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La eliminación del financiamiento a partidos sí representa un dilema —y muy grave—para la democracia en México

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El discurso fácil apunta a que, en el contexto de las sucesivas tragedias ocurridas en México por los sismos del pasado mes de septiembre, se debe discutir y consolidar la eliminación del financiamiento público a los partidos políticos y a las campañas electorales en nuestro país. En realidad, dicha propuesta merece un análisis más profundo, que pase por algunos tópicos que hasta el momento no parecen estarse viendo con claridad. Vale la pena repasar algunos de ellos.

En efecto, luego de los sismos surgió de manera aparentemente espontánea un movimiento que fijó en la agenda pública la necesidad de que los partidos políticos ‘donaran’ sus recursos para la reconstrucción de las zonas devastadas. Aunque de inicio los partidos —la partidocraciaintentó defenderse, pronto se dieron cuenta que la rentabilidad electoral era superior a la defensa de sus prerrogativas.

Por eso, casi de inmediato iniciaron una especie de puja en la que han intentado ver quién da más de sus recursos económicos las ofertas han ido de montos definidos, hasta presupuestos de ejercicios completos—, pero también han caído en la situación de competir por ver quién plantea la propuesta más descabellada. De manera aparentemente sorpresiva, aunque claramente intencionada, el PRI planteó la eliminación del total del financiamiento público a los partidos, y también desempolvó la propuesta planteada en 2014 de eliminar las diputaciones federales y senadurías asignadas por la vía de la representación proporcional. Aunque son inicialmente atractivas, habría que repensar dichas propuestas, y ponderar la relacionada con el financiamiento. ¿Por qué?

Porque, por principio de cuentas, la democracia no es, ni debe ser, una actividad sujeta a las reglas del mercado. Se equivocan —y engañan vilmente a la ciudadanía— quienes plantean que ahora sean los militantes y simpatizantes los que sostengan las actividades proselitistas que requieren recursos, porque los mismos partidos han sido los primeros que históricamente se han dedicado a desalentar y alejar a la sociedad civil de las actividades políticas, y a exterminar aquel concepto de ciudadanía que apunta a que una persona interesada en los asuntos públicos debe contribuir a ellos.

Al quedar la democracia sujeta a las reglas del mercado, quizá si lleguen algunos recursos provenientes de las aportaciones de los ciudadanos y de las acciones de recaudación de fondos que realicen los partidos. Sin embargo, en un país como México nadie puede evadir el hecho de que resulta más probable que las arcas partidistas se llenen de recursos provenientes —desviados— de las arcas públicas, que de los militantes y simpatizantes; y, aún peor, que no sólo no sean sus principales fuentes de financiamiento ni los fondos privados ni los recursos públicos —con el enorme cuestionamiento e ilegalidad que eso representa—, sino dinero proveniente del narcotráfico.

Éste, el narco y la delincuencia organizada, se han intentado meter como la humedad en todas las actividades políticas y, a pesar de los controles y prohibiciones actuales, ha intentado llegar hasta las más altas esferas del poder público. Y si consideramos que en los partidos y entre candidatos se asume que en la lucha por el poder, el fin justifica los medios, ¿entonces por qué no pensar en que la enorme seducción que representa la abundancia de recursos provenientes de fuentes ilícitas para financiar campañas, puede hacer presa de su poder a partidos y candidatos en estado de inanición por la falta de recursos públicos?

EVADIR EL COMBATE A LA CORRUPCIÓN

Otro de los temas sustantivos que evade esta falsa discusión sobre la eliminación del financiamiento público a los partidos, es el del combate a las diversas formas de corrupción que existe en el ejercicio político cotidiano. De hecho, esto parece ir en sentido contrario. ¿De qué hablamos?

De que si sujetamos el ejercicio de la política partidista, de las campañas, de las postulaciones y, en resumen, del acceso al poder público, a las reglas del mercado y a los intereses del mejor postor, entonces no sólo no estaremos desalentando la corrupción sino que la estaremos estimulando con una eficacia formidable. La razón es simple: los partidos y sus candidatos, de entrada, dejarán de discutir —si es que hoy lo hacen— algunos de los temas sustantivos y torales para el país, y destinarán la mayor cantidad de su tiempo a la búsqueda de fondos.

Además, al quedar el acceso al poder sujeto a las reglas y los intereses económicos más puros, se abrirán aún más espacios para la corrupción reflejada en venta, cooptación y condicionamiento de candidaturas a quien tenga recursos, soslayando el reconocimiento social a los liderazgos natos y al trabajo comunitario —factores que debieran ser los determinantes para el otorgamiento de candidaturas, por encima de la capacidad económica.

Evidentemente, junto a todo esto hay otra realidad: el retiro del financiamiento público no será sinónimo —ni de lejos— de campañas más austeras. En México, lamentablemente, la clase política no sabe hacer otro tipo de campañas que no sean las regidas por el dinero. hoy, esos montos los obtienen en gran medida del financiamiento público y de fuentes ilícitas, pero fundamentalmente de la canalización indebida de recursos de las arcas públicas hacia las campañas.

En esa lógica, ¿dejarán de comprar conciencias, votos, asistencias y simpatías? Evidentemente no. La diferencia es que ahora lo harán con dinero de origen quizá desconocido. Y muy seguramente lo harán con mayor libertad al no estar sujetos a la comprobación que hoy les exigen las fuentes de financiamiento que provienen del presupuesto.

Por todo eso, sería muy importante que más allá de las propuestas fáciles y demagógicas, los partidos nos dijeran a los ciudadanos qué y cómo le harán para crear de verdad ciudadanía; cuáles serán las coordenadas a seguir para lograr que, con dinero público o con dinero privado, los ciudadanos de a pie creamos en ellos y nos sintamos representados.

Evidentemente no lo lograrán aliándose con los grandes capitales, o con la delincuencia organizada. Tampoco lo lograrán anidando los vicios ya conocidos de los partidos. Y mucho menos habrá avances mientras insistan en discusiones aparentemente antisistémicas que, en realidad, tienen muchos problemas para pasar al menos como propuestas populistas o demagógicas.

