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Mientras no reformen la Secretaría General de Gobierno, todo seguirá de cabeza

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Saul Lopez
CIUDAD DE MÉXICO, 29MARZO2016.- Alejandro Murat Hinojosa, ex titular del Infonavit y candidato a la gubernatura de Oaxaca se reunió en privado con Cesar Camacho Quiroz así como diputados del PRI, PVEM y Nueva Alianza donde explicó algunas estrategias para su campaña electoral. FOTO: SAÚL LÓPEZ /CUARTOSCURO.COM

+ Gobierno debe buscar liderazgos homogéneos, no insistir en reparto entre grupos


El abrupto relevo en la Secretaría General de Gobierno (Segego) debiera servirle al grupo gobernante para un análisis autocrítico de fondo, y no sólo para resolver lo coyuntural —que radica en el relevo del titular de la dependencia. Dicho análisis de fondo tendría que versar sobre qué tipo de Secretaría General le podría ser útil al gobierno, y si la actual estructura de la Segego es un aporte o un lastre para la gobernabilidad. A la par de ello, un criterio fundamental tendría que radicar en el establecimiento de una línea más vertical y homogénea en quien encabece la labor relativa a la gobernabilidad. El reto no es sencillo. Pero la coyuntura permite esta posibilidad.

En efecto, vale la pena preguntarse si la Secretaría General de Gobierno sirve en las condiciones actuales, y si junto con el cambio de titular tendría también que haber una modificación operativa a la estructura y alcances de la dependencia. Ello, en primera instancia, tendría aún que responderlo Alejandro Avilés, que ex profeso se confeccionó una dependencia a modo cuando todavía era integrante y pastor de la LXII Legislatura, aunque en los hechos tuvo innumerables problemas de operación que, en buena medida, marcaron la pauta de su cese (disfrazado de renuncia). Además, en esa discusión tendría que participar la persona en quien recaerá la responsabilidad de relevar a Avilés.

El asunto, en esta lógica, no es de vanidades ni de poses, sino estrictamente de un sentido pragmático para tratar de proveerle algo mejor a Oaxaca. Durante años —al menos los seis de la administración de Gabino Cué— la Segego estuvo sometida a un desgaste constante propiciado por los propios grupos internos, que durante toda la gestión gabinista trataron de sobreponerse a sus pares. Desde que llegó a la dependencia Irma Piñeyro —que había sido candidata a la gubernatura por Nueva Alianza, y a la que Cué designó como un mensaje inicial de inclusión y pluralidad en la integración de su gabinete—, los principales integrantes del entonces nuevo grupo gobernante intentaron derrocarla, a través del desgaste institucional a la Segego. ¿Qué hicieron?

Por un lado Benjamín Robles Montoya, y por el otro Jorge Castillo Díaz, se dedicaron a desacreditar a la dependencia frente a los demás entes del gobierno. Materialmente, dejaron a Irma Piñeyro sin ninguna capacidad de interlocución y de influencia al interior del gabinete, a partir del acuerdo —y de la amenaza— a todos los demás secretarios y directores de los organismos estatales, de que atender sus peticiones significaba perder la gracia de aquellos, que eran los dos pilares más cercanos al Gobernador.

Por esa razón, nadie atendía, ni ayudaba a Piñeyro a resolver los problemas que llegaban a la Segego. Y en eso, se marcó una primera pauta de descrédito (que intentaba ser personal contra Piñeyro, pero que terminó siendo institucional contra la Segego), que luego se acentuó con el relevo en el cargo por parte del ex gobernador Jesús Martínez Álvarez, que intentó generar una Secretaría General fuerte y nuevamente fue desacreditado —por una especie de conspiración entre los grupos que encabezaban Robles y Castillo Díaz— en otro golpe institucional en contra de la Segego.

QUE PAGUEN LAS INSTITUCIONES

Martínez Álvarez tuvo dos intenciones para la Secretaría General: la primera consistía en el restablecimiento de las delegaciones de gobierno, y la segunda consistía en lograr una reforma a la Ley Orgánica del Poder Ejecutivo en la que se estableciera al titular de la Secretaría General como jefe de gabinete. Martínez consiguió parcialmente el primero de los objetivos con la creación de la Subsecretaría de Operación Regional.

Pero no sólo no logró, sino que fue arrollado en su intención de modificar la ley para robustecer la presencia de la Secretaría General entre el gabinete. Pues lejos de quedar robustecida, nuevamente el acuerdo oprobioso entre los grupos de Robles y Castillo, consiguieron debilitar a la Segego, que en ese momento perdió la mayoría de las entidades que estaban sectorizadas a la dependencia, y ello envió un nuevo mensaje de desconsideración no sólo en contra de Martínez Álvarez —a quien nunca dejaron operar, y que terminó renunciando y distanciándose del grupo gobernante al punto del pleito— sino de la Secretaría General.

Así terminó el sexenio, y Avilés nunca se preguntó qué necesitaba ese modelo para operar correctamente. Más bien, lo que intentó en la reforma a la Ley Orgánica del Poder Ejecutivo, ocurrida en septiembre del año pasado, fue tomar la mayor cantidad de espacios posibles para tener, en su lógica, la mayor cantidad de poder respecto a la integración del gabinete. Por eso la Segego nuevamente asumió las delegaciones de gobierno —que no fue sino el cambio de nombre de las coordinaciones regionales que ya existían, y que entonces como ahora eran inoperantes— e intentó ganar espacios al interior del gabinete.

Lo que seguramente Avilés nunca consideró es que la influencia de la Secretaría General no se traduce por qué tanto margen de operación tiene hacia dentro, sino qué tanta influencia tiene con relación a las demás secretarías del gobierno. Por eso, en una integración ‘plural’ —o de reparto entre grupos, como también se podría leer— su influencia resultó relativa, y sus excesos y errores iniciales significaron una señal en sentido contrario de lo que quizá habría querido para mostrarse como un secretario fuerte.

Avilés, de hecho, nunca demostró ascendencia con el Gobernador —es decir, que éste lo escuchara y respetara su opinión—; nunca demostró asertividad en el manejo de los conflictos políticos; tampoco demostró control ni influencia con cualquier otro ente que no fueran los partidos políticos; fue rápidamente desacreditado por las principales organizaciones sociales, encabezadas por la Sección 22 que, por su misma falta de ascendencia respecto al gabinete, no lo reconoció como un interlocutor válido, y luego abiertamente pidió su renuncia; y todo lo coronó con sus rápidas muestras de corrupción, de manejo patrimonialista del presupuesto y recursos de la dependencia, y de avidez en asuntos como su insistencia machacona en temas en los que contradecía al Gobernador, como la permanencia de los administradores municipales.

Por eso hoy quien vaya a resultar como nuevo titular de la General de Gobierno debe preguntarse con seriedad si esa estructura actual —que es un Frankenstein entre el pasado y las ambiciones de Avilés— le sirve a él o ella para desarrollar una gestión a favor Oaxaca, o si es necesaria una reingeniería de la dependencia para que en verdad pueda ser operativa independientemente de qué tantos cargos tiene el Secretario para repartir entre sus allegados.

En el fondo, hay un elemento subjetivo que se debe considerar, y es que quien sea designado como titular de la dependencia sea en verdad alguien que entrevere el entendimiento real de los procesos políticos y de gobernabilidad de la entidad —y que no sea una repetición de la soberbia e insensibilidad que se aprecia claramente en muchos funcionarios de la administración estatal, que siguen pensando que el gobierno de Oaxaca es una dependencia federal—, con el respeto y el respaldo político del Gobernador para ser, de jure o de facto, un jefe de gabinete que se pueda allegar de la ayuda todo el gobierno para resolver los problemas de la entidad.

 

¿REPETIR EL PASADO?

Si no se cumplen esos parámetros mínimos, y no existe ese ejercicio de autocrítica sobre la administración pública, entonces no podremos esperar sino una repetición de los excesos, errores y debilidades que llevaron a Avilés al fracaso.

Algunas consideraciones sobre la renuncia de Alejandro Avilés a Segego

 

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+ Escándalo por helicóptero, gota final de una crisis desde antes conocida


La noche del jueves, mediante un comunicado se dio a conocer que Alejandro Avilés Álvarez había renunciado a su cargo como titular de la Secretaría General de Gobierno. Esto ocurrió luego de que la Agencia Quadratin diera a conocer, la tarde de ese mismo día, que los hijos del ahora ex funcionario, habían viajado a Puerto Escondido en una aeronave del Gobierno del Estado en plan vacacional. Esta dimisión cimbró a la clase política estatal en plenos días de asueto. Por lo que deben considerarse algunos elementos para entender este cese fulminante como parte de un problema mayor que enfrenta el gobierno estatal.

En efecto, hay algunas consideraciones que permiten ver que el escándalo por el uso indebido de un helicóptero, fue el elemento que determinó esta primera decisión que moverá toda la estructura orgánica del gobierno estatal, pero que además de éste hay que considerar otras variables y antecedentes; también, este hecho debe ser visto como una demostración, para los mismos integrantes del gobierno, respecto a las prioridades de su actuación y a la poca sensibilidad con la que han actuado en estos cuatro meses de gestión.

En un primer plano, es necesario asumir que la caída de Avilés se da por una suma de factores, y no por un hecho fortuito. Habría que comenzar por la forma en cómo el ahora ex titular de la Segego había sido impermeable a todo tipo de crítica y señalamiento por sus prácticas primero como operador político, luego como dirigente partidista, y finalmente como líder cameral; todo eso, antes de ocupar la responsabilidad de la que fue separado el viernes en la Secretaría General de Gobierno.

