Home Blog Page 289

Las bases magisteriales sólo responden a las demostraciones de miedo

0

+ Altibajos del movimiento magisterial están determinados por el terror


 

Parece exagerado decirlo, pero es claro que el movimiento magisterial de Oaxaca está determinado en gran medida por la percepción de fuerza, y de miedo, que las bases tienen de su dirigencia y del Estado. Eso es lo que ha determinado la capacidad de reposicionamiento que ha tenido en estos dos años la dirigencia de la Sección 22 del SNTE entre sus bases gremiales, aunque también esto ha ocurrido gracias a la incapacidad del gobierno —estatal y federal— de entender cómo actúan los trabajadores de la educación frente a circunstancias determinadas. Entender esto, resulta relevante hoy que en apariencia se genera una nueva relación entre la 22 y el gobierno de Alejandro Murat Hinojosa.

En efecto, para comprender mejor esta realidad hay que volver al momento previo a la requisa del IEEPO por parte del acuerdo entre el gobierno federal y el estatal. Hasta entonces, la estrategia del gobierno federal para tratar de dar cauce al problema magisterial, se había centrado en tratar de apaciguar a la Sección 22 y a la Coordinadora, ofreciéndole recursos y canonjías a cambio de que ésta acordara no movilizarse.

Esta estrategia de negociación, que había sido conducida por Luis Miranda Nava desde la Subsecretaría de Gobierno de la Secretaría de Gobernación, tuvo saldos negativos al fracasar como medida para lograr que se llevaran a cabo los comicios federales intermedios de 2015, y lograr la desmovilización de las bases magisteriales a través de una amplia presencia de la Policía Federal y de la Gendarmería en Oaxaca.

Ese fracaso fue lo que le abrió paso a la expropiación del IEEPO a la Sección 22. Cuando el gobierno federal comprobó que a través de la demostración de fuerza había logrado que la 22 desistiera en su intento por boicotear los comicios federales, decidió dar un siguiente paso acordando con el entonces gobernador Gabino Cué Monteagudo, la desaparición del Instituto educativo bajo la predominancia de la Sección 22 en su integración, y la fundación de una nueva institución en la que la autoridad federal tomara el control de las áreas directivas, no sólo para comenzar el proceso de implementación de la reforma educativa, sino para generar una nueva política de administración de la educación.

Ello significó un golpe moral no sólo para la Sección 22, sino para todas las organizaciones que se movilizaban al amparo de la estrategia de “movilización-negociación-movilización” impuesta como costumbre en la presión social al gobierno, por el propio magisterial. Luego de la recuperación del IEEPO —ocurrida el martes 21 de julio de 2015—, hubo un periodo de más de dos meses en el que ninguna organización de lucha social en Oaxaca se movilizó. Lejos de lo que se pensaba, las bases magisteriales se mantuvieron apaciguadas —temerosas—, y fue hasta varios meses después cuando se reactivaron las tradicionales acciones de protesta, una vez que el Estado relajó la presencia policiaca y que decidió ir recuperando la normalidad perdida desde el día de los comicios federales.

PREDICAR CON  EL (MAL) EJEMPLO

Fue hasta enero del presente año que la Sección 22 logró reactivar sus movilizaciones. Todos los meses de 2015 posteriores a la refundación del IEEPO, las bases magisteriales se mantuvieron en calma básicamente por dos razones: en el primer estrato, la dirigencia, que se mantuvo en bajo perfil porque palpaba la posibilidad de una respuesta escasa de las bases, y para ganar tiempo; y en el segundo estrato, las bases magisteriales que esencialmente se mantuvieron en sus actividades cotidianas por miedo.

Durante ese tiempo, el gobierno insistió en la idea de difundir que los maestros ya no estarían sujetos al condicionamiento sindical sobre su trabajo. Pero falló al no lograr la eliminación de la influencia de los representantes de la Sección 22 entre los propios trabajadores. Por eso, la presión pasó de los temas salariales a prácticas como la de expulsar de sus centros de trabajo, o desconocerse, entre compañeros, por el hecho de estar o no de acuerdo con las nuevas prácticas administrativas. De nuevo, el miedo movió a muchos a seguir apoyando a sus sindicatos. Y ahora era el miedo a ser repudiados por sus mismos compañeros.

Así llegó Nochixtlán. El gobierno federal decidió ir por todo cuando decidió la aprehensión de los líderes magisteriales. Esta acción, que pretendió ser quirúrgica, olvidó la capacidad de movilización de las bases afines a la Sección 22, entre maestros y organizaciones radicales que históricamente han apoyado a la Coordinadora. Por eso, el gobierno federal se centró en la aprehensión de diversos líderes. Pero mientras lo hacía, esas bases radicales sitiaron Oaxaca para evitar la incursión policiaca, que finalmente intentó ocurrir el 19 de junio de forma desastrosa.

Paradójicamente, cuando eso ocurrió hubo un efecto contrario respecto al miedo. Nochixtlán le demostró a las bases que era posible reconquistar los espacios perdidos. Por eso, las bases magisteriales reaccionaron fuerte ante el enfrentamiento; por eso, lograron retomar el centro de la ciudad, mantener la toma a las oficinas del IEEPO, e incluso no iniciar el ciclo escolar. Era, pues, la constatación de que las bases ya no tenían miedo, que veían de nuevo fuerte a la dirigencia, y que por tanto había que apoyar.

NUEVA RELACIÓN

Es importante entender está lógica, de cara a los primeros acuerdos entre el gobierno y la 22. No se trata de sólo ver qué se les da y cómo lo reciben, sino en qué dimensión se establece la relación gobierno-sindicato. Y debiera ser motivo de alarma que en la Secretaría General de Gobierno —donde se supone que se conduce la política interna del Estado— no haya un solo funcionario de primer nivel que conozca, incida o tenga cierta ascendencia respecto a este, que es el principal problema político de la entidad.

En Oaxaca, la percepción de la justicia no se toma en serio

Juicios

+ TSJE y FJE deben asumir socialización del sistema de justica


Oaxaca, y el país, enfrentan hoy el problema de la bajísima comprensión social de las implicaciones del nuevo sistema de justicia penal. En nuestra entidad, la responsabilidad de la implementación y socialización de los llamados juicios orales, recae básicamente en el Poder Judicial del Estado, y en la Fiscalía General. Pero sus efectos se extienden al Ejecutivo, que resulta ser el cuestionado por lo que ocurre con los delincuentes y la seguridad pública bajo este nuevo esquema. ¿Están preparados, todos, para los retos que impone esta nueva época de la justicia?

En efecto, en junio de este año entró en vigor en todo el país el nuevo sistema de justicia penal. Éste tiene como una de sus bases, la ponderación del conjunto de derechos fundamentales, sustantivos y procesales, que engloban el llamado ‘debido proceso’; y, junto a ello, establece un nuevo esquema bajo el cual la mayoría de los delitos pueden ser susceptibles de reparación a través de métodos distintos al de la prisión, y que sólo los delitos considerados como graves —básicamente el homicidio, violación, delincuencia organizada, secuestro— ameritan prisión preventiva.

