Home Blog Page 288

Alza en gasolinas: la culpa es del prolongado rezago económico mexicano

gazo

+ Bajísimo poder adquisitivo se combina el mercado y la debilidad industrial


El gasolinazo no se hizo presente en la resaca por el inicio del nuevo año, sino que más bien fue el esbozo de los malos augurios colectivos desde finales del año que se fue. Todos, por igual, repudiamos al combustible como al peor de nuestros males, y junto con ello, al gobierno que nuevamente nos castiga con un alza de precios injusta, traicionera y egoísta, que además provocará una cascada de incrementos en productos y servicios, que será sólo proporcional a la disminución de la calidad de vida de la generalidad de las personas. ¿Este malestar es culpa del combustible, del gobierno, del Presidente, o de quién?

En efecto, ayer se consumó el incremento más elevado al precio de los combustibles en mucho tiempo, y muchos seguimos preguntándonos qué pasa con esto. En realidad, resulta relevante asumir que la culpa no es de la gasolina o el diesel en sí mismos, y que tampoco es sólo responsabilidad de Peña Nieto o de alguien en específico.

Esto, más bien, es el resultado de décadas de abandono al sector energético; de la debilidad fiscal del gobierno, que también desde hace décadas ha pospuesto la necesidad de afianzar las finanzas públicas; y del estado de devastación en que se encuentra la clase trabajadora mexicana, lo cual se refleja en el pobrísimo nivel adquisitivo de los salarios en nuestro país. Vale la pena repasar el punto para comprender un poco mejor el contexto en el que ocurre este incremento al costo de los combustibles, y sus razones e impactos en la economía de la mayoría de las personas.

En esto, lo primero que debemos asumir es que esto no es culpa de la gasolina, pero sí de quienes no priorizaron o permitieron el desarrollo de la industria energética nacional. Hoy revive aquel viejo binomio —que podría parecer un argumento retórico, pero que tiene una dosis amplia de realidad— relativo a la tragedia mexicana que significa exportar petróleo crudo para después importarlo transformado en combustibles.

Hoy, cuando este incremento al precio final está determinado por el alza en los precios internacionales de la gasolina y el diesel, quizá nos venga a la mente ese escenario en el que México hubiera podido procesar su propio combustible para convertirlo sin necesidad de comprarlo al exterior. Eso no ocurre. Y por eso revivir la discusión sobre las refinerías, y sobre la reforma energética —pero no la actual, sino la que debió ocurrir hace décadas en México para hacer sostenible la industria petroquímica del Estado— es algo que, aunque ya resulta irremediable, sí es factor para entender por qué todos hoy estamos padeciendo los estragos de una industria que fue prodigiosamente rentable en otros tiempos, pero que se dejó caer por diversos apetitos políticos.

¿Cuáles? Apetitos de quienes, desde el Estado, no previeron la necesidad de nunca dejar de invertir en la creación de infraestructura, como en quienes se opusieron a ese crecimiento a partir de dogmas casi decimonónicos, como el de la propiedad del Estado sobre los energéticos, bajo los cuales —no defendiéndolos, sino utilizándolos— impidieron el desarrollo de Pemex como cualquier otra empresa que debe reinvertir cierta parte de sus ingresos para seguir siendo viable y productiva en el mediano y largo plazo.

DRAMA PETROLERO

Otra de las verdades que apenas si se distinguen es que, fiscalmente, la renta petrolera se acabó, y por eso es casi imposible que el Estado mexicano toque los ingresos que percibe por los impuestos que aplica a los combustibles. ¿Qué significa que la renta petrolera ya no exista? Básicamente, que Pemex hoy es una carga y no una fuente de ingresos para el Estado. Es decir, vender petróleo dejó de ser negocio. Hoy, una parte de esos ingresos que se perdieron por la venta petrolera, están recuperándose con la venta de combustible al usuario final —que somos nosotros los ciudadanos.

A eso hay que agregarle otro factor: las finanzas nacionales son tan débiles que es imposible pensar en cualquier tipo de recorte a los ingresos. Antes, con el precio controlado del litro de gasolina, si ésta subía o bajaba significaba un impacto al intermediario, que era el Estado. Esto se volvió insostenible, y por eso el gobierno liberó el precio para que sea fijado por el mercado, dejando a salvo sus ingresos. Por eso fue tan significativo el incremento y por eso, con todo y el monumental costo político que eso significa, las finanzas nacionales ni pueden soportar la posibilidad de seguir subvencionando las gasolinas, y mucho menos pueden considerar la posibilidad de que éstas bajen de precio a partir de que el Estado sacrifique los impuestos que cobra por ellas.

SALARIOS Y GASOLINA

En todo esto, hay un último factor: el precio del combustible en México sigue siendo competitivo respecto al resto del mundo. Lo que no reconoce el gobierno es que lo que sí resulta una traición y un sacrificio enorme para el mexicano promedio, es la ridiculez del monto del salario mínimo. No importa cuánto cuesta el litro de combustible, sino cuánto hay que trabajar para ganar el dinero necesario para comprarlo, y proporcionalmente cuánto del ingreso total de una persona significa el costeo del combustible. Ahí es cuando todo se atora, y cuando queda claro que el problema no es nada más de la gasolina, ni de Peña Nieto, sino del modelo de irrealidades bajo las cuales se ha venido construyendo este país, que no deja de apretarse el cinturón de los sacrificios, a la par que desdeña el futuro hasta que llegan momentos como éstos.

Estados Unidos desconfía sobremanera de las autoridades mexicanas

donaldo

+ Contra la corrupción, impulsan figuras alternativas para controlarla


Para nadie es un secreto que la corrupción es, por mucho, uno de los principales problemas del Estado mexicano. Llega a tal nivel, que a gran escala las autoridades hoy son cuestionadas por los problemas de ilegitimidad que enfrentan. No sólo tiene que ver con las dádivas o con los actos indebidos, sino también con cuestiones como la persecución a la delincuencia organizada y todo el entramado institucional que se supone que soporta la actuación del Estado. En ese marco se inscribe la implementación del sistema Nacional Anticorrupción, pero también diversos intentos —y amagos— de la comunidad internacional para tratar de presionar al gobierno mexicano para que tome medidas más eficaces o, en otra vertiente, para tomarla ellos mismos a través del mecanismo implementado en Guatemala, por el que enjuiciaron al presidente Otto Pérez Molina.

En efecto, uno de los ejemplos de la presión internacional en contra de México por un acto que en el fondo entrañaba posibles actos de corrupción, fue la fuga de Joaquín El Chapo Guzmán, del Penal de Máxima Seguridad de El Altiplano, en 2015. Una vez que se supo que el capo criminal se había sustraído del centro penitenciario, de inmediato se habló de su capacidad operativa para lograr evadir el penal más vigilado del país, pero también de la posibilidad de que en su fuga hubiera servidores públicos involucrados tanto como posibles partícipes activos, como otros que hubieran colaborado con omisiones en el desempeño de sus funciones. Esto activó las alertas de Estados Unidos relacionadas con la corrupción, que ya tenían antecedentes por temas como Ayotzinapa o la casa blanca del presidente Enrique Peña Nieto.

