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Es terrible que el Estado desconfíe en las instituciones de justicia

Murillo Karam

+ Gobierno debe reforzar indagatoria por normalistas, no transferirla


Es terrible para cualquier Estado que se jacta de democrático y garante de la ley, que tanto sus ciudadanos como su gobierno desconfíen de sus propias instituciones. Eso es exactamente lo que ocurre cuando está a punto de cumplirse un año de la detención-desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, y pareciera que el gobierno federal, los padres de los desaparecidos, y las instancias internacionales involucradas, apuestan a que sea una comisión o fiscalía ex profeso la que indague los hechos. Al parecer, nadie —ni el mismo Estado— confía en las instituciones del Estado.

En efecto, hoy nadie cree la llamada “verdad histórica” que construyó la Procuraduría General de la República desde hace más de nueve meses, gracias a un grupo de investigación internacional, que más parece haber venido por una consigna política que por tratar de realizar una indagatoria seria; mientras, los padres de los normalistas —quién sabe si accidental o deliberadamente— siguen confundiendo la responsabilidad internacional del Estado con lo criminal. Y el resultado es que un año después de esa tragedia nadie en México puede siguiera sostener alguna versión creíble y comprobable de los hechos y por eso pareciera que todos quieren descansar transfiriendo el deber de la investigación a una instancia —nacional o internacional— creada ex profeso.

¿Por qué lo quieren así? En un primer momento, pareciera que el gobierno federal está decidido a sostener la responsabilidad de la investigación, más por una cuestión de deber y decoro, que por estar verdaderamente convencido de que puede llegar a configurar una hipótesis comprobable de cómo ocurrieron los hechos. La PGR ha dicho que sus investigaciones sobre el destino de los desaparecidos cuentan con el aval de expertos de la UNAM y el Instituto Mexicano del Petróleo, y sin embargo titubeó en el instante mismo en que el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) presentó sus primeras conclusiones de una investigación paralela.

No se trataba de que ambas hipótesis, y sus mecanismos de verificación, entraran en una ruta de choque. Más bien de lo que se trataba es de que cada uno lograra sostener no sólo sus argumentos, sino la base científica a través de la cual llegaron a ellas. Unos y otros no pudieron hacerlo a cabalidad, y por eso entraron en una polémica en la que ganó no la contundencia de las pruebas del GIEI sino el antigobiernismo y el escepticismo de una gran porción de la sociedad mexicana, e incluso de la comunidad internacional.

Por eso, en el fondo pareciera que la PGR está tratando de construir un escenario en el que, en algún momento, pueda construir una ruta encaminada a generar una instancia ex profeso para la investigación, o más aún, constituir una Comisión de la Verdad o ceder la jurisdicción de la investigación a una instancia internacional. Así, pareciera entonces que el mismo Estado dejó ya de creer en sus propias capacidades de esclarecer un hecho de naturaleza compleja como la desaparición de los 43 normalistas, y por eso, en su desánimo, podría en algún momento llegar a tener la convicción de entregar la investigación incluso en aras de que otros la desahogaran, para que el pueblo mexicano —no todos: sólo sus detractores— y la comunidad internacional creyese las conclusiones a que llegara la misma.

LA OPOSICIÓN NO REPARA EN EL DAÑO AL ESTADO

En los últimos días, los padres de los normalistas, y hasta algunos partidos de oposición al gobierno federal, han deslizado la posibilidad de que se cree una fiscalía especializada dentro de la PGR para investigar esos hechos; y otros han considerado que es necesario que sea una instancia internacional como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos la que se haga formalmente a cargo de las investigaciones para que entonces se “garantice” la imparcialidad y la profesionalidad de las conclusiones a las que se llegue.

Esa duda, y la intención, tienen exactamente la misma naturaleza que la incredulidad de la PGR. Ellos —y eso es natural— tampoco creen en el Estado. Pero no creen, no porque verdaderamente tengan dudas fundadas de lo que puede revelar o esconder la investigación ministerial, sino que dudan por una cuestión de formación política y de posición sistemática. Es decir, dudan porque tienen que dudar; y una vez resuelta esa primera situación, sólo han ido buscando los argumentos —a veces coyunturales, a veces de fondo— para justificar su posición contraria.

La oposición, y sus grupos radicales, no reparan en que el Estado mexicano es mucho más que el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, y que ellos estarían terminando de pavimentar una incredulidad que más temprano que tarde llegaría a afectarlos a ellos mismos, si en los siguientes comicios ganan la Presidencia de la República.

Esta tendencia le hace mucho daño al Estado. No tendría por qué haber una fiscalía especial, o una comisión de la verdad, y mucho menos la necesidad de una investigación conducida desde el extranjero, cuando se supone que tenemos instituciones fuertes de procuración de justicia. Si haber más serenidad, más sentido de Estado, y menos manipulación, y frente a la posibilidad de instituciones débiles o poco confiables, lo que debiera estar ocurriendo es una exigencia unánime de que esas instituciones nacionales superen sus deficiencias y realicen una investigación ejemplar que pueda ser sostenibles frente a cualquier tipo de argumento en contrario.

Pensar en esas posibilidades que hoy se barajan a punto de cumplirse un año de la desaparición de los normalistas, no hace sino alimentar la desconfianza que sirve de alimento diario a los grupos que sólo quieren oponerse sin tener convicción alguna por conocer la verdad. Y entre esas dos situaciones, hay un mar de distancia que es en donde hoy podría comenzar a ahogarse la verdad real sobre la desaparición de los normalistas.

SÍ, FUE EL ESTADO

En un primer momento, se deben deslindar responsabilidades y castigar a los criminales que, desde el Estado o con su aquiescencia, perpetraron ese horrendo crimen. Sin embargo, se juzgue por secuestro o por desaparición forzada, de todos modos el Estado tendrá después que enfrentar su responsabilidad internacional. Al margen de las sanciones internas, ese es un delito de lesa humanidad, que dentro de algún tiempo sentará a México en el banquillo de los acusados al menos ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

La exigencia de SCJN para que se emita la ley educativa, es inerte

+ Ante la omisión legislativa, la Corte debe erigirse en Legislador Sustituto


En medios de la capital del país se ha señalado que en fechas próximas el Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación dará un “ultimátum” al gobierno y el Congreso del Estado de Oaxaca para que emitan la ley educativa. Esta conminación será consecuencia de la controversia constitucional que el año pasado presentó el Ejecutivo federal en contra de los poderes locales por la omisión de emitir la Ley Estatal de Educación. Es terrible, pero resulta que aunque la Corte se ponga de cabeza, no podrá obligar al abúlico Congreso local a emitir la norma referida… a menos que llegara a tomar la decisión de erigirse en legislador sustituto.

En efecto, según información del diario Reforma, el pleno de la Corte discutirá en breve, probablemente esta semana, un proyecto del Ministro Jorge Pardo Rebolledo, que determina que el Congreso y el Ejecutivo de Oaxaca han incurrido en “omisión legislativa absoluta”, pues no ha aprobado una sola ley para reglamentar la reforma constitucional de 2013.

Según Reforma, el proyecto de resolución del ministro Pardo rechaza argumentos del gobernador Gabino Cué, en el sentido de que él cumplió su parte del proceso legislativo al haber enviado, en agosto del año pasado, una iniciativa de ley en la materia; y que, además, es necesaria una consulta previa a los pueblos indígenas de Oaxaca, antes de emitir leyes en materia educativa. La publicación refiere que “de ser aprobado el proyecto, como todo indica, los ministros deberán acordar el plazo que fijarán al Congreso local para discutir y aprobar las leyes estatales que reglamentarán tanto la reforma al artículo tercero constitucional, como las leyes generales de Educación y de Servicio Profesional Docente”.