RAPIÑA

Hay que combatirla de frente en el Istmo: con las tarjetas prepagadas para la reconstrucción de las viviendas y comercios afectados, también llegaron los buitres que pretenden aprovechar la situación. ¿De veras hubo alguien con tanta ‘sensibilidad’ como para autorizar los tráileres repletos con cemento y leyendas de “aquí se reciben las tarjetas para la reconstrucción”, que se vieron desde la tarde del lunes en varias ciudades istmeñas?

Impiden barreras y obstáculos una justicia eficaz: Magistrada

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La magistrada Ana María Cruz Vasconcelos y la jueza Jessica Maribel Arango Bravo, impartieron la conferencia Administración de Justicia como servicio público

En el marco de la Semana Nacional de Transparencia en las entidades federativas, promovida por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), la magistrada Ana María Cruz Vasconcelos, del Tribunal de lo Contencioso Administrativo y de Cuentas y la Jueza Sexto de lo Civil del Centro, Jessica Maribel Arango Bravo, impartieron la conferencia Administración de Justicia como servicio público.

En la ponencia, ofrecida en la Casa de la Cultura Jurídica de la ciudad de Oaxaca, intervino también la doctora Socorro Apreza Salgado, investigadora y catedrática de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien junto con las servidores públicas judiciales coincidió en que  es indispensable avanzar en la remoción de obstáculos de índole cultural, económico y educacional que impactan en el acceso igualitario a la justicia.

Resaltaron que hay brechas y barreras como la lingüística, la cultura de las comunidades, el insuficiente personal en las instancias de procuración y administración de justicia, las prácticas discriminatorias  y la falta de uso por parte de los juzgadores de los principios de interpretación de los derechos humanos para resolver los conflictos,  que no favorecen una justicia pronta y expedita en la entidad.

La magistrada Cruz Vasconcelos indicó que la administración de justicia es un servicio público básico, esencial para el funcionamiento y bienestar de la sociedad. “Hay que reconocer que la sociedad tiene una percepción negativa de este servicio y el fracaso de la justicia en su tarea de hacer efectivos los derechos de los ciudadanos se ve como un fracaso de Estado. De la justicia no se exige ahora solamente que sea independiente e imparcial, sino también que sea eficaz”, destacó.

Por su parte, la Jueza Sexto de lo Civil del Centro señaló que la actuación de los jueces se encuentra bajo la lupa ante una sociedad cada vez más informada, por lo que quienes tienen esta responsabilidad deben procurar una actuación basada en la confianza, credibilidad, confidencialidad, profesionalismo, imparcialidad, compromiso institucional y el respeto irrestricto a los derechos humanos.

Las actividades de la Semana Nacional de Transparencia en las entidades federativas buscan el  fortalecimiento de los estándares de servicio a los justiciables y abonar a la confianza de la sociedad.

Helmes está en problemas… y la UABJO, en quiebra

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Son lógicas las aspiraciones políticas del ex rector de la UABJO, Eduardo Martínez Helmes: pretende conseguir la protección del fuero constitucional federal para evadir las responsabilidades administrativas y penales que le derivarán de su gestión al frente de la Máxima Casa de Estudios, en la que existe un millonario desfalco que hasta el momento no han podido comprobar. Por eso intentó que Morena lo postulara a algún cargo legislativo federal. Y ahora, cuando en el partido lopezobradorista parecen haberle atajado las aspiraciones, busca refugio en el membrete del PT que está en poder del senador Benjamín Robles Montoya.

En efecto, los problemas financieros al interior de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca son ampliamente conocidos porque el propio rector Eduardo Bautista Martínez decidió hacer pública la crítica situación en la que se encuentran las finanzas universitarias. En varios momentos ha señalado que el presupuesto de la Universidad se encuentra fuertemente presionado por los compromisos heredados por administraciones anteriores y que, de no ser atendido, incluso cabría la posibilidad de que la UABJO se quedara sin recursos para su gasto corriente, dos o tres meses antes de cerrar su ejercicio presupuestal del presente año.

En esa lógica, dentro y fuera de la UABJO existen dos presunciones ampliamente construidas: la primera, es que gran parte de la responsabilidad por el estado crítico en que se encuentran las finanzas universitarias recae en el ex rector Eduardo Martínez Helmes; la segunda, que durante su gestión, el ahora ex Rector pasó de la medianía económica a la bonanza a través de una importante red de asesores financieros y fiscales, y a través de prestanombres, por medio de los cuales habría adquirido propiedades y realizado inversiones en distintos rubros, para diversificar los recursos extraídos de la Máxima Casa de Estudios.

De hecho, uno de los datos sustantivos que refuerzan esos señalamientos es el dato verificable de que, durante su gestión, Martínez Helmes llevó al límite la capacidad de endeudamiento de la Universidad, al autorizar ejercicios presupuestales por demás superiores a sus ingresos garantizados. En su edición de ayer, el periódico Tiempo de Oaxaca daba cuenta de lo anterior, al señalar que durante el último año de gestión de Eduardo Martínez Helmes, la Universidad ejerció un presupuesto de mil 51 millones de pesos, a pesar de que el presupuesto que tenía aprobado apenas si rebasaba los 900 millones de pesos.

Así, el endeudamiento fue una constante de su administración, con la agravante de que ese endeudamiento no tuvo como destino alguna obra o gasto en infraestructura, sino que como consecuencia del manejo irregular de las finanzas ancló esos compromisos al pago de gasto corriente. Por eso el rector Bautista Martínez no ha dudado en denunciar las irregularidades cometidas por su antecesor en el manejo del presupuesto y la adquisición de deuda y, de hecho, esa parece ser una de las principales razones en las que se basa el claro distanciamiento que existe entre el actual Rector y la llamada ‘familia real’ universitaria de la que es patriarca Abraham Martínez Alavés, pero de la que es su máximo orgullo el también ex rector Eduardo Martínez Helmes… que ahora está en problemas.