De hecho, exactamente una semana antes de la reaprehensión del Chapo Guzmán, el icónico diario estadounidense The New York Times dedicó su editorial (4 de enero de 2016) a cuestionar la falta de transparencia del gobierno de México. En su texto, aseguró que el presidente Enrique Peña Nieto “no será recordado como el líder transformador” que los mexicanos pensaron en la elección de 2012, sino como un político que “eludía a toda costa la rendición de cuentas”.

El Times hizo un recuento, de lo que consideró, han sido los sucesos que han sacudido a esta administración. “En el tiempo de Peña Nieto, el gobierno mexicano ha encubierto veloz y sistemáticamente horribles verdades y ha minimizado escándalos”. En el balance también se incluyeron “su casa blanca, la fuga de El Chapo y la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa, que al parecer fueron masacrados en Guerrero”, dijo.

TERQUEDAD

El editorial titulado México se resiste tercamente a rendir cuentas, también se refirió a la segunda fuga de Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, que escapó del penal de máxima seguridad de El Altiplano en julio pasado, y destacó el escepticismo de los mexicanos en torno a la versión oficial. El rotativo señaló que “lo más preocupante” es que el gobierno mexicano falló en investigar la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa en septiembre de 2014”. Y remataba con una exigencia bastante peculiar, dado el tono de sus afirmaciones. El Times remataba diciendo que “aún no es tarde para que el gobierno mexicano dé acceso libre a un equipo de investigadores internacionales”.

Para entender esta última exigencia —que constituía un mensaje político y público, de país a país— es necesario recordar lo que pasó en Guatemala con la estrepitosa caída del presidente Otto Pérez Molina meses antes de terminar su mandato, acusado de actos de corrupción justamente por un equipo de investigadores internacionales.

Como se debe recordar, formalmente, el presidente guatemalteco Otto Pérez Molina fue acusado el viernes 21 de agosto por la Fiscalía y la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala  de ser el líder de una red de defraudación aduanera conocida como La Línea.

Según lo que han informado diversos medios, el nombre de la red de defraudación, hacía alusión a un número de teléfono al que se podía llamar para negociar una alteración en los documentos de los cargamentos de mercadería importada, con el objetivo de pagar menos impuestos. Por el mismo caso guarda prisión la ex vicepresidenta de Guatemala, Roxana Baldetti, que en mayo se vio forzada a renunciar al cargo ante la contundencia de las pruebas en su contra. Todas las acusaciones las instauró una Comisión Internacional de Investigadores de la ONU por exigencia de diversas naciones, Estados Unidos entre ellas.

Esa Comisión Investigadora es la que después determinó responsabilidades en contra del propio presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, que se vio obligado a dejar el poder antes de culminar su mandato, y luego fue procesado y recluido por las acusaciones de corrupción instaurada en su contra.

PRESIÓN INTERNACIONAL

¿Qué relación tiene todo esto con el tema del Chapo? Casi nada: que Estados Unidos intentó formalmente presionar al gobierno mexicano para que aceptara la instauración de una comisión similar a la de Guatemala para que, entre otros casos, investigara —sin las ataduras y sin la subordinación al gobierno del presidente Enrique Peña Nieto— la fuga de Joaquín El Chapo Guzmán. Si esa exigencia no hubiera tenido una respuesta del tamaño de la que se ofreció con la reaprehensión del Chapo, ocurrida también en enero, lo que se habría esperado es un incremento exponencial de la presión para que se llegara a integrar esa comisión. O, como se habla también ahora, del establecimiento de una Corte Internacional Anticorrupción con jurisdicción en México, como ya también se comienza a mencionar.

Sistema Anticorrupción sería insuficiente; ¿necesaria, Corte Internacional?

0

SPCJN

+ El SNA aún no funciona y ya hay dudas sobre su implementación y eficacia


Una de las expectativas más importantes para el año que comienza, es que por fin pueda ponerse en funcionamiento el Sistema Nacional Anticorrupción, que fue establecido en la Constitución federal a mediados de 2016 y que representa el cambio funcional más importante de las últimas décadas en lo que se refiere al control del desempeño de los servidores públicos, en un tema tan delicado como el cumplimiento legal y honesto de sus funciones. Aunque hay expectativas, también hay voces que señalan que esto sería insuficiente. Y para ejemplificar sus dudas sobre el SNA, presuponen la necesidad de implementar medidas como una Corte Internacional Anticorrupción.

En efecto, el combate a la corrupción es hoy por hoy uno de los temas que más preocupa a la sociedad mexicana. Esto es consecuencia, por un lado, de la puja que existe entre diversos sectores sociales por el establecimiento de mecanismos que verdaderamente puedan incidir en la identificación, persecución y castigo de las personas que se exceden en sus atribuciones o que incurren en actos indebidos a partir de sus funciones como servidores públicos. Por el otro, este tema ha sido empujado por las clarísimas muestras de corrupción y conflicto de interés en que han incurrido servidores públicos al más alto nivel. La llamada ‘casa blanca’ del presidente Enrique Peña Nieto es muestra palmaria de lo anterior.

En ese sentido, el SNA es el resultado de esa puja ciudadana por el establecimiento de un sistema de combate a los actos de corrupción. Así, lo que comúnmente se conoce como Sistema Nacional Anticorrupción implicó la creación o modificación de: (1) la Ley del Sistema Nacional Anticorrupción, (2) la Ley Federal de Fiscalización y Rendición de cuentas, (3) la Ley General de Responsabilidades Administrativas de Servidores Públicos, (4) la Ley Orgánica del Tribunal Federal de Justicia Administrativa (5) la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, (6) el Código Penal Federal y (7) la Ley Orgánica de la Procuraduría General de la República; además, obviamente, de las correspondientes reformas constitucionales que dieran certidumbre sobre todo ese mecanismo.

Así, en palabras de la investigadora Viridiana Ríos, la de 2016 podría ser la última ‘navidad feliz’ de los corruptos, porque en 2017 se tendría que haber ya puesto en marcha este mecanismo, que tiene su basamento en la participación de la ciudadanía en su implementación y funcionamiento.