Frente a esta posibilidad, la pregunta clave se encuentra no en si la Corte obliga o no al gobierno y al Congreso a emitir la norma, si en cómo podría hacerlo, o qué medidas alternativas podría tomar la Corte para evitar que la omisión legislativa continúe generando consecuencias jurídicas tanto para el estado como para la federación. Pues es evidente que aún cuando emita una resolución en la que el Alto Tribunal fije un plazo de días, semanas o meses para la emisión de la norma, lo interesante radica en cómo la Corte podría obligar coercitivamente a los poderes locales a cumplir con su determinación.

Frente a esto, lo que a primera vista parece, es que la consecuencia natural de la “omisión legislativa absoluta” —que está considerando el ministro Rebolledo proponer al pleno de la Corte como situación de la ley educativa en Oaxaca— tendría que centrarse en el juicio político en contra del Gobernador de Oaxaca y los 42 integrantes de la LXII Legislatura del Estado, ya que al ser corresponsables de la no armonización, estarían cometiendo una violación directa a la Constitución. A su vez, el juicio político tiene como efecto que el servidor público que es hallado culpable, debe ser destituido de su cargo e inhabilitado para ocupar cualquier empleo, cargo o comisión pública durante un periodo determinado.

Y, frente a esto, vale la pena releer lo que, en el ámbito federal, establece la Constitución de la República. Ésta dice, en el tercer párrafo del artículo 110: “los gobernadores de los estados, diputados locales, magistrados de los Tribunales Superiores de Justicia locales, en su caso, los miembros de los Consejos de las Judicaturas locales (…) solo podrán ser sujetos de juicio político en los términos de este título por violaciones graves a esta Constitución y a las leyes federales que de ella emanen, así como por el manejo indebido de fondos y recursos federales, pero en este caso la resolución será únicamente declarativa y se comunicará a las Legislaturas locales para que, en ejercicio de sus atribuciones, procedan como corresponda”.

Es particularmente importante lo que dice en la última parte: que un posible juicio político llevado a cabo por el Poder Legislativo federal en contra de los diputados locales tendría únicamente efectos declarativos. Y en el caso que nos ocupa sería improbable, y quizá hasta imposible, primero, que se les iniciara juicio político a los 42 diputados juntos; y segundo, que una vez declarada su responsabilidad ante el Congreso federal y comunicada al Poder local —que es integrado por ellos mismos—, los diputados locales oaxaqueños determinaran su propia destitución e inhabilitación, con lo que además se estaría en la situación de facto de la disolución de uno de los poderes del Estado.

¿LEGISLADOR SUSTITUTO?

El señalado anteriormente, es el camino lógico que seguiría una disputa abierta entre la Corte y los poderes locales, a los que técnicamente no podrá obligar a legislar, ya que el acto legislativo es, por naturaleza, colegiado y libre. ¿Qué podría hacer la Corte frente a ese límite de su actividad jurisdiccional, en lo que toca a los deberes de los estados de la república frente al federalismo constitucional? Podría optar por la vía, aceptada en otros sistemas jurídicos, de erigirse en una especie de “legislador sustituto”.

¿A qué nos referimos? A que el hecho de hacer una declaratoria de “omisión legislativa absoluta”, no sirve de nada. No arregla el problema existente ni es suficiente para obligar a dos poderes locales a hacer algo que no quieren o no han tenido condiciones para realizar. Entonces lo que quedaría es que, en virtud de las amplias facultades que le otorga a la Corte tanto el artículo 105 constitucional, como la ley reglamentaria de dicho numeral, para proveer lo que sea necesario para que se cumpla con lo que dispone la Constitución, podría emitir reglas provisionales y extraordinarias —dada la naturaleza del caso— en materia educativa estatal, para aplicarse en tanto el Congreso emite la norma y así evitar que el vacío legal siga generando consecuencias negativas para los dos órdenes de gobierno, y para los mismos trabajadores de la educación que en diversas situaciones deben estar en el limbo jurídico.

¿RESOLVER EL PROBLEMA O SEGUIR SATANIZANDO A OAXACA?

Si la Corte quiere de verdad contribuir a que haya un marco jurídico funcional para Oaxaca y el gobierno federal, entonces debe tomar medidas para subsanar, provisional o definitivamente, la omisión legislativa. Si lo que quiere es seguir utilizando a Oaxaca como piñata política, entonces optará por declarar la “omisión legislativa absoluta” y fijar plazos que de todos modos no tiene manera de hacer cumplir coercitivamente.

DIF estatal: entre Fátima y Javier Silva, va de mal en peor

DIF-Oaxaca

+ Quieren limpiar la casa, no mejorar atención a vulnerables


Se supone que el DIF tiene la finalidad de velar porque los grupos sociales vulnerables puedan acceder a ciertos satisfactores básicos, y la protección del Estado, cuando se encuentran en una situación de desventaja. En Oaxaca, sin embargo, el Sistema DIF ha sido más motivo de escándalos y cuestionamientos, que de una atención efectiva a esos sectores desprotegidos. El colmo es que los supuestos remiendos que ha intentado el gobierno para esa institución, han resultado casi tan nocivos como los escándalos y problemas que generaron algunos de sus funcionarios.

En efecto, en los últimos meses el DIF estatal ha sido motivo recurrente de cuestionamientos debido a dos problemas que han sido críticos: uno de ellos, ha sido el de las pésimas condiciones que han subsistido en las dos casas hogar que tiene esa institución, para proteger a niños y jóvenes menores de edad que sufrieron abandono, violencia o abusos por parte de sus padres o tutores. Otra, fue el escándalo que generó el “descubrimiento” —dado a conocer por TIEMPO en su edición del 12 de abril de 2014— de varias toneladas de despensas y materiales de construcción que particulares habían donado al DIF para ser repartidas entre los damnificados por los fenómenos meteorológicos de 2013.

En el caso de las casas hogar, en este espacio en varias ocasiones se dio cuenta de las denuncias de los propios trabajadores, que aseguraban que, por ejemplo, los infantes de los dos albergues del DIF llegaron a pasar más de 15 días desayunando y comiendo únicamente nopales hervidos, y que en lugar de leche, como indicaría cualquier dieta, sólo les daban de tomar té de limón. Eso, además de vivir en espacios insalubres, hacinados y olvidados.

Todo esto ocurría bajo el argumento de que no había recursos económicos para mejorar la precaria dieta, y las inconcebibles condiciones en las que se encontraban dichos espacios, a pesar de que el Sistema recibe financiamiento estatal, federal y de diversas organizaciones internacionales, además de la organización de conciertos supuestamente a beneficio de las casas hogar, de los que nadie supo el paradero de sus recursos. ¿Cuándo mejoró un poco la situación? Cuando estas arbitrariedades fueron ventiladas en los medios informativos, García León se vio obligada a asumir sus responsabilidades.

Lo relacionado con las despensas y el material de construcción fue todavía más vergonzoso. Pues luego de lo publicado por TIEMPO sobre la existencia de varias toneladas de despensas abandonadas en un espacio amplio de las oficinas centrales. García León rechazó los señalamientos, pero al día siguiente este diario publicó las imágenes. Entonces se dijo ignorante de la situación, y ofreció una investigación y sanciones. Una semana después TIEMPO publicó que en las oficinas del voluntariado del DIF había también material de construcción abandonado, que también había sido donado para los damnificados de las lluvias de 2013.

La “gran solución” de la Secretaría de Administración a todo este problema, fue la de crear una subdirección general del DIF, que según fungiría como enlace entre la Directora y los trabajadores, pero a la que enviaron a un personaje supuestamente experimentado en manejo de personal para que arreglara todas las irregularidades administrativas —nada que ver con mejorar el servicio a los grupos vulnerables— que había en esa institución.

PIFIAS

Dicho personaje es Javier Silva Hernández, un burócrata que ha desempeñado diversos cargos en la administración pública estatal, siendo el más relevante el de subsecretario de Gobierno. A él enviaron a —según— enmendar los problemas que había ocasionado García León. Aunque en realidad parece que el remedio fue peor que la enfermedad.

