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Nada cambiará luego de la emisión de la ley educativa estatal

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Gabino-EPN

+ Federación y Oaxaca buscaban efecto político de la aprobación


Montados en las poses y en la ignorancia, muchos piensan que con la aprobación de la Ley Estatal de Educación, algo relevante va a ocurrir con la educación pública en Oaxaca. Nada de eso ocurrirá. Y será así porque el interés que tenía el gobierno de Oaxaca y el federal, porque finalmente se consolidara el proceso de armonización entre normas educativas estatales y federales, es mucho más político que práctico u operativo. Basta con entender cuál era la necesidad real esa norma estatal, en el nuevo contexto jurídico de la educación pública nacional. Antes de la armonización, la ruta ya estaba trazada. Y por eso nada relevante ocurrirá con la armonización, aparte de haber sido el golpe de muerte a la Sección 22.

En efecto, luego de la aprobación de la Ley Estatal de Educación –cuyo texto, hasta ayer por la tarde no había sido promulgado por el Ejecutivo, ni publicado en el Periódico Oficial del Gobierno del Estado— algunos grupos políticos han hablado de traición al pueblo de Oaxaca, de los riesgos que supuestamente corren los trabajadores de la educación con esta nueva legislación, e incluso de patrañas como la de la posible privatización de la educación pública en la entidad. Claramente, todas son posiciones y suposiciones alarmistas que no sólo no tienen ningún sustento, sino que deliberadamente dejan de reconocer la realidad sobre la administración de la educación pública en Oaxaca y en todo el país. ¿De qué hablamos?

De que, por un lado, la emisión de la nueva Ley Estatal de Educación en la entidad era necesaria por la urgencia tanto del gobierno estatal, como del federal, de demostrar que —cada uno en su circunstancia— eran capaces de construir el contexto y las condiciones para que ocurriera dicha aprobación. En el caso de Oaxaca, había un riesgo —sólo aparente— de que tanto el Ejecutivo como la Legislatura del Estado incurrieran en desacato al fallo emitido por la Corte en septiembre pasado, y enfrentaran consecuencias legales por no emitir en tiempo y forma la legislación educativa. En el plano político, había la preocupación de emitir la norma para que Oaxaca no siguiera pareciendo un Estado incapaz de sobreponerse a un grupo de presión, como la Sección 22 del SNTE.

En el caso del gobierno federal, había ese mismo interés pero con imperativos distintos. Al gobierno federal le interesaba mucho lograr que se emitiera la Ley de Educación en Oaxaca porque ello significaría la consolidación política de la derrota del radicalizado sindicato magisterial oaxaqueño, que ha sido cabeza de playa de la oposición de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación a la implementación de la reforma educativa. El gobierno federal, realmente, buscaba generar un efecto desmoralizador hacia el magisterio al demostrarle que ni con todas las presiones posibles sería capaz de frenar la posibilidad de consolidar la reforma.

LA EDUCACIÓN NO CAMBIA

Todos esos efectos son eminentemente políticos. Pues resulta que ni en los planos programático, ni operativo, la Ley Estatal de Educación resulta relevante para la cotidianidad educativa en la entidad. Es decir, lo que dice la norma estatal no incide en lo que ocurre todos los días en las aulas y tampoco establece nuevos parámetros educativos o administrativos para la educación, que pudieran causarle un perjuicio a los trabajadores de la educación.

Acaso, lo más relevante que se podría establecer en esa legislación son algunos deberes relacionados con la multiculturalidad o la necesidad de adecuar algunos programas o planes a las necesidades y realidad de las comunidades del Estado. Pero fuera de eso, no habría nada que pudiera ser jurídicamente relevante como para modificar el panorama educativo en Oaxaca. ¿Por qué no?

Porque lo que verdaderamente les preocupa a los trabajadores de la educación son dos temas: su estabilidad laboral, y la progresividad de sus salarios. Ambas, son dos cuestiones que quedaron perfectamente establecidas con la emisión de la Ley General del Servicio Profesional Docente, que es la norma que hoy en día establece y delinea las relaciones laborales y administrativas entre el gobierno federal como patrón, y los trabajadores de la educación, en su calidad de empleados.

En el caso de la estabilidad laboral, ésta quedó sujeta básicamente al cumplimiento de todos los requerimientos relacionados con la evaluación y la entrega de evidencias de su labor. Y lo relacionado con su salario también quedó perfectamente establecido y condicionado a los mismos aspectos que rigen sus relaciones laborales. Por eso, aún sin haber Ley Estatal de Educación, todos los profesores del país quedaron sujetos a un nuevo régimen administrativo, y también por eso han alegado hasta el cansancio que ésta no fue una reforma educativa, sino laboral de los trabajadores de la educación.

LOS LUGARES COMUNES

En el fondo, lo que queda es un cúmulo enorme de lugares comunes, poses y argumentos basados en la ignorancia —a veces cándida, y otras veces deliberada—, que lo que buscan es mantener viva una discusión que en realidad tiene mucho de anodina. No habrá un “nuevo amanecer” para Oaxaca, ni mucho menos, porque lo más relevante de la emisión de la ley educativa es el efecto político de corto y mediano plazo que ésta causará. Fuera de eso no hay mucho. Quizá vaya siendo tiempo de ver este asunto en una nueva dimensión.

En el Congreso viven las peores paradojas de la política oaxaqueña

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+ Por torpezas y omisiones, subsiste posibilidad de otro “palo” de SC


Si el Congreso local está lleno de contradicciones y paradojas, todas quedaron de manifiesto con la atropellada aprobación de la ley educativa estatal. Resulta que para aprobar dicho instrumento legal, los aliados del gobierno fueron los no convocados; sus supuestos adversarios fueron los más diligentes y, entre ellos, resulta que unos terminaron pareciéndose a sus enemigos por defender los postulados a los que aquellos fustigaron. En este enredo vale la pena analizar las contradicciones que hoy tienen en el total descrédito a los partidos y sus bancadas.

En efecto, la noche del sábado se aprobó la reforma educativa en una sesión legislativa relámpago, a la que asistieron sólo 28 de los 42 diputados de la LXII Legislatura, y en la que hubo un trámite legislativo que no sólo deja dudas sobre su constitucionalidad, sino que además abre las mismas puertas que, hace pocos meses, llevaron a la declaración de inconstitucionalidad a la reforma político electoral, aprobada en condiciones muy parecidas a la ley educativa. ¿De qué hablamos?

De que un aspecto toral en el que claramente falló el Congreso al llevar a cabo esta reforma es en el relacionado con la verdadera función deliberativa del pleno del Poder Legislativo. Pues igual que como ocurrió en la aprobación fast track de la Ley General de Instituciones Políticas y Procedimientos Electorales —cuyo decreto fue declarado inconstitucional en octubre del año pasado por la Suprema Corte—, en este caso tampoco hubo actividad deliberativa corroborable por parte de los diputados.

