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¿Dónde quedó el llamado de GCM a municipios para vigilar a maestros?

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+ Desdeñan capacidad de padres y ayuntamientos para frenar a profesores


Hace poco más de un año, en agosto del año pasado, el gobernador Gabino Cué hizo un llamado a las autoridades municipales para vigilar la impartición de la educación pública en Oaxaca que hoy está en el olvido, a pesar de que fueron los padres de familia organizados los que finalmente le hicieron a la Sección 22 la presión que ni el gobierno federal había logrado, para que se reabrieran las escuelas luego de casi 100 días de movilizaciones y cierre de escuelas en la entidad. Hoy más que nunca, una posible adecuación del modelo educativo estatal debería pasar por la municipalización, de hecho o de derecho, de la educación en la entidad.

En efecto, el 19 de agosto de 2015 —apenas unas semanas después de haberle expropiado el control del IEEPO a la Sección 22— el gobernador Gabino Cué Monteagudo lanzó el llamado a un diálogo por la educación a los presidentes municipales de todo el estado. Específicamente, en aquella ocasión el Mandatario convocó a las autoridades municipales “a que sean vigilantes de lo que necesitan las escuelas de sus comunidades, así como de que los profesores cumplan con el ciclo escolar”.

El gobernador Cué dijo que “por ley”, los presidentes municipales “nos tienen que ayudar para el diagnostico de cómo están las escuelas; para saber si las maestras y los maestros están yendo a la escuela”. Y subrayó que por tratarse de servidores públicos, “por mandato de ley” los maestros tienen la obligación de cumplir con la función por las que se les paga su salario.

Este llamado constituía un paso decisivo en el control de la Sección 22 del SNTE, a través de un proceso fáctico de municipalización de la educación. El nuevo marco jurídico de la educación —es decir, la reforma educativa— no lo impedía, y ahí se encontraba la capacidad de dicho llamado que, lamentablemente, hoy se encuentra en el más crudo de los olvidos a pesar de que han sido los padres de familia, en modelos improvisados de organización los que fueron logrando, primero presionar a los profesores de diversas escuelas a iniciar el ciclo escolar; y segundo, que la Sección 22 comenzara a considerar, hace apenas unos días la posibilidad de iniciar el ciclo escolar no por las exigencias o amagues del gobierno, sino por el reto que representa la presión de los padres de familia, escuela por escuela, o comunidad por comunidad.

INFERIORIDAD NUMÉRICA

El magisterio tiene una capacidad de movilización importante, pero sólo cuando se trata de hacer presencia en la capital del Estado, como caja de resonancia de toda la actividad política en el Estado. Obviamente, cuando se juntan los más de 70 mil profesores para realizar movilizaciones en la capital oaxaqueña, su superioridad es abrumadora. ¿Pero nos hemos puesto a pensar qué tan endeble es en realidad esa supuesta superioridad, si comenzamos a contrastar el número de profesores que tiene una comunidad frente al número de padres de familia, y ciudadanos interesados en que se imparta una instrucción pública de calidad?

Obviamente la respuesta es que los profesores, en ese escenario, tienen una inferioridad abrumadora. Una escuela primaria de una comunidad podría tener unos 50 trabajadores, entre profesores, directivos, personal administrativo y de intendencia. ¿Pero cuántos padres de familia tendría esa misma escuela? Y, sobre todo, ¿cuántos habitantes más, ajenos a los paterfamilias, estarían también interesados en participar en cualquier tipo de acción encaminada a mejorar las condiciones educativas de los niños de esa comunidad?

La respuesta, sin duda, es que unos y otros son muchos más. Por eso, en el fondo, la Sección 22 le tiene mucha reticencia a cualquier posibilidad relacionada con que los Ayuntamientos, y las comunidades, tomen conciencia del papel que pueden jugar en el ámbito educativo, y que en base a ello puedan también emprender acciones.

En cada caso en el que lo han hecho el resultado es favorable para la educación; y dicho éxito se puede entender a partir de la sola circunstancia de que la inferioridad de los profesores sobre los habitantes de las comunidades que ejerce presión sobre ellos, los obliga a tomar una actitud distinta frente a su actividad sindical y los lleva a reconocer que no es sólo su potestad o sus intereses los que valen respecto a los derechos de miles de niños.

Por esa razón —y más allá de lo que pueda decir el texto legal— sería importante retomar el principio de la municipalización educativa, de hecho o de derecho. Es expresa la obligación constitucional, tanto de la Federación, como de estados y municipios, de intervenir en la impartición de la educación pública; y por esa sola razón sería necesario resaltar la importancia de la función social de vigilancia y contraloría de la propia ciudadanía —padres de familia, autoridades municipales, comunidad en general— en la impartición de educación. Finalmente eso fue lo que presionó a los maestros a volver a las aulas. Por eso sería importantísimo considerar esta cuestión que aún sigue inexplorada.

SE MUERDE LA LENGUA

El ex gobernador Ulises Ruiz envió una segunda carta pública al CEN del PRI. En la misiva, sugiere que en acciones para un combate frontal y formal contra la corrupción, “es necesario que el órgano de control que la nueva dirigencia nacional propuso, sea electo por la militancia, para que sirva como un mecanismo permanente de seguimiento y evaluación”. Pidió además, que se transparenten los recursos del CEN y de los comités estatales mediante la rendición obligatoria de informes públicos a la militancia. Es decir, otra vez el señor Ruiz, resentido con su partido, hablando de honestidad. El chiste se cuenta solo, dirían por ahí.

¿Estará preparado el nuevo régimen para cogobernar con Morena?

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+ Gobernabilidad local quedará supeditada a definición presidencial


Lejos de la expectativa que genera la conformación del gabinete del gobierno de Alejandro Murat Hinojosa —algo que se definirá apenas unas horas antes de la toma de posesión del Ejecutivo estatal—, uno de los temas que más inquietud debe generar en el nuevo grupo gobernantes es qué relación entablará con las fuerzas opositoras, y cómo comenzará a articular su propia estabilidad política de cara a la primera prueba electoral que enfrentará, en junio de 2018. ¿El grupo priista que asumirá el poder, estará preparándose para convivir, e incluso para cogobernar con Morena?

En efecto, una de las tantas particularidades que tendrá el gobierno de Murat Hinojosa radica en que éste tendrá que enfrentar tres integraciones distintas del Congreso del Estado. La primera será la que iniciará funciones el próximo 13 de noviembre; la segunda, será la que resulte de los comicios de 2018 y, en razón del cambio de calendarios electorales, conocerá de una tercera integración en 2021, con la que cierre su administración. Esta particularidad, en sí misma, encierra un grado interesante de complejidad, que se ve incrementada por los efectos que tendrá, particularmente, la elección de 2018. ¿De qué hablamos?

