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Crisis magisterial, por querer ahogar a la 22 sin válvulas de escape

CNTE

+ Estado: derrotado por “manotazos” y por torpeza en uso de la fuerza


A partir de hoy, el gobierno federal pondrá a prueba su capacidad de concertación no sólo para tratar de encauzar el problema magisterial de Oaxaca, sino sobre todo para resolver sus propias torpezas. Dos cuestiones que son fundamentales de considerar en esta circunstancia es, primero, la forma en cómo el Estado mexicano dejó en manos de Aurelio Nuño el control político de la educación en el sureste del país; y segundo, cómo la Comisión Nacional de Seguridad tuvo la capacidad de hacer escalar este conflicto a sus condiciones actuales.

En efecto, para hoy se tiene previsto un segundo encuentro entre integrantes de la CNTE, y el titular de la Secretaría de Gobernación, que hoy personalmente busca generar los cauces para una salida política al conflicto magisterial de Oaxaca, pero que amenaza —en buena medida por la torpeza federal— con contagiar a las otras entidades federativas en las que tiene presencia la Coordinadora, tales como Michoacán, Guerrero, Chiapas y algunas zonas del Estado de México y la propia capital del país. Aunque lógicamente hoy la atención se centrará en ver qué logran acordar con la Coordinadora, nadie debe dejar de ver cuáles fueron las causas de esta situación que —como hace 10 años— tiene a Oaxaca de rodillas.

Pues resulta que en el primero de los aspectos planteados en las líneas iniciales, debiera ser un tema de análisis profundo en el gobierno federal, la forma en cómo permitieron que desde la Secretaría de Educación Pública se fomentara una política de mano dura, que a la larga no fue sino una especie de peligrosa olla de presión para el magisterio oaxaqueño que derivó en los hechos de la semana pasada, que volvieron a enturbiar la situación política oaxaqueña pero ahora impactando directamente al gobierno federal por los resultados de ese pésimo cálculo y manejo político de la situación.

En ese sentido, desde antes de que ocurrieran los hechos de Nochixtlán, ya era previsible la explosión de la inconformidad magisterial por la cerrazón federal al diálogo, por el momento electoral que se vivía, y la posibilidad de una salida de fuerza, con los riesgos de gobernabilidad que esto implicaba.

Desde mediados de mayo (Al Margen 19.05.2016) apuntábamos que un escenario de alguna forma similar al actual, fue el que se vivió en el 2006, cuando un mal manejo político de una decisión bravucona del magisterio de la Coordinadora, desató un conflicto social y político de grandes magnitudes. Ocurrió, igual que ahora, en el contexto de una elección decisiva para las relaciones políticas e intereses del magisterio en general, y de la CNTE en particular, y frente a la tentación gubernamental de resolver por alguna vía de fuerza un problema que tiene diversas implicaciones violentas.

En el fondo, decíamos, no se trata de pensar en que el gobierno deba acceder a las pretensiones magisteriales o tolerarle sus bravuconadas. Más bien, lo que parece es que a partir de ahora la SEP, Gobernación y el gobierno de Oaxaca deberán enfrentar la situación con una dosis mayor de eficiencia y capacidad política, para que por un lado no deponga su promesa de no negociar con quienes abandonan las aulas; pero para que, en el lado opuesto, no acelere una solución de fuerza que pudiera resultar contraproducente para la ya de por sí tensa situación política que se vive en Oaxaca. Y en el país.

CRISIS, POR FALTA DE

CONCERTACIÓN POLÍTICA

Luego de la primera ronda de diálogo entre Gobernación y la CNTE, el miércoles Miguel Ángel Osorio Chong aseguró que la dependencia federal que encabeza “nunca se cansará de dialogar” con factores políticos referenciales, como la Coordinadora. Frente a esa aseveración, la interrogante que surge es ¿por qué entonces no se sentaron antes a negociar, y permitieron —por acción y omisión— que ocurriera el desastre de Nochixtlán el domingo 19 de junio?

Algo tiene que ser muy claro: el obligado permanente a la concertación es el gobierno, porque es quien también tiene a la mano la solución de fuerza, pero ésta debe ser la “ultima ratio” dentro de su espectro de posibilidades, y de su marco de atribuciones. Esa concertación debió redoblarse luego de la aprehensión de los dos principales dirigentes de la Sección 22, porque la respuesta magisterial no se haría esperar.

Fue por eso que el 14 de junio —cinco días antes de Nochixtlán— afirmábamos que era urgente no la fuerza, sino la concertación para encauzar esta crisis que ya se veía venir, y que era también por demás engañosa la “eficacia” que mostraba el gobierno en el manejo de este conflicto al solo aplicar medidas judiciales pero no políticas.

Finalmente, apuntamos, esta imagen de “eficacia” con la que intenta cubrirse el gobierno federal al detener por la vía fiscal a sus adversarios políticos, debería ser preocupante. Pues parece que sólo los mexicanos no nos damos cuenta de cómo se utilizan mecanismos legales para resolver conflictos de orden político. Aunque el gobierno tuvo éxito en aprehender a los líderes magisteriales, esto no es sino parte de un fracaso más grande en lo relativo a la capacidad de concertación y a la capacidad de operación política del Estado. No lo pudo resolver —nunca pudo— a la buena; ahora va a tratar de hacerlo a través de estas maniobras.

INEPTOS

No hay forma de que evadan errores de este tamaño: hoy la federación busca el diálogo y la concertación, pero luego de ocho muertos, de amplios sectores de la sociedad volcados en apoyo a un movimiento social lleno de claroscuros, y de tener —otra vez— a Oaxaca al borde del colapso. ¿Era necesario llegar a este punto?

El gobierno federal se equivoca al negociar con la Coordinadora

Diálogo

+ Es un claro error estratégico “confundir” al SNTE con la CNTE


El gobierno federal entró en un callejón sin salida al establecer diálogo al más alto nivel con representantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, luego de los hechos —y las muertes— del domingo 19 en Nochixtlán, Oaxaca. Es así porque, por la fuerza y por sus propios errores, el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto relegitimó no sólo a sus adversarios, sino a quienes tienen de rodillas —y en total suspenso la reforma educativa— a todo el sureste del país. Nada bueno se puede esperar de ese diálogo cuando, para manejar su crisis, el gobierno dio todo sin pedir a cambio el cumplimiento de condiciones mínimas de entendimiento a sus contrapartes.

En efecto, la tarde del miércoles se llevó a cabo una mesa de trabajo entre el Secretario de Gobernación, y representantes de algunas secciones del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación identificadas con la Coordinadora. En apariencia, la intención del gobierno federal era establecer vasos comunicantes con el magisterio disidente, para darle cauce a la problemática que existe en Oaxaca. Pero pareciera que en una táctica de ingenuidad —o de torpeza— infinita, para controlar una situación específica el gobierno federal no dio uno, sino varios pasos en reversa, en el manejo político de la educación en el país.