Si verdaderamente hay impugnaciones, y la Corte decide entrar a la revisión exhaustiva del procedimiento llevado a cabo para la aprobación de la ley educativa, fácilmente podrá advertir que no habría habido deliberación, entendiendo ésta como la actividad en la que los diputados públicamente analizan, debaten, discuten y clarifican los puntos contenidos en la iniciativa. La ausencia de esa actividad deliberativa fue una de las razones de fondo por las que el 5 de octubre del año pasado la Corte invalidó el Decreto 1290; esa es la razón por la que todo esto se convierte en una referencia clara sobre las inconsistencias en esta nueva actividad legislativa que podrían llevar a una nueva declaratoria de inconstitucionalidad por las fallas en el procedimiento legislativo.

En ese sentido, el Congreso del Estado debe ser muy firme en la forma en cómo debe concebir la actividad del Oficial Mayor. Es lamentable que durante toda la presente Legislatura, quienes han ocupado el cargo de Oficial Mayor —primero Juan Enrique Lira Vásquez, y ahora Igmar Francisco Medina Matus que, además enfrenta la vicisitud (que no impedimento legal) de no ser abogado— han actuado como meros subordinados de las decisiones y caprichos de las fracciones parlamentarias, pero se olvidaron que la función fundamental del Oficial Mayor consiste justamente en velar porque se cumpla en todo momento con la legalidad y con los postulados básicos de la Constitución.

En buena medida, la invalidación por parte de la Corte de la reforma político electoral ocurrió porque no se siguieron escrupulosamente las reglas constitucionales para la emisión de una norma, siendo esa una responsabilidad directa del Oficial Mayor, que con toda su estructura administrativa tiene la función, al margen de sus débitos partidistas, de velar porque se respete y se cumpla con la Constitución, cosa que evidentemente no ha ocurrido en estas situaciones y que ya fue demostrado —para vergüenza de Oaxaca— en la invalidación no sólo del Decreto que contenía las leyes reglamentarias de la reforma político electoral, sino de varias otras normas que no han logrado superar la revisión constitucional de la Suprema Corte.

CONTRADICCIONES

Junto a las fallas legales hay contradicciones políticas que también vale la pena resaltar. ¿No es actualmente el PRD el partido del Gobernador? ¿No es, además, el PRD la fuerza política a través de la cual el grupo gobernante lanzó a quien pretende que sea su sucesor en la titularidad del Ejecutivo estatal? ¿No es el PRI su principal adversario? ¿Y no la defensa de los intereses gremiales de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, es una bandera de Morena —no del PRD— y que eso motivó hasta un acuerdo entre el magisterio y Andrés Manuel López Obrador?

Nos preguntamos todo eso porque la aprobación de la reforma educativa sacó a flote muchas contradicciones de las que nadie en los partidos quiere hablar. Por ejemplo, resulta que el PRI fue el partido más colaborativo en la aprobación de una iniciativa —la que presentó el Gobernador en agosto de 2014— que durante 20 meses se dedicó a descalificar y bloquear. Junto a eso, resulta que el PRD terminó siendo el partido “aliado” de la Sección 22, cuando se supone que quienes estaban decididos a defender los intereses magisteriales están en otros partidos. De ser así, ¿entonces diputados como Jesús López Rodríguez deben seguir en el PRD, o son militantes de facto de Morena?

INCONGRUENCIAS

¿Cómo explicarle a las personas que el partido del Gobernador fustigó la iniciativa de ley educativa del Gobernador, pero que al mismo tiempo está impulsando a quien pretende ser el sucesor del Mandatario? ¿Cómo explicar, además, que unos sí colaboraron y otros no, con un postulado que no es de nadie? Por revoltijos como estos es que la ciudadanía sabe que los partidos y los políticos, hoy, tienen intereses y no convicciones.

Diputados deben abandonar posiciones necias sobre la ley educativa

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+ Si hubo violaciones de procedimiento deben impulsar acciones legales


Dolidos porque pasaron por encima de sus “posiciones ideológicas”, varios diputados de la LXII Legislatura han acusado inconstitucionalidad de la recién aprobada Ley Estatal de Educación, pero nada han dicho sobre qué acciones constitucionales tomarían para combatir esas presuntas irregularidades. No distinguen, o no quieren hacerlo, entre las posibles inconstitucionalidades y sus desacuerdos personales, o las poses que intentan tomar frente a sus clientelas.

En efecto, ayer ya en la resaca del albazo, diputados como Jesús López Rodríguez o Rafael Arellanes Caballero, de los grupos parlamentarios del PRD y PT, respectivamente, descalificaron la ley educativa argumentando que ésta era inconstitucional. Sólo que los argumentos no les alcanzaron para explicar las razones de esa idea sobre la inconstitucionalidad y, sobre todo, para poder establecer una distinción clara entre lo que puede y no ser inconstitucional, y lo que se encuentra en el ámbito de sus desacuerdos personales o de sus posiciones políticas.

Por un lado, López Rodríguez, acusó que hubo faltas al procedimiento legislativo, y señaló que “diputados del PRI, PAN, MC, PUP y un independiente, aprobaron en penumbras la ley educativa”. Para López, la nueva ley educativa atenta contra el pueblo de Oaxaca. Y acusó también que la totalidad de las y los diputados del PRD no fueron convocados a la sesión del pasado sábado, por lo que “responsabilizó” a los diputados que se prestaron a traicionar al pueblo de Oaxaca.

Evidentemente, la postura de López tiene varios aspectos francamente contradictorios. Por un lado, no explica en qué consisten esas inconsistencias que hacen inconstitucional dicha reforma. De hecho, prefirió afirmar que la ley educativa atenta contra el pueblo de Oaxaca, como si esa consideración subjetiva fuera suficiente para ubicar a una norma en el campo de la inconstitucionalidad.

Con ello —e incluso aceptando que los legisladores de su bancada no fueron convocados— no prueba inconstitucionalidad alguna, pues la “traición al pueblo” no es una violación constitucional, y tampoco podría probar que el Congreso sesionó sin el quórum necesario. La única ruta que le quedaría es la de apelar, ante los tribunales de la Federación y no ante los medios de comunicación, que hubo violaciones al procedimiento legislativo. El problema es que sobre ese aspecto sustantivo, el diputado López Rodríguez no ofreció luz alguna como para suponer que considera la posibilidad y los argumentos para presentar una Acción de Inconstitucionalidad.

¿ACTUARÁN?

Junto a López Rodríguez están las consideraciones del diputado petista Arellanes. Éste fue más específico en sus comentarios, pero no por ello más certero. Arellanes calificó dicho acto legislativo como “ilegal” y como “arreglada la sesión” en la que se aprobó la Ley Estatal de Educación, “porque además se coartó la libertad de expresión de los legisladores locales”.

Afirmó que la Junta de Coordinación Política (Jucopo) nunca dio cuenta con la notificación de la resolución de la controversia constitucional dictada por la Corte en torno a la reforma educativa. Acusó también que la Mesa Directiva nunca señaló fecha y hora para la celebración de una sesión extraordinaria “en la cual se ponga a consideración la resolución de la Corte”, y tampoco convocó a sesión extraordinaria para legislar y emitir la regulación estatal en materia educativa y en la cual se les permita a cada uno de los Diputados presentes fijar su postura respecto al tema, ya sea a favor o en contra.