“Lo que hace único al SNA, aprobado en 2016, no es sólo que surgió del clamor ciudadano (ya de por sí una gran innovación), sino que también será encabezado por un grupo ciudadano. El SNA está integrado por un grupo ciudadano (conocido como el Comité de Participación Ciudadana) y por seis instituciones públicas que ya se dedican a luchar contra la corrupción desde antes, pero que fueron reformadas para darles mejores y mayores facultades. Las instituciones son el Tribunal Federal de la Justicia Administrativa (antes Tribunal Federal de Justicia Fiscal y Administrativa, TFJFA), la Secretaría de la Función Pública, la Auditoría Superior de la Federación, la Fiscalía Especializada Anticorrupción, el INAI y el Consejo de la Judicatura. El Comité de Participación Ciudadana constituye la posibilidad por parte de los ciudadanos de dirigir los esfuerzos contra la corrupción, ya que tendrá facultades de proponer políticas anticorrupción, metodologías e indicadores de evaluación y, sobre todo, vigilar el funcionamiento del SNA” (Excélsior 25.12.2016).

¿NO ES SUFICIENTE?

Una de las cuestiones que más inquietan, es la resistencia del propio Estado a entrar en una discusión seria sobre las necesidades de certeza en la implementación del Sistema Nacional Anticorrupción; de la forma en que éste mecanismo ‘baje’ a las respectivas legislaciones de las entidades federativas; y, sobre todo, que cuando se implemente resulte ser un mecanismo eficaz y no termine siendo una simulación o un mecanismo ‘domado’ por la partidocracia, como han terminado otros intentos importantísimos tales como la conformación de los órganos constitucionales autónomos, los tribunales de justicia y otros, en los que se supone que la probidad es el punto de referencia para su conformación, pero lo ha terminado siendo los intereses y necesidades de los propios partidos políticos, que más que autonomía han buscado protegerse justamente de acciones, mecanismos e instituciones que normen y vigilen su actuación.

En ese sentido, las medidas que importa el SNA pueden no ser cómodas para los partidos y para el propio gobierno, y de ahí surge la duda de si ese Sistema puede terminar siendo un intento que sucumba ante el poder de los partidos, y sus afanes porque en realidad e siga evadiendo de fondo la ley para mantener los privilegios y los espacios de poder que implican actos de corrupción.

DUDAS

Es por eso que, como abundaremos en la entrega siguiente, también han surgido voces que señalan, por ejemplo, la necesidad de implementar esfuerzos de mayor envergadura, tales como tribunales internacionales que se dediquen a combatir la corrupción al margen de las pasiones e intereses que eternamente tienen los partidos porque esto no ocurra. Un caso puede ser el guatemalteco, que incluso provocó la caída del presidente Otto Pérez Molina; pero otros, más avanzados incluso, refieren la creación de una Corte Internacional Anticorrupción. De ese tamaño es la desconfianza que despierta no el SNA, sino el poder corruptor de la clase política mexicana.

México ante la Corte Penal Internacional, ¿para qué?

0

felical

+ Contrasentido, que FCH amenace a quienes demandan


Uno de los temas que dentro de algún tiempo volverá a dar de qué hablar, es la responsabilidad que habrá de enfrentar el Estado mexicano ante la Corte Penal Internacional. Esta es una historia que tiene aún muchas aristas pendientes y que pasan por la lucha anticrimen que ha dejado decenas de miles de muertos en méxico, sobre los cuales algún día tendrá que responder el Estado mexicano, independientemente de quién sea el Presidente, e incluso de las resistencias que pudieran presentar como en su tiempo lo hizo el Presidente Felipe Calderón Hinojosa.  

En efecto, fue a finales de 2011 cuando, en ese marco, el presidente Calderón cuando decidió anunciar públicamente, a través de un comunicado emitido por la Presidencia de la República, de la que él es titular, que exploraban todas las posibilidades de proceder judicialmente en contra de las de las de 28 mil personas que habían firmado la demanda presentada por el abogado mexicano Netzaí Sandoval ante la Corte Penal Internacional, para que investigara los posibles crímenes de lesa humanidad que se habían cometido durante los últimos cinco años de “guerra contra el crimen organizado” que encabeza el gobierno federal en contra de grupos criminales.

La gravedad de las amenazas no resulta específicamente de lo que se demandó ante la Corte Penal Internacional, sino de los efectos que esto tiene tanto en el corto, como en el mediano plazo, en nuestro país. Y es que, en efecto, la Corte Penal Internacional está facultada por el Estatuto de Roma para conocer de hechos en los que posiblemente se cometieron crímenes de lesa humanidad, y esa fue la razón por la que el personaje antes mencionado acudió ante ese tribunal para que iniciara una indagación al respecto.

Sin embargo, en ese punto inicial deben quedar varias cuestiones perfectamente claras. La primera de ellas, es que el hecho de que se haya presentado la denuncia ante la CPI, no necesariamente hace por sí mismo responsable al gobierno federal, o al Presidente de la República, de los hechos que se denuncian y de los delitos que se asegura que se han cometido.

La segunda cuestión, es que la demanda presentada también señala como posibles responsables a los presuntos líderes de varios grupos criminales que, al igual que el gobierno federal a través de sus agentes, también han contribuido al clima de violencia y muerte que impera en nuestro país.

Un tercer aspecto que debe considerarse, es que todo el escándalo surgió de la sola presentación de la demanda. De hecho, la CPI ni siquiera ha anunciado si admitió o no la demanda para darle la tramitación correspondiente; y bien a bien, no está claro que si los hechos que se describen en la demanda, en el contexto en el que vive nuestro país, sean necesariamente constitutivos de los delitos que el Estatuto de Roma faculta para conocer a la Corte Penal Internacional.

Sin embargo, sin tomar en consideración todo eso, el gobierno federal decidió amagar con “contrademandas” a todos los que se habían atrevido a señalarlo. Esto, desde todos los ángulos se presenta como un contrasentido. Esto porque su enojo equivale a negar lo que, en efecto, es público, y en lo que, también en efecto, todos los mexicanos conocen, padecen, y están por ello facultados para exigir explicaciones e incluso que tribunales establezcan si, a la luz del derecho, son legales las acciones del gobierno federal, o estas deben ser censuradas y castigadas con apego a la ley.

El asunto, contrario a lo que parece, no debiera ser visto sólo como una treta de los enemigos del Presidente o del partido al que él pertenece. En el fondo, todo esto debiera ser visto como una enorme oportunidad de poder conocer, en el mediano o largo plazo, qué es lo que hoy ocurre en nuestro país, y que por la razón que sea, no está siendo correctamente relatado o reseñado por quienes deben hacerlo.

VERDAD HISTÓRICA

Esto no debiera ser visto, pues, como una simple artimaña, sino como una oportunidad. ¿Oportunidad de qué? Fundamentalmente, de conocer qué ocurre hoy, frente a los diversos tipos de mordazas que privan sobre ciertos sectores de la población en nuestro país, justamente frente a la guerra contra el crimen organizado. Veamos si no.

La prensa, por ejemplo, está en buena medida, impedida hoy para relatar todo lo que ocurre respecto a la violencia y el accionar del crimen organizado. En amplias regiones del país, los periódicos, la prensa electrónica, radio y televisión, han sido brutalmente intimidadas y amordazadas —tanto por criminales, pero también por autoridades y poderes fácticos—para evitar que participen plenamente de la incidencia de hechos en los lugares en que desarrollan sus actividades.