ASPIRACIONES INUSITADAS

En otros momentos señalábamos en este espacio que el “ejemplo” puesto por el ex rector Francisco Martínez Neri a sus antecesores y sucesores, en el sentido de que sí es posible brincar de la política universitaria a la política estatal, era uno de los pivotes que movía a Eduardo Martínez Helmes a buscar una diputación luego de terminar su rectorado.

Acaso una primera diferencia entre ellos, era que mientras Eduardo Martínez Helmes nunca pasó de ser un burócrata universitario que creció al amparo de su poder paternal, Martínez Neri sí había sido un rector —el último de ellos, hasta ahora— con cierto reconocimiento social gracias, a que había tomado una posición activa durante el periodo en que le tocó encabezar la Universidad, que fue el mismo en el que ocurrió el conflicto magisterial de 2006 y él le abrió las puertas de la Universidad al movimiento popular, en rubros como Radio Universidad o la utilización del campus universitario como refugio de la resistencia social. Esas fueron decisiones fuertemente criticadas, pero que ciertamente le hicieron ganar el reconocimiento de un sector de la población que luego lo respaldó para ser, por la vía de la mayoría relativa, primero diputado local, y ahora diputado federal.

Hoy, sin embargo, sabemos que existen más diferencias en las aspiraciones de Martínez Helmes respecto a la ruta política de Francisco Martínez Neri. En realidad, lo que Helmes ha buscado no es el crecimiento político, pues ese nunca le interesó ni en el tiempo en que fue Rector. Más bien, lo que ha buscado es el cobijo de alguna fuerza política que le permita superar los problemas que enfrentará por su cuestionada gestión al frente de la Máxima Casa de Estudios.

Por esa razón, en un primer momento buscó la forma de encontrar cobijo en el Partido Movimiento de Regeneración Nacional, e incluso logró que lo incluyeran en el grupo de los políticos que el 21 de marzo pasado firmaron en Oaxaca, el Acuerdo Político de Unidad por la Prosperidad del Pueblo y el Renacimiento de México en presencia del propio Andrés Manuel López Obrador. En aquel entonces, Martínez Helmes aseguraba que su capital político estaba en la Universidad, y que su clientela electoral dentro de la Universidad le hacía acreedor no sólo a una candidatura a diputado federal, sino que incluso públicamente sostenía que él sería uno de los candidatos al Senado por el partido lopezobradorista.

El problema —para él— es que las propias circunstancias han ido demostrando que ni él tiene el liderazgo necesario al interior de Morena como para asumirse como posible candidato a cualquier cargo de elección popular, ni tampoco en Morena le tienen confianza a sus afirmaciones iniciales. Por esa razón, aún cuando al inicio vislumbraban la posibilidad de que fuera al menos candidato a una diputación federal, luego lo redujeron —en posibilidades— a una diputación local, que evidentemente no le interesó.

Fue así porque en el ámbito estatal los legisladores locales dejaron de tener fuero o inmunidad constitucional, que es lo que en realidad anda buscando Martínez Helmes mientras, —según él— se calma la tormenta por los saldos cuestionables de su rectorado. Por eso, quienes conocen sus movimientos vieron con sorpresa cómo inusitadamente abandonó el barco lopezobradorista para buscar cobijo en lo que queda del PT con el senador Benjamín Robles Montoya. Quizá ahí sí pueda comprar la candidatura a una diputación federal, con la que sueña. El problema es que, de acuerdo con el panorama actual, en el radar electoral el PT no aparece en ninguna posibilidad importante, y las pocas que queden serán asignadas en el sentido patrimonialista que siempre ha caracterizado a Robles Montoya.

NERVIOSISMO

Dicen que el ex Rector es, de hecho, uno más de los varios que andan muy preocupados, en la misma proporción que en sus épocas de bonanza, hicieron negocios millonarios con el Coco Castillo. Por eso, señalan, está también intentando la vía desesperada —e inútil— de hacerse aliado de Robles Montoya.

Impulsa Poder Judicial del Estado la actualización en oralidad mercantil

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Magistrados y jueces participaron en un curso de capacitación impartido por el juez Lorenzo René Díaz Manjarrez

La aplicación de la oralidad en materia mercantil responde a  las  exigencias  de una sociedad ávida de una justicia pronta, expedita, completa e imparcial, afirmó el juez del Poder Judicial del Estado de México,  Lorenzo René Díaz Manjarrez, quien resaltó la importancia de que los profesionales del derecho fortalezcan  sus conocimientos en ésta materia y estén a la vanguardia.

Indicó que el 25 de enero de éste año se publicó en el Diario Oficial de la Federación un decreto por el que se reforman y adicionan diversas disposiciones del Código de Comercio, en materia de Juicios Orales Mercantiles.

En entrevista, quien se desempeña como Juez tercero mercantil de primera instancia del Distrito Judicial de Tlalnepantla de Baz, explicó que el objetivo de dichas reformas es simplificar los procedimientos, así como desincentivar el incumplimiento de obligaciones en las transacciones mercantiles, permitiendo el acceso a un procedimiento mucho más expedito.

Los beneficios del juicio oral mercantil se resumen en que el juez intervendrá en la audiencia, las cuales serán más sencillas, con menos formalidades que en el sistema actual, las sentencias se dictarán con mayor celeridad porque los asuntos ya no quedarán a voluntad del interesado, lo cual generará mayor economía a los juzgados, pues no tendrán expedientes detenidos en espera del impulso procesal y como las audiencias serán públicas, habrá mayor transparencia en la impartición de justicia, resaltó.

En la sala de audiencias del Juzgado Especializado en material Oral Mercantil, que funciona en el edificio de los juzgados del Centro ubicado en el barrio del exmarquesado, el Juez Lorenzo René Díaz Manjarrez  impartió un curso de actualización en Juicios Orales Mercantiles dirigido a magistrados y jueces del Poder Judicial del Estado involucrados en la materia.

