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Administradores Municipales: LXII Legislatura negocia facultades

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+ Desacatan los mandatos judiciales; prefieren los intereses políticos


La semana pasada, la LXII Legislatura del Estado aprobó una enésima modificación al artículo 59 de la Constitución local, para devolverle al Ejecutivo del Estado la facultad de nombrar administradores municipales. Esta, que es una herramienta fundamental para la gobernabilidad —pero que había sido utilizada a discreción por el Congreso no para abonar a la pacificación de comunidades en conflicto, sino para ahondar sus diferencias— ahora deberá estar acotada por los (viejos y nuevos) parámetros establecidos por el Poder Judicial para poder demostrar el ejercicio democrático de esta controversial facultad.

En efecto, de alguna manera la figura jurídica del administrador municipal en Oaxaca, en muchos aspectos es idéntica al rocambolesco personaje de Damián Alcázar en la película La Ley de Herodes, llamado Juan Vargas. Éste, que es una autoridad municipal designada directamente desde la Secretaría de Gobierno, en los tiempos del presidente Miguel Alemán, tiene como característica el gobierno sin ley: Vargas no tiene recursos, pero desde el mismo gobierno le recomiendan “aplicar la ley” a todos los habitantes de la comunidad, para hacerse de dinero. Lo hace, pero de forma exagerada, a grado tal de que —en su visión desbocada— modifica todas las normas y gobierna a placer hasta que situaciones inesperadas, propias de una historia de película, lo llevan a cambiar su situación.

¿Por qué es similar el personaje de Vargas a la de los administradores municipales en Oaxaca? Básicamente, porque los administradores actuales carecen de marco jurídico de actuación; son autoridades únicas de un Ayuntamiento (no tienen cabildo); y sus fines son tan inexactos que lo mismo pueden llevar algún tipo de beneficio a la población que gobiernan, que cometer cualquier cantidad de latrocinios, impunemente. Como su actuación no está regida por un marco jurídico concreto, tienen mucha facilidad para ejercer recursos y facultades discrecionalmente, y finalmente no tener tampoco obligación de entregar cuentas de su actuación.

En ese sentido, la LXI Legislatura se dio, al inicio de la administración del gobernador Gabino Cué, la facultad de nombrar a los administradores. Casi al finalizar dicha Legislatura, reformaron el artículo 59 de la Constitución, para establecer que los administradores serían nombrados por el Ejecutivo. Sólo que un par de meses después, en diciembre de 2013, la entonces recién estrenada LXII Legislatura decidió hacer una contrarreforma para regresarse dicha facultad, con todas las implicaciones y cuestionamientos que eso tuvo.

VIOLACIONES CONSTITUCIONALES

Pues más allá de lo cuestionable que resultaba que los diputados reasumieran la facultad, para mantener una fuente de financiamiento a través de los administradores, también hubo resoluciones judiciales que reprobaban dicha facultad, a partir de que esa era una reforma que incidía profundamente en la vida y organización social y política de las comunidades indígenas de Oaxaca, sin que el Congreso los hubiere consultado antes de llevar a cabo dicha modificación constitucional.

Concretamente, un juez federal estableció (En el juicio de amparo número 183/2014, promovido por CEPIADET a través de una persona indígena zapoteca de Santa María Atzompa) que la reforma a la fracción XIII del artículo 59 de la Constitución del Estado, confrontada con el principio de autodeterminación de los pueblos indígenas, resulta contraria al texto constitucional y a las normas convencionales analizadas pues, en caso de que se actualice el supuesto normativo enunciado, será el Congreso quien designará a un administrador municipal, sin consultar previamente a la comunidad o pueblo, lo que indudablemente vulnera su sistema normativo interno o el régimen de usos y costumbres reconocido para los pueblos indígenas.

Incluso señala que el Congreso fue omiso hasta en el hecho de explicar las razones y fundamentos de esta decisión legislativa, pues sostiene que en la exposición de motivos de once de diciembre de dos mil trece, los diputados integrantes de la Junta de Coordinación Política de la LXII Legislatura, justificaron la reforma que constituye el acto reclamado basándose en los principios de la división de poderes, el régimen democrático del Estado de Oaxaca y de acuerdo a las atribuciones que les confiere el artículo 59, fracción XIII de la Constitución local para nombrar a los integrantes de los Consejos Municipales, lo que hicieron inexplicada (e inexplicablemente) extensivo a la designación de los administradores municipales.

Incluso, hoy que esta facultad regresó al Ejecutivo, tendrá que enfrentarse con un nuevo criterio establecido por la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, en el que señala que los administradores municipales, además de ser miembros originarios de las comunidades en las que se les designa, deben estar totalmente desvinculados, y no tener conflicto de interés con las demás autoridades.

GOBIERNO RESPONSABLE

Evidentemente, la bancada saliente del PRI le regresó esta facultad al Ejecutivo como una forma de demostrar “lealtad” y brindarle herramientas político-jurídicas —que con toda mezquindad negó y administró durante los últimos seis años— al gobierno entrante para una mejor concertación de los conflictos sociales existentes en las comunidades. Lo que sería una paradoja es que alguno de los que hoy son diputados, terminara en la Secretaría General de Gobierno —desde donde se operará materialmente dicha facultad— pervirtiendo para su conveniencia, como lo hizo en estos últimos tres años, esa figura. Eso sí sería patético.

No nos sorprendamos: el populismo primero llegó aquí y luego a EEUU

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+ Radicales buscan devolverle al pueblo lo que, según, les fue arrebatado


El populismo del que tanto nos sorprendemos por los desplantes del candidato republicano, Donald Trump, ha hecho tanta mella entre los norteamericanos, como también lo ha hecho en México y en todas las naciones de América Latina que, en el hartazgo, terminaron dominadas por la demagogia. A la distancia parece que el fenómeno es más o menos el mismo: el fracaso de la moderación abre el camino a las expresiones radicales. Y por eso, al otro lado de la frontera norte tienen a Trump, pero aquí tenemos también nuestras versiones particulares.

En efecto, hace pocos días Trump fue ungido como candidato del Partido Republicano al gobierno de los Estados Unidos, y eso ocurrió en medio de una enorme crispación por los planteamientos lanzados por el empresario: según su visión, a los Estados Unidos debe regresar el gobierno de la mano dura contra las amenazas no sólo exteriores, sino de las minorías; se debe proteger el establishment que, según su visión, rompieron sectores poblacionales como los afroamericanos, los latinos y, particularmente, los mexicanos al demandar del Estado norteamericano derechos sociales y protección que no les corresponde porque no tienen la calidad de ciudadanos. Trump impulsa una fuerte visión proteccionista que en gran medida busca regresar al pasado.