¿Por qué? En primer término, porque la Secretaría de Gobernación está relegitimando no a la Sección 22, sino a la CNTE como movimiento nacional. Éste, que parece un asunto de semántica SNTE-CNTE, en realidad tiene mucho de fondo. La razón, para cualquiera que esté medianamente enterado de la estructura magisterial, es evidente: el SNTE es el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, y a éste pertenecen las 61 secciones sindicales que existen en el país, incluyendo a la Sección 22, que no es la única en Oaxaca ya que también tiene reconocimiento pleno la Sección 59.

La CNTE, por su parte, es la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, que surgió a finales de los años setentas como una forma de articulación de varias de las corrientes contrarias al grupo dominante del SNTE. Como su nombre lo indica, la Coordinadora surgió para aglutinar y organizar a varios grupos en el sureste del país; y una vez que ocurrió la insurgencia magisterial de Oaxaca en 1980 —en la que los profesores oaxaqueños se rebelaron a las prácticas antidemocráticas del SNTE, al exigir y lograr su derecho de elegir libremente a sus propios representantes sindicales— la Sección 22 se identificó políticamente como parte de la Coordinadora.

De ahí que resulta un claro error ubicar como “Sección 22 de la CNTE” a la que en realidad es una más de las 61 representaciones sindicales del SNTE, además de que, orgánicamente, la Coordinadora no tiene secciones y tampoco tiene 22 o más, como para que el sindicato magisterial pudiera ser válidamente denominado como “Sección 22 de la CNTE”.

LEGITIMACIÓN EQUIVOCADA

Comprender cabalmente esta cuestión es importante al menos por tres razones:

Primera, que para la implementación de la reforma educativa —y todos sus efectos—, el gobierno federal interactúa con dos bloques: uno, que es inmensamente mayoritario y que pertenece al SNTE en unos 27 estados del país, y el otro, que son los maestros adheridos a la Coordinadora, que sólo tienen presencia en unas cinco entidades federativas;

Segunda, que si bien la Coordinadora es un movimiento regional en el sureste de la República, ésta tiene su propia agenda en cada entidad federativa esencialmente porque cada sección sindical en Oaxaca, Guerrero, Michoacán y Chiapas tiene su propia relación e intereses con los ámbitos de gobierno con los que interactúa.

Todo esto es relevante por la tercera razón, que se enumera a continuación: el choque entre la Policía Federal y el magisterio ocurrió en Oaxaca, con profesores y grupos políticos y de lucha social locales. Aquí, todas las acciones de protesta las emprendió la Sección 22 sin ayuda de las demás secciones magisteriales del país. Es duro afirmarlo, pero realmente quien sufrió los agravios de la brutalidad policiaca, y quien a su vez debe enfrentar las consecuencias de lo ocurrido el domingo 19 en Nochixtlán, es únicamente la Sección 22 sin la presencia de las demás representaciones de la Coordinadora porque éstas no eran parte de las acciones de lucha del magisterio oaxaqueño.

Así, considerando cada uno de esos puntos se puede llegar a una primera conclusión: que el gobierno federal se equivocó escandalosamente al sentarse el miércoles con una representación en pleno de la Coordinadora. Osorio Chong debió establecer diálogo con los directamente involucrados de la Sección 22 del SNTE.

No hacerlo, relegitimó a un movimiento político que ha demostrado reiteradamente no tener la posibilidad de alcanzar acuerdo alguno en el marco de la civilidad; esa relegitimación resulta, de sí, un agravio para todas las secciones magisteriales del SNTE que han actuado con institucionalidad en la implementación de la reforma educativa, y a las que ahora les están demostrando que es más premiada la dureza que la disciplina; y además, lejos de resolver el problema de Oaxaca, la interlocución con la CNTE es una garantía de inestabilidad por el dominio que tienen algunos grupos radicales de los liderazgos de la Coordinadora.

PLIEGO VORAZ

¿Que por qué afirmar todo lo anterior? Porque el gobierno federal no sabe por dónde abordar el problema, y porque la CNTE ya estableció coordenadas básicas de entendimiento —un abultado, insultante y retardatario pliego petitorio— sin ceder nada a la ciudadanía oaxaqueña que está —ésta sí— colapsada por el prolongado estado de sitio que nos impusieron como medida de fuerza.

EPR-Magisterio en Oaxaca: coyunturas, el verdadero riesgo

Guerrilla

 

+ Nochixtlán: ¿qué presencia hubo de movimientos armados?


Es aventurado asegurar al aire que existe una relación orgánica entre la Sección 22 del SNTE y el Ejército Popular Revolucionario; sin embargo, lo que sí es posible afirmar es que, históricamente, las coyunturas políticas y sociales sí han paralelizado la lucha de esos dos grupos que, teóricamente difieren en el método, pero que tienen una clara identidad en los fines perseguidos. Todo esto quedó demostrado el domingo en Nochixtlán, y por eso —tratando de alejarnos del argumento fácil y los maniqueísmos— resulta muy importante analizar esta compleja vertiente del conflicto magisterial en Oaxaca.

En efecto, el 19 de junio hubo un enfrentamiento violento que, de acuerdo con versiones tanto de la policía como de los grupos en resistencia, tuvo dos momentos: el primero ocurrió cuando la Policía Federal dialogó con los integrantes de la Sección 22, y éstos accedieron a la apertura de la misma; y el segundo ocurrió unas tres horas después, cuando otro grupo de personas arribó hasta donde estaban los elementos federales y comenzó un feroz enfrentamiento que arrojó ocho muertos, más de un centenar de heridos, docenas de detenidos, y la reactivación de un conflicto que no parecía tener la posibilidad de retomar las dimensiones nacionales que tuvo hace una década.

En este sentido, llama la atención la coincidencia que existe en las versiones sobre ese segundo momento del enfrentamiento del domingo en Nochixtlán, pues en éstas se clarifica la idea de que no eran integrantes de la Sección 22 quienes encabezaron el enfrentamiento, y se refuerza con cuestiones como que a) ninguno de los caídos fue de la Sección 22; b) que la PF no realizó aprehensiones significativas en el lugar de los hechos; c) que no existen registros audiovisuales del enfrentamiento desde la trinchera de los inconformes; d) que los resultados de la refriega revelan un nivel de violencia —al grado del uso de armas de fuego— no visto ni en los peores momentos del 2006; y e) que hay registros —poco claros— sobre el respaldo que organizaciones como el EPR habría manifestado ante el inminente enfrentamiento magisterial con las fuerzas de seguridad.

RELACIÓN HISTÓRICA

Frente a todo esto, hay que considerar algunos elementos que resultan fundamentales para tener un panorama claro sobre esa relación no sabemos si orgánica, pero sí coyuntural, entre organizaciones como el EPR y los sectores más radicales de la Sección 22 del SNTE.