Este cambio de modelo constituye un verdadero reto no sólo para Oaxaca, sino para el país. En México prevaleció un modelo inquisitivo en el que la prisión preventiva era posible frente a la comisión de prácticamente cualquier ilícito, tuviere o no el carácter de delito grave. Con el tiempo, el catálogo de delitos graves se fue ensanchando hasta establecer una amplísima gama de delitos que por definición ameritaban pena corporal preventiva. Por eso la sociedad en general asume como un silogismo válido que frente a la comisión de un delito debe haber prisión, y que si no es así entonces hay impunidad porque no hay justicia.

¿Qué establece el nuevo modelo? Que sólo los delitos más graves deben llegar a juicio. Que en la mayoría de las conductas ilícitas se debe buscar la reparación por encima de la sanción. Y que ello debe ir depurando la masificación actual del sistema de justicia, que en muchos casos se pone en marcha por delitos o situaciones que podrían resolverse a través de mecanismos no judiciales. En el centro de todo, está la necesidad de establecer, en la conciencia de las personas, la idea de que no sólo hay justicia cuando hay prisión.

Ese es un imperativo que va más allá de las poses políticas. El nuevo sistema de justicia impone retos para los que en Oaxaca no sabemos si nuestros servidores públicos están preparados. En el caso del Poder Judicial, ha quedado claro que tiene importantes deficiencias en la implementación, que comenzó incluso antes de que el nuevo sistema de justicia penal se estableciera en la Constitución federal (2008), y terminó en una escandalosa premura que dejó en la apariencia —y en las interrogantes— el cumplimiento del mandato constitucional federal, en el sentido de que los juicios orales debían operar ya en todo el territorio a partir de junio del presente año.

¿Qué perspectiva hay de ese nuevo sistema de justicia para los años por venir?

INTERROGANTES

Frente a esto hay que entender algunas cuestiones: primero, que el gobernador Alejandro Murat inició su gestión bajo una perspectiva en la que no tiene bajo su tutela —legal o política— la designación de los titulares de los dos órganos encargados de la implementación del sistema de justicia: el Tribunal Superior de Justicia, y la Fiscalía General del Estado. El primero de ellos, Alfredo Lagunas, estará al frente del Tribunal hasta enero de 2019, y Héctor Joaquín Carrillo Ruiz fue electo por un periodo que fenece en agosto de ese mismo año.

Segundo, que ni la Fiscalía ni el Tribunal deben ser hoy vistos como parte de las designaciones políticas del gobernador en turno, y que eso mismo haría necesario revisar no sólo el desempeño de los dos funcionarios antes mencionados, sino su propia legitimidad como tales. De Carrillo se sabe que es un funcionario ministerial de carrera; pero Lagunas Rivera llegó por el evidente favor político de Gabino Cué al llamado Grupo Oaxaca, del que es integrante el tío de Lagunas, Ericel Gómez Nucamendi, y no por sus méritos como juzgador de alzada o por la capacidad demostrada en las tareas a su cargo.

Tercero, que hoy en día el Poder Judicial estatal ya no es instrumento político, pero sí es un elemento de gobernabilidad, justamente porque de éste depende en gran medida la percepción de justicia que tiene la ciudadanía. En este sentido, el Poder Judicial ha fallado gravemente al asumir su función en un sentido reduccionista y elitista, en el que se ha dedicado únicamente a difundir los alcances del nuevo sistema de justicia en círculos jurídicos y especializados, pero se ha olvidado por completo que el imperativo de la justicia alcanza a todos los estratos de la población.

INEFICIENTES

Frente a eso, habría que preguntarse qué perspectiva tienen tanto el nuevo gobierno, como los funcionarios designados, sobre esas tareas. Pues queda claro que tanto la Fiscalía como el Poder Judicial tienen enfrente una enorme labor frente a la sociedad oaxaqueña, que no sólo no han realizado sino que incluso han desdeñado. En el fondo no se trata de los cargos como premio, castigo o favor político, sino con la eficiencia en el desempeño de los mismos. Y queda claro que tanto en el caso de Lagunas, como de Carrillo, su aporte a la gobernabilidad a través de la implementación del nuevo sistema de justicia, está lejos de ubicarse en los márgenes de lo deseable.

La UABJO sigue siendo una bomba a punto de estallar

fuego

+ Totalitarismo de los Martínez alimenta la incertidumbre


Nadie debe fiarse de la aparente calma que prevalece en la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca. El conflicto de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales sigue sin hallar visos de solución, mientras el rector Eduardo Bautista Martínez se mantiene instalado en la peregrina idea de que la inconformidad de dicha facultad se reduce a veinte personas. El gobierno estatal debe asumir este problema con oportunidad y responsabilidad, pues queda claro que el haber dejado este lío al garete no ha hecho sino alimentar el endurecimiento de posiciones de la familia Martínez Helmes y su —no es exagerado afirmarlo— Rector Fachada.

En efecto, es importante considerar los dos momentos más importantes del año para la UABJO, y lo determinantes que éstos fueron para su gobernabilidad interna y para convertirse —tampoco exageramos— en una amenaza a la política interior para el Gobierno del Estado.

El primero fue la elección de Bautista Martínez como rector de la Máxima Casa de Estudios, en el mes de mayo pasado; y la segunda, la elección del Director de la Facultad de Derecho, que es la más escuela numerosa y la más influyente en la vida interior de la Universidad. El rasgo común de esos dos momentos se resume en el fraude electoral, y en el respaldo del gobierno estatal —aún en la administración de Gabino Cué— para respaldar a la familia Martínez Helmes en la preservación de su cacicazgo.

De hecho, en mayo pasado (Al Margen 16.05.2016) en este espacio nos preguntábamos si la Universidad, y el propio Eduardo Bautista, estaban preparados para la época de un “rector fachada”. Apuntamos entonces: “Eduardo Bautista será un rector fachada. Sí, fachada de los Martínez y sus intereses. A ellos ya no les interesa algún valor académico sino el control de la Universidad. Ellos llegaron al clímax de su poder presencial con el rectorado de Eduardo Martínez Helmes, y ahora van por la manipulación. Bautista les servirá como fachada para el ensanchamiento de sus intereses y sobre todo para la permanencia al costo que sea”.

Esto se ha cumplido cabalmente, y la mejor muestra de ello es el conflicto en la Facultad de Derecho que, como también previmos en este espacio, sería manejado por la Rectoría con la indolencia propia de quien pretende encubrir a su grupo político y llegar hasta la ignominia con tal de no perder las posiciones políticas que ya ostenta. De hecho, desde que ocurrió el enfrentamiento por el control del Edificio Central Universitario, derivado de la fraudulenta elección de Miguel Ángel Vásquez como Director, era también previsible que la Rectoría no sólo no tomaría cartas en el asunto, que tampoco presentaría denuncias penales en contra de los responsables, que sí encubriría a los artífices materiales e intelectuales de esos hechos, porque eran ellos mismos, y que se resistiría totalmente a tratar de generar un arreglo con los grupos inconformes.