No sólo México, sino el mundo, están sorprendidos por el fenómeno Trump porque éste representa no sólo valores retrógradas que comienzan por el desprecio a las minorías raciales y sociales (los afroamericanos, los latinos, los homosexuales, las mujeres, etcétera) pero que alcanzan su verdadera dimensión al plantear su visión de país. Esa sorpresa tiene como fondo el hecho de que hasta ahora Estados Unidos ha sido uno de los polos de la vanguardia social, y ha impulsado fuertemente valores de inclusión, tanto que por eso ya ocurrió lo impensable en otros tiempos: que hubiera un presidente de ascendencia afroamericana.

¿Dónde radica el éxito de Trump? En que, en gran medida, le está diciendo lo que la gente quiere escuchar. No a todos los sectores de la población, pero sí al más importante: al estadounidense promedio que trabajó, que se siente merecedor de los derechos de protección que le debe otorgar el Estado, y que se siente también amenazado y despojado por esas minorías que hoy también exigen protección social y que han provocado una disminución en la calidad de vida de ese sector mayoritario, al que podría ubicarse como el de “los blancos”.

Aunado a eso, hoy Estados Unidos vive las consecuencias de sus catástrofes económicas, en gran medida generadas por los gobiernos moderados que han intentado componer las cosas sin despojar a nadie, sino más bien generando un nuevo reparto. Por eso ese discurso golpeador busca regresar al pasado. Y por eso hay mucha gente que aunque públicamente no manifiesta su apoyo a Trump, en realidad sí estaría dispuesta a votar por él. Esta es una especie de voto de hartazgo y de enojo que, en gran medida, es similar al que permea hoy en países como el nuestro.

NUESTRO POPULISMO

Al final, políticos como Andrés Manuel López Obrador, en su propia circunstancia, también capitaliza políticamente el hartazgo de las personas. Hasta ahora, en México los gobiernos del PRI, PAN y de nuevo el PRI, han generado la situación actual: millones de pobres, un Estado en permanente crisis, la seguridad en vilo, y una incapacidad sobrada para entender, desde el Estado, cuáles son los problemas que la ciudadanía quisiera ver resueltos.

Aquí, nuestra propia versión del populismo se ha dedicado a reprochar todos esos fracasos, y ha buscado también aprovechar el desánimo de la ciudadanía sobre esos gobiernos (que, evidentemente no han logrado el cometido de bienestar que, según, se propusieron desde el inicio) que no generaron las respuestas suficientes; aunque en realidad lo hacen con un grado alto de incertidumbre respecto a si ellos habrían podido cambiar la situación si hubieran llegado al poder.

En el fondo esta situación lo que busca es capitalizar el fracaso sin generar de verdad una expectativa de una respuesta mejor a los fracasos vistos. En América Latina eso es lo que le abrió la puerta a gobiernos como el de Lula en Brasil, Chávez en Venezuela, Morales en Bolivia y varios otros que tienen un corte muy similar y que llegaron al poder no porque tuvieran una verdadera respuesta a sus problemas nacionales, sino simplemente porque le llegaron correctamente al discurso que la gente podría escuchar.

Al final, lo que parece es que Estados Unidos se está alineando a lo mismo que aquí vivimos desde hace tiempo: una realidad muy adversa, que no es totalmente responsabilidad del Estado, pero de la que sí paga el costo el gobernante en turno. Por eso, en su condición, el populismo en Estados Unidos habla de volver a segregar a las minorías, y en los países latinos habla de hacerle justicia a los pobres. Dos caras de una misma moneda.

OTRO GOLPE

El alza a los combustibles anunciado ayer por el gobierno federal es otra demostración de la compleja realidad, a la que debemos acostumbrarnos partiendo de una premisa: la renta petrolera se acabó, no existe y no volverá en mucho tiempo. Por eso los mexicanos tenemos que enfrentar situaciones como ésta. Preparémonos, además, para que en el mediano plazo se vuelva a plantear el establecimiento de IVA a alimentos y medicinas, y otras medidas que fracasaron en el pasado pero que no murieron. Es sólo cuestión de tiempo.

La CNTE ahora va a cobrar los saldos de su “voto de castigo”

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+ Gobierno federal no puede pactar; la clave está en el Congreso


Como si fuera una victoria total, ayer el Comité Ejecutivo de la Sección 22 en Oaxaca anunció que uno de los acuerdos con el gobierno federal es el establecimiento de una ruta, con el Congreso, para la abrogación de la reforma educativa; otro de los acuerdos anunciados es la liberación de “presos políticos” y la recontratación de todos los profesores cesados. Hemos visto cómo, para mostrar voluntad, el gobierno federal ha ido liberando a integrantes de la dirigencia magisterial detenidos en los últimos meses. ¿Pero qué alcances tienen en realidad esos dos acuerdos considerados por la 22 como relevantes para la distensión del conflicto de Oaxaca?

En efecto, ayer la Coordinadora anunció que Gobernación ofreció a la disidencia magisterial realizar los enlaces necesarios con el Poder Legislativo para la abrogación de la reforma educativa, punto central de sus movilizaciones en Oaxaca y otros estados donde tienen presencia. En un comunicado, la Comisión Política de la Sección 22 del SNTE informó los avances de la mesa de negociación con Segob en el que explican 7 puntos, en el que sobresale la devolución de las cuotas sindicales, canceladas por presuntos actos de corrupción de sus miembros.

La Sección 22 señaló que entre los avances se encuentra reinstalar a los maestros cesados y la liberación de los “presos políticos” en el tiempo acordado. Informó que sigue sobre la mesa de negociación el pago de los salarios retenidos a los maestros. En cuanto al tema de la construcción del proyecto educativo, se ha propuesto iniciar una serie de foros a partir del día 3 de agosto y se mantiene el rechazo al nuevo modelo educativo, y también anunció que a partir de mañana iniciará el proceso de reparación a los afectados por el enfrentamiento de Nochixtlán, el pasado 19 de junio.

De todo esto, resalta en primer término el acuerdo de la abrogación de la reforma educativa. ¿Qué les prometió el gobierno? Hacer los enlaces necesarios para que la Coordinadora dialogue con los diputados y senadores del Congreso de la Unión, lo recurrente a la reforma educativa. ¿Qué puede esperarse? Que, figuradamente, el gobierno federal lleve de la mano a los integrantes de la Coordinadora para que les expongan sus argumentos a los legisladores, y éstos decidan —a partir de la idea de soberanía, y del derecho a legislar (y no legislar) que les otorga la Constitución— si es posible que inicien un nuevo proceso legislativo ahora encaminado a sacar del orden jurídico federal las normas relacionadas con la reforma educativa.

¿ABROGAR Y LIBERAR PRESOS?

Idealmente, esto resulta posible. Pero es muy peregrina la idea de que el gobierno federal lleve de la mano a la Coordinadora con los diputados, y después les “ordene” a éstos últimos que abroguen la reforma educativa. Finalmente, el gobierno federal asumirá, por un lado, la autonomía y la soberanía que tienen los integrantes del Congreso para tomar sus decisiones; y por el otro, también permitirá que la Coordinadora encuentre a sus propios aliados y detractores dentro del Congreso.

