevos profesores deben o no presentar la evaluación para continuar sus trámites administrativos, sino en si finalmente se lograrán imponer las determinaciones del gobierno sobre el magisterio, o viceversa.

Por esa razón, el martes 16 de mayo volvimos al tema específico del establecimiento de los nuevos parámetros de la relación política entre el gobierno estatal y la Sección 22, apuntando lo siguiente: “el propio gobierno de Oaxaca tendrá que asumir que una negociación relativamente cómoda y civilizada durante el presente año —si es que no resulta vetada por el radicalismo de la Asamblea Estatal, que suele imponerse en los momentos menos previsibles a favor de medidas duras— no es indicio de una nueva relación con la Sección 22. Ellos lo harían así según su propia agenda y para generar una correcta acumulación de fuerzas rumbo al 2018, en el que se volcarán abiertamente a apoyar al candidato y el partido que definan, y en el que ni la más poderosa negociación política, al más alto nivel, podrá evitar. Eso es de antemano un hecho. A pesar de lo benigno que pudiera finalmente parecer el saldo de la negociación en 2017.”

Es claro que todo eso se ha cumplido sobradamente, y que ahora será una labor milimétrica la de no permitir que la ya de por sí endeble relación política entre el gobierno y la 22, se contamine con el radicalismo de quienes intentan ver arder toda la relación. Esta es, en el fondo, una misión conjunta de la dirigencia magisterial y del gobierno de Oaxaca, en la que se encuentra en medio la Asamblea Estatal, que como vemos sí logra ser influida por los sectores más radicales.

Al final, tanto a la dirigencia seccional como al gobierno, les conviene llegar a un buen acuerdo por lo menos en la negociación del presente año, porque eso significa preparar sus respectivas baterías para el decisivo año 2018, en el que ya no tendrán como meta negociar plazas docentes ni incrementos salariales, sino las definiciones presidenciales de las que irremediablemente unos y otros serán partes.

TEMPORADA DE REALIDADES

La sola temporada pone en evidencia las debilidades más básicas: llueve un día y amplias zonas de la ciudad sufren por la indolencia de diversas instancias municipales y estatales, que no previeron el taponamiento del sistema de aguas pluviales. Tiembla, pareciera que para revelar que el sistema de las alertas sísmicas no funciona. ¿Y si todo esto fuera lo mismo, pero en una magnitud catastrófica? Ni pensarlo…

Desaparición de eperristas, parte no olvidada de la agenda de la impunidad

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Ayot

+ 10 años de desapariciones; 43 de Ayotzinapa, y miles más, amplían su lucha


La detención-desaparición que durante 10 años ha denunciado el Ejército Popular Revolucionario de dos de sus integrantes, hoy en día se inscribe en una dolorosa agenda en la que las desapariciones son un problema nacional, y en el que el Estado se ha visto completamente rebasado en la contención de este fenómeno de tanto dolor e incertidumbre continuados. Aunque a la luz de las circunstancias actuales, la desaparición forzada de los dos eperristas parece algo lejano, esto bien puede ejemplificar la indolencia gubernamental para atender integralmente los casos de esta naturaleza.

En efecto, en el caso de la detención-desaparición de estos dos militantes eperristas, existe una amplia documentación del posible contexto en que ocurrió su posible aseguramiento por parte de elementos de alguna corporaciones policiaca. Distintas versiones sostienen, por ejemplo, que fueron aprehendidos en el Hotel del Árbol, en la Calzada Madero de la capital oaxaqueña; y otras, que en realidad fueron detenidos en un sitio no identificado específicamente, pero de ese mismo rumbo, de la ciudad de Oaxaca de Juárez.

De hecho, en lo único en lo que sí hay coincidencia entre las versiones, y que ha sido aceptado públicamente por el EPR, es que tanto Edmundo Reyes Amaya como Gabriel Alberto Cruz Sánchez habían tenido participación en el conflicto magisterial y popular ocurrido en Oaxaca el año previo; y dentro de las versiones, se sostiene que en realidad al momento de su detención, estos dos individuos no se encontraban en el Hotel del Árbol, sino que momentos antes habían sido dejados en un sitio cercano al Hotel del Magisterio, y que se dirigían a ese lugar para sostener una reunión con personas ligadas al magisterio y a la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca, que aún se mantenían activos en temas relacionados con el conflicto popular del año previo.