¿Atina en algo? Parece que no. Veamos: en nuestra entrega de ayer apuntábamos que uno de los escenarios posibles, es que los diputados que sesionaron la noche del sábado hubieran solicitado que a una iniciativa recién presentada se le diera el tratamiento de “obvia resolución”, que según el artículo 55 de la Constitución local permite que una iniciativa se vote sin la necesidad de discusión, y sin la existencia de un dictamen. En el caso opuesto, bien pudo haberse aprobado el dictamen correspondiente vía fast track con la anuencia de los diputados presentes. En tal virtud, no habrían violaciones a la libertad de expresión de nadie.

Además, frente a una resolución de la Corte, ni la Mesa Directiva ni la Jucopo tenían que dar cuenta de nada a nadie. Los mandatos judiciales son vinculatorios en sí mismos, y causan efectos en automático. Por eso, es una patraña suponer que alguno de esos órganos legislativo le tenía que “comunicar” a sus integrantes el mandato y los efectos de la resolución emitida por la Corte.

Quizá Arellanes medio atina en algo: habla de las irregularidades en la convocatoria a la sesión del sábado pasado. En ello se encuentra una veta importante que podría ser explotada en una Acción de Inconstitucionalidad. El problema es que, de nuevo, el Legislador falla al afirmar que es una “sesión extraordinaria”. No puede serlo porque ésta ocurrió dentro del periodo ordinario de sesiones, por lo que la convocatoria a dicha sesión no requiere de los mismos requisitos que cuando se convoca a una sesión extraordinaria, que recibe ese nombre justamente porque ocurre fuera del periodo de sesiones.

PALABRERÍA

Los diputados inconformes deben dejar de lloriquear y, si tienen convicciones, deben ir a la Suprema Corte. A nadie le sirven sus lamentos y derrotas, si éstos no vienen acompañados de acciones que demuestren sus supuestas convicciones. Para mal de todos, nada asegura que lo hagan.

Congreso no tenía necesidad de aprobar así la ley educativa

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+ Trabajo legislativo a hurtadillas; ¿podrían ir ante la Corte?


El Congreso del Estado no tenía necesidad de aprobar la Ley Estatal de Educación en la forma en que lo hizo. Ello los pone más en la situación de pensar en que hicieron cosas buenas que parecen malas, que en la posibilidad de que hayan cumplido con el mandato constitucional que habían pospuesto al menos 20 meses. No había razón para realizar una sesión subrepticia; tampoco de no convocar a casi la mitad de los legisladores. No había necesidad de pasar un proyecto sin discusión. Y mucho menos de evidenciar que a los diputados no les importa no cumplir con su función deliberativa. Aún en la aprobación, este es el peor escenario posible.

En efecto, la noche del sábado se supo que los diputados llevaron a cabo una sesión dentro del periodo ordinario, con el único punto en el orden del día de discutir la iniciativa de Ley Estatal de Educación. Cumplieron con esa tarea en unos cuántos minutos, porque los legisladores tenían la urgencia de no caer en el desacato a la resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en el sentido de que tenían que aprobar una ley educativa antes de que terminara este periodo de sesiones, que concluye el 15 de abril. Con eso, asestaron un madruguete a la Sección 22, que no estaba preparada para resistir en dicho momento.

El problema, frente a todo eso, está en la forma. Pues resulta que a los pocos minutos de consumada esa tarea, el diputado Jesús López Rodríguez —nada menos que presidente de la Comisión Permanente de Educación de la LXII Legislatura— denunció que los diputados de su bancada no habían sido convocados a dicha sesión. Él mismo, como presidente de una de las comisiones unidas de las que se supone que salió el dictamen, particularmente dijo no haber sido convocado a la sesión. ¿Qué hizo el Congreso entonces?

Eso es, básicamente, un secreto. Hasta la tarde de ayer no se había dado a conocer el contenido de la ley que fue aprobada. Tampoco se supieron detalles de cuál pudo haber sido el mecanismo mediante el cual aprobaron dicha norma. Es posible prever que pudieron haber sido dos posibles rutas, a saber: primera, que las Comisiones Unidas encargadas de elaborar un dictamen, lo hubiesen presentado al Pleno para su aprobación, y que éste haya dispensado toda discusión para pasar de inmediato a la aprobación del dictamen en lo general y lo particular.

La segunda posibilidad —forma legal que quizá hayan utilizado— radicaría en que un diputado habría presentado una iniciativa nueva al Pleno de la Legislatura; que el Pleno, al dar cuenta de la iniciativa, hubiera recibido de algún diputado la petición de que a dicha iniciativa se le diera el tratamiento de “obvia resolución”, que según el artículo 55 de la Constitución local, tiene como efecto que a una iniciativa se le reduzcan o dispensen los trámites de admisión y discusión —efectos de la “urgencia notoria—, pero también que se le pueda dispensar la elaboración del dictamen de comisión correspondiente.

Lo único que se supo es que fue una sesión a la que acudieron 28 diputados, y que 26 de ellos votaron a favor de la iniciativa. Se entiende también que dejaron fuera a los legisladores que, como López Rodríguez, habrían tratado de reventar la sesión, o anticipando a los profesores de lo que iban a hacer, o generando disturbios al interior del recinto legislativo para tratar de que no se llevara a cabo la sesión y/o la discusión de la iniciativa.

OPOSICIÓN REAL

Pronto se sabrá si los diputados que no fueron convocados a esa sesión, según por ser aliados de la Sección 22, tienen de verdad convicciones sobre la inconstitucionalidad de la norma que fue aprobada el pasado sábado. La ruta jurídica que aún tienen abierta es una Acción de Inconstitucionalidad, en la que podrían alegar no sólo las posibles violaciones de fondo a la Constitución de la República, sino también alegar los vicios de forma.

Para ello necesitarían agruparse en una minoría de cuando menos 14 diputados, que corresponderían al 33% de la integración de la Legislatura local. En ello podrían alegar, por ejemplo, la falta de convocatoria, la ausencia de discusión, las irregularidades en el procedimiento legislativo y en el cumplimiento a lo que establecen la Ley Orgánica del Poder Legislativo y su Reglamento, y todo el cúmulo de irregularidades que normalmente cometen los legisladores y de los cuales ya tiene antecedentes el Alto Tribunal, porque fue por esos mismos errores que el 5 de octubre del año pasado le invalidó el Decreto número 1290, que contenía la Ley de Instituciones y Procedimientos Electorales de Oaxaca.

En ese sentido, no es probable que los diputados vayan a una acción de inconstitucionalidad, porque ha quedado claro que las convicciones de muchos legisladores locales es algo sobre lo que precisamente no puede confiarse. Es muy posible que se hayan inconformado más por una posición políticamente correcta frente al magisterio de la Sección 22, que por estar verdaderamente convencidos de que no tenía por qué pasar la ley educativa.