¿De qué hablamos? De que Silva no sólo no ha resuelto los problemas que lo mandaron a arreglar, sino que ya generó nuevos. Hace un mes, por ejemplo, tuvo su primer enfrentamiento abierto con los trabajadores a los que se supone que llevaba la misión de controlar, pues llegó el día de la quincena y nadie pudo cobrar su salario. En lugar de enfrentar la situación, Javier Silva optó culpar a funcionarios menores por dicha situación. Eso no sirvió de mucho, pues aseguran que la explicación por la falta de pago fue tan superficial e inocente, que no había terminado de ofrecerla cuando los mismos trabajadores le pidieron que abandonara la reunión.

Eso no es todo. Hace unos días, la Directora del DIF mandó a instalar cámaras de vigilancia en ambas Casas Hogar, y envió a Javier Silva a que explicara a los trabajadores, cuál sería el funcionamiento de ese mecanismo de vigilancia. García León lo hizo de esa manera, porque se supone que la función de Silva Hernández es la de fungir como enlace entre la Dirección y los trabajadores. Así que ir a ofrecer esa explicación, simplemente significaba hacer su trabajo.

¿Qué pasó? Que Silva, al explicar el funcionamiento de las cámaras de vigilancia, dijo que éstas se instalaban por el desmesurado robo de material e insumos de las Casas Hogar, y sin más responsabilizó de esto a los empleados de base. Sintiéndose ofendidos, pues Silva no posee ninguna prueba de tal acusación, los empleados de base no permitieron la entrada de los técnicos que instalarían las cámaras. Y nuevamente, la petulancia de Silva, provocó un problema donde evidentemente no lo había.

Pero además, los trabajadores se preguntan ¿de qué servirían unas cámaras de vigilancia dentro de las Casas Hogar? ¿No se violarían los derechos de niñas y niños, cuando se tiene planeado instalarlas en los baños, lugares donde se cambian, o en dormitorios? ¿Y qué seguridad habría aun habiendo cámaras de vigilancia, si García León aunque tenga las evidencias a la vista de quiénes son los autores reales de tantos “faltantes”, las niega? ¿O García León y Javier Silva ya no recuerdan las despensas, los tinacos o los medicamentos caducos, que aún saliendo en la prensa, el DIF aseguraba que eran infundios?

FUNCIÓN OLVIDADA

A Alberto Vargas Varela le interesa muchísimo que al final del gobierno no haya problemas administrativos en el DIF. El volumen de dinero que ahí se maneja es tanto, y tiene tanta relación con Administración, que quizá por eso envió a uno de sus empleados a, según, limpiar el tiradero. Sólo que el remedio es tan pernicioso como las situaciones que generaron la creación de esa Subdirección, que hasta ahora es más conocida por sus problemas, que por sus soluciones.

Metrobús, el signo de que Oaxaca no tiene futuro como zona metropolitana

Metrobús

+ Todas, discusiones aisladas; no existen soluciones de fondo para la ciudad


La obra del “metrobús” en la capital oaxaqueña nos recuerda silenciosamente una de esas discusiones que, por comodidad, los tres órdenes de gobierno intentan eludir: la de la urgencia de que la capital oaxaqueña tenga soluciones parciales y aisladas a sus múltiples problemas de funcionamiento, y se articulen esfuerzos para crear una verdadera zona metropolitana. Este no es sólo un problema del gobierno estatal, del de la capital oaxaqueña, o de los municipios conurbados: es un problema de todos que, sin embargo, nadie tiene intención de abordar, con seriedad y visión de futuro, a favor de Oaxaca.

En efecto, la obra del llamado metrobús estuvo afectada desde su inicio por una enfermedad gangrenosa, que resultó de la combinación de la opacidad, la unilateralidad y la parcialidad de quienes la planearon. Pues al igual que otras obras que se han realizado en la capital oaxaqueña, la del llamado metrobús —porque el proyecto no es ni siquiera parecido a ese subsistema de transporte de la capital del país— no sólo no pasó por el tamiz de la legitimidad social, sino que tampoco contó con el aval técnico de quienes aspiran a ver esa obra no como un proyecto aislado, sino como uno más de los componentes de una ciudad encaminada a enfrentar sus problemas con visión de conjunto, y de futuro. Y como si eso no fuera suficiente, resulta que el proyecto enfrenta también un fuerte cuestionamiento por la opacidad que rodea al incierto costo real final de su ejecución.

En ese sentido, es claro que la obra en sí misma enfrenta graves problemas que van a determinar su futuro, no sólo como una obra cuestionada y rechazada, sino técnica y financieramente poco viable, ya que nada garantiza que éste sea un mecanismo para comenzar a normar el desorden que existe en el transporte concesionado de la entidad, y tampoco que sea —para la ciudad y sus habitantes— una ventana de oportunidad para comenzar a desmantelar el oligopolio que representan las organizaciones, sindicatos y empresas de transporte de pasajeros en la capital.

En ese primer imperativo, este proyecto está de entrada reprobado, porque no sólo no garantiza ser una solución a mediano o largo plazo para el problema de la movilidad y la contaminación, que genera el exceso de transporte privado (y el deficiente transporte público) en la capital, sino que incluso hay incredulidad de que en el corto plazo este “metrobús” pueda servir para resolver los problemas de transporte de la actualidad.

También está reprobado porque no da ninguna garantía de que va a ser, para el usuario, un servicio más eficiente, o económico, o seguro, o limpio. Para una inversión de tal magnitud, debiera ser necesario que al menos ofreciera cierto grado de certidumbre sobre el cumplimiento de esas condiciones, para que fuera socialmente aceptada la inversión en aras de los posibles beneficios que pudiera reportarle directamente a los usuarios. No es así, porque el sistema sería operado por las mismas organizaciones y empresas de transporte que ya funcionan en la entidad, y que nunca han cumplido una sola de sus promesas sobre el reordenamiento, la seguridad, el mejoramiento de las condiciones del servicio, sobre la contaminación que generan en la capital.

Así, si en lo que toca específicamente al proyecto hay de antemano un balance negativo, éste se corona con el hecho de que la inversión la está haciendo una dependencia, la Secretaría de Administración, que salvo el interés de obtener un lucro de la gestión de dicha obra, no debiera tener ningún interés o legitimación para ser la ejecutora de la misma.

Todo esto, sin haber pasado aún por el cuestionamiento relacionado con la utilidad de conjunto que dicha obra podría tener para la capital, y su aspiración fallida de convertirse en una zona metropolitana.

TIERRA DE NADIE

Los oaxaqueños ya no nos acordamos de esto: que una capital, como la nuestra, es la ciudad que tiene la preeminencia en un campo social, cultural, económico o de otra índole en un Estado. y que Oaxaca de Juárez es la ciudad más importante de la entidad, no sólo porque aquí se concentra la mayor actividad administrativa, económica y política del estado, sino también porque a diferencia de casi todas las demás entidades federativas (en las que existen por lo menos dos o tres ciudades de similar importancia que su capital), en Oaxaca no existe otra población con un nivel de desarrollo similar al de la capital.

Esto significa un reto de multiplicadas dimensiones para la capital oaxaqueña. Pues en primer término, el hecho de que en la entidad no haya otra ciudad con un desarrollo e importancia similar al de Oaxaca de Juárez, no significa que ésta última sea una ciudad desarrollada o con sus problemas urbanos, sociales, económicos y administrativos ya resueltos.

Y si esto es en sí mismo grave, todo se acentúa cuando reparamos en el hecho de que hoy el rumbo que lleva toda la zona metropolitana de Oaxaca, es de total abandono e indolencia frente a sus problemas. La capital sigue sin contar con un proyecto urbano, que vea las obras realizadas o proyectadas como parte de un plan de conjunto que permita a la ciudad transitar hacia el futuro.