Ello, con el objetivo de que los juzgadores puedan identificar los problemas y errores frecuentes en el juicio en materia civil, familiar y mercantil, así como determinar su resolución; fortalecer la práctica judicial, generar decisiones fundadas y motivas con base en el análisis de casos y fenómenos concretos.

¿Cómo garantizará el Congreso que los integrantes del nuevo OSFEO, de verdad sean los más aptos?

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La semana pasada la Comisión de Vigilancia de la Auditoría Superior emitió la convocatoria para elegir a los nuevos integrantes del Órgano Superior de Fiscalización del Estado de Oaxaca (OSFEO). La emisión de dicho documento implica un reto muy importante para la Legislatura del Estado, porque es ésta quien tendrá la responsabilidad de corregir los vacíos e insuficiencias que presenta la propia convocatoria, para lograr el aparente objetivo de nombrar a las personas más capaces y preparadas —y no compromisos políticos— para encabezar esas responsabilidades.

En efecto, luego de un receso generado por los sismos de las últimas semanas, el pasado 27 de septiembre se publicó la Convocatoria Pública para elegir al Titular y Tres Sub Auditores del Órgano Superior de Fiscalización del Estado de Oaxaca. Dicha Convocatoria es una consecuencia de la reforma a la Constitución local que la LXIII Legislatura aprobó mediante Decreto número 695, publicado en el Periódico Oficial del Gobierno del Estado de Oaxaca el 21 de septiembre pasado.

De dicho documento, no deja de llamar la atención que entre los requisitos que se supone que deben acreditar cada uno de los aspirantes a dichos cargos, aquellos referidos a la capacidad profesional y de especialización que requiere cumplir para  ser el Titular y Sub Auditores del nuevo Órgano, en realidad —como lo advertimos en otros momentos en esta columna— la convocatoria resulta insuficiente y corta respecto a las necesidades que debieran cubrir los aspirantes tanto a la titularidad del OSFEO, como para quienes desean fungir como sub auditores.

¿De qué hablamos? De que en la Base Primera de la convocatoria, denominada “De los requisitos para aspirar al cargo de Titular del Órgano Superior de Fiscalización del Estado de Oaxaca”, y en la Base Segunda, denominada “De los requisitos para aspirar a los cargos de Sub Auditores del Órgano Superior de Fiscalización del Estado de Oaxaca” se establecen como requisitos a cumplir: “Contar al momento de su designación con una experiencia efectiva de cinco años en actividades o funciones relacionadas con el control y fiscalización, del gasto púbico, política presupuestaria, evaluación del gasto público, del desempeño y de políticas públicas, administración pública, financiera, o manejo de recursos”.

En esa lógica, resulta que sí se exige cumplir con una serie de conocimientos relacionados con el manejo de recursos públicos, pero también resulta que los aspirantes no necesitan tener experiencia en todas esas materias, sino que basta acreditarla solo en una para calificar, al menos, en este requisito. Esta inconsistencia resulta por demás grave, ya que con esa laxitud en el establecimiento de los requisitos, muchas personas pueden “calificar” para el cargo sin que necesariamente sea un experto en todos los temas que requiere de especialización el personal encargado de la fiscalización.

Así, por ejemplo, una persona que no necesariamente sea experta en fiscalización, sí puede tener experiencia de cinco años en el manejo de recursos públicos, pues cualquiera que haya fungido en un área administrativa con enfoque financiero lo cumplirá, pero pueden tener nula experiencia en las materias de auditoría gubernamental, de control interno o de evaluación del gasto público, del desempeño y de políticas públicas, siendo éstas por demás trascendentes en el ejercicio de la responsabilidad que tendrían que desempeñar al ocupar dichos cargos, pero sobre todo, por tratarse del objetivo primordial del nuevo Órgano Superior de Fiscalización del Estado de Oaxaca.

MÁS INCONSISTENCIAS

Otra cuestión relevante, surge del hecho de que, al efectuar la reforma a la Constitución local, en el último párrafo del artículo 65 bis, se establecen los requisitos para ser Auditor. Dice la Constitución: “Para ser Auditor se requiere contar con experiencia de cinco años en materia de control fiscalización, auditoria gubernamental y de responsabilidades…”. De este modo, queda claro que la Constitución exige que se cumplan todos esos parámetros, y no sólo uno o algunos de ellos, para poder ocupar el cargo de Titular del OSFEO, y resulta también cuestionable que la convocatoria no prevea ningún requisito que cumplir o que tiene que se deba acreditar en materia de responsabilidades de los servidores públicos, una omisión que incluso es inconstitucional.

De hecho, en este espacio nos referimos al tema el pasado 14 de septiembre cuando apuntamos que, técnicamente, “el Auditor Superior del Estado, o el Titular del nuevo Órgano Superior de Fiscalización, debería ser un verdadero experto en los temas que estaría destinado a conocer. En el ideal, debería existir un examen de oposición o de conocimientos, como un parámetro mínimo para que cualquier aspirante pudiera legitimarse en sus aspiraciones de convertirse en el titular del órgano fiscalizador, y luego demostrarlo a través de otros mecanismos técnicos. Así lo decía la antigua Ley de Fiscalización —que está en proceso de liquidación— y muy seguramente así lo dirá la nueva ley que se emita al respecto.”

Por esa razón —dijimos— resulta importante lo que decidan los diputados, más allá de la coyuntura política. El nuevo auditor debería ser a todas luces un experto en fiscalización, pero además un conocedor de los temas de control, auditoría y los demás rubros que establece ya la Constitución como prerrequisitos para aspirar a la titularidad del nuevo órgano. Ese debería ser uno de los puntos más finos de la actual discusión, y seguramente será uno de los temas por los que pasen los diputados, además de la autonomía y la independencia del poder público que cada uno de ellos demostrara. De no ser así, entonces se estaría en repetición del pasado. ¿De nuevo querrían un auditor a modo? Ahí sí habría un enorme, y brutal, costo político —anticipamos en aquella entrega—.