DESAFÍO

Finalmente, muchos de los diputados no comen lumbre y saben que en una cuestión tan delicada como esa no sería fácil enfrentarse a una ley armonizada con la Constitución federal. Lo que sí subsistirá, y será ampliamente impugnable —si hay voluntad política— son los posibles vicios de forma. La Legislatura, en el fondo, de nuevo falló en demostrarle a la ciudadanía que puede hacer su trabajo sin la ventaja de la sorpresa, o de la posibilidad de legislar a hurtadillas, como innecesariamente lo hicieron el pasado sábado.

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¿Por qué el Congreso no abre el diálogo con la Sección 22?

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+ Indispensable, atajar radicalismos que traban ley educativa


Un grupo de la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) nuevamente protestó ayer en la sede del Congreso del Estado, en rechazo a la armonización de la ley estatal educativa con la reforma federal en la materia. La nota distintiva se centró en que ahora los profesores pidieron, con esa manifestación, que los diputados les abrieran las puertas del Congreso para debatir la iniciativa que entregaron como resultado de los foros regionales que ellos realizaron. En lugar de ignorarlos, el Poder Legislativo debió haberles tomado la palabra de debatir tal propuesta.

En efecto, según los profesores que ayer acudieron nuevamente a protestar a la sede legislativa, la iniciativa de ley que presentó la Sección 22 hace casi dos años “contempla las voces del pueblo de Oaxaca”, y es acorde al tipo de educación que requieren las comunidades; “no es una ley a modo” como la reforma educativa que ordenaron los organismos internacionales dueños del dinero, que quieren ciudadanos que no piensen ni analicen, dijo Angélica García Pérez, al tiempo de asegurar que ellos quieren “ciudadanos que piensen, que analicen, que sean factores del cambio de la sociedad en la que viven para mejorarla”. Los profesores estuvieron algunas horas a las afueras del Congreso, pero nadie ahí hizo eco de su llamado a ser recibidos y a debatir las propuestas existentes respecto a la ley educativa estatal, que —según— debe ser emitida antes de que concluya la semana próxima.

¿Por qué el Congreso debió abrirles la puerta? Irremediablemente debía hacerlo las veces que fuera necesario, justamente porque el Congreso local es el foro idóneo para la discusión de ideas y propuestas, cuando éstas existen. ¿Cuál es el problema? Que todo parece indicar que, por parte del magisterio, apenas están cayendo en la cuenta que eso que están solicitando es justo por lo que debieron apostar desde el inicio de sus movilizaciones respecto a la ley educativa. Lo más grave, es que parece que de parte del Congreso nadie les toma la palabra de debatir justamente no hay quien tenga las ganas y la preparación suficiente como para debatir con seriedad un tema como éste.

Es claro que, en el caso de los profesores de la Sección 22, hay una escasa capacidad reflexiva, y que todo eso se refleja en sus tardías y desatinadas estrategias de lucha. Cualquier persona habría apostado desde el inicio a defender su iniciativa dialogando y debatiendo desde el primer momento. Ellos prefirieron la movilización y la fuerza, y en ello perdieron la oportunidad histórica de lograr la emisión de una ley impulsada por ellos y consensada con las fuerzas políticas a las que habría convencido —no sometido— de que su iniciativa era la más viable. Hoy, como erraron en aquel camino inicial, ya no tienen la fuerza para conseguir el diálogo, y más bien lo están implorando hasta con quienes debía ser natural debatir.

CONGRESO MUDO

Lo que llama la atención es que el Congreso local sea totalmente impermeable a los llamados de la Sección 22. Es claro que los profesores tienen aliados dentro del Congreso; es también claro que esos aliados son los que reiteradamente los han “alertado” sobre la posible discusión legislativa de algún dictamen de reforma educativa; e incluso es claro que varios de los integrantes de la Comisión Permanente de Educación —comenzando por el diputado Jesús López Rodríguez— se han pronunciado de forma franca por la alianza con el magisterio oaxaqueño. Si tienen todo eso, ¿por qué entonces nadie los recibe para debatir, o al menos para considerar sus puntos de vista en la construcción de los términos de la reforma educativa?

En realidad parece que en el Congreso nadie tiene ganas, ni capacidad para discutir este tema. No tienen ganas, porque es claro que hoy en día la gran mayoría de los legisladores locales se encuentra embriagado de los ánimos electorales; los coordinadores de las bancadas están en francas actividades de campaña, lo mismo que varios diputados que ahora pretenden ser legisladores. Pero se supone que al margen de eso tendría que haber legisladores preocupados no sólo por defender las posturas del Congreso, sino incluso por incluir las consideraciones de un bloque como el magisterial, en la discusión de un tema tan trascendente como la reforma educativa. El problema es que no tienen ganas.

Y, de hecho, aún hay más de fondo. Es claro que los legisladores tampoco reciben a los profesores de la Sección 22 del SNTE, porque recibirlos implicaría discutir y debatir un tema que en realidad los legisladores no conocen. De hecho, el propio diputado Jesús López Rodríguez —aliado de la 22— no tiene claros cuáles serían los términos de una reforma afín al Estado, o afín al gremio magisterial. Por eso, simplemente no podría debatir.

Al final, quien pierde es Oaxaca porque este sigue siendo un agobiante diálogo de sordos. Todos vociferan, pero en realidad nadie se está entendiendo y, lo más trágico, nadie tiene ganas de que haya entendimiento.

SUSPICACIAS

Qué mala decisión de Eviel Pérez Magaña de aceptar la coordinación de la campaña priista a la gubernatura en Oaxaca, cuando tenía en puerta la negociación de un cargo federal. Por donde se le vea, la decisión de asumir la responsabilidad en la administración federal resulta un foco de suspicacias y golpeteos políticos por todos lados: mina la campaña proselitista, que necesita certezas y no dudas; mina al gobierno federal, que aparentó legitimar a un mapache. ¿Tanta es la imprudencia? ¿O tanta la codicia por los cargos?

¿Por qué Registro Civil permite que desacrediten su legitimidad?

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+ “Actas actualizadas”: golpe en la médula a la certeza de registros


En Oaxaca es común —pero grave— que casi para cualquier trámite ante instancias públicas o privadas en las que se involucra alguno de los atestados que expide la Dirección del Registro Civil, exista la práctica de solicitar “actas actualizadas”. Esta es una práctica que, además de ser indebida e ilegal, no hace sino poner en duda la propia certeza jurídica y oficial que debería regir a cualquier documento expedido justamente por la instancia encargada de mantener los registros de la vida civil de las personas.

En efecto, a estas alturas los oaxaqueños estamos acostumbrados a la práctica de las llamadas “actas actualizadas”. Esto lo hacen casi todas las autoridades que para algún trámite solicitan actas de nacimiento, de matrimonio o de defunción, y lo hacen por un falso imperativo de la autoridad para determinar la legitimidad y la “actualidad” del documento referido. En muchos casos, esa dejó de ser una práctica para convertirse en una especie de requisito extralegal que, sin embargo, resulta insalvable cuando se trata de alegar la razón por la que se pide dicho documento “actualizado”.