Esto último no es menor. Porque desde hace años, la Coordinadora se la ha pasado llamando al voto de castigo en contra de partidos como el PRI, PAN, Verde y últimamente hasta del PRD. Su único aliado posible sería Morena, con la salvedad de que Morena tiene una bancada —en la cámara baja— de sólo 36 diputados (de un total de 500), y que en el Senado no tiene bancada; y con la otra cuestión aún mayor, de que el propio líder de Morena, Andrés Manuel López Obrador, se ha pronunciado expresamente por la revisión de la reforma, pero no por su abrogación.

¿Qué le queda a la Coordinadora? Muy seguramente —y aún con toda la voluntad política del gobierno federal por ayudarlos a la abrogación de la reforma— ver cómo en el Congreso se frustra su intención abrogadora, porque los grupos parlamentarios le cobrarán las afrentas y el descrédito que les ha prodigado por décadas el magisterio disidente.

Ahora bien, ¿cómo liberarían a los “presos políticos” —incluyendo a los profesores acusados del secuestro de los niños Álvarez—? Habría que entender que la imposición de penas es propia del Poder Judicial —algo que no está en las manos del Presidente—; y que aún estándolo, la Constitución le otorga a las víctimas el derecho de objetar un posible desistimiento de la acción penal, si es que por esa vía el gobierno federal quisiera liberar a los presos del magisterio.

¿Por qué son importantes estos preceptos? Porque, por un lado, es evidente que la facultad de modificar o extinguir una pena resultante de un proceso judicial, no se encuentra en potestad del Poder Ejecutivo, salvo por el indulto que tiene derecho a otorgar el Presidente de la República según lo que dispone la fracción XIV del artículo 89 constitucional, a través de un proceso que también debe estar normado por la ley y que por ende no es gracia discrecional del Titular del Ejecutivo.

IMPUNIDAD

¿Qué tendría que hacer entonces el gobierno federal para liberar a los presos políticos de la Sección 22? Tendría que, a través de la PGR, desistirse de la acción penal. El problema es que intentar esa vía tampoco es una cuestión discrecional, ya que en la contraparte de ese derecho del Ministerio Público se encuentra también el derecho de las víctimas u ofendidos dentro de los procesos que se siguen a las personas que serían liberadas, a impugnar esas resoluciones y someter al escrutinio del Poder Judicial las decisiones tomadas en este caso por la PGR. Algo por demás complejo. Así que esta historia sigue con muchos capítulos por delante.

Oaxaca debe superar el aislamiento

Bloqueo_CNTE_Chiapas

+ Bloqueos alimentan la segregación


En periodos de inestabilidad social, las barricadas han sido símbolo no sólo del “no pasarán” sino también —y sobre todo— de la inconformidad ciudadana. En Oaxaca, las barricadas fueron uno de los sellos distintivos del movimiento magisterial y popular de 2006, y hoy en una nueva modalidad, los bloqueos carreteros son un símbolo más o menos similar —aunque más profundo— de la resistencia de los trabajadores de la educación y las organizaciones que los respaldan. Si Oaxaca ya está de por sí aislada por sus condiciones, estos bloqueos producto de una inconformidad social, la convierten en una verdadera ínsula dentro de la república mexicana.

En efecto, ayer los profesores de la Sección 22 del SNTE decidieron romper con la tregua tácita que habían acordado para la celebración de los Lunes del Cerro. El lunes fue un día relativamente tranquilo, en el que la ciudadanía pudo acceder al espectáculo folclórico que mejor le acomodó —las Guelaguetzas magisterial y “oficial”— y también pudo entrar y salir de la ciudad sin mayor problema. Ayer fue un día distinto porque la Sección 22 decidió reactivar varios de los bloqueos carreteros que ya había levantado, y lo hizo como demostración de fuerza y para “coberturar” la mesa de diálogo que ocurrió entre representantes de la Coordinadora, y de la Secretaría de Gobernación.

Esto volvió a dejar a Oaxaca en una situación de aislamiento. El lunes mismo, los organizadores de La Carrera Panamericana, anunciaron que por todas las movilizaciones y bloqueos carreteros que ocurren en la entidad, tomaron la decisión de excluir a la entidad de su edición 2016 y trasladar el arranque del rally hasta la ciudad de Querétaro. Este, que hay que decirlo, es un golpe más de aislamiento a una entidad que parece estar decidida a quedar excluida de toda oportunidad que no sea para la movilización social.

Pues aunque muchos lo pasan por alto, La Carrera Panamericana es uno de los eventos automovilísticos más importantes del mundo, que genera un enorme desplazamiento de personal y equipos, y que representa no sólo derrama económica, sino también exposición de la entidad a turismo internacional de primer nivel, que sigue la competencia o que directamente decide invertir para presenciarla en tiempo real en cada uno de sus escenarios.

Así, este tipo de anuncios y realidades habría que verlos en una perspectiva más amplia. Oaxaca está viviendo hoy un momento difícil derivado del aislamiento generado por los profesores de la Coordinadora, pero profundizado por sus propias condiciones sociales. ¿De qué hablamos? De que, de por sí, Oaxaca tiene un problema fuerte de comunicación con las demás partes integrantes del país, y del mundo, y que este tipo de situaciones sólo complican lo que ya existía desde antes.

Por ejemplo, Oaxaca —la capital, o cualquiera de sus destinos de playa— no sería capaz de organizar un evento masivo (hablando hasta de un congreso de profesionistas) en el que tuvieran que desplazar a miles de personas en poco tiempo. Siguiendo el ejemplo, Oaxaca capital no sería capaz de poder recibir a veinte mil personas porque su capacidad de llegadas y salidas de vuelos comerciales hacen imposible el traslado de ese volumen de pasajeros en un periodo de unos cuántos días (para llegar y salir de la ciudad). La capacidad instalada de cuartos de hotel sí soportaría esa situación, aunque con un número enorme de problemas logísticos. Oaxaca, por eso, no se ha podido consolidar como un destino masivo de turismo. Y tal situación ocurre únicamente porque no hemos podido superar esa condición de aislamiento.

NO HAY COMUNICACIONES

Las carreteras —suspendidas— al Istmo y la Costa oaxaqueña son otro problema. Puerto Escondido y Huatulco son verdaderos paraísos que siguen aislados de Oaxaca, del centro del país, y del mundo, justamente porque no tienen todas las vías de comunicación que deberían. Las carreteras libres que existen son verdaderos actos heroicos, y las autopistas simplemente no tienen para cuándo terminarse. Eso provoca un verdadero problema porque esa es una condición indispensable para que sigan sin detonarse las condiciones de desarrollo que podrían tener cualquiera de esos destinos, o todos, para bien de todos los que viven ahí, y de Oaxaca.