RESPONSABILIDAD LEGISLATIVA

En el momento actual, aún es imposible decir que se repetirá la historia del Auditor saliente. Por eso decimos que hoy, a pesar de la laxitud de la convocatoria, los diputados oaxaqueños deben conducirse con la mayor responsabilidad para elegir a las mejores personas para esas responsabilidades. Ojalá no defrauden a Oaxaca ponderando los criterios políticos sobre los requerimientos técnicos que exige la propia Constitución para esos cargos.

El Poder Judicial contará con un sistema de notificación electrónica: Bolaños Cacho

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Con esta medida se dará cumplimiento al Código de Procedimientos Civiles y a una demanda de barras, colegios y asociaciones de abogados oaxaqueños, dijo

La responsabilidad de administrar justicia es compartida entre el personal que labora en el Poder Judicial, las barras, asociaciones y colegios de abogados oaxaqueños, así como los justiciables, dijo el magistrado Raúl Bolaños Cacho al anunciar a los estudiosos del Derecho que esa institución que preside, pondrá en breve la operación del Tribunal Virtual de Notificación Electrónica, dando cumplimiento al Código de Procedimientos Civiles y a una demanda sentida de los propios abogados.

En una reunión plural con representantes de diversas organizaciones de profesionales del Derecho, Bolaños Cacho anunció que en fecha próxima entrará en operación del  Sistema de Notificación Electrónica en la vía civil, y familiar, en primera y segunda instancia, con el propósito de modernizar el servicio, dar mayor agilidad, eficacia y transparencia a los procesos judiciales en beneficio de los justiciables.

En presencia de los magistrados Eduardo Pinacho Sánchez y Ricardo Javier Herrera Muzgo, el Magistrado Presidente indicó que con este sistema se busca reducir de manera importante los tiempos de duración de los juicios, abonar a la transparencia de los procesos; agilizar la tramitación de los asuntos y mejorar la calidad en el trabajo de los actuarios.

“El desarrollo de las nuevas tecnologías de la información ha sido vertiginoso en estos últimos años y actualmente estamos inmersos en una nueva realidad y nuevos paradigmas. El avance de esta tecnología también influye en la administración de justicia con el afán de lograr una adecuada economía, celeridad y seguridad procesal”, expresó.

El consejero de la Judicatura, César Martín Cervantes Chávez explicó a los abogados sobre el mecanismo del sistema. Dijo que el Poder Judicial de Oaxaca sólo enviará las notificaciones a la dirección electrónica que esté almacenada en un servidor de correos electrónicos seguro y certificado por el mismo, así también, las partes que autoricen este nuevo medio de comunicación procesal, contarán con una contraseña personal y confidencial que le permita acceder con seguridad al portal del Poder Judicial autorizado para notificarse.

En presencia de la Secretaria Ejecutiva de la Judicatura, Adriana Zárate Ramírez, refirió que los abogados como los justiciables que se registren en este nuevo sistema recibirán las notificaciones en su dispositivo electrónico,  (computadora, tablet o celular), en el lugar donde se encuentren y de manera instantánea, ágil y segura. Además, el Poder Judicial obtendrá, eventualmente, un ahorro en recursos materiales y humanos.

Reiteró que el sistema tradicional de  notificaciones no desaparece, sino se mantiene como una opción más para el ciudadano que así lo desee.

En la reunión estuvo presente la presidenta del Colegio de Abogadas de Oaxaca, Perla Woolrich Fernández; el presidente de la Barra Mexicana-Colegio de Abogados de Oaxaca, Jorge Franco Jiménez y Miguel Ángel Varela Sánchez presidente del Colegio Nacional de Licenciados en Derecho.

De igual forma Oscar Jarquín Rodríguez quien es presidente del Colegio Oaxaqueño de Doctores en Derecho; Ángel García García, representante de Abogados Litigantes en Línea Horizontal; Eduardo Castillo Cruz, integrante de la Barra Nacional de Abogados, delegación Oaxaca y Saúl Ángel Villarreal, miembro de la Barra Oaxaqueña de Abogados y Pasantes de Derecho Independientes.

Necesario reconocer y respetar derechos de los pueblos indígenas

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Magistrados de la Sala Indígena del TSJE presentaron el libro “Multiculturalidad, Ciudadanía y Derechos Humanos en México. Tensiones en el Ejercicio de la Autonomía Indígena”

En México, una nación multicultural con la presencia de 62 pueblos indígenas, que representan más del 15 por ciento de su población, hay restricciones para el ejercicio de sus derechos humanos y como sujetos colectivos aún no alcanzan la representación política en las instituciones estatales de tomas de decisión, como lo mandatan los instrumentos internacional, coincidieron en señalar Magistrados especialistas en materia indígena.

Durante la presentación del libro “Multiculturalidad, Ciudadanía y Derechos Humanos en México. Tensiones en el Ejercicio de la Autonomía Indígena”, del sociólogo Víctor Leonel Juan Martínez, los magistrados Ana Mireya Santos López y Luis Enrique Cordero Aguilar, presidenta e integrante de la Sala Indígena del Honorable Tribunal Superior de Justicia del Estado (TSJE),  indicaron que si bien hay avances normativos y de criterios jurisprudenciales con una perspectiva de pluralismo y diálogo cultural, no siempre se respetan.

En el marco de las actividades organizadas por la Dirección de Derechos Humanos del Consejo de la Judicatura con motivo de la conmemoración del Décimo Aniversario de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, indicaron que la obra de quien cuenta con una amplia trayectoria en la investigación social y el periodismo es referencia de un tema recurrente en Oaxaca derivado de la diversidad del estado.

En su oportunidad, la magistrada Santos López resaltó el análisis puntual que el sociólogo Víctor Leonel Juan Martínez realiza de aspectos como la libre determinación, ciudadanía indígena, ciudadanía colectiva, los partidos indígenas, ciudadanías comunitarias, diálogo intercultural o confrontación de derechos, con asuntos icónicos que llevan a una reflexión del sistema jurídico mexicano.