En ese sentido, el eperrismo denunció la desaparición de sus militantes, apenas unos días después de que ocurrió su detención. Según los comunicados de la época, lo hizo luego de poner en marcha sus mecanismos de verificación y de consultar a las comandancias regionales del EPR sobre la posibilidad de que tuvieran noticias de ellos. Fue entonces que aceptaron públicamente la participación de los dos desaparecidos en el conflicto magisterial en su calidad de luchadores sociales (ver, por ejemplo, el comunicado que emitió la Comandancia del EPR en Hidalgo el 12 de junio de 2007, donde aceptan ese hecho de forma expresa). Y fueron enfáticos, desde el principio, en acusar tanto al gobierno del Estado de Oaxaca, como al federal, de haber participado, en una especie de “colaboración”, en la detención-desaparición de sus militantes.

Luego vinieron los actos de sabotaje, que en el segundo semestre de 2007 lanzaron en contra de instalaciones estratégicas de Pemex. Ante la respuesta gubernamental de que los buscarían y detendrían, el EPR propuso una tregua unilateral que permitiera abrir un espacio de diálogo con el gobierno federal. Éste aceptó, pero reiteradamente dio largas al asunto.

Hoy han pasado diez años de la detención-desaparición de los dos eperristas, y llama la atención que ninguno de los dos ámbitos de gobierno parezca no terminar de entender dos circunstancias que son fundamentales en este tema: primera, que la detención y desaparición de esas dos personas está más documentada de lo que parece, sin que hasta el momento haya una conclusión concreta por parte del Estado sobre qué pasó con ellos, así como se sabe concretamente qué ha pasado con los miles de desaparecidos más que se han acumulado de entonces a la fecha a lo largo y ancho de amplias regiones del país.

Y segunda, que a pesar de todo lo que ha pasado, el EPR no ha vuelto a optar ni por la violencia ni por el sabotaje para tratar de presionar al Estado para que responda por sus desaparecidos. ¿Por qué? Porque parece claro que ese grupo tiene una estrategia perfectamente delineada, que hoy en día lo que busca es que por medio de la denuncia este asunto continúe vigente, y al final eso termine impactando en la forma en cómo la comunidad internacional ve a México frente a hechos incalificables como el permitir, tolerar o promover la detención arbitraria, y la desaparición forzada de personas.

En ese rubro, parece que en una misma medida, la lucha eperrista de los últimos años ha sido discreta pero eficaz.

LA RUTA DE LA DENUNCIA

Hoy se cumplen 10 años de la desaparición de los dos eperristas, y durante todo este tiempo el EPR —junto con otras organizaciones que, por su lado y a través de sus propios métodos, hacen lo mismo— se ha limitado a la denuncia. Ellos más que nadie, parecen tener claro que el único camino posible en este caso es la denuncia reiterada. Saben que la posibilidad de encontrar vivos a sus compañeros es cada vez menor, pero también parece quedarles claro que ante lo irremediable de esos hechos lo menos que pueden hacer es permitir que el tema se olvide, o que se quede archivado en los expedientes de la burocracia.

Por eso no es raro que todas las personas que desde la vida pública están encargadas de la defensa de los familiares de los desaparecidos, insistan en continuar actuando frente a las autoridades judiciales, para que una vez agotados todos los procedimientos vayan ante las instancias continentales en materia de derechos humanos.

Así, el camino que seguirá este asunto es llegar —tarde o temprano— a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y después irá a la Corte Interamericana. Ahí resultarán las responsabilidades que hasta ahora el gobierno federal y el local han querido evadir, y finalmente el Estado Mexicano se verá obligado a enfrentar este tema, que hasta ahora ha intentado ser minimizado por los gobernantes en turno.