Al final, este es un verdadero problema que no tiene para cuándo resolverse. Únicamente faltaría que los profesores de la Coordinadora decidieran cortar las comunicaciones que quedan —el internet, el teléfono, la señal radioeléctrica— para terminar de aislarnos del mundo. Tenemos un verdadero problema de segregación porque las condiciones han hecho que Oaxaca quede tácitamente separada del mundo. Esas barreras naturales se ven agravadas por la incapacidad de generar mejores condiciones de comunicación a través de la infraestructura. Y si a eso le agregamos los bloqueos y las barricadas que son un símbolo de inconformidad social, pero que inciden sensiblemente en las comunicaciones, el resultado es este caos que vemos cotidianamente.

PREMONICIÓN

Oaxaca no merece este aislamiento. Pero debemos comenzar por reconocer el problema que tenemos para poder entender la trascendencia de medidas que de forma simplista toman grupos como la Coordinadora para presionar en el logro de sus intereses. Nada de esto lo reconoce Gobernación, que dentro de algún tiempo terminará cediendo ante los profesores, y olvidando a todos los afectados. Esto ya pasó en el 2006 y es el destino manifiesto de esta nueva inconformidad en Oaxaca.

¿Por qué nos duele tanto Oaxaca?

ZócaloOax

+ Majestuosidad, llena de atavismos


Duele Oaxaca. Duele porque es una tierra mágica, pero por momentos parece que también condenada al atraso. Duele Oaxaca porque es un espacio lleno de colorido, de gente decente y maravillosa, pero que al mismo tiempo es una tierra que a veces pareciera condenada indefinidamente a la pobreza, a la marginación y al encono. Nos duele Oaxaca, porque en fechas como éstas, la encontramos como un espacio inigualable, determinado por la algarabía, pero también chapaleando para sobrevivir. Nos duele Oaxaca porque a pesar de todo la gente quiere salir a disfrutar su cultura, sus tradiciones y el orgullo de ver a esta tierra adornada por los colores de nuestras expresiones, y de la profunda pluralidad que somos. Duele Oaxaca porque a pesar de todo eso, parece que la única moneda de cambio posible es el enfrentamiento, el atavismo y la división entre sus diversas y abundantes expresiones políticas. Nos duele Oaxaca porque tiene todo para ser una tierra provechosa: porque es espacio de abundancia cultural, de riqueza natural, de potencial turístico, de bellezas naturales, de mujeres y hombres convencidos de su pertenencia. Pero duele, en realidad, porque a pesar de todo eso la comprobación cotidiana es que ha sido imposible salir adelante; porque no vemos más escenario que el de la confrontación, la zozobra, la incertidumbre y la incapacidad de entendernos. Nos duele Oaxaca porque tiene mucho y sigue siendo un reducto de la pobreza; porque nunca ha habido el espacio de entendimiento que es tan necesario en estos momentos, y siempre. Duele Oaxaca porque grupos facinerosos, de gobiernos y opositores, se han aprovechado de la pobreza, de la ignorancia y del atraso de las personas, para venderles historias imposibles, para manipularlas, y para utilizarlas en pos de sus intereses particulares. Duele Oaxaca porque hasta el momento no parece haber forma posible de arreglo entre nuestras diferencias naturales. Duele Oaxaca porque nuestra propia pasividad nos ha llevado a creer cosas que cualquier sociedad medianamente civilizada rechazaría por populista y por mentirosa. Duele Oaxaca porque (¡vaya paradoja!) resulta que nuestra mejor solución a los problemas sociales radica en seguir profundizándolos. Duele Oaxaca porque esas organizaciones, en su gran mayoría, no han traído sino más pobreza, más encono, más confinamiento y segregación, y menos civilidad. Duele Oaxaca porque de eso han sido cómplices los gobiernos que se han dedicado a resolver sólo sus problemas del corto plazo, sin detenerse a pensar por el espacio en la historia que desperdiciaron, y la posibilidad de hacer algo no por lo que ocurra mañana, sino por las generaciones siguientes. Nos duele mucho Oaxaca porque la educación sigue siendo símbolo del atraso, de la rebeldía inocua, y de la incapacidad de generar un movimiento con miras a llegar a objetivos posibles. Nos duele Oaxaca porque todos juntos hemos permitido que las cosas lleguen hasta la situación en que se encuentran: porque todos hemos sido cómplices –por acción u omisión— de la dictadura de quienes no quieren un arreglo provechoso para nuestra entidad. Duele Oaxaca porque la Sección 22 defiende a Oaxaca destruyéndola, porque reiteradamente la sociedad le ha dado la confianza para ser la voz cantante de los movimientos sociales, y porque reiteradamente el resultado ha sido una traición a la confianza, y una lucha destructiva, en la que ellos han logrado sus conquistas a costa de ver sometida la gobernabilidad, al Estado, y a la ciudadanía, a una agenda que ya ni siquiera responde a las necesidades de la gente, y quién sabe si en estos momentos sirva en algo a los intereses de la mayoría de sus agremiados. Duele mucho Oaxaca porque sigue habiendo mujeres que paren a sus hijos en condiciones infrahumanas; porque hay niños que se mueren —como dijera Marcos, en otros tiempos— de pobreza; porque la gente padece y sufre por enfermedades perfectamente curables, y porque el mayor riesgo para la salud muchas veces resultan serlo los propios servicios de salud. Duele, y duele mucho Oaxaca, cuando uno escucha a la gente tronándose los dedos por vivir al día, y por no tener qué llevarle de comer a sus hijos. Duele todavía más Oaxaca cuando la mayoría de nosotros somos incapaces de ponernos en los zapatos del otro, y entender por qué sufren, por qué padecen y por qué esperan, como única condición, que haya paz. Duele Oaxaca cuando parece que las cosas no tienen arreglo y aún así la ciudad lucha por levantarse; cuando vemos que Oaxaca tiene gran capacidad de ser mucho más que todos sus problemas juntos, pero que nosotros somos —o cuando menos parecemos— sus principales enemigos. Duele Oaxaca cuando corroboramos que el progreso anhelado sigue cancelado quién sabe para cuántas décadas más, porque cada agitación, cada enfrentamiento, cada amenaza de las organizaciones, y cada demostración de incapacidad del gobierno, significa más años de atraso porque la gente cada vez quiere venir menos a esta tierra maravillosa. Nos duele Oaxaca. Nos duele mucho cuando vemos en que años como el actual, hay una fiesta cultural a medias, cuando vemos el Auditorio Guelaguetza a medio llenar; cuando toda la gente que vive todo el año de lo que gana este mes, ve con tristeza que llegó apenas un cuarto de los visitantes que esperaban. Duele cuando vemos fiestas desangeladas. A gente con zozobra por si el siguiente bloqueo, o la siguiente manifestación ocurre en medio de alguna celebración. Duele porque no queremos, porque nadie quiere, una fiesta entre policías, pero tampoco una fiesta entre irracionales testarudos incapaces de entender. En momentos como éste, en los que Oaxaca muestra su mejor cara, duele, y duele mucho ver que al menos en el futuro cercano, para los oaxaqueños mucho significa nada.