Avilés era uno de esos políticos que gozaba abrevando una imagen controvertida. Por eso nunca se preocupó por recomponer esa imagen que, con la fuerza de reiterados señalamientos, se construyó desde hace mucho tiempo como un vendedor de candidaturas, como un negociante de paz social y de estabilidad en los ayuntamientos, y como un operador que siempre buscaba sacar provecho político y personal de cada situación en la que se veía envuelto.

Primero como operador electoral, se le acusó de ser un traficante de candidaturas; luego como dirigente priista, de ser ya no sólo un comerciante de postulaciones sino también un líder ventajoso que pretendía provecho económico antes de que se realizaran las votaciones. Y como pastor cameral fue el principal manejador de los recursos que ahora son una gran incógnita, en la Legislatura más cara (pues ejerció mil 800 millones de pesos en tres años, que ahora están extraviados en la opacidad y la discrecionalidad total) y más improductiva de la historia.

Aún con todos esos antecedentes, a Avilés le fue concedida la Secretaría General de Gobierno por dos razones: primero, como pago a sus servicios al grupo que impulsó la candidatura de Alejandro Murat; y segundo, como una cuestión casi irremediable: en un escenario en el que abunda la inexperiencia, él parecía el más aventajado de todos, y era el que ofrecía cierta certidumbre sobre el control de grupos que pudieran ser un dolor de cabeza para el gobierno. No es honorable —decían—, pero es eficaz. El problema es que rápidamente vieron, ya después del 1 de diciembre, que la gobernabilidad del Estado implicaba mucho más que las grillitas partidistas y las intrigas putrefactas de las que Avilés había demostrado ser experto.

MALOS ANTECEDENTES

Todos sabían que el Gobernador no le toleraría a Avilés escándalos como a los que él estaba acostumbrado. El 7 de diciembre apuntamos en este espacio que el gobernador Murat había demostrado pragmatismo al plantear su administración, que ahora debía ser entendido por sus funcionarios. ¿Entenderán todo esto los funcionarios recién designados?, nos preguntábamos.

“Vale repasar —decíamos— ejemplos que, por sus antecedentes, en los primeros días de gobierno comienzan a verse como potencialmente problemáticos, y que a menos que entiendan a cabalidad el mensaje, durarán poco tiempo en el gabinete a partir de la idea de que, a diferencia de mandatarios como Gabino Cué, Alejandro Murat no estará dispuesto a pagar costos políticos por otros, que decidió no pagar ni por él mismo.

“Uno es Alejandro Avilés, que fue nombrado secretario General de Gobierno, aún cuando carga un fuerte desgaste por la larguísima cadena de señalamientos que pesan en su contra en el interior del Estado por la venta de candidaturas al interior de su partido, y más recientemente por su intrigante papel en el Congreso del Estado. Con todo ese lastre, Avilés está obligado únicamente a desempeñar un papel excepcional como encargado de la política interna del Estado, antes que tratar de intentar cualquier acción que le importe señalamientos como los de su pasado. Esta tentación, lo llevaría fácilmente a ser cesado, por un Gobernador que, como lo hemos dicho, ha demostrado no querer cargar con esos señalamientos sólo para mantener un compromiso político.”

Queda claro que esto tan lógico, no lo entendió Avilés. Quién sabe si le pusieron un garlito, o si era una cuestión cotidiana, pero él decidió que su hijo viajara a la playa en un helicóptero oficial. Quizá menospreció que por una situación similar cayó David Korenfeld de la dirección de Conagua; que por algo muy similar hoy están procesando a Emilio Lozoya cuando fue director de Petróleos Mexicanos; y que hay una acusación similar que tiene en capilla al gobernador de Chihuahua, Javier Corral Jurado. Si alguien lo invitó a usar la aeronave para ponerle un cuatro, Avilés pecó de candidez para ser defenestrado.

Sin embargo, ello no debe ser obstáculo para ver que su gestión como Secretario de Gobierno fue más problemática que ese episodio aislado. En este espacio reseñamos con amplitud desde los primeros días de la administración, como Avilés desconocía por completo el manejo del conflicto magisterial. Eso lo llevó a cometer errores tan graves como el de exponer al Gobernador a una agresión física el 21 de marzo, cuando convalidó la idea de que visitara el monumento a don Benito Juárez en San Pablo Guelatao, a pesar de los riesgos por la presencia magisterial, y por su pésimo manejo y previsión política ante una posibilidad como la que finalmente ocurrió.

Avilés también se vio envuelto en un problema grave al desatender las instrucciones del Gobernador relacionadas con los administradores municipales. Era público que todos los administradores respondían a sus intereses, y que por un sentido de avidez económica no cumplieron la instrucción de avenir a las comunidades para que en un lapso de 30 días realizaran los comicios extraordinarios, prefiriendo priorizar la asignación de obra pública y la disposición de los recursos de esas comunidades. Hoy, muchos de los conflictos postelectorales que ahogan a la capital tienen que ver con el capricho de Avilés de mantener a los administradores en contravención de las instrucciones del Gobernador.

RELEVO

Hoy que Avilés es el primero que cae, no falta la rapiña que va ya no tras sus despojos sino de lo que representa la Secretaría General de Gobierno. Ayer mismo ya se barajaban varios nombres, que van desde lo asequible hasta lo inaudito. Como posibles relevos mencionaban por ejemplo a Francisco Ángel Villarreal, a Celestino Alonso, al secretario de Administración Javier Villacaña, y hasta a personajes como Adolfo Toledo Infanzón o María del Carmen Ricárdez Vela, que ni bien se secaba la tinta de la renuncia de Avilés y varios de sus promotores ya la estaban candidateando como posible sucesora. Finalmente, la decisión que se tome debe ser de gran calado, porque nadie debía descartar la reacción de los enloquecidos incondicionales de Avilés que seguramente buscarán venganza desde regiones como la Costa o la Cuenca del Papaloapan.

El muro se tambalea y Trump celebra… ¿que los mexicanos ya no lleguen a EU?

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+ Tasas de migración han caído; ¿Cuántos mexicanos regresarían a nuestro país?


Desde la administración del presidente Felipe Calderón, el gobierno federal ha manifestado que la tasa de expulsión de migrantes mexicanos hacia los Estados Unidos había caído drásticamente. Desde entonces se decía que al cruzar el número de personas que se iban contra los que regresaban, el resultado era una tasa muy cercana al cero por ciento. Esa es una constante. Y sin embargo, primero como candidato y ahora como presidente de los Estados Unidos, Donald Trump ha reiterado la idea de que la migración mexicana es constante y caudalosa… hasta ahora, que ante el tambaleo del muro fronterizo como una de sus principales promesas de campaña, está comenzando a reconocer una realidad distinta.

En efecto, ayer el presidente Donald Trump anunció que su administración tomará “muy pronto” una decisión final sobre el proyecto ganador para la construcción del muro en la frontera con México. Trump destacó sin embargo que aún antes del inicio de la construcción del muro en la frontera sur, Estados Unidos ha empezado a registrar un “increíble” descenso del 68 por ciento en la inmigración indocumentada al país. “Nadie ha visto números así, es un récord, de hecho la gente ya no está intentando entrar porque sabe que no puede”, dijo en una entrevista con la cadena Fox Business Network.

En esta lógica, el secretario de Seguridad Nacional, John Kelly, anunció la semana pasada que el número de personas detenidas tratando de cruzar de manera ilegal a Estados Unidos a través de la frontera con México “experimentó un “fuerte descenso” de alrededor del 71 por ciento este año. Las autoridades detuvieron en marzo pasado casi 17 mil personas en la frontera suroeste, en el quinto mes consecutivo de disminución de aprehensiones.

Trump expresó que no obstante las cifras, continúa el plan de construir el muro. “Hay gente que dice: ‘Trump no va a construir el muro’. Por supuesto, cien por ciento seguro que vamos a construir el muro. De hecho tuvimos cientos de interesados, tuvimos muchos diseños, he visto 10 de los mejores, pero quiero ver más. Estamos analizando los diseños y vamos a tomar una decisión muy pronto”, añadió.

Esta comienza a ser una posible ruta de escape respecto a una de las ideas de campaña más disparatadas de Donald Trump: en todos los tonos, y desde todos los frentes –desde México, los Estados Unidos y el mundo entero—, se le ha dicho que la construcción de un muro en su frontera sur es no sólo innecesaria y costosa, sino además xenófoba y contraproducente para la economía.

No obstante, por mantener su palabra, Trump continuó en la narrativa de que el muro era necesario para detener la inmigración, y que en ello la migración mexicana era la más perjudicial para su economía y para los empleos en los Estados Unidos. Al haber una franja de población estadounidense que históricamente ha abrevado esas ideas, Trump ganó adeptos con el problema que ahora no consigue los recursos para la construcción del muro y tampoco tiene los consensos políticos suficientes para lograr que éste sea bien visto ya no por los electores sino por los poderes federales, que le han comenzado a bloquear sus principales iniciativas.

Por esa razón, Trump parece estar virando el discurso hacia la idea de que la construcción del muro no es indispensable porque de todos modos la migración mexicana –y en general– ha descendido drásticamente.

¿Pero, en realidad es así?