Primero. En otros momentos, el EPR reconoció que integrantes de su organización participaron en el conflicto magisterial de 2006. El 12 de junio de 2007 —18 días después de la detención-desaparición de los líderes eperristas Edmundo Reyes Amaya y Gabriel Alberto Cruz Sánchez, en Oaxaca— la Comandancia Militar de Zona del EPR en el estado de Hidalgo dijo, en un comunicado, lo siguiente:

“La detención-desaparición de nuestros compañeros Edmundo y Raymundo [inicialmente identificaron a Gabriel Alberto Cruz Sánchez con el nombre de Raymundo Rivera Bravo] se da en el contexto de la militarización y opresión política que ejerce el Estado mexicano en contra del pueblo de Oaxaca y sus organizaciones sociales y populares. Ellos como otros de nuestros militantes participaron desde la base en el movimiento magisterial-popular de Oaxaca motivados por su conciencia de clase y alta sensibilidad humana. Ese sería el único ‘delito’ por el cual se efectuó su ilegal detención y se les impone un castigo de lesa humanidad”.

Ese reconocimiento expreso de la presencia del EPR en el movimiento magisterial ocurrió en el contexto de la desaparición de los dos eperristas en la secuela del conflicto popular de 2006 en Oaxaca. Antes, entonces y después, tanto el EPR como otras organizaciones armadas saludaban el movimiento magisterial por su capacidad organizativa y su importancia en la defensa de diversas causas sociales.

Reiteradamente, varias organizaciones armadas argumentaban sobre la validez de todas las formas de lucha para derrotar a la oligarquía gobernante. Y en ese contexto, el EPR también previó, en un comunicado emitido por el Comité de Prensa del EPR el 11 de junio, ocho días antes del enfrentamiento de Nochixtlán, los mecanismos de lucha que debían considerarse, y que coinciden con el resultado, y los métodos utilizados en ese choque violento.

“Ante la amenaza de la escalada represiva ingenuo sería no tomar medidas de protección individual y colectivas; los símbolos de la resistencia –capucha, paliacate, pasamontañas, el machete, el palo…- son necesarios y constituyen necesidad política para elevarlos como parte de la autodefensa de las masas, que de la creatividad de éstas surjan las formas organizativas para generalizar la autodefensa armada del pueblo. En esta cruzada represiva del régimen ninguna lucha puede dejarse sola, es momento de forjar con mayor apremio la unidad popular con la generalización de las acciones políticas de masas como expresión concreta de la solidaridad política”.

Particularmente, dicho comunicado fue difundido por varios medios pero no aparece en el registro de comunicaciones eperristas del respetado Centro de Documentación de los Movimientos Armados. Ello deja cierta duda sobre la autenticidad del comunicado, aunque en realidad sí resulta muy coincidente con la forma y el mensaje difundido en otras de sus comunicaciones.

COYUNTURAS

Es aventurado asegurar que integrantes de la Sección 22 también lo son del EPR. Pero lo que sí queda claro es que existe plena identidad de lucha entre ellos, que se manifiesta en coyunturas como la que actualmente vive Oaxaca. La realidad y sus saldos no dejan duda de ello.

Oaxaca, 2006 y conflicto magisterial: 10 años son nada

Oaxaca 2006

La ciudadanía, de nuevo en medio de un conflicto añejo


En Oaxaca no sólo se enfrentan maestros e integrantes de organizaciones sociales contra el gobierno: también se enfrenta la ciudadanía entre sí, en medio de un recurrente clima de polarización por la crisis magisterial. Es uno de los tantos efectos colaterales que tiene esta lucha, de la que parece haberse entendido muy poco, pero que pone a flor de piel los traumas históricos de la sociedad oaxaqueña.

En efecto, el 15 de mayo pasado, la Sección 22 del SNTE decretó un paro indefinido de labores que, desde su inicio, radicó siempre en un bien esquematizado calendario de pequeños actos de hostigamiento. Un día cerraron el Palacio de Gobierno; otro cerraban carreteras; al día siguiente iban a bloquear centros comerciales; y otros, iban a plantarse afuera de las oficinas de las delegaciones del gobierno federal en la capital de Oaxaca.

Las exigencias eran más bien abstractas: pedían diálogo con el gobierno federal para “revisar” la reforma educativa; pedían diálogo con el gobierno de Oaxaca para definir “la situación del IEEPO”. Eran cuestiones tan imprecisas, que en sí mismas atajaban cualquier posibilidad de interlocución y les permitían continuar con su calendario de actividades.

¿A dónde querían llegar? Para responder esta pregunta, hay que considerar varias cuestiones: primera, que en junio —el día cinco— había jornada electoral; segundo, que lo que se renovaba era la gubernatura del Estado; tercero, que se cumplía el primer decenio —el 14 de junio— del desalojo que desató la crisis popular de 2006; cuarto, que desde hace casi un año, había una renuncia total del Estado federal, y del gobierno oaxaqueño, a dialogar con ellos. Por todo eso, en esta ocasión la Sección 22 buscaría tener una presencia particularmente importante, en sus ya conocidas protestas anuales.

Esos eran los puntos de su agenda. Y ya siendo razones suficientes para agotar su calendario de acciones de protesta, el gobierno les “regaló” la causa del encarcelamiento de sus dos líderes más visibles (Rubén Núñez, y Francisco Villalobos, secretario General y de Organización de la Sección 22), cuestiones que ocurrieron entre el 12 y el 13 de junio pasado. A Villalobos lo detuvieron en Salina Cruz, y unas horas después aprehendieron a Núñez a bordo de un taxi, en la Ciudad de México.

¿APRENDER? DE LOS ERRORES

Esto los hizo virar de los pequeños actos de hostigamiento a las acciones multitudinarias. El gobierno federal quizá supuso que con sus dos líderes en prisión, había golpeado a la Coordinadora en su línea de flotación: craso error suponer que la CNTE —un movimiento de casi cuarenta años de existencia, siempre en resistencia al Estado— fuera tan ingenua como para entregarle realmente el liderazgo a esos dos dirigentes visibles. Por eso, con una capacidad sorprendente, la Sección 22 se reagrupó y en menos de 24 horas emprendió acciones de protesta, ya no en la capital oaxaqueña, sino en el escarpado interior del Estado.

Ahí quedó claro que el magisterio sí había aprendido de sus errores: sus anteriores protestas —todavía las del año pasado, cuando intentó boicotear las elecciones federales y fue disuadida rápidamente por elementos federales que arribaron previo a la jornada electoral para restablecer el orden— las centró en la capital y fue derrotada incluso sin violencia. Por eso ahora dispersaron sus acciones en al menos cuatro de las ocho regiones del Estado.

Con eficiencia y disciplina, instalaron bloqueos en la región del Istmo: en Zanatepec —en los límites con Chiapas—; Ciudad Ixtepec, Juchitán y Salina Cruz; en la mixteca, instalaron un bloqueo total en el cruce de la carretera federal y la súper carretera (ambas comunican a Oaxaca con la Ciudad de México); también instalaron bloqueos en la Costa y en la Sierra Sur de Oaxaca.