Extraviados, los maestros que dicen que la cultura no se vende

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Guelagutza

+ Oaxaca debía vivir cómoda, y no intrincadamente de la cultura


Es doloso, desinformado y artero, el argumento con el que la Sección 22 del SNTE justifica la constante amenaza de boicot a las fiestas de la Guelaguetza en Oaxaca. Bajo la consigna de “la cultura no se vende” ellos creen defender las raíces y tradiciones de los pueblos y comunidades oaxaqueñas. Nada más equivocado. Y el problema es que esa estratagema, puesta tan de moda por quienes acostumbran oponerse por sistema a cualquier iniciativa, es aceptada y hasta aplaudida. La cultura sí se vende. Y, de hecho, Oaxaca debería vender mucho mejor sus expresiones culturales para no seguir pululando en la miseria.

En efecto, la semana pasada un grupo de integrantes de la Sección 22 acudió a la Plaza de la Danza para desmontar algunas lonas, mamparas y equipos instalados para la realización de algunas actividades relacionadas con los Lunes del Cerro. Los maestros llegaron hasta ahí, y bajo la consigna de “La cultura no se vende. Boicot a la Guelaguetza oficial”, provocaron algunos destrozos y, en ese mismo lugar, agredieron al compañero reportero del periódico Noticias, Mario Jiménez Leyva. Hubo algunos sectores sociales, que antes celebraron el video promocional de la Guelaguetza magisterial grabado entre vehículos quemados y escenarios de enfrentamiento, y que ahora también aplaudieron esas maniobras. ¿De verdad no reparan en el error en que incurren?

Pues no se trata de discutir si las raíces culturales pueden o no ser sujetas de actos de comercio, sino más bien de entender cuáles son los caminos por los que una comunidad aprovecha los potenciales que tiene. Así, por ejemplo, podríamos suponer que como los espacios naturales no se venden, las playas nacionales deberían estar circunscritas únicamente para sus habitantes; que las zonas arqueológicas deberían también estar vedadas o nunca haber sido rescatadas; bajo esa lógica, entonces debiéramos también pensar que las ciudades coloniales como Oaxaca deberían estar cerradas, y que la riqueza cultural de los pueblos debían estar circunscritas exclusivamente a ellos.

Eso es no sólo ilógico, sino artero. ¿Cómo serían las grandes capitales culturales del mundo, si no vendieran justamente eso: su riqueza cultural? ¿Cómo sería, por ejemplo, la Ciudad de México si decidiera que sus casi 200 museos —que la colocan como la ciudad con más museos en el mundo— estuvieran cerrados o reservados “porque la cultura no se vende”? ¿Qué serían de ciudades como París, Madrid, Barcelona, Londres, Nueva York y demás, si decidieran no explotar sus propias fortalezas culturales? Todas esas ciudades, y miles más en el mundo, tienen una economía boyante justamente porque encontraron sus fortalezas culturales, y su potencial económico, y decidieron explotarlas.

Eso, bajo ninguna lógica, ha significado que cualquiera de esas ciudades haya vendido o entregado su esencia cultural; más bien, lo que han hecho es hacer atractivos sus potenciales y ponerlos al servicio de la derrama económica. De esa manera, aquí y en China, pueden vivir y progresar millones de personas y familias, que de otra manera tendrían que vivir en la esclavitud de las maquilas o en la mendicidad.

ARGUMENTOS ARTEROS

Por eso es dable señalar lo doloso de la afirmación de que “la cultura no se vende”. Además, ¿no es artero decir que “la cultura no se vende” cuando ellos mismos no viven de eso, ni ponen en riesgo nada al hacer señalamientos que relevan de la voluntad y la opinión incluso a quienes son los protagonistas y dueños verdaderos de esas expresiones culturales? ¿Y no es hasta torpe creer que la cultura no se vende cuando, les guste o no, el consumo y comercio de servicios culturales en el mundo constituye una fuente de riqueza inigualable, y que en eso Oaxaca podría tener un escenario totalmente distinto al que hoy enfrenta, lleno de zozobra e inestabilidad, gracias justamente a quienes siguen pensando que “la cultura no se vende”?

Pero además, si los profesores de la Sección 22 del SNTE tuvieran un verdadero compromiso con la preservación de la cultura y tradiciones de las comunidades indígenas de Oaxaca, deberían demostrarlo a partir de:

  1. a) Evitar hacer apología de la violencia, como lo hizo en el video en el que promueve su Guelaguetza magisterial a través de bailes en los escenarios de los enfrentamientos con las fuerzas federales. Eso no genera ningún saldo positivo, porque la violencia —esa sí— no es cultura; porque ellos no representan a todo Oaxaca, y porque su empecinamiento le hace muchísimo daño a todas las víctimas colaterales de los hechos de los últimos meses.
  2. b) Emprender un verdadero rescate de la Guelaguetza. Critican hasta la ignominia a la llamada “Guelaguetza oficial”, pero ellos se han dedicado a hacer una copia fiel y exacta de los Lunes del Cerro, en su “Guelaguetza magisterial”. Con eso, han copiado los mismos errores, desviaciones e inconsistencias que se señalan de la celebración. Y en su cerrazón, se niegan a reconocer que una verdadera aportación a la cultura de Oaxaca tendría que partir de su intención de rescatar la fiesta —y las manifestaciones culturales de las comunidades— en sus expresiones originales.

LA MISMA GATA…

Por eso, es claro que en el aislacionismo sin sentido que promueve la Sección 22 existen más interrogantes que respuestas. Ellos están dispuestos a mantener a flote sus argumentos extraviados e irreflexivos, únicamente para oponerse a cualquier decisión oficial. Están dispuestos, pues, a acabar con el único potencial que tiene Oaxaca (la economía basada en la cultura) con tal de parecer muy valientes. Terrible.

¿Eliminar el fuero? ¿Servirá de veras para algo?

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•-Pedro-Kumamoto

+ Es un tema coyuntural y de oportunismo político


 

Si hay temas que verdaderamente constituyen una estratagema para el debate nacional, ese es el relativo al fuero que protege a los servidores públicos. Ello se agrava cuando, además, del engaño, este asunto se vuelve ocasión para el oportunismo de algunos legisladores locales que están acostumbrados a los “bomberazos” para salir del paso y justificar su dieta como representantes populares. Tal es el caso de Oaxaca y su falso debate sobre la eliminación del fuero.

En efecto, la semana pasada fue noticia nacional que el diputado local independiente en el Congreso del Jalisco, Pedro Kumamoto, había logrado la aprobación de una reforma a la legislación de esa entidad para eliminar el fuero. Eso, que en sí mismo resulta algo no del todo encomiable por razones que apuntaremos más adelante, ha servido como pretexto para que otros oportunistas se suban al tema como si fuera prioritario para el debate nacional, que está atiborrado de temas más urgentes. ¿De qué hablamos?