MIGRACIONES

El flujo de migrantes hacia los Estados Unidos es constante y mucho de éste atraviesa por México. No obstante, sería reduccionista afirmar que todo lo que pasa por ahí es tránsito de mexicanos y que en ello no hay otros orígenes y otras finalidades relacionadas particularmente con llegar a los Estados Unidos. ¿De verdad la migración mexicana sigue siendo tan determinante para la economía y las fronteras de aquella nación?

Una respuesta interesante la ofrecía recientemente la Escuela de Políticas de Estrategia Global de la Universidad de California en San Diego (UCSD), quien en 2016 afirmaba categóricamente en un estudio que el flujo migratorio de México a Estados Unidos se ha terminado y que ahora el movimiento global de migrantes se observa de África a los países europeos.

De acuerdo con dicho estudio, el desplazamiento de trabajadores mexicanos inició en la década de los años sesenta, después de la generación de los baby boomers o explosión demográfica, que al concluir creó unos 20 años después una escasez de residentes en edad productiva. Mientras la tasa de natalidad bajaba notablemente en Estados Unidos, ascendía en México, y en la década de los años ochenta hubo generaciones de trabajadores jóvenes mexicanos que buscaban y conseguían trabajo en Estados Unidos.

Pero ahora, de acuerdo con ese estudio, la tasa de natalidad en México se estabiliza y alcanza niveles similares a la de Estados Unidos, lo que ha formado un ajuste en la oferta de trabajo estadunidense y la de trabajadores mexicanos. El estudio parece confirmar otros anteriores que informaron sobre una migración nula desde México. La patrulla fronteriza realiza la menor detención de migrantes en la frontera con México en más de medio siglo, de acuerdo con cifras de la propia patrulla.

La tendencia actual en la frontera con Estados Unidos, es que gradualmente a la intención de cruzar la frontera como indocumentados ha sustituido un incremento en peticiones de asilo político de individuos y familias que huyen de la violencia. El análisis de la UCSD es una nueva perspectiva ante la reciente retórica antiinmigrantes de la campaña del presidente, Donald Trump.

La barda que planea construir el mandatario electo resultaría más bien innecesaria para un flujo migratorio que llaga a cero y tiende a permanecer en esos niveles. El estudio universitario se refiere tanto a los mexicanos que intentaban cruzar la frontera como a centroamericanos y ciudadanos de otras nacionalidades que buscaban pasar desde México como indocumentados a los estados fronterizos estadunidenses.

Esto concuerda con lo que ha dicho el presidente Enrique Peña Nieto que también asegura que hoy en día la migración de mexicanos hacia los Estados Unidos es muy cercana al cero por ciento, a partir de diversas medidas administrativas y legislativas que ha emprendido el gobierno federal para lograr esa meta. Sostuvo que México adoptó una perspectiva regional corresponsable y humana, cuenta con una red de unidades médicas que en 22 meses brindó más de 36,000 consultas médicas gratuitas. Emprendió el programa Frontera Sur que ha entregado 110,000 tarjetas de Visitante Regional y 15,000 tarjetas de Visitante Trabajador Fronterizo e impulsó el desarrollo regional junto con Guatemala, Honduras y El Salvador.

Peña Nieto insistió en que el combate a las drogas es otro desafío mundial, en el que la corresponsabilidad y la prevención son la mejor vía para resolverlo, por lo que se debe impulsar el desarrollo, la inclusión y el fortalecimiento del tejido social

DESTINO INCIERTO

El retorno de los migrantes a México es un problema de muchas dimensiones, que parte del hecho mismo de que las comunidades no están preparadas para reabsorber cabalmente a esas personas que, además, ya tienen un modo de vida, un lenguaje, trabajos y formas de convivencia distintos. Más bien, es el miedo y el racismo el que ha hecho descender la tasa de migración y eso, junto con la política de persecución que tiene el gobierno de EU desde hace años, es lo que ha provocado este fenómeno de retorno. No es la bonanza mexicana ni las acciones de gobierno. Ello es una fantasía.

Perelló y su inaceptable justificación de la misoginia y la violencia contra las mujeres

 

Perelló

+ No sólo Radio UNAM: todos debemos asumir lo crítico del problema


Estamos acostumbrados a ver la violencia contra las mujeres como algo normal, y en muchos casos los varones asumimos el rol de propalar y justificar esa violencia a partir de una engañosa perspectiva de hombría. Es paradójico que mientras se intentan redimensionar prácticas comunes —y tradicionalmente aceptadas— como la del piropo, en general haya una explosión brutal de violencia física en contra de las mujeres. No se trata de ser políticamente correctos sino de ver la dimensión de este problema que lamentablemente no distingue condiciones sociales, culturales, académicas ni económicas. Un caso por demás aberrante es el reciente del académico de la UNAM y ex líder del movimiento estudiantil del 68, Marcelino Perelló.

En efecto, la semana pasada un grupo de intelectuales y periodistas de la capital del país pidieron a la Universidad Nacional Autónoma de México que actuara frente a las expresiones misóginas que se habían vertido en el programa Sentido Contrario que era parte de la parrilla de programación de Radio UNAM. La indignación se replicó luego de que algunos medios difundieran algunos de los dichos de Perelló en la transmisión del 28 de marzo, y se lanzaran llamados a la Universidad Nacional para que considerara la posibilidad de cancelar el mencionado programa, además de exigir que Perelló ofreciera una disculpa pública no sólo por el lenguaje que normalmente utilizaba en los programas sino sobre todo por el menosprecio y el escarnio mostrado en contra de las mujeres que han sido víctimas de alguna agresión sexual, al afirmar incluso que a varias de ellas les habían gustado tales agresiones.

Por ejemplo, en una nota del portal electrónico de la revista etcétera, se daba cuenta de algunos de los dichos de Perelló en la citada transmisión. “Perelló dijo que introducir un objeto o los dedos en la vagina de una mujer no es una violación, pues para que este delito se consuma ‘tiene que haber verga’ (…) hizo mención de la violación cuando retomó el caso de Daphne Fernández, quien acusa a cuatro jóvenes veracruzanos de haberla violado a principios de 2015, y a los cuales se les ha identificado con el mote de ‘Porkys’. Previo a mencionar el dictamen del juez (de quien dijo que consideró a Daphne como “metible”) refirió que ‘tampoco eso (…) de que te metan los dedos es para armar un desmadre estrepitoso’. (http://bit.ly/2pqHQZw).

Evidentemente, todo eso provocó la reacción de indignación que ya se ha mencionado. Por ello, el 7 de abril, la UNAM informó que debido a las expresiones realizada por Marcelino Perelló en el espacio “Sentido Contrario” en Radio UNAM sobre el caso Porkys de Veracruz, se cancelaba de manera inmediata.

En un comunicado, la máxima casa de estudios indicó que las palabras hechas en el espacio radiofónico atentan contra el espíritu de Radio UNAM al normalizar la violencia, y al oponerse a los conceptos de equidad e igualdad de género. “De forma inmediata se cancela el programa Sentido Contrario debido a que las expresiones del conductor titular de este espacio en Radio UNAM atentan contra el espíritu de esta emisora y de la Universidad Nacional Autónoma de México, al normalizar la violencia y oponerse al concepto de equidad e igualdad de género”, indica.

La Universidad Nacional agregó que además del lenguaje misógino y sexista utilizados por Perelló, el discurso se opone a los valores promovidos por esa casa de estudios. La UNAM indicó que en ese centro se promueve los valores universitarios y reiteró su compromiso con la libertad de expresión a favor de la equidad y contra la violencia de género.

¿QUÉ MÁS DIJO PERELLÓ?

Muchos se dijeron satisfechos de la cancelación del programa… pero habría que ver la dimensión de las expresiones de Perelló no sólo para celebrar su salida de Radio UNAM sino para reconsiderar con seriedad hasta qué punto una persona que se asume como líder de opinión, que es articulista de uno de los periódicos más importantes del país (el Excélsior), y que se presenta como una de las figuras máximas del movimiento estudiantil del 68, y de los académicos de la Universidad Nacional, puede ofender y denigrar a las mujeres.

Pues el sitio web laquearde.org —que tiene como misión promover los derechos de las mujeres— hizo una reseña mucho más amplia de todo lo que dijo Perelló en esa misma transmisión. Las palabras de Perelló que al parecer no se mencionaron en ninguna de las notas con las que se resaltó el hecho, resultan todavía más aberrantes, inaceptables y repugnantes. En cuanto a la normalización de la violencia sexual contra las mujeres, dijo por ejemplo: – “No me negarás que en los juegos sexuales está implícito la violación, el golpeo…” (sic) (…) – “El placer que implica el ser forzado, pero especialmente el de ser forzada. El placer del sometimiento.” (…) – “Eyacular en grupo en la cara de la mujer. Gozan los que eyaculan, pero goza también la mujer en la que eyaculan. Y es una humillación. Hay un placer en ser humillado.” (sic).