En ese sentido, el Código Civil señala que el estado civil de las personas sólo se comprueba con las actas y sus certificaciones, inscritas y expedidas por el Registro Civil en los términos previstos en el artículo 52 del Código. Ningún otro medio de prueba, dice la norma en comento, es admisible para ese efecto, salvo los casos expresamente previstos por la Ley. Además, dice también el Código, las actas del Registro Civil se asentarán en formatos especiales que contendrán los datos propios de cada acto.

¿Para qué establece el Código Civil todos esos requisitos para el asiento de registros de la vida civil de las personas, y para la expedición de copias certificadas de dichos actos? La respuesta lógica es que establece todas esas medidas justamente para que cualquier atestado expedido por el Registro Civil tenga plena validez y certeza al surtir efectos frente a terceros —los particulares—, y naturalmente cuando esos documentos se presenten ante el propio Estado para la prestación de algún servicio público.

Frente a todo eso, resulta un claro contrasentido que en prácticamente todas las dependencias del propio gobierno se mantenga la práctica —ante la omisión o complicidad del propio Registro Civil— de solicitar las llamadas “copias actualizadas”, como si la emisión de un año u otro representara la variación o la mejora de un registro que corresponde únicamente a las personas.

En el fondo, parece que más bien dicha exigencia tiene que ver con un ominoso ánimo recaudatorio para que la gente recurrentemente se vea en la necesidad de solicitar copias “actualizadas” de una misma copia certificada de sus registros; con una práctica propia de las complicaciones burocráticas; o con el fomento —impulsado quién sabe si cándida o deliberadamente— desde el propio Registro Civil, de la desconfianza a sus registros de los actos de la vida civil de las personas.

¿Y EL REGISTRO CIVIL?

Cuando una institución pública tiene certeza de los actos que realiza, no establece como requisito el refrendo periódico de los documentos que prueban dicho acto. Por ejemplo, una escritura pública tiene el mismo valor desde su emisión, independientemente del tiempo que haya transcurrido desde que fue asentada. Si esto es así, ¿entonces por qué la Dirección del Registro Civil, a cargo de Clarivel Rivera Castillo, permite que las certificaciones que ellos expiden, sean escandalosamente ninguneadas con la exigencia de “documentos actualizados”?

Eso es lo que ocurre cuando otras instancias, como el Instituto Estatal de Educación Pública, las instancias de salud, o la propia administración estatal, exigen que las personas que realizan algún trámite que involucra alguna de sus actas expedidas por el registro civil, sean ya no sólo del año en el que se realiza el trámite, sino que llegan a la exageración de exigir —so pena de no admitir el trámite— que el atestado haya sido expedido el mismo mes en que se realiza el trámite.

Esta es una práctica ilegal, que sin embargo todos aceptan. Todos juntos pasan por alto que justamente por eso, el Código Civil establece los mecanismos para el cuidado de la certeza jurídica de las testimoniales que expide sobre los registros que obran en sus archivos. Más aún, pasan por alto que el artículo 121 de la Constitución de la República establece que en cada entidad federativa se dará entera fe y crédito de los actos públicos, registros y procedimientos judiciales de todas las otras; y que, expresamente, establece que los actos del estado civil ajustados a las leyes de una entidad federativa, tendrán validez en las otras.

CÓMPLICES

¿Por qué si esos actos del estado civil —y sus accesorios, como son los atestados que prueban la existencia de esos actos— tienen una validez general no condicionada por cuestión alguna, aquí se permite, se tolera y se fomenta la práctica de las “actualizaciones”? ¿Cuál es el fundamento legal de esa práctica, que la propia Dirección del Registro Civil debería combatir frontalmente nada más para cuidar su propia dignidad y legitimidad como institución encargada de resguardar la certeza de los actos de las personas? ¿O qué hasta ellos están tan inseguros de los actos que registran, que por eso fomentan y permiten esa abominable práctica que sólo entorpece trámites y hace a los particulares desperdiciar tiempo y recursos inútilmente?

Avilés debe dejar la diputación para dedicarse al PRI

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+Norma educativa, atorada; compromisos, incumplibles


Con seriedad, Alejandro Avilés Álvarez debía considerar la posibilidad de solicitar licencia a su cargo de diputado local, para dedicarse de lleno a su labor como presidente del Comité Directivo Estatal del PRI. Más allá de los egos y los ánimos de concentración de poder, es claro que sus dos responsabilidades actuales son incompatibles, y que el compromiso con su partido y su candidato debieran estar por encima de los temas coyunturales. Hay varias razones que debería considerar. Y de hacerlo, Avilés tendría que dejar, o el PRI, o el Congreso.

En efecto, el pasado sábado Avilés fue ungido como dirigente priista, en un acto tan subrepticio que no fue sino hasta algo natural en su personalidad como político. Al mismo tiempo, Avilés ocupa una diputación local, es coordinador de su bancada en el Congreso local, y además es integrante de la Junta de Coordinación Política, en una LXII Legislatura que se ha caracterizado por su complejidad e inoperancia. En eso, sin embargo, no radica el imperativo de abandonar su cargo, sino en el hecho de que la misma campaña lo está poniendo en una especie de callejón sin salida. ¿De qué hablamos?

De que en el Congreso están atorados varios temas que son fundamentales para Oaxaca y también para la campaña priista que ahora él conduce formalmente como dirigente del PRI. El más trascendente de esos temas es el relacionado con la reforma educativa, que sigue atorada en el recinto legislativo y que, según parece, no tiene forma de remediarse en el futuro cercano.

Es evidente que Avilés no es el único responsable de ese atorón —al final, la responsabilidad política se prorratea entre todos los líderes de los grupos parlamentarios—, pero sí recae en él la responsabilidad de la inmovilidad de su bancada. Sea como sea —incluso con la resistencia de la totalidad de las fuerzas de izquierda— el PRI sí podría conseguir los votos suficientes para la emisión de una Ley Estatal de Educación que llevara a Oaxaca a superar el problema político-constitucional en el que se encuentra actualmente por la no armonización de las normas educativas.

En ese sentido, una salida provisional —que no ha aportado Avilés, con toda su experiencia política— podría ser la emisión de una ley educativa de transición hacia el siguiente régimen; pero con la suma de sus votos, y de algunos diputados de otras fuerzas que sí apoyarían una norma definitiva, el PRI podría conseguir los 22 votos que necesita —ellos tienen 18, y sólo necesitarían cuatro, que sí pueden conseguir— para lograr la aprobación de dicha norma. Evidentemente, no lo hacen, porque no quieren pagar el costo político de provocar a la Sección 22. Pero al no hacerlo le trasladan el problema al siguiente gobierno, que probablemente encabece el actual candidato de su partido.

VER AL FUTURO

La ley educativa es sólo el más visible de varios problemas que enfrenta la LXII Legislatura en general, pero que recaen en Avilés en su doble papel de dirigente priista y de coordinador de su bancada en el Congreso local.