Veámoslo a ras de tierra. Se construyó el distribuidor vial de Cinco Señores, pero su funcionamiento es y será cada vez más limitado, porque el caos impera en los semáforos previo y posterior a éste, y no existe intención de corregir ese problema que todos los días crece. Se pretende un Centro de Convenciones, que no sólo no potenciará, sino que colapsará la movilidad de la zona en la que sería ubicado; se pretende un metrobús para justificar el recurso federal asignado para dicha obra, pero no para verdaderamente atender el grave problema de transporte que genera la entidad.

EL PROBLEMA ES DE TODOS

Todo eso no es sólo problema del gobierno de Oaxaca de Juárez, o del estatal, de los municipios conurbados, o de la federación: es un problema de todos, que por esa misma condición termina siendo un problema de nadie. Porque en Oaxaca no hay intención alguna de proyectar nuestra ciudad para los siguientes cincuenta o cien años. Reiteradamente, los gobiernos se han preocupado por resolver los problemas de los siguientes tres o seis años —es decir, “sus” problemas— pero no por sentar las bases de una ciudad funcional, atractiva y capaz de proveer a sus ciudadanos de una mejor calidad de vida ahora, o en las décadas siguientes.

¿Ganará la política al Presupuesto Base Cero en estados como Oaxaca?

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Base Cero

+ Diputados federales: reto ya no es conseguir presupuesto, sino ejercerlo


Desde hace algunos años, se convirtió en lugar común de los diputados federales, afirmar que gracias a ellos el estado de Oaxaca conseguía mayores montos del presupuesto federal. Esto comenzó a ocurrir a finales de la década anterior, cuando con triunfalismo desbordante, los legisladores federales por nuestra entidad anunciaron que por fin Oaxaca tendría justicia presupuestal accediendo a mayores recursos. Así, la entidad tiene cuando menos ocho años con asignaciones multimillonarias de gasto federal. El problema es que eso no necesariamente se ha traducido en un ejercicio correcto del gasto público. Y todo entra en una perspectiva distinta de cara a la discusión del Presupuesto de Egresos del año siguiente, bajo la lógica “base cero”.

En efecto, en 2010 quienes entonces eran diputados federales por Oaxaca anunciaron con soberbia que por primera vez en la historia, nuestra entidad tendría un presupuesto asignado por la federación, superior al que recibe el estado de Puebla, y casi similar al que recibe Chiapas. Esto, decían, permitiría un desarrollo acelerado para nuestra entidad, y le permitiría a su población salir de la pobreza al contar con mayores obras de infraestructura, y con beneficios económicos relacionados con la política social financiada por el estado, y por los programas federales que “aterrizarían” en Oaxaca.

Eso fue, sin embargo, una fantasía. Pues en los hechos, el discurso triunfalista sobre los “presupuestos históricos para Oaxaca” fue directamente proporcional a la larga historia de subejercicios que se ha venido escribiendo también en los últimos años. Pues resultó que cada logro venía acompañado de diversos tipos de trastabilleos en la intención de acceder a ellos por parte de las autoridades estatales y municipales, pero también en el incremento —a veces para hacer casi imposible el acceso a los recursos— de los requisitos establecidos en las reglas de operación de los programas y fondos federales.

Por esa razón, esto se convirtió en una especie de círculo vicioso, en el que la federación ofrecía cantidades millonarias de recursos, pero que no en todos los casos podían ejercerse. Y un problema clave en este asunto, ha radicado siempre en el hecho de que las entidades federativas tienen problemas recurrentes para contar con proyectos que justifiquen las inversiones que la federación puede hacer a través de esos fondos.

En este escenario, resulta que hoy no sólo Oaxaca se enfrenta a un problema grave por esa situación que genéricamente se conoce como “subejercicio”, sino que dicha situación alcanza a otros estados que padecen del mismo problema. En este sentido, una nota de Animal Político (http://bit.ly/1NMqAHN) daba cuenta de esta dramática situación, al señalar que los recursos asignados en 2015 para apoyar proyectos de desarrollo en el sureste del país simplemente no se han utilizado. Son 500 millones de pesos del Fondo Sur-Sureste que no han llegado a las entidades federativas cuando sólo faltan cuatro meses para que termine el año.

Según la nota informativa, en el Presupuesto de Egresos de la Federación desde 2014 se creó el FonSur para apoyar el desarrollo de nueve entidades: Campeche, Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, Tabasco, Veracruz y Yucatán. El objetivo de éste es que esas nueve entidades tengan recursos extras para proyectos de infraestructura y equipamiento que permitan el desarrollo de sus entidades o para que elaboren estudios sobre cómo impulsar el crecimiento.

Sin embargo, afirmaba que al 31 de agosto pasado no se había ejercido ni un solo peso de los 500 millones de pesos aprobados en el Presupuesto de Egresos de la Federación para programas de desarrollo en alguno de esos estados, según los datos de Hacienda. Según la mecánica de acceso a dicho fondo, los estados tenían que solicitar los recursos antes del primer semestre del año en curso para poder recibirlos. Estaban, además, obligados a presentar proyectos enfocados en aumentar la capacidad productiva de la entidad. Pero hasta ahora, no hay ningún proyecto registrado.

EL PRESUPUESTO BASE CERO

En teoría, el Presupuesto Base Cero implicaba un reto para el gobierno federal por la complejidad de proyectar un presupuesto no inercial, y más bien determinado por las prioridades y compromisos del gobierno federal. Este tipo de presupuesto, se supone que también representa un reto y una oportunidad para las entidades federativas —aunque en los hechos esto será más un problema que una ventaja— porque a través de él podrían acceder a recursos federales frescos a través de la competencia por proyectos y no por la inercia con la que se proyectaron los presupuestos anteriores, con la cual únicamente se proyectaban incrementos o disminuciones a los fondos, pero no con un sentido cualitativo.

Y en relación a esto, el FonSur que en 2015 no ha sido ejercido por ninguno de los estados que habrían podido acceder a él, ya es un problema bastante ilustrativo de lo devastador que podría ser el Presupuesto Base Cero para las entidades federativas que no son eficientes en la gestión de sus recursos ante las arcas federales. Pues resulta que en la Propuesta de Presupuesto para 2016 que envío el Ejecutivo a la Cámara de Diputados, ya no se contemplan recursos para el Fondo Sur-Sureste, y las nueve entidades federativas que tenían derecho de recibir algún monto para su desarrollo.

Así, si los diputados aprueban en los próximos meses la iniciativa de Presupuesto en los términos que dictó el Ejecutivo, el Fondo destinado a la aumentar la productividad de la zona sur del país sólo habrá tenido vigencia durante dos años, pues se creó en el Presupuesto de Egresos de la Federación de 2014. Y su desaparición habría sido determinada no porque se haya solventado la necesidad de su existencia, sino porque los estados que tenían derecho a participar de dicho presupuesto no tuvieron la capacidad de presentar proyectos viables para poder acceder a dichos recursos.

INERCIA NOCIVA PARA OAXACA

Si eso se vuelve —valga la expresión— una inercia, entonces habría una clara proclividad a que los estados comiencen a perder fondos no porque no sean necesarios, sino porque son incapaces de ejercerlos en tiempo y forma. Ese sí sería un verdadero drama, aunque en realidad más posible de lo que nos imaginamos.

¿Cómo va el gobierno a controlar la subida de la plusvalía en Fortín con el CCCO?

C Fortín

+ No pueden proteger Monte Albán o San Felipe de fraccionadores. ¿Entonces?


La inminente construcción del Centro Cultural y de Convenciones de Oaxaca (CCCO) en el Cerro del Fortín, impone diversos retos para la autoridad, que van más allá de la sola construcción de la infraestructura, o de que exista la certidumbre de que ésta no será una edificación riesgosa tanto para sus usuarios como para la zona natural protegida, o las colonias aledañas. Un riesgo más, de mediano y largo plazo, es el relacionado con el alza abrupta de la plusvalía de la zona, y del peligro de que la autoridad no pueda controlar el crecimiento poblacional en el propio cerro, y en toda la zona. Hay fundamentos y antecedentes para sostener esta duda.