Si esa posibilidad, vista por muchos como remota pero no imposible, se entrelaza con el drama nacional por las miles de desapariciones cometidas por diversos agentes públicos y privados —quizá algunos cometidos por el propio Estado, pero muchos otros cometidos por particulares aunque con la aquiescencia del Estado— y también por otros temas que, en otras vías, intentarán también se llevados a los tribunales continentales en materia de derechos humanos, específicamente para enjuiciar a los últimos dos presidentes por sus acciones relacionadas con el combate a la delincuencia organizada que pudieran derivar en responsabilidad internacional por hechos ilícitos y por violaciones a la legislacion internacional en materia de derechos humanos.

Si se recuerda, al ex presidente Felipe Calderón se le ha intentado llevar a tribunales internacionales bajo acusaciones de haber cometido crímenes de lesa humanidad; y hay organizaciones que, en su momento, intentarán hacer lo mismo con el presidente Enrique Peña Nieto con temas como la conformación de las autodefensas en Michoacán —grupos de civiles a los que el propio Estado armó y toleró, para que combatieran a otros civiles aparentemente identificados con la delincuencia organizada—, la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, y muchísimos otros casos de desapariciones que han ocurrido en los últimos seis años a lo largo del país.

DOLOR

En el fondo, es claro que la lucha eperrista actual nunca ha perdido los derroteros; para mal del país, una década después las propias circunstancias le dan la razón en medio del dolor y el horror que se vive en amplias zonas del país tanto por la violencia desbordante, como por la incapacidad del Estado por cumplir con sus responsabilidades.

Segego: el fortalecimiento del diálogo debe traducirse en la concertación efectiva

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Segego

+ Sirve poco dialogar, cuando no se tiene respaldo y herramientas para actuar


Si bien es cierto que la gobernabilidad debe tener como premisa el diálogo, también lo es que un diálogo sin derroteros ni respaldo institucional, es tanto como la demagogia. A eso es a lo que se enfrenta la Secretaría General de Gobierno, que tiene ante sí una circunstancia compleja, en la que efectivamente el diálogo es la principal herramienta, aunque en los hechos se debe demostrar que todo el gobierno está alineado a favor de esa vertiente a través del respaldo y las acciones institucionales. De ser así, entonces podrán demostrar que el diálogo se traduce en concertación, y que esa concertación es la base de la gobernabilidad.

En efecto, no es nueva la circunstancia de la Secretaría General de Gobierno. En los últimos años, la mayor constante —y la mayor desgracia— que ha habido en esa dependencia, ha sido justamente la de la incapacidad de articular las acciones del gobierno. ¿Por qué ha ocurrido? Porque al menos desde hace dos sexenios, el gobierno dejó de estar alineado a favor de la gobernabilidad, para establecer prioridades distintas que menguaron la capacidad y la fuerza de la Secretaría General de Gobierno.

¿De qué hablamos? De que hasta hace tres o cuatro administraciones, todos los servidores públicos estatales estaban convencidos de que el Titular de la Secretaría General de Gobierno era el funcionario más fuerte y con mayor injerencia en la administración. Por eso, en aquellos tiempos la Secretaría General era la encargada de conducir las relaciones políticas del régimen con todos los interlocutores más importantes, y por eso mismo era la que articulaba de forma efectiva todos los esfuerzos de gobierno para lograr ese indeterminable objetivo de la gobernabilidad.

El problema vino cuando esa gobernabilidad comenzó a verse más como un botín o como una oportunidad al interior del mismo gobierno, y entonces comenzaron a establecerse prioridades distintas según los grupos políticos o los intereses —e incluso la fuerza al interior del gabinete, y la injerencia ante el Gobernador— de algunos integrantes de la administración estatal. Cuando eso ocurrió, la gobernabilidad dejó de ser el fin para convertirse en una moneda de cambio, o un mecanismo de torpedeo entre dependencias y funcionarios, y por eso la Secretaría General de Gobierno dejó de ser el eje —político— articulador de los esfuerzos a favor de la paz social, y eso se transfirió a espacios incluso privados desde donde se trataba de intervenir para encauzar los conflictos.