Primero, encapsular a la capital de Oaxaca frente al posible arribo terrestre de fuerzas federales, como ocurrió el año pasado; y segundo, presionar al gobierno federal a través del bloqueo a instalaciones estratégicas (la refinería “Antonio Dovalí Jaime”, que se encuentra en Salina Cruz, es la más grande del país) para orillar al Estado o a la fuerza, o al diálogo.

El gobierno federal eligió el uso de la fuerza. En Oaxaca es bien conocido el respaldo social no a las acciones magisteriales, sino a la resistencia. Por eso, ante la presencia federal, el refuerzo a los bloqueos fue casi generalizado: maestros que llevaban varios días ahí, ciudadanos que espontáneamente salieron a respaldarlos, y también integrantes de organizaciones sociales —desde campesinos hasta grupos muy radicales— que llevaron directamente al enfrentamiento.

Sólo a partir de ese coctel explosivo puede entenderse el resultado: corporaciones policiacas que, indolentes, no calcularon lo que iban a enfrentar, frente a grupos de diversas naturalezas dispuestos a resistir, a enfrentar y a llegar a las últimas consecuencias.

La Sección 22 ha demostrado no necesitar a Rubén Núñez o a Francisco Villalobos. Sin ellos, y a través de este mecanismo duro, lograron abrir el diálogo —cerrado desde el 21 de julio de 2015, cuando la SEP y el gobierno de Oaxaca le requisaron el IEEPO a la Sección 22— al más alto nivel. Gabino Cué busca una tabla de salvación política, que le permita llegar al final de su administración, el 30 de noviembre.

10 AÑOS SON NADA

Días sombríos para Oaxaca. Semanas de incertidumbre, motivadas no sólo por los imprevisibles resultados de la combinación de la dureza oficial y el radicalismo magisterial, sino también por el aturdimiento de la ciudadanía de estar nuevamente en medio de una crisis social, que ya habíamos vivido, que ya conocemos, y que con su rostro más funesto nos está demostrando que cuando no se aprenden las lecciones, diez años son poco menos que nada.

Es momento de atajar las posiciones extremistas o irreductibles

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Muertos Nochixtlán

+ Oaxaca es más que dos polos luchando en medio de una barricada


Dice un viejo adagio que además de la paz, la primera víctima de todo conflicto es la verdad. Esto se hace patente en momentos como el que ahora mismo vivimos en Oaxaca, pues de cara a la crisis de violencia ocurrida el domingo en varios puntos del territorio estatal, lo más simple es tomar partido por alguno de los extremos, y dejar voluntariamente de ver que existe toda una gama de posiciones frente a una situación tan compleja como ésta, y que de entrada todos los oaxaqueños tendríamos el deber de respetar la opinión y la decisión del otro. Este debiera ser un punto de partida básico, para una convivencia regular en situaciones como la actual.

En efecto, el grueso de la población fue testigo de los hechos, y de inmediato surgieron dos posiciones irreconciliables: la primera, que incondicionalmente respalda no la lucha magisterial, sino a quienes se enfrentaron con la policía en Nochixtlán y Hacienda Blanca; y otra, de quienes inopinadamente asumieron una posición de condena al movimiento magisterial y hasta celebran que se haya utilizado la fuerza pública en contra de quienes realizaban los bloqueos (incluso hubo una tercera posición, tanto o más peligrosa que las dos anteriores, de quienes se dedican a la conjetura, incluso como supuesto “deber periodístico”). Unos y otros, fueron rebasados velozmente por la polarización, que para la noche del domingo ya había hecho presa a la ciudadanía de sus nocivos efectos.

Pues para muchos, cualquier acción de fuerza por parte del Estado, independientemente de sus resultados, es un acto de represión en contra del pueblo. En el otro extremo, están quienes simplemente sostienen que se debe castigar a todo aquel que cause un perjuicio a los derechos de los demás, y entonces al margen de cualquier consideración asumen como correcta la actuación de las autoridades. Al polarizarse y radicalizarse tales posturas, el resultado es una lógica totalitaria en la que sólo existen los aliados incondicionales, y los adversarios con los que no sólo hay que disentir, sino a los que hay que combatir, repudiar y hasta insultar. Esa, que podría ser una lógica “aceptable” entre quienes directamente se encuentran en el conflicto, es en realidad la posición que asume la mayoría de las personas incluso en su entorno social inmediato.

¿Qué pasa? Que frente a hechos como los del domingo se volvió a ver —como en 2006— un ánimo profundo de división en el que el principal extravío fue justamente el de la capacidad de escuchar y respetar al otro. A todos los niveles, lo que prevaleció fue un ánimo profundo de descalificación, de señalamiento y hasta de insulto por el solo hecho de no coincidir, o en el fondo de la lucha, o en los métodos empleados por quienes salieron a enfrentarse con la policía.

A estas alturas, los oaxaqueños deberíamos estar ya muy entendidos de las incontables implicaciones que tiene un asunto como éste, y lo estéril que resulta que entre nosotros, entre los ciudadanos, hagamos una extensión del conflicto simplemente por no poder, o no querer, distinguir entre la legitimidad de una lucha social, y la irracionalidad de métodos que no necesariamente eran los únicos que se podían utilizar para generar una situación crítica como las del fin de semana. Al final, es siempre claro que para que haya un conflicto se necesitan dos. Pero parece que como sociedad somos incapaces de distinguir los muchos grados de responsabilidad que existen, y tener un criterio concreto que no avale la violencia de unos como disculpa frente a la violencia de otros.

LOS RUMORES

El mismo domingo por la tarde, cundieron todo tipo de rumores que fueron alentados por gente sin escrúpulos y propagados por las redes sociales, a través de gente que sólo quería abonar al pánico. Esas versiones irresponsables, aseguraban que sólo un bando había disparado indiscriminadamente en contra del otro en el enfrentamiento de Nochixtlán. No razonaron en el hecho de que hubo heridos de bala de ambos bandos y que ninguna de las personas que murió en ese enfrentamiento lo hizo a causa de las balas. Aún así, mostraron algunas imágenes y, sin analizar, establecieron a priori que esa había sido una masacre en contra del pueblo de Oaxaca.

¿Quién sabe en realidad cuál fue la causa del fallecimiento de cada una de las personas que cayó el domingo por los enfrentamientos con la policía? Eso, según parece, es lo de menos. Unos ya tienen a sus muertos y además tienen el argumento correcto para repudiar a quienes ya odian por sistema. La Policía Federal, con su conocida ilegitimidad, afirma que sí tuvo elementos armados en el enfrentamiento. Pero pareciera que hasta de forma voluntaria se esmeran en no clarificar cuál fue el grado de participación de ese comando en el enfrentamiento señalado.

Otros aún más irresponsables insistieron en señalar que habría un “apagón” en el Centro Histórico, para que la Policía Federal cometiera “la peor masacre” de la historia en el desalojo a los maestros en el Centro Histórico. Patético: no había ocurrido el apagón, y mucho menos la “masacre”, pero la conjetura —invento— ya tenía un móvil, una justificación oficial, y un adjetivo.

