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La “paciencia” federal es preámbulo de la incursión a Oaxaca

Quema

+ Compás, para que el movimiento se desgaste frente a ciudadanía


La capital oaxaqueña lleva casi cuatro días sitiada por profesores de la Sección 22 del SNTE e integrantes de algunas organizaciones sociales que decidieron respaldar su lucha. En todo ese tiempo, varios de los accesos a la ciudad han permanecido prácticamente cerrados, y en otros puntos se han instalado retenes magisteriales para vigilar que los vehículos no transporten a elementos policiacos. Llama la atención el alto grado de tolerancia que hasta ahora han demostrado tener las autoridades federales frente a estas maniobras de resistencia. En el fondo, no es que se hayan “olvidado” de Oaxaca en este punto crítico, sino que más bien están dando el margen necesario para legitimar una incursión a territorio oaxaqueño.

En efecto, luego de la detención de Rubén Núñez Ginez y Francisco Villalobos Ricárdez, dos de los dirigentes más visibles de la Sección 22 de Oaxaca, y de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la educación, el magisterio oaxaqueño estableció una ruta crítica de resistencia frente a una posible incursión masiva de agentes federales para restablecer algunas de las condiciones de orden que se perdieron desde las semanas previas a la jornada electoral.

La Sección 22 ha tratado de demostrar la horizontalidad de su movimiento a través de la implementación de esta resistencia. En realidad, todo parece responder a un movimiento instintivo de defensa, y no a la reorganización “fisiológica” con la que la dirigencia magisterial ha tratado de minimizar las consecuencias de la aprehensión de sus dos dirigentes más visibles. Así pues, parece que los profesores de la Sección 22 decidieron optar por el mecanismo del bloqueo de los accesos a la capital como medida transitoria, pero no han logrado articular los movimientos sustantivos que pudieran permitirle una respuesta a esta andanada federal, o la liberación de sus detenidos, o el establecimiento de la mesa de diálogo con el gobierno federal, que han exigido desde hace más de medio año.

En esa lógica, hoy la Sección 22 aparenta estar consiguiendo su objetivo de impedir el paso de los agentes federales que se habrían enviado para reforzar la presencia policiaca frente a la resistencia de los maestros. Lo que no han calculado, es que para ser eficaz, esa necesitaría ser simplemente una estrategia de transición que les permitiera alcanzar otros objetivos. Pero como la Sección 22 parece no tener esa claridad, ni la capacidad de lograr generar presión al gobierno estatal o federal como para abrir el diálogo, entonces por eso la orden federal fue que sus agentes se sentaran a esperar, así fuese a orilla de carretera, a que esta estrategia surta los efectos sociales que no parece calcular adecuadamente el magisterio oaxaqueño.

EFECTOS SOCIALES

¿Cuáles son esos “efectos sociales”? Son justamente los que ocurren cuando la ciudadanía ve entorpecidas sus actividades o limitados sus derechos o vida cotidiana. Pues desde el lunes, miles de personas se han quedado varadas en la carretera ante la existencia de bloqueos y la imposibilidad de salir de la entidad a través de la única vía rápida hacia el centro del país; otros más han visto menguadas sus actividades económicas o comerciales.

Ayer, varias líneas de autotransporte de pasajeros anunciaron la suspensión indefinida de sus corridas por la falta de condiciones para prestar sus servicios; y también se ha especulado sobre el posible desabasto de combustibles —como ya ocurrió hace exactamente un año cuando los profesores decidieron bloquear las instalaciones de Pemex para impedir el paso de los carros tanque que abastecen gasolina a las estaciones de servicio, entre muchas otras afectaciones.

La respuesta federal frente a todo eso ha sido simplemente sentarse a esperar. Están esperando, por una parte, que una sector de la ciudadanía entre en desesperación y esto evite el costo social —y político— de una incursión policiaca a una zona de tensión; pero, para minimizar la posibilidad de violencia, estarían también esperando a que la propia resistencia comience a menguar en todas las zonas donde hay concentraciones de gente que pretende impedir el paso de los convoyes federales. Parecen pues, estar previendo, que no es lo mismo resistir un día que cinco o diez; y por eso tienen la idea de que será menos agresiva una liberación de carreteras con una resistencia desgastada por los días y las noches en que estuvieron esperando la actividad policiaca.

Al final, resulta impensable que a estas alturas —con la reforma educativa implementada, con el IEEPO en sus manos, con la anuencia estatal, con líderes magisteriales en prisión, y en una ruta sin retorno— el gobierno federal decidiera simplemente no hacer nada frente a los maestros que resisten, y poner nuevamente a Oaxaca como la ínsula en la que se permite el desahogo de la ira social a cambio de que esto mismo no ocurra en otras entidades del país.

Más bien, lo que parece estar ocurriendo es esa espera, y que de no variar —evolucionar— la estrategia magisterial, será sólo cuestión de tiempo que ocurra la incursión federal para liberar los bloqueos y llegar hasta la capital para enfrentar los desmanes que ahora ocurren.

POSIBILIDADES

1. Que como estrategia, la Policía Federal haya enviado los equipos antimotín que ayer quemaron los integrantes de la 22 en la barricada de Hacienda Blanca, porque eso es nada menos que un delito; 2. Que los sectores magisteriales radicales están buscando no el arreglo, sino la incursión. Para ellos una gran forma de lucha es a través de la martirización, y es también lo que estarían buscando.

Al gobierno federal, y a la 22, los derrota su incapacidad de dialogar

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+ Medios legales con fines políticos, signo de gobiernos antidemocráticos  


 

En menos de un año, la Sección 22 del SNTE pasó de la mayor posición de fuerza, a la máxima situación de crisis por el encarcelamiento de sus dos dirigentes más visibles. Vale la pena preguntarse cómo un movimiento social —tan amplio como el magisterial— pasó de un extremo a otro en tan poco tiempo, y cómo el gobierno federal decidió aplastar a un grupo al que primero estaba dispuesto a entregarle, en bandeja de plata, la claudicación de la reforma educativa. Pues si México es un país de contrastes, éste es uno de ellos.

En efecto, el fin de semana fueron aprehendidos Rubén Núñez Ginez y Francisco Villalobos Ricárdez, secretario General y de Organización, de la Sección 22 en Oaxaca. Estas dos detenciones no son sino parte de la cadena de desmantelamiento que inició el gobierno federal desde noviembre del año pasado, cuando detuvo a seis dirigentes magisteriales de mediano nivel. Luego, en abril pasado puso en prisión al secretario de Finanzas de la Sección 22, Aciel Sibaja; y en una historia previamente anunciada —desde hace más de 20 días el gobierno federal dijo que existían órdenes de aprehensión contra los dirigentes magisteriales—, finalmente cayeron el fin de semana los dos dirigentes principales de la 22, que también eran elementos morales determinantes para la CNTE.