De que en 2018 habrá comicios presidenciales y legislativos, en el ámbito federal, pero también se renovarán los ayuntamientos regidos por el sistema de partidos, y el Congreso del Estado en Oaxaca. Como lo hemos apuntado en otros momentos, estamos convencidos de que ese empalme de procesos electorales locales y federales no resulta benéfico para la democracia representativa en un país como el nuestro, en el que la cultura democrática es incipiente, y aún el sufragio se encuentra sujeto a muchas amenazas.

Dichas amenazas pueden enumerarse en la cooptación, la compra o el condicionamiento del votos; y a otras prácticas aún más nocivas, como la irreflexividad del voto y la incapacidad de muchas personas para utilizarlo como un mecanismo de evaluación de partidos y gobernantes, y de diferenciación entre los órganos que renuevan. Así, por ejemplo, es bajísimo el índice de voto diferenciado y, además, es también común la práctica del voto comercializado.

Estas condiciones tienen que ver mucho con el empate de procesos electorales, porque resulta que en la realización simultánea de comicios locales y federales irremediablemente terminará ganando el que genere más expectativa e interés entre la ciudadanía. Siempre ha ocurrido que en México los comicios presidenciales son los más competidos y concurridos de todos los demás que ocurren en una sociedad. Así, el emparejamiento de las jornadas electorales locales y federales terminará generando una inercia en la que el resultado de los comicios presidenciales determinará —y arrastrará, como en un aluvión— los resultados de los demás procesos electorales.

RESULTADO PREDECIBLE

Oaxaca ha sido, en la última década, uno de los principales bastiones de Andrés Manuel López Obrador. Eso se ha visto reflejado en los resultados de todos los comicios —locales y federales— en los que ha intervenido el tabasqueño participando o poniendo candidatos; y su mejor muestra fue en la elección reciente, en la que el Movimiento de Regeneración Nacional quedó nada menos que como la segunda fuerza política en Oaxaca.

¿Por qué es relevante el 2018? Porque Oaxaca es un semillero de votos de López Obrador, que en esos comicios tendrá su mayor oportunidad de conquistar la presidencia; lo es, además, porque Oaxaca será gobernada por el PRI, y porque por una cuestión casi natural, el gobierno de Murat Hinojosa enfrentará el reto de hacer convivir la militancia con los resultados para su partido. El problema radicará, en el ámbito local, en que el Gobernador tendrá que asegurar una integración digna de la segunda Legislatura (la LXIV Legislatura) con la que convivirá y cogobernará, y a su vez una representación mínima en el Congreso federal, de diputados oaxaqueños del PRI.

Ese es un problema mayor, porque en 2018 López Obrador buscará como nunca llegar a la Presidencia. Es muy posible que en entidades como Oaxaca no haya posibilidad a la concertacesión de espacios legislativos y nichos de votación, porque cada voto —y cada representante popular, local o federal— le será útil a López Obrador, ya como candidato, ya como posible Presidente; y porque siendo entidades como la nuestra sus semilleros de voto, cada uno será necesario para contrarrestar las estructuras electorales que se creen en otras entidades federativas por parte del PRI para hacer ganar a quien sea su candidato.

¿ALIANZA O ESTRUCTURA?

Esto abre un abanico de posibilidades: una, es que desde ahora el PRI se alíe —de jure o de facto— con Morena en Oaxaca para plantear un gobierno (un cogobierno) de equilibrios, que en 2018 les permita la posibilidad de postular a algunos priistas por la vía de Morena y así equilibrar la estabilidad del régimen de Murat Hinojosa. Otra, menos posible, es que el PRI genere una extraordinaria estructura electoral que le permita contrarrestar la fuerza que Morena irremediablemente tratará de imprimir en Oaxaca para ganar la mayor cantidad de votos, y lograr que —independientemente del resultado de la elección presidencial— el régimen gobernante local pueda seguir teniendo la mayoría de diputados en el Congreso local, y cuando menos algunos aliados en las cámaras legislativas federales. De esto depende en gran medida la gobernabilidad y el proyecto de supervivencia del PRI en el poder en Oaxaca. Por eso, este es un tema de la mayor relevancia, más allá de quiénes serán los integrantes del nuevo gabinete.

La Coordinadora le marca cómodamente los tiempos al gobierno federal

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+ Regreso a clases es triunfo de nadie; es un mecanismo parcial de distensión


La Sección 22 del SNTE cumplió libremente con su capricho de arrancar el ciclo escolar hasta que se le dio la gana. El periodo 2016-2017 inicia en Oaxaca con un retraso de diez días hábiles y con la complacencia del gobierno federal que, luego de los muertos, la violencia, el caos nacional y la postración del Estado de Derecho, sólo alcanzó a volver al punto de inicio de esta relación tormentosa: condicionar el diálogo a las clases, y orillar de nuevo —si es que se puede utilizar dicho término— a la Coordinadora a un silencio que hoy ya no convence ni tranquiliza a nadie.

En efecto, en su asamblea del pasado sábado, la Sección 22 acordó iniciar labores docentes el próximo miércoles, “no por el ultimátum lanzado por el gobierno federal de que sin clases no habría diálogo”, sino para cumplir con su compromiso con estudiantes y padres de familia, aunque representantes de la dirigencia nacional aclararon que se definirá el próximo martes si esa acción se ampliará a todo el país. Consultados por separado por el periódico El Universal, integrantes de dirigencias estatales en Michoacán y Guerrero insistieron en que la decisión de iniciar las clases se definirá en la Asamblea Nacional Representativa el próximo martes.

Esto es, apenas, un alivio para la educación y la economía de Oaxaca, que en mucho tiempo no había estado tan ahogada y tan llena de incertidumbre como en este largo periodo en el que no hubo clases, y en el que también los integrantes de la 22 mantuvieron un plantón que alcanzó a buena parte del Centro Histórico de la capital oaxaqueña. Estas dos condiciones de hostigamiento, que se convirtieron en la insignia de la resistencia magisterial, fueron las que sí les generaron presión entre la ciudadanía oaxaqueña y son las condiciones que, de hecho, los están obligando a tomar esta decisión. Porque el problema político sigue en las mismas condiciones de siempre. ¿De qué hablamos?

De que, tal y como ocurrió en junio de 2015, cuando por primera vez el gobierno federal le condicionó el diálogo a la Coordinadora al regreso a clases, en esta ocasión la Secretaría de Gobernación estableció como condicionante para el restablecimiento de las mesas de negociación con la Coordinadora, que ésta arrancara el ciclo escolar. Quedó claro, a lo largo de todas estas semanas, que ni la Sección 22 en Oaxaca, ni la Coordinadora como movimiento regional del sureste del país, tuvieron empacho en cumplir las condiciones que exigía Gobernación para la mesa de diálogo.