TOLERAR

Es posible pensar que quien directamente decide sumarse a un movimiento como el magisterial, e incluso quien tiene el arrojo de ir a enfrentar a la policía, tiene cierta legitimidad para defender sus posiciones. Pero en esa mezquina posición del “conmigo o en mi contra” quedaron muchos que creen que desde las redes sociales, y sólo insultando a quienes no piensan como ellos, pueden hacer una revolución.

¿Que hay otro 2006? No: es la secuela de un problema no resuelto

Nochixtlán

+ Magisterio vs PF: un enfrentamiento estéril frente a consecuencias


Habría que partir de la pregunta de por qué la gente sale a las calles a enfrentar a la policía. Desde hace una semana, profesores y pobladores de diversas comunidades instalaron retenes y bloqueos en varios puntos de la geografía oaxaqueña, en protesta por la aprehensión de Rubén Núñez y Francisco Villalobos, líderes de la Sección 22 del SNTE. Esa acción detuvo particularmente una actividad estratégica que es la producción y distribución de energéticos en la refinería Antonio Dovalí, en Salina Cruz. Pero fuera de ella, ningún bloqueo tenía otra razón de ser, aparte de la protesta. ¿Tenían razón de ser los enfrentamientos del fin de semana, y los muertos de los que se hablaba hasta la tarde de ayer por el enfrentamiento en Nochixtlán?

En efecto, partir de estas preguntas puede darnos una idea de la sinrazón que, nuevamente, estamos viviendo en Oaxaca. Porque si bien es cierto que resulta entendible la molestia de importantes sectores del sindicato magisterial por la detención de sus líderes, también lo es que esa forma de protesta no es sólo estéril, sino artera y riesgosa para otro sector importante de la población, que quién sabe si se identifica o no con la lucha de los maestros, pero que sí está muy enojada por otras razones y que sólo está esperando un motivo, cualquiera, para salir a las calles a protestar y desfogar su ira particular.

Frente a ellos se encuentra un gobierno completamente reprobado en su capacidad de concertar soluciones que sean algo más que la victoria total o la subordinación incondicional. El gobierno federal tomó la decisión de ignorar al gremio magisterial —y luego utilizar el hostigamiento y hasta la aprehensión de líderes— como una respuesta al fracaso de su primera y única estrategia de negociación con la Sección 22. ¿Cuál fue? La que durante un año y medio intentó implementar el subsecretario de Gobernación, Luis Miranda Nava con el magisterio de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación. Esa “estrategia” no era sino el ofrecimiento de la claudicación de la reforma educativa en el sureste del país, a cambio de que ésta retomara su trabajo escolar y no provocara disturbios e inestabilidad al régimen federal.

Como lo hemos apuntado en otras ocasiones, lo que vemos actualmente es la consecuencia de la suma de las ineptitudes y la soberbia tanto federal como de la Sección 22. Siempre pareció que ninguno de ellos quiso nunca encontrar una solución al problema de la implementación de la reforma educativa. Por un lado, la federación fue de extremo a extremo, primero queriéndole entregar todo a la Sección 22 —que no lo quería recibir, porque se quedaría sin banderas—, para después asumir la postura de no dialogar y utilizar la fuerza para tratar de desmembrar a un gremio que, a diferencia del SNTE, no es monolítico.

Frente a ellos estuvo siempre un gremio de decisiones irreductibles e inopinadas, que —igual que el gobierno— siempre tuvo la soberbia postura de todo o nada. La federación quiso entregarles la postergación indefinida de la implementación de la reforma educativa. Ellos no lo tomaron porque querían algo que nunca iba a ocurrir: la abrogación de dicha reforma. Eso trabó cualquier posibilidad de arreglo y, a la postre, fue una de las causas de fondo de la ruptura del diálogo entre ambos frentes.

FRACASO COMÚN

¿Quién habrá hecho creer a las autoridades federales que apresando a los líderes de la 22, podría desarticular a la CNTE? Pues quizá, erróneamente, tomaron como parámetro la experiencia de la detención de Elba Esther Gordillo en 2013, que lejos de provocar una reacción violenta del gremio magisterial, lo que alentó fue el parricidio al interior de la dirigencia nacional a manos de Juan Díaz de la Torre, y la normalización casi inmediata de la vida sindical y política.

Esto no podía ocurrir en la Sección 22 y la Coordinadora, porque es bien sabido que la dirigencia seccional es un mero formalismo, y que la Asamblea Estatal —el verdadero órgano de dirección magisterial en Oaxaca— siempre se ha conducido con apariencia de horizontalidad, que en realidad no es sino el dominio de los líderes invisibles de las poderosas corrientes políticas que dominan la integración de la Asamblea. Por eso, mientras ésta siga funcionando, el gobierno podría encarcelar a toda la dirigencia —como prácticamente ya ocurrió ahora— y de todos modos constatar que se siguen tomando decisiones de resistencia; y que para esos efectos, Núñez Ginez y Villalobos Ricárdez son elementos prácticamente irrelevantes.

El problema de todo eso, es que el resultado frío es un problema político trabado, una ciudad nuevamente presa de la violencia y la incertidumbre, y un inaceptable saldo rojo que no le augurará a Oaxaca sino más conflictos de los que ya tiene. Esto, palmariamente, no contribuye a la implementación de la reforma educativa; tampoco es un paso en la postergada —indefinidamente— reconciliación social; tampoco es una muestra de solidaridad magisterial con el pueblo de Oaxaca, y mucho menos es reflejo de “gobernabilidad democrática”. Este, más bien, es el resultado del caos, de la voracidad y de lo poco que les importa —al gobierno y a la Sección 22— lo que le ocurra, piense o quiera la ciudadanía.

GOBIERNO INVISIBLE

Nadie dio la cara por la Sección 22 y sus “aliados”. Nadie tampoco dio la cara del lado oficial —estatal o federal— para explicarle a la ciudadanía qué pasó ayer. Así de miserables son frente al pueblo, ese del que, en su nombre, todos dicen actuar.

Sistema Penal Acusatorio: un reto para la mentalidad del mexicano

Juicios

+ Cambia el sistema y ahora debe cambiar nuestra idea de la justicia


Mañana se cumplen ocho años de la publicación en el Diario Oficial de la Federación, de la reforma constitucional federal que estableció el sistema penal acusatorio adversarial para todo el país. Por ende hoy será el último día de vigencia del viejísimo sistema inquisitivo que todos conocemos. Mañana inicia una nueva era para la justicia en México, pero junto con ella debe también impulsarse un cambio profundo en nuestra propia concepción de lo que consideramos como justicia.