CERRAZÓN

“Esa es la lógica de quienes ordenaron incendiar la puerta lateral del Edificio Central de la UABJO —escribimos en este espacio el 22 de noviembre pasado—: preferir que ardiera el pórtico, y el prestigio universitario, con tal de mantener el control político y aislar a los adversarios. Lo lograron, aunque parcial y momentáneamente. Fue así porque, en efecto, lograron despojar a los universitarios inconformes con las maniobras para mantener el control de la Dirección de la Facultad de Derecho, del espacio físico que ocupaban, y para dejarlos sin la posibilidad de contar con una sede para su pretendida Facultad alterna de Derecho”.

Y luego dijimos lo que, para mal de la gobernabilidad del Estado, en estas semanas se ha cumplido al pie de la letra: “Dentro de la Universidad, tratarán —y, de hecho, ya comenzaron— de amedrentar a sus opositores. Buscarán también generar más divisiones. El problema es que sectores sindicales tradicionalmente confrontados, están hallando coincidencias en contra de la administración universitaria —y la llamada “familia real”—, que cada vez tiene más problemas para mantener el control universitario. Por eso, cada vez actúa con mayor irracionalidad y violencia. De no haber una intervención política al más alto nivel, dentro de poco tiempo tratarán de hacer con toda la Universidad, lo mismo que con el Edificio Central: quemarlo, antes que permitirle un solo espacio a quienes no comulgan con ellos”.

La prueba de todo eso es palpable a simple vista. La Universidad, en estas semanas, no sólo no ha hecho nada para ayudarle a la autoridad ministerial para que se deslinden responsabilidades sobre la quema de la puerta lateral del Edificio Central, y se persiga a los responsables, sino que se ha dedicado a encubrirlos. Al mismo tiempo, el rector Bautista ha intentado reducir el problema a la supuesta inconformidad de un puñado de personas, con quienes se ha negado por completo a dialogar, y a quienes ha perseguido en un afán de disolver la pugna sin entender la magnitud de un problema que ha involucrado a buena parte de los universitarios.

PROBLEMA DE GOBERNABILIDAD

Ante todo esto, es una incógnita la posición que ya debiera haber tomado la Secretaría General de Gobierno para evitar que este problema se desborde cualquier día de estos. En la UABJO hay múltiples barriles de pólvora política, únicamente esperando el chispazo para explotar. Todo eso se alimenta gracias a que el Rector Fachada de los Martínez Helmes no ha entendido que es él quien está parado sobre esa bomba política a punto de estallar, y que él será el primer damnificado. Nadie en Oaxaca quiere violencia. Pero el totalitarismo de los Martínez, y la indolencia de la Segego frente al problema, no hacen sino alimentar una perspectiva nada alentadora para ese conflicto.

Diputados: muestra de insensibilidad frente a las demandas sociales

0

lxiiilegis

+ Poderes legislativos asumen su legitimidad pero deshonran mandato


Es ya lugar común en Oaxaca, afirmar cuando termina el respectivo periodo de la Legislatura local que fue “el peor en la historia”. Lo es, porque parece que cada trienio los legisladores locales se esfuerzan aún más en alejarse de las demandas de la ciudadanía, y de la expectativa que generan no sólo los legisladores en particular sino como representantes de la clase política que gobierna. El de nuestra entidad es un ejemplo, aunque en realidad la insensibilidad inunda por igual a los poderes legislativos seguramente de todas las entidades federativas, y también el federal.

En efecto, la LXII Legislatura local en Oaxaca fue particularmente criticada por varias cuestiones muy puntuales: primera, porque fue la Legislatura más cara de la historia, al ejercer un presupuesto trianual de alrededor de mil 800 millones de pesos; segunda, porque fue una de las Legislaturas más improductivas, al no tener en sus haberes ninguna reforma o ley relevante; tercera, porque fue una de las Legislaturas más reprobadas por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, a través de Acciones de Inconstitucional que expulsaron del orden jurídico diversas normas emitidas por el órgano legislativo local; cuarta, porque además fue una de las Legislaturas con menor capacidad de lograr acuerdos; y quinta —entre muchas otras—, por la incapacidad de los grupos políticos para conducirse en un marco mínimo de corrección social y política, y por hacer del enfrentamiento y la intriga, su único rasgo distintivo.

Aunque ya es a toro pasado, debiéramos preguntarnos por qué ocurre esto, a partir de la idea de que la LXIII Legislatura corre exactamente el mismo riesgo de inoperancia, de desapego y de indolencia por las demandas ciudadanas, para privilegiar únicamente los intereses de los grupos que la componen. Y la respuesta a la pregunta de por qué la LXII Legislatura fue ejemplo de reprobable, podría embonarle perfectamente a la diputación actual, que de no demostrar cambios significativos en su compromiso con los oaxaqueños, no estaría sino repitiendo las prácticas que tanto ha reprobado la ciudadanía. ¿De qué hablamos?

De que quienes integraron —y comandaron— la LXII Legislatura asumieron que la legitimidad con la que fueron electos como diputados, era el soporte que les permitiría hacer lo que quisieran sin ninguna posibilidad de reprobación por parte de la ciudadanía. Eso era parcialmente cierto: hasta la Legislatura anterior, no había posibilidad de reelección, y por ende los legisladores estaban a salvo de cualquier forma de evaluación “coactiva” por parte de la ciudadanía.

Por eso, los coordinadores parlamentarios y sus seguidores —no todos los diputados— hicieron lo que quisieron, incluyendo todo tipo de decisiones impopulares, contrarias a las demandas de la ciudadanía, e incluso a costa de la ya de por sí pobre credibilidad y legitimidad del órgano legislativo. Lo hicieron, en resumen, porque no había forma de que la ciudadanía los hiciera pagar alguna consecuencia por sus actos.

Hoy, la LXIII Legislatura sí tiene el incentivo de la reelección inmediata de sus integrantes actuales, aunque parece que los legisladores apenas están despertando del letargo del cambio de gobierno y de la euforia por haber asumido sus curules. ¿Qué tendría que quedar? Un cambio sustantivo en su desempeño, para demostrarle —por primera vez— a la ciudadanía que están dispuestos a actuar en la forma que se espera de ellos, y no como si tuvieran un cheque en blanco que pueden dilapidar, a discreción, y sin ninguna consecuencia.