En efecto, el polígono que protege la zona arqueológica de Monte Albán, sufre un acecho permanente por parte de lotificadores, de fraccionadores, de organizaciones de los llamados “paracaidistas”, y de vivales, que de manera permanente intentan invadir el área protegida para la conservación de los vestigios de la cultura zapoteca.

Lo mismo pasa con el área natural protegida del Parque Nacional Benito Juárez, el cual incluye terrenos pertenecientes a la exclusiva zona de San Felipe del Agua: casi de forma permanente, particulares o desarrolladores intentan construir viviendas en esa zona prohibida para esos fines. El común denominador es que la autoridad ha fracasado en sus intentos de proteger esas áreas. ¿Ya pensaron qué van a hacer con el Cerro del Fortín si se consolida la construcción del Centro Cultural y de Convenciones de Oaxaca?

La pregunta no es ociosa, si consideramos que esos (el de San Felipe, y el de Monte Albán) son sólo dos ejemplos de cómo la autoridad resulta rebasada, o cómplice, de quienes buscan obtener un provecho directo de la debilidad institucional, y de la incapacidad de proveer una verdadera seguridad a las zonas que se supone que sirve como espacios de amortiguamiento de áreas que representan un valor relevante para la sociedad, ya sea por una cuestión ecológica o, como en el caso de las ruinas de Monte Albán, por su importancia arqueológica y la representatividad de las culturas prehispánicas asentadas en el territorio que hoy ocupa la zona metropolitana de Oaxaca.

¿Qué ha pasado? Que en el caso del polígono protegido en la zona de Monte Albán, desde hace décadas ha habido un intento reiterado de grupos organizados, y vivales, por lotificar la zona. Si bien ha habido cierto grado de contención en esos intentos, también es evidente que no toda la zona protegida se encuentra libre de ese tipo de amenazas.

El área patrimonial de Monte Albán, abarca alrededor de dos mil hectáreas custodiadas por el INAH entre los municipios de Oaxaca de Juárez, Santa María Atzompa, San Pedro Ixtlahuaca y Santa Cruz Xoxocotlán. Sólo la parte que corresponde a ésta última demarcación no ha sido delimitada y cercada. Y por eso aún en la actualidad existen conflictos con personas que hasta tienen títulos de propiedad, o simplemente llegaron a vivir en esos terrenos, que están declarados como zona natural protegida y que fueron incluidos dentro de la denominación de Patrimonio Cultural de la Humanidad desde 1987. Por esa razón, no es raro que regularmente “aparezcan” nuevas construcciones dentro del polígono.

¿Qué puede hacer la autoridad? Mucho, si tuviera voluntad. El problema es que se enfrent al desinterés, y a veces hasta la complicidad, con quienes construyen o lotifican, para simplemente “no ver” lo que ahí se está realizando. Es prácticamente lo mismo que ha pasado en la zona natural protegida de San Felipe del Agua, en donde por décadas, las autoridades municipales, estatales y federales, han tolerado la “aparición” de casas, mansiones y hasta fraccionamientos dentro del área sobre la cual existe una declaratoria de que no puede haber otro uso de suelo que no sea el de una reserva ecológica.

En el mejor de los casos, la autoridad no ha podido controlar la tentación de que ocurran invasiones a las zonas protegidas. En lo más probable, resultaría la existencia de complicidades para poblar esas zonas, dada la altísima plusvalía de asentamientos como el de San Felipe.

Por eso vale la pena reiterar la pregunta: ¿Ya pensaron qué van a hacer con el Cerro del Fortín si se consolida la construcción del Centro Cultural y de Convenciones de Oaxaca?

ÁREA NATURAL (PERO SUSCEPTIBLE DE INVASIÓN)

Uno de los grandes temas por los que el proyecto del CCCO ha tenido una fuerte oposición, es porque se encuentra junto a una zona natural protegida. Según la versión de los opositores al proyecto, el CCCO estaría dentro del polígono resguardado de la mancha urbana; según sus impulsores, esto es falso, ya que esos son terrenos propiedad del gobierno estatal.

Al margen de eso, hay una cuestión que se ha discutido poco: que aún siendo terrenos utilizables, el nuevo complejo de edificios incrementará súbitamente el valor de los terrenos en la zona, y entonces surgirán de inmediato las tentaciones de quienes, queriendo ganar dinero a costa de ello, intentarán burlar, o coludirse con la autoridad, para fraccionar y construir viviendas, zonas comerciales o espacios de servicio en esa misma zona. Actualmente, la zona no protegida está utilizada prácticamente al cien por ciento. Y entonces lo que queda libre, es justamente la porción de terreno en la que se supone que no puede haber ningún tipo de edificación.

¿La autoridad ya consideró esta potencial situación y, sobre todo, está tomando las medidas necesarias para garantizar que esta posibilidad —tan tangible como las invasiones a las dos zonas aludidas, y otras que tienen problemáticas muy similares— no ocurra? Al final de cuentas, no se trata de mantener una oposición aferrada o irracional, sino de prever los problemas a los que podría enfrentarse un proyecto como éste, en el mediano y largo plazo. Y si bien todos reconocemos la necesidad de un centro de convenciones como el proyectado, también es claro que nadie quiere que haya zonas naturales protegidas, entregadas a la voracidad de quienes —quizá con la complicidad, o gracias a la debilidad de la autoridad— irremediablemente tratarán de hacer un negocio con esos espacios.

MARGARITA

¿Que de dónde le dan cuerda a Margarita García? No hay mucho qué pensar: los ultras del oficialismo, encabezados por Alberto Esteva Salinas, por la libre creen estar haciendo lo correcto. Aunque flaco favor le hacen a su jefe, generando un ruido político que a quien menos le conviene, es justamente a él.

¿Gobierno calcula qué alianzas está haciendo para respaldar el CCCO?

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CCCD

+ El respaldo de grupos de presión… que después serán contraproducentes


La alianza que hubo entre el gobierno de Oaxaca y la Sección 22 del SNTE de 1992 a mediados de julio pasado, debe dejarnos a todos —gobierno y sociedad— una enorme lección relacionada con la gobernabilidad: que ninguna “sociedad”, por muy provechosa que pueda ser en el corto plazo para el régimen, puede y debe realizarse con grupos organizados y gremios para obtener un respaldo social, pues esto termina con el sometimiento del gobierno y de la gobernabilidad. Esta es una lección importante ahora que el gobierno ha recibido el respaldo de varios sindicatos y organizaciones, para la construcción del Centro Cultural y de Convenciones de Oaxaca (CCCO).

En efecto, si Oaxaca es famoso por su intrincada forma de abordar y resolver sus problemas políticos, y hasta se dice que somos tan enredados que hasta el queso hacemos bolas, todo lo relacionado con el CCCO no es la excepción. Desde hace un año el gobierno deslizó una propuesta para construir un centro de convenciones en la capital oaxaqueña, y por medio de la Secretaría de Turismo y Desarrollo Económico, dedicó meses a realizar una campaña de “socialización” selectiva, representativa y meramente testimonial, con la que intentó cubrir el requisito del legitimidad y respaldo social que se supone que debe tener cada obra que incida en la vida y bienestar de la ciudadanía oaxaqueña.

Las adversidades no se hicieron esperar. La propuesta fue fuertemente rechazada por al menos tres razones: primera, porque se “socializaba” sin que la dependencia ejecutora tuviera cubiertos todos los elementos técnicos y administrativos del proyecto; segunda, porque la ubicación de la obra era polémica por su cercanía con una zona natural protegida, y había dudas de que el proyecto pudiera incluir espacios incluidos dentro del polígono declarado como reserva ecológica; y tercera, por el evidente conflicto de interés que existe entre el impulso del proyecto de infraestructura más importante para la capital oaxaqueña en los últimos tiempos, y el Hotel Victoria —como único “vecino”, que tendría el CCCO—, que es propiedad del funcionario que encabeza los trabajos de planeación, ejecución y “socialización” del proyecto.