¿Cómo pasó la disidencia magisterial, del dominio casi total del panorama político frente al gobierno federal, a esta situación crítica? Para entender toda esta situación, es indispensable recordar varias maniobras previas que revelan la magnitud de la oportunidad histórica que perdió la Sección 22, como elemento más visible de la CNTE, de cara a su resistencia con el gobierno federal.

Primero, previo a la jornada electoral federal del cinco de junio de 2015, la Sección 22 implementó en Oaxaca un programa de acción específicamente encaminada a orillar una acción de fuerza con el gobierno federal. En la semana previa a la jornada comicial, el gobierno federal dio por terminada una larguísima mesa de negociación que se había instalado entre el magisterio disidente de Oaxaca y la Secretaría de Gobernación, en la que los profesores ya habían conseguido la cancelación indefinida de los programas de evaluación y la implementación de los nuevos términos administrativos de la reforma.

Lo que pretendía el gobierno federal en aquel momento, era que la 22 tomara una actitud responsable a cambio de aceptar lo que les ofrecía. Pero el magisterio asumió la más histórica de sus posturas erróneas, al asumir frente al gobierno federal que su logro único aceptable debía ser la abrogación de toda la legislación constitucional y legal inherente a la reforma educativa.

Así, cuando llegaron a una posición límite, el gobierno federal se retractó en todos sus ofrecimientos, concluyó la mesa de diálogo en Gobernación, y envió a la Policía Federal a desalojar a los profesores oaxaqueños, que por disposición de la Sección 22 tenían tomadas instalaciones estratégicas para la vida cotidiana de la ciudadanía, como la Terminal de Abasto y Reparto de Pemex en la zona conurbada de la capital oaxaqueña, que surte de combustibles a varias regiones del Estado, y que ya para entonces la ciudadanía había entrado en una severa crisis —real y emocional— por no poder acceder a los combustibles que son indispensables para la movilidad y las acciones económicas de todas las personas.

 

EL GOLPE DE MUERTE

Una vez que el gobierno federal envió a la Policía Federal a restablecer el orden en la capital oaxaqueña, se pensó que todo continuaría en el enfriamiento de una relación que irremediablemente tendría que retomarse. No fue así. El 21 de julio, el gobernador Gabino Cué anunció la desaparición del IEEPO con la conformación y los privilegios concedidos a la Sección 22 para la integración orgánica del Instituto, y anunció la creación de una nueva dependencia estatal encargada de la educación, con el mismo nombre pero con total independencia de la Sección 22.

Este fue un primer paso que la Sección 22 pensó que no ocurriría. Ya para entonces, habían perdido interlocución con el gobierno federal, y ahora perdían el control administrativo de los trabajadores de la educación en la entidad. En noviembre se llevó a cabo la primera evaluación en Oaxaca, aún con una resistencia nutrida de los integrantes de la Coordinadora, que aún asumían con fuerza los mandatos de su dirigencia. Luego de eso, el gobierno estatal y federal, iniciaron una fuerte campaña de concientización sobre los mitos y realidades de la reforma educativa. Este ha sido un elemento importante de desmovilización, que paulatinamente ha venido mostrando sus resultados en la disminución del número de personas que asisten a las movilizaciones por mandato, dejando sólo a quienes lo hacen por convicción con la lucha de la Sección 22.

 

PERDERLO TODO

Igualmente, la 22 pensó que el gobierno federal no se atrevería a echar mano de sus herramientas judiciales para combatir a la disidencia. El fin de semana, la federación lo hizo lisa y llanamente asumiendo como un triunfo la aprehensión de los dos líderes de la Coordinadora. Nadie vio que esto significó una derrota para la capacidad del Estado mexicano de hacer valer coercitivamente sus decisiones, porque castigó a los líderes como mecanismo para redoblar la implementación de la reforma. Pero también —y sobre todo— es una derrota para el movimiento magisterial, que lo tuvo y lo perdió todo por su radicalismo, y por su incapacidad de mantener y controlar la relación con sus adversarios políticos.

Aprehensión de líderes magisteriales: algunas coordenadas esenciales

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+ Detenciones con fines políticos; “cazados” por sus cuentas con el fisco


La detención de los dos principales líderes de la Sección 22 del SNTE marcará un punto sin retorno en la relación del Estado mexicano con el sector radical de los trabajadores de la educación. De nuevo, el gobierno mexicano echó mano de sus poderosas herramientas fiscales para resolver un asunto político. Y al margen del radicalismo y las necedades propias de la 22, ello debiera también abrir un debate importante sobre el uso abierto de herramientas legales con fines políticos, en esta época en la que el mismo gobierno lucha por hacerle creer a la ciudadanía que se vive en un Estado de Derecho.

En efecto, todo eso hace necesario un análisis más profundo que el de la sola satanización de uno u otro bloque. Pues ante los hechos, es de un simplismo extraordinario acudir a la idea de que el gobierno está reprimiendo a un movimiento democrático a través del uso del terrorismo judicial, como también lo sería argumentar que inopinadamente el gobierno hace lo correcto en contra de un gremio voraz y antidemocrático, que no acepta la reforma educativa. En el fondo, se supone que en una democracia deberían poder convivir todas las ideas y expresiones políticas. Pero la realidad revela la existencia de gremios caníbales, frente a un gobierno brutalmente antidemocrático en sus formas y en sus fines.

Lo primero que debemos tener claro es que las aprehensiones —no “arrestos”— de Rubén Núñez y Francisco Villalobos, secretario General y de Organización, respectivamente, del comité estatal de la Sección 22, son eminentemente políticas. ¿Por qué? Porque la base de su persecución judicial radica —como siempre en México— en su actividad política. Si Núñez y Villalobos, junto con todos los demás integrantes del comité seccional que ya fueron detenidos, no se hubieran opuesto a la reforma educativa, ahora mismo seguirían gozando de los dividendos que arrojan los porcentajes pagados por empresas a cambio de que la Sección 22 les permitiera realizar negocios con sus agremiados. Por eso hay una evidente connotación política que no debemos dejar de ver.

En contraparte, en un segundo momento, tampoco debemos dejar de ver que la radicalidad de la Sección 22 los llevó a un proceso autodestructivo. Antes de los comicios federales del año pasado, el magisterio oaxaqueño gozaba de interlocución al más alto nivel con el gobierno de la República. Obtuvieron innumerables prebendas que, sin embargo, desaprovecharon por asumir una anodina postura radical basada en el “todo o nada”. Ya habían conseguido, por ejemplo, que Gobernación les concediera la suspensión definitiva de la implementación de la reforma educativa en Oaxaca; tenían comunicación directa con las más altas esferas federales y habían conseguido todas las garantías respecto a la preservación de los salarios y prestaciones de todos los maestros de Oaxaca. Pero al final, el no poder controlar su radicalismo los llevó a un proceso de autodestrucción, en el que su efecto más acabado se aprecia justamente en el descabezamiento de su movimiento y la implementación, con la fuerza, de la reforma educativa.