Del mismo modo, en amplias regiones del país, las autoridades municipales y estatales han sido fuertemente reprimidas por bandas criminales, narcotraficantes, tratantes de personas, extorsionadores y secuestradores, para que éstas no actúen como deben, para que no den parte a otras autoridades sobre hechos que ocurren, o simplemente para que omitan “ver” hechos abominables que sí ven, pero que son realizados por poderes que rebasan sus capacidades de actuación.

SABER DE VERDAD

Ante todo esto, ¿cómo entenderemos, en el mediano o largo plazo, la verdad histórica de este tiempo? ¿Dejaremos que sean los vencedores quienes escriban la historia de este tiempo? ¿O nos limitaremos, como hasta ahora, a levantar los hombros en señal de resignación, y haremos sólo el recuento de lo que sabemos, pero no de todo lo que verdaderamente ocurrió?

PRI está colonizando al PAN, tiene cautivo a Morena e irá por el PRD

PRIT

+ Pretenden anular a fuerzas opositoras a través de dirigencias a modo


La disputa actual por la dirigencia estatal del Partido Acción Nacional no es sino un episodio más del intento del nuevo régimen, a través del priismo, por hacerse del control de ese partido. Esa intención luego se extenderá al Partido de la Revolución Democrática como, ya de alguna forma, ocurre con el Movimiento de Regeneración Nacional. Las fuerzas de oposición en Oaxaca enfrentan maniobras quirúrgicas del régimen para tratar de generar gobernabilidad a través de una oposición orgánica.

En efecto, hoy la disputa por la dirigencia estatal del PAN se libra entre quienes han tenido el control en los últimos años, y un personaje pro priista como Luis de Guadalupe Martínez Ramírez. Básicamente, Juan Mendoza Reyes, hasta ahora coordinador de la bancada panista en la LXIII Legislatura local, ha intentado sucederle el cargo de dirigencia a Antonia Natividad Díaz Jiménez que fue, a su vez, la coordinadora de bancada en la Legislatura anterior gracias al nombramiento que le dio Mendoza.

Ellos saben desde hace meses, que desde el PRI hay montada toda una estrategia para despojarlos no sólo de los espacios legislativos que han ostentado (la Junta de Coordinación Política en el último año de la Legislatura anterior, y la coordinación de la bancada en la actual) sino ahora también de la dirigencia estatal del partido. Evidentemente, es claro que a pesar de la escasa militancia y votación panista en Oaxaca, en sí el cargo de dirigencia reviste cierta importancia política como símbolo de una fuerza partidista; pero, sobre todo, la verdadera importancia está en la capacidad de incidencia que tiene la dirigencia estatal en la vida del partido y su representación en los órganos legislativos.

Estas maniobras no son nuevas. De hecho, cuando en septiembre un grupo de diputados encabezado por Gerardo García Henestroza desconoció a Natividad Díaz como coordinadora de su bancada, y además la despojó de la Presidencia de la Junta de Coordinación Política, en este espacio (Al Margen 21.09.2016) apuntamos:

¿Qué pasó ahora, que sin más tumbaron a Natividad Díaz no sólo de la coordinación de su bancada, sino de la Junta de Coordinación Política? Que, como era de esperarse, desde la bancada priista decidieron mandarle un obús no a la diputada Díaz Jiménez, sino a la poca legitimidad que aún le queda al panismo como representación parlamentaria en la Legislatura siguiente.

Evidentemente, dijimos en aquel momento, era de poca trascendencia pelear la coordinación de la bancada panista y la presidencia de la Jucopo, a escasos dos meses de que termine la Legislatura. Sin embargo, la intención de fondo fue generarle, desde el PRI, elementos de debilidad al PAN, que es el único grupo de varios diputados que no tendrá bancada en la LXIII Legislatura. Esa conjura en contra del panismo, fue orquestada desde el priismo con la complicidad de la bancada del PRD para mantener el oligopolio de las fracciones parlamentarias entre ellos, y para atajar lo que le queda de liderazgo a Mendoza Reyes, que siempre se lo debió al grupo gobernante que hoy está también en la agonía.

Y, como si fuera destino manifiesto, en aquella entrega anticipamos: Acaso, es la fracción priista la que, a través de su coordinador, Alejandro Avilés, ha logrado dividir a las fuerzas opositoras para que éstas no sean un obstáculo para los próximos dos años. Lo sorprendente en todo esto es que, a pesar de los enfrentamientos y las divisiones, en los diputados de todas las fracciones parlamentarias, y los que no tienen partido, hay un solo consenso: colaborar con el nuevo gobierno para demostrar disposición, y luego esperar que, después del 1 de diciembre, alguien se acuerde de ellos —oficialistas y opositores— y les permita no caer en el peor error de todo político, que es vivir fuera del presupuesto.

OPOSICIÓN DE MENTIRITAS

A estas alturas, podemos ver que esa estrategia rinde frutos: el PRI impulsó también a Irineo Molina como coordinador de la bancada de Morena en la LXIII Legislatura por su cercanía con el grupo de Armando Contreras, que es a su vez un aliado orgánico del priismo en Morena, y a quien se señala que ha sido financiado por Alejandro Avilés desde que fue coordinador parlamentario del PRI en la Legislatura anterior. Eso, señalan quienes conocen la vida interna de Morena, es también lo que ha provocado las reacciones tan encendidas del grupo de Salomón Jara, que es el contrapeso al interior de ese partido que no necesariamente responde a los intereses priistas.

Y algo similar está por ocurrir al interior del PRD, ante el intento natural de José Antonio Estefan Garfias por hacerse de la dirigencia de ese partido, como una especie de heredero luego de la derrota electoral por la gubernatura. Aunque Estefan se ha manifestado a favor de trabajar en coordinación con el gobierno de Alejandro Murat, habrá que ver si el PRI —como ya lo tenía previsto— monta algún tipo de maniobra para operar, desde dentro del PRD, la imposibilidad para que Estefan se haga formalmente de la dirigencia y busque ser desde ahí un contrapeso al poder.

LUCHA POR EL PODER

En esa lógica, es tan natural la lucha por el poder como el hecho mismo de que, en ese terreno, todo se vale. No sorprende que se busque una oposición afín con la que se pueda dialogar, aprovechando sus propias debilidades. Aunque eso, en realidad, sea en demérito de la pluralidad política por la que, les guste o no a todos los partidos, votaron los oaxaqueños para la integración del Congreso local.