Como si eso no fuera suficiente, resulta que fue el pintor Francisco Toledo quien tomó la batuta de la oposición no al proyecto, sino a la zona en que se pretende construir, y eso generó una situación más compleja para el gobierno. Éste se vio urgido de respaldo social, frente al aluvión de cuestionamientos y críticas al proyecto —en Oaxaca, y en el país—, que la sola presencia del maestro Toledo trajo aparejados.

En esta situación, no es cuestionable que el gobierno estatal haya buscado apoyos, más bien, lo cuestionable es con quién se está aliando para demostrar respaldo social a su insistencia de construir el Centro de Convenciones en el Cerro del Fortín.

ALIANZAS PERVERSAS

Por eso justamente vale la pena revisar lo que hicieron administraciones anteriores en el gobierno estatal, para según obtener legitimidad frente a las organizaciones sociales. El caso más evidente es el del gobernador Heladio Ramírez, que para garantizar la paz en el último tramo de su gobierno, entregó la educación a la Sección 22 del SNTE.

¿Qué ocurrió? Que sí, la paz prevaleció en Oaxaca mientras el gobierno fue generoso con el magisterio; pero fue irremediable que éste último, como gremio, comenzó a exigir más. Así, la concordia se convirtió en chantaje, y entonces el gobierno terminó sometido a las presiones del magisterio para evitar el estallido social.

Por eso, al menos en los últimos tres lustros, la relación entre el gobierno y la Sección 22 ya no fue de concordia o de entendimiento, sino más bien de condicionamientos, de amagues y de sacrificios sociales y económicos a cambio de que éstos no pusieran de cabeza la gobernabilidad, y lastimaran los derechos de la ciudadanía. Lo más grave, es que a pesar de todos los esfuerzos realizados por el gobierno y la sociedad oaxaqueña, de todos modos ocurrió el conflicto de 2006, y el magisterio engulló multimillonarios recursos económicos en privilegios, en una entidad que por décadas dejó de invertir en muchos rubros para tener en paz al magisterio.

Eso es lo que debieran pensar los que hoy desde el gobierno estatal alimentan las alianzas con algunas organizaciones para demostrar respaldo al CCCO. ¿Qué organizaciones son? Básicamente son tres: las de taxistas de la capital oaxaqueña; las de concesionarios que se dedican al acarreo de materiales; y las de integrantes de varios mercados públicos de la capital.

Al margen de los mercaderes, todos los oaxaqueños tenemos amplias referencias de la virulencia que han demostrado, tanto los taxistas como los materialistas, cuando pretenden presionar al gobierno para que les cumpla sus demandas. Unos y otros han colapsado la capital como medio de presión; ambos gremios han sido necios, radicales y voraces cuando se trata de cuidar sus intereses. En esos momentos, han demostrado no tener respeto alguno por la ciudadanía y por la gobernabilidad del Estado. Y nada le garantiza al gobierno que episodios como esos no se repitan cuando éstos decidan cobrar el respaldo que hoy están manifestando a las obras del CCCO.

¿Habrá reparado el gobierno en eso? ¿Están pensando en el mediano plazo, y no sólo en lo que pase en Oaxaca hasta el 30 de noviembre de 2016, cuando termina la actual administración? ¿Están pensando el problema que le van a heredar al siguiente gobierno, con estas alianzas que están construyendo en aras de sostener su proyecto del Centro de Convenciones? Es algo muy parecido a la herencia venenosa que le dejó el gobierno de Heladio Ramírez a Oaxaca, por su insistencia en aliarse con la Sección 22 y regalarles algo (la rectoría educativa y de la gobernabilidad) que no se terminaba con su periodo de gobierno.

CERRO DE BLOQUEOS

¿Cómo cobrarán esos gremios, su apoyo en el mediano o largo plazo? El taxismo de la capital va a asumir que ellos tendrán el monopolio del servicio en los alrededores del CCCO. Quizá hasta “bases” exigirán que el gobierno les permita instalar. ¿Los materialistas? Seguirían en su chantaje permanente para que en las obras que ejecute el gobierno, se les contrate en exclusiva a ellos (so pena de bloquear el CCCO si no se les cumple). ¿Y los mercaderes? Nomás faltaría que quisieran extender sus puestos a aquella zona. ¿Ya pensaron en todo eso?

Independencia: veamos lo que nos queda, y no lo que ya perdimos

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Viva Mexico

+ Tradición bélica: las derrotas nos forjaron… sin saber hacia dónde


Este día exaltamos el llamado “grito” de la independencia, y nos inundamos de fervor patrio. Esa algarabía que nos enseñan en la escuela, y que nos infunden a través de los llamados héroes de bronce. En el aura inmaculada de quienes nos dieron patria, se encuentran borrados todos los episodios oscuros y cuestionables, y sólo quedan resaltados aquellos en los que hay heroísmo, patriotismo y defensa de la nación. Ese sentimiento, puro pero maniqueo que nos envuelve, a veces nos impide ver que la verdadera exaltación debiera estar tanto en la paz como en la guerra, y sobre todo ver —y asumir— que la historia es mucho más que un conjunto de guerras, de héroes martirizados, y de villanos execrables. Al final, debiéramos entender nuestro pasado en toda su gama de matices, y no en los blancos y negros que insistentemente nos presenta la historia oficial.

En efecto, es muy curioso cómo, por ejemplo, la historia de México, en sus guerras con el extranjero, está plagada de derrotas, intrigas y traiciones, pero cómo al mismo tiempo eso se convirtió en el más claro signo del patriotismo y del orgullo e identidad nacional de las generaciones posteriores. Pareciera que en cada derrota se forjó el sentimiento y la vanidad del mexicano; y en cada evocación a los momentos de guerra —que en otro país nadie quisiera recordar— se exalta nuestro honor contemporáneo. Y lo increíble no es sólo eso, sino que hoy en día lo sigamos machacando.

En ese sentido, todos los mexicanos tenemos contacto desde nuestra primera infancia con el himno nacional, que es uno de los grandes cantos bélicos que existen. En él se conjugan múltiples y variados llamados a la guerra y a la defensa de nuestro país. Lo curioso es que dicho canto en realidad no tiene un origen tan heroico como su letra, y en realidad tiene tantos claroscuros como estrofas, de las cuales hemos ido sabiendo paulatinamente, junto con algunas interrogantes como la relacionada a que los derechos no le pertenecen al Estado mexicano, sino a los Estados Unidos de Norteamérica.

Sobre esto, el periodista Juan Manuel Alegría hace ya algún tiempo daba pautas concretas sobre el origen santanista de nuestro Himno Nacional, y sobre su vocación violenta. Alegría señalaba en aquel escrito —y coincidimos plenamente con esa visión— que el Himno Nacional es de naturaleza bélica o violenta, de arenga a la guerra y a perder la vida por la patria; “mocho” (por donde quiera aparece Dios), lo cual no debe asombrar, se creó en tiempos violentos y religiosos; por lo demás, así son los versos de la mayoría de himnos. Aparte, es un falso canto nacional, pues se hizo servilmente para glorificar al peor dictador de México: Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna y Pérez de Lebrón.

Es un disfraz, continuaba el periodista, con alabanza a su “Alteza Serenísima”, el cual el mismo convocó para hacerse gloria. Claro que la mayoría de los mexicanos lo ignora, pues, desde hace mucho, los versos alusivos al máximo vendedor de nuestro país fueron eliminados, como estos: Del guerrero inmortal de Zempoala / Te defiende la espada terrible, / Y sostiene su brazo invencible / tu sagrado pendón tricolor. / ¡El será del feliz mexicano! / en la paz y en la guerra el caudillo, / porque él supo sus armas de brillo / circundar en los campos de honor.”