De que, en el caso de Jalisco, se informó que la reforma aprobada la semana pasada establece en el Artículo 91 de la Constitución de aquella entidad que “los servidores públicos pueden incurrir en responsabilidad política, penal, administrativa y civil, que será determinada a través del procedimiento previsto en la legislación penal”. Y en el 99: “la comisión de delitos del orden común por parte de cualquier servidor público, será perseguida y sancionada en los términos de la legislación penal”, de acuerdo con un comunicado del Congreso de Jalisco. La única salvedad que aún sigue teniendo dicha reforma es la necesidad de la aprobación de más de la mitad de los Ayuntamientos que integran el estado de Jalisco; esto es, que lo aprueben por lo menos 63 de los 125 municipios de aquella entidad.

Esto fue ocasión para el oportunismo de algunos “bomberos” legislativos en Oaxaca, que están dedicados de tiempo completo a cazar temas nacionales para tratar de replicarlos en el Congreso local, inependientemente de su inutilidad y su impracticidad frente al universo de temas que deben desahogarse en la entidad. En ese sentido, el diputado Sergio Bello Guerra presentó al Congreso oaxaqueño una iniciativa para eliminar el fuero constitucional de la legislación local, basado en una serie de argumentos que resultan —por decir lo menos— ridículos.

Según el Legislador “en nuestro estado la impunidad es uno de los problemas de mayor urgencia y gravedad, no sólo para la consolidación de la democracia sino, para su propia sobrevivencia, su prestigio y su correcto desarrollo”. Y no conforme con eso —y como si la impunidad tuviera que ver directamente con el fuero— afirmó que que la impunidad está en el centro de los grandes problemas del estado, pues “ante la violencia, la inseguridad, la corrupción y los conflictos de interés, las y los ciudadanos tienen la certeza de que quienes cometen delitos no serán investigados y mucho menos sancionados”, y que en la actualidad “el poder cobija y protege al delincuente, aparentando esta acción el principio rector de la vida pública”.

Así, considera el Diputado a sus pares y a todos los que gozan de inmunidad constitucional. Según él, se encuentran en el mismo rasero que los delincuentes y por eso es necesario quitarles el fuero constitucional.

UNA PATRAÑA

El debate sobre el fuero debía ser mucho más amplio, y no coyuntural, como hasta ahora lo es en México. De hecho, nadie se había acordado en los últimos años de la polémica inmunidad constitucional —desde 2006 cuando, de hecho, el entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador fue desaforado para ser procesado judicialmente por el desacato en el procedimiento judicial relativo al predio El Encino—, y poco se había discutido la necesidad de transformarla o eliminarla.

Todo lo trajo de nuevo a la picota, el caso del diputado federal Julio César Godoy Toscano, a quien se le sigue un proceso penal federal por sus presuntos vínculos con el crimen organizado. Fue su antiguo partido, el de la Revolución Democrática, quien lo protegió y le dio la pauta para que asumiera su cargo. Fue la filtración a la prensa de unas grabaciones telefónicas, lo que puso en evidencia que éste no parecía ser tan inocente como se creía. Y fue entonces cómo, en medio de la vorágine, que resurgió este añejo debate sobre la modificación o transformación del fuero constitucional.

El pequeño problema para los oportunistas como Sergio Bello, es que fuera de esos dos ejemplos —dos, entre miles de legisladores (locales y federales) que han existido desde que el poder está dividido en México— no existe otro que demuestre que el fuero constitucional es sinónimo de impunidad. Ese argumento, más bien, atiende al propagandismo propio de quienes prefieren las proclamas por encima de los argumentos. Pero, con seriedad, puede decirse que quizá un tercer ejemplo podría ser el de la llamada “chapodiputada” que también ha enfrentado un problema con el fuero, pero que ya le fue retirado para que responda ante la justicia por la falsificación de documentos con los que accedió a la celda de Joaquín Guzmán Loera en el penal de La Palma.

UN ENGAÑO

Los diputados oaxaqueños deberían estar más preocupados porque haya más debates serios y no patrañas con las que pretenden justificar el trabajo. Es cierto que el fuero debe replantearse, pero no como una forma de “bomberazo” con el que presentan iniciativas con el solo objetivo de llenar un record de “eficiencia” legislativa. Se entretienen en eso pero nada dicen sobre temas torales como el sistema anticorrupción y otros que duermen plácidamente en la Legislatura del Estado

Ni mil fallos de la Corte rectificarán elproblema de la reforma educativa

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+ Ley enfrenta crisis de legitimidad, no de legalidad o de constitucionalidad


Hay dos realidades paralelas alrededor de la maltrecha reforma educativa: una, la de la legalidad, que apunta a que la legislación en esa materia tiene plena vigencia y que por ende debe aplicarse en términos de ley; y la otra, que denuncia la ilegitimidad de la reforma y, a partir de ello, rechaza toda posibilidad de aceptar cualquiera de sus términos. El problema de fondo, entonces, no está en la ley sino en la incapacidad de los bloques —los que la repudian, y los que la defienden— de reconocerse y entenderse entre sí.

En efecto, esas dos realidades son excluyentes: por un lado, en la Secretaría de Gobernación hay instalado un panel permanente de negociación de los términos de la reforma educativa; en el otro extremo, se encuentran los otros dos poderes constituidos —el Legislativo, y el Judicial— que no sólo no reconocen los “consensos” que está realizando el Ejecutivo para lograr la aceptación de la reforma por todos los sectores magisteriales del país (la CNTE, en particular), sino que reiteran su voluntad por aplicar la norma educativa vigente en sus términos actuales.

Ese panorama, resulta que por un lado, en la mesa de diálogo instalada en Gobernación para la atención de las demandas estrictamente relacionadas con la reforma educativa, los representantes de la SEP aceptaron que no sólo la evaluación sino todo el entramado legal de la reforma educativa podría ser sometido a una consulta amplia entre todos los sectores magisteriales, pero la Coordinadora de antemano reitera que no aceptará el modelo educativo que ellos reducen todas sus demandas a una: la derogación de las reformas a los artículos 3 y 73 constitucionales —que constituyen la médula de la reforma educativa—, para que eso abrogue automáticamente toda la legislación ordinaria derivada de esos preceptos.

Pero en el otro extremo, la Suprema Corte de Justicia de la Nación anunció que prevé discutir un proyecto de resolución, que establece que reubicar a los maestros que reprueben la evaluación docente en áreas administrativas es constitucional. Esto es, en términos constitucionales, la convalidación de la vigencia y legitimidad legal de la reforma educativa que las secciones sindicales que integran la CNTE, quieren que se abrogue.

Según anunció la Corte, en el proyecto de resolución —cuya discusión está programada para el 10 de agosto— fue realizado por el ministro José Ramón Cossío Díaz, con la que se propone confirmar una sentencia de amparo dictada por el Primer Tribunal Colegiado de Circuito en Puebla en un juicio promovido por 17 integrantes de la CNTE. A través de un recurso de revisión, los profesores solicitaron al máximo tribunal que estudiara la constitucionalidad de la revocación del mandato prevista para los maestros que reprueben, en tres ocasiones, la evaluación.