REFLEJO FEDERAL

Esa indolencia por la opinión que tiene la ciudadanía de los legisladores, no es privativa de Oaxaca. En los últimos meses, el Congreso federal ha dado también muestras de padecer el mismo problema, de no tomarle importancia a lo que la ciudadanía demanda y priorizar sus agendas partidistas. Hay al menos tres ejemplos:

Primero, la ciudadanía sabe que el problema de la corrupción es el más importante que enfrenta el país, y según diversos sondeos lo ubica al nivel de los problemas de inseguridad y violencia que se viven en el país. Para la gente, el combate a la corrupción es tan apremiante como el combate al crimen. ¿Pero qué hizo el Congreso federal? Que lejos de priorizar la necesidad del establecimiento del Sistema Nacional Anticorrupción, que pasa por el nombramiento del Fiscal de la materia, decidió posponer el abordaje del asunto y llevarlo cuando menos al mes de febrero del próximo año. Es decir, lo que para la ciudadanía es apremiante, para ellos no, y por eso puede esperar el tiempo que sea necesario.

Segundo, desde hace varias semanas, las fuerzas armadas han enviado señales alarmantes de inconformidad no por la realización de labores de seguridad pública, sino porque ellos no cuentan con un marco jurídico que respalde esa actividad. Han demandado al Congreso la emisión de una Ley de Seguridad Interior, que les brinde el marco de actuación para no terminar en la disyuntiva de cumplir órdenes y enfrentar a la justicia civil; o desobedecerlas y enfrentar a la justicia militar. Aún con eso —y con la sombra del golpe de Estado que, aunque lejana, está siempre latente entre las fuerzas armadas—, el Congreso no asume la urgencia de responder a esa demanda.

BONO SECRETO

Tercero: se “descubrió” que los diputados federales reciben un “bono secreto” de fin de año. ¿Qué hicieron? Unos dijeron que lo donarían; otros que lo devolverían; y algunos más prefirieron no hacer comentarios. Lo cierto es que más allá del monto, eso es exactamente lo que el país no necesitan. Todos lo entendemos, menos los legisladores que con sus actos contradicen por completo su idea de que son “representantes populares”.

Se exhiben diputados por no conocer los procedimientos parlamentarios

0

whatsapp-image-2016-12-10-at-08-53-05

+ Morenistas ignoran por completo la lógica del funcionamiento del Pleno


En la sesión ordinaria del miércoles pasado, un grupo de diputados de la fracción de Movimiento de Regeneración Nacional elevó una protesta como una especie de ‘resaca’, por no haber sido convocados a la sesión de toma de protesta del 1 de diciembre. El reproche político es entendible. Sin embargo, nadie les dijo a los diputados morenistas que la base de sus planteamientos era equivocada. Y que lejos de generar alguna inquietud con su protesta, sólo exhibieron su irresponsabilidad e ignorancia de los principios que rigen el funcionamiento de cualquier órgano legislativo, incluido el oaxaqueño.

En efecto, en la sesión del miércoles, seis de los ocho diputados locales de la fracción de Morena subieron a la sección que ocupa la mesa directiva en el salón de plenos del edificio legislativo de Jalpan, para protestar por el hecho de no haber sido convocados a la sesión del 1 de diciembre. Antes, esos mismos diputados habían tratado de impedir la aprobación del contenido del acta de la última sesión —cuya lectura se obvia casi por definición—. Y por si algo faltara, sus errores fueron alimentados por la pésima conducción de la discusión y el desahogo de la sesión por parte del presidente de la Mesa Directiva, el priista Samuel Gurrión Matías.

Vale la pena desmenuzar esa cadena de errores que son muestra de la ignorancia de los propios diputados —y de sus respectivas áreas técnicas— de los principios y procedimientos que rigen la vida parlamentaria, y de cómo ante la combinación de esos yerros ocurren discusiones estériles —y chabacanas— como la que ahora señalamos. ¿Por qué tantos errores juntos? Porque, de nuevo, prefieren el show a la posibilidad de generar una postura real y civilizada de oposición, como pudiera esperarse de un partido que, como Morena, se concibe como un opositor sistemático al PRI.

¿De qué hablamos? De que, de inicio, era imposible que los seis diputados de Morena pudieran revertir la propuesta realizada por la Mesa Directiva de que se obviara la lectura del acta de la sesión previa. Según los diputados inconformes —seis de 42, que componen el pleno del Congreso—, exigían que se diera lectura al acta de la sesión anterior porque ellos desconocían el contenido de la misma no sólo en el documento, sino porque tampoco fueron convocados a dicha sesión.

Aunque el Presidente de la Mesa Directiva —Samuel Gurrión— pudo haber simplemente aplicado la norma respectiva para llevar la propuesta a votación y dar por superado el tema, su impericia provocó una discusión bizantina sobre si debía o no darse lectura a las actas. De hecho, permitió que varios diputados tomaran la palabra a favor y en contra de la propuesta, sin que eso fuera una obligación, para finalmente someter a votación la aprobación de las actas con la dispensa de la lectura de las mismas.

¿Por qué sí habría podido hacerlo desde el inicio? Porque los diputados de su partido, y los de todas las demás fuerzas políticas que sí acudieron a la sesión del 1 de diciembre, respaldarían la aprobación de dichas actas, con la dispensa de lectura respectiva. Esos diputados —de las fracciones del PRI, PAN, PRD, PT y los que no integran fracción parlamentaria— habrían hecho, desde el primer momento, una mayoría muy superior a simple (esa que se conforma de la mitad más uno), que exige la ley para dar por válida una decisión de ese tipo.

TORPEZAS

Luego de ese primer intento, los diputados de Morena subieron a la tribuna para reprocharle a Samuel Gurrión por no haberlos convocado a la sesión antes referida. La chabacanería la puso la diputada María de Jesús Melgar Vásquez, quien subió al área de la Mesa Directiva con una cartulina que, literalmente, decía: “Hoy si nos comvocas a sesión Sami Gurrión o nos vemos en Cortv”. El error ortográfico era evidente. Y aunque como acto político la protesta podría ser llamativa y evidenciar la molestia de los diputados de Morena, lo cierto es que si el acto tenía como intención generar algún tipo de consecuencia, en realidad lo que estaban haciendo los legisladores morenistas, es simular una inconformidad para convalidar el acto por el que según se sienten agraviados.

¿De qué hablamos? De que, como casi siempre ocurre, la inconformidad de los morenistas fue la pose para convalidar el acto por el que según se duelen. De haber un intento de oposición real, los diputados habrían tratado de impugnar la legalidad de la sesión a través de mecanismos jurisdiccionales, partiendo del hecho de que no fueron convocados, y quizá después alegando posibles inconsistencias en el cumplimiento de los requisitos esenciales para el desarrollo de la sesión.

ESTULTICIA COMÚN

Sin embargo, lejos de eso —y de saber que cuando se es minoría, dentro de otra minoría, hay muy poco margen de maniobra jurídica—, los diputados de Morena prefirieron una protesta sin derroteros, sin capacidad de incidir en los mismos asuntos por los que se dicen inconformes, y sin siquiera la posibilidad de ser tomada en serio por la opinión pública. Eso fue lo que pasó, y eso se alimentó —de nuevo— por la ignorancia del diputado Gurrión de las normas que rigen la discusión y el desarrollo de las sesiones del órgano legislativo, que aduciendo ‘condescendencia’ permitió que ese circo creciera y trascendiera cuando no había ninguna necesidad, y ninguna razón o fundamento legal, para que ello ocurriera. Algo lamentable, desde donde se le vea.