CLAROSCUROS

Esta dualidad de nuestro himno nacional, se termina de enmarcar cuando, por ejemplo, en ese mismo escrito, Juan Manuel Alegría se refiere al pasado del autor del himno nacional, Francisco González Bocanegra, y su historia personal que está más cerca del conservadurismo y el apoyo a las causas proimperales, que a la República actual en la que el himno nacional sigue siendo la más grande exaltación del sentimiento patrio.

El 12 de noviembre de 1853, dice Juan Manuel Alegría, fue cuando se publicó la convocatoria para un Himno Nacional. Ya sabemos quién lo ganó: un poeta medio mexicano (que también le hizo un himno a Miramón, el fusilado junto a Maximiliano), Francisco González Bocanegra, sobrino del expresidente José María Bocanegra, quien fue Ministro de Relaciones con Santa Anna. El 5 de febrero de 1854, esa letra fue premiada por un jurado formado por tres amigos del jarocho, poetas conservadores: José Joaquín Pesado, Manuel Carpio y Bernardo Couto. Y, ya con la música del catalán Jaime Nunó (premiado en agosto), fue estrenado el 15 de septiembre en el Gran Teatro Santa Anna.

Al final, nuestro autor hace una propuesta que no está de más que se tomara en cuenta: Es difícil, por el nacionalismo (o patrioterismo) que priva en el país (lo resentirían en los estadios), pero, ya es tiempo de pensar en convocar a otro himno que hable de héroes verdaderos no de un dictador; de la dignidad, de la superación, otros valores, no el de la agresión. Tampoco ha habido ningún concurso que lo haya premiado como el segundo más bello del mundo. Aparte, los derechos del Himno están en EE. UU (aunque la ley de los derechos de autor en Estados Unidos dice que el Himno es del dominio público, ya que fue estrenado antes de 1909).

Hoy, pues, que es una fecha muy mexicana debiéramos reflexionar con mayor seriedad la forma en cómo concebimos nuestros símbolos patrios, y la forma que les queremos dar para el futuro. No se trata de querer reformar todo, como tampoco de que continuemos repitiendo inopinadamente lo que nos enseñaron que era “lo mexicano” y que recurrentemente exaltamos de forma vacía, en fechas como ésta. Al final, el mexicanismo tendría que ser mucho más que eso, y tendría que estar encaminado a una forma más adecuada de concebir los elementos que nos identifican como mexicanos. Solos, y vacíos, el grito y el himno nacional son tan vacíos, porque evocan algo con lo que no necesariamente todos los mexicanos nos identificamos (la guerra), y dejan de lado otros aspectos que debieran ser igual de predominantes que el sentimiento bélico.

TERMINAR CON EL MANIQUEÍSMO

Haríamos bien con comenzar por eso. Ninguno de nuestros héroes nacionales fue incólume. Ninguno. Hay otros que ayudaron a la patria, pero vivieron y ejercieron el poder tanto tiempo que dejaron de ser héroes para convertirse en traidores a la patria. ¿Sabemos algo sobre eso? ¿Nos interesa? México es un mosaico de pensamientos e ideas políticas, igual que como lo fue hace 150 o 200 años. Por eso ayuda tan poco esa visión de los buenos y los malos con la que se insiste en seguir enseñando la historia de nuestro país.

Un atavismo, que la Sección 22 insista en los pagos con “cheques de papel”

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cheque sep

+ No ganarán los amparos; los pagos electrónicos son iguales a los físicos.


Es estéril la controversia que existe entre un grupo de trabajadores de la educación y el IEEPO por el pago de sus salarios vía transferencias bancarias. Además de que los empleados educativos inconformes no tienen una sola posibilidad de vencer al sistema financiero en lo relativo a la “bancarización” de sus salarios, hoy los pagos de nómina realizados mediante transferencias tienen un valor probatorio pleno, reconocido por los tribunales federales. Por esa razón, de entrada sería incongruente que el Poder Judicial de la Federación se contradijera por un asunto en el que realmente no hay controversia.

En efecto, ayer TIEMPO informaba en su primera plana que el Poder Judicial de la Federación avaló pagos de la SEP a maestros de la Sección 22 a través de cajeros, al negarle el amparo a un maestro para cobrar quincenas con cheques, como ocurría antes de que el IEEPO pasara a manos del gobierno federal. El amparo que perdieron los docentes es el 1273/2015, el cual una vez resuelto llegó al juez federal a confirmar la legalidad del proceso de bancarización de la nómina magisterial del IEEPO. Así, informaba este diario, el Juzgado Primero de Distrito en el Estado suspendió de manera definitiva el amparo presentado por un solo profesor de la Sección 22, toda vez que este régimen de pago no violenta los derechos laborales de las y los trabajadores de la educación.

No obstante, también ayer los profesores insistieron en tener la razón. En las primeras horas de la tarde un grupo de maestros de la Sección 22 encabezó una protesta en la pagaduría del IEEPO, exigiendo que se les entregaran sus “cheques de papel”, argumentando que ellos “habían ganado” más de 100 amparos en los que el Poder Judicial de la Federación suspendía provisionalmente los pagos vía depósitos bancarios. Dijeron también que el gobierno debe atender sus exigencias porque ya llevan dos quincenas sin cobrar, “lo cual les causa serios conflictos para mantener a sus familias”.

Este escenario es lamentable, de entrada, por una razón en particular: los maestros oaxaqueños, durante muchos años, han librado batallas formidables en contra del Estado mexicano para preservar sus privilegios y para conseguir más. Justamente por esa razón, es triste que hoy se desgasten en una batalla tan intrascendente; que inviertan tiempo y recursos en defensas legales que no tienen ningún derrotero claro; y sobre todo, que continúen haciendo sufrir a sus propios agremiados, a quienes engañan con el supuesto éxito de su empresa judicial, y mientras llevan un mes sin cobrar sus salarios bajo la nueva modalidad de depósito a una tarjeta bancaria.

Y es que, como lo apuntábamos en nuestra entrega del pasado 11 de septiembre, era previsible que los juzgadores federales a los que les corresponde conocer y resolver estas demandas de amparo, terminaran negándolos al no haber violaciones a derechos fundamentales. Señalábamos que a simple vista podía distinguirse que no había transgresiones a la esfera jurídica de los quejosos, porque el patrón (en este caso, el gobierno federal) está cumpliendo en tiempo y forma con el pago de sus salarios, y porque todo el sistema bancario y fiscal de nuestro país sigue la tendencia de que la mayor parte de las operaciones financieras se realicen dentro del sistema bancario (es decir, evitando el uso de dinero en efectivo).

Si esas eran ya razones suficientes, es también relevante el hecho de que en la interpretación que realiza la Suprema Corte de Justicia de la Nación y los tribunales federales a través de jurisprudencias y tesis aisladas, se reitera con toda claridad no sólo que los depósitos por concepto de pago de nómina son perfectamente legales, sino que además tienen un valor probatorio pleno ante las autoridades fiscales y los tribunales. Con ello, no queda duda de la inutilidad de esta lucha por parte de los maestros, que sólo los engaña y los desgasta más de lo que ya están.

INTERPRETACIONES JUDICIALES

Una tesis aislada del Sexto Tribunal Colegiado en material del trabajo del Primer Circuito (en el Distrito Federal), emitió una tesis aislada que nos da una idea clara de los alcances que tiene el pago de salarios vía depósitos bancarios.

Dicho criterio señala que “aun cuando las constancias de nómina salarial mediante depósito electrónico no contengan la firma del trabajador, tienen valor probatorio para considerar que corresponden al pago de salarios y sirven como comprobantes de éstos, si las cantidades que aparecen en aquéllas coinciden con las que constan en estados de cuenta bancarios, si en ellos se detallan los depósitos realizados por el patrón en la cuenta del trabajador bajo el concepto ‘pago por nómina’ u otro similar, tiene cierta periodicidad y aparece el nombre de la institución bancaria emisora” (Registro 170186).