Conforme a la Ley General del Servicio Profesional Docente, publicada en 2013, los profesores que tienen el nombramiento de plaza deberán someterse a una evaluación al término del segundo año de haber iniciado su encargo. De no aprobar esa prueba, podrán intentarlo dos veces más. Si reprueban una tercera ocasión, el nombramiento será revocado sin responsabilidad para la administración pública. El maestro será removido de su área, pero conservará su plaza dentro del magisterio. El proyecto del ministro Cossío Díaz establece la diferencia entre una sanción administrativa, que puede implicar la separación del cargo, y la revocación del mandato, que implica un cese de funciones.

CRISIS DE LEGITIMIDAD

¿Qué se prevé, respecto a cada uno de los escenarios? Que independientemente de sus resoluciones judiciales, los acuerdos parciales en las mesas de diálogo, y sus proclamas en contra de la reforma educativa, esencialmente nada cambie. Esto es así porque tanto la Coordinadora, como el poder público, enfrentan hoy una crisis profunda de legitimidad que hace irreconciliables sus posiciones, independientemente del contenido de las mismas.

En ese sentido, es evidente que el contenido de la reforma educativa es prácticamente imposible que cambie porque legalmente los poderes Legislativo y Judicial sostienen que la reforma educativa no enfrenta ningún problema de legalidad —de forma y de fondo— y que por esa razón hablar de reformas es tanto como el cumplirle un capricho a quienes no quieren modificaciones, sino la anulación de la misma.

En el otro extremo está la propia crisis de legitimidad de la Coordinadora Nacional, que insistentemente ha tratado de presentarse como la representación viva del pueblo ya no sólo de Oaxaca, sino de México. El magisterio disidente, aglutinado en la CNTE, ha tratado de llevar la presión a la consecuencia última de toda pretensión política: el cambio en el orden jurídico. Particularmente, ellos quieren que se reforme una cuestión que les afecta en lo particular. Para ello han tratado de envolverse en el esquema de la representación popular. Sólo que esa representación está por mucho lejana de lo que verdaderamente pudiera catalogarse como un movimiento social de masas capaz de aglutinar la legitimidad como para una labor de esa naturaleza.

PROBLEMA SIN SOLUCIÓN

Por eso, la crisis no está en la reforma —ésta es, de hecho, el pretexto— sino en la ilegitimidad que se profesan quienes riñen. Entre ellos no se reconocen de verdad. Y por eso cualquier arreglo al que se llegue estará afectado exactamente del mismo problema que tiene hoy la reforma: independientemente de su contenido, será rechazada y señalada. Dadas las circunstancias, es un resultado más que previsible.

Núñez Ginez sí puede obtener su libertad en cualquier momento

NuñezSale

+ Sólo enfrenta delitos menores; darán “forma legal” a su salida


De acuerdo con Jerónimo Martínez Ambrosio, uno de los representantes del equipo jurídico de la Sección 22 del SNTE, la Coordinadora “espera” que el dirigente magisterial Rubén Núñez Ginez consiga su libertad bajo caución en los días siguientes. Esto sí es posible gracias a que —según ha informado la prensa— el Dirigente magisterial de Oaxaca sólo enfrenta cargos menores al haber obtenido ya su libertad por el delito de operaciones con recursos de procedencia ilícita. Sólo estarían cubriendo las formas legales para formalizar el acuerdo político tomado con el gobierno federal, para la liberación de Núñez Ginez.

En efecto, según la Agencia Quadratín Oaxaca, que entrevistó a Martínez Ambrosio durante la manifestación de maestros en las oficinas de pagaduría del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO), dijo que se encuentran realizando el desahogo de las diligencias para obtener la libertad del líder de la Sección 22 y otros maestros detenidos. “Esperemos que se desahogue ya en un máximo de dos o tres días, y que los juzgados tampoco tengan la actitud de seguir dilatando el proceso”, señaló.

Pues resulta que durante el fin de semana, el gobierno federal informó que dos integrantes más del Comité Ejecutivo Seccional del magisterio oaxaqueño, habían obtenido su libertad. De entre ellos, destacaba la liberación de Aciel Sibaja Mendoza, secretario de Finanzas de la Sección 22, a quien en abril pasado el gobierno federal aprehendió al acusarlo de realizar —igual que Núñez Ginez— operaciones con recursos de procedencia ilícita. Así, si Sibaja logró obtener su libertad por un delito en el que supuestamente coparticipaba con Núñez Ginez, lo lógico es suponer que el destino de éste último sea más o menos el mismo que el del primero.

¿De qué acusaban a Sibaja y, por ende, a Núñez Ginez? De acuerdo con un análisis interno del gobierno estatal, se pudo establecer que luego de una detallada investigación de la Procuraduría Fiscal de la Federación y de la Unidad de  Inteligencia Financiera, permitió detectar que desde 2012 hasta mediados de 2015 —es decir, el período en que Rubén Núñez Ginez ha sido Secretario General de la Sección 22—, al amparo de diversos convenios suscritos indebidamente por dicha Sección sindical con las empresas ETESA, S.A de C.V., VASA Holding, S.A. de C.V. y Administradora de Negocios Monte Albán, S.A de C.V., entre otras, así como de personas físicas como el señor Octavio Arturo Quintano Cassani, éstas entregaban, de manera directa o indirecta, una comisión del 3.5% quincenal calculada sobre la cobranza de la quincena respectiva, a la propia sección sindical por las ventas y/o servicios que hacían a sus agremiados, a los cuáles, a su vez, se les descontaba el pago de los bienes, productos o servicios adquiridos vía la nómina que se manejaba cuando la sección aún controlaba el IEPPO.

Así pues, en  tan  solo una  de  esas  cuentas del  sindicato, la  número 65503473683  en  Banco  Santander  cuya  denominación  es  “Sección  22 Oaxaca Empresas” y  su  titular el Rubén Núñez, entre otros,  se recibieron 187 depósitos de varias empresas por 31 millones 967 mil pesos, los cuales fueron retirados mediante 116 operaciones por un monto de 31 millones 672 mil pesos; esta cantidad, a su vez, fue dispersada hacia otras cuentas de la propia Sección 22 y finalmente distribuidos mediante pagos de cheques en efectivo o transferencias.

PRUEBAS DESTRUIDAS

Dice el documento citado que en otra cuenta contratada bajo la denominación “Sección 22 Oaxaca CAPP” en el mismo banco y terminación 942, y cuyos titulares son Rubén Núñez Ginez y Claudio Felipe Mendoza García, se recibieron 52 operaciones de depósito por 45 millones 290 mil pesos, y se realizaron, con el mismo mecanismo, 3 mil 841 operaciones de retiro por una cantidad equivalente. En una tercera cuenta también en Santander, a nombre de “Sección 22 Oaxaca Finanzas” y cuyos titulares son Núñez y Sibaja, con número 65500169635, se observaron 70 operaciones de depósito por 8 millones 143 mil pesos, y 659 operaciones de retiros por 8 millones 223 mil pesos.