En efecto, en la edición del Diario Oficial del 18 de junio de 2008, el Constituyente Permanente estableció en los artículos transitorios de la reforma penal, que el sistema acusatorio adversarial debía entrar en vigor en todo el país, a más tardar cuando se cumplieran ocho años de su publicación. Tal plazo se vence mañana; y aunque muchos pensaban que ocho años era un plazo eterno para la entrada en vigor de una norma, lo cierto es que la transformación que esta reforma implica no sólo lo hace justificable, sino hasta mínimo, para conseguir no únicamente la transformación del sistema de justicia penal, sino todos los retos que éste cambio trae aparejado. ¿De qué hablamos?

De que el tránsito del sistema inquisitivo al acusatorio adversarial supone, para el Estado, no sólo un cambio en los códigos de procedimientos penales —que por eso terminó unificado— sino toda una transformación en el sistema de juzgar a las personas que cometen un delito. Acaso, pensar que el cambio radica en pasar de un sistema eminentemente escrito, a uno de justicia oral, es tan reduccionista como creer que sólo se trataba de reponer las normas aplicables. Para el Estado, realmente, esto implica todo un cambio de mentalidad, de dinámica de trabajo, de preparación y profesionalización de quienes participan en él, y hasta de inversión para el establecimiento de la infraestructura necesaria, que en realidad éste sin duda constituye la más grande transformación del sistema de justicia de todos los tiempos en México.

Es por eso, que el Estado mexicano —tanto el gobierno federal, como prácticamente todos los gobiernos locales— ha reconocido que la vacatio legis de ocho años que se estableció en la publicación de la reforma, fue un periodo insuficiente para lograr la capacitación de todo el personal involucrado en el sistema de justicia —policías investigadores, el Ministerio Público, los jueces y funcionarios judiciales, los defensores públicos, y todos los particulares que profesionalmente participan en el sistema penal— y para alcanzar a realizar la inversión necesaria en la transformación de la infraestructura judicial. Se necesitan cantidades millonarias para establecer las instalaciones, equipos y demás elementos que ahora serán indispensables para el correcto desarrollo del sistema de justicia penal, tanto a nivel federal como en los fueros locales.

APURACIONES LOCALES

En ese sentido, Oaxaca bien puede ser un caso paradigmático, pues de hecho aquí se estableció el sistema acusatorio incluso antes de que se lograra la reforma federal. La reforma oaxaqueña que estableció el sistema acusatorio oral ocurrió en septiembre de 2006 a partir de la emisión del nuevo Código Procesal Penal. Desde entonces se estableció un calendario en el que se haría paulatina la entrada en vigor del nuevo sistema de justicia penal, a partir de que se fueran habilitando el personal y la infraestructura en cada una de las regiones del Estado.

Dicho calendario estableció que por lo menos cada año iría entrando en vigor el nuevo sistema en cada región, por lo que para este tiempo —han pasado casi 10 años desde la reforma— ya en todo el territorio oaxaqueño debiera regir plenamente el nuevo sistema.

¿Qué ocurrió? Que como en muchos asuntos locales, la insuficiencia presupuestal y la falta de interés del gobierno —la justicia es una cuestión nada redituable en términos políticos o electorales— por una correcta y oportuna implementación del sistema, obligaron a modificar el calendario original y a postergar la implementación del nuevo sistema, a grado tal que a principios de este año el gobierno estatal decidió endeudarse para conseguir los recursos necesarios para lograr el cumplimiento ya no de su calendario, sino del plazo de ocho años que, en 2008, estableció la reforma federal que, dos años después de la reforma local, estableció como límite para la implementación de este nuevo sistema.

Todo esto, sin embargo, no podrá frenar la realidad de que este nuevo sistema de justicia traerá cambios a los que seguramente no sólo no estamos habituados, sino que hasta nos pueden parecer repulsivos. En México todos estamos acostumbrados a que “justicia” es cárcel, y a que justicia es llegar a una sentencia. El nuevo sistema establece innumerables principios, mecanismos y garantías distintas para todos los involucrados en un juicio penal, que no necesariamente terminan en lo que necesariamente supondríamos. De hecho, se prevé que para que este nuevo sistema funcione, sólo uno de cada diez delitos que se cometen, debe llegar a juicio. Todos los demás deben resolverse mediante conciliaciones, negociaciones y criterios de oportunidad.

LAS VÍCTIMAS

Algo que es muy importante, es la concepción de la figura de las víctimas: en el sistema inquisitivo se hacía “justicia” encarcelando pero al último quedaba la víctima, que casi siempre era ignorada, no era indemnizada, y el sistema no la consideraba. Este es un cambio radical de muchos que veremos. Debemos mentalizarnos al cambio.

La “paciencia” federal es preámbulo de la incursión a Oaxaca

Quema

+ Compás, para que el movimiento se desgaste frente a ciudadanía


La capital oaxaqueña lleva casi cuatro días sitiada por profesores de la Sección 22 del SNTE e integrantes de algunas organizaciones sociales que decidieron respaldar su lucha. En todo ese tiempo, varios de los accesos a la ciudad han permanecido prácticamente cerrados, y en otros puntos se han instalado retenes magisteriales para vigilar que los vehículos no transporten a elementos policiacos. Llama la atención el alto grado de tolerancia que hasta ahora han demostrado tener las autoridades federales frente a estas maniobras de resistencia. En el fondo, no es que se hayan “olvidado” de Oaxaca en este punto crítico, sino que más bien están dando el margen necesario para legitimar una incursión a territorio oaxaqueño.

En efecto, luego de la detención de Rubén Núñez Ginez y Francisco Villalobos Ricárdez, dos de los dirigentes más visibles de la Sección 22 de Oaxaca, y de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la educación, el magisterio oaxaqueño estableció una ruta crítica de resistencia frente a una posible incursión masiva de agentes federales para restablecer algunas de las condiciones de orden que se perdieron desde las semanas previas a la jornada electoral.

La Sección 22 ha tratado de demostrar la horizontalidad de su movimiento a través de la implementación de esta resistencia. En realidad, todo parece responder a un movimiento instintivo de defensa, y no a la reorganización “fisiológica” con la que la dirigencia magisterial ha tratado de minimizar las consecuencias de la aprehensión de sus dos dirigentes más visibles. Así pues, parece que los profesores de la Sección 22 decidieron optar por el mecanismo del bloqueo de los accesos a la capital como medida transitoria, pero no han logrado articular los movimientos sustantivos que pudieran permitirle una respuesta a esta andanada federal, o la liberación de sus detenidos, o el establecimiento de la mesa de diálogo con el gobierno federal, que han exigido desde hace más de medio año.

En esa lógica, hoy la Sección 22 aparenta estar consiguiendo su objetivo de impedir el paso de los agentes federales que se habrían enviado para reforzar la presencia policiaca frente a la resistencia de los maestros. Lo que no han calculado, es que para ser eficaz, esa necesitaría ser simplemente una estrategia de transición que les permitiera alcanzar otros objetivos. Pero como la Sección 22 parece no tener esa claridad, ni la capacidad de lograr generar presión al gobierno estatal o federal como para abrir el diálogo, entonces por eso la orden federal fue que sus agentes se sentaran a esperar, así fuese a orilla de carretera, a que esta estrategia surta los efectos sociales que no parece calcular adecuadamente el magisterio oaxaqueño.