DIÁLOGO, SIN DERROTEROS

En el fondo, tanto Gobernación como la Coordinadora saben que a estas alturas del diálogo —en el que ellos llevan muchísimo terreno ganado—, cualquier negociación con la Secretaría de Gobernación es hasta cierto punto inútil, porque el pliego de demandas está reducido a la demanda sustancial de la abrogación de la reforma educativa, que el gobierno federal no puede ni quiere cumplir, y que la Coordinadora ha establecido como el punto central de su lucha.

En esas condiciones, es claro que la mesa de diálogo ni es esperada ni es necesaria; y que, en ese marco, la Coordinadora está recogiendo, por primera vez, los llamados a distender el conflicto no respecto al gobierno federal, sino a los padres de familia que ahora sí están comenzando a emprender acciones para tratar de presionar a los maestros, desde la base, a que regresen a las aulas.

En ese sentido, es claro que como movimiento, a la Coordinadora le interesa poco en realidad lo que la opinión pública diga de ellos, y lo que los grupos empresariales le demanden al gobierno. Saben, por un lado, que los llamados de la iniciativa privada para aplicar la fuerza pública no tienen ningún futuro; y que las opiniones de los grupos políticos, no inciden en su relación con el gobierno federal, que está temporalmente apagada, pero en un contexto en el que de todos modos el Estado ya les cumplió todas las demandas parciales que le plantearon.

¿Qué sí les preocupa? La presión de los padres de familia, de las autoridades municipales, y de algunos grupos que tienen incidencia directamente en las escuelas. A ellos, como es sabido, la Sección 22 sí les tiene recelo, porque saben que escuela por escuela, los maestros son menos que los padres de familia y que, municipio por municipio, una población bien organizada supera por mucho al número de maestros que pudieran integrar todas las escuelas de esa comunidad.

Lo lamentable, en todo esto, es que la relación gobierno-magisterio haya vuelto palmariamente al punto de inicio de hace un año y medio. Un diálogo cancelado por el condicionamiento sobre el regreso a clases; una Sección 22 totalmente despreocupada de lo que el gobierno opine de ellos, porque hoy conocen mucho mejor sus alcances y su capacidad de doblegar las intenciones federales; y una ciudadanía que, por increíble que parezca, les está dando las gracias —y no repudiándolos— por iniciar por fin el ciclo escolar en Oaxaca.

REACTIVAR LA ECONOMÍA

Hace años hubo la iniciativa de la “noche de luces”, con la que los comerciantes y empresarios del Centro Histórico se organizaban para darle vida comercial a la zona en temporadas bajas. Hoy, que parece que disminuirá el plantón magisterial, una iniciativa así les vendría muy bien a todos. Sólo que, de hacerse, tal parece que esto tendrá que venir de los propios prestadores de servicio, porque el gobierno —estatal y municipal de la capital— ya sólo quieren que llegue diciembre para entregar sus respectivas administraciones.

Nochixtlán no fue estrategia de nadie: fue un desastre para todos

Nochixtlán

+ Ni alguno de los grupos locales, ni Federación, sacó una ganancia


A lo largo de los casi 75 días que han pasado desde el desastre de Nochixtlán, han corrido innumerables versiones sobre el origen de esta tragedia, sobre el supuesto móvil de los hechos, sobre las motivaciones políticas que habrían generado el enfrentamiento, y sobre la “ganancia” que alguno de esos grupos obtendría de este clima de incertidumbre. A una distancia razonable, puede verse que ningún cálculo posible puede hoy darse por válido, y que por más que algún grupo político haya querido beneficiarse, esto pudiera hoy verse como algo posible.

En efecto, Nochixtlán el 19 de junio fue una cadena incalculable de errores y desgracias, que no puede entenderse sin la combinación de la dejadez y la ineptitud de todos los que participaron en la planeación y ejecución del operativo. A la luz de los hechos, queda claro que no hubo orquestadores oscuros ni planeaciones perversas. Todo fue producto de una terrible combinación de circunstancias que, al final, terminaron alcanzando a todos, y desmontando cualquier teoría posible relacionada con un complot o una “planeación política” de corto, mediano o largo plazo. Cualquier teoría posible cae por su propio peso, y sólo hace falta revisar los escenarios para comprobarlo.

Por ejemplo, hubo quien dijo que Nochixtlán era producto de una planeación federal para “exterminar” al magisterio de la Sección 22. Tal aseveración es tan inverosímil como los hechos mismos posteriores al 19 de junio. La Sección 22 no sólo no fue exterminada –ni por las maniobras políticas del gobierno federal ni por las balas de las corporaciones policiacas— sino que esa fue la vía por la que revivió políticamente la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, que tenía por lo menos un año exigiendo diálogo con la federación, sin ningún resultado.

Hubo otra versión, que decía que esa era la “venganza” del gobierno estatal contra el gobierno federal priista, por la derrota electoral del siete de junio. Esto es hoy imposible de creer, porque nadie en su sano juicio se daría un disparo en cada pie sólo para parecer muy valiente. Los hechos del 19 de junio en Nochixtlán le generaron al gobierno estatal —y al régimen gobernante, en particular— la última gran ruptura con los grupos que aún eran sus aliados. Si el gobernador Gabino Cué ya tenía una relación distante con la Sección 22, por el enfrentamiento de Nochixtlán se rompieron las relaciones que quedaban.

Esto mismo ocurrió con otras organizaciones sociales —como la de Flavio Sosa, entre varias otras—, que fueron aliadas del gobierno estatal desde el inicio de la gestión pero que respaldaron a la 22 en sus acciones recientes, y que fueron señaladas directamente por el gobierno estatal como corresponsables de los hechos de violencia ocurridos en esa ocasión. El gobierno estatal, ahí, perdió a varios de los pocos aliados que le quedaban. Y por eso tampoco habría forma de que, por una acción premeditada, el gobierno estatal hubiera decidido haber pagado tal costo sólo para cobrarle una factura política al gobierno federal a través de la crisis magisterial.

NO HAY CÁLCULOS, SÓLO PÉRDIDAS

Hubo también quien comentó que la crisis magisterial del presente año era un ajuste de cuentas entre grupos políticos afines al régimen gobernante en Oaxaca. Muchas miradas apuntaron hacia Puebla y hacia el gobernador Rafael Moreno Valle, que habría invertido —vía su secretario de gobierno, el ex gobernador oaxaqueño Diódoro Carrasco— un importante capital a favor de José Antonio Estefan Garfias. Ante ello, ¿alguien que no tiene capacidad de maniobra nacional, puede generar un conflicto de tales dimensiones, cuando de antemano sabe que sus aspiraciones presidenciales son un simple sueño pero sin ningún futuro?