El lunes, por ejemplo, el propio abanderado priista a la gubernatura, Alejandro Murat, anunció en el noticiario radiofónico del periodista Humberto Cruz, que solicitará a los diputados en funciones, que aprueben una reforma a la legislación local que establezca un Sistema Anticorrupción más robusto, y que establezca entre sus disposiciones iniciativas como la llamada “3de3”, para que todos los servidores públicos en su administración, tengan el deber de presentar sus declaraciones patrimonial, de impuestos y de posible conflicto de interés.

Frente a esto, si Avilés ha demostrado que a pesar de haber estado supuestamente de lleno en su actividad parlamentaria, no fue capaz de sacar varias iniciativas de ley que finalmente le habrían servido mucho más a la próxima administración del gobierno estatal —en la que el PRI tiene importantes posibilidades de ganar—, que a la actual que prácticamente va de salida. ¿Qué podría decir Avilés a su favor, frente a un planteamiento tan concreto como el anunciado el lunes por el Candidato a Gobernador del PRI, pero unos resultados legislativos que son en general tan pobres como los de la LXII Legislatura?

De hecho, en las democracias maduras ha ido creciendo la idea de la incompatibilidad natural y política entre los cargos legislativos, y los de orden político. Esto debería acentuarse en escenarios en los que ambas responsabilidades revisten tantos problemas y asuntos pendientes —como es el caso de Oaxaca— como para que una sola persona tenga ambos deberes y de entrada no exista la certeza de que habrá de dedicar todo su tiempo y capacidades a uno solo de ellos.

Así, por una cuestión de congruencia y responsabilidad con las tareas que le han sido encomendadas, Avilés tendría que definir con seriedad cuál de ellas quiere y puede cumplir, y cuáles debe delegar a otros personajes de la política estatal y de su partido, para que le den seguimiento al trabajo legislativo que finalmente habrá de beneficiar a su partido y a la entidad.

DEMOSTRAR RESPONSABILIDAD

Este tendría que ser un momento decisivo, en el que un personaje tan polémico y cuestionado como Alejandro Avilés diera muestra de seriedad y madurez, y asumiera la actividad política más allá de las coyunturas o de lo que puede resolver sólo en el corto plazo. No hacerlo puede provocarle, al final, más pérdidas que beneficios no a él, sino a su partido y su candidato.

2016: disputas y el agotamiento del sistema de partidos

Elecciones

+ Abuso de choque electoral: no es práctica, sino tiempos


 

Más allá de la especulación y los chismes que abundan en el ambiente político actual, tanto en Oaxaca como en el ámbito nacional debía haber una preocupación genuina: todos —partidos políticos, facciones, dirigentes formales, jefes políticos y candidatos— deberían comenzar a preocuparse por las importantes señales de agotamiento que comienza a presentar nuestro sistema democrático. El abuso de las prácticas nocivas, del choque violento, de las inmoralidades políticas y acuerdos inconfesables, y de las descalificaciones entre competidores electorales, están en vías de provocar un colapso del que nadie parece percatarse.

Por principio de cuentas, pareciera que el escenario —y la arena— electoral de 2010, es en nada distinto a los del pasado. Ahora, como antes, las fuerzas políticas definieron sus estrategias y a sus abanderados, de acuerdo a sus prácticas antidemocráticas de siempre; están preparándose para ir al proceso electoral formal, valiéndose de recursos y fuentes de financiamiento indebidas pero con posibilidades de ser “legalizables”; afinan, cada una desde su trinchera, los obuses, escándalos mediáticos y revelaciones que harían caer de las preferencias electorales a sus oponentes; e incluso, en Oaxaca y en el ámbito nacional, hoy se sabe cierta la existencia de un acuerdo escrito y formal entre las dos fuerzas políticas más importantes del país —PRI y PAN— para la no realización de alianzas electorales.

Cualquier político avezado podría asegurar que es errado hablar de un agotamiento del sistema democrático, porque las prácticas antes descritas han prevalecido desde siempre, sin provocar un desgarramiento del tejido que sustenta a la democracia electoral en México. Lo que no parece tomarse en cuenta, es que 2010 no es 1988, 1994 e incluso el año 2000; que la sociedad de hoy no es la misma que la de hace una década y media. Y que hoy, como nunca antes, el ciudadano común comienza a cuestionar con energía la existencia de prácticas que son nocivas para cualquier democracia.

Es evidente que hoy los partidos políticos, y sus dirigentes, no parecen tomar en cuenta esas variantes. Por esa razón, desde hace más de medio año, el PAN ha buscado alianzas con sus otrora enemigos recientes; por eso el PRI se ha encargado de descalificar esas coaliciones aduciendo razones morales e ideológicas de las que tampoco ellos han sido un modelo a seguir. Y todos juntos han entrado en la ruta de las descalificaciones mutuas, los amagues sobre la revelación de escándalos de corrupción, y los señalamientos encaminados a que el elector desestime la entereza política o la moralidad de una u otra fuerza partidista.

El problema, en realidad, es que esa vorágine de prácticas nocivas, se presenta hoy ante una sociedad que cuestiona mucho más que antes. Lo verdaderamente preocupante de toda esta situación, es que mientras las fuerzas juegan a la descalificación y ponen en práctica las estrategias duras de siempre, el ciudadano hoy ha optado por cuestionar no sólo a los partidos o sus candidatos, sino al sistema mismo que ya mira con desconfianza, y con la idea de que más allá de los colores y las descalificaciones, todos incurren en la misma práctica.

¿Cómo asegurar lo contrario, si en una u otra medida hoy el PRI, PAN y las fuerzas de izquierda (PRD-PT-PC) son parte del mismo juego de espejos, verdades a medias y descalificaciones? ¿Cómo creer que, en todo eso, uno es menos responsable que otro, si todos han participado de lo mismo? ¿Cómo dejar de entender al ciudadano que no vota, que anula su boleta electoral, o que deja en blanco la papeleta, por una fundada desconfianza al partido y los candidatos que, según ellos, lo “representan?

Lamentablemente, el escenario —local y nacional— deja ver que ese es el rumbo que lleva, en su conjunto, el sistema de partidos. Poco pueden hacer los defensores de la democracia electoral, frente a la ola de afrentas y descalificaciones que han puesto en práctica —y que preparan— las fuerzas políticas como estrategias de campaña. Si esto no cambia, dentro de no mucho tiempo nuestro sistema democrático comenzará a agotarse. Y sin una transformación efectiva en la práctica política, las reformas legales seguirán, como hasta ahora, sirviendo sólo para el autoengaño de quienes las promueven.

¿Y LAS PROPUESTAS?

Otro de los grandes problemas, en este sentido, es que las fuerzas políticas no han dejado de privilegiar la descalificación, por encima de la propuesta efectiva de gobierno y, en su caso, de Estado. En el caso de Oaxaca, los partidos en disputa paulatinamente comienzan a arreciar el choque y el encono electoral, sin que hasta ahora se haya presentado, más allá de la declaración demagógica coyuntural, un solo viso del proyecto de gobierno que le urge a la entidad, entre quienes pretenden erigirse en Gobernador del Estado.