Y ese es, de hecho, un problema que tiene diversos factores. Por ejemplo, durante la administración del gobernador Ulises Ruiz la figura de la Secretaría General de Gobierno quedó desacreditada luego del conflicto magisterial de 2006 por una especie de resaca de poder. Jorge Franco Vargas fue un secretario de Gobierno fuerte, pero toda esa fuerza se convirtió en descrédito luego de que la Secretaría de Gobernación —federal— relevó a la dependencia estatal encargada del diálogo con el magisterio y las organizaciones, luego del desastre que fue el 2006 y el repudio que le profesaron desde entonces los grupos que fueron declarados como ganadores del conflicto magisterial, por la propia autoridad federal que con eso terminó de desacreditar, para todo lo que restaba del sexenio, la presencia y capacidad de la Secretaría General de Gobierno.

MÁS DESCRÉDITO

Luego vino el gobierno de Gabino Cué que, como todos sabemos, nunca vio con seriedad la importancia de la Secretaría General de Gobierno. Desde el inicio, y durante todo el sexenio, otros grupos tomaron el control de las organizaciones sociales, e incluso había personajes que durante las primeras horas del día fungían como servidores públicos, pero por la tarde acudían a las dependencias a exigir recursos y gestiones en su calidad de luchadores sociales.

Así, el gobierno de parcelas que impulsó la coalición de partidos que llevó a Cué a la gubernatura, provocó no sólo el desastre de gobernabilidad que fueron los años del gobierno de Gabino Cué, sino también un socavamiento profundo a lo que tendría que haber sido la Secretaría General de Gobierno.

En esa lógica, la Segego perdió por completo su capacidad de interlocución al interior del gobierno. Esto, dicho en palabras más simples, se traduce en el hecho de que la figura del Secretario General de Gobierno dejó de ser lo suficientemente respetada y fuerte al interior del gabinete, que a partir de entonces comenzó a tener como optativo, y potestativo, hacer eco a los llamados de la Segego para resolver conflictos y temas relacionados con la gobernabilidad.

En esa lógica, la Segego dejó de tener el papel político que tuvo durante mucho tiempo de ser una jefatura fáctica de gabinete. Aunque esa fue una categoría que nunca existió en la ley —la del Titular de Segego como Jefe de Gabinete—, en realidad siempre fueron los propios Gobernadores quienes establecían al interior del gabinete la relevancia de las determinaciones y necesidades de la Secretaría General, para que todas las demás dependencias de la administración estatal la acompañaran en sus necesidades para resolver problemas.

Al perder esa categoría política de jefatura fáctica de gabinete, entonces la Secretaría General de Gobierno perdió también su capacidad de concertación. ¿Qué podemos entonces entender por concertación? Es, en términos generales, la capacidad de conseguir que el diálogo institucional venga acompañado de acciones integrales por parte de distintos actores y dependencias a favor de un mismo fin.

Por eso, cuando una entidad como la Segego tiene capacidad de concertación, entonces también tiene capacidad de hacer cosas positivas a favor de la gobernabilidad. Y eso le hace bien a cualquier sociedad porque es la muestra efectiva de que un gobierno funciona. Pero por eso mismo, una de las principales interrogantes que en la actualidad deben responderse los mismos funcionarios de la Secretaría General —aunque no se lo digan a nadie fuera de la dependencia, ni lo socialicen—, es si en realidad el gobierno está alineado e instruido a acompañar a la Segego en las tareas de la gobernabilidad, o si persiste el mismo problema estructural que heredaron de las administraciones anteriores, y que al parecer ni siquiera alcanzó a visualizar el efímero primer titular de la Secretaría General, Alejandro Avilés Álvarez, quien más bien se dedicó a crear la dependencia que le convenía, pero no la que Oaxaca necesitaba.

En el fondo ahí es donde está el reto de Héctor Anuar Mafud Mafud: reconocer que la Segego de hoy no es la Secretaría General de Gobierno que él ejerció en tiempos anteriores, y establecer los mecanismos y acciones para realinear todos los esfuerzos institucionales a favor de la gobernabilidad. Si lo logra, sin duda será de gran beneficio para Oaxaca.