En Oaxaca la corrupción se repudia pero con el silencio se convalida

galhue

+ Igual que antes, ahora se irán munícipes pillos en absoluta impunidad


Algo se está haciendo mal en Oaxaca, que la imagen de los presidentes municipales sorprendidos en todo tipo de pillerías que se van en medio del enojo social y la impunidad total, está en vísperas de repetirse. Hace tres años, y hace seis, y hace nueve, y así, nos indignamos con autoridades municipales que dejaron sus cargos a hurtadillas, en medio del caos administrativo y la ausencia total de procesos de entrega-recepción, sin que se les pudiera castigar por sus latrocinios. Digamos lo que digamos, y al margen de lo que puedan argumentar los tres poderes del Estado, queda claro que nos enfilamos a repetir esa delirante historia.

En efecto, a escasos días de terminar el periodo 2014-2016 para las autoridades municipales electas constitucionalmente en Oaxaca, ya tenemos algunos ejemplos concretos de esa impunidad, de ese caos y de esa imposibilidad —legal y política, por las complicidades existentes— de cambiar el curso de las cosas. En la picota está el caso de Santa Lucía del Camino, que en las manos de Galdino Huerta pasó de ser una zona de tolerancia para los giros negros, y para las actividades que no se permiten en la capital oaxaqueña, a ser una verdadera zona de extorsión para todos los habitantes, a través de diversos mecanismos implementados por su repudiado gobierno.

Por si algo faltara, Huerta salió prácticamente huyendo de la administración municipal, y fueron los propios elementos de la Policía Municipal quienes evidenciaron el últimos eslabón de la cadena de corrupción y excesos cometidos durante su trienio. ¿De qué hablamos? De que en Santa Lucía no hubo obras ni servicios, y mucho menos beneficios sociales para los habitantes, pero sí actos indecibles de extorsión, molestia y despojo a sus habitantes.

Durante los tres años de su gestión, Huerta se dedicó a exprimir recursos a los habitantes por concepto de derechos y permisos; a extorsionar a las empresas por medio de multas, clausuras y actos de molestia ejecutados incluso con violencia; y a exigir dinero hasta a las escuelas primarias para permitirles su funcionamiento. Asimismo, creó una Policía Vial que nunca sirvió para agilizar el tránsito y auxiliar al ciudadano, sino que únicamente tuvo como finalidad esquilmar borrachines, y molestar a los automovilistas que en mala hora pasaban por la zona, aplicándoles multas de tránsito ilegales hasta por las faltas más ridículas. Todo eso, mientras Galdino Huerta y su claque, silenciosamente toleraban y estimulaban el crecimiento de los giros negros, que ya eran boyantes, y que terminaron de florecer durante su administración.

Esos mismos elementos de la Policía Municipal, que fueron utilizados para extorsionar comercios y lastimar a la ciudadanía, fueron los que el fin de semana denunciaron la situación en la que los personeros de Galdino Huerta dejaron la administración municipal: revelaron que las oficinas municipales fueron saqueadas; que no hay archivos ni documentación que soporte la gestión de los últimos tres años, y que básicamente ya no queda nadie en la administración que dé la cara en estos últimos días de gobierno. El munícipe que asumirá el 1 de enero, Raúl Cruz González, denunció una serie de irregularidades así como la negación lisa y llana, por parte de la administración saliente, a ejecutar cualquier acto del proceso de entrega-recepción.

En estas condiciones, queda claro que ya se cometieron faltas administrativas y delitos, al no haber entrega-recepción; al no dejar archivos la administración saliente; al no responder por sus propios trabajadores; y al dejar en total incertidumbre los asuntos públicos —documentación, cuentas bancarias, bienes y activos— que recibirá la siguiente administración.

HISTORIA REPETIDA

Hace tres años hablábamos de historias similares: San Pedro Mixtepec, la Villa de Zaachila, Santa Cruz Xoxocotlán, también Santa Lucía del Camino y diversos municipios que eran una interrogante. ¿Qué pasó de entonces a la fecha? Que aún con todo eso, personajes como Eduardo Rojas Zavaleta hoy figuran como flamantes funcionarios de la nueva administración; y que otros como Omar Blas y Pedro Cabañas de Santa Lucía del Camino, o Adán López, y todos los demás que fueron sonoramente denunciados por sus excesos, y por la posibilidad de haber incurrido en actos de corrupción, quedaron en la más abrumadora impunidad.

¿Por qué pasó eso? Primero porque, en diversos casos —incluyendo el de Huerta en la actualidad— fueron beneficiarios de la protección política de personajes como el ahora también integrante del gabinete estatal, en la Secretaría General de Gobierno, Alejandro Avilés Álvarez. Éste protegió a varios de los munícipes del periodo 2011-2013, y también ha sido padrino y mecenas político de personajes impresentables como Galdino Huerta Escudero, que gracias a esa protección logró ser munícipe, y ahora goza de impunidad para —quizá— no ser molestado por los devastadores resultados de su gestión.

IMPUNIDAD, INSTITUCIONALIZADA

El otro elemento que no se debe perder de vista, fue la resistencia a la mejora a las leyes que rigen estos temas. Por ejemplo, ¿por qué hubo tanta resistencia a tipificar claramente como delito grave la sustracción de archivos y documentos públicos? ¿Por qué la Fiscalía General del Estado se negó sistemáticamente a reconocer esas conductas como delitos? ¿Y por qué, además, se estancó la integración y consignación de averiguaciones previas por delitos presuntamente cometidos por autoridades municipales? Eso es un alimento muy nutritivo para la impunidad que, mientras no cambie, seguirá estimulando autoridades corruptas, e impunes, como todas las que ya conocemos.

Cuándo habrá señales en Oaxaca del Sistema Estatal Anticorrupción

sna

+ El tema deberá salir a flote en la agenda del primer semestre de 2017


Uno de los temas que cobrará relevancia en Oaxaca, conforme avance el primer tercio de 2017, es el relacionado a la implementación del Sistema Estatal Anticorrupción. Según el decreto por el que se estableció la plataforma del Sistema Nacional Anticorrupción, las entidades federativas cuentan con un año para consolidar el proceso de implementación de ese mecanismo en los ámbitos estatales. Ese periodo de “vacatio legis” se vence en mayo de 2017, y para entonces eso debe estar ya implementado en Oaxaca… aunque hasta ahora no hay señales al respecto.

En efecto, al tomar posesión de su cargo como Gobernador del Estado, Alejandro Murat anunció el 1 de diciembre que en un periodo de 90 días, él y todos los integrantes de su gabinete legal y ampliado harían pública sus declaraciones patrimonial, fiscal y de conflicto de interés, conocida genéricamente como la “tres de tres”. Esto, dijo, sería una demostración inicial de voluntad por la transparencia, por la rendición de cuentas, y por la honestidad. También dijo que no metería las manos por ningún funcionario; que en su administración no habría ni “chuckys” ni “Cocos” ni Vicegobernadores, y que quien infringiera la ley desde el servicio público, sería castigado ejemplarmente.