¿Uno más? Esto dijo Perelló sobre el piropo: “– “A ver, piropos vulgares: (Javier Plata ríe) “¡En esa cola sí me formo!”. Javier Plata: “Vamos a ponerle la peluca a Koyak” (carcajadas de los dos) “¡A huevo, sí!”, retoma el catedrático: “En mi juventud no era común depilarse, entonces muchas chavas llevaban las piernas velludas, y cuando eran muy velludas se les decía ‘Si así es el pueblo, cómo estará la capital?’ ‘Si así está el camino, ¿cómo estará el ranchito?’ (los dos ríen a carcajadas) Javier Plata interrumpe para decirle a “Laberinto”: ‘¡Di algo pues, no hagas caras, nomás así!’. Laberinto (incómoda): “Nunca me gustó que me piropearan en la calle, pero no iba yo a meter al bote por eso. Y eso que me dijeron cosas muy irrepetibles”. Marcelino: “En fiiiiin… ¡lo que es irrepetible es lo que dijo ‘Lady Guapa’ (la periodista Tamara de Anda en respuesta al acoso de un taxista)! ‘es que estoy harta de que me anden diciendo guapa por la calle’ ¡Ah, hija de tu puta, modesta y recatada madre! ¿Se dan cuenta? La tipa es una locutora de televisión que quiere hacer carrera en los medios. Entonces, obviamente se trata de una maniobra para salir en la tele. (…) Entonces dice: ¿cómo le hago para salir en la tele? ¡pus me chingo al primer taxista que vea! Incluso vean el video que la están filmando (sic), dice “¡ay, permítanme arreglarme el pelo!”. (…) Como la chava esa a la que le levantaron la falda en la Condesa (Andrea Noel): (hace expresiones de burla) Ayyy, no mames. Ayyy, no mames, te levantaron la falda. ¿Para qué andas usando faldas cortas, pues! ¿Pa’ que se te vean o pa’ que no se te vean las piernas? ¡La próxima vez que salgas a la calle, ponte armadura, hija de la chingada! O vete…” (lo interrumpe Laberinto) – “¿O sea, que tienes que vestirte de acuerdo a como te permita qué se yo quién para no faltarte al respeto?”-. Responde Marcelino: “¡No, no, no, no, la palabra respeto aquí no viene al caso! (…) ¡Las mujeres quieren gustar, quiere decir que quieren atraer! (…) Y entonces, claro, ¡llegaremos al resultado de que los hombres vendrán con un masking tape en la boca y las mujeres vestidas de monjas! Una chava cuero que se pone minifalda ya sabe que va a despertar la libido de los güeyes. ¡Pus para eso se la pone! O qué, ¿para qué? ¿nomás porque hace calor? Nooo…”  –“Pero…”- intenta disentir Laberinto… Marcelino la interrumpe: “¡Y ése es el deseo de la mujer, despertar el deseo del macho! Por el amor de dios, no nos hagamos pendejos! Ahora bien, hay reglas de convivencia, ¡pero es que ya empieza a ser pedo que la miren! ¿Qué le ves?, dice el güey. ¡Pus las nalgas, cabrón!”. (sic).

SIN MÁS, ESTO ES INACEPTABLE.

@ortizromeroc

¿Sabrán PRI y gobierno que las organizaciones sociales van en su contra en 2018?

 

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+ Paradoja: el gobierno quiere tener cerca a opositores, pero éstos se unen en su contra


Todos los movimientos, en el trato del gobierno con las organizaciones sociales y con la Sección 22 del SNTE, tienen algún grado de relación política con la elección presidencial de 2018. A partir de esta realidad, debería existir un análisis menos ordinario que el de suponer que, ahora, el gobierno caminará de la mano con las organizaciones sociales y el magisterio, y que esto no le generará un efecto contraproducente el año próximo. Sólo basta con considerar algunas coordenadas aparentemente sueltas, para corroborarlo.

En efecto, desde el mes de diciembre del año pasado la nueva administración estatal ha dado muestras reiteradas de su disposición a trabajar con las organizaciones sociales y con el magisterio. Con unos y otros, ha dado continuas y suficientes muestras de disposición, y a todos les ha prometido y reiterado su apertura y el establecimiento de una relación incluyente. En el lenguaje y lógica de las organizaciones sociales y el magisterio, esa disposición e inclusión debe traducirse específicamente en recursos económicos y en un reparto presupuestal favorable que les permita seguir manteniendo sus respectivas clientelas, y a sus agremiados.

El problema que existe, de entrada, es que esa relación carece totalmente de derroteros políticos, y ese es un problema tanto para el gobierno como para el grupo gobernante. ¿Por qué verlos y analizarlos por separado? Porque mientras para el gobierno su principal problema es la gobernabilidad, para el grupo gobernante su principal preocupación es, o debiera ser, la preservación del poder. Parece que en esos aspectos no existe un análisis concreto y medianamente apegado a la realidad, y por eso se están tomando decisiones que pueden ser riesgosas e improductivas tanto para el gobierno como para el grupo gobernante. Vale la pena ir por partes.

Primero, una relación sin derroteros políticos con las organizaciones sociales y con el magisterio, es un problema para el gobierno porque —como ocurre ahora mismo— la buena intención del gobierno por entablar con ellos una relación incluyente, democrática y civilizada no sólo no garantiza la paz social y la gobernabilidad, sino que tampoco ofrece certeza alguna de que la aplicación de los recursos tendrá como resultado el abatimiento de alguno de los muchos problemas sociales que existen en Oaxaca.

De hecho, lo que hasta el momento existe es una relación mucho más cercana al chantaje y a los intentos de subordinar al gobierno a las exigencias de las organizaciones sociales, que un diálogo civilizado en el que en el centro de la discusión estuvieran los problemas sociales y los mecanismos y visiones para resolverlos. En la realidad, las organizaciones campesinas y de lucha social, se han dedicado de lleno a exigir recursos públicos a fondo perdido bajo la amenaza de que, de no recibirlos en el tiempo y la forma que exigen, lastimarán la endeble paz social y la gobernabilidad en la entidad. Eso es exactamente igual con la Sección 22 del SNTE, sólo que ahí la amenaza está enfocada a la entrega de prebendas y privilegios relacionados con los trabajadores de la educación.

Por esas razones, si la relación del gobierno con las organizaciones sociales y el magisterio no tiene límites definidos ni puertos concretos de arribo, entonces es como estar en medio de una ruleta rusa. No hay certeza alguna de relacionada con la gobernabilidad ni con la paz públicas; no hay ninguna seguridad relacionada con el ejercicio de los recursos por las organizaciones; y tampoco hay una concertación en la que las organizaciones ofrezcan al menos cierto grado de confianza en que la buena relación no es sino la máscara de un chantaje. En esas condiciones, el gobierno debía comenzar a actuar con prudencia ante lo que puede ser el inicio de un problema —y un chantaje— de grandes proporciones propiciado por un error en el análisis global de la situación.

UN PROBLEMA ELECTORAL

Ahora bien, al problema del gobierno le es concomitante el problema del grupo que gobierna. ¿La nueva administración estatal —vista como grupo de poder— está consciente de que esas mismas organizaciones con las que dialoga y aparentemente acuerda, son las mismas que en tiempo real se están agrupando en su contra, no sólo para tener un mejor control —ellos— de la gobernabilidad, sino también para ir en contra del PRI en la elección presidencial de 2018?

Ayer, por ejemplo, en el marco del aniversario luctuoso del general Emiliano Zapata, diversas organizaciones sociales (UACOL, CCCP, Comuna de Oaxaca, MULT Y FPR, entre otras) coordinación con la Sección 22 del SNTE fijaron un posicionamiento “sobre los últimos acontecimientos ocurridos en Oaxaca”.

¿Cuál era el fondo de dicho posicionamiento? Rechazar diversas acciones del Gobierno del Estado relacionadas no necesariamente con la gobernabilidad, sino con la relación que en particular ha entablado con cada uno de ellos, y condicionar la paz al cumplimiento de diversas demandas. Esto, porque resulta que todos, en alguna medida, tienen ya alguna relación formal con la nueva administración estatal. Pero igualmente todos, en alguna medida, tienen también ya algún grado de disenso con el gobierno de Alejandro Murat —que resultaría hasta natural, pero que es también un signo de lo que vendrá en el marco del proceso electoral del año próximo.

Pues resulta que si buscamos el común denominador de todas esas organizaciones, incluyendo a la Sección 22, encontraremos rápidamente que todas son aliadas ideológicas, políticas y hasta incondicionales con Andrés Manuel López Obrador y con Morena. ¿De verdad el gobierno de Oaxaca —como grupo— calcula que todos ellos pueden entablar una relación civilizada con la administración estatal, pero que pase lo que pase, e independientemente de cuántos recursos estatales se destinen a ellas, de todos modos serán adversarios electorales en 2018?

Hay una circunstancia más que debe ser considerada: en Oaxaca, y aún con la victoria electoral de 2016, el resultado de los comicios arrojó más de un millón de votos en contra del PRI. Esas fuerzas de oposición, juntas o cada una por su lado, buscarán mantener ese nivel de votación no priista en los comicios de 2018.

Y quién sabe qué estrategia electoral podría estar ya armando el priismo oaxaqueño para tratar de contrarrestar esa situación. Pero lo que sí queda claro de entrada es que quienes ya tienen una ruta política y de financiamiento, son todas las organizaciones sociales que hoy se están sirviendo y condicionando los recursos a cambio de la paz social en Oaxaca, y que los utilizarán para sus fines en 2018 independientemente del tipo de “buena relación” que logren entablar con la administración estatal.