LA VETA FISCAL

Otro elemento que ya era señalado en nuestra entrega anterior, y que tiene mucho de relevante, es cómo la forma en la que fueron detenidos los dirigentes de la Coordinadora fue exactamente la misma que como detuvieron a Elba Esther Gordillo. Esto fue, a través del uso de las cada vez más sofisticadas herramientas legales, con las que el fisco federal no sólo atemoriza a los adversarios del régimen federal, sino a prácticamente todos los contribuyentes. Si los dirigentes magisteriales hubieran sido menos ingenuos, y menos confiados de que su posición sindical los inmunizaba frente a los alcances de la ley, se equivocaron.

¿La razón? Que hoy por hoy, las sucesivas reformas fiscales han endurecido sobremanera la fiscalización de todos los recursos que ingresan al peculio de cualquier persona física o moral. Por ejemplo, establecieron un mecanismo denominado “discrepancia fiscal” con el que la autoridad puede hacer, en cualquier momento, una compulsa entre los ingresos y los gastos de cualquier persona, y de ahí determinar la existencia de violaciones a las normas fiscales, y delitos como la defraudación fiscal y el lavado de dinero.

Es claro que a los líderes de la Sección 22 los pudo alcanzar la justicia por la vía fiscal, gracias a que siempre fueron ellos los titulares de las cuentas bancarias a donde ingresaban cantidades millonarias de dinero por las que no pagaban impuestos, y sobre las que no declaraban su procedencia.

Finalmente, esta imagen de “eficacia” con la que intenta cubrirse el gobierno federal al detener por la vía fiscal a sus adversarios políticos, debería ser preocupante. Pues parece que sólo los mexicanos no nos damos cuenta de cómo se utilizan mecanismos legales para resolver conflictos de orden político. Aunque el gobierno tuvo éxito en aprehender a los líderes magisteriales, esto no es sino parte de un fracaso más grande en lo relativo a la capacidad de concertación y a la capacidad de operación política del Estado. No lo pudo resolver —nunca pudo— a la buena; ahora va a tratar de hacerlo a través de estas maniobras.

¿Y LOS DEMÁS?

¿Qué dependencias del Gobierno del Estado, tienen una relación similar con esas mismas empresas, que les transferían recursos a la Sección 22 a cambio de la firma de convenios? ¿Esa historia no debería ser preámbulo de otras investigaciones que ahora posiblemente salgan a la luz, dado el inusitado interés de Hacienda por esas personas físicas y morales que accedían —y quizá hasta fomentaban— el pago de moches a la dirigencia magisterial en Oaxaca, y que podrían estar haciendo lo mismo con otros entes públicos municipales y estatales?

Líderes de la Sección 22 caen por el manejo irregular de sus recursos

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Núñez-y-Villalobos

+ Financiaban su movimiento gracias a sobreprecios con sus agremiados


La detención de los dos principales dirigentes de la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, tiene una causa eminentemente política, pero resulta también con sustento en la torpeza —y los delitos cometidos— en el manejo de sus fuentes de financiamiento. No sólo se trata de ver bajo qué cargos fueron detenidos, sino cómo nacieron esas responsabilidades.

En efecto, la mañana del sábado fue detenido el secretario de Organización de la Sección 22, Francisco Villalobos Ricárdez. Se informó que fue aprehendido en la región del Istmo de Tehuantepec luego de salir de una reunión de trabajo. La gremial activó algunas acciones de protesta en la capital oaxaqueña y algunas zonas del Istmo; y la madrugada de ayer se informó que también Rubén Núñez Ginez había sido detenido en la Ciudad de México por elementos de la Policía Federal. Primero se especuló sobre los delitos que se les imputaban y que, en apariencia, eran por quebrantos cometidos en manifestaciones y en el proceso de transición del viejo al nuevo IEEPO.

Más tarde se supo que, en realidad, los dirigentes de la Coordinadora habían caído por la presunta comisión de los mismos delitos por los que hace tres años fue puesta en prisión su adversaria principal dentro del magisterio, la lideresa nacional del SNTE, Elba Esther Gordillo Morales. En ambos casos, la principal acusación que les formuló el gobierno fue por la realización de operaciones con recursos de procedencia ilícita.

Pero el caso de los dos dirigentes de la CNTE, la situación parece todavía más compleja: ellos recibían en cuentas bancarias, recursos que les proveían diversas empresas dedicadas a hacer negocios con los propios maestros. Lo que recibía la Sección 22 era una especie de “moche” o de cobro de derecho de piso por permitirle a esas empresas operar entre el gremio magisterial y mantener contratos firmados con la autoridad educativa para venderles bienes a los profesores y llevar a cabo el cobro de los mismos a través de descuentos vía nóminas.

De acuerdo con un análisis interno del gobierno estatal, se pudo establecer que luego de una detallada investigación de la Procuraduría Fiscal de la Federación y de la Unidad de  Inteligencia Financiera, permitió detectar que desde 2012 hasta mediados de 2015, es decir, el período en que Rubén Núñez Ginez ha sido Secretario General de la Sección 22, al amparo de diversos convenios suscritos indebidamente por dicha Sección sindical con las empresas ETESA, S.A de C.V., VASA HOLDING, S.A. de C.V. y Administradora de Negocios Monte Albán, S.A de C.V., entre otras, así como de personas físicas como el señor Octavio Arturo Quintano Cassani, éstas entregaban, de manera directa o indirecta, una comisión del 3.5% quincenal calculada sobre la cobranza de la quincena respectiva, a la propia sección sindical por las ventas y/o servicios que hacían a sus agremiados, a los cuáles, a su vez, se les descontaba el pago de los bienes, productos o servicios adquiridos vía la nómina que se manejaba cuando la sección aún controlaba el IEPPO.

DINERO SUCIO

Actualmente las autoridades fiscales del país tienen la capacidad de detectar cuando cualquier persona recibe recursos económicos a través del sistema bancario, es decir, cuando recibe depósitos, cheques o transferencias a sus cuentas de banco e incluso a sus tarjetas de crédito. Cuando recibe cantidades de dinero importantes, a esa persona le es abierta una investigación por la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda, para revisar la procedencia de los mismos y, de entrada, para proceder al cobro de los impuestos, pero también para establecer su responsabilidad en la comisión de delitos como defraudación fiscal, o lavado de dinero. Ahí cayeron los líderes de la 22.

Así pues, en  tan  solo una  de  esas  cuentas del  sindicato, la  número 65503473683  en  Banco  Santander  cuya  denominación  es  “Sección  22 Oaxaca Empresas” y  su  titular el Rubén Núñez, entre otros,  se recibieron 187 depósitos de varias empresas por 31 millones 967 mil pesos, los cuales fueron retirados mediante 116 operaciones por un monto de 31 millones 672 mil pesos; esta cantidad, a su vez, fue dispersada hacia otras cuentas de la propia Sección XXII y finalmente distribuidos mediante pagos de cheques en efectivo o transferencias.