 

Negociar con la Sección 22: AMH no debe cruzar la frontera de lo político

muratcito22

+ Discrecionalidad, porque la S22 siempre busca negociar la ley y la justicia


Ayer ocurrió un primer encuentro importante entre el gobernador Alejandro Murat Hinojosa, y la dirigencia de la Sección 22 del SNTE. Hubo expectativa no sólo por ser uno de los encuentros cruciales que determinarán la educación, sino porque ello resulta relevante para la gobernabilidad del Estado en el mediano y largo plazo. Era evidente el imperativo del nuevo gobierno por iniciar el diálogo con el magisterio; pero también era necesario que la Sección 22 estableciera interlocución más allá de sus desencuentros con la administración anterior. Parece, además, que unos y otros van entendiendo que seguir instalados en que el conflicto es “patria o muerte” no los llevará más que a pérdidas comunes. Ahora, para evitar consecuencias nocivas para Oaxaca, lo que debe quedar bien clara es la frontera entre el diálogo educativo —incluso en temas laborales y salariales—, y la negociación de la ley.

En efecto, ayer al mediodía se estableció una primera mesa de trabajo entre la dirigencia de la Sección 22 del SNTE, y representantes del gobierno estatal, encabezados por el propio gobernador Alejandro Murat. El encuentro se realizó en un salón del teatro Macedonio Alcalá —un espacio de los perimetralmente ocupados por el plantón permanente de la Sección 22— y ocurrió a puerta cerrada. Esta circunstancia generó suspicacias por la añeja tradición de dialogar en secreto con el objeto de negociar la ley, en temas que no son los propiamente educativos. Horas más tarde, al terminó el encuentro, el gobierno emitió un comunicado en el que estableció claramente los puntos a tratar y la forma en cómo se procesarán para tratar de generar una mejor relación entre el gobierno y las bases magisteriales.

“En estricto apego a la Ley —establecía el comunicado—, el Gobierno del Estado se comprometió –bajo un esquema financiero responsable- a regularizar la situación laboral de los trabajadores de la educación que comprobaron estar laborando, previa revisión realizada escuela por escuela por personal del IEEPO. El gremio magisterial se comprometió a no afectar el calendario escolar y cumplir con su trabajo en las aulas. Asimismo, se acordó el calendario de pago de los adeudos con los trabajadores que serán regularizados”. Esto, dijeron, para dotar de certeza laboral a 3 mil 699 trabajadores de la educación, entre personal docente y administrativo, que comprobaron estar en servicio.

En otra parte, sustancial, el comunicado de referencia señalaba que “para regularizar su situación laboral, los 2 mil 401 trabajadores docentes y mil 298 administrativos, las autoridades educativas federal y estatal los contratarán inicialmente con una plaza temporal, en tanto se valida su antigüedad  y son convocados a los procesos de evaluación que por Ley corresponden. Lo anterior permitirá, bajo los causes normativos correspondientes, brindar certeza laboral a las y los trabajadores de la educación, que es uno de los principales objetivos de la Reforma Educativa”.

Todo esto, además de dejar en claro que esta negociación no implica que esos trabajadores queden al margen de la vigilancia administrativa del IEEPO, ni tampoco que los egresados de las escuelas normales vayan a recibir plazas de trabajo sin participar en los procesos de evaluación de ingreso a realizarse en las semanas siguientes.

ENTENDERSE, NO COLUDIRSE

La Sección 22 entendió, a lo largo de los últimos años, que cualquier forma de negociación con el gobierno estatal tenía como precondición el sometimiento de la autoridad estatal a los designios, caprichos ocurrencias o de la dirigencia magisterial, o de sus corrientes ideológicas, o hasta de la dirigencia seccional. Esta relación, por demás alimentada por Gabino Cué —que se dedicó a tolerarlos hasta la ignominia, para después romper relaciones casi por completo luego del 21 de julio de 2015— debía cambiar, porque a pesar de todo lo que ha pasado, la reforma educativa sigue ahí.

Hoy, a estas alturas, es claro que la Sección 22 no puede seguir instalada en la exigencia de la abrogación de la reforma educativa, sino más bien —algo lógico para todos, menos para ellos— comenzar a buscar los esquemas que le permitan el bienestar a sus trabajadores. Lo acordado ayer con el gobernador Murat, es una clara muestra de un sindicato preocupado por la estabilidad y certeza laboral de sus agremiados y, de cumplirse el compromiso relacionado con el ciclo escolar, también sería una importantísima muestra de voluntad por encima de la obcecación mostrada en los últimos años por considerar su lucha a partir de la lógica del todo o nada.

En el fondo, lo que el gobierno de Alejandro Murat debe cuidar es que el diálogo no traspase los linderos de la negociación política y mucho menos pase a los intentos de negociación de la ley. Era sano y deseable que todos pugnaran por la revisión del personal que trabaja —algo que dice la Sección 22 que puede demostrar, pero que también el IEEPO debe revisar puntualmente—; pero de eso, a negociar la liberación de sus “presos políticos” o la búsqueda de espacios de privilegio, hay un trecho grande que no debe cruzar la nueva administración si quiere construir una relación productiva, y si de verdad desea alimentar su legitimidad frente a los oaxaqueños.

DE PENA AJENA…

Una cartulina, mostrada por una diputada de Morena, ayer en la sesión ordinaria del Congreso local, en la que retaba al insufrible de Samuel Gurrión, a no “imvitarlos” (sic) a otra actividad relevante como la del 1 de diciembre. Tan malo el pinto, como los colorados.

¿Entenderán los nuevos funcionarios la practicidad del Gobernador?

gaalejandro

+ Primer mensaje: no habrá tolerancia a escándalos ni costos políticos


Desde el momento en que tomó el cargo de gobernador, Alejandro Murat fue enfático al afirmar que su estilo de gobierno es particular. La pauta la dio desde el hecho mismo de su toma de protesta, que la hizo con la necesidad básica de cumplir con la Constitución, pero sin la parafernalia que habrían deseado casi cualquier otro personaje, que habría decidido pagar el costo de una asunción confrontada. Ante esta, y otras muestras de practicidad, ¿sus propios funcionarios —recién designados— habrán ya entendido que esa forma de gobernar los pone en una situación de cumplir, o ser separados de sus cargos?

En efecto, en sus primeros días de gestión, el gobernador Alejandro Murat ha tomado varias decisiones cargadas de pragmatismo, como parte de lo que él mismo ha denominado como un nuevo estilo de gobernar. La primera decisión fue la de la toma de protesta, pero no ha sido la única. Ayer, por ejemplo, dio el banderazo de salida de las Unidades Móviles, que habían funcionado hace dos administraciones y que, por ese solo hecho, habrían sido impensables para otro gobernante que pensara más en los mensajes políticos que en las demandas y necesidades de la ciudadanía.