Así, quedó claro en qué sentido corre la convicción del Gobernador por la transparencia y por el combate a la corrupción. Sin embargo, en ese marco es necesario asumir que, en la circunstancia actual, el combate a la corrupción ya no es un asunto sólo de voluntades sino de todo un andamiaje legal, e institucional, que la sociedad mexicana ha demandado con vehemencia. Por esa razón, incluso no resulta suficiente exigir a todos los servidores públicos la presentación de la declaración tres de tres en un sentido potestativo, sino avanzar cuanto antes en la implementación del sistema estatal anticorrupción.

Pues, en ese mismo sentido, si los partidos de oposición pretenden también establecer parámetros de cumplimiento respecto a la honestidad y la confiabilidad de los servidores públicos del gobierno de Alejandro Murat, deberían también asumirse no sólo como vigilantes, sino como auténticos impulsores de medidas de combate a la corrupción. El problema es que, hasta ahora, ninguna de las fuerzas opositoras en la LXIII Legislatura ha reparado en la urgencia de iniciar el proceso de implementación del Sistema Estatal Anticorrupción, y en lo corto que resultará el tiempo —de enero a mayo de 2017— para confeccionar y discutir el contenido de ese sistema, que se supone que será el contrapeso y el vigilante de la gestión pública para los años siguientes.

En esa lógica, el nuevo sistema anticorrupción pasa no sólo por la creación de nuevos órganos sino también por el posible replanteamiento de algunos que ya existen. El propio Congreso del Estado tendrá que asumir responsabilidades que hasta ahora había eludido, y también tendrá que pasar por el posible replanteamiento de los órganos autónomos, de procuración de justicia, y los tribunales administrativos, que hoy no cumplen con los parámetros para operar dentro del nuevo esquema que establece la Constitución de la República para el combate a la corrupción.

SISTEMA ESTATAL

A estas alturas, es insuficiente lo relativo a la declaración tres de tres para todos los servidores públicos de la nueva administración, por una razón concreta: la declaración tres de tres que se solicitó en el último proceso electoral a los candidatos a cargos de elección popular, fue presentada ante un organismo privado denominado Instituto Mexicano para la Competitividad.

Fue, básicamente, un ejercicio de demostración de voluntad, pero también potestativo porque el IMCO es un organismo privado que convocó, a través de su fuerza moral y de su promoción de la rendición de cuentas con mayor calidad, pero sin ninguna consecuencia —más que la condena pública, que a muchos políticos les importa un comino— para quien no quisiera hacerlo.

En esa lógica, a nivel federal ya fue legislada la obligatoriedad de la presentación de declaraciones patrimonial, fiscal y de conflicto de interés para todos los servidores públicos de la federación, con dos salvedades: apenas va a hacerse operable, cuando ya funcione el Sistema Nacional Anticorrupción; y esa declaración tres de tres institucionalizada sigue teniendo el problema de que, por voluntad del declarante, puede ser reservada y convertirse por ende en un documento inaccesible para los gobernados, con lo que sigue preservando un margen de secrecía que desalienta la máxima publicidad que debiera tener un proceso como ese.

Por esa razón deben redoblarse los esfuerzos ya no sólo para que se implemente el sistema estatal anticorrupción, sino para que se haga con un sentido de avanzada. De nada servirá que se haga en los parámetros mínimos de la ley, porque entonces Oaxaca de nuevo quedará como una de las entidades federativas que cumple por obligación, pero no porque tenga una convicción con el cumplimiento. El gobierno de Alejandro Murat debe impulsar una reforma de vanguardia, si es que de verdad quiere demostrar una voluntad institucional de dar certidumbre a la ciudadanía sobre el combate a la corrupción.

¿Y LOS ÓRGANOS AUTÓNOMOS?

Discusión aparte será el destino de los órganos autónomos. Debe haber planteamientos muy serios y razonados. El nuevo régimen enfrentará el dilema de mantener, o desaparecer los órganos actuales, con el costo y el mensaje contra la estabilidad constitucional de los integrantes de esos órganos. El tema es complejo y merece ser analizado por cuerda separada.

¿El gabinete está preparado para afrontar la próxima crisis magisterial?

planton

+ Conflicto educativo resalta en agenda de la gobernabilidad para Oaxaca


La Secretaría de Educación Pública, y el IEEPO, lograron encauzar una de las principales demandas de la Sección 22, pero ahora debe ser tarea del gobierno estatal conseguir que ese avance se consolide en la agenda de la gobernabilidad. Ello pasa no sólo por la capacidad de seguir dando respuesta a las demandas magisteriales, sino también de incidir en el rumbo que tome el movimiento permanente de la Sección 22 en Oaxaca.

En efecto, aunque se ha entendido poco la dimensión del acuerdo tomado el 2 de diciembre entre el gobernador Alejandro Murat e integrantes del Comité Ejecutivo de la Sección 22, este fue un paso muy trascendente en el cumplimiento de la agenda de demandas del magisterio ya no al gobierno de Oaxaca, sino a la SEP y de cara a la implementación de la reforma educativa. ¿Por qué?

Porque lo que hicieron tanto la SEP como el IEEPO y la Sección 22, fue avalar un acuerdo que tiene un costo anual superior a los mil 200 millones de pesos. Eso es lo que cuesta la regularización de las más de cuatro mil plazas docentes y administrativas que demandaba la Sección 22, y por eso este acuerdo era también muy importante para la dirigencia magisterial que aún encabeza Rubén Núñez Ginez. Es, de hecho, es más grande acuerdo que se ha alcanzado desde que se rompió el diálogo previo a los comicios federales de 2015, cuando Gobernación dio por concluidas las negociaciones de orden político con el magisterio oaxaqueño, y canalizó todas las demandas a la autoridad administrativa en la Secretaría de Educación Pública.

En este sentido, para la SEP y el IEEPO era muy importante avanzar en esta negociación, así tuviera que generar cuatro mil plazas más con cargo al presupuesto educativo federal, y permitir que éstas fueran un logro político de la Sección 22, y no del gobierno de Oaxaca. Esa importancia radicó siempre en el hecho de que asegurar esas plazas significaba, primero, desactivar la principal demanda magisterial de los últimos años; y, segundo, afianzar la realización de los procesos de evaluación, a los que quedarán supeditadas esas nuevas plazas ya regularizadas.

De hecho, si se revisa el pliego de demandas de la Sección 22 en el último año, la regularización de esas más de cuatro mil plazas era la que estaba a la cabeza, de entre todo lo que sí podía ser alcanzable. Es decir, que al margen de las demandas políticas (como la abrogación de la reforma educativa, la libertad de los presos políticos y algunas otras), la exigencia de la regularización de dichos trabajadores es para la 22 oxígeno puro en su necesidad de demostrar que sigue teniendo capacidad para avanzar en sus demandas sustantivas, como las salariales y de condiciones de trabajo de sus agremiados.