EFECTOS SOCIALES

¿Cuáles son esos “efectos sociales”? Son justamente los que ocurren cuando la ciudadanía ve entorpecidas sus actividades o limitados sus derechos o vida cotidiana. Pues desde el lunes, miles de personas se han quedado varadas en la carretera ante la existencia de bloqueos y la imposibilidad de salir de la entidad a través de la única vía rápida hacia el centro del país; otros más han visto menguadas sus actividades económicas o comerciales.

Ayer, varias líneas de autotransporte de pasajeros anunciaron la suspensión indefinida de sus corridas por la falta de condiciones para prestar sus servicios; y también se ha especulado sobre el posible desabasto de combustibles —como ya ocurrió hace exactamente un año cuando los profesores decidieron bloquear las instalaciones de Pemex para impedir el paso de los carros tanque que abastecen gasolina a las estaciones de servicio, entre muchas otras afectaciones.

La respuesta federal frente a todo eso ha sido simplemente sentarse a esperar. Están esperando, por una parte, que una sector de la ciudadanía entre en desesperación y esto evite el costo social —y político— de una incursión policiaca a una zona de tensión; pero, para minimizar la posibilidad de violencia, estarían también esperando a que la propia resistencia comience a menguar en todas las zonas donde hay concentraciones de gente que pretende impedir el paso de los convoyes federales. Parecen pues, estar previendo, que no es lo mismo resistir un día que cinco o diez; y por eso tienen la idea de que será menos agresiva una liberación de carreteras con una resistencia desgastada por los días y las noches en que estuvieron esperando la actividad policiaca.

Al final, resulta impensable que a estas alturas —con la reforma educativa implementada, con el IEEPO en sus manos, con la anuencia estatal, con líderes magisteriales en prisión, y en una ruta sin retorno— el gobierno federal decidiera simplemente no hacer nada frente a los maestros que resisten, y poner nuevamente a Oaxaca como la ínsula en la que se permite el desahogo de la ira social a cambio de que esto mismo no ocurra en otras entidades del país.

Más bien, lo que parece estar ocurriendo es esa espera, y que de no variar —evolucionar— la estrategia magisterial, será sólo cuestión de tiempo que ocurra la incursión federal para liberar los bloqueos y llegar hasta la capital para enfrentar los desmanes que ahora ocurren.

POSIBILIDADES

1. Que como estrategia, la Policía Federal haya enviado los equipos antimotín que ayer quemaron los integrantes de la 22 en la barricada de Hacienda Blanca, porque eso es nada menos que un delito; 2. Que los sectores magisteriales radicales están buscando no el arreglo, sino la incursión. Para ellos una gran forma de lucha es a través de la martirización, y es también lo que estarían buscando.

Al gobierno federal, y a la 22, los derrota su incapacidad de dialogar

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En menos de un año, la Sección 22 del SNTE pasó de la mayor posición de fuerza, a la máxima situación de crisis por el encarcelamiento de sus dos dirigentes más visibles. Vale la pena preguntarse cómo un movimiento social —tan amplio como el magisterial— pasó de un extremo a otro en tan poco tiempo, y cómo el gobierno federal decidió aplastar a un grupo al que primero estaba dispuesto a entregarle, en bandeja de plata, la claudicación de la reforma educativa. Pues si México es un país de contrastes, éste es uno de ellos.

En efecto, el fin de semana fueron aprehendidos Rubén Núñez Ginez y Francisco Villalobos Ricárdez, secretario General y de Organización, de la Sección 22 en Oaxaca. Estas dos detenciones no son sino parte de la cadena de desmantelamiento que inició el gobierno federal desde noviembre del año pasado, cuando detuvo a seis dirigentes magisteriales de mediano nivel. Luego, en abril pasado puso en prisión al secretario de Finanzas de la Sección 22, Aciel Sibaja; y en una historia previamente anunciada —desde hace más de 20 días el gobierno federal dijo que existían órdenes de aprehensión contra los dirigentes magisteriales—, finalmente cayeron el fin de semana los dos dirigentes principales de la 22, que también eran elementos morales determinantes para la CNTE.

¿Cómo pasó la disidencia magisterial, del dominio casi total del panorama político frente al gobierno federal, a esta situación crítica? Para entender toda esta situación, es indispensable recordar varias maniobras previas que revelan la magnitud de la oportunidad histórica que perdió la Sección 22, como elemento más visible de la CNTE, de cara a su resistencia con el gobierno federal.

Primero, previo a la jornada electoral federal del cinco de junio de 2015, la Sección 22 implementó en Oaxaca un programa de acción específicamente encaminada a orillar una acción de fuerza con el gobierno federal. En la semana previa a la jornada comicial, el gobierno federal dio por terminada una larguísima mesa de negociación que se había instalado entre el magisterio disidente de Oaxaca y la Secretaría de Gobernación, en la que los profesores ya habían conseguido la cancelación indefinida de los programas de evaluación y la implementación de los nuevos términos administrativos de la reforma.

Lo que pretendía el gobierno federal en aquel momento, era que la 22 tomara una actitud responsable a cambio de aceptar lo que les ofrecía. Pero el magisterio asumió la más histórica de sus posturas erróneas, al asumir frente al gobierno federal que su logro único aceptable debía ser la abrogación de toda la legislación constitucional y legal inherente a la reforma educativa.

Así, cuando llegaron a una posición límite, el gobierno federal se retractó en todos sus ofrecimientos, concluyó la mesa de diálogo en Gobernación, y envió a la Policía Federal a desalojar a los profesores oaxaqueños, que por disposición de la Sección 22 tenían tomadas instalaciones estratégicas para la vida cotidiana de la ciudadanía, como la Terminal de Abasto y Reparto de Pemex en la zona conurbada de la capital oaxaqueña, que surte de combustibles a varias regiones del Estado, y que ya para entonces la ciudadanía había entrado en una severa crisis —real y emocional— por no poder acceder a los combustibles que son indispensables para la movilidad y las acciones económicas de todas las personas.

 

EL GOLPE DE MUERTE

Una vez que el gobierno federal envió a la Policía Federal a restablecer el orden en la capital oaxaqueña, se pensó que todo continuaría en el enfriamiento de una relación que irremediablemente tendría que retomarse. No fue así. El 21 de julio, el gobernador Gabino Cué anunció la desaparición del IEEPO con la conformación y los privilegios concedidos a la Sección 22 para la integración orgánica del Instituto, y anunció la creación de una nueva dependencia estatal encargada de la educación, con el mismo nombre pero con total independencia de la Sección 22.