Incluso, en ese tenor hubo quien dijo que todo era una maniobra del gobierno electo para demostrarle a la ciudadanía la diferencia entre un gobierno desastroso —según, el actual— y un gobierno eficaz —según, el siguiente—. No hay forma sostenible de argumentar algo así. De nuevo: nadie incendiaría el estado sólo para llegar el 1 de diciembre con un extintor. Ya como gobernador, Alejandro Murat enfrentará en el asunto magisterial el mayor de sus problemas políticos y sociales, y a éste tendrá que dedicarle largos meses, o años de trabajo, al menos para tratar de recomponer una relación en la que hoy está involucrado ya no sólo el magisterio, sino toda la ciudadanía por todos los agravios sufridos en los últimos años. Así, resulta insostenible cualquier posibilidad de suponer que todo fue una treta de algún grupo local para generar percepciones. La próxima administración estatal dependerá en gran medida de la estabilidad del gobierno federal, y por eso resulta impensable que uno u otro pudieran haber generado una situación de esta naturaleza.

ESTULTICIA COMÚN

Por eso, lo único que queda en el fondo es la percepción clarísima de que sólo fue una terrible cadena de ineptitudes, mandos cruzados, errores y deficiencias operativas, las que generaron este desastre. Todos han perdido: el gobierno federal que no encuentra cómo manejar el problema; el gobierno estatal que fue rebasado por completo por esta situación; los grupos políticos que no tendrían ninguna ganancia de este desastre; ni el gobierno electo, que llegará a enfrentar los mismos problemas que su par saliente, con el añadido de que tendrá que cumplir sus promesas de campaña. Así, no hay forma de que esto fuera algo planeado. Y si lo fue, resultó un desastre.

¿Qué autoridades estatales deberían ser cesadas por Nochixtlán?

Culpables

+ Galindo Ceballos no es el único que debía pagar con destitución


De cara al cese del Comisionado General de la Policía Federal, una de las cuestiones que hasta el momento no ha sido abordada en la dimensión requerida es la participación de las fuerzas estatales en el desastroso operativo de Nochixtlán, el domingo 19 de junio, ni la investigación —y el deslinde de responsabilidades— que debió quedar en manos del Ministerio Público Estatal. Junto con Enrique Galindo Ceballos, debían también responder varios funcionarios estatales que son corresponsables por estos hechos, pero que ignominiosamente se han aprovechado de que la atención ha estado puesta únicamente en las fuerzas federales.

En efecto, la noche del lunes se anunció el cese de Galindo Ceballos de la Policía Federal, y aunque en el anuncio el titular de la Secretaría de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong no se refirió en particular al operativo de Nochixtlán, sí señaló que la remoción de Galindo tenía como origen “los hechos recientes”, así como una instrucción presidencial directa sobre la separación del cargo del ahora ex funcionario.

Esos “hechos recientes” implican la revelación por parte de la CNDH del informe sobre el operativo en Tanhuato —en el que más de veinte personas fueron presuntamente ejecutadas a mansalva por elementos federales y luego se aparentó un enfrentamiento—, pero de manera relevante el fracaso del operativo federal en Nochixtlán, el cual tuvo un fuerte impacto en la gobernabilidad del sureste del país, y en la relación del gobierno federal con la CNTE.

En ese sentido, uno de los elementos que no debe perderse de vista es que, por un lado, el operativo policiaco del domingo 19 de junio en Nochixtlán, fue planteado como una coordinación de fuerzas entre la Policía Federal y la Secretaría de Seguridad Pública del Estado; y que, por el otro, hubo total incapacidad por parte de las dependencias estatales —la Secretaría de Seguridad Pública Estatal, y la Fiscalía General del Estado— para brindar certeza sobre los alcances de la investigación y el deslinde de responsabilidades.

En ese marco, hay que considerar varios elementos: primero, que la misma noche del 19 de junio, fueron los mandos del operativo conjuntos quienes salieron a dar la cara y a ofrecer información sobre el saldo —que no resultado— del enfrentamiento; segundo, que desde entonces ningún mando o autoridad estatal en materia de seguridad pública, ha asumido ningún tipo de responsabilidad por el enfrentamiento, transfiriendo toda la responsabilidad y el costo del enfrentamiento a las fuerzas federales.

Y tercero, que inicialmente la investigación sobre los acontecimientos de Nochixtlán habían quedado en manos de la Fiscalía General del Estado, que derivó la investigación al Ministerio Público federal como si los saldos de Nochixtlán fueran un asunto del gobierno de la República y no un tema de la mayor relevancia a nivel estatal, por encima incluso de los intereses y responsabilidades que debiera enfrentar el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto.

MANDOS ESTATALES, AGAZAPADOS

Ayer el periodista Ciro Gómez Leyva dio a conocer un video, presuntamente del enfrentamiento en Nochixtlán, en el que se observa a elementos de la Policía Estatal realizando disparos con armas de alto poder aparentemente en contra de manifestantes. ¿Por qué decir que “aparentemente”? Porque lo único que habría que establecer es que verdaderamente dicho video corresponde al enfrentamiento del 19 de junio en Nochixtlán, y que quienes disparan son elementos estatales.

Sin embargo, al margen de la veracidad de dicho video, en Oaxaca tendría que haber más compromiso en cuanto al deslinde de responsabilidades. Pues, por un lado, algún día tendrá que haber resultados de la investigación ministerial que ahora realiza la Procuraduría General de la República, para determinar quién disparó, a qué corporación pertenecen quienes accionaron sus armas de fuego, y qué mando —estatal o federal— dio la orden de abrir fuego en contra de manifestantes, y bajó qué premisas ocurrió esa autorización.

En ese sentido, incluso antes del deslinde sobre los muertos, los heridos y el saldo rojo del enfrentamiento, debía precisarse quiénes fueron los mandos estatales que, por acción u omisión, contribuyeron a que el operativo derivara en un desastre. A nivel estatal, desde hace mucho tiempo debieron ocurrir los respectivos ceses y puesta a disposición de la autoridad competente de diversos funcionarios, comenzando por el titular de la Secretaría de Seguridad Pública, Jorge Alberto Ruiz Martínez y el comisionado de la Policía Estatal, Froylán Carlos Cruz. Ellos tienen el mismo grado de responsabilidad —social, política, operativa— que Galindo Ceballos por los saldos de Nochixtlán.

¿Y EL FISCAL?