Lo mismo ocurre en el ámbito nacional. A nivel de partidos, éstos han comenzado su configuración estratégica rumbo a los dos años que siguen. El PAN, por ejemplo, sabe que el enemigo a vencer ya no es el PRD, sino el PRI; así, perredistas y panistas insisten en su unión, porque saben que ese es el único camino para hacer un papel decoroso en los procesos electorales que se avecinan. Y los tricolores hoy apuestan todo a la estrategia mediática y electoral que les permita conservar el poder donde ya lo tienen, y hacerse de él donde son oposición.

Todo esto parece lógico. Sin embargo, los mexicanos hemos corroborado una y otra vez el altísimo costo que paga un país —o una entidad federativa— por tener un gobierno sin proyecto y, por lo tanto, sin rumbo. El problema es que, hasta ahora, eso es lo que menos les preocupa a quienes tienen en sus manos la parte activa de los procesos democráticos. En su lógica, primero hay que obtener el poder, para después ver qué se hace con él. Y esa visión demagógica, es la que ha llevado a improvisar estrategias, programas y “rumbos” del gobierno, que al final terminan siendo fiascos de altos costos para el territorio y la sociedad en que se ejecutan.

¿QUÉ RUMBO?

Hoy las fuerzas de izquierda se enfrentan a una situación inédita: entre ellas reniegan de la continuidad de los gobiernos emanados de ellas. Es exactamente lo que ocurre en Oaxaca. Una “izquierda” habla de la consolidación de una transición democrática que existe sólo en sueños. La otra, del PT, habla de perseguir a los corruptos que son de su mismo cuño –aunque renieguen-. ¿Entonces?

Inician las campañas: ¿entienden que nadie quiere más confrontación?

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campañas

+ Discurso debe salir de los “qués” para darle prioridad a los “cómos”


Ayer iniciaron las campañas, y varias dudas surgen sobre qué tan claros están los abanderados de los distintos partidos sobre lo que queremos, y lo que necesitamos, los oaxaqueños. En los discursos de arranque de campaña predominaron los lugares comunes, pero hubo un ayuno total de ideas sobre la verdadera situación en la que se encuentra Oaxaca, y lo que los ciudadanos esperamos de la clase política. Basta con bajarse un momento del triunfalismo electoral, y reparar en qué necesita la ciudadanía.

En efecto, ayer se llevaron a cabo varios eventos de apertura de campaña en la capital oaxaqueña, y en cada uno de ellos la ciudadanía no escuchó sino lo mismo de siempre: que “vamos por un cambio”, que “es hora de acabar con la corrupción”, que ˝haremos un gobierno honesto y transparente”, que “ya basta”; que “iremos a combatir a los corruptos”; que “habrá transición a la democracia”; o incluso los que prometieron cambiar todo casi mágicamente, como si un mejor gobierno fuera sólo un asunto de voluntad y no de los cambios estructurales que se necesitan.

Frente a eso, hay una pregunta base: ¿los candidatos entienden de verdad la situación por la que atraviesa Oaxaca? Porque tal pareciera que varios de ellos estaban esperando el inicio de las campañas como si fueran boxeadores esperando el sonido de la chicharra para ir a pelear el primer round. Es evidente que toda campaña necesariamente debe venir acompañada de cierta dosis de rudeza, de morbo y hasta de bajezas. Pero en el caso de Oaxaca parece que nadie recuerda que hace apenas una década —diez años son nada, si de confrontaciones se trata— la propia ciudadanía oaxaqueña fue arrastrada a una crisis social profunda, que si bien fue provocada por grupos políticos y de presión, fue la ciudadanía quien terminó pagando las consecuencias de ese enfrentamiento entre grupos.

En ese sentido, ¿nadie comprende que lo que menos necesita Oaxaca es un clima de ajuste de cuentas? Pareciera, además, que las campañas tienen ese ánimo general de querer ir a picar un pleito añejo para seguir medrando de la pus que todavía le sobra al conflicto magisterial y a la confrontación entre ciudadanos. Lo más grave es que cada actividad de campaña en la que se apela a la confrontación, al odio, al ajuste de cuentas o a la revisión estéril del pasado, es un espacio que se pierde para hablar de las cosas que se supone que se van a hacer para revertir o mejorar la situación social o económica en la que se encuentra la ciudadanía.

Por eso, a estas alturas ya no sólo parece una pérdida de tiempo, sino una verdadera acción intencional, la de insistir en una campaña negativa cuando Oaxaca impone muchísimo trabajo que rebasa por mucho la maniquea intención de querer ubicarse en el bando de los buenos, para desde ahí incriminar y reprochar al bando contrario, como si este fuera una confrontación entre dos personas, y no el destino de una entidad federativa completa y compleja como Oaxaca. Al final, una ciudadanía demandante y madura debía rechazar esos burdos intentos y exigirle a sus candidatos no los “qués”, sino los “cómos” para enfrentar una realidad tan compleja como la nuestra.

LO SUSTANTIVO

Oaxaca tiene problemas muy concretos, que son los mismos que hace diez años eran un problema, y que de no atenderse lo seguirán siendo en las décadas siguientes. Estos son, básicamente, los siguientes y en torno a eso deberían rondar las respuestas y las propuestas de los candidatos en campaña.

  1. a) Gobernabilidad. Cualquier candidato que quiera asegurar con seriedad que hará algo por la gobernabilidad del estado, debería comenzar por decir cuál será su trato con las organizaciones sociales, con los “sindicatos” de organizaciones populares, y con los grupos de presión. No es un problema nuevo: las más de quinientas organizaciones de lucha social han hecho al gobierno un verdadero rehén de sus pretensiones y chantajes económicos y políticos. Esto va desde las organizaciones de taxistas en las regiones, pasando por los “sindicatos” (el Sindicato Libertad es muestra fehaciente de ello), que no tienen ninguna forma legal pero que igual presionan y condicionan el trabajo de los demás al cumplimiento de sus pretensiones, hasta las verdaderas organizaciones de clientelas políticas que medran con la pobreza en los pueblos, pero traen a la gente de las comunidades a presionar al gobierno cuando éste no les cumple sus caprichos traducidos en apoyos económicos, proyectos productivos o dádivas clientelares. Los candidatos deberían responder: ¿Cómo cambiaría eso?
  2. b) Educación. Oaxaca, a pesar de la expropiación del IEEPO a la Sección 22, sigue enfrentando un problema educativo de largo plazo. Pasará mucho tiempo antes de que el magisterio democrático decida plegarse a las nuevas disposiciones constitucionales, y mientras todo se seguirá manteniendo gracias a la espada de Damocles que significan los descuentos y los despidos. Fuera de eso, no hay forma cercana de un entendimiento real y civilizado entre el gobierno y el magisterio. ¿Qué plantean los candidatos hacer al respecto, y cómo lo harían?
  3. c) Inmovilidad económica. Esto ocurre, sí, por la falta de dinero privado circulando en Oaxaca a través de empresas, empleos y riqueza no proveniente del gobierno. Pero en los últimos años, esto se ha combinado con una interminable incapacidad del gobierno para manejar sus recursos bien, a tiempo, y equitativamente. Todos los sectores, todos, se quejan de la inmovilidad económica y de la falta de crecimiento real en el empleo, en los salarios, y en la incapacidad de crecimiento de quienes deciden emprender prácticamente desde cualquier sector de la economía. ¿Cómo van a destrabar esa inmovilidad?
  4. d) Gula política. Parece que por doquier, no hay forma de hacer algo sin que se le vea el matiz político. Y evidentemente, es un imperativo lograr que la mezquindad no sea el común frente a la necesidad de crecer. Y esa es, justamente, una condición que deviene de un clima de concordia que, digan lo que digan, no existe en Oaxaca. ¿Qué harán para que eso ocurra?