Dice el documento que hemos mencionado antes, que en otra cuenta contratada bajo la denominación “Sección 22 Oaxaca CAPP” en el mismo banco y terminación 942, y cuyos titulares son Rubén Núñez Ginez y Claudio Felipe Mendoza García, se recibieron 52 operaciones de depósito por 45 millones 290 mil pesos, y se realizaron, con el mismo mecanismo, 3 mil 841 operaciones de retiro por una cantidad equivalente. En una tercera cuenta también en Santander, a nombre de “Sección 22 Oaxaca Finanzas” y cuyos titulares son Rubén Núñez Ginez y Aciel Sibaja, con número 65500169635, se observaron 70 operaciones de depósito por 8 millones 143 mil pesos, y 659 operaciones de retiros por 8 millones 223 mil pesos.

LUCRO CON SUS AGREMIADOS

Generalmente esas empresas que proveen servicios a los trabajadores del Estado, venden sus productos o servicios a sobrecostos estratosféricos. Por ejemplo, una de esas empresas vende automóviles a crédito “accesible” a los maestros, con la garantía de su estabilidad laboral. Así, un coche que cuesta 150 mil pesos en el mercado, esas empresas lo terminan vendiendo, en “pagos chiquitos”, hasta en 500 mil. Todo, claro, con cargo a los maestros y previa comisión a la dirigencia magisterial. Bonita “lealtad” de la 22 con su gremio.

Independientes: aquí deben entender por qué sí pueden funcionar

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+ El Bronco y Kumamoto, analizaron y entendieron bien su contexto


Fue una ocurrencia que algún candidato independiente en Oaxaca invitara al diputado jalisciense, Pedro Kumamoto, a hacer campaña proselitista, como si esa fuera una garantía de incrementar el número de simpatizantes, o de votos. Es claro que los candidatos independientes en Oaxaca no sólo no entendieron la dinámica propia de sus aspiraciones sin partido, sino que tampoco entienden por qué Kumamoto, o El Bronco, sí fueron “fenómenos” electorales en sus entidades, y ellos no. Mientras sigan así, las candidaturas independientes en Oaxaca seguirán fracasando.

En efecto, es necesario buscar la explicación del fracaso de este primer ejercicio de candidaturas independientes en Oaxaca, porque lo que necesita ocurrir es la corrección de los errores, y no el desencanto. Apuntábamos en nuestra entrega anterior lo dramático que fue el fracaso de casi todas las candidaturas independientes que compitieron en el actual proceso electoral que ocurre en Oaxaca, y el hecho aislado de que uno solo de todos los candidatos ganara, y —en el caso de Santa Lucía del Camino— otro se acercara al triunfo, con la contradicción de que su candidatura finalmente terminó beneficiando al PRI. Esa explicación debe partir del entendimiento sobre las similitudes y diferencias entre los independientes de Oaxaca, y las “figuras” nacionales como Kumamoto o Jaime Rodríguez Calderón.

Pues resulta que, cada uno en su contexto, tanto Pedro Kumamoto como El Bronco supieron leer y entender cuál era exactamente el escenario al que se enfrentaban, y se allegaron de los medios para conseguir el éxito de sus candidaturas. En el caso del jalisciense, Kumamoto aprovechó muy bien que Zapopan —el distrito electoral que representa en el Congreso de Jalisco— es una demarcación que tiene a un sector de población permanentemente conectado e interactuando en redes sociales; que, además, es un distrito poblado por gente de clase media que tiene cierto grado de preparación académica, y con base en eso supo conectar muy bien con ese tipo de público porque sabía a quiénes se estaba dirigiendo. Eso explica que para toda su campaña haya gastado menos de 300 mil pesos, y que su proselitismo haya sido eminentemente a través de las redes sociales y los medios digitales.

Por su parte, Jaime Rodríguez Calderón también estudió perfectamente al público al que se dirigía, y la base de su éxito como candidato independiente descansó en que encontró el discurso exacto, el respaldo económico, y la forma de interactuar con el electorado de Nuevo León para explotar sus aspiraciones políticas. Es claro que el Bronco no ha sido un ejemplo como servidor público —ahora está demostrando sus insuficiencias y debilidades—, pero que sí lo fue como candidato que, como si fuera un proveedor de servicios con muchos recursos a su alcance, supo ofrecerle a sus clientes (el electorado) exactamente lo que querían escuchar, y así se hizo de una gubernatura —que, valga decirlo, se le está haciendo agua entre las manos.

INDEPENDIENTES, SORDOS

¿Cuál es la diferencia entre esos candidatos independientes, y los nuestros? Una, fundamental, es que aquéllos supieron exactamente qué venderle al electorado, mientras que los nuestros no supieron ni siquiera en dónde se encontraban parados. Para ejemplos, basta acudir a cualquiera de ellos.

De entrada, no comprendieron que ser candidato independiente no significa no hacer campaña, o jugar a que se hace. Una cuestión que fue por demás recurrente en estas campañas, es que los candidatos sin partido se dedicaron a creer que un solo sello los haría viables como candidatos, o que el solo hecho de “conocer a mucha gente” los haría competitivos. No alcanzaron a aterrizar la idea de que el candidato independiente se encuentra al margen de las estructuras de un partido, pero que eso en ningún sentido significa que no debían hacer trabajo territorial y establecer ejes concretos para ganar la confianza ciudadana a través justamente de la legitimidad que brinda el no estar anclado a la estructura de un partido.

En ese mismo sentido, pareciera que en Oaxaca la mayoría de los independientes asumió que por tener esa calidad estaban exentos o “disculpados” respecto a tener un presupuesto para sus actividades. Veámoslo en esta perspectiva: los partidos políticos tienen carretadas de dinero para su proselitismo. Y si bien no se trataba de competir con ellos en fuentes de financiamiento, ello tampoco significa que se podía pensar en una campaña sin recursos. Es reprobable el recurso que se utiliza para la compra del voto o para las estructuras electorales. Sin embargo, es claro que hay costos que se deben cubrir en rubros como la publicidad, la propaganda o ciertas actividades que no pueden ser pedidas a título gratuito cuando representan una fuente de ingresos o una actividad económica para ciertas empresas.

DINERO O ESTRATEGIA

Respecto a todo esto se podría apelar a la campaña de Kumamoto en la que dice que no gastó ni 300 mil pesos. Sí, pero él aprovechó un manejo eficiente de las redes sociales, en una sociedad que está muy identificada con esos medios. Por ello, más bien optimizó sus recursos pero eso no significa que no haya invertido dinero. Si al jalisciense un despacho de expertos en marketing digital le hubiera cobrado por el servicio que él mismo emprendió, seguro hubiera tenido costos mucho más elevados. Eso había que entender, y es lo que habrá que ir corrigiendo en Oaxaca.