RECONOCIMIENTO

Rosalba Castellanos Baltazar, una oaxaqueña excepcional, hija de nuestro apreciado amigo y compañero de páginas en TIEMPO, Raúl Castellanos Hernández, el pasado fin de semana obtuvo el Título de Master of Business Administration por la Universidad de Texas at Austin. Licenciada en Idiomas y en Derecho, Diplomada por la Sorbona de París en Civilizaciones Europeas. Funcionaria en las Cámaras de Diputados y Senadores del Congreso de la Unión y actualmente en la SCJN, suma un éxito más a su trayectoria académica y profesional. Le enviamos una cálida felicitación.

México se ahoga entre la gasolina robada, los periodistas muertos y la violencia

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Javier-

+ El Estado mexicano da pasos en reversa, sin entender la dimensión del problema


Son al menos tres circunstancias las que hoy corren en los carriles paralelos que parecen tener como rumbo el infierno para México: la primera de ellas es la imparable violencia criminal, que no tiene forma ni fin; la segunda, es la brutal demostración de impunidad que significa el robo de combustible de los ductos de Pemex, sin que nadie lo haya logrado frenar a pesar de que es un problema añejo y ampliamente documentado por todos, menos por las autoridades; y la tercera circunstancia es el crecimiento acelerado de las agresiones contra comunicadores. Si alguien buscara ejemplos de un coctel de la ignominia, hoy México podría ser un inmejorable ejemplo.

En efecto, las tres circunstancias son demostraciones más o menos similares de un mismo problema. En México parecemos haber llegado al extremo de la incapacidad del Estado para aplicar la ley, y ello se refleja en el cúmulo de circunstancias que hoy tienen como un doloroso leitmotiv de impunidad, de dolor y de soledad de la sociedad mexicana frente a los problemas que, en conjunto, tienen completamente rebasado al Estado y asolada a la gente en amplias regiones del país.

En esa lógica, por ejemplo, no resulta exagerado preguntarnos qué tipo de conflicto enfrenta el país. Hay quienes dicen, por ejemplo, que el país sí atraviesa por lo que podría ser algo equiparable a una guerra civil, a partir de circunstancias objetivas tales como el altísimo número de muertos que tiene el país, o la incapacidad del Estado de detener a quienes ponen en entredicho el imperio de la ley, e incluso por la articulación que han demostrado tener las organizaciones que todos los días intentan contrarrestar las acciones que el gobierno impulsa para detenerlos.

Acaso, podría decirse en descargo de la idea anterior, que en México no se vive una guerra civil porque dentro de la violencia no existen los elementos políticos que pudieran llevarnos a suponer que la violencia tiene como objetivo el cambio de régimen, o una idea más o menos parecida. ¿Es esto real?

En realidad, el crimen organizado hoy no establece como una de sus líneas de acción —y de violencia— el derrocamiento del Presidente de la República o el establecimiento de un gobierno distinto. Sin embargo, en el fondo, pareciera que de facto sí existe tal voluntad no a nivel del gobierno federal, aunque a estas alturas ha quedado claro que los cárteles de la delincuencia organizada sí han logrado infiltrar, intimidar o someter a autoridades que van desde presidentes municipales, jefes y fuerzas policiacas completas, e incluso funcionarios de primer nivel en el ámbito de las entidades federativas, y hasta gobernadores.

Por esa razón, a pesar de lo que se diga, es claro que sí existen ingredientes que ponen en evidencia el ingrediente político implícito que está en ello. Y el círculo vicioso se cierra cuando se evidencia que de forma sistemática, el propio Estado se ha dedicado a proteger y a negar la existencia de esos altísimos índices de corrupción entre sus funcionarios, y por acción u omisión se ha dedicado a encubrirlos y protegerlos.