Del mismo modo, tanto el Ejecutivo como la LXII Legislatura debieron ser más responsables frente a la actuación del fiscal General del Estado que, como si fuera un subordinado del Ejecutivo, y como si Oaxaca estuviera supeditada a la voluntad federal, entregó la investigación a la PGR como si fuera una bomba a punto de estallar, y despreciando lisa y llanamente que esos acontecimientos ocurrieron en Oaxaca; que hubo participación de fuerzas estatales, que —independientemente del bando en el enfrentamiento— los caídos fueron oaxaqueños, y que por ende la ciudadanía del Estado es la primera y más interesada en un deslinde correcto de responsabilidades. Al final, parece que en Oaxaca a nadie le importó demasiado eso. A pesar de que las consecuencias las paguemos a diario con la multiplicación exponencial de la impunidad y la violencia.

En el uso de la fuerza, gobierno federal no se evalúa ni reconoce sus fracasos

Fuerza

+ Galindo Ceballos, insostenible por ser responsable del desastre de Nochixtlán


Lejos de ser una muestra de voluntad para el diálogo con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, o una concesión a la CNDH por los señalamientos de Tanhuato, la Secretaría de Gobernación debería precisar que la separación de Enrique Galindo Ceballos como comisionado General de la Policía Federal, era la consecuencia de las importantes fallas operativas demostradas por esa corporación en acciones decisivas para la gobernabilidad del país, como el operativo de Nochixtlán, que echó a perder al menos un año y medio de trabajo en la relación con el magisterio disidente, y que puso en grave riesgo la reforma educativa, que era la insignia de esta administración federal.

En efecto, la noche del lunes el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong anunció que Galindo Ceballos, había sido separado de su cargo “en el marco de hechos recientes y por instrucciones del Presidente de la República”.

En un mensaje a medios, Osorio no precisó si la decisión fue producto de la controvertida actuación de la Policía Federal en Nochixtlán, el 19 de junio, o por la recomendación emitida el 18 de agosto por la CNDH sobre el caso Tanhuato, en la que se responsabiliza a la corporación de ejecutar a civiles “de manera arbitraria”.

Osorio anunció que el relevo de Galindo Ceballos será Manelich Castilla Craviotto, y dijo que la instrucción presidencial es a continuar y profundizar el esfuerzo de capacitación permanente de todos los elementos en materia de derechos humanos y —lo que parece más relevante— a impulsar “la formación y adopción de los protocolos de uso de la fuerza”, así como estrechar la colaboración con organismos públicos nacionales e internacionales, y con organizaciones y representantes de la sociedad civil para continuar fortaleciendo “la confianza en esta noble institución”.

Pues resulta que, por un lado, la Policía Federal atraviesa por una importante crisis de confianza en la ciudadanía, derivada no sólo de los excesos de fuerza sino de las enormes fallas operativas demostradas en operativos de contención social como el de Nochixtlán, el 19 de junio. Son tan evidentes esas grietas, que Nochixtlán se convirtió en un cisma no sólo para la seguridad y las organizaciones sociales, sino también para la gobernabilidad del país y el Estado de Derecho.

En ese sentido, es evidente que Nochixtlán no representó ni el mayor ni el primer desafío que enfrenta la corporación federal en su relación con las manifestaciones sociales. De hecho, el operativo del 19 de junio era más bien una acción casi rutinaria que, sólo ante la realidad, demostró su falta de preparación, su incapacidad de previsión y su aporte a la ingobernabilidad.

DESASTRE OPERATIVO

Sin aquel desastre no se explicaría por qué el gobierno federal volvió al punto de inicio de la negociación con la CNTE (esa discusión en la que el magisterio quería la abrogación de la reforma educativa, y el gobierno federal dijo que daba cualquier otra cosa, pero no eso); por qué hoy el mismo secretario Osorio parece cada vez menos sostenible, y por qué era urgente el relevo, no como una concesión a grupo social u organismo público alguno —incluido el ombudsman nacional— sino como una forma de rescatar lo poco que le queda de credibilidad.

Así, no era necesario ser experto en seguridad o en operativos antimotines, y tampoco en la previsión de las consecuencias que genera un desastre como el de Nochixtlán, para prever que Galindo Ceballos era insostenible.

Por eso, en este espacio apuntamos hace dos meses (Al Margen 01.07.2016) que la separación del cargo de Galindo era sólo cuestión de tiempo. Sorpresas puede haber en contingencias, en hechos fortuitos y hasta en acciones espontáneas —apuntamos en aquel momento. En donde las sorpresas no son aceptables es cuando éstas sobrevienen —en apariencia— en actos calculados y planeados. Y una de las premisas fundamentales de toda fuerza de seguridad pública en la contención de disturbios y manifestaciones sociales, es justamente la previsión basada en información, en planeación y en la creación de escenarios.

Nada de eso ocurrió en Nochixtlán. A decir del comisionado General de la Policía Federal, Enrique Galindo Ceballos, los 800 elementos estatales y federales que fueron al operativo del domingo 19 de junio, fueron “sorprendidos” por una turba de más de dos mil personas que salieron a defender el bloqueo en el entronque con la autopista Oaxaca-Cuacnopalan. Todo esto lo dijo el Comisionado como preámbulo a la cadena de medias verdades que ha venido ofreciendo sobre el operativo, sobre la presencia de elementos federales armados, sobre la balacera que se desató, y sobre las causas reales de este fracaso.

CAÍDA, PREVISIBLE

Todo eso, resulta ser causa sobrada —dijimos aquel 1 de julio, previendo el impacto en la gobernabilidad (hoy por demás preocupante) que traería el desastre del 19 de junio en Nochixtlán— para que el Comisionado hubiera sido ya separado de su cargo, no como una concesión a las organizaciones que piden castigo a los responsables de las muertes (la renuncia o cese del Comisionado no ha sido parte de las exigencias) de los manifestantes en Nochixtlán, sino como una cuestión básica de responsabilidad por parte de la Secretaría de Gobernación, frente a un operativo que no sólo no logró sus fines, sino que provocó muertes (algo que se supone que no debe ocurrir cuando una policía es profesional en tareas de contención) e impactó directamente en la gobernabilidad, al provocar —por el fracaso del operativo— un efecto bumerang que puso de rodillas a amplios sectores de la población del sureste del país.

Es esencial vencer la discrecionalidad de las negociaciones con la CNTE

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+ Los argumentos atendibles deben verse; también la testarudez al negociar


En las mesas de diálogo que sostienen la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación y el gobierno federal, no parecen existir linderos definidos entre las demandas sustantivas del magisterio disidente, y lo que resulta parte de su agenda política. En ese marco, establecer el principio de publicidad en las negociaciones resultaría no sólo importante como un ejercicio de transparencia de cara a los mexicanos, sino sobre todo la posibilidad de que, por un lado, la Coordinadora defina la naturaleza de sus demandas; y que, por el otro, la ciudadanía conozca bajo qué condiciones negocia el gobierno federal.

En efecto, ayer el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong anunció que todas las futuras reuniones que tengan con los integrantes de la CNTE en su dependencia, serán públicas y transparentes, de cara a la sociedad, para mostrar que no están negociando la aplicación o vigencia de la ley educativa.