BUSCAR EQUILIBRIOS

Al final, nada de esto se trata de que rompan relaciones o que terminen de echarse en brazos de las organizaciones sociales, sino de que puedan dar los pasos calculados y analizados que hasta ahora no parece que existan. Más bien, lo que se ve es una relación planteada al margen de cualquier análisis, y sólo con una intuición por demás básica, que genera más suspicacias que certidumbres a la luz de los escenarios posibles de los meses y años siguientes. Hoy debieran preguntarse, con honestidad, si esas relaciones y tratos que están planteando con el magisterio y las organizaciones sociales les serán útiles en el mediano y largo plazo para conservar el poder. Ojalá sepan lo que están haciendo. Aunque a la luz de los hechos, parece lo contrario.

La Sección 22 es insaciable y todos lo sabemos; ¿Por qué seguirle dando todo?

 

CNTE

+ Ahora gobierno debe ser también aliado de afectados por el conflicto magisterial


Cualquier concertación con la Sección 22 es permanentemente compleja, porque dentro de sus bases fundamentales de negociación radica en nunca dar pasos atrás. Ello implica que no sólo que el magisterio siempre verá como parciales e insuficientes los ofrecimientos gubernamentales, sino además que en la siguiente negociación querrá ir por más. Eso queda claro hasta en sus consignas. Y en eso radica un problema grave como el que ahora ocurre con el gobierno de Oaxaca, que se asume como traicionado y defraudado por la beligerancia y el chantaje magisterial, a pesar de que en los meses recientes les cumplió a cabalidad sus exigencias.

En efecto, a lo largo de las últimas semanas hemos visto cómo la Sección 22 ha desplegado toda una batería de acciones tendientes a presionar al gobierno. Su intención ha sido no sólo la de lograr que el Gobernador acuda a cada una de sus mesas de negociación, sino también a que el gobierno siga respondiendo al desorbitado y desproporcionado pliego de demandas que presentaron el año pasado como condicionante a un diálogo civilizado con la nueva administración estatal.

El gobierno lo ha hecho en gran medida —cualitativamente más, incluso, de todo lo que la administración de Gabino Cué les dio a lo largo de seis años— y sin embargo la respuesta magisterial no ha sido la esperada. La Sección 22 ha seguido presionando —cada vez con mayor beligerancia—, en una actitud que el gobierno ha considerado que no es proporcional a lo que se ha conseguido; por ello, a partir del fin de semana el discurso gubernamental viró, de la actitud prudente, a la de resaltar todo lo que los integrantes de la Sección 22 han recibido en los últimos meses pero que a pesar de eso siguen presionando al gobierno para que cumpla sus demandas.

Ante ese panorama, parece que la actitud gubernamental es comprensible pero poco eficaz. Comprensible, porque independientemente de que los maestros de la 22 sigan diciendo que las respuestas son “mínimas e insuficientes” y que por eso siguen protestando, lo cierto es que cuando se revisa todo lo que el gobierno estatal, y la SEP, les han dado en los últimos meses el resultado es nada despreciable.

Sin embargo, aún con eso el resultado es poco eficaz al menos por dos razones: primera, porque a estas alturas los oaxaqueños sabemos que no sólo ahora, sino siempre, a los de la 22 les han dado todo y aún así nunca han dejado de protestar; y segunda, porque también ha quedado siempre claro que la Sección 22 es impermeable al rechazo ciudadano y que de no haber alguna acción más contundente para obligarlos a asumir una actitud más civilizada, ellos pasarán por alto la indignación ciudadana y gubernamental para continuar con su agenda de protestas, chantajes y presión social.

De hecho, antes de haber tomado cualquier decisión, el gobierno estatal debió considerar al menos dos lecciones dadas públicamente por la Sección 22 en el pasado, de cómo ellos no se sacian ni cuando reciben todo, y cómo esta política de ofrecerles para calmarlos resulta una dolorosa y costosa estratagema en la que finalmente todos —sociedad y gobierno— terminamos sufriendo y padeciendo las consecuencias.

ANTECEDENTES IGNORADOS

En 2005, cuando recién había asumido Ulises Ruiz como gobernador de Oaxaca, su secretario General de Gobierno, Jorge Franco Vargas, no sólo encabezó la primera negociación del entonces nuevo gobierno con la dirigencia de la Sección 22 sino que, por primera vez en mucho tiempo, logró que ese año el “tradicional” paro de labores del mes de mayo —mes en el que se llevaba a cabo la negociación con el gobierno estatal, que era independiente a la que el SNTE realizaba con el gobierno federal, para anunciar las nuevas conquistas en el marco del día del maestro— fuera prácticamente imperceptible.

¿Qué hizo el aparentemente eficaz Secretario de Gobierno para conseguirlo? Franco Vargas utilizó una estrategia simple: para evitar el paro de labores y la mayoría de las movilizaciones magisteriales —en aquel momento esta última era una meta importante, porque recordemos que Ruiz tuvo como una de sus principales ofertas de campaña la de terminar con las marchas que ahogaban a la capital— les ofreció más recursos y prebendas de las que estaban contenidas en el pliego petitorio 2005 de la Sección 22.

En aquel año 2005, la dirigencia seccional se fue a casa con un inesperado triunfo en la negociación con el gobierno. Aunque el problema vino al año siguiente, ya que para 2006 —año de la elección presidencial, en la que Ulises Ruiz le había prometido un millón de votos en Oaxaca al candidato presidencial del PRI, Roberto Madrazo Pintado— el gobierno de Oaxaca ni remotamente estaba en posibilidades de volverle a cumplir a la Sección 22 la hazaña de una respuesta superior al contenido del pliego de demandas magisteriales.

No podría porque ese año el régimen de Ruiz tenía fuertes compromisos electorales. Pero aún no teniéndolos, tampoco podría cumplir la demanda magisterial, ya que para entonces la Sección 22 tenía cumplidas todas sus demandas salariales —relacionadas con el aguinaldo, bonos, prestaciones y pagos extraordinarios—, y entonces gracias a la generosidad demostrada por el gobierno de Ruiz un año antes ahora irían por la madre de todas sus demandas: la rezonificación salarial de los más de 70 mil integrantes de la 22, para homologar sus salarios con los de las zonas económicas más aventajadas del país.

No había forma —ni entonces ni ahora— de que un gobierno estatal pudiera cumplir una demanda que costaba más de 15 mil millones de pesos, y un compromiso de cumplimiento que ahogaría las finanzas de cualquier gobierno local en México. En esa imposibilidad de cumplimiento, y en la voluntad decidida de la Sección 22 de no dar pasos atrás en sus negociaciones y logros anuales, se pavimentó el camino a la revuelta magisterial que ocurrió meses después. El gobierno de Ruiz se vio ahogado por las demandas, y la Sección 22 se sintió legitimada para seguir protestando, y para elevar el nivel de las presiones y los disturbios, por la negativa del gobierno de Oaxaca de cumplir sus demandas.

Al final, ocurrió la revuelta magisterial que le costó miles de millones de pesos a los oaxaqueños; que dinamitó la paz social y la gobernabilidad; que empoderó a la Sección 22 como el factor de gobernabilidad más determinante para la entidad y el sureste del país; y que sumió a la región en una crisis que todavía una década después no puede ser superada. En todo ese amargo episodio, el único ganador fue el magisterio: a éste, el gobierno federal le concedió su rezonificación salarial; le incrementó sus prestaciones; les regaló impunidad frente a todos sus actos, y además los reparó por lo que había ocurrido con el conflicto.

Por eso, a estas alturas nadie se sorprende ni se indigna porque al magisterio se le siga dando todo —y por eso falla el gobierno en el argumento que ahora utiliza para tratar de ganar el respaldo ciudadano— ya que los oaxaqueños hemos visto durante años cómo a la 22 se le intenta apaciguar dándoles todo, y cómo ellos responden no satisfaciéndose sino pidiendo más; y cómo esa ha sido una política cíclica e ineficaz que se sigue intentando a pesar de todo.

¿Y LOS OAXAQUEÑOS?

Por eso mismo, ahora el gobierno debe buscar el respaldo de la ciudadanía, con acciones a favor de la ciudadanía. ¿Cuándo buscarán concretar una alianza de verdad con los oaxaqueños —la inmensa mayoría— que no formamos parte ni de las organizaciones sociales ni del gremio magisterial? El respaldo, finalmente, no es excluyente. Pero quizá, a la mala, estén comenzando a reconocer que erraron en su estrategia inicial de gobernabilidad, para buscar una conciliación incluyente y de largo plazo a favor de los oaxaqueños, por encima del apapacho y los fallidos intentos de cooptación a los grupos de presión.

Ante los errores iniciales, será un reto encauzar la “nueva relación” con S-22

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+ Deben dejar indolencia y autoengaño sobre posibilidades reales de negociación


Uno de los mayores retos políticos que tiene el gobierno de Oaxaca en el mediano y largo plazo, radica en la recomposición de su relación con la Sección 22 del SNTE, y en el establecimiento de linderos visibles y confiables respecto a los temas sobre los que puede negociar con el magisterio. Hoy nada de eso existe, y lo que aparenta ser una relación institucional rápidamente degeneró en un chantaje. Por eso, la posibilidad de sacar algo provechoso de este caos resulta un reto mayor, y un éxito histórico, si lograra conseguirlo el Gobierno del Estado.

En efecto, el miércoles nuevamente la Sección 22 y los normalistas exhibieron su capacidad de movilización, y de presión, aislando por más de doce horas a la capital oaxaqueña y arrancándole —porque no fue un logro político, ni una concesión graciosa del gobierno, sino un eficaz acto de chantaje— al titular del Ejecutivo una nueva reunión de trabajo, programada para este día. Antes, la Asamblea Estatal de la 22 había resuelto exigir la destitución de Alejandro Avilés y Germán Cervantes Ayala, titulares de la Secretaría General de Gobierno y el Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca, respectivamente. Todo esto, visto globalmente, constituye un enorme problema.