Por su parte, el magistrado Cordero Aguilar indicó que la descripción de casos que realiza el autor contiene una visión multidisciplinaria desde la corriente crítica del derecho y el pluralismo jurídico. Como profesionales del derecho, encontrar soluciones a la problemática indígena, desde el ámbito institucional, conlleva un trabajo intenso para evitar violar sus derechos fundamentales, resaltó.

Durante su intervención, el autor del libro destacó que los pueblos y comunidades indígenas requieren hacer adecuaciones a sus esquemas tradicionales de participación y representación política; ajustar sus reglas a las nuevas condiciones de disputa por el poder local y los complejos contextos en que se desenvuelve su cotidianidad para, a su vez, evitar que conculquen derechos humanos de sus integrantes.

La base de la organización política en Oaxaca es la comunidad. “Esta realidad histórica por muchos años fue negada; sin embargo, ahora han cambiado las cosas y tuvo que pasar mucho tiempo para su reconocimiento”, apuntó el especialista considerado un referente en el análisis del sistema político, los pueblos indígenas y el movimiento social.

Las actividades organizadas por la conmemoración del Décimo Aniversario de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas continuarán el próximo miércoles 4 de octubre, con un foro sobre el tema, a partir de las 18 horas en el Centro Académico y Cultural San Pablo.

 

Analizan magistrados aspectos de los derechos indígenas

Luego de los sismos, es indispensable una auténtica vigilancia ciudadana a los recursos para la reconstrucción

Todas las formas de politización, frente a una desgracia como la ocurrida en Oaxaca ante los sismos del presente mes, es no sólo criticable sino que resulta esencialmente inadmisible. Por esa razón, hoy que están comenzando a trazarse las coordenadas para la reconstrucción de las zonas devastadas por los sismos ocurridos los días siete, 19 y 23 de septiembre, debe establecerse como un ingrediente fundamental la presencia de la ciudadanía en las labores de reconstrucción. Sólo así, el propio sector público podrá legitimarse y ofrecerle a los oaxaqueños un panorama del aparente destino irremediable de la corrupción y las interrogantes.

En efecto, los efectos producidos por los tres sismos que han azotado a la entidad en las últimas semanas, son exponencialmente más devastadores que prácticamente cualquier otro fenómeno de la naturaleza que haya ocurrido en las décadas recientes. No existe un antecedente de huracán, sismo o inundación que pudiera asemejar sus consecuencias con las de los fenómenos naturales de las últimas semanas. Es un hecho que, de forma no figurativa, ciudades enteras fueron arrasadas por la fuerza de los sismos, y que los daños se han profundizado por la incidencia de tres movimientos terrestres de gran magnitud, en un lapso de apenas 15 días.

Ante la dimensión del desastre, del drama y de la tragedia para miles de oaxaqueños, nadie quiere repetir las amargas experiencias de otros procesos de atención a desastres, que derivaron en grandes márgenes de corrupción, de las que no sólo se habrían beneficiado los funcionarios en turno, sino que sobre todo como consecuencia de ello se habría marginado a miles de oaxaqueños de los recursos que sí estuvieron disponibles para la atención de sus daños, pero que nunca llegaron gracias a que la discrecionalidad impidió que llegaran a sus manos.

De hecho, aquí mismo en Oaxaca existen algunas historias abrumadoras —algunas de ellas con datos muy concretos— de cómo en contingencias como el Huracán Paulina, o más recientemente con los deslizamientos de tierra en Mitlatongo, entre otros, hubo unos cuántos beneficiaros mientras a las comunidades se les marginó de la oportunidad de recuperarse integralmente no sólo en el momento de la contingencia sino en los meses posteriores cuando la atención mediática dejó de estar ahí, y entonces la discrecionalidad y la codicia le ganó la partida a la ayuda dispuesta para ellos.

Lamentablemente, Oaxaca no ha sido un caso aislado en cuanto a la corrupción emergida de un desastre de la naturaleza, sino que más bien es parte de un todo de mayor calado. Ya en esta administración federal, por ejemplo, existen graves señalamientos de corrupción en contra de funcionarios y dependencias estatales y federales, que actuaron indebidamente en las acciones de reconstrucción de amplias zonas de Acapulco que resultaron dañadas por las inundaciones en el año 2013.

Esa historia se ha repetido casi de manera constante frente a otras contingencias. Y por esa razón, independientemente del contexto particular de Oaxaca, existe hoy la exigencia de que el proceso de reconstrucción y otorgamiento de apoyos a los damnificados, no quede en el marco de la discrecionalidad para el gobierno y tampoco quede al arbitrio de quienes fácilmente podrían convertir esa ayuda en un objeto de la manipulación. Por eso es muy importante, primero la prudencia entre todos los funcionarios involucrados; y segundo, en hacer eco de fondo a los llamados concretos de ciudadanizar el proceso de reconstrucción de las zonas devastadas.

PASOS DETERMINANTES

Una medida importante de prudencia que han tomado la gran mayoría de los funcionarios del gobierno estatal frente a la tragedia del Istmo de Tehuantepec, ha sido su repliegue a favor del Gobernador. Ante una situación de tal magnitud ha habido importantes muestras de cautela entre la mayoría de los funcionarios que están presentes en el Istmo, pero sin incidir en otros temas que no sean los institucionales que tienen encargados. Así, por ejemplo, en el otorgamiento de ayuda humanitaria han abonado a la actuación de las fuerzas armadas; y ahora deben hacer lo mismo para el proceso de reconstrucción, que se debe hacer con mucha prudencia de la mano de la ciudadanía afectada.

En esa lógica, una medida que será fundamental es la que han planteado diversas voces respecto a la conformación de un Consejo Ciudadano que supervise las labores de entrega de recursos y materiales para la edificación de las nuevas casas en las zonas afectadas, y que incida en la planeación de lo que bien podrán ser nuevas ciudades construidas en las zonas devastadas.