Ha tomado también algunas otras decisiones que de entrada no han dejado del todo contento a su primer equipo de trabajo, a partir de la idea de que no se cumplieron ciertas expectativas en el nombramiento de funcionarios. más allá de los enojos y los berrinches, lo que todos deberían ver —los beneficiados con alguna posición administrativa, y los que no— es que esa practicidad los puede alcanzar cualquier día y, quizá, casi por cualquier circunstancia. ¿De qué hablamos?

De que, por un lado, decisiones como la de la toma de protesta o la de la reimplementación del esquema de las Unidades Móviles para el Desarrollo —ahora sólo denominadas como Unidades Móviles, y sectorizadas a la Secretaría de Desarrollo Social y Humano— dejan ver que el Gobernador asume su legitimidad no a la vieja usanza de tomar decisiones independientemente de la magnitud de su costo político, sino que más bien ha buscado demostrar que su legitimidad le permite tomar decisiones que no pasan por hacer ningún tipo de demostración de fuerza.

Parece un juego de palabras, pero mientras otros gobernantes se atrevieron a decidir voluntariamente mal sólo para demostrar poder, para después —a la vieja usanza— “volver a mandar”, Murat Hinojosa está decidiendo no demostrar su poder con caprichos, sino con decisiones de gobierno. Esas decisiones pragmáticas se demostraron a través de una toma de protesta austera y concreta, que sólo buscó cumplir con las formalidades que establece la Constitución independientemente de lo que pensaran u opinaran sus opositores, panegiristas o detractores.

Al final, en la lógica del Gobernador, lo que importaba era la Constitución muy por encima de las opiniones o de una posible confrontación violenta sólo por el capricho de querer tomar protesta en el edificio del Congreso, con la parafernalia propia que no hubieran querido dejar otros gobernadores al tomar el encargo.

QUE TOMEN NOTA…

Una más de esas decisiones fue la tomada alrededor de las Unidades Móviles. Ese fue, del gobierno de Ulises Ruiz, el programa más útil y recordado por la ciudadanía. Lo fue porque a través de caravanas, la gente recibió en aquella administración servicios médicos, odontológicos, del Registro Civil, de desarrollo rural, despensas y muchos más, que desaparecieron no porque fueran inútiles, sino sólo porque a Gabino Cué no le pareció la posibilidad —política— de continuar el programa estrella de Ulises Ruiz, aún cuando el costo lo pagaran los oaxaqueños que se quedaron nuevamente olvidados y sin esos servicios, que ahora Murat Hinojosa retomó a pesar de que el ex gobernador Ruiz ha sido su mayor crítico dentro del PRI, y de que, de hecho, intentó cerrarle el paso en la carrera interna del tricolor para la definición de la candidatura a Gobernador en Oaxaca.

¿Entenderán todo esto los funcionarios recién designados? Vale repasar tres ejemplos que, por sus antecedentes, en los primeros días de gobierno comienzan a verse como potencialmente problemáticos, y que a menos que entiendan a cabalidad el mensaje, durarán poco tiempo en el gabinete del Gobernador del Estado, a partir de la idea de que, a diferencia de mandatarios como Gabino Cué, él no estará dispuesto a pagar costos políticos por otros, que decidió no pagar ni por él mismo.

Uno es Alejandro Avilés, que fue nombrado secretario General de Gobierno, aún cuando carga un fuerte desgaste por la larguísima cadena de señalamientos que pesan en su contra en el interior del Estado por la venta de candidaturas al interior de su partido, y más recientemente por su intrigante papel en el Congreso del Estado. Con todo ese lastre, Avilés está obligado únicamente a desempeñar un papel excepcional como encargado de la política interna del Estado, antes que tratar de intentar cualquier acción que le importe señalamientos como los de su pasado. Esta tentación, lo llevaría fácilmente a ser cesado, por un Gobernador que, como lo hemos dicho, ha demostrado no querer cargar con esos señalamientos sólo para mantener un compromiso político.

ESCÁNDALOS

En su nivel, dos servidoras más fueron designadas en medio de señalamientos: Montserrat Heinze y Lucía Raquel Alberto Marín. Las razones van desde sus definiciones políticas del pasado, hasta señalamientos de corrupción en anteriores encargos. ¿Entenderán también que si no remontan estos primeros problemas, nadie las podrá sostener en sus encargos?

Reactivación económica sí sería un signo de reconciliación social

0

EPNMURAT.jpg

+ Federación debe ahora sí cumplir, dando certidumbre económica


Es ya conocido el argumento de que el conflicto social ocurrido en 2006 no se remedió, porque el intento de arreglo que en diversos momentos promovió el gobierno federal, fue sólo entre las organizaciones sociales en pugna. Nunca volteó hacia la ciudadanía y sus agravios. Y por eso, en esa lógica del chantaje como condicionante de la paz social, la crisis magisterial se convirtió en un conflicto que ya supera la década vigente. Hoy, el anuncio de reactivación económica debe ser consistente porque de ello depende en gran medida la certidumbre social que tanto anhela Oaxaca.

En efecto, ayer el gobernador Alejandro Murat Hinojosa dio a conocer tres medidas inmediatas para la reactivación económica de la entidad, ante el desastre que enfrentan diversos sectores productivos. Dijo que en coordinación con el gobierno federal, se atenderán de manera urgente los adeudos y pasivos que dejó el gobierno anterior y que al día de hoy suman aproximadamente dos mil 200 millones de pesos. Pasivo, explicó, que puede crecer una vez que se vaya conociendo la información de las demás secretarías del gobierno de Oaxaca.

También mencionó que habrá una mesa permanente de participación del sector productivo, como se ofreció en campaña, para poder atender sus demandas a partir de escuchar sus necesidades. Además, se incorporarán las cámaras empresariales una vez instalado el Coplade al Comité Técnico Estatal, “como fue el compromiso de mi campaña, para que juntos en los demás órdenes y sectores, podamos hacer la planeación estatal y regional de nuestro estado”.

Este anuncio resulta trascendente no sólo por los problemas de inmovilidad económica que han ocurrido en los últimos meses en la entidad, sino porque en ese contexto la demanda de una verdadera reactivación económica, ha sido una de las más sentidas, pero también de las menos atendidas en la entidad en la última década.

Pues durante los seis años de su gobierno, Gabino Cué Monteagudo decidió no sólo guardar silencio, sino profundizar la crisis económica que ya había en Oaxaca, producto de un primer reclamo no atendido por parte del gobierno de Ulises Ruiz, e incumplido por la federación, luego del conflicto magisterial y popular de 2006. Quizá para muchos ese ya es un antecedente remoto que, sin embargo, resulta relevante a la luz del cada vez más perceptible riesgo de estallido social en la entidad por la inmovilidad económica de prácticamente todo el sector privado, que da trabajo e ingresos a toda la gente que no depende de los empleos del Estado.