Otra tesis sostiene que el Sistema de Pagos Electrónicos Interbancarios (SPEI), fue desarrollado por el Banco de México (…) para permitir a los clientes de bancos enviar y recibir transferencias electrónicas de dinero. Sistema complejo del que destaca que para poder llevar a cabo este tipo de transacciones, los usuarios deben completar toda aquella información fidedigna que identifique ampliamente no sólo a la parte que abona y a la que recibe, sino que proporciona un número de referencia de hasta 7 dígitos, un identificador llamado clave de rastreo, de hasta 30 posiciones alfanuméricas que llevan como finalidad la rápida identificación del pago realizado, el monto del abono, así como la fecha y hora en que se realiza. Dicha seguridad se encuentra basada en mensajes firmados digitalmente para lo cual los participantes usan certificados digitales y las claves de las personas autorizadas, los que se obtienen de acuerdo con las normas de la Infraestructura Extendida de Seguridad (IES), del Banco de México. A partir de ello, dicen los tribunales federales, no queda duda de la autenticidad de los depósitos y por ende, refrenda, tienen un valor probatorio pleno (Registro: 2008633).

VALOR PLENO

Es importante considerar el valor que le dan los tribunales federales a esos pagos. En términos simples, es un valor pleno. Por esa razón, y con esos antecedentes, sería impensable que ahora el Poder Judicial se desdijera para sostener que esos depósitos son violatorios de derechos fundamentales. De fondo, como lo dijimos antes, los maestros van a perder en esta lucha estéril, en la que insisten sólo por necedad.

¿Los mexicanos ya sabemos qué hacer con nuestra independencia?

15  de septiembre

+ Mañana, un grito que necesitaría tener un impacto en futuro común


Mañana, en todos los municipios, en las entidades federativas, y en la capital del país, ocurrirá la ceremonia tradicional del grito de independencia. Es la liturgia conocida en la que la principal autoridad política evoca el llamado del cura don Miguel Hidalgo a luchar por la independencia del país, junto con la rememoración de los principales héroes de nuestra primera gesta patria. Hoy que el país vive momentos de excepcional crispación, los mexicanos debiéramos plantearnos hacia dónde debemos enfilar la independencia nacional, y nuestra democracia, para que nos sirva para algo.

En efecto, cada año vale menos la sola evocación de la gesta independentista, cuando el país se nos va de las manos no sólo porque la independencia no tiene un derrotero definido, sino también porque parece que no sabemos qué hacer con la realidad, y preferimos evadirla. El llamado “grito de independencia” tenía como base la búsqueda de la liberación del sometimiento extranjero hacia nuestro país. Hoy, por el contrario, pareciera que el grito tiene como intención de fondo liberarnos de nosotros mismos.

¿A qué nos referimos? A que nuestros padecimientos nacionales son más domésticos que nunca. Pues resulta que a diferencia del pasado, hoy no son calamidades o potencias extranjeras. Más bien, nuestros padecimientos son generados y fomentados por nosotros mismos, al tener una clase política poco comprometida con el bienestar nacional; por tener normas que son cambiadas incluso antes de que rijan las situaciones para las que fueron hechas, simplemente porque la prioridad política del momento cambia; porque hemos caído en la posición cómoda de creer que como nadie habrá de sancionarnos, entonces podemos quebrar la ley, y traicionar al interés público sólo para obtener un beneficio económico momentáneo, impunemente.

Todo esto es un signo clarísimo del profundo desánimo que hoy priva entre los mexicanos. A diferencia del pasado, cuando hubo importantísimas amenazas sobre nuestro país y logramos sobreponernos, hoy pareciera que perdimos la fe en nosotros mismos. ¿Por qué? Porque cuando se luchó por la independencia, se derramó sangre, se perdieron vidas, y se convulsionó el país, en aras de conseguir algo que era vital para nuestro futuro como nación con identidad propia: poder gobernarnos nosotros mismos.

Luego vino la intervención estadounidense, y el riesgo del desmembramiento nacional. Aunque hubo una derrota dolorosa, con la pérdida de medio país que se fue arrebatado por Estados Unidos, en el México que quedó hubo la noción de que debía lucharse ya no por lo que se perdió, sino por lo que quedó del país. Una década después, vino la guerra de reforma fundamentada en la radicalidad liberal de la Constitución de 1857, y las reformas juaristas de los años siguientes.

Y aunque suene a romanticismo, resulta que en ese momento más que nunca se luchó por un ideal. Sí, porque esa Constitución aún no había regido, y mucho menos había planteado en la realidad las transformaciones que se encontraban anunciadas en su articulado. Aún así, hubo una guerra entre quienes se oponían a toda posibilidad de que ese “fantasma” se materializara, y quienes creían en una Constitución que tenía vigencia pero todavía no una aplicación práctica, y por eso estaban también dispuestos a batirse en guerra. Eran, entonces, dos proyectos y visiones de país las que estaban enfrentadas.

Luego vinieron otras guerras: la de la intervención francesa, que selló la independencia no sólo de México, sino de América, frente a las potencias extranjeras, y le dio a don Benito Juárez —cabeza de la defensa de la República frente al imperio, y de cara a los últimos coletazos del colonialismo europeo— su pase directo al mausoleo de los gigantes de la historia contemporánea. Luego vino la Revolución, con sus postulados sociales y con el planteamiento de la urgencia de fundar un sistema político propio. Todo eso se acabó. Y pareciera que hoy sólo nos estamos disputando los despojos de toda esa historia.

¿Para qué queremos hoy la independencia?

LOS NUEVOS RETOS

Hoy tenemos tres problemas, graves todos: corrupción, impunidad e incapacidad para superar nuestros problemas sociales y políticos más básicos. Los tres se encuentran unidos por una misma melaza, que es la de un gobierno y una sociedad que no asumen su papel y el momento histórico que nos toca vivir. El país se nos va de las manos, a todos juntos, pero nadie está preocupado por lo que pase mañana, o dentro de un año, o en las décadas siguientes.

La corrupción es un mal irrefrenable; la impunidad es el pan de todos los días para millones de mexicanos que siguen esperando la atención a su propio caso, o que exigen que todos aquellos que cometen excesos desde el poder, tengan un castigo; y esas dos circunstancias son las que determinan la tercera: el Estado no puede cumplir con sus fines, porque sus funcionarios están tan ocupados tratando de evadir la ley, y de cumplir con sus caprichos o ambiciones de poder, que entonces invierten su tiempo y esfuerzo en ello, y sangran al Estado distrayendo sus recursos para sus fines particulares.

¿No es eso una bajeza nacional? Claro que lo es; el problema es que nadie pone un freno, y la sociedad acepta entonces que el gobierno gaste mal, desvíe recursos; que funcionarios hagan campaña política con cargo a las dependencias en las que trabajan; aceptan también que el Presidente se investigue solo frente a un caso de corrupción (con los previsibles resultados funestos); y que mientras todo eso ocurre, el Estado consuma recursos billonarios en el sostenimiento de un estado de cosas que no contribuye a remediar por lo menos parcialmente los múltiples rezagos sociales que padecemos como país.

ANODINOS

¿Para eso queremos la independencia? Evidentemente, el grito no sirve de nada, si no viene acompañado del reconocimiento de los muchos problemas que tenemos, y de la urgencia de hacerles frente y no seguirle dando la razón a los que dicen —desde los tiempos de Octavio Paz— que los mexicanos gritamos fuerte una noche para callar, resignados, durante todo el resto del año. Si queremos que la solución llegue desde el gobierno, sólo volteemos a ver el resultado de la investigación sobre el conflicto de interés en la adquisición de las propiedades del Presidente. De lo contrario, volteemos a ver a Guatemala, para reconocer la pusilanimidad de quienes, en México, ven el desfiladero y siguen sin hacer nada.