En ello, si de verdad tienen voluntad de llevar a cabo un proceso legitimado y consensado de reconstrucción supervisado por la ciudadanía pero además con viabilidad técnica, los tres órdenes de gobierno deberán abandonar los lugares comunes de que sean los mecenas culturales de Oaxaca —el artista plástico Francisco Toledo, el filántropo Alfredo Harp, cantantes o personajes de la vida cultural o social de la entidad— quienes integren o encabecen esos esfuerzos, para darle paso a la verdadera ciudadanía interesada en el tema y con capacidades técnicas y profesionales para darle valor a dicho proceso.

En esa lógica, se necesitan ciudadanos capaces de influir en las decisiones que vayan tomando los órdenes de gobierno respecto a las tareas de reconstrucción; que vigilen que los recursos económicos y materiales destinados para ello, lleguen íntegros a sus destinatarios finales y al margen de cualquier forma de cooptación o condicionamiento político; deben vigilar, además, que todos los funcionarios involucrados actúen dentro de un marco definido de funciones para evitar que el trabajo se convierta implícitamente en proselitismo político.

Y, sobre todo, a esos ciudadanos los deben respaldar otros ciudadanos desde la sociedad civil para tener la capacidad de señalar, de denunciar y de hacer eco sobre los aciertos y errores que se cometan en ese proceso. Al final, el mayor activo y la mayor fuerza de un Consejo Ciudadano —al margen de su denominación— surge de su capacidad de hacer públicas las situaciones, y de contar con el respaldo de la ciudadanía como eje de su fuerza y legitimidad moral.

APROVECHAR EL ESCRUTINIO

Al final, nadie pone en duda que todos los funcionarios involucrados hagan su trabajo cabalmente. Sin embargo, hay tantas experiencias amargas y tantos malos augurios y antecedentes entre la gente, que la decisión más sensata que podría tomar el gobierno en el umbral de la reconstrucción, es abrir anticipadamente sus procesos al mayor escrutinio ciudadano posible. Ganaría mucho más, en el mediano y largo plazo, que con la intención de aprovechar la posible disposición de pesos y centavos que, al final, deben llegar a los damnificados.

Confirmar afectaciones leves por sismos en inmuebles del Poder Judicial

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El Juzgado Primero Familiar del Distrito Judicial de Juchitán, el único que resultó con severas afectaciones, fue cambiado de residencia

La mayoría de los inmuebles que el Poder Judicial del Estado utiliza en las ocho regiones de la entidad registran daños leves en su estructura luego de los sismos ocurridos el 7 y el 23 de septiembre, por lo que continúan brindando atención a la ciudadanía de forma normal y únicamente el Juzgado Primero Familiar del Distrito Judicial de Juchitán cambió de residencia al quedar afectado seriamente el edificio de tres pisos donde operaba.

Al informar lo anterior, el director de Infraestructura Judicial del Consejo de la Judicatura, arquitecto Rafael Flavio Vergara Rodríguez señaló que desde el primer temblor, por indicaciones del Magistrado Presidente, Doctor Raúl Bolaños Cacho, se llevó a cabo un recorrido, principalmente en la región del Istmo de Tehuantepec, con la finalidad de corroborar el estado físico de las edificaciones e integrar un análisis estructural de las mismas para lo que fueron contratados los servicios de ingenieros especializados.

En entrevista en el programa de Televisión La justicia a tu alcance, que se transmite a través de la señal de la Corporación Oaxaqueña de Radio y Televisión, CORTV, detalló que en el Istmo de Tehuantepec se reportaron daños leves en 12 juzgados establecidos en infraestructura propiedad del Poder Judicial.

En la Mixteca, los organismos jurisdiccionales en Huajuapan, Teposcolula y Nochixtlán también fueron encontrados en situaciones similares; mientras  que en la ciudad de Oaxaca no hubo afectaciones. “Estamos en fase de reparación de ligeros daños en todos los juzgados tanto del Istmo como de la Mixteca y en breve iniciaremos en Oaxaca”, dijo.

Sobre el Juzgado Primero Familiar de Juchitán, el arquitecto Vergara Rodríguez detalló que por acuerdo 30/2017 del Pleno del Consejo de la Judicatura ya fue trasladado a la calle Independencia número 45, Segunda Sección de Juchitán de Zaragoza, donde continúa dando seguimiento a los asuntos que le corresponden.

El servidor público de la Judicatura puntualizó que es de vital importancia para el titular del Poder Judicial valorar las condiciones en que se encuentran, tanto la Ciudad Judicial, como los juzgados del interior del estado a fin de garantizar la seguridad del personal de confianza y sindicalizado que en ellos laboran.

Por lo que toca a los edificios J1 y J2 del Tribunal Superior de Justicia del Estado que se ubican dentro del Centro Administrativo del Poder Ejecutivo “General Porfirio Díaz” en Reyes Mantecón, de acuerdo al informe suscrito por el ingeniero Guillermo Martí Torroella, gerente de operación de la empresa “Operadora de la Ciudad Judicial de Oaxaca”, S.A.  de  C.V., (Marnhos), responsable del lugar, se validó la estructura de los edificios sin encontrar daños de consideración.

Las fisuras presentadas tanto en el primer sismo como en el segundo son en los recubrimientos de juntas de control las cuales están en proceso de resolverse en su totalidad, así como la colocación de algunos vidrios rotos, detalló por escrito la empresa.

Por instinto de supervivencia, los partidos renuncian a sus prerrogativas; ¿Quién les donará para campañas?

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Sorprende que los partidos hayan renunciado a sus prerrogativas, porque ellas constituyen una de las cruzadas de más largo aliento que la partidocracia ha dado en este país desde el surgimiento de la democracia en los años noventas. En el contexto actual, no debería sorprender que haya decidido renunciar a ese monumental privilegio económico, porque no hacerlo habría significado renunciar a la poca credibilidad que les quedaba. En ese contexto, una de las preguntas que los partidos y la ciudadanía tendremos que hacernos es de dónde saldrán los recursos que irremediablemente se utilizarán en las campañas electorales. Es un tema de la mayor relevancia que, en su conjunto, todos debemos considerar en el corto y mediano plazo.