DEMANDA AÑEJA

En ese sentido, vale atender a ese primer antecedente: en 2006, las pérdidas por el conflicto magisterial fueron monumentales en cuanto a empleo, actividad económica y capacidad productiva porque todo lo que giraba alrededor de la prestación de servicios de turismo —única actividad económica de la entidad— quedó colapsado por la crisis magisterial que se extendió a lo largo de prácticamente todo aquel año. Dentro de las medidas que anunció en aquel entonces el gobierno federal, se supone que para paliar la crisis y el enojo social, fue la de la reactivación económica. Dijo, de hecho, que invertiría unos 20 mil millones de pesos en la reactivación económica, aunque en realidad nada de eso ocurrió.

En suplencia, el gobierno de Ulises Ruiz trató de inyectar recursos a partir de su necesidad de que los sectores productivos no demandaran su salida. El magisterio y organizaciones sociales habían basado su demanda de desaparición de poderes en el repudio social, y entonces Ruiz trató de congraciarse con todas las representaciones de la iniciativa privada para evitar también una confrontación con ellos. Por eso, el gobierno se esmeró en consumir lo local, y en pagar a tiempo; aunque siempre fue claro que eso era apenas si alcanzaba a ser un mejoral para la gigantesca crisis económica que prevalecía, y que tocaba a toda la gente que a causa del 2006 había perdido su empleo.

Así, en 2010 Gabino Cué llegó al gobierno y se negó a reconocer la crisis económica, porque su gestión tuvo como génesis justamente al conflicto magisterial. Por eso, reconocer el problema económico era tanto como aceptar los daños ocasionado por la Sección 22 y las organizaciones sociales, de las que Cué fue aliado permanente bajo la idea —errónea— de que ellas le permitirían los márgenes de gobernabilidad que su gobierno demandaba.

En eso, el gobierno de Cué pasará a la historia como un fracaso doble: por un lado, la Sección 22 y las organizaciones sociales convirtieron la alianza en un chantaje abierto siempre sometiendo la gobernabilidad; y por el otro, la resistencia a aceptar la crisis económica generó el colapso que hoy vemos. El problema es que a Cué eso nunca le importó. Por eso su gobierno tuvo una resistencia permanente a cualquier forma de activación económica. Dejó de consumir lo local hasta en los aspectos más básicos, y generó un profundo cuello de botella en las finanzas estatales, que terminó ahogando a prácticamente toda la economía local, que hoy se encuentra —y no es exageración— en riesgo de extinción en varios de sus sectores.

RECONCILIACIÓN

En el fondo, esa será una de las claves para la reconciliación. Hay sectores que, igual que el magisterial y de las organizaciones que exigieron reparación de los daños ocasionados por el conflicto, hoy esperan la atención del Estado para continuar en un marco de existencia digna. Es, por ende, un tema toral que pasa por la necesidad de reconocimiento para generar un mejor clima social para Oaxaca.

¿Ahora sí nos revelará Morena en qué consiste su alianza con el PRI?

iris

+ Radicalizar sus posiciones, es síntoma de la opacidad de los acuerdos


El diputado Irineo Molina ha asegurado en varias entrevistas, que su presencia en la toma de protesta del gobernador Alejandro Murat tuvo dos razones: primera, que él es el Presidente de la Junta de Coordinación Política y debía guardar compostura institucional; y segunda, que con él, o sin él, la ceremonia de todos modos habría ocurrido y que además él no tenía totalmente claro el contexto de lo que iba a ocurrir esa noche. Mientras eso ocurre, al interior de su bancada, y de Morena en Oaxaca, parece haber una auténtica —aunque  inexplicable— rebelión de diputados y dirigentes políticos.

En efecto, puede o no ser cierto lo que dice. Sin embargo, lo más importante es que ahora el diputado Molina le explique a la ciudadanía cuál es el contenido de la alianza política que trabó con el PRI, que le permitió ostentar el reconocimiento como segunda fuerza política representada en el Congreso local. El asunto es de la mayor relevancia porque esta primera rebelión en la bancada morenista refleja la opacidad, la discrecionalidad y las discrepancias en los acuerdos alcanzados.

¿De qué hablamos? De que la presencia del diputado Irineo Molina en la asunción del nuevo Gobernador, era lógica si se considera todo el respaldo que el Revolucionario Institucional le dio a Morena para pasar por encima del PRD y ser reconocido como la segunda fuerza política en el Congreso del Estado. Todo esto toma forma no sólo con el hecho de que el PRI hizo todo para que la bancada morenista tuviera más peso político que las demás, y para que el propio Molina —coordinador de la fracción parlamentaria de Morena en la LXIII Legislatura— se convirtiera en Presidente de la Junta de Coordinación Política. Por encima de todo eso, está la reforma a la Ley Orgánica del Poder Legislativo para modificar el mecanismo de designación de la Presidencia de la Junta, que hoy ostenta Morena gracias justamente al PRI.

Dicha modificación a la Ley Orgánica, tuvo como intención eliminar la disposición sobre la titularidad de la Junta de Coordinación Política, que establecía que cuando no hubiera mayoría simple de un partido, la Junta iba a ser encabezada, año con año y de forma descendente, por el coordinador de la bancada que tuviera más diputados. En la nueva redacción de la ley se establece el mecanismo denominado “de voto ponderado”, a través del cual la definición del orden en que será rotada la Presidencia de la Junta, se da justamente por el consenso entre sus integrantes. Esa reforma la impulsó el PRI —todavía en la Legislatura anterior— para que Morena pudiera tener margen de maniobra y ser la segunda fuerza electoral, aliada, en la LXIII Legislatura.

En ese sentido, vale recordar que tanto Morena como el PRD tienen el mismo número de diputados, y que por ende su representación legislativa es la misma. El PRI ha justificado su respaldo a Morena para ser reconocida como la segunda fuerza política, por encima del PRD, a partir del argumento de que Morena tuvo más votos que el PRD en los últimos comicios. Ello ha sido una forma de justificación, porque dicho reconocimiento es un tema eminentemente político, que lo mismo le pudo haber aplicado al PRD —en su contexto, como por ejemplo porque tiene más diputados de mayoría que Morena— si con ellos se hubiera trabado la alianza que tiene el PRI con Morena.

ALIANZA VOLUBLE

Esto que escribimos el 15 de noviembre en este espacio, cobra particular importancia ante la rebelión morenista y su alianza voluble con el PRI. Es evidente que Morena no está —al menos por ahora— en la posibilidad de cogobernar con el PRI en Oaxaca —apuntamos en aquel momento. No, porque este primer tercio del gobierno, será el del bono democrático de Alejandro Murat como gobernante, emanado de una amplia mayoría electoral. Pero por eso mismo, si hay acuerdos iniciales, éstos deberían ser llevados concretamente a las instituciones para ser verificables, para ser confiables, y para ser políticamente transparentes.