Independientes: el problema, que haya iniciativa sin liderazgos

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+ Sociedad civil organizada, ausente; sólo hubo “villamelones”


Dentro de las muchas lecciones y temas para analizar, que dejó la jornada electoral del 5 de junio en Oaxaca, se encuentra el primer fracaso de los candidatos independientes. Esto es doloroso no sólo porque pareciera que la propia ciudadanía rechazó y castigó a quienes, sin partido, decidieron buscar un cargo de elección popular ahora que la ley lo permite, sino sobre todo porque lo que en realidad ocurre es que la sociedad civil organizada —para quien fueron pensadas estas candidaturas— está totalmente ajena y apática a la posibilidad de participar en política aprovechando sus ventajas. En su mayoría, los que participaron fueron sólo “villamelones” de la política, que ahora tendrán que repensar sus aspiraciones y el modo de impulsarlas.

En efecto, en su edición de ayer, TIEMPO daba cuenta de que sólo uno de todos los que participaron como candidatos independientes a cargos municipales en Oaxaca, obtuvo la victoria. Según la información, éste fue Manuel Guzmán Carrasco que ganó la alcaldía de Putla Villa de Guerrero, en la región de la Sierra Sur de Oaxaca. De acuerdo con la información de nuestro compañero reportero Juan Carlos Medrano, Guzmán Carrasco obtuvo 3 mil 331 votos, que representan el 24.49 por ciento, seguido del candidato del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), Rogelio Ortiz Mejía, quien logró 2 mil 282 sufragios, es decir 16.7 por ciento de la votación.

Apunta la nota que la autoridad electoral únicamente le entregó cuatro mil pesos a Guzmán Carrasco para la realización de sus actividades proselitistas, pero que él tuvo que invertir alrededor de 200 mil pesos más para reforzar esas tareas. Al margen de la victoria particular de este personaje —conocido en su municipio como “el mosco”—, lo que salta a la vista es el sonoro fracaso de este primer ejercicio de candidaturas independientes en Oaxaca. ¿De qué hablamos?

De que en realidad, salvo este caso aislado, todos los candidatos independientes ni siquiera figuraron de manera importante en las votaciones. De hecho, junto con Guzmán Carrasco, otro de los independientes que logró una participación importante —aunque parece que no una victoria, fue el candidato independiente a la presidencia municipal de Santa Lucía del Camino, Luis Rey López Martínez, que sin embargo quedó en tercer lugar en la contienda, por debajo de la candidata de Morena, Carmen Arellanes Meixueiro, y del aparente ganador de la contienda, el priista Raúl Cruz González.

SÓLO ARIDEZ

¿Qué hay fuera de esos dos independientes? Sólo fracasos y, sobre todo, lecciones que aprender. En la carrera por la alcaldía de la ciudad de Oaxaca de Juárez, por ejemplo, hubo cinco candidatos independientes. De todos ellos, ninguno tuvo una participación competitiva. El que más votos obtuvo fue el ex alcalde Pablo Arnaud Carreño, que hace veintiún años (en 1995) marcó un hito en Oaxaca al ser el primer candidato del Partido Acción Nacional en ganar la alcaldía oaxaqueña, para luego ser candidato a Gobernador, y finalmente diputado federal por ese partido. Aún con esa amplitud de antecedentes, Arnaud sólo pudo conseguir cuatro mil 673 votos, seguido de todos los demás aspirantes, que hicieron un papel eminentemente testimonial en esta contienda.

¿Qué refleja esto último? Que al menos en este ejercicio democrático, las candidaturas independientes fueron para aficionados de la política, pero no para las personas –y los grupos— en los que esencialmente se pensó cuando se establecieron estas candidaturas. ¿De qué hablamos? De que se supone que los principales destinatarios de esas candidaturas son los integrantes de la sociedad civil organizada. Sí, esa que se supone que trabaja y hace cosas por la comunidad al margen de las responsabilidades, los recursos y los servicios públicos, pero que cuenta con sus propios capitales para incidir en el ánimo de la ciudadanía y que pretendería llegar a un cargo público al margen de la postulación y las complicaciones de la política partidista.

Es evidente que esos representantes de la sociedad civil organizada —que sí existen— nunca aparecieron. Más bien, lo que se vio fueron a algunas personas con muy buenas intenciones y ánimo de participar en política (aunque también vimos a otras, tratando de participar en política como si eso fuera un juego o una revancha contra sus adversarios personales) que en realidad más parecían “villamelones” haciéndose parte de una moda.

Pues resulta que en muchos deportes, se les conoce como “villamelones” a esas personas que son aficionados de moda o de ocasión, que sólo se interesan por ese deporte cuando es popular, o que sólo le van a un equipo cuando llega a una final, desplazando con eso a quienes son seguidores permanentes de esa actividad, lo mismo en sus altas que en sus bajas.

VILLAMELONES

Pareciera que, en realidad, en esta contienda electoral vimos a varios independientes bienintencionados, pero también vimos a varios villamelones que decidieron subirse a esta “moda” política, pero sin la intención real de acceder a un cargo como una forma de servicio, y sin la capacidad real de hacerle frente al voraz sistema de partidos, que busca justamente esas debilidades para demostrarle a la ciudadanía que las candidaturas independientes no sirven. Por eso, para demostrar lo contrario, se necesitan más liderazgos como el de Guzmán Carrasco en Putla, o el de Luis Rey López en Santa Lucía, y a más sociedad civil organizada capaz e interesada en participar, y a menos aficionados de ocasión que sólo dañan a esta incipiente figura de nuestra vida democrática.

En Oaxaca habrá tres frentes ¿sin liderazgo? para abanderar a izquierda

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+ PRD, PT y Morena: enfrentados y… ¿dispuestos para seguir la debilidad?


 

Si no varían los resultados que arroja el Programa de Resultados Electorales Preliminares, el PREP, el PRI tendrá 15 diputados de mayoría, el Movimiento de Regeneración Nacional, tres, y la coalición PAN-PRD, siete. Es de esperarse que, en el reparto de las 17 diputaciones de representación proporcional, quede integrado el PT, que es el único de los partidos minoritarios que habría logrado mantener su registro. ¿En las condiciones actuales, alguien podría creer que algunos de esos partidos, o todos juntos, sean capaces de abanderar a la izquierda, y a la oposición, en Oaxaca?

En efecto, esa resulta ser una pregunta actual y necesaria en Oaxaca. Vemos de entrada que el PRI no tendrá problemas en conformar una bancada de hasta 21 integrantes (los 15 que ganaron su curul en los comicios del domingo, además de hasta seis plurinominales que podrían obtener); que, por su parte, la coalición PAN-PRD integrará una bancada de hasta 12 diputados (los siete de mayoría, y hasta cinco plurinominales según su porcentaje de votación) y que el Partido del Trabajo tendría hasta dos diputados de representación proporcional.