INCERTIDUMBRE TOTAL

De hecho, en la búsqueda de criterios más o menos objetivos —es decir, más allá de si se quiere o no cambiar al régimen a través de la vía violenta organizada— sobre el tema, la semana pasada el periodista Raymundo Riva Palacio citaba los ofrecidos por Virginia Page de la Universidad de Columbia (http://bit.ly/2pW9ihD). Según Riva Palacio, en un estudio sobre paz y guerras civiles, la autora establece cinco criterios que definen un conflicto armado como guerra civil, que en México se cumplen todos: la guerra ha causado más de mil muertos; representa un desafío a la soberanía de un Estado internacionalmente reconocido; ocurre dentro de las fronteras de ese Estado; involucra al Estado como uno de los principales combatientes; y los rebeldes son capaces de mantener una oposición militar organizada y causar víctimas significativas al Estado. Como recordatorio, durante el primer trimestre de este año hubo seis mil 511 denuncias de homicidio doloso en el país; es decir, seis veces más de la cantidad estándar para calificar un conflicto como una guerra civil.

Siguiendo a Riva Palacio, este apunta que las autoridades han negado, desde el gobierno de Calderón, que se viva una guerra civil. Es una guerra contra criminales, dijo siempre el expresidente. En el gobierno de Peña Nieto, mientras las fuerzas de seguridad federales dejaron de combatir criminales durante ocho meses, se hizo algo que sólo se había visto en la guerra de Bosnia en los 90: el gobierno armó a un grupo (las autodefensas en Michoacán) para combatir y aniquilar a otro grupo (Los Caballeros Templarios). El gobierno peñista no tiene en su vocabulario político la palabra ‘guerra’, pero las acciones extraconstitucionales en Michoacán entran en la tipología del genocidio, razón por la cual se está armando un expediente en Estados Unidos contra el presidente Peña Nieto, para llevarlo a una corte internacional, acusado de crímenes de lesa humanidad. Por sus omisiones y negligencias con sus estrategias fallidas e ilegales, dice Riva Palacio, como apoyar a miembros de la delincuencia organizada para ‘limpiar’ de criminales a Michoacán, el gobierno ha contribuido a la creación o consolidación de zonas donde la guerra es abierta.

A todo esto habría que agregarle el drama nacional que significa el auge del llamado “huachicol”. ¿Qué es eso? Es nada menos que la piratería y el robo a cielo abierto llevado a su máxima expresión. Antes nos sorprendíamos por los mercados de pulgas en los que vendían algunos objetos robados, o productos introducidos al país a través del contrabando para evitar el pago de impuestos.

Hoy todos esos mercados siguen existiendo, florecientes, al amparo de un negocio todavía mayor que evidencia el nivel de impunidad que impera en México. La venta del combustible robado significa una de las mayores y más funestas expresiones que existen de cómo el desafío descarado al Estado de Derecho puede convertirse en uno de los mayores negocios de nuestro tiempo, acaso sólo por debajo del narcotráfico, pero sí similar a otras formas de delincuencia organizada.

Ello significa, en el fondo, que se perdió todo pudor y que entonces hay un nivel superior de desafío: criminales roban el combustible en zonas que son ampliamente conocidas, para luego llevarlo a estaciones de servicio donde nos vuelven a robar con litros incompletos, y en donde se vuelven a burlarse de la autoridad que ni puede detener la extracción ilegal de gasolina y diesel de los ductos, y tampoco puede frenar a quienes no sólo compran para revender combustible robado, sino que también lavan dinero al ingresar cantidades millonarias por concepto de esas ventas, cuando nadie sabe —bueno, sí, todos sabemos que le compran la gasolina robada a los huachicoleros— de dónde la obtuvieron porque no se la compraron a Pemex, que hasta hoy es el único distribuidor de gasolina al mayoreo en nuestro país.

CALLAR LA REALIDAD

Todo eso se enmarca en un problema aún más doloroso: las agresiones contra periodistas. Pues no sólo se trata del número de reporteros y comunicadores que han sido asesinados —y que pone a México en un espacio vergonzante frente a la comunidad internacional, que ni en conjunto concentra tantas agresiones a comunicadores— sino de todo lo que se está callando y dejando de contar sobre la realidad nacional. Si solo hay algo peor que la censura, llamado autocensura, ¿cuántos periodistas en México prefieren no registrar los acontecimientos diarios por miedo a la impunidad que los somete? Es una pregunta de muy largo aliento en nuestro país.