MUCHOS RETOS

No debe ser una petición al aire que los candidatos dejen los lugares comunes y se dediquen a hacer lo que se supone que debe ocurrir en un tiempo de campaña: proponer, demostrar proyecto y conocimiento; ganar la confianza de la gente. Pero debe hacerse con planteamientos sustantivos, no con las promesas de papel que tantas veces han sido repetidas sin resultado alguno.

¿Qué pasa si LXII Legislatura no armoniza la ley educativa?

Ley Estatal de Educación

+ Vencimiento del plazo, generaría sanción moral, no jurídica


Es entendible que exista la idea de que si los diputados de la LXII Legislatura no cumplen con la armonización de las normas educativas locales con la Constitución federal, la Suprema Corte de Justicia de la Nación les retire la inmunidad constitucional que los protege, y los consigne ante la autoridad judicial. Es entendible sólo en la medida en que la situación en que se encuentra Oaxaca respecto a la armonización educativa reviste un grado importante de complejidad y particularidades que no son comunes. Es por eso que vale la pena entender qué puede pasar en realidad si los diputados llegan al 15 de abril —fecha límite que les dio la Corte para armonizar— sin emitir una nueva ley educativa local, acorde con la legislación federal.

En efecto, hace casi dos años, el 14 de abril de 2014, el Presidente de la República presentó ante la Suprema Corte sendas controversias constitucionales por la aplicación indebida de la reforma educativa en cuatro entidades: Oaxaca, Michoacán, Chiapas y Sonora. El rasgo común —se informaba en aquellos momentos— es que los congresos locales y/o el gobernador han autorizado beneficios para el sindicato de la educación, particularmente lo que se refiere a la evaluación de los maestros.

“En los estados en donde el Ejecutivo acusa omisiones y excesos para la aplicación de la reforma hay una importante actividad de los maestros que se opusieron a esta enmienda constitucional, especialmente Oaxaca, Chiapas y Michoacán, bastiones de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación”, informaba una nota de La Jornada de aquella fecha, al tiempo que remarcaba: “En el caso de Oaxaca el Ejecutivo subrayó que hay una ‘omisión total’ para armonizar la legislación local a los preceptos constitucionales en la materia”.

“En caso de que los ministros le den la razón al Ejecutivo, Oaxaca deberá emitir las leyes locales de inmediato acorde a la reforma constitucional, y en los tres estados se ordenaría la expedición de normas que cumplan con el mandato de la Carta Magna”. La controversia constitucional presentada en contra del estado de Oaxaca fue abordada por la Corte en el mes de septiembre del año pasado, resolviendo en términos general en el sentido de que el Ejecutivo y el Congreso del Estado de Oaxaca eran responsables por la omisión de emitir la legislación correspondiente. Junto a eso, la Corte les dio un plazo de seis meses —que vence dentro de 14 días— para emitir la legislación.

Frente a este conjunto de hechos y acciones judiciales surgen dos preguntas importantes: primera: ¿Es de verdad posible, en términos jurídico-constitucionales, que en México el sistema jurídico y político den la posibilidad de que la federación obligue a una entidad federativa a emitir una norma?; y segunda: ¿Cuál es la ruta jurídico-constitucional para sancionar una misión legislativa, como la que prevalece en el estado de Oaxaca respecto a la legislación educativa federal?

RUTA JURÍDICA

El Poder Judicial de la Federación estableció, en una tesis aislada, que para declarar la inconstitucionalidad por omisión legislativa, el juzgador deberá revisar que: a) exista un mandato normativo expreso (de la Constitución, de un tratado internacional o de una ley), luego de la declaración en la norma “programática”, en la que se establece un derecho fundamental dotado de contenido y alcance, requiera de complementación “operativa” en las leyes o acciones conducentes; b) se configure la omisión del cumplimiento de tal obligación por parte del legislador o funcionario competente de cualquiera de los órganos públicos; y, c) la omisión produzca la violación de un derecho o garantía. (Registro: 2005186).

Esto es exactamente lo que ocurre en el caso de la armonización educativa en Oaxaca. ¿Qué sanción amerita? En otras tesis jurisprudenciales, la Suprema Corte ha resuelto que la no armonización de las leyes locales al contenido de una disposición constitucional federal constituye una omisión legislativa de carácter absoluto en el desempeño de una facultad o competencia de ejercicio obligatorio, lo que genera una violación directa a la Constitución Federal que subsiste, mientras el Congreso local no haya subsanado la omisión.

Ahora bien, regresemos a algunas palabras clave enunciadas en líneas anteriores, para tratar de hallar una ruta a la aparente imposibilidad de control constitucional que traería aparejada la omisión legislativa: violación directa a la Constitución Federal. ¿Cómo se sanciona esto?

Dice el último párrafo del artículo 110 de la Constitución de la República: “los gobernadores de los estados, diputados locales (…) solo podrán ser sujetos de juicio político en los términos de este título por violaciones graves a esta Constitución y a las leyes federales que de ella emanen (…) pero en este caso la resolución será únicamente declarativa y se comunicará a las Legislaturas locales para que (…) procedan como corresponda”.

Es particularmente importante lo que dice en la última parte: que un posible juicio político llevado a cabo por el Poder Legislativo federal en contra de los diputados locales, tendría únicamente efectos declarativos. Y en el caso que nos ocupa sería improbable, y quizá hasta imposible, primero, que se les iniciara juicio político a los 42 diputados juntos; y segundo, que una vez declarada su responsabilidad ante el Congreso federal —y comunicada al Poder Legislativo local, que es integrado por ellos mismos—, los diputados locales oaxaqueños determinaran su propia destitución e inhabilitación, con lo que además se estaría en la situación de facto de la disolución de uno de los poderes del Estado.

Todo esto, sin considerar el hecho de que antes de ver todo eso, habría que revisar si la omisión legislativa puede considerarse como una violación grave a la Constitución individualizada para cada diputado, cuando según el artículo 59, fracción I, de la Constitución de Oaxaca, es facultad colegiada del Congreso del Estado, y no de cada diputado, “dictar leyes para el gobierno interior del Estado…”.

LA RUTA: RESPONSABILIDAD

Esto nos da una idea clara: la Corte no puede desaforar, ni consignar a los diputados si no armonizan. No puede hacerlo porque la ruta para ello es a través del juicio político, que está en manos del Congreso federal, y no de la Corte. Por eso, más que sanciones, lo que hay que exigir es responsabilidad de los diputados para hacer lo que les corresponde.