En efecto, es un hecho que los sismos ocurridos en el presente mes hicieron colapsar lo que quedaba de las estructuras de credibilidad y sometimiento de la ciudadanía hacia los partidos políticos. Hasta antes de aquellos funestos eventos sísmicos, el electorado veía ya con desconfianza a los partidos, aunque lo más que llegaba a profesarles era desprecio.

Por esa razón, desde hace muchísimo tiempo los partidos tuvieron que echar mano de las prácticas de ingeniería electoral como una forma no sólo de garantizar un número determinado de votos en cada proceso electoral para mantener o alcanzar el poder, sino sobre todo para sostener la apariencia de que ellos, los partidos, seguían contando con el respaldo y la legitimidad brindada por la ciudadanía a través de esos votos (comprados o cooptados).

Todo eso se acabó con los sismos del siete y 19 de septiembre pasados. A partir de entonces —sobre todo del evento del día 19—, la ciudadanía se mostró decidida a no mantener esa actitud de indolencia y desprecio hacia la voracidad de los partidos, y vio en sus respectivos presupuestos una de las muchas posibilidades latentes de obtener recursos para la reconstrucción y, sobre todo, de obligar a los partidos a mostrar solidaridad con la ciudadanía en desgracia.

Así lo exigió la gente y, aunque hubo una resistencia inicial de los partidos por hacer eco de la propuesta de que su financiamiento sirviera para la reconstrucción y la atención de los damnificados, el instinto de supervivencia fue el que en realidad los llevó a recibir —aparentemente con beneplácito— dicha propuesta. Por eso, las propuestas de los propios partidos han ido escalando desde el hecho de no ejercer los recursos que les corresponden para lo que resta del presente año, hasta repudiar el 100 por ciento de las prerrogativas que utilizarían para el mayúsculo proceso electoral del año próximo, pasando por la propuesta de Andrés Manuel López Obrador de establecer un fondo —controlado por sus incondicionales—, fijado arbitrariamente en 100 millones de pesos, para labores de reconstrucción.

Todo eso suena muy bien. Sin embargo, lo que habrá que pensar en el mediano plazo —y más allá del enojo por la apatía de los políticos y los partidos ante la crisis humanitaria— es que de todos modos a) los partidos siguen teniendo el acceso casi monopólico al poder público; b) que no existe ninguna figura ciudadana como alternativa a la partidocracia en lo que corresponde a la lucha por el poder; c) que de todos modos habrá campañas en las que se consumirán recursos; y, d) que si no es de las prerrogativas, de algún arca tendrán que financiarse los partidos, y quién sabe si los ciudadanos estén dispuestos a donar, si los partidos estén dispuestos a recaudar, o si ello será la puerta de entrada —aparentemente legitimada— para el dinero dudoso a las campañas electorales.

DINERO, ¿DE DÓNDE?

En Estados Unidos, por ejemplo, existe una cultura muy bien afianzada de que buena parte del tiempo que tienen para el proselitismo los partidos y sus candidatos, lo utilizan en campañas de recaudación de fondos. Lo hacen abiertamente porque ahí lo que predomina es el dinero privado para la realización de campañas electorales, y porque así ha sido a lo largo de su tradición democrática. La respuesta que obtienen de una ciudadanía más o menos atenta a sus procesos democráticos, es la disposición de millones de personas a participar de la recaudación de fondos, a través de las donaciones. Por eso, ellos no tienen un problema importante con el financiamiento, porque ni es público ni es a costillas de nadie.

¿Cuál es el problema? Que en México los partidos han llevado el costo de los procesos electorales a niveles estratosféricos tanto en lo legal, como en lo ilegal. En lo legal, porque el costo de los procesos democráticos en México es uno de los más elevados en el mundo, debido a la complejidad del entramado institucional que regula las elecciones y al nivel de gasto que tienen permitido los partidos políticos a través del financiamiento público.

Y en lo ilegal porque, además de todo eso, los partidos gastan cantidades inimaginables de dinero tratando de evitar los límites de la ley y en defensas jurídicas, pero sobre todo en lo que concierne a la compra y coacción del voto. A tal nivel llega la cifra negra de los procesos electorales, que hoy en día es difícil cuantificar el monto que en realidad llega a gastar un partido o un candidato para poder ser competitivo —muy seguramente ni ellos mismos saben cuánto dinero dilapidan en esas acciones no declaradas ni cuantificadas—, independientemente de si gana o pierde las elecciones.

Por esa razón justamente se ha cuestionado duramente la relación entre políticos y partidos, con gente dedicada eminentemente a ser satélite del dinero público. La relación, por ejemplo, de Andrés Manuel López Obrador con los Abarca en Iguala, Guerrero; o la relación del Presidente Enrique Peña Nieto con el empresario Juan Armando Hinojosa del Grupo HIGA, o de ex funcionarios federales con los funcionarios de Odebretch que presuntamente los sobornaron a cambio de contratos, con recursos que fueron a parar a las campañas proselitistas. En el fondo, ese salpicadero toca todas las fibras del poder público  y tiene que ver con los afanes que relacionan las ambiciones de poder con la necesidad de tener más dinero sucio para las campañas, porque su destino es justamente la parte ilegal del proselitismo que se materializa en la compra y cooptación de los votos.

PULSO CIUDADANO

Por eso, un termómetro eficaz para los partidos en 2018 respecto a su verdadero arraigo con la ciudadanía —si es que verdaderamente se logra que entreguen todas sus prerrogativas para la reconstrucción de las zonas afectadas— será que la gente done dinero para las campañas electorales. Pero que done dinero la ciudadanía interesada en el proceso electoral, y no los constructores, contratistas y proveedores que ven sus “donaciones” como una inversión que luego recuperarán con dividendos a través de contratos, privilegios y zonas de impunidad para ensanchar sus negocios.

A ver si es cierto.