Para el IEEPO y la SEP, avanzar en esa negociación era también importante porque lo que han buscado es la implementación gradual de la reforma educativa, y el establecimiento de una relación más civilizada con las secciones integrantes de la Coordinadora. En esencia, eso es lo que explica por qué el acuerdo del 2 de diciembre fue tan trascendente, por qué lo llevó de inmediato la dirigencia a su Asamblea Estatal; y por qué, aunque la propuesta haya sido inicialmente rechazada por la Plenaria del magisterio oaxaqueño, de todos modos sí es un avance que ahora debe también impactar en la gobernabilidad de Oaxaca.

AVANCES GRADUALES

Una de las cuestiones que está en medio del juego de palabras que decidieron ocupar tanto la dirigencia magisterial, como los representantes del Gobierno del Estado y de la SEP para la firma de la minuta del 2 de diciembre, es que la regularización de esas plazas no está sujeta a la aprobación de la Asamblea Estatal de la Sección 22, y que ello tampoco pasa el condicionamiento de la evaluación docente tanto para los regularizados, como para los demás trabajadores de la educación que están en proceso de ser evaluados. Fue así, porque todos quisieron bordear los términos concretos justamente para que los vacíos dieran pie a la posibilidad de arreglos en el mediano plazo.

¿De qué hablamos? De que inicialmente, la Asamblea de la Sección 22 rechazó el contenido del acuerdo, y reiteró que eso no los condiciona a la aceptación de la evaluación. Sin embargo, lo que se espera en el mediano plazo es que haya una aceptación paulatina por la magnitud del acuerdo y la posibilidad de poder agenciarse políticamente el padrinazgo de esa conquista para cuatro mil nuevos trabajadores que recibirán una plaza de trabajo.

INTERROGANTES

En todo eso, el reto ahora será del gabinete estatal que deberá procesar la parte política para que ese costo económico se traduzca en una mejor gobernabilidad. Así, en el entendido que el IEEPO ahora depende de la autoridad federal, la interrogante recae sobre quién será el encargado, a nivel del gobierno estatal, de entablar interlocución política con la Sección 22.

Hasta ahora —y así lo hemos remarcado— no parece haber nadie con la ascendencia y la capacidad de interlocución que se necesita ante una situación como ésta. El propio Secretario General de Gobierno se nota ajeno a la problemática, porque este ya no es un tema de influenciar a facciones magisteriales sino de generar certidumbre política a partir de ese acuerdo. Ese es el reto en el corto y mediano plazo. Si no, terminará ocurriendo que, como en otras ocasiones, le habrían obsequiado a la 22, un costoso acuerdo a cambio de nada.

Por credibilidad, gobierno debe revelar, en breve, su situación financiera

0

15442229_1273845409377001_7430157028581924569_n

+ Dar certidumbre a ciudadanía y proveedores, su fortaleza a mediano plazo


Es revelador que un centro de estudios financieros como el CEEY (Centro de Estudios Espinosa Yglesias) esté lanzando voces de alerta sobre la dimensión desconocida de la deuda pública de las entidades federativas, entre las que se encuentra Oaxaca. Eso se inscribe en el problema que en la actualidad enfrenta el gobierno estatal no sólo frente a la interrogante de a cuánto asciende la deuda real de la entidad, sino de cómo le hará frente a esos compromisos financieros. Se trata, por un lado, de la necesidad de conocer el problema real que enfrenta la entidad; pero también de que el gobierno inicie generando credibilidad y certidumbre frente a la ciudadanía, para utilizar después eso como una herramienta y no como un lastre.

En efecto, en una nota publicada por TIEMPO el pasado 16 de diciembre, se daba cuenta de cómo el CEEY sostenía que durante el gobierno de Gabino Cué Monteagudo, la deuda pública de la entidad fue disfrazada a través de diversos mecanismos de planeación administrativa y financiera. “Se indicó [en el estudio del CEEY] que Oaxaca forma parte de cuando menos 10 estados que utilizaron a la firma transnacional Evercore para contratar un esquema financiero y jurídico para tener acceso a recursos sin contar con la autorización del Poder Legislativo. De acuerdo con la ASF, Oaxaca (…) se encuentra entre las tres entidades que tienen mayor diferencia entre la deuda pública reportada por la Secretaría de Hacienda, y la que dieron a conocer en la Cuenta Pública de 2015”, dice la nota.

¿Por qué puede ocurrir esto? Porque en México las leyes que regulan no sólo lo relacionado con la responsabilidad y disciplina de las finanzas públicas, sino también lo referente a la utilización de esquemas de planeación financiera, administrativa y jurídica, tienen amplios vacíos que permiten prácticas como la de disfrazar, esconder o hasta “renombrar” los pasivos para no parezcan deuda. Esto es un espejismo, pero es algo que ha sido permanentemente utilizado, en lo que constituye un evidente fraude a la ley.

¿De qué hablamos? De que, técnicamente, el fraude a la ley ocurre cuando se realiza un acto que es ilegal, pero se realiza amparándose en lo que establece otra norma que pudiera no ser aplicable al caso concreto. Esta, que es un figura del derecho internacional privado, sí podría servirnos de parámetro para ello: en este caso, los gobiernos estatales han utilizado esquemas que disfrazan la deuda a partir de vacíos legales, o de la utilización ventajosa de otras figuras jurídicas (como la de los fideicomisos privados, alimentados de fondos públicos), que por su naturaleza les permiten escapar a la vigilancia de las entidades de fiscalización.

NADA NUEVO

En otros momentos, aquí señalamos la forma en cómo se disfrazó —con el aval de la ley, que fue manipulada para permitir ese engaño— el endeudamiento para la construcción de Ciudad Administrativa y Ciudad Judicial, bajo la estratagema de que dichas inversiones no constituían deuda pública.

Por una disposición legal —señalamos en esta columna el 8 de noviembre—, los PPS contratados para Ciudad Administrativa y Ciudad Judicial, no recibieron la denominación de deuda pública, pero sí son un compromiso de pago para las arcas estatales. Específicamente, el último párrafo del artículo 29 de la Ley de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria de Oaxaca, señala sobre los PPS que “los pagos que realicen las dependencias y entidades, como contraprestación por los servicios recibidos al amparo de un contrato para prestación de servicios a largo plazo, se registrarán como gasto de capital y no constituye deuda. Lo mismo ocurre —apuntamos también entonces— con la bursatilización de ingresos futuros, o la contratación de instrumentos derivados. En éste último caso, la Ley de Deuda Pública señala (artículo 14) que la contratación de instrumentos derivados no impactará en el cálculo de endeudamiento aprobado por el Congreso.

Y finalmente dijimos: “en ese universo de instrumentos financieros —hasta ahora no revelado en su totalidad por el gobierno estatal— se encuentra la respuesta sobre el endeudamiento real del Estado, independientemente de si los compromisos de pago tienen o no la calidad específica de deuda pública. Esa idea maniquea, palidece frente al hecho de que todo se paga de la misma bolsa —el atribulado erario estatal—, y de que hasta el momento no hay certeza de a cuánto ascienden en realidad esos compromisos de pago en Oaxaca, que podrían ser por 21 mil millones de pesos. O más”.