Con estos números, queda claro que el PRI tendrá una bancada fuerte, de 21 diputados, pero incapaz de sacar por sí solo ninguna reforma, ya que al haber una integración total de 42 diputados en el Congreso local, para aprobar una reforma legal se necesitan 22 votos, y para una modificación constitucional son necesarios 28. ¿De verdad demostrarán convicción las fuerzas de izquierda para establecer una oposición madura? ¿O es que alguno(s) de ellos se preparan para asumir el papel de esquirol de su propia —y supuesta— “ideología” política?

De entrada hay dos factores que se deben considerar: primero, que ahora habrá por lo menos tres bloques de izquierda; y segundo, que el ejercer un verdadero papel de oposición no significa estar en contra de todo lo que proponga el gobierno, sino que más bien se trata de equilibrar las posiciones entre el oficialismo y la oposición. Sólo que según la experiencia de las últimas dos legislaturas (que han estado marcadas por la pluralidad de partidos), ese papel de oposición responsable ha sido prácticamente nulo, y más bien se han ido o, al extremo de ser comparsa del oficialismo, o a la postura de convertirse en una oposición inopinada que simplemente establece una postura política por conveniencia pero sin tener capacidad de argumentarla o justificarla.

Este es un asunto por demás importante de cara a la integración de la LXIII Legislatura, y de la nueva administración en el Gobierno del Estado, porque aún con su amplia bancada, el PRI no será capaz de ejercer por sí mismo ningún control sobre el procedimiento legislativo, y de hecho se verá obligado a negociar permanentemente con alguna de las cuatro bancadas con las que conviva en la Legislatura local.

Por todo eso, vale preguntarse si esas bancadas opositoras estarán también preparadas para concertar y convivir con esa rasante mayoría priista, que buscará siempre la forma —confesable o no— de allegarse de los votos y los consensos que necesite.

OPOSICIÓN MADURA

Hay un elemento adicional en este análisis: el proceso electoral, y su contexto, generaron una división entre las fuerzas de izquierda en Oaxaca, que hoy parece irreconciliable: el PRD sufrió una profunda merma con la formalización de Morena como partido político, ya que éste último se llevó más de la mitad de su militancia —comprobable en números—, y además nació siendo por demás crítico con esa izquierda orgánica como hoy concibe al PRD.

A su vez, el PT oaxaqueño seguirá teniendo presencia legislativa gracias a que Benjamín Robles Montoya provocó un cisma en la coalición PAN-PRD, y la ruptura que les costó, a todos ellos, la gubernatura del Estado. En esas condiciones, ¿existiría la forma de actuar juntos o, cuando menos, coordinados ya como bancadas del Congreso del Estado?

Esto tiene mucho de fondo, porque de la respuesta a esa interrogante partirá también la posibilidad de ejercer un verdadero equilibrio al PRI como bancada, y a la nueva administración estatal, también de filiación priista. El reto que tienen tanto el PRD, como Morena y el PT será actuar en congruencia con ciertas líneas no necesariamente para entorpecer cualquier medida que impulse el Ejecutivo, como tampoco para terminar siendo comparsa de éste; más bien, la congruencia tendría que apuntar a una oposición no confrontada entre sí, que fuera capaz de generar el margen de concertación que justamente tratará de romper el PRI para tener una Legislatura más cómoda.

LA IZQUIERDA, A PRUEBA

Al final, ¿quién de ellos tendrá la capacidad de asumir el liderazgo en general de la izquierda opositora en Oaxaca? La bancada perredista está destinada a quedar bajo el liderazgo o de Carol Antonio o de Eva Diego —por ser dos que ganaron su curul por mayoría y que cuentan con más experiencia parlamentaria, frente al reparto de tribus que fue la lista plurinominal final de ese partido—; la de Morena no refleja aún un derrotero claro sobre su posible liderazgo cameral; y la del PT, indiscutiblemente será coordinada por Jesús Romero López, que demostró ser uno de los pocos incondicionales de Robles Montoya en todo este periplo. ¿Quién de ellos tendrá la suficiente convicción y la fuerza para no caer en los extremos, y demostrar que, juntos o separados, pueden seguir siendo una opción democrática sólida para Oaxaca?

El régimen hoy paga el costo de conformar un gobierno de parcelas

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Murat-Cue

+ Derrota, efecto de permisividad e impermeabilidad ante corrupción


Es simple y reduccionista creer que el resultado de los comicios en Oaxaca, es consecuencia de un pleito entre familias, e incluso entre facciones políticas. Aunque es innegable la existencia de esos factores en los saldos electorales, lo que es claro es que el gobierno estatal fue derrotado no sólo por Alejandro Murat y el PRI, sino también por su delirante incapacidad de entender y asumir lo que los oaxaqueños esperaban de él. En ese análisis, más que en el pleito de cacicazgos, se puede encontrar la lógica del voto ciudadano y de la reprimenda social que éste selló en sus boletas electorales.

En efecto, a la hora de la comida de ayer era ya posible ver un resultado prácticamente final de la elección de Gobernador: Alejandro Murat terminó aventajando a José Antonio Estefan Garfias por un margen decimalmente superior a siete puntos. Esto no sólo selló la victoria electoral del Abanderado priista sino que también complicaba muchísimo la viabilidad de cualquier recurso legal para impugnar el resultado de la elección. Asumiendo esto último, muchos comenzaron a buscar explicaciones, y por mucho la respuesta fácil apuntó al pleito eterno entre grupos políticos. Hay algo de eso. Aunque en realidad la mayor parte de la derrota se explica en no haber entendido los enojos —vistos como el resultado de la esperanza defraudada— de la ciudadanía.

¿De qué hablamos? De que en realidad los oaxaqueños libres —los que no son parte de una estructura electoral, y que deciden su voto en función de su decisión propia— definieron el sentido de su sufragio en función de lo que esperaron y no recibieron, y de lo que exigieron al gobierno que combatiera, pero éste no lo hizo. A partir de eso puede entenderse este resultado, que no sólo habla de un ganador contundente sino también de una sociedad polarizada y dividida que votó en diferentes vertientes al buscar formas alternativas de castigar/premiar según la visión propia con la que analizaron el escenario electoral.

En esa lógica, es evidente que al margen de los números, es claro que la mayoría de los ciudadanos castigó al candidato de la coalición PAN-PRD no específicamente por pertenecer a un linaje o jerarquía política, sino más bien por ser el candidato del régimen que no le cumplió las promesas planteadas, y que abusó de la impermeabilidad en la que basó su ejercicio público.

Es evidente que a cinco años y medio de gestión, Gabino Cué Monteagudo enfrenta todo tipo de cuestionamientos por la insatisfacción ciudadana sobre su gobierno. Pues no se trata de que, en rubros como la obra o los beneficios sociales, no haya hecho nada, sino que más bien no llenó la expectativa que él mismo generó cuando fue candidato.