¿Qué significa la libertad de Sibaja, frente a estas acusaciones? Una de dos: que, o tiene a un abogado mejor que el de Elba Esther Gordillo —que desde 2013 se encuentra en prisión, acusada del mismo delito, y que a pesar de haber intentado varias estrategias de defensa legal, sigue en prisión por tiempo indefinido—; o que en realidad todo esto es parte —evidente— de una negociación entre la Sección 22 del SNTE y la Secretaría de Gobernación, para destruir políticamente las acusaciones que se presentaron ante un juez para librar las órdenes de aprehensión respectivas.

En ese panorama, Núñez puede recobrar su libertad en cualquier momento —algo que ya se veía venir desde su traslado a un reclusorio en Oaxaca— porque los delitos por los que sigue en prisión son relativamente menores (motín, robo, daño en propiedad ajena). No nos sorprendamos si eso ocurre cualquier día de estos, para que pueda ir a encabezar —aunque sea de presencia— las negociaciones con Gobernación.

“EL POLICÍA DEL IEEPO”

Mal se veían los maestros de la 22 llamando “el policía del IEEPO” al defenestrado Moisés Robles Cruz. Ellos lo aceptaron sin problemas, a pesar de que eran públicos sus antecedentes en la Policía Federal. Robles, al parecer, se fue como parte de las medidas de distensión al conflicto. Lo que nadie ha aclarado es si el nuevo Director es un enviado de la SEP para el largo plazo, o si sólo será un gerente del Instituto en lo que termina la administración.

Sistema anticorrupción: las sanciones morales deben también valer

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AntiCo

+ Que se repruebe igual a autoridades, a proveedores y a particulares


Es muy relevante que, en el discurso alusivo a la promulgación de las leyes ordinarias que conforman el Sistema Nacional Anticorrupción, el presidente Enrique Peña Nieto haya reconocido la importancia que tienen no sólo las actuaciones concretas de los servidores públicos, sino también la percepción que se genera de ellas. Es muy relevante porque en México queda claro que ni quienes detentan el poder, ni quienes estamos en el espectro ciudadano, hemos comprendido la necesidad de hacer que cada quien pague el costo político, y social, por sus acciones. Esta parece ser la nota distintiva, subjetiva, del Sistema Nacional Anticorrupción, que ayer vivió una jornada trascendente.

En efecto, ayer el presidente Peña Nieto encabezó el acto protocolario mediante el cual firmó, y mandó a publicar, los siete conjuntos normativos que conforman la legislación reglamentaria del Sistema Nacional Anticorrupción. En su discurso alusivo, el Mandatario fue muy concreto en el reconocimiento de la necesidad no sólo de que los servidores públicos se conduzcan con apego a la ley, sino que además lo hagan con la noción de que la percepción que generan esos actos trae aparejado también un costo social y político, que lastima la reputación de quienes los cometen, que también impactan en la legitimidad de las figuras institucionales, como la investidura presidencial, el cual debe generar más consecuencias que el solo repudio moral.

“Tenemos que vernos en el espejo, empezando por el propio Presidente de la República. En noviembre de 2014, la información difundida sobre la llamada ‘casa blanca’ causó gran indignación. Este asunto me reafirmó que los servidores públicos además de ser responsables de actuar conforme a derecho y con total integridad, también somos responsables de la percepción que generamos con lo que hacemos. Y en esto, reconozco que cometí un error. No obstante que me conduje conforme a la ley, este error afectó a mi familia, lastimó la investidura presidencial y dañó la confianza en el gobierno. En carne propia sentí la irritación de los mexicanos. La entiendo perfectamente. Por eso, con toda humildad, les pido perdón. Les reitero mis sinceras y sentidas disculpas por el agravio que les causé…”, dijo el Presidente.

Esto es de la mayor trascendencia, porque por primera vez —quizá en toda la historia nacional contemporánea— un titular de la Administración Pública Federal acepta que los actos realizados por los funcionarios deben ser no sólo legales, sino legítimos. Es decir, que no sólo deben cumplir con los parámetros legales estrictos, sino que también deben atender a lo que la ciudadanía considerará que es correcto.

Esta es una noción que en otros países se encuentra perfectamente construida desde hace mucho tiempo, pero que en México primero se rezagó porque la legitimación del poder público estaba basada en el corporativismo —durante el régimen de partido hegemónico—; y después, en los tiempos de la alternancia, en la idea de que el aval de los votos era suficiente para dar legitimidad al poder, independientemente de lo que ocurriera después.

Hoy queda claro que esos parámetros son insuficientes, y que por ende un funcionario debe cuidar la ley tanto como su comportamiento y sus acciones a la luz no sólo de la ley, sino de la legitimidad que debe mantener ante sus gobernados. A eso se refirió el Presidente, y por esa razón es muy necesario que nosotros como ciudadanos ahora vigilemos y participemos para que esa intención —aparente y forzada— se cumpla.

TODOS, FRENTE AL ESPEJO

“Tenemos que vernos frente al espejo”, dijo el Presidente. Y ver nuestro propio reflejo significa reconocernos tal cual somos. Y en los aspectos de la corrupción, queda claro que no se trata sólo de criminalizar o perseguir a los servidores públicos porque, como dice el dicho popular, “para que haya problemas hacen falta dos”. Esos dos son el que corrompe, y el que se deja, fuerza o “invita” a corromperse.

Ese otro es el ciudadano, que ahora también tendrá que pasar por el tamiz del sistema anticorrupción. Ese rubro ha sido otro tabú que ahora deberá romperse en México. Pues es evidente que el servidor público es quien está obligado a pagar un costo legal, social y político por los actos de corrupción en que incurre, pero también lo es que esa situación pasa también por quien participa, desde el sector privado, en la comisión de ese tipo de conductas. En eso debemos ser muy enfáticos, y firmes, porque el nuevo rasero de la evaluación de la función pública debe también pasar por los particulares que coparticipan de esas acciones indebidas.

El caso más concreto es el del propio Presidente. Él incurrió en una conducta inmoral. ¿Pero qué pasó con el dueño de la constructora que otorgó el “préstamo” para que la esposa del Presidente construyera su mansión? Juan Armando Hinojosa es, acaso, uno de los primeros particulares que abiertamente se ve sancionado moralmente —el valor de su compañía cayó, gracias al conflicto de interés, y quedó evidenciada frente a la opinión pública nacional— por verse relacionado en alguna práctica indebida en su relación con la función pública.

A NIVEL LOCAL

También habrá que ver qué acciones toma el Congreso y el Ejecutivo en Oaxaca para implementar un sistema estatal armónico, y necesariamente superior al nacional, para el combate a la corrupción. Oaxaca no aguanta más situaciones así y, para ganar credibilidad, el nuevo Gobernador deberá envolverse en esas banderas para cumplirle a la ciudadanía.