Esa incertidumbre sobre el monto real de la deuda, es la que debe atajar cuanto antes el gobierno si su objetivo es ganar credibilidad entre la ciudadanía, y entre sus propios proveedores en Oaxaca. Es decir, debe informar cuánto se debe realmente, y quién es el responsable, para que se le persiga y castigue.

APALANCAR EL FUTURO

Pero además, el gobierno ahora debe establecer parámetros concretos de cómo afrontará el problema de deudas que recibió de Gabino Cué. Considerar la posibilidad del “borrón y cuenta nueva” sobre los pasivos, no sólo demostrará la pequeñez de los funcionarios entrantes sino que además les cerrará las puertas en el mediano plazo. ¿Cómo afianzarán el cumplimiento de sus metas si de entrada quiebran a más de la mitad de sus proveedores, cuya supervivencia depende del reconocimiento —y pago— de los compromisos asumidos por el sector público? ¿Cómo generarán certidumbre en el mediano plazo frente al sector privado, si no comienzan demostrando que el Estado, no ellos, tiene capacidad de cumplir su palabra y sus compromisos? Esta es una cuestión no sólo de dinero, sino de construir certidumbre. Ahí está la parte fina de este enorme problema. Ojalá la estén viendo.

La agenda de medios en Oaxaca, incluye reconocerlos como empresas

0

reporteros

+ El gasto publicitario: discusión saludable y necesaria en la actualidad


Los medios de comunicación tienen un carácter dual, que por un lado los conmina a cumplir con la función —y la responsabilidad— social de informar, pero que en el otro extremo la propia ley les impone las mismas obligaciones que a cualquier persona jurídica, en sus relaciones tanto con el Estado como frente a terceros. En esa lógica es como debe entenderse la importancia y la relación que los medios de comunicación guardan con el público consumidor de información, así como con quienes se anuncian. Asumirlo es un imperativo esencial en el contexto de cambio de gobierno que se vive en la entidad.

En efecto, es larga —y sinuosa— la discusión sobre qué papel juegan los medios de una sociedad como la nuestra. El sentido social y deontológico —es decir, en el ámbito del deber ser— se ha establecido que los medios cumplen con la función social de informar, y también se ha remarcado que esa particularidad es la que los diferencia de cualquier otro tipo de empresa o de proveedor de servicios, que puede realizar operaciones con cualquier tercero —el Estado, u otros particulares— en un sentido meramente lucrativo, o de actividades profesionales o mercantiles.

Esa diferencia respecto a las demás personas de derecho —físicas o morales, tengan o no fines de lucro o especulación comercial—, se marca a partir de criterios éticos que deben guardar los medios: objetividad, independencia, responsabilidad, oportunidad informativa, etcétera. Una empresa cualquiera, realiza los fines para los que fue creada, pero casi siempre sin límites éticos, morales o sociales como sí los tienen generalmente los medios de comunicación.

Sin embargo, eso no significa que los medios no sean empresas. Las leyes mexicanas le imponen a cualquier empresa de medios, exactamente las mismas obligaciones que a cualquier otra persona de derecho. De hecho, la Constitución federal y las leyes secundarias establecen la libertad de expresión, pero no le dan ningún estatus particular a quien realice esos fines.

Así, quien tiene dinero —o bienes intangibles como talento, conceptos, o creaciones intelectuales, entre otros, que también son indispensables para un medio de comunicación—, y lo invierte en un medio de comunicación, se convierte en un empresario como el que vende sillas o el que ofrece servicios profesionales, como un médico o un abogado. Y lo mismo ocurre con los trabajadores de la información: para la ley son —somos— fuerza de trabajo, con las mismas obligaciones y derechos que cualquier otro asalariado.

De este modo, un empresario de medios tiene que pagar los mismos impuestos que cualquier otro; cumplir con las mismas obligaciones de seguridad social que cualquier otro patrón; garantizar condiciones de trabajo a sus trabajadores; y entablar relaciones comerciales con particulares y el Estado, para poder cumplir con su responsabilidad social de informar, pero también para cumplir con el fin de lucro de la empresa, y para poder hacer frente a sus deberes como creador de empleos, y como agente económico activo.

RECONOCIMIENTO, NECESARIO

Esto debe quedar perfectamente claro en el contexto que vive Oaxaca: todos los medios de comunicación, como empresas, son proveedores de servicios del gobierno estatal y de un sinfín de empresas que consumen los servicios publicitarios e informativos que éstos ofrecen.

Bajo la lógica de que los medios de comunicación son empresas igual que cualquier otra, el Gobierno del Estado debe asumir con claridad que éstas deben tener ese mismo reconocimiento como proveedores de servicios a la administración pública, aunque también bajo las mismas condicionantes deontológicas de quien trata, además de lo anterior, con empresas que cumplen con la función social de informar.

De esta manera deben ser asumidas las empresas de medios, y no bajo la engañosa idea —que tanto daño le ha hecho a los medios, y a la legitimidad informativa que todos buscamos día con día— de que por definición los medios militan o tienen preferencias políticas, e incluso que son órganos de difusión de grupos políticos. Hay quienes con sus hechos demuestran esa circunstancia. Sin embargo, la gran mayoría de las empresas de medios, se dedica a informar desde su propia perspectiva y consideración, apelando a la responsabilidad informativa y confrontando a sus propias creencias e ideas, que de forma permanente inciden en el trabajo informativo.

Al final, como medios de comunicación todos buscamos mantener una relación sana, equilibrada, respetuosa y digna con el gobierno. En eso se inscribe la discusión necesaria sobre la necesidad de que existan criterios de asignación para el gasto publicitario. Como todos sabemos, el monto que anualmente se destina en el Presupuesto de Egresos para compra de publicidad, sirve por un lado, para que el Estado cumpla con una de sus finalidades —que es la de dar a conocer la información de la que, por su naturaleza, la sociedad debe estar al tanto—; pero que, por el otro, las propias empresas de medios puedan subsistir, generar empleos, cumplir con sus obligaciones fiscales, laborales, salariales y demás; y además de ello, cumplir con la función social de informar.

LOS RETOS

En esa lógica, hoy el gobierno tiene el deber de reconocer a las empresas de medios como tales. Es decir, simplemente como empresas y como proveedores de servicios, ya que la ley no les impone ninguna salvedad o particularidad que haga suponer otra cosa. Además, debe asumir la relevancia que tiene, para ésta y cualquier sociedad, la pluralidad informativa. Debe reconocer que de los medios dependen cientos, quizá miles, de empleos y familias en Oaxaca, y que son un eslabón más de la cadena productiva y de empleos de la entidad.