En otros rubros como la corrupción, la ciudadanía asumió también que el Gobernador quedó mucho a deber no sólo por no haber perseguido y castigado con energía —como lo prometió— a los funcionarios corruptos del anterior régimen, sino porque hoy se considera que también toleró actos de corrupción dentro de su propio gobierno. El aura de impunidad con que, de cara a la ciudadanía, se conducen ex funcionarios como Netzahualcóyotl Salvatierra, Germán Tenorio Vasconcelos o Jorge Castillo Díaz, son ejemplos palmarios de cómo también los electores castigaron no al candidato, sino al gobierno del que emanó.

TOMAR NOTA

Por esa razón, si alguna tarea debió comenzar desde ayer el virtual Gobernador Electo, es la de enfrentar esos cuestionamientos ciudadanos justamente para no tropezar con la misma piedra. Más allá del pleito entre gens o grupos políticos, lo que es evidente es que el electorado oaxaqueño castigó los excesos cometidos desde el poder, y que esos excesos se reducen a temas muy concretos que ahora deberá enfrentar el nuevo gobierno para ganar la legitimidad que —es necesario decirlo— le fue regateada en las urnas.

En ese sentido, Oaxaca vivió una elección, sí, competida, pero con un resultado endeble que ahora deberá ser reforzado con acciones concretas. Ninguno de los candidatos a la Gubernatura obtuvo al menos una votación cercana a la que se obtuvo hace seis años. Gabino Cué ganó la elección de 2010 con más de 700 mil votos. Hoy nadie consiguió esa cifra por haber sido una elección de tercios; pero eso mismo refleja el hecho de que la ciudadanía buscó diversas opciones para tratar de resolver su propio dilema sobre el sentido de su voto, y que finalmente hubo un resultado pero menos sólido que el de hace seis años.

Por eso Alejandro Murat debe trabajar a fondo en el combate a la corrupción, y en el establecimiento de medidas de control para quienes integren su gobierno. Él no está en condiciones de simular —como lo hace ahora el gobierno federal, en contubernio con los dos principales partidos de oposición— que atiende el reclamo ciudadano sobre la corrupción y la impunidad; y tampoco estará en condiciones de pretextar sobre la falta de resultados en su gobierno y en los compromisos que asumió de frente con la ciudadanía.

APRENDER DEL PASADO

Se trata, en buena medida, de eso; pero no sólo de que Murat tome nota, y vaya a resolver los temas que no pudo enfrentar el gobierno saliente. Se trata, más bien, de asumir que Oaxaca sí se puede incendiar —ya ocurrió en 2006— cuando el hartazgo ciudadano llega a ciertos límites. La endeble legitimidad que dejaron las urnas, es el primer indicador de que se debe aprender del pasado; que no debe ganar la soberbia, ni creer que lo difícil era ganar la elección. Lo realmente complejo será gobernar. El reto de verdad, apenas viene.

El día después de los comicios: que nadie abuse de las expectativas

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Oaxaca

+ Oaxaca enfrenta retos que no merecen el oportunismo del ganador


Al margen de quién haya sido el ganador de la jornada electoral de ayer, lo que a todos nos debe quedar claro es que, para los siguientes seis años, Oaxaca necesita un gobernante responsable y serio que comience por aprender de los errores de quienes ejercen, y han ejercido el poder en la entidad. La ciudadanía no merece seguir viviendo en medio de la demagogia, del discurso fácil y de las promesas inalcanzables. Eso debe comenzar desde hoy, y por ello es fundamental distinguir esos retos primarios que tendrá quien resulte ganador de esta contienda electoral.

En efecto, es evidente que para los partidos y candidatos, lo primero que debe quedar claro es que la contienda electoral terminó ayer, y que hoy lo que sigue —y regresa al foco de la atención— son los problemas de Oaxaca. Hay quien falsamente supone que todo se reduce a los procesos electorales, y que un gobierno se trata sólo de ganar o perder en las urnas. Quien da por válido ese análisis limitado, deliberadamente deja de ver que más allá de los resultados y los comicios, lo que hay son problemas y realidades que deben ser enfrentados no con estructuras electorales, sino con trabajo de gobierno y con visión de Estado. A partir de hoy, eso es lo que debe contar para Oaxaca. ¿De qué hablamos?

De que, en primer término, el ganador de la jornada comicial de ayer domingo, debe asumir desde hoy que su oferta de trabajo frente a la ciudadanía oaxaqueña —ayer concluyó su faceta de electorado— debe estar alejada de las expectativas fantasiosas y que más bien debe tener apego a la realidad y lo que se puede hacer en las tareas de gobierno. Hace seis años aprendimos todos la dura lección de las promesas irrealizables, que fueron hechas en medio de la borrachera democrática del triunfo electoral. En 2010, Gabino Cué como gobernador Electo prometió a los oaxaqueños una larga lista de asuntos que al cabo del tiempo terminaron por no ocurrir.

¿Olvidamos ya esas promesas? Vale la pena repasar algunas. Pues Gabino Cué prometió, por ejemplo, ir en contra de todos los actos de corrupción por los que fue cuestionado su antecesor, Ulises Ruiz, y por los que de hecho perdió los comicios de 2010. Cué dijo en aquel momento que iría en contra de todas las personas que se habían excedido en el ejercicio de sus funciones. Pero a seis años de distancia quedó claro que nada de esto ocurrió no sólo por la incapacidad de los servidores públicos de esta administración para acreditar los actos ilegales cometidos por los funcionarios del gobierno anterior, sino también por la falta de voluntad para verdaderamente hacerlo.

Hace seis años, Gabino Cué prometió que Oaxaca abatiría sus márgenes de pobreza, marginación e inmovilidad económica. Nada de esto ocurrió en la medida que había sido prometido. Y lo grave en esto, no es que en Oaxaca no haya habido obras o trabajo de gobierno; más bien, el problema fue que en su momento el Gobernador Electo hizo promesas muy superiores a lo que su gobierno, o cualquier otro, podría cumplir. Y por eso, para la ciudadanía nunca fue suficiente el poco o mucho trabajo de gobierno realizado, porque siempre se esperó mucho más, de lo materialmente posible.

GANAR CON RESPONSABILIDAD

Es claro que si es responsable y claro de sus tareas por venir, el ganador de los comicios de ayer domingo apenas si tendrá tiempo para festejar su triunfo, y después tendrá que ponerse a trabajar con todo denuedo para conformar los planes y programas de gobierno con los que ejercerá su mandato a partir del 1 de diciembre. Oaxaca es todo menos un día de campo; y sus problemas merecen a un ganador responsable y claro de lo que a partir de ahora le corresponde hacer.

Por ejemplo, de entrada toda la estructura gubernamental necesita pasar por un proceso profundo de revisión y reestructuración institucional. Siempre fue evidente que esta administración saliente tuvo muchos problemas de funcionamiento, derivado de que su estructura fue pensada —si es que realmente fue producto de la razón— siempre en función del pago de las parcelas políticas a los partidos aliancistas. Siempre fue común ver que el gobierno funcionaba en bloques, y que siempre estaban enfrentados unos con otros. ¿La razón? Que las dependencias gubernamentales fueron entregadas con criterios eminentemente partidistas. Y que eso generaba un enfrentamiento y una medición de fuerzas constante entre sus titulares e integrantes.