¿De qué hablamos? De que Morena y el PRI —dijimos entonces— tendrían que ser claros, y utilizar la Constitución, para establecer los albores de un gobierno de coalición, en el que no sólo Morena, sino cualquier partido que trabe un acuerdo con el oficialismo, tenga también una corresponsabilidad por los efectos positivos o negativos de las decisiones que se tomen, y que se respalden. El eslabón más perfeccionado de esa cadena sería el establecimiento de un gobierno de coalición, como sí lo contempla la Constitución local, a partir del establecimiento de una agenda, de posiciones administrativas, y de un programa conjunto de gobierno. Pero, por ahora, iniciarían bien estableciendo al menos algunos compromisos conjuntos para generar un mejor panorama para Oaxaca.

QUE ABRAN LOS ACUERDOS

La rebelión en Morena demuestra que sus diputados no tienen claridad sobre los acuerdos alcanzados con el PRI, ni entienden la importancia de mantener una alianza. Ello, además, estaría revelando que, o Irineo Molina no fue claro con sus compañeros sobre lo que implica comprometerse para recibir algo a cambio, o los diputados de Morena no saben sostener sus acuerdos. En cualquier caso, lo que Oaxaca requiere es que el contenido de ese, y todos los demás acuerdos políticos, se abran a la ciudadanía. De no ser así, entonces estaríamos frente a la reedición de la misma política aldeana de siempre.

¿Por qué sí era posible decretar un cambio de sede del Congreso del Estado?

alecitoprotesta

+ Ahora la S-22 debe establecer la razón por la que cercó el Palacio Legislativo


La ley contempla innumerables supuestos para casos excepcionales. Uno de ellos es el de un posible cambio de sede en lo relativo a la toma de protesta del nuevo Titular del Ejecutivo, ante el Congreso, que es uno de los actos de mayor relevancia para la vida institucional de un Estado. La duda que quedó en algunos surge del desconocimiento de la ley. Por eso, en un ánimo analítico y constructivo, vale la pena entender —jurídica y políticamente— lo que ocurrió en las primeras horas de ayer entre el Congreso del Estado y el gobernador Alejandro Murat Hinojosa.

En efecto, como se sabe, desde el martes la Sección 22 del SNTE inició un cerco a las instalaciones del Recinto Legislativo de San Raymundo Jalpan. La intención del sindicato magisterial, fue siempre la de tratar de impedir que se llevara a cabo el acto de toma de protesta de Alejandro Murat como gobernador. Ante esto, uno de los sectores del PRI, la Confederación de Trabajadores de México, inició un “resguardo” de la sede legislativa. El resultado de ese doble acecho bien podría ser un enfrentamiento violento. Por esa razón —y así lo reconoció ayer en varias entrevistas— Murat Hinojosa prefirió el cumplimiento austero de la ley a un acto “políticamente correcto” que pudiera acarrear riesgos.

La alternativa fue —como lo apuntamos ayer en este espacio dentro de los escenarios posibles— el establecimiento de una sede alterna. El lugar elegido fueron las instalaciones de la Corporación Oaxaqueña de Radio y Televisión, a donde se dieron cita la mayoría de los diputados, para cumplir con la solemnidad de la toma de protesta del nuevo Titular del Ejecutivo. La polémica surgió justamente por el establecimiento de una sede alterna —que algunos, por desconocimiento, consideraron como ilegal—, más que por la forma en la que ocurrió la toma de protesta. Sobre esto último, el Gobernador dejó claro la misma mañana de ayer, que él prefirió el pragmatismo sobre las formas tradicionales. Pero, ¿qué hay sobre la habilitación de una sede alterna?

RAZONES LEGALES

En este sentido, hay que considerar sólo tres disposiciones: una constitucional, otra legal, y la última, de orden reglamentaria.

La primera, constitucional, es lo que señala el artículo 48 de la Constitución del Estado que dice: “La Ciudad de Oaxaca de Juárez y zona conurbada, será el lugar donde la Legislatura celebre sus sesiones y donde residirán los Poderes del Estado; y no podrán trasladarse a otro punto, sin que así lo acuerden las tres cuartas partes de los Diputados presentes.” La segunda disposición, es el artículo 6 de la Ley Orgánica del Poder Legislativo, que señala: “El Congreso del Estado, tendrá su residencia oficial en la Ciudad de Oaxaca de Juárez, celebrará sus sesiones en el edificio sede del Poder Legislativo y no podrá trasladarse a otro lugar, sin que así lo acuerden las tres cuartas partes de los Diputados presentes.”

Esto significa que, ordinariamente, el Congreso debe sesionar en el inmueble destinado para ello, pero que de forma extraordinaria sí puede cambiar su sede siempre que lo acuerde la mayoría absoluta de los diputados presentes, en la sesión en la que se tome dicho acuerdo.

No obstante, el que clarifica estas dos disposiciones, es el Reglamento Interior del Congreso del Estado, que en su artículo 173 establece el supuesto específico visto ayer jueves, al señalar: “El Congreso del Estado, no podrá reunirse para tomar acuerdo o determinación Oficial alguna fuera del recinto que esta destinado al efecto, salvo el caso que por fuerza mayor o por circunstancias imprevistas, no pudiere reunirse en el Recinto Parlamentario, en estos casos, la Legislatura podrá constituirse en el local distinto al Oficial, al efecto investirá de legalidad necesaria al lugar que ocupen, expedirá el Decreto correspondiente y dará aviso a las autoridades oficiales, informando sobre los motivos que hayan existido para tomar tal determinación, en igual forma para cuando se trate de la Sesión Solemne del primero de diciembre en que deba tomar posesión el Gobernador Constitucional. Una vez desaparecidas las causas que motivaron el cambio del recinto, volverá nuevamente al Recinto Oficial.”

Como podemos ver, sí existe en la legislación local un precepto aplicable a este supuesto concreto, y por esa razón no había más polémica que la que quisieron alimentar quienes argumentaron ilegalidades justamente por no conocer la ley. Es cierto que la Constitución oaxaqueña necesitaría también adecuaciones para dotar de mayor certidumbre a la realización de la solemnidad de la toma de protesta del Ejecutivo, como sí lo hace la Constitución de la República, que establece al menos cuatro supuestos distintos, para cuando existan impedimentos para que ocurra la toma de protesta del Ejecutivo federal ante el Congreso General, en su recinto ordinario (artículo 87).

PIERDEN EL DECORO

Eso les pasa a los de la Sección 22, que como no pudieron impedir la toma de protesta, ayer se dedicaron a hostigar a cualquier persona que pareciera que iba a alguna actividad en el Palacio de Gobierno. Todo aquel que pasó vestido de traje —fuera aspirante a funcionario, empleado bancario o de alguna tienda departamental… en donde el traje es uniforme— por la Plaza de la Constitución, recibió gritos, chiflidos, mentadas y palabras de repudio por parte de los profesores inconformes, que no pudiendo hacer otra cosa, descargaron su frustración contra todo el que fuera, o pareciera, servidor público.