“Hoy quiero decirles que desde la Secretaría de Gobernación, le daremos transparencia, en caso de que se tengan que realizar nuevas reuniones para que las y los mexicanos sepan que no estamos negociando la ley, que estamos haciendo un trabajo que sí nos toca que es la del acercamiento de las partes, pero que no vamos a vulnerar lo que sería en contra de las propias mexicanas y mexicanos, de aquí para adelante reuniones con este grupo de inconformes serán públicas y de frente a la sociedad”, aseguró Osorio.

Asimismo, el titular de Gobernación aseguró que el gobierno Federal no ha claudicado, ni ha negociado la ley, además de que no habrá acuerdos que vulneren esta reforma. Dijo que no se ha podido llegar a un acuerdo con los integrantes del magisterio debido a que lo único que piden es la abrogación de la reforma educativa, pero se les ha dicho que no.

“Aquí quiero dejar claro, una vez  más quiero dejar claro, hacía ustedes y hacía los medios de comunicación, que ni se ha claudicado, ni se ha negociado la reforma, no hay ni habrá acuerdos que vulneren esta reforma por la que ustedes dieron todo de sí para que pudiera salir adelante”. Además detalló que desde la SEP se van a aplicar las acciones administrativas para los maestros que hayan incumplido la ley.

En ese sentido, es claro que el establecimiento de la publicidad de las negociaciones sería un elemento indispensable para conocer las estrategias de diálogo de la Coordinadora, así como sus tácticas. Pues resulta que hoy en día los qués y los cómos de la CNTE se encuentran deliberadamente revueltos, en un diálogo que —además— nadie conoce más que los directamente involucrados.

Más allá de satanizar o de santificar la lucha magisterial, lo verdaderamente importante de sus rondas de diálogo radica en que los mexicanos podamos conocer cuáles son las demandas sustantivas y trascendentes de la Coordinadora, y cuáles son los fundamentos con los que reiteradamente traban la negociación al no lograr conseguir todas y cada una de sus demandas de fondo.

LO LEGÍTIMO Y LO INCONFESABLE

Hay una frontera importante entre las demandas relacionadas con el modelo educativo, con la situación laboral y salarial de los trabajadores de la educación, y con las necesarias adecuaciones a la reforma educativa, y todo lo que tiene que ver con la agenda política de la Coordinadora.

En el primero de los rubros, por ejemplo, sería interesante conocer en qué consiste la tantas veces mencionada propuesta alternativa a la reforma educativa, en la que los integrantes de la Coordinadora fundan sus demandas laborales; sería bueno saber, también, en qué fundamentan sus argumentos relacionados con la privatización de la educación, y por qué satanizan la reforma tildándola de “laboral y administrativa” y no de “educativa”, sin razonar que, al final de todo, cualquier modificación al modelo educativo debía pasar de entrada por el cambio del esquema laboral de los operadores de la reforma. Así también podríamos saber cuál es su visión sobre la educación en el país, y cuáles son sus demandas no políticas, sino relacionadas estrictamente con su labor docente, y lo que ellos ven como el futuro de la educación pública nacional.

Así, al marcar esa primer frontera, los mexicanos también podríamos conocer cuál es, y cómo se negocia, el contenido de la agenda política de la Coordinadora. En ese sentido, todos los mexicanos debíamos entender que la existencia de una agenda particularmente relevante para la Coordinadora, es algo tan natural y previsible en cualquier grupo u organización social de la envergadura e importancia política que tiene la disidencia magisterial. Por eso, lo importante no es si esa agenda existe o no —de hecho, debíamos dar por sentada su existencia—; sino cómo se negocia y en qué condiciones el gobierno federal cede o niega lo que ellos piden.

DEMANDA AÑEJA

Esa demanda —la de publicidad en las negociaciones— ha sido una demanda largamente planteada por la sociedad oaxaqueña en la relación del gobierno de Oaxaca con la Sección 22, y sus tradicionales dobles negociaciones que terminaron el año pasado. De haber sido así, nos habríamos enterado cómo el magisterio logró sus 90 días de aguinaldo, el pago de bonos y prestaciones extraordinarias, su banco anual de plazas y los jugosos techos financieros con los que sangraron durante años el presupuesto oaxaqueño. Nunca hubo tal publicidad. Hay una luz de que eso pueda cambiar ahora. Que así sea.

El consenso nacional debe ser a favor de la educación, no de los maestros

ClasesCloses

+ Sección 22, empecinada en que sólo su verdad y demandas sean atendidas


Dice la Sección 22, en su último comunicado, que se mantienen en el paro indefinido de labores ante la falta de respuesta a sus demandas por parte del gobierno federal. Sin pudor, aseguran que los gobiernos federal y estatal se han negado a tomar en cuenta “el consenso popular” que demanda que sean los verdaderos maestros y padres de familia sean los que discutan la reforma educativa. ¿De verdad hay algo que pueda definirse como “consenso popular” a favor de las demandas magisteriales?

En efecto, haciendo uso de su característico lenguaje del secuestrador, la Sección 22 continúa asegurando que las escuelas siguen cerradas por culpa del gobierno. “Aclaramos que hoy los maestros y maestras hemos dejado las aulas obligados por un gobierno que asume una política de oídos sordos, responde con represión y cárcel, que a base del autoritarismo imponen leyes que sólo benefician a organismos internacionales y grupos empresariales”, dice en su más reciente boletín, en el que reiteran sus demandas y su posición de no iniciar el ciclo escolar.

Pasa por alto la Sección 22 todas las implicaciones que tienen sus decisiones, así como su incapacidad para mantener una lucha que se oponga a las decisiones que lastimen sus intereses, pero sin tomar como rehén a la ciudadanía y a la niñez oaxaqueña. En ese sentido, la Sección 22 no ha sido capaz de incidir en la construcción de la política educativa y ni siquiera de la discusión de la reforma a partir de planteamientos serios. Más bien, sus consideraciones se han basado en consignas políticas, en proclamas y en la movilización como método para apuntalar su política de “todo o nada” en su negociación con el gobierno.

Eso es algo verdaderamente preocupante, porque no asumen que si existe en Oaxaca y en México un consenso no sólo popular, sino nacional, éste es a favor de la educación. Es decir, que los mexicanos en general estamos a favor de que se construya una mejor política educativa, con lineamientos y reglas equilibradas y consistentes, pero bajo una premisa: que haya clases y que todos trabajen, independientemente de sus propias perspectivas, a favor de la educación en el país.