¿Por qué? Porque el mensaje de los normalistas y de los integrantes de la Sección 22 hoy en día es concreto: ellos no quieren negociar con nadie más que no sea el Gobernador del Estado, y por esa razón no sólo están desestimando las capacidades —si es que las tuvieran— del Director del IEEPO y del Secretario General de Gobierno, sino que están exigiendo su destitución inmediata como una especie de condicionamiento al diálogo.

Así, si la 22 no reconoce la interlocución de las dos dependencias estatales con incidencia en su pliego petitorio (que es siempre una dualidad entre lo político y lo educativo) y al mismo tiempo exige la renuncia de sus titulares, entonces se hace lógico que en estas circunstancias no acepten dialogar más que con el Gobernador del Estado, a quien le están arrancando las reuniones de trabajo con base en movilizaciones, actos abiertos de chantaje, amenazas de violencia y, como el miércoles, con bloqueos a los principales puntos viales de la capital.

En esa sola circunstancia, hay ya varios problemas muy graves de operación política: el haber accedido de inicio el gobierno de Oaxaca a que el diálogo con la Sección 22 fuera directamente con el Titular del Ejecutivo, era desde el inicio una apuesta muy arriesgada porque ese sería el punto de referencia para cualquier negociación, y porque ello desactivaba de inicio cualquier manejo político alterno: en el ámbito estatal, no existe mayor autoridad política y administrativa que el Gobernador del Estado. Por eso, si de entrada se establece que el rasero del diálogo es directamente con el Mandatario, ya no existe otro margen para emprender acciones políticas alternas porque por encima de su autoridad administrativa y política, ya no hay nada ni nadie en el ámbito estatal.

De hecho, si ese resulta ya ser un problema mayor, es todavía más grave el hecho de que en ese diálogo no están establecidos los linderos. El Gobernador inició ofreciéndoles la regularización de tres mil 700 plazas, y hoy el magisterio le exige no sólo que dicho proceso continúe sin que los trabajadores eventualmente regularizados pasen por los procesos de evaluación que establece el Servicio Profesional Docente —que es un tema federal—, sino que ahora también exigen que el gobierno estatal asuma la responsabilidad por la contratación de los egresados de las escuelas normales.

FACULTADES CONCRETAS

El problema de fondo que enfrenta cualquier posibilidad de cumplimiento de dichas demandas, es que hoy en día el Gobierno de Oaxaca —entendido éste como los tres poderes del Estado— carece de las facultades para cumplir cualquiera de esas demandas. Explorar si quiera tal posibilidad implicaría, o el acuerdo con la autoridad federal para conseguirlo —a pesar del cuestionamiento nacional que implicaría seguir dando pasos regresivos en la implementación de la reforma educativa—; o la reinstauración de la vieja y perniciosa negociación particular del magisterio con el gobierno de Oaxaca, al margen de los dictados de la autoridad federal.

En cualquiera de los casos, el resultado es negativo. Es muy complicado que la autoridad federal quiera dar —al menos en este y el año próximo— pasos en reversa en la implementación de la reforma educativa. De hecho, el secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño, ha tomado como una causa casi personal la de descalificar las posiciones de Andrés Manuel López Obrador respecto al futuro de la reforma educativa si éste último llegara a ser presidente. Sería una incongruencia enorme que por un lado Nuño reprobara a AMLO por afirmar que modificaría el esquema administrativo del magisterio nacional; pero que por el otro premiara a la Coordinadora o a la Sección 22 en sus actos de chantaje para conseguir prebendas, plazas o mayores recursos.

Ahora bien, el restablecimiento de la doble negociación, sólo agravaría los problemas sociales, económicos y políticos de Oaxaca. Quedó claro que darles todo durante 33 años —aún a costa de colapsar, como lo vemos hoy, las finanzas estatales y el futuro de los oaxaqueños— no sólo no calmó a la Sección 22, sino que siempre la alentó a seguir adelante. Por eso los profesores de Oaxaca son de los más privilegiados en el país en cuanto a salario, pero al mismo tiempo son los más combativos y los que más siguen exigiendo al Estado.

En esa lógica, revivir la doble negociación implicaría que el gobierno de Oaxaca impulsara una política de perdonarles y justificarles —como había sido siempre— todos los excesos al magisterio, a cambio de lapsos verdaderamente momentáneos y efímeros de paz social, como a quien se le da respiración artificial con un tanque de oxígeno. Además, si se reviviera la doble negociación, entonces las finanzas estatales tendrían que asumir el compromiso de seguir costeando las plazas extraordinarias, los beneficios económicos extraordinarios, y todo lo demás que les terminaría dando a cambio de no romper el delicado esquema de la paz social a cambio de recursos.

A estas alturas, sabemos que esa fue una razón del desorbitado crecimiento de la deuda pública estatal en los últimos años; sabemos que esa fue la causa de la rebeldía magisterial; y que además es una solución contraproducente incluso desde el corto plazo. De ahí parte la insistencia —que parece que sólo llega a oídos sordos— de que el gobierno de Oaxaca establezca con claridad cuáles son los temas en los que puede negociar, cuáles los límites de su capacidad de negociación y acuerdo con el magisterio, y cuáles los temas en los que no puede incidir ni siquiera ante la amenaza de que la Sección 22 incendie Oaxaca.

EXPECTATIVAS INALCANZABLES

Todo ello debería darse en un marco de diálogos públicos, para que la ciudadanía pudiera saber concretamente qué se pide, qué se negocia, cómo se dialoga, y hasta dónde se puede llegar. Sólo que hoy el primer reto radica en establecer más interlocutores válidos y respaldados que puedan romper este acelerado círculo vicioso de lastimar a los oaxaqueños cada que la dirigencia de la Sección 22 quiera una nueva reunión con el Gobernador.

Javier Corral y sus antecedentes de la mala relación con la prensa (en Oaxaca)

 

JAVIER

+ Dejar morir a El Norte, forma similar al ahogo presupuestal que aquí impulsó


Luego de la ejecución de la reportera Miroslava Breach, el periódico El Norte de Chihuahua anunció el final de su existencia como publicación impresa. Oscar Cantú Murguía, dueño de la publicación dijo que en aquella entidad no existen las condiciones ni las garantías de seguridad para el ejercicio libre del periodismo y, sin mencionarlo específicamente, también acusó al gobernador Javier Corral, de rehusarse a reconocer las responsabilidades institucionales de pago con la publicación, y de ser un obstáculo para el ejercicio periodístico. Todo aquel que recuerde el paso de Corral por Oaxaca al inicio del gobierno de Gabino Cué, y la compleja relación que promovió con —y contra— la prensa oaxaqueña, podrá avalar lo que señaló el director de El Norte en la carta que anuncia la extinción del diario.

En efecto, la poca memoria hace que hoy muchos hayan olvidado que Javier Corral tuvo un papel muy activo en Oaxaca al inicio de la gestión de Gabino Cué. Durante la campaña de gobernador, en 2010, hizo presencia en la entidad en su calidad de representante del Comité Ejecutivo Nacional Partido Acción Nacional en la entidad, en el acompañamiento al entonces candidato de la coalición PAN-PRD-PT. Luego de la victoria de julio de 2010, Corral siguió acompañando a Cué en la elaboración de un programa preliminar de gobierno y en el establecimiento de algunas “directrices” —como la de la supuesta nueva relación comercial e informativa del gobierno con los medios de comunicación— desde las cuales Corral intentó tomar ventaja a partir del fomento a la inquina y la mezquindad hacia los medios de comunicación.

De hecho, en Oaxaca Corral intentó incidir en la prensa en una forma más o menos similar a como lo está haciendo hoy como gobernador de Chihuahua. Por un lado, promovió la creación de medios de comunicación afines a su grupo político y a sus intereses económicos; y por el otro, impulsó una discusión perniciosa relacionada con el gasto de publicidad que el gobierno invierte en medios impresos, electrónicos y digitales, la cual intentó encauzar a su favor por medio de supuestas organizaciones civiles dedicadas al análisis de los medios y el derecho a la información.

La intención de esa discusión era de antemano mezquina porque no buscaba el establecimiento de un esquema transparente y democrático para el ejercicio del gasto publicitario del gobierno —a partir de la premisa de que el gasto publicitario del gobierno estimula la existencia de la pluralidad informativa a la que tienen derecho todas las persoans—, sino porque tenía la clara intención de promover que el gobierno dejara de gastar en todos los medios a partir de argumentos como el del sesgo informativo, la parcialidad o la falta de objetividad en la información.

Lo paradójico es que, mientras por un lado Javier Corral promovía esa discusión relacionada con la prensa a través de organizaciones como el Capítulo Oaxaca de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información —organismo integrado por comunicólogos, que casi en su totalidad eran en aquellos momentos empleados de las oficinas de comunicación social de dependencias del gobierno de Oaxaca, y que ninguno había trabajado nunca en algún medio informativo—, por el otro impulsó la creación de varios medios que espontáneamente aparecieron en la escena pública gracias a una fuerte —aunque inexplicable— inversión estatal en publicidad.