Este fue un primer paso que la Sección 22 pensó que no ocurriría. Ya para entonces, habían perdido interlocución con el gobierno federal, y ahora perdían el control administrativo de los trabajadores de la educación en la entidad. En noviembre se llevó a cabo la primera evaluación en Oaxaca, aún con una resistencia nutrida de los integrantes de la Coordinadora, que aún asumían con fuerza los mandatos de su dirigencia. Luego de eso, el gobierno estatal y federal, iniciaron una fuerte campaña de concientización sobre los mitos y realidades de la reforma educativa. Este ha sido un elemento importante de desmovilización, que paulatinamente ha venido mostrando sus resultados en la disminución del número de personas que asisten a las movilizaciones por mandato, dejando sólo a quienes lo hacen por convicción con la lucha de la Sección 22.

 

PERDERLO TODO

Igualmente, la 22 pensó que el gobierno federal no se atrevería a echar mano de sus herramientas judiciales para combatir a la disidencia. El fin de semana, la federación lo hizo lisa y llanamente asumiendo como un triunfo la aprehensión de los dos líderes de la Coordinadora. Nadie vio que esto significó una derrota para la capacidad del Estado mexicano de hacer valer coercitivamente sus decisiones, porque castigó a los líderes como mecanismo para redoblar la implementación de la reforma. Pero también —y sobre todo— es una derrota para el movimiento magisterial, que lo tuvo y lo perdió todo por su radicalismo, y por su incapacidad de mantener y controlar la relación con sus adversarios políticos.

Aprehensión de líderes magisteriales: algunas coordenadas esenciales

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+ Detenciones con fines políticos; “cazados” por sus cuentas con el fisco


La detención de los dos principales líderes de la Sección 22 del SNTE marcará un punto sin retorno en la relación del Estado mexicano con el sector radical de los trabajadores de la educación. De nuevo, el gobierno mexicano echó mano de sus poderosas herramientas fiscales para resolver un asunto político. Y al margen del radicalismo y las necedades propias de la 22, ello debiera también abrir un debate importante sobre el uso abierto de herramientas legales con fines políticos, en esta época en la que el mismo gobierno lucha por hacerle creer a la ciudadanía que se vive en un Estado de Derecho.

En efecto, todo eso hace necesario un análisis más profundo que el de la sola satanización de uno u otro bloque. Pues ante los hechos, es de un simplismo extraordinario acudir a la idea de que el gobierno está reprimiendo a un movimiento democrático a través del uso del terrorismo judicial, como también lo sería argumentar que inopinadamente el gobierno hace lo correcto en contra de un gremio voraz y antidemocrático, que no acepta la reforma educativa. En el fondo, se supone que en una democracia deberían poder convivir todas las ideas y expresiones políticas. Pero la realidad revela la existencia de gremios caníbales, frente a un gobierno brutalmente antidemocrático en sus formas y en sus fines.

Lo primero que debemos tener claro es que las aprehensiones —no “arrestos”— de Rubén Núñez y Francisco Villalobos, secretario General y de Organización, respectivamente, del comité estatal de la Sección 22, son eminentemente políticas. ¿Por qué? Porque la base de su persecución judicial radica —como siempre en México— en su actividad política. Si Núñez y Villalobos, junto con todos los demás integrantes del comité seccional que ya fueron detenidos, no se hubieran opuesto a la reforma educativa, ahora mismo seguirían gozando de los dividendos que arrojan los porcentajes pagados por empresas a cambio de que la Sección 22 les permitiera realizar negocios con sus agremiados. Por eso hay una evidente connotación política que no debemos dejar de ver.

En contraparte, en un segundo momento, tampoco debemos dejar de ver que la radicalidad de la Sección 22 los llevó a un proceso autodestructivo. Antes de los comicios federales del año pasado, el magisterio oaxaqueño gozaba de interlocución al más alto nivel con el gobierno de la República. Obtuvieron innumerables prebendas que, sin embargo, desaprovecharon por asumir una anodina postura radical basada en el “todo o nada”. Ya habían conseguido, por ejemplo, que Gobernación les concediera la suspensión definitiva de la implementación de la reforma educativa en Oaxaca; tenían comunicación directa con las más altas esferas federales y habían conseguido todas las garantías respecto a la preservación de los salarios y prestaciones de todos los maestros de Oaxaca. Pero al final, el no poder controlar su radicalismo los llevó a un proceso de autodestrucción, en el que su efecto más acabado se aprecia justamente en el descabezamiento de su movimiento y la implementación, con la fuerza, de la reforma educativa.

LA VETA FISCAL

Otro elemento que ya era señalado en nuestra entrega anterior, y que tiene mucho de relevante, es cómo la forma en la que fueron detenidos los dirigentes de la Coordinadora fue exactamente la misma que como detuvieron a Elba Esther Gordillo. Esto fue, a través del uso de las cada vez más sofisticadas herramientas legales, con las que el fisco federal no sólo atemoriza a los adversarios del régimen federal, sino a prácticamente todos los contribuyentes. Si los dirigentes magisteriales hubieran sido menos ingenuos, y menos confiados de que su posición sindical los inmunizaba frente a los alcances de la ley, se equivocaron.

¿La razón? Que hoy por hoy, las sucesivas reformas fiscales han endurecido sobremanera la fiscalización de todos los recursos que ingresan al peculio de cualquier persona física o moral. Por ejemplo, establecieron un mecanismo denominado “discrepancia fiscal” con el que la autoridad puede hacer, en cualquier momento, una compulsa entre los ingresos y los gastos de cualquier persona, y de ahí determinar la existencia de violaciones a las normas fiscales, y delitos como la defraudación fiscal y el lavado de dinero.

Es claro que a los líderes de la Sección 22 los pudo alcanzar la justicia por la vía fiscal, gracias a que siempre fueron ellos los titulares de las cuentas bancarias a donde ingresaban cantidades millonarias de dinero por las que no pagaban impuestos, y sobre las que no declaraban su procedencia.

Finalmente, esta imagen de “eficacia” con la que intenta cubrirse el gobierno federal al detener por la vía fiscal a sus adversarios políticos, debería ser preocupante. Pues parece que sólo los mexicanos no nos damos cuenta de cómo se utilizan mecanismos legales para resolver conflictos de orden político. Aunque el gobierno tuvo éxito en aprehender a los líderes magisteriales, esto no es sino parte de un fracaso más grande en lo relativo a la capacidad de concertación y a la capacidad de operación política del Estado. No lo pudo resolver —nunca pudo— a la buena; ahora va a tratar de hacerlo a través de estas maniobras.

¿Y LOS DEMÁS?

¿Qué dependencias del Gobierno del Estado, tienen una relación similar con esas mismas empresas, que les transferían recursos a la Sección 22 a cambio de la firma de convenios? ¿Esa historia no debería ser preámbulo de otras investigaciones que ahora posiblemente salgan a la luz, dado el inusitado interés de Hacienda por esas personas físicas y morales que accedían —y quizá hasta fomentaban— el pago de moches a la dirigencia magisterial en Oaxaca, y que podrían estar haciendo lo mismo con otros entes públicos municipales y estatales?