Ello no puede ocurrir, primeramente, porque hay sectores magisteriales, y el propio gobierno, que no han entendido que el consenso principal debe ser a favor de la educación. Esa idea, la del consenso, apunta a la construcción no de un acuerdo mayoritario, sino de una decisión unánime a favor de algo que involucra a toda la población. Temas sensibles como la educación, son justamente esos que sí generan un consenso nacional, aunque en realidad parece que en este país tenemos dificultades incluso para distinguir entre los problemas de facciones y los que nos afectan a todos.

TODO O NADA

La Sección 22 apunta a sólo dos demandas: el castigo a los responsables materiales e intelectuales del desastre de Nochixtlán; y la abrogación de la —“mal llamada”, dicen ellos— reforma educativa. Con ese parámetro de negociación, es claro que no habrá forma alguna de continuar el diálogo.

En lo que respecta a Nochixtlán, es evidente que la Sección 22 y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación jamás aceptarán un resultado que verdaderamente deslinde responsabilidades y aclare, por ejemplo, quiénes fueron los responsables de los disparos desde ambos lados del enfrentamiento; no habrá forma de que en ese deslinde de responsabilidades, acepten que también desde el frente magisterial hubo la comisión de delitos y que el resultado de aquel enfrentamiento fue mucho más complejo que la sola decisión de reprimir brutalmente al pueblo de Oaxaca.

Ahora bien, respecto a la abrogación de la reforma educativa, también hay una ruta inamovible que no tiene forma de llegar a buen puerto. Esta semana que pasó, sin clases, sin diálogos y sin resultados a favor de Oaxaca, es consecuencia justamente de que la Sección 22 haya llegado ya al límite de las capacidades de negociación del gobierno federal. Lejos de preocuparse por modificar el esquema actual y por generar un consenso a favor de la realización de una reforma a —valga la expresión— la reforma educativa, el magisterio oaxaqueño ha decidido ir en una sola ruta que no tendrá forma de concretarse en la forma que ellos plantean.

Así, ¿cómo pueden hablar del consenso popular, cuando justamente a esa condición social lastiman todos los días al mantener las aulas cerradas? Lo único que parece es que están puestas todas las condiciones para que no haya posibilidad de acuerdo, y entonces el conflicto se mantenga vivo permanentemente. En el fondo, esa es la condición que le conviene al magisterio, porque su lucha vive justamente de mantener vivas banderas inalcanzables, como la de la abrogación de la reforma educativa.

¿QUÉ SIGUE?

El gobierno federal tiene trabada la situación de Oaxaca. Desplazó nuevamente a fuerzas federales, que no han tenido ninguna actividad —y qué bueno—, pero mantiene agotado el camino del diálogo con la Coordinadora, que tampoco está interesada en generar un acuerdo que permita la reapertura de las aulas, y el inicio completo del ciclo escolar. Ninguno de ellos está interesado en lo que ocurre en Oaxaca —niños sin clases, padres de familia desesperados, la economía quebrada, el turismo devastado, etcétera—, que nuevamente pasa momentos aciagos por la mezquindad demostrada por todos los involucrados.

Los oaxaqueños también somos responsables del caos magisterial

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+ Ciudadanía, polarizada al extremo ante posturas de la Sección 22


Cuando ocurrió el desastre de Nochixtlán, el 19 de junio, había mucha preocupación en ciertos sectores de la ciudadanía por las afectaciones que estaban provocando los cierres carreteros en varias regiones y la capital del Estado, por profesores de la Sección 22 del SNTE. Pero una vez que ocurrió la incursión policiaca, de inmediato surgieron otras voces –o las mismas, quizá— que repudiaron fuertemente la represión de que eran objeto los profesores, y salieron a respaldar su lucha. ¿Somos los oaxaqueños corresponsables de este caos, por no asumir posturas responsables frente a problemas, como el educativo, que son de todos?

En efecto, la pregunta no resulta ociosa a partir de que parece que la sociedad oaxaqueña está dividida sólo en dos posturas: una, que en medio del hartazgo demanda que el gobierno aplique el Estado de Derecho y haga uso de la fuerza para restablecer el orden, independientemente de cuál sea el resultado de esas acciones; en el otro extremo, se encuentran quienes consideran que la lucha de los profesores de la Sección 22 y de la CNTE es justa, que es necesaria, y que es legítima frente a los abusos de un gobierno que quiere coartar sus derechos.

En ese escenario de claroscuros, resulta evidente que los que exigen el uso de la fuerza creen tener la razón a partir de la afectación de sus intereses; y quienes respaldan la lucha magisterial, lo hacen inopinadamente porque por voluntad dejan de ver la dimensión real y las condiciones palpables de esa lucha. Vale la pena revisar ambos escenarios, para hallar la responsabilidad ciudadana de esta derrota para la educación, para la gobernabilidad, y para todos, de la que somos hoy en día testigos todos los ciudadanos.

¿De qué hablamos? De que, en el primero de los extremos, hay quienes demandan la aplicación lisa y llana de la fuerza para despejar las vialidades y las carreteras, como si esa fuera una salida única al problema de fondo. La incursión policiaca de junio demostró que es imposible que el Estado despeje en una sola acción todas las vías de comunicación, porque luego de los enfrentamientos y del paso de los convoyes policiacos, los manifestantes regresaron a sus mismas acciones de siempre, y entonces la violencia, la movilización policiaca, y los muertos y heridos, sirvieron exactamente para nada.

En ese sentido, el uso de la fuerza resultaría tan contraproducente como inútil porque de todos modos el Estado no ha tenido la capacidad de romper las inercias magisteriales que ganan la movilización de los agremiados a favor de la lucha magisterial. Esto pasa porque el gobierno —estatal y federal— nunca lograron socializar el contenido de la reforma, y romper los mitos que han generado los grupos radicales del sindicato magisterial, respecto al quebranto a los derechos laborales de los trabajadores, a la supuesta privatización de la educación, y a la “punibilidad” de la reforma educativa.

Por eso, aunque ocupen la fuerza, de todos modos las escuelas seguirían cerradas, y con eso se convalidaría la derrota de tal postura.

¿LUCHA LEGÍTIMA?

Hay quien denodadamente se alegra de que los profesores den la lucha en contra de las reformas estructurales, y hasta celebran su valentía y disciplina para la defensa de sus causas. Incluso llegan a corear consignas como la que dice que luchando, el maestro también está enseñando. ¿De verdad es así?

Es importante revisar qué es lo que en verdad está haciendo la Sección 22 en estos momentos. Ellos, por ejemplo, establecieron un programa de acción que incluye el cierre de carreteras, las afectaciones a comercios establecidos, y el cierre de escuelas. La única intención de todas esas acciones es generar sabotaje y presión al gobierno, utilizando a la ciudadanía, para que finalmente éste ceda al cumplimiento de sus pretensiones, o utilice la fuerza y entonces les vuelva a dar las banderas de la represión para continuar su discurso cíclico de la presión y la represión.