En el fondo, la intención de Javier Corral era simple: ahogar financieramente a la mayor parte de los medios de comunicación que ya existían en Oaxaca —acusándolos, a través de terceros como los antes mencionados, de gobiernistas, de priistas y de parciales—, para que esos recursos públicos que se dejaran de invertir en ellos, fueran a parar a los nuevos medios impresos y digitales que él había promovido.

Específicamente, Corral impulsó el establecimiento de dos semanarios cuya procedencia aparente era el estado de Puebla, y luego intentó la consolidación de un tercero —un diario que trajo una fuerte inversión en equipo y tecnología— que habría tenido su origen en el Estado de México. Finalmente, los tres fracasaron por su escasa oferta informativa y porque finalmente exhibieron —esos sí— su cuño gobiernista y su falta de carácter como publicaciones independientes.

EN CHIHUAHUA

SE REPITE LA HISTORIA

Hay dos partes particularmente reveladoras de la carta publicada por Oscar Cantú en la edición final de El Norte de Chihuahua. Ambas, dejan ver la pésima relación y la aún peor intención de Corral con la prensa de aquella entidad.

La primera dice: “La trágica y sentida muerte de Miroslava Breach Velducea –colaboradora nuestra– el pasado 23 de marzo, me ha hecho reflexionar sobre las adversas condiciones en que se desarrolla el ejercicio del periodismo actualmente. El alto riesgo es el ingrediente principal. Las agresiones mortales, así como la impunidad contra los periodistas, han quedado en evidencia, impidiéndonos continuar libremente con nuestro trabajo.” En ella, Cantú habla en tiempo presente. Es decir, que el gobierno de Corral no tiene ninguna intención de mejorar las condiciones y garantías para el libre ejercicio periodístico.

No obstante, hay otro párrafo en la carta que revela que la política de Corral con relación a la prensa, sigue siendo muy similar a la que estimuló en Oaxaca. “Este día, estimado lector —dice Cantú Murguía—, me dirijo a usted para informarle que he tomado la decisión de cerrar este matutino debido a que, entre otras cosas, no existen las garantías ni la seguridad para ejercer el periodismo crítico, de contrapeso”.

Lo que sigue diciendo es aún más revelador: “El irresponsable incumplimiento de las administraciones públicas de los tres niveles de Gobierno también nos orilla a tomar esta decisión, ante la soberbia negativa de pagar los adeudos contraídos por la prestación de servicios.” No menciona directamente a Corral. Pero es claro que para cualquier medio de información de carácter local, su mayor fuente de publicidad gubernamental proviene justamente del gobierno estatal. Por ello, esa acusación aparentemente genérica le termina pesando como una loza al gobierno de Corral.

Y por eso, otra revelación hecha al mismo tiempo por El Financiero, confirma que Corral quiere sólo a los medios que son sus medios. Según la publicación, el gobierno de Chihuahua gasta un millón de pesos al mes en la impresión del periódico “Cambio 16”, una publicación semanal utilizada para difundir de manera oficial las actividades y proyectos de la administración estatal.

Según El Financiero, fue el propio titular de la Coordinación de Comunicación Social de Gobierno del Estado, Antonio Pinedo quien dijo que cada ejemplar de este medio informativo varía en su costo ya que el contenido es cambiante en cada edición, además de que en los últimos seis meses se han contratado a cuatro empresas diferentes para su impresión, sin definir al momento los nombres de las empresas y el monto que se le ha pagado a cada una de ellas.

Así mismo, informaba que en una controvertida rueda de prensa en la que encaró a los representantes de los medios de comunicación que cuestionaban al Estado por la reducción en los convenios, el titular de comunicación social anunció que se había reducido en un 70 por ciento el gasto en medios de comunicación desde el inicio de la actual administración, sin limitar las inversiones para este semanario.

ENEMIGO DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

En Oaxaca, Corral sólo vino a tratar de hacer negocios con sus medios, y a promover una discusión mezquina respecto al gasto publicitario del gobierno. Nunca tuvo la intención de mejorar el esquema de la inversión, sino echar a pelear al gremio para tratar de ganar en medio del caos. No lo logró. Lamentablemente, hoy que es gobernador tiene plenas posibilidades de dejar morir a los medios preexistentes para tratar de quedarse sólo con la prensa que él mismo promueve y que responderá a sus intereses.

UABJO: ¿Hasta cuándo van a dejar —todos— que se les enrede el proceso electoral?

 

Helmes

+ Martínez Helmes, en la impunidad y en el desastre, sueña con ser diputado por Morena


Uno más de los síntomas de la larga descomposición que padece la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca, es la inexplicable intromisión de los actores universitarios en la política electoral estatal. Uno de los ex rectores universitarios es hoy diputado federal y ocupa una posición relativamente relevante, desde la que no ha hecho nada por la Universidad. Y de tras de él hay otro que ahora pretende hacer carrera política en el Movimiento de Regeneración Nacional, de Andrés Manuel López Obrador. Sólo quien no tiene vergüenza puede pensar en eso, suponiendo que la UABJO es su capital político y su ejemplo de eficacia.

En efecto, para efectos de la política universitaria que se entrelaza con la política estatal, el ex rector Francisco Martínez Neri es un pésimo ejemplo. Lo es porque fue un rector que emergió —como todos en los últimos tiempos— de la confluencia de los grupos internos de la Universidad, y que entregó cualquier tipo de resultado menos alguno a favor de la UABJO. ¿Qué hizo Martínez Neri? Lo mismo que sus antecesores y sucesores: administrar el largo conflicto y los vicios universitarios, con la única mira de tratar de concluir un rectorado sin sobresaltos ni sangre. Ese bien puede ser el leitmotiv de los últimos rectores, que sólo parecen tener esa meta. Sin embargo, y contra todos los pronósticos, Martínez Neri logró ir más allá.

¿Por qué? Porque su tiempo como rector coincidió con el del conflicto popular y magisterial de 2006 en Oaxaca, y desde entonces él se involucró con los grupos que primero respaldaron el movimiento social, y que después fueron aliados de Gabino Cué cuando, cuatro años después, ganó la elección al gobierno de Oaxaca. Únicamente por respaldar el conflicto, y por permitirle a la APPO las instalaciones universitarias, Martínez Neri fue considerado dentro de las candidaturas a las diputaciones locales, que ganó por las inercias electorales de 2010 y no por un liderazgo verdaderamente afianzado.

Esas mismas inercias, combinadas con el desdibujado PRI que hay en la mayoría de las zonas urbanas de Oaxaca, fueron las que le permitieron también ser diputado federal, a pesar de que los antecedentes de Martínez Neri no son envidiables ni como rector, ni como diputado federal, ni como efímero Secretario de Culturas y Artes de Oaxaca durante el gobierno de Gabino Cué. Y, básicamente, lo que sí logró fue poner el —mal— ejemplo de que se puede seguir haciendo carrera política a pesar de haber sido un mar rector, un mal legislador, y un gris servidor público.

Por eso, hoy se asume en la UABJO que los rectores sí pueden salir de la palestra universitaria para convertirse en políticos, y que además de ser políticos comunes pueden llegar a ser políticos exitosos. Pues de nuevo, el ejemplo de Francisco Martínez Neri como diputado federal, y como coordinador de su bancada en la cámara baja, vuelve a salir a relucir como un engañoso reflejo del esfuerzo y del éxito político a pesar de los antecedentes.

Pues al final resulta que a pesar de lo que se diga, la UABJO sigue siendo un ejemplo pernicioso de vicios, de abandono institucional, de desinterés por parte del gobierno estatal, y de bajos resultados globales en todo lo que tiene que ver con lo académico. Pues antes y después de Martínez Neri, la UABJO ha seguido gobernándose a partir de los cacicazgos, de la violencia, del porrismo y de los vicios de corrupción que someten a cualquier tema académico. Ese es el saldo de Martínez Neri —compartido con los demás rectores— que nadie parece considerar. Pues la “moda” indica que sí se puede hacer carrera política a pesar de eso.

Quizá ese sea el ejemplo de Eduardo Martínez Helmes que, ahora en Morena, quiere seguir los pasos de uno de sus antecesores.

DE LO MALO A LO PEOR

El rectorado de Eduardo Martínez Helmes constituyó la cúspide —y el inicio de la decadencia— del cacicazgo universitario de su padre, el también ex rector Abraham Martínez Alavés. Fue así porque luego de poner a otros rectores —entre ellos a Martínez Neri—, el cacique decidió heredarle el poder a su propio hijo, que no tenía más mérito que ser un burócrata de la Universidad, e hijo de quien es.

Con Eduardo, Abraham Martínez pareció llegar al máximo de su obra dentro de la UABJO y ahora quieren intentar que esa capacidad política perdure. ¿Cómo? Siguiendo los pasos de Martínez Neri en la búsqueda de una diputación local. Por esa razón, hay acercamientos muy concretos con Morena y lo que tratarán de afianzar es que éste partido asuma que Martínez Helmes tiene el control de la Universidad, y que ésta será un semillero de votos a favor de López Obrador, y de los candidatos de Morena en Oaxaca.

Si eso lo pudieran suponer en Morena a la luz de los resultados del rectorado de Martínez Helmes, están equivocados. Éste concluyó en medio de un escandaloso señalamiento de corrupción y de complicidad con el régimen anterior en la entidad, específicamente con el “facilitador” de Gabino Cué, Jorge Castillo Díaz, en el manejo del presupuesto universitario. Además, Martínez Helmes fue no sólo uno de los principales promotores del porrismo y de los vicios académicos de la Universidad —la venta y el tráfico de calificaciones entre maestros y alumnos, por decir lo menos, vive uno de sus momentos de mayor jauja en todos los tiempos—, sino también el sepulturero de la delicada concordia universitaria.