Otro de los problemas estructurales que debían comenzar a revisar desde hoy, es el hecho de que el gobierno estatal funcionó, durante estos casi seis años, a partir de una lógica de no “repetir” los modelos de las administraciones anteriores. Al pensar de esa forma poco estructurada, crearon verdaderos Frankensteins que sólo demuestran esa inoperancia. Dependencias como la Secretaría de Desarrollo Social y Humano, el Coplade testimonial, la exorbitante Subsecretaría de Planeación de Finanzas, o la Secretaría del Trabajo, fueron resultado de esa lógica en la que se crearon dependencias pensando en cómo desaparecer las estructuras anteriores, pero sin considerar que lo creado podía resultar peor que lo que tanto repudiaban.

¿VACACIONES? EN 2022

Sí. Aunque haya un resultado contundente de la jornada electoral, nadie debe pensar en “vacaciones” o “descanso”. El ganador debe ponerse a trabajar. Y los derrotados también. Oaxaca necesita, con urgencia, a la oposición firme y congruente que hasta ahora no ha existido, y que más bien se dedicó, de tiempo completo, a ser pelele del poderoso en turno.

La zona metropolitana sigue siendo un asunto relegado

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+ Municipios problemáticos: no tienen un remedio cercano


Es preocupante la forma en que la discusión pública sobre la capital oaxaqueña y sus municipios aledaños, fue tan anodina y evasiva a lo largo de la campaña electoral que terminó hace dos días. Aunque hubo mucho ruido, lugares comunes y promesas demagógicas, los habitantes de este sector —que debía ser considerado desde hace mucho como una auténtica zona metropolitana— nuevamente nos quedamos esperando por lo menos algún esbozo de la indispensable integración de los problemas y las soluciones que, al menos parcialmente, debieron plantear todos aquellos que aspiran a gobernar los más de 20 municipios que constituyen esa zona.

En efecto, es lamentable la forma en cómo las campañas electorales en el ámbito municipal fueron ruidosas y llenas de apariencias, pero con una total carencia de propuestas integradoras, y capacidad de planteamiento de los problemas reales que enfrenta este conjunto de municipios, cuyas dolencias no terminan donde los límites territoriales de cada demarcación. Oaxaca y sus municipios conurbados enfrentan profundos problemas comunes. Pero nadie se atrevió, o quiso, hablar de ellos. Y es entendible: hoy es claro que ninguno de los políticos que aspiran a ser gobernantes, tiene ánimos de hacer compromisos más allá de las conveniencias electorales.

En ese sentido, resulta que Oaxaca de Juárez enfrenta importantes problemas que esperan una solución integral, y que van desde el ambulantaje hasta el manejo de la basura, o la contaminación ambiental, que nadie sabe en qué estado se encuentra. La capital está —literalmente— pegada a por lo menos veinte municipios con los que comparte otros problemas como la inseguridad, la gobernabilidad, la salud y la proliferación de flagelos sociales que van desde el narcomenudeo hasta los abundantes giros negros.

En ese escenario, quienes aspiran a ser gobernantes del municipio de Oaxaca de Juárez, se limitaron a hablar de las “grandezas” de la ciudad, ignorando —deliberadamente— que la capital es mucho más que el Centro Histórico o el Patrimonio Cultural de la Humanidad, y que un verdadero ánimo de generar un gobierno de avanzada, tendría que pasar por la toma del liderazgo para articular acciones con las autoridades de todos los municipios conurbados, con el objeto de abatir problemas concretos con la colaboración y las acciones de todos. Lejos de eso, el ánimo fue el de seguir viendo a la capital de Oaxaca como una ínsula, en la que los problemas son manejables y en los que nadie más que una solitaria autoridad municipal tiene injerencia.

LOS CONURBADOS, PEOR

Oaxaca de Juárez tiene vecinos incómodos como Santa Lucía del Camino, Santa Cruz Xoxocotlán, y varios otros que no son sino focos de problemas, que tampoco tienen para cuándo solucionarse.

En Xoxo, por ejemplo, hay un verdadero flagelo en las autoridades municipales salientes, que no sólo pervirtieron el sentido de comunidad que había en ese municipio —eso lo transformaron en bailes populacheros— sino que además le han venido trasladando a Oaxaca de Juárez muchos de los asuntos que ellos no pueden resolver.

Xoxocotlán es el municipio dormitorio más importante de la capital. Pero lejos de vislumbrar soluciones concretas a sus propios problemas, se ha dedicado a trasladarle esos costos —ambulantaje, inseguridad, giros negros, autotransporte anárquico, etcétera— a una capital que ya de por sí está abrumada por tantos asuntos —propios y ajenos— que no tiene capacidad de enfrentar.

El caso de Santa Lucía del Camino es peor. Galdino Huerta Escudero resultó ser peor gobernante que Omar Blas, Alejandro Díaz o Pedro Cabañas, porque cada uno de ellos al menos encubrió su corrupción en la aparente ingobernabilidad que había en sus gestiones. Huerta, lejos de ellos, asumió el poder repartiendo prebendas, pero todas las hizo con cargo a la ciudadanía, y a las pocas fuentes de empleo y economía que existen en esa demarcación. Por eso, a plena luz del día y a la vista de todos, Huerta dedicó su gestión a exprimir, esquilmar y agraviar a la ciudadanía con un gobierno que, además, se dedicó a seguir promoviendo la existencia de giros negros. Al final, parece que todas las maniobras con las que Huerta se enfrentó con la ciudadanía, no fueron sino la fachada para entregar el municipio a quienes promueven todo tipo de vicios.

¿Qué solución posible hay? Raúl Cruz González divagó durante toda su campaña para terminar evadiendo los temas torales de ese municipio. Tanto silencio apuntó siempre a la convalidación —y la continuación— de las grotescas prácticas inauguradas por Huerta. Y los demás candidatos no hicieron sino una triste exposición de su falta de compromiso con la ciudadanía a la que pretenden representar, y de los problemas que tendrán que enfrentar de ganar los comicios de este domingo.

Al final, de nuevo la idea de que la capital debe verse como una auténtica zona metropolitana seguirá esperando quién sabe hasta cuándo. No hay visos de que algo de eso pueda ocurrir. Y más bien tenemos que prepararnos para dos años más —o cinco— de que las autoridades administren los problemas que no pueden ni quieren resolver.

HOSTIGAMIENTO

¿No lo recordamos? El año pasado, en vísperas de la jornada electoral federal el gobierno federal decidió el envío de 15 mil elementos federales para dispersar a los maestros, que tenían tomada la Terminal de Abasto y Reparto de Pemex, en El Tule. Ahí comenzó el proceso que culminó en la confiscación del IEEPO a la Sección 22. En esa perspectiva, las actuales son sólo patadas de ahogado magisteriales. Bien vale la pena no olvidar.