Frente a eso, esa ciudadanía que los respalda, se ha preguntado de verdad qué se está haciendo por la educación. Pues lo que tal postura pasa deliberadamente por alto, es que la Sección 22 y la Coordinadora en realidad no están haciendo nada por defender la educación; no tienen argumentos sostenibles a favor de que la reforma es punitiva o privatizadora.

Y entonces, la ciudadanía que los respalda únicamente repite tales argumentos sin establecer una postura razonada y crítica respecto al contenido del mensaje. En esa lógica, los defensores a ultranza de la lucha magisterial convalidan que la educación quede supeditada a los derechos laborales de los profesores. Y por ende asumen silenciosamente una postura tan perniciosa como la de quienes demandan el uso inopinado de la fuerza pública.

En el fondo, hay una gruesa nata de irresponsabilidad. Por encima de cualquier argumento o derecho debería estar la educación, y no la fuerza pública o la presión social. Sólo que hay muchos que asumen esas últimas como posturas irreductibles, y entonces lejos de sumarse a una demanda de responsabilidad, alimentan y convalidan los discursos irreconciliables de la Sección 22 y el Estado mexicano.

SEGURIDAD EXTREMA

El diputado local electo del PRI, Samuel Gurrión Matías, se pasea por la ciudad nada menos que con seis escoltas. A varios de esos elementos, los identifican como integrantes de la Policía Estatal, y portan armas que a nadie le queda claro si son las propias de su cargo. ¿Quién ha permitido o alimentado, desde el gobierno saliente, tales excesos?

No es la SCJN, sino todos, los que debemos hacer operativa la reforma educativa  

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+ Ley y la autoridad, ante crisis de legitimidad, de legalidad y de constitucionalidad


¿De qué sirve que la Suprema Corte de Justicia de la Nación preserve la Constitución, cuando de hecho el Poder Ejecutivo no tiene capacidad ni legitimidad para hacer cumplir ese mandato? Esa es una pregunta trascendente, ante el hecho de que los tribunales del país siguen cumpliendo con su misión de salvaguardar el mandato constitucional, pero se enfrentan al hecho de que las autoridades administrativas del país —el gobierno federal, y los estatales— parecen estar alimentando una especie de auto sabotaje, a pesar de que tienen la ley de su lado.

En efecto, este resulta ser un problema muy propio de nuestro tiempo, en el que la lucha ni siquiera se encuentra en el espectro de la institucionalidad sino en el estricto terreno de las presiones y la debilidad de quienes deben aplicar la ley. Desde que fue emitida la reforma constitucional en materia educativa, y su respectiva legislación secundaria, los tribunales del país —con la Suprema Corte a la vanguardia— se han dedicado a defender la constitucionalidad y la legitimidad legal de dichas normas. Paradójicamente, ha sido el Poder Ejecutivo de los ámbitos federal y estatal —quienes, por mandato constitucional, tienen la obligación de cumplir, y hacer cumplir la ley— quien parece estar decidido a que esto no ocurra.

En ese sentido, el trabajo de la Corte ha sido notable, en la defensa de la Constitución. En un primer fallo, emitido el pasado 10 de agosto, los integrantes de la Corte señalaron que el incumplimiento de las condiciones de permanencia en el empleo, como la acreditación de evaluaciones, da lugar a una consecuencia jurídica consistente en la terminación del nombramiento y la separación del Servicio Profesional Docente, lo cual no es violatorio de derechos fundamentales.

Todo ello, derivado de la disposición contenida en la Ley General del Servicio Profesional Docente, respecto a que todos los trabajadores del sistema educativo deben evaluarse luego del segundo año de haber obtenido su nombramiento definitivo. La Corte avaló lo dispuesto en la ley, en el sentido de que cuando un trabajador haya reprobado en tres ocasiones consecutivas la evaluación puede ser dado de baja del servicio sin responsabilidad para el patrón.

Ahora bien, en otros amparos que están en vías de ser resueltos por la Corte, los maestros que lo solicitaron señalan que a raíz de las nuevas reglas con que se rige su actividad se pierde su derecho a solicitar días de licencia, lo que va en detrimento de sus derechos laborales. La Corte, en este caso, considera que aunque cambiaron las reglas para acceder a esos días de licencia, sigue siendo posible tenerlos, lo que no lastima su derecho. Aunque se trata de nuevas reglas, dice el proyecto de resolución elaborado por la ponencia del ministro Alberto Pérez Dayán, estas no eliminaron prestaciones y derechos laborales de los trabajadores del sector educativo.

INCUMPLIMIENTOS

El común denominador de estos fallos, radica justamente en el hecho de que la Corte ha reiterado que no existen las violaciones a derechos fundamentales que han alegado los integrantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación que se han quejado en vía de amparo, y que todas las normas emitidas por el Congreso fueron confeccionadas en los parámetros establecidos por la propia Constitución. En esa lógica, el resultado es una negativa lisa y llana a las concertacesiones que sorprendentemente siguen promoviendo las autoridades administrativas frente al sector magisterial que no acepta los términos de la reforma, y que ahora intenta su abrogación —de iure y de facto.

¿Qué pasa con el Ejecutivo en los ámbitos federal y estatal? Que, al parecer, la misma inercia de este conflicto los ha llevado a una especie de política de auto sabotaje, en la que a pesar de tener la ley a su favor, y de recibir el respaldo de los otros poderes —que no cuestionan la vigencia de la ley, que la defienden y declaran y remarcan su constitucionalidad—, parecen estar empeñados en buscar salidas alternativas a la de la aplicación de las normas vigentes.

Esta es una situación que resulta particularmente preocupante, porque pareciera que entonces el Estado enfrenta una especie de enfermedad autoinmune, en la que el propio sistema inmunológico de la Constitución se está volviendo en su contra, desconociendo a sus mecanismos de defensa, saboteándola, y generando con ella un escenario en el que puede ocurrir cualquier cosa menos el imperio de la ley, cuando ésta no tiene ningún argumento en contrario qué atender.

CUESTIONAR SIN CONOCER

Al final, todo confluye en un cuestionamiento que, para variar, tampoco quiere asumir el gobierno: la reforma educativa necesita ajustes, pero éstos deben ocurrir a partir de la socialización de la reforma y de su puesta en marcha. El primero proceso —la socialización— nunca ocurrió porque el gobierno hizo la reforma a partir de un monólogo; el segundo proceso —los ajustes— tampoco tienen vías legítimas para ocurrir porque no ha logrado generar un clima que le permita la puesta en marcha del nuevo mecanismo. Así, parece que todos están empeñados en trabajar en contra de la Constitución, aún con la paradoja de que nadie conoce el funcionamiento, los alcances y la viabilidad operativa de la reforma educativa. Algo terrible para el país.