Helmes dejó a la Universidad en medio de dos graves conflictos en las dos principales y más pobladas facultades, y lo hizo únicamente tratando de controlar la administración universitaria desde la rectoría. Hoy parece que esos intentos de control están fracasando porque las inercias al interior de la UABJO han resultado ser aún más complejas de que lo que se previó. Es cuestión de tiempo para que, de no atenderse —como hasta ahora—, estalle la violencia que en buena parte se deriva de los desesperados intentos de control de la familia Martínez Helmes en sus dos principales bastiones.

Y el problema es que, a pesar de todo eso, los Martínez —conocidos como ‘la familia real’— siguen asumiendo, y vendiendo la idea, de que ellos controlan la universidad. No reconocen —porque no les conviene— que no es lo mismo ejercer un control clientelar al interior de las aulas, que en un proceso electoral abierto y real. Tampoco dicen que una elección constitucional no se gana con porros ni con tráfico de calificaciones. Y mucho menos hablan de los devastadores resultados de Eduardo Martínez Helmes, primero como rector, y luego como operador político.

Hoy la Universidad ya se les fue de las manos y su poder como cacicazgo está en franca decadencia. Por eso, en términos contantes y sonantes, lo único que les queda es la apariencia y el ejemplo de Martínez Neri, de que se puede seguir haciendo política a pesar de sus respectivas herencias como rectores.

ECOS DE VIOLENCIA

Hay una versión que apunta a que la inestabilidad universitaria tiene que ver directamente con la presencia de Eduardo Martínez Helmes en el templete, el 21 de marzo que se realizó el mitin de Andrés Manuel López Obrador en Oaxaca. ¿En el gobierno estatal siguen sin entender ni calcular la necesidad urgente de intervenir institucionalmente en los problemas universitarios, para evitar que se desborde la violencia? A estas alturas, si quiera pensar en la sola posibilidad de un “incendio controlado”, resulta tan riesgoso como insistir en jugar a la ruleta rusa con la gobernabilidad del estado. Y de por sí, ya hay demasiados problemas en Oaxaca, como para seguir insistiendo en ello.

La crisis institucional de México pasa por la reforma a los gobernadores

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+ Veracruz, Chihuahua, Nuevo León… en todas, el resultado es desalentador


El federalismo mexicano vive una resaca terrible con la inoperancia y corrupción actual de los gobiernos estatales. Si en el pasado la mayor queja institucional parecía provenir del gobierno federal y de las arbitrariedades propias del régimen presidencialista —entendido éste como un sistema presidencial exacerbado, propio de las incipientes democracias latinoamericanas—, hoy buena parte de los mayores problemas institucionales tienen su origen en la contradictoria figura de los gobernadores. Éstos, a pesar de la enorme evolución institucional que le apremia al país, siguen extremadamente sometidos en algunas atribuciones y, paradójicamente, excesivamente libres en otras. Si se busca la confianza del ciudadano en el Estado, esa es una de las figuras que debería modificarse con urgencia.

En efecto, hoy abundan las historias relacionadas con la corrupción de varios gobernadores. En el caso de Veracruz, Chihuahua, Quintana Roo y varias más, se acusa a los ex gobernadores de haber dejado deudas estratosféricas, además de graves problemas en rubros como la seguridad. Y en otras entidades —como Oaxaca o Puebla— que hoy tienen menos atención de la opinión pública nacional, tampoco distan demasiado de esos mismos problemas que tienen una derivación de fondo en la corrupción.

En realidad, hoy que están en juego cuatro gubernaturas, y que ello no será sino la antesala de un proceso electoral mayor, ese resulta ser uno de los problemas de fondo para la generalidad de los partidos y para la credibilidad y legitimidad en general de la importancia de la renovación del poder público. Es evidente que este asunto superó por mucho la esfera de los problemas ordinarios, y que se ha incrustado como uno de los más graves en la vida pública del país. La corrupción, como problema genérico del Estado, se particulariza en temas como la impunidad, pero también se bifurca en la inoperancia de las instituciones y en las excesivas libertades que tienen hoy algunos servidores públicos. Y ello se refleja con toda claridad en los gobernadores.

Pues, por un lado, seguimos siendo testigos de que hoy son algunos gobernadores los que mejor ejemplifican los problemas de corrupción en el país. En este momento son César y Javier Duarte en Chihuahua y Veracruz, respectivamente. Previo a ellos fue Roberto Borge en Quintana Roo. Pero hace un poco más de tiempo fue Guillermo Padrés en Sonora; Fausto Vallejo en Michoacán; y antes fue Humberto Moreira en Coahuila. Es decir, que este es un problema sistemático, en el que gobernadores de todas las facciones, grupos, partidos y antecedentes, comparten el mismo problema de haberse excedido en sus funciones y haber incurrido en todo tipo de irregularidades, particularmente con las que tienen que ver con el ejercicio de los recursos públicos, y las tentaciones del peculado.

Y como si eso no fuera suficiente, resulta que esos mismos gobernadores han entregado gestiones verdaderamente desastrosas en cuanto a resultados. Hoy el país está incendiado por la criminalidad, por la violencia y por la impunidad. Y el rasgo distintivo –para variar— son los gobernadores completamente incapaces de controlar las situaciones de riesgo en sus respectivas entidades. Todos por igual, claman por ayuda federal ante la evidente incapacidad de controlar un problema que en gran medida ellos contribuyeron a crear.

Lo hicieron cuando permitieron que la delincuencia le ganara terreno al orden público; cuando distrajeron recursos prioritarios para el mejoramiento de las policías, para otros fines; cuando asumieron que la seguridad no era un tema estatal sino federal; y cuando, por indolencia o por candidez, dejaron de atender ese y muchos otros problemas que hoy, por su dimensión, tienen también rebasado al gobierno federal.

PODER DE CLAROSCUROS

¿Y no son esos mismos gobernadores a quienes se acusa, por ejemplo, de haber sobre endeudado a sus entidades federativas? Son ellos mismos, porque en esos controles y libertades que hoy tienen los Ejecutivos estatales —una de las figuras que particularmente no ha sufrido modificaciones sustanciales en el esquema constitucional federal, a pesar de la alternancia de partidos en el poder y de los cientos de reformas que en los últimos 17 años se han hecho a la Constitución— les siguen permitiendo ejercicios discrecionales del gasto y, además, controles muy anticuados de los contrapesos democráticos.

¿Cómo se puede explicar, entonces, que la gran mayoría de los gobernadores, independientemente de la filiación política de la que emanaron, enfrenten problemas similares de acusaciones sobre endeudamientos irresponsables? En ese rubro, ninguno de los partidos sale bien librado, porque más bien ese ha sido un efecto nocivo de la praxis política que, además de reflejar irresponsabilidad en el ejercicio del presupuesto, revela también la inexistencia de contrapesos reales o, en su caso, de una relación de connivencia entre los gobiernos y las fuerzas opositoras.

Los hechos así lo demuestran: todos los gobernadores, para contratar deuda y comprometer sus ingresos fiscales futuros, necesitan el aval de su respectivo Congreso. Y todos los gobiernos endeudados tienen fuerzas opositoras que prácticamente en todos los casos terminan respaldando al gobernador en sus intenciones, ya sea porque entablan negociaciones para compartir los beneficios, o porque simplemente existe un problema de sometimiento permanente de la oposición al oficialismo. Y, en cualquiera de los casos, todo esto ocurre gracias a que no existen los equilibrios efectivos en el ejercicio del poder.

En todo eso, la propia federación ha sido corresponsable. Pues a pesar de la transformación institucional que ha sufrido el país, y de las modificaciones al esquema de poder del Presidente, resulta que los gobiernos estatales siguen siendo muy dependientes del paternalismo federal, que en gran medida se ha promovido —valga la redundancia— desde la propia federación.

Por décadas —antes y después de la alternancia de partidos en la presidencial, en el año 2000— el gobierno federal ha buscado restarle facultades sustantivas a los gobiernos estatales, menguándoles sus capacidades recaudatorias, ejecutivas, administrativas, de seguridad y de desarrollo. Por eso, el gran poder lo ha seguido teniendo la federación —cosa que no cambió ni con las reformas estructurales recientes— y los gobernadores están reducidos a la cómoda posición de jefes políticos de sus entidades federativas, aunque con márgenes muy limitados de acción para enfrentar con bases los problemas de los territorios que gobiernan.

Por eso no es ocioso el señalamiento sobre la urgencia —hipotética— de que evolucione la figura de los gobiernos estatales. Lejos de menguarles aún más el poder, se le deben dar las responsabilidades que hasta ahora se le han regateado, y se le deben poner los controles que hasta ahora han evitado. Conforme pasa el tiempo y los problemas nacionales, queda cada vez más claro que los gobiernos estatales están rebasados.

DESARROLLO REAL

No se ha querido entender que no se trata de seguirlos supliendo, o de quitarles aún más facultades, sino todo lo contrario: como a un adolescente que está en desarrollo, a los gobiernos locales se les debe dar responsabilidades y obligarlos a que las asuman. Sólo de ese modo se podría ir menguando la figura parasitaria que hoy tienen en general los gobiernos estatales respecto a la federación, y se impulsaría el replanteamiento de